Mi viejo supo que me mataron

Diego Nuñez fue fusilado por un policía en el palier de un edificio de Caballito. Le pegaron cinco tiros, aunque procuraron que quedara como que le dieron solo uno. Su papá lo buscó durante dos días hasta que lo encontró en la morgue. Su hermano está detenido por una causa que, según la familia, está armada. Denuncian torturas físicas y psicológicas para callarlos.

Estaban en El Campito, de La Boca, los de la Kiki Lezcano, los del Bachi La Pulpería, donde yo estudiaba, los del Partido Obrero, los de la Asociación Civil Miguel Bru… Iban a hacer una radio abierta para difundir que a mí me mataron mal y llegó la prefectura. Cuchá:

-¿El permiso para pasar música y vender comida?
-Vos sos profesional de tu laburo. No te tengo que decir lo que provoca la saturación en algunos momentos. Si vos saturás de fuerzas policiales en un momento de dolor tratando de difundir una causa que es una injusticia, lo único que provocás es más bronca. Tu compañero dijo: “Si no tenés nada que ocultar”. Acá no hay nada que ocultar. No hay que sospechar del pueblo.

-Semejante despliegue…

-Siempre llevamos cuatro patrulleros

-Ser pobre no puede ser delito

-¿Le decís que hable con el Ministerio de Seguridad? Estamos haciendo una actividad por la muerte de Diego Núñez”:…

-Los días de partido nadie vigila a los que venden chori. Está todo lleno hasta la cancha.

-Los días de partido depende de la Policía Federal.

-Vos no tocás nada.

-Van en camino.

-Ya está, Gabriel.

Imagen: NosDigital

-¿Usted es el responsable? Dígame su nombre
-Francisco Omar Núñez, padre de Diego Nicolás Núñez, joven asesinado por el policía Pablo Alberto Carmona, de la Federal, el día de su cumpleaños en el barrio de Caballito. Argentino. 48 años el día que sepulté a mi hijo.
Se tuvieron que ir. Había bastante gente y varias cámaras. Y se comieron la respuesta.

Aquel día jugaba Boca. Yo sabía que era un partido fácil. En el fondo quería verlo con mi viejo, pero al día siguiente cumplía 19. Pensé algo así: “Mejor salgo con los pibes. No sé bien qué hacer, a dónde ir. El barrio es un quilombo como siempre que hay partido. Salgo de casa, donde no hay un prefectura hay un cana. A la escuela van solo los profes y algunos grandes que viven cerca, porque la Federal corta todo con vallas y si sos de afuera no llegás, porque otros van a ver el partido. Y yo cumplo años… La dire esta vez me va a aprobar porque le caigo bien, aunque no vaya a todas las asambleas y me pegue unos borradas. Fue”. Y fui.

Salieron para el lado de Caballito. Cuando estaban volviendo, entran al palier de un edificio y, estando ahí, sale un policía de la Federal y los corre arma en mano. Salen corriendo y Diego queda rezagado… y le da 5 tiros. Todos tiros de detención -mortales, tal vez, porque la zona inguinal es muy sangrante-: uno en la pierna, otro en el abdomen, otro en el tórax, y a modo de ejecución, dos en la cabeza –desde arriba hacia abajo, de adelante hacia atrás. La deflagración de los disparos le quema la cara. Eso indica que es ejecución y a muy cerca distancia. Mucha alevosía.

Diego muere instantáneamente.

En el diario El Día, digital, sale que el policía se parapeta detrás de una puerta y le da un solo disparo en el tórax. En realidad, nada fue así. A partir de ahí, nunca nos avisaron. Ese día le habíamos regalado un Nextel nuevo con batería recargada por tres días. No lo usaron. Nunca nos avisaron, nunca le tomaron huellas. Vos, juez Rodolfo Carlos Cresseri , del Juzgado de Instrucción Nro. 40, me dijiste que no lo habían identificado porque tenía mucha tinta en las manos y por eso no había salido. Nosotros lo tenemos filmado desde que lo retiramos de la morgue.

Mi viejo supo que me mataron mal. Lo sospechó siempre. Los conoce. Siempre dice que al pibe que peleaba para que no haya tercerización en los ferrocarriles, lo mataron, que a los que recuperan una fábrica para seguir laburando, los cagan a palos, que la droga, que se fijen bien los corredores: la ruta 14, la ruta 11. Porque lo veo yo, y si lo veo yo, creo que lo ve cualquiera. La tiene clara y te la dice máaas clara. Cuando uno dudaría, él se acerca y te habla más claro y con la posta. Como cuando el juez le preguntó cómo había encontrado mi cuerpo. Después lo tuvo que escuchar.

