“No me siento fracasado en ningún aspecto”

Roberto Ayala fue capitán de la Selección durante 14 años y eso le valió algunos elogios pero también unas cuantas críticas. Ahora, como manager de Racing, analiza qué es el éxito y el fracaso en la vida y en el fútbol: “Ser fracasado es no disfrutar de lo que uno hace, renunciar a mis valores. Yo sentía que cuando perdía, perdía la oportunidad de llegar a la gloria”. Y da algunos tips del puesto de central que tan bien conoce: “si no hablás, es muy difícil que te pueda ir bien. Hablar te potencia muchísimo, suple la técnica”.

Roberto Fabián Ayala es el central argentino por excelencia de los últimos 20 años. Ninguno se destacó de semejante manera a nivel mundial. Sin embargo, en un café del barrio de Devoto parece un vecino más. De chomba blanca, luminosa a los rayos del sol, de shortcito deportivo y zapatillas sport. Se acercan muchos pibes a sacarse fotos y él, con paciencia, espera que el flash salga de las cámaras que sostienen los ansiosos padres de las criaturas. Ídolo del Valencia, referente de la Selección argentina, se fue del país en 1995, cuando jugaba en el incipiente River de Ramón. Volvió al próximo milenio, en el 2010, a la Academia Racing Club, donde se retiró y culminó su inmensa carrera.

-¿Qué cambio en 15 años?
-La pasión sigue siendo la misma. Yo extrañaba lo que se vivía en un partido de acá. Allá es más frío, más distante. Van a la cancha como van al teatro. No hay esa pasión, ese fanatismo. El circo bueno que se da en el fútbol argentino es lindo. Después está el circo malo, lo que se da en los estadios, la violencia. Respecto el juego, ha cambiado. Cambiaron las generaciones, el jugador piensa distinto. No digo que sea para peor, pero la comunicación dentro del campo entre jugadores es distinta. Tienen otra actitud, han crecido con otras cosas. Son más metidos para dentro, difícilmente se pueda expresar.

-¿El fanatismo no se exacerbó?
-Hay menos paciencia. El hincha no la tiene. Es resultado inmediato y nada más. Y si bien el fútbol es eso, hoy es ganar, ganar y ganar como sea. No ver los caminos, ni la manera, ni el cómo vamos a ganar.

-¿Y quiénes establecen el cómo sea?
-La gente. A mí me tocó volver a Racing en un momento delicado, con el promedio apretado. Yo volvía como referente. La gente estaba esperando a ver qué iba a hacer, cómo iba a jugar. Lo mismo el periodismo y los compañeros. En esa evaluación, uno puede apostar por un jugador, pero eso puede fallar.

-¿Cuánto te fuiste era tan distinto?
-Las presiones existían. Pero si no ganabas no iba más allá la cosa. Hoy ves cosas tremendas. El caso de Independiente, por ejemplo. No sé qué efecto puede provocar en el futbolista ese tipo de expresiones del entorno.

-¿Y técnicamente que cambió?
-Antes los planteles tenían dos o tres referentes. Hoy cuesta encontrarlos. Se van muy temprano. Duran muy muy poco. Es complicado, los equipos solían guardar a los que eran del club para que ayuden a crecer a los más jóvenes. Hoy con Centurión ya se habla de una posible venta, de que se puede ir… Y yo lo que quiero es que crezca, que tenga sus 100 partidos en primera, que pueda rendir deportivamente en Racing y después sí, ser vendido. Lo económico también hay que mirarlo, hay que mantener un plantel, lógicamente.

-¿Vos no te fuiste muy joven a Italia?
-Me quedó el gusto amargo de irme de ese River, podría haberlo disfrutado un poco más. Era un placer jugar ahí. River era un club para disfrutar. Me fui porque me acercaron la oferta, querían negociar y aceptamos. En su momento me sentaron en la mesa, me comentaron la opción y uno decidió de manera consensuada.

