“Más israelíes que judíos”

Fotorreportaje de norte a sur israelí. En medio de justificaciones históricas actualizadas, el día a día continúa en marcha.  Una búsqueda incesante que entremezcla pueblos con la conformación de un Estado y sus alianzas estratégicas.

 

“Si no es aquí, los judíos deberemos ir al mar. No nos queda otro lugar, esta es nuestra tierra”, se escucha a Martín, el guía que nos acompaña en todo el recorrido por Israel. En forma de eco esta afirmación, presuntamente necesaria y verdadera, se replica por las rutas, las ciudades y los pueblos.

Al anterior análisis moderno y políticamente correcto, lo complementa una obsesión por la propia justificación basada en una serie de interpretaciones sionistas de hitos históricos o religiosos en la búsqueda incesante de explicarse. Pero explicar qué. ¿La existencia de un Estado?, ¿la preexistencia de un pueblo?, ¿el quehacer geopolítico?.

Según la Biblia, tras salir de Egipto, el pueblo judío en el Éxodo vagó por el desierto durante una generación, para luego llegar a la tierra de Canaán. “En aquel día, el Señor hizo un pacto con Abram, diciendo: `A tu descendencia he dado esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates´”1.

La interpretación de documentos para probar la presencia histórica del pueblo judío tiene como argumento más antiguo las glorias por las conquistas en tierras de Canaán hacia 1210 a. C. del faraón egipcio Merenptah: “Los príncipes están postrados, diciendo: ¡clemencia! Ninguno alza su cabeza a lo largo de los Nueve Arcos.(…) Yanoam parece como si no hubiese existido jamás, ysyriar (Israel) está derribado y yermo, no tiene semilla. Siria se ha convertido en una viuda para Egipto. ¡Todas las tierras están unidas, están pacificadas!”2.

El 2 de noviembre de 1917, Arthur James Balfour, Ministro de Asuntos Exteriores británico escribía a la Federación Sionista explicando que “el Gobierno de Su Majestad contempla favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y hará uso de sus mejores esfuerzos para facilitar la realización de este objetivo, quedando bien entendido que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina ni los derechos y el estatuto político que gocen los judíos en cualquier otro país”.

Israel como Estado se ha erigido, al igual que tantos otros, a través de procesos de conquistas que muchos –con sostenidas razones– calificarán de injustos. Pero desde cuándo hay justicia en una conformación estatal. Como tantos otros países: sometiendo, luchando y asesinando. Lo que tiene poco de novedoso u original. La asociación entre la violencia y el Estado israelí no es una excepción en cuanto a su conformación reciente, los tintes singulares aparecen con la penetración de justificaciones religiosas e históricas que no logran más que empantanar la situación.

Con Martín tratamos de no profundizar en debates políticos porque de movida nos entendimos en posiciones lejanas, y el viaje era largo para andar mirándonos de reojo tantos días. Pero es en sus palabras donde encuentro más explicaciones para entender la existencia de Israel: “Es que los judíos israelíes ya son más israelíes que judíos”.

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1Génesis 15:18
2Estela de Merenptah, descubierta en 1896 por Flinders Petrie.

Voces enterradas

“Puel Kona es un grupo de música mapuce fusión”, así se definen.  Desde la  comunidad Newen Mapu, ubicada en Neuquén Capital, estallan las voces de estos militantes de la comunicación que reivindican su identidad y denuncian el etnocidio que los intereses capitalistas siguen perpetrando en sus tierras.

Los nombran y por inercia a los minutos los googleo, son de una comunidad de Neuquén Capital que se llama “Newen Mapu” y significa fuerza de la tierra. La descripción de facebook dice “Puel Kona es un grupo de música mapuce fusión”. Me queda sabor a ganas de más y abro una nueva pestaña en el buscador, entro a youtube, escucho “Clandestinos”, corte de difusión de su primer disco. A mitad del tema les mando un inbox, no están online. Otra nueva pestaña me lleva a twitter, los sigo y les pido un contacto. Llevo el mouse hasta youtube nuevamente, ya estoy tarareando el estribillo.

