Sur, desalojo y después

¿Qué pasó con las 700 familias que el desalojo del barrio Papa Francisco en agosto dejó sin vivienda? 

Es miércoles, es una bala y es Melina López. Es sábado. Es 2014. Es 23 de agosto, más de 2000 efectivos de fuerzas estatales de seguridad desalojaron el barrio Papa Francisco. Es narco, es política. Es narcopolítica. Es el triángulo de la avenida Fernández de la Cruz y Pola, en Lugano. Es el sur de la Ciudad de Buenos Aires.

La Policía Metropolitana y la Gendarmería Nacional llegaron bien temprano al barrio, con argumentos de allanamientos por el asesinato de Melina López, para expulsar en menos de dos horas a 700 familias que allí tenían su casa. El plan de desalojo no tuvo reparo alguno en qué hacer con la situación habitacional de toda esa gente.

Luego, las topadoras. Las fuerzas de seguridad, garantes del espectáculo de destrucción de todas las pocas pertenencias materiales de las familias. Arrasaron cada casa con lo que había dentro: heladeras, documentos, materiales de construcción, ropa, principalmente todo.

El Hotel Pavón en Constitución funciona desde hace años para Nación alojando a chicos y sus familiares que por tratamientos médicos complejos necesitan permanecer en Ciudad de Buenos Aires por tiempos prolongados. Allí mismo llegaron el día posterior al desalojo dos familias a ocupar habitación.

Tina en su habitación del Hotel Pavón.
Tina en su habitación del Hotel Pavón.

“Es tranquilo aquí. Pero es un hotel, no una casa. No es la solución”. Tina explica su situación, la de tantos: “Me negué rotundamente a recibir subsidio habitacional. Eso puede solucionar nada. La asistente social del gobierno nacional que viene a visitarnos es una presión constante. Nos ofrece de todo para que nos vayamos del hotel. Subsidios habitacionales de $1200 a $1800 por familia, planes de ayudas urgentes, asignaciones por hijo. Todo para que nosotros pasemos a alquilar algo afuera. Con esa plata no se puede conseguir ningún alquiler, cualquiera lo sabe. La asistente llegó a decirnos que si aceptábamos, además de los planes, hay ocho mil pesos más para nosotros que iban a ir a las familias de los niños que están en este hotel. Niños que esperan operaciones de corazón, enfermedades graves. Fue lo que más me molestó, es absurda esa propuesta. Me mato trabajando, y no es para esto. Así que no, muchas gracias”.

Carlos, el marido de Tina, el día del desalojo cayó preso por intentar recuperar pertenencias de su propia casa. Empleado de construcción y padre de dos hijos tiene un historial largo de piezas y piecitas desde que llegó de Bolivia hace dieciocho años: “Antes de Lugano, alquilaba una pieza en Pompeya. Siempre alquilé. Tengo mi hermana que tiene su casa, pero no puedo ir a construirle arriba. Tengo que poder ser independiente. Estuve en el Indoamericano, donde nos dieron folletos del Instituto de Vivienda de Ciudad de Buenos Aires, presentamos todo y nada. Acampamos en el IVC. Dicen que solo a casos especiales pueden darle. Que tiene que quemarse tu casa –pero casa no tengo le digo- o tenés que estar muerto vos, para que tu familia realmente lo necesite. ¿Me suicido y ya está?”.

Carlos, a la espera de su vivienda.
Carlos, a la espera de su vivienda.

Tina interrumpe en un momento clave para responder al discurso de manual que suele atacarlos: “Lo único que pedimos es una facilidad para comprar nuestra casa en cuotas, no pido nada de regalo. Eso lo pueden hacer, pero no está la voluntad política. En Papa Francisco estuvimos 6 meses, habíamos empezado a construir. Yo compré el terreno ahí con la ilusión de que estaba consiguiendo donde iba a estar mi casa. Por fin tengo mi casa creí”.

Me dice Carlos que la muerte de la chica fue parte de un juego sucio para sacarlos. Que no fue un robo. Que el PRO usó a los narcos, que ya conocían a la chica, que fue para tener un motivo para el desalojo de toda esa gente.

Son palabras comprometedoras, complejas: vínculo narco de la política argentina con el asesinato de Melina. Palabras difíciles de comprobar. Igual de difíciles de desestimar.

Hotel Pavón, Constitución, Ciudad de Buenos Aires.
Hotel Pavón, Constitución, Ciudad de Buenos Aires.