-¿Qué significa ser número 2? ¿Es el que más queda pegado al error?
-Aprendí que un acierto o un error te deja para siempre en la historia de los mundiales. Te repiten en la previa de cada nueva edición. En tu país y en todos lados. Lo pasan y lo pasan. Son las reglas del juego. Y el central en esa lógica la tiene más difícil. Lo que se repiten son los goles, no los cruces. Entonces, siempre aparece el acierto del atacante y el defecto del defensor. Hoy la carencia de los chicos en ese puesto es que hablan muy poco. Me parece que si no hablás en ese puesto es muy difícil que te pueda ir bien. Hablar te potencia muchísimo, suple la técnica muchas veces. Podés rendir muy bien si sabés ordenar y hablar. Hoy eso cuesta más. Y eso nace de la personalidad de uno, ser referente, llevar adelante una idea.

-¿La técnica no es un valor primordial en el puesto?
-Si la tenés y bien usada, bienvenida. Pero si la tenés y la usas mal, no va. Hay que saber cuáles son los momentos para desarrollar la técnica en el puesto. Yo sabía que no podía entretenerme mucho con la pelota, a mí me gustaba arriesgar con los pases de salida. Poder romper líneas desde el fondo. Poder saltear alguna etapa y evitar la transición por atrás. No es fácil destacarse, no es fácil ser un ídolo jugando de central. La vista va al que termina la jugada, al habilidoso. Solo dos centrales ganaron un balón de oro en la historia del fútbol. Es difícil valorar el puesto. En el mejor momento de mi carrera, en el 2004, quedaba relegado de todas maneras. Aunque hayamos ganado muchas cosas.

-Hay muchos capitanes centrales, ¿por qué?
-Por esa voz de mando que hay que tener. Por eso los arqueros también la tienen, muchas veces. Pero el central está en el campo, ve todo desde el fondo. Son cosas que coinciden porque son funciones de liderazgo.

-¿Y qué tiene que hacer un capitán?
-Capitán sos en cada instante. Tenés que estar en las necesidades del grupo, adentro y afuera de la cancha. Tenés que tomar responsabilidades, hablar con el presidente, negociar con representantes. Ser mediador y al mismo tiempo justo y correcto. Estás bajo la lupa de manera constante.

-Es casi un sindicalista…
-Prácticamente, te convertís. Tenés que negociar y asumir funciones que no tienen nada que ver con jugar el fútbol. Pero te comprometés y ya lo tomás de manera personal, porque el grupo te toma confianza y ahí ya no podés fallar, no querés fallarles. La hacés una guerra tuya. Son particularidades de nuestro fútbol, en Europa se preestablecen los premios antes del campeonato y no se habla más del tema. No existe el reclamo.

-El capitán es el que levanta la copa y el capitán del fracaso…
-Sí, para lo bueno y lo malo. La satisfacción enorme de levantar el trofeo es inigualable. Y para lo otro también hay que estar, tenés que cargar con eso. Son las reglas. A mí nunca se me hizo pesado. Nunca me sentí más responsable de una derrota por ser capitán. La derrota es compartida. Aunque después me gustaba salir a hablar en las malas, pero sabía que no era el capitán de ningún fracaso.

-¿Qué es el fracaso en el fútbol?
-No ganar.

-¿Y para vos qué es el fracaso?
-(Hace un silencio enorme) Es una palabra que me resulta muy ajena. No me siento fracasado en ningún aspecto de mi vida. Ser fracasado es no disfrutar de lo que uno hace, es el día que no te vaya de frente, el día que renuncie a mis valores. Yo sentía que cuando perdía, perdía la oportunidad de llegar a la gloria. Nada más.

