“Quiero que me amen”

Camila Sosa Villada es actriz, cantante y poeta. Mientras termina temporada de El bello indiferente en el Centro Cultural San Martín, en esta entrevista comparte sus dolores e invita a la emoción pura: “Siento que el teatro es participar de una inmensidad que nos excede”. 

“Soy una negra de mierda, una ordinaria, una orillera, una cuchillera, el mundo me queda grande, el tiempo me queda grande, las sedas me quedan grandes, el respeto me queda enorme, soy negra como el carbón, como el barro, como el pantano, soy negra de alma, de corazón, de pensamiento, de nacimiento y destino. Soy una atorranta, una desclasada, una sin tierra, una sombra de lo que pude ser. Soy miserable, marginal, desubicada, nunca sé cómo sonreír, cómo pararme, cómo aparentar, soy un hueco sin fondo donde desaparece la esperanza y la poesía, soy un paso al borde del precipicio y el espíritu me pende de un hilo. Cuando llego a un lugar todos se retiran, y como buena negra que soy, me arrimo al fuego y relumbro, con un fulgor inusitado, como una trampa, como si el mismo mal se depositara en mis destellos”. Camila Sosa (Mara)Villada. 31 de octubre. En la foto de portada de su perfil de Facebook.

Su cuerpo, casi una silueta o una sombra, tan negra como ella toda. Un rebote de luz revela una cinta roja rodeando su muñeca. Entre la otra mano y la boca, un cigarrillo, sostenido apenas entre el dedo índice y el mayor, y los labios en forma de beso. Un cuello que remata en perfil y en la cabeza una toalla esconde el pelo. ¿La vemos?

Camila Sosa Villada es actriz, cantante y poeta. Cordobesa y travesti, de treintipocos. Rompió en escena con la ya mítica Carnes Tolendas, a la que siguieron protagónicos en cine (Mía) y televisión (La viuda de Rafael), y más teatro como actriz y directora. Es morocha, menuda y de ojos saltones. Cuando habla o se ríe se le mueve la nariz como si no le alcanzara el cuerpo para expresarse. Es que en cada palabra que dice se condensa toda ella, como quien se da a la vida en cada instante. A su alrededor, ahora, el escenario que se montó durante su estadía en Capital Federal, en un departamento alquilado en San Cristóbal que venía con dos cuadros desmesurados de color. Envolvente, suena un jazz de los 40′. La pava todavía está caliente y en la barra que separa la cocina del comedor un cigarrillo armado a medio fumar, que Camila irá prendiendo cada tanto, como marcando el ritmo de una música inaudible.

– Yo con el teatro quiero que me amen, esa es la verdad. Quiero que cuando salgan de ver una función sientan amor por mi trabajo.

– ¿Qué es para vos el teatro?

– Siento que el teatro es una manera de meditar. Es como ir a misa, una ceremonia en la que una persona de fe verdadera – que no son los que van a misa lamentablemente – siente que participa de alguna forma de Dios. Siento que el teatro es participar de una inmensidad que nos excede. Como actriz, cuando estoy actuando, siento una gran comunión con el público y eso es lo que me gusta del tipo de obras que hago. Por ahí, una obra más conceptual, más fría, más críptica, con más rollo de la investigación y de lo cultural del teatro puede llegar a enfriar al público. Yo creo que al teatro la gente va a llorar, a reírse y a aprender. Por eso me gusta hacer el teatro que hago, que es emoción pura.

Imágenes: NosDigital
Imágenes: NosDigital

Sin embargo, no cualquiera le presta el cuerpo a la “emoción pura”. Este agosto, Camila presentó en Córdoba la obra Los Ríos del Olvido, escrita y dirigida por ella:

