Las raíces de la emoción

Bruno Arias hace rato dejó de ser el eco de un nombre que retumbaba por lo bajo y se convirtió en una voz singular y renovadora del folklore argentino. Mientras continúa con la presentación de su tercer disco, Kolla en la ciudad, el cantautor jujeño habla de raíces y de la reivindicación de los pueblos originarios. En medio de tanto ruido, una voz que canta su verdad.

 

Me lo encontré frente al Obelisco, defendiendo con su guitarra una causa que es de todos. Lo reconocí a la distancia cuando salí al caos del centro desde la línea verde, que creo que es la D. Vi desde el otro lado de la eterna avenida una bandera flamear, imponente frente a cualquier cartel luminoso que nos quiera ganar la atención. Él estaba parado justo ahí, bajo la bandera, frente al Obelisco, sosteniendo con el corazón la imagen del cartel que tenía a su izquierda. Estaba festejando y reivindicando a la Mujer Originaria (con mayúscula) en su día. Fue la primera vez que lo vi a los ojos, hace unos pocos días, cantando para el que corría de traje y zapatos y tenía la suerte de descubrirlo.

Me quedé pensando en su voz y fui en su búsqueda algunas tardes después. Bruno Arias, con la misma humildad que brillaba en la calle, se sentaba con un plato de ñoquis delante en un bar de una de las tantas esquinas porteñas, para regalarnos un almuerzo/merienda. Promediaban las 17.00 horas, de charla y sonrisas. Mientras él comía y nosotras lo interrumpíamos porque nos ganaba la ansiedad, jugué una vez más a descubrirlo mientras todo él se regalaba en anécdotas. Lo agarramos a la salida de otra entrevista, que forma parte de una gira radial previa al concierto que se avecina en Groove, y que lo iba a llevar unas horas después nuevamente a la misma radio. Mientras calculan cuánto de la tarde les queda liberada, fantasean con una peli 3D para flashearla o con una siesta que los haga descansar después de una larga (verdaderamente larga) noche de composición que los encontró a la mañana todavía con la guitarra en la mano.  Parece ser que de noche se compone más lindo; sin ruidos y con vecinos del edificio que no se quejan mucho, se ponen a crear.

Imagen: NosDigital

Bruno habla lento, como pensando profundo todo lo que dice y nos traslada de la mano de su voz hasta sus primeros acercamientos con la música, que poco tienen que ver con un instituto o academia. En la casa de “La Yuli”, de sus pagos de Jujuy, lo que verdaderamente importa está mucho más cerca de los sentimientos: “La Yuli es otro mundo de la bohemia jujeña, puedo estar días contando cosas y anécdotas muy particulares que tiene que ver con el arte. Para sintetizarte lo que es la Yuli, es una casa donde se aprende a mamar los sentimientos, a cantar con el corazón en la garganta; si no tenés corazón para cantar o no transmitís nada, ni agarrés la guitarra. Vos tenías que distinguirte en algo, vos tenías que dar algo en esa rueda y tenías que emocionar”. Hace un parate y deja ver algunos de sus recuerdos en sus ojos entrecerrados. “¿Viste cuando escuchás algo y se te pone la piel de gallina? Bueno, en la Yuli sucedía eso, cualquiera, hasta el más desafinado, te ponía la piel de gallina. Cuando entrabas en la onda de la Yuli, en la sintonía de la bohemia a flor de piel es como que ahí es