Si he de morir cruzando, que no sea en vano

Por Los de Arriba las manos.

La agenda marca los temas, ¿pero quién marca la agenda? Tendemos a medir todo. Ponerle un número basta para pensar que eso nos permite dimensionar algo hasta agotarlo. Lo que sea que nos permita pensar que comprendemos algo sobre algo, sentirnos tocados por ello, nos desafía cada día desde que en alguna parte del mundo pasa algo. Y necesariamente dar cuenta de la noticia, de lo que nos llegó por intermediarios, de que sabemos, de que oímos, de que opinamos, de que somos, a veces nos pone a destajo.

La deuda externa, las reservas de un Central, la transgénesis, los commodities, las pateras, bolsas de valores y los climas: todo va de la mano. Si como dicen somos piezas mecánicas de un engranaje cuyo resorte en general ignoramos, todas las semanas eso se engrana en el Mediterráneo. El numero de la que pasó fue 900, el número oficial. Vaya a saberse cual fue el real, cuál fue el de la anterior o el de la que está por llegar. Cada tanto, esta noticia reaparece, cobra tapa y contratapa, cita voces de expertos en toda trama, y vaya catarsis social -aunque la repitencia sea indicador de que nada cambió y difícilmente vaya a cambiar.

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Listados innumerables de responsables y cómplices quedan a la vista, pero pocas veces se profundiza sobre los verdaderos causantes. ¿Cómo pensar qué es lo que motiva y maltrata procesos migratorios que terminan tan mal? Difícil intentar reunir aquí los infinitos procesos sociales, políticos, humanos, que terminan impactando sobre la decisión personal de migrar bajo estas condiciones, poniendo en juego la vida y todos los elementos que lo impulsan. Escribir sabiendo como terminó esta historia ya nos hace responsables, al menos, de pensarlo.

Una cosa va atada a la otra y hay dinámicas que los que mencionan al sistema financiero, a la falta de regulaciones, a las fronteras selectivas, a los demonios de esta era –los internos, a los de la propia felicidad surgida del poder de compra frente a la desinversión en educación y salud en general y mucho de lo que hace a la falta de oportunidad, hace tiempo ya empezaron a cuestionar. Fueron ellos quienes nos pasaron el siguiente consejo: que no volvamos a leer sobre las desgracias ajenas sin derecho a exigir algo.

Exigir información con algún trasfondo para no convencernos que con un aumento de presupuesto en los organismos que ya provocan todo va a haber genoma de cambio. Porque si se habla de migrantes africanos y de costas europeas, casi seguro conversamos de naufragios. Ya que cuando encima llegan enteros, a unos los contratan rápido para el trabajo sucio, y a los que sobran, a los chanchos.

Porque son dinámicas de migración fomentadas por países envejecidos que ya ni procrean y por tanto claman infancia ajena, que combinadas con realidades expulsantes sólo se explican si le prestamos atención a determinantes que alarman. Uno de ellos es el control de los recursos naturales, no tanto por parte de los Estados extranjeros sino por empresas multinacionales que con base en aquellos no dejan ni una miga en los países expoliados. Entonces no hablemos de tragedia sin nombrar la letra chica del rol de la Organización Mundial de Comercio, de las lógicas de patentamiento y de los tribunales internacionales donde luego se juzgan los reclamos. Es allí donde aprieta el nudo para entender estas lógicas causales.

Expectativas de futuro también falsas se postulan desde medios que omnipresentes, nos vienen colonizando con valores extranjerizantes. Cable a tierra/tierra a tele y publicidades hasta en el plato, instalan modelos y seducen permanentemente a cruzar el Mediterráneo. Eso porque no están reguladas, ni los medios ni las proclamas, que apelando a una falsa libertad de expresión y de mercado, cuando se intenta equilibrar la balanza, como se dice, golpe blando.

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Y la falta de trabajo, las guerras tan mentadas, los conflictos civiles que desde lejos dos o tres fotos ya consagran, en realidad, excepto la primera, suelen ser exageradas. Que existen, existen, pero no para agasajarlas tanto. Es que si a un medio continente se le define la política económica desde un banco central en je sui Francia, y se le devalúa la moneda cada vez que algún despierto por la deuda externa reclama, si se la ata a un tipo de cambio redituable solo para los acreedores de la banca y no prestamos atención a los índices de los países atados al franco CFA y su eterna colocación entre los Países que Menos Avanzan (ONU) en realidad… ¿qué esperábamos que pasara?

Que si de los acuerdos y las bases militares, del posicionamiento estratégico armado norteamericano, de los 12 millones anuales para el ACRI, el AACOT y otras transas nunca escuchamos nada; de que financiados bajo el lema del terrorismo y la trata, metales, óleos y agua se negociaron, no es que justo se olvidaron de contarlo, es que son intereses locales y extranjeros los que se la están jugando. Y no es caerle sólo a la prensa, es que se arrogan el sentido de informarnos, cuando si analizamos sus componentes accionarios vemos que son los mensajeros de todo ese conglomerado.

La prensa hegemónica matiza y las instituciones fronterizas ejecutan lo que otros cargan en contenedores. Es que, si como dicen, hay que poner un límite, que eso quede lejos de todo lo que genere conciencia de masas. Pero como el mar no calla ni traga, si los que televisaron a los muertos nada de esto nos mencionaron, entonces será tarea nuestra ver qué verdaderamente pasa y por qué de las orillas no pasaron. Porque si tras esas 900 no se habla de los Acuerdos de Tampere, de la Cumbre de Sevilla, del espacio Schengen, de FRONTEX y de sus trampas, entonces nos perdimos entender cuál es la verdadera trama.

Pretendíamos saber de todo, y eso nos llevo a saber de nada. Pero quedó algo que aún recordamos, y vaya carga. Que si los cuerpos sobre el agua normalmente flotan, que 900 se hundan es que de algo van cargadas. Que si los muertos traficaban, simplemente era sus almas. Almas que se hundieron por el peso del antinomio, del flúor y el germanio que cargaban, por el uranio francés que hay en Níger, por el manganeso, el oro y el cobalto del Sahara.