Lo habíamos estado buscando en comisarías, hospitales, el Centro de Orientación sobre Personas. Cuando vinimos a preguntar si sabían algo en la 24°, nos dijeron que no habláramos con el COP, que ellos iban a hacer una averiguación de paradero. Yo supuse que Diego debía estar en cana. Nos resultó extraño que ellos al toque dijeran de hacer una averiguación de paradero cuando todos saben que eso nunca es así. Te tenés que desangrar frente a una comisaría para que te den bola en estos casos.

Después llamamos al COP. Le describí las zapatillas de Diego, porque eran muy particulares: unas Reebok de cuero blancas con cordones verdes. ¿Y tenía unas bermudas de jean negras y una remera negra? No sé si negra, exactamente negras, pero oscuras sí. ¿Sabés algo? No, no sé nada. Pero me lo estás describiendo. No, no sé nada.

Anduvimos por comisarías de todos lados. Amigos míos del SAME, de guardias de hospitales, recorrieron todas las salas y no encontraron nada. El 20 me fui a acostar porque estaba agotado. Ya hacía dos días que andaba. Me acosté hasta las 14 y fuimos a la morgue porque sospechaba de forma contundente que Diego estaba muerto. Llámese sospecha, llámese intuición…

Fuimos, hablé con un sargento y le hablé de igual a igual. Le dije que buscaba a un pibe con sus características, su ropa. Ellos también conocían el tema de las zapatillas. Todos. Tal es así que cuando la abogada me dice la ropa está, la fue a retirar de la morgue. Sí. Por qué pensás eso? No, por simple deducción. Si todos conocían la ropa, la ropa terminó donde terminó Diego, en la morgue. Sí, es verdad. Gendarmería fue y la retiró para periciar. Cuando hablé con el sargento y le di la descripción y las coordenadas, me contestó que había un pibe joven más o menos con la descripción que fue muerto en un enfrentamiento. Le dije que no dijera eso, que no dijera que fue muerto en un enfrentamiento porque iba a ir preso. A mi hijo lo fusilaron. LO MATARON MAL. Tanto la policía como la política como la jerga como ustedes saben lo que es matar mal o matar bien a una persona. A Diego lo mataron mal. No tenía armas ni nada.

Ya te dije, mi viejo tiene la posta. Los que son unos pelotudos son los de gendarmería. Le dan mal la dirección, los números no coincidían. Mi viejo tiene que andar buscando dónde está gendarmería. Cuando llega, le vuelven a decir que yo morí en un enfrentamiento. Yo lo sé como nadie: mi viejo no se cansa. Vuelta a decirle que no mienta, que iba a terminar preso.

Otros pelotudos son los de la morgue, que me pusieron Ariel Diego Nicolás. Yo soy Diego Nicolás Núñez.
No sé si son pelotudos, si me estaban descansando a mí o lo querían hacer dar vueltas a mi viejo. Seguro que las tres.

Le declaramos que nuestro hijo fue fusilado. Después cambió la carátula de abatido en enfrentamiento a homicidio simple. Yo creo que va a haber otra investigación. Carmona, Pablo Alberto, de la seccional de INTERPOL, que levanta turistas borrachos como aquí levantaría a cualquiera. INTERPOL es una mierda igual que todo. Ahí recibimos la autorización para venir. Cuando llegamos a reconocer el cuerpo, nos volvieron a llamar para declarar dónde lo íbamos a sepultar y nos dijeron que no podíamos sepultarlo. Diego es católico. No lo íbamos a cremar. Filmamos, filmamos, filmamos el cuerpo aunque nos decían que no filmáramos porque “comprometíamos” al tipo de ahí. Tenía toda la cara quemada con salpicaduras de pólvora por el fusilamiento. Dos tiros en la cabeza, en la parte de arriba, hacia abajo, de adelante hacia atrás. La deflagración fue lo que le quemó la cara. Porque hoy las pólvoras ni siquiera humo largan. Esas quemaduras le causaron los disparos por la cercanía del arma. Cuando íbamos a velarlo, de nuevo nos llamó gendarmería para decir que había que tomarle huellas de nuevo para incidencias y antecedentes, cuando Diego tuvo un segundo documento con este nuevo empadronamiento que inmediatamente salen todos los datos. ¿Por qué no se le hizo eso? Diego no tenía nada de tinta en las manos. Nada. Ni mucha, ni poca.

Al otro día, después de boludearnos mal por todos lados, trajimos el cuerpo de Diego a las 16. Lo sacamos de la morgue tipo 17 horas. Por orden del juez teníamos que velarlo con el cajón cerrado. Lo velamos con cajón abierto porque es nuestro derecho.

