“Me la gasté viajando”

Rodolfo robaba casas de cambio. Era su trabajo. En 1990, ya estaba salvado económicamente, pero no pudo parar y terminó cayendo preso. Pensó que la mejor manera de fugarse era hacerlo desde donde funcionaba el Centro Universitario de Devoto y se anotó, pero terminó recibiéndose de sociólogo. Ahora es docente y esa es su militancia. Desde ese lugar, asegura: “La idea de reinserción social es una fantochada”.

Cada vez que salí a la calle, que recuperé la libertad ambulatoria, sentí una sensación de plenitud muy fuerte. Después de un tiempo prolongado de no poder avanzar más de algunos metros en linea recta porque te chocás con una pared -si tenés ganas de caminar tener que ir diez metros para acá, diez para allá. Podés caminar mil metros, pero así-.

Después de un tiempo de no ver más que canas patibularias.

De vivir en un ambiente en que tu vida depende de las herramientas que desarrolles para evitar conflictos o resolverlos de manera violenta.

Pasado un tiempo largo en un lugar sin ley en donde uno tiene que ser su propio guardaespaldas, no solo cuidarte de los presos sino de los propios carceleros.

Cuando salís a la calle después de la prisión es una explosión de plenitud que no la puedo comparar con otra cosa, salvo con llegar al mar.

Esa inmensidad: solo lo puedo comparar con eso. Es una plenitud muy impresionante.

Aunque veas a la gente con cara de orto, preocupados, aún en las peores condiciones, salir me ha generado alegría incontenible.

Por un instante junta las manos extendidas en forma de T. Me dice que lo espere un rato en el pasillo del centro cultural donde da clases. Lo miro desde la ventana de esas aulas nuevas, que son más bien una pared completa de vidrio. El alumnado pasa cómodo las seis décadas. Rodolfo es profesor de computación. Saluda a cada una de las señoras y algún que otro hombre mayor también. Y arrancamos a caminar juntos.

-¿A qué te dedicabas?

-Robaba entidades financieras, básicamente casas de cambio. Sobre todo las cajas negras de las casas de cambio en los fines de los ochenta con Alfonsín. Eran muy redituables. Situación parecida a la actual con el dólar negro, pero con la diferencia de la aplicación de la tecnología a la vigilancia. Estamos bastante más vigilados hoy. Durante una época que fue muy redituable me dediqué también a robar autos importados y camiones.

_DSC0047
Rodolfo

 

-¿Cómo se elige a quién robar?

-La moral aparece ahí no tanto en la decisión de robarle al que tiene más, sino en la de no robarle al que tiene poco o casi nada. En eso hay una decisión ética que tuve siempre. El riesgo es el mismo si robás un kiosco o un banco, la pena y las posibilidad de que te maten van a ser las mismas. A partir de ahí apuntas a quien más tiene.

-¿Cuándo se dice: “Hay que parar, es suficiente”?

-No hay modo. En teoría debería haber una forma, pero no. Cuando se llega al nivel de las cosas en el cual ya no se necesita en términos económicos meterse en más líos, la verdad sea dicha: no pasa solamente por la cuestión del dinero.

-¿Llegaste al momento de decir “estoy bien parado, ya no necesito”?

-La mayoría del rédito económico que tuve me la gaste viajando. Pero en 1990, no necesitaba seguir con lo que hacía.

-¿Eso te da más bronca o lo entendés?

-Cuando lo podés mirar en perspectiva, entendés que no es sólo la cuestión económica. Así como no se puede explicar en un esquema sencillo las causas que llevan a una persona a delinquir, tampoco se puede explicar fácil por qué no deja de hacerlo cuando económicamente está bien. La bronca la pude transformar en otra cosa. Obviamente sí pienso: tenía todo, no necesitaba hacerlo, pero seguí y tuve ocho años de prisión. Qué pelotudo. Qué infeliz. Qué hijo de puta. Pero además qué puedo analizar: hay repeticiones que tienen que ver con la estructura mental. Se me hacía difícil tener un ejercicio diferente. Siempre que salí en libertad tuve la intención de dejar de delinquir, pero sostener en la práctica una vida dentro de la legalidad se me hacía muy difícil, incluso cuando pude en los primeros tiempos laburar como docente. Había cuestiones que no tenía resueltas en la cabeza.

-¿Qué se vuelve complejo de asumir?

-Es difícil salir del círculo delictivo, pero más difícil es armarse otro escenario y sostenerlo. Hay un cierto prejuicio en cuanto a cómo uno tiene que mantenerse. Convengamos en que ni hoy ni nunca fue fácil vivir con un sueldo, y menos si es de docente. Cuando dejás de estar preso tenés que enfrentarte a un montón de cuestiones que no hacías en condición de encierro. Tenés que pagar la luz, el gas, el teléfono, los impuestos. Subir a un bondi y pagar. Mientras estás encerrado todas esas cosas desaparecen de tu vida. Cuando salís, ya ese día tenés que ver cómo ganarte el mango. Y muchas veces significa, hasta que cobres el primer sueldo, que alguien te la preste. Que alguien te sostenga. En términos económicos y en términos anímicos. Y aceptar eso implica todo un laburo mental. Cuando uno fue siempre autosustentable e incluso proveedor de todo su círculo familiar y afectivo. Cuando las personas salen, vuelven de una situación de infantilización carcelaria a responsabilidades de adulto de nuevo, donde muchos esperan que uno vuelva a ocupar aquél lugar determinante. Y uno no está en condiciones de hacerlo, pero querés ocupar ese lugar. Por vos y por lo que esperan los demás. Se genera un quilombo muy fuerte. Es una cuestión de poder.

-¿Cómo se le explica a una familia la chance de caer preso?

-No hay modo. Aunque puede haber diferentes condiciones. Me tocó caer cuando mi familia sabía a qué me dedicaba. En otra ocasión, que formé otra familia, mantenía oculta esta vida. Y el día en que caí fue un quilombo terrible. Irrecuperable. El golpe fue muy duro y se desarmó todo. Cuando la cosa está asumida, la casa es parte del asunto. Las cosas se soportan. De alguna manera se tiene previsto que puede pasar eso, entonces hay un fondito. Pero para explicarle a mi piba que yo no iba a estar por un tiempo porque había caído en cana, tuve que armar una historia. Y dije que estaba en Punta Cana, que es un lugar del caribe también, viste. Imaginate los comentarios en el colegio: ¿en Punta Cana tanto tiempo? De ahí tuve que pasar a la versión de que estaba en Cuba, era más creíble.

Revuelve con la mano rodeada por una cicatriz ingente para mezclar el par de sobres de azúcar en el té con limón. Responde tranquilo Rodolfo. Tiene sus formas bien claras. Arranca cada respuesta con una negación, a la que después proseguirá una explicación desarrollada donde el vocablo posibilidad va a tener su protagonismo. Bien parecido a su vida.

-¿Cómo fue estudiar dentro de la cárcel, en el Centro Universitario de Devoto (CUD)? ¿Por qué elegiste sociología?

-En realidad no tenía intención de estudiar. Cuando arranqué, estaba en una situación compleja en términos procesales. A esta altura, año 1990, volvía a tener conflicto con la Justicia. Entonces ya era reincidente: o sea que era una persona que, por lo menos dos veces, se expone a una condena. La figura de la reincidencia para esos tiempos implicaba que cualquier condena que se dictara tenía que ser cumplida de punta a punta hasta el último día. Venía con un expediente bastante denso en esa ocasión: tenía armas de guerra, automotores, toda clase de delitos que sumaban una posibilidad de condena de 15 a 20 años. Así que la situación era negra. Ante esa perspectiva, el horizonte de uno se va trastocando. Mi pensamiento era, bueno, de acá de alguna manera me tengo que ir antes. La única perspectiva en esos momentos era la fuga, no había posibilidades legales. Me enteré que había empezado a funcionar el Centro Universitario en un sector de la cárcel que quedaba en un subsuelo y bastante cerca del muro. Hacer un túnel desde allí, implicaba la mitad del esfuerzo. Me intereso por el CUD en aras de ese proyecto. Esa fue la primera motivación. Cuando empiezo a bajar todos los días al CUD y empiezo inevitablemente a meterme en la vida política del lugar, y a ver de cerca cuál era la utilidad del conocimiento en cuanto a herramienta de autoayuda y ayuda a los demás en términos de asesoramiento jurídico, las cosas cambiaron.

-¿Tenías el secundario completo?

-Ni a gancho, pero ya existía el sistema de UBAXXI. A la par que hago cuarto y quinto año, empiezo a hacer el CBC. Me pasaba de 9 a 18 todos los días de la semana ahí. Eso fue generando un proceso que fue reemplazando la idea de la fuga por la idea del estudio. En definitiva, creo que existió una variable que desconozco, que estuvo relacionada con la posibilidad de cambiar de vida. La reincidencia es un segundo cachetazo, y uno tiene la tentación de reflexionar sobre eso. En principio por supuesto que me interesaba Derecho como a la mayoría de las personas en esa situación. Pero con 25 años, cuando arranqué las materias Sociología y Antropología en el CBC, se me dio vuelta la cabeza. Conocía de pibe la teoría del valor de Marx, pero cuando pude acceder a Foucault, Weber, definitivamente poder hacer un análisis de la realidad social desde otro lugar me atrapó. Me abrió la cabeza de un modo que no pude retroceder y me abracé a la sociología.

-¿Y saliste antes?

-Para fines del 97, logré una libertad anticipada. Frente a los 18 años que tenía, a los 7 años y poco pude salir. Vino por el lado de la modificación de las leyes contra los reincidentes, no por el buen comportamiento, que en la cárcel es todo un tema. La gente es calificada como en el colegio con una especie de boletín. Las calificaciones tienen que ver con conducta, con que una persona no cometa infracciones, que no tenga sustancias prohibidas, que no se pelee; y con el concepto que determinan la autoridad penitenciaria -los carceleros- que manejan un criterio de subjetividad muy fuerte, de acuerdo a si usás barba, si tu ropa está limpia, si te manejás con amabilidad. Entonces tenés que desarrollar toda una cintura política para mantener tus principios y la nota esté acomodada sin transar con los carceleros. Es todo un laburo de astucia. Logré mantener eso, y como toda la militancia que generó esa primera generación que estudió de forma orgánica en el CUD tenía la senda libertaria, no la de buscar quilombos estúpidos adentro, nos habíamos ganado el respeto y hasta nos temían un poco, tanto los muchachos como los guardias. Al haber adquirido herramientas, podíamos manejarnos con recursos y a la policía eso le asustaba, por desconocido.

-¿La reinserción en vos tuvo éxito?

