Represión en Plátanos

La protesta por los cortes de luz que ya arrancaron en la previa del verano tuvo represión de respuesta. Al sur de Berazategui con detenidos, palos y balas de goma.

En Plátanos Norte, Municipio de Berazategui, la modista del barrio tiene abierta una causa federal. También su hermano. Y el pibe de un par de casas más allá. Un adolescente de diecisiete años estuvo preso todo un día en la Comisaría 1ª de Berazategui. Otro de doce años recibió balazos de goma.

El jueves 30 de octubre no fue la primera vez que los vecinos de Plátanos Norte cortaron la calle: protestaban porque no tenían luz desde hacía tres días y para colmo los cables de electricidad, vencidos por el viento, habían caído sobre la calle y algunas paredes transmitían corriente. Pero ese día fue distinto. Mientras levantaban el corte que mantenían desde hacía una hora sobre la Avenida Néstor Kirchner (ex Mitre), una veintena de oficiales de la Bonaerense, encabezados por el comisario Juan Vicente Cardozo de la Comisaría 1ª de Berazategui, se bajaron de las camionetas Amarok nuevas que les regaló el Estado Nacional y empezaron a repartir palos a la gente que protestaba.

Ahora los vecinos del barrio están asustados. Hablan pero no quieren dar sus nombres, porque lo que vivieron el jueves 30 último los marcó duro. Los patrulleros siguen dando vueltas desde esa tarde. Se paran frente a las casas de la gente, saludan burlones. “Ahora este es el barrio más seguro de Berazategui”, ironiza un vecino. Es que nunca los policías pisaban el barrio. “No queremos dar nuestros nombres porque todavía está la presión de la Comisaría 1ª, que acosa a los pibes”, justifican.

Antes, ese mismo día, caminaron hasta un patrullero que recorría la Avenida Néstor Kirchner y les informaron que a las cuatro de la tarde iban a cortar la calle, para ver si en una de esas alguien se enteraba y los ayudaban, pero el aviso no pareció alcanzar.

Plátanos Norte es un barrio pequeño dentro de la localidad de Plátanos, al sur de Berazategui y a mitad de camino entre Capital y La Plata. Queda a 20 cuadras del centro del municipio, donde todo es limpio y ordenado. Desde las últimas callecitas de tierra del barrio se ven los campos y al fondo la autopista Buenos Aires – La Plata. En esos mismos campos verdes el Municipio del ex Ministro de Medio Ambiente Juan José Mussi instaló un basural ilegal. Los vecinos, con la ayuda del Foro del Río de La Plata, lograron hace menos de un año que la Justicia lo cierre.

Heridos por bala de goma.
Heridos por bala de goma.

Desde hace tres años cortan de vez en cuando la avenida que pasa por el costado de su barrio, porque siempre que llueve se les corta la luz y tarda días en volver. En el verano, la situación se hace invivible. En una ciudad que en cinco años pasó de tener un edificio alto a una cincuentena de ellos; donde se instaló una subestación eléctrica en contra de la voluntad de los vecinos para alimentar los parques industriales nuevos; que creció en cantidad de habitantes casi un 20% en cuatro años; con un gobierno municipal que invierte en countrys construidos en tierras fiscales y en embellecer la peatonal del centro.

La voz de los reprimidos

“Dos policías desde la vía del tren Roca empezaron a tirar piedras para generar disturbios porque estaba todo tranquilo y ya estábamos levantando el corte. Fue como en las películas. El comisario se le tiró encima a mi marido y con otros dos oficiales le empezaron a pegar palazos en la espalda. Él no estaba haciendo nada, es más, estaba ayudando a levantar el corte. Ahí lo detienen, mientras los policías seguían tirando piedras, empezaron a reprimir a todos. A un menor de diecisiete años lo re cagaron a palos, el nene venía de la escuela, lo agarraron al boleo. Es como dijo el comisario Cardozo, cuando esperaba en la comisaria que liberen a mi marido lo escuché: `tenemos a tres perejiles, así justificamos las balas´”.

