¿De quién es la isla del tesoro?

Con gigantes moáis y a 3700 kilómetros de zonas habitadas, el pueblo rapanui puja por el derecho a su tierra. Desde Rapa Nui o Isla de Pascua, la soberanía colonizada por Chile.

En el cartel contiguo al edificio donde funciona el Parlamento Rapa Nui, conformado por un representante de cada familia, se lee: “Para el conocimiento internacional, Rapa Nui jamás entregó ni cedió la soberanía al gobierno chileno”. En Rapa Nui – “Isla de Pascua”, en la lengua colonizadora – hay un pueblo que resiste. Herederos de una historia de dominación occidental que transformó su vida social y política, diezmando la población, trastocando su patrón de asentamiento y prohibiéndoles su tierra y hasta su lengua, hoy se organizan para hacer frente a las manifestaciones contemporáneas del colonialismo. Desde el 26 de marzo iniciaron cortes y acampes en los accesos a los sitios arqueológicos, por los retrasos del gobierno nacional en la aprobación de una ley que reclaman hace años. El proyecto presentado persigue una regulación de los movimientos migratorios de la isla para la protección del patrimonio cultural y arqueológico y por la sustentabilidad del medioambiente. Un conflicto entretejido en la lucha por la propiedad de las tierras y por mayor autonomía respecto del Estado chileno. El Parlamento funciona desde el 2001 y en su constitución expresa:

“El poder político ‘corrupto’ ha oprimido a nuestro pueblo, durante largos y crueles años, como colectividad erradicada de su propia tierra, como descendencia originaria e innegable (…) Exigimos, por tanto, la restricción en la entrada y permanencia en nuestro territorio de toda persona ajena al mismo, ya que tal situación hace peligrar la integridad y seguridad de nuestro territorio y sus recursos, al adoptar la forma de ‘nueva colonización’ (…) nuestra evolución histórica cambió bruscamente su rumbo natural tras la colonización de la isla, y todos hemos sido y seguimos siendo, víctimas de un poder político discriminatorio y corrupto. Nuestras reclamaciones territoriales han sido permanentes, y con igual intensidad desoídos desde el primer día que se produjo dicha ocupación. Nuestro deber hoy, es recuperar la identidad individual y social que un día nos arrebataron. Reclamamos nuestra identidad y por lo tanto anunciamos nuestra autonomía a través de la creación de nuestras propias estructuras de gobierno”.

Parlamento Rapanui
Parlamento Rapa Nui.

La toma de posesión de Rapa Nui por parte del Estado Chileno fue en 1888. La historia suena conocida: un grupo comandado por el marino Policarpo Toro, llegó a la isla con un documento en español y otro en rapanui mezclado con tahitiano. El texto en español hablaba de cesión sin reserva de la soberanía plena a Chile. A su vez, el texto en rapanui mezclado con tahitiano no hablaba de cesión de soberanía y usaba el concepto de mau te hoa kona (traducido como “amigo del lugar”, que estaría relacionado con una anterior solicitud de protectorado francés) y además indicaba ia i haka tika i ta ite runga, iraro ina he kainga kai ta (traducido como “escribir sobre lo de arriba, lo de abajo no se escribe aquí”, lo de arriba excluye a la propiedad de la tierra). La tradición oral rapanui indica que días más tarde, al izar Policarpo Toro la bandera chilena en la isla, el rey rapanui le dijo “Al levantar tu bandera no quedas dueño de la isla porque nada hemos vendido”. La mujer a cargo de cuidar el Parlamento durante el primer día de la toma, agrega a la historia: “Ellos no sabían español. Yo tengo 60 años y soy de las primeras generaciones en hablarlo fluidamente. Entonces eso fue un abuso, se aprovecharon. Y a mi abuelo lo mataron. A él con otro grupo que integraban el Consejo de Ancianos se los llevaron en una embarcación y los envenenaron en el trayecto. No los vimos más”. A partir de entonces, la cultura rapanui dejó de ser un orgullo para convertirse en una amenaza. Las familias dejaron de hablar la lengua con sus hijos por temor a que fueran discriminados y para alentarlos en un manejo fluido del español. “Para que tuviéramos más herramientas para enfrentar la vida moderna”, agrega Noe, guía turística rapanui de 30 años graduada en España.

