“No somos un museo, ni una calle: somos un club con compromiso e ideales”

“Acá la camiseta se transpira con contenido”, explica Monica Nielsen, la fundadora del Deportivo Che Guevara, un club de Jesús María, Córdoba. Un club que no termina en lo deportivo y que no lleva ese nombre por casualidad: “Nosotros creemos en la teoría y en la acción. Con las conductas que adoptamos, la teoría se hace carne sin siquiera mencionar al Che. Yo les hablo del renunciamiento, del trabajo en equipo, de la solidaridad, de que todos tenemos que tener lo mismo y trabajar en consecuencia”.

En una mesa de bar, un grupo de filósofos de la pelota buscan aunar criterios. Algunos dicen que lo que está arruinando la cosa es la falta de identidad. Otros exclaman que lo que sobran son ‘huevos’ pero falta juego en equipo. La mayoría se empecina en contrastar esta época con las anteriores, hablan del 4-4-2, del 4-3-1-2 y demás números telefónicos que son un llamado a la nada. Lo cierto para cada uno de los comensales es que así no va, que todo está perdido.

Mientras tanto, en Colonia Caroya, Jesús María, Provincia de Córdoba, Argentina, el Mundo, un grupo de jugadores levantan el perimetral de la cancha del Club Colón, donde hace las veces de local el Deportivo Che Guevara. Y el nombre no es casualidad. “Acá la camiseta se transpira con contenido”, explica Monica Nielsen, presidente y fundadora del club que transita los pasos del Che.

“Seamos realistas y hagamos lo imposible”. Palabra más, palabra menos, eso se escuchó a comienzos de 2006 en una charla entre “compañeros guevaristas”, según describe Nielsen. Y agrega: “Arrancamos sin un horizonte concreto. Comenzamos a cimentar desde bien profundo de bajar el conocimiento del Che a los jóvenes e incluir a los pibes de zonas vulnerables a la práctica deportiva, que para mí debería ser un derecho del niño”.

Pero mucho antes de que el Deportivo Che Guevara comience a surcar las canchas de Córdoba (lo hace desde la temporada 2007, desde escuelita a Primera), la idea se arremolinó en la cabeza de su fundadora hasta dar con el pensamiento justo. “Los años 90 me decidieron. Veía la remera caminando por la calle hasta que le pregunté a un pibe si sabía a quién tenía en el pecho y me contestó: ‘un rockero’. Esa bronca se combinó con la que tenía Claudio Ibarra, que renegaba de forma itinerante en los clubes locales porque no le daban ni un ‘fulbo’. Entonces le propuse que formáramos un club propio. Con una condición: sólo iba a participar con este nombre y este pensamiento”, rememora en perfecto cordobés.

-¿Cómo le transmite el pensamiento guevarista a los pibes?
-Nosotros creemos en la teoría y en la acción. Con las conductas que adoptamos, la teoría se hace carne sin siquiera mencionar al Che. Yo les hablo del renunciamiento, del trabajo en equipo, de la solidaridad, de que todos tenemos que tener lo mismo y trabajar en consecuencia. Entonces, alquilamos el predio de Deportivo Colón a cambio de trabajo voluntario, por ejemplo. O los padres cocinan para los chicos que no tienen contención de su familia; hacemos eventos para costear los viajes, las fichas de los jugadores, la policía, los árbitros, la ambulancia y demás requisitos que solicitan desde la Liga Local…

-¿Cómo se mantienen?
-En base a la solidaridad guevarista que, indefectiblemente, empieza a aparecer. Hay que revisar un médico, tenemos un médico que nos ayuda porque admira al Che. Si necesitamos un abogado, tenemos un conocido. Si precisamos un contador, lo mismo. Todos de onda, desinteresadamente y de forma gratuita nos prestan sus servicios. Acá nadie cobra un mango y jamás tendremos un sponsor, nunca mancharíamos esta camiseta.

-¿Tienen algún tipo de ayuda externa?
-Ninguna, al menos desde los entes gubernamentales. Nunca vinieron con una colaboración del Estado, todo lo contrario. Tampoco queremos que hagan propaganda con nosotros. Eso sí, músicos, escritores, antropólogos nos dan una mano siempre. Hace un tiempo vino Rally Barrionuevo e hizo una peña de forma gratuita. Eso nos llenó de oxígeno a los pulmones por todo 2011.