“Había una pareja de discapacitados, mujeres embarazadas, nenes. A las mujeres las agarraban de los pelos, a los pibes les disparaban sin lástima. Se llevaron tres detenidos, uno este pibe que le pegaron, menor de edad y una señora de 45 años, la modista del barrio. Los tuvieron presos un día entero, y cuando salieron, nos enteramos que les abrieron una causa federal por cortar la vía. Hubo tres heridos con balas de goma, el pibe de doce años y otro muchacho. Se de otro pero no se acercó, están cagados porque andan patrulleros, les pasan despacito por al lado, hay una persecución psicológica. Todavía no pudimos juntarnos bien todos los vecinos después de esto porque hay gente que ni quiere salir de la casa, somos gente común de laburo, nos organizamos para protestar por un servicio que pagamos y no funciona. Tenemos derecho a protestar”.

“Eso fue la represión y ahora sigue la persecución. Es torturador vivir así. Es una forma de decirnos ‘no rompan las bolas, cuando se les corte la luz esperen tranquilos en su casa que algún día va a volver’”.

Esas conclusiones sacan los vecinos, a pesar del susto. Se viene el veranito en Berazategui, los cortes de luz se cuentan de a decenas y se prolongan días enteros. No es que se hicieron las obras para no tener más cortes de luz: la única diferencia con otros años es que ahora los habitantes de Plátanos Norte no saben si se van a animar a protestar.

Willy sabía que iban a matarlo

En Neuquén, Gustavo Gutiérrez fue a declarar por el asesinato de Braian Hernández y acusó a un policía. Al día siguiente, lo remataron, con una bala policial. El mensaje que se ve en la pantalla se lo mandaron a Natalia, hermana del hombre que se volvió la pista que quisieron borrar.  

Willy ya no dudaba. Sabía que lo iban a matar si seguía contestando las preguntas del juez. Conocía los códigos del barrio, que son los de la policía, los narcos y sus “gatitos” o “soldaditos”. Tenía miedo. “Andaba desesperado”, dice su familia. Le habían dicho que lo iban a matar.

Él estaba seguro de que era cierto.

– Siempre que me veían a mí, me llevaban. Ahí, en la comisaría, me pegaban nomás. No me dejaban ver…- declaró Gustavo Willy Gutiérrez, el 29 de noviembre, en el barrio Cuenca XV, en el oeste neuquino, durante el juicio por el asesinato de Braian Hernández, en manos de Claudio Salas. Willy era el testigo clave. Viajaba en el mismo auto que Braian. Era el único mayor.

– Concretamente -preguntó Héctor Dedominichi de la Cámara en lo Criminal Número 2-, ¿alguna vez que te llevó Salas y estuviste durante la comisaría te pegaron? (Sic)

– Sí.

Willy contó qué, cómo, cuándo y dónde fue todo: le dispararon desde un patrullero, por atrás, sin que hubiera un arma en el auto donde viajaba. Después, los cagaron a palos afuera y les plantaron una pistola. Salas, el que disparó, es uno más de los tantos policía que en Argentina hacen tratos con chicos para que roben para él. Esto pasa continuamente en el oeste neuquino, hacia donde suben el Río Limay y el Negro. Las casas con patiecitos y con rejas se van haciendo más irregulares, más marrones. Las calles, ahí arriba, son de tierra, o de barro. Nieva poco, por suerte para los que viven ahí. Las plazas no duran diez cuadras. Tampoco duran una cuadra. En el mapa del celular, son una mancha ocre.

Lo que aparece cuando se va el ocre es el azul y blanco de los patrulleros.

 

***

 

– Mirá si algún día le pasara algo así a mi sobrino y el tipo no se presentara a declarar -explicaba una y otra vez Willy a todo el que le hiciera dudar sobre su presentación en el juicio-. Aparte, la Policía cuando te agarra… A mí las veces que me han agarrado me cagaron a palos.

Su hermana era una de esas personas que le preguntaba a Willy si era conveniente atestiguar. Ya lo habían parado yendo en la moto:

-Vos ojito, eh. Ojito con lo que hables.

De cualquier forma, la tomó por sorpresa.

