El misterio de Dancing Mood

Hugo Lobo, creador del fenómeno musical Dancing Mood, entiende que parte de la magia está en ser y buscar ser diferente en la expresión artística. La historia y el espíritu de la fusión de géneros que da baile y ritmo semana a semana a un público que se renueva y se multiplica sin por qué.  

IMG_4612Tiene puesta la camiseta de Atlanta, lentes negros y gorra. Chivita y un aro grande que le cuelga del lóbulo izquierdo. Pantalón de jogging y una cinta en la muñeca izquierda, de esas que te dan libre acceso cuando levantás y mostrás el brazo. Es jueves y, como desde hace meses, del otro lado de Ciudad Cultural Konex, en la vereda, la calle Sarmiento al 3100 está repleta. Hay fila para entrar y hay también muchos panes rellenos, heladeritas con bebidas y pibes esperando a otros pibes que vienen a la fiesta.

El cielo amenaza pero el patio al aire libre está colmado. Una pareja cercana a los cincuenta años se abraza bajo el paraguas cuando empieza a garuar. El público explota y casi a modo de ritual los brazos se agitan hacia el cielo. Dancing Mood está en el escenario: 14 músicos toman forma de fusiones ahí arriba.

*

Hugo Lobo es creador y trompetista de Dancing Mood, la orquesta que desde 1999 propone el baile. De familia de músicos, sus primeros pasos musicales fueron a los cinco o seis años, aunque recuerda estar con la música al lado desde que nació.

IMG_4771–       ¿Está bueno que los pibes entren a la música de chicos?

–       La música a los chicos los ayuda en todo sentido, en la coordinación, en la atención. Motrizmente hablando también, el ejercicio de dominar un instrumento y leer una partitura a la misma vez. El sentido de proyección y de grupo. Escuchar, ser parte de un ensamble y de una orquesta, tiene un montón de factores que a un niño le sirven para toda la vida, más allá de que quiera ser músico o no. Desarrolla muchísimo intelectualmente a los pibes.

Hugo está convencido de esto: forma parte de la orquesta infantojuvenil “Vamos los pibes”. “Está enfocada en ayudar a los pibes con problemas en todo sentido. Laburamos con 15 colegios de Villa Crespo. Nos mandan chicos que tienen problemas de conducta, de educación, problemas en la casa, problemas con la alimentación, económicos. Es gratuita. Funciona en el Centro Cultural Osvaldo Miranda, en el Club Atlanta. Los pibes meriendan y tienen clases de música todos los días, del instrumento que ellos elijan, y ensayo de orquesta y de lenguaje musical una vez por semana”, cuenta.

–       Más allá de la orquesta, desde tu programa de radio o redes sociales también compartís música, libros, películas.

–       Me gusta compartir ese tipo de cosas, tanto la música como la lectura, y lo hago con el programa de radio. Poder enseñar a los chicos y a pibes grandes también. Me parece copado. Tuve la suerte de que mucha gente lo pueda hacer conmigo. Maestros con los que aprendí: ellos me mostraban música, cine, de todo un poco. Creo que compartir lo que a uno le gusta, el conocimiento que uno tiene o una emoción, o algo que te puede transmitir una película, un libro o un disco está bueno. Calculo que algunos flashean con eso, a mí me gusta que lo hagan conmigo y está bueno hacerlo con la gente.

–       ¿Cómo te sentís cuando te toman como referente?

–       Desde mi lugar, para mí es un flash, pero tengo los pies sobre la tierra. Sigo estudiando y compartiendo los conocimientos que aprendo. Primero me da vergüenza, me causa gracia, pero por otro lado, cuando miro para atrás, el calendario, la carrera de Dancing Mood, mi carrera como músico, creo que sin querer uno fue haciendo un montón de cosas y que un pibe joven te tome como referente se va dando solo. Ahí uno lo toma con un poquito más de seriedad, pero siempre la primera impresión es rara.