Me vieron mis conocidos, me van a tener que ver los peritos y me van a ver todos. Carmona está absuelto. Tiene una apelación. No sé cuándo vendrá la devolución del juez. Porque viste que para nuestro lado tardan las devoluciones. Este hijo de puta estuvo en cana menos de 24 horas.

Todo eso indica que hay un gran encubrimiento y corremos en desventaja con este tema porque el juez, así como lo vemos, está fallando a favor del policía aunque sea un homicida. Su argumento es la falta de mérito. Cuando ves la cara de Diego te das cuenta que es un fusilamiento. Las pericias no se hicieron todas. Falta peritar la ropa. O al menos no sabemos si ya lo hicieron porque las devoluciones, ya te digo, no son rápidas. Falta saber a qué distancia fueron los disparos. Y hay más, porque ahora también nos corren con Francisco, nuestro otro hijo. Le armaron una causa y lo están torturando física y psicológicamente. 

Me están volviendo a callar, porque mi hermano va a tener 25 años guardado entre rejas y verdugueado si mi familia se sigue ocupando de mi causa y no de la de él. Mientras tanto, mi asesino sigue libre.

La asociación civil Miguel Bru y la abogada nos ayudaron a saber quién era el policía. El que literalmente lo fusiló. Le aclaro, juez, que un policía es por lo que tiene en la cabeza y no por tener una 9 mm o una Cobalt. En este momento estoy rodeado de otros casos que nos acompañan. Hay muchas muertes de jóvenes en democracia o dedocracia. Solamente policía y nada de trabajo social no es la solución a la inseguridad. Les están quitando inclusive la posibilidad de vivir a los pibes. Todo el poder político nos está bombardeando y matando a los pibes. Y ellos lo saben.

La cometa del barrio

En pleno Caballito, una organización mafiosa digna de El Padrino, pero con métodos más vulgares, atenta contra la vida y el trabajo de más de 60 familias. Aprietes, laburantes que dicen “No”, guita, Policía y más guita.

Los actores de esta serie de terror, ya popular y acostumbrada, son las fuerzas de seguridad del país y la Ciudad de Buenos Aires, y del otro lado 60 manteros organizados en el nombre – y deseo- de “vendedores libres”. De distintos países, de distintos rubros – revendedores, artesanos, pero siempre autogestionados y no como empleados de feudos más grandes- el mandamiento que los une es uno solo, e inconveniente para los viejos vicios de la Federal: No pagarás coimas.

“Si no pagás, te decomiso la mercadería”

La calle está atravesada por una serie de leyes, normas, contravenciones que regulan la convivencia urbana y, para el caso, el despliegue de los trabajadores según la actividad. A la vez, hay derechos constitucionales que protegen y promueven el trabajo como necesidad. En este tironeo, en diciembre de 2011 el macrismo impulsó la supresión de la figura de venta por “mera subsistencia” del Código Contravencional, que apunta fundamentalmente a los manteros con “puestos fijos”. Así quedó una especie de desregulación que deja a estos trabajadores atados a la arbitrariedad del criterio policial en la aplicación del Código Contravencional.

Es decir: son los agentes de calle quienes actúan de oficio, recorriendo la ciudad y determinando qué situaciones consideran punibles (desde la venta callejera hasta los ruidos molestos). La particularidad de este Código es que el fiscal no está presente en los procedimientos, sino que la Policía lo consulta por teléfono y recibe su aval desde el despacho. Así, los policías son los ojos del fiscal, los que tienen el poder de decir “acá tengo un ilícito” o de hacer la vista gorda.

El Código Contravencional es el que regula la calle. Para algunos expertos, el uso de esta justicia es clave en el diseño de la política criminal de la Ciudad, ya que los fiscales, dando directivas a los policías, pueden avalar que se persiga la pobreza, o puede en cambio intervenir para que el Estado atienda una situación social de desigualdad, en lugar de penalizarla.

Para ilustrar estas teorías bien prácticas, según el último Informe de la Comisión de Fortalecimiento Institucional, Planificación Estratégica y Política Judicial – que depende del Poder Judicial- durante 2011 los delitos contravencionales más castigados fueron, por lejos, la “oferta y demanda de sexo en espacios públicos” y “usar indebidamente el espacio público con fines lucrativos”.

La otra vuelta de tuerca vincula la aplicación del Código por parte de la Policía a sus eternos vicios: los mismos que tienen la capacidad de activar causas contra los trabajadores son los que arman una red mafiosa de coimas para que se sometan.

Luca doscientos por mes

Los vicios de la Federal, como tales, pueden ser catalogados según las virtudes a que se oponen: incorruptibilidad, confiabilidad, tranquilidad, seguridad.

Algunos hablan de “estar en la calle” cuando se está sin trabajo, o sin hogar, pero para los manteros está sinonimia no sirve: “estar en la calle” es su trabajo, su sustento y su vida.