Es una historia. Es solo un capítulo de una historia. Es sistemático. La falta de una vivienda digna para estas familias -que claro que no son las únicas- es algo viejo, lleva mucho tiempo. Cinco décadas. Es medio siglo ya. Es el derecho constitucional ignorado. Es ignorar e ignorarlos.

El desalojo fue consecuencia de la ley 1.770 de urbanización sancionada en agosto de 2005 por la legislatura porteña que “afecta a la urbanización de la villa 20, el polígono comprendido por la Av. F. F. de la Cruz, eje de la calle Pola y línea de deslinde con el Distrito U8”. Los vecinos se arreglaron entre casas de familiares, el acampe en el boulevard, subsidios habitacionales que no alcanzan, hoteles como el Pavón, presiones, nuevos alquileres de piezas más caros –con 700 familias desalojadas, la demanda aumentó de golpe, así los precios se dispararon- y paradores nocturnos.

Los terrenos deben ser urbanizados según la ley. Hoy están tapiados con unas grises chapas altas con puteadas pintadas de todos los colores. Solo una máquina trabaja en el predio. La cuestión viene lenta.

Los terrenos desalojados. Imágenes: NosDigital
Los terrenos desalojados. Imágenes: NosDigital

Es un boulevard repleto de desalojados. Es invierno. Es noticia por 3 días. A lo sumo 4. Sin baños: es plástico, intemperie y lluvias. Una semana. Dos. Tres. Y unos días más.

“Fui la última en irme del boulevard. No aguanté más”. Resignada, relata Pinky sentada ahora en la estación Pola del Premetro de frente a los terrenos desalojados. “Ahora estoy alquilando a cuatro cuadras de donde era la toma. Dos habitaciones sin baño, porque todavía no lo terminaron, por tres mil pesos. Losa, ladrillo y nada más. Venimos al baño a la casa de mi suegra. Yo tuve que agarrar el subsidio de 1800 por diez meses porque otra no me quedaba y no tenía donde ir. Estoy con mi nene y mi marido, que se la gana con changuitas igual que yo, que limpio casas de familia”. Después del boulevard pasamos tres días en lo de mi suegra. Que éramos como veinte, estaba la familia de mi cuñada Romina, desalojada también”.

Pinky en la estación Pola del premetro porteño.
Pinky en la estación Pola del premetro porteño.

“En Papa Francisco teníamos una casilla de madera y chapa. Antes, alquilaba por acá también. Mientras dormíamos, nos rompieron la puerta diciendo que era un allanamiento. Preguntándonos sobre Melina. Que saliéramos mientras continuaba el allanamiento. En una hora vuelven a entrar, nos aseguraron. Solo agarramos a los chicos. Estando afuera supimos que era un desalojo. Que no podíamos volver a entrar”.

Martín Caparrós en su último libro viene a explicar el hambre. Y explica un país: “La Argentina se caracterizó por ser, durante la mayor parte del siglo XX, un país donde los pobres tenían un lugar: eran trabajadores. El capitalismo más o menos industrial los necesitaba para operar herramientas en sus fábricas, talleres y servicios, y esa necesidad hacía que los necesitados pudieran imponer algunas condiciones: mejoras -siempre insuficientes- en su forma de vida. (…) En la Argentina actual sobran cinco o seis millones de personas. Los más pobres sobran: su exclusión completa –su falta de necesidad- es relativamente nueva y nadie sabe bien qué hacer con ella: qué hacer con ellos”.

Ese verbo sobrar duele, repulsa, y no puede dejar de estar ahí. Para el sistema económico social argentino –más sencillo: nuestra sociedad- sobra gente.

Darle la vuelta al mundo

Fotorreportaje de la tercera Maratón por la Urbanización en Ciudad de Buenos Aires. De la 31 a la Rodrigo Bueno, 400 personas corrieron por el reclamo histórico de la vivienda digna.

Correr es la excusa. Hacer algo. Moverse, transpirar y latir fuerte. El sol calentó duro el asfalto y la tierra. Pidiendo un esfuerzo extra a cada corredor. El domingo 26 de octubre el Movimiento Villas al Frente organizó una maratón con gente de todos los barrios porteños con consigna al unísono: ¡Urbanización ya!

Los corredores largaron desde la 31, el barrio que nació marginal en 1932 como lejano simbronazo de las esquirlas que Wall Street desparramó -la globalización demostraba que ya era más que sensación- hasta la Ciudad de Buenos Aires.