 

***

 

Hace como 21 años los Gutiérrez viven en el oeste de la Ciudad de Neuquén, donde la policía se permite maltratar a los jóvenes. “No siempre fue así”, recuerda Beatriz Currihuinca, madre de Willy –para ella, Gustavo-. “Con Gustavo fue algo diferente porque era el varón más chico. Dos veces estuvo preso en la Unidad 11. Cada vez perdió un año”, sigue Beatriz. Estuvo procesado. Las dos veces fue declarado inocente. Dos años de su vida perdió preso en penales, aunque la ley 26.660 reglamenta que no puede haber presos sin sentencia.

Diego, uno de los hermanos de Willy, también estuvo preso en la U11. Su madre recuerda que los policías le preguntaban si quería drogas. Si quería, le tenía que decir a su hermano que la llevara a la casa de un policía y esa misma institución se encargaría de entrarla al penal. “Los chicos se enganchan en esa porque encuentran el mejor camino. Si los golpean drogados, ni lo sienten”, dice Beatriz.

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Cuando Beatriz fue a visitar a Willy, los oficiales se le reían en la cara: “¿A qué venís?”. Cuando ella entra a la U11, como a todos los visitantes, la desvisten y la revisan entera. A los visitados los sacan a un patio grande, los desnudan y los revisan. “Yo, como mamá, voy a ver a mi hijo, no le voy a llevar drogas. Sería hundirlo. Eso mismo lo metió ahí adentro”, explica Beatriz.

Natalia y Beatriz conocen bien también a “Los Santana”.

“Los Santana son civiles, pero están con la policía”, aseguran.

Un hermano de Willy iba a la escuela con uno de ellos, que le contaba que el padre vendía drogas, que la trasladaban en patrulleros. Dicen que tienen un arsenal de drogas y de armas. “Y la cantidad de soldaditos que tienen. Muchachitos nomás. El Gordo Seba, por ejemplo, más allá de lo que haya hecho, era narco. Trabajaba mitad para la policía”, dice la madre de Willy.

El Gordo Seba: el único detenido por el asesinato de Willy.

Pero eso no es todo. En toda la charla de Beatriz y de Natalia, aparece una figura bestial que usa la Policía, como en muchos otros barrios, para sembrar miedo. Saben que se llama Monje y que se emplea en la Comisaría 18.

Beatriz: -Es una basura ese tipo. Le pegaba a Willy y le decía: “Vos me entregás armas o gente que roba y yo te dejo andar tranquilo en la calle”. Si lo llevaban, llegaba con la boca sangrada. “Me pegan porque quiere que dé información que no tengo”, decía, cuando llegaba a la casa. Es uno de los peores. De ahí para abajo. Llega a una cierta edad en que le dan la jubilación, pero quedan otros. Mi hermano es policía. Me contó que cuando entran en la Policía, aunque quieras ser bueno, vos tenés que ser malo. Enseñan a pegar el cachetazo antes de preguntar. Dice: “Por más que yo tenga sobrinos, tenga hijos, yo no tengo que pensar en eso sino en ser duro”. Saben andar drogados y borrachos haciendo los recorridos.

Natalia: -Cuando fue la final de Argentina en el Mundial, se armó pelea entre unos vecinos. Vino la policía, se puso en una zona que estaba oscura y tiraba piedras con gomeras.

“Sí, usan gomeras acá los policías”, insiste Natalia, que sigue: “¿Cómo los pibes los van a respetar si los policías no les hablan bien?”.

Beatriz: -Cuando hay enfrentamientos en los barrios, mi hermano mismo me cuenta: “Primero, vamos a dejar que se maten los chorros. Después entramos”. Un día, a las 4 de la mañana, vinieron a tirotearme la casa. Me rompieron un vidrio. Nosotros teníamos a los chicos. Los peritos recién vinieron a las 9.

 

***

 

Al hermano de Willy, Diego (30) lo confundieron con Emilio (29), el tercer hermano varón. Le dijeron los de la Brigada de Investigaciones:

-Así que vos andabas con Ely (la mamá de Braian, el primer asesinado de esta historia) en las marchas. Dejá de joder porque vamos a ir a hablar al río.