-No. En realidad, siempre es un fracaso. La idea de reinserción social es una fantochada. Genera la posibilidad de que puedas salir a la calle antes e intentes un cambio en tu vida, pero ese cambio depende completamente de uno. No hay posibilidad de que una persona sea sometida a un tratamiento en condiciones de encierro que pueda generar algo bueno. El encierro en sí es un escollo imposible de salvar para cualquier tipo de tratamiento, pero esto es una cuestión más profunda. La estructura del trabajo por la reinserción social es solo una farsa para sostener puestos laborales para psicólogos, asistentes sociales y demás.

-¿Hubieses estudiado igual?

-No creo. Al paso que venía no creo que hubiese estudiado. El estudio académico en sí no te libera, lo que puede hacer es generar un contexto de posibilidad. Cuando se suman a condiciones internas por ahí podés hacer el click y cambiar, pero por ahí también fracasás. A mí me pasó, lo intenté y fracasé, y volví a caer en cana. Hasta ahora vengo manteniendo una línea de acción en la cual no entra como posibilidad el delito. No porque entienda que está mal delinquir en esta sociedad, ni porque entienda que las leyes tal como son deberían ser respetadas todas. Sencillamente porque sé que mi vida por ese camino estaría terminada, en breve. Pero además entendí a través del estudio y la práctica pedagógica la posibilidad de ser el otro actor: el docente. Ahí encontré una especie de sentido a trabajar. Estar frente a un aula no es simplemente vender tu fuerza de trabajo. Es un plafón que me permite militar.

Interrumpe. Un llamado al celular. Habla del mecánico y del equipo de gas de la Kangoo roja que lo hace renegar. De un viaje a Entre Rios para el día siguiente. Es que hace algunos viajes -me explica después- cada vez que puede, para sumar al sueldo docente.

-¿Cómo lo llamabas vos? -Un trabajo. -Bueno, ¿cuándo se dice que terminó un trabajo?

-El trabajo no terminó hasta que uno no está en su casa o en el lugar que quedaste donde vos sabés que ya estás seguro. Ahí terminó el trabajo y ahí estallás. Si el objetivo consiste en apropiarse de guita, el momento en que vos tenés el montón de dinero arriba de la mesa contándola, ese es el momento de culminación feliz de todo un proceso que es muy angustioso, muy peligroso, muy desgastante que te deteriora mucho la cabeza.

-¿En qué te deteriora la cabeza?

-Escuchame, no tiene nada de natural que vos dediques días y meses a vigilar un lugar, a establecer posibilidades de escape, ritmos de los semáforos, frecuencia de las rondas de los policías. A ver la realidad de otro modo. Yo no nací para eso, nadie nació para eso. La dinámica puede llevar a una persona un tiempo a mirar unas cosas precisas, cuando podría dedicarlo a mirar otras cosas: las minas que pasan o las texturas de las paredes. O la explotación. Pero todo eso se borra de la escena, porque te convertís en una máquina de observar el escenario del crimen. Y después vas y lo cometés. Por lo cuál estás sometiendo a otras personas, aunque no les pegues, no las insultes, no las maltrates. En ese sentido siempre fui muy cuidadoso, porque soy consiente que si acá hay un montón de dinero no es mío ni de nadie que esté ahí, es del dueño del lugar. Pero entran los ladrones y tienen que apretar a quienes estén. El dueño no está. Nunca se me fue de la cabeza que a las personas que tuve que interpelar para hacer un trabajo sufrieron con gran probabilidad un trauma de por vida y no merecen pasar por eso. Que van a tener pesadillas con eso, que van a tener temores. Que la policía después va a ir a apretarlos creyendo que hay un entregador. Siempre lo pensé. Es mucho mayor esa culpa que la de haber infligido la ley o haberme llevado algo.

-¿Qué pasa por la cabeza cuando sabés que ya estás al horno, que se pudrió todo?

-Fueron muchas veces. Pasé por situaciones diferentes. Uno dice, bueno se pudrió. Puede significar que están viniendo o que ya están acá. Hay una diferencia importante. Si están viniendo, por ahí te vas. Si ya están acá tenés que irte por la fuerza. Pero si ya están acá y además están atrás ya el problema es mucho más grave: no tenés salida que no sea salir tirando. De esas situaciones tuve algunas. De algunas me fui, de otras no.

La adrenalina te vuela la peluca, sos más animal que otra cosa, puro instinto de supervivencia. A veces logré mantener la cabeza fría. Eso te ayuda a calcular los movimientos con mayor precisión.

Tirar. Agacharte. Ahí opera mucho el miedo. El miedo a morir es muy paralizante. Cuando llegás a la situación de poder manejarlo tenés muchas probabilidades de irte. En esos momentos no pude establecer la diferencia si era miedo a morir o a caer en cana. En el fondo creo que tenia más miedo a caer preso.

-¿Hoy podrías volver a aquella vida?

-En estos años lo que más operó en el sentido de no volver tiene que ver con el paso del tiempo, la edad, con la seguridad de que si hoy me pasara algo, no soportaría una cantidad de años detenido. No lo soportaría. De algún modo preferiría morirme. Creo.

-Además de ese pequeño o gran trauma que le pueda generar a la gente que se cruzó con vos trabajando. ¿Hay algo que te incomode con lo que hiciste?

-Más que nada las consecuencias en las personas que querés y que te quieren. Eso se siente. Yo he generado mucho daño en mi círculo íntimo. He sido un tipo bastante hijo de puta, de generar malestar. Por consecuencia de mis cagadas. La onda expansiva de mis quilombos ha afectado a mucha gente muy querida y muy valiosa. Es un peso imposible de resolver.

-¿Esto sí es libertad?

-De ninguna manera. Nadie está en libertad. Todos estamos en libertad condicional. Desde el psicoanálisis, desde el marxismo, desde donde lo quieras mirar, hay un imperativo social que implica la represión de tus deseos. Hay diferentes tipos de prisiones. Hay hogares que parecen cárceles, infiernos. Nos acostumbramos a ciertas condiciones de vida y las naturalizamos, y no queremos ver mayormente que estamos en pelotas en términos de libertad. Desde este punto de vista, nadie está en libertad. Pero además, estamos en el capitalismo.

Los que reforman la injusticia

Los cambios en la Justicia se pronunciaron en la calle y se instalaron en las mesas argentinas. Se debaten acuerdos parlamentarios y se acusan cofradías partidarias. En el medio, la historia de Luz y de Diego, acusados de algo que no hicieron, detenidos por un Poder que los deja de lado.

ÚNICO BLOQUE

En el patio de una casa, escenografía improvisada: dos sillas de cocina, un mate largo. Una mujer termina de colocarle el micrófono a LUZ en la camisa. PRESENTADOR con hojas en la mano, una lapicera en el bolsillo de la camisa blanca, mira a cámara, ensaya algunas palabras inentendibles. DIEGO aparece en escena con el pelo mojado y se sienta mirando hacia el mismo lugar que LUZ, pero las cámaras los toman de modo tal que aparecen enfrentados. Se enciende las luces blancas que apuntan a PRESENTADOR. Se escucha una música escalofriante cada vez más fuerte.

PRESENTADOR

(De frente a la cámara 1. De espaldas a DIEGO y LUZ) Bienvenidos a otro Debate Público, otra oportunidad para que nos escuchemos todos y cada uno saque sus conclusiones. El tema de esta semana: la reforma judicial. ¿Quién sale beneficiado? (Se toma las manos) ¿Un avance sobre los derechos civiles? ¿La democratización de un poder feudal? (A otra cámara, de frente, sacando pecho y levantando la voz) Diego Romero y Luz Gómez (los señala con las manos) están presos desde el 21 de diciembre de 2011 por ser los supuestos asesinos del chofer de colectivo Roberto Castillo el 1 de octubre de ese año. (Se acomoda el flequillo con las manos) En las rejas de la casa donde sucedió el crimen, apareció sangre de la pareja de ladrones y una mochila con el certificado de vacunación de Zaira, la hija de Diego y Luz. Ella, beneficiada por la crianza de la nena, tuvo desde un principio prisión domiciliaria. Él iba a ser beneficiado, pero el fiscal apeló y sus primeros abogados defensores no hicieron el intento de morigeración. Estuvo hasta dos meses atrás en la Unidad de Ituzaingó. Diego, Luz, buenas noches. Sabemos que después de un año y cinco meses tratando de demostrar su inocencia, conocen a la Justicia como pocos.

LUZ

(Se encienden las luces traseras, amarillas. Se ve a LUZ cabizbaja y a DIEGO serio) Buenas noches.

DIEGO

(Tímido, sonriente) Buenas noches. Es cierto. Yo siempre discutía de economía, trabajo, industria… Lo gremial sí me interesaba. Ahora… este tema de la justicia nunca me había llamado la atención, pero hoy veo que pasan cosas que hay que conocer.

PRESENTADOR

(Se quita la mano del audífono) ¿Y qué opinión te merece?

DIEGO

Fotos: NosDigital
Fotos: NosDigital

(Tres cuartos perfil a cámara) Uno, siendo víctima de un sistema judicial, escucha las dos perspectivas. Es más que nada política. Yo creo que el gobierno debería tomar un poco más de responsabilidad en las decisiones que toma porque el hecho de que disfraza a la justicia y da una pulseada para la reforma judicial que es más que nada política y económica. Hoy los más perjudicados somos los de la clase baja. Te dan un defensor del Estado, pero uno que defienda como nos defendió a nosotros, ni me lo des. Pero como dijo nuestro actual abogado, Suárez: “Hoy por hoy está tan poblada la cárcel que un defensor no puede llevar tantos casos”. Sos el cliente número 25 mil. El 2 mil quiere que se cierre su caso. No se trata de que seamos números. El gobierno dice que quiere agilizar. ¿Por qué no nos fijamos hoy por hoy por qué están superpobladas las cárceles? . Está superpoblada porque la policía te agarra en la esquina buscando a un asesino parecido a vos (señala a PRESENTADOR por un instante), y sos vos el criminal (señala a PRESENTADOR). En una cárcel de 48, hay 70. Gente durmiendo en el piso. En la cárcel está lleno de gente a la que el sistema judicial no se encargó de investigar para ver si son o no delincuentes. ¿Por qué no se fijan quiénes son los que arman causas? ¿Por qué no dejan de comparar números: quién cerró más causas, cómo estamos en comparación con Estados Unidos que no sé cuántas causan sacan por año? Hay más gente procesada adentro que penada. Quizás tienen que ver, quizás no. Deberían fijarse las necesidades de la sociedad: la inseguridad de la policía que te está armando causas. En la justicia se sienten impunes y piensan que la justicia es para el que tiene un buen abogado. Si no lo tenés, quedás adentro.

LUZ

En la tele no sale mucho el tema de la injusticia.

