Aborto para todas

A un año de la ley que despenalizó el aborto en Uruguay, el Ministerio de Salud publica datos contundentes. Alcances y limitaciones de una experiencia que habla por sí sola. 

Legalizado en Cuba, Guyana, Guayana Francesa, Estados Unidos y Canadá, Uruguay es el sexto país en América en despenalizar el aborto. En febrero de este año el Ministerio de Salud Pública presentó su informe sobre los abortos realizados entre diciembre del 2012 y noviembre del 2013, con los siguientes resultados:

-Se practicaron un total de 6676 abortos,

-De esos 6676 abortos solo 1240 fueron realizados en menores de 20 años.

-Además, más de la mitad de las interrupciones voluntarias del embarazo (IVE) se hicieron en clínicas privadas (59%)

-No hubo casos de muerte materna en las intervenciones, solo dos tuvieron complicaciones graves (una post aborto ilegal).

-La única fallecida respondió a un aborto ilegal.

¿Qué se deducen de estos datos? Mientras que en Uruguay hay 9 abortos cada 1000 mujeres de entre 15-44 años, la relación en Europa Occidental es de 12 cada 1000, 17/1000 en Oceanía y 28/1000 en el mundo (datos para el 2008)*. Lejos de darse una avalancha de abortos, se mantiene entre las cifras más bajas del planeta.

Sobre la idea de que el aborto es cuestión de adolescentes y clases populares, las estadísticas reflejan que sólo 1 de cada 5 mujeres que abortaron eran menores de 20 años, al tiempo que 3 de cada 5 lo hicieron en clínicas privadas, es decir, mujeres socio-económicamente capaces de pagar por su salud. Por último, la única realidad palpable, y siempre esgrimida a la hora de manifestarse en pro de la legalización de las IVE, es que no mueren mujeres con abortos realizados en establecimientos regulados; la única que perdió la vida fue por un procedimiento clandestino.

Entretelones del Frente Amplio

Esta ley tiene sus idas y vueltas, que estuvo a punto de lograr su máximo potencial durante el gobierno del anterior presidente, Tabaré Vázquez, también del Frente Amplio (FA); pero que fue vetada, para volver ahora bajo una forma mucho menos permisiva que su antecesora. Eliana Gillet, periodista del semanario uruguayo Brecha -del cual fue fundador y colabora, entre otros, Eduardo Galeano- nos cuenta: “Lo paradójico en esta situación fue que Vázquez -médico, católico, masón, candidato al gobierno por el FA de nuevo este año- la vetó. Anuló los artículos que lo despenalizaban apelando a cuestiones personales y de conciencia. Fue un golpazo. Recuerdo que ese día hubo una manifestación espontánea bastante grande en torno a la Plaza Libertad (Plaza Cagancha, en el centro de Montevideo), importante a escala Uruguay, por supuesto. Reinaba el estupor, y fue uno de los primeros momentos de tensión entre cierta parte del electorado frentista, o afín, que hizo mella en su relación con el gobierno. Algunos hablan del fin de la luna de miel entre militantes y gobierno. Fue importante, sin dudas. Y creo que fue más grave aún para los más jóvenes”. Para ese momento el FA tenía la mayoría en ambas Cámaras –Diputados y Senadores-, cosa que en el momento de sanción de la ley vigente no fue así. Y allí empezaron las concesiones.

¿Qué dicta la Ley?

-Despenalización del aborto, no legalización. Esto significa que sigue siendo un delito según el Código Penal, pero que bajo la nueva ley, no es punible siempre y cuando se dé bajo las condiciones que ésta aprueba. En palabras del texto: “La interrupción del embarazo no será penalizada, y en consecuencia no serán aplicables los artículos 325 y 325 bis del Código Penal, para el caso que la mujer cumpla voluntariamente con los requisitos que se establecen en los artículos siguientes y se realice antes de las 12 semanas de gravidez”.

– El aborto es voluntario y sólo puede hacerse en las primeras 12 semanas y 14 en caso de violación. En el proyecto vetado por Tabaré no había límite de tiempo: “Toda mujer mayor de edad tiene derecho a decidir la interrupción voluntaria de su embarazo durante las primeras 12 semanas del proceso gestacional”.

-Antes de abortar, la mujer debe pasar por una consulta con profesionales que le muestran diferentes vías al aborto. En el año de práctica, sólo el 6% de las mujeres dieron marcha atrás luego de ésta.

Médicos que dijeron “no”

Aun así hay un problema grande que limita la facilidad de hacer un aborto: la objeción de conciencia de los ginecólogos a hacer la intervención. Esto facilitó que una gran cantidad de profesionales se nieguen hoy en día a hacer abortos, ya sea por su propias convicciones ideológicas, pero también por la presión de las instituciones a las que pertenecen –en especial aquellas clínicas ligadas a iglesias católicas o protestantes- o por el repudio que les vendría por parte de la comunidad. En Colonia y Paysandú la objeción es de casi el 90%, en Montevideo del 50% y en el departamento de Salto ningún ginecólogo aceptó practicarla, según datos recogidos por Brecha. Como expresó el coordinador del Movimiento de Usuarios de la Salud Pública y Privada, José Reyes: “Cuando hacían abortos clandestinos no primaba la objeción de conciencia sino el bolsillo”. Así, gran cantidad de mujeres deben irse a la capital para hacerse las IVE, con todo lo que ello implica para las familias de bajos recursos.

A pesar de las limitaciones, Uruguay se presenta como un faro al otro lado del Río de la Plata para reflexionar y discutir sobre qué ley nos queremos dar cuando se fuerce la hora de su aplicación.

* http://www.guttmacher.org/pubs/fb_IAW.html#1 Fecha de Consulta, 28/03/2014.