Los dueños de Dios

La oposición al aborto parece unir de punta a punta al cristianismo, detrás de “La Palabra de Dios”,  como verdad única. Pero, ¿quiénes fabrican los discursos religiosos que se autoadjudican tal unanimidad? Basta una mirada hacia el interior de los mundos cristianos para encontrar pluralidad de voces y mostrar que más que de fundamentos bíblicos de lo que se trata es de quién detenta el poder.  

¿Quiénes son Dios?

El cristianismo dominante, a lo largo de la historia y liderado por la Iglesia Católica en su alianza con los otros poderes semejantes y fácticos como lo son Estado, el Mercado y la Mafia, totalizó el discurso de tipo religioso sobre temas relacionados a derechos humanos y civiles a favor de los exclusivos intereses que tiene como sector de poder del cual es parte orgánica.

Amparándose en cuestiones morales y espirituales, que en apariencia son unánimes e indiscutibles hacia el interior del cristianismo, logró imponerse como portavoz universal de un discurso supuestamente pertinente y relevante en discusiones que nada tienen que ver con la espiritualidad, las creencias y la religión, sino con los derechos y problemáticas sociales que nos son comunes a todxs, independientemente de las particularidades relacionadas a la fe.

Dentro de este contexto, la legalidad o no del aborto, y no el hecho en sí (como suelen engañar este tipo de discursos morales), es hoy el centro de escena del juego de poderes y estrategias non sanctas de la Iglesia Católica, que por cierto tienen larga data (otrora con la cuestión del divorcio, luego la fertilización, el matrimonio igualitario, la identidad de género y la lista sigue y seguirá).

Sin embargo, detrás del poder de la Iglesia Católica y del resto de los sectores cristianos hegemónicos no católicos que acompañan al unísono los discursos moralistas y dogmáticos, emergen otro tipo de voces. Disonantes, desafinadas, cuasi herejes, que cuentan con el beneficio suertudo de no haber nacido en los tiempos de la hoguera y del reino del Opus para poder decir lo que dicen. Y aunque en la hoguera de la comunicación y la información de hoy sus voces parecieran extinguirse, ellxs existen, y lo que dicen pone al desnudo una cuestión determinante para entender cuáles son los verdaderos intereses: porque la que habla no es “La Religión”, ya que no es una sola ni representa la diversidad de la fe y de las creencias; el que habla es el poder y se representa nada más que a sí mismo.

Papas alineados y Teólogos desacatos: ¿quién es quién?

Para identificar el discurso cristiano que domina la discusión del aborto basta concatenar las distintas declaraciones que han hecho los sucesivos Papas en los últimos 50 años, como para no ir aún más lejos y ubicarse en el debate de hoy. Más allá de las sutiles diferencias que puedan presentar el uno del otro, coinciden en lo mismo: en el fabricado ranking de los pecados, el aborto es uno de los peores, si no el peor, junto a todos los pecados relacionados a la sexualidad, por supuesto.

Algunas expresiones papales:

“El aborto, además de violar leyes de Dios, va contra las aspiraciones más profundas de la mujer, perturbándola profundamente. En muchos casos el aborto libera, más que a la mujer, al varón responsable del embarazo “, dijo Juan Pablo I, recordado por ser un Papa progre exprés de 33 días y por su repentina muerte.

Entre todos los delitos que el hombre puede cometer contra la vida, el aborto procurado presenta características que lo hacen particularmente grave e ignominioso. El Concilio Vaticano II lo define, junto con el infanticidio, como crímenes abominables.” Palabras de Karol Wojtyla, alias Juan Pablo II.