DIEGO

Y si pasa, pasa así (se chasquea los dedos).

LUZ

Uno que ve la tele ve solo justicia. Acá todo te lo arma la policía. Si sos inocente, te aprieta para que no digas la verdad. No somos los únicos que están pasando esto. Conocimos un montón de gente a la que le pasó. Pero aprietan a las familias y se callan. A nosotros también aparte de que no sabíamos nada, de que fuimos maltratados, también en un principio pasó algo con la policía para que no dijéramos la verdad. (Se acomoda el micrófono) ¿Qué más daño que el que nos hicieron nos podían hacer? Fijate también lo de las hermanas Jara. Pasaron dos días y ya no se ve más en la tele. A Alejandro Bordón lo acusan por un buzo del mismo color y ¡nada más! Después de una semana nadie habla de Alejandro Bordón.

DIEGO

Pasa que uno habla de lo personal. Si nunca hubiese caído en la cárcel, no sabría lo que pasa adentro: que está lleno de causas armadas. Ahora hay que hacerle ver a la sociedad que el problema está. Se sienten dueños de la verdad. Te hacen pensar que sos lo peor… Estamos siendo víctimas de un sistema judicial.

LUZ

(Interrumpe) Más que eso. A mí me correspondía el salario de Zaira, que pasó a ser Asignación Universal por Hijo cuando quedé presa, y nunca me avisaron. Recién un año después, cuando dejé de llorar y llorar y llorar, pregunté y me dicen que me corresponde. El fondo de desempleo también me correspondía y lo perdí. Fijate todo lo que te quitan.

DIEGO

Es feo todo esto porque cuando estaba en la Unidad, yo era un gasto para mi familia que ni tenía para el colectivo. No era feliz, me sentía mal.

PRESENTADOR

(Se toma las manos y mira a los ojos alternadamente a LUZ y a DIEGO) ¿Por qué creen que el mayor interés de estudio de los internos se da con el derecho?

DIEGO

Al penal entran chicos jovencitos que nunca tuvieron posibilidades de estudiar. Dentro del pabellón que estaba, yo era el único estudiando. Hay una materia que da un interno que estudiaba abogacía, sobre orientación legal. Los jóvenes ni siquiera saben qué causa tienen. Sí hay posibilidad, en algunas unidades como La Plata, de estudiar en nivel universitario, pero muchas veces pierden mesas de exámenes porque no tienen movilidad. El traslado de Unidad también implica un problema.

 (LUZ se detiene a darle alguna indicación a ZAIRA)

PRESENTADOR

(A cámara) La justicia parece ser un algo más abarcativo que jueces y fiscales.

DIEGO

Claro que sí, en nuestro caso se ve claramente.

PRESENTADOR

(A LUZ) ¿Cómo colaboraron, en su caso, las tan polémicas cámaras de seguridad?

 LUZ

Tampoco se usaron las cámaras del COTO adonde fuimos a comprar un LCD en un remís donde perdimos la mochila. Si se hubieran usado en julio, sabrían cuáles fueron los autos que nos fueron a buscar a nosotros de la remisería. (Hace una pausa. Con voz firme) Pero ellos también dejaron pasar ese tiempo para que las dos pruebas fundamentales para nuestra defensa no fueran utilizables… Porque con la sangre pasó lo mismo…

DIEGO

Es medio gracioso todo esto po…

LUZ

(Interrumpe) No investigaron nada de nuestra declaración. En diciembre le decíamos a nuestro primer abogado que habíamos hecho una llamada a Mendoza el 1 de octubre. El abogado dejó pasar el tiempo sin pedir esa prueba porque supuestamente no era contundente. Hoy el fiscal tiene el poder de decidir si pide esa llamada o no. Suárez pidió tanto esa como las que hicimos desde COTO a la remisería para pedir el coche como después para reclamar la mochila.

PRESENTADOR

(Se quita una lapicera del bolsillo de la camisa y la agita mientras habla) Todas estas herramientas de la tecnología, ya existentes, hubieran ayudado a saber la verdad y sin embargo no se utilizaron.

DIEGO

Lo malo de todo esto es que pasa en muchísimos otros casos. Al no haber tomado con importancia nuestra declaración, se perdieron pruebas que llevarían a la verdad. Per…

LUZ

(Interrumpe) No sé si a la verdad llegarían así. Llegarían a la verdad si quisieran leer las otras declaraciones que dicen quiénes fueron los culpables. Ellos tienen que ir por la línea de investigación de los detenidos. Dicen su participación en el hecho y dicen quién es la persona que entró, que da la casualidad que trabajaba en donde yo me olvidé la mochila. No entiendo por qué no van por ahí. Al primer abogado particular que tuvimos le dijeron que lo iban a atrapar cuando cometiera otro delito. “Si no comete otro delito, yo sigo acá para siempre”, le decía yo y me respondía: “Sí”.

DIEGO

Obviamente, pero yo me refería a la verdad en el sentido de que vean el video de la cámara de COTO.  Ahí aparecen los dos vehículos que nos fueron a buscar, en uno de los cuales perdimos la mochila. (Abre los ojos bien grandes) Oh casualidad que las dos personas detenidas involucradas en este hecho dicen que  la persona que entró en la casa, trabajaba en la remisería que llamamos y tiene un auto del color que nosotros mencionamos en la primera declaración. ¡Sin conocernos a nosotros! (Indignado, levanta la voz) Obvio que todo va a estar difícil para nosotros si no nos escuchan. Fuimos considerados culpables desde el principio. Nos querían llevar a juicio en esas condiciones, pero hoy tenemos el apoyo de mucha gente y lo podemos pelear de otra manera para que la misma jueza se dé cuenta de que hay cosas que están mal hechas.

PRESENTADOR

Ahí se ve la participación o la ausencia de ella por parte de los abogados defensores, estatales o particulares.

DIEGO

Los primeros abogados uno se pregunta quién se los mandó (sube y baja los hombros repetidas veces). El primero permitió irregularidades, el segundo nos sacó plata y tampoco empujó en el sentido de exigir que se investigue el camino correcto.

LUZ

Excepto Suárez, todos nos tomaron el pelo y nos hicieron perder tiempo importantísimo. En diciembre podríamos haber usado, por ejemplo, la información del llamado que hice a Mendoza el día del crimen. El tema de la sangre tampoco lo hizo ni el primer abogado ni el segundo. La fiscal le dijo al primer abogado que la sangre no servía. Como no sabíamos que todo se manejaba por escrito, solo decíamos: “sí abogado, tiene razón”.  Los dos abogados lo que querían era llegar a juicio. Imaginate que las comparaciones recién las hicieron un año y medio después del crimen porque nosotros mismos presionamos con movilizaciones. El abogado estatal no nos creyó.

PRESENTADOR

¿Y la policía?

DIEGO

Estuvo dos meses y pico investigando, desde el 1 de octubre hasta el 21 de diciembre de 2011. Tenían la dirección, el nombre, todo lo que necesitaban saber sobre mi hija y por lo tanto sobre nosotros (se señala el pecho con las dos manos). Si lo hubieran hecho en un principio nos podrían haber hecho pruebas de pólvora y se hubieran dado cuenta de que no éramos nosotros. Uno se pregunta por qué no lo hicieron.

LUZ

Por algo cuando nos detuvieron buscaban un Nextel y armas de fuego y solo se llevaron una foto mía y otra tuya (mirando a DIEGO de costado)

DIEGO

Cuando nos detuvieron y nos dijeron que nos vinculaba una mochila, no entendíamos nada hasta que recordamos la que habíamos perdido cuando fuimos a comprar un televisor. Yo había llamado dos veces a la remisería para ir (levanta los dedos índice y mayor de la mano derecha). Exigimos ese registro de llamados para comprobarlo. El defensor nunca nos creyó y nos trataba como si hubiéramos cometido ese hecho. No quería que declaráramos. Nosotros sí, porque queríamos contar nuestra verdad. En el estado en que estábamos, tratábamos de hacer memoria.

LUZ

Declaramos todo (separa los brazos desde el pecho hasta desaparecer del alcance de la cámara 3), pero imaginate que no te acordás lo que pasó hace dos semanas, menos hace dos meses. Lo poco que nos acordamos lo contamos: el color del coche que nos llevó al COTO y donde perdimos la mochila. De qué manera nos pueden vincular si no tienen qué.

DIEGO

Siguió el proceso de investigación, pero pasaba el tiempo, los meses.

DSC_0778-2

LUZ

Y la rueda de prensa, Diego. El 23 la hicieron. Participamos mi mamá, con 53 años, una tía de Diego de 40, mi hermana, de 32, que no tiene nada que ver con lo que había descrito la viuda, y yo. Claro que dio positivo. Diego apareció con el pelo cortado parecido al identikit, cuando no lo tenía así. Hay una declaración de la viuda que declara que mi hija es de tez blanca y tiene el pelo castaño claro. Nada que ver. Cuando fue a la rueda dijo que era ella.

DIEGO

Después, la familia trató de conseguir otro abogado recomendado de la familia que nos sacó plata y no hizo nada. Casualidades que al primo de una amiga mía tenía un compañero de trabajo al que también le había pasado lo mismo. Nos contactaron con el doctor Suárez, que nos llamó para asesorarnos de qué manera podíamos empezar a lucharla. Suárez vio la preventiva y se dio cuenta de todas las irregularidades. Logramos esto gracias al empuje y perseverancia de la familia y a las movilizaciones. Las pericias tenían que estar el 10 de diciembre y estuvieron el 21 (Dibuja un salto con el índice de la mano derecha). Las comparaciones de sangre dos meses tardaron. La audiencia llegó recién después de otra movilización. El 7 de marzo de este año, después de pelear dos meses, tenía que ser la audiencia, pero la fiscalía la suspendió porque supuestamente iba a declarar esta gente. De la fiscalía los mandaron al juzgado, que nos reservó para el 18 de ese mes.

LUZ

En realidad lo que pasó con la audiencia fue que la fiscalía no quería. Cuando se suspendió la audiencia, mi mamá fue al juzgado. La atendió el secretario de la jueza y, enojado con la fiscalía por suspenderla, puso la fecha bien cerca para que no se pudiera suspender. Si mi mamá no iba a preguntar, tampoco pasaba na…

DIEGO

(Interrumpe) Claro, por eso te digo. No estaba en su interés hacer la audiencia. Lo que termino entendiendo es que si el juzgado no hubiera dado la audiencia a una semana, date por segura que la hubieran suspendido también. A todo esto ya teníamos las comparaciones de sangre que dieron positivo. Por supuesto que nosotros lo sabíamos, pero con la desconfianza que adquirimos de la justicia, teníamos miedo de la manipulación. Por eso tratamos de conseguir un perito y hacérselo saber a la fiscalía.