Que si el fósforo del Occidente tras el muro o el vanadio alemán de Burkina Faso hablaran, lo mismo el gas hoy de Bolivia o el petróleo yankee de la Guayra, nos contarían que a las aleaciones industriales y a la aeronáutica le viene faltando lo que los gringos tanto arañan. Y que si se les caen los negociados, se les viene abajo la industria pesada. Porque se les acaban los recursos sobre los que consolidaron una industria sumamente calva, y que para esto se armaron durante tantos años: para cuando les escaseara.

No queda otra que sacudir el polvo de las tapas para buscar quiénes son los dueños de las minas de donde todo aquello se extrae; no es más que indagar cómo consiguieron esos papeles o cómo se negociaron leyes hasta parirlas constitucionales, para entender que a los trabajadores no los amparen derechos o que desde lo impositivo no se recupere nada de lo que sale.

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¿Qué vamos a decir que usted no sepa, excepto un dato ineludible? Sobre cómo se vulnera el derecho al refugio, sobre como se deslocalizan los controles, de eso mucho no se esgrime. De cómo en medio del desierto pagás o no sos nada. De cómo en algunos países, hasta intentar emigrar es considerado falta. Y no olvidemos que en Ezeiza, sin sellito o pasaje de vuelta no subís ni aunque lo valgas.

¿Y el artículo 13 de la declaración universal? ¿Y el derecho a salir de cualquier país, incluso del propio?

“Yo solo cumplo mi trabajo” – dijeron los de la seguridad privada.

Y todo para decir nomás que si nos la vuelven a contar sin citar los PEAS de ajuste estructural o que al 73% de las fronteras las dibujaron los mismos europeos repartiéndose la riqueza por la que ahora no los dejan entrar, lo que están buscando, en el perpetuo ninguneo de los propios protagonistas -a los que no se los escucha, sino que se los indaga-, quizás sea distraernos de lo que pasa en realidad.

Es que si esperamos que nos la cuenten sin matices, es el autoengaño el que nos habla. Y si solo culpamos al otro por no enterarnos de nada, a los medios o a los canales de la pavada, también somos funcionales a todo lo que nos empaña. Por eso no vamos a decir que todo esto en realidad no sirve de nada, porque lo que está pasando lejos, nos deja ver qué tal por casa. Porque acá también flotaron cuerpos, y de acuerdo a algunos, no pasaba nada.

Cerramos con lo que nos dijo un amigo no hace tanto, antes de emprender su viaje por el Sahara. Que si nunca mas de él se supiera, que no sea en vano, que se hablara. Por suerte en el sur del sur del mundo todos nos pusimos de acuerdo en algo, y es en lo que la Ley de Migraciones dice: que migrar, como debe ser, es derecho humano. Y que si al dar vuelta la página, las injusticias no se arreglaron, que del otro lado no se silencie lo que le pasó en el taller clandestino de Flores a los hermanitos bolivianos.

Saliendo del freezer

Por Los economistas con los cordones desatados

Dejar que los bancos quiebren, acusar judicialmente al ex Primer Ministro, funcionarios y empresarios por su responsabilidad en la debacle, interrumpir temporalmente los pagos de la deuda externa y apostar a la producción y el trabajo en lugar de la timba financiera, esa la fórmula de Islandia para salir de la crisis… ¡y funciona!

Poca información se recibe en general de Islandia. Poca además de los documentales en la televisión que muestran las espectaculares explosiones de volcanes y géiseres que cubren gran parte de la isla. Llamada “La Roca” por los residentes, esta isla es un accidente geológico que se encuentra entre las placas tectónicas del Atlántico y de Eurasia que existe hace 18 millones de años y es habitada hace 1100 años. La población que habita esta pila de lava alcanza actualmente un total de 325.000 personas y tradicionalmente se han dedicado a la agricultura y la pesca. Momento… ¿y la columna de economía? ¿Por qué Islandia?

Este pequeño país con un número de habitantes similar al de la provincia de La Pampa ocupó un lugar importante en las noticias alrededor del mundo durante Octubre de 2008, cuando luego de la crisis desatada en Estados Unidos por la caída de Lehmman Brothers, la economía de Islandia sufriera un colapso financiero de proporciones inéditas. Tan particular es el paisaje en la isla, como fue su salida a la crisis. Es por eso que consideramos interesante describir el camino que hizo que la economía islandesa salga del freezer mientras que Europa sigue aún atrapada en la recesión. Una salida fuera de los manuales de economía, que mostró ser efectiva y que poca repercusión ha tenido en los medios internacionales.

Y mientras estas páginas son escritas, Islandia da la nota de nuevo: ¿entrar en la Unión Europea? Ni locos. Islandia, que había solicitado entrar en la UE en 2009 en plena crisis, decidió en estos días retirar la solicitud. Se debe a que desde la UE le pedían reformas en los sectores pesquero y agrícola que han sido los motores de su recuperación.

 

El camino hacia la crisis: del “milagro vikingo” a la explosión del sistema financiero.

En la década de 1990, el discurso de la globalización y las bondades de “liberar la economía” llegaron también a este pequeño pedazo de tierra en medio del Atlántico Norte. Fue el entonces Primer Ministro Oddson que comenzó con las reformas de manual neoliberal: baja de los impuestos a las empresas y privatización de empresas de propiedad estatal y de recursos naturales. La disminución de impuestos a las ganancias corporativas bajó de una tasa de 50% a una de 30%, y luego al 18%. La liberalización de la economía no estaba completa sin la privatización del sector bancario, proceso que comenzó a fines de la década de 1990 hasta 2003. Así, esta pequeña isla fue un intenso experimento de liberalización económica.

La primera privatización del sistema financiero, fue la de un pequeño banco, adquirido por un flamante grupo empresario llamado Orcas, que lo convirtió pronto en uno de los 3 bancos más grandes de Islandia: el Banco Glitnir.