¿Dónde vas si te sacan de la calle?

Los autodenominados “vendedores libres” son un grupo de 60 manteros hoy diseminados en distintos puntos de Capital que mantienen una pelea política contra las mafias controladoras de la calle. Su ética de no pagar coimas les trae problemas con ajenos y propios: hasta los manteros que sí “arreglan” ven en estos pares una desleal justicia.

Así, algunos piensan que los “vendedores libres” llevan problemas a cada vereda donde se asientan. Ellos se defienden: lo que hacen es visibilizar una red de dependencia y sometimiento que tiene a los trabajadores víctimas de la Policía o de otras mafias que incluyen punteros y patotas.

La descripción es la siguiente, atentos: existen punteros que compran mercadería al por mayor y la revenden en distintos puntos de la Capital a través de empleados; de estos circuitos de mercadería clandestina muchas veces participan agentes de la Federal, por acción u omisión; y por último, cuando ésa mercadería sale a la calle, los arreglos se consuman con seguridad y libre venta a cambio de – en Acoyte y Rivadavia- 300 pesos todos los viernes, 1200 al mes.

Los “vendedores libres” se separan de aquellos en dos sentidos: porque no “arreglan”, y porque son artesanos o revendedores autogestionados, en muchos casos familias enteras que se dedican al trabajo callejero desde hace más de treinta años. Por eso saben más que nadie de las lógicas del trabajo callejero y proponen su regulación: “Nosotros no somos ilegales, somos desregulados”, aseguran.

Transan, transan, transan

Julio Pereyra es vendedor de almohadas anti-stress, pero está inquieto. Mientras hablamos señala hombres moviéndose raramente, otros haciendo chiflidos, y adelanta una maniobra: “Ves, están preparando algo”. Lo de Julio no es futurismo sino experiencia: vende productos que él mismo elabora hace 20 años en la calle, junto a su compañera y otro grupo de personas agrupados en el movimiento social Francisco Jofré, más conocidos como “vendedores libres”. “Nosotros no transamos con la Policía”, asegura, hablando de las libertades. Premisas como éstas – que comparte junto a más de 20 compañeros ahora en Acoyte y Rivadavia- le han costado enemigos de todo tipo: Policía Federal y Metropolitana, brigadas, patotas y hasta otros trabajadores callejeros.

Julio y los suyos estuvieron en la calle Florida hasta junio de 2012 en que el ministerio de Espacio Público montó un violento desalojo que tuvo como protagonista a la Policía Metropolitana. Allá, los “vendedores libres” soportaban no sólo el asedio policial instando a que “colaboren”, a que se vayan o simplemente amenazando, sino el de otros vendedores callejeros y comerciantes de las grandes casas de la peatonal que presionaban, con eficiencia alarmante, a través de la Cámara de Comercio. “Nosotros estábamos amparados, pero el 8 de diciembre de 2011 se hizo una ley con mucha urgencia”, informa Julio, “que deroga el artículo 83 que permitía trabajar en cualquier calle y arteria por mera subsistencia, mientras no sea competencia desleal con los comercios. Entonces nos convirtieron en ilegales, y sobrevinieron allanamientos e incautaciones que dejaron gente lastimada por lo mal e ilegalmente que hacen los procedimientos”.

La organización que han ido forjando estos trabajadores callejeros se debe, básicamente, a la necesidad de tener instrumentos de derecho con los cuales defenderse. “Al principio, cuando venía la Policía nos íbamos muy seguido porque no teníamos los reflejos para cuestionar el tema de los derechos. En esa época eran muy violentos los de la Federal, nos amenazaban con secuestrar mercadería, armar causas, cualquier cosa”, define Omar sobre años anteriores. Ahora, más cancheros, filman los procedimientos con sus celulares para presentar luego como pruebas de irregularidades y le pelean a los policías de igual a igual: “Yo se la peleo, pero si tienen que decomisarme que lo hagan, yo les digo que cada cosa que hagan mal después se las voy a denunciar”, asegura Julio.

Punteros y amenazas

El 4 de diciembre del año pasado, gran parte de los “vendedores libres” desembarcaron en Acoyte y Rivadavia. Julio: “Ese mismo día se presentó el subinspector Mainardi (Comisaría 12) que nos dijo que acá había un `sistema de trabajo´”.

La sugerencia de Mainardi queda a interpretación del lector.

Los manteros explicaron y aplicaron su propio sistema.  Y así empezaron las amenazas.