Ante la aparición de semejante representante moderno de la Iglesia Católica, canonizado por Francisco en 2014, es decir proclamado nada menos que un santo, cabe presentar la primera voz disonante: el primer “hereje”. Se trata del teólogo Rubén Dri, quien perteneció al Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo. Y en referencia a Juan Pablo II denuncia lo siguiente:

“Juan Pablo II tejió una alianza con la élite económica que impulsaba una nueva etapa del capitalismo, cuyos principios habían sido elaborados por sus “intelectuales orgánicos” después de la Segunda Guerra Mundial. El proyecto implicaba una transferencia nunca vista ni sospechada de bienes y recursos de los sectores empobrecidos a los sectores más ricos del planeta. El papa Wojtyla (1978-2005) se constituye junto con Ronald Reagan (presidente de EEUU 1981-1989) y Margaret Thatcher (primera ministra del Reino Unido 1979-1990) en uno de los ejes fundamentales de esa etapa del capitalismo. Contribuyó desde la teoría con sus numerosas intervenciones en los foros mundiales y con sus encíclicas, especialmente la Centesimus annus, en la que propone la “economía de mercado o economía libre” como solución a los problemas económicos del Tercer Mundo y alerta contra cualquier tentación utópica, que no tenga en cuenta “la herida del pecado original”. La alianza del papa con los líderes del neoliberalismo implicaba una alianza también con la mafia que como sombra siempre acompañó dicho proyecto. La estructura económica del Vaticano fue puesta en manos de la mafia que manejaba enormes sumas de dinero, provenientes del narcotráfico. Michele Sindona, capo mafia -de Scicillia, además de amigo personal del papa Pablo VI y envenenado mientras cumplía cadena perpetua-, estuvo al frente del Banco Vaticano.” 1

Esas no parecen ser las palabras de un buen sacerdote. Pero allí están, marcando una diferencia sustancial. El velo sagrado de la unidad cristiana, sostenido poderosamente por la institución de la Iglesia Católica, con los papas siempre a la cabeza,  se cae por su propio peso. Existen otros discursos, otros cristianismos, otros Dios.

Para muestra hace falta Rubén Dri. Preguntémonos qué dice este “sacerdote rebelde” sobre el aborto:

“La Iglesia Católica es maestra del principismo, pues sólo de esa manera puede poner al resguardo de todo peligro sus “dogmas”. Lo que pueda sucederles a los seres humanos depende de esos mismos sujetos. Así, por ejemplo, el principio dice que el aborto es un crimen porque atenta contra la vida y, en consecuencia, la mujer que aborta es una asesina. Si de la defensa de este principio que lleva a obstaculizar cualquier legislación que haga al aborto no punible, miles de mujeres abortan en condiciones tales que ocasionan la muerte del feto y también de la madre, ello es culpa de esas mujeres. A nadie se oculta que esto esconde una gran hipocresía. La pretendida defensa de la vida ocasiona la muerte, pero de ello el principista, la Iglesia en este caso, no se hace cargo. La culpa la tiene el otro, o mejor, la otra. Los principios son en realidad orientaciones fundamentales que dan sentido a la vida de los seres humanos y como tales se desarrollan dialécticamente, según “el curso del mundo”, como decía Hegel.” 2

El discurso cristiano antiaborto se rompe. ¿Es posible que hablen del mismo Dios o será que no es Dios quien habla?

Entonces,¿quién habla y quién decide?

Pero para no pecar de preguntones y no desviarnos del “Camino”, mejor, volvamos a los papas.  

Joseph Ratzinguer, también conocido por su apodo celestial Benedicto XVI, quien estuvo afiliado a la juventud hitleriana y prestó servicios para el ejército nazi alemán en la Segunda Guerra Mundial, dijo sobre el aborto:

“El aborto y el matrimonio igualitario son contrarios al bien común.” “Se exige a los médicos una especial fortaleza para continuar afirmando que el aborto no resuelve nada, pero que mata al niño, destruye a la mujer y ciega la conciencia del padre del niño, arruinando a menudo, la vida familiar”. “Un católico sería culpable de cooperación formal en el mal, y tan indigno para presentarse a la Sagrada Comunión, si deliberadamente votara a favor de un candidato precisamente por la postura permisiva del candidato respecto del aborto y/o la eutanasia”.

