El mar sin agua

Crónica desde el desierto de Guajira colombiano, un paisaje de película, donde las comunidades indígenas Wayúu son visitadas por turistas pero viven sin luz y sin agua potable. Las muertes se cuelan fuerte entre los chicos y los prenatales.

Las comunidades indígenas Wayúu del desierto de la Guajira, límite colombiano con Venezuela, viven sin luz y sin agua. “Viven” es una forma de decir, ya que ese departamento colombiano tiene una de las tasas más altas de mortalidad infantil y maternal de Colombia.

De acuerdo con el Departamento Nacional de Estadística colombiano, el total de la población guajira en el año 2014 es de 932.157 habitantes, de los cuales 379.404 son indígenas. En el período 2008 – 2013 murieron 2.969 niños menores de cinco años. 278 fallecimientos correspondieron a desnutrición, los restantes 2.691 responden a otras patologías, de las cuales muchas podían haber sido tratadas si los servicios funcionaran eficientemente.

Si a esa cifra se le suman las muertes fetales, que en el periodo 2008 – 2013 fue de 1.202, da un total de 4.171 niños, desde la gestación y hasta los 4 años de edad, muertos en la Guajira. El SIVIGILA, Instituto Nacional de Salud colombiano, reporta que allí en las primeras ocho semanas del 2014 murieron 3 niños por desnutrición y nacieron 47 niños con bajo peso al nacer (lo que implica igual número de madres gestantes o lactantes con desnutrición). La morbilidad materna extrema presenta 47 casos en el 2014 y la mortalidad perinatal y neonatal tardía llega a 20 casos.

Surcar el desierto

Pasando Uribia (llamada así por Rafael Uribe y que al mismo tiempo es la Capital Indígena de Colombia), está Cabo de la Vela. Muchos turistas colombianos y venezolanos se acercan a este pueblo Wayúu para pasar un fin de semana de aventura, sin luz, sin agua, pero con paisajes de película. Para llegar hasta allá el colectivo que alberga momentáneamente a los turistas abandona el camino asfaltado, luego de que su chofer le cargue nafta en un puesto maltrecho al borde de la ruta, donde el combustible traído desde Venezuela cuesta la mitad. Los turistas empiezan a aferrarse mejor a sus asientos: el paisaje se va tornando cada vez más hostil. Después de pasar un bosque de kilómetros de cactus, el horizonte se apodera de todo. Un espejismo les hace creer que ven el mar, pero no: es el desierto que se los tragó enteros. Divertidos, los turistas se sienten unos aventureros. La fantasía se les corta enseguida: más allá del espejismo, una persona cruza el desierto en bicicleta.

Los turistas observan mejor el suelo que aplasta las ruedas del colectivo: es blanco como la arena, y está lleno de caracoles. Allá donde hace miles de años hubo un mar, ahora cientos de caminos abiertos por ruedas de bicicleta y pasos firmes surcan el suelo. Es que los indígenas que viven en Cabo de Vela y sus alrededores, unos 900 aunque no existen cifras exactas, no tienen ningún transporte público que los lleve desde la capital de municipio Uribia hasta sus rancheríos. Los turistas recuerdan las vías del tren que se extendían paralelas a la ruta de asfalto. Ese tren, custodiado por puestos de policía cada cien metros, sólo va y viene hasta la mina de carbón, unos pocos kilómetros más allá.

Caramelos por la ventana

Después de una hora andando por el desierto, una personita se acerca corriendo al colectivo. Exige su peaje: caramelos. Si los turistas quieren pasar, lo nenes Wayúu deben tener sus dulces. Los turistas piensan que el colectivo va a parar para que ellos puedan darles a los nenes los caramelos en mano. Pero no: el guía les indica que deben tirar los dulces por la ventana, bien lejos, no sea cosa que los nenes se golpeen contra el vehículo… Los turistas preguntan que por qué esa forma; el guía los mira extrañado: “bueno, porque así fue siempre acá”.

Los nenes tienen semejante ilusión con tener caramelos que los turistas se resignan con arrojárselos desde la ventanilla. Ya las casas se hacen cada vez más frecuentes y el desierto se va terminando. Los nenes siguen saliendo de todos lados, bajo un sol inclemente y de lugares que los turistas hasta ahora creían inhabitables, algunos con sus uniformes de escuela – donde, nos dirán luego, casi no caben todos.

El pueblo empezó, una calle sin autos se abre frente a la trompa del colectivo y una pequeña sala de salud se hace presente, que a pesar del esfuerzo de los médicos y enfermeras realiza sólo intervenciones menores. Para cosas graves hay que atenderse en Uribia, a dos horas. La calle principal se extiende unos 900 metros hacia el frente, paralela a un mar turquesa sin olas a pesar del viento fuertísimo.

El desencuentro

Los turistas llegan a la posada donde se estiran las hamacas donde van a dormir. Notan que a lo largo de la calle se extiende un cableado eléctrico. El dueño de la posada, sentado orgulloso sobre una moto moderna que luego cargará de chivos para la cena, explica que se instalaron porque “en un momento nos iban a poner luz”. Yendo para la mina de carbón, el enorme campo eólico Jepirachi de 1,2 kilómetros cuadrados se extiende aprovechando los fuertes vientos de la Guajira. Produce 19,5 MW que se van a la moderna Medellín, capital del eje cafetero colombiano, y ninguno queda en Cabo de la Vela.

Varias mujeres Wayuú se acercan a los turistas, al mismo tiempo que les marcan una distancia enorme. Les ofrecen sus bolsos y pulseras tejidas. La mirada esquiva, la sonrisa imposible, las palabras pocas. Hablan entre ellas en su idioma Wayúunaiki. Les pueden sacar una foto, pero ellas luego se las cobran. Los turistas pueden estar ahí, pero sólo tienen para aportar los pesos para comer, cuando se vayan.

El primer día de estadía incluye el agua; el segundo ya no.

En el 2011 la Acaldesa de Uribia Cielo Beatriz Redondo Mindiola, en el ocaso de su mandato, comenzó la instalación de una planta para purificar el agua del mar, pero desde que se fue el agua potable sigue siendo un sueño. Ahí quedaron, como el cableado eléctrico, los caños y las duchas esperando transportar un poco de agua. Por ahora, tres veces a la semana un camión del municipio de Uribia abastece de agua a los habitantes de Cabo de la Vela; en temporada alta cuando el turismo sube el servicio es diario.

Ya se acercan las once de la noche y algunos Wayúu se apoyan en el tapial de la posada para ver la televisión que acompaña la cena de los turistas. En un rato los generadores que brindan luz al pueblo se van a apagar. Así que algunos indígenas ya reposan en sus hamacas, algunos al aire libre ya que no hay peligro de lluvias: hace dos años que no cae una gota. “Un cielo para todos”, reza un mural despintado en la pared de uno de los pocos ranchos de material: una promesa gubernamental que no se cumplió. Esa es la única presencia del Estado colombiano en la tierra de los Wayúu.

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“Yo no soy tan crack como dicen”

Eder Álvarez Balanta, además de ser el jugador más aplaudido de River y el central al que apunta el Barcelona, es un colombiano de 20 años que lleva una vida de grande en Buenos Aires. “No es cómodo. Es como si todavía me costara asimilarlo”, dice sobre la fama, las fotos y los saludos por la calle. Y analiza:  “Yo soy como todos. Acá se pone al jugador de fútbol a una altura que yo no sé si tiene”.

Eder Álvarez Balanta tiene un quilombo con las fotos.

Fotos: Nos Digital
Fotos: Nos Digital

No es una fobia, pero prefiere el invierno antes que el verano para poder andar con capucha y que nadie lo vea. Ya tiene en clara la escena: cuando alguien se le acerque, le pedirá una sola foto, pero para cuando se esté apretando el botón de la cámara, aparecerán otros cuantos que aprovecharán la generosidad presentada y pedirán una y otra imagen más. Podría andar con auriculares haciéndose el boludo, escuchando salsa y música religiosa -sus géneros preferidos-, pero teme que alguien lo tilde de agrandado al no reaccionar frente a un saludo.

Por la calle, le gritan Negro, Negro Balanta y hasta Pantera. En el Monumental, en los segundos explosivos previos a que arrancara el Superclásico, el estadio entero coreó su apodo.