La mañana siguiente empezamos a charlar. Del otro lado del teléfono me atiende Lefxaru, guitarra y voz de la banda. Resolvemos seguirla por mail, tienen una estructura horizontal y no quieren que la conversación quede en una sola voz. Casi mágicamente a pesar de los kilómetros se suman Aylin (voz), Amaru (teclados y voz), Umawtufe (bajo y Xuxuka), Ñamku (Xuxuka, xompe, sikus), Lucio (Batería) y Malen (saxo).

 

“Clandestino en tu propia tierra, extranjero en tu propio origen. Es nacer y ya estar condenados, existir pero ser invisibles” (Puel Kona – Clandestinos)

La comunidad “Newen Mapu” está cumpliendo sus primeros treinta años. Puel Kona nació, creció y fortaleció su identidad mapuce a la par del progresivo afianzamiento de la comunidad en la que vive. Proceso conflictuado muchas veces por el hecho de estar situados en la ciudad donde sistemáticamente se los volvió ajenos a su propio territorio. Este estigma recae sobre ellos como un azote difícil de imaginar para nosotros: Su vínculo con el territorio no se reduce a una mera funcionalidad, sino que es parte estructurante de su cultura. “Mapuche” quiere decir “gente de la tierra”, pero con una sutileza que el idioma conquistador no deja entrever: primero son tierra (“mapu”) y luego gente (“che”). Se vuelve más claro, entonces, que el despojamiento territorial y la devastación cultural son dos caras de un mismo proceso. “Si bien nuestros padres se encontraban en la ciudad, y nosotros nacimos y nos criamos en estos espacios, nunca nos fuimos de territorios mapuce porque somos parte de este territorio que nos da origen e identidad, al igual que nuestros antepasados. Nosotros no hemos emigrado de nuestro territorio, sino que es la ciudad la que se instaló dentro de territorio mapuce”, lo dicen convencidos. Abren una grieta en un sistema que apuesta a negarlos, una grieta por donde se filtra la luz.

La adolescencia los encontró ante la necesidad de comunicar quiénes eran y rebatir todo eso que querían imponerles. El impulso los llevó a formar Kona, un centro de comunicación en el cual empezaron a decir en diferentes formatos. Eran la primera generación adolescente dentro de la comunidad y llevaban dentro años de voces que habían querido ser silenciadas. A ellos les tocaba gritar “Creemos que tenemos muchas cosas por decir desde nuestra propia perspectiva, para que nadie hable por nosotros sino que nosotros tengamos nuestras propias voces mapuce para poder contar nuestro sentir, nuestras posiciones”.

En su búsqueda del decir, de encarnar en palabra tanta historia, llegó la música para poder decir mucho más. “El hecho de constituirnos como banda fue todo un aprendizaje, porque no hacíamos música desde antes, no éramos músicos ni habíamos estudiado música. Más que nada comenzamos a hacerla porque nos dedicábamos a  comunicar y la música era otra forma de comunicación. Pero a medida que fuimos creciendo como banda, fuimos aprendiendo un montón en relación al sentimiento musical, y a entender que no era tan sólo una forma más de hacer comunicación como nosotros creíamos, sino que es algo mucho más profundo, que tiene que ver con relacionarse con tu propio interior, con las vivencias que has podido experimentar a lo largo de tu vida, de tus sentimientos, de tus sensaciones, de cómo entendemos nuestra espiritualidad, de cómo vivimos nuestra identidad”  

Cuando cantan, una mezcla de sentimientos se entrecruza. El dolor, la alegría, la nostalgia, la tristeza, el amor y la esperanza se hacen presentes en su voz para gritar que la identidad mapuce está viva y con mucha fuerza para proyectarse. “Nos hemos sentido o nos han querido hacer sentir como extranjeros en nuestra tierra. Desde la Campaña del Desierto hasta ahora hemos sufrido la invasión territorial, por intereses petroleros,  por el turismo, por la minería, por los estancieros, por el agua. Fundamentalmente, en un primer momento para responder a la necesidad de la Argentina agro exportadora, y luego hasta el día de hoy, en función de intereses capitalistas que valoran mucho más los beneficios económicos que la vida”.

