La Universidad en la fábrica

La educación popular entra en la formación de futuros profesores. Desde la fábrica recuperada IMPA se gesta una nueva forma de enseñar y estudiar.

IMPA es una fábrica de metales y plásticos. Fue recuperada en 1998 por sus trabajadores, que pagaron hasta hoy 4 millones de pesos de deudas anteriores. El servicio de luz eléctrica está cortado desde entonces. Solo con su autogestión consiguen la energía para hacer funcionar la fábrica y el resto de la Ciudad IMPA. Los techos son altísimos. Hay agujeros en la chapa. Es enorme su estructura, como enorme su potencial. Por eso para resistir el desalojo, el ahogo financiero y hasta energético, la apuesta es llenarla de trabajo, de contenido y de gente.

A Vicente Zito Lema, “personalidad destacada de la cultura de la Ciudad”, poeta, militante, le plantearon allá por 2010 los trabajadores de la fábrica que querían continuar –ir más allá de- el centro cultural y el bachillerato que funcionan en la “Ciudad IMPA”.

-Queremos hacer una universidad.

-Que la primera sede sea IMPA.

-Que sea la Universidad de los Trabajadores.

-Que integre el Polo Educativo.

Algunos de los 44 trabajadores de la fábrica se graduaron del bachillerato que funciona ahí y piensan estudiar en la Universidad. “Hay espacios que están cerrados para los hijos de los trabajadores”, le explicaba el Vasco Murúa a Barricada TV, el canal que también funciona en ese edificio. “Desde la educación también se disputa el discurso hegemónico”, seguía. Por eso eligieron que los cuatro profesorados (biología, matemática, lengua y literatura e historia) que funcionan desde 2013 utilice la teoría de los grupos y la metodología de la educación popular y trabajen bajo la perspectiva histórica del movimiento obrero.

La materia Trabajo: Función, historia y organización, antes de que se crearan las carreras, era un seminario. Hoy atraviesa a todos los estudiantes de la UT, pero está también abierta a quien quiera ir. “Desde el punto de vista de la cátedra, el trabajo es algo constitutivo del ser humano, ya que es el proceso por el cual el hombre se constituye como tal. Mediante el trabajo, el ser humano es capaz de transformar la naturaleza, permitiendo desplegar su potencialidad natural. Es algo exclusivo del hombre que no posee ningún un otro ser vivo, y es a través suyo que le hombre subsiste”, expone Nicolás Espósito, desde un punto cualquiera del círculo que forman estudiantes, docentes y coordinadores de grupo. Abre el juego a preguntas, comentarios y se forman grupos  conformados por estudiantes y coordinadores para seguir relacionando la clase con la vida cotidiana. Alicia, estudiante del segundo año del profesorado de lengua y literatura, supo explicar para qué: “Así nos entendemos más”.

IMG_8625El comentario no surgió de un repollo. . “A mí me tuvieron toda la vida así”, y aprieta el puño contra la mesa y machaca. “Aplastada”, dice. “Me dan 30, 40 años y tengo 60”. Le diagnosticaron un retraso madurativo. La psicóloga le recomendó estudiar en el bachillerato de Córdoba y Gallo. “Ahora que estoy acá, me doy cuenta de que puedo”. Después de que le dieron el título, Alicia se inscribió al profesorado de Lengua y Literatura de la Universidad de los Trabajadores en IMPA. Raúl quería estudiar. Vio carteles en la calle y empezó. Llegó acá, pero podría haber sido a cualquier lugar. “Tuve varias experiencias educativas, pero esta es la más linda”, dice. Está por cumplir 59 años.

-El ambiente es distinto. Nunca había tenido una pareja pedagógica. Es muy interesante. Los profesores son muy competentes- empieza Raúl.

-Son muy inteligentes. Saben contener mucho a las personas- enfatiza Alicia.

-Somos pocos, entonces en las clases se participa mucho. Con los dos docentes, se arma una linda comunidad. Le da dinámica a la clase.

-¿Se imaginan enseñando?

-Alicia: Tanto como enseñando no sé. Pero me siento una persona completamente distinta a la que era antes.

-Raúl: En el sistema formal, no creo que tenga oportunidad, por mi edad. En el informal -ni escuelas públicas ni colegios privados-, tal vez sí.

La única estudiante de biología cuenta sus tropiezos para explicar cómo llegó a la UT. Trabajaba en Capital, vivía en Tigre y estudiaba en San Miguel. En el Joaquín V. Gonzalez, había una materia con horario único que se pisaba con su horario de trabajo y le trababa la cursada.

-¿Y acá?

-Acá respetan tus tiempos, tus formas de aprender. Todos los profesores siguen viniendo porque yo quiero cursar. Estamos sosteniendo entre nosotros la carrera. Me están mostrando que les intereso. Puedo preguntar sin sentirme una tarada.

Como en el bachillerato los docentes cobran salario, el aguinaldo es donado para recursos necesarios.

Uno de los objetivos de la Universidad es poner al acceso de los trabajadores la educación de nivel superior.

-Si bien la mayoría de nosotros –dice Voboril, como docente- estudiamos en la universidad pública, lo hicimos trabajando. La universidad no pone en consideración las dificultades de una persona que trabaja y estudia. Nosotros pensamos una formación de nivel superior de calidad pero accesible para una persona atravesada por el mundo del trabajo. Por eso funcionamos en el horario vespertino, por eso la flexibilidad a la hora de recibir un trabajo práctico”. Es una oferta de continuación, también, para los graduados de los profesorados. “En ese proyecto de querer terminar con los últimos años de secundaria, se ven invitados a seguir con la orientación de educación y popular. Cada docente que se gradúe es pensado como un multiplicador de la educación popular. En nuestros diez años de trabajo, tenemos qué decir sobre esta modalidad”.

-¿Y con esta fábrica, como recuperada, qué relación le cabe a la Universidad?

-Ideológicamente coincidimos con la crítica al sistema que plantean los trabajadores al tomar una fábrica cuando el patrón la abandona. Nosotros también construimos conocimiento con esos trabajadores. Estamos todos atados a un mismo destino que es el de los trabajadores.

Educación popular- Educación tradicional

Paula, profesora de antropología y vecina que había acompañado durante las pasadas situaciones de inminente desalojo: “Todas”, responde consistente cuando le pregunta qué diferencias ve entre la forma de enseñar que le permite a ella la Universidad de Buenos Aires y la de la UT. “El alcance de la UBA es cada vez menor por nuevas universidades. IMPA cada vez crece más. En la educación popular, la relación de construcción es constante, no de llegar, estudiar e irse. El espacio da contexto. Este espacio no permite que haya solo reproducción de ideas. Permite saberes que se relacionen con la realidad para poder transformarla. Saberes que se construyan con los estudiantes, por más que haya diferencias de trayectoria entre educandos y educadores.