En Facebook, hay 37 páginas creadas a su nombre -una de ellas, supera los 40 mil adictos-. Ninguna de esas es de él.

En Twitter, hay una cuenta falsa (@EderABalanta) que, pese a que el club informó en reiteradas ocasiones que era apócrifa, tiene más de 30 mil seguidores.

Hace apenas siete meses que debutó en el fútbol argentino, pero ya se volvió un ídolo. En menos de un año de carrera logró el sueño de cualquier pibe: salir en la tapa de los diarios deportivos españoles como anuncio del próximo gran fichaje del Barcelona. Aún así, él prefiere ser invisible. Por una única razón que explica con los modos y las costumbres de un niño de veinte años que sale del vestuario con una mochilita de colonia de vacaciones, que piensa en pasar la tarde jugando al play -dice “el pley”, en vez de “la pley”, como dicen los argentinos- y que, cuando llegó a Argentina en 2011, estuvo los primeros tres meses hablando con un sólo compañero por timidez.

“Yo no soy tan crack como dicen”.

***

Balanta habla como si estuviera estresado. Algo, en el mundo de la pelota, no le convence. El predio de Ezeiza de River está despoblado: el entrenamiento terminó a las 11.50, los jugadores almorzaron hasta las 13.35 y recién a las 13.51 se acerca, pidiendo que nos busquemos algo de sombra. Germán Pezzella -su actual compañero de defensa- lo interrumpe para explicarle que hoy no podrá llevarlo a su casa. “Andate con Ramiro”, le dice, señalándole a Funes Mori. Ellos son sus dos choferes, aunque él, entre risas, aclare el asunto: “Son dos buenos amigos que me ayudan y me traen hasta el entrenamiento. Tengo que aprender a manejar. Para mí, un auto no sería un lujo sino una herramienta de trabajo porque me facilitaría muchas cosas”. Esa es apenas una de las tantas muestras de esos dos mundos que lo incomodan: el ser un niño común al que lo llevan y lo traen y el ser un futbolista profesional al que le ruegan la firma de una camiseta.

– ¿Cómo es cambiar de vida en siete meses?

– Es que se me dieron muchas cosas que yo no esperaba. Toda la vida había elegido en el play a los equipos donde estaba Trezeguet. En la selección de Francia o en la Juve. Y, de repente, estaba compartiendo camerino con él.

– En la play, ¿elegís a los equipos en los que estás vos?

– Me siento raro jugando conmigo mismo. No es cómodo. Es como si todavía me costara asimilarlo. Yo jugaba en Colombia y, desde chiquito, había soñado con ser jugador de fútbol, pero nunca había pensado que podía darse en River Plate. Estaba muy lejos como para imaginarlo.

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Fotos: Nos Digital

– Aparecer en los jueguitos de la play es todo un salto a la fama, ¿cómo te llevás con el tema de que te reconozcan en la calle?

– Es raro. No es que no me gusta ni que me guste que me pidan fotos. El problema no son las fotos. El problema es que a veces uno no está preparado para eso. Yo siempre fui muy solitario y es raro que te reconozcan por la calle. Es entendible. Pero muchas veces me puede pasar que yo esté mal o esté bien y no quiera sacarme fotos porque tengo un mal día o porque quiero estar tranquilo y no puedo.

– ¿Nunca le preguntaste a Trezeguet cómo manejar esas situaciones?

– No, la verdad que no. Aunque Trezeguet habrá aprendido con tantos años a manejarse en esta situación.

– Aún así, hoy todos piden sacarse una foto con vos y debe ser difícil esquivar eso.

– Yo soy como todos. Acá se pone al jugador de fútbol a una altura que yo no sé si tiene. Yo soy normal. A veces estoy mal, a veces estoy bien. Yo soy como todos: cuando estoy triste, lloro, cuando estoy contento me río y cuando me enojo estoy cabrón. Como todos. Pero entiendo que la gente sea así, aunque no me parece que yo sea lo que la gente dice que soy. Acá todos hablan de fútbol. Es una de las cosas que más me sorprendió de Argentina. Desde una señora de setenta años, una abogada, hasta un niñita todos hablan de fútbol y conocen a los jugadores. En Colombia no es tan importante.

– Cuando la gente te cruza en la calle, ¿te habla de fútbol?

– Sí, y de muchas cosas que yo no puedo opinar. Me pasa seguido con los taxis o los remises. El conductor me empieza a preguntar cosas que yo no sé. Me dice: “Tal juega de tal forma” y después me pregunta: “¿Es así?”. Y yo no puedo responder nada. Me habla de mis compañeros y yo le digo que le pregunte a ellos, porque qué sé yo.

– Acá, en el plantel de River, ¿alguien los aconseja?

– Acá nos hablan mucho el Lobo Ledesma y Ponzio. Nos explican sobre los entornos y sobre la prensa. La prensa es difícil porque están diciendo cosas todo el tiempo. Yo entiendo que es el trabajo de otros, pero trato de no meterme. Porque muchas veces son rumores y yo no puedo vivir de los rumores porque si no mi cabeza estallaría. Si yo le diera importancia a todo sería complicado porque es difícil adaptarse. Trato de mantenerme al margen de esas cosas, aunque no es tan fácil. Porque uno no puede dejar de ver la televisión o apagar todas las radios o no ver qué hay.

– ¿Disfrutás en algún momento esto que te está pasando?

– El momento que yo más disfruto es cuando estoy en la cancha. Últimamente, sólo disfruto cuando estoy en los entrenamientos o en los partidos. El resto no la paso tan bien. Porque no puedo estar tranquilo. Me estreso un poco. Camino por la calle y tengo que sacarme fotos y no me gusta tanto. Supongo que el jugador tiene que estar preparado para eso. Pero por todas las cosas que se dice es difícil. Y hay que cuidar los entornos, la gente con la que uno está. A mí no me gusta salir de noche, ni los boliches, me gusta estar con familias amigas o ir a comer y nada más. Pero es complicado.

– Antes del último Superclásico, en una nota con el diario Olé, dijiste que no te sentías cómodo en la previa de esos partidos, ¿por qué?

– Es que se vive con mucha tensión. Cuando estoy en la cancha, ya está. Pero los clásicos se viven de una forma incómoda. Argentina tiene mucha pasión por el fútbol. Pero perder un partido no es la muerte de un familiar querido y a veces cuesta entenderlo. El fútbol sólo tiene tres resultados que son ganar, empatar o perder. Es lógico que cuando ganas, te sientas feliz. Que cuando empatas, pienses en lo que hay que mejorar. Y que cuando pierdes, no te sientas tan bien. Pero no es tan dramático perder y aquí se vive eso como algo muy difícil.

***

Balanta habla como si su cabeza fuera el colmo de su proceder. Ya jugó dos Superclásicos, torneos internacionales, tiene dos goles en Primera, tapas del diario Mundo Deportivo y del Sport que lo dan como el sucesor de Puyol y un ejército que le ruega a José Pekerman que lo convoque a la selección de Colombia. Pero eso no basta. No es su reflejo: “Muchas veces, me pongo muy tenso”. Es lógico: su vida deportiva, todo el tiempo lo obliga a decidir haciendo futurología.

medio b

– Llegaste en 2011 a River, ¿cómo fue, teniendo 17 años, tomar la decisión de dejar Bogotá para venirte para acá?

– La decisión fue siempre difícil. Yo ya estaba en buenas condiciones en el club en el que estaba. Era un equipo que estaba jugando en la Segunda División del fútbol colombiano. Cuando me salió la posibilidad, dudé mucho. Estaban las historias de jugadores colombianos que se habían venido acá, que no les había ido bien y los habían dejado tirados. Era difícil arriesgarse. Yo no tenía nada seguro acá. Yo tenía simplemente muchas expectativas, no tenía nada que me asegurara que pudiera quedar.

– ¿Tus papás qué decían?

– Mi mamá era la que más miedo tenía. Los papás de uno siempre quieren que uno esté bien, que uno no pase por malos momentos en la vida. Mi papá un poco desconfiaba. Nos demoramos mucho en tomar la decisión. La persona que me trajo había tenido una reunión con mi papá, pero mi papá tampoco estaba tan seguro de dejarme venir.

– ¿Lo definieron sobre la hora?