-¿Los pibes preguntan por el Che?
-Sí, la mayoría me piden libros o que les cuente historias. Yo les digo que no es un tipo barbudo que está en una remera con un habano y una boina. Fue un tipo muy comprometido en su práctica y sus ideas. El Che no quería este mundo que tenemos, peleaba por otro mundo.

“Hasta la victoria siempre”, reza una de las banderas que acompaña al Deportivo Che Guevara a cada paso. Paradójicamente, el club menos resultadista del planeta. “Nosotros no buscamos salir campeones, ni vender jugadores. El deporte no puede ser una empresa y los futbolistas no son mercancías. El que se quiere ir a otro club, tiene vía libre. Nunca vamos a recibir un peso por eso”, explica Nielsen como declaración de principios. Y, profundiza: “Mi sueño es que, en el futuro, los jugadores del Deportivo sean dirigentes políticos que no se dejen coimear con el sistema burgués. Que de aquí nazca un dirigente revolucionario y del pueblo. Yo veo muchos chiquitos con personalidad de líder”, subraya.

En ese periplo que es sostener una institución sin el más mínimo vicio de lucro, el Deportivo Che Guevara ya cuenta con su primera presencia internacional. “Fue la Copa Hombre Nuevo – abre a la confesión la madre del club-. Se jugó en enero de este año y tuvimos tres equipos de Brasil (NdeR: Autónomos FC, Pelada da Esquerda y Lado B), uno de Lituania (NdeR: FC Vova), un equipo mixto de Inglaterra, de Bolivia (NdeR: Real Tarija) y de distintos lados de Argentina. Todos marxistas, comunistas y, principalmente, guevaristas”, relata Nielsen con el mismo orgullo que contará la vez que desfilaron ante “la Sociedad Rural y todos los grupos de sectores dominantes con la bandera Anarquista y la camiseta del club”.

En el mismo mundo, quizá en otra dimensión, la borra del café marcó las páginas del deportivo matutino. La charla se hizo espesa en el bar. Uno saltó con el 4-4-2, el otro retrucó con el 3-4-1-2 y se armó una de números telefónicos que son un llamado a la nada. En definitivas, no se hablará del Che, ni de cómo la lógica capitalista hizo pata ancha en el mundo de la pelota embarrando los clubes y puliendo a las Sociedades Anónimas del fútbol. No se pondrá en tela de juicio el vaciamiento de los clubes, el futbolista (que es una persona) como propiedad privada y mucho menos los organismos que arman el circo y pagan los monos. No, es una cuestión de la modernidad: “Los pibes no te miran un partido si no es de la Play Station”, dice uno.
Mientras, cuando parece que todas las flores fueron cortadas, un pibe alambra la cancha para jugar el domingo y parece que la primavera todavía existe.

Monica Nielsen también estuvo en el programa Vámonos de Casa. Acá podés escucharlo: http://www.nosdigital.dreamhosters.com//2011/10/el-ascenso-comenta-el-futbol/

“Nunca creí en los líderes por imposición”

Sebastián Saja, referente de Racing, explica qué significa ser capitán en el fútbol argentino. “Acá cumplimos un rol más importante que en otras partes de mundo: te tenés que preocupar porque tus compañeros cobren el sueldo, tenés que hablar con los dirigentes, hay que tener capacidad para que haya 30 jugadores a gusto”, asegura. De Aerosmith a Leo Mattioli, del Ché y Fidel a Messi, de su viejo a Bielsa, del triunfo al fracaso, de Centurión a Michelini, de Dan Brown a la Play, de la prensa al ritmo de la gente, el Chino cuenta cómo se forma la personalidad de un verdadero líder.

-¿Uno nace capitán o se hace capitán?
-Se nace. No es algo que se haga forzado o se quiera imponer por decisión de uno. Uno actúa como le sale. Yo me empecé a dar cuenta de mi personalidad cuando era chico. No me gustaba perder, me enojaba con mi viejo cuando se ponía a patearme al arco y me hacía un gol. Cada vez que la metía, lo quería cagar a palos. Es un proceso. Cuando te rebelás contra algo, te vas dando cuenta de tu temperamento. Siempre fui de reaccionar, desde chico lo llevo.