Corrieron sin cloacas. Cinco kilómetros y las ambulancias no entran al barrio. Una posta, otra, otra y la ley 3343 de urbanización de la legislatura porteña sigue sin implementarse. Zigzaguearon entre las casas que se acarician con la autopista Illia. Transpiraron en las tierras de las escaleras caracol al cielo.

Más de 400 personas corrieron desde Villa 31 de Retiro hasta Rodrigo Bueno de Puerto Madero. Donde las privaciones son las mismas: la red de agua potable es la que arman entre vecinos y el tendido eléctrico habla precario como gobernante sobre la constitucional vivienda digna.

Rodrigo Bueno es el asentamiento de orígenes ochentosos al lado de la Reserva Ecológica, a metros de Costanera Sur. Y quienes ahí viven tienen plomo. Y otros metales pesados. En la sangre. En el agua. Es que el lindero depósito de autos de la policía federal infesta las tierras hasta la intoxicación.

Así se corrió: como se vive. ¡Urbanización ya!

De entrada a la 31
De entrada a la 31
Imágenes: NosDigital
Imágenes: NosDigital
Se multiplica la lucha
Se multiplica la lucha
Patinaje y la autopista Illia.
Patinaje y la autopista Illia.
Por las calles de la 31
Por las calles de la 31
A la entrada de la Rodrigo Bueno
A la entrada de la Rodrigo Bueno
Imágenes: NosDigital
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Miraremos
Miraremos
Salude
Salude
Escaleras hacia el autopista
Escaleras hacia la autopista
Correr por la urbanización
Correr por la urbanización
12
Casas y casas
Entre calles
Entre calles
Imágenes: NosDigital
Imágenes: NosDigital
¡Urbanización YA!
¡Urbanización YA!
El arco en que me miras
El arco en que me miras
Puerto Madero te ve

Hacia una ley de expropiación

Está en tratamiento el proyecto de ley que da la chance de expropiar el hotel Bauen a manos de sus trabajadores. Esos laburantes que luego de la crisis del 2001 formaron una cooperativa, pusieron el lomo y salieron a adelante, administrando y autogestionando un hotel de cuatro estrellas en pleno centro porteño. Un ejemplo clave de lo positivo que dejó la crisis que, con su legalización, puede sentar presendente para muchos casos por venir.

Foto: Nos Digital.

Los trabajadores del hotel recuperado Bauen enfrentan semanas decisivas. El pasado martes 10 abril se reunieron con asesores de distintos diputados para tratar los dos proyectos de ley que plantean la expropiación del edificio a su favor, con resultados positivos. La instancia clave sería la del día siguiente, miércoles 11, día en que el tema iba a ser tratado en la Comisión de Asuntos Cooperativos, Mutuales y Oenegés de la Cámara de Diputados. Sin embargo, los funcionarios suspendieron la reunión y la reprogramaron para el 26 de abril, fecha que saltea el otro round clave en la pelea por la expropiación: el 19 de abril fueron citados al Juzgado nº 9 de Capital Federal. Así sintetiza el llamado el propio presidente de la cooperativa que autogestiona el hotel, Federico Tonarelli: “Si la causa sigue curso, no es en un sentido favorable para nosotros”.

Los trabajadores presumen se les notificará una nueva orden de desalojo. La misma que pesa sobre ellos desde 2007, impulsada por el macrismo: en 2005 ganaron enla Legislaturauna ley que perdona una deuda impaga de los anteriores propietarios y declara “nula” a la cooperativa de trabajo para manejar el hotel. En efecto, la única diputada que en la reunión del 10 se manifestó explícitamente en contra de la Ley de Expropiación pertenece al actual bloque del Pro. Sobre el resto, Tonarelli cuenta que hasta los asesores de diputados del Frente Parala Victoria– que tiene mayoría en ambas cámaras, y por ello la última palabra- remarcaron la importancia de la ley. Habrá que ver si unen sus dichos con sus hechos.

