Noche profunda del tranvía porteño

Es ese tren que circula por la calle, junto con el transito, ese es el tranvía. No está más en Buenos Aires, hace cincuenta años. La novedosa versión francoargentina del siglo XXI que con objetivos y formas poco claras aterrizó en el novedoso barrio de Puerto Madero, hace más de dos meses que no se deja ver funcionar.

Fotos: NosDigital.
Se cumple una mitad de siglo sin tranvías en la Ciudad de Buenos Aires, la realidad actual se marca con la urgencia de planificación y acción en materia de transporte para intentar al menos paliar la sobrepoblación de autos y el recuerdo-reflexión vale aún más la pena. Mientras, aunque no haya sido dicho por ningún medio, el Tranvía del Este hace dos meses ha suspendido su funcionamiento, quizás no se escuche porque viene desde el lejano Puerto Madero. Sin más comentarios.
El primer tranvía eléctrico porteño se inauguró el 22 de abril de 1897 ofreciendo un pequeño recorrido por la avenida Las Heras desde la actual Scalabrini Ortiz (ex Canning) hasta Plaza Italia. Luego de 27 años con tranvías a caballos recorriendo la capital argentina, dio el arranque el Tranvía Eléctrico de Buenos Ayres a cargo del ingeniero norteamericano Charles Bright. Ya para 1908, eran doce las compañías que operaban a lo largo de la ciudad.
En octubre de 1961, con motivos que suenan contemporáneos, por obsolescencia del medio y déficit acumulado, se decidió por decreto la eliminación de los tranvías. La fecha del último servicio se estableció para el 26 de diciembre de 1962, poniendo fin definitivo a una forma de moverse por Buenos Aires.
A sabiendas de la relevancia de los tranvías en el transporte cotidiano de la primera mitad del siglo XX, sería obsecuente y soberbio hoy día entender al Tranvía del Este como un renacimiento de aquellos tranvías de Buenos Aires. Se trata de un trayecto de 2033 metros paralelo a la avenida Alicia Moreau de Justo desde la avenida Córdoba hasta la avenida Independencia que solo facilitaba la movilidad de 500 a 1000 pasajeros diarios, que está suspendido permanentemente desde octubre.
El servicio tuvo su primer viaje el 25 de julio de 2007, once días después de haber sido inaugurado en presencia de Néstor Kirchner, la presidenta Cristina Fernández y el jefe de Gobierno Jorge Telerman. Operaba con dos tranvías cedidos en comodato por la intendencia de la ciudad francesa de Mulhouse, un solo tranvía salía cada media hora, por cada viaje el pasajero pagaba $1, los ingresos relevantes corrían por cuenta de subsidios.
El Tranvía del Este es gestionado por la empresa Cerelis. Desde su sitio web, que no anuncia ninguna suspensión del servicio ni nada que se le parezca, se explica que “El proyecto se desarrolla en el marco de la resolución Nº 952 de la Secretaría de Transporte del Ministerio de Planificación Federal e Inversión, junto con el aporte conjunto del Ministerio de Planeamiento y Obras Públicas del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Ferrovías S.A.C., Metrovías S.A., Aistom y la Corporación Puerto Madero”. Ninguna de las entidades se hacen cargo de dar respuestas a la situación que el servicio arrastra desde hace dos meses.
Está claro que el conflicto está englobado en los traspasos de servicios públicos de transportes que por la Ley Nº 26.740 le han sido transferidos al gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Aún así la información disponible es bien escasa, pero aún menor es la cobertura que ofrecieron los grandes medios. Mientras la representación gremial del ferrocarril Urquiza explicó que “Su funcionamiento, siempre inconstante por razones que, según lo expresado por Metrovías (uno de sus gerenciadores técnicos), responden a cuestiones de presupuesto y a impedimentos técnicos que nunca terminaron de subsanarse, ha sido cancelado provisoriamente (aunque, según la óptica del gremio, que compartimos, se trata de una decisión definitiva)”.
El mural escultura de Carlos Scannapieco que expresa la historia de los tranvías de Buenos Aires con potente abstracción emplazado en la Estación Belgrano del Tranvía del Este, atravesará los sospechosos y fallidos caminos de este tranvía sin pasajeros, pero permanecerá vigente para aquél transporte urbano que copó las calles porteñas hasta despedirse hace cincuenta años.