¿Por qué no te callas, España?

Cuando Pedro Carmona levantó el teléfono y escuchó la voz que lo saludaba desde el otro lado del tubo, esbozó una sonrisa triunfal. No lo sabía en ese momento pero la mueca de felicidad se le borraría apenas dos días después. José María Aznar, presidente de España, lo llamaba desde Madrid para darle el reconocimiento como nuevo mandatario de la República Bolivariana de Venezuela. Ya lo había hecho un rato antes George Bush, el otro gran aliado de la oligarquía venezolana en la geopolítica mundial para dar el golpe de Estado del 11 de abril de 2002 contra el gobierno legítimo, constitucional y democrático de Hugo Chávez. Carmona, titular de Fedecámaras, la principal organización del gran empresariado nacional de Venezuela, esperaba seguir recibiendo llamados desde todas partes del mundo para terminar de acomodar el culo en el sillón presidencial, que ocupaba ilegítimamente tras “sacar” a Chávez. Pero no. El Imperio mostró fisuras, el pueblo respaldó al líder que eligió en las urnas y al usurpador no le quedó más remedio que escapar del Palacio de Miraflores, sede del Gobierno de Venezuela.

No se lo perdonaron. Ni Aznar ni Bush ni Juan Luis Cebrián (presidente ejecutivo del grupo PRISA, dueño del diario El País, diario -de periodismo general- de habla hispana con más ventas en el mundo) ni ninguno de todos los exponentes de la derecha internacional soportaron la autonomía de un proyecto político que llevaba apenas algo más de tres años al mando del país y juraron venganza. De ahí en más, los intentos –más o menos salvajes, siempre imperialistas- se repitieron una y otra vez.

***

Ahora la embestida desestabilizadora adquirió otro tono y, bajo el manto protector de Barack Obama, y en la antesala de una nueva edición de la Cumbre de las Américas -cumbre de los gobiernos de América-, el gobierno español y sus socios mediáticos se pusieron a jugar en el centro de la cancha. Mientras el 32,6 por ciento de los niños en España viven en riesgo de pobreza y/o de exclusión social (así lo asegura la ONG Save the Children), Mariano Rajoy, máxima autoridad del país y símbolo del Partido Popular (PP), se tomó el tiempo de recibir en Madrid a Mitzy Capriles, la esposa de Antonio Ledezma, el alcalde de Caracas detenido por golpista. Pero no solamente el líder del Partido Popular lo hizo: Pedro Sánchez, referente del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), también eligió juntarse con Capriles en vez de denunciar que el 8,3 por ciento de los menores de su tierra viven bajo privación material severa. Como si fuera poco, Felipe González, miembro histórico del socialismo español y presidente del país entre 1982 y 1996, asumió, en Venezuela, la defensa judicial de Ledezma y de Leopoldo López, también detenido por golpista luego de las protestas de febrero de 2014 en Caracas.

Felipe González, amigo personal de Carlos Andrés Péres, expresidente de Venezuela, separado del cargo de presidente tras ser acusado por la Corte Suprema de Justicia de su país por “malversación de fondos públicos y fraude a la nación”, dio una entrevista al diario El País, el 14 de marzo, en la que, explicando su postura sobre España, dejó en claro cuál era su base ideológica: “Yo defiendo la economía de mercado, eficiente y competitiva como el único instrumento para hacer de verdad más iguales las oportunidades de la gente”. Desde ese lugar piensa, desde ese lugar decidió defender a los acusados Ledezma y López, desde ese lugar considera al chavismo un gobierno “no democrático” -más allá de haber ganado 18 de 19 elecciones-.

Maduro, tras ver las acciones y las declaraciones de Felipe González, declaró: “González se ha incorporado abiertamente a coordinar el lobby golpista frente a mí”. Además, se ocupó de recalcar que el expresidente español, en 2005, tuvo una dura discusión con Chávez, luego de que el exmandatario venezolano rechazara vender una empresa telefónica estatal a una empresa dirigida por el mismo González.

***

La intervención de la derecha española en la escena de Venezuela no termina ahí. Ni mucho menos. Luis de Grandes Pascual, miembro del Partido Popular e integrante del Partido Popular Europeo, no solamente operó para que el Parlamento Europeo condenara a Nicolás Maduro sino que se encargó de poner de manifiesto, sin ningún tipo de tapujo, representante de quién es en este mundo: el capital financiero. “Hay que explorar y adoptar las medidas necesarias para salvaguardar los intereses europeos y el principio de seguridad jurídica para las empresas europeas en Venezuela”, argumentó sin hacer alusión a los 41.000 millones de euros que se utilizaron en España para salvar a la banca de la crisis. Por supuesto, de Grandes Pascual tampoco se preocupó por aclarar por qué es más importante proteger la ganancia de los explotadores que generar trabajo en una sociedad que tiene sin empleo al 23,4 por ciento de su población económicamente activa (según señala la Oficina Europea de Estadística).

“Parece que el ‘socialismo del siglo XXI’ bolivariano se articula peligrosamente sobre las ansias cleptómanas de sus ideólogos”, sostuvo el diario El Mundo, para que los dispositivos mediáticos se pusieran a tono con el ataque sistemático a Venezuela, en su editorial del 16 de marzo. Mientras tanto, miles de personas de todas partes de España marchaban a Madrid para reclamar “Pan, trabajo y techo”.

“Gracias al aparente exceso de Obama, a la desesperación cubana por atraer inversiones, turistas y comercio, y frente al descalabro económico venezolano, producto de la incompetencia y de la caída del precio del petróleo, el tiempo de la indiferencia se agotó”, escribió el mexicano Jorge Castañeda, representante académico de la derecha internacional, en una columna de opinión publicada en el diario El País el 23 de marzo. Mientras tanto, los manifestantes denunciaban en la Plaza Colón de la capital española las políticas de ajuste del gobierno conservador de Rajoy.

Jorge Martínez Reverte, escritor e historiador, dijo lo suyo, siempre en una sintonía derechista, en un artículo publicado -también- en El País el 20 de marzo: “Maduro se parece cada vez más a un dictador brutal que al liberador que algunos nos quieren colar. Ya están superados, por desgracia, los tiempos en que Venezuela podía presumir de haber disminuido la desigualdad social”. Y, también mientras tanto, una de las centenares de miles de víctimas de la crisis explicaba en plena protesta: “Vivimos un estado de emergencia social en el que estamos pagando con nuestras vidas los desmanes de los bancos”.