Los dos bloques que impulsan proyectos paralelos pero similares son Libres del Sur, a través de Victoria Donda, y Nuevo Encuentro, encabezado por Martín Sabatella. Donda ya había presentado un proyecto de Ley de Expropiación en 2009, que perdió estado parlamentario en 2011. Este año volvió a la carga con “algunas diferencias técnicas”, cuenta Tonarelli, en paralelo con una nueva presentación de diputados de Nuevo Encuentro. Lejos de perfilar una puja partidaria, Tonarelli cree que ambos proyectos fortalecen la necesidad de expropiar el edificio. Desde fines de los 90 existen leyes que permiten expropiar al Estado un inmueble y que éste pueda decidir su futuro. Es el caso de muchas recuperadas que logran quedarse legalmente con una fábrica, por ejemplo, pero no de otras que continúan resistiendo amenazas de desalojos. El caso del Bauen es particular: “Como no hay todavía un marco jurídico que nos pueda contener a todas las empresas recuperadas, impulsamos un proyecto de expropiación con las particularidades de nuestro conflicto; específico para el hotel Bauen”, explica Tonarelli. Además de fundar la expropiación en la “utilidad pública”, el proyecto autoriza al Poder Ejecutivo “a transferir bajo cualquier título o modalidad” todos los bienes del Bauen a la cooperativa conformada por sus trabajadores. “Junto a este objetivo, nosotros siempre planteamos la salida de la expropiación y seguimos trabajando con la idea de un proyecto que aporte a la resolución del conflicto de todas las recuperadas”, cierra Tonarelli.

Por todo esto, para enfrentar la citación del 19 (para la cual convocaron a una marcha, para no llegar solos) era imprescindible la reunión del jueves 11 en la Comisiónde Asuntos Cooperativos, Mutuales y OeNeGés de la Cámara de Diputados, la primera instancia en el tratamiento de la ley. “Sabían claramente que el 19 tenemos una audiencia y que era muy importante conseguir un despacho favorable en la Comisión de Cooperativas”, dice Tonarelli sobre los diputados.

El lado oscuro del BAUEN

Atrás los lamentos, la historia (los argumentos) que sostiene el reclamo de los trabajadores comienza no casualmente en el año 1978: el Hotel Bauen fue construido para ampliar la infraestructura de servicios del Mundial del mismo año, por iniciativa del gobierno militar. Tonarelli: “El hotel fue construido con fondos públicos del Estado y con un préstamo del ex Banco Nacional de Desarrollo”. El beneficiario fue un tal Marcelo Iurcovich, a quien la confianza del Estado militar lo hace, al menos, sospechoso.

En la década del 90, sus cinco estrellas, sus 250 habitaciones, los 20 pisos, las salas de convenciones, la discoteca, el teatro, la piscina y el solárium habían perdido su novedad ochentosa, y el hotel entró en decadencia. Consumada la crisis, en 1997 el Grupo Solari intentó hacerse cargo del hotel y de una deuda inmobiliaria de 12 millones de pesos. Pero tres años más tarde, considerando inviable el proyecto, y habiendo pagado tan sólo 4 de los 12, pidió una convocatoria de acreedores.

El hotel fue cerrado el 28 de diciembre de 2001, en plena crisis, en ese momento vuelto a manos de Iurcovich, quien consiguió el aval del juez para “saldar las deudas a cambio de hacerse cargo del inmueble”. Mientras, setenta de los trabajadores despedidos enseguida se contactaron con el Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas y formaron una cooperativa. A mediados de 2003 forzaron un convenio con el Gobierno de la Ciudad y el propio Iurcovich para explotar comercialmente los salones del hotel, a cambio de ceder el uso del teatro ala Ciudad. Antesy después, la familia Iurcovich calificaría a los trabajadores de “ocupantes ilegítimos”.

En 2005 Marcelo Iurcovich anunciaría la venta del inmueble a Mercoteles S.A. Hoy se sabe que en el directorio de esta empresa está el propio Hugo Iurcovich, hijo de Marcelo. Tonarelli: “Lo que demuestra que el hotel estuvo fraudulentamente siempre en las mismas manos”.

Todavía, ninguna de las firmas había pagado la deuda impositiva reducida a 5 millones que pesaba sobre el negocio, y sin embargo el inmueble se vendía y revendía.

Mientras, desde marzo de 2003, los trabajadores hacían lo que mejor sabían: trabajar. Y respondían con hechos cuando la misma jueza que los cita este 19 de abril, Paula Hualde, determina que el hotel pertenecía a la firma Mercoteles en 2006: “Hoy tenemos un pleno funcionamiento. Desde que nos constituimos como cooperativa hemos realizado todas las acciones y medidas a nuestro alcance para poder explotar el lugar, seguir generando más puestos de trabajo y demostrar que la gestión de las empresas recuperadas por sus trabajadores es viable, concreta y exitosa. Los logros están a la vista, hemos generado más de 150 puestos de trabajo -de los 20 iniciales -, en menos de tres años, y otra cantidad de empleos tercerizados si tenemos en cuenta los contratos con empresas proveedoras de insumos”.