PRESENTADOR

(Serio, mirando a cámara) También desconfiaban de la fiscalía…

LUZ

Sí, pero al perito no le dan a tiempo de intervenir porque ya estaban sobre la fecha.

DIEGO

Pero el tema era que ellos supieran que había alguien controlando. Cuando llegó la audiencia, me llevaron ahí. El abogado hizo el descargo. Estaba también la jueza. Le conocí la cara.

PRESENTADOR

Recién entonces conociste a la jueza.

DIEGO

Sí. Te decía… El doctor Suárez le dijo que la morigeración era lo mínimo que podía pedir por mí porque ya sabían de las comparaciones negativas. Suárez hizo saber de las firmas que había conseguido con mi mamá, de gente que daba fe de que no íbamos a hacer nada.

LUZ

Que vos no ibas a hacer nada. El primer juez también te había dado la domiciliaria, pero el fiscal apeló. Eso fue en 2012, en febrero. Porque había que seguir investigando, pero en ese momento, la fiscal apeló por posible intento de fuga. Por mí no apeló por la nena. Nuestros abogados en ese momento no hicieron nada, y como nosotros no sabíamos nada de cómo manejarnos y no conocíamos ninguna organización que nos asesorara…

PRESENTADOR

(A DIEGO) ¿Qué le dirías a la Justicia si la pudieras personificar?

DIEGO

Justicia toma decisiones que hacen que gente que no tiene nada que ver caiga en un penal, sin tomar conciencia de las cosas que pasan ahí adentro. Yo tengo la suerte de estar bien, de haber sobrevivido, pero no todos tienen esa suerte que yo tuve. Por eso, el Poder Judicial se siente dueño de la verdad y toma malas decisiones y manda gente inocente dentro de un penal y esa gente termina siendo lastimada. Dentro de la Unidad hay una guerra de pobres. Imaginate que un Penal de 500 personas (abre grandes los ojos), estadísticamente, tiene entre 800 y 900. No tienen conocimiento de lo que es una cárcel. Hay gente que se termina sucediendo, gente que termina apuñalada. Esto tiene que comenzar de nuevo porque quieren llevar una persona a juicio cuando ellos mismos saben que esa persona es inocente. Antes de hacerle pasar esa situación, ¿por qué no toman el camino correcto desde el principio? En la Unidad sigue habiendo gente inocente que no tiene la posibilidad que yo tuve, ni el apoyo. Te sacan los días y te hacen sentir como el peor, maltratan a tu familia en la fiscalía: parece que fueran familia del peor. Te complican en lo económico, en lo emocional. Ni siquiera hacen justicia por la víctima. Yo toda la culpa se la echo a este sistema judicial que se cree que todos los que están del otro lado del escritorio son malos. Mi verdad no se calla. Ni tiene precio. A mi familia me la destruyeron.

PRESENTADOR

¿Luz? (Mira su reloj pulsera) Treinta segundos tenés.

LUZ

Que el fiscal escuche lo que dijo Diego, porque ahora él es la Justicia para nosotros. Él es dueño y señor de nosotros. Si decide que vayamos a juicio, así será.

DIEGO

Y la jueza siempre va a prestar más oído al fiscal que al abogado defensor. No debería llevarle tanto el apunte a un fiscal que está yendo por el camino equivocado.

PRESENTADOR

Así dicen que funciona la justicia: demuestra en los números su eficiencia, sin importar las personas. La voz que se escucha es la de la policía, repetida por abogados, fiscales, jueces. Diego, Luz, muchas gracias por participar de este debate.

(Se apagan las luces. Sube el volumen de la música. DIEGO y LUZ se ponen de pie y saludan a PRESENTADOR).

DSC_0838

El pez por la boca no muere

fioritoSomos de Fiorito nosotros, ¿viste? Pasa seguido acá. Yo recién volvía de cartonear. Era como la una de la madrugada del 25 de septiembre del 2010. Me bañé y ya salía para bailar. Compré una cerveza, me junté en el pool de Recondo y Pío Baraja. Lo vimos pasar a este hijo de puta y le gritamos cornudo. No sabíamos nosotros que era gorra. Trabajaba en la Casa Rosada. Se llama Maximiliano Germán Ledezma, tenía 23 años, y vive acá cerca, en Rodríguez. Estaba noviando frente al pool. Se metió, se hizo el capo, ni sacó la chapa ni nos pidió documentos, como hacen otros. Si pedía, ahí le decía: “Leandro Pérez, excompañero de tu novia; él es Walter Robles. También la conoce bien”. Por joder nomás. Ni sabíamos que era rati. Le daría vergüenza ser vigilante. No le habría dicho a la piba. Acá en el barrio son muchos, pero ni te enterás. Salen de civil, van a trabajar y vuelven de civil. No. No mostró que era policía hasta que nos sacó a los tiros, nos dejó muertos en el piso. A mí me pegó tres tiros por la espalda, a Walter, cuatro mientras se cubría con las manos. Ahí sí nos dimos cuenta que era cana. Cayeron los de la 5ta y lo encubrieron. Después dijo que le queríamos robar la moto. Ñaca. Yo tenía la mía. Dos días antes la policía me la había sacado por no tener casco. A las 12 horas de que mamá, Nely, pagó los 1500 pesos a la Policía para sacarla, otra vez me la sacaron.

Los vecinos vieron que él tiró un tiro al aire para decir que hubo un enfrentamiento.

El vigilante tenía dos armas. Una, reglamentaria; la otra, dada vuelta. O sea que se la puso así a Walter. Eso declararon todos los testigos: que vieron que tenía dos armas. Todos salieron gritando que deje de tirar tiros que va a matar a otro más. Y ahí lo vieron, que tenía el arma del lado del revés. Él tiró todos los tiros.

Fotos: NosDigital
Fotos: NosDigital

Ahí salieron a ver. Y mi hermana estaba ahí cerca. Lo vio y le avisó a mi mamá. Es como dice mamá: “En todos lados esto pasa seguido. Uno escucha tiros. Trata de pensar que es una moto, pero a veces no.”

Y este día cayó la policía de la 5ta. Querían sacar a mi familia porque tenía que ir a trabajar la fiscal. Mi hermana le dijo “No dejes el cuerpo solo porque ellos van a querer poner algo”. Lo que pasa es que ellos se cubren entre ellos. Son compañeros. Uno de la federal, otros de la bonaerense. Pero como los testigos no querían que a sus hijos le pasara lo que a mí y a Walter, y se animaron a declarar.

El juicio iba a ser hace dos años, pero bueno, logramos que Walter también fuera considerado víctima para que el matapibes por la espalda, como le pusieron en un escrache, fuera juzgado por los dos. Mientras estuvo preso, pero como dice mi vieja, “más de dos años no puede estar preso un policía. Si es un civil sí, se come la cárcel hasta el juicio”. Estuvo dos años preso en la Unidad 30 de Alvear. Le dieron arresto “porque era buen pibe”, porque la madre estaba enferma en la casa. Había dicho también que ese día tuvo mucho temor, que se asustó mucho. Menos mal que tenía temor, porque nos dio tres y cuatro tiros. Cómo será si no tenía temor.

En el medio a mi hermano Maxi lo atropelló un borracho que venía a contramano. Tuvo que dejar el fútbol. Nosotros, los pibes, juntábamos unas monedas para pagarle la ropa, los viajes, la vianda. Ahora anda en muletas.

Y arrancó el juicio. “Fuimos a tres audiencias. La están estirando y estirando como un chicle”, decía la mamá de Walter en su momento. “Ellos como que nos quieren cansar a todos”, seguía mamá. Era un arreglo clariiísimo. Yo digo que los jueces le dieron tiempo al vigilante para arreglarle los problemas. Los jueces ni estaban en la sentencia. El secretario vino listo para rajar. No quería que entraran celulares, mochilas, carteras. “A nosotras, que somos las mamás, nos revisan de pies a cabeza, a ver si llevamos algo. Tienen miedo de nosotros, cuando el asesino está adentro. No lo revisan a él. Tienen miedo de nosotros. Y él es el que mató a nuestros hijos. Todo al revés es acá”, decía mi mamá antes de la sentencia. Ahora, mirá. Ni hizo falta que entraran algo. Todo, todo les sacó porque ya sabía lo que venía. Solo a 20 dejó entrar. A ella la mandó al fondo. “¿Por qué al fondo? ¿No me reconocés la cara todavía? Yo voy delante de todo”, le dijo mamá. El tipo se reía, como irónico. Cuando entró, saludó. “Les leo el artículo tanto y tanto. Lo absuelvo a fulano de tal de causa y de todo”. O sea que quedaba libre. ¡¿Qué?! Solo los de adelante llegaron a escuchar. La Sabri, mi hermana, gritó, porque nosotros pensábamos que lo iban a sobreseer a Walter porque apareció con un arma, ¿pero por los dos? ¿Sabés lo que fue ese momento? No quedó un vidrio sano. Fue un momento de locura. El cana, encima, el que cuidaba al otro cana, hacía “jojo”, como una burla. Marcela le llegó a pegar un arrebato a uno. Lo cazó del cuello y le empezó a dar. Mis hermanas mías le agarraron la computadora donde escribía el tipo. La hicieron mierda. Maxi revoleaba la muleta a quien venía. En un juicio, nunca más va a entrar uno con una muleta, porque el quilombo que hicieron… La Doctora Verdú dijo que hicieron mal. Quedó sorprendida de todo lo que pasó, pero ella tenía que hacer un documento para apelar. Pero la saaangre que hervía entonces… Cuando la cana quería agarrar a uno, diez se le venían encima. No pudieron hacer nada.

fioritoDigo yo: esto estuvo preparado. Les dieron tiempo para que consiguieran un pez gordo que pusiera plata. Y los jueces ni se fijaron y bueno. Primero el 17 de abril. Después, una semana, después diez días, después otros cinco días más. Es mucho tiempo. Si una sentencia es mucho más rápido si era uno común. Un día el alegato, el otro día la sentencia, como el Pata Díaz. El fiscal pidió 20 años. La Doctora, perpetua. Los jueces los desacreditaron a los dos. Tomaron el argumento del “contexto social y cultural”, que dijo el rati. “Barrio bajo”, decía. No porque se inunde, por la gente lo decía. Mamá no escuchó al policía porque como también tenía que declarar, no podía ni ella ni Marce, la mamá de Walter, escuchar lo que decía él. Los que estaban en la sala dijeron que dijo cualquier cosa, se contradecía, no era nada coherente.

