Vamos las bandas

Crónica de la Primer Jornada de la Ley de la Música, que resume el espíritu de este proyecto ya aprobado y también sus puntos prácticos aún pendientes. De tocar en el subte a grabar un disco, soluciones colectivas a los problemas de siempre.

Es lunes a la tarde, en verano, con calor, con mucho calor, el subte está fastidioso. En el pasillo de baldosas resbalosas que une la combinación de la línea A y la línea C, la gente corre; en realidad camina con actitud de correr. El ritmo no llega al trote pero vamos en zigzag, avanzando por recovecos. Alguien adivina el compás: Pum, pum pum, pumpumpumpuuum, pum.

Un pibe sentado en un cajón peruano cierra los ojos y se entrega a sus manos. Tiene el pelo hecho rodete y una pandereta enganchada a la zapatilla izquierda que acaricia el piso con la precisión relojera del tic-tac.

Un pibe, un cajón peruano y una pandereta producen el momento en que te olvidás de estar arrancando la semana con la musculosa pegada a la espalda.

El señor con traje pasa muy cerca y mira la mochila abierta con pocas monedas. Me imagino una posible conversación: le ofrece un trabajo, un sueldo fijo, aire acondicionado, quizás hasta un traje como el suyo. El pibe dejaría de estar en ese pasillo y ya nadie adivinaría el compás que confunde caminar con correr. ¿El pibe dejaría de estar en ese pasillo?

Vuelve a cerrar los ojos; el cuello mueve a la cabeza que se reclina para atrás, la pandereta provocadora estimula las manos. Debe estar de acuerdo con Nietzsche cuando escribió “Sin la música, la vida sería un error”. Más allá del remo constante, del calor, de las pocas monedas, de las múltiples dificultades.

El señor con traje siguió caminando: él también sabe que el pibe no dejaría de estar en ese pasillo. Me acerco, charlamos y se cae de maduro que sus múltiples dificultades son las que tenemos varios. Lo banco un par de temas, hay un piso necesario de monedas que garantizan el puchero de hoy. Nos levantamos, él se encarga del cajón y yo de la pandereta.

Llegamos.

–          ¿Vienen a la Primer Jornada sobre la Ley de Música? Pasillo al fondo. Escaleras. Segundo piso.

Cristian Aldana, cantante de El otro yo e integrante de la Unión de Músicos Independientes, toma el micrófono en la primera mesa de la Jornada: “Este proceso en el que se llevó adelante la Ley de la Música tiene que ver con romper un montón de barreras que van más allá de subirse a un escenario, tocar la guitarra, editar un disco, distribuirlo, armar una fecha. Hay cosas que se ponen también desde un lugar que tienen que ver con la organización y el trabajo colectivo. Este proceso marca muy fuertemente eso. En la música todavía nunca nos habíamos juntado. Veíamos que los actores ya tenían su instituto, la gente del cine también, que estaban como mucho más organizados. Me acuerdo cuando cerraban algún teatro de ver a todos los actores en la puerta diciendo: este lugar no lo cierran. Eso no lo veía cuando pasaba algo con la música, de golpe se cerraba algún lugar y a nadie le importaba, parecía que todos mirábamos para otro lado. Todos estos procesos sirven para darse cuenta que la única forma de poder mejorar las cosas es juntándose y organizándose”.

Todavía el pibe sentado a mi izquierda mira cada tanto la mochila. Las palabras no le alcanzan del todo, adentro hay pocas monedas y cuando la panza hace ruido no hay micrófono que la tape. Pero escucha “asambleas” y levanta la mirada. Desde los parlantes se cuenta que la organización empezó a tomar forma de mesas de trabajo que buscaban pensar una ley contemplativa con la realidad del músico y su ecosistema ¿Hablarán también del pasillo resbaloso? Siguieron por varios meses los espacios de discusiones en las diferentes mesas, el análisis de leyes de otros países y de leyes de Argentina correspondientes a otras áreas, hasta que fueron llegando los primeros borradores a las manos.

