El tren al que dejaron sin vías

Esta carta es la historia presente del Club Ferro Carril Oeste. Dedicada a quien supo construir un pedazo de su gloria: Don Carlos Timoteo Griguol; y para todos los que entienden que un club es de sus socios y de nadie más.   

Querido Timoteo:

Cómo contarle ésto que está pasando. Algunos pensarán que es una locura, que no tiene sentido, que de nada vale entristecerlo con este presente quebrado. Esos insultarán esta carta dirigida a usted, Maestro, que enseñó a los corazones verdolagas lo que era la gloria y la alegría de gritar campeón en los tablones de Caballito. Y que, encima, lo hizo dos veces, las únicas dos veces en la historia del club: en el Nacional del 82 y en el del 84 !Qué años aquellos! ¿Recuerda? Decían que Ferro era la institución modelo del país. Y lo era Timoteo, usted lo sabe. Los vecinos se morían por ser socios. El club era más que el fútbol vistoso que usted supo crear y cuidar. Era el vóley y el básquet y todos los deportes. Era, sobre todo, la vida de club de todos esos chicos, chicas, hombres y mujeres que inflaban el pecho cuando hablaban de Ferro Carril Oeste. De sus canchas, de su pileta, de la confitería, del equipo, de sus deportistas, de usted. Todo era color verde. Qué linda década, Viejo.

Ferro

Fotos: NosDigital

Y sí, los que se acuerdan de usted cuando recuerdan esos tiempos dirán, quizás con razón, “pobre viejo, mirá si lo vamos a andar amargando con toda esta mierda”; “Déjenlo tranquilo a Don Timoteo que no tiene nada que ver, no se lo merece”. Y puede que sí, que esto sea un error. Seguro que usted no merece esta realidad. Pero sí merece saberla. Y esos otros que digan “cuéntenle quiénes son los responsables de haber quemado todo lo que él en parte logró” apoyarán esta triste carta.

Ferro quebró, Viejo. Lo fundieron. Hace un tiempo ya. En diciembre del 2002. Se preguntará cómo pudo pasar después de esos ’80 brillantes. Y, bueno, vinieron unos ’90 destructivos. Y eso estalló en los tempranos 2000. Sí, claro, Timoteo, como sucedió en todo el país. Nadie que haya seguido la corriente se iba a salvar, Maestro. Y Ferro no fue la excepción.  A partir de ahí se le aplicó la ley de fideicomiso. Como a Racing, como a Comunicaciones, como a cada entidad deportiva que se le rompen los números de los balances. La quiebra la decretó el juez Antonio Herrera.  Un sorete, Viejo. Quizás el que más haya lastimado a Ferro en toda su historia. Pero, alguien le abrió la puerta del club, eh. No es que entró así nomás y empezó a robar todo. No, claro. ¿Te acordás de Marcelo Corso, del presidente de Ferro del ’96 al ’99? Otra basura, Timoteo. Llamó a concurso de acreedores al toque que asumió, porque dijo que el club estaba por darse vuelta. La cosa no estaba bien, es verdad. Los números que había dejado Felipe Evangelista, presidente del ’93 al ’96, eran tenebrosos. Pero lo único que logró Corso llamando a concurso fue hacer entrar en el juego al macabro juez Herrera. Acelerar toda la miseria. Obvio que Corso tenía sus intereses. Jugaron codo a codo con el juez y desmantelaron el club.

Cuando hubo elecciones en el ’99 tuvo que volver Carlos Leyden, vio. Usted lo conoce mejor que nadie. El presidente de la etapa de oro. Desde el 63 al 92. Bocha de tiempo, y en el medio lo mejor de la historia: usted y su Ferro campeón. El club era una joyita, ya lo hablamos. Si bien cuando Leyden se fue en el ’92 no dejó todo 0km, porque la crisis de la híper inflación había hecho bosta al club, dejó las cosas dignas. Después Evangelista y Corso tuvieron las más nefastas y paupérrimas gestiones. Con robo e impunidad. Nada de lo que pasó fue un error dirigencial, eh. No fueron malas administraciones como se dice. Todo a propósito, Timoteo. Por la guita. Ferro les chupaba un huevo. Eso no es equivocarse, es hacer las cosas muy bien, pero con intereses exclusivos y privados. De la idea de club que se mamó en sus épocas no quedaba ni el recuerdo.