Estado garante

El bachillerato tardó ocho años en entregar títulos. Después, incluso, de eso, consiguieron los salarios para los docentes. Con la UT, presentaron  todos los papeles que les piden. Usaron un plan de estudios conocido para que no pudiera ser un impedimento.  “A cada respuesta del Estado siempre hay respuesta nuestra. Nosotros, mientras tanto, trabajamos, hacemos funcionar el profesorado. Hay gente que está siendo evaluada, hay gente construyendo conocimiento, hay gente que garantiza esas clases. Así vamos torciendo las decisiones del Estado. Lo irónico es que el Estado conoce cómo trabajamos con los bachilleratos, entonces ya sus mismos funcionarios nos plantean que tenemos que hacer lo que nosotros, por iniciativa nuestra, habíamos hecho con el bachillerato: arrancar como privados porque es más rápido y después entrar como gestión estatal. La única manera que conoce el Estado para crear una de gestión estatal, es crearla él. La tensión que se genera es que no podemos garantizar, como nos dice la ley, un año de salario docente”.

-Para nosotros el Estado es un garante del derecho a la educación -arranca Laura Voboril, docente de la Universidad de los Trabajadores, en la fábrica recuperada IMPA-.

-Y al trabajo: esa también es una definición -completa Eugenia Kessler, colega en el profesorado de literatura y, como Laura, parte de la Cooperativa de Educadores e Investigadores Populares-.

-No lo hacemos de onda porque somos re copados.

-Somos trabajadores de la educación.

-¿Y el frío? ¿Cómo aguantan el frío de estudiar en semejante fábrica?

Raúl muestra dos pares de medias.

Alicia cuenta el secreto: “Eso del mate dicen que lo hacen a propósito. ¿Por el frío? No. Así las personas se van amigando unos con los otros. Yo pensaba que era de casualidad que nos hacían tomar mate. Pero no. Es a propósito para que nos vayamos conociendo”.

Recuperado

Como una fábrica recuperada, pero un colegio. El Nuevo Guido Spano fue cerrado por sus dueños y tomado por docentes y padres que formaron una cooperativa. Ya llevan cuatro meses funcionando.

Cuando los docentes pisaron por última vez el colegio, pensando en cómo disfrutar próximo mes y medio de vacaciones, jamás imaginaron que aquél 31 de diciembre tendrían que cambiar los festejos de año nuevo por asambleas para defender sus puestos de trabajo.

Los padres ya habían pagado la matrícula para el año siguiente; los profesores ya tenían los horarios de los cursos a su vuelta; pero las autoridades comenzaron a desvalijar la institución sin notificar a alumnos, padres ni profesores: “Nos enteramos por la tele, donde vimos que se estaban llevando el colegio en camiones”, relata Javier Lamónica, docente de la secundaria y presidente de la flamante cooperativa. “Ahí hubo una primera intervención de los padres que agarraron y bajaron lo que se estaban llevando”.

Desde ese momento comenzaron las decisiones más importantes del cuerpo de trabajadores del Guido Spano: el primer domingo del 2014 se juntaron para analizar qué hacer, y surgió la posibilidad de conformar una cooperativa. “Yo les había mandado a los compañeros una tesis sobre cooperativas, y ahí arranca todo”, comenta Javier. Pero desde las autoridades porteñas las señales eran más que sombrías ya que la Dirección General de Escuelas de Gestión Privada (DGEGP) estaba organizándose para reubicar a los chicos en otros colegios –en plena crisis de vacantes-, a la vez que para atender la situación de los profesores se pensaba en crear una comisión centralizadora de currículums para también derivarlos a otros espacios. Es decir: la maquinaria estatal de vaciamiento ya estaba en marcha también.

IMG_4534-2Mientras tanto, el cierre de la escuela se hacía público en los grandes medios de comunicación, por las características del colegio, lo que forzó a la respuesta efectiva y rápida de funcionarios. Javier nos cuenta aquellas jornadas maratónicas: “Tuvimos un primer encuentro con el Ministro de Educación Esteban Bullrich, donde se empezó a ver que íbamos a tener algún apoyo; paralelamente, el 9 nos conformamos como cooperativa, haciendo el acta constitutiva”.

Los dilemas técnicos: “Primero, íbamos a mantener el edificio, primero. Nos costó mucho llegar con la entidad propietaria y cuando firmamos el contrato, el problema pasó a ser que no nos levantaban la clausura del edificio.

Los dilemas humanos: “Después veníamos corriendo con no perder la matrícula, así que tuvimos que mantener los ánimos bien arriba para que los padres no se cansaran de esperar y anotaran a los chicos en otro colegio”.

¿Cuál fue la reacción de los profesores y padres ante el posible cierre?

Desde un principio fue bastante colectivo, todos vieron en la cooperativa un proceso viable para mantener la fuente de empleo, que fue ayudado por la rapidez con que actuaron los organismos públicos. Además, nosotros caímos justo con la última resolución del INAES que permite aportar al régimen general en vez de ser monotributistas, e incluso dimos un pasito más trabajando con la DGEGP, ANSES, AFIP para poder seguir pagando al régimen docente, manteniendo la antigüedad docente y la jubilación docente, más que nada la primera, siendo muy importante para los profesores. Del total de la cooperativa, se fueron solamente 10 personas sobre 60. Pero fue todo sumamente difícil por lo acelerado del proceso. Uno no toma conciencia hasta que te das cuenta que ya pasaron 4 meses.

-¿Y los padres?

Su participación se notó mucho. El puntapié inicial lo dieron ellos con un grupo de docentes, al impedir que se llevaran los inmuebles. Siempre estuvieron muy atentos, dándonos asistencia profesional: los dos abogados que más nos acompañaron eran papás. También lo que tuvo que ver con la limpieza del edificio y con la decisión que conformábamos una  cooperativa de trabajo. De una matrícula de 280 alumnos, nos quedamos con 270 chicos.

-¿Estaban familiarizados los docentes con lo que era formar una cooperativa?

Poco. Una cosa es tener el marco teórico, pero otra es llevarlo a la práctica, la dinámica cotidiana. El compromiso con las actividades diarias, el ejercicio democrático es una situación tensa, difícil de aprender, que te enfrenta a una situación que uno no está preparado. El docente, encima, es un profesional muy autónomo; el aula es su lugar. Y ahora tener que hacer una asamblea extraordinaria un sábado, que dura cinco horas, aprender a argumentar, contra-argumentar, a bajar los ánimos. Es una tarea continua de aprendizaje.

Mauricio Carlos Gastón Sánchez era el presidente de Guido Spano S.A y Fernando Sokolowickz de Baldoma S.A –y además uno de los dueños de Página 12-. La primera sociedad anónima administraba la institución, la segunda S.A al edificio. Estos dos nombres habrían alargado la lista de empresarios que, defraudando a los trabajadores y clientes, habrían cerrado otra fuente de trabajo. Sin embargo, esta experiencia muestra cómo la recuperación está pasando a ser una opción más que viable entre los trabajadores, en este caso, docentes.