– Para mí, es divina e hice la obra que tenía ganas de ver, y soy una buena espectadora de teatro. No por mí, sino porque los actores son fantásticos. Resulta que en Córdoba está el Premio Provincial del Teatro, que una vez lo gané como mejor actriz por Llórame un río. Y me escribe uno de los jurados para pedirme entradas. Hice malabares para conseguirle, porque estaban agotadas. Al otro día me manda un mensaje, mirá la maldad, diciéndome: “Camila, espero que no te moleste mi pregunta – ya cuando arrancan así sabés que te van a romper – pero, ¿los actores hablan tan mal a propósito o es un tremendo error de ellos?”. Nosotros trabajamos sobre el cordobesismo típico, como que alguien venga acá y te hable “todo así, vite…”. Bueno, en Córdoba, todos los negros hablan rápido y bruto, no se les entiende nada, se escuchan como puteadas de fondo. Y me pregunta eso. “Porque fue tan incómodo para mí como espectador, no podía entender nada”. Le respondí: “Mirá, lo que pasa es que estamos muy mal acostumbrados a ver teatro. Los malos actores, los malos directores, los malos espectadores piensan que el teatro es solo placer y solo sirve si te hablan así – gesticula exageradamente –. Mis actores hablan bien, fue una marcación mía, tenés que ampliar la cabeza y aprender a ver teatro de otra manera”.

Algo similar le pasa ahora en El bello indiferente, el monólogo que está haciendo Camila con Hervé Segata de partenaire y dirección de Javier van de Couter – también director de Mía y del episodio de la serie “Historia clínica” en el que actuó Camila – en el Centro Cultural San Martín. En la puesta, entre el escenario y las butacas del público media una tela traslúcida, que deja ver, pero suma cierta opacidad a la historia. Ya van varias personas que le dijeron que no les permite disfrutar de todo lo que pasa: “¿Qué piensan?, ¿que en el teatro tiene que ser todo claro y a la vista?”. El guión original fue escrito por Jean Cocteau –artista e intelectual francés – dedicada a Edith Piaf, quien la interpretó en su estreno en 1940. Es la primera vez que se hace en Argentina. En el escenario, un cuarto de hotel con la cama revuelta, un gramófono, un minibar, un teléfono y las luces de neón y los ruidos de la calle que se cuelan por las ventanas mínimas. Una escalera hacia arriba es la única salida, sumando a la sensación de ahogo, caída y encierro. En el escenario, una mujer, una artista, sola, espera al hombre que ama, sumida en el tormento de la indiferencia.

– En el 2012 estaba grabando La Viuda de Rafael y estaba leyendo la biografía de Edith Piaf. Siempre que vengo a hacer tele, tengo dinero, entonces me compro muchos libros. Leo sobre esta obra y encuentro un fragmento así de chiquito, esa frase cuando ella le dice “Mentime, mentime, mentime”, y digo “ayyyy, ¡qué divino!” Entonces le dije a Javi (van de Couter) que quería trabajar de nuevo con él, le pasé lo que había encontrado y me dijo que lo hiciéramos. Y nos está yendo muy bien. Empezamos con menos público del que esperábamos, alrededor de 40 personas, en una sala tan grande, se sentía una ausencia tremenda. Y dije “dale 3 o 4 funciones y el público va a empezar a venir solo”. Y empezó a subir la cantidad. Conozco esas cosas del teatro. Por ahí Javier me pregunta cómo está el público, cómo sentís que la pasó… y la verdad es que yo estoy muy tranquila porque ponele de 70 espectadores, 2 la pueden estar pasando mal… Soy una asquerosa de vanidosa, pero confío mucho en la obra.

– A parte del teatro, ¿hay otras cosas que te generan la sensación de comunión?

– Sí. La música, la música, la música. La de los negros, sobre todo el blues, reivindica la idea de la música como una ceremonia también. Ellos pudieron cantar su dolor de esa manera, que es lo que yo hago en el teatro también, pudieron cantar ese dolor y volverlo sagrado. Uno cuando escucha un blues se queda en silencio. A veces también algunas cosas de la naturaleza me parecen dignas de ser una ceremonia, los nacimientos, la muerte, el amor…

– ¿Cuáles son tus dolores?