Ratzinguer ataca el derecho al matrimonio igualitario, al aborto, a la muerte digna, e incluso al del voto y al del libre ejercicio de la profesión… En tan solo un puñado de declaraciones deja al claro uno de los grandes objetivos de la Iglesia Católica como institución: condicionar con su poder, y a través de la (i)legalidad, el rumbo social y político de los pueblos.

¿Qué legitimidad puede tener una religión particular para hablar de derechos que les son propios a cualquiera, sin importar en qué o quién crea?

¿Cómo puede la Iglesia decidir por igual en nombre de millones y millones de seres humanos de las más diversas culturas?

¿Quién decide por quién?

César Carhuachin, otra oveja de los desconocidos rebaños de la disonancia, es doctor en teólogía y pastor presbiteriano. Dice de entrada, para dejar en claro: “Las posturas son variadas y no existe unanimidad sobre el tema”. Desde su punto de viste el eje de la discusión pasa por quién toma las decisiones.

“Históricamente la mujer no ha decidido ni sobre su vida, ni su familia, ni la sociedad ni nada más grande. Empezando en los tiempos bíblicos, la Edad Media y por no decir hasta hace menos de 100 años, donde tampoco podía votar. Reconocer el lugar de la mujer en la toma de decisión de su embarazo es reposicionar el lugar de la mujer dentro de la sociedad en medio de un contexto donde se arrastran patrones culturales en lo religioso y en lo político. La mujer es capaz de razonar por sí misma. Si fuera cristiana, o si no lo fuera, orará a su Dios, o a quien sea, para decidir cuál es la mejor decisión ante un embarazo, y no que se lo diga el cura ni el pastor, ni la iglesia, ni el Estado. Por lo contrario el Estado tiene que proveer y garantizar el acceso si la mujer quiere tomar ese paso. Para que no se haga clandestinamente, que lleva a muertes y cosas desastrosas. Es una decisión de la mujer y la familia”. 3

“En mi opinión hay que ver el tema desde el derecho de la mujer a decidir, y que decida específicamente en situaciones concretas, y no decir que es un método más de planificación familiar o anticonceptivo: eso pienso que sería un extremo, que algunos pueden tener esa postura y es entendible, pero en mi caso pienso que debe ser considerado como última opción”.

César dice que desde lo teológico, en la Biblia, “no hay absolutamente nada que refiera al tema del aborto”. Por lo contrario: “Buscar una fundamentación bíblica para el tema del aborto propiamente dicho es deshonesto académicamente. Sí hay algunos conceptos generales que pueden ayudar a formular una idea también general sobre el tema, que no es lo mismo que decir que la Biblia lo trata, y que bajo ningún punto de vista dicha idea resulta unánime”.

“Tanto la reducción de la mujer a la maternidad como la del sexo a la reproducción supera el aspecto religioso para pasar al elemento cultural. Piensan culturalmente de esa manera, no se racionaliza la idea, sino que es algo que pareciera obvio. Pero no es tan obvio, hay otras maneras. Si se plantea de otro modo suena como contracultural, como si se cuestionaran los patrones o las concepciones sobre la sexualidad y la vida familiar. Si uno replantea esto está sacando a la Iglesia del lugar paternalista que ha tenido históricamente, que dice qué tienen que hacer las personas hasta en la vida sexual, que ya es una cuestión exagerada.”

Repasemos, como último ejemplo de los autodenominados representantes de Dios en la Tierra, qué dice el papa en ejercicio, el aclamado Francisco: “Es atentado a la vida la plaga del aborto”. “No es un problema religioso ni filosófico sino científico, porque es una vida humana y no es lícito liquidar, matar una vida humana para resolver un problema”.

Cabe recordar que Jorge Bergoglio, cuando era Arzobispo de la Ciudad de Buenos Aires en 2012, ejerció presión directa sobre el ejecutivo porteño liderado por Macri en la ocasión en que se envió un proyecto de ley a la Legislatura porteña para reglamentar un protocolo de la Corte Suprema sobre aborto no punible en algunos casos (de violación sobre todo). La presión clerical liderada por el hoy Papa Francisco surtió efecto, el protocolo no se reglamentó y todos los casos, incluso los de violación, siguen siendo analizados uno por uno por la justicia.