El colegio Guido Spano se mete en un movimiento que cuenta con más de 300 recuperadas, con más de 13 mil trabajadores que las componen, y erigiéndose como una alternativa de futuro frente a modelos agotados.

-Si mantienen el edificio, a la mayoría de docentes y alumnos, ¿es una experiencia exitosa?

El primer objetivo lo logramos, que fue el de mantener las fuentes de trabajo. Y a cuatro meses seguimos funcionando, organizados y aprendiendo.

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Amar, comer y resistir

Un nuevo restorán, quebrado por su antiguo dueño, está a punto de ser recuperado y puesto a funcionar por sus trabajadores. Se inspiraron en Alé Alé y otras experiencias gastronómicas cooperativas.

Al 355 de la calle Montevideo, en pleno centro porteño, un hombre y una mujer se paran delante de la puerta del restorán Lalo de Buenos Aires, leen los carteles blancos pegados en la fachada, y se miran entre extrañados y alarmados: se están enterando que el dueño decidió vaciar el comercio. “¿Y los trabajadores?”, le pregunta la mujer al señor, con los ojos abiertos y preocupados, pidiendo explicaciones.

Los trabajadores están a pocos metros de la pareja, adentro del local y en asamblea permanente. Están a la espera, pero nada quietos.

Alquiler y denuncia

Hernán Bianchi, abogado de los trabajadores recita alto y de corrido la situación legal: “El lunes tuvimos una audiencia en el juzgado civil 63, con el juez Pablo Torterolo, dos diputados que nos acompañaron (Juan Cabandié y José Cruz Campagnoli) y los 4 propietarios del restaurante”. El lunes que viene tienen que volver al juzgado para comprobar si aceptaron su propuesta, que consiste en pagarles seis meses por adelantado para quedarse en el lugar. “Se ratificó en el juzgado penal de instrucción número 9 a cargo del Doctor Rappa la denuncia por defraudación contra Juan Eduardo Costa González (“Lalo”), la sociedad, su contador y demás integrantes de este delito orquestado. Hemos presentado las pruebas y ahora está en manos de la fiscal Graciela Gils Carbó”, sigue el abogado, y sin tomar aliento cuenta que el viernes pasado fueron a una tercera audiencia en el Ministerio de Trabajo por el juicio laboral contra el ex dueño Lalo: “No se presentó nadie de la firma, ni Costa González, por lo que le pedimos al Ministerio que lo haga comparecer mediante la fuerza pública, o sea que, la próxima, la policía lo vaya a buscar a la casa”.

Juan Eduardo Costa González envió al Ministerio por escrito las causas de sus faltazos: “(…)por razones de evitar posibles agresiones verbales y físicas de quienes me despojaron de la posesión y bienes de mi propiedad, no he de concurrir a la audiencia(…) sorprende y causa estupor, la conducta de los trabajadores en cuestión, cuando la firma que represento, se encontraba en avanzadas conversaciones con los mismos a los fines de asegurarles la continuidad laboral en otro establecimiento gastronómico de la ciudad, posibilidad que los mismos frustraron, con la adopción de la medida de fuerza ilegal(…)”. Los trabajadores se tomaron la molestia de explicar que eso no sucedió de ninguna manera así, y que la “continuidad laboral” consistía en no respetarles los sueldos atrasados, no aceptarles la antigüedad, pagarles la mitad en negro y afectarles la jubilación, todo eso en un lindo restorán en San Telmo.

Mientras que Lalo, el dueño de la firma, no se presenta a las audiencias y que los dueños del local donde se aloja el restaurante decidan si aceptan la propuesta, los trabajadores no pueden empezar a trabajar. Por el juicio por usurpación que les inició Eduardo Costa tienen custodia policial las 24 horas de día, lo que les impide bajo cualquier punto de vista activar la cocina. Para que levanten esa orden policial “dependemos de la buena voluntad del fiscal de la Ciudad de Buenos Aires en el juicio por usurpación. Pero, aparentemente, está de vacaciones”, señala el abogado. Finalmente hace una pausa y, mientras se despide de los trabajadores de Lalo, asegura: “Estamos bien, estamos bien”._MG_7239

Trabajar sin patrón

Otro doctor, éste de la salud, aparece en escena. “Viene el médico en solidaridad porque es una situación difícil para nosotros, nos toma la presión, la glucosa”, explica Miguel Soriano, mozo y futuro tesorero de la Cooperativa de Trabajadores de Lalo de Buenos Aires que está en formación. “La cooperativa hay que firmarla nomás, ya casi está. Si levantan la custodia policial ya podemos trabajar. Estamos esperando para empezar a hacer un poco de plata porque ni para el colectivo tenemos”, profundiza. Luego de ofrecer agua y café, con la vocación de servicio a flor de piel, Miguel explica que él es un mozo de profesión, que no necesita papel ni lápiz para recordar el pedido y que tiene 34 años en gastronomía: “La mayoría de las veces que nosotros trabajamos para el patrón él estaría durmiendo y nosotros manejábamos el negocio”.

Qué hacer: “El mecanismo lo sabemos, a lo mejor ellos daban la directiva pero la tarea la hacíamos nosotros. Tenemos que aprender mucho, porque sabemos la parte operativa y no la administrativa, esa parte hay que ir aprendiéndola”, describe Luciano García, quien sería el presidente de la Cooperativa, y agrega que los trabajadores de Alé Alé les están enseñando a interiorizarse sobre esos temas.

“Seguro que el servicio va a mejorar, la calidad de las comidas. Por ejemplo, hasta ahora estábamos vendiendo pastas compradas, ahora las vamos a hacer acá, entonces por ese lado ya sabemos que va a ser otra cosa”, sigue Luciano sobre los cambios que se vienen y, mientras señala las estanterías de vino vacías, cuenta que el último tiempo no tenían platos para ofrecerles a los clientes: “No se podía trabajar, yo sufrí un ACV porque tenía muchos nervios. Venía a mi turno y había 5 bifes de lomo, 2 tiras de asado y vos decías ´a las 12 voy a tener mínimo 100 personas, ¿cómo hago?’ Trabajar en esas condiciones es muy difícil. Ahora aprendimos de esos errores y sabemos qué hacer”.

Este cachetazo, lejos de entristecerlo, a Miguel le enciende los ojos: “Nos hace ilusión porque sabemos que somos todos dueños”.

Los trabajadores de Lalo de Buenos Aires están esperanzados con que los dueños del local les den el alquiler por los próximos seis meses y en que pronto la custodia policial se levante para empezar a trabajar. El resto no les preocupa demasiado: ya saben, mejor que nadie, cómo es el trabajo. Miguel ejemplifica esa situación: cuenta que hay empleados que conocen cómo manejarse con los proveedores. Pero se frena en seco: “Empleados no, compañeros”.