-¿Y qué es la gloria?
-Poder haber hecho una carrera de 20 años en un alto nivel. Poder haber sido 14 años el capitán de la selección. El reconocimiento de la gente, que no me identifica con clubes, me identifica con la selección. En el día a día del futbolista te encegueces por los objetivos, pero eso pasa. El ambiente del fútbol mide el éxito según las victorias, no según la trayectoria.

-¿Qué es un manager en el fútbol argentino?
-En mi caso es sólo una opinión futbolística más. Puedo llegar a tener una visión de las cosas que un dirigente que no sabe ni vivió el fútbol no tiene. Pero no significa que sea la verdad, es una opinión más entre tantas otras, pero especializada. Y sobre todo no hay que hacer ruido. Es un trabajo sin ruido. Sin meterse en lo económico ni mediático. Lo disfruto, me gusta y me entusiasma día a día. Veo fútbol, vivo fútbol. De otra manera, en otros ambientes.

El Ratón jugó en Ferro y en River, en Parma y en Milan, en el Zaragoza y en el Valencia. Grandes, chicos y medianos. Su carrera entiende de diferencias e historias disimiles.

-¿Cómo se da la desigualdad entre los clubes?
-A nivel infraestructura la desigualdad es abismal. En el Milán yo no me tenía que ocupar ni de los muebles de mi casa. Había que entrenar, descansar y rendir el domingo. Pero existen múltiples realidades de clubes a nivel mundial. Si existe desigualdad y diferencia es porque en algún momento alguien hizo mal las cosas en el club, alguien gestionó mal. Y eso no perjudica solo al futbolista, sino a todos los que trabajan ahí.

-¿Las grandes instituciones tienen que ser necesariamente de los grandes equipos ganadores?
-No es una cuestión de plata solamente, es de administración y maximización de los recursos disponibles. Se puede. Lo cierto es que hay que querer mejorar e invertir trabajo. A veces hay poco pero está muy bien usado.

“Somos muy tramposos para vivir y para jugar”

Leo Madelón se suma a la lista de los que creen que se juega como se vive y asegura: “todas las adversidades que tenemos como sociedad nos llevan a la trampa, a sacar ventaja como sea”. El ex entrenador de San Lorenzo, que le tocó dirigir varias promociones con Gimnasia y Rosario Central, dice que se agotó de andar sufriendo con la ruleta rusa del descenso y da su receta para motivar en esos casos: “No me gusta regalar cosas materiales: autos, LCD, lo que fuere. Si podés regalarle una frase o un libro, es mucho más capital eso. Un televisor lo compra cualquiera. El jugador no se motiva solo con lo material. Eso es mentira”

Fotos: NosDigital

Leonardo Madelón es un tipo que habla despacio. Sabe que lo que dice lo oye alguien más y que llegará a otros tantos. Como en este momento no trabaja en ningún club, no tiene que representar a nadie más que a él mismo pero aun así, y acaso por eso mismo, sigue pensando antes de contestar. Lo hace para poder enseñar algo, el mayor desafío que tiene su profesión, según él. Un verdadero caballero de la angustia, siempre vivió con la metralleta del descenso en la yugular: en San Lorenzo, en Rosario Central y en Gimnasia. También lo supo disfrutar: ascendió con un Olimpo que les ganó a todos. Aprendió a seguir pensando tranquilo en esas circunstancias. Y en el medio de un oasis de inactividad se sienta a contestar lo que venga.

-Dejaron de existir las promociones…
-Estuvo bien terminar con eso, era muy agresivo. Demasiado vértigo y presión. Era terrible. Mucha tensión. Me tocó vivirla desde arriba. Sentís que el de la B te quiere robar algo. Y bueno, nos fue bien. En la última perdimos con All Boys, en Arroyito. Mucho nerviosismo. Y el que está en la A no entiende lo que es una promoción hasta que la juega. Es una manera de sacar presión, está bien. Y ahora tenés tres descensos, o sea que tampoco es fácil. Pero sacás esa locura de andar fijándote contra quién te puede tocar. Hay que pensar que en el fútbol moderno se podrían haber dado promociones como River vs San Lorenzo. Imaginate… Mucha violencia, mucho riesgo. No se tiene idea ni dimensión de lo que puede llegar a pasar. Se vio en el descenso de River: una catástrofe nacional. Ahora, si te vas te vas, no hay cruces de ese tipo.