Dijo César Carhuachín a NosDigital sobre el accionar de la Iglesia en relación al aborto: “La presión de la Iglesia Católica tiene una postura definida sobre el aborto: el rechazo. Y es una influencia importante para que no se trate el tema legislativamente. El Episcopado argentino es además uno de los más conservadores de la región, junto al colombiano. No son muy abiertos para algunos temas, a diferencia de la divergencia o la rebeldía que se puede ver en Brasil, por ejemplo. Y aunque no me interesa particularmente hablar mal de una iglesia hermana, creo que mucho tiene que ver la relación histórica de la Iglesia Católica con el Estado, que en asuntos morales o religiosos es la Iglesia la que le dice al Estado y a la gente cómo tienen que actuar. Nuestra postura es opuesta”.

La repetida intromisión de la Iglesia en los derechos es intromisión porque no busca expresarse moralmente sobre un hecho, sino que persigue la obstaculización de la legalización y del derecho a decidir, que nada tiene que ver con la discusión moral de si algo está bien o está mal para alguien en particular.

Lo que nadie escucha: las verdades de una monja feminista

La rebeldía que menciona César en países como Brasil se hace cuerpo en Ivonne Gebara, monja de Recife que se autodefine como integrante de la “Teología Feminista” ¡Vaya que sí existe semejante cosa! Ivonne es una viva y maravillosa expresión de la lucha contra el machismo y el clasismo del cristianismo dominante y de la Iglesia. Su frase de cabecera es “hay que salvar al pueblo y no a la Biblia”. Fue entrevistada por NosDigital en 2012 y esto nos decía sobre el aborto:

“La prohibición del aborto es el GRAN DOLOR -enfatizado por ella misma en lo que escribió- de las mujeres hoy día. A veces, se lo toma como algo muy liviano, con hipocresía, facilismo. Lo primero que tengo para decir es que el aborto es un problema de SALUD PÚBLICA. Hay cosas que no puedes impedir: una gripe, la propagación de algunos virus, que las mujeres queden embarazadas. Lo imprevisto, en sí, es una parte de lo previsto. Cuando una mujer se ve con un embarazo no deseado, a veces fruto de una violación por desconocidos, por policías, entonces las Iglesias tienen una actitud romántica. “Es un nuevo ser”, dicen. Claro, ellos pueden decirlo porque no tienen el bebé en su panza, porque no sufrieron la violencia.” 4

Ivonne separa la cuestión fundamental, no mezcla la moral con los derechos ni la religión con la salud pública, no pretende asumir un discurso espiritual cuyo sentido pretenda abarcar de forma absoluta la diversidad del mundo, por lo contrario, se asume como una voz más dentro de ese mundo, al que no niega ni desconoce. De hecho, Ivonne cree en lo que cree a partir de la irreductible realidad de la calle: historias de carne y hueso y datos concretos son parte imprescindible de su fe.

“Los abortos mal hechos son la décima causa de mortalidad materna, por eso es que el aborto es una cuestión de salud pública. ¿Por qué el aborto es un crimen de las mujeres y no de los varones? Muchos hombres dicen: “O yo o él”, refiriéndose al futuro hijo. Y se van. La sociedad patriarcal condena a los cuerpos femeninos.”

“Hay que luchar por la descriminalización y legalización del aborto. Es un respeto a la elección de las niñas, de las madres. En Recife, hay un grupo que acoge chicas de la calle. Encontré una chica de 14 años. Estaba embarazada. No quería tener ese bebé: se golpeaba la panza, “No quiero”, gritaba. ¿Vamos a forzarla a que lo tenga? Eso ya no entra en Teología. Eso es salud pública. Y viene de la mano con dar educación sexual en escuelas, barrios y sobre todo (por favor, esto subrayado con doble línea) para los varones jóvenes. Tenemos que crear conciencia, que los hombres se sientan responsables, el niño no es sólo de la mujer. Es también de quien lo hace y, claro, de la sociedad, que tiene la obligación de cuidarlo.”