Marcela casi se suicidó cuando llegó a la casa. Se tomó como 20 comprimidos de lo que ella toma desde que lo mataron a Walter. Quedó mal. No pudo superarlo. Y con esto que pasó, peor todavía. Mi vieja sigue fuerte. Todavía hay posibilidades de apelar y que esto se ponga con los pies para abajo y la cabeza para arriba, como tiene que ser. Con el tipo en la cárcel, los que lo cubrieron también y el barrio tranquilo, que ya no sé cuántas muertes van. Y Marce y mamá bien, que tiene que cuidar a mi nene, que ya tiene tres añitos.

La fiesta de las palabras rompemuros

Salió el nuevo número de ELBA (En los Bordes Andando), revista – fruto del trabajo del taller de expresión que se realiza en la Unidad 26 de la cárcel de hombres de Marcos Paz y la Unidad 31 de la cárcel de mujeres de Ezeiza. El lanzamiento de la edición dedicada al tango y el lenguaje fue motivo de fiesta. Esos mismos bordes por los que andamos fueron escenario para explorar juntos los límites del adentro y del afuera .

Nuevo número de Elba

Lo de afuera es real. Lo de adentro también. Lo único irreal, quizás, sea la reja. Si adentro existen barras de hierro es porque afuera existieron y existen rejas de razones. Y, entonces, la prisión se transforma en ese único lugar en el que el poder puede manifestarse desnudo, en sus formas más pornográficas,  y al mismo tiempo justificarse como poder moral.

La mezcla entre algún Foucault, algún Paco Urondo y algún anónimo disertante puede sonar a chamuyo. Pero algo, sólo un poco, de todo lo que se junta en el vago concepto  de una cárcel, de un encierro, se hizo materia un día de lluvias y relámpagos gracias a un taller de culturas.

El taller literario “En Los Bordes Andando” es mucho más que eso. Entre otras cosas, también, es ELBA. La revista anual que se edita con las creaciones de quienes pasan por el taller, piensan, aprenden, leen, se expresan, critican y escriben. Ellos son los chicos y muchachos de la Unidad 26 del Complejo Federal de Jóvenes Adultos de Marcos Paz  y las chicas y señoras de la Unidad 31 del Centro Federal de Detención de Mujeres de Ezeiza.  Su 5to número, dedicado al tango y su lenguaje, se celebró en el salón de educación física del penal de Ezeiza. A la hora de dar las primeras pisadas, el lugar nos hizo levantar las miradas con sus techos altos, pero de límites bien presentes; donde suele haber un arco se montó el sonido para una tarde de fiesta. Una sola mesa, de las que se sostienen con taburetes, atravesaba el espacio de pared a pared. En una de las puntas nos esperaban los y las protagonistas: los cuerpos, los rostros, las mentes, las miradas y los espíritus de quienes hacen ELBA. Ellos eran el centro de la jornada de lectura, festejo y estrenos. Por algún motivo, corrían el foco e insistían en agradecernos a nosotros por estar ahí.

En los bordes caminan varios y diversos. Hay que aclararlo de entrada. No sólo los negros villeros y de mierda.  Se encuentra, también, una señora elegantemente vestida, de esas que por Palermo son una pieza más del fino decorado. Entonces, ojito, a no generalizar: no todos encajan en el basureado estereotipo de pibes y pibas chorros y chorras. De repente, como si un martillazo golpease el tablero haciendo volar miles de fichas de distintos colores y formas, se encuentran mujeres de Europa Oriental: Polonia, República Checa y Hungría. También de Asia: Filipinas y Tailandia. Y no se descuentan las mulatas ni las trenzas de Centro América: Puerto Rico, Honduras y República Dominicana. Es que la Unidad 31 de Ezeiza es para mujeres de buena conducta, madres y extranjeras. Es allí donde nos reunimos en torno a la necesidad de expresarse desde los márgenes, y pronto nos admiramos de la capacidad de tender puentes entre mundos distantes en situaciones extremas.

Los autores y autoras de la revista esperaron a todos desde el principio del día. Estaban sentados a la guarda de que lleguen los invitados de la fiesta. Los  anfitriones del propio encierro recibieron a invitados varios: artistas, intelectuales, alumnos y alumnas de la UBA, periodistas, músicos y tangueros. Saludaron a todos uno por uno. Se presentaron. “Nosotros escribimos en ELBA.”

Al principio, en el ambiente reinó cierta tristeza y bronca: diez de los chicos de Marcos Paz no habían sido habilitados y autorizados para la salida transitoria. Luego de todo un año de trabajo no pudieron presentar el estreno de la revista junto a sus amigos. “Pero si es casi un traslado, tampoco es que queríamos ir a un parque de diversiones”, se quejó uno de los compañeros. “De todas maneras, vamos a leer sus textos, para que estén acá de alguna manera.” La tarde tuvo que seguir con esa pena.

En esa foto ficticia donde los unos podían ser los otros y donde todos parecían sentados a una misma mesa en cualquier lugar del mundo se dieron a conocer las palabras que evidenciaron lo múltiple y lo complejo. “Hola, soy señora de las cuatro décadas y estoy de vacaciones en el penal”, “I´m from Filipinas and i´m here for droug traffic”, “Yo ser de Polonio y vengo aquí por drogas”, “Hola, cómo va, para mí no importa por qué estás acá, gracias por haber venido a compartir esta tarde con nosotros”, “Buenas tardes, ustedes vieron cómo es, a veces si cometés un error lo pagás y, a veces, si no lo cometés, también”, “Hola a todos, me alegra que hayan venido a conocernos para que puedan entender que estar preso no es simplemente patear rejas”. Los colores de las voces desbordaban cualquier paleta. No solo por los idiomas varios, ni por sus distintas edades, ni por sus ropas diversas, ni por sus lenguajes siempre complejos, sino porque el cuadro de la vista se veía desbordado ante la intención de hacerse conocer, de querer mostrarse y relacionarse con quien quiera comprender que estar preso no es lo mismo que ser preso y que lo múltiple nunca debe reducirse a lo único.

Como para que quede más claro:

María Rowena Villaruz, una mujer filipina y muy joven, después de haber intentado un aparatoso castellano pidió hablar en inglés, aunque nadie la entienda, “solo para sentir que se expresa sin barreras”.

María Ferreyra de Caseros, una madre de cinco hijos que recuperó su libertad luego de tres años por haber sido declarada inocente del motivo de su encierro. Leyó un poema en público dedicado a su nieta fallecida. Se quebró. Todas sus ex compañeras del penal se levantaron y la abrazaron. Nos diría también que ahora, desde afuera, lee lo que escribió mientras estuvo presa y le asombra la oscuridad, la angustia y la bronca que destilaban sus letras.

Carlitos de Soldati se paseó por el penal de mujeres con su camiseta de San Lorenzo. Recordó cuando volvió a la cancha después de 3 años y medio de cárcel sin salidas transitorias y se emocionó. “El futbolero lo entiende”, dijo. Luego, recitó su poema en voz alta para su querido Ciclón: “Te conozco desde el nacimiento del sol y de las lluvias”.

Leíto Jara es de su “hermoso Lugano”. Un galán verdadero. Tiene todos los accesorios: remera al cuerpo, aritos, reloj grandote, jean piola y zapatillitas de futbolista. Las chicas lo relojearon sin pausa. Las más osadas le suspiraron. Pero, él le se limitó a leer un poema a su hija Keyla y hacer llorar hasta a los más peludos y grandotes.

María Hidas es húngara. No habla casi español. Sólo húngaro. Leyó su poema en frente de todos en su propio idioma. Nadie entendió absolutamente nada. Pero todos pensaron y lo sintieron lo mismo: qué lejos queda Hungría de Ezeiza.

Veronika Horackova nació en República Checa y vivió en Ámsterdam. Ahora está presa en Ezeiza. Es la única checa detenida en el país. Es hermosa. Decidió leer su poema en tres idiomas: castellano torpe, inglés perfecto y checo inentendible.

La tarde transcurrió entre sonrisas y mates. El adentro y afuera se puso difuso. Sin los barrotes del prejuicio todo era ambiguo. Estaban los que interactuaban, los que se fundían y los que se cerraban ante todo. Los polos, alguna parte de ellos, resistían, pero sin signos ni esposas.

Desde un costado, detrás de un vidrio, miraban los vigilantes. Los uniformes oficiaban de un gran Gran Hermano detrás de un vidrio algo espejado. Una clase de tango dejó algunas parejas que se sonrieron y se miraron a los ojos por más tiempo del pensado alguna vez. El afuera y el adentro era solo una indicación para los pasos de baile: para poder hacer una “C”, un ocho adelante o un ocho hacia atrás. Hubo abrazos toscos, apretados, amistosos, calientes, aparatosos, distantes y fraternales; entre risas nerviosas y miradas profundas, nos encontramos y nos fundimos en una ronda que siempre volvía sobre sí misma reafirmando el sentido de comunidad que empezaba a emerger.

En esos instantes de tanto tango llegaron desde las celdas algunas madres con sus bebés y otras tantas embarazadas. Ezeiza es el penal donde hay un jardín maternal, donde muchos pibes y pibas nacen y se crían junto a sus madres y sus compañeras de pabellón. Se cuidan las criaturas entre unas y otras y se cuidan también entre ellas. Entre llanto y llanto se animaron a tirar algún pasito de 2X4. Quienes no se lanzaron al abrazo, permanecieron alrededor de la ronda y se encargaron de circular lo que habían cocinado para la merienda.

Luego, llegó la música y algún bandoneón resultó un poco ajeno para algunas miradas. Se sumó una flauta piccolo y otros tangos más. Aplaudían al unísono y los que sabían los temas se animaban a cantar desde los bancos. Después llegaron las guitarras y la cosa se puso más movida. Canción va, tango viene, dos chicas se pararon y se animaron a practicar unas piruetas que habían aprendido recién. De a poco se fueron acercando al cantante.  De lejos lo miraban y él se sonrojaba. Mucho chiflido y grito bien agudo como para hacer sonrojar a los muchachos. Una de las chicas se fue a su banco. Quedó bailando Moira solita, alias “Shakira”. Remera flúo amarilla, shortcito de jean, medias de red y zapatillas plateadas. Una reina. Se acercó meneando mientras las guitarras marcaban el compás final de algún candombe. Sin preguntar ni tropezar se sentó a upa de quien cantaba y lo abrazó con ambas manos por sobre su cuello. El tipo quedó rojo como un tomate. Ella le pidió respetuosamente el micrófono y lo apuró: “Ahora, la pregunta es: ¿vos qué tocas?”. La sala estalló de risa. “Las cuerdas vocales”, contestó él con algo de rapidez. “Ahhh, entonces puedo ser tu instrumento…” La sala rompió en un único rugir de ovación: “¡Shakiiiiiira! ¡Shakiiiiiira! ¡Shakiiiiiira! ¡Shakiiiiiira!”.