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No suelten los tambores

Agarrate Catalina ya es sinónimo de murga, a uno y a otro lado del charco. Constituida como cooperativa, la Catalina le hace cosquillas a América toda. Su director, Yamandú Cardozo reflexiona sobre la popularidad colectiva y no duda: “El murguista es el más aplaudido de la noche y se toma el mismo bondi que los aplaudidores”.

“Hoy escucharemos una historia especial, de la gente más corriente y normal. Una historia extraordinaria, sin las grandes luminarias. Un guión extraordinario, para actores secundarios. Gente común. Gente común”.

*

-Cuando la gente ve un murguista y lo reconoce por la calle, muchas veces dice algo así: “Mirá, uno de tal murga”. Si lo individualiza, dice: “Mirá, Pablo de tal murga”, el nombre de la murga pasa a ser tu apellido, tu colectivo te define. A mí me encanta ser Yamandú Eldelacatalina.

Yamandú “Eldelacatalina” Cardozo es director responsable de la murga por la cual muchos cerraron los ojos, saltaron con la imaginación el charco y sintieron, desde la amplitud de los sentidos que no conocen las distancias, el carnaval uruguayo.  Yamandú tiene puesta la camiseta de Agarrate Catalina, que desde el año 2001 recorre escenarios y funde fronteras con sus espectáculos, hasta convertirse en la murga más reconocida de la fiesta popular más importante del país vecino.

Cuatro años después de sus inicios ya se hacía del primer lugar en el Concurso Oficial uruguayo, para repetir varias veces el logro durante su carrera. Un verano más tarde era nombrada Embajadora Cultural de Montevideo por la Intendencia Municipal, los aplausos se amplificaban.

¿Qué les pasa con la “popularidad”?

-No lo pensamos mucho, realmente. Bah, si “popularidad” se refiere a “notoriedad” o “fama”, no mucho. Por lo menos no en los caminos hacia, en las estrategias para…

Sí, quizás, en la rareza encantadora de la “fama” del murguista, cuya característica principal es eludir el comportamiento habitual del “famoso”. El murguista es, en la inmensa mayoría de los casos y desde hace ciento y pico de años, murguista y albañil, o empleado público, o desempleado, o punga, o profesor de filosofía, o testigo falso, o enfermero, o Ministro de Economía. Es el más aplaudido de la noche y se toma el mismo bondi que los aplaudidores. Es el mozo del boliche al que van los que aplauden, es su vecino. Es popular y sin embargo, cercanísimo. E inocultablemente igual, porque es el público, pero a veces canta. En ese fenómeno sí pensamos, sobre todo desde el lado de la alegría que genera que eso sea así.

Es una popularidad principalmente grupal, no individual

-Ojo que hay, sin embargo, murguistas más reconocidos que otros, pero no dejan, creo yo, de ser en tanto existe ese ser colectivo, ese monstruo de casi veinte cabezas que los sostiene y los hace ser. Yo siento que eso mantiene vivo el aviso de que puede ser cualquiera. Y eso, también es maravilloso de la “fama” de los murguistas. Siempre son tan cercanos (queridos o no) y tan parecidos al que le canta al lado, el murguistas puede ser tu vecino, tu empleada, tu jefe o vos.

Agarrate Catalina se nutre del eco de voces anónimas y en su sonido representa el infinito de posibilidades: todos pueden ser murguistas. Lleva transitados numerosos países, entre ellos: Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, Paraguay, México, Panamá, Cuba, España y Francia. El sentido de grupo se escapa entre las sílabas y vuelve el escenario horizontal. La disposición sirvió no sólo para encarar al público, sino para pensarse como unidad y decidir constituirse legalmente como cooperativa.

-La legalización de nuestra cooperativa dio un marco a nuestro funcionamiento anterior.

Un marco que resalta y acentúa. Somos más colectivos. Dio lugar a nuevos debates sobre temas habituales, habilitó otros planos de discusión. Además, nos ayudó a soldar más aún el discurso y el evento artístico y el andar grupal y humano.

Yamandú habla siempre en plural, quizás por eso cree que es imposible definir en colectivo si los murguistas son primero actores o cantantes: “Somos cantores que actúan, a veces, y otras veces actores que cantan”.

La murga forma parte de la identidad de Uruguay ¿Eso les genera cierta responsabilidad?

-No particularmente. A mí, como letrista de murga, como murguista, la responsabilidad me llega igual que si me parara arriba de un banquito en una plaza, sólo, a gritar envuelto en algún otro intento artístico cualquiera mis desvelos, mis terrores o ilusiones. La responsabilidad del que habla y se sabe escuchado, atendido y querido. Esa.

¿Por qué crees que se elige como identidad nacional una manifestación que tiene a la lucha y la protesta como eje discursivo?

-Hay muchos uruguayos que, si pudieran elegir la identidad nacional, a la murga la dejan olímpicamente afuera. Yo creo que somos un poco así. Protestones, luchadores. Y discutidores y zorros y colectivos y de humor salado y risa entre dientes. Entonces así caminamos, bailamos, jugamos al fútbol y cantamos. La murga existe, en parte porque somos así. Hay murga porque hay esos rasgos identitarios.

Parece lejana la posibilidad de que muchos puedan no elegirlos, Agarrate Catalina lleva editados seis discos, cinco de ellos son discos de oro y platino.

Las presentaciones funcionan también en Argentina, por ejemplo, ¿creen que lo que cantan atraviesa todo Latinoamérica?   

-Por necesidad honesta, la Catalina ha sido siempre algo más atemporal y universal que otras de sus primas hermanas. Eso nos hace más comprendidos en algún punto. También es cierto que hemos afilado nuestra capacidad de ampliar destinatarios por el simple hecho de haber andado, por haber salido y por haber tenido que hacernos entender de prepo. Si sumamos eso a la intención de inclusión de esta barra, a que Latinoamérica sangra mucho de lo que sangra por las mismas heridas y se ríe mucho de lo que se ríe a causa de las mismas cosquillas, tenemos alguna chance de ser bien comprendidos y recibidos en cualquiera de nuestros países.

Las chances en Argentina se convirtieron en éxito, una vez más, durante este verano. El escenario se agrandó en todas las direcciones imaginadas. Agarrate Catalina y Tabaré Cardozo, quien fue junto a su hermano Yamandú fundador allá por el 2001, se presentaron en Ciudad Cultural Konex dos noches de entradas agotadas anunciadas varios días antes.

Desde un tablado uruguayo o en un teatro de Buenos Aires el encuentro transita un mismo recorrido que no conoce de diferencias sustanciales. Yamandú sostiene: “Habrá diferencias de centímetros, de cantidades, de mínimos códigos de protocolo, pero la potencia y frecuencia del encuentro es la misma”. La presentación nos hace navegar por diferentes imágenes que a veces duelen y otras acarician sin importar cuál sea la silla en la que estemos sentados.