Después de eso, lo llevaron al calabozo, le dieron una paliza con cinturón, patadas, piñas, mientras estaba desvestido y con los brazos estirados. Lo largaron ensangrentado a la madrugada, cuando lo vieron todo lastimado. “Ese es nuestro trabajo”, argumentaban después a la familia.

En la requisa de la Unidad 11, le volvieron a recordar dos cosas.

Primero: que a él lo iban a “empapelar” (llenar de causas).

Segundo: que a Willy lo iban a matar.

 

***

 

El sábado 30 de noviembre, Willy iba llegando en moto a la casa de la suegra, en el barrio Almafuerte, para dejarle los 800 pesos del plan que le dan por tener una hija. Lo venían siguiendo. Le dispararon hasta matarlo. Eran tres. Dos mayores y un menor. El Gordo Seba, único imputado, único sentenciado culpable –doblemente, por premeditación y alevosía- después rogó: “Yo maté a la rata esa, pero no me lleven a Neuquén porque me van a matar”.

Nunca se vinculó a la Policía con el caso, aunque sucedió 24 horas después de que Willy declarara. Tampoco se la vinculó aunque el menor de los sicarios que persiguió a Willy declaró, una primera vez, que el arma se la había dado un policía -después cambió su testimonio-. Tampoco cuando un cana declaró que le habían pedido colaboración. Pero para la Justicia prima que el arma no apareció. No importa ni siquiera que la bala sí era policial.

Alguien le dio la pistola al Gordo Seba.

“Ahí no podemos llegar”, dice María Elena Cauquoz, militante de Convocatoria, organización política social que sigue la causa. Quisieron encontrar peleas entre Willy y el Gordo Seba, para alejar la pista policial. El mismo imputado lo negó.

Cuando Beatriz fue a retirar las pertenencias de Willy, le dieron 60 pesos. No le dieron ni el celular. “Encima con cara burlona…”, recuerda.

 

***

 

A la familia de Willy le dijeron que van a matar al Gordo Seba si algún día sale de la cárcel. Suponen que también lo debieron haber amenazado a él con su familia.

Después de postergar dos veces la lectura de la condena, al Gordo Seba le dieron perpetua. No hay policías imputados. La familia quiere justicia, no una perpetua para el perejil.

Natalia guarda dos mensajes en su celular:

“Mira gorda trola . ya sabes que no se la ban a yevar d arriba con todo lo q andan aciendo por la justicia del puto de tu ermano. nos chupa el pico q ayan agarrado al gordo es nada mas q uno d los gatitos nuestro. cuando esto se calme un poco seguimo con ustedes gorda conchuda”

“Viste gorda de mierda lo que le paso al ijo d puta de ermano. bueno asi van a ir pagando voz y tus otras cagadas d ermanos q tene todas las cagada que se mandaron. y agradse q t estamo avisando gorda puta. asi que seria bueno que se bayan dpidiendo entre ustedes. no t gaste en contetarno a este numero xq terminamo con voz y lo vamo qemar. Asi que asta la vista beibi. ja ja”.

 

Leé más: El cielo del desengaño

Yo fui golpeada en una comisaría

Marlene Wayar tuvo una época en que se prostituyó. Ya no: hoy es la directora de la primer revista trans de Latinoamérica  El Teje. En toda esa experiencia conoció lo peor de lo peor de la Comisaría 25.

Una noche estábamos con Nadia Echazú, nuestra dirigente más importante en ese momento, en Godoy Cruz, donde trabajábamos siempre -la Zona Roja, antes de ser movida para los Bosques de Palemo-. De pronto, se paró un patrullero, se bajaron los canas y directamente fueron a ella y la gasearon. Escuché sus gritos, pero se vinieron para mí y también me gasearon, a pesar de que yo ni me resistí. Nos llevaron a la esquina, a una furgoneta en las que había otras tres chicas también atacadas.

Yo ahí ni sabía qué pasaba, no veía nada.

Estábamos en plena lucha contra la reinstalación de los Códigos Contravencionales del Código de Convivencia.