A partir de ese momento, los rapanui quedaron encerrados como “inquilinos” en su propia tierra, ahora propiedad de manos ajenas. La isla pasó a ser administrada por la Armada de Chile, que a su vez la arrendó en su totalidad a la compañía ovejera Williamson-Balfour hasta la década de 1950. En este contexto, arrinconaron a los rapanui en el pueblo de Hanga Roa, que aún hoy es el único núcleo poblacional y constituye un porcentaje mínimo del territorio total de 163,6 km2. A su vez, en las primeras décadas del siglo XX el Estado chileno inscribió la totalidad de las tierras de la isla como “tierras fiscales”, violando y usurpando la propiedad ancestral rapanui. Para luego declarar como parques nacionales al 80% de la isla. La historia de Rapa Nui testimonia otro caso en el que los indígenas han sido desplazados de sus territorios ancestrales, esclavizados e incluso exterminados. La colonización supo superar el proceso de descolonización que siguió a la Segunda Posguerra, ahora bajo la forma del Estado de Chile.

Los 15 moáis de Ahu Tongariki.
Los 15 moáis de Ahu Tongariki.

***

“Esta mañana llegué al paso hacia Rano Raraku con un grupo de visitantes y me encontré con que estaba bloqueado. Y que detrás del corte, estaba mi padre”. El padre de Noe integra el grupo que desde el jueves 26 de marzo está cortando el acceso al volcán del que se extraía la piedra para la elaboración de los gigantes moáis, estatuas de piedra monolítica encargadas de proyectar el mana (fuerza espiritual y sagrada) sobre el pueblo, venerados por los rapanui entre los siglos XII y XVII. A un lado del cráter volcánico, se encuentra la cantera donde esculpían los moáis y donde hoy cientos de ejemplares permanecen semienterrados, configurando un paisaje único: el de una historia viva. Es el destino principal de los viajeros que visitan Rapa Nui y uno de los dos lugares en donde se ubican las casillas de la CONAF (Corporación Nacional Forestal) administración estatal del Parque Nacional, donde se solicita un ticket de ingreso de 60 dólares. Dinero que, reclaman los rapanui, no se queda ni se reinvierte en la isla, sino que es recaudado por el gobierno nacional para ser redistribuido según su criterio. Como el padre de Noe, hay otras decenas de rapanuis distribuidas en todos los caminos del Parque Nacional bloqueando las entradas a los sitios arqueológicos. Noe caminó sobre sus pasos y le explicó a su grupo:

Cantera de Rano Raraku.
Cantera de Rano Raraku.

– Desde esta mañana, el Parque se encuentra tomado por decisión del Parlamento Rapa Nui como una medida extrema de presión al gobierno chileno para que apruebe la Ley de Migraciones, que se nos promete desde hace décadas. No es contra el turismo, nosotros estamos felices de compartir nuestra cultura y la historia de nuestro pueblo. Lo que se reclama es una regulación migratoria. Por un lado, para hacer valer los derechos ancestrales de los rapanui sobre la isla y por el otro, para proteger la sustentabilidad del ambiente. Rapa Nui se encuentra superpoblada y nos enfrentamos a un agotamiento de recursos. Esperamos que sepan comprender y nos mantendremos informados.

