Sur, desalojo y después

¿Qué pasó con las 700 familias que el desalojo del barrio Papa Francisco en agosto dejó sin vivienda? 

Es miércoles, es una bala y es Melina López. Es sábado. Es 2014. Es 23 de agosto, más de 2000 efectivos de fuerzas estatales de seguridad desalojaron el barrio Papa Francisco. Es narco, es política. Es narcopolítica. Es el triángulo de la avenida Fernández de la Cruz y Pola, en Lugano. Es el sur de la Ciudad de Buenos Aires.

La Policía Metropolitana y la Gendarmería Nacional llegaron bien temprano al barrio, con argumentos de allanamientos por el asesinato de Melina López, para expulsar en menos de dos horas a 700 familias que allí tenían su casa. El plan de desalojo no tuvo reparo alguno en qué hacer con la situación habitacional de toda esa gente.

Luego, las topadoras. Las fuerzas de seguridad, garantes del espectáculo de destrucción de todas las pocas pertenencias materiales de las familias. Arrasaron cada casa con lo que había dentro: heladeras, documentos, materiales de construcción, ropa, principalmente todo.

El Hotel Pavón en Constitución funciona desde hace años para Nación alojando a chicos y sus familiares que por tratamientos médicos complejos necesitan permanecer en Ciudad de Buenos Aires por tiempos prolongados. Allí mismo llegaron el día posterior al desalojo dos familias a ocupar habitación.

Tina en su habitación del Hotel Pavón.
Tina en su habitación del Hotel Pavón.

“Es tranquilo aquí. Pero es un hotel, no una casa. No es la solución”. Tina explica su situación, la de tantos: “Me negué rotundamente a recibir subsidio habitacional. Eso puede solucionar nada. La asistente social del gobierno nacional que viene a visitarnos es una presión constante. Nos ofrece de todo para que nos vayamos del hotel. Subsidios habitacionales de $1200 a $1800 por familia, planes de ayudas urgentes, asignaciones por hijo. Todo para que nosotros pasemos a alquilar algo afuera. Con esa plata no se puede conseguir ningún alquiler, cualquiera lo sabe. La asistente llegó a decirnos que si aceptábamos, además de los planes, hay ocho mil pesos más para nosotros que iban a ir a las familias de los niños que están en este hotel. Niños que esperan operaciones de corazón, enfermedades graves. Fue lo que más me molestó, es absurda esa propuesta. Me mato trabajando, y no es para esto. Así que no, muchas gracias”.

Carlos, el marido de Tina, el día del desalojo cayó preso por intentar recuperar pertenencias de su propia casa. Empleado de construcción y padre de dos hijos tiene un historial largo de piezas y piecitas desde que llegó de Bolivia hace dieciocho años: “Antes de Lugano, alquilaba una pieza en Pompeya. Siempre alquilé. Tengo mi hermana que tiene su casa, pero no puedo ir a construirle arriba. Tengo que poder ser independiente. Estuve en el Indoamericano, donde nos dieron folletos del Instituto de Vivienda de Ciudad de Buenos Aires, presentamos todo y nada. Acampamos en el IVC. Dicen que solo a casos especiales pueden darle. Que tiene que quemarse tu casa –pero casa no tengo le digo- o tenés que estar muerto vos, para que tu familia realmente lo necesite. ¿Me suicido y ya está?”.

Carlos, a la espera de su vivienda.
Carlos, a la espera de su vivienda.

Tina interrumpe en un momento clave para responder al discurso de manual que suele atacarlos: “Lo único que pedimos es una facilidad para comprar nuestra casa en cuotas, no pido nada de regalo. Eso lo pueden hacer, pero no está la voluntad política. En Papa Francisco estuvimos 6 meses, habíamos empezado a construir. Yo compré el terreno ahí con la ilusión de que estaba consiguiendo donde iba a estar mi casa. Por fin tengo mi casa creí”.