Luego, el turno de los dos grandes bancos estatales: Landsbanki y Buradarbanki (que mutó en el Kaupthing Bank). El proceso de privatizaciones del sector financiero terminó en 2003, y este sector en manos de propietarios privados crecería a partir de entonces de una manera inusitada liderando el crecimiento de la economía islandesa, dando pruebas del éxito de la política de liberalización financiera.

Todo parecía ir bien para Islandia, el PBI creció entre 2004 y 2007 a una tasa promedio en torno al 6,5%, el desempleo era menor al 2% y en 2005 era el tercer país con mayor PBI per cápita en el mundo. Sin embargo, en Octubre de 2008 el sistema financiero islandés explotó como uno de los famosos volcanes de la isla.

El “Milagro Vikingo” se caía a pedazos. La crisis financiera en Estados Unidos, generó desconfianza en el sistema financiero islandés, y los tres grandes bancos, el Glitnir, el Landsbanki y el Kaupthing, entraron en crisis. Con ellos cayó la bolsa de comercio de Islandia, atada en gran medida a las operaciones realizadas por estos tres bancos. Comenzó el contagio al resto de la economía generando en cuestión de semanas una inflación de 18% por la amenaza de desabastecimiento, ante la imposibilidad de importar, y un desempleo que se disparó al 11%.

 

¿Qué había atrás de este “milagro” liderado por los grandes bancos privados?

 Mucho humo, hablando en lenguaje futbolero. La opulencia generada principalmente por el sector financiero era una ilusión que se sostenía a través del endeudamiento constante de los bancos privados que obtenían dinero del exterior principalmente de Reino Unido y Holanda. Prometiendo importantes beneficios a través de altas tasas de interés y a una moneda nacional la Korona Islandesa cada vez más sobrevaluada, Islandia atrajo a través de la banca electrónica a ahorristas holandeses y británicos. Los bancos otorgaban en el país hipotecas baratas que desataron un boom inmobiliario y daban créditos ilimitados a las familias más acomodadas de la isla.

 

La receta conservadora: que paguen los trabajadores.

El Gobierno de coalición formado por conservadores y socialdemócratas, nacionalizó los tres bancos y restringió el retiro de fondos. Los días previos a la intervención del Estado los banqueros habían vaciado lo poco que quedaba en las cajas. La deuda de los bancos pasaba a ser deuda pública.

Los acreedores holandeses y británicos comenzaron a reclamar ser indemnizados, y le reclamaban al Estado islandés, a pesar de que no se trataba de depósitos ordinarios respaldados. El gobierno británico, liderado por el laborista Gordon Brown, llegó incluso a hacer uso de la legislación antiterrorista para congelar activos islandeses depositados en instituciones británicas y garantizarse el cobro de las indemnizaciones millonarias. Un año después, el Parlamento isleño aprobó un plan para pagar la deuda a Gran Bretaña y Holanda, sus principales acreedores bancarios. Cada familia islandesa debía pagar 3.500 Koronas mensuales durante 15 años (20 Euros por mes aproximadamente).

 

El pueblo islandés elige su propio camino

En enero de 2009, las movilizaciones ciudadanas provocaron la dimisión del Primer Ministro islandés, el conservador Geir Haarde y la convocatoria de elecciones anticipadas. En las elecciones se impuso una coalición de centro-izquierda. Sin embargo, el nuevo gobierno islandés, cedió a las presiones de los especuladores, planteó indemnizarles con cargo al presupuesto del país, endeudándose en 3.500 millones de euros. Se estableció que cada ciudadano islandés tendría que contribuir con unos 11.000€ para pagarle a los acreedores externos. Además, se iba a solicitar un préstamo adicional de 2.100 millones de dólares al FMI, y los argentinos luego de la debacle económica que llevó a la crisis de 2001, aprendimos que el FMI no te presta si no es a cambio de la aplicación de un programa de ajuste neoliberal.

Al aprobarse dicha ley de indemnización se desató una nueva ola de protestas y en enero de 2010 el presidente del país, el ex comunista Ólafur Ragnar Grímsson, se negó a ratificarla convocando un referéndum para que la ciudadanía se pronunciase al respecto. El referéndum que se celebró el 6 de marzo de 2010, dio como resultado que el 93% de los votantes dijo “NO” al plan gubernamental. Por lo tanto, los ciudadanos islandeses no iban a pagar la deuda bancaria a los especuladores británicos y holandeses por la mala gestión de los banqueros.

Esto se pone mejor. Además se inició un proceso judicial contra los gestores de los bancos citados en los que incluía a 160 imputados, entre ellos al ex Primer Ministro por considerarlo partícipe necesario. Asimismo, se procedió a convocar una asamblea constituyente para reformar la Constitución del país. La Corte Suprema también hizo su aporte declarando ilegales todos los créditos indexados en divisas. De esta manera, todas las deudas de los ciudadanos islandeses se pagarían en Koronas, la moneda oficial, nada de Euros ni Libras.

Bajo el gobierno del presidente Grimsson, la política económica de Islandia cambió rotundamente: se bajó el gasto público sin bajar el presupuesto de salud y educación, sino dejando de aportar dinero para salvar al sistema bancario, se consiguió un período de gracia para empezar a pagar una vez recuperada la economía, no se aplicó el ajuste ortodoxo, la actividad volvió a centrarse en los sectores productivos, es decir pesca, agricultura y servicios (turismo mayormente), en lugar de la timba financiera.

 

¿Y cómo le va a Islandia?

La economía islandesa está creciendo desde 2010 en niveles cercanos al 3% anual, con una recuperación importante de los sectores tradicionales agricultura y pesca y un auge del turismo. También es relevante el crecimiento en la producción de energías limpias. Más importante resulta la recuperación del empleo, que pasó de una tasa de desempleo en torno al 11% a descender actualmente a niveles por debajo del 2%. Para tener una dimensión de este número, Europa actualmente tiene en promedio 11% de desempleados, los más afectados por la crisis son Grecia y España con un 26% y 23% de desempleo respectivamente. Una tasa de desempleo inferior 2% es considerada de pleno empleo.

La recuperación económica le permitió a Islandia pagar anticipadamente 339 millones al FMI, y aunque le queda parte del préstamo por devolver, nunca tuvo que aplicar el temido ajuste y ya comienza a sacárselo de encima.