-Quedaste en la historia de las promociones por la levantada con Gimnasia Vs. Atlético Rafaela, ¿cómo hiciste para convencerlos de que se podía remontar un 0-3 en ese contexto de descenso y caos?
-Nosotros pudimos revertirlo porque tuvimos un gran año de fútbol. Nos fuimos a la promoción quedando a dos puntos de las copas. Fuimos confiados a Rafaela y nos comimos tres. No entendimos la cancha ni la situación. Nosotros habíamos ganado en la Bombonera, en la cancha de Racing, en todas partes. Y fuimos con la chapa de haber tenido un buen torneo. Y Rafaela estaba afilando el cuchillo desde hace 15 días. Y sufrimos la cancha chiquita, no pudimos jugar y caímos en la trampa. Cuando terminó el partido nos volvimos en avión a La Plata. Y cuando estábamos por aterrizar el piloto dice: “Prepárense para comenzar el descenso”. En serio, eh. Y los jugadores lo querían matar. Y ese fue el primer empujón para entender que teníamos que darlo vuelta. Y sabíamos que podíamos, ya habíamos ganado partidos importantes. Y ellos me creían. Y yo decía lo que fuere, que si no ganábamos estaba dispuesto a sacrificarme en el medio de la cancha junto a mi familia. Mirá lo que uno hace. Y bueno, esa confianza hace que puedas meter dos goles faltando cinco minutos. Si vos pensás, River suspendió el partido y estaba a la misma distancia y faltaban diez minutos. Nosotros confiamos, aún en el minuto 44. Y después llegó el otro en el 47. Es suerte, sí. Pero es confianza también. Dos goles de cabeza de dos enanitos. Fue lo más emotivo de mi carrera.

-¿Te jode que se hable de ayuda del árbitro en ese partido histórico?
-De ninguna manera. Cero beneficio. Escuchaba a periodistas decir que fue misterioso… Si hubiéramos arreglado hubieran llegado los goles antes. Además Rafaela lo pudo haber ganado: en las contras quedaban tres contra uno. Gimnasia ganó bien.

-Igual, a los que fuiste salvando se terminaron yendo…
-La promoción es la ruleta rusa. Vos seguí jugándola… No vas a zafar siempre. Podés zafar cinco veces, pero la sexta sale. Como Gimnasia o Rosario. Y la culpa es de la dirigencia. A propósito o no, te exponen a esa ruleta rusa. No se asesoran y no consultan especialistas. Ellos se asumen como tales y no se dejan orientar y después, bueno, pagan la cuenta.

-¿Cómo motivas a tus jugadores?
-A mí me gusta mucho el psicoanálisis. Mediante frases y por mi forma de ser contagio buena onda. Soy un tipo positivo. Es mi manera de motivar y generar buenos climas. Lo que vos creas es lo que después vas a hacer. No me gusta regalar cosas materiales: autos, LCD, lo que fuere. Si podés regalarle una frase o un libro, es mucho más capital eso. Un televisor lo compra cualquiera. El jugador no se motiva solo con lo material. Eso es mentira. La plata no es todo, la plata no es prestigio. Te van preguntar qué y cómo ganaste lo que ganaste, no cuánta guita tenés en el banco.

-¿La experiencia de pelear el descenso qué te enseñó?
-Me fortaleció como persona y profesional. Ahora quiero parar, tratar de agarrar un equipo sin tanta urgencia, poder armar y planificar. La única vez que lo pudimos hacer salimos campeones dos veces: con Olimpo en el ascenso. Los últimos años siempre agarramos a equipos que se estaban ahogando en altamar. A algunos los sacas y a otros no. Uno tiene coraje y mucho huevo a la hora de tomar decisiones.