_MG_9372Cuando se presentó Leyden en el ’99 algunos dicen que fue para lavar culpas, porque él había recomendado a Corso en el ’96, y después se quiso matar. La realidad es que usó su figura para que Corso no gane de nuevo. Y claro, Leyden ganó y Corso se fue (con toda la guita).  Pero cuando agarró el club dijo que no podía administrar miseria. Así  nomás. El club estaba en las últimas. Renunció y asumió Arnoldo Bondar, su vice. Que renunció también, porque dijo que la Comisión Directiva no existía, que había una mesa directiva, de tres o cuatro, que no representaba el espíritu democrático del club ¿Se da cuenta? Y asumió el vice segundo, Guillermo Socino. Cumplió el mandato y se llamó a elecciones en el 2002. Ganó un tal Walter Porta, que venía de un grupo independiente. A todo esto Herrera seguía chupándole la sangre al club. El juez tenía un plan. Perdone que le hable así, Viejo, pero fíjese que forrada: quería gerenciar el fútbol y el resto de los deportes profesionales a empresas privadas; además quería mudar el estadio de Ferro a Agronomía ¿Sabe para qué? Para armar un parque como el Rosedal en el medio de Caballito. Tenía todo un negocio planificado. Todo estaba armado. Y fue por ello, paso a paso. Empezó a presionar a Porta para que gerencie el fútbol. Y Porta dijo no. El juez lo empezó a arrinconar. Pero Porta resistió.

¿Qué hizo Herrera? Firmó nuestra quiebra y nos mandó al muere. Decretó que Ferro estaba fundido y que entraba en la Ley N° 25284, la del fideicomiso. Lo que resultaba un obstáculo para su plan lo iba eliminando. Y si el club tenía que quebrar… qué le importaba. Para que se fije qué impunidad, le paso un par de datos: Ferro, formalmente, termina quebrando por dos pedidos de quiebra que ascendían a 53 lucas. Usted piensa que una institución como Ferro puede quebrar por esos numeritos. Sé que no, Viejo. Que entiende que el tipo vio que Porta era un hueso duro de roer y liquidó al club por chiquitaje. Para poder controlar todo. Más fácil. Ojo, el club tenía un déficit de aquellos. Casi 27 millones. Pero podía seguir funcionando de la misma manera que hasta entonces. Como lo hizo durante todos los ’90. Porta se tuvo que ir, claro. Y este mismo juez designó al órgano fiduciario que ahora iba a controlar el club para levantar la quiebra. Porque, supuestamente, según la ley, el órgano tiene como objetivo devolver el club a sus socios sin deudas. Salvar la institución. Pero, del papel a la realidad… y si encima está Herrera en el medio, olvídese. Osvaldo Valera, Jorge Oliva y Eduardo Andrada. Esos fueron los tres que conformaron el primer órgano. Varela, un buen tipo, lo pusieron para rellenar. Oliva era un contador que cayó por designación. Y Andrada… ¡Ay Andrada! Un amigo de Herrera. Trabajaron juntos para el negocio. Con Herrera como juez de la causa y con Andrada como el tipo de peso en el manejo del club hicieron lo que quisieron. Al toque gerenciaron el fútbol. Contrataron a Gerenciar SA. La empresa de Gustavo Mascardi, el representante de jugadores. Lo que quiso hacer con Porta y no pudo. Después empezó a preparar todo para darle el resto de los deportes a Swiss Medical, otra empresa. Venía todo como lo pensó. Pero, usted lo habrá visto, a Herrera le hicieron una cámara oculta en la televisión. Y cayó. Habló de todo mientras lo filmaban. De su negocio, de que Ferro no le importaba, de que quería armar un shopping. Increíble. Lo destituyeron a los tres meses. Y asignaron una nueva jueza: Margarita Braga. Sigue hasta hoy como jueza de la quiebra. El órgano fiduciario cambió mil veces. No lo quiero marear con nombres. Renunciaban cada dos por tres y entraban reemplazantes. Hoy están Silvio Favale, como contador; Julio Marzano como responsable de la situación deportiva; y Marcos Brusa como abogado. Si bien no está el serpentario que destruía a Ferro desde adentro, las cosas no han cambiado mucho, Timoteo. El déficit sigue. Corso, Herrera y compañía dejaron al club en la ruina, y de ahí se hace difícil salir.