– Sí, porque aparte de todo, el primer viaje tenía que pagarlo yo. Ida y vuelta. La persona que me traía se ocupaba sólo de mi estadía acá y de llevarme a algunos clubes a probar. Cuando llegó el tiempo de viaje, mi papá no tenía la plata para costerarlo. Era enero, habían pasado las fiestas. Un tío, que es mellizo de mi papá, que es el que hizo el contacto para que yo viniera acá, vino un día y dijo que ya había comprado el ticket. Y yo todavía no había dicho nada, ni siquiera en mi club de Colombia. Tenía 17 y estaba por cumplir los 18. A mí me costó bastante por la inseguridad de saber si las cosas iban a salir bien o no. Yo venía para acá y dejaba todo tirado en Colombia. Si esto iba mal, bueno, iba a tener que volver y no sabía cómo me iban a recibir nuevamente.

– ¿Tuviste que dejar muchas cosas allá?

– El venir acá era adaptarse a otra cultura, otra clase de comida, otras costumbres. Allá tenía una rutina programada y venir acá me cambiaba todo. Tuve que dejar mis amigos, mis familiares, mis primos, todos quedaron allá y siempre es difícil desapegarse de esas cosas.

– ¿Eras de los que más se destacaban en tu club de Colombia?

– No. De hecho, entre los 12 y los 15, fui suplente. Tenía problemas de crecimiento. No sé si como los de Messi, pero necesitaban para mi posición a alguien más grande. Aunque no llegué a hacer ningún tratamiento: se dio solo, crecí y listo. Pero estuvieron a punto de sacarme del club en el que estaba.

– Acá viniste y te probaron en Argentinos.

– Estuve unos días entrenando ahí. No es que no me aceptaron, los días en que estaba ahí me surgió la posibilidad de ir a River. No tenía todo tan seguro acá. Fue muy duro. Era volver a tomar una decisión.

– ¿Cómo sos vos en esos momentos en que tenés que tomar decisiones?

– Cuesta mucho. Por ahí no se nota tanto la tensión, pero siempre en la intimidad cuesta tomar las decisiones. Uno tiene que pensar en todas las variables que se puedan dar.

– ¿Habías terminado el colegio?

– Me falta terminar. Cuando yo vine de Colombia me faltaba por hacer el último año e hicimos las equivalencias y, en el sistema de acá, me faltaban hacer dos años. Hice el primer año en River, que era como el cuarto año acá. Yo vivía en una pensión en frente del Museo de River. Me quedaba todo fácil porque entrenaba por la mañana, almorzaba en la confitería y después me iba a estudiar. Después me mudé a Caseros, Provincia de Buenos Aires, y ahí me pasó que me llevaron a entrenar con la Reserva en Ezeiza. Ya después no me daban los horarios. De pronto, más adelante lo podré terminar. El fútbol es muy duro y uno nunca sabe si una lesión puede llegar a complicarlo todo. Entonces hay que seguir formándose.

– ¿Y qué te gustaría estudiar?

– En Colombia, se acostumbra a terminar la escuela secundaria y después seguir una carrera universitaria. Nunca pensé bien qué me gustaría, pero me interesa el deporte. Todo lo que tenga que ver con educación física o nutrición deportiva creo que es interesante. Ahora me gustaría ocupar más mis tardes. Quiero tener menos tiempo libre y poder estar ocupando el tiempo en mi cabeza para no tener que pensar. Creo que podría estudiar idiomas.

– ¿Cómo era esa vida en la pensión en frente del Museo?

– Los primeros tres meses me costaron mucho. Tenía muchos problemas de comunicación para con mis compañeros. Al principio, no hablaba con nadie. En la pensión había jugadores, pero también gente que hacía otras cosas. Empecé a relacionarme con Federico Vega y hubo un momento en que era el único con el que yo hablaba. Pero mi vida era ir a entrenar por la mañana, almorzar, cruzar a la pensión y estar ahí todo el día tirado. Hablaba un poco por computadora con mi familia y con mis amigos, pero estaba todo el día tirado en la cama, esperando que fuera el otro día para empezar de nuevo.

– Si no fueras jugador de fútbol y pudieras elegir entre vivir en Argentina o en Colombia, ¿dónde vivirías?

– En Colombia, creo que en Colombia.

***

eder balanta

Un mediodía de hace dos meses, la noticia circuló fuerte: estaba vendido por 8 millones de dólares. Daniel Passarella, presidente de River, viajaba por Europa y algunos medios de comunicación anunciaban que había cerrado el acuerdo por el defensor colombiano. Nadie lo confirmaba. Cuando Balanta prendió su celular, vio el mensaje de un periodista que le preguntaba por el asunto. Él respondió: “No sé si sea tan cierto todo lo que se dice. Es un rumor y nada más que un rumor”.

– ¿Cómo reaccionaste el día que un dirigente de River dijo que valías 10 millones de dólares?

– Él sabrá lo que dijo. Habrá que preguntarle a él. Yo no soy tan crack como todos dicen. No me siento realmente así.

– ¿Pero cómo hacés para estar tranquilo si en todos lados dicen que te vendieron y vos no sabés nada?

– Mis amigos me escriben por Facebook desde Colombia y me dicen: “¿Es cierto que te vas al Barsa?” Y yo les digo que no, que no me han dicho nada, que son rumores. Y ellos me dicen: “Pero están diciendo que te vas”. Y yo les digo que no y ellos me dicen que sí. Y yo ya no sé qué decirles. Porque si yo, que soy el implicado, les digo que no es cierto y ellos me siguen diciendo que lo es, se vuelve muy difícil. Por eso son difíciles los rumores y todo lo que se dice.

– Aún así, en el jugador latinoamericano está como instalado que tiene que jugar sí o sí en Europa.

– Hasta que no me digan a mí que me voy, no lo voy a pensar porque no está bien. Yo estoy contento de estar acá y no tengo por qué desesperarme. El jugador de Latinoamerica suele pensar que tiene que ir a Europa. Está como previsto que tienes que terminar tu carrera en Europa y jugar la Champions. Pero yo me lo tomo con calma. Trato de hacerlo. No siempre es fácil, por eso se puede volver un poco estresante el asunto.

– ¿Te metés en los asuntos que tienen que ver con tu pase?

– Trato de no meterme. Sí de estar informado. Pero de saber hasta lo que sea necesario porque creo que si supiera más me sería difícil y me empezaría a hacer mal porque hay cosas que no me gusta escuchar. Tampoco me gusta estar hablando de plata porque no me parece bien.

– ¿La plata en el fútbol es algo difícil para la cabeza del jugador?

– La plata es difícil porque los millones no dicen cómo somos como personas. Y la gente piensa en el dinero y piensan que si tú vales tanto tú debes rendir como ese tanto. Y no es así. Pasa, por ejemplo, con Bale en el Real Madrid, que es el fichaje más caro de la historia y todo eso y ahora él se lastima y se lesiona. Y todos dicen: “No se puede lesionar porque vale tanto”. Pero él es un ser humano y si le duele algo claro que tiene derecho a quejarse. Pero es muy difícil hacérselo entender a la gente, y sin embargo es así.

– Hace siete meses debutaste y sonás como si estuvieras estresado.

– No es que me haya cansado, pero me cuesta asimilarlo. Por ahí viene alguien y me dice sos crack. Y, por ahí, para mí no soy crack. Me hace sentir incómodo. Viene gente y te pregunta que cuándo te vas para Barsa y yo no sé de qué me hablan ni de qué es lo que va a pasar. Es como que me considero menos de lo que la gente dice. Tienen un concepto alto. Pero es normal que haya apreciaciones buenas y apreciaciones malas. Uno tampoco es monedita de oro para caerle bien a todos.

***

Balanta es un chico que vive una vida de grande. Súper grande. De a ratos, le cuesta entender quién es. De a ratos, le disgusta ese mundo en el que está. De a ratos, sabe que todo será peor y mejor, a la vez. De a ratos, sabe que otra vez se sentirá tenso y tendrá que decidir. Pero hay un parte de él que no puede borrar: es tan sólo un joven de Bogotá. Que, donde puede, se lanza una rebeldía.

– Sos el único jugador del plantel de River que siempre anda vestido con un jogging. Sobre todo, uno rojo. Parecés menos arreglado que tus compañeros. ¿No te importa la ropa?