¿Cuál es el puente para unir en una misma presentación humor, política y protesta?

-Básicamente, la murga.

*

“Te tocó nacer en un rincón del fin del mundo, en el medio de este banquete de serpientes y chacales. Te tocó crecer en este tiempo, que no es más que un inmenso montón de soledades.
Niño hijo de niños recién grandes, que el mundo va envejeciendo a los golpes. Niño del fin del mundo, candilcito en la tormenta, puerta clandestina en la muralla, te traigo todos los abrazos que precises, mis últimas y pobres barricadas, el mundo entero por cambiar y el corazón en esta retirada”.

Trabajar sin patrón

¿Alguna vez te imaginaste cómo sería trabajar sin patrón? ¿Te imaginás a vos y a tus compañeros haciendo el trabajo de tu jefe? Para algunos no es sólo una idea, es su realidad. Hace tiempo que la autogestión es su forma de trabajo. Ellos son sus jefes y para ellos es su ganancia. Desde experiencias distintas, algunas con más años y traspiés, otras más inmaculadas, estos trabajadores nos cuentan qué se siente trabajar autogestivamente.

Mozo del restorán Don Battaglia

– “Es una satisfacción, venir acá y decir ‘tenemos que sacar el trabajo bien´ nos satisface. Todavía nos seguimos alimentando gracias a esto y es un orgullo seguir trabajando más allá de una vez cuando éramos 33 y nos preguntamos: ‘¿podemos hacer esto?´.  Es satisfactorio venir a trabajar con aquellos compañeros con quienes estuvimos en la lona. Hoy los clientes confían en nosotros, en los trabajadores: porque sí, se puede. Los trabajadores llevan igual o mejor las cosas que un empresario. Porque los trabajadores no somos empresarios: pensamos en el cliente, en que tiene que volver, y a un empresario eso no le importa. Para nosotros cada cliente que viene es súper importante y no queremos que se vaya; estamos de su lado, que venga, que pase un momento agradable, que se sienta como un rey. Pensamos como trabajadores que podemos llevar una empresa adelante, igual o mejor que un empresario”.

Operario del IMPA

– “En una cooperativa en realidad tendría que existir el compañerismo, por empezar. Acá hubo un tiempo donde no hubo compañerismo, entonces cada uno hacia lo que le parecía. A mí me dejaron solo en una asamblea donde pedí la renuncia de la comisión directiva, me mandaron al frente y nadie me apoyó. Entonces yo ya no participé más en los problemas de la cooperativa, venia trabajaba y me iba. Y así fue siempre, hasta ahora. Yo siempre trate de apoyar a mis compañeros en lo que sea, era capataz general, tenía un cargo. Aún así yo apoyaba a mis compañeros, la parte jerárquica tendría que estar del lado de la administración. Yo era directivo, pero si veía que las cosas no iban entonces apoyaba a mis compañeros. La cooperativa más que nada es tener confianza en quien uno pone para que dirija la plata y todo eso. Si entramos a desconfiar no queda ni el loro. Es como una familia, cuando las cosas empiezan a andar mal, cuando falta algo, ahí empiezan los problemas”.

Trabajador de la Cooperativa 28 de Mayo (Ex gráfica Lanci)

– “Trabajar sin patrón  es lo más lindo que le puede pasar al obrero. Trabajar sin que te controlen es lo más lindo que te puede pasar. Querés tomar un mate, tomás un mate; te querés apurar para terminar e irte más rápido, te apurás. Mañana arreglás para llegar más tarde porque no hay laburo a la mañana, vas más tarde. La autogestión es lo más lindo que le puede pasar al trabajador. Aparte, treinta años en el oficio, ¿qué le iban a decir acá al que estaba hace treinta años? Antes que le dijeran ya sabía lo que tenía que hacer. ¿Sabés qué es estar treinta años en una empresa? Caminás solo. Eso es lo que no se dio cuenta el dueño, que la fábrica podía funcionar sin él”.

Documentar la vida en común

Azul Blaseotto, artista y comunicadora, caracteriza su trabajo como documentalismos. Repasamos desde su investigación con una cooperativa de astilleros en Dock Sud al nacimiento en Berlín de su heroína de historia Frau K. Sus últimas obras tienen a la dictadura del 76’ como protagonista: “La historieta que armé de los juicios es sobre cómo Frau K entra a los tribunales y se enfrenta a mirar a Videla. Es sobre el trayecto hasta encontrarte con el horror cara a cara”

Fotos: NosDigital

El verano colorea las sombras de los árboles en esta tarde de miércoles, mientras cruzo la calle y entro en el bar. La encuentro enseguida, en la que según me cuenta mientras nos saludamos es su mesa preferida, justo al lado de la ventana abierta, desde donde el sol entra sin pudores y la esquina se abre ante los ojos como un paraguas recién estrenado. Por un instante imagino una postal de una Buenos Aires lejana. Desde esta máquina del tiempo, Azul Blaseotto nos recibe con una sonrisa que extiende entre pequeños sorbos de café para contarnos más acerca de su manera particular de comprender el arte y ponerlo en práctica.

A Azul se le bambolean los rulos mientras cuenta que se formó en la Escuela Nacional Prilidiano Pueyrredón, donde se especializó en el área de pintura recibiendo una enseñanza que define como muy tradicional. Mientras habla, entre sus comisuras se curva la sombra de un paréntesis, y Azul apunta que no todo podía aprenderse en la Escuela Nacional. “Estaba un poco quedada en el tiempo en cuanto a cómo aproximarte a tu propia producción. Estaba orientada a que fueras pintor, a que pintaras de una manera determinada, con ciertos materiales, y una de las metas principales era entrar a una galería.” Llegada a este punto, Azul traza en el aire una línea divisoria entre este modo de hacer arte y el suyo. “Con el tiempo yo me di cuenta de que no me interesaba primordialmente vender en una galería, porque no me interesa producir objetos para decorar nada, sino que me interesan más bien los procesos comunicativos y vivenciales de compartir con el otro.” Esta atracción por el universo de lo interpersonal irá filtrándose en el transcurso de toda nuestra charla mientras abordamos algunos de sus trabajos más significativos.

Pero ahora sus palabras dejan una puerta abierta, y nos apresuramos a atravesar el umbral para conocer más acerca de su modo de comprender el arte. “Hay una concepción de que el arte no es comunicación, de que el arte es expresión. Con eso yo no me identifico. En realidad, hago arte justamente porque me interesa comunicarme y comunicar ciertas cosas. Qué cosas: cuestiones puntuales que tienen que ver con lo político, lo social y lo cultural.” Siguiendo esta línea, Azul trabaja en proyectos que surgen a partir de temas que despiertan su atención, realizando en primera instancia una investigación artística en el territorio en el que el tema en cuestión se desarrolla.