Cristian resume el primer momento de trabajo: “Se utilizó toda esa energía de un montón de músicos que realmente tenemos la necesidad de que exista algo que mejore las condiciones de cómo se hace música en la Argentina. Que se cree un instituto que pueda fomentar la música como pasa con el cine, con el teatro, nos parecía que la música siempre quedaba afuera de todo. En un momento se planteaba que la música era algo que solamente se vendía y se compraba, y nosotros creíamos fuertemente que no es solamente eso, que uno hace música porque le hace bien al alma y subirse a un escenario y editar un disco es un derecho. Nos parecía que estaba bueno que no fuera la lógica de siempre de que ´algunos sí y otros no´ y que el instituto tenía que fomentar a todos”.

Entonces, para cerrar, Aldana define ese espíritu de búsqueda colectiva que toma forma de ley: “Es muy difícil que la ley sea perfecta, pero si va a ser mejor cuando participa más gente”.

Parte 1  

“Un derecho”, pensó el pibe y se dio cuenta lo mucho que había que hacer para lograrlo. Falta el fomento a la actividad musical pero también está la necesidad de mejorar las condiciones laborales suyas y de sus compañeros. Desde la mesa sobre la tarima explican que la creación del Instituto Nacional de la Música – que recién eligió sus primeras autoridades- apuntó a mejorar el primer punto. Aldana: “Se concibió en los grupos de trabajo y en el grupo redactor avanzar primero en la creación de un órgano de fomento de la actividad musical y cuando empiece a mejorar – sin estirarlo tanto-  trabajar en un estatuto del ejecutante musical que pueda dar respuestas inclusivas en lo laboral y en lo social para cada una de las diferentes realidades del músico: siendo músico en relación de dependencia, siendo músico a veces en relación de dependencia y a veces independiente o siendo músico independiente”.

El 28 de noviembre del año 2012, la ley fue aprobada. Diego Boris, presidente del Instituto Nacional de la Música, aclara: “La ley se aprueba con unanimidad en general y en particular, o sea no hubo un solo legislador ni ningún partido político que haya objetado un artículo de la ley”. Sin embargo, todavía no está en pleno funcionamiento.

Ley federal

Diego Boris no le escapa a las anécdotas, sonríe, habla, aplaude y vuelve a empezar. Ante todo aclara que el Instituto de Nacional de la Música es un órgano de fomento a la actividad musical, no de regulación. Nadie va a ir a decirle que no puede estar con su cajón y pandereta, no necesita de esa autorización para abrir la mochila. Pero puede ir a la sede de la región Metropolitana y ver que se ofrece.

“El Instituto nace federal porque va a tener una sede en cada región cultural”. Las regiones son seis: Metropolitana (Ciudad Autónoma de Buenos Aires y provincia de Buenos Aires), Centro (Córdoba, Santa Fe y Entre Rios), Nuevo Cuyo (Mendoza, La Rioja, San Juan y San Luis), NEA (Chaco, Corrientes, Misiones y Formosa), Patagónica (Tierra del Fuego, Antártica e Islas del Atlántico Sur, Santa Cruz, Chubut, Rio Negro, Neuquén y La Pampa) y NOA (Jujuy, Tucumán, Salta, Catamarca y Santiago del Estero).  “Cada sede va a estar subdividida o integrada en seis áreas que fueron los espacios de trabajo que se construyeron en las Asambleas y los que se concibieron que había que fomentar”, dice Boris.

Las seis áreas

“Seis posibles soluciones”, pensó el pibe que ya había sacado un cuaderno y tomaba nota desde hace rato. Quizás hay forma de solucionar algunas de las múltiples dificultades: donde tocar, donde tocar y que no me caguen, la guita que no me deja grabar un disco, ni hablar de editarlo, la puesta en escena de un show (eso ya es soñado), cobrar algo aunque sea por mis temas, poder difundirlo… Mierda que había una lista larga.