Mirar para atrás. Implica 15 años de carrera de una banda independiente que apuesta a las fusiones y transita por diferentes costados de la música. “Me gustan los diferentes estilos, yo escucho desde Iron Maiden hasta Los Carpenters, pasando por Mozart. Creo que al que le gusta la música, le gusta la música, en general. Todos los estilos tienen algo bueno. No soy de la idea que se tiene que escuchar un solo estilo. Al que le guste un solo estilo quizás sea un estilista y no le gusta la música. Todo tipo de música tiene que ver con otro estilo siempre. Se influencian mutuamente”, dice Hugo.

–       ¿Te enfrentás con resistencias a la hora de mezclar jazz y cumbia?

–       Sí, de pelotudos. Está lleno, uno tiene que lidiar con eso. Al principio me enojaba, después me cagué de risa. Charles Mingus tiene un disco que se llama Cumbia & Jazz Fusion y es del año 78. Hay muchos músicos ignorantes también. A la cumbia se la encasilla en un solo género: la cumbia villera. Es lo mismo decir que el jazz es Walter Malosetti y nada más. Te puede gustar Walter Malosetti o no, o te puede gustar Damas Gratis o Los Corraleros de Majagual. Si vos sos tan boludo de tener un horizonte musical ahí nomás, para solamente pensar que la cumbia es Damas Gratis y a partir del 2000, bueno, veremos cómo te va con lo que hacés.

–       ¿Siempre pensaste a la música desde esa apertura?

–       Mi viejo es y fue músico y tocó con un montón de géneros diferentes. Siempre en mi casa hubo discos de todo tipo. En un momento tuve una cosa barrabrava de escuchar Ska, pero muy de chico, adolescente, y todo lo que tenía que ver con los Rolling Stones y el rock and roll estaba mal. Hoy en día tampoco me agrada mucho, pero gran parte de mi vida estuve abierto a diferentes estilos. Tuve la suerte de conocer a los músicos que admiro. Los músicos de ska, los músicos de reggae, no escuchan reggae ni ska, escuchan otro estilo de música. Eso hay que dejárselo a los fans y a las bandas, que se arman siendo fanáticos de un estilo y que se parecen entre sí por eso mismo, porque todos admiran un solo género. Esa es la diferencia de la banda que quizás hace ese género pero escucha otras cosas y tiene otras influencias.

–       Desde el público siempre fue aceptado el fenómeno Dancing.

–       Ahora quizás está como de moda que no te guste la cumbia, en vez de estar de moda que te guste. Es cool que no te guste, sos copado si no te gusta, pero bueno son modas que van pasando. Pero nunca tuve mayor problema con eso y de última me chupa un huevo, siempre fui contra la corriente.

–       ¿Ir contra la corriente es una cuestión musical o es así tu vida?

–       De todo un poco. Mi vida tiene que ver con la música, todo está relacionado con eso. En la ideología que usamos en este proyecto también, dentro de la música es bastante inusual que la banda sea independiente, que trabaje como una cooperativa, que cuide los precios de las entradas, de los discos y tener control absoluto de todo. Es ir contra la corriente de los colegas de uno, que están desesperados porque venga alguien y les salve la vida con un sello discográfico, salir en la tele y ese tipo de cosas.

–       ¿Vos crees que Dancing Mood es una banda popular?

–       Popular hasta donde se deja ser. Hasta donde se puede ser, desde la independencia. Popular es Marcelo Tinelli.

–       Más allá de la masividad, decías que Dancing cuida el precio de las entradas, de los discos…

–       Desde ese lado sí, totalmente. Yo me refería a popular masivamente hablando. Para mí es increíble todo lo que pasa con Dancing Mood dentro de la música, con lo que estamos acostumbrados a escuchar y con lo que nos tienen acostumbrados. Sin desmerecer nada, ni a palos, pero Dancing es una propuesta diferente y desde ese lado también, desde el lado de la gente, de lo que es uno mismo, de ir a recitales y saber lo que es pagar una entrada. Darle la oportunidad a la gente de tocar todas las semanas también

–       Pensando en la popularidad como masividad, también hay algo que hace que se sostenga todas las semanas

–       De una, yo siempre digo que el día que se junte toda la gente que viene a todos los ciclos, tocamos en River. Es un fenómeno extraño, porque después tocas en el Luna Park y lo llenás, cagando aceite pero lo llenás, y van ocho mil personas. Y en un ciclo metés veinticinco mil. Tiene su misterio.