– Mis compañeros siempre me cargan con ese pantalón rojo. A mí me gusta, pero ellos dicen que me lo van a quemar, que me lo van a romper y que lo van a tajear. Yo me lo sigo poniendo. Entiendo que el jugador tiene que tener una imagen. Pero a mí me gusta mi jogging y, para mí, el jogging es estar bien vestido.

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Matrimonio igualitario ilegal

Un paso adelante, dos atrás. Las esperanzas de una parte de la sociedad colombiana se hizo pedazos cuando el miércoles 24 de abril el Congreso echó por la borda la Ley de Matrimonio Igualitario propuesto por el propio partido gobernante –Partido de la U- y militado por años y años por tantas organizaciones y ciudadanos. Medievalismo, insultos, presiones y una legislación permisiva pero no completa fueron el saldo de todo este debate que nuevamente llenó de luz un viejo problema: ¿hasta qué punto las concepciones religiosas pueden determinar los derechos de una sociedad dentro de un Estado constitucionalmente laico?

Seis años de espera

Desde el 2007 los derechos de las parejas homosexuales se hicieron eco en la opinión pública luego de que la Corte Suprema reconociese que la unión de dos personas del mismo sexo constituía una familia a la vez de aceptarles el derecho a la seguridad social, a la pensión y a la herencia; siguiente paso era entonces el matrimonio. Cuatro años más tarde, la Corte le daba al Parlamento, mediante la Sentencia C-577, dos años para conformar una ley que reglamentase este tipo de alianzas. En caso de no cumplirse este mandato las personas de mismo sexo podrían ir a un notario y pedir una unión legal, no matrimonio, que debería ser concedida.

A partir de esa fecha empezaron los movimientos en todas las direcciones: Armando Benedetti del Partido de la U presentó el proyecto de ley, la Iglesia y asociaciones cristianas iniciaron su campaña a favor “de la vida, la familia y el matrimonio” – desempolvando los más áridos pasajes del Antiguo Testamento- y las organizaciones a favor de los derechos de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (LGBT), en viraje opuesto, sus movimientos para contrapesar la catarata homófoba que inundaban las ciudades.

Pero, ¿cómo fue tomado el pliego presentado por el senador por la comunidad LGBT? Luis Felipe Rodas, militante de los Derechos Humanos y (por ende) de la comunidad LGBT nos cuenta: “En general el Proyecto fue visto como algo muy positivo para la comunidad, aunque hubo un par de voces en contra que consideraban que debíamos esperar hasta el 20 de junio para dar cumplimiento a la Sentencia C-577. Sin embargo estamos exigiendo el Matrimonio Igualitario, no aceptaremos términos diferentes, por ello la mayoría de organizaciones y personas de la comunidad LGBTI, vimos el proyecto de Benedetti como un proyecto que nos reconocía plenamente y que garantizaba nuestro Derecho al Matrimonio”

Recién en el mes de abril del 2013, seis años después de la primera sentencia judicial, se dirimió en los pasillos del Congreso la posibilidad histórica de ampliar las libertades civiles a este grupo históricamente violentado, excluido y desprotegido.

Un mundo de odios

Ostentando el puesto número 16, Colombia es uno de los países con la mayor tasa de homicidios del mundo según el último informe de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito[i], con una tasa del 31%, por encima de territorios como el Congo y México, y duplicando la media americana. La población LGBT es particular damnificada en este clima de alta violencia, debido a que son blanco fácil para los crímenes de odio, como por la impunidad en que quedan estos casos debido a la desidia y omisión de la policía, la justicia y el propio gobierno.

El último informe realizado por la organización Colombia Diversa[ii] del bienio 2008-2009 mostraron la muerte de 127 personas LGBT por razones ligadas a su orientación sexual. Junto con esto, en 81 de los casos no hubo ningún tipo de investigación, solo en 5 hubo una sentencia y en 10 se estaba llevando a cabo una investigación penal. El departamento de Antioquía cosechó el 51 de las víctimas, siendo segundo con un tercio el departamento de Valle de Cauca y tercera Bogotá con 14.

Por último, las 127 muertes remarcaron un aumento de treinta víctimas más del bienio anterior, 2006-2007, con 99, con poco menos de la mitad quedando impunes.

“Es un sexo sucio, asqueroso, un sexo que merece repudio”

A lo largo de las primeras tres semanas del 2013 se desarrolló este conflicto, primero en la opinión pública, luego en las butacas parlamentarias.

-9 de abril: El Episcopado colombiano envía una carta los Senadores, instándolos a respetar la Constitución nacional que consagra al matrimonio como propio del hombre y la mujer. Firmado por el Cardenal Rubén Salazar López, Arzobispo de Bogotá y José Falla Robles, Obispo Auxiliar de Cali afirmaban quedado que las uniones de personas del mismo sexo poseen, incluso biológicamente, características que las diferencian netamente de la unión que se establece entre un hombre y una mujer, sería injusto otorgarles el “privilegio” de un reconocimiento y de una tutela jurídica que pueda equipararlas al matrimonio o a la familia. La justicia exige que dichas realidades sean asumidas por el Legislador con un criterio diferencial. La justicia, en efecto, no es dar a todos lo mismo sino a cada uno lo que realmente le corresponde”. Tal vez, el lector entre tanta Palabra Santa y las brumas del Espíritu Santo se haya perdido, así que subrayemos un punto clave en la posición eclesiástica: “El Estado tiene, ciertamente, la obligación de eliminar toda forma de discriminación injusta que pueda ser ejercida contra los homosexuales o contra cualquier otro ciudadano (…) muy distinto, es querer brindar a estas uniones un reconocimiento jurídico que, implícitamente, subvierte el orden establecido por la naturaleza humana y por nuestro marco constitucional y legal”[iii].

-Siendo un país con fuerte presencia de grupos evangelistas, ¿cuál fue su posición?

Luis Felipe Rodas: Jugaron un rol significativo, de hecho hubo un pacto firmado por el actual presidente del Congreso, el Senador Roy Barreras, con una Iglesia Cristiana donde se comprometía a no aprobar el matrimonio para las parejas del mismo sexo, todo esto con el fin de poder ganarse los votos de tantas y tantos cristianos en Colombia. v

Los Senadores del Partido Político MIRA, un partido formado por integrantes de la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional, también hicieron presión ante los Congresistas para que este proyecto no fuera aprobado.

-23 de abril: nuevo debate parlamentario. Durante seis horas los diferentes grupos políticos postularon sus posturas. Cabe especial mención al más de 40 años senador nacional Roberto Gerlein, quien incluso más papista que el Papa denunció a las relaciones entre personas del mismo sexo como: “sexo sucio, asqueroso, un sexo que merece repudio, es un sexo excremental”, pero fue más allá en su clase de biología: “A mí nunca me ha preocupado mucho el catre compartido entre mujeres, porque ese homosexualismo no es nada y sin trascendencia, pero compartido por dos varones es un sexo sucio”. Gracias señor senador por la palabra.

¿Cómo convivió la el carácter de Estado laico con las argumentaciones religiosas a la hora de legislar este hecho?

Luis Felipe Rodas: La Constitución Política de Colombia reza que este es un Estado Social y de Derecho, pluralista y diverso, democrático y participativo, eso es lo que debe respetar el Congreso.

Nos encontramos con el Señor Alejandro Ordoñez, Procurador General de la Nación y fanático religioso, quien se ha opuesto enérgicamente al reconocimiento de nuestros Derechos, ha buscado la manera de manipular y manejar al gobierno colombiano,  para votar en contra todos los proyectos de Ley que busquen reconocer nuestros Derechos.

Carlos Monsivais, escritor mexicano, ya lo ha dicho: “en la homofobia el prejuicio se vuelve ley”, eso pasa en Colombia, los prejuicios se vuelven Ley.

-24 de abril: Voto en el Senado. 51 contra el proyecto de ley, 17 a favor, mientras afuera los grupos reaccionarios vitoreaban: “No callaré, no callaré, el matrimonio es entre un hombre y una mujer”.