Además de comprender que el cristianismo ortodoxo está a años luz de escapar y superar la violencia machista del mundo, Ivonne añade el casi idéntico problema del clasismo dentro de la fe, que en teoría no debiera reconocer diferencias, sino más bien combatirlas:

“La moral católica no alcanza a las mujeres ricas. Ellas abortan y tienen los medios económicos que garantizan una intervención quirúrgica en condiciones humanas. Por lo tanto, la ley que la Iglesia defiende perjudica a las mujeres pobres. El aborto debe ser descriminalizado y legalizado. Más aún, debe ser realizado a expensas del estado… El aborto no es pecado. El Evangelio es un conjunto de historias que generan misericordia y ayuda en la construcción del ser humano. La dogmática en relación al aborto ha sido elaborada a lo largo de los siglos. ¿Quién escribió que no se puede controlar el nacimiento de tus hijos? Fueron los sacerdotes, hombres célibes encerrados en su mundo en el que viven confortablemente con sus manías. No tienen mujer ni suegra y no se preocupan de algún hijo enfermo; algunos hasta son ricos y tienen propiedades. Así, es fácil condenar el aborto”. 5

Ellos y ella son Ivonne Gebara, Rubén Dri y César Carhuachin; Juan Pablo I, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco. Todos dicen ser cristianos y creer en Dios.

¿Qué hace, entonces, que el discurso religioso y cristiano sea asociado solo a una de las tantas postura evidentemente posibles? ¿Será que el resto no se conoce porque están equivocados? ¿Creerán, tal vez, en un Dios distinto? ¿La contradicción será un pecado? ¿O solo es una cuestión de Poder?

Mientras tanto, la realidad no-metafísica: 3 mil mujeres en Argentina y 70 mil en el mundo mueren por abortos clandestinos cada año.

Fuentes:

Rubén Dri:

1 http://www.revistamaiz.com.ar/2016/05/pecado-original.html

2 http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-140047-2010-02-11.html

César Carhuachín:

3 Entrevista completa a César Carhuachín

Ivonne Gebara:

4 http://www.nosdigital.com.ar/2012/06/pareciera-que-el-sexo-es-el-demonio/

5 http://www.nosdigital.com.ar/2012/06/no-tenemos-que-salvar-la-biblia-tenemos-que-salvar-al-pueblo/

Hacia el Vaticano

Las peregrinaciones de la vida que llevaron a Silvio, guitarrista en el Gran Chaco boliviano, a ser sacerdote palotino, recorrer Latinoamérica y hoy estar viajando a Roma. “A pesar de estar en la fiesta, decidí este camino y no estoy arrepentido”.

A Silvio lo conocí en el quinto piso de la Facultad de Filosofía y Letras, en Puán. Era mi compañero de cursada del nivel I de Italiano. Ya a la primera ronda de nombres y de motivos por los que nos acercamos al Laboratorio de Idiomas de la UBA sorprendió por su tono pausado para hablar y por sus razones. Silvio -dijo- es boliviano, es cura y quería aprender italiano porque en la última semana de junio viajaba a Roma, al Vaticano, para profundizar sus conocimientos en la religión durante los próximos dos años. Tal vez la memoria falle, pero creo que en 25 años ateos de vida nunca había cruzado palabras con un cura.

A medida que las clases avanzaban, descubría más detalles: su rosario, su morral con la inscripción “Soy Misionero”, que no usaba cuaderno para anotar los ejercicios, sino una agenda de la Virgen María. Una de esas clases nos tocó sentarnos al lado. El profesor dio un ejercicio para hacer de a dos: uno entrevistaba y el otro respondía como si fuera un famoso a elección. En italiano, claro. Yo elegí ser Carlitos Tevez y él me interrogó. Después de esa charla desopilante, salimos juntos de la Facultad y a medida que caminábamos siempre hacia el mismo lado nos dimos cuenta que vivíamos a dos cuadras de distancia. Un mes después de ese reportaje lúdico, yo lo estaba entrevistando a él en un hogar en Parque Chacabuco, donde vivía junto a la comunidad de palotinos que dependen de la iglesia Santa Isabel de Hungría, en Estrada y San José de Calasanz. Detrás de Silvio hay una biblioteca con muchos libros. Sólo leo títulos que tienen que ver con lo religioso, aunque él cuente que también ha leído a Julio Cortázar y Ernesto Sábato.