***

Uno de los principales organismos desde donde opera España en Latinoamérica es la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), que tiene como titular al expresidente Aznar -también encargado de dar el sí para que España se sumara a Estados Unidos en la invasión a Irak, que comenzó en 2003-. Este líder del PP, al abandonar el cargo de máximo mandatario de su país, se dedicó a difundir las ideas neoliberales de FAES y a manejar el lobby internacional de News Corporation -una empresa de propiedad de Ruper Murdoch, investigado y procesado por escuchar ilegales-.

Aznar trabaja, a través de FAES, con Mauricio Macri, uno de sus delfines políticos en el continente. En 2009, en Buenos Aires, organizaron una charla que tuvo como orador principal a Sebastián Piñera, expresidente de Chile, por el partido derechista Renovación Nacional. Allí, expresó: “En la región existen dos modelos. Uno es el bolivariano. El otro es el de la libertad”. Tan sólo un año después, hubo otra reunión, organizada por la Fundación Pensar -liderada por Macri, en Argentina- de la que participaron Aznar, Macri y -sin ninguna casualidad- Antonio Ledezma Díaz -alcalde de Caracas detenido- donde argumentaron que la crisis económica mundial implicaría ganadores y perdedores y era hora de que sus países se sumaran a los ganadores.

En este escenario en el que la Cumbre de las Américas aparece como cita decisiva para lo que será la política de Estados Unidos sobre los países latinoamericanos –con Venezuela como epicentro-, España hizo, según dio a conocer el periodista canadiense Jean-Guy Allard, una última contribución de peso al deseo imperial de someter a la región: albergó a Ramón Guillermo Aveledo, secretario de relaciones internacionales de la venezolana Mesa de la Unidad Democrática (MUD) -opositora al gobierno de Maduro-, para que se reuniera en Madrid con los más mediatizados cabecillas que tiene hoy el gobierno de Obama a la hora de agredir a Cuba. Todos ellos tramaron cuáles serán los pasos a seguir en el cónclave que tendrá lugar el 10 y el 11 de abril.
***
Desde aquella vez que Carmona descolgó el teléfono y charló amablemente con Aznar acerca del efímero triunfo que creían eterno, el conjunto de la derecha española no ha parado de aportar discursos y recursos y políticas para golpear a este continente. Ni siquiera el desastre económico y social en el que está sumergido el país desde 2008 calmó las ansias de venganza de los que siempre tiran paredes con los intereses de Estados Unidos. Venezuela resiste como lo viene haciendo Cuba desde hace más de medio siglo. Y, al menos por ahora, aunque se muera de ganas, Rajoy no tiene a quién llamar para echarle una felicitación.

Ya nadie debiera escuchar tu remera

El 24 de enero se cumplió un año de la tapa de El País en donde aparecía Hugo Chávez moribundo. Un día después, se descubrió que la foto no era real. El diario pidió disculpas por el equívoco. ¿Cuál fue realmente el equívoco?

Moisés Naím se estaba masturbando con la imagen de un muerto. Eran las 23 del 23 de enero y el día se terminaba en Davos, Suiza, en el Foro Económico Mundial, cuando se cruzó con Javier Moreno. Naím le preguntó a Moreno si podía twittear la noticia. Él le dijo que sí, pero que no advirtiera de quién se trataba. Naím la twitteó. Un rato después, Moreno retwitteó la foto.

Moisés Naím es un analista político de Venezuela al que le paga un salario, entre otros, el Grupo Prisa a cambio de desestabilizar el gobierno de ese país. Antes, fue ministro de Fomento (en Argentina, sería de Planificación, el cargo que ocupa Julio de Vido) del presidente Carlos Andrés Pérez, quien el 21 de mayo de 1993 fue separado de su cargo por “malversación de fondos públicos” -siendo el único mandatario en la historia de Venezuela en ser expulsado por el Congreso-.

Javier Moreno era el director del diario El País hasta hace unos meses, a quien también -todavía- le paga el sueldo el Grupo Prisa a cambio de, entre otras actividades, desestabilizar cada pequeño movimiento de rebeldía en Latinoamérica -incluida, dentro de este combo, la relación con los poderes más conservadores de este continente-. El Foro Económico Mundial es un lugar “en el que se reúnen las élites sociales y económicas del planeta” -el entrecomillado pertenece (en tono elogioso) a un texto aclaratorio del propio diario El País-. Las cuentas de twitter son @MoisesNaim y @morenobarber. La foto de la que se hablaba aquella noche era la de un hombre moribundo sobre una camilla. El 24 a la mañana, después del orgasmo del twitter, el diario El País llenaba las calles con una imagen de un supuesto Hugo Chávez al borde de la muerte en La Habana. Esa misma tarde, se descubría que el de la foto no era Hugo Chávez, que había sido un chantaje. Tuvieron que pedir disculpas.

El 24 de enero de este año, hace unos meses, se cumplió un aniversario de aquello que El País determinó como un error y que nosotros determinamos como una muestra tan nefasta como demostrativa del lugar hasta donde fue capaz de llegar el imperialismo con tal de tocarle el culo a Chávez. Un año sirve, ante todo, para abrir un debate que El País -no pensando a El País como a un diario sino como parte del Grupo Prisa, corporación de negocios, dueño de Radio Continental en Argentina, crítico constante de la Revolución Cubana, socio de la gusanera de Madrid, socio de la derecha latinoamericana- no quiso dar: ¿qué hubiera pasado si el de la imagen, en realidad, no hubiera sido un fiasco de una enfermera cubana y hubiera sido realmente Hugo Chávez moribundo?

El País nunca se disculpó por lo que realmente debiera disculparse: por si era Chávez. No por morbo -al que vamos a dejar catalogado, simplemente, como mal gusto-. Sino por golpista. Porque aquella noche en Davos los dos periodistas sintieron lo que hacía tiempo anunciaban en editoriales: el chavismo sin Chávez era el final del chavismo. Anunciar la muerte no sólo era un juego vil: era preparar al mundo para la transición. Y, para ellos, era adelantar el festejo de aquello que estaban esperando: terminar con Chávez, el único presidente latinoamericano en la historia que se había ganado una mención constante en las páginas de ese periódico.