Así como en el pasado fue un experimento neoliberal que terminó explotando, hoy Islandia muestra otro camino para salir de la crisis. Una pequeña isla que se ha rebelado ante las recetas económicas ortodoxas, ante el FMI y ahora ante la Unión Europea. El caso islandés debe ser tomado en cuenta por los países que siguen hundidos en la crisis, como Portugal, España y Grecia, y también todos los países que en algún momento de la historia se encuentren en la encrucijada de elegir entre salvar a los bancos o salvar a los trabajadores.

Imagen cortesía: Andreas Tille – Own work – see http://fam-tille.de/sparetime.html Image with Information in English Bild mit Informationen auf Deutsch

¿En qué pensás cuando digo “trabajo”?

La mayor parte de nuestras vidas la pasamos trabajando. ¿Qué dice nuestro trabajo de nosotros? ¿Entre el empleo, el trabajo y la vocación debe haber linealidad o contradicciones? El Grupo de Antropología del Trabajo de la UBA analiza la realidad de los trabajadores en el capitalismo marca siglo XXI.

En un edificio de cinco pisos trabaja Hernán Palermo. Él es, entre otras cosas, antropólogo. No labura en el cuarto ni en el quinto: pasa sus días en el medio, en un entrepiso que se hace pasillo y que entre ventanas y sillones va abriendo puertas, escritorios, computadoras y un sinfín de papeles. Al rato llega Cynthia Rivero, ¿y ella quién es? ¡Otra antropóloga! Se conocen de la facultad y con otros colegas forman el Grupo Antropología del Trabajo de la Universad de Buenos Aires. “La idea es pensar y problematizar, como colectivo, desde la antropología, las cuestiones vinculadas al trabajo y a los trabajadores”, cuentan.

Hernán trabaja en el Conicet, en el Centro de Estudios e Investigaciones Laborales. Cynthia, en cambio, en Canal Encuentro, en el área de los contenidos. Los dos son antropólogos, pero, en sus empleos, hacen cosas muy distintas. Entonces, ¿qué son?, ¿quiénes son? Cynthia sale al auxilio de la crisis de existencia: “Hay que pensar la ambivalencia entre el ser y el hacer. El problema es que las dimensiones de la vocación, la profesión y el trabajo, y el empleo, suelen reducirse a una sola dimensión”.

¿Y por qué se genera esa idea?

Cynthia Rivero (CR): Porque alguien nos cagó. Alguien nos hizo pensar que desde chiquitos elegimos una vocación, luego hacemos una carrera que nos hace profesionales y después, obviamente, tu trabajo debe estar de acuerdo a esa profesión. No hay complejidad en ese vínculo entre la carrera que hiciste y el trabajo que tenés. Y, además, ese trabajo tiene que ser un empleo remunerado, formal, que tenga un horario que te permita formar una familia y seguir con tu vida: jubilarte y morirte. Toda esa cosa bien lineal nos hace perder la complejidad. No necesariamente esas dimensiones deben subsumirse en una sola ¿Por qué tenés que ser lo que trabajás? No necesariamente tiene que ser así: puedo tener vocación de cantar y no ser cantante. Pueden abrirse esas dimensiones de la vida y uno también puede enriquecerse.

Hernán Palermo (HP): El problema concreto es la linealidad del concepto de identidad. Suele ser tan monótono y encorsetado que reduce la autoadscripción de una persona. Una persona no es solamente un trabajador: es un montón de cosas. El concepto de identidad descomplejiza la dinámica de la subjetividad del ser humano. Si sos trabajador, ¿cuál es tu identidad? ¿Sos obrero? No, sos un montón de cosas.

¿Por qué suele existir una identificación tan fuerte entre lo que somos y de lo que trabajamos?

HP: En primer lugar hay una cuestión material. El trabajo es lo que más tiempo ocupa en nuestras vidas. Es indefectible que uno genere, construya y configure ciertos valores en torno a esas prácticas que desarrolla. Uno suele decir que la identidad la genera el trabajo, pero, en realidad, una persona es un mosaico de piezas. Una importante es el trabajo, por esto que decimos. Otras pueden ser sus vínculos familiares: si es padre, madre, hijo, hija, abuelo. Si tiene un hobby o no lo tiene. Es un mosaico que configura la totalidad de los valores.

CR: Que el espacio de trabajo, o la empresa, logre que vos identifiques tu subjetividad con ese espacio tiene la cuestión positiva ligada a la vieja idea de que el trabajo dignifica. Pero, como el trabajo dignifica, también aliena.

HP: Un trabajador se identifica con una empresa y no con sus compañeros. Genera lazos con la empresa. Se crea el imaginario de que la empresa en parte es de él, que él toma decisiones en la empresa. Todas las técnicas de managment, de tormenta de ideas, que dice que todos pueden pensar en ideas para poder hacer mejor la empresa que es de todos nosotros. Y uno  sabe que las decisiones verdaderas de una empresa ni siquiera se toman en este continente. Se toman en Luxemburgo, Francia, España, Alemania. Hay un montón de políticas que hacen que los trabajadores generen identificación con la empresa y piensen que son parte. Esta política de “democratización” del espacio laboral donde parece que somos todos iguales, el trabajador, el empresario. No hay diferencias de clases, parece.

¿Qué diferencia conceptual hay entre empleo y trabajo?

antropologos ubaHP: Empleo se define como la relación de dependencia que se tiene en un trabajo, con un salario. Y el trabajo, en términos ontológicos, es la capacidad única e infinita que tiene el ser humano de transformar el mundo social y la naturaleza. El empleo es una categoría histórica, es tal cual hoy se concibe el trabajo: el empleo asalariado.

CR: Cuando hablamos de trabajo nos remontamos a una línea histórica que va hasta donde te quieras ir. Cuando hablás de empleo tenés que hablar de S XX.

HP: La concepción del empleo hegemoniza la concepción del trabajo. Se piensa al trabajo en términos de empleo. Se reduce. Cuando es al revés, el empleo es una faceta histórica dentro de lo que es el trabajo. Y al ser hegemónico invisibiliza un montón de otras formas.