[i] http://www.unodc.org/documents/data-and-analysis/statistics/crime/Homicide_statistics2012.xls

[ii]http://colombiadiversa.org/colombiadiversa/images/stories/PUBLICACIONES_FINAL/

DOCUMENTOS/INFORMES_DH/documentos/SituacionderechoshumanospersonasLGBT2008_2009.pdf

[iii] http://www.lafm.com.co/noticias/cardenal-ruben-salazar-se-135670

Colombia pensando en la paz

Jorge Enrique Botero dio la primicia del inicio de las primeras negociaciones en diez años entre las FARC y el gobierno colombiano, que comenzarán en Oslo, Noruega, el 5 de octubre. Es el periodista mejor informado sobre el conflicto armado en Colombia, y escribió cuatro libros sobre el tema que fueron récord en ventas. Botero compartió una tarde cálida en Caracas con NosDigital, días antes de partir a Colombia, su patria natal, para seguir desde la primera fila el proceso de negociación que, espera, culmine en un pacto de paz que termine con el conflicto que hace cinco décadas existe en el país centroamericano.

Desde Caracas, Venezuela

Mientras tomaba su gaseosa de naranja y sacudía su camiseta de Independiente de Santa Fe para espantar el calor, Botero afirmó que hace ya un año que se vienen dando los acercamiento entre las FARC y el gobierno: “eran secretos, bajo el sigilo absoluto, no hay detalles todavía de cómo fueron exactamente, pero estuvieron blindados de influencias negativas que pudieran tener en el caso de que hubieran sido públicos, me parece que fueron construidos con mucha sabiduría”. Aclaró que se dieron en medio de los más cruentos combates, que llevaron a la muerte del máximo jefe de las FARC, Alfonso Cano y del comandante militar el Mono Jojoy. “Detrás de esos acercamientos, estuvo el acompañamiento de personas como Fidel y Raúl Castro, Hugo Chávez y un actor muy especializado en el tema de las negociaciones de conflictos armados: Noruega, país que en este momento sirve de mediador”.

-¿Esta negociación llega por que hay un “empate” entre las FARC y el gobierno colombiano?

-El Estado colombiano ha reconocido que es imposible la eliminación del adversario y a su vez la insurgencia ha aceptado que el plan que construyó con tanto ahínco durante casi cinco décadas para llegar al poder por la vía militar tampoco es posible hoy en día. La balanza no está tan equilibrada como hace quince años, está inclinada a favor de las fuerzas regulares, pero las fuerzas armadas revolucionarias fueron capaces de contener la enorme ofensiva que se vino contra ellos, que tenía 500 mil miembros de la fuerza pública, más de 10 mil millones de dólares de apoyo norteamericano, más de mil asesores militares gringos en Colombia, contratistas norteamericanos veteranos de guerras antiguas, y una asignación presupuestal por parte del Estado de más de seis puntos del PBI colombiano. Una nueva generación de comandantes guerrilleros y una gestión que logró salirse de la corriente ultra derechista que predominó en los últimos gobiernos de Colombia, han conseguido firmar el pacto y dar inicio a negociaciones formales que se iniciarán en Oslo y terminarán en La Habana, con el firme propósito de las partes de no levantarse de la mesa hasta no obtener o suscribir un pacto de paz que le ponga fin a casi seis décadas de conflicto.

-¿Cómo esta negociación puede generar confianza después de la masacre de la Unión Patriótica? (donde hace 30 años la Alianza Política entera, militantes y dirigentes, fueron aniquilados por el paramilitarismo)

-Yo creo que sería impresentable ante el mundo que el gobierno fuera incapaz de garantizar que una fuerza política surgida de un acuerdo de paz no pueda ejercer con todos sus derechos en el ámbito de la política. Si ello llegase a suceder, Colombia tendría que ser considerada un Estado fallido por la comunidad internacional. Quedaría en el más absoluto aislamiento y correría con terribles consecuencias en sus relaciones internacionales. Sería la propia comunidad internacional la que obligaría, incluso legitimaría el derecho a la insurgencia armada y a la revolución. Si tu me preguntas a mí, periodista que hace veintitantos años que cubre solo el tema de la guerra, la paz y la política, te diría que eso no va a volver a suceder, no puede volver a suceder.

-¿No volvería a suceder porque el gobierno colombiano no lo haría o por la fuerza de la comunidad internacional?

-No volvería a suceder porque fue un experimento puesto en marcha por fuerzas absolutamente retrógradas, oscuras, que a mi modo de ver hoy en día tienen poco peso político dentro de la realidad nacional. No quiero menospreciar el poder de la derecha, sé que van a intentar por todos los medios obstaculizar un proceso de paz, y más que eso van a tratar de obstaculizar la existencia de una paz duradera si es que se llega a firmar. Pero pienso que así como el Estado fue cómplice durante muchos años de las fuerzas armadas de la derecha, de los grupos paramilitares, de los escuadrones de la muerte, tiene también hoy en día no sólo la suficiente información de inteligencia si no también la capacidad de ponerle punto final a esa máquina de muerte que azotó más que nada a los campos de Colombia. Es también el Estado el que ahora cuenta con la voluntad política de un sector muy grande de lo que podríamos llamar el establecimiento tradicional de Colombia, que en una actitud que yo incluso calificaría de pragmática, ha entendido que el país no puede seguir desgastándose en la prolongación de este conflicto hasta quién sabe cuándo.

Botero hizo una pausa para que el ruido que sale del estéreo de un auto desaparezca y no moleste en la grabación. Mientras seguía con los ojos el recorrido del bólido sonoro contó lo que parece ser una buena noticia: en el documento escrito que las partes firmaron y que ya está circulando, un párrafo establece el compromiso del gobierno colombiano sobre el desmontaje de lo que queda del paramilitarismo, eso supone que serán las misma fuerzas militares las que se encarguen de golpear al paramilitarismo que siga aún presente.

Por un momento los árboles de la verde Caracas se reflejan en los ojos del colombiano y recuerdan a la selva espesa que habita las FARC. Él, que mediante sus libros narró el amor, el nacimiento y el coraje en medio de la guerra, es el más indicado para hablar sobre la vida en los campamentos de las fuerzas revolucionarias: “Yo no dejo de maravillarme con la capacidad de movilidad que tienen las FARC, de ir construyendo en su eterno andar en la selva y en la montaña, pequeñas aldeas, sobre la base del esfuerzo conjunto. Es una de las actividades típicamente solidarias donde todo el mundo hace el papel de todo el mundo y las cosas confluyen mediante el esfuerzo colectivo. Son lugares donde encuentras en medio de la precariedad unas condiciones de vida muy soportables”. Sus ojos marrones y verdes por el reflejo, brillan más que nunca en toda la entrevista y la sonrisa se le asoma a medida que avanza con la descripción: “Todo lo que hacen es con lo que les da la naturaleza, es increíble. No puedo olvidar la frase de una persona que llego allá por primera vez, y saliendo me dijo: ‘ésta es la forma ideal de sociedad, en términos de armonía’. La rutina es dura, se levantan muy temprano, trabajan todo el día, evitando el peligro o detectando a su enemigo, planeando atacar. Eso quizás hace que ellos sean tan unidos. En la atmósfera se siente una calidez, una cosa colectiva. Por supuesto hay las mismas pobrezas y grandezas humanas que en cualquier grupo social. Celos, pasiones y pequeñas telenovelas circulando todo el tiempo en el ambiente. Los jóvenes que llegan sin saber leer ni escribir, aprenden; entre las armas y el rigor militar y la disciplina, van creciendo como seres humanos”.

-¿Quiénes son los que integran hoy las FARC?