– Sufrí mucho porque decidí ser travesti, esa es la verdad. Sufrí mucho porque tengo un padre alcohólico, al que le costó mucho la vida, y una madre enamorada de ese padre, a la que también le costó mucho vivir. Entonces, desde antes de ser travesti, ya conocía un dolor. Imaginate: a los 12 años les dije a mis viejos que era gay, que me gustaban los varones, y para ellos fue tremendo. Y lo empecé a decir en el secundario y era muy fuerte, porque nadie estaba preparado para algo así en ese pueblo y en mi familia tampoco. Entonces, sufrí mucho porque me tuve que ir de mi casa, porque mi viejo me pegaba, porque mis compañeros no me querían, porque me enamoraba sabiendo que no se iban a enamorar de mí. Después sufrí mucho porque tuve que trabajar como prostituta y la mayoría de las veces la pasé mal… fui muy pobre, había días y días que lo único que comía era mate cocido con pan negro. Entonces la única forma de canalizarlo es siendo así de salvaje aunque sea una hora en el teatro. No haría una obra en la que tuviera que estar sentadita, callada… Necesito sacarlo todo afuera. Cuando lo saque todo, capaz empiece a hacer películas románticas, pero todavía tengo para rato. A parte me encantan los personajes enroscados. No sé por qué siempre me dan papeles de buena, será porque mido 1, 60 m, pero lo que yo quiero es ser una atorranta.

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El bello indiferente, su última obra.

En el 2000, Camila viajó a Córdoba capital a anotarse en la carrera de Biología en la universidad, pero cuando llegó, la mesa estaba cerrada. Como le gustaba escribir, Comunicación Social pareció ser la alternativa lógica. Al tiempo de empezar, arrancó con su mejor amigo unos talleres de actuación del centro de estudiantes y después de tres años decidieron anotarse en la Licenciatura en Teatro para hacerla en paralelo: “En esa primera clase, gracias a los docentes, sentí que estaba en el lugar correcto, que ese era el espacio donde tenía que estar, porque si lo dejaba, iba a terminar tirada en una zanja. Fue tal la aceptación que sentí por parte de ellos, de mis compañeros… Y empecé a estudiar con sinceridad, con vocación y cariño, pero llegó un momento en que me cansé, porque estaba haciendo también Comunicación Social, trabajaba de noche y estaba muy enamorada pero no correspondida, o sí correspondida pero él no se la jugaba porque era trava, estaba como todo mal. Y dejé. En el 2006. Dejé todo. No quería estudiar más. Estuve dos años al pedo, al pedo, al pedo, haciéndome mierda la cabeza…”. Dos años después, llegaría la propuesta de María Palacios para que actuara en su “obra-tesis”: Carnes Tolendas. Retrato escénico de una travesti, con asesoramiento de Paco Giménez, quien ya se había convertido para Camila en un maestro, un padre. “Ahí vi lo que me pasaba a mí como actriz, lo que me pasaba con el público, y que además me daba dinero, ahí me di cuenta que era mi vocación”.

“No existe una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre, ni un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer. En el cuerpo de una travesti habita lo femenino y lo masculino: habita lo sutil, lo curvo, lo ondulante, una cadera, el quiebre de una rodilla, la caída de una sábana, y existe también lo recto, lo duro, lo anguloso, el ladrillo, el edificio, el golpe”. Fragmento de Carnes Tolendas.

– Cuando hicimos la función de tesis estaban todos mis amigos y todos lloraban. Era muy fuerte verlos sentir compasión por mí, porque además yo sentía que ellos no me habían acompañado lo suficiente, me había sentido un poco sola. A pesar de que fueron grandes amigos, que me orientaron muchísimo. Entendí que había pasado algo en esa función. Y después empezó a pasar en todas y hasta el día de hoy recibo mails de gente que me agradece por haberles cambiado la cabeza y la mirada respecto al travestismo. Que fue no solo la puerta que me abrió a una vida más linda, sino también una especie de inflexión en la cultura cordobesa. Empezó a pasar algo después de esa obra, y lo digo con mucho orgullo, y éramos dos pendejas. María tenía 24 años cuando la dirigió y yo 27. La hicimos bien. Empezamos a participar de ese movimiento que terminó en las leyes de “Matrimonio Igualitario” e Identidad de Género. Venían cátedras enteras de Psicología a ver la obra y a hablar del travestismo. Imaginate. Fue una buena jugada.