Nos llevaron a la Comisaría 25 en Scalabrini Ortíz y Gorriti; y nos fueron bajando de a una. Yo al no ver nada, lo único que podía hacer era escuchar: oía las puertas que se abrían, los gritos de las chicas que se llevaban y por último los tumbos, los golpes. Yo fui la última. Cuando llegó mi turno, estaban como medio cansados y como ya se habían cebado con las otras, me llevaron al patio directamente. No sé cuánto estuvimos ahí tirados, una hora. De las zonas de los calabozos de los incomunicados venían los gritos de Nadia y ruidos de golpes secos: de cuerpo contra la pared, contra el piso… y la voz de Nadia que se iba apagando. Yo no podía creer lo que estaba pasando. Cada tanto, pasaba el chabón que estaba a cargo del operativo y nos gritoneaba cualquier cosa: estábamos sentadas, nos decía “acuéstense”, estábamos acostadas y nos gritaba “siéntense, putos de mierda”; cada vez que pasaba era algo para demostrar “yo estoy acá, hagan lo que yo digo”. Y ya no podíamos hablar de qué le pasaba a Nadia, solo nos mirábamos. En la 25 habían cambiado de encargado de los temas de la calle y por eso llegó este tipo, pero la verdad nunca tuve memoria para poder recordar a los policías que nos hicieron eso. Cuando las chicas me preguntaban cómo era, no sabía que decirles, porque con una descripción ellas ya podían sacar quién era. Sabían todo: nombres, horarios, cargos. Una cuestión de supervivencia tremenda.

No podía recordar cómo eran los botones, si eran altos o bajos, con bigote, sin bigote.

El chabón este estaba haciendo el pavoneo que empezaba la nueva era, su nueva era de control callejero, porque el comisario le había dejado el trato a él. La Comisaría 25 había cambiado mucho, pasando de ser la número uno de Buenos Aires, donde todos querían estar ahí porque dejaba mucho dinero a los policías por las coimas que pagábamos nosotras. Pendejos recién recibidos que estaban en la calle se hacían viajes por Miami con nuestra plata. Finalmente cuando el grueso de los policías se fue para adelante, pasó el Comisario y dijo: “Este es un anuncio para policías y travestis: acá se termina todo”. Se está yendo, no alcanza a salir del patio, que viene este tipo, le pega en los pies a una de las chicas y nos empieza a bardear. El comisario se dio vuelta y repitió “acá terminó todo”, pero el tipo me mira a mí, me encara y empieza a decirme de todo sin importarle un soto lo que decía el comisario. El comisario no entendía cómo funcionaba su propio perro asesino, no estaba entendiendo que ya no tenía autoridad sobre él. A mí no se me movía un  músculo, no quería que me hiciesen nada. Entonces el tipo me dijo “vos sos la otra” y me empezó a hacer preguntas. Yo respondía “sí” o “no” con la cabeza. Tenía miedo de hacer cualquier cosas que le molestara y me hiciesen mierda. Por último, el chabón me dijo “ya estoy cansado de pegarle a esa bosta de Nadia, la verdad que no quiero hacer más nada esta noche, pero se me llenó el borcego de mierda”, me puso el borcego en la cara y me tiró: “limpiámelo con la lengua”. Y yo lo hice. “Así me gusta”, soltó y se fue.

Después de esto empecé a entender muchas cosas. Cuando vivía en un hotel tomado por Araoz y Jufré, un día intrascendente salí y había un tipo parado que hacía de sereno en la casa de al lado que estaba en remodelación. Era de uno de esas personas que se prestaban para hablar, porque estaba solo y aburrido. El tipo era muy fanfarrón y con un poco de alcohol encima me contó que era policía. Lo que me pareció bastante significativo: no es cualquier cosa un sereno que es policía. Pero para que siguiera hablando le preguntaba boludeces hasta que le saqué por qué estaba ahí. Dijo que esa era la casa de un comisario y que él estaba ahí a modo de penalización, escondido realmente, porque se había echado un moco en la comisaría. Pero escondido porque, si bien el comisario le estaba bajando la caña, a la vez lo necesitaba ya que él le había hecho muchos trabajos sucios. Dejó entrever que era uno de los asesinos de la policía: si necesitaban bajar a alguien, él era el indicado.