Me dice Carlos que la muerte de la chica fue parte de un juego sucio para sacarlos. Que no fue un robo. Que el PRO usó a los narcos, que ya conocían a la chica, que fue para tener un motivo para el desalojo de toda esa gente.

Son palabras comprometedoras, complejas: vínculo narco de la política argentina con el asesinato de Melina. Palabras difíciles de comprobar. Igual de difíciles de desestimar.

Hotel Pavón, Constitución, Ciudad de Buenos Aires.
Hotel Pavón, Constitución, Ciudad de Buenos Aires.

Es una historia. Es solo un capítulo de una historia. Es sistemático. La falta de una vivienda digna para estas familias -que claro que no son las únicas- es algo viejo, lleva mucho tiempo. Cinco décadas. Es medio siglo ya. Es el derecho constitucional ignorado. Es ignorar e ignorarlos.

El desalojo fue consecuencia de la ley 1.770 de urbanización sancionada en agosto de 2005 por la legislatura porteña que “afecta a la urbanización de la villa 20, el polígono comprendido por la Av. F. F. de la Cruz, eje de la calle Pola y línea de deslinde con el Distrito U8”. Los vecinos se arreglaron entre casas de familiares, el acampe en el boulevard, subsidios habitacionales que no alcanzan, hoteles como el Pavón, presiones, nuevos alquileres de piezas más caros –con 700 familias desalojadas, la demanda aumentó de golpe, así los precios se dispararon- y paradores nocturnos.

Los terrenos deben ser urbanizados según la ley. Hoy están tapiados con unas grises chapas altas con puteadas pintadas de todos los colores. Solo una máquina trabaja en el predio. La cuestión viene lenta.

Los terrenos desalojados. Imágenes: NosDigital
Los terrenos desalojados. Imágenes: NosDigital

Es un boulevard repleto de desalojados. Es invierno. Es noticia por 3 días. A lo sumo 4. Sin baños: es plástico, intemperie y lluvias. Una semana. Dos. Tres. Y unos días más.

“Fui la última en irme del boulevard. No aguanté más”. Resignada, relata Pinky sentada ahora en la estación Pola del Premetro de frente a los terrenos desalojados. “Ahora estoy alquilando a cuatro cuadras de donde era la toma. Dos habitaciones sin baño, porque todavía no lo terminaron, por tres mil pesos. Losa, ladrillo y nada más. Venimos al baño a la casa de mi suegra. Yo tuve que agarrar el subsidio de 1800 por diez meses porque otra no me quedaba y no tenía donde ir. Estoy con mi nene y mi marido, que se la gana con changuitas igual que yo, que limpio casas de familia”. Después del boulevard pasamos tres días en lo de mi suegra. Que éramos como veinte, estaba la familia de mi cuñada Romina, desalojada también”.

Pinky en la estación Pola del premetro porteño.
Pinky en la estación Pola del premetro porteño.

“En Papa Francisco teníamos una casilla de madera y chapa. Antes, alquilaba por acá también. Mientras dormíamos, nos rompieron la puerta diciendo que era un allanamiento. Preguntándonos sobre Melina. Que saliéramos mientras continuaba el allanamiento. En una hora vuelven a entrar, nos aseguraron. Solo agarramos a los chicos. Estando afuera supimos que era un desalojo. Que no podíamos volver a entrar”.

Martín Caparrós en su último libro viene a explicar el hambre. Y explica un país: “La Argentina se caracterizó por ser, durante la mayor parte del siglo XX, un país donde los pobres tenían un lugar: eran trabajadores. El capitalismo más o menos industrial los necesitaba para operar herramientas en sus fábricas, talleres y servicios, y esa necesidad hacía que los necesitados pudieran imponer algunas condiciones: mejoras -siempre insuficientes- en su forma de vida. (…) En la Argentina actual sobran cinco o seis millones de personas. Los más pobres sobran: su exclusión completa –su falta de necesidad- es relativamente nueva y nadie sabe bien qué hacer con ella: qué hacer con ellos”.