En el descontrol de las bandas llegó más gente y más gente. Desde la puerta que dividía las cárceles del cuarto intermedio de igualdad salieron tres chicas agarradas del brazo. Dos de ellas de Tailandia, la otra de Puerto Rico. Hablaban en inglés, claro. Se sentaron detrás de unos estudiantes de la UBA que presenciaban la actividad. Ellos tomaban mate y no tuvieron mejor idea que ofrecer.

-¿Quieren un mate, chicas?- dijo uno

Las dos tailandesas miraron a la traductora puertorriqueña y le dijeron: “What´s that?”.

-¿Qué es eso?- preguntó la morena de trenzas

Los chicos alcanzaron a responder: “Mate”.

Entre idas y vueltas las terminaron convenciendo. Una de las chicas de Tailandia agarró el mate y no supo que hacer. Sacó la bombilla y todos le gritaron “¡Nooooooo!”. Ella se asustó y dejó el matienzo. La volvieron a convencer. Con mímicas muy claras, juntando los labios y frunciéndolos, le indicaron que debía chupar, sin más, de la bombilla. Lo hizo. Su cara medió entre ser educada y evidenciar que le había parecido un asco. Se rieron todos. Luego pasaron por el ritual las otras dos muchachas. También tuvieron una eterna duda e indecisión con la bombilla. Tampoco les gustó.

Los músicos habían terminado. Las chicas cantaban: “Una más, si no, no se van” ¿Será que en la cárcel no se jode? Antes de enfundar sus guitarras, agradecieron y dijeron que nunca habían tenido un público tan entusiasta.

Cuando la comida ya escaseaba y todo tomaba un matiz final la cumbia se hizo escuchar. Desde algunos parlantes empezaron a sonar esos ritmos que hacen mover las carnes. Todas bailaban, eh. Las de Europa Oriental, las de Lugano, las de la 31, las de Filipinas, Tailandia, las de UBA. Y los pibes también, claro. Aprovecharon y se metieron en el baile. Entre meneo y meneo, cuerpo a cuerpo, se divertían y la pasaban bien. Sí, aunque resulte difícil entenderlo y creerlo: la estaban pasando bien. También volaron algunos besos y abrazos. La cosa se puso, hay que decirlo, algo cachonda. Y con un golpe de cadera, alguno se habrá puesto a pensar si en este encuentro no estaremos liberando nuestros cuerpos, moviendo un poco el culo alrededor de tanto barrote (las de la cárcel y las que aprisionan desde adentro). Entre las danzas, sentimos que algunas posiciones de dominación se inviertían, que desafiábamos las lógicas del encierro y realmente experimentamos en la propia carne la fiesta de expresarnos desde nuestra libertad más honda. Entre tanto cachengue la música cesó. Se escucharon algunos insultos. Pero, no había más remedio que irse ¿A dónde? Depende. Y sí; la realidad suena a reja que cae con un golpe seco.

Algunos se despidieron con mayor efusividad. Otros dejaron números de teléfono de algún pabellón o de alguna casa. Se volvieron a saludar y se fueron. Las puertas eran iguales, pero no: no eran las mismas. Una dejaba a esos seres mirando hacia los bordes a través de las rejas de siempre. La otra indicaba el camino hacia la cárcel.

La carcel que construyó a la ciudad de Ushuaia

En el sur de los más sures acompañanos en el recorrido por la carcel que hoy es museo, y hasta 1947 fue el peor de los presidios sudamericanos. NosDigital desde la ciudad más austral del mundo te lleva a conocer y a entender cómo se pobló toda la zona a través de la carcel que más miedo supo generar.

[flagallery gid=4 name=carcel]

“Eran muertos en vida, la forma en la que se los trataba era inhumana. ¿Imaginás lo que es que te metan preso y no saber cuándo vas a salir? No te fusilaban, sino algo mucho peor, te mandaban a una isla inhóspita a morir de frío y sin contacto alguno”, dice Carlos Vairó, director del Museo Marítimo y del Presidio que funciona, desde 1994, en el histórico edificio.
El 12 de octubre de 1884, dos años después del tratado de límites con Chile, se fundó Ushuaia y la Gobernación de Tierra del Fuego aunque casi no había habitantes. Era necesario poblar la zona para asegurar la soberanía del territorio.
¿Quién aceptaría ir, por convicción y elección propia, a aquella lejana tierra en el sur de los más sures? Ante la poca oferta, la respuesta del entonces presidente Julio Argentino Roca no tardó en llegar: presos.
El proyecto “Colonia Penal al sur de la República”, basado en experiencias previas de Australia y Francia, y que iba a resolver el déficit penitenciario existente en el país e iba a asegurar la soberanía de aquellas tierras, tardó dos años en aprobarse. A Roca ese detalle poco le importó y envió, ese mismo año, a diez presos en la flota Expedicionaria al Atlántico Sur para que levanten el Faro del Fin del Mundo en la Isla de los Estados.
Allí, específicamente en San Juan de Salvamento, funcionó hasta 1889 una especie de presidio-colonia penal en la que eran enviados militares acusados de homicidio. El clima y la lejanía hacían de aquella isla un lugar inhabitable. A pesar de que en ese año mudaron el presidio hacia otro lugar de la isla, Puerto Cook, la situación era insostenible y en 1902 decidieron abandonar la Isla de los Estados y llevar el presidio a Bahía Golondrina, Ushuaia, donde funcionó hasta 1911. En aquel año unificaron, por decreto presidencial, la Cárcel de Reincidentes con el Presidio Militar y trasladaron la entidad al actual predio donde, desde 1902, los presos ya habían empezado a construir el edificio que hoy es museo. Con paredes de 60 cm de ancho de roca triturada extraída de la cantera aledaña al terreno, el edificio fue terminado en su totalidad en 1920 y funcionó como cárcel hasta 1947, momento en el que pasó a manos de las Armada Argentina.
El sistema carcelario de Buenos Aires no daba abasto y algo había que hacer con esos presos. “El presidio de Ushuaia fue el tacho de basura de la Penitenciaría Nacional, mandaban a todos los extranjeros, a los reincidentes, a los que tenían condena larga y a cualquiera que significara un problema. Era la amenaza común del momento, ‘portate bien o te mandamos a la tierra maldita´”, continúa el director del Museo y autor de dos libros que relatan la historia de ésta cárcel mítica y misteriosa.
Dicen que hasta Carlos Gardel estuvo preso en Ushuaia cuando era un adolescente desconocido. “Ése es uno de los tantos mitos que guarda esta cárcel y que serán imposibles de corroborar porque los archivos se perdieron en una supuesta inundación en el archivo de la Penitenciaría Nacional. En este caso puntual dicen que un guardia fanático de Gardel quemó todo aquello que podía comprobar su presencia allí para no manchar su carrera. Todas versiones y rumores, nada que se pueda afirmar”, explica Vairó.

Una ciudad construida por presos
La idea de Colonia Penal seguía siendo el proyecto habitacional que el país tenía reservado para Tierra Del Fuego, tal es así que en 1896 se enviaron 10 reclusas. Meses más tarde, el entonces gobernador, Pedro Godoy, informó con orgullo al ministro de Justicia que “de las mujeres presas se han casado seis, tres con presos y otras tres con habitantes del territorio”. Ushuaia seguía creciendo.
El presidio y la mano de obra que los presos significaban eran el motor económico de la isla. Fueron ellos quienes realizaron todas las obras de infraestructura pública: caminos, puentes, muelles, edificios, casas, tala de bosques, instalación de la red de agua corriente, mantenimiento de calles, alumbrado público y todo lo que se necesitó para el desarrollo de la ciudad.
Nunca se pudo saber con exactitud la cantidad máxima de personas que habitaron la prisión pero se calcula una población, entre presos, guardiacárceles, talleristas y cocineros, de 1500 personas, triplicando así su capacidad natural. La utilización y el tipo de condenas que se cumplían allí fueron cambiando contantemente: cárcel de mujeres y niños, reincidentes, correccional, penitenciaría, presidio, alta peligrosidad y tiempo indeterminado. Debido a esta indecisión política convivieron en Ushuaia asesinos seriales y personajes realmente peligrosos, con simples ladrones de gallinas.
Este continuo crecimiento hizo de Ushuaia un lugar lleno de oportunidades, llegaron barcos repletos de europeos que venían a probar suerte. Muchos de ellos trabajaban de guardiacárceles o talleristas y lo hacían a cambio del uniforme y la comida hasta que llegase el nombramiento oficial que podía tardar hasta un año. Una vez logrado llamaban al resto de la familia para instalarse en el poblado. También fueron arribando a la zona argentinos que conseguían una parcela de tierra y cultivaban frutas y verduras, criaban ganado o tenían un pequeño local en el que vendían insumos básicos. 
Mecánica, herrería, aserradero, carpintería, explotación de cantera y planta trituradora de piedras fueron los primeros talleres necesarios para levantar el edificio. Pero luego el presidio se transformó en el gran proveedor de la población con el resultado de los talleres de oficio y los servicios que brindaba: panadería, zapatería, sastrería, fábrica de fideos y muchos más. A medida que ampliaban el edificio aumentaba la población del mismo y el número y diversidad de talleres que se dictaban dentro. El Loro y El Inflador fueron los periódicos donde relataban los eventos deportivos en los que participaban los reclusos.

Vivir en el presidio
El edificio tiene un hall o rotonda central del que salen 5 pabellones de 76 celdas de 1.93 por 1.93 metros. Cada uno de los pasillos tiene un “martillo” al final donde se colocaron los baños y las salas de algunos talleres. Aunque en época de hacinamiento fueron utilizados cómo celdas. Eran calefaccionados a leña que quemaban en “tachos” de un metro de diámetro ubicados en los pasillos. A la noche se cerraban las puertas de las celdas y quedaban aislados de la calefacción.
Se levantaban a las 5 am en verano y a las 6 am en invierno, se higienizaban, volvían a las celdas, acomodaban sus pertenencias y formaban, vestidos a típicas rayas blancas y negras, en el hall central. Allí se repartían las tareas del día y llamaban a los presos por su número para formar tres grupos: los que volvían a sus celdas, los que se integraban a los talleres dentro del predio y los que salían al bosque o a la ciudad a trabajar. Éstos últimos eran escoltados por carceleros y guardiacárceles.
“Los carceleros eran presos sin condena”, dice Carlos Vairó para describir el duro trabajo de estas personas. “Estaban vestidos de azul y vivían en igualdad de condiciones con el preso, hasta comían la misma comida. Ellos tenían un acercamiento más ´humano´ con el preso, eran quienes los escuchaban y ayudaban”, agrega. Por otra parte, de verde y siempre armados, estaban los guardiacárceles. La primera camada fueron escoceses que escapaban del Imperio Austrohúngaro y llegaban en buques a Ushuaia. Su manera de trabajar era de por sí violenta y esto aumentaba ante la incapacidad de comunicarse verbalmente. Los presos eran tratados como animales y recibían castigos que, muchas veces, terminaban con la vida del recluso.