IMG_8506-¿Cómo te acercaste a la religión?

-Bueno, no recuerdo aquel día ni cuándo fue exactamente. Tenía 20 años y pico cuando sentí este llamado de seguir a Cristo, allá en mi pueblo en Bolivia, en Monteagudo. A partir de un encuentro que se hizo en la ciudad, un encuentro juvenil, en el que se tocaba el tema de la realidad nacional y se hacía una relación con la vida espiritual. Cómo a partir de la realidad, la palabra de Dios era capaz de iluminar el presente. Me gustó y fui comprometiéndome como animador de otros jóvenes. Y ahí sentí más fuerte ese deseo de estar con la gente, de ayudar a los que más sufren. Me decidí a entrar a la parroquia, a hacer una experiencia. Entré a la comunidad de los palotinos, a la que pertenezco. Se me invitó a una experiencia de aspirantado. Después me tocó partir.

El poblado de Monteagudo se llama así por Bernardo de Monteagudo, el revolucionario argentino clave en los procesos independentistas de Sudamérica. Queda en el sudeste boliviano, en el Gran Chaco, y tiene unos 10 mil habitantes. “Es un clima subtropical. Gente muy buena, otro modo de vivir. Una ciudad del interior que es más tranquila, no mucho acelerada”. La capital departamental es Sucre, que está a 326 kilómetros, pero se tarda unas ocho horas en auto porque menos de un tercio de la ruta está pavimentada. De ahí al Vaticano se fue Silvio. “Es un camino inesperado. A veces yo me sorprendo. Lo atribuyo al Señor. Él quiere algo para que yo pueda servir mejor. Esperemos que así sea”, desea.

Antes de esa llamada, Silvio llevaba en su recuerdo los domingos de misa junto a sus padres y sus siete hermanos. Eso, claro, también jugó en su elección. “Aunque después en la adolescencia uno como cualquiera está rebelde y no quiere saber nada”, comenta. En un pueblo subtropical de 10 mil habitantes, para alimentar ocho bocas hay que dedicarse a la agricultura: mandioca, maíz, cereales, de todo. En eso trabajaban sus padres, que también eran artesanos del cuero. En Monteagudo, Silvio es más conocido por su carrera musical que por su formación religiosa. Con sus tres hermanos varones –René, Sabelio, Juan-, formaron un grupo folclórico que aún sigue siendo la sensación del pueblo: Los Coyuyos del Sauzal. Guitarra, bombo, violín y voz. Cueca y chacarera. “Fue un grupo importante a nivel nacional, en Bolivia. Ahí estaba metido con la música y toda esa experiencia, pero también estaba un poco metido con la Iglesia y la palabra de Dios. A pesar de estar en la fiesta y de estar en ese ambiente, decidí este camino y no estoy arrepentido”.  Los Coyuyos del Sauzal sacaron cuatro discos: Amor Chaqueño, Violín Criollo, A La Patria y Los Couyos del Sauzal Volumen I y II.

