Agua que no has de beber

Entre fotos y golpes certeros estomacales, NosDigital recorrió en bote zonas aún inundadas del Conurbano Bonaerense. Las lluvias terminaron, el agua no baja.

Acá se lee lo que no quiero escribir.

Se lee una masa de líquido que avanza adueñándose de todo. Se lee lo que es difícil de creer. Lo que es necesario de ver. Lo que se ve y tampoco se entiende. Se leen litros y litros de agua que son lluvia, rio, mar y lágrimas.

Acá se lee que las puertas ceden, las ventanas se aflojan, los muros no existen y la correntada entra. Que las cosas flotan desparramadas. Que la gente quiere flotar y se sube a botes y colchones inflables. Se lee que por las calles van y vienen gomones, van con velas, comida y agua mineral, vienen con nenes, abuelos, mascotas. Vienen con todo eso que el agua no deja volver a entrar.

Acá se lee lo que suena a literatura, a cine, a ficción. Lo que parece ser de otro, lo que sucede a tres cuadras de donde los autos transitan, a diez minutos de Capital Federal, lo que replica por gran parte del Conurbano. Se lee lo que se mira con cuerpo y ojos humedecidos desde la estación de servicio sobre Camino de Cintura que parece un campamento. Se lee con los pantalones arremangados, con campera impermeable, con mochila en la espalda, con los pies mojados.

Acá se lee que lo imposible un día pasa y te golpea el estómago, y te anuda la garganta. Que la realidad supera la imaginación. Acá se lee mirando al cielo que brilla soleado. Mirando el agua que sigue subiendo. Mirando al que está al lado, también mirando el cielo, también mirando el agua.

El agua llegó a superar 1,20 metros de altura.
El agua llegó a superar 1,20 metros de altura.
Vecinos convertidos en remeros.
Vecinos convertidos en remeros.
Imágenes: NosDigital
Imágenes: NosDigital
De gomón por las calles a 400 metros de Camino de Cintura.
De gomón por las calles a 400 metros de Camino de Cintura.
Partido de Esteban de Echeverría, Buenos Aires.
9 de Abril, Partido de Esteban de Echeverría, Buenos Aires.
Salió el Sol, el agua no baja.
Salió el Sol, el agua no baja.

 

La inseguridad no da para más

Hace un año a Kafé González lo mató un policía porque supuestamente estaba robando. Ya muerto, le plantaron un arma. Tan sólo es otro de los pibes que la policía asesina cada 28 horas. ¿Cuál es tu inseguridad?

La familia González tuvo que luchar por la aparición de una nena secuestrada para trata, después para que el Estado se hiciera cargo de la rehabilitación, mientras tanto para que se recupere de la esquizofrenia. Durante su propia investigación descubrieron que había policías implicados. Esa familia, a los seis meses del secuestro de Milagros, sufrió la muerte de un pibe asesinado por un policía. Viven en el Conurbano Sur: Burzaco, Adrogué, Ministro Rivadavia. Pagan alquiler y derecho de piso.

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Kafé

A Walter González le decían “Kafé” porque era morocho. Era un pibe del conurbano de 17 años. El 16 de agosto, cerca de las 6.30, tres amigos suyos lo levantaron en coche y lo llevaron a dar una vuelta. Pararon poco después frente al auto de Horacio Gómez, un policía de la comisaría 3ra de Almirante Brown – por negligencia de su primer abogado, a mediados de octubre, dos meses después, todavía no sabían si ese era efectivamente su nombre; el fiscal de la UFI 10 tampoco lo daba-.

Los chicos se asustaron corriendo cuando vieron que era policía. Gómez declaró que le quisieron robar: “Fue una balacera, los pibes tiraron tiros”. Los otros tres corrieron. Kafé quedó parado en el medio, y Gómez lo fusiló: a 10 metros, le dio un tiro en la cabeza. Hubo otros cuatro disparos confirmados por los peritos. Todos salieron del arma del policía.

Un testigo salió de la casa en la calle Boulogne Sur Mer entre el 0 y el 100, de Longchamps, para ver qué pasaba. Lo vio a Kafé tirado en el piso, boca abajo, sin armas a su alrededor. Gómez buscó quien declarara a su favor. Recibió “no” como respuestas. El testigo volvió a pasar por el lugar antes de las 9.30, horario en que levantaron el cuerpo de Kafé. Esta vez tenía un arma “así grandota” al lado suyo. Los peritos fueron concluyentes: la pistola no tenía parafina, no había disparado.

walterburzaco-1Las versiones

Los otros chicos no contaron nada. Le anduvieron dando vueltas a la madre: que vaya a la comisaría a ver si pasó algo, que andaba por Longchamps, que Kafé andaba por ahí. En la comisaría no le dijeron nada antes del mediodía, aunque ya sabían. Después del mediodía el jefe de calle, Fabio Perrone, la atendió, le pidió que le mostrara una foto. Le tengo que decir algo: “Se mandaron una cagada, los otros tres lo dejaron tirado. Su hijo murió”.

A la prensa le dijo: “Iba a su trabajo uniformado y una vez que estaba en su vereda para arrancar su marcha pasa otro vehículo con cuatro masculinos en su interior, que obviamente iban al voleo, con intenciones de cometer un hecho para sustraerle su auto y entrar a la casa”. Los titulares de diarios fueron uniformes, iguales, obvios: “Policía mató a un ladrón que quiso asaltarlo en su casa”.

El fiscal lo quería tapar: tu hijo fue a robar, lo mataron y ya está. Le pidió a la secretaria que le dijera a la familia dónde fue el tiro:

-Acá –y señaló la cara. El tiro fue en la nuca, salió en las pericias.

El primer abogado no movió nada. El testigo lo tuvo que poner la madre. El fiscal no quiere atender a la familia. Quiere cerrar la causa.

Un coche le sacó fotos a la casa del testigo, cuando el único que sabía de la declaración era el fiscal.

El policía Gómez está en la casa con cámaras y patrulleros que lo custodian.

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