*

La lluvia es cada vez más intensa. El último tema termina con los músicos al borde del escenario estrujándose los pulmones porque el sonido tuvo que apagarse. Dancing Mood tiene su misterio. La fiesta de torsos desnudos y baile bajo la lluvia le hace de marco.

 IMG_4689

 

Mucho palo pa’ que aprenda a no crear

Los atropellos del Gobierno de la Ciudad a la cultura no tienen frenos. Políticas de desfinanciamiento, mercantilización del arte y cierres de espacios culturales. Esta vez, la clausura le tocó a San Nicolás Social y Cultural. Para el domingo 5, organizan el Festival de Inspección Popular frente al Ministerio de Cultura.

La puerta es alta y angosta, la siguen algunos escalones y otra puerta. Adentro – y arriba –tantos recovecos como historias se apretujan y se esconden a lo largo de esta casona, típica chorizo. Desde el zócalo, me mira el recuerdo de la risa de unas noches atrás. Sigo. Hoy hay fiesta en las paredes; se celebra un cumpleaños, pero eso yo todavía no lo sé. El patio, corazón de cualquier casa como ésta, está techado, y apenas sopla el frío que afuera se siente hasta lo más hondo del ombligo. Pero ni este patio es como otro patio, ni esta casa es cualquier casa. Acá funciona, desde hace casi un año, San Nicolás Social y Cultural. Un lugar de encuentro y de expresión de artistas de múltiple lenguajes, donde los que se sientan en estas sillas no son espectadores, sino amigos de la casa con participación activa en el devenir de cada noche. Si te encuentra la mañana en San Nicolás, vas a descubrir que es también un espacio de formación, con talleres diarios. Se me mezclan los tiempos y me trabo con la conjugación de algunos verbos. Lo certero es lo que pasó la noche del 19 de junio: “Había un recital de Pablo Dacal, un cantautor que estaba cantando sin micrófono y con la guitarra sin amplificar; había 50 personas sentadas en las mesas, un clima súper íntimo, súper tranquilo. Y bueno, cayeron. Tenían  el flyer del evento y la gacetilla de la difusión impresa. Nos clausuraron”, recuerda Pablo Vergani, uno de los coordinadores del espacio. Como la cultura no duerme, enseguida empezaron a organizar el Festival de Inspección Popular que tendrá lugar frente al Ministerio de Cultura porteño el domingo 5 de agosto desde las 15 hs. “Esa misma noche, empezamos a movernos. Nosotros ya sabíamos cuál era la situación, sabíamos cuál era la política sistemática que se estaba sosteniendo. Sacamos una solicitada en repudio a lo que nos pasó pero también para instalar el tema de las políticas culturales y rebotó en Facebook más de mil veces; fue como toda una efusividad con eso y entendimos que de alguna forma teníamos que canalizarlo en movilización real y que no quedara en compartir una foto o poner ‘me gusta’”, nos dice Pablo. Va a haber música, pintura en vivo, teatro y otras manifestaciones artísticas. El cierre será la clausura del Ministerio por no tener habilitación social.