– ¿Tenés una historia de militancia o participación política?

– Si me tuviera que definir políticamente te diría que soy antidelasotista. Pienso todo lo contrario que él y el tipo de política que hace. Las traiciones, las transas y la corrupción que hay detrás de un gobierno como el de este tipo es todo lo que a mí me hace enojar y me dan ganas de cambiar el mundo. En Córdoba hay un par de organizaciones sociales con las que me identifico. Como en Malvinas Argentinas, que es una ciudad donde fueron a instalar Monsanto y la gente se empezó a enfermar y enfermar. Y no quieren dejar que se instale, ¡porque no quieren tener cáncer! Así de simple. Hace años que están cortando esas calles, que están bloqueando las entradas de los camiones. Y van, los reprimen, los cagan a palos, los humillan. También está el FOCOF (Frente Organizado contra el Código de Faltas), contra otra inmundicia de este gobierno, porque a los pibes los detienen porque tienen gorra, porque son negritos, los paran y les piden documentos. Por ejemplo, ahora hay unos pibes de la villa que hacen hip hop que se llaman “Rimando entre Versos”. Los pibes cantan cosas maravillosas. Los locos además trabajan limpiando vidrios. Hace poco detuvieron a uno porque un taxista lo vio parecido a uno que lo había choreado y lo metieron en cana. Yo pensaba que la policía lo que hace con estos pibes es quitarles la fe, quitarles las ganas de cambiar, de laburar, porque a parte no es que todo el mundo se da cuenta de que chorear no está bien, y no tienen por qué saberlo. Pero este pibe sí se dio cuenta, salió a laburar, tiene su banda y lo metieron en cana porque parecía chorro. Entonces con esas organizaciones sí tengo piel y me interesa lo que hacen, me intereso por la política desde ese lugar.

– Y en tu experiencia en la calle, ¿tuviste cruces con la policía?

– Mirá, la única vez que me agarraron se la terminé chupando al policía y me dejó ir a mi casa. Pero teníamos pavor. En los años 2000, 2001, 2002, 2003, imaginate que las leyes de “Matrimonio igualitario” y de Identidad de Género estaban lejos. Era tremendo, teníamos pánico, corríamos con unos tacazos así por el medio del parque a escondernos entre las plantas. Porque si te agarraban, la ibas a pasar mal. Siempre caía a los dos, tres días, una con el ojo moradazo, con la boca machucada, garchada por todos los detenidos, no, no, no, no, no. ¿Sabés dónde lo comprobé? ¿Viste la película Babel? En cualquier lugar del mundo la policía lo arruina todo. Todo lo que pasa en esa película, todo es culpa de la policía. Es algo que nos ha construido el sistema, como anticuerpos.

En su departamento de San Cristobal.
En su departamento de San Cristobal.

Pero la discriminación y la violencia también se vive en lo mínimo y cotidiano. A Camila el teatro le abrió puertas y también fronteras, con la posibilidad de viajar para presentar sus trabajos. Sin embargo, estos logros estaban teñidos de frustración: “Mirá, la verdad que cuando viajaba antes de tener el documento era muy incómodo. Los aeropuertos, todo era muy incómodo, no me gustaba por eso, ir a los hoteles también. Cuando cambié el DNI, empecé a viajar tranquila, la empecé a pasar mejor. Ahora se lo agradezco, porque conocí el mar, por ejemplo, gracias al teatro”.