Omar Guaraz, otro de los referentes de “vendedores libres”, deja sus espejos de baño al cuidado de un compañero y se aparta para charlar: “Los que nos amenazan son los punteros de esos otros manteros, o mismo la Policía. Y la otra persecución tiene que ver con los procedimientos que nos hacen, porque están ensañados con nosotros. Allá (señala en frente) tenés manteros que violan leyes federales porque venden productos adulterados de marcas, pero nos decomisan a nosotros que vendemos nuestros productos porque no pagamos”.

Omar sostiene que el 90% de los procedimientos de aplicación del Código son protagonizados por la Policía – los inspectores de la Ciudad, actores de reparto- y en carácter de oficio, es decir que no hay una denuncia que los inste a actuar, como indica el propio Código. “Hemos tenido conversaciones insólitas con el fiscal, que nos decía que tal policía estaba en tal lugar y nosotros le decíamos que no, porque era mentira, y entonces escuchamos como el fiscal les decía a los agentes “pero Méndez, ¿vos me estás tomando el pelo? ¿dónde estás?”, se ríe Guaraz, sobre esas pequeñas delicias que demuestran la impunidad del sistema contravencional al servicio de la Policía.

Los primeros días del 2012 los “vendedores libres” formaron una comisión y pidieron una entrevista con el responsable de la Comisaría 12, cansados de los aprietes y los procedimientos ensañados. “Nos atendió el comisario Cuncio – cuenta Pereyra-, nos hizo pasar al despacho, y le dijimos que no íbamos a soportar las amenazas, que no íbamos a aceptar coimas. Se hizo el desentendido diciendo `yo también fui vendedor de la calle´ y dijo que vayamos y trabajemos tranquilos”.

-“Al otro día, apenas llegamos, los punteros nos empezaron a amenazar. Y a la tarde estuvo el subinspector Mainardi que le decomisó mercadería a una compañera… La promesa de Cuncio había durado medio día”.

-“El 8 de diciembre sucedió otro episodio con la gente que vende cd´s truchos, que querían poner paños sobre donde estaba nuestra compañera. Entonces el de lo cd´s dijo `ahora llamo a la brigada´. Apareció un agente de apellido Cuello, que les dijo a mis dos compañeras: “ustedes dos se tienen que ir de ahí, sino van presas; el único que se puede quedar es el de los cds”. Llamó a refuerzos pero, en vez de ayudarlo, vino una patrulla, lo agarró a Cuello y se lo llevaron, porque lo que estaba haciendo era ilegal”.

-“Pasó un tiempo y el 8 de marzo vino un señor de la mesa de seguridad para dialogar. En eso aprovecharon otra gente atrás de este y le pegaron una piña a mis compañeros, y otros me quisieron agredir. Llame de vuelta al 911, no me dieron bola. Vemos que en frente se junta mucha gente, una patota, y se despegan cinco personas con palos, botellas y facas. Yo esquivo unos puntazos y corro hasta Acoyte y aparece un patrullero: me le tiro en el capot. Se baja un sargento y me quiso llevar al otro y a mí detenidos. Yo le dije: “si me querés llevar, llévame, pero todo lo que hagas mal te lo voy a denunciar”.

-“El lunes 15 de abril hicieron un operativo pero le avisaron a todos los que venden marcas truchas que transan, y nosotros inocentemente venimos y nos agarraron y nos secuestraron las cosas. La calle estaba despejada, los únicos que estábamos éramos nosotros y vinieron directamente. Esto lo considero una persecución y un hostigamiento”.

Presente de vicios, futuro de incógnitas

A partir de episodios como estos que juegan al desgaste pero tienen implicancias bien concretas (días sin trabajar, básicamente) los manteros organizados lograron una reunión en el Ministerio de Seguridad junto a altos mandos de la Policía Federal. Estuvieron presentes de esa fuerza Mario Alberto Morales, Jefe General de Comisarías, y Guillermo Colucci, comisario a cargo de las comisarias de la Comuna 6.

El martes 7 de mayo, durante 3 horas seguidas, más de 30 manteros de “vendedores libres” relataron los manejos mafiosos de la calle y la venta ambulante en distintos puntos de Capital. Los comisarios escucharon en silencio, eventualmente preguntando nombres (“¿quién recauda?”, “la brigada” fue la respuesta unánime, en referencia a la Brigada Especial de Investigaciones de la Comisaría 12) y finalmente comprometiéndose a garantizar la seguridad física de estos manteros, y desarrollar un disciplinamiento de la Policía en materia de intervenciones contravencionales.

Sin embargo, como la fallida del comisario Cuncio, las promesas se derritieron al calor de la realidad: cuando llegaron al otro día los manteros, las amenazas de otros trabajadores siguieron y en aumento.

Los “vendedores libres” llamaron al comisario Colucci y le pidieron que interceda, tal cual había sido acordado en la reunión en el Ministerio. Colucci fue hasta esa esquina y se reunió con el comisario de la 12, Cuncio. “Se los notaba muy nerviosos”, relata Omar Guaraz. “El comisario terminó enojado diciendo que no iba a trabajar nadie más acá”.