En la Ciudad de Buenos Aires, se calcula que los centros culturales en peligro de cierre son más de 60. ¿El motivo? No tienen habilitación comercial. ¿La trampa? La legislación porteña no contempla la figura de los Centros Culturales y Sociales en su Código de Habilitaciones y Verificaciones. Deja un vacío legal complejo y obliga a estos espacios a tramitar una habilitación como “café-bar”, “club social y deportivo” o “teatro independiente”. Como dicen desde San Nicolás: Los mismos requerimientos que se exigen para que un bar de Palermo cobre en dólares un plato de fideos con albóndigas y para montar mega recitales en estadios, se reclaman a proyectos autogestionados, de encuentro, cooperativos. “Queremos la habilitación, pero la que nos reconozca en nuestra compleja especificidad, en el tipo de espacio que somos. Ese vacío legal, en vez de reconocerse como falencia, se utiliza estratégicamente para cerrar espacios. Hay prostíbulos que se habilitan como boliches y ante eso se hace la vista gorda; en cambio, a los lugares que escapan a la lógica comercial, con una función social clave, se los clausura sistemáticamente, se los persigue”, nos dice Pablo. Casa Orilla, Espacio Cultural El Puente, San Nicolás Social y Cultural, Casa del Pueblo, Centro Cultural Pachamama (“El Pacha”), Compadres del Horizonte, La Usina Cultural del Sur, Centro Cultural y Social Almagro, Casa Zitarrosa son solo algunos de los espacios clausurados o con orden de desalojo durante la gestión del PRO. Si a esto le sumamos el desfinanciamiento de programas como Proteatro y Cultura en Barrios (con más de 500 talleres cerrados), el desalojo de la Sala Alberdi y los numerosos conflictos con los trabajadores de distintos teatros municipales… ¡qué pobres vamos quedando! ¿Será que no alcanza la plata? Más bien parece lo contrario: hace algunos días se hizo público que en un acuerdo firmado por los ministros de Cultura, Hernán Lombardi, de Desarrollo Económico, Francisco Cabrera y el brasileño Roberto Medina, presidente Dream Factory, el Gobierno porteño accedió a ceder gratis el Parque de la Ciudad para el Festival Rock in Rio y a hacerse cargo de adecuar las instalaciones del parque público.

Para hacerle frente a estas políticas – de negocios – culturales, se conformó el Movimiento de Espacios Culturales y Artísticos (MECA). En el 2011, los 15 centros culturales nucleados en MECA elaboraron y presentaron ante la legislatura porteña dos proyectos de ley: uno para regularizar la situación de los sitios de cultura emergentes y crear la figura de “Centro Cultural y Social” y otro para que se fomente la actividad desde el Estado. A más de un año, no hay novedades. “Te obligan a funcionar a puertas cerradas cuando nuestra lógica es diferente, nosotros queremos ser un espacio abierto, comunitario, al que se pueda acercar cualquiera. Hay todo un circuito de estos espacios, que cada vez son más, pero que en un 90% funcionan a puertas cerradas, para quienes saben dónde queda o a quién preguntarle, y eso atenta contra la lógica de esta movida. Nosotros queremos funcionar a puertas abiertas, difundir las actividades que hacemos. No es la idea ser marginales.” Pero las ausencias también son políticas. En la era post-Cromañón, son muchos los medios de comunicación que se han encargado de vincular la cultura, la inseguridad y la juventud, en vez de enfatizar lo obvio: las relaciones y los acuerdos entre funcionarios del Estado con empresarios inescrupulosos que privilegian el carácter mercantil de la cultura. Pablo agrega: “Es como lavarse las manos, como no son lugares que dejen rédito comercial, para ellos es preferible que funcionemos a puertas cerradas sin habilitación y caer y clausurarnos, que darnos una habilitación que nos corresponda y fomentar económicamente. Pero si está presente un ente gubernamental, ya tienen la responsabilidad. En lugar de hacerse cargo, prefieren esto.”

Pablo todavía se acuerda cuando el año pasado la casa que había sido de su familia por tantos años quedó vacía y su vieja le dijo si no la quería alquilar él. Se acuerda cuando se lo contó a un amigo y enseguida salió la idea del centro cultural; esas primeras semanas de acomodar todo con las manos que se multiplicaban a cada instante. Un año después, los amigos son cada vez más y todos trabajan para el festival del domingo. Dejamos que lo digan ellos: “El domingo 5 de agosto, vamos a demostrar qué es lo que defendemos. La música en vivo, la pintura, el teatro forman parte de nuestro irrenunciable patrimonio. Te invitamos a compartir una tarde disfrutando de todo ello, mientras alzamos nuestra voz para exigirle al gobierno porteño el merecido reconocimiento. Los espacios culturales autónomos no somos comercios y el Ministerio de Cultura de la Ciudad debería saberlo. No vamos a aceptar entrar en su lógica comercial. Mejor, que ellos exhiban su habilitación social.”. Nos vemos ahí.