-¿Cómo se prepara un líder para ser líder?
-Yo creo que es algo natural. Es bueno cuando es natural. Cuando uno actúa como es, eso hace que llegue a ser capitán o uno de los referntes dentro de un grupo. Yo nunca creí en los líderes por imposición. Lo que sí, ser líder tiene muchas responsabilidades. Quizás la cosa viene por ahí, por prepararte para cuidar mucho más tus acciones. Tenés que ser un ejemplo.

-¿Qué hace un capitán?
-Bastantes cosas. Primero, tiene que dar el ejemplo en cuanto al entrenamiento, respetar los horarios, la disciplina. Hay que tener capacidad para organizar treinta jugadores para que todos estemos a gusto. En el fútbol argentino, además, los capitanes cumplimos un rol mucho más importante que en otras partes del mundo. Acá te tenés que preocupar porque tus compañeros cobren el sueldo, tenés que hablar con los dirigentes, tenés que resolver inquietudes más grandes. Afuera esas cosas no existen. El capitán es simplemente la imagen del equipo, es el lugar que ocupa dentro de la cancha. Acá, se busca más lo que transmite fuera de la cancha.

-¿Y vos sentís eso como parte del oficio o pensás que te gustaría simplemente dedicarte a atajar?
-Yo asumo las responsabilidades que tengo como jugador. Disfruto de poder hacerlas. Sobre todo, acá en Argentina. Afuera, capaz, te preocupás menos. Asumo esa responsabilidad y está bueno: me gusta ordenar y tratar que las cosas estén bien.

Imagen: NosDigital

– ¿Por qué afuera no?
– Donde yo tuve la experiencia más prolongada fue en Grecia y, ahí, el tema del idioma fue una barrera muy grande. Vos tenés que hablar y la verdad es que no podés. Después en Brasil, en el Gremio, tuve mucha continuidad, estuve un año, pero pasó algo natural: cuando llegás a un club, tenés que respetar los lugares que te toca ocupar. En Racing yo me acomodé en el lugar que me dieron mis compañeros y, poco a poco, el espacio fue apareciendo. Por ahí llegaste a otro club, otro ocupa ese lugar y uno lo acepta. Acá se fue dando naturalmente.

– ¿Acá en Racing se dio naturalmente o se dio por necesidad?
– Puede ser que yo haya sido capitán por una necesidad. Había muchos chicos jóvenes en el plantel. El capitán era Yacob, que tenía muchos años en el club pero 24 años. El grupo necesitaba gente de experiencia. Aunque eso no quiere decir que para ser capitán haga falta tener 30 años. Capaz algunos tienen 22 y lo hacen muy bien. Y tenés algunos de 35 que no pueden manejar nada.

-Racing es un club que vive con euforia, con una presencia de la gente muy grande, con presiones: ¿cómo es manejar este vestuario?
-Siempre hay que ir aprendiendo y adaptarse al lugar en el que estás. Transmitiendo a los compañeros distintos conceptos, explicando cómo tienen que manejarse con la prensa, haciendo lo posible para que nunca entremos en el ritmo de la gente. Racing de local es difícil, administrar la presión es complicado. La euforia que tiene el hincha de Racing de local no es algo sencillo de llevar.

-Mencionás el tema del ritmo de la gente. Vos que sos arquero, que pasás bastante tiempo sin participar del juego, quizás tenés más tiempo para verlo, ¿cómo se definiría esa sensación desde adentro?
-Se nota cuando un compañero tiene la pelota en la mitad de cancha y decide retroceder con la pelota y, por ahí, la gente lo reprueba, y le hace perder confianza en lo que cree. Lo lleva a equivocarse, a que arriesgue en un pase y pierda la pelota. Eso le pasa mucho al equipo. Todo depende del resultado: si vas ganando todo se aprueba, pero si vas perdiendo todo se reprueba.

-¿O sea que desde adentro se siente todo?
-Desde adentro se siente todo. Todo. Tenés que ser muy frío o tenés que tener mucha experiencia para no sentirlo. A mí me pasa mucho. Si yo descuelgo un centro y la gente me grita sacá, sacá, sacá, uno nota el ambiente y es difícil tener la pelota como para mirar bien a quién dársela.