Omar se ríe, y dice que seguirán yendo igual.

¿Qué va a hacer?

Cómo sigue esta historia es en verdad una incógnita, tanto como la implicación de una promesa.

Que la Federal desacostumbre sus vicios es tan improbable como que los vendedores se tuerzan.

Que dejen a los trabajadores trabajar es necesario, tan evidente como la obligación de que la Policía respete las leyes, que no cobre coimas, que se garantice el sustento de sesenta familias y que el trabajo callejero esté regulado y no penado.

El tren al que dejaron sin vías

Esta carta es la historia presente del Club Ferro Carril Oeste. Dedicada a quien supo construir un pedazo de su gloria: Don Carlos Timoteo Griguol; y para todos los que entienden que un club es de sus socios y de nadie más.   

Querido Timoteo:

Cómo contarle ésto que está pasando. Algunos pensarán que es una locura, que no tiene sentido, que de nada vale entristecerlo con este presente quebrado. Esos insultarán esta carta dirigida a usted, Maestro, que enseñó a los corazones verdolagas lo que era la gloria y la alegría de gritar campeón en los tablones de Caballito. Y que, encima, lo hizo dos veces, las únicas dos veces en la historia del club: en el Nacional del 82 y en el del 84 !Qué años aquellos! ¿Recuerda? Decían que Ferro era la institución modelo del país. Y lo era Timoteo, usted lo sabe. Los vecinos se morían por ser socios. El club era más que el fútbol vistoso que usted supo crear y cuidar. Era el vóley y el básquet y todos los deportes. Era, sobre todo, la vida de club de todos esos chicos, chicas, hombres y mujeres que inflaban el pecho cuando hablaban de Ferro Carril Oeste. De sus canchas, de su pileta, de la confitería, del equipo, de sus deportistas, de usted. Todo era color verde. Qué linda década, Viejo.

Ferro

Fotos: NosDigital

Y sí, los que se acuerdan de usted cuando recuerdan esos tiempos dirán, quizás con razón, “pobre viejo, mirá si lo vamos a andar amargando con toda esta mierda”; “Déjenlo tranquilo a Don Timoteo que no tiene nada que ver, no se lo merece”. Y puede que sí, que esto sea un error. Seguro que usted no merece esta realidad. Pero sí merece saberla. Y esos otros que digan “cuéntenle quiénes son los responsables de haber quemado todo lo que él en parte logró” apoyarán esta triste carta.

Ferro quebró, Viejo. Lo fundieron. Hace un tiempo ya. En diciembre del 2002. Se preguntará cómo pudo pasar después de esos ’80 brillantes. Y, bueno, vinieron unos ’90 destructivos. Y eso estalló en los tempranos 2000. Sí, claro, Timoteo, como sucedió en todo el país. Nadie que haya seguido la corriente se iba a salvar, Maestro. Y Ferro no fue la excepción.  A partir de ahí se le aplicó la ley de fideicomiso. Como a Racing, como a Comunicaciones, como a cada entidad deportiva que se le rompen los números de los balances. La quiebra la decretó el juez Antonio Herrera.  Un sorete, Viejo. Quizás el que más haya lastimado a Ferro en toda su historia. Pero, alguien le abrió la puerta del club, eh. No es que entró así nomás y empezó a robar todo. No, claro. ¿Te acordás de Marcelo Corso, del presidente de Ferro del ’96 al ’99? Otra basura, Timoteo. Llamó a concurso de acreedores al toque que asumió, porque dijo que el club estaba por darse vuelta. La cosa no estaba bien, es verdad. Los números que había dejado Felipe Evangelista, presidente del ’93 al ’96, eran tenebrosos. Pero lo único que logró Corso llamando a concurso fue hacer entrar en el juego al macabro juez Herrera. Acelerar toda la miseria. Obvio que Corso tenía sus intereses. Jugaron codo a codo con el juez y desmantelaron el club.

Cuando hubo elecciones en el ’99 tuvo que volver Carlos Leyden, vio. Usted lo conoce mejor que nadie. El presidente de la etapa de oro. Desde el 63 al 92. Bocha de tiempo, y en el medio lo mejor de la historia: usted y su Ferro campeón. El club era una joyita, ya lo hablamos. Si bien cuando Leyden se fue en el ’92 no dejó todo 0km, porque la crisis de la híper inflación había hecho bosta al club, dejó las cosas dignas. Después Evangelista y Corso tuvieron las más nefastas y paupérrimas gestiones. Con robo e impunidad. Nada de lo que pasó fue un error dirigencial, eh. No fueron malas administraciones como se dice. Todo a propósito, Timoteo. Por la guita. Ferro les chupaba un huevo. Eso no es equivocarse, es hacer las cosas muy bien, pero con intereses exclusivos y privados. De la idea de club que se mamó en sus épocas no quedaba ni el recuerdo.