Sacudirle el polvo a la poesía

Uno, dos, tres. Las voces están vivas y se acoplan en el mismo cauce. Dicen juntas, suben, se detienen al borde de una pausa, bajan, se interrumpen y vuelven a ensamblarse para dibujar en el aire una palabra. Diego Arbit y Sebastián Kirzner son Poesía Estéreo, dúo de artistas multidisciplinarios que investiga los recovecos y las posibilidades de la oralidad en el marco de la poesía. Nos reunimos con ellos para conocer más acerca de las particularidades del género y los orígenes del proyecto.

Estamos sentados en los sillones bajos de “El Pacha”, con cervezas y confites que condimentan el encuentro. Yo pregunto y ellos responden, y a medida que la charla avanza me convenzo cada vez más de que lo que estos dos hacen sobre el escenario terminó por impregnar la cotidianeidad de su oratoria. Porque hay algo en esa naturalidad con la que se interrumpen, se ríen y se acotan. Las voces son casi opuestas y se complementan en una corriente de sonidos que funciona. Seba y Diego hablan acerca de Poesía Estéreo y hay una dinámica en su manera de decir que hace de esta charla casi un espectáculo en pequeña escala, montado solamente para mí.

Les pregunto qué es Poesía Estéreo y ellos eligen empezar por el principio. A comienzos del 2009, me cuentan, había una proliferación de lecturas y de programaciones culturales independientes altísima. “Lo divertido fue que había una cultura de leer mucho, pero de olvidarse del hecho de que estar leyendo frente a otro es realizar un espectáculo teatral, te guste o no. Necesitás que el que está del otro lado te escuche y entienda lo que estás diciendo. Si hay un otro y son muchos que te están mirando, y vos te ofrecés a dar ese espectáculo, hacé un espectáculo. Entonces dijimos ‘bueno, hay un intermedio divertido que puede ser hacer la poesía, decirla, volver a una oratura.’ Y no sólo eso, si no que la pasáramos por el cuerpo, ¿no? Y así empezó Poesía Estéreo”.

Basta con verlos sobre el escenario para comprender. Porque este dúo aborda la idea de una poesía completamente nueva, joven, pensada para quebrar los límites del papel y acontecer en tiempo y espacio de manera plena. La poesía estéreo deviene un estilo original que es además muy amplio, en tanto no sólo remite al texto, sino que también bordea distintas corrientes de la música (como el Hip-Hop, el Rap, el Def Poetry, el Slam Poetry) y del teatro (con el Clown y la Pantomima), sin perder de vista que el contenido siempre debe mantenerse como lo central: “La regla es que se puede poner el cuerpo, en tanto y en cuanto el cuerpo no diga más o no pese más de lo que se está diciendo. El poema tiene que ir por arriba y el cuerpo tiene que acompañar, ese es el chiste.”

Las presentaciones fueron sucediéndose una tras otra, recorriendo escenarios diversos, sembrando repercusiones positivas. El dúo recuerda que al principio había días en los que tenían hasta tres presentaciones consecutivas: “éramos casi como una banda de cumbia”. Pero además, desde sus inicios Poesía Estéreo funcionó también como un espacio de investigación sobre las tradiciones orales múltiples que estaban floreciendo en varias partes de Latinoamérica, Estados Unidos, España y Méjico. “Empezamos a crear nuestras propias cosas y a traducir otras que llamaban a lo oral o que ya eran orales en otros países, y muchas, la mayoría, las resignificamos para argentinizarlas de alguna manera, porque si las traducíamos tal cual eran se iba a perder mucho.” Lo importante, de nuevo, es hacerse entender: rescatar el mensaje, pulir lo ajeno para convertirlo en propio. Y entonces quiero preguntarles qué pasa cuando los que escriben son ellos, si es que pueden desapegarse de lo oral, de todos los matices del decir y es como si me leyeran la pregunta en los ojos porque, apenas abro la boca, Diego ya está diciendo “yo escribo pensando en la oralidad. Y creo que vos también, Seba, escribimos oralmente, escribimos como si habláramos”. Los dos improvisaban o actuaban antes de empezar a escribir y Seba me cuenta que privilegiar el ser oral de un texto frente a las reglas de la redacción propiamente literaria es un vicio que puede volverse problemático a la hora de enfrentar a los correctores “de verdad”, porque “la puntuación está marcada para la oralidad pero la lectura del ojo no tiene la misma medida.”