-¿Cómo es dirigir al club del cual sos hincha?
-Que yo fuera hincha de San Lorenzo valía mucho en la situación. Son las cosas que uno tiene que manejar como profesional, también. Uno lo hace con el corazón y con el pensamiento, las dos cosas. Y la gente pedía que agarráramos. Y uno se convence. Aunque fue el peor momento de la historia. Y el club estaba dado vuelta: todo al revés. Un despelote. En la época de Abdo. Se querían ir todos: Botinelli, Ortigoza, Salgueiro. Era muy duro. El equipo por suerte despegó. No de mi mano, pero eso no importa. No estoy arrepentido, dimos lo que teníamos y salió bien. Terminó bien, con o sin mí. Fue algo muy especial. Quedé muy bien con la gente.

-¿Cómo te cayó la vuelta a Boedo?
-Estoy muy contento. Mi pibe está muy entusiasmado. Es lindo para la gente. El hincha no se siente cómodo en la cancha de ahora. El menor problema va a ser juntar el dinero, porque el hincha está muy comprometido. En el Viejo Gasómetro yo entrené de joven. Pero ya estaba muy abandonado, venido abajo. Así que estoy ansioso por volver a ese lugar y verlo bien, en ese barrio tan lindo.

-¿Qué tiene de particular nuestro fútbol?
-Somos tramposos y mañeros. Y jugamos igual en la cancha. Todas las adversidades que tenemos como sociedad nos llevan a la trampa, a sacar ventaja como sea. En Inglaterra, en un córner, el que salta más alto gana y cabecea. Acá para cabecear tenés que matar a uno, terminás todo rasguñado, es una batalla campal. Somos mañeros para vivir y se juega totalmente igual. Y los árbitros son iguales. Pero acá es difícil hasta dirigir un picado. Te piden todo y no te dejan en paz. Es tremendo.

-¿Te cansaste de todo eso?
-No, no. Me cansé estar durante 200 partidos en descenso constante. Siempre al borde de lo que se denomina fracaso. Necesitaba un poco de tranquilidad.

-¿Cómo tenés pensado sacarte el mote de técnico para luchar el descenso?
-Nosotros siempre quisimos jugar bien. Tenemos ese mote porque les decíamos que sí a los clubes. Pero la idea siempre era jugar, no sacar puntos a los pelotazos. Ahora hay que esperar, tratar de elegir y no desesperarse.

-¿Hay buenos técnicos en Argentina?
-Hay de todo. Hay chamuyo, marketing, acomodo y elecciones por nombre. Pero también están los de mucha capacidad. Y ahora apareció el que deja de jugar y asume inmediatamente. Hay todo un empresariado que se encarga de promocionar también. El famoso lobby, al que yo no he recurrido nunca. Jamás. Cada uno sabe quién es y lo que hace. A mí siempre me vinieron buscar. Nunca entré por la ventana.

-Esas diferencias se vieron en lo que te pasó con Caruso…
-Hay un paredón muy grande que nos divide como entrenadores y como personas. Yo no haría de ninguna manera lo que hizo él. También es cierto que nunca los dirigentes salieron a aclarar las cosas. Y ante cualquier resultado adverso sucedían ese tipo de apariciones mediáticas. Pero ya está.

-Y vos, ¿cómo te manejas con los medios de comunicación?
-El protagonista necesita de los medios de comunicación, de la difusión. Después está el periodismo agresivo, está en uno saber quién es quién. Sé donde no hay buenas intenciones. Sé donde no hay una intención genuina de informar. Es una filosofía de vida. Hay que ser inteligente y saber cuándo utilizarlos, de manera estratégica, para lo fines de uno, del protagonista. Para mi gusto hay muchos periodistas que dicen lo mismo. Repiten y repiten todo el día. Es agotador.