De acuerdo al último censo, en la isla viven 5.761 personas con permanencia fija en la isla, de las que solo 2700 son rapanuis. El resto lo conforman chilenos continentales atraídos por la calidad de vida de la isla y algunos otros extranjeros que llegaron con fines turísticos o científicos y decidieron quedarse. Cuando se habla de la calidad de vida en Rapa Nui, básicamente se refiere a que no hay pobreza en términos sociológicos. La actividad económica está centrada en el turismo y la pesca. Además, se estima que otras 2 mil personas constituyen una población “flotante” que oscila estacionalmente por trabajo entre la isla y el continente. El problema es que el aislamiento geográfico genera una cierta fragilidad de la isla, que tiene espacio, recursos y posibilidades de inversión limitados. El endurecimiento en los requisitos para la residencia permanente en la isla responde a problemas en el manejo de los residuos, fuentes de agua potable, sobreconsumo de electricidad y agotamiento de recursos para la construcción, que ya evidencian una sobrepoblación y un desequilibrio ecológico. Rodeados de puro Océano Pacífico hace décadas ya decidieron derivar sus desechos cloacales hacia cámaras sépticas, opción poco viable para la Europa que ha hecho del Mediterraneo su inodoro principal. Las estadísticas indican que en el mundo hay 3 mil rapanuis. “Cada uno de nosotros es completamente único y somos una representación singular de nuestro pueblo. No existe otra persona en el mundo con mi nombre y apellido”, dice Noe, la guía turística local.

Imágenes: NosDigital
Imágenes: NosDigital

Al llegar a Rapa Nui desde Santiago de Chile no hay ningún tipo de control. De no ser por la pista y, claro, por el avión, no parece un aeropuerto. Antes de aterrizar se reparten unas papeletas de “llenado opcional” que solo se entregan de forma voluntaria. El proyecto de ley para la regulación migratoria que vienen presentando desde Rapa Nui contempla un registro electrónico actualizado y eficaz de todas las personas que ingresen al territorio, su fiscalización, el establecimiento de un tiempo límite de estadía y sanciones por incumplimiento. A partir de una serie de negociaciones con el gobierno chileno se habían logrado los acuerdos para sancionar esta normativa y se habían acordado los plazos, que tenían al pasado enero como última fecha. Sin embargo, sigue siendo una deuda. “No se trata de racismo ni clasismo. No queremos echar a nadie de aquí, solo queremos regularlo”, aclara Noe.

Aunque la organización social para la lucha de los rapanui aún es fragmentaria e inestable, es un pueblo con una larga trayectoria de resistencia. Una de las principales conquistas es que solo los rapanui pueden ser propietarios de tierra en la isla. Sin embargo, el conflicto étnico-territorial se continúa acentuando. En los últimos años, se ha dado un activo proceso de ocupaciones territoriales pacíficas que afectó tanto a tierras fiscales, dependencias públicas y propiedades privadas, emplazadas en tierras que fueron usurpadas a familias rapanuis. Estas medidas fueron violentamente reprimidas por las fuerzas policiales chilenas.

Cortes a los territorios ancestrales.
Cortes en los territorios ancestrales.

Al tercer día de los cortes, se decidió dejar ingresar a visitantes solo si iban acompañados de un guía rapanui. Los criterios son móviles y las estrategias se redefinen y comunican periódicamente. Hablar de independencia no deja de ser una posibilidad si bien entienden que no es el momento de asumir las responsabilidades que implica para los rapanuis. Aunque el temporal en el norte del país concentra la agenda oficial con la Presidenta Bachelet en Copiapó, la medida pacífica, que los rapanuis califican de “extrema”, tiene como único objetivo llamar la atención de la prensa y del gobierno chileno. Con pocas repercusiones fuera de la isla, el horizonte siempre es más amplio. Desde el Parlamento Rapa Nui, sientan posición:

– El reclamo es por mayor autonomía y control sobre nuestro territorio. Entendemos que esto resulta amenazante para el gobierno chileno porque no quieren perder control sobre lo que para ellos son “tierras fiscales” y porque también temen que esto fortalezca los reclamos de indígenas chilenos. Pero nosotros no somos nativos americanos, si bien respetamos y acompañamos su lucha, nuestra situación es completamente distinta y las leyes chilenas no deben considerarnos como uniformes y homogéneos. La independencia siempre es una opción. Pero nos mantenemos conscientes sobre la viabilidad de ese proyecto y en este momento, no estamos preparados para hacernos cargo.