Camila, ya lo decía, quiere, sobre todas las cosas, que la amen. Y eso, si no es fácil para nadie, para ella menos. En Facebook compartió: “Pero no lo pueden soportar. Esto es triste. No pueden soportar que les guste una travesti. Ustedes que son tan abiertos, tan militantes, tan políticamente correctos, tan sensibles al arte, tan sensibles a lo que hago como actriz, como escritora. Ustedes, ejemplos de solidaridad y de humanidad para con todas las injusticias de la vida, cuando se enfrentan a que les gusto, a un paso de dar el paso, se echan para atrás. Reculan, cobardes, como los tipos comunes, esos que no militan, que no ejercitan mucho el pensamiento, que no se reservan una porción del alma para el trabajo con el otro.Estuve siete años enamorada de un tipo que decía que me amaba, pero jamás me invitó un café, jamás el mundo nos vio juntos, salvo algún amigo, por casualidad, tal vez una visita inesperada, nos descubría in fraganti, amándonos, como cualquier pareja normal, compartiendo una intimidad que no conoció el mundo (…) para ustedes siempre estaremos relacionadas a lo prohibido. A los vidrios polarizados, el amor en los parques de noche, acaballadas sobre ustedes media hora, al bucal, al anal, a ser activas o pasivas, a tener o no tener pito, a tener o no tener tetas. A ser más o menos parecidas a una mujer. Cuando estrenó Mía, de Javier Van de Couter, recibí un mail que me pintó por entero el panorama. Un tipo me escribió: ‘pensar que antes pagaba diez pesos para que me chupes la pija, y ahora tengo que pagar para venir a verte al cine, culpa de mi señora’. Y puedo escribirles esto, porque alguna vez, conocí a un tipo que me amó, profundamente, toda, a la luz del sol y a la vista de todos. Y esa sensación de ser normal, común y corriente como todas las parejas que envidié desde las sombras durante tantos años, es lo que me hace pensar, que no todo es como nos hicieron creer y que hay un mundo mejor que no tiene que ver con este”.

Yo fui reprimido

Crónica de un verano en la trinchera de la Sala Alberdi. De este lado, festivales de música, ferias de libros y talleres artísticos. En frente, criminalización, balas y desalojo.

Fotos: NosDigital
Fotos: NosDigital

Plum. Plum. Plum. Plum.

El pecho parece no alcanzar, el corazón quiere salirse. Me transpiran las manos, suele pasarme. Me cuesta un poco hacer foco para seguir laburando con la cámara. Tengo los ojos inquietos, no me quiero perder detalle. ¿Se dilatan las pupilas en situaciones así? Siento que sí, lo googleo unos días más tarde y descubro que solo puede ser que haya pasado porque era de noche y me adaptaba a la luz. Los pelitos de los brazos se erizan en una adrenalina extraña. El plum, plum, plum cada vez más fuerte. Un grito que siento como electricidad recorriendo mi columna llega a la raíz de mí y activa mis piernas. Me muevo.

Miércoles, 2 de enero de 2013:

[SITUACIÓN ALARMANTE]

CompañerXs:
Nos cierran las rejas del Centro Cultural. Dicen que estará cerrado por vacaciones, por lo tanto no dejan entrar a lXs compas que están afuera del Centro Cultural. Eso quiere decir que los que estamos adentro tendremos que quedarnos hasta el 20 de febrero para no abandonar la toma….
Quienes puedan venir vengan que es importante que seamos más.

CCG San Martín (Sarmiento 1551 6º piso, esq. Paraná)

sala alberdiTodavía no me había enterado, pero el primer comunicado ya circulaba por las redes sociales. El verano arrancaba caliente y activaba la pausa de las vacaciones. Mientras se terminaba de secar el pan dulce con el repasador encima sobre la mesada me senté en la compu. Seguramente tomaba mate, era casi medio día del sábado 5 de enero. Quien entonces era una colega y hoy es mucho más que una amiga hizo latir el cuadradito de la conversación en Facebook. Las dos estábamos leyendo la página oficial de la Sala Alberdi que enumeraba los últimos acontecimientos: La situación era tensa, gran cantidad de patovicas (¿Identificados? Olvidate) desde adentro custodiaban las entradas del Centro Cultural General San Martín supuestamente en receso por vacaciones, mientras los pibes no podían entrar provisiones a sus compañeros del sexto piso. Seguíamos leyendo, tampoco tenían luz, ni baño, ni agua, pero estaba lleno de policías, matones y amenazas… No es necesario seguir.

