La inseguridad no da para más

Hace un año a Kafé González lo mató un policía porque supuestamente estaba robando. Ya muerto, le plantaron un arma. Tan sólo es otro de los pibes que la policía asesina cada 28 horas. ¿Cuál es tu inseguridad?

La familia González tuvo que luchar por la aparición de una nena secuestrada para trata, después para que el Estado se hiciera cargo de la rehabilitación, mientras tanto para que se recupere de la esquizofrenia. Durante su propia investigación descubrieron que había policías implicados. Esa familia, a los seis meses del secuestro de Milagros, sufrió la muerte de un pibe asesinado por un policía. Viven en el Conurbano Sur: Burzaco, Adrogué, Ministro Rivadavia. Pagan alquiler y derecho de piso.

walterburzaco-9

Kafé

A Walter González le decían “Kafé” porque era morocho. Era un pibe del conurbano de 17 años. El 16 de agosto, cerca de las 6.30, tres amigos suyos lo levantaron en coche y lo llevaron a dar una vuelta. Pararon poco después frente al auto de Horacio Gómez, un policía de la comisaría 3ra de Almirante Brown – por negligencia de su primer abogado, a mediados de octubre, dos meses después, todavía no sabían si ese era efectivamente su nombre; el fiscal de la UFI 10 tampoco lo daba-.

Los chicos se asustaron corriendo cuando vieron que era policía. Gómez declaró que le quisieron robar: “Fue una balacera, los pibes tiraron tiros”. Los otros tres corrieron. Kafé quedó parado en el medio, y Gómez lo fusiló: a 10 metros, le dio un tiro en la cabeza. Hubo otros cuatro disparos confirmados por los peritos. Todos salieron del arma del policía.

Un testigo salió de la casa en la calle Boulogne Sur Mer entre el 0 y el 100, de Longchamps, para ver qué pasaba. Lo vio a Kafé tirado en el piso, boca abajo, sin armas a su alrededor. Gómez buscó quien declarara a su favor. Recibió “no” como respuestas. El testigo volvió a pasar por el lugar antes de las 9.30, horario en que levantaron el cuerpo de Kafé. Esta vez tenía un arma “así grandota” al lado suyo. Los peritos fueron concluyentes: la pistola no tenía parafina, no había disparado.

walterburzaco-1Las versiones

Los otros chicos no contaron nada. Le anduvieron dando vueltas a la madre: que vaya a la comisaría a ver si pasó algo, que andaba por Longchamps, que Kafé andaba por ahí. En la comisaría no le dijeron nada antes del mediodía, aunque ya sabían. Después del mediodía el jefe de calle, Fabio Perrone, la atendió, le pidió que le mostrara una foto. Le tengo que decir algo: “Se mandaron una cagada, los otros tres lo dejaron tirado. Su hijo murió”.

A la prensa le dijo: “Iba a su trabajo uniformado y una vez que estaba en su vereda para arrancar su marcha pasa otro vehículo con cuatro masculinos en su interior, que obviamente iban al voleo, con intenciones de cometer un hecho para sustraerle su auto y entrar a la casa”. Los titulares de diarios fueron uniformes, iguales, obvios: “Policía mató a un ladrón que quiso asaltarlo en su casa”.

El fiscal lo quería tapar: tu hijo fue a robar, lo mataron y ya está. Le pidió a la secretaria que le dijera a la familia dónde fue el tiro:

-Acá –y señaló la cara. El tiro fue en la nuca, salió en las pericias.

El primer abogado no movió nada. El testigo lo tuvo que poner la madre. El fiscal no quiere atender a la familia. Quiere cerrar la causa.

Un coche le sacó fotos a la casa del testigo, cuando el único que sabía de la declaración era el fiscal.

El policía Gómez está en la casa con cámaras y patrulleros que lo custodian.

_DSC7171

La red de la locura

Milagros González fue secuestrada en Burzaco el 16 de marzo y apareció diez días después violada y drogada. En su relato identifica a un joven que la marcó en una iglesia evangélica y a una mujer que se le hacía la amiga y terminó entregándola. La complicidad policial, política y judicial que volvió loca- literalmente- a una nena de 14 años, contada por su madre.

Pagamos derecho de piso porque somos nuevas en el barrio, en Burzaco. Milagros tenía catorce años cuando conoció a su secuestrador, un animal que vendía drogas en la iglesia evangélica a la que ella iba con su hermanita Ludmila, de doce años. El muchacho, que las saludaba siempre al pasar, desapareció un tiempo antes del secuestro y no volvió a aparecer. Según los pastores, con la iglesia no tenía nada que ver.

El secuestro

A Milagros la secuestraron el 16 de marzo de este año cuando volvía de la casa del padre, donde había discutido con sus hermanos. Como yo no estaba en casa, hablé con ella que me fue a esperar a la estación de Burzaco.