-¿Cómo es explicarle eso a un chico hoy? ¿Sentís que del momento en que vos eras un joven a ahora, los futbolistas cambiaron?
-Son tiempos distintos. No es que cambió el fútbol, cambió la sociedad en sí. Cuando yo jugaba en la tercera de San Lorenzo, me moría de ganas de tener los guantes que tenía en ese momento Oscar Passet. Hoy cualquiera de los de las inferiores tienen guantes de las dos mejores marcas porque se los da su representante. Se pierde la valoración por las cosas. A mí me parece que es importante sentir el sacrificio por las cosas que se tienen. Hoy eso cambió, todos tienen botines impresionantes. Es más, parece que el que no tiene el último celular está mal. Yo si llegaba con un celular a la concentración, siendo pibe, me miraban todos mal. Hoy se perdió ese respeto, pero lo perdió la sociedad. Igual acá en Racing estamos muy contentos con los jóvenes, son muy respetuosos.

-Hace un rato hablábamos de si hacía falta prepararse para ser capitán, ¿vos tenés que ir aprendiendo los nuevos códigos de los pibes?
-Me cuesta tener que decirle a Centurión: “Eh Guacho”, o alguna cosa así. No me sale. Trato de hablarle de la manera que yo creo, pero el lenguaje me cuesta. Uno se adapta. A mí me gustaría escuchar rock en el vestuario, pero a los más chicos les gusta escuchar cumbia o los wachiturros.

-¿Y qué música te gusta a vos?
-A mí me gusta de todo: del Rock Nacional a Internacional. Soy amplio en ese sentido. Desde Aerosmith o Guns N’ Roses, hasta a Diego Torres, Fito Páez o los Fabulosos Cádillacs. El tema es que los pibes me ponen a las ocho de la mañana Leo Mattioli y, bueno, preferiría otra cosa. Los días del partido me banco la cumbia porque hay que estar bien arriba, pero durante la semana es difícil.

-¿Sentís que los pibes te escuchan?
-Sí, siento que me escuchan. Yo, al menos, me quedo con la tranquilidad de que los aconsejé. Ahora, a la vez, te aseguro que ellos se van a equivocar, como todos nos equivocamos muchas veces. El otro día lo agarré a Viola y le dije que una de las cosas que no tenía que hacer era volverse rápido a Argentina, que había que aguantar las adversidades. Y creo que me prestó atención.

-Hace un rato dijiste que había que ayudarlos con el tema de cómo declarar, ¿cómo funciona eso?
-Es que hay que aconsejarlos. Acá en Racing, igual, es un caso muy especial porque están muy bien cuidados, muy organizado y eso nos viene muy bien. Uno debe aprender a manejar el tema de la comunicación. Pero en San Lorenzo, cuando yo era más chico, no era así.

-¿Y vos sentiste que en esa época te equivocaste con los medios?
-Yo cometí infinidad de errores en cuanto a cómo manejarme con la prensa porque cuando uno es joven, a veces, cree que sabe todo y en realidad no sabe nada y uno hace declaraciones de más. Imaginate que si yo fuera joven, ahora antes de jugar con Independiente, declararía: “El sábado ganamos como sea”. Que son títulos que a la prensa le gustan mucho y que los hinchas también quieren escuchar. Pero si después te equivocás, la pagás muy caro y es innecesario. Me acuerdo, en San Lorenzo, una vez estábamos jugando contra Boca y estábamos perdiendo 1-0. Yo fui a patear un tiro libre y no me dejaron, pero igual me quedé al lado de la pelota. Cuando terminó, me tocó hacer los análisis del dóping y cuando salí, declaré: “Acá cada uno hace lo que quiere”. Cuando llegué el otro día, me agarraron un par y me pegaron una lavada de cabeza total.

– ¿Quiénes eran ahí los que te fueron enseñando?
-Estaba Pablo Michelini, el Beto Acosta y también, aunque a mí me toco remplazarlo, Gustavo Campagnoulo. Ellos me iban diciendo cosas. Yo igual pensaba que dijeran lo que me dijeran iba a hacer lo que quisiera y nadie me tenía que decir nada. Pero obviamente me equivoqué. Son muchas las cosas donde te pueden ayudar y cuando vas creciendo te vas volviendo más consciente de eso. Necesitás que te expliquen qué hacer con tus primeros sueldos, no tenés que comprarte un cero kilómetro para quedarte seco de guita. A mí me agarró una vez Oscar Ruggeri, que fue el técnico que me hizo debutar, y vio que yo me había comprado un auto. Cuando llegué al club, me llamó aparte y me pregunto: “¿Y dónde lo guardás” y yo le dije que en la casa de mi viejo. Y él me respondió: primero te tenés que comprar el garaje, después el auto. El problema es que esas cosas son cada vez más complicadas de explicar porque, como decía antes, ahora todo es más fácil. Las necesidades son otras: hoy los chicos suben rápido, los venden rápido y todo dura poco.