O más.

Hugo Chávez era el político más mencionado en libros de lo que va del siglo XXI. Hugo Chávez era el presidente venezolano más mediático de la historia. Hugo Chávez está pintado en un muro en Irlanda. Hugo Chávez está en un Viva Chávez en frente de la Plaza de los Estudiantes en Belgrado. Hugo Chávez invitó a oler el azufre que dejaba la sombra de George Bush. Hugo Chávez le levantó la voz al Rey de España. Hugo Chávez fue, definitivamente, la obsesión de un imperialismo que iba a reuniones de élites en Suiza, el país que el capitalismo mundial utiliza para cuidar aquello que ni las miserables leyes de las repúblicas capitalistas pueden permitir.

El País -uno de los principales voceros a la hora de hablar de libertad de prensa y de opinión- desde todos sus medios en el mundo lanzaba críticas contra Chávez. Incluso, cuando Chávez ganaba elecciones, decía que había ganado pero en realidad había perdido porque no había ganado por tanto. Su obsesión por un país de Latinoamérica que crecía de modo inentendible. O no: entendible. Chávez era, evidentemente, un grano difícil de sacarse.

La obsesión Naím, el masturbador de aquella noche, contra Chávez era tan fuerte que en la edición de El País del 18 de noviembre de 2007 -una edición en la que se destaca el texto “El comandante y el Rey” de Mario Vargas Llosa, también despiadado con Chávez- llegó a escribir cosas como “los jefes de Estado de América Latina están hartos de Hugo Chávez”, “el narcisismo de Hugo Chávez ya fastidia hasta a sus aliados” y “sabemos que Chávez no se destaca por su temperamento democrático hacia quienes discrepan de él”. Es decir: un opinador que contaba la opinión de otros presidentes, curiosamente de los presidentes no aliados al expresidente venezolano.

Aquella edición del 18 de noviembre de El País marcó un récord. Chávez apareció mencionado en las secciones Internacional, Nacional, Economía, Opinión -con dedicación exclusiva de la nota principal, de la microsección Revista de Prensa y en la columna de Vargas Llosa- y en el Suplemento Domingo. Todo un presidente no sólo no propio sino de Venezuela, un país ignorado históricamente por España.

La obsesión de El País, vale decir, no fue un detalle de los últimos años. El 13 de abril de 2002, luego de que Chávez sufriera un golpe de Estado -de parte de los militares y de corporaciones entre las que se encontraban algunas empresas de la comunicación, tal como se relata en el documental La revolución no será transmitida (http://www.youtube.com/watch?v=Cko8R2ZSEzE), de los irlandeses Kim Bartley y Donnacha Ó Briain-, el diario español publicó una editorial (http://elpais.com/diario/2002/04/13/opinion/1018648802_850215.html) que arrancaba así: “Sólo un golpe de Estado ha conseguido echar a Hugo Chávez del poder en Venezuela. La situación había alcanzado tal grado de deterioro que este caudillo errático ha recibido un empujón. El ejército, espoleado por la calle, ha puesto fin al sueño de una retórica revolución bolivarianaencabezada por un ex golpista que ganó legítimamente las elecciones para, convertirse desde el poder en un autócrata peligroso para su país y el resto del mundo. Las fuerzas armadas, encabezadas por el general Efraín Vásquez, han obrado con celeridad al designar como jefe de un gobierno de transición a un civil, Pedro Carmona Estanga, presidente de la patronal venezolana, a la vez que destituía a los mandos militares compañeros y amigos del depuesto presidente”.

Observar aquella foto como parte de una novela sería creer que el periodismo es un simple oficio objetivo que le da información a la sociedad. Esa foto fue una demostración política de hasta a dónde tenía pensado llegar una corporación dedicada a la comunicación. Esa foto fue un trofeo de un rival que se estaba muriendo. Esa foto fue -aunque no fue Chávez- el símbolo de un mundo que no aplica la guillotina en plazas sino en la tapa de los diarios.

Luego de lo sucedido, El País puso a dos de sus periodistas más fieles a explicar cómo sucedió el error de la foto que no fue (aquí pueden leerlo: Relato de un error de EL PAÍS).

También escribió una larga disculpas Javier Moreno, todavía director. Todos perdones porque el de la foto no era Chávez.

Uno de los voceros de la empresa, Tomás Delclós, escribió: “Comprendo las razones de los lectores que argumentan que un periódico como El País no debería haber accedido en ningún caso a difundir la imagen de una persona en una cama de hospital, por lo que ello supone de grave menoscabo a su derecho a la intimidad y a su imagen personal. Y me preocupan especialmente las acusaciones de doble rasero: que el periódico pueda tomar esa decisión con un dirigente latinoamericano, pero que jamás lo hubiera hecho con un mandatario europeo […] Yo tomo siempre la última decisión. Y, efectivamente, una imagen similar de un dirigente político de un país con una democracia avanzada, en la que prima la transparencia informativa, en el que los medios ejercen su trabajo sin trabas ni restricciones, y en el que el equipo médico responsable emite un parte diario para mantener informada a la opinión pública no tiene cabida alguna en nuestro periódico […]

En la vida, claro, todos siempre tenemos un plan. Desde acá, todavía esperamos las disculpas pertinentes.

Cuentos decapitados

Matemáticamente implacable: en las elecciones de octubre de Cuba, votó el 94 por ciento del padrón. En la de Estados Unidos, apenas el 50. Los casos de Venezuela y de Francia revelan, también, cifras interesantes sobre el compromiso. En el medio, la pregunta es clara: si la democracia se mide por la participación popular, ¿a qué deberíamos llamar dictadura y a qué democracia?

La globalización de la imagen todavía no había remplazado al oxígeno, pero nadie quería perdérselo.

No: nadie lo conocía.

Era el mito de la isla, el barbudo, la incertidumbre, el sueño de muchos y, sobre todas las cosas, el único hombre de Latinoamérica que arribaba con ese cargo: Primer Ministro del Gobierno Revolucionario. Cinco meses habían pasado de la Revolución y Fidel Castro hacía uno de sus primeros viajes. Faltaban dos años, todavía, para que Cuba expresara que su sistema era el de un socialismo marxista-leninista. Pero, aún así, miles ponían el oído para escuchar la conferencia que él daría en el Palacio del Ministerio de Industria y Comercio de Buenos Aires donde iba a explicar ese mismo concepto que repetiría por la eternidad: la democracia.