Leo, como le dice la gente, sigue reflexionando sobre sus experiencias. De repente, por la esquina del bar en donde se desarrollaba la charla pasa un viejito conocido: Carlos Timoteo Griguol. “Miralo a Timoteo, qué grande. Está tan viejo, qué lástima. Fah, qué docente tremendo. Seguía enseñando técnica aún en primera división, qué ejemplo.”

-¿Y qué es la técnica hoy?
La técnica es la virtud que tiene cada uno, ni más ni menos. Desde saber hacer un lateral a saber cabecear o saber patear. Si recepcionás bien de un toque valés el doble que si necesitás dos tiempos.

-¿Te gustaría laburar en inferiores?
-Me gustaría agarrar, por supuesto. Pero falta mucho apoyo dirigencial. No hay proyectos hoy. Tienen que tocar la misma guitarra todo el mundo, tienen que tener la misma línea. El presidente, el responsable de fútbol, el coordinador, los técnicos. Es un proceso que lleva mucho, pero es necesario. Y es muy difícil que te acompañen en eso. Por eso busqué el lado del vértigo, la primera división. De última te arreglás vos solo: ganás seguís, perdés te vas. Vélez, Lanús y Belgrano están trabajando muy bien. Y van a ser los próximos clubes top si siguen así. Pero es muy complicado, porque ya te exigen ganar en inferiores. Una vez el Checho Batista dijo que había que jugar sin puntos en inferiores. No es mala idea, pero en este fútbol no se puede. Somos muy tramposos para vivir y muy tramposos para jugar.

-¿Estás para volver a dirigir en el Nacional B?
-Agarraría un equipo de ascenso con aspiraciones a ascender. Sí, claro. Si es de punta, sí. Cómo no. Lo importante es mantenerse activo mientras uno no está trabajando. El peor enemigo es el ocio. Trato de hacer mucho deporte y de leer.

-¿Qué lees?
-Me gusta mucho la historia francesa, leo sobre eso. Leer es muy bueno porque te abre un panorama de dicción, más juego de palabras. Si tenés más herramientas para expresarte tenés más chances de seducir a alguien con tu propuesta. He regalado libros en los vestuarios, a los jugadores. Varias veces. Es muy difícil. Cuando se trata de un futbolista joven no le suele interesar. Los más grandes, más cansados del ambiente, sí piden y leen. El libro no se presta, se regala. Ni me acuerdo a quién le di. Es parte de la docencia de esta profesión. Y a mí enseñar me gusta mucho, poder dejarle algo bueno a alguien más es lo más importante.

“La ideología de Guardiola no es distinta a la de Mourinho”

Amigo de Pep antes que entrenador de Central, Juan Antonio Pizzi, como nosotros, lamenta la salida del DT de Barcelona: “Lo vivo con la misma tristeza que tenemos los que identificamos a este equipo como el mejor de la historia”. Mientras vibra por la definición de la B Nacional, se detiene a pensar sobre la situación que vive España, a quien representó como jugador en el Mundial 98: “Todavía la crisis no ha tocado fondo: va a seguir empeorando”.

Fotos: Nos Digital.

Quizás, mirar sea el ejercicio físico más complicado que le haya tocado vivir en los veinticuatro años que lleva vinculados con el prime-time futbolístico. Quizás no. Pero si te sentás con él a charlar, al menos va a quedarte una certeza: a Juan Antonio Pizzi, el ex delantero que surgió de Colón de Santa Fe, pasó por el Barca y terminó jugando un Mundial para España, los ojos le van a quedar trastornados.
Más si esa charla se da mientras Pizzi es el entrenador de Rosario Central, si todavía no tiene todos los números de las rifas comprados para ascender a la Primera División, si al día siguiente se juega un partido importante contra Ferro, si al mismo tiempo en la televisión están dando River contra Aldosivi y si ese sinfín de cosas transcurren en el hall de entrada del hotel Nogaró, donde su equipo espera con ansiedad el partido del día siguiente.
Sí, es mucho: probablemente trastorne.
Pero puede ser peor.
Será más mucho más, si en ese rato Pizzi abre el juego, se anima a correrse un rato de la vorágine y abre los ojos todavía más grandes para reflexionar sobre todo lo que va sucediendo en esos ojos repletos de aventura

Cuándo vos eras jugador, ¿el fútbol también tenía tanta cosa difícil como ahora?