– ¿Eso se ve en cómo se juega?
– Sí, claro. Por eso se juega como se juega. Los talentos no duran nada. Cuando yo arranqué a jugar, había tipos como Aimar o como Saviola que estuvieron cuatro temporadas antes de irse. Ahora fijate el caso de Viola, que tiene 40 partidos en Primera, ni un torneo como titular y ya se fue. Eso no funciona porque a los pibes los quemás. Tenemos el caso de Centurión, que es un chico con unas condiciones bárbaras, pero para volverse un gran jugador tiene que estar tres o cuatro años en el fútbol argentino para formarse. Pero bueno, las necesidades mandan.

-¿Eso vos lo podés hablar con los pibes?
-Es difícil explicárselo a su familia, sobre todo. Las oportunidades en el fútbol a algunos les pueden pasar dos o tres veces, pero esos son los menos. Capaz que pasa una sola vez y todos temen por eso. Yo trato de hablarles por lo que me ha tocado vivir, lo hago acá y lo hago con mis amigos y con mis sobrinos, pero no es sencillo.

-Para formarte y aprender esto de ser un líder, ¿vos leés algo, mirás series, películas?
-Sí, hace un año que empecé a leer cosas del Ché. Me gusta mucho la verdad. Ahora acá el técnico me pasó otro del Ché y uno de Fidel Castro porque me vio en un avión leyendo cosas de ellos. Son figuras que han trascendido todas las barreras. Uno puede no estar de acuerdo o sí, pero sin dudas son personalidades que enseñan muchas cosas.

-¿Qué es lo que te llama de esas figuras?
-Me quedó muy marcado una historia de cuando ellos ganaron la Revolución. Fidel le tuvo que llevar la familia al Ché sin que se enterara porque no quería gastar la poca plata que tenía Cuba. O cuando el Ché viajaba a Uruguay, y no tenía plata para hospedar la familia, no los llevaba. Cuando uno trasciende la familia por un ideal, es para sacarse el sombrero. O lo mismo con el tema de conquistar un país. Podrían haberse quedado ahí, pero no: decidieron seguir e ir por África y después por Sudamerica. Para mí, llevándolo al fútbol, es como si ganás un Mundial, pensás que ahí se terminó todo, pero siempre hay más cosas por jugar y más partidos por ganar.

-¿Cómo llegaste a interesarte en ellos?
-Siempre me intrigó la figura del Ché. Uno siempre escuchó hablar de él y opinar, pero yo nunca me metía porque no conocía más que lo que me han contado. Pelletieri me acercó un libro, ahora vamos a ver qué fue lo que realmente sucedió. En el Ché yo veo eso de ser un líder positivo, eso de siempre querer más.

-¿Y a los pibes del plantel los ves leyendo eso?
-No, por ahora no, por ahora están jugando a la Play o a las cartas. Yo al principio tampoco leía, pero me enganché con las novelas de Dan Brown, con el Código Da Vinci, y fui encontrando nuevas cosas.

-¿En el deporte ves algún otro líder que vos tomes de modelo?
-Hay muchísimos. En el fútbol me sorprende mucho Messi. Me asombra. No por su personalidad, sino por la búsqueda de superación que él tiene. También veo en eso a Federer o a Nadal. Se mantienen siempre en el máximo nivel y nunca se conforman. Si logras tener la ambición de los grandes deportistas eso es lo que te termina haciendo triunfar o no. Yo no soy un dotado, pero juego en Primera, aunque si yo me propongo jugar en el Barcelona no voy a llegar. Pero el proponérmelo me hace jugar en un nivel un poquito más alto que en una carrera normal. Creo que se puede potenciar muchísimo desde la superación.