Ese verbo sobrar duele, repulsa, y no puede dejar de estar ahí. Para el sistema económico social argentino –más sencillo: nuestra sociedad- sobra gente.

“Somos trabajadores que queremos producir”

El intento de la Cooperativa 28 de Mayo por recuperar su fuente de trabajo aún depende de eternas jornadas judiciales. Mientras los acusan de usurpadores, acampan hace más de dos años frente a la ex Lanci Impresiones, luego de su cierre.

Hay 15 trabajadores que se turnan día a día para estar presentes en la improvisada casa que se armó en la vereda de la calle Mom al 2800, en el barrio de Pompeya. El acampe está frente a la ex Lanci Impresiones que hace más de dos años -y luego de casi cuatro de inseguridad laboral- cerró sus puertas, vaciada, adeudada, paralizada. De 50 trabajadores, 16 decidieron tomar la fábrica el 28 de mayo del 2012 luego de soportar cuatro años de atrasos salariales; un año después fueron desalojados por la Policía Metropolitana en un despliegue de fuerzas enorme frente a los cinco obreros que dormían adentro: sin poder llamar a sus abogados, rodeados de decenas de uniformados y con el sonido de un helicóptero dando vueltas sobre sus cabeza, los 351 días de autogestión se hicieron pedazos. Pero no desistieron, y ahora, catorce meses después, siguen esperando un fallo judicial que los termine por dejar en la calle o, por el contrario, les de las llaves de la sede y vuelvan a producir: “adentro las máquinas se oxidan y está lleno de ratas” nos cuenta uno de los operarios que, interrumpido su almuerzo, nos relata la larga espera.

Medio

Entre juzgados, abogados, jueces y denuncias

El intento de la Cooperativa 28 de Mayo por recuperar la fuente de trabajo está mediada por lo que parecen ser eternas jornadas judiciales en la que operan tres diferentes juzgados con causas completamente distintas. La primera causa está en manos del Juzgado Penal debido a una denuncia hecha por el ex dueño de la empresa contra los trabajadores por usurpación de la propiedad privada, durante los momentos de la toma, y contra el Presidente de la Cooperativa Telésforo Gallardo por amenazas, lo que le impide estar a más de 600 metros del establecimiento. Estas denuncias tienen implicancia directa para la causa en el Juzgado Comercial, que trata sobre la quiebra ya que como nos explicó Gallardo, “el juez en lo comercial que decretó la quiebra no nos quiere dar el inmueble porque para él nosotros no somos trabajadores sino usurpadores”.

– ¿Y con la nueva Ley de Quiebras no estarían habilitados a hacerse de la fábrica a cambio de la deuda que tienen?

– No, porque cuando vino el tipo y puso la faja de quiebra, nosotros estábamos en la calle y no en la fábrica produciendo.

Este problema es crucial para los trabajadores ya que de reactivar la fábrica conseguirían mantener un sueldo. “Acá todos tenemos entre 40 y 50 años, ¿quién te va a dar trabajo con esta edad?” nos preguntan en el acampe. Sin embargo está el tema de la deuda, los cuatro años en los que recibieron la mitad del sueldo o incluso menos debido a los problemas económicos que decía tener la compañía. Nuevamente la Justicia se opuso a la historia de estos trabajadores, ya que el síndico enviado a administrar la empresa cuando entró en quiebra reconoció estas deudas muy por debajo de lo que fueron realmente: “Al primer síndico nosotros le tuvimos que presentar las deudas que tenían de manera individual. Pero el síndico en el concurso solo reconoció la mitad de la deuda de uno, un 2% de otro, un 10% y a otro nada. ¿Cómo no te lo va a reconocer?” nos cuenta Waldemar. Pero, la luz de esperanza se abrió con la intervención del Juzgado en lo Laboral, ya que el conflicto entre los trabajadores y el dueño que comenzó con las huelgas y la toma de fábrica tendría que haber sido tomada por este juzgado. En caso de reconocer las faltas que tuvo la compañía para con los obreros, el Juzgado Comercial se vería obligado a aplicar la Ley de Quiebras y darles el establecimiento junto con las máquinas a cambio de las deudas que tienen con ellos. Pero recién comenzó el litigio y la Justicia es tan lenta como perezosa…