¿Hay un desfasaje entre las distintas formas de trabajo existente y los imaginarios del trabajo? ¿Las prácticas del trabajo cada vez son más variadas, pero nosotros seguimos pensando al trabajo de una manera tradicional?

HP: La cuestión es qué se entiende por trabajo. Una vez en una clase todos iban diciendo de qué trabajaban. Y una chica, levanta la mano y dice: “No, yo no trabajo. Trabaja mi marido. Yo solamente cuido a los tres chicos y limpio la casa”. ¡Flor de trabajo estar en tu casa y cuidar tres pibes! Pero nosotros seguimos entendiendo el trabajo como aquello remunerado, lo asalariado, lo que da dinero. El trabajo de la mujer dentro del hogar no es reconocido, es invisibilizado. Es como no trabajar.

CR: Ese desfasaje entre imaginario y condiciones concretas tiene que ver con que todos los derechos labores y sociales están asociados a ese trabajo formal. Hay algo material real y concreto. Querés sacar crédito hipotecario, mostrame que tenés antigüedad. Querés alquilar, mostrame recibo de sueldo. Si querés jubilarte, así sean 1500 pesos, tenés que hacer tantos aportes durante 30 años. Si vos querés ingresar a la sociedad formal, mínimamente, necesitás tener un trabajo en ciertas condiciones, más cerca de un empleado de 10 a 18 que de un tipo que está con un contrato de tres meses. Cuando te ponen como ejemplo clásico la gente que labura en Googlee ¡Son 5! Después hay todo un cúmulo de gente que no es así. Todos los planes que el Estado empieza a instrumentar, planes sociales, se dan por el retroceso en las condiciones formales de trabajo. Si vos tenés un trabajo formal, real, concreto, con derechos mínimos, no necesitás  cobrar ciertos planes sociales. Y lo digo apoyando a pleno la Asignación Universal por Hijo, por ejemplo. Pero se ha retrocedido tanto sobre los derechos que tenían los trabajadores asociados a este trabajo formal que aparecieron estas nuevas formas: contratos a plazo fijo, monotributista, locación de servicio. Toda la flexibilización laboral generó un desfasaje en el imaginario de lo que puedo hacer y a lo que puedo acceder con las condiciones concretas y reales del trabajo.

HP: El último período histórico, el capital ha encontrado nuevas formas de contratación y uso del trabajo. A veces se piensa que trabajando desde su casa, con contratos más flexibles, uno tiene menor grado de explotación, más decisión y libertad. No es así. Cuando se agota el proceso del fordismo y taylorismo por su carácter repetitivo, que embrutecía, monótono, el capital reconoce esas reivindicaciones y logra reconstruirlas y reestructura las lógicas de trabajo y las herramientas de disciplinamiento. Ahora no es monótono, ahora es polivalente. Osea una tarea que antes hacían diez trabajadores, ahora la hace uno. Embrutecer no te vas a embrutecer, pero vas a hacer la tarea de diez tipos. Querés trabajar en tu casa, está bien, pero vas a tener toda la tecnología disponible para que el control también sea posible en tu casa, para que tu casa sea zona de control. Vos pensás que estás en tu casa, en pijama, en pantuflas, que la pasás bárbaro, pero realmente es una situación laboral precaria. Estás controlado en tu propia casa.

La sociedad moderna propone estas nuevas formas. Pero, ¿cuáles surgen desde la necesidad y cuáles desde un sentido crítico?

antropologosHP: Se parten aguas ahí. Sobre todo en término de lo que son las cooperativas, las fábricas recuperadas. En un primer momento, a finales de los 90, en los 2000, hay una serie de escritos que dicen que estas formas de trabajo por fuera del trabajo formal son un germen contestatario, crítico, a las formas tradicionales de trabajo. Muchos han ido más lejos y han visto en las fábricas recuperadas el origen de la transformación del capitalismo, como el puntapié, la punta de lanza. Otras teorías, un poco más críticas, más que hablar de formas críticas al capitalismo dicen formas precarias en los límites que deja el sistema capitalista. En la devastación neobliberal a los sectores populares no les quedó otra que organizarse en cooperativas o tomar fábricas vaciadas, o formar movimientos sociales y generar trabajos en torno a esos espacios. Yo creo que más que formas críticas de la organización del trabajo son formas de subsistencia dentro de los límites que el capitalismo permite.

CR: Sí, después, dentro de eso, puede haber ejemplos concretos y propuestas que se hayan radicalizado en términos políticos de cómo producir, de cómo vender, de cómo dividir el trabajo.

HP: Estas formas del trabajo, la economía social, el truque, etc. ¿Le cambió la vida a tantas personas? Sí, claro, y a esas personas que se estaban cayendo del sistema les permitió sobrevivir. Ese es un análisis. Ahora, pensar que estas formas atentan contra el capitalismo, no, es otra cosa.

CR: La figura de la cooperativa por sí misma no implica horizontalidad, ni siquiera implica un colectivo. Hay que analizar caso por caso. A veces se habla del cooperativismo con cierto romanticismo.

¿Cómo juegan en las personas los sentimientos de sacrificio y de gusto respecto a su trabajo?

HP: Marx lo explica fácilmente: el capitalismo genera una transformación del trabajo. En vez de ser el proceso de realización del ser humano, en el capitalismo el ser humano se desrealiza. Por las relaciones de explotación, alienación, enajenación, se invierte, porque lo que produce no le pertenece. El trabajo es, entonces, un espacio de sacrificio donde voy y agacho la cabeza, y trato después de realizarme en espacios y en prácticas fuera de lo laboral. Me realizo por fuera del trabajo, cuando salgo y cumplo el empleo de ocho horas y me voy a mi casa a dedicarme al ocio, al hobby.