El acampe se había mudado desde la puerta del Centro Cultural a la Plaza Seca. Un video mostraba las primeras imágenes de agresión hacia los pibes por esos hombres vestidos de negro que presumen ser (in)seguridad. Fue instintivo, juntas decidimos ir a ver qué pasaba.

“Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copia a sus amigos; nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El Terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad”. (Rodolfo Walsh)

sala alberdiAsí terminaba el comunicado de la Sala Alberdi del primer día que llegamos al acampe. La bandera de “Toma y autogestión” avisaba que estábamos en el lugar correcto, mientras ocupaba parte de la calle Sarmiento al 1500 sin impedir que los autos y bondis del centro porteño sigan transitando. Una cartulina invitaba a dejar comentarios acerca de la privatización del arte. Esquivé las bicis y los malabares, subimos los escalones hacia la Plaza Seca, frente a nosotras entre arte las carpas se iban sumando, tras ellas se sumaban los patovas.

Los días pasaban y seguíamos volviendo, de a ratos nos encontrábamos con esas noticias que te anudan la boca del estómago y necesitan de muchos mates compartidos para pasar. Desde adentro cortaban la soga que subía los alimentos hasta el sexto piso, no dejaban entrar a Nora Cortiñas y llenaban de respuestas ilógicas a las llamadas telefónicas de Alejandra Darin. Todo era “No, no y NO”.

Llegó entonces la primera movilización al Ministerio de Cultura Porteño. Concentraban temprano y en el trabajo no me alcanzaba el tiempo para buscar la mejor excusa e irme antes. Terminé saliendo a la hora de siempre, me cambié rompiendo records en el baño de la oficina para descontracturar el cuerpo; el subte ya estaba cerrado por las reparaciones veraniegas y fui en búsqueda del bondi. Pregunté varias veces dónde bajarme en mi capacidad de perderme siempre y cuando llegué, la Sala hacía el “Haka Artístico” en plena Avenida de Mayo. Entre sonrisas, mi amiga me presentaba amigos y el grupo se agrandaba, nos sentamos todos en ronda. En el centro, toda una varieté explotaba, de fondo una nueva bandera “Lombardi: Esto no es un campamento, es la Sala Alberdi resistiendo”. Que quede clarito. Cla, ri, to.

sala alberdiVolvimos caminando hasta Sarmiento y Paraná, los pasos los marcaban las canciones. Íbamos juntos, tras las banderas, bailando, gritando. Llegamos y les dedicamos toda esa energía contenida a la ventana por donde se asomaban los artistas del sexto piso. La adrenalina la bajamos con unas birras en un pool cercano. Dejamos hasta las monedas. Cuando salimos hicimos una vaquita para compartir los puchos. Algo se generaba, eran nuevos lazos. Lazos con la Sala, con su gente, con quienes desde el 17 de Agosto del 2010 aguantaban la toma contra las políticas privatistas del Macrismo y de la dirección del Centro Cultural a cargo de Gabriela Ricardes. Lazos entre nosotros que nos empezábamos a compartir los puchos, los hombros, las manos. Lazos cada uno consigo mismo. Entendíamos que no nos queríamos ir, estábamos quedándonos.

Denuncia Pública de las agresiones y persecuciones sufridas por lxs compañerxs que estamos resistiendo en el Acampe Cultural de la Plaza Recuperada

El pasado domingo 13 de enero, aproximadamente a las 22 horas, un grupo de compañerxs de la Agrupación Horizonte de Libertad que vienen solidarizándose activamente con el Acampe (un compa y su hija de 3 años en brazos, junto a una pareja de compañerxs) fueron interceptados en la esquina de Montevideo y Perón (a la vuelta del Acampe Cultural) por una patota de diez matones armados con palos largos.

sala alberdiEl resto es bastante fácil de imaginar. Después de ordenar a quien estaba con su hija que se retirara, atacaron a palazos a la pareja que quedaba. Nos enteramos cuando cortaron un tema y lo dijeron en medio de un festival. Otra vez el nudo en la garganta, la bronca, la impotencia que se sumaba a la persecución a asambleístas hasta sus casas, a pibes detenidos por hacer pintadas. Pero afortunadamente otra vez las voces amigas con quien descargabas, las manos que giraban las galletitas, los pinceles que se activaban, los talleres que se reproducían. Hacía falta MUCHO más que esas bajezas para frenarlos.