La deuda como violencia de género

“La Justicia nos quiere tratar como delincuentes, hablando de usurpación, pero ¿qué delincuente se queda en el lugar del hecho? Nosotros nos quedamos frente a la fábrica porque somos trabajadores que queremos ponernos a producir” señala Waldemar en relación al acampe. Pero este acampe es mucho más que el esfuerzo de los propios operarios, es también el reflejo del aguante de la familia. Estas familias lo vienen haciendo hace añares, cuando empezaron a ver sus ingresos disminuidos por los recortes del patrón. Por eso la vida privada de cada uno se vio violentamente modificada, teniendo que empezar a recibir ayudas de los padres, debiendo la mujer salir a mantener el hogar. Y de esta violencia también nos relatan: “Desde el 2009 arranca nuestra bronca, cuando empezábamos a cobrar medio sueldo e ibas a tu casa y ya no podías ser más el jefe de familia. Ahí te empezabas a sentirte violado… La familia es quien evita que te caigas. Ellos te sostienen en esta lucha por intentar recuperar la fuente de trabajo. En ese momento éramos 50 personas y ahora somos 15 nomás”. Sentirse violado porque fueron sometidos al poder del patrón. Waldemar nos lo dice directamente: “en lo personal, para mí esto fue violencia de género”.

-¿Por qué violencia de género?

-Porque él hizo abuso de poder, abuso de poder económico, sobre nosotros, que estábamos económicamente destruidos. Con lo que nos debía de sueldos, estábamos económicamente destruidos. El tipo abusó de tener más poder que nosotros. El patrón se abusa al no darte tu salario; y él capacidad de pago tenía. Tenía bienes, tenía capacidad de producción; nosotros no dejamos nunca de trabajar. Eso es un abuso, no sexualmente, pero abusa porque él maneja otros tiempos que vos no podés manejar. Por eso es “relación de dependencia”, porque vos dependés de él. El patrón estornuda y el trabajador se engripa. Eso es así, históricamente fue así y será así para el obrero.

Mientras tanto, ya van terminando de almorzar los seis obreros que adentro de una casa improvisada de maderas y chapas. La espera, nos dicen, es tremenda. Los tiempos de la Justicia parecen no tener relación alguna con las necesidades reales de quienes necesitan respuestas. Y antes de irnos les preguntamos cómo se sienten estando a metros de la salida a sus problemas, a metros de ese anhelo de dos años: “Es triste, se hace muy pesado. Estar afuera, sentado, esperando a que los días pasen, a que la Justicia decida. Lo triste es la incertidumbre. Imaginate que vos tenés a tu mujer embarazada, con tres meses de gestación, pero sabés que tenés que esperar seis meses todavía. Entonces esos seis meses los esperás con esperanza, con alegría, con fe. Tal vez querés que nazca ahora, pero el profesional te dice: “no seas ansioso, tenés que esperar nueve meses y listo”. Nosotros en cambio no sabemos cuánto va a tardar, no sabemos siquiera si la Justicia que solo tiene que firmar un papel, va a firmar. Porque una cosa es la ley escrita y otra cosa es el que firma, aprobando esta ley, que es un Ser Humano. La Ley de Quiebras está aprobada, pero un juez tiene, una persona, es quien tiene que agarrar una lapicera y firmar que nosotros estemos adentro”.