-Son básicamente jóvenes colombianos de tempranas edades que viven en situaciones extremas en el campo, cuyo futuro es absolutamente borroso por no decir negro. Buena parte de las chicas lo hacen quizás observando el destino de sus hermanas, de sus propias madres, dedicadas a la prostitución. Los muchachos tienen el horizonte de expectativa de vida muy reducido, primero porque su acceso a la educación ha sido nulo y segundo porque las fuentes de trabajo son muy escasas. Eso diría que es un 65% de la gente que ingresa o compone las FARC. El resto provienen de las zonas urbanas, son muchachos que han tenido mucho más acceso a la educación, en su gran mayoría jóvenes que ejercieron la política legalmente y que han visto caer compañeros o han sido víctimas de amenazas y que tuvieron que huir y deciden no renunciar a sus convicciones y ante la imposibilidad de hacerlo públicamente toman el camino de las armas. Un porcentaje muy reducido, pero importante, por su valor simbólico, proviene de otros países. Tenemos la historia aún por contar de un joven argentino que llego hace ya diez años; la famosa holandesa; jóvenes de otros países europeos y latinoamericanos. Hay un fenómeno muy curioso: muchos ingresan detrás de sus padres, incluso de sus abuelos. Quizás por lo extendida que fue la guerrilla a través del tiempo. Es por ellos que las FARC se mantienen, y además, la principal razón, es porque tienen una base social importante. Colombia es un país de un millón doscientos mil kilómetros cuadrados, toda la densidad demográfica está concentrada en la zona andina y tirando hacia las costas. Pero una porción gigante del terreno nacional es muy poco densamente poblada y totalmente abandonada por el Estado. Son zonas emblemáticas de presencia revolucionaria, comunistas desde hace décadas. El Estado colombiano se dio cuenta de que allí hay gente y que esas relaciones con la guerrilla no son extinguibles porque están muy profundamente arraigadas.

 

-¿Qué significaría para la oligarquía por un lado y para la izquierda latinoamericana por el otro el cese del conflicto armado?

-Debe haber sectores de la derecha de este continente muy consternados. Hay muchos que le han apostado a una guerra eterna en la que se permite todo tipo de jugadas oscuras. La oligarquía venezolana debe estar muy preocupada, porque merced a la existencia del conflicto han podido movilizar tropas paramilitares desestabilizadoras en buena parte de los1500 kmde frontera y han prendido campañas de acusaciones muy fuertes contra Chávez sobre la supuesta presencia de las FARC en Venezuela. Seguramente también les resulte incómodo a todos aquellos, que no son pocos, que se estaban enriqueciendo con la venta de armas. Inclusive a aquellos que lucraban del hecho de que como el país está en conflicto y sus inversiones eran de alto riesgo, la recompensa que obtenían eran mucho más altas que en otro países. Para la izquierda es una formidable noticia, el escenario para el éxito de una propuesta de izquierda en Colombia se abre maravillosamente, se va a poder demostrar toda la fuerza acumulada a lo largo de estos años, y van a poder brotar y surgir toda una cantidad de experiencias organizativas y de fuerzas políticas que han tenido que resguardarse para evitar el aniquilamiento. Creo que si se pacta esa paz va a ser una victoria para las fuerzas de la izquierda.

“Chaco es un lugar estratégico para EE.UU.”

En un período de gran discusión acerca de la soberanía en Argentina, nos preguntamos, ¿cuán presente sigue estando Estados Unidos en nuestro continente y en nuestro país? Constantes son las fuertes declaraciones antiimperialistas de ciertos mandatarios para con la potencia, pero, ¿cuánto es discurso, cuánto es realidad? Nos juntamos con Leandro Morgenfeld autor de Vecinos en conflicto para desentrañar esta relación tan antigua como compleja entre el poderoso Imperio y América Latina, donde los golpes de Estado, las bases militares, las presiones bilaterales y hasta el espionaje siguen tan vivos en el siglo XXI.

NosDigital

-Bases de Estados Unidos en Colombia, Perú, Paraguay, Argentina ¿Cuán profunda es su presencia en América Latina?

-Es bastante grande la presencia de Estados Unidos y de la OTAN aquí. Según últimos estudios muestran que hay 47 bases militares extranjeras en el continente, incluyendo las inglesas en Malvinas y en las Islas Georgias del Sur. Mismo, está encaminado el plan de abrir una base humanitaria muy controvertida en el Chaco. Estados Unidos está tratando de reposicionarse en el continente. En el 2008 el gobierno de Bush reimplantó la IV Flota de Comando Sur, destinada específicamente a América Latina. Durante 50 años la flota estuvo desactivada porque Latinoamérica no es un continente donde haya ningún tipo de conflicto militar, pero esta medida indica que hay una necesidad de Estados Unidos de reafirmar que, lo que históricamente fue su patio trasero, lo sigue siendo. Esta necesidad se explica por qué en los últimos años hubo un proceso de reintegración de los gobiernos latinos sin su tutela, aumentando las relaciones con otras potencias, como Rusia y China. Y esto les preocupa.

-¿Las bases están presentes en todos los países de América Latina?

-No, no están en todos los países, e incluso hubo algunos que avanzaron en el proceso de desactivarlas. El más importante es el caso de Ecuador, que durante el gobierno de Correa desarticuló la base de Mantra, mostrando que sí se puede avanzar en este tema. Entonces, Ecuador ya no tiene más bases.

-Ya hablamos de Correa, pero también Chavez y Evo Morales han sido los que públicamente más mostraron sus diferencias con Estados Unidos. ¿Cuánto hay de discursivo y cuánto se manifiesta realmente esto?

-En América Latina hay que hacer una distinción entre tres grupos. El Eje Bolivariano, que tienen una política exterior que discursivamente es antiimperialista o simplemente antiestadounidense, como el caso de Cuba, Venezuela, Bolivia y los demás miembros del ALBA. Su discurso se manifiesta con ciertas prácticas: denunciar la injerencia de la Embajada norteamericana -incluso la expulsión de embajadores-, el cierre de bases militares. Mientras en el punto de vista comercial siguen manteniendo relaciones pero también hay una búsqueda de diversificar los intercambios con otros países. Hay una política interesante que discute esa pretensión  de hegemonía estadounidense. Después está otro grupo, el de los alineados al Norte que son el Eje Pacífico, donde podemos contar a Costa Rica, Panamá, Chile y Colombia. Finalmente el Eje del Mercosur, que tienen una política intermedia, a través del mismo Mercosur o el UNASUR. Pero estos países, que al mismo tiempo hablan de una inclusión latinoamericana, sostienen una relación oscilante. Así, en Argentina mientras el año pasado se fueron dando distintos roces bilaterales y un mayor discurso antiestadounidense, después de las elecciones hubo una política de acercamiento.

-Dentro del Eje Mercosur, ¿estas diferencias se dan por posiciones ideológicas o son de carácter coyuntural?

-Hay una cuestión ideológica y otra de la cohesión del discurso interno. Argentina permanentemente se queja del proteccionismo norteamericano, lo cual está bien, ya que éste y la Unión Europea establecieron sanciones contra el país por este tipo de medidas. Esto es algo histórico argentino, que viene de los gobiernos conservadores incluso, porque la economía nacional tiene una relación más competitiva que complementaria con la norteamericana y los productores agropecuarios yanquis tiene una capacidad de lobby muy grande que generan estos choques. Esto se ve a lo largo de la historia, más allá de que sean gobiernos conservadores, radicales o peronistas. Hay una actitud ambivalente del gobierno argentino. Desde las elecciones que busca reencauzar las relaciones con Obama, pero no lo hace como en los 90’con las relaciones carnales. Cuando vemos el tema de YPF, Argentina toma una política que desde puntos de vista nacionalistas hacía tiempo se venía pidiendo. Pero cuando se busca la forma de buscar inversiones, una de las grandes apuestas es buscarlas en la Mobile o la Exxon, las dos grandes petroleras de Estados Unidos.

-Con la explosión del neoliberalismo en los ´90, diferentes actores sociales y políticos han salido a la luz con una gran movilización y visibilidad pública: movimientos estudiantiles, campesinos, ambientalistas, etc. ¿Cómo entiende Estados Unidos este proceso?

-Sin dudas creo que hay una nueva etapa: mayor integración regional, cambio de gobiernos muchos de ellos luego de rebeliones populares importantes, hizo que la sujeción estadounidense se halla en parte revertido. Entonces, reacciona de diversas maneras. Algunas formas fueron las tradicionales: intentando en el 2003 un golpe de Estado en Venezuela que fue vencida. Pero contra los distintos procesos aplicó diferentes formas de desestabilización, como en Bolivia mediante el intento de ruptura de la unidad territorial alentando la separación de la Media Luna. También lo mismo apoyando el levantamiento policial en Ecuador, el golpe en Honduras que acabó con el gobierno constitucional de Zelaya, que sin ese acompañamiento norteamericano no se hubiera sostenido. Así, hubo una gran decepción de algunos sectores con Obama, que apoyó este golpe en Centroamérica, mantuvo Guantánamo, sigue la IV Flota.