El infierno del fin del mundo
El aislamiento era letal e indeterminado, el preso llegaba y no sabía cuánto tiempo iba a pasar en la isla y menos si iba a salir vivo de ella. La única manera de comunicarse era mediante cartas que eran censuradas y leídas por todos los carceleros. “Muchos familiares se comunicaban en busca de sus parientes y, como respuesta, había que darles un número de fosa”, comenta el director del Museo.
Después de notificarles que serían trasladados a Ushuaia, los detenidos eran engrillados con remaches en tobillos y cadenas que no les permitían hacer pasos de más de veinte centímetros. De esta manera viajaban durante un mes en la bodega de algún barco y, cuando llegaban, los hacían caminar arrastrando las cadenas hasta el establecimiento. Esa era su bienvenida a la Tierra Maldita.
En el presidio no existía un reglamento interno y las penalidades y castigos regían según las ganas y subjetividad del guardia de turno. Cualquier motivo era excusa para practicar torturas y violencia física sobre el detenido. “En pleno siglo XX, en el segundo establecimiento penal de la progresista república, se han roto huesos, se han retorcido testículos, se ha castigado a los presos con tremendas cachiporras de alambre y con preferencia en las espaldas, para volverlos tuberculosos; y mil salvajadas más”, se puede leer en una carta que le escribió Guillermo Kelly, quien fuese el médico de la cárcel en la década del 30 a un colega.
Los encerraban en pleno invierno en pequeñas celdas, totalmente a oscuras y mojados. Muchos de ellos no soportaban el frio y morían en el trascurso de la noche. Se los dejaba encerrados en la celda a pan y agua totalmente aislados del resto o, simplemente desnudos a la intemperie. Se los hacía caminar en los pasillos entre medio de dos líneas de guardia cárceles que golpeaban al recluso hasta que éste caía desvanecido, muchas veces muerto.

Informe de la situación

Los informes anuales del CELS son libros bien gordotes y que no siempre están al alcance de todos. Mentira, porque pueden leerse en formato pdf con tan sólo usar el buscador, pero la verdad es que nadie se entera cuándo sale el informe y pocas veces qué data contiene. Aquí, una lectura sobre la lectura que hace el CELS sobre los derechos humanos en Argentina durante el 2011, y el acercamiento de su análisis. PARTE UNO.

El CELS, una entidad no gubernamental que vela por los derechos humanos, para los críticos es un fantasma, para los fanáticos un superhéroe y para otros, un buen padrino. Quizá es por la variedad de estos criterios que crean necesario incluir su carta de presentación en el informe, a aclarar que “el trabajo del CELS consiste en denunciar las violaciones a los derechos humanos, incidir en la formulación de políticas públicas basadas en el respeto por los derechos fundamentales, impulsar reformas legales e institucionales tendientes al mejoramiento de la calidad de las instituciones democráticas, y promover el mayor ejercicio de estos derechos para los sectores más desprotegidos de la sociedad”.

El palabrerío representa la propia ambición que encarna el CELS como institución y en su tarea.

Sus informes anuales aplican la mirada sobre la situación de los derechos humanos pero también – y de esto se trata lo que buscamos acercar- aportan una serie de datos, estadísticas, análisis e información que ayudan a leer el presente.
El “Informe 2012” – que testifica la situación del año anterior, es decir del 2011- se centra en tres actividades que define como “prioritarias”: la consolidación de los juicios a 10 años de las leyes de impunidad; la actuación y el sentido del Ministerio de Seguridad creado ese año; y la situación carcelaria en Argentina, definida como modelo de la “prisión-depósito”. El Informe también recala en las tensiones sociales que atravesaron el 2011 encarnados en conflictos vinculados al territorio, la vivienda y el trabajo, en la agenda de la política migratoria, de la salud mental, el aborto y la libertad de expresión.

El descabezamiento de la cúpula dirigencial de la policía federal, la Ley Antiterrorista, la impunidad en el caso de Luciano Arruga, el reclamo de los ocupantes del Parque Indoamericano y los del Triángulo de Jujuy, la Ley Nacional de Salud Mental, la Ley de Medios, todo cabe en este Informe multitemático que fuerza su sentido común en el término “derechos humanos”, y enfoca grandes temas a partir de discusiones de todos los días.

A 10 años de la primera declaración de inconstitucionalidad de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, en el año 2001, el CELS comienza su informe 2012 haciendo un balance del proceso judicial de los delitos cometidos durante la dictadura militar y, si bien sostiene que “el juzgamiento está consolidado”, también destaca los juicios que todavía falta juzgar y resolver.

Respecto al balance, el CELS elabora un gráfico que recuenta un total de 271 condenados frente a 26 absueltos en el total de estos juicios. Estas sentencias por crímenes de lesa humanidad en todo el país fueron escalonadas del 2006 (2 sentencias) al 2011, siendo éste el año con mayor cantidad de fallos: 21 frente a 19 en 2010 y 11 en 2009, por ejemplo. El hecho, claro, corresponde a la naturaleza cronológica y lineal del tiempo (naturalmente los juicios se van desarrollando año a año), pero también a un compromiso que se fue ajustando año a año. Asimismo, especifica los delitos por los que fueron acusados según porcentajes: Torturas 29%, Privación ilegal de la libertad 30%, Delitos por apropiación de menores 8%, Homicidio 20%, Delitos contra la integridad sexual 0,5%, Asociación ilícita 2%y Otros delitos 2,5%. Más de la mitad (55%) fue condenado según el rol de “coautor” de esos delitos. Del total de sentenciados, el 46% fue condenado a prisión o reclusión perpetua.

Luego de estos números, el CELS advierte sobre los procesos que subsisten como problemas y que “ya pueden considerarse endémicos”, es decir que se repiten frecuentemente o que forman parte de la propia lógica judicial. El informe culpa a “determinadas prácticas fuertemente arraigadas en la administración de la justicia”. ¿De qué está hablando? De esto: tan sólo el 24% de las sentencias dictadas por los tribunales orales de todo el país fueron confirmadas; el restante 76% fueron nomás dictadas y esperan la confirmación de los tribunales superiores: la Corte Suprema y la Cámara de Casación Penal. De este modo ha habido demoras, por ejemplo, de 2 años y 5 meses entre la sentencia de primera instancia y su confirmación final de la causa “Etchecolatz, Miguel Osvaldo s/privación ilegal de la libertad, aplicación de tormentos, homicidio calificado”, y de hasta 2 años y 7 meses en la causa conocida como “Von Wernich, Christia Federico s/inf. Arts. 144 bis”, por citar dos ejemplos.

A su vez, todas estas causas (62) – es decir las que llegaron a sentencia-representan tan sólo el 11% del total de causas activas por delitos de lesa humanidad en Argentina. Hay todavía 12 juicios en curso (3% del total de las activas), 84 elevadas a juicio (22%) y 226 en etapa de instrucción, lo que figura un 59%. De las causas elevadas a juicio asegura el CELS que “muchas de ellas están listas para que empiece el juicio hace dos o tres años, pero diferentes trabas demoran su realización”. De este modo genera la comparación de los imputados-sentenciados con el resto de los imputados “aptos para llegar a juicio”: los hoy sentenciados representan el 17% del total que podría haber.

En este caso el informe anual del CELS incluye un apartado que se debate por las “estrategias de juzgamiento” y atiende lo que define como “la cuestión de los testigos”. Para el CELS la preocupación se instaló concretamente tras la desaparición de Jorge Julio López, es decir, detrás de los hechos y no como política preventiva que un organismo debiera prever. En cualquier caso, confiesa que desde el 2011 la protección de testigos “dejó de ocupar un lugar central”. Pero su propuesta remite a una instancia que de nuevo desatiende la cuestión preventiva y relaciona a la demora judicial con la protección de los testigos: “no hay mayor protección que el avance a mejo ritmo de los juicios pendientes”. “La cuestión de los testigos” trata en este informe la idea de que el problema es el propio trato hacia los testigos en la forma en que se tomaba testimonio: que en la producción de la prueba de una causa no se realicen prácticas que revictimicen y que, en cambio, el proceso de justicia sea una “instancia reparatoria”. Habrá que ver cómo reformulan este apartado en el Informe 2012 tras la desaparición de Alfonso Severo, y qué lugar le dan a las patotas sindicales en la agenda de los derechos humanos.

La política de seguridad

Uno de los temas más interesantes que toca el Informe – por lo poco visibilizado y analizado hasta entonces- tiene que ver con la creación del Ministerio de Seguridad. La presentación que hace el CELS remite a un proceso interesante: el progresivo abandono de un modelo “delegativo”, que deja al gobierno de la seguridad en manos de las instituciones policiales. Para el informe esto conlleva una doble renuncia: “a desarrollar políticas de seguridad y a gobernar las instituciones policiales”. Ése el diagnóstico que hace del gobierno de la seguridad ejercidos por el Gobierno nacional, de la provincia de Buenos Aires y el de la Ciudad Autónoma hasta el 2011.

La idea es que ese año inaugura una etapa “reformista”. La creación del Ministerio, según el CELS, es una clara muestra de eso: “mostró la decisión de ejercer el gobierno civil de la seguridad y de las fuerzas policiales federales”. Esto el CELS lo dice al principio, es decir, como presentación y encare del tema, sin mostrar los argumentos concretos de tamaña afirmación. La pregunta entonces, hasta ahora, es qué carajo hizo el Ministerio de Seguridad.

· Afectación de núcleos de poder de la PFA
· El traspaso de la administración de pasaportes a la órbita del Ministerio del Interior
· Intervención política sobre la producción de información estadística de las fuerzas
· Desplazamiento de la PFA de los barrios del sur de Buenos Aires
· Centralización política de la distribución de policías en las calles
· Intervención sobre instancias críticas de la carrera policial y el control de la actuación
· Creación de una nueva Dirección Nacional de Política Criminal
· Despliegue de recursos tecnológicos orientados a la vigilancia y el control

Enumeradas de este modo, las acciones pierden la fuerza de sentido que confiere a cada una. Es decir: son acciones y directivas orientadas a modelar el perfil de las instituciones y de los funcionarios policiales. Reconoce entonces el primer problema de cualquier política de seguridad: la propia policía.