Las primeras gotas caen, nosotros nos saludamos y nos vamos con la certeza que nos tiraron en la despedida: “vuelvan, total, vamos a seguir estando acá”.

Posible Final A

Sacudirle el polvo a la poesía

Uno, dos, tres. Las voces están vivas y se acoplan en el mismo cauce. Dicen juntas, suben, se detienen al borde de una pausa, bajan, se interrumpen y vuelven a ensamblarse para dibujar en el aire una palabra. Diego Arbit y Sebastián Kirzner son Poesía Estéreo, dúo de artistas multidisciplinarios que investiga los recovecos y las posibilidades de la oralidad en el marco de la poesía. Nos reunimos con ellos para conocer más acerca de las particularidades del género y los orígenes del proyecto.

Estamos sentados en los sillones bajos de “El Pacha”, con cervezas y confites que condimentan el encuentro. Yo pregunto y ellos responden, y a medida que la charla avanza me convenzo cada vez más de que lo que estos dos hacen sobre el escenario terminó por impregnar la cotidianeidad de su oratoria. Porque hay algo en esa naturalidad con la que se interrumpen, se ríen y se acotan. Las voces son casi opuestas y se complementan en una corriente de sonidos que funciona. Seba y Diego hablan acerca de Poesía Estéreo y hay una dinámica en su manera de decir que hace de esta charla casi un espectáculo en pequeña escala, montado solamente para mí.

Les pregunto qué es Poesía Estéreo y ellos eligen empezar por el principio. A comienzos del 2009, me cuentan, había una proliferación de lecturas y de programaciones culturales independientes altísima. “Lo divertido fue que había una cultura de leer mucho, pero de olvidarse del hecho de que estar leyendo frente a otro es realizar un espectáculo teatral, te guste o no. Necesitás que el que está del otro lado te escuche y entienda lo que estás diciendo. Si hay un otro y son muchos que te están mirando, y vos te ofrecés a dar ese espectáculo, hacé un espectáculo. Entonces dijimos ‘bueno, hay un intermedio divertido que puede ser hacer la poesía, decirla, volver a una oratura.’ Y no sólo eso, si no que la pasáramos por el cuerpo, ¿no? Y así empezó Poesía Estéreo”.

Basta con verlos sobre el escenario para comprender. Porque este dúo aborda la idea de una poesía completamente nueva, joven, pensada para quebrar los límites del papel y acontecer en tiempo y espacio de manera plena. La poesía estéreo deviene un estilo original que es además muy amplio, en tanto no sólo remite al texto, sino que también bordea distintas corrientes de la música (como el Hip-Hop, el Rap, el Def Poetry, el Slam Poetry) y del teatro (con el Clown y la Pantomima), sin perder de vista que el contenido siempre debe mantenerse como lo central: “La regla es que se puede poner el cuerpo, en tanto y en cuanto el cuerpo no diga más o no pese más de lo que se está diciendo. El poema tiene que ir por arriba y el cuerpo tiene que acompañar, ese es el chiste.”

Las presentaciones fueron sucediéndose una tras otra, recorriendo escenarios diversos, sembrando repercusiones positivas. El dúo recuerda que al principio había días en los que tenían hasta tres presentaciones consecutivas: “éramos casi como una banda de cumbia”. Pero además, desde sus inicios Poesía Estéreo funcionó también como un espacio de investigación sobre las tradiciones orales múltiples que estaban floreciendo en varias partes de Latinoamérica, Estados Unidos, España y Méjico. “Empezamos a crear nuestras propias cosas y a traducir otras que llamaban a lo oral o que ya eran orales en otros países, y muchas, la mayoría, las resignificamos para argentinizarlas de alguna manera, porque si las traducíamos tal cual eran se iba a perder mucho.” Lo importante, de nuevo, es hacerse entender: rescatar el mensaje, pulir lo ajeno para convertirlo en propio. Y entonces quiero preguntarles qué pasa cuando los que escriben son ellos, si es que pueden desapegarse de lo oral, de todos los matices del decir y es como si me leyeran la pregunta en los ojos porque, apenas abro la boca, Diego ya está diciendo “yo escribo pensando en la oralidad. Y creo que vos también, Seba, escribimos oralmente, escribimos como si habláramos”. Los dos improvisaban o actuaban antes de empezar a escribir y Seba me cuenta que privilegiar el ser oral de un texto frente a las reglas de la redacción propiamente literaria es un vicio que puede volverse problemático a la hora de enfrentar a los correctores “de verdad”, porque “la puntuación está marcada para la oralidad pero la lectura del ojo no tiene la misma medida.”