– También hablaste de la base que se está instalando en Chaco…

-Si, se trata de una base teóricamente “humanitaria”, pero financiada enteramente por el Comando Sur, o sea el Ejercito estadounidense. Cómo operará, no se sabe. Pero hay que verlo según cómo Estados Unidos ejerce su intervencionismo a lo largo del planeta. Tiene bases, cárceles ilegales en las que puede aplicar violaciones a los Derechos Humanos que su propia legislación no le permite, siendo Guantánamo el gran ejemplo. Y después la forma de intervención se puede ver de otras maneras. En Venezuela, por ejemplo, financian una cantidad enorme de ONG, que es una forma de penetración, espionaje, buscan trazar contactos en la sociedad que se está trabajando. Otra puede ser bajo la ayuda humanitaria, planes de vacunación.  Ahora, ¿por qué en el Chaco? Habría que ver si es una base humanitaria, porqué está financiado por el Comando Sur, que es la encargada de establecer las relaciones militares con este continente, con un pasado con la Escuela de las Américas bastante nefasto. Uno podría pensar por qué en esa provincia, y se da porque es un lugar estratégico para Estados Unidos, muy cerca de la Triple Frontera, con recursos naturales muy importantes, a la vez que se la suele ver como un lugar de paso del contrabando y a la vez de células terroristas.

Podés seguir y conocer más de Leandro Morgenfeld en http://vecinosenconflicto.blogspot.com.ar/ y en @leandromorgen

Un gol del realismo mágico

Parece una historia escrita por Gabriel García Márquez, pero no. Marcos Tulio Coll Tesillo es el autor del único gol olímpico en la historia de los Mundiales, hace exactamente 50 años. En sus bodas de oro, desde su Barranquilla, nos recuerda cómo fue aquel tanto que le marcó en Chile ’62 a la Araña Yashin, el mejor arquero de la historia. “No es por presumir, pero shoteaba como los dioses”, recuerda este personaje que también habla sobre su idilio con Adolfo Pedernera, la realidad colombiana y la del fútbol argentino.

Si viene desde las tierras de Gabriel García Márquez, es posible. La frontera entre lo risible y lo creíble se desdibuja, ficción y realidad juegan un juego que sólo ellas entienden y uno queda en el medio, expectante. Sólo una voz, tan endulzada como el mismo aire de Barranquilla, nos devuelve la pared. Hasta ese momento, desde este lado del Ecuador, Marcos Coll podría haber sido un habitante más de Macondo. Pero desde el instante mismo en que le cede sus palabras a NosDigital comprobamos que existe, que vive y no sólo eso sino que también es el autor del único gol olímpico en la historia de los Mundiales. A 50 años de ese tanto, el Olímpico nos contó el secreto.

“3 de junio de 1962”, repite Marcos Coll y calla las dudas que teníamos hasta el primer minuto de charla. Sucedió. No es realismo mágico. Fue en Arica, Chile, seis años antes de la publicación de Cien años de Soledad. Listo: de ahora en más todo entrará en el terreno de la lógica. O algo parecido, porque si lo pensado hubiese salido al pie de la letra, no hubiera habido gol olímpico ni estaríamos escribiendo estas líneas.

Desde el 10 de junio de 1956 (fecha en que se designó a Chile como sede) hasta el 3 de junio de 1962, todo lo sucedido intentó empujar la pelota al gol, el segundo de Colombia en el empate 4 a 4 ante la Unión Soviética que le entregó el primer punto en un Mundial. Una serie de imprevistos puso en riesgo la realización de la competencia. Primero, el Gran Terremoto de Valdivia, el sismo de mayor magnitud en la historia de la humanidad, que fue registrado el 22 de marzo de 1960 y que derivó en la baja de seis de la subsedes que iban a alojar la copa: Talca, Concepción, Talcahuano, Valdivia, Antofagasta y Valparaíso. Por este motivo, Carlos Dittborn Pinto, Presidente del Comité Organizador del Torneo, quiso suspender la realización del mismo.

Pero no. Con el apoyo económico de la Junta de Adelanto de Arica, un ente público de financiación, la ciudad –ubicada al norte de Chile- fue reconstruida y se transformó en el epicentro de nuestra historia. El estadio “Carlos Dittborn Pinto”, en honor al mencionado dirigente y creado para la ocasión, estaba listo para recibir a Perú, equipo sensación del fútbol sudamericano por aquellos años. Pero la selección incaica se quedó afuera en las eliminatorias y así fue como Colombia, virgen en experiencias mundialistas hasta ese momento, logró estar en ese Mundial. Ahora sí. ¿Listos para escribir historia? No, falta. 32 días antes de que comience la máxima competencia de fútbol a nivel selecciones, falleció Carlos Dittborn Pinto. De nuevo la incertidumbre. Aunque finalmente se decidió proseguir con lo planeado.

Segunda fecha del Grupo B. En su debut, Colombia había perdido 2 a 1 ante Uruguay. La URSS llegaba tras una victoria frente a Yugoslavia. Pero este sería un partido a parte. “Terminado el primer tiempo íbamos perdiendo 3 a 1, era imposible”, comienza el relato el protagonista de lo impensado. Y continúa: “Nos fuimos decepcionados al entretiempo y Adolfo (Pedernera) nos dijo que estábamos jugando bien, que podíamos ganarles. Entramos confiados y al ratico (sic) ya llegó el cuarto. Era 4 a 1, ni pensábamos en ganar”.
Hasta que Marcos Coll se salió del libreto. “Un ataque nuestro termina en tiro de esquina por el costado izquierdo. Yo era el encargado de pegarle desde ese lado. No es por presumir, pero shoteaba como los dioses. Los rusos eran tremendas vigas, grandotes, gigantes. Ninguno de mis compañeros les iba a ganar en el salto, menos a Lev Yashin (NdR: “La Araña Negra”, considerado como el mejor arquero de la historia). Entones la tiré a media altura, para que pique y entre. Eso es lo que pasó”, relata el veterano de 76 años que, al contar, se atraganta con las palabras para llegar al desenlace lo más rápido posible como si fuera un adolescente.

Pasaron 50 años y, por ende, mil repeticiones del mismo momento. Pero, así y todo, se emociona siempre en el mismo momento. “Después, la remontada. Ese gol quedó en la historia pero lo más importante fue lo que pasó después. Los tantos de Rada y (Marino) Klinger con los que conseguimos el empate. Y, mejor aún, el abrazo que me dio el Maestro Pedernera”, recuerda.

En sus bodas de oro, el Olímpico habla en singular. En su casa del Barrio Villa Carolina, al norte de Barranquilla, Marcos Tulio Coll Tesillo -cuánto cuesta creer que no salió de un cuento de García Márquez o una telenovela colombiana- todavía sueña. “Mi intención es hacer una escuela de fútbol que forme a chicos y chicas de mi ciudad. Como decía Pedernera, ‘el deporte educa’, y es la única forma de alejarlos de lo malo que nos rodea en un país tan convulsionado como el nuestro: las drogas y la muerte. Me faltaría el apoyo económico para poder terminar el proyecto”, dice y es un grito en el desierto.

“Aquí, a nivel de gobierno y de los políticos, no hay ningún tipo apoyo. No es negocio para ellos, dicen. Los deportistas nos hicimos y nos seguiremos haciendo sólo por actitud personal. Así estamos”, concluye. A punto de pisar las ocho décadas, planea una jugada aún más complicada que aquella que le dio el sobrenombre. Las ‘vigas’ ya no son rusas, son los gringos. La teoría del derrame todavía hace estragos por esos pagos y, a los ojos del neoliberalismo, los pibes son sólo gasto.

Punto y aparte para la versión colombiana. El resto se escribe en criollo.

-¿Qué significó Adolfo Pedernera en su carrera?

-Le aseguro que nadie va a hablar en contra de cómo era él como persona. Fue un maestro de maestros para mí. Muchos me decían que yo era su hijo por el trato particular que tuvo conmigo. Me tomó una gran estima. Lo que yo fui en el fútbol fue por él. Para muchos, Dios es lo más grande. Para mí comparte el lugar con Pedernera.

-¿Qué recuerdos tiene de él?