Con estas dos experiencias vi que era cierto como estos personajes, que habían tenido la capacitación y la vía libre del Proceso, se habían quedado sin la posibilidad del ejercicio de la violencia, de sentir la adrenalina por el control del otro. Me di cuenta de la dimensión del problema, con quiénes estábamos hablando: con un comisario que había llegado ahí por pelotudo y chupamedias, pero sabía cómo trabajar. Cuando le empezamos a ganar la zona, trajo a este asesino que nos humilló a todas, que habrá venido de cualquier lugar del país para limpiar todos los problemas que le estábamos dando.

Lo más importante es que la gente se dé cuenta que estamos en dictadura desde el momento en que nos sacan de los pelos de una casas. A la gente no le importa o lo justifica o sale a decir algo para que el policía se calme un poco, pero no tenemos el poder o la potestad para decirle a la policía cómo debe hacer las cosas. Y esta policía no es la policía democrática…Te digo la verdad no tenemos por qué nosotras comernos el problema de que hay vecinos de que no saben cómo trabajan sus fuerzas y nosotros no ser vistas como vecinas. Nosotras sí somos vecinas y tenemos que meternos en cómo la policía actúa. Ponele que nos lleve 250 años en desenmarañar el tema de la prostitución, el uso del espacio público, el no uso del espacio público y demás, pero en ese ínterin esta policía no puede mantenerse.

Hoy la relación de la policía y la prostitución es un poco diferente. Es un como un mapa que va desde las capitales hacia el interior, desde las grandes ciudades donde el problema es menor, aumentando conforme te vas alejando. Lo que ha bajado si es la violencia pero sigue la estructura de la coima de plata y sexual, y estas cosas más rabiosas están puestas en aquellas personas migrantes con alguna situación irregular en sus papeles. Lo que más les conviene es coimear, quedarse quietitas, ya que no tienen tiempo para perder: tienen que mandar plata para sus países, tienen que pagar esos hoteluchos de mierda en los que viven. Es como las cajas chinas, vos abrís y descubrís nuevos sujetos vulnerables.

Muchas cosas han cambiado, aunque a distintos niveles. Por ejemplo, la gente que viene de afuera naturaliza esto y piensa que acá la vida es increíble. En Venezuela, la policía y la gente que está en la calle es un problema, porque van y directamente les disparan. Tenemos una compañera que vino de allá y está toda baleada. Entonces al venir acá, un cana les pide plata y les parece que es el paraíso. Son diferentes niveles evolutivos de dinámicas sociales, donde por supuesto Argentina se sitúa como el paraíso, y quienes vivimos en las capitales tenemos diferencias respecto a lo que les puede suceder a las chicas, por ejemplo, en Chaco. Ahí, que te matan a tu padre porque es Qom y se atrevió a mirar a los ojos con furia al jefe. Imaginate ser Qom y además trava. Cierro el orto, no decís nada. Lo mismo con chicas que vivieron en familias de trabajadores golondrina, donde fueron tratadas toda su vida de la misma manera que el ganado o las herramientas. Por eso que después se someten a aprietes de este estilo.

Entonces, es una situación difícil la del progresismo, porque como estamos progresando eso provoca mucha inacción, mucha calma, mucho “bueno, estamos en negociación”. Pero no nos indignamos, no vamos caminando hacia donde está el cadáver en medio de la sociedad. Hay mucho de conformismo y hay paliativos como el clonazepan y el facebook. Entonces vos ponés la foto de una trava asesinada y todos te ponen “me gusta”. Se toman el clonazepan y listo: “Ya milité, ya puse me gusta en facebook”, pero, ¿cómo le decís a esa gente que eso no es suficiente? Es bastante terrible darte cuenta de la magnitud de las cosas, la dinámica permanente de las estructuras. En Córdoba, la policía está tranquila, no te pega pero no te permite sacar el Código Contravencional, a la vez que la sociedad permite por ejemplo que no se deje usar gorritas con visera. Un pibe no puede tener gorra con visera porque va presa o tiene que hacer trabajo comunitario. Pero a la primera de cambio, la policía vuelve con más violencia, y no sabés en qué magnitud ni contra quienes.

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