La grieta sigue sumando nuevos gritos que la expanden, el deseo colectivo motoriza la producción de una nueva forma de concebirse a ellos mismos por fuera de la mirada eurocentrista única, totalitaria y excluyente. Las fusiones de ritmos que pasan por ska, hip hop, reggae, chamamé, saya, cumbia, entre otros, hablan también de la pluralidad que defienden. La diversidad potencia la energía, los temas te mueven casi sin darte cuenta, transmiten alegría, celebran la vida.

“No creo en tu frontera, no me hagas el dominio. Jura tu bandera que demasiado duro ya es tener que ir a tu escuela donde se niega tu identidad y te enseñaran una historia ajena” (Puel Kona – Clandestinos)

El conocimiento es también una forma de colonización, es meterse con lo más profundo de tu subjetividad e imponer nuevos sistemas de entender el entorno para echar claridad sobre una única forma de saber y meter todo el resto en un agujero oscuro y profundo. La educación se encarga de transmitir esta univoca forma de conocimiento académico. “Desde niños tenemos que asistir a una escuela en donde nos enseñan que los mapuce no existen o que si existen viven perdidos en un paraje del campo en donde no hay caminos. Que no existimo, y que si existimos somos borrachos y vagos. Que no existimos y que si existimos hay que tratar de que aprendamos a dejar de ser mapuce”

Ellos no se callan y toman la decisión de cantar en castellano y en mapuzugun, dos puntas del mismo puente que pretende unir. “Para nosotros es fundamental recuperarlo, fortalecerlo, ayudar a despertarlo en las generaciones más jóvenes porque allí se encuentra toda nuestra cosmovisión”. Entienden que es necesario apropiarse de estos espacios que tienden a invisibilizarlos y trabajan para resignificarlos, para construir nuevas relaciones que no dejen a nadie afuera, en donde cada uno pueda ser libremente aportando a la diversidad cultural. “Criticamos una educación que es la que representa Sarmiento, negando lo originario de este territorio y valorando elementos extranjeros. Con esto no queremos decir que queremos generar discriminación a la inversa; sino que creemos que hay que fortalecer cada una de las culturas para que entre todos podamos aprender a respetarnos y convivir dentro del espacio territorial que compartimos”

“A nosotros como jóvenes nos ha tocado dar la discusión en nuestros espacios de formación y construir alianzas, relaciones con sectores de estudiantes que también entienden la necesidad de valorar la diversidad cultural con la que contamos. Así trabajamos para poder aportar a este cambio desde la educación, porque es la base fundamental para poder pensar otro tipo de sociedad y otras relaciones más fraternales e incluyentes”. Desobedecer. Cuestionar. Organizarse. Contrainformar. Construir. Descolonializarse. Sentir. Puel Kona, los “Guerreros del Este”, sigue luchando, sigue agrietando.

Aquel multitudinario desierto conquistado

Acompañanos en un sobrevuelo bien rasante y veloz por un pedazo de la historia argentina que nos marcó como pocos otros. La mal llamada Conquista del Desierto encabezada por el personaje de los billetes violetas en las palabras de los protagonistas.  