Así, habló Fidel Castro, en 1959:

“A los pueblos muchas veces les hablan de democracia los mismos que la están negando en su propio suelo; a los pueblos les hablan de democracia los mismos que la escarnecen, los mismos que se la niegan y los pueblos no ven más que contradicciones por todas partes. Y por eso nuestros pueblos han perdido, desgraciadamente, la fe. Han perdido la fe, que se hace tan necesaria en instantes como este para salvar al continente para el ideal democrático, mas no para una democracia teórica, no para una democracia de hambre y miseria, no para una democracia bajo el terror y bajo la opresión, sino para una democracia verdadera, con absoluto respeto a la dignidad del hombre, donde prevalezcan todas las libertades humanas bajo un régimen de justicia social, porque los pueblos de América no quieren ni libertad sin pan ni pan sin libertad”.

Pero, con esa explicación, se ve que nunca alcanzó. Porque Cuba siguió siendo catalogada como una dictadura, sobre todo, agarrándose de un concepto de lo más tramposo: las elecciones. Aunque, aún así, si valiera la pena el análisis de las urnas, el 2012 arrojó algunos datos que construyeron un cuento decapitado. Este año hubo elecciones en Francia, en Venezuela, en Estados Unidos y en Cuba, entre otros, y el porcentaje de mayor cantidad de votantes se dio, como desde 1976, en la Isla, sacándole hasta 40 puntos de distancia a Estados Unidos.

En todos los comicios se ha entrado en la discusión de más de una pregunta: ¿Qué es la democracia? ¿La democracia es lo mismo que la república? ¿La democracia es sinónimo de voto? ¿La democracia es –como marca la ONU- una elección de un sistema que elige cada país? ¿De qué hablamos cuando hablamos de democracia?

Pero sin tanta palabra, en la discusión propia de los votos, salió esto:

1- El 7 de octubre, en los comicios presidenciales en los que Hugo Chávez le ganó a Henrique Capriles, en Venezuela, donde el voto no es obligatorio y para hacerlo hay que registrarse en el Consejo Nacional Electoral previamente, el 78 por ciento de los que están en edad de votar emitieron el sufragio.
2- En las elecciones presidenciales de Estados Unidos en las que Barack Obama le gano a Mitt Romney, en unos comicios donde el voto no es obligatorio pero sí abierto, se presentaron a emitir sufragio el 50,65 por ciento del padrón habilitado.
3- En Francia, en las elecciones presidenciales, donde Francois Hollande venció en el ballotage a Nicolas Sarkozy, votó el 80,35 por ciento del padrón habilitado para hacerlo. Antes, en la primera vuelta, se presentó el 79,48 por ciento.
4- En Cuba, donde cada cinco años se eligen diputados para la Asamblea Nacional y delegados para las Asambleas Provinciales, de las cuales no participa el Partido Comunista Cubano sino cualquier habitante que quiera sin necesidad de tener Partido o Agrupación que lo represente, con un voto obligatorio, en los comicios del 21 de octubre se presentó el 94,21% de los habilitados para votar.

Los cuatro casos que se toman son seleccionados arbitrariamente y responden a una lógica: se junta el país de la Libertad, la Fraternidad y la Igualdad, el de la Estatua de la Libertad, el del país petrolero del que dicen que no hay libertad de expresión y del país del dictador que no da libertad. Porque, indudablemente, salvo la aparición de Venezuela, la discusión es una que continúa con el paso del tiempo. En Argentina, donde no hubo elecciones este año, pero sí el año pasado, votó el 79,39 por ciento de los votantes habilitados. Y, en todos esos casos, los preconceptos se repiten y repiten

Probablemente, analizar la democracia en estos términos puede parecer una reducción y, de hecho, lo es. Aristóteles, en sus textos de Política, dejó la idea de que la democracia es el sistema de gobierno del pueblo y para el pueblo, por lo que podría analizarse que un pueblo democrático es uno en el que todos comen.

Pero si los votos pueden ser una manera de pensar la democracia, aquí vamos. Por eso, en esa lógica en la que Fidel Castro siempre fue mostrado como el gran dictador, en la que Estados Unidos es el país de la libertad, en la que los sufragios parecieran ser los que determinaran el valor de la libertad, la conclusión resulta determinante.

Al menos, aquí se debería acabar ese pedazo de discusión.

Matemáticamente implacable: Cuba ganó las elecciones.

Colaboró en la producción de datos: Juan Ignacio Ubertazzi.

Relato de una noche para soñar

Desde Venezuela se escuchan los festejos que aún no se apagan, que se estiran jugando a no acabarse. Las luces de los fuegos artificiales muestran la silueta del pueblo que canta su victoria. Crónica desde Caracas de las elecciones presidenciales bolivarianas.

[flagallery gid=3 name=Gallery]

Este siete de octubre Jodalkis llegó del Balcón del Pueblo y se sentó en la mesa de la cocina. Sus tres hijos y ningún esposo dormían en la habitación. Ni siquiera prendió la luz: no hacía falta ver nada, las imágenes estaban dentro de su cabeza. Chávez desde Miraflores, reelecto, abrazando la bandera de Venezuela. Sus vecinos y compañeros rojos llorando, bailando, festejando. El cielo tapado de fuegos artificiales, los gritos de felicidad desde los balcones, el silencio de los escuálidos. Ganamos, pensó, ganamos otra vez.

Una frase en especial que dijo su Comandante ese día le quedó rebotando en la cabeza: “más nunca Venezuela será neoliberal, Venezuela sigue avanzando hacia el socialismo del Siglo XXI”. Socialismo y más nada, reflexionó, es la única manera de que el pueblo tenga verdadera soberanía. Se acordó de los medios que auguraban la derrota de Chávez y pronosticaban una jornada electoral violenta. Se rio: ellos, la gente de los barrios, sabían que Chávez ganaba otra vez. Somos mayoría, y elegimos a Chávez, gritó en su cabeza.