_MG_9372Cuando se presentó Leyden en el ’99 algunos dicen que fue para lavar culpas, porque él había recomendado a Corso en el ’96, y después se quiso matar. La realidad es que usó su figura para que Corso no gane de nuevo. Y claro, Leyden ganó y Corso se fue (con toda la guita).  Pero cuando agarró el club dijo que no podía administrar miseria. Así  nomás. El club estaba en las últimas. Renunció y asumió Arnoldo Bondar, su vice. Que renunció también, porque dijo que la Comisión Directiva no existía, que había una mesa directiva, de tres o cuatro, que no representaba el espíritu democrático del club ¿Se da cuenta? Y asumió el vice segundo, Guillermo Socino. Cumplió el mandato y se llamó a elecciones en el 2002. Ganó un tal Walter Porta, que venía de un grupo independiente. A todo esto Herrera seguía chupándole la sangre al club. El juez tenía un plan. Perdone que le hable así, Viejo, pero fíjese que forrada: quería gerenciar el fútbol y el resto de los deportes profesionales a empresas privadas; además quería mudar el estadio de Ferro a Agronomía ¿Sabe para qué? Para armar un parque como el Rosedal en el medio de Caballito. Tenía todo un negocio planificado. Todo estaba armado. Y fue por ello, paso a paso. Empezó a presionar a Porta para que gerencie el fútbol. Y Porta dijo no. El juez lo empezó a arrinconar. Pero Porta resistió.

¿Qué hizo Herrera? Firmó nuestra quiebra y nos mandó al muere. Decretó que Ferro estaba fundido y que entraba en la Ley N° 25284, la del fideicomiso. Lo que resultaba un obstáculo para su plan lo iba eliminando. Y si el club tenía que quebrar… qué le importaba. Para que se fije qué impunidad, le paso un par de datos: Ferro, formalmente, termina quebrando por dos pedidos de quiebra que ascendían a 53 lucas. Usted piensa que una institución como Ferro puede quebrar por esos numeritos. Sé que no, Viejo. Que entiende que el tipo vio que Porta era un hueso duro de roer y liquidó al club por chiquitaje. Para poder controlar todo. Más fácil. Ojo, el club tenía un déficit de aquellos. Casi 27 millones. Pero podía seguir funcionando de la misma manera que hasta entonces. Como lo hizo durante todos los ’90. Porta se tuvo que ir, claro. Y este mismo juez designó al órgano fiduciario que ahora iba a controlar el club para levantar la quiebra. Porque, supuestamente, según la ley, el órgano tiene como objetivo devolver el club a sus socios sin deudas. Salvar la institución. Pero, del papel a la realidad… y si encima está Herrera en el medio, olvídese. Osvaldo Valera, Jorge Oliva y Eduardo Andrada. Esos fueron los tres que conformaron el primer órgano. Varela, un buen tipo, lo pusieron para rellenar. Oliva era un contador que cayó por designación. Y Andrada… ¡Ay Andrada! Un amigo de Herrera. Trabajaron juntos para el negocio. Con Herrera como juez de la causa y con Andrada como el tipo de peso en el manejo del club hicieron lo que quisieron. Al toque gerenciaron el fútbol. Contrataron a Gerenciar SA. La empresa de Gustavo Mascardi, el representante de jugadores. Lo que quiso hacer con Porta y no pudo. Después empezó a preparar todo para darle el resto de los deportes a Swiss Medical, otra empresa. Venía todo como lo pensó. Pero, usted lo habrá visto, a Herrera le hicieron una cámara oculta en la televisión. Y cayó. Habló de todo mientras lo filmaban. De su negocio, de que Ferro no le importaba, de que quería armar un shopping. Increíble. Lo destituyeron a los tres meses. Y asignaron una nueva jueza: Margarita Braga. Sigue hasta hoy como jueza de la quiebra. El órgano fiduciario cambió mil veces. No lo quiero marear con nombres. Renunciaban cada dos por tres y entraban reemplazantes. Hoy están Silvio Favale, como contador; Julio Marzano como responsable de la situación deportiva; y Marcos Brusa como abogado. Si bien no está el serpentario que destruía a Ferro desde adentro, las cosas no han cambiado mucho, Timoteo. El déficit sigue. Corso, Herrera y compañía dejaron al club en la ruina, y de ahí se hace difícil salir.