La mejor solución, entonces, es trepar al escenario, abrir la boca bien grande y sacudirle el polvo a la poesía, acostumbrada durante años a dormitar en los antiguos ciclos de lectura en voz baja, que ellos definen como lugares “con mesas, y vasos de agua, y unas flores muy feas”. Para contrarrestar este tipo de encuentros, que sin embargo y felizmente parecen ser cada vez menos, Poesía Estéreo propone todos los domingos en Casa Brandon el Ciclo Sucede, dirigido por Sebastián. Y acá me corrigen: “en realidad, ese ciclo es un espectáculo. Tiene el falso nombre de ‘ciclo’  porque se inició como un  ciclo de verano  y quedó porque armamos un equipo cada vez más grande y cada vez más interesante como para que se fuera dando un espectáculo, porque la pasábamos bien y porque tenía cada vez más público. Se convirtió en algo fijo que, además, queremos que sea cada vez más grande.” De esta manera, el espectáculo fue creciendo hasta convertirse en lo que es hoy, “una especie de Saturday Night Live argentino, muy raro, porque es tipo un lector, un sketch, otro sketch, otro lector, bandas re grosas que tocan en vivo con nosotros, y además le metemos danza… son como dos horas y media al palo”. Me consta. El Sucede es una celebración de la oralidad, donde un grupo de artistas ultra versátiles (“no sé cómo explicarte, todos cantan, todos bailan, todos escriben, todos rapean, todos hacen de todo”) aporta estéticas, formas y cuerpos diversos para engendrar un espectáculo multidisciplinario que la rompe.

Poesía Estéreo tiene todavía mucho más para contar. Hablamos acerca del Slam Argentino de Poesía Oral, torneo que ellos organizan y que va por su quinceava edición, donde compiten entre 45 y 50 poetas (“bueno, poetas” acota Seba, “donde compiten artistas, de nuevo, pueden ser hiphoperos, triphoperos, clowns, gente que piropea gente en la calle, psicóticos, asesinos, drogadictos, todo eso”). Charlamos acerca de la muestra de Slam que armaron en la Feria del Libro por primera vez este año. Me cuentan también acerca de lo que están escribiendo, o pensando, o intentando escribir. Sobre el documental que planean para el 2013, que va a reunir grabaciones de todo lo que hacen actualmente: Slam, Sucede, Poesía Estéreo, una intervención en Yenny/El Ateneo, etcétera. Son muchísimas las puertas que esta charla abre y en todas dan ganas de asomar la cabeza, aunque sea para chusmear un poco. Ya nos estamos despidiendo cuando Seba me dice que justo hoy resolvió una frase, “y quiero decirte que esta frase es mía, la busqué en Google y nadie escribió jamás esta estructura, sí, hice mi propia frase, que es ‘somos los consumos culturales que habitamos’, sí, jamás nadie lo estructuró de esta manera, a veces lo más simple es lo más difícil de hacer”. Nos reímos. Somos los consumos culturales que habitamos. Vale la pena entonces meter las manos hasta el fondo en la masa multiforme y colorida de la cultura, y elegir dónde pisar. Poesía Estéreo parece un espacio interesante para darse una vuelta cada tanto: una propuesta sabrosa, en fin, para habitar un rato.

Los docentes que la UBA sabe precarizar

Siete profesores del Centro Cultural Rojas fueron despedidos por organizarse y reclamar contra los “contratos basura” que hace años implementa la institución de la UBA. Detrás de los famosos cursos temporarios se esconde una historia de precarización, indiferencia y persecución.

Foto: Nos Digital.

Contratos de “locación de servicio”, sin licencias ni aguinaldo, cobrando solamente los cuatro meses de clases y tres años sin un aumento de sueldo fueron las razones que llevaron a cinco docentes del Centro Cultural Rojas a organizarse y reclamar contra sus “contratos basura”, por lo que, a principios de este año, sus cursos sencillamente no fueron publicados. Una forma de considerarse despedido, que ilustra de nuevo la injusticia del convenio: el despido aparece encubierto como una no-renovación del contrato.