Unos días más tarde, el 20 de enero, Lombardi demostraba tener una visión bastante peculiar de los hechos, por no decir no entender un carajo lo que sucedía. En una entrevista en el Diario La Nación le preguntaban:

-¿Qué pasa con el conflicto en la Sala Alberdi?

-El caso se judicializó en 2006. Hay un grupo que no son trabajadores del Gobierno de la Ciudad ni ex estudiantes de la Sala, que son okupas que tomaron parte de las instalaciones del Centro Cultural San Martín contra lo que dice la Justicia. Solamente en un contexto tan intimidatorio puede suceder este absurdo. Serán entre seis y diez personas que reciben el apoyo de un acampe cultural en forma ilegal que se ha constituido en la planta baja. Dicen que Macri quiere privatizar la cultura. Los que han privatizado la cultura son el pequeño grupo que se apropió de algo que es de todos para su propio beneficio. Se está actuando con paciencia y mesura, pero con firmeza. La Justicia empezó a convalidar lo que hizo el Gobierno de la Ciudad y creo que va a terminar en un traslado.

sala alberdiAlgunas frases se repetían en muchos otras notas. La utilización de “okupas” parecía estar de moda entre los medios hegemónicos y los participantes de la Toma y Autogestión de la Sala Alberdi sacaban desde un comunicado su derecho a réplica, porque lejos están de ser delincuentes. Los asambleístas de la Sala son TRABAJADORES del arte, gestionan un espacio de manera horizontal que se dispone para que todos puedan acceder a él. El libre acceso a la cultura está bastante opuesto a sonar a privatización. Proponen la defensa de la cultura popular, independiente y colectiva mediante asambleas y estructuras antisistema. Quizás sea ese el punto que desate el conflicto, comprender que puede generarse un espacio laburado entre todos en igual medida y proyectado hacia todos los que quieran acercarse. Algunos datos del Comunicado:

Vale recordar que durante este tiempo hemos garantizado Festivales populares, más de veinte talleres semanales, más de 2.500 espectáculos anuales para más de 30.000 espectadores y A LA GORRA lo que significa que no se impone un monto de dinero requerido para el ingreso al espacio y a las actividades”

Después de eso, estuve una semana fuera de Capital, el mar me maquinaba la cabeza. A cada rato quienes seguían acá me contaban cómo venía la mano. Cuando volví, el acampe continuaba creciendo y fortaleciéndose. Los festivales convocaban cada vez a más público, más personalidades del arte y la cultura se solidarizaban, una gran campaña con carteles que decían “Yo también soy la Sala Alberdi” copaban las redes sociales. Las tardes se multiplicaban, las noches, las birras, algún que otro fernet, los mates, las frutas.

Los últimos días de febrero terminaban con la jueza Fabiana Schafrik acompañada de otros oficiales de justicia y funcionarios del PRO, realizando una inspección ocular de la Sala Alberdi. Acción tomada como un paso hacia el desalojo y la criminalización de la protesta. Frente a las artimañas del gobierno, el acampe continuaba respondiendo con jornadas repletas de talleres, cursos y muestras, con ciclos de música que tocaban todos los estilos y bailes, el acampe continuaba respondiendo con arte.

“Hoy, martes 12 de marzo del 2013, la Asamblea del Acampe Cultural que busca la reapertura del Centro Cultural Gral. San Martín (CCGSM) y el libre acceso a la Sala Alberdi, decidió suspender la medida de fuerza, “el acampe”, por 48hs. –continuando las actividades y talleres–, para mostrar nuestra voluntad de diálogo quedando a la espera de una respuesta recíproca. Esta decisión nace como medida frente a las mentiras del Gobierno de la Ciudad de utilizar al acampe como excusa para la interrupción de actividades y el cesanteo y despido de trabajadores del Centro Cultural. De esta forma, queremos mostrar nuestro interés en solucionar el conflicto y solidarizarnos con los trabajadores afectados”

sala alberdiAsí, llegando a mitad de marzo se levantaba el acampe. La respuesta por parte del Gobierno de la Ciudad valió el punto máximo de indignación. Ese mismo día, EL MISMO DÍA, efectivos de la Metropolitana e Infantería empezaban a copar la zona. Un grupo de pibes quedó rodeado en la Plaza Seca por la Policía. Las rejas los separaban de los que estábamos afuera que cada vez éramos más. Esta fue la noche en la que descubrí que a la colega con la que había llegado a la Sala hacía meses era ahora mucho más que eso.