Cada medida representa entonces una trama compleja del gobierno de la seguridad porque intenta operar antes que nada sobre el control interno. El llamado “Operativo Cinturón Sur”, más allá del cuestionado o no remplazo de policías por gendarmes, se explica en una investigación previa del Ministerio, que permite llegar a la siguiente declaración de la ministra Nilda Garré al explicar la iniciativa: “existen muy fuertes sospechas sobre la implicación institucional de instancias dependientes del gobierno federal” en lógicas delictivas. Habló hasta de “extorsiones a comerciantes que no tienen sus papeles en regla, a los vendedores ambulantes para no molestarlos y a las cocinas de droga para hacer la vista gorda” (La Nación, 9 de abril de 2011).

Respecto a la instrucción concreta de la policía federal, el Instituto Universitario de la PFA renovó sus autoridades, ahora a cargo de civiles. Según el CELS, las instancias educativas no se limitan sólo a la formación primaria sino también a un “rentrenamiento del personal que ya está en funciones para que incorpore las nociones del nuevo paradigma de seguridad ciudadana y democrática”, por ejemplo interviniendo los “cursos de ascenso”.

Pero quizá lo que mejor ilustre la tarea que encara el Ministerio no sean sus políticas formativas ni del gobierno civil de las instituciones públicas (ya intentada en otros gobiernos) sino, simplemente, que entre sus acciones se incluyó la derogación de una regulación policial por la que se sancionaba a los policías que hacían denuncias internas (Resolución 1019/2011). Esa sencilla derogación habla la corrupción ya normalizada en el gobierno de la seguridad, que de a poco promete cambiar.

Ley antiterrorista

La promulgación de la llamada “Ley Antiterrorista” fue para el CELS la instancia que puso “en mayor tensión los postulados del programa gubernamental”, lo que es mucho decir. En lo primero que recala – y que no deberíamos olvidar- es en el mínimo debate parlamentario que tuvo, nada menos, una reforma del Código Penal. Segundo –y esto en su momento lo salió a criticar a viva voz el director ejecutivo del CELS, Gastón Chillier-, recuerda que “la razón que justificó la reforma fue la necesidad de cumplir con las exigencias del G-20” y del GAFI. Por último, para terminar este análisis en forma de denuncia, el CELS habla de “muy mala técnica legislativa” para pensar la arbitrariedad que evidencia la formulación laxa de la reforma: “duplica las penas para todos los delitos si se los comete con la finalidad de aterrorizar a la población o de obligar a las autoridades públicas…”. “Esta clase de formulación es violatoria del principio constitucional de legalidad que exige que los tipos penales sean precisos”, denuncia y aclara que “pueden ser utilizadas para abarcar reclamos sociales”. Además de la explicación del G-20 y el GAFI, el CELS enmarca esta medida como parte de una tendencia de ciertos países de la región “como El Salvador, Perú o Chile” donde “se avanzó con legislaciones antiterroristas duras que justificaron la persecución de activistas y disidentes internos”.

La desaparición forzada de Luciano Arruga

El caso impune de Luciano Arruga desde el 2009 forma parte de los informes del CELS; la versión 2012 presenta un tratamiento tibio y breve del tema. Es cierto que en cuanto a los avances en la investigación y la causa judicial las novedades son escasas sino nulas; pero acaso es en esa ausencia es que el CELS debe redoblar su compromiso con el caso, no únicamente como seguimiento de un hecho aislado – como lo hace en esta versión del informe- sino como una desaparición que se volvió emblemática y cuyas repercusiones pueden alumbrar – a nivel mediático, social y judicial- otros casos impunes de desapariciones forzadas en democracia. El CELS recala en lo obvio: “El rol deficiente de la justicia” y “la incapacidad del poder Ejecutivo”. Luego sobreviene la descripción del caso y lo – poco- que ocurrió durante el 2011: un rastrillaje que no se completó. El CELS funciona para el caso Arruga como uno de los respaldos jurídicos y legales que presionan a los órganos responsables (lo afirman ellos mismos en este informe: “Tras la insistencia del CELS y de los abogados…”), por lo que dada su participación directa podrían, por ejemplo, dar a conocer las situaciones concretas de las trabas con que se encontraron la búsqueda de justicia, y no una mera declaración de principios que hacen parecer a la inclusión del caso Arruga en el informe una parada forzada.

Palabras de libertad tras las rejas

“Lunas Cautivas” es el documental de Marcia Paradiso que se llevó el premio a Mejor Documental Nacional en el Festival de Cine de Derechos Humanos. La cámara nos inserta en el taller de poesía que se dicta en la unidad 31 de Ezeiza y nos trastoca la mirada sobre las tres mujeres presas que hilvanan el relato con sus cuerpos. NosDigital asistió a la proyección y habló con su directora y algunas de las protagonistas.

 

“Del otro lado de la reja está la realidad, de este lado de la reja también está la realidad; la única irreal es la reja”. Esto lo decía Paco Urondo desde la cárcel de Devoto. Pero lo podría haber escrito cualquiera de las protagonistas de la película. Lidia, Majo y Lili: las mujeres cautivas (detenidas, no, nunca) en la unidad 31 de Ezeiza que se acercan al taller de poesía dictado en el penal en busca de la libertad. En uno de los encuentros, una dispara “el sol es engañoso, no se deja ver de frente”; por si quedaban dudas, ellas son las lunas: se enfrentan a la cámara y las vemos auténticas, queribles, con sus imperfecciones y su ladoscuro, las reconocemos reales, de carne y hueso…como vos, como yo. Por el rato que dura cada lunes el taller que organiza la Asociación Civil Yo no Fui (y por los 64 minutos de documental que vemos nosotros), no se habla de causas, de condenas, de leyes ni de abogados. En ese espacio, ellas se encuentran y se rescatan con palabras. Estas mujeres están presas, pero son poetas. Esta no es otra historia sobre el encierro, no es otro retrato sórdido sobre las cárceles (que vaya si lo son). Esta es la Historia de las poetas presas.

Marcia Paradiso, directora de “Lunas Cautivas”, nos aclara: “La película busca cambiar la representación que tenemos, desde afuera, de esas que están adentro”. No es una mera propuesta reflexiva. Sabemos que la imagen que construimos sobre ellas no es inocente y, en cierta medida, las define. Casi seguro que lo último que nos viene a la mente cuando nos dicen “cárcel” es un grupo de mujeres (ronda de mate de por medio) hablando sobre un poema de Luis Cernuda. Y mucho menos, si al estrecho cuadro la sumamos a Abril, hija de Lidia, que nació en prisión y juega con los libros mientras las grandes se descubren escritoras a cada minuto. Sí, el cuadro es muy estrecho; tanto que contagia la asfixia, el encierro. Justo al borde del ahogo, se rompe el silencio y la palabra nos libera, nos da aire: Nunca digo yo no fui, digo he sido y habré de ser, esta vez es Lidia quien nos salva con su escrito. Durante la proyección, ella está solo unas filas adelante mío porque mientras filmaban el documental alcanzó su libertad. En las escenas previas a su salida, la vemos transitar esta experiencia compleja, angustiante, impensable para nosotros: “No es fácil salir, a mí me genera mucha ansiedad, afuera todo es muy abrumador. Y también es difícil romper lazos simbólicos de amistades verdaderas que solo nacen en este lugar”. Te desarma su fortaleza. Hoy, Lidia es profesora de su propio taller de poesía en otros penales y, claro, sigue escribiendo. Estas mujeres te desencajan en cada verso.

Tienen esa hermosura que emociona, que te hace abrir grandes los ojos y te pone la piel de gallina. Cuando están juntas, se ríen mucho. “Risas de sueños”, les llaman ellas. Majo, la Gallega, se ríe grande. En realidad, todo lo siente en grande. Algunos ejercicios de escritura la angustian y vemos cómo la taza de té que sostiene tiembla entre sus manos de madre, o cómo se retuerce la lapicera negra que aprieta con los dientes mientras empuja las lágrimas hacia adentro. Majo tiene ojos celestes claro que no saben esconder el llanto. Escribe sobre una foto familiar y entreteje un puente que atraviesa el Océano. Otra vez la palabra la salva a ella, nos salva a nosotros de cualquier mirada obtusa o renegada. Qué manera intensa de estar en el mundo, desafiante de toda lógica de rejas y cerraduras. Me dan ganas de pensarla con sus cinco hijos, ahora que sé que sus poesías se transformaron en un vuelo directo Buenos Aires – Madrid.

María, la profesora del taller, insiste: “Otros ya contaron todo lo malo que pasa en las cárceles. Las cárceles no tienen que existir, es obvio decirlo. Pero también es obvio que existen. Acá se muestra otro costado, sobre todo, se muestra a las personas”. Liliana Cabrera es una de esas personas que desborda cualquier imagen prefabricada y cualquier slogan progre. En las primeras tomas, sus silencios nos confunden y disimulan el torbellino detrás de sus ojos vivaces. Es muy joven  y la vemos crecer y encontrarse con el correr de los minutos. Cuando la punta del lápiz siente la textura del papel, hay un destello que brota de la mirada de Lili. “La reja se cierra, deja surcos invisibles en el mosaico; marcas que permanecen como heridas abiertas, en las muñecas, cortes verticales en las venas, de esos que no se pueden suturar. Ustedes allí, nosotras acá. En el medio, un torrente de vida que se escapa. Es imposible unir lo que separa”. Son algunas de las palabras que nacen de su mano franca de uñas pintadas. No se adelanten; este párrafo no termina con Lili de este lado de las rejas.  Ella sigue presa. Lo repito: detenida es el adjetivo que menos la describe. En el 2011, publicó su primer libro, “Obligado tic tac”, editado por Cartonerita Solar de Neuquén. La vemos agarrar el micrófono con fuerza mientras lee sus poemas en la presentación del libro, como cuidando que no se escape de su piel ni una pizca de recuerdos del antes del cerrojo. Lili, una vez más, descubrió uno de esos surcos invisibles: a partir del libro, surgió la posibilidad de crear un espacio propio dentro de la máquina reproductora de no-sujetos. Así, del cruce de palabras entre Lili y su compañera Silvina Prieto, nació la primera editorial cartonera en una cárcel de mujeres: “Me muero muerta”.

Los jurados la premiaron “por la coherencia entre la propuesta y el diseño sonoro y visual”. También rescatan (y creo que ahí está su valor artístico) que “propone una reflexión sobre el arte como catalizador para la transformación personal y colectiva, y como acto de liberación que permite desarrollar nuevas facetas de la identidad”. También se llevó la mención SIGNIS y el Premio del Público en la categoría de documentales. Por detrás de las historias que se narran descubrimos a la poesía, que exponencia toda potencia de libertad, todo espíritu de búsqueda, y entreteje una red que nos salva de cualquier extrañamiento, de cualquier soledad. “Lunas Cautivas” nos muestra ese cotidiano empapado de arte, esa salvación que pende de una letra posada en un reglón.