_MG_9447En el 2011, cuando se cumplieron los nueve años de fideicomiso, Ferro todavía no había levantado el pasivo. Según la ley, debían rematarse sus bienes para pagar la deuda y, bueno, el club dejaba de existir. Pero no pasó, tranquilo Viejo. Dieron una prórroga de tres años más. Ahora la fecha límite es diciembre del 2014. Queda tiempo, pero la cosa no levanta. La gente confía, igual. Dice que Ferro es Ferro, que es imposible que desaparezca. Pero los papeles están prendidos fuegos. Los socios se organizan, eh. Crearon una cuenta en el banco y van depositando ahí. Donaciones, vio. Sin nada a cambio. Y ya juntaron más de un palo, con todo el esfuerzo de la gente. Pero no alcanza, los números son altos. La verdad es que esa ley no sirve para un carajo. Te llenan de abogados, contadores y jueces que no entienden nada de clubes. Piensan que son una empresa donde tienen que cerrar los numeritos y listo. Y no es así, un club es otra cosa. Es un barrio entero. Ferro es Caballito, si usted lo sabe. Pero un fideicomiso no lo entiende. Un órgano fiduciario, menos. Y, para colmo, ¡los burócratas que ponen, roban! No solo no cazan una del valor social y cultural que significa, sino que lo funden más todavía, para hacer sus negocios. De no creer. Nadie se salvó con esa ley. Simplemente no lo entienden, Timoteo.

Se preguntará dónde quedaron todos esos buitres. En la cárcel no hay ninguno, pero existen dos causas penales por los escándalos de Corso y Herrera. La primera estaba bien encaminada: Corso y tres dirigentes más de su riñón corrupto, Raúl Tauz, Héctor Hermida e Isidro Cabral, habían quedado procesados por tres hechos bajo el mismo cargo: administración fraudulenta. En el 2001 la comisión directiva del club hizo la denuncia. En primer lugar, se constató que se quedaron con varios cheques de 40 lucas en conceptos de “a rendir” y de “devolución de préstamos”. La plata nunca apareció. Después, giraron un millón y medio de dólares a una empresa financiera uruguaya sin justificación alguna. Era una guita que había quedado de la venta de unos terrenos. La plata nunca apareció. Y, por último, se chuparon el pase del jugador Martín Herrera al Alavés de España. La plata nunca apareció. Pero, estos tipos tienen poder, Timoteo. Dilataron el juicio oral todo lo que pudieron. Y eso que la etapa de instrucción ya estaba cerrada, ¡y habían quedado firmes los procesamientos!  Pero con todo tipo de artilugio legal, que el juez dejó pasar, la estiraron y la estiraron. Y sobre la fecha de prescripción, que iba a ser en Junio de este año, los criterios del proceso judicial cambiaron. Fue súbito.  Esos nuevos criterios decían que como estaban siendo juzgados desde hace más de seis años y la pena máxima para esos delitos era de tan solo seis años, la causa prescribía. Encima, los jueces habían desestimado ese mismo argumento anteriormente. Pero, se dieron vuelta. Y prescribió nomás. A tres días de empezar el juicio oral la causa prescribió. Los tipos zafaron. Como verá la Justicia y los jueces no le tiran un centro a Ferro. Más bien juegan para la contra. Ahora habría que esperar que se revoque esa decisión y que se dicte sentencia todo antes de junio. Imposible, Timoteo, así nomás. Quedará impune.

La segunda a causa va detrás del pez monstruo más gordo: Herrera. Que ya está procesado. También cayó Andrada, su amigo del órgano fiduciario. Y los Mascardi, Emilio y Gustavo, padre e hijo, dueños de la empresa Gerenciar SA. En esa causa, en total, hay doce procesados, entre los cuales están los integrantes del órgano fiduciario que se encontraban en acciones al momento de licitar el fútbol a la empresa. Todos por fraude. Se encontraron muchas irregularidades en la licitación. Y ya sea por ser partícipes o cómplices, todos quedaron procesados. La causa avanza bien, pero hay que tener cuidado. Ya vio lo que pasó con Corso y los demás. Estos tipos tienen amigos ahí adentro. Herrera está complicado. Tiene muchas chances de ir en cana. Ojala, Timoteo, ojalá.

Como verá el presente está enmarañado. A Ferro lo arruinaron, le quitaron las vías. Se comió las mil y un maniobras: legales, económicas, judiciales, políticas. Todas. Digitaron la quiebra y después la mantuvieron. Lo comprobó la Justicia, que eligió no hacer honor a su nombre. El pasivo verificado en la causa está en los 16 millones. Y no se sabe muy bien qué va a pasar.

No hay más que decir, Timoteo. Solo luchar para que Ferro siga siendo de sus socios.

Que ande bien.

Un fuerte abrazo, Viejo.