El Centro Cultural Rojas reúne en sus programas educativos a más de 300 docentes y 30 mil alumnos año a año, volumen que lo equipara con las propias facultades. Fue fundado en 1984 como parte dela Secretaríade Extensión Universitaria dela Universidadde Buenos Aires, con sede en Corrientes 2038, una especie de “Centro Cultural dela UBA” según figura en la propia página de internet. Desde entonces -sigue la página- sus dos grandes ejes fueron la programación artística y los cursos, “pensados para gente que busca capacitarse en el mundo del trabajo formal y de la cultura y para adultos mayores de 50 años”.

Manuel Ferrer es uno de los tristemente protagonistas de esta historia (El resto: Paula Belmes, Mariela Delnegro, Agustina Lizzi, Alejandro Belkin, Laura Liebson y Eva Elena Martín). Desde mediados del 2009 era docente dentro de los cursos de Humanidades, en la categoría Mayores de 50. Si estaba contento ya, su motivación fue mayor llegado en 2010 un aumento de salario. Manuel contextualiza: “No es que cayó del cielo, como en todos los ámbitos educativos, cada año se discute el aumento a los docentes en las paritarias”. Manuel fue perdiendo su sonrisa día a día en los pasillos del Centro, en las reuniones con sus colegas, en las clases. Empezó a informarse sobre su “contrato de locación de servicio” que lo mantenía en relación de dependencia. Se preguntó por qué no cobraba aguinaldo ni tenía licencias. Las charlas con colegas no arrojaron respuestas pero sí las mismas dudas: ¿Por qué?

La modalidad de cursos cuatrimestrales con opción de renovarse una vez “finalizados” (entre comillas, porque muchos de los profes continúan un programa incluso año tras año) sostiene estas desventajas. Es decir: los contratos de locación de servicio confunden cualquier relación legal entre los docentes yla Universidadde Buenos Aires. Una especie de tercerización. Entonces, el sueldo llega únicamente los cuatro meses que duran los cursos. Y como no aumentan desde el 2010, representan exactamente la mitad de lo que cobra un ayudante en una cátedra cualquiera de cualquier carrera dela UBA.

Además, según el contrato, los profesores son “monotributistas”, categoría que en el ámbito docente encubre una relación de dependencia y precarización. De movida, la “carga social” corre por cuenta propia. El monotributo comprende en una categoría impositiva cuatro cosas: el impuesto a las ganancias, los ingresos brutos, la jubilación y la obra social. Generalmente se utiliza para quienes prestan un servicio eventual, ya que se considera en vez de salario una “ganancia”, siempre que el impuesto “grabe” la actividad. Por ejemplo, la edición y comercialización de libros no está grabada en la reglamentación del impuesto a las ganancias. La actividad docente tampoco. Por eso, al “obligarlos” a ser monotributistas, los docentes pagan cosas que tributariamente no les corresponden. En Argentina, además, el impuesto a las ganancias es bien regresivo e injusto porque no es equitativo: el que cobra más no paga más. No es casualidad, siguiendo esta rueda, que sea el mismo Estado que cobra los impuestos (en este caso a través dela UBA), el mayor empleador precarizador.

Eso técnicamente. Llevado a la vida práctica de Manuel y sus colegas: si te enfermás, no cobrás; si te echan, no tenés indemnización; cobrás solo cuando trabajás y olvídate de licencias, vacaciones pagas y aguinaldo.

La actividad de cada profesor y la relación con su curso lejos está de esta lógica temporaria, dependiente y precarizada. Nos lo cuenta Manuel: “Una vez que uno entra va teniendo continuidad más allá de los cambios de cursos y las cantidades de alumnos, cada profe va desarrollando su espacio, el cual aparte tiene el acompañamiento de los alumnos, que lo van siguiendo”.

