“Si le das bola a todo, necesitás un psicólogo”

Con apenas 22 años, Facundo Affranchino ya pasó dos veces por la cornisa de la Promoción, con River y San Martín. Eso parece haberle dado las herramientas suficientes para analizar un poco este ambiente. “Ahora se corre más de lo que se juega. Y, además, dejan ir a todos los jugadores desde las inferiores. Ya no hay tanto nivel en los jugadores porque se prioriza lo económico”, dice. Su admiración por Ortega, Cappa y los Redondos. Y cómo bancó a Chichizola en su primer departamento a espaldas de su representante.


Facundo Affranchino esperaba sentando en un bar de las finas esquinas del barrio de Cañitas. Recién llegado de Ezeiza, con los músculos cansados y con ganas de una siesta, se guardó un rato de su tarde para reflexionar sobre su corta y agitada carrera. Un botín plateado y en miniatura colgaba de su cuello en forma de cadenita, alguna pulsera en su mano izquierda, otros dos aritos en las orejas y un anillo en mano derecha completaba un kit de accesorios que lo dejaba a tono con el barrio. Canchero y relajado pidió su agua con gas y afrontó al revuelto mundo River.

-¿Siempre jugaste de 8?
-No siempre. Jugué en todos los lugares del medio campo. Hasta de enganche. Es más, llegué a River como enganche, pero nunca pude jugar ahí. No la veía ni cuadrada en los entrenamientos.

-¿A qué edad llegaste a River?
-A los 14 años. Tuve muchos problemas para adaptarme. Incluso me volví a Paraná. Al principio era un paraíso, los primeros dos o tres meses, porque siempre fui hincha de River y era un sueño para mí. Mi vieja no quería dejarme ir de casa tan chico, pero cuando llegó la opción de River no pudo decirme nada. Salir de la pensión y ver el estadio era muy emocionante. Después empecé a extrañar mucho mi casa. Me dejaron ir para allá dos semanas, para que lo piense. Volví solo en unos días.

-¿Y en Paraná dónde jugabas?
-Salí de Toritos de Chiclana, un club de barrio muy chico de la ciudad. Empecé a los 5 años. Quiero mucho a Toritos, pero está muy mal. Ojalá algún día pueda ayudarlo, es un objetivo que tengo. Pero primero tengo que pensar en mi familia.

Recuerda a su familia cada dos reflexiones. Cuenta que con su primera guita les compró un auto a ellos para que puedan venirlo a ver más seguido. “Antes tenían una carreta que se les recalentaba cada una hora, lo necesitaban más que yo el coche.” Al toque piensa en River, su otra familia. Piensa en su futuro y sueña: “Me quiero quedar a vivir acá y ganar 50 campeonatos”. Aunque hasta ahora siempre le tocó bancar las paradas más caóticas.

-Te tocó jugar el partido del descenso…

Fotos: NosDigital
-Sí, Jota Jota me puso 7 minutos el primer partido de campeonato, no jugué más y me volvió a poner de titular contra Belgrano en el Monumental. Fue muy difícil. El técnico te pone y te saca cuando quiere y vos no sabés en qué está pensando. Fue lo peor que me pasó en la vida. Insoportable. No lo podía creer. Mucha tristeza porque no me lo esperaba. Además siempre me tocó jugar en los momentos difíciles. Jugué los últimos tres partidos del campeonato en el que salimos últimos. Me tocaron las complicadas y las afronté. Me dio mucha experiencia. Pero no hay que olvidarse de lo que pasó porque es una herida que no va a sanar nunca. No sé a quién le toca cargar la cruz del descenso, pero yo necesito tener revanchas. Tampoco sé a quién condena al hincha. Trato de no tener redes sociales y estar al tanto de todo el tiempo de todo porque si estás pendiente para jugar en Primera tenés que vivir con un psicólogo al lado. Fueron meses de luto.

-¿Qué confianza tenían en dar vuelta ese partido en esas circunstancias?
-En la semana previa al descenso pensábamos que lo íbamos a remontar. Me tenía toda la fe. Confiaba en que íbamos a quedar en la historia para bien. Cuando pasó todo caes y te das cuentas de un montón de cosas. Cuando empezamos en la B era todo muy raro. River, para el periodismo, es el Barcelona o es el peor equipo del mundo.

-¿No te molesta que siempre se justifique todo diciendo “River es River”?
-A veces, por ahí, que te lo digan tanto te molesta un poco, pero al fin y al cabo es así: hay que ganar en cualquier cancha. Que se guíe todo por los resultados jode cuando uno puede jugar bien y no consigue los resultados.