CR: Hay personas que dicen que no les interesa el trabajo en el que están, les interesa estar ahí cinco horas, ganar plata y después su vida está por otra parte. Bueno, es una disociación mental. No es real. Lo real es que gran parte de tu vida lo pasás trabajando, te guste o no. Después está el modelo más americano, de las películas. Aparece toda esa incompatibilidad entre ser exitoso profesionalmente en tu trabajo y tener una familia. Bueno… no es así. Se dedica más tiempo a un trabajo que te hace socialmente prestigioso que a la familia. Hoy la familia no es un lugar de prestigio. El prestigio sin dinero, no es prestigio. Es la idea de comprar el éxito del modelo americano.

Cynthia y Hernán toman agua fría. Sobre sus cabezas hay una serie de fotos hechas cuadros que le dan sentido a tres paredes del cuarto: una mujer levanta papas en campos bolivianos, dos hombres con las manos engrasadas dejan sus músculos en unas inmensas máquinas, un camionero saca el brazo por la ventana en el medio de la eterna ruta. En la cuarta pared hay un pizarrón y, aunque sea imaginario, ahí también se dibujan algunos conceptos y brota el trabajo en su enésima forma… ¿Cuántas más habrá?

Cynthia, entonces, dice: “La idea es desnaturalizar la disciplina del trabajo ¿Alguna vez fue distinto? Repensar todo lo que se construyó socialmente sobre el deber ser, sobre el mandato, para que las personas vayan a la fábrica y nada más. Pero, hay que pensar: ¿esto siempre fue así? ¿Puede ser de otra manera?”.

“Perú no anda muy lejos de un golpe legal”

Paraguay es sólo una parte del ojo del huracán y nada en América está a salvo de repeticiones. Al menos, eso es lo que dice Hugo Blanco Galdós, guerrillero histórico y miembro de la Confederación Campesina del Perú. A los 78 años, un trotamundos que sobrevivió a más de un exilio, deja en claro que la mano va a estar dura y que en su país no se gobierna con la Constitución.

Su voz camina entre las ideas, da pasos a través de las palabras. Las oraciones se van pegando unas a las otras, habla del planeta, de su pasado de lucha, de su presente de resistencia, con una voz que recorre el aire como en un homenaje al cantar cansino pero feliz de Neil Armstrong en la más que conocida What a wonderful World. Se trata de Hugo Blanco Galdós, peruano, cusqueño, luego de que los exilios obligados lo convirtieran en trotamundos, hoy a sus 78 años se define él mismo como “luchador social, específicamente ecosocialista”. Ante todo, nos explica la importancia de tener presente su segundo apellido, Galdós: “Si en Google sólo pones Hugo Blanco te sale el músico venezolano compositor de Moliendo Café de quien soy admirador. Una vez en el Perú lo capturaron por llevar ese nombre”.
Mientras transitamos una época en donde los daños sobre nuestro planeta son evidentes no solo mediante estudios científicos, sino visibles en los cambios climáticos permanentes, la conciencia ambientalista no está profundamente expandida en la conciencia social, y menos aún en los debates políticos, pero esto, claro, tiene sus razones: “Pues el capitalismo en su forma actual, por su insaciable avidez de ganancia, ataca inmisericordemente a la naturaleza, lo que está matando muchas especies, entre ellas matará a la especie humana. La única forma de evitarlo es que la sociedad en su conjunto arrebate el poder mundial, hoy en manos de las transnacionales, y lo sustituya por el gobierno de todos. Por eso luchan muchos pueblos, aunque no usen la denominación ecosocialista. Este término es necesario, pues la palabra socialismo ha sido desprestigiada por la corrupta y antiecológica burocracia soviética y por quienes la usan para administrar la economía neoliberal. Nunca como ahora el capitalismo ha atacado a la naturaleza. Si el mundo va a continuar dirigido por ese 1% al que se refiere Wall Street, la humanidad va a dejar de existir en 100 años”.
Habla claro con un discurso que sorprende, no por revelador en su contenido específico, sino más bien por hacernos pensar sobre los por qué de la repetida omisión. Qué hay detrás. Hugo es miembro de la Confederación Campesina del Perú (CCP), supo comandar la guerrilla indígena en los años 60 en el Cusco, presentándose como militante junto a quienes entendió que eran la vanguardia en la militancia social, el campesinado. “El principal ataque es el calentamiento global, que antes era legal, ahora las Naciones Unidas preparan reuniones de los calentadores globales, Copenhague, ahora Río, pero no acuerdan rebajar ningún grado el calentamiento. Hay arroyos que estas desapareciendo, los nevados se están derritiendo, en Perú lo hemos notado. Todas las tempestades y efectos destructivos causados por el calentamiento global son llamados por la prensa que está en manos de las transnacionales como desastres naturales, pero no tienen nada de naturales.

-Luego de repetidos exilios, obtuvo cargo de Diputado y de Senador en su país, ¿cómo fue llegar al gobierno?
-No, no llegué al gobierno, el gobierno es el Poder Ejecutivo. El sistema cuida de que la verdadera izquierda esté en minoría, nos permite hablar cuanto queramos, pero al momento de votar gana la representación de las transnacionales. Es poco lo que se puede hacer, la presencia de parlamentarios en las movilizaciones populares disminuye la represión. Cuando más golpes recibí de la Policía fue cuando era parlamentario. Fue la época en que menos pude servir al pueblo.

-Sabemos de las fuertes protestas contra el proyecto de minería Conga, ¿en qué situación se encuentra la actividad con relación al Gobierno Nacional peruano?
-Actualmente el Perú no anda muy lejos de un ´golpe de Estado legal´ como ocurrió en Paraguay, es el Ejército quien gobierna a través de Humala, quien pisotea inclusive la Constitución elaborada por el reo Fujimori. En su campaña electoral dijo que defendería el agua contra el oro y como presidente defiende el oro contra el agua. A la protesta pacífica del pueblo contesta con represión. Atropella la Ley apresando a un alcalde (intendente) elegido por el pueblo y enviándole preso fuera de su circunscripción, hizo lo mismo con compañeros de Cajamarca que protestaban contra el proyecto Conga. Desconoce un informe de su propio ministerio certificando que la minera Xstrata contamina. Decreta Estado de Emergencia que no es su atribución sino la del gabinete. Los últimos sucesos muestran que su método preferido es la creciente represión en defensa de las compañías transnacionales depredadoras”. La minería a cielo abierto es otro de los ataques a la humanidad.