A tres días de viajar a Roma, Silvio se toma un termo entero de mate en la cocina del hogar palotino, mientras un extraño le pregunta y repregunta su historia de vida y detalles de la actividad religiosa. Es tímido, huidizo y de pocas expresiones. Pienso –generalizo- que tal vez son rasgos típicos que se repiten en la cultura boliviana, acaso por la opresión de siglos, en la que tanto tiene que ver esa misma cruz que cuelga del cuello de Silvio. Él descarta lo de la timidez: “En Bolivia hay diferentes modos de ser. En el altiplano son más introvertidos, o más callados, mismo por el cima. En Oriente, en Santa Cruz, es gente más entradora. Mi zona también es diferente, más de hablar, de sacar las cosas hacia afuera”. Tal vez no se le transparentan los nervios por conocer un nuevo idioma, una nueva ciudad, un nuevo país, un nuevo continente porque no los tenga. “Estoy jugado a lo que venga. Sé que va a ser exigente, pero también estoy abierto a lo nuevo. Me voy a conocer un poco más de la actividad palotina, de la misión. A compartir con otras culturas del mundo. Otra experiencia pastoral, de misión. Allá nació la comunidad palotina, creo que encontrarme con los orígenes va a ser muy bueno, va a alimentar mi espiritualidad”, explica.

O acaso lo que hace que Silvio no se ponga nervioso antes de partir a la ciudad a la que conducen todos los caminos es que está ante otro destierro más en su vida. Desde que terminó el aspirantado en la parroquia de Monetagudo, lleva 17 años cambiando de hábitat. En el 97 llegó a Argentina, a Lavallol, en la zona Sur del Gran Buenos Aires. Después de dos años de desarraigo se empezó a preguntar si esto era lo que realmente quería para su vida. Entre las dudas le apareció la posibilidad de hacer una experiencia con los monjes benedictinos, en Victoria, Entre Ríos, durante otros dos años. “Fue una experiencia de espiritualidad. Después de esos dos años volví a Lavallol con los palotinos, porque ya estaba más firme en lo que quería hacer”.

-¿Y cómo fue pasar de un pueblo de 10 mil habitantes del interior boliviano a Buenos Aires?

-Un cambio fuerte. Interesante. Primeramente la cultura, y todo era distinto. No me sentí bien. Me costó casi medio año que estuve con el desarraigo, no conseguía abrirme a los demás. Poco a poco me fui adaptando. Me iba de Lavallol a Almagro, todos los días. Colectivo, tren. Fui conociendo un poco más el modo de vivir y me gustó. También me hice muchas amistades, familias que me ayudaron en todo este proceso. En Lavallol iba por los barrios y tocaba un poco de música, de canto, para compartir un poco la vida.

Entre la experiencia en Victoria y el regreso a Buenos Aires, Silvio pasó unos meses en Bolivia. Volvió a Buenos Aires, cuando la ciudad ardía en el 2001. Si había un momento para entregarse al camino de Dios, era ese. Partió hacia Brasil, hizo la experiencia del Noviciado en el Brasil, en Cascavel, una ciudad del Estado de Paraná. A dos horas de las Cataratas del Iguazú. “Hice el noviciado espiritual allí, estudiando y ampliando –rememora- la visión de la vida religiosa. Fui sin saber portugués, y al mes ya hablaba algo. Me fui adaptando, como en Argentina la primera vez”. A los dos años, otra vez, armó las valijas: Santa María, Río Grande do Sul. Facultad de Teología y Filosofía de los Padres Palotinos. “Es un convenio para estudiar juntos y tener una amistad latinoamericana. Ahí concluí los estudios de teología, que son cuatro años. Me ayudó bastante”.

-¿Ustedes en la facultad, por ejemplo, además de la teología estudian la Historia Latinoamericana?

-No me acuerdo bien. Estudiamos también administración. No se estudia eso, tenemos la historia de la iglesia latinoamericana, pero como materia no tenemos Historia.

Después de los cuatro años de Facultad, le tocó volver a Buenos Aires. A Caballito, a hacer el pastorado en la Iglesia Santa Isabel de Hungría, en San José de Calasanz y Estrada. Dos años de misión para luego volver a Monteagudo para hacer la oración sacerdotal, que es la consagración perpetua. O sea: para toda la vida. Allí volvió en 2008. Once años después de partir como el guitarrista de los Coyuyos del Sauzal, volvía como el cura del pueblo.

-¿Cómo fue volver a tu pueblo donde eras el músico para ser el sacerdote?