Voces enterradas

“Puel Kona es un grupo de música mapuce fusión”, así se definen.  Desde la  comunidad Newen Mapu, ubicada en Neuquén Capital, estallan las voces de estos militantes de la comunicación que reivindican su identidad y denuncian el etnocidio que los intereses capitalistas siguen perpetrando en sus tierras.

Los nombran y por inercia a los minutos los googleo, son de una comunidad de Neuquén Capital que se llama “Newen Mapu” y significa fuerza de la tierra. La descripción de facebook dice “Puel Kona es un grupo de música mapuce fusión”. Me queda sabor a ganas de más y abro una nueva pestaña en el buscador, entro a youtube, escucho “Clandestinos”, corte de difusión de su primer disco. A mitad del tema les mando un inbox, no están online. Otra nueva pestaña me lleva a twitter, los sigo y les pido un contacto. Llevo el mouse hasta youtube nuevamente, ya estoy tarareando el estribillo.

La mañana siguiente empezamos a charlar. Del otro lado del teléfono me atiende Lefxaru, guitarra y voz de la banda. Resolvemos seguirla por mail, tienen una estructura horizontal y no quieren que la conversación quede en una sola voz. Casi mágicamente a pesar de los kilómetros se suman Aylin (voz), Amaru (teclados y voz), Umawtufe (bajo y Xuxuka), Ñamku (Xuxuka, xompe, sikus), Lucio (Batería) y Malen (saxo).

 

“Clandestino en tu propia tierra, extranjero en tu propio origen. Es nacer y ya estar condenados, existir pero ser invisibles” (Puel Kona – Clandestinos)

La comunidad “Newen Mapu” está cumpliendo sus primeros treinta años. Puel Kona nació, creció y fortaleció su identidad mapuce a la par del progresivo afianzamiento de la comunidad en la que vive. Proceso conflictuado muchas veces por el hecho de estar situados en la ciudad donde sistemáticamente se los volvió ajenos a su propio territorio. Este estigma recae sobre ellos como un azote difícil de imaginar para nosotros: Su vínculo con el territorio no se reduce a una mera funcionalidad, sino que es parte estructurante de su cultura. “Mapuche” quiere decir “gente de la tierra”, pero con una sutileza que el idioma conquistador no deja entrever: primero son tierra (“mapu”) y luego gente (“che”). Se vuelve más claro, entonces, que el despojamiento territorial y la devastación cultural son dos caras de un mismo proceso. “Si bien nuestros padres se encontraban en la ciudad, y nosotros nacimos y nos criamos en estos espacios, nunca nos fuimos de territorios mapuce porque somos parte de este territorio que nos da origen e identidad, al igual que nuestros antepasados. Nosotros no hemos emigrado de nuestro territorio, sino que es la ciudad la que se instaló dentro de territorio mapuce”, lo dicen convencidos. Abren una grieta en un sistema que apuesta a negarlos, una grieta por donde se filtra la luz.

La adolescencia los encontró ante la necesidad de comunicar quiénes eran y rebatir todo eso que querían imponerles. El impulso los llevó a formar Kona, un centro de comunicación en el cual empezaron a decir en diferentes formatos. Eran la primera generación adolescente dentro de la comunidad y llevaban dentro años de voces que habían querido ser silenciadas. A ellos les tocaba gritar “Creemos que tenemos muchas cosas por decir desde nuestra propia perspectiva, para que nadie hable por nosotros sino que nosotros tengamos nuestras propias voces mapuce para poder contar nuestro sentir, nuestras posiciones”.