Entonces, para que comprendamos en profundidad su modo de trabajar, Azul esboza los pormenores de un proyecto iniciado en el 2005, fundado en la investigación de dos astilleros de Buenos Aires. “En ese momento, era muy interesante el clima que había, porque con la crisis del 2001 todos los astilleros del país habían cerrado, quedando en pie sólo dos: uno estatal, que era y es el Astillero Río Santiago, y otro que se había puesto en pie en el Dock Sur en el 2003, levantado por un grupo de trabajadores que decidieron entrar a ese astillero abandonado y formar una cooperativa.” Se detiene a explicar el gran contraste que existía entre ambos (mientras el primero empleaba 3700 personas, el segundo sólo contaba con 35 empleados) y apunta que aunque en un primer momento su intención fue investigar cómo funcionaban dos economías tan diferentes en un país económicamente arrasado, su interés fue desplazándose progresivamente, de modo que “terminé trabajando mucho más y haciendo un seguimiento hasta el día de hoy con el astillero de la cooperativa.”

El trabajo consistió fundamentalmente en un relatoevo fotográfico que la artista fue realizando en visitas frecuentes al astillero (que se extendieron durante alrededor de dos años) y en el armado de una película. “Yo tengo muy presente esa cuestión interpersonal. Me interesa mucho eso. Por eso fui al astillero dos años a sacar fotos, y a veces no sacaba ninguna foto, y lo único que hacía era estar ahí. En realidad para mí la obra del astillero no son todos esos ensayos fotográficos, ni siquiera la peli, sino el haber estado con ellos todo ese tiempo, y poder haber decidido con ellos cómo mostrar esas fotografías.” Se trató de un proceso complejo, que implicó no solamente compartir la cotidianeidad de los trabajadores y conversar con ellos, sino también reflexionar en profundidad acerca de qué era lo que buscaba transmitir con su obra. “Cuál era mi objeto. Si la cara de ellos, si ellos con el lugar, si la atmósfera. Al final se fue armando todo: era una narración lo que me interesaba. No la imagen en sí misma, sino el relato del día a día de personas que tienen un lugar de trabajo precario, unas condiciones de trabajo precarias, y que a pesar de todo lo llevan adelante. Era eso.”

Además de las fotos, algunas de las cuales fueron expuestas en el Palais de Glace, sobre un soporte en forma de barco que fue también realizado en el astillero, Azul grabó lo que posteriormente se convertiría en una película. Aquí, sin embargo, se permite dibujar una pausa para aclarar que “suena muy grande hacer una película: en realidad lo que hice fue ir a grabar durante dos o tres días, todo el día, y me llevé ese material a Alemania, esperando tener las herramientas tecnológicas y hacer seminarios de cine para poder establecer un guión y cortar la peli.” Señala que su modo de producción fue inverso al de las películas de verdad, donde a partir de la idea se busca una locación y se filma: “Lo mío fue exactamente al revés. Y ahí entra en juego lo artístico de tener una materia en bruto, que eran esas horas de grabación, y ver qué podía hacer con eso.”

El viaje a Alemania fue el siguiente paso importante para ella. Azul evoca los tres años que pasó en Berlín realizando un posgrado en arte-contexto como una de las mejores experiencias de su vida, aunque tiene cuidado de destacar que consistió también en un proceso de desarraigo muy duro y difícil. “Me quedé sin mi contexto social y político, entonces no sabía de qué iba a hablar. Al principio busqué unos astilleros en Alemania, por la inercia. Pero no me dejaron entrar a ninguno, no existen astilleros que sean fábricas recuperadas, no existen astilleros como cooperativa. El trabajo no era un problema en ese momento en Alemania, entonces con eso no iba a poder comunicar nada.” Define su impresión inicial como la de haber llegado a un planeta desconocido, donde reinaban el trabajo y el orden social. Las nuevas circunstancias y el malestar resultante la llevaron a concentrar sus preocupaciones en atravesar el día a día de vivir en un lugar ajeno, expresándose en un idioma que, aunque hablaba, no era el suyo.

“Tuve muchas experiencias vinculadas con el lenguaje y con el querer ser ‘como ellos’, entre comillas. Quería hablar de manera que no se notara que era extranjera.” En ese proceso, Azul se dio cuenta de que había encontrado un posible tema de trabajo: qué es lo que sucede cuando uno es sapo de otro pozo. No desde el racismo, aclara, porque nunca lo sintió así. “Me interesaba tratarlo desde el lugar de ser siempre ‘el otro’. De que a pesar de que hables el idioma perfecto, no pertenecés a ese grupo porque no tenés una historia común. Es muy difícil de explicar, y en un punto por eso me puse a dibujar. No existía ese pasado. Imaginate una sociedad donde no hay Tinelli, no hay Susana Giménez, no hay peronismo, no hay fábricas recuperadas, no hay 2001, no hay Menem, no hay Capusotto, no hay Trapero, no hay Mafalda. Son referentes que te faltan. Entonces, por ejemplo, desde el lado del humor es muy difícil decir algo divertido. Te empezás a quedar un poco muda, y eso es tremendo.”

Ese fue el tema del trabajo que presentó en Berlín: qué le sucedía a la gente como ella, pero que no era ella. “Si bien dibujé cosas que me pasaban a mí, quería ver si a otra gente le pasaban también. Entonces empecé a hacer entrevistas, a charlar, porque quería dibujar otras historias que no fueran las mías.” Y en ese contexto, mientras Azul entrevistaba a otros estudiantes universitarios del Tercer Mundo, en su imaginación fue amasando los simpáticos contornos de Frau K, heroína de la historieta que realizó como trabajo final de su posgrado y que constituye una crítica al sistema universitario berlinés. “Quería salirme de mí. Que no fuera tan subjetivo, y al mismo tiempo que no fuera tan científico. Yo no era una investigadora neutra. Las entrevistas eran bastante charladas, y pensé que en realidad las podría llevar adelante un personaje que no fuera yo. Frau K me gustaba porque es una especie de súper heroína loca; es una nena, con casco de astronauta y que se llama K.” Y entonces quizás mis cejas se hayan arqueado apenas, en un movimiento incipiente pero certero, porque Azul abre los ojos y la sonrisa bien grandes y se apresura a aclarar que “no tiene nada que ver con nuestro contexto, ahora me re cagaron. Kunst (arte), Kreativität (creatividad), Kultur (cultura), Kritisch (crítica), Kontext (contexto). La letra era todo eso. Y ella era un personaje que hacía una crítica cultural en un contexto determinado.” Además, señala, buscaba cierta resonancia con el Herr K de Brecht, protagonista de una suerte de fábulas con constantes referencias sociales que pretenden llamar al lector a la reflexión. “Me gustaba hacer para los alemanes un personaje que fuera femenino y que les despertara eso, porque Frau K quería hacer eso: contar pequeñas historias y decir ‘esto está mal’, ’esto es muy feo’, y dejarlos pensando.”