La mejor solución, entonces, es trepar al escenario, abrir la boca bien grande y sacudirle el polvo a la poesía, acostumbrada durante años a dormitar en los antiguos ciclos de lectura en voz baja, que ellos definen como lugares “con mesas, y vasos de agua, y unas flores muy feas”. Para contrarrestar este tipo de encuentros, que sin embargo y felizmente parecen ser cada vez menos, Poesía Estéreo propone todos los domingos en Casa Brandon el Ciclo Sucede, dirigido por Sebastián. Y acá me corrigen: “en realidad, ese ciclo es un espectáculo. Tiene el falso nombre de ‘ciclo’  porque se inició como un  ciclo de verano  y quedó porque armamos un equipo cada vez más grande y cada vez más interesante como para que se fuera dando un espectáculo, porque la pasábamos bien y porque tenía cada vez más público. Se convirtió en algo fijo que, además, queremos que sea cada vez más grande.” De esta manera, el espectáculo fue creciendo hasta convertirse en lo que es hoy, “una especie de Saturday Night Live argentino, muy raro, porque es tipo un lector, un sketch, otro sketch, otro lector, bandas re grosas que tocan en vivo con nosotros, y además le metemos danza… son como dos horas y media al palo”. Me consta. El Sucede es una celebración de la oralidad, donde un grupo de artistas ultra versátiles (“no sé cómo explicarte, todos cantan, todos bailan, todos escriben, todos rapean, todos hacen de todo”) aporta estéticas, formas y cuerpos diversos para engendrar un espectáculo multidisciplinario que la rompe.

Poesía Estéreo tiene todavía mucho más para contar. Hablamos acerca del Slam Argentino de Poesía Oral, torneo que ellos organizan y que va por su quinceava edición, donde compiten entre 45 y 50 poetas (“bueno, poetas” acota Seba, “donde compiten artistas, de nuevo, pueden ser hiphoperos, triphoperos, clowns, gente que piropea gente en la calle, psicóticos, asesinos, drogadictos, todo eso”). Charlamos acerca de la muestra de Slam que armaron en la Feria del Libro por primera vez este año. Me cuentan también acerca de lo que están escribiendo, o pensando, o intentando escribir. Sobre el documental que planean para el 2013, que va a reunir grabaciones de todo lo que hacen actualmente: Slam, Sucede, Poesía Estéreo, una intervención en Yenny/El Ateneo, etcétera. Son muchísimas las puertas que esta charla abre y en todas dan ganas de asomar la cabeza, aunque sea para chusmear un poco. Ya nos estamos despidiendo cuando Seba me dice que justo hoy resolvió una frase, “y quiero decirte que esta frase es mía, la busqué en Google y nadie escribió jamás esta estructura, sí, hice mi propia frase, que es ‘somos los consumos culturales que habitamos’, sí, jamás nadie lo estructuró de esta manera, a veces lo más simple es lo más difícil de hacer”. Nos reímos. Somos los consumos culturales que habitamos. Vale la pena entonces meter las manos hasta el fondo en la masa multiforme y colorida de la cultura, y elegir dónde pisar. Poesía Estéreo parece un espacio interesante para darse una vuelta cada tanto: una propuesta sabrosa, en fin, para habitar un rato.