-¿En Argentina hay un problema con el concepto de triunfar?
-Sí, es algo bien de Argentina. Nosotros como sociedad somos así. Mirá lo que nos pasó a nosotros en la Copa Argentina. Yo se lo decía el otro día al presidente: si vos me decís que voy a jugar cinco finales más y las voy a perder, te lo firmo, porque es importante llegar. Acá eso no cuenta. Sólo hay que ganar. Vivimos y juzgamos por si alguien salió campeón o no. Parece que al argentino lo único que le importa es salir primero y hace veinte años que no llegamos a una semifinal de un Mundial. ¿Y qué querés, salir campeón si nunca sos siquiera quinto? Eso es lo que pasa acá en Racing: nos piden siempre salir primeros cuando el torneo pasado, capaz, saliste decimoctavo. Todos queremos ser campeones, pero es imposible.

-¿El tema sería que si perdés sos un fracasado?
-Claro. Yo escucho que Boca porque perdió dos finales de tres es un fracaso y me quiero matar. Ojalá yo pudiera jugar la Copa Libertadores. Fracaso es otra cosa, es no haber hecho todo para tratar de obtener un resultado, es si yo vuelvo a mi casa y siento que no di todo.

– Siguiendo con el tema del ser capitán, ¿a vos te gusta, también, participar de la discusión futbolística con el entrenador?
– Me gusta, siempre y cuando, me pidan opinión. Con el técnico y con los dirigentes. Acá en Racing se puede. Muchas veces, cuando terminan los partidos, Zubeldía te pregunta qué te pareció, cómo te sentiste. Él es joven pero su personalidad hace que parezca más grande. Los mayores lo respetamos mucho. Veníamos del Coco, que es más grande, y antes teníamos al Cholo, que era también joven. Pero no cambia mucho, lo distinto son las ideología que tiene cada uno. El fútbol tiene diversos modelos, eso es lo diferente.

-¿A vos qué ideología futbolística te gusta?
-Nosotros crecimos con dos ideologías: el menottismo y el bilardismo. Las dos tuvieron tantos resultados positivos como negativos. Yo digo que para mí hay otra más, que es la de Marcelo Bielsa. Un fútbol más dinámico, más vertical, más moderno quizás.

-Hablando de liderazgo, Bielsa es uno muy particular.
-Sí, pero Bielsa le llega mucho al jugador. Te convence con el trabajo de campo, creo que eso es lo bueno. No te tiene media hora hablando, con el laburo él hace que vos creas en eso. Mirá que él no tiene mucho diálogo con los jugadores, pero les llega igual.

-¿Cómo hacés para llevar todos los temas que requiere ser capitán y no olvidarte de nada?
-Tengo un cuaderno donde anoto todo. Yo vi que lo hacía Michelini, que era un tipo muy ordenado, y se lo copié agregándole cosas mías. Así, por ejemplo, organizamos acá el método del pozo común, que es cuando cobramos algún premio, ponemos de a 50 o 100 pesos para después, entre todos, comprar cosas para el vestuario, como un equipo de música o una máquina de café. Es una forma de acolchonar los gastos y así, después, si vamos a cenar todos, no le sacás plata a un pibe que cobra 5000 pesos por mes.

-Para bancar todos estos problemas, ¿hacés terapia?
-No, a mí es algo que nunca me gustó mucho, aunque considero que es bueno que alguien lo pueda hacer si quiere. Mi terapia es hacer asados los jueves a la noche, en Brandsen.

-¿Sos un buen asador?
-Según mis amigos, soy muy bueno. Aprendí de mi viejo. Cocino al asador, a leña. Me preparo un costillar entero a la cruz. Ahí me logro aislar de todo.

 

“Si conoces la historia, sabes que no tiene fin”

Sobre Historia vamos a hablar. Sí. Y te va a interesar. En viaje a Cuba, entrevistamos al director del departamento de Historia de la Universidad de la Habana, Sergio Vilaboy. Cómo se estudia allí y cómo es la salida laboral, el bloqueo, los coletazos de la caida de la URSS, el alcance de la Historia a la población no académica y alguna infaltable cuestión sobre el Che. Dejate tentar para después, poder leer.

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Largo viaje a la Habana, alguna escala y un simpático calor caribeño. Andamos por la capital de la otra forma de vivir, el cielo y el viento en la cara pega suave cuando tomamos un cocotaxi amarillo que se cuela en un transito de grandes carrocerías de más de medio siglo. Llegados al barrio de Laceiba, nos atiende en el estudio de su casa Sergio Guerra Vilaboy, profesor y director del departamento de Historia de la Universidad de la Habana y presidente de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC).