Es evidente que autora y personaje se cayeron muy bien, porque cuando Azul volvió a Argentina, Frau K no dudó en acompañarla. La pregunta entonces casi viene sola: quiero saber qué hace la niña astronauta por nuestros pagos. Azul, que todo lo sabe sobre ella, cuenta que “está dando vueltas y reinventándose todo el tiempo. Básicamente hace crítica cultural en este contexto artístico. Entonces habla, tiene diálogos por ejemplo con Antonio Berni, con Marta Traba, o con Valeria González. Hay un fanzine de Frau K donde se encuentra en un colectivo 33 con Antonio Berni y con un ex combatiente de Malvinas, y entre los tres tienen toda una discusión. Eso hace acá. Rescata distintas voces, charla.” Y adelanta entre sonrisas que quizás próximamente se encuentre con Carlos Gesell y Carlos Marx en un balneario de la costa argentina, para discutir acerca de economía y ecología.

La risa se apaga y el clima cambia cuando Azul cuenta que hace un tiempo Frau K asiste también a los juicios a los responsables de la última dictadura. “La experiencia de los juicios es tremenda. Estás muy expuesto mientras vas y dibujás. Pensar cómo mostrar esos dibujos me generó mucho respeto, porque estás dibujando a Nora Cortiñas, o a gente de HIJOS, o a fiscales de la Nación. O estás dibujando también a militares condenados a cadena perpetua, y a otros que salieron. Hay un miedo, un temor y un respeto que son difíciles de manejar. Estás muy empequeñecido y muy expuesto a todo.” Por este motivo, la artista decidió retrotraerse un poco y colocar en el lugar de los hechos a su heroína. “La historieta que armé de los juicios es sobre cómo Frau K entra a los tribunales y se enfrenta a mirar a Videla. Es el trayecto del espacio físico que hay que atravesar para encontrarte con el horror cara a cara, desde un lugar de público asistente, no como una persona implicada, ni como testigo ni como familiar. A Frau K le interesa contar esas historias de gente que desapareció y gente que fue finalmente acusada, después de que pensaron que se iban a morir en paz y que nadie los iba a escrachar en la puerta de su casa.”

En esta línea de búsqueda de memoria y reparación histórica se inscribe también el último trabajo de Azul, realizado junto a Eduardo Molinari, ue consiste en la muestra El Hotel (expuesta en Montevideo y en Berlín) y el libro del mismo título que la acompaña. Éste último fue presentado en diciembre de 2012 en La Dársena, espacio cultural ideado y dirigido por ambos artistas desde 2010, ubicado en el barrio de Almagro. Azul cuenta que tanto la muestra como el libro surgieron a partir de una investigación realizada en el Archivo de Fotografía de la Municipalidad de Montevideo en torno al Hotel Carrasco, antiguo hotel de la ciudad que fue concesionado por el Estado Municipal de Montevideo a una cadena hotelera y a una cadena de casinos, posteriormente restaurado y que será próximamente reinaugurado como un importante hotel internacional. Tras la investigación, descubrieron que “en ese hotel se habían reunido antes del golpe, en el ‘74, las cúpulas militares de toda Latinoamérica. Fue la onceava reunión de los Ejércitos Americanos, de la cual participó también Estados Unidos, y fue el germen de la Operación Cóndor. No surgió ahí, pero sí se charló en esa reunión la manera de ejecutar un plan regional para la exterminación de la subversión.”

El recorrido por algunos de sus proyectos más importantes deja traslucir un borroneo consciente de las fronteras que dividen las prácticas artísticas. En la producción de esta artista, la fotografía, el dibujo y la escritura son lenguajes para comunicar y expandir el debate acerca de temas específicos. “Hace mucho que el artista dejó de ser el pintor o el fotógrafo. Son límites disciplinarios que te impiden sacar de cada lenguaje lo que vos necesitás. Me parece que está bueno tomar lo que uno necesita de cada disciplina, y trabajar a partir de eso. Un poco como cocinar, ¿no?”, propone Azul divertida mientras se relame recordando el arroz con pasas de uva que preparaba su abuela. Más allá del lenguaje, lo que subyace es lo que se pretende transmitir. “Me di cuenta de que me interesaban los documentalismos. Documentar ciertos momentos, instancias, personajes. Me di cuenta de que podía sacar fotos pero al mismo tiempo podía dibujar, y eso me daba otro tiempo para retratar lo que quería retratar. Entonces me fui metiendo cada vez más por el camino de lo documental. Al día de hoy trabajo con las dos cosas: con fotos y con dibujos, investigando qué documentalismo se puede hacer.”

Hacia una ley de expropiación

Está en tratamiento el proyecto de ley que da la chance de expropiar el hotel Bauen a manos de sus trabajadores. Esos laburantes que luego de la crisis del 2001 formaron una cooperativa, pusieron el lomo y salieron a adelante, administrando y autogestionando un hotel de cuatro estrellas en pleno centro porteño. Un ejemplo clave de lo positivo que dejó la crisis que, con su legalización, puede sentar presendente para muchos casos por venir.

Foto: Nos Digital.

Los trabajadores del hotel recuperado Bauen enfrentan semanas decisivas. El pasado martes 10 abril se reunieron con asesores de distintos diputados para tratar los dos proyectos de ley que plantean la expropiación del edificio a su favor, con resultados positivos. La instancia clave sería la del día siguiente, miércoles 11, día en que el tema iba a ser tratado en la Comisión de Asuntos Cooperativos, Mutuales y Oenegés de la Cámara de Diputados. Sin embargo, los funcionarios suspendieron la reunión y la reprogramaron para el 26 de abril, fecha que saltea el otro round clave en la pelea por la expropiación: el 19 de abril fueron citados al Juzgado nº 9 de Capital Federal. Así sintetiza el llamado el propio presidente de la cooperativa que autogestiona el hotel, Federico Tonarelli: “Si la causa sigue curso, no es en un sentido favorable para nosotros”.

Los trabajadores presumen se les notificará una nueva orden de desalojo. La misma que pesa sobre ellos desde 2007, impulsada por el macrismo: en 2005 ganaron enla Legislaturauna ley que perdona una deuda impaga de los anteriores propietarios y declara “nula” a la cooperativa de trabajo para manejar el hotel. En efecto, la única diputada que en la reunión del 10 se manifestó explícitamente en contra de la Ley de Expropiación pertenece al actual bloque del Pro. Sobre el resto, Tonarelli cuenta que hasta los asesores de diputados del Frente Parala Victoria– que tiene mayoría en ambas cámaras, y por ello la última palabra- remarcaron la importancia de la ley. Habrá que ver si unen sus dichos con sus hechos.