-Sí, fue difícil. La gente se sorprendía porque todos me conocían de cantor. Ahora de sacerdote era otro peso para muchos, pero había respeto. Me apoyaban. Sentía eso yo. Estuve hasta 2011 ahí en mi parroquia. Me pidieron que vaya a colaborar a Montevideo. Estuve dos años allí. Y este año volví acá porque en Bolivia cerramos la parroquia para entregar la diócesis, porque éramos pocos los palotinos. Asumieron otros.

Por mi desconocimiento sobre el cristianismo, las preguntas surgen de a decenas. Pero la culpa no es sólo un concepto católico y hay varias que por timidez o cobardía elijo no hacer. Otras, se dejan soltar. Como cuando le pregunté por la prohibición del sexo para los sacerdotes: “Es una opción libre. Yo lo tengo claro. No es mejor ni peor, sino distinta: tiene sentido si yo pongo a Dios en primer lugar en mi vida. Sino no tendría sentido esto”. Y otra:. ¿de qué vive un sacerdote, quién le pagó todos esos viajes, toda su formación?

-O sea no tenemos salario pero para lo necesario hay. La gente colabora, pero salario no tenemos. Es una caja común que con las necesidades se va usando para los servicios, como cualquier otro. Ahora no me pago el pasaje, ni nada, me lo paga la comunidad. Y allá se hacen cargo también de las necesidades: tampoco necesito gran cosa.

En una de las primeras caminatas al salir de Puán, Silvio me explicó que él era palotino y en qué se diferenciaba eso de los jesuitas, los benedictinos y las demás congregaciones. Palotino es un término que me hacía acordar a la última dictadura, le dije. Me respondió con  la canción de León Gieco. La Memoria, que habla de los asesinatos de los padres palotinos y de Monseñor Angelelli. Qué pasó, pregunto. “Algo sé, no tan a ciencia cierta. Vivían allá en San Patricio, por Belgrano. Estaban comprometidos con la gente del barrio, quizás en alguna celebración hablaron en contra de los militares. Y ellos se tomaron revancha. Los mataron ahí mismo, los acribillaron una noche. Tres sacerdotes y dos seminaristas, si no recuerdo mal. Fue una revancha que hicieron, algunos dicen que estaban metidos en grupos subversivos, pero no creo que sea tanto. Quizá porque ellos estaban a favor de la verdad, de la paz, o porque no creían en las cosas que se hacían en ese tiempo. Y para callarlos los mataron. La causa sigue en investigación, pero como todo, aun no se descubre”. En la Iglesia de San Patricio, los milicos pintaron una frase: “Esto les pasa por envenenar la mente de la juventud”.

-¿Vos como sacerdote tenés conocimiento de que hay acusaciones a la Iglesia como institución o a gente que ha formado parte de la Iglesia y que tuvo complicidad directa con la Dictadura? ¿Cómo se entiende eso desde la fe?

-En realidad yo escuché comentarios, pero no conozco muy bien. No podría opinar. Lo que decimos de acuerdo a los documentos de la Iglesia es que cada cual responde por su conciencia. Nadie puede juzgarlo, solamente Dios. En ese sentido cada quien le tendrá que dar cuenta al señor de lo que está haciendo, como todos, si está haciendo algo mal.

-¿Hay alguna experiencia que te haya marcado mucho en el trato con el otro?

-En general se interpela mucho el sufrimiento de la gente. A veces uno siente la impotencia de no poder hacer nada. Desde la fe creo que ayudé a varias personas a que salgan de su situación. A veces las personas ven una parte de la vida y no logran ver todo, entonces he podido ampliar su visión, ayudarlos con eso. Hay muchos que se acercan por problemas con el matrimonio. Y charlando por qué muchas veces se soluciona. A veces hacer que ellos vuelvan, que se reconcilien es una experiencia de las más gratificantes. Me pasó muchas veces eso, sobre todo en Brasil. La fe te aparece en esos casos, porque la gente a veces se ahoga en un vaso de agua. No son problemas tan grandes, sino que no pueden ver un poquito más allá. Son empecinados en lo que piensan, están encerrados. Y uno lo ayuda.

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