La regenteadora fue una tal Belén, una mujer que tiene una lágrima tatuada en la cara, que se hace amiga de las chicas y es la que las recluta: les saca el número de teléfono, la dirección, con quién viven. Ella pagaba lo que consumía entregando chicas; había sido también víctima de trata. Esta mujer regenteaba desde el COTO, Jumbo y se ve que en la iglesia. Miraba a qué indigentes, a quién podía levantar. Hacía una especie de espionaje.

Esta Belén la invita a la casa y Milagros le dice que no, porque me estaba esperando a mí. La mujer esta iba hablando por Handy, hasta que de repente aparece una camioneta. Con un revólver me la subieron a la camioneta, la encapucharon, la manosearon, la drogaron. Lo último que recuerda Milagros es que siempre se manejaron con handie para hablar con otros secuestradores: recuerda Camino de las latas, la villa Betharram.

La vuelta

El 26 de marzo apareció de vuelta. Se escapó. El forense no quiso ni siquiera tocarla, investigar la situación. No contó nada. No quería que la policía interviniera porque había policías involucrados en el secuestro: Milagros los había visto con uniforme.

El 27 apareció en casa una camioneta negra. Ella la vio y se dio cuenta de que la venían a buscar, que había estado detenida en un prostíbulo en Camino de las Latas, hizo pases (se tuvo que prostituir), la encapucharon, comió dos de diez días, le daban pastillas, inyecciones (comprobadas). Como era chica y ella tiene una discapacidad, ofrecían poca plata.

La intentaron vender en la villa del Bajo Flores a la banda de Los Chinos. El mismo 27 Milagros le contó a otro forense y ahí si la revisaron.

Las amenazas

Llamaban por teléfono, decían que ninguno de ellos iba a caer detenido porque está metido el poder judicial y político, que escapar era una pérdida de tiempo. Esos llamados nunca fueron investigados por el gobierno de Esteban porque están metidos en la trata: desde La Colorada, la prostitución está regenteada por la Brigada.

A Yamila (17), una vez una camioneta le pregunta una dirección que no existía; aprovecharon y se le tiraron encima y le dijeron que no se metiera más, que cortara con el tema de la trata y de la policía porque íbamos a terminar todos en una zanja. Se salvó porque justo unos chicos de ahí la acompañaron hasta la casa del novio.

A Florencia (23), yendo acá a dos cuadras, la quisieron levantar en una camioneta, pero los vecinos estaban todos afuera y lo impidieron.

Todo esto, en pleno día.

La internación

El 5 de abril fue internada porque llevaba once días de desidia; esos once días Milagros tenía brotes de que se quería suicidar. La interné en San Martín de Porres, por mi obra social, pero como no es infanto-juvenil la terminé sacando. Había varones, personas con condiciones psiquiátricas que veían chicas y se les tiraban encima. Para ella eso era volver a vivir lo que le pasó en cautiverio.

La segunda vez hicimos una experiencia piloto para traerla a casa. Tuvo otro brote y la internamos en el San Jorge, mixto también. Quince días después, yo no veía solución. Estaba en una celda con chalecos de fuerza, chalecos químicos. La tenían con pañales, no la dejaban ir al baño, todo el día drogada, todo el día babeada.

El allanamiento

Yo decidí sacarla y me allanaron la casa. El 8 de mayo ella declaró todo en una cámara Gesell. Ese día apareció a las 17 una camioneta roja – que era de un efectivo de Esteban Echeverría- que nos quiso atropellar. Ahí tuvo otro brote. Decidieron darle la internación, yo dije que no. La Unidad de Fortalecimiento Familiar y Niñez, que nunca participó de nada, bajo la autoridad de Mariana Pérez decidió que yo soy nociva. Me allanaron y se llevaron a Milagros. Si nos resistíamos, nos iban a romper todo.

Mariana Pérez me decía que si yo seguía haciendo mucho problema por la trata, me iban a sacar a mis hijos.

Cuando dejé de ser nociva para el Estado, la pude traer y Milagros tuvo otra recaída. Porque fue mal medicada. Decidí entonces que vuelva a internarse en una clínica que me paga la obra social en Avellaneda. Quedó con un estrés postraumático, trauma y esquizofrenia. No reconocía a la familia, se volvía agresiva. Esquizofrénica total, sin cura.

La casa

Ya saben bien dónde vivimos. Con los carteles visibilizamos lo que le pasó y lo que le puede pasar a cualquiera, porque eso aprendimos. La trata le puede pasar a cualquiera. Las puertas quedan abiertas. Nos cuidamos entre nosotros. Nos manejamos con handie con botón antipánico. De día debería pasar el patrullero. De noche tenemos custodia de 19 a 7.

A nosotros, por la Ley de Trata se nos tiene que dar un lugar nuevo.

La trata

Hay treinta desaparecidas acá en Almirante Brown, en las mismas condiciones.