Un gol del realismo mágico

Parece una historia escrita por Gabriel García Márquez, pero no. Marcos Tulio Coll Tesillo es el autor del único gol olímpico en la historia de los Mundiales, hace exactamente 50 años. En sus bodas de oro, desde su Barranquilla, nos recuerda cómo fue aquel tanto que le marcó en Chile ’62 a la Araña Yashin, el mejor arquero de la historia. “No es por presumir, pero shoteaba como los dioses”, recuerda este personaje que también habla sobre su idilio con Adolfo Pedernera, la realidad colombiana y la del fútbol argentino.

Si viene desde las tierras de Gabriel García Márquez, es posible. La frontera entre lo risible y lo creíble se desdibuja, ficción y realidad juegan un juego que sólo ellas entienden y uno queda en el medio, expectante. Sólo una voz, tan endulzada como el mismo aire de Barranquilla, nos devuelve la pared. Hasta ese momento, desde este lado del Ecuador, Marcos Coll podría haber sido un habitante más de Macondo. Pero desde el instante mismo en que le cede sus palabras a NosDigital comprobamos que existe, que vive y no sólo eso sino que también es el autor del único gol olímpico en la historia de los Mundiales. A 50 años de ese tanto, el Olímpico nos contó el secreto.

“3 de junio de 1962”, repite Marcos Coll y calla las dudas que teníamos hasta el primer minuto de charla. Sucedió. No es realismo mágico. Fue en Arica, Chile, seis años antes de la publicación de Cien años de Soledad. Listo: de ahora en más todo entrará en el terreno de la lógica. O algo parecido, porque si lo pensado hubiese salido al pie de la letra, no hubiera habido gol olímpico ni estaríamos escribiendo estas líneas.

Desde el 10 de junio de 1956 (fecha en que se designó a Chile como sede) hasta el 3 de junio de 1962, todo lo sucedido intentó empujar la pelota al gol, el segundo de Colombia en el empate 4 a 4 ante la Unión Soviética que le entregó el primer punto en un Mundial. Una serie de imprevistos puso en riesgo la realización de la competencia. Primero, el Gran Terremoto de Valdivia, el sismo de mayor magnitud en la historia de la humanidad, que fue registrado el 22 de marzo de 1960 y que derivó en la baja de seis de la subsedes que iban a alojar la copa: Talca, Concepción, Talcahuano, Valdivia, Antofagasta y Valparaíso. Por este motivo, Carlos Dittborn Pinto, Presidente del Comité Organizador del Torneo, quiso suspender la realización del mismo.

Pero no. Con el apoyo económico de la Junta de Adelanto de Arica, un ente público de financiación, la ciudad –ubicada al norte de Chile- fue reconstruida y se transformó en el epicentro de nuestra historia. El estadio “Carlos Dittborn Pinto”, en honor al mencionado dirigente y creado para la ocasión, estaba listo para recibir a Perú, equipo sensación del fútbol sudamericano por aquellos años. Pero la selección incaica se quedó afuera en las eliminatorias y así fue como Colombia, virgen en experiencias mundialistas hasta ese momento, logró estar en ese Mundial. Ahora sí. ¿Listos para escribir historia? No, falta. 32 días antes de que comience la máxima competencia de fútbol a nivel selecciones, falleció Carlos Dittborn Pinto. De nuevo la incertidumbre. Aunque finalmente se decidió proseguir con lo planeado.

Segunda fecha del Grupo B. En su debut, Colombia había perdido 2 a 1 ante Uruguay. La URSS llegaba tras una victoria frente a Yugoslavia. Pero este sería un partido a parte. “Terminado el primer tiempo íbamos perdiendo 3 a 1, era imposible”, comienza el relato el protagonista de lo impensado. Y continúa: “Nos fuimos decepcionados al entretiempo y Adolfo (Pedernera) nos dijo que estábamos jugando bien, que podíamos ganarles. Entramos confiados y al ratico (sic) ya llegó el cuarto. Era 4 a 1, ni pensábamos en ganar”.
Hasta que Marcos Coll se salió del libreto. “Un ataque nuestro termina en tiro de esquina por el costado izquierdo. Yo era el encargado de pegarle desde ese lado. No es por presumir, pero shoteaba como los dioses. Los rusos eran tremendas vigas, grandotes, gigantes. Ninguno de mis compañeros les iba a ganar en el salto, menos a Lev Yashin (NdR: “La Araña Negra”, considerado como el mejor arquero de la historia). Entones la tiré a media altura, para que pique y entre. Eso es lo que pasó”, relata el veterano de 76 años que, al contar, se atraganta con las palabras para llegar al desenlace lo más rápido posible como si fuera un adolescente.