Legalidad y legitimidad

Si bien la orden de desalojo se mantiene, hasta hoy los trabajadores continúan autogestionando el hotel. Como enseña esta historia, los argumentos son tres y sencillos, lo explica Fabían Pierucci, del grupo Alavio que conforma la cooperativa:

  • “Que no se convaliden los negocios oscuros de la dictadura”.
  • “Se le quiere restituir el inmueble a un grupo que no presenta actividad económica ni patrimonio, y claramente es testaferro del grupo originario”.
  • “La deuda contraída con el Estado desde Iurcovich padre continúa impaga”.

En ese sentido, esto último cierra el círculo que devuelve el inmueble de Callao 360 al Estado nacional, el mismo que cedió el préstamo – impago- en 1978 através del ex Banco Nacional de Desarrollo, hoy Banco Nación. Justamente, los dos proyectos de Ley de Expropiación plantean que tanto el Estado nacional como el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires pueden actuar como expropiantes. “A partir de ahí es el Estado quien decide el futuro del inmueble, puede ser la transferencia del edificio, la venta, el préstamo o la cesión a la cooperativa”, se ilusiona Tonarelli.

En las cámaras, las miradas están puestas en el Ejecutivo, con mayoría y la posibilidad de volcar por ello mismo la ley. “No hay excusas. Siguiendo por los dichos del gobierno nacional debería ser la aprobación de la ley un ejemplo de esto. Depende de las fuerzas que sigamos construyendo, pero cabe una responsabilidad muy grande del Estado de terminar esta etapa del conflicto que es la disputa por la legalidad, basada en la legitimidad de nueve años de gestión”.

Sea la justicia o la política, el juzgado de la doctora Hualde o la Ley de Expropiación, los 160 trabajadores del Hotel Bauen saben que los únicos protagonistas de esta historia, futura, son ellos mismos: digan lo que digan, pase lo que pase, seguirán trabajando, resistiendo.

La felicidad del Bachi Trans

El 19 de marzo se iniciaron las clases en el Bachillerato Popular Mocha Celis, primera institución educativa para personas travestis, transexuales y transgénero. Aquí, la historia de un espacio en el que uno de los grupos más discriminados de la sociedad se desarrolla, aprende, toma decisiones y, haciendo todo eso, resiste, con los libros abiertos, a la exclusión del sistema.

A las 12 del mediodía del lunes 19 de marzo empezaron las clases en el Bachillerato Popular Mocha Celis, el primer bachillerato popular para personas travestis, transexuales y transgénero. Hubo una actividad conjunta entre profes y estudiantes, que culminó en un aplauso general y emocionante. Al mediodía siguiente, y gracias a la difusión boca en boca, ya se habían acercado a sus aulas tres chicas más que las que habían ido en la jornada inicial. Se sentaron en la mesa con sus compañeras, se hicieron un par de bromas, porque con algunas ya se conocían de antes, abrieron sus cuadernos y carpetas, escucharon la clase mientras tomaban mate, tuvieron Inglés y, a las 17, se fueron. El miércoles y el jueves, otras nuevas compañeras se sumaron.

El éxito de convocatoria del Mocha se debe, en gran parte, a las condiciones, formas y modalidad que ofrece de cursada. Es una experiencia transformadora en un doble sentido. Primero, porque es un Bachillerato Popular –un Bachi-, y ya eso implica hablar de construcción colectiva del conocimiento, de que no existen saberes más valiosos que otros y de que las decisiones que competen a la cursada se toman en una asamblea de la que participan tanto docentes como estudiantes. Segundo, porque hallar una oferta educativa para uno de los grupos de gente más vulnerables del país es toda una novedad, una hermosa noticia. Discriminadas y excluidas en todos los ámbitos en que se desenvuelven, en estas aulas las travestis encuentran un ambiente en el que poder desarrollar todo su potencial como seres que aprenden, incorporan, dan, se prestan, se conmueven, ríen, juegan y, haciendo todo eso, además, resisten.