Ocupación militar del Río Negro en la expedición al mando del General Julio A. Roca, de Juan Manuel Blanes

 

Imagínese estar por el barrio porteño de Caballito, y usted, amante del fútbol no tiene mejor idea que ir a visitar la cancha de Ferrocarril Oeste. Es día de partido y a unas cuadras ya siente el griterío, al estar frente a él lo ve completamente lleno: las entradas están completamente agotadas y los 24 mil lugares están ocupados. Sonríe y sigue su camino. Pero al hacer unos metros un completo desconocido –de barba larga, bigote tupido y ya entrado en años- le dice con total naturalidad: “no hay nadie en el estadio eh, ¡ni un alma!”. Lo ignora y prosigue, un loco más, píensa. Sin embargo, hace 120 años un loco con las mismas descripciones nos hizo creer que 24 mil indígenas constituían un “desierto”. Así, en esta nota nos encargaremos de esos prisioneros que a pesar de ser invisibilizados tuvieron un destino, trágico destino de muerte.

“El año 1879 (…) ha visto realizarse un  acontecimiento cuyas consecuencias sobre la historia nacional obligan más la gratitud de las generaciones venideras que la de la presente (…).Ese acontecimiento es la supresión de los indios ladrones que ocupaban el Sur de nuestro territorio y asolaban sus distritos fronterizos: es la campaña llevada a cabo con acierto y energía, que ha dado por resultado la ocupación de la línea del Rio Negro y del Neuquen.”[i]

Con estas líneas se iniciaba el “Informe de la Comisión Científica Agregada al Estado Mayor General de la Expediciónal Río Negro (Patagonia)” ordenada por el mismísimo Julio Argentino Roca en 1879 para dar cuentas al Congreso de la Nación sobre su grandiosa gesta civilizatoria.

¿Qué nos cuenta el propio Roca acerca de los prisioneros? Terminada la conquista, en ambas Cámaras mostraba los resultados: 1271 “indios de lanza” incorporados al Ejército Nacional o a la Marina, 600 “indios fueron enviados a Tucumán, con destino la zafra” y “muchas mujeres y niños distribuidas en el seno de familias que los solicitaban, con intervención de la Sociedad Benéfica y el Defensor de menores”[ii].

Por ahora la cuenta nos cierra que sabemos que dos mil terminaron ya sea incorporadas a las Fuerzas Armadas encargadas del propio exterminio y despojo de las comunidades, otras tantas como mano de obra servil en los ingenios azucareros tucumanos. Sobre las “muchas” mujeres y niños, lo mismo, separadas de sus familias se convertirían en servidumbre para las altas casas de la elite.

Darío Aranda en Argentina Originaria, nos cuenta que otros tres mil fueron esparcidos por Mendoza para trabajar en el área vitivinícola.

Pero sin dudas, el destino más terrible que podían tener eran los –lisos y llanos- campos de concentración, desplegados por todo el país: Junin de los Andes (Neuquén), Chinchinales y Valcheta (Río Negro), Carmen de Patagones (Buenos Aires) y, el más terrible de todos, La Isla Martín García.

Las cuentas bautismales permiten contar 825 indígenas que allí fueron depositadas en 1879. “Fue claramente un mecanismo de control social enmarcado en un proceso mucho mayor: el del genocidio”, precisa Alexis Papazian, que forma parte de la Red de Estudios sobre Genocidio. Explica que en 1890 ya no quedaban indígenas en Martín García[iii].

Entonces para 1879 los resultados eran claros: primero, conquistados a punta de lanza, luego obligados a dejar sus tierras, ganado, cultivos y propiedades. Si sobrevivían al viaje, no les esperaba mucho más que el trabajo servil en hogares aristócratas, campos de hacendados o en un Ejército genocida. ¿Y todo por qué? Dejemos que Roca responda solo: “Dicen que dilapido la tierra pública, que la doy al dominio de capitales extranjeros: sirvo al país en la medida de mis capacidades. (Carlos) Pellegrini mismo acaba de escribirme que la venta de 24 mil leguas sería instalar una nueva Irlanda en la Argentina. ¿Pero no es mejor que estas tierras las explote el enérgico sajón y no que sigan bajo la incuria del tehuelche?”[iv]

Por si queda alguna duda, entre 1800 personas se repartieron los 42 millones de hectáreas de las tierras conquistadas, total equivalente a 30 veces el tamaño de Inglaterra.