_MG_9447En el 2011, cuando se cumplieron los nueve años de fideicomiso, Ferro todavía no había levantado el pasivo. Según la ley, debían rematarse sus bienes para pagar la deuda y, bueno, el club dejaba de existir. Pero no pasó, tranquilo Viejo. Dieron una prórroga de tres años más. Ahora la fecha límite es diciembre del 2014. Queda tiempo, pero la cosa no levanta. La gente confía, igual. Dice que Ferro es Ferro, que es imposible que desaparezca. Pero los papeles están prendidos fuegos. Los socios se organizan, eh. Crearon una cuenta en el banco y van depositando ahí. Donaciones, vio. Sin nada a cambio. Y ya juntaron más de un palo, con todo el esfuerzo de la gente. Pero no alcanza, los números son altos. La verdad es que esa ley no sirve para un carajo. Te llenan de abogados, contadores y jueces que no entienden nada de clubes. Piensan que son una empresa donde tienen que cerrar los numeritos y listo. Y no es así, un club es otra cosa. Es un barrio entero. Ferro es Caballito, si usted lo sabe. Pero un fideicomiso no lo entiende. Un órgano fiduciario, menos. Y, para colmo, ¡los burócratas que ponen, roban! No solo no cazan una del valor social y cultural que significa, sino que lo funden más todavía, para hacer sus negocios. De no creer. Nadie se salvó con esa ley. Simplemente no lo entienden, Timoteo.

Se preguntará dónde quedaron todos esos buitres. En la cárcel no hay ninguno, pero existen dos causas penales por los escándalos de Corso y Herrera. La primera estaba bien encaminada: Corso y tres dirigentes más de su riñón corrupto, Raúl Tauz, Héctor Hermida e Isidro Cabral, habían quedado procesados por tres hechos bajo el mismo cargo: administración fraudulenta. En el 2001 la comisión directiva del club hizo la denuncia. En primer lugar, se constató que se quedaron con varios cheques de 40 lucas en conceptos de “a rendir” y de “devolución de préstamos”. La plata nunca apareció. Después, giraron un millón y medio de dólares a una empresa financiera uruguaya sin justificación alguna. Era una guita que había quedado de la venta de unos terrenos. La plata nunca apareció. Y, por último, se chuparon el pase del jugador Martín Herrera al Alavés de España. La plata nunca apareció. Pero, estos tipos tienen poder, Timoteo. Dilataron el juicio oral todo lo que pudieron. Y eso que la etapa de instrucción ya estaba cerrada, ¡y habían quedado firmes los procesamientos!  Pero con todo tipo de artilugio legal, que el juez dejó pasar, la estiraron y la estiraron. Y sobre la fecha de prescripción, que iba a ser en Junio de este año, los criterios del proceso judicial cambiaron. Fue súbito.  Esos nuevos criterios decían que como estaban siendo juzgados desde hace más de seis años y la pena máxima para esos delitos era de tan solo seis años, la causa prescribía. Encima, los jueces habían desestimado ese mismo argumento anteriormente. Pero, se dieron vuelta. Y prescribió nomás. A tres días de empezar el juicio oral la causa prescribió. Los tipos zafaron. Como verá la Justicia y los jueces no le tiran un centro a Ferro. Más bien juegan para la contra. Ahora habría que esperar que se revoque esa decisión y que se dicte sentencia todo antes de junio. Imposible, Timoteo, así nomás. Quedará impune.

La segunda a causa va detrás del pez monstruo más gordo: Herrera. Que ya está procesado. También cayó Andrada, su amigo del órgano fiduciario. Y los Mascardi, Emilio y Gustavo, padre e hijo, dueños de la empresa Gerenciar SA. En esa causa, en total, hay doce procesados, entre los cuales están los integrantes del órgano fiduciario que se encontraban en acciones al momento de licitar el fútbol a la empresa. Todos por fraude. Se encontraron muchas irregularidades en la licitación. Y ya sea por ser partícipes o cómplices, todos quedaron procesados. La causa avanza bien, pero hay que tener cuidado. Ya vio lo que pasó con Corso y los demás. Estos tipos tienen amigos ahí adentro. Herrera está complicado. Tiene muchas chances de ir en cana. Ojala, Timoteo, ojalá.