No supo si en realidad lo gritó para afuera, porque su hijo mayor de 14 años, Maikel, se despertó y se sentó en la cocina con ella. No tengo sueño mamá, le dijo. Jodalkis le sirvió jugo. Miró a los ojos oscuros de su hijo que en el fondo adivinaban cansancio, pero hacían fuerza para mantenerse despiertos. Como si Maikel no quisiera perderse un minuto de esa jornada histórica. Toda su vida la vivió bajo el mandato de Chávez, y lo seguirá haciendo hasta su juventud. Maikel va a ser un joven comido y educado.

Jodalkis tiene tos, el jueves anterior la lluvia la empapó cuando Chávez cerraba la campaña. Desde ese día no tuvo dudas de que ganaban ellos. Se acordó de los diarios diciendo que la gente fue obligada. Se acordó también de su llanto. A nadie la obligan a emocionarse cuando ve al Comandante, pensó. Sintió orgullo: ellos solos, gente común, le demostraron a los grandes medios de comunicación que se equivocan. Que no los pueden subestimar más, ellos saben lo que quieren y lo van a defender cueste lo que cueste.

Todavía se escuchaba la música de los chavistas festejando en el centro de Caracas cuando Jodalkis y Maikel, todavía en penumbras, se miraron fijo y se sonrieron cómplices. Ganar es lindo. Es lindo ganarle a la burguesía. Y ganarle bajo sus propios términos, aún mejor. El pueblo venezolano, el más humilde, usa la democracia para afirmar a un presidente socialista en el poder. Una democracia que fue planteada y siempre sirvió para que los intereses del neoliberalismo estén en el poder.

Jodalkis y Maikel se fueron a dormir. Al día siguiente otra vez al trabajo y la escuela. Por seis años más. A estos venezolanos no les costó conciliar el sueño, duermen bien tranquilos, porque saben que con Chávez su vida sigue avanzando por el camino correcto.

Deporte comunitario y bolivariano

El apoyo de Venezuela al deporte no pasa solo por los tweets de Hugo Chávez cada vez que gana la vinotinto. Existe una Ley del Deporte, que estipula la creación del Fondo Nacional del Deporte y gracias a eso los consejos comunales reciben los aportes del Ministerio de Deporte. Por eso, en Caracas a los pibes se los ve dentro de los campos de entrenamiento y no mendigando por la calle. “Cuando tú le das a un niño un balón, vas a tener a un niño pensante, con metas. Cuando se lo quitas, lo obligas a la televisión, le cercenas la capacidad de pensar”, dice Gustavo García, uno de los difusores del deporte comunitario.

Desde Caracas, Venezuela

Los Pardos de Catia dan vueltas a la canchita de besibol sin pasto, bajo el sol inclemente del Caribe. Que sea sábado a la mañana, y que Los Pardos tengan seis años, triplica el esfuerzo. Ya sobre el mediodía, cansados, amagan con parar, pero sus entrenadores los alientan para que sigan. Una vuelta, y otra más. Quién sabe con qué soñarán, si querrán ser beibolistas, músicos o doctores, pero una cosa es segura: Los Pardos de Catia van a ser algo. Porque este sábado a la mañana, como tantos otros, no están colgados del lado de afuera del alambrado o enfrente de la televisión o sentados en la vereda con el delito acechando. Ya está, la última vuelta, el tramo final hasta la última base. Y lo mejor de las vueltas que dan Los Pardos es que no terminan siempre en el mismo lugar: a cada zancada estos pibes pobres van esquivando el destino que les tiene signado el capitalismo.

En Caracas casi no hay nenes pidiendo en la calle. Ni en las zonas más populares es común ver niños tirados por ahí, como se ven en nuestros barrios porteños. No los hay porque existe un Estado, y hay comunidades fuertes que dirigen políticas concretas para rescatarlos de la marginalidad. Una de ellas -parece obvio pero en otros puntos del mapa todavía no se dan cuenta- es el deporte comunitario.

Imagen: NosDigital

Pero entonces: ¿qué es el deporte comunitario?. Gustavo García, locutor del programa Al Son del Deporte Comunitario de la Radio Rebelde de Catia, nos lo explica: “El sistema deportivo comunitario es nuevo, tiene muchas garantías de salvar y de dar el buen vivir a nuestras comunidades. Porque el deporte tiene los elementos necesarios para crear respeto, disciplina y, algo que para mí es fundamental: el orgullo”.

Los consejos comunales son los que elevan las necesidades deportivas de la comunidad al Ministerio de Deporte, y este último, obligado por la Ley de Deporte que se sancionó este año está obligado a atender esas propuestas y dar una respuesta efectiva. Incluso el reglamento que se sancionó junto con la ley estipula la creación del Fondo Nacional del Deporte, que obliga a las empresas que inviertan en el área para hacer aportes sociales. Pero, valga la redundancia, el deporte comunitario está en manos de las comunidades, porque son éstas las que ven la realidad en los barrios e idean los proyectos que creen necesarios para impulsar las actividades deportivas.

“El deporte es política, todos los beneficios que hemos recibido a nivel comunitario y al deporte de alto rendimiento es parte de un apoyo, de una política orientada a mejorar lo que tenemos, muchos dicen que es suerte que hayamos ganado una medalla de oro, por ejemplo. No, es un trabajo que hay que mejorar porque todavía hay gente que se resiste a que nosotros seamos grandes”, resalta Gustavo García, refiriéndose a los logros deportivos a nivel internacional que está logrando Venezuela: la medalla de oro en esgrima en los Juegos Olímpicos y el rendimiento en las eliminatoria para el mundial 2014, el mejor en la historia de la Vinotinto. “Antes de Chávez no había política deportiva, no se evaluaba el deporte si no como un elemento complementario, no había un sistema de asistencia al atleta por ejemplo, que ahora sí lo hay”, profundiza.

Pero los que hacen esta historia posible son los instructores de deporte, que cuando todos los trabajadores descansan en su fin de semana, salen a reunir a los chicos para pasar la mañana y la tarde lejos de la marginalidad de los barrios. Y para ellos el Estado venezolano hace, pero todavía no lo suficiente. “Todavía a este sistema le cuesta mucho escuchar a esos héroes, apoyarlos con proyectos: dales 30 mil bolívares (que el gobierno gasta sólo en el audio de un evento), que con ese dinero el instructor trabaja seis meses, atiende a 30 o 40 chamos”, explica Gustavo.