-¿Cómo hace un estudiante en Cuba para poder elegir la carrera de Historia?

– La carrera de Historia hoy en día, eso ha tenido cambios desde los tiempos de la Revolución. Antes, no existía. No te voy a decir que no había historiadores pero era gente que estudiaba otras carreras. Los que se querían formar profesionalmente estudiaron Historia en otras universidades de Latinoamérica. La carrera se crea en 1962, como una reforma universitaria, precisamente estamos conmemorando actualmente los 50 años de la carrera de Historia. El primer curso comenzó el 14 de febrero de 1962. Después de ahí la carrera fue variando su currícula, sus concepciones y su forma de ingreso. Hoy día, la forma de ingresar –respondiendo a tu pregunta- es: los graduados de los bachilleratos eligen qué carreras quieren estudiar en las universidades. Y se ingresa por el rendimiento que hayas tenido en el período pre-universitario. Así que, como cada carrera tiene determinados cupos, si tú no puedes entrar a tu primer opción porque ya ha quedado llena, pasas a la segunda opción y así sucesivamente. Estos cupos se dan para satisfacer, en el ideal, a las necesidades del país. Cuando un estudiante se gradúa, se gradúa con su ubicación, con su trabajo. Por lo tanto, como en Cuba todos trabajan, los organismos e institutos dicen “yo necesito X personas”; y así se hace un cálculo de las necesidades. Pero hay cursos, los sábados, nocturnos o a distancia, que tú puedes optar por estos, y aquí la matrícula es libre, porque el Estado no se compromete por tu ubicación laboral, aunque el título es equivalente. Hay una tercera variante. Cada año se da unas plazas para exámenes de ingresos, para aquellos que no entraron en años anteriores, pero que quieren seguir esa carrera.

-¿Cuáles son las bases del plan de estudio?

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-Nosotros le damos mucha importancia sobre el Tercer Mundo, estudiamos América, Asia y África. Pero también Grecia y Roma, es inevitable, son referentes universales. Hablar de Cesar, de Napoleón, tienes que saber quiénes son.

 -¿Cuál es la forma de hacer que la Historia llegue a la población en general?

-Tenemos cursos por televisión, eso que se llama “Universidad para Todos”. Todos los días por la mañana y a la noche se pasan cursos por televisión, que no son solo de humanidades sino de todas las currículas. Y estos se forman en un nivel pensando en la población en general. No sabemos exactamente la llegada, pero a veces uno va por la calle, alguien te reconoce y te hace una pregunta de lo que vio el otro día en la TV. También por medio de publicaciones en papeles, que son muy baratas e instructivas.

-En cuanto al bloqueo, ¿hay también uno a la historiografía cubana?

-Nosotros hemos tenido etapas. Al principio de la Revolución había un debate sobre las vías para la construcción del socialismo, teniendo el Che un gran aporte. Qué tipo de socialismo queríamos: ¿a la europea o uno propio, diferente, a medida de nuestras características? Y en determinado momento se exponen las tesis del Che, que eran también las de Fidel Castro. En esa etapa de largas discusiones, se debatían sobre las tendencias historiográficas también. Lastimosamente después vino un período, luego de la muerte del Che, en los 70’ en adelante hasta fines de los 80’, donde cambiamos el rumbo y nos integramos a la URSS. Se copió los métodos soviéticos, incluso se intentó implantar un socialismo soviético. Y eso fue muy costoso para las ciencias sociales ya que se impuso una serie de doctrinas dogmáticas, en la Filosofía e incluso en la Historia. Empezaron a considerarse revisionistas otras formas de pensamientos y eso lastró la formación, el quehacer y el debate de los historiadores. Por último, otra etapa, en la que podríamos estar ahora. Se da cuando cae el muro, que fue un acontecimiento catastrófico para la economía del país. Sin embargo, para el ámbito académico fue beneficioso, porque nos demostró que aquello era una basura, que había miles de errores, aunque también tenía sus virtudes, abrió el debate ampliamente. Debido a la crisis económica del país, se dan ciertas dificultades; a veces te enteras que sale un libro y no puedes acceder a él. Para un profesor es difícil. Y eso afecta a nuestras bibliotecas, porque falta nueva literatura. Hoy en día Cuba tiene acceso a Internet por medio de un satélite restringido, entonces cuando quieres bajar un documento tardas una hora. Y no todos tienen Internet, aunque sí todos los estudiantes, pero le pasa lo mismo que a todos, para bajar un documento tardas mucho tiempo. Esto nos limita mucho a todos, aunque no estamos en la indefensión total.