Como verá el presente está enmarañado. A Ferro lo arruinaron, le quitaron las vías. Se comió las mil y un maniobras: legales, económicas, judiciales, políticas. Todas. Digitaron la quiebra y después la mantuvieron. Lo comprobó la Justicia, que eligió no hacer honor a su nombre. El pasivo verificado en la causa está en los 16 millones. Y no se sabe muy bien qué va a pasar.

No hay más que decir, Timoteo. Solo luchar para que Ferro siga siendo de sus socios.

Que ande bien.

Un fuerte abrazo, Viejo.

Destruye y sangra Paraná

Era hora de que se termine el silencio de la sociedad mientras las fiestas de las compañías extranjeras se sucedían una tras otra sobre cada recurso natural del suelo argentino. Mientras la explotación minera irresponsable está en boca de todos y la cara represiva del gobierno nacional se ilumina demasiado, las tierras vírgenes del delta del río Paraná se están salvando por poco. La resistencia a la destrucción se hace fuerte.

Las posiciones se ven claras, lo borroso es el porvenir. Sergio Urribarri, gobernador entrerriano, había impulsado la  10.092 ley que entregaba a la creada Sociedad Anónima Arroz del Delta Entrerriano por noventa y nueve años la titularidad de la concesión para la administración, transformación, desarrollo, aprovechamiento agroindustrial y explotación comercial, de las tierras fiscales de la Provincia que el Poder Ejecutivo provincial identifique como aptas para ser incorporadas al proceso productivo. El 26 de diciembre de 2011, la legislatura la aprobó. Organizaciones sociales, ONGs ambientalista, partidos políticos de oposición y vecinos autoconvocados resistieron a la medida, que Urribarri derogó el último 2 de febrero.

Durante un mes estuvo legalizada la explotación de tierras vírgenes del delta del río Paraná, lo que permitía el uso de agroquímicos en los humedales de las aproximadamente 150 mil hectáreas de islas. Elba Stancich, coordinadora de la campaña humedales de Taller Ecologista, explicó que los humedales son ecosistemas donde se combina tierra con agua. “Se los considera los más productivos del planeta. Albergan una gran biodiversidad y permiten la cría de los peces, lo que los hace fundamentales para la subsistencia de las poblaciones locales”, informa. Además, suministran agua dulce, ayudan a regular el ciclo del agua, ofrecen protección contra las inundaciones y tormentas. Por eso Stancich se adelantó a las críticas por pseudo-ambientalismo: “Si se los utiliza de una forma adecuada, se pueden realizar actividades económicas que convivan con las de conservación”.

El punto más álgido de la controversia se daba en la creación de un directorio que pudiera suscribir convenios con empresas públicas, privadas, nacionales y extranjeras. Por qué iban a creer que se iba a hacer un uso responsable de las tierras, sin agrotóxicos, si, como recordó Germán José Margaritini de Proyecto Sur Concordia, la empresa Bema Agri BV de Holanda, propietaria de 12 mil hectáreas en la isla de Victoria, fue denunciada hace tres años por secar lagunas, deforestar y levantar defensas, aún con las restricciones en vigencia.

La explotación sin controles, contó Stancich, consintió en la implementación de técnicas de continente en las islas: terraplenes sin estudios preventivos que modifican el ciclo biológico y, por tanto, la biodiversidad.

Jorge Daneri, dirigente de la Fundación M’Bigua, denunció que la ley fue sancionada en 48 horas, sobre tablas, sin debate político ni técnico de las áreas con competencia. Margaritini  agregó que la medida representaba “un giro abrupto respecto del compromiso adoptado por el gobierno entrerriano al firmar el PIECAS-DP”. Para él, no solo hubiera transformado las islas, lagunas y arroyos en campos de cultivo de arroz, sino que hubiera también significado un beneficio para unos pocos, cuyos perjuicios se habrían repartido entre todos los habitantes de la cuenca.   Desde cada espacio de difusión de las asociaciones en defensa del Río Paraná no se olvidan del Famatina, de los reprimidos de Tinogasta y de las asambleas que resisten a cada una de las empresas de megaminería a cielo abierto. Cada movilización incorpora “Famatina” al lado de “El Paraná no se toca”.