La situación se volvía cada vez más tensa. Ante un retroceso de la policía, principalmente porque las acciones que llevaban a cabo eran ilegales, se recuperó la Plaza Seca. Los abrazos no duraron mucho, una molotov contra el vidrio del Centro Cultural detonó la represión. La Policía parecía brotar de todos lados. Tiraban con gases, balas de goma y balas de plomo. Me até el saco rojo en la cara para poder respirar, querer sacar fotos me perdió de mi amiga. Nos volvimos a juntar en la esquina de Corrientes mientras la Policía seguía avanzando, seguía tirando. Desde ahí no nos volvimos a separar, nuestros ojos no paraban de buscarnos mutuamente. Nos juntábamos en las esquinas con nuevos grupos, las líneas policiales seguían apareciendo de todos lados, cuesta no pensar que todo estaba demasiado armado. Terminamos por juntarnos todos en el Obelisco, ya era de madrugada. Muchos estaban heridos de balazos de goma, tres compañeros con balas de plomo.

sala alberdiEl plum, plum, plum cada vez más fuerte. Volvimos marchando por Corrientes después de la asamblea. La noche parecía detenida en el tiempo. El silencio de la Ciudad se cortaba tajante mientras llegábamos hasta la esquina de Paraná. Un rato más tarde volvía a casa, bajaba las fotos y las pasaba por mail. La mañana siguiente la tele me devolvía la imagen de Mauricio Macri diciendo cosas como estas: “Ayer decían que eran artistas, pero yo nunca vi artistas con facas, con bombas molotov, destrozando un centro cultural que es de todos los argentinos” . A lo que el Ministro de Justicia y Seguridad de la Ciudad de Buenos Aires, Guillermo Montenegro agregaba “La Policía Metropolitana no utiliza balas de plomo en este tipo de circunstancias. Con lo cual si hay heridos de bala de plomo no fueron producidos por la Metropolitana, de esto no tengo ningún duda”.

¿Dónde carajo estaban? ¿Qué vieron? ¿Qué se imaginaron? La política de vaciamiento cultural era incareteable. Frente a la represión, se seguía respondiendo con arte. Sobre Corrientes se llevaban a cabo diferentes actividades bajo la temática antirrepresiva. Se marchó nuevamente a la Legislatura y se logró la libertad de los pibes presos la noche anterior. Se agotaron todos los canales de diálogo, todas las formas legales. El Gobierno había decidido reprimir, pero se necesitaba mucho más que eso: “La ideas son a prueba de balas”.

sala alberdiDiez días más tarde, el 22 de Marzo, la cámara fallaba a favor del Macrismo, indicando que la toma es criminalizable. Los pibes, asamblea mediante, decidían bajar. El hecho se llevaba a cabo el 24 de Marzo. Si, a 37 años del golpe cívico militar que encontraba multitudes en Plaza de Mayo gritando Nunca Más. A menos de veinte cuadras, la Policía volvía a reprimir, a faltarle el respeto a la memoria, a confirmar que los Derechos Humanos hoy se siguen violando. A la madrugada los cuatro compañeros que permanecían en el sexto piso lograron bajar aunque siendo identificados.

Mientras los comentarios de los “grandes” medios parecen apañar las formas del Gobierno para desalojar la Sala,  Hernán Lombardi, Ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, agradecía a la Policía Metropolitana su accionar.

   Nos seguimos moviendo. El pecho parece no alcanzar, el corazón quiere salirse.

Plum. Plum. Plum. Plum