-En lo futbolístico fue quien me dio la vida. Cuando era entrenador del América de Cali me llevó allí y fue mi consagración. Pero mi historia con él es más vieja aún. Mi padre fue árbitro (NdeR: Elías Coll) y una vez lo pitó cuando jugaba en Millonarios. Yo era un adolescente y fui con un cuadro que tenía con su figura y me lo dedicó. ‘Para Marquitos, como prueba de un sincero recuerdo’, puso. Todavía lo atesoro como el recuerdo más vívido de mi vida.

-¿Tiene miedo que le saquen el récord?

-No se, tengo 76 años y últimamente he de pensar que quizá me muera sin ver otro gol igual a ese. Si me lo llevo a la tumba será más que importante para mí. Igualmente, hoy en día, dudo que se pueda llegar a conseguir un cobro como ese. ¿Usted ve lo que sucede cada vez que hay un lanzamiento desde la esquina? Se pegan, se empujan, es un bodycake (NdR: Torta de cuerpos) impresionante.

-Riquelme casi lo hace en el 2006, ¿lo vio?

-Sí, me hice en los pantalones. Pensé que entraba. De hecho, festejé que no jugara en el 2010, era el único que podía sacarme el récord. Un tremendo jugador de fútbol, de los que ya no hay.

-¿Mira fútbol argentino?

-Sí, soy un enamorado de su liga. De hecho, Adolfo me hizo simpatizante del River. Yo siempre fui hincha del fútbol argentino, pero hoy lo desconozco. Me sorprendo que se busque más en el cuerpo, en la fortaleza. Antes se ponderaba el fútbol de aquellos lados porque se veía fútbol fino. El otro día puse la televisión y miré Estudiantes de la Plata y Rafaela, ¿qué equipo es ese? La cantidad de pierna fuerte, de poco juego, no lo puedo creer. ¿Dónde quedó el Rosario Central del ’70, Independiente de Bochini, la gloria de River?

-¿Qué le pasó a Teófilo Gutiérrez?

-No lo sé, no deja de sorprenderme. Yo soy un admirador suyo pero no logro entenderlo. Cómo puede ser que a un muchacho que se le están abriendo las puertas del triunfo y la posibilidad de asegurarle un futuro a su familia tire todo a la basura. Por primera vez veo un jugador colombiano que se comporte de esa forma. Por más que no triunfen futbolísticamente, no nos caracterizamos por el mal comportamiento, menos los barranquilleros, sino por todo lo contrario. Eso que hizo del boxeo y todas esas vainas, no están bien.

“Instalemos en la agenda continental la necesidad de educación pública y gratuita”

Jóvenes de Colombia y Chile se cansaron de querer ser estudiantes y no poder. A ellos les toca hoy estar en Buenos Aires para seguir sus carreras, y aca se juntan para luchar en contra de que la educación se convierta en una herramienta al servicio de las empresas y el mercado.

Fotos: Vanesa Olea Martinez

Se cansaron de enfrentarse a la resignación y ahora enfrentan cotidianamente a la policía cuando marchan y no los dejan, cuando quieren salir a marchar y antes de concentrarse los detienen. El presidente cafetero Juan Manuel Santos pretende modificar la ley de educación superior y promover el mercado de la educación superior, obligando a las universidades públicas a comportarse como agentes del mercado. En Chile, el pingüinazo del 2006 poco pudo hacer frente a la mercantilización de la educación en todos sus niveles.

Chilenos y colombianos, pero también latinoamericanos en general, se reúnen ahora en asambleas de Buenos Aires y La Platabajo el rótulo de estudiantes exiliados por la educación, sobre la base firme de la convicción de no dejar solos a sus pares y ser capaces de ver lo que está pasando en términos políticos y sociales más allá de los fronteras. Pablo, uno de ellos, comenta: “Si bien principalmente lo que nos motiva son las movilizaciones, allá en Chile con respecto a la educación, la idea es ir ampliando ese espectro de trabajo hacia otros temas, los trabajadores por ejemplo”.

Además se movilizan con agrupaciones de estudiantes porteños. Marchan del Obelisco a Plaza de Mayo, hacen peñas, documentales y cine debate. En la última movilización del año, agrupaciones estudiantiles de izquierda los apoyaron. 29 de Mayo, La Mella, Libres del Sur siguieron a la bandera América latina unida y en lucha por una educación al servicio de los pueblos.

Al principio, cada estudiante chileno en Argentina pensaba que lo suyo era un auto-exilio individual, pero cuando se dieron cuenta de que no eran casos aislados, lo denominaron exiliados por la educación.

 “Queremos instalar en la agenda continental la necesidad de una educación pública y gratuita”, gritan en el Obelisco. “La educación y el conocimiento, que deberían ser un ente liberador, se han convertido en una herramienta al servicio de los intereses de las grandes empresas y el mercado, reproduciendo con esto las desigualdades sociales y económicas, que se agudizan aumentando la brecha entre ricos y pobres”, leen cuando llegan a Plaza de Mayo. “No se trata de compañeros chilenos o argentinos, ni de mayores o menores, sino de construir sociedad, de volver a acercarnos y conocernos. El capitalismo salvaje y el neoliberalismo logró perfectamente alejarnos y que cada uno piense solo en sus intereses”, resume Alejandro, otro chileno exiliado por la educación, días después en la Taberna Popular Vasca del barrio de Monserrat.

 “Mi mamá también vino a Buenos Aires a estudiar 60 años atrás”, piensa una chica mientras camina por Diagonal Norte y dice: “Venimos a Argentina para educarnos. En Chile tenemos que pagar, y no podemos”. “Somos los excluidos de la educación chilena”, salta en un cartel. Otro: “La educación en Chile es un derecho de todos”. “La educación gratuita te permite también trabajar sin preocuparte por tener que pagar la universidad. La educación en Chile no me permite estar con mi gente”, agrega otra chilena mientras para y mira a su alrededor a dos colombianos, uno brasilero, varios argentinos sosteniendo banderas. Repite de cámara en cámara y grabador en grabador: “Si bienla Constitución Argentinamenciona el derecho a la educación a todos los habitantes, nos encontramos con que muchos compañeros no pueden estudiar porque tienen que laburar, porque tienen que poder comer, porque tienen que hacer un montón de otras cosas, la universidad no te garantiza ciertas condiciones mínimas para poder estar acá: el tema de la movilización, la alimentación, la biblioteca, los apuntes”.

Alejandro, en la Taberna Popular Vasca, sigue: “Hay un discurso hegemónico que dice que acá la educación argentina es gratuita, laica y pública. Pero nosotros nos damos cuenta que no está al servicio del pueblo. Yo tengo compañeros de clase media y alta. No hay hijos de villeros. En Chile compañeros míos no quieren el modelo argentino, sino uno que también incluya al pueblo. Aquí no está el problema resuelto. El problema, para él, es el lucro en la educación. Por eso, en las asambleas de La Plata y Capital funcionan talleres de mercantilización. “Yo quiero estudiar aquí para volver a Chile y contarles a mis compañeros que la educación gratuita es posible”, agrega.

Del otro lado de la cordillera no pierden tiempo. Se reúnen a dialogar con el gobierno para presentar sus exigencias, y mientras siguen ocupando los establecimientos: “Con sentarse a hablar con el gobierno no vamos a sacar nada porque no nos quieren dar nada”critica profundo Alejandro. “Lo que queremos nosotros como asamblea es que esta conciencia que tiene el pueblo chileno no la canalicemos en un plebiscito o un diálogo con el gobierno porque esa es la estrategia de la burguesía. Queremos que se siga construyendo poder popular y consciencia. No podemos parar el movimiento con esta democracia tan entre comillas”, sigue. Maximiliano, compañero, suma: “Piñera no es un político, es un empresario. Su elección no nos desagradó. El capitalismo va a caer por sus mismas contradicciones.La Concertación aplacó las diferencias. Durante veinte años durmió a la gente en Chile. Las cosechas de los ‘90, del 2006 y la actual tiene que tener frutos revolucionarios que no sigan la lógica de la democracia burguesa”.

En Plaza de Mayo, Buenos Aires, Argentina concluyen pensando en cada uno de sus países natales, en cada uno de sus vecinos latinoamericanos: la educación no debe buscar solo encontrar una salida laboral, sino ser algo fundamental en la conformación de las bases de una sociedad, la que actualmente está siendo corrompida por el poder empresario neoliberal.