-¿Qué facciones sociales se están enfrentando?
-El proyecto Conga, de realizarse, mataría la vida en cinco valles quitando el agua para el consumo humano y anulando la agricultura y la ganadería que desarrollan 12,000 personas. Ellas y ellos se oponen al proyecto. También les acompaña gente urbana que rechaza ese futuro de muerte. Por el otro lado, están a favor los servidores de la empresa, entre ellos el Poder Ejecutivo, la mayoría del Parlamento, los grandes medios de comunicación, la mayoría del Poder Judicial, el Ejército y la Policía. Al igual que en Argentina las empresas están orgullosas de usar “tecnología de punta”, que consiste en dinamitar una tonelada de roca o tierra para extraer un gramo de oro o menos, envenenando el agua.

Hugo sigue diciendo cosas que todos sabemos y de las que nadie se ocupa, como si por algo parecido a un orden de prioridades preestablecido, no se tratase de cuestiones urgentes, como sí lo son. Pero al escucharlo los prejuicios hacia la ecología o al ecosocialismo se desvanecen con ganas. El panorama distinto de argumentación que ofrece en la batalla contra el imperialismo se transluce en las palabras de un militante campesino internacionalista, y eso habrá que escuchar atentos y hacer eco. Fuerte, con fuerza: “Yo creo que los revolucionarios nunca debemos recurrir a la violencia por nuestra propia voluntad, si no somos forzados a responder una agresión antelada. La agresión a la naturaleza y la usurpación de tierras que continúa desarrollando el gran capital en el siglo XXI provoca movimientos de resistencia en los sectores campesinos, es por eso que estoy convencido que serán los que mayores perspectivas de lucha tendrán”.

“Una clase social no se cuestiona a sí misma, y el Gobierno responde a la suya”

En otra edición del ciclo de entrevistas a economistas, Rolando Astarita, docente en diferentes universidades, pensador contemporáneo y escritor, se sienta con NosDigital. Vinculando siempre lo pragmático con el marxismo, dice tener ideas “minoritarias y marginales”. Habla acerca del modelo K, sus límites, las medidas que tomó el Gobierno, el capitalismo, la situación social argentina y otorga conclusiones respecto a cómo ve hoy el movimiento sindical en nuestro país. Así critica, cuestiona y se enfrenta con quienes dicen ser la izquierda argentina hoy en día: ¿Esto es ser “progre”?

-¿Qué podría decirnos acerca del modelo económico de la Argentina?

Fotos: Nos Digital

-Las medidas de Kirchner para salir de la crisis fueron nulas. No hubo ninguna medida cualitativamente distinta a lo que se venía haciendo. La idea de que aquí se planificó una estrategia a largo plazo de desarrollo capitalista no la creo. Más bien fueron respuestas a grandes crisis macroeconómicas, y a partir de ahí se fue elaborando todo esto sobre la marcha. Esto ha sido un producto de la crisis del 2001, pero a su vez se inscribe en una alternancia que hemos vivido en las últimas décadas de tipo de cambio alto o tipo de cambio bajo. Dólar alto o dólar bajo, básicamente. Una constante a partir de la crisis de fines del ‘74.

-¿Cómo es esto?
-La política de fin del 2002 estaba basada principalmente en tipo de cambio alto, es decir, una moneda muy depreciada. Resalto que la recuperación económica se basa en la explotación de la clase trabajadora. Digo esto porque ahora el Gobierno menciona que la receta argentina frente a las crisis es tal o cual y, en realidad, la receta ha sido abaratar el costo de la mano de obra (en términos de dólar) lo que permitió que se recupere muy rápidamente toda la industria. Y las exportaciones industriales mejoraron, pero no son nada extraordinario. Y, por otro lado, se aprovechó mucha capacidad ociosa que había en cuanto a capacidad de producción y el hecho de que en los ‘90 había habido una renovación del parque industrial. Aclaro, es un error creer que eso no pasó.

-¿Qué problemas conlleva este modelo? ¿Qué límites contiene?
-Bien, este tipo de desarrollo basado en la precarización del trabajo. Permite aumentar la competitividad en el mercado mundial, y las empresas que producen bienes tranzables mejoran rápidamente su rentabilidad. Pero hay empresas de servicios que quedan con sus tarifas mucho más atrasadas, con una tasa de rentabilidad más baja y un aumento de competitividad que no se basa en un verdadero desarrollo de fuerzas productivas. Los marxistas llamamos a este desarrollo “bien extensivo”, esto quiere decir que no es un desarrollo de alto capital por obrero.

-¿Había otra forma de salirle a la crisis? ¿Ha escrito algo sobre eso?
-Yo lo que traté de explicar en dos capítulos de mi último libro: cuando la moneda se empieza a apreciar por suba de los precios internos, suben los servicios, como está anunciado para el año que viene, los salarios también, se generan crecientes presiones inflacionarias. Hay dos salidas: la que intentó la Alianza con Cavallo el último año y medio de mandato, bajar precios y salarios, lo cual es un proceso terrible porque a medida que bajan precios y salarios se contrae la inversión y estás en un espiral descendente cada vez peor. Fracasó, vino el corralito y después el ajuste sobre los salarios se hace hizo vía devaluatoria. Hoy, en esta coyuntura, si el Gobierno devalúa se acelera la inflación. En condiciones extremas esto termina en alta inflación. En esas condiciones el mercado no puede funcionar. En términos marxistas diríamos que deja de funcionar la ley del valor, la moneda desaparece y se remplaza por el dólar.

-¿Tiene que ver esto con las medidas de control de cambio que se están tomando?
-Lo que hacen hoy es una receta intermedia, es decir, van frenando el tipo de cambio para que no se acelere la inflación y al frenar el tipo de cambio, se les está revalorizando la moneda. Entonces no hay salida aquí. La situación para el Gobierno no es grave todavía, no es el 2001, pero se le está complicando lentamente.