Los dos bloques que impulsan proyectos paralelos pero similares son Libres del Sur, a través de Victoria Donda, y Nuevo Encuentro, encabezado por Martín Sabatella. Donda ya había presentado un proyecto de Ley de Expropiación en 2009, que perdió estado parlamentario en 2011. Este año volvió a la carga con “algunas diferencias técnicas”, cuenta Tonarelli, en paralelo con una nueva presentación de diputados de Nuevo Encuentro. Lejos de perfilar una puja partidaria, Tonarelli cree que ambos proyectos fortalecen la necesidad de expropiar el edificio. Desde fines de los 90 existen leyes que permiten expropiar al Estado un inmueble y que éste pueda decidir su futuro. Es el caso de muchas recuperadas que logran quedarse legalmente con una fábrica, por ejemplo, pero no de otras que continúan resistiendo amenazas de desalojos. El caso del Bauen es particular: “Como no hay todavía un marco jurídico que nos pueda contener a todas las empresas recuperadas, impulsamos un proyecto de expropiación con las particularidades de nuestro conflicto; específico para el hotel Bauen”, explica Tonarelli. Además de fundar la expropiación en la “utilidad pública”, el proyecto autoriza al Poder Ejecutivo “a transferir bajo cualquier título o modalidad” todos los bienes del Bauen a la cooperativa conformada por sus trabajadores. “Junto a este objetivo, nosotros siempre planteamos la salida de la expropiación y seguimos trabajando con la idea de un proyecto que aporte a la resolución del conflicto de todas las recuperadas”, cierra Tonarelli.

Por todo esto, para enfrentar la citación del 19 (para la cual convocaron a una marcha, para no llegar solos) era imprescindible la reunión del jueves 11 en la Comisiónde Asuntos Cooperativos, Mutuales y OeNeGés de la Cámara de Diputados, la primera instancia en el tratamiento de la ley. “Sabían claramente que el 19 tenemos una audiencia y que era muy importante conseguir un despacho favorable en la Comisión de Cooperativas”, dice Tonarelli sobre los diputados.

El lado oscuro del BAUEN

Atrás los lamentos, la historia (los argumentos) que sostiene el reclamo de los trabajadores comienza no casualmente en el año 1978: el Hotel Bauen fue construido para ampliar la infraestructura de servicios del Mundial del mismo año, por iniciativa del gobierno militar. Tonarelli: “El hotel fue construido con fondos públicos del Estado y con un préstamo del ex Banco Nacional de Desarrollo”. El beneficiario fue un tal Marcelo Iurcovich, a quien la confianza del Estado militar lo hace, al menos, sospechoso.

En la década del 90, sus cinco estrellas, sus 250 habitaciones, los 20 pisos, las salas de convenciones, la discoteca, el teatro, la piscina y el solárium habían perdido su novedad ochentosa, y el hotel entró en decadencia. Consumada la crisis, en 1997 el Grupo Solari intentó hacerse cargo del hotel y de una deuda inmobiliaria de 12 millones de pesos. Pero tres años más tarde, considerando inviable el proyecto, y habiendo pagado tan sólo 4 de los 12, pidió una convocatoria de acreedores.

El hotel fue cerrado el 28 de diciembre de 2001, en plena crisis, en ese momento vuelto a manos de Iurcovich, quien consiguió el aval del juez para “saldar las deudas a cambio de hacerse cargo del inmueble”. Mientras, setenta de los trabajadores despedidos enseguida se contactaron con el Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas y formaron una cooperativa. A mediados de 2003 forzaron un convenio con el Gobierno de la Ciudad y el propio Iurcovich para explotar comercialmente los salones del hotel, a cambio de ceder el uso del teatro ala Ciudad. Antesy después, la familia Iurcovich calificaría a los trabajadores de “ocupantes ilegítimos”.

En 2005 Marcelo Iurcovich anunciaría la venta del inmueble a Mercoteles S.A. Hoy se sabe que en el directorio de esta empresa está el propio Hugo Iurcovich, hijo de Marcelo. Tonarelli: “Lo que demuestra que el hotel estuvo fraudulentamente siempre en las mismas manos”.

Todavía, ninguna de las firmas había pagado la deuda impositiva reducida a 5 millones que pesaba sobre el negocio, y sin embargo el inmueble se vendía y revendía.

Mientras, desde marzo de 2003, los trabajadores hacían lo que mejor sabían: trabajar. Y respondían con hechos cuando la misma jueza que los cita este 19 de abril, Paula Hualde, determina que el hotel pertenecía a la firma Mercoteles en 2006: “Hoy tenemos un pleno funcionamiento. Desde que nos constituimos como cooperativa hemos realizado todas las acciones y medidas a nuestro alcance para poder explotar el lugar, seguir generando más puestos de trabajo y demostrar que la gestión de las empresas recuperadas por sus trabajadores es viable, concreta y exitosa. Los logros están a la vista, hemos generado más de 150 puestos de trabajo -de los 20 iniciales -, en menos de tres años, y otra cantidad de empleos tercerizados si tenemos en cuenta los contratos con empresas proveedoras de insumos”.

Legalidad y legitimidad

Si bien la orden de desalojo se mantiene, hasta hoy los trabajadores continúan autogestionando el hotel. Como enseña esta historia, los argumentos son tres y sencillos, lo explica Fabían Pierucci, del grupo Alavio que conforma la cooperativa:

  • “Que no se convaliden los negocios oscuros de la dictadura”.
  • “Se le quiere restituir el inmueble a un grupo que no presenta actividad económica ni patrimonio, y claramente es testaferro del grupo originario”.
  • “La deuda contraída con el Estado desde Iurcovich padre continúa impaga”.

En ese sentido, esto último cierra el círculo que devuelve el inmueble de Callao 360 al Estado nacional, el mismo que cedió el préstamo – impago- en 1978 através del ex Banco Nacional de Desarrollo, hoy Banco Nación. Justamente, los dos proyectos de Ley de Expropiación plantean que tanto el Estado nacional como el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires pueden actuar como expropiantes. “A partir de ahí es el Estado quien decide el futuro del inmueble, puede ser la transferencia del edificio, la venta, el préstamo o la cesión a la cooperativa”, se ilusiona Tonarelli.

En las cámaras, las miradas están puestas en el Ejecutivo, con mayoría y la posibilidad de volcar por ello mismo la ley. “No hay excusas. Siguiendo por los dichos del gobierno nacional debería ser la aprobación de la ley un ejemplo de esto. Depende de las fuerzas que sigamos construyendo, pero cabe una responsabilidad muy grande del Estado de terminar esta etapa del conflicto que es la disputa por la legalidad, basada en la legitimidad de nueve años de gestión”.

Sea la justicia o la política, el juzgado de la doctora Hualde o la Ley de Expropiación, los 160 trabajadores del Hotel Bauen saben que los únicos protagonistas de esta historia, futura, son ellos mismos: digan lo que digan, pase lo que pase, seguirán trabajando, resistiendo.