En su búsqueda del decir, de encarnar en palabra tanta historia, llegó la música para poder decir mucho más. “El hecho de constituirnos como banda fue todo un aprendizaje, porque no hacíamos música desde antes, no éramos músicos ni habíamos estudiado música. Más que nada comenzamos a hacerla porque nos dedicábamos a  comunicar y la música era otra forma de comunicación. Pero a medida que fuimos creciendo como banda, fuimos aprendiendo un montón en relación al sentimiento musical, y a entender que no era tan sólo una forma más de hacer comunicación como nosotros creíamos, sino que es algo mucho más profundo, que tiene que ver con relacionarse con tu propio interior, con las vivencias que has podido experimentar a lo largo de tu vida, de tus sentimientos, de tus sensaciones, de cómo entendemos nuestra espiritualidad, de cómo vivimos nuestra identidad”  

Cuando cantan, una mezcla de sentimientos se entrecruza. El dolor, la alegría, la nostalgia, la tristeza, el amor y la esperanza se hacen presentes en su voz para gritar que la identidad mapuce está viva y con mucha fuerza para proyectarse. “Nos hemos sentido o nos han querido hacer sentir como extranjeros en nuestra tierra. Desde la Campaña del Desierto hasta ahora hemos sufrido la invasión territorial, por intereses petroleros,  por el turismo, por la minería, por los estancieros, por el agua. Fundamentalmente, en un primer momento para responder a la necesidad de la Argentina agro exportadora, y luego hasta el día de hoy, en función de intereses capitalistas que valoran mucho más los beneficios económicos que la vida”.

La grieta sigue sumando nuevos gritos que la expanden, el deseo colectivo motoriza la producción de una nueva forma de concebirse a ellos mismos por fuera de la mirada eurocentrista única, totalitaria y excluyente. Las fusiones de ritmos que pasan por ska, hip hop, reggae, chamamé, saya, cumbia, entre otros, hablan también de la pluralidad que defienden. La diversidad potencia la energía, los temas te mueven casi sin darte cuenta, transmiten alegría, celebran la vida.

“No creo en tu frontera, no me hagas el dominio. Jura tu bandera que demasiado duro ya es tener que ir a tu escuela donde se niega tu identidad y te enseñaran una historia ajena” (Puel Kona – Clandestinos)

El conocimiento es también una forma de colonización, es meterse con lo más profundo de tu subjetividad e imponer nuevos sistemas de entender el entorno para echar claridad sobre una única forma de saber y meter todo el resto en un agujero oscuro y profundo. La educación se encarga de transmitir esta univoca forma de conocimiento académico. “Desde niños tenemos que asistir a una escuela en donde nos enseñan que los mapuce no existen o que si existen viven perdidos en un paraje del campo en donde no hay caminos. Que no existimo, y que si existimos somos borrachos y vagos. Que no existimos y que si existimos hay que tratar de que aprendamos a dejar de ser mapuce”

Ellos no se callan y toman la decisión de cantar en castellano y en mapuzugun, dos puntas del mismo puente que pretende unir. “Para nosotros es fundamental recuperarlo, fortalecerlo, ayudar a despertarlo en las generaciones más jóvenes porque allí se encuentra toda nuestra cosmovisión”. Entienden que es necesario apropiarse de estos espacios que tienden a invisibilizarlos y trabajan para resignificarlos, para construir nuevas relaciones que no dejen a nadie afuera, en donde cada uno pueda ser libremente aportando a la diversidad cultural. “Criticamos una educación que es la que representa Sarmiento, negando lo originario de este territorio y valorando elementos extranjeros. Con esto no queremos decir que queremos generar discriminación a la inversa; sino que creemos que hay que fortalecer cada una de las culturas para que entre todos podamos aprender a respetarnos y convivir dentro del espacio territorial que compartimos”

“A nosotros como jóvenes nos ha tocado dar la discusión en nuestros espacios de formación y construir alianzas, relaciones con sectores de estudiantes que también entienden la necesidad de valorar la diversidad cultural con la que contamos. Así trabajamos para poder aportar a este cambio desde la educación, porque es la base fundamental para poder pensar otro tipo de sociedad y otras relaciones más fraternales e incluyentes”. Desobedecer. Cuestionar. Organizarse. Contrainformar. Construir. Descolonializarse. Sentir. Puel Kona, los “Guerreros del Este”, sigue luchando, sigue agrietando.