Circuito estable de música en vivo: El circuito se armaría con lugares privados, lugares estatales y lugares comunitarios que quieran conformarlo. “Si un lugar quiere estar va a recibir seguramente un beneficio económico con un subsidio, va a recibir sonido o luces, o lo que necesite, y también estar en un sistema integrado de difusión en medios nacionales y en medios locales. Como contrapartida se le va a exigir como mínimo que el 70% de la recaudación sea para los músicos”, explica Diego, dejando en claro que ese es el piso de las exigencias.

Subsidio y créditos tradicionales: “Es donde los músicos van a llevar sus proyectos y haya un jurado que los evalúe”. La idea es que se fomenten estas instancias de ayudas económicas.

Fomento directo a la producción: “En este espacio se va a tratar de dar vales que solucionen una instancia de un proyecto productivo de una banda o de un solita o de un colectivo musical. ¿Una instancia qué quiere decir? Por ejemplo, un vale para fabricar mil discos, un vale para 50 horas de grabación, un vale para hacer un videoclip o un DVD. Una instancia, no todo, entonces va a haber una solución de una instancia del proyecto productivo para muchos. Y en este lugar la idea es que no haya ningún tipo de jurado”. Diego Boris vuelve sobre esta última característica y la remarca reconociendo la diferencia con el espacio de subsidios tradicionales: “¿Por qué en todas las instancias de fomento una generación tiene que juzgar a otra? ¿Por qué los parámetros estéticos de una generación tienen que influir en juzgar a otra generación que por ahí tiene parámetros estéticos que recién va a empezar a definir dentro de unos años?”

Formación integral del músico: “Antes de recibir un beneficio al músico se le va a explicar lo más didácticamente posible cuáles son los derechos intelectuales y laborales que tenemos en la actividad”. El espacio tendrá también la función de promover conocimientos académicos y que aporten al desarrollo total del artista.

Circuito Cultural-Social: “Todo músico que reciba un beneficio, antes de recibir el segundo beneficio, va a tener que acordar con el Circuito Cultural-Social que va a estar conformado por comedores comunitarios, sociedades de bien público, centros culturales en barrios con dificultades para pagar una entrada, lugares de reclusión o donde están nuestros mayores, etcétera. Es decir que un músico que reciba un beneficio, antes de recibir un segundo tiene que acordar una actuación, una charla, un taller, etcétera, para compensar en parte lo que nosotros recibimos de la sociedad”.

Difusión: Los medios que compongan la Radio y la Televisión Argentina Sociedad del Estado deberán difundir las actividades del Instituto en un porcentaje no menor al 0,5% mensual de la totalidad de la emisión. También se cuenta con la difusión regional y nacional del Circuito estable de música en vivo.

“¿Me tengo que anotar en algún lado?” Me preguntó el pibe. “Que se yo” le dije, pero antes de cerrar la charla, Diego Boris hace una última aclaración: “Todas las organizaciones de músicos tienen derecho y garantizado el protagonismo y la participación en los seis espacios”. Cada organización puede participar en la región cultural en la cual tenga su personería jurídica. “Atrás de cada artículo de la Ley de la Música, estamos las organizaciones de músicos o los músicos organizados definiendo cuales son los requisitos que tienen que cumplir los músicos para acceder a los beneficios. ¿Eso qué quiere decir? ¿Qué el músico tiene que ser parte de una organización para ser beneficiado? No, todos los músicos tienen el derecho y la posibilidad de ser beneficiados”.

Los aplausos llegan después de que se cierre diciendo: “Esto es básicamente lo que es el proyecto de la Ley de la Música, por supuesto está abierto a todas las preguntas que quieran hacer”. Algunas manos se levantan, preguntan, cuentan experiencias, sugieren posibilidades. Agarramos el cajón peruano, la pandereta, la mochila y volvemos al subte.