El Mocha Celis está en la Mutual Sentimiento, Lacroze 4181, en el quinto piso. Al subir las escaleras del lugar, uno se encuentra con una escuela primaria, una radio comunitaria, una farmacia en la que adquirir medicamentos al costo y varios salones en donde distintas organizaciones sociales realizan sus actividades. El Bachi, por estos días de inicio, recibe a lxs visitantes con ruido de taladro, porque todavía hay algunos arreglos que hacer en el espacio. De eso se trata, justamente; el profesor de inglés, el de matemática, la de historia, varixs estudiantes, todxs ayudan en la construcción del  espacio. Entre los que andan ensuciándose la ropa con trabajo, está Francisco, docente de lengua, que cuenta: “Algunas de las chicas que estudian acá no se animaban a tomarse el colectivo, viajaban en taxi, las que podían. Eso porque se sienten desprotegidas. Pero  el primer día que llegaron, se dieron cuenta de que muchas viajaban en el mismo bondi. ‘Vamos juntas, va a estar lleno de locas’ dijeron entonces y, claro, se lo tomaron todas juntas”.

Es que, al cabo, la unión hace la fuerza. Y en el Bachi lo saben, por eso quieren articular con los otros espacios que existen en la mutual, en el barrio. “Este es el segundo eslabón –dice uno de sus integrantes. El primero es lograr que muchas compañeras logren terminar la primaria. Y el tercero, crear capacidades de empleo”.

Sobre lo primero, es cierto que hay muchas travestis que, ocultando su identidad en una escuela discriminatoria, binaria y heteronormativa, lograron recibirse. Pero también es verdad que más las hay que ni siquiera empezaron. Hacia ese vacío pretende pugnar también el Bachi, una vez que el asentamiento dé paso a la expansión. Sobre lo tercero, las capacidades laborales, la institución ofrece un título en Desarrollo de las Comunidades, es decir cooperativismo. En ese sentido, lo que han logrado las chicas del colectivo trans Nadia Echazú, en Avellaneda (http://coopnadiaechazu.blogspot.com.ar/), es, a la vez, horizonte, guía e incentivo de que sí se puede y de que, otra vez, el juntarse hace a los grandes proyectos.

Todo empezó hace un tiempo, aproximadamente un año, cuando Francisco y Agustín empezaron a convertir en realidad una idea. “Armemos un Bachi”, se dijeron, mientras pensaban la forma de empezar a saldar la enorme deuda –en forma de discriminación- que la sociedad tiene con las travestis. Y arrancaron. Obtuvieron la colaboración de la Fundación Diversidad Divino Tesoro. Entonces, el proyecto comenzó a prender: Pao Lin, Gaby, Miguel y Ezequiel, y otrxs compañerxs y activistas, se sumaron a la construcción del sueño. Y después, llegó la incorporación a la Coordinadora de Bachilleratos Populares en Lucha y al Frente Nacional por la Ley de Identidad de Género. Marlene Wayar, Lohana Berkins y Diana Sacayán, entre otras, se comprometieron con el proyecto. Hoy, hay más estudiantes cada día, lxs docentes y coordinadorxs se cuentan en 25 y  las perspectivas de crecimiento aumentan con cada carpeta que se abre y cada mate que se ceba.

 “La comunidad trans es el último orejón del tarro, las últimas en la escala de discriminación”, comenta Ezequiel. Y razón no le falta: la esperanza de vida, hoy, en 2012, en Argentina, de esas personas roza los 40 años. El maltrato policial, las condiciones vejatorias a las que muchas veces son sometidas, el riesgo de enfermedades contraídas a causa de la prostitución y, por qué no, en un mundo que las aísla, también la tristeza y la soledad abonan a la estadística. “Por eso –sostiene el mismo compañero-,más allá de todo lo que implica la generación de capacidades educativas para muchísima gente que es discriminada, acá lo que buscamos es que todxs nos constituyamos como sujetos de derecho. O, mejor dicho, que cada unx sea lo que quiere ser”. Ése es, al cabo, el objetivo. Un lugar para aprender y sentirse bien. Sentirse bien y aprender, mientras el termo expulsa chorritos de agua caliente y un martillo impacta sobre un clavo. El Bachillerato Popular Mocha Celis está abierto, está en marcha y, con él, el camino hacia un país un poquito más justo. Es lo que todxs, en este quinto piso, desean.

 

Contacto del Bachillerato Popular Mocha Celis

Federico Lacroze 4181, 5to piso.

bp.mochacelis@gmail.com

FB: Bachillerato Popular Travesti Mocha Celis

15-6353-2927