El mundo a través de nuestros ojos

Movidos por un espíritu transformador, un grupo de jóvenes cuestionadores de las miradas impuestas y las fórmulas extranjeras, conformó el colectivo Santa Conciencia. La hebra que atraviesa este tejido de sueños y reflexiones es la identidad latinoamericana. El 9 de diciembre, en el Centro Cultural Adanbuenosayres, convocan por tercer año consecutivo a un encuentro para pensar la región, desde los procesos comunes hasta las experiencias múltiples. El lenguaje privilegiado para intercambiar saberes será el arte, en sus diversas manifestaciones y rescatando la creatividad de lo lúdico.

“Los latinoamericanos producen, no son espejo, no son producto ni residuo europeo, sino que son gente que hace, produce, crea sentido. Nos reivindicamos como gente activa, como Latinoamericano activo, que puede hacer” ¡LATINOAMÉRICA VIVA! De eso se trata la propuesta, de movernos, ir, escuchar, participar, intervenir, conocernos, reconocernos.

Ellos lo proponen y nos invitan. Un grupo de estudiantes, en su mayoría de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, que se juntó por el año 2010 con el deseo de cambiar el mundo hoy conforman el “Santa Conciencia”, que lleva adelante todos los años el encuentro “La Niña, La Pinta y La Santa Conciencia” Sí, un nombre un poco irónico que alude a uno de los temas principales de su agenda, la colonización. Lorena, una de esas cuatro idealistas de los inicios, recuerda con sonrisas los primeros tiempos: “Lo que nosotros planteábamos en ese tiempo era construir la identidad latinoamericana, creíamos que teníamos que crear una conciencia latinoamericana. Queríamos ser una especie de Robin Hood, pero no podíamos serlo porque no somos tampoco quienes para decirle a la gente qué es lo que tiene que hacer, pero teníamos esa visión de querer cambiar el mundo”.

Aquel primer encuentro que hoy parece un poco lejano se hizo en el Centro Cultural Los Bohemios, en la Cancha de Atlanta, junto con un colectivo que se llama el MAL (Movimiento Artístico Latinoamericano). Hay cosas que no cambiaron, desde un principio la columna vertebral de la idea fue el enorme y casi inalcanzable tema de lo latinoamericano. “En un primer encuentro lo que hicimos fue una performance, que era un circuito que estaba en la calle y por el que tenías que transitar por el pasado, por el presente y por el futuro. Nuestro pasado era como en los pueblos originarios antes de la colonización, el presente lo tratamos de meter con todo lo que era tecnología: televisores, computadoras colgando y era también interactivo porque pasabas te chocabas y al final podías intervenir en una tela grandísima con algún recorte, dibujo, frase. Y el futuro lo dejamos blanco, esperanzador, era un espacio de proyección”.

El tiempo modificó la dinámica de trabajo y la cantidad de gente que interviene en el proyecto. Para la segunda edición se repensaron las estrategias y se optó por abrir el abanico de participación. “En el segundo encuentro quisimos tercerizar las actividades y llamamos a los artistas que conocíamos y que tocaban algunas temáticas”. Si bien el resultado fue positivo, una vez más “Santa Conciencia”, se sentó a replantear el armado del tercer encuentro y volvió a darle una nueva vuelta de tuerca. Ya no preferían que vengas con tu número, lo hagas, termines y te vayas. Ahora la búsqueda pasa no por sumar, sino por integrar muchos otros colectivos para reforzar la pluralidad de voces y darle fuerza entre todos al grito de su lema “Cultivando la identidad latinoamericana”.