“No todo es bonito, nuestro presidente es autocrítico y también nosotros”, advierte el locutor de la Radio Rebelde y explica que muchas veces se chocan con la burocracia del gobierno y les falta estructura para contener en un nivel integral a los chamos de las comunidades. Para ejemplificar cuenta la anécdota de un nene, excelente jugador de fútbol, pero que el día que tenía que jugar un partido importante en el campeonato comunal no pudo porque se le rompieron las zapatillas. “Yo estoy seguro que ese niño quedó frustrado”, asevera García y se pregunta por qué, por ejemplo, no se fabrican en los talleres comunitarios zapatillas para los niños, y así poder contenerlos de manera más completa desde un principio. Recién cuando llegan a las instancias de competencia nacionales reciben esa atención integral, y no todos los niños que hacen deporte en las comunidades llegan a esa instancia.

A pesar de que hay que seguir avanzando, Venezuela trabaja, y ya se ven los logros, en fortalecer el deporte comunitario, en actividades para sacar a los chicos de la calle. Y Gustavo García puntualiza y resume la importancia de esta actividad en pocas palabras: “cuando tú le das a un niño un balón, un instructor, un promotor de deporte, vas a tener a un niño pensante, con metas. Cuando le quitas todo eso lo obligas a la televisión, le cercenas la capacidad de pensar”. Por la puerta de la radio se ve a lo lejos entrenar a Los Pardos, los pensantes, los incansables, a los pibes venezolanos con futuro.

En los pies de la Patria Grande

El 7 de octubre habrá elecciones en Venezuela. Hugo Chávez irá por una nueva reelección. Desde Caracas, una recorrida por el aire y el aroma que se siente en un país donde las urnas laten fuertísimo en el resto del continente. En el medio, la puja que se juega la derecha y la estrategia de la mentira organizada.

Los ojos de Jodalkis igual se abrieron a las tres de la mañana. El cuerpo todavía no se le acostumbró a su nueva vida. Hace ya tres meses que vive en el centro de Caracas, en uno de los departamentos que le asignó la Misión Vivienda Venezuela después de pasar un año y medio viviendo en un refugio. Su casa en el barrio Petare se desplomó junto a otras cientos por la lluvia. Por suerte ya los habían evacuado y no sufrió la misma suerte que su prima, que hace diez años murió junto a otros miles en la tragedia de Vargas, cuando, luego de semanas de lluvia, el suelo de la montaña se convirtió en arcilla y se derrumbó llevándose barrios enteros.

Puso los pies en el suelo, por fin, firme. Llamó a su hermana Yamiléth para despertarla. Ella todavía vive en el barrio y tiene tres largas horas de viaje por delante para llegar a su trabajo. No porque Petare quede lejos del centro, de hecho queda a unas cincuenta cuadras, pero cruzar el cerro que habitan un millón de habitantes, tomarse la camionetica y el metro abarrotados de gente, le toma tres horas de su día. Tres horas de ida, y otras tres de vuelta. Igual Yamiléth está animada. Le cuenta que estuvo en el acto de Chávez en el barrio y que este les recordó sobre el teleférico que se está construyendo desde su casa hacia el metro, que reducirá su viaje a solo media hora. Y ya sabes panita que Chávez sí cumple, le dijo. Y bien que lo sabe. Cortó para preparar el ahora abundante desayuno.

Salió a la calle y se subió a la camionetica luego de que el chamo que grita los mil recorridos nombrara su destino. Escuchó en la radio que según las encuestas Chávez gana la elección presidencial del 7 de octubre con el sesenta por ciento de los votos, pero que aún así la oposición afirma que ellos van ganar. Se preocupó porque sabe perfectamente cuáles son las intenciones de esa maniobra, hasta el propio Chávez lo reconoció: instalar que va a ganar Henrique Capriles Radonski (el primer candidato en tres elecciones presidenciales que los partidos de derecha logran llevar juntos) y cuando pierda anunciar fraude. A Jodalkis más le preocupan las elecciones de diciembre, donde se votan los gobernadores de los estados. Ella, al igual que sus vecinos, no confía en ningún otro político que no sea su Comandante y no le gustan los políticos que lo rodean.

Miró por la ventanilla y vio la pancarta de Capriles, el candidato de la derecha y actual gobernador de Miranda, estado donde se encuentra Petare. Hay un camino, reza el cartel. Se rió: cuándo caminó este muchacho pa’ bobo un barrio. Busca pero de los otros cuatro candidatos no ve nada: la disputa está entre el Comandante y Capriles. Levantó la vista y vio el afiche de su candidato. Cuánto le gusta verlo bien, sano, en campaña de acá para allá. El último año sí fue dramático, recordó. Las ausencias de Chávez por la enfermedad la angustiaron mucho y encima en la tele se empecinaban en darlo por muerto a cada rato. Entre las bocinas, las motos y el humo su cabeza la transportó a esa misa en Barinas donde el presidente se puso a llorar mientras rezaba por su salud. El recuerdo le devolvió el nudo en la garganta. Se retorció al imaginar qué habría sido de todo lo que había conseguido con Chávez si este hubiera muerto.

La camionetica frena en Plaza Venezuela y un señor enorme se le sienta al lado, ocupando la mitad de su asiento: Me va a tener que disculpar reina mía, es que estoy rellenito. Jodalkis se ríe todo lo que le permite la lluvia, que se está metiendo por la ventanilla y la obliga a cerrarla apurada. Ahora sí que estoy fregada, palo de agua a hora pico, horas de cola, preveé. Así es en Caracas, un valle demasiado pequeño para alojar a sus cinco millones de habitantes. Los automovilistas se acomodan en sus asientos, alguno que otro saca un libro, los nenes hacen la tarea en el asiento de atrás y los apurados se comen las uñas imaginando los retos del jefe. Jodalkis apoya la cabeza en el vidrio húmedo. Por suerte el último mes de tragedias ya parece haber quedado atrás, pero no puede evitar que los acontecimientos le pasen como diapositivas, uno tras otro delante de sus ojos…

Imagen: NosDigital

-La revuelta en las cárceles (un tema delicado por la superpoblación de las penitenciarias y por que los presos están fuertemente armados y organizados)

-La caída del puente que conecta al oriente del país (en Venezuela la infrastructura en general está muy deteriodada)

