“Yo soy un rockstar. No, mentira.”

Cielo Razzo pisó el freno y estacionó en Groove para dar una fiesta. Antes de arrancar, su cantante Pablo Pino cuenta cómo es vivir con un pie en la ruta, con la música de combustible. El día a día de la banda que llena estadios y no se la cree. 

Pablo Pino no está enamorado de dar entrevistas, tampoco las padece, en realidad las define como “ni fu, ni fa”, mientras se acomoda en el sillón de cuero y empieza a relajarse. Hace unas horas llegaba al camarín de Groove, en pleno barrio de Palermo para la prueba de sonido frente al local prácticamente vacío. Más tarde nos enteramos que a la noche, cuando suba al escenario y la Fiesta Groovestock que aguarda por Cielo Razzo encienda las luces, va a estar repleto.

La banda llegó desde su ciudad natal: Rosario, una rutina a la que Pablo Pino (voz), Diego Almirón (guitarra y coros), Fernando Aime (guitarra), Cristian Narváez (bajo), Javier Robledo (bateria y coros), Marcelo Vizzarri (teclados) y Carlo Seminara (percusión) están acostumbrados.  Desde hace dos décadas, arman la mochila y salen a la ruta para llevar su música adonde quieran escucharlos. Así llegaron hasta Uruguay y recorrieron gran parte del país colmando lugares míticos como el Luna Park, Cosquín Rock, el Estadio Obras Sanitarias, Willie Dixon en Rosario, Teatro Opera en La Plata, ND Ateneo, entre otros. Una charla con el cantante de la banda que pone primera y sale a girar.

¿Cómo te llevas con la situación de vivir en tránsito?

-Bien. Me gusta mucho

En promedio, ¿cuánto tiempo pasan viajando?

-Es por etapas. Normalmente nosotros tocamos dos veces por semana. Sería lo natural. O sea de siete días de la semana estamos tres días afuera.

En esas dos veces por semana ¿un porcentaje muy grande es por fuera de Rosario?

-Sí. Creo que te estoy verseando quizás con dos veces por semana. Yo sí estoy saliendo mucho porque estoy con Los Bardos que es otro grupo, también salgo con ellos. Soy de los que viene a las reuniones, a hacer notas. A lo mejor tengo un poco más de trajín. Pero me gusta, antes pataleaba por eso, desde hace un tiempito, no. Ahora me gusta más que antes el hecho de viajar y estar por todos lados.

¿Y la ruta en sí misma te gusta?

-Desde siempre. Como dice Pipo Pescador: el viajar es un placer. Hay algunos que son muy placenteros, otros que son una hinchada de pelotas a lo mejor. No sé, por el calor, por el transporte que tenés. Nosotros tenemos un transporte que por lo general cuando hace frio tenemos la calefacción rota y cuando hace calor, el aire roto. Pero normalmente, yo por lo menos, disfruto todos los viajes, me gusta viajar, me gusta mucho levantarme, ir a la sala y ver cuando salimos. Es como un picnic de sexto grado.

IMG_2068¿Como banda se viven muchos tiempos muertos similares a los del viaje?

-Tiempo muerto, exactamente, lo llamamos así. Ahora tenemos un tiempo muerto también, pero el más divertido es el viaje. Tenemos un colectivo con una mesita, camas. El que quiere dormir se va a dormir, uno se va abajo con el chofer o nos quedamos timbeando ahí. Vamos, venimos, no es que tenemos que estar ocho horas sentados. Es una casa rodante, es una casa, cuando hace mucho tiempo que no subimos se extraña.

-¿A qué se juega?

-Como hace tanto que viajamos se juega de todo. El más jugado fue en su momento el Mao, en otra época se le decía Jodete. Poker hemos jugado, blackjack, playstation, películas. La sensación fue un proyector chiquitito en un viaje a Tucumán. Viajamos de noche y se veía alucinante. Hemos llevado hasta pistolas, ¿viste las pistolitas de balines? Yo llevé una y generó que compráramos un par. Se armaban batallas hasta que un momento dijimos: bueno, basta, nos vamos a sacar un ojo.

¿Las bandas toman un cariño especial por el chofer del micro?

-Cariño y odio. El chofer es uno de los tipos en el que más tenés que confiar. Yo me puedo emborrachar, hacer lo que se me antoja el ojete pero su responsabilidad es llevarnos y traernos vivos. Hemos tenido muchos choferes, con algunos estuvo todo bien y con otros hemos terminado…  Uno amenazó que nos iba a matar en la ruta. Imaginate a las cuatro de la mañana, los mutantes arriba, el tipo manejando, me acuerdo que quería bajar y darle con una botella de champagne. Decía: este tipo nos va a matar, hay que pararlo. Después obviamente fue una amenaza de un momento de calentura y quedó ahí. Llegamos bien.

¿Recordás giras largas?

– El sur, el norte también. Esas son las giras que te vas una semana, dormís en el bondi. Termina siendo tu casa, una casa pequeña con mucha gente, pero cada uno tiene su cama y no tenemos nada más. Las almohadas se van robando, un día llegás y no tenés almohada, ni frazada y te tocó. Es una bronca. Yo compré dos, una para mí y una para el pájaro (Diego Almirón) y desaparecieron las dos. Las leyes del colectivo son medias raras.

¿La casa rodante es de la banda?