Hasta este 2012 Manuel supo ganarse esa empatía de los Mayores de 50. Desde el 2009 en que había entrado, desarrollaba sus clases de Introducción al imperio y la globalización sin mayores sobresaltos, pero fuera del aula las cosas cambiaron. Manuel: “A raíz de que la situación se iba agravando año a año, a mediados del 2011 con un grupo de compañeros decidimos empezar a juntarnos para poner sobre las mesa las dificultades, la situación de cada docente, y empezar a organizar un reclamo. Éramos entre quince y veinte, el número variaba de reunión en reunión, pero estamos hablando de un total de 300 docentes. No hay ningún antecedente de organización, suponemos que en parte por la política represiva que hay al interior del Rojas que en parte conduce a nuestro despido”.

El pasado 29 de marzo quien suscribe pudo comprobar cómo, en una protesta al frente C. C. Rojas, desde adentro centelleaban flashes de cámaras fotográficas. Lejos de tener fans ahí dentro, la “política represiva” que menciona Manuel tiene que ver con esta persecución a los docentes que protestan e incluso a quienes los apoyan: los cursos de informática de Laura Liebson (con 18 años de trayectoria en el Rojas) y Eva Martín tampoco fueron publicados tras darse a conocer sus adhesiones en la solicitud que exigía la reincorporación de sus colegas.

“Los despidos vienen del acercamiento que tenemos con AGD (Asociación Gremial Docente dela UBA)”, explica Manuel, “que se acerca a tomar nuestro problema, a acompañaros y orientarnos. En diciembre de 2011 mandamos una carta documento advirtiendo a las autoridades dela UBAque un grupo de compañeros designados como delegados iban a hacerse cargo de organizar el reclamo y designar las autoridades del gremio. De esta forma quedamos señalados, cuando creíamos que nos estábamos protegiendo”.

Así, el tiempo dedicado al armado de los cursos, la discusión sobre los contenidos, el armado del cronograma de clases, todo, quedó en la nada. En Internet y en los paneles de la sede de Corrientes, llegado el 2012, sus cursos no figuraban. Sencillamente, no estaban más. Lo que en principio eran sospechas ante la no repuesta de las propuestas que habían presentado, se confirmaba: estaban despedidos. “El despido se da en la modalidad de la no renovación”, cuenta Manuel. “Directamente, en la fecha de inscripción los cursos de todos los docentes designados como delegados no salen publicados”.

Ni antes ni después ni ahora (y creen que nunca) vieron la cara, escucharon la voz, concretaron una entrevista con Cecilia Vázquez, responsable directa del conflicto como Coordinadora General de Cultura Adjunta, que depende hoy dela Secretaríade Extensión Universitaria y de Bienestar Estudiantil, a cargo de Oscar García, y el rector dela Universidad, Rubén Hallu.

Una única voz dela Universidad, sin identificar, eligió a Página 12 para dar sus argumentos: “No puede haber una equiparación porque el origen y la actividad de estos profesionales no son iguales a los de los docentes universitarios”, dijo, lo que técnicamente huye al centro de la cuestión. Otro argumento, de nuevo sobre los salarios: “Los fondos para los sueldos del Rojas provienen de recursos propios (en rigor, los cursos del Rojas son generalmente arancelados), mientras que los salarios de los docentes universitarios los cubre el Estado”.

Esta desestimación (y la indiferencia de Vázquez) ratifica la modalidad de los contratos basura de cada docente que aún continúa en el Rojas, y desalienta la posibilidad de pelearla. “Hacia adentro la situación queda muy comprometida en la medida en que los despidos funcionan como un mecanismo de disciplinal amedrentador. Armar alguna movida ahora se vuelve complicado porque hay un antecedente que es el despido. Y estamos hablando de participaciones mínimas: por sólo firmar un petitorio echaron a dos docentes de informática. Frente a esto, uno comprende a los compañeros que tienen dudas sobre participar, más allá de que el reclamo sea justo”, dice Manuel. Y remata: “Lo que queda ahora es lo que podamos hacer nosotros desde el activismo sindical, desde afuera del Rojas, las discusiones que podamos llegar a lograr desde nuestra situación, los actos que venimos haciendo, seguir difundiendo, como ahora, que estoy hablándote a vos”.