Pasaron 50 años y, por ende, mil repeticiones del mismo momento. Pero, así y todo, se emociona siempre en el mismo momento. “Después, la remontada. Ese gol quedó en la historia pero lo más importante fue lo que pasó después. Los tantos de Rada y (Marino) Klinger con los que conseguimos el empate. Y, mejor aún, el abrazo que me dio el Maestro Pedernera”, recuerda.

En sus bodas de oro, el Olímpico habla en singular. En su casa del Barrio Villa Carolina, al norte de Barranquilla, Marcos Tulio Coll Tesillo -cuánto cuesta creer que no salió de un cuento de García Márquez o una telenovela colombiana- todavía sueña. “Mi intención es hacer una escuela de fútbol que forme a chicos y chicas de mi ciudad. Como decía Pedernera, ‘el deporte educa’, y es la única forma de alejarlos de lo malo que nos rodea en un país tan convulsionado como el nuestro: las drogas y la muerte. Me faltaría el apoyo económico para poder terminar el proyecto”, dice y es un grito en el desierto.

“Aquí, a nivel de gobierno y de los políticos, no hay ningún tipo apoyo. No es negocio para ellos, dicen. Los deportistas nos hicimos y nos seguiremos haciendo sólo por actitud personal. Así estamos”, concluye. A punto de pisar las ocho décadas, planea una jugada aún más complicada que aquella que le dio el sobrenombre. Las ‘vigas’ ya no son rusas, son los gringos. La teoría del derrame todavía hace estragos por esos pagos y, a los ojos del neoliberalismo, los pibes son sólo gasto.

Punto y aparte para la versión colombiana. El resto se escribe en criollo.

-¿Qué significó Adolfo Pedernera en su carrera?

-Le aseguro que nadie va a hablar en contra de cómo era él como persona. Fue un maestro de maestros para mí. Muchos me decían que yo era su hijo por el trato particular que tuvo conmigo. Me tomó una gran estima. Lo que yo fui en el fútbol fue por él. Para muchos, Dios es lo más grande. Para mí comparte el lugar con Pedernera.

-¿Qué recuerdos tiene de él?

-En lo futbolístico fue quien me dio la vida. Cuando era entrenador del América de Cali me llevó allí y fue mi consagración. Pero mi historia con él es más vieja aún. Mi padre fue árbitro (NdeR: Elías Coll) y una vez lo pitó cuando jugaba en Millonarios. Yo era un adolescente y fui con un cuadro que tenía con su figura y me lo dedicó. ‘Para Marquitos, como prueba de un sincero recuerdo’, puso. Todavía lo atesoro como el recuerdo más vívido de mi vida.

-¿Tiene miedo que le saquen el récord?

-No se, tengo 76 años y últimamente he de pensar que quizá me muera sin ver otro gol igual a ese. Si me lo llevo a la tumba será más que importante para mí. Igualmente, hoy en día, dudo que se pueda llegar a conseguir un cobro como ese. ¿Usted ve lo que sucede cada vez que hay un lanzamiento desde la esquina? Se pegan, se empujan, es un bodycake (NdR: Torta de cuerpos) impresionante.

-Riquelme casi lo hace en el 2006, ¿lo vio?

-Sí, me hice en los pantalones. Pensé que entraba. De hecho, festejé que no jugara en el 2010, era el único que podía sacarme el récord. Un tremendo jugador de fútbol, de los que ya no hay.

-¿Mira fútbol argentino?

-Sí, soy un enamorado de su liga. De hecho, Adolfo me hizo simpatizante del River. Yo siempre fui hincha del fútbol argentino, pero hoy lo desconozco. Me sorprendo que se busque más en el cuerpo, en la fortaleza. Antes se ponderaba el fútbol de aquellos lados porque se veía fútbol fino. El otro día puse la televisión y miré Estudiantes de la Plata y Rafaela, ¿qué equipo es ese? La cantidad de pierna fuerte, de poco juego, no lo puedo creer. ¿Dónde quedó el Rosario Central del ’70, Independiente de Bochini, la gloria de River?

-¿Qué le pasó a Teófilo Gutiérrez?

-No lo sé, no deja de sorprenderme. Yo soy un admirador suyo pero no logro entenderlo. Cómo puede ser que a un muchacho que se le están abriendo las puertas del triunfo y la posibilidad de asegurarle un futuro a su familia tire todo a la basura. Por primera vez veo un jugador colombiano que se comporte de esa forma. Por más que no triunfen futbolísticamente, no nos caracterizamos por el mal comportamiento, menos los barranquilleros, sino por todo lo contrario. Eso que hizo del boxeo y todas esas vainas, no están bien.