-Las inundaciones (el paso del huracan Ernesto dejó varias poblaciones efectadas en todo el país, pero gracias a que la mayoría de las zonas de riesgo ya fueron evacuadas no tuvo las consecuencias de las lluvias de 2010, que dejaron una treintena de muertos y decenas de miles de evacuados)

-La explosión en la refinería más grande de Venezuela en Punto Fijo (que se llevó la vida de alrededor de 50 personas, dejó parte de la ciudad devastada y aún no se conocen con exactitud las causas de la fuga de gas que provocó la explosión)

Se enorgulleció de su candidato, de cómo su figura, lejos de achicarse con semejantes sucesos, se engrandeció por la buena gestión que realizó. El alivio que esto le deja es rápidamente empujado por otra sensación: la incertiudembre. Por más que esté segura que su candidato va a ganar, sabe que no tiene que suestimar el poder de la derecha: la campaña, aunque viene traquila y los últimos tres años de elecciones con Chávez también lo fue, puede ponerse sucia en cualquier momento. Y ella identifica muy bien quiénes son los norteños que vuelan como buitres sobre Venezuela y ponen en riesgo el impulso que Chávez le da a una América Latina soberana…

Una tremenda sacudida y un mar de bocinazos y frenadas llegan para arrancarla de sus pensamientos: la camionetica atravesó la calle a toda velocidad como si fuese una moto y tomó otra avenida. Después de ayudar al señor gordo a recomponerse del susto notó que ya avanzaban, lento y a los tumbos, pero avanzaban. Jodalkis y su compañero de viaje mueven la cadera al ritmo de un Rubén Blades que suena bajito pero claro en la radio: “Caminando, se cura la herida, caminando, que deja el ayer”.

La camionetica se aleja con esfuerzo, a los bocinazos y frenazos por la avenida de la asfixiante Caracas. Venezuela avanza como la camionetica, pero firme. Y con ella se impulsa América Latina. Porque este siete de octubre se juega mucho más que unas elecciones, se juega el futuro de una Patria Grande en la que millones de Jodalkis ahora sí tienen la palabra.

Colombia pensando en la paz

Jorge Enrique Botero dio la primicia del inicio de las primeras negociaciones en diez años entre las FARC y el gobierno colombiano, que comenzarán en Oslo, Noruega, el 5 de octubre. Es el periodista mejor informado sobre el conflicto armado en Colombia, y escribió cuatro libros sobre el tema que fueron récord en ventas. Botero compartió una tarde cálida en Caracas con NosDigital, días antes de partir a Colombia, su patria natal, para seguir desde la primera fila el proceso de negociación que, espera, culmine en un pacto de paz que termine con el conflicto que hace cinco décadas existe en el país centroamericano.

Desde Caracas, Venezuela

Mientras tomaba su gaseosa de naranja y sacudía su camiseta de Independiente de Santa Fe para espantar el calor, Botero afirmó que hace ya un año que se vienen dando los acercamiento entre las FARC y el gobierno: “eran secretos, bajo el sigilo absoluto, no hay detalles todavía de cómo fueron exactamente, pero estuvieron blindados de influencias negativas que pudieran tener en el caso de que hubieran sido públicos, me parece que fueron construidos con mucha sabiduría”. Aclaró que se dieron en medio de los más cruentos combates, que llevaron a la muerte del máximo jefe de las FARC, Alfonso Cano y del comandante militar el Mono Jojoy. “Detrás de esos acercamientos, estuvo el acompañamiento de personas como Fidel y Raúl Castro, Hugo Chávez y un actor muy especializado en el tema de las negociaciones de conflictos armados: Noruega, país que en este momento sirve de mediador”.

-¿Esta negociación llega por que hay un “empate” entre las FARC y el gobierno colombiano?

-El Estado colombiano ha reconocido que es imposible la eliminación del adversario y a su vez la insurgencia ha aceptado que el plan que construyó con tanto ahínco durante casi cinco décadas para llegar al poder por la vía militar tampoco es posible hoy en día. La balanza no está tan equilibrada como hace quince años, está inclinada a favor de las fuerzas regulares, pero las fuerzas armadas revolucionarias fueron capaces de contener la enorme ofensiva que se vino contra ellos, que tenía 500 mil miembros de la fuerza pública, más de 10 mil millones de dólares de apoyo norteamericano, más de mil asesores militares gringos en Colombia, contratistas norteamericanos veteranos de guerras antiguas, y una asignación presupuestal por parte del Estado de más de seis puntos del PBI colombiano. Una nueva generación de comandantes guerrilleros y una gestión que logró salirse de la corriente ultra derechista que predominó en los últimos gobiernos de Colombia, han conseguido firmar el pacto y dar inicio a negociaciones formales que se iniciarán en Oslo y terminarán en La Habana, con el firme propósito de las partes de no levantarse de la mesa hasta no obtener o suscribir un pacto de paz que le ponga fin a casi seis décadas de conflicto.

-¿Cómo esta negociación puede generar confianza después de la masacre de la Unión Patriótica? (donde hace 30 años la Alianza Política entera, militantes y dirigentes, fueron aniquilados por el paramilitarismo)

-Yo creo que sería impresentable ante el mundo que el gobierno fuera incapaz de garantizar que una fuerza política surgida de un acuerdo de paz no pueda ejercer con todos sus derechos en el ámbito de la política. Si ello llegase a suceder, Colombia tendría que ser considerada un Estado fallido por la comunidad internacional. Quedaría en el más absoluto aislamiento y correría con terribles consecuencias en sus relaciones internacionales. Sería la propia comunidad internacional la que obligaría, incluso legitimaría el derecho a la insurgencia armada y a la revolución. Si tu me preguntas a mí, periodista que hace veintitantos años que cubre solo el tema de la guerra, la paz y la política, te diría que eso no va a volver a suceder, no puede volver a suceder.

-¿No volvería a suceder porque el gobierno colombiano no lo haría o por la fuerza de la comunidad internacional?