Las chicas que comparten una mesa , una charla y una tarde con nosotros son parte del grupo coordinador, junto a otras seis personas, que se encarga de la gestión integral del evento y que nos aclaran la nueva modalidad de trabajo, modalidad que recalcan es horizontal e igual de participativa entre todas las partes. Entre anécdotas de ediciones anteriores que se cuelan anónimas, nos cuentan cómo junto al resto del colectivo pensaron la fecha de este año: “Desde ese grupo quisimos organizar el encuentro conceptualmente para que no sea simplemente un tercero que viene, aporta lo que ya tiene y se va. Decidimos convocar colectivos de trabajos y establecer ejes temáticos para que cada colectivo o entre colectivos se trabaje y darle así una integración conceptual al encuentro y que haya un trabajo previo para organizarnos mejor entre todo. Estuvimos armando pre encuentros con estos colectivos donde les mostramos cuáles eran los ejes que habíamos pensado, dimos los lineamientos generales, pero abrimos el juego a que en los pre encuentros se tiren ideas y que cada colectivo se interese por un eje particular”.

La idea se completa con el juego y la participación. Ya lo dijimos, somos gente activa que produce y todas las actividades que se ofrecen tienen que ver con lo lúdico, lejos de ser simplemente una bajada de texto. Música en vivo, talleres, teatro, performances, charlas, artes visuales, juegos al aire libre y muchas otras propuestas completan la grilla articulada en los ejes que se desprenden de la casi infinita cuestión Latinoamericana: colonización y neocolonización, educación, pueblos originarios, dictaduras militares en América Latina, género y naturaleza y recursos naturales nos llaman a poner el cuerpo y participar. Cada uno de los ejes se presentará con un video que está haciendo trabajar duro a la comisión de Audiovisuales, una de los tantos grupos de laburo que se articulan para darle forma al encuentro. También hay encargados de golpear puertas y conseguir financiación, ¡tarea de las más difíciles!: “Al principio el que se encargaba de recaudar fondos iba a grandes empresas donde no le pasaban ni cinco de pelota, entonces la nueva estrategia fue ir a los negocios que están alrededor del parque y ahí nos dieron un poco de bola”.

Durante tres intensivos años, “Santa Conciencia” maduró y aunque los ejes principales no cambiaron, hoy a partir de su nombre que puede generar contradicciones, prefiere dejar en claro lo que se quiere lograr compartiendo una jornada: “El objetivo no es generar conciencia, no es que un grupo vaya y dé conciencia o ilumine las cabezas de la gente; no, no es ese el objetivo, sino más bien que se generen espacios de reflexión, nosotros siendo parte de esa reflexión. Es un intercambio horizontal, pretendemos que sea eso”. Lejos de la idea de inyectar conciencia en la puerta mientras vas entrando, lo que se pretende es generar espacios participativos para que entre todos se pueda montar un entramado de ideas que genere que te vayas a tu casa con una nueva noción de la identidad latinoamericana. “Cambiar ese sentido común de que los Argentinos descendemos de los barcos y encontrar algún vinculo, generar empatía con otras manifestaciones culturales nativas. Que descendemos de los barcos es en parte verdad y en parte mentira, es un cincuenta porciento”

En búsqueda de un intercambio verdadero y recíproco, la cita queda hecha para el domingo 9 de Diciembre desde el medio día en el Centro Cultural Adán Buenosayres ubicado en el Parque Chacabuco. Entendiendo que es imposible hablar de un continente homogéneo, pero en búsqueda de reivindicar que sí hay un proceso histórico común  que tuvo experiencias comunes de múltiples maneras pero que sigue una línea que nos lleva a generar empatía entre países, que nos une y nos empuja a repensarnos.