-Sí, para nosotros es una herramienta de trabajo, más siendo de Rosario que no hay micro de gira, entonces cuando teníamos que alquilar un bondi teníamos que llamar a uno de Buenos Aires y te cobra el doble. Entonces la compramos, durante dos años estuvimos garpando.

¿Nunca pensaron hacer viajes por fuera de la música?

-La hemos pensado siempre pero nunca la hicimos. Muchos somos padres y siempre está la idea de viajar con los chicos. Queríamos ir a Brasil por el tema del Mundial, pero después dijimos no, un quilombo, la verdad que no daba.

En el año 2003, volviendo de viaje tuvieron un accidente dónde fallecieron Claudio (escenógrafo) y Pablo (batería). ¿Cómo fue volver a salir a la ruta?  

-Fue uno de los primeros viajes que hicimos. Estábamos en Traffic en esa época, no teníamos colectivo. Después cuando tuvimos que volver a salir yo no sentía miedo a la ruta pero sí la situación que teníamos era nuestra gente que quedaba en Rosario. La muerte de Pablo y Claudio fue una situación familiar, nos conocíamos entre todos. Por dos o tres años no viajamos de noche, sea como sea viajábamos de día, era una manera de que nos quedáramos tranquilos y los familiares también. Después va pasando la vida, las cosas van cambiando y tenés que viajar de noche.

¿Cómo juega la dinámica de ser una familia dentro de una banda de rock?

-Muy extraño pero juega. Yo a las mujeres de los chicos las conozco hace veinte años prácticamente. Entre ellas se conocen, generaron sus relaciones. El Pájaro es el padrino de mi hijo. Hemos viajado familias a Mar del Plata. Ensayamos mucho tiempo en mi casa. Termina siendo una gran familia, una comunidad más que una familia.

Decías que antes de tener el micro recurrían a Buenos Aires para alquilarlo. ¿Pasó en muchos momentos tener que recurrir a Buenos Aires?

-Obviamente, siempre, sacábamos nuestro primer disco y el manager se venía para acá a repartirlo. ¡Adoro Buenos Aires! Siempre se recurre por h o por b, hay que estar ahí.

– Igual mantienen la dualidad de, por ejemplo, grabar un disco acá pero presentarlo en Rosario.

– Si, por una cuestión de mantener algunas formas. Nos gusta, es nuestra ciudad, nos parece que es lo correcto. Tampoco me parece que si lo presentamos acá esté mal, pero fue una costumbre que nos tomamos. La última presentación la hicimos en la fecha de cumpleaños de Guevara. Tocamos en el monumento de la bandera y estuvo genial. A mí me gustó mucho, me encantó. También jugaba Newell’s y al otro día Central. Si uno ganaba salía campeón, el otro quedaba en la B, algo así. Una situación re fuerte. Cada vez que tocamos en Rosario hay una situación con el futbol.

¿Los músicos viven pasiones de manera intensa en general?

-Yo creo que los que estamos en la comunicación, en la expresión, tenemos cierta pasión y que es muy probable que se termine enredando con otras cosas. A mí, por ejemplo, me gusta mucho el baile y me gustaría bailar tango. Aprendí algunas cosas por ahí, los básicos. Soy muy caminador, medio chamuyero. Pero es eso: Nano (Fernando Aime) escribió un libro, Javi (Robledo) termina siendo productor, el Pájaro (Diego Almirón) está encargado de hacer un video clip, de la idea.

¿Escuchás tango?

-Ahora sí, hace mucho que no me siento a escuchar pero sí, me gusta. También me gusta mucho sorprenderme con bandas nacionales nuevas. La ultima que estuve escuchando y me gusta mucho es Guauchos. Los pibes de Científicos de Palo me encantan también. Me gusta más ir en búsqueda de ese tipo de artistas nuestros que escuchar Arctic Monkeys ponele.

En lugar de decir “nosotros que estamos en la música”, dijiste “nosotros que estamos en la comunicación”…

-Es una comunicación, de una. Cuando vos escribís una canción te estás comunicando, tiene que ir a algún lado.

¿Te sentís más comunicador que rockstar?

– Yo soy un rockstar. No, mentira, pero a veces jugamos a ser rockstar.

¿Cómo se juega?

-Te pones unos chupines como estos ponele. El pelo para el costado. A veces son situaciones, la situación es que traje dos pantalones, uno rojo y uno negro, y el negro lo voy a usar a la noche. Yo creo que el lugar nuestro es otro, lo de rockstar es una huevada.

¿Dónde te sentís más cómodo?

-Me gusta estar cerca de la gente que nos viene a escuchar, el rockstar tiene otra dimensión. Es un tipo que vive en hoteles, champagne, autos caros, vida extravagante, minas a lo loco, de todo eso tenemos muy poco, no somos rockstar. Pero nos gusta la actitud de rockstar, nos gusta ver bandas con esa actitud

¿Ustedes tienen actitud rockstar?

-No tanto. Hay que ver bien exactamente qué es rockstar, pero yo creo que nosotros como banda no somos eso.

¿Cuando empezaron tampoco te imaginabas dentro de ese estereotipo?

-No. A mí la música me gustó siempre pero me parece que en el momento en que entro a la banda, fue por pertenecer a una situación, a una comunidad.

Una de las primeras canciones que hiciste cuando entraste a la banda fue la de una mina que era una pesada, que te hubiese gustado que pase pero era solo imaginaria. ¿Aunque no seas un rockstar aparecieron estas situaciones?

-No solo minas imaginarias. Increíble, ¿no?

IMG_2094