-No volvería a suceder porque fue un experimento puesto en marcha por fuerzas absolutamente retrógradas, oscuras, que a mi modo de ver hoy en día tienen poco peso político dentro de la realidad nacional. No quiero menospreciar el poder de la derecha, sé que van a intentar por todos los medios obstaculizar un proceso de paz, y más que eso van a tratar de obstaculizar la existencia de una paz duradera si es que se llega a firmar. Pero pienso que así como el Estado fue cómplice durante muchos años de las fuerzas armadas de la derecha, de los grupos paramilitares, de los escuadrones de la muerte, tiene también hoy en día no sólo la suficiente información de inteligencia si no también la capacidad de ponerle punto final a esa máquina de muerte que azotó más que nada a los campos de Colombia. Es también el Estado el que ahora cuenta con la voluntad política de un sector muy grande de lo que podríamos llamar el establecimiento tradicional de Colombia, que en una actitud que yo incluso calificaría de pragmática, ha entendido que el país no puede seguir desgastándose en la prolongación de este conflicto hasta quién sabe cuándo.

Botero hizo una pausa para que el ruido que sale del estéreo de un auto desaparezca y no moleste en la grabación. Mientras seguía con los ojos el recorrido del bólido sonoro contó lo que parece ser una buena noticia: en el documento escrito que las partes firmaron y que ya está circulando, un párrafo establece el compromiso del gobierno colombiano sobre el desmontaje de lo que queda del paramilitarismo, eso supone que serán las misma fuerzas militares las que se encarguen de golpear al paramilitarismo que siga aún presente.

Por un momento los árboles de la verde Caracas se reflejan en los ojos del colombiano y recuerdan a la selva espesa que habita las FARC. Él, que mediante sus libros narró el amor, el nacimiento y el coraje en medio de la guerra, es el más indicado para hablar sobre la vida en los campamentos de las fuerzas revolucionarias: “Yo no dejo de maravillarme con la capacidad de movilidad que tienen las FARC, de ir construyendo en su eterno andar en la selva y en la montaña, pequeñas aldeas, sobre la base del esfuerzo conjunto. Es una de las actividades típicamente solidarias donde todo el mundo hace el papel de todo el mundo y las cosas confluyen mediante el esfuerzo colectivo. Son lugares donde encuentras en medio de la precariedad unas condiciones de vida muy soportables”. Sus ojos marrones y verdes por el reflejo, brillan más que nunca en toda la entrevista y la sonrisa se le asoma a medida que avanza con la descripción: “Todo lo que hacen es con lo que les da la naturaleza, es increíble. No puedo olvidar la frase de una persona que llego allá por primera vez, y saliendo me dijo: ‘ésta es la forma ideal de sociedad, en términos de armonía’. La rutina es dura, se levantan muy temprano, trabajan todo el día, evitando el peligro o detectando a su enemigo, planeando atacar. Eso quizás hace que ellos sean tan unidos. En la atmósfera se siente una calidez, una cosa colectiva. Por supuesto hay las mismas pobrezas y grandezas humanas que en cualquier grupo social. Celos, pasiones y pequeñas telenovelas circulando todo el tiempo en el ambiente. Los jóvenes que llegan sin saber leer ni escribir, aprenden; entre las armas y el rigor militar y la disciplina, van creciendo como seres humanos”.

-¿Quiénes son los que integran hoy las FARC?

-Son básicamente jóvenes colombianos de tempranas edades que viven en situaciones extremas en el campo, cuyo futuro es absolutamente borroso por no decir negro. Buena parte de las chicas lo hacen quizás observando el destino de sus hermanas, de sus propias madres, dedicadas a la prostitución. Los muchachos tienen el horizonte de expectativa de vida muy reducido, primero porque su acceso a la educación ha sido nulo y segundo porque las fuentes de trabajo son muy escasas. Eso diría que es un 65% de la gente que ingresa o compone las FARC. El resto provienen de las zonas urbanas, son muchachos que han tenido mucho más acceso a la educación, en su gran mayoría jóvenes que ejercieron la política legalmente y que han visto caer compañeros o han sido víctimas de amenazas y que tuvieron que huir y deciden no renunciar a sus convicciones y ante la imposibilidad de hacerlo públicamente toman el camino de las armas. Un porcentaje muy reducido, pero importante, por su valor simbólico, proviene de otros países. Tenemos la historia aún por contar de un joven argentino que llego hace ya diez años; la famosa holandesa; jóvenes de otros países europeos y latinoamericanos. Hay un fenómeno muy curioso: muchos ingresan detrás de sus padres, incluso de sus abuelos. Quizás por lo extendida que fue la guerrilla a través del tiempo. Es por ellos que las FARC se mantienen, y además, la principal razón, es porque tienen una base social importante. Colombia es un país de un millón doscientos mil kilómetros cuadrados, toda la densidad demográfica está concentrada en la zona andina y tirando hacia las costas. Pero una porción gigante del terreno nacional es muy poco densamente poblada y totalmente abandonada por el Estado. Son zonas emblemáticas de presencia revolucionaria, comunistas desde hace décadas. El Estado colombiano se dio cuenta de que allí hay gente y que esas relaciones con la guerrilla no son extinguibles porque están muy profundamente arraigadas.

 

-¿Qué significaría para la oligarquía por un lado y para la izquierda latinoamericana por el otro el cese del conflicto armado?

-Debe haber sectores de la derecha de este continente muy consternados. Hay muchos que le han apostado a una guerra eterna en la que se permite todo tipo de jugadas oscuras. La oligarquía venezolana debe estar muy preocupada, porque merced a la existencia del conflicto han podido movilizar tropas paramilitares desestabilizadoras en buena parte de los1500 kmde frontera y han prendido campañas de acusaciones muy fuertes contra Chávez sobre la supuesta presencia de las FARC en Venezuela. Seguramente también les resulte incómodo a todos aquellos, que no son pocos, que se estaban enriqueciendo con la venta de armas. Inclusive a aquellos que lucraban del hecho de que como el país está en conflicto y sus inversiones eran de alto riesgo, la recompensa que obtenían eran mucho más altas que en otro países. Para la izquierda es una formidable noticia, el escenario para el éxito de una propuesta de izquierda en Colombia se abre maravillosamente, se va a poder demostrar toda la fuerza acumulada a lo largo de estos años, y van a poder brotar y surgir toda una cantidad de experiencias organizativas y de fuerzas políticas que han tenido que resguardarse para evitar el aniquilamiento. Creo que si se pacta esa paz va a ser una victoria para las fuerzas de la izquierda.