-¿Todas las salidas son críticas?
-Sí, sobre todo para el trabajo son terribles. Toda crisis implica que el capital recupere su rentabilidad desvalorizando enormes sumas de capital, default, quiebras, etc. y,  desvalorizando el trabajo, aumentando los ritmos de producción y bajando los salarios. Por eso nunca hay una salida de una crisis que no la pague la clase trabajadora. Si fuese posible que la crisis la pague el capital yo no sería socialista. Soy socialista justamente por eso.

-¿Cómo entiende el panorama económico-social en nuestro país?
-Hoy hay una costumbre  de hablar de los grupos y esto da la sensación de que son tres o cuatro o cincuenta grupos concentrados. Y no es así. El sistema capitalista es una clase social que explota a la trabajadora y que vive del trabajo de los obreros. Este puede ser el dueño de una empresa de veinte obreros, de los cuales tiene cinco en negro, la mujer tiene una chica que le limpia la casa también en negro, sin vacaciones. Estos días que el Gobierno estuvo interesado en controlar el intercambio de dólares. Mandaron cantidad de inspectores. Los inspectores no se mandan a la infinidad de lugares donde se está sobreexplotando a trabajadores y todo el mundo hace la vista gorda. Insisto, hay un interés de clase aquí que quiere mirar para otro lado. Que hagan inspecciones en casas de cambio, pero también háganlo en la infinidad de lugares donde el trabajo en negro y la falta de seguridad social es masiva. Los “prestamos en el acto”, por ejemplo, son cosas usurarias. Chupasangres de la clase trabajadora. Son una red de medianos financistas, no es solamente el Chase Manhattan, es una red de clase capitalista. Y eso nadie lo cuestiona. Porque una clase social no se cuestiona a sí misma, y el Gobierno responde a ellas. Por eso el discurso “progre” dice que el problema es el FMI, el problema son los grandes grupos. Hay que ser crítico de ellos, pero también de lo otro.

-¿Las retenciones no intentaron ser una medida “progre” fáctica?
-No. El verdadero impuesto progresista es el impuesto a la renta agraria, no esto. Es el impuesto al propietario de la tierra por el que cobra la renta. Esta idea de que en sí mismas las retenciones son algo muy progresistas es relativa. Onganía puso retenciones para subvencionar a la actividad industrial de los grandes grupos. Esto no es otra cosa que distribución de plusvalía que se hace al interior de una clase dominante y no en beneficio de la clase trabajadora. A ver, si yo abarato el pan para que los industriales paguen salarios bajos lo que estoy  generando es una redistribución de plusvalía al interior de la clase dominante. Marx alguna vez dijo que la forma de bajar la renta agraria era aumentando el salario de los obreros rurales. Hoy los obreros rurales están haciendo huelgas para aumentar sus salarios en un silencio absoluto. Aquí ni la sociedad rural, ni el agro, ni la UIA, ni los K, ni el progresismo izquierdista se solidariza con los trabajadores rurales que están pidiendo un aumento de salario porque su paga es muy baja. 

-¿Y hoy cómo ves el movimiento sindical actual?
-Está en calma desde hace años. En este tema tengo bastantes discrepancias con gran parte de la izquierda que plantea casi de inmediato una revolución socialista. Y si muchos piensan que aquí hay una situación prerrevolucionaria, yo no veo nada de esto. El nivel de conflictividad es bajo, sobre todo en los grandes centros industriales, las direcciones sindicales no han sido cuestionadas en ningún lado, sólo en algunos pocos focos. Incluso cuando estalló la crisis en el 2001 una gran parte de la izquierda se creía que había habido una revolución. Iban a las asambleas barriales de Parque Centenario creyendo que iban al Congreso de los soviets. Yo les dije: discúlpenme, aquí yo no veo nada. Porque el obrero como conjunto en el 2001 no estuvo. Yo viví los ’60, y los efectos del Cordobazo se traducían en la aparición de militancia sindical importante que cuestionaba las direcciones burocráticas y las enfrentaba.
Creo que hoy estamos en una lenta etapa de acumulación de fuerzas, de cuidar posiciones cuando se logran, no llamar rápidamente a la huelga, ni a la lucha. Porque aparte de eso creo que muchas veces corremos el riesgo de llevar a la gente a la aventura.

-¿Participa usted activamente en política?
-Ahora no, pero siempre tengo discusiones y diálogo con gente que le interesan estos temas. Tengo un blog, y sé que la gente lo usa como herramienta de estudio, debate y análisis. Yo he militado bastante tiempo en el trotskismo y rompí en los años ‘90.  También hace 13 o 14 años traté de formar un grupo, un embrión político y no tuve éxito. No logré convencer a la gente de algunas de mis ideas. Mis ideas son muy minoritarias y marginales.

-¿Y no se siente representado por nadie?
-No, yo dije que iba a votar al FIT (Frente de Izquierda y los Trabajadores) por ser un frente de izquierda que puede revindicar ciertas ideas de la clase trabajadora, pero realmente no me sentí identificado ni con su programa, ni con su discurso, ni con sus análisis políticos, ni con los métodos que emplea el partido. Mi manera de pensar es muy distinta.

 
Rolando Astarita es docente en la Universidad Nacional de Quilmes, Carrera de Comercio Internacional, y en la Carrera de Sociología, Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. También, desde el segundo cuatrimestre de 2005, dicta “Desarrollo económico” en la Carrera de Economía, Facultad de Ciencias Económicas, de la UBA.
Según él mismo, en sus clases trata de presentar varios puntos de vista alternativos y anima a alumnos y alumnas a ser críticos y a formar sus propios puntos de vista.
 En lo que tiene que ver con su formación intelectual, Astarita se egresó en el Colegio Nacional Buenos Aires en 1969 y desde entonces su formación fue enteramente autodidáctica.
Escribió libros, artículos y algunas notas que están hoy en su página (www.rolandoastarita.com.ar) y en actualiza con cierta constancia su blog (rolandoastarita.wordpress.com), lugar en el que debate, discute e intercambia ideas con sus alumnos, colegas, críticos o cualquiera que lo deseé.