-Con la caída de la URSS, ¿cómo repercutió en los historiadores cubanos la teoría neoliberal del “fin de la historia”?

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-Como un absurdo, como una tontería. Que porque se cayó el socialismo, se acabó la historia… Todo el que conozca la historia sabe que la historia no tiene fin mientras exista el ser humano, ya que el humano es histórico. No significa que vuelva el socialismo, habrá otra cosa, pero la sociedad evoluciona, que digamos que habrá un mundo sin cambios, es un absurdo. El problema era que nosotros creíamos que el socialismo iba a ser eterno, y no fue así, era un castillo de naipes. Tenía ciertos problemas que no vimos o no queríamos ver. Yo sabía que había problemas, aunque aparentaba cierta solidez; pero no creí que iba a derrumbarse como se derrumbó. Y eso cambió la vida de este país, pasamos momentos muy difíciles en el ámbito económico. Hubo que cerrar fábricas, Cuba dependía de un 80% del comercio y del capital de la URSS y eso se acabó de acá para luego. A partir de ese momento, fue terrible, la comida no alcanzaba, pero bueno, fue una cosa muy dura de la cual hoy aún no hemos salido pero que ya ha quedado en el tiempo. Nos hemos acostumbrado a la penuria, aunque otras ya fueron solucionadas con el paso del tiempo.

– Hablar del Che en Cuba es casi obligado, las decisiones de ir al Congo y Bolivia, ¿en qué lógica entraron?

-En la lógica de este país, de la política de Cuba. La misión del Congo, ¿en qué se diferenciaba de la misión de Angola y Etiopía? El Che estuvo en el Congo, pero él murió, y Cuba siguió apoyando a los movimientos revolucionarios en África, hasta 1975 empezó la guerra en Angola y tres mil cubanos volaron allí. Con esto te digo que lo que hizo Guevara en Bolivia y Congo no fue otra cosa que llevar a la práctica los principios de la Revolución Cubana. A veces hay gente tendenciosa, tergiversaciones o ignorancia han llevado a decir la tesis de que el Che era una cosa diferente, de que quería una cosa diferente al rumbo de la Revolución Cubana. Que se iba a convertir en un Trotsky y que un día se desengañó y se fue a construir la revolución a otro lado. Y eso es absurdo. La revolución cubana tiene una fuerte impronta latinoamericana, se nutrió de la ayuda de todo el continente. No nació aquí sola y el Che fue muestra de eso, pero la cualidad del Che es que era un político de primera línea que se involucró en los movimientos revolucionarios que apoyaba Cuba, pero no fue el único. El Che siempre decía que tenía la intención de irse a otra parte, pero principalmente a la Argentina, hacer una revolución social allí. Pero después amplió su visión y comprendió que la revolución debía ser latinoamericanista; la que quería hacer, al estilo de la de San Martín o Bolivar. Y el primer lugar que se lanza es al Congo, donde hay cubanos, lo mismo en Bolivia.

-Sin embargo, su misión a Bolivia siempre generó polémica…

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-Debes ver que esa era una generación voluntarista que ganaron aquí a golpe de voluntad, pero (la victoria en Cuba) no fue solo por eso, sino porque había un conjunto de circunstancias que lo permitieron, que eran irrepetibles. Había una crisis política, económica y social. Cuando Fidel desembarca, ya era una figura nacional; los campesinos lo iban a saludar para conocerlo, porque lo escuchaban por la radio. Cuando el Che va a Bolivia, la población indígena, no tiene la menor idea quién es. Era un país donde él no tenía raíces, donde el blanco era extranjero, donde los indígenas no hablaban el mismo idioma, había otras circunstancias que en Cuba. Yo creo que probablemente el escenario era menos favorable para hacer una guerrilla allí. Pero su idea era que fuese como el centro de una revolución global, que abarcase Perú, Argentina.