-¿Con qué técnico te sentiste mejor?
-Vos sacás algo bueno de todos, hasta de los que no te gustan como proponen el juego. A mí me gustaba jugar con Ángel Cappa porque me daba más libertad cuando tenía la pelota. Era buenísima la idea de juego, lamentablemente no la pudimos llevar a cabo. Fallamos. A mí me gusta jugar a tener la posesión de la pelota. Algunos no lo hacen porque no es su fuerte. El fútbol se mueve por resultados y cada uno va aspirar a ganar. No importa si bien o mal. Al único equipo que se le critica el modo es a River. Es un club grande.

-La promoción la tuviste que jugar dos veces consecutivas, ¿te pesó?
-Cuando me tocó jugar la promoción de vuelta en San Martín de San Juan pensaba “siempre lo mismo”, “por qué me tocará a mí”. Son cosas que pasan. Lo bueno es que no me fui a la B de nuevo. Fue muy distinto, igual. No soy hincha de San Martín. No tenía los mismos nervios, nada que ver. No era el mismo sentimiento. Pero por la gente de San Juan y por lo personal sabía que teníamos que ganarle a Rosario Central.

-¿Fue la primera vez que te asumiste como un trabajador fuera del fanatismo?
-En realidad, juego al fútbol porque me gusta. Más allá de la plata. Jugaría en cualquier club, menos en Boca, porque me va a gustar y voy a querer ganar. Son sentimientos que no van a cambiar nunca. A mí me encanta y nunca voy a querer perder. También lo tomo como un trabajo, pero sé que trabajo de lo que me gusta.

-¿Qué pasó con el River de los ´90?
-El fútbol en general de los noventa no existe más porque ahora se corre más de lo que se juega. Y, además, dejan ir a todos los jugadores desde las inferiores. Ya no hay tanto nivel en los jugadores. Se prioriza lo económico, los equipos traen jugadores más aguerridos y se pierde un poco el fútbol.

-¿Qué tipo de jugadores se perdieron?
-Tipos como mi ídolo, Pablo Aimar. Qué jugador. Me encanta. Una vez, la selección iba a jugar un partido en el Monumental antes de irse para el mundial del 2006 y pedí poder estar de alcanza pelotas para poder verlo de cerca. Cuando termina el partido me acerco para pedirle la camiseta. Pablo me miró y cuando se la estaba sacando viene una chica de la tribuna corriendo, lo abraza, se lo lleva para un costado y le saca la camiseta. Me quería matar. Por suerte, un amigo en común le contó la historia y me mandó su camiseta del Benfica. La tengo encuadrada en mi casa.

-¿Qué otros jugadores te inspiraron?
-El Burro Ortega. Pensar que lo miraba por la TV desde Paraná y después Jugué con él. Fue increíble. Disfrutaba de solo verlo caminar en los entrenamientos. Y en el vestuario era un gran tipo, un personaje, te hacía morir de risa. Además siempre fue muy cercano a los pibes de inferiores, muy humilde. Siempre hubo muy buena onda con él. Sabíamos que tenía un problema, pero nunca se me ocurrió juzgarlo. Conmigo fue un fenómeno y se portó de 10. Jugué bastante con él, con Cappa sobre todo. Siempre me retaba -se ríe-. Pero para bien, para atacar. Me pedía que encare. Cuando te hablan esos jugadores les hacés caso.

-¿Qué otra cosa te regaló el fútbol?
-En la pensión me hice muy amigo del Chichi -como le dice al arquero de River, Leandro Chichizola-. Éramos la banda de Quinteros con algunos más que se fueron yendo. Parábamos ahí en una esquina en la que había un quiosco. Para no mandar al frente a nadie, comíamos panchos nada más -se ríe-… La pasábamos bien. Con Chichi estuvimos juntos en la pensión mucho tiempo. Después cuando yo me fui a vivir solo, porque me habían hecho contrato, le pregunté a él si quería venir conmigo para que no se quede solo. Y estuvimos viviendo juntos un tiempo, hasta que a él le hicieron contrato también. Encima todo tuvo que ser a las espaldas de mi representante para que no le pida la mitad del alquiler y se pueda seguir quedando. Todavía no está blanqueado, nunca le dijimos nada a nadie. Me acuerdo que cada vez que venían los dueños de mi pase a casa tenía que ordenar todo y tenía que mandar a Chichi un rato al Shopping.

-¿Son raros los arqueros?
-Sí, por algo se visten diferente. Son medios locos o calentones o pavos. Te das cuenta al toque.

-¿Por fuera del fútbol qué disfrutás?
-Me gusta mucho el rock: los Redondos, Callejeros, La Renga, Los Piojos, La Vela Puerca. Voy mucho a verlos.

-¿El estudio o la lectura? ¿Nada?
-Lo último que leí fue el libro de Callejeros por el tema Cromañón. Muy fuerte. Y el colegio no me gustaba para nada. No pude terminarlo. Hasta el día de hoy me llaman del nocturno que abandoné para que vaya a rendir las materias. Se lo prometí a mi mamá, pero la veo difícil. Negocié con ella cambiarlo por un curso de inglés. Quiero aprender.