-Creo que era más simple. No porque no haya tenido exigencias, sino porque todo era más sencillo. Vivir era más simple. Era más fácil ser jugador, ser entrenador y ser lo que sea. Es muy complicado, hay mucha presión, mucha exigencia y eso hace que todo sea más difícil. Pero no es algo del fútbol, es de la vida cotidiana.

-¿Es algo sólo de Argentina?

-No creo que sea acá: es así en todo el mundo. A veces, se habla del fútbol argentino con ese eje y creo que, en realidad, se da en todos lados. En Madrid y en Barcelona es lo mismo. Lo que pasa es que ellos ganan, entonces los problemas son menores. Los resultados son el principal sostén. Ahora, qué caminos te conducen a los resultados es algo que vale la pena discutir.

-Mencionás al Barcelona. Vos que jugaste ahí y que compartiste mucho tiempo con Pep Guardiola, ¿cómo vivís su salida?

-Con la misma tristeza que creo que tienen todos los catalanes. Todos los que en definitiva identificamos a este equipo como el mejor de la historia. Que se vaya el entrenador de un conjunto siempre causa tristeza. Los motivos y las razones que pueden haber llegado a tirar Pep son comprensibles, son lógicas. El otro día miraba las estadísticas y son impresionantes, nadie le puede decir nada. Estuvo mucho tiempo ahí y vivió muchas cosas. Todo lo que hizo es muy desgastaste para cualquier ser humano.

-Alguna vez mencionaste que Guardiola representaba fuertemente una ideología.

-Es que sí. Yo creo que Guardiola representa todo lo que es el Barsa. Fundamentalmente, eso. Aunque después sea quien lleve adelante lo que muchos creen sobre cómo se debe jugar este deporte.

-¿Su salida puede marcar el final de esa ideología?

-Yo creo que el fútbol es uno solo. Que, claro, tiene distintas formas de interpretarlo. Cada club, cada persona y cada jugador tiene un sello personal y una forma. Pero creo que a veces se marcan diferencias que no son así. Pienso que no hay mucha distancia entre la ideología de distintos entrenadores que aparecen, sin embargo, en polos opuestos. Yo no creo que Mourinho tenga una ideología distinta a la de Guardiola. Por más que tengan planteos tácticos diferentes. Creo que eso tiene que ver con los jugadores y con la identidad de cada club. Por eso no se puede hablar de un final.

-¿En el fútbol argentino hay espacio para formar ideologías así?

-Yo creo que el Barsa y el Madrid son las dos tendencias más mediáticas. Hay muchos equipos en Europa que juegan también de forma especial. En Argentina hay ideologías en algunos clubes. Crear una identidad te lleva sí o sí tiempo. Hay equipos que juegan bien de un semestre a otro, pero que no por eso desarrollan una idea. Es algo que tarda. Acá me parece destacable lo de Vélez, que va logrando mucho. Lanús y Estudiantes van en la misma línea. Aunque no es que yo desprestigie al resultado. Creo que es algo muy importante y que forma parte de este juego: el objetivo es ganar. Lo nuestro de este año se va a medir en si ascendemos o no.

-¿En la B Nacional también se pueden formar identidades?

-En Primera hay muy buen nivel, pero a la hora de marcar diferencias con el Nacional B la distancia es mínima. En todo el fútbol, uno puede intentar jugar bien y puede lograr identidades. Creo que entre las dos categorías lo que hay son mejores o peores jugadores. Eso impide desarrollar ciertas cosas y eso se nota. Pero después hay muchos aspectos parecidos. Ser entrenador es semejante en ambas categorías.

-¿Qué dirías que tiene que tener un buen entrenador?

-Lo fundamental de un buen entrenador es tener sentido común. Es parte de tener conciencia de la realidad, saber las limitaciones, descubrir las virtudes y entender los objetivos. El sentido común es un arma muy importante. Pero es algo que se desarrolla. La mayoría de los entrenadores venimos del mundo del fútbol y nuestro antecedentes es, simplemente, ser jugadores. En mayor o menor nivel, casi todos venimos de ahí y muchos creen que se sabe todo desde antes. Pero no es así: ser jugador y ser técnico son dos cosas muy diferentes.

-¿Qué estilos de entrenadores son los que te gustan?

-Yo miro mucho y creo que hay algunas tendencias que vale la pena destacar. A mí la escuela holandesa es la que más me gusta. No es sólo la selección de Holanda, que hace tiempo que no la veo. Sino su historia y lo que fue desarrollando. Creo que arranca con Johan Cruyff, que va con Louis Van Gaal y que llegó hasta Pep. Marcelo Bielsa también toma cosas de eso. El Sporting de Lisboa y la U de Chile me parece que tratan de copiar ese modelo. Y acá creo que Vélez busca algo semejante. Aunque, como dije, no siempre los resultados y las presiones ayudan para desarrollar una idea así.

-¿Cómo debe preparase un entrenador que llega para dirigir un plantel como el de Central que tiene tantas
presiones por ascender?

-La verdad es que yo puedo hablar de casos particulares porque yo creo que se aprende en la práctica. En el caso de Central, que es parecido a mi paso por Universidad Católica, puedo decirte que este grupo me la hace muy fácil. Son grupo humano de primerísimo nivel, entonces yo no tengo que resolver tanto.

-Mencionás a la Católica, ¿no fue muy raro venirte desde Chile, donde habías sido campeón, a dirigir en el Nacional B?

-Venir acá era un desafío más grande que el que yo veía en Chile. Yo quiero mucho a está institución. Estaba en una situación difícil y poder reubicarlo donde se merece es una ilusión y un desafío muy grande.

-¿Qué tiene Rosario como ciudad futbolera para que tanto vos como Gerardo Martino decidan volver estando en mejores condiciones profesionales en otros lugares?

-Yo creo que Rosario es la ciudad más grande de Argentina que tiene dos equipos bien monopolizados de hinchas. Hay dos o tres equipos más, pero los que acaparan a los hinchas son Central y Newell’s. Al tener tanta gente hace que haya una rivalidad y esa rivalidad se va transmitiendo, se va disputando cada vez que se habla de fútbol. Todo eso hace que sea muy apasionado y que el clima tiente mucho.

-Te alejamos de Rosario y te llevamos a España, donde viviste mucho tiempo, ¿cómo ves a lo lejos la crisis económica que se está viviendo allá?

-La verdad es que es muy difícil. España vivió un momento muy bueno en la década del noventa. En los finales de los ochenta y en todo el noventa. Pero desde que yo llegué en 1991, siempre se hablaba de la suba de precios y de las burbujas financieras que iban creciendo. De hecho, a mí me comentaban mucho de la burbuja inmobiliaria y de lo caro que iba poniéndose todo. Todo iba subiendo. Fue aumentando el problema, explotó y no hubo forma de pararlo. Todavía no han llegado al fondo, a pesar de los problemas que se ven ahora y de lo que yo veo a la distancia. La crisis económica en España va a seguir empeorando. Mi deseo es que trate de ser lo menos traumático posible. Hay muchos desocupados que no encuentran la forma de rehacer su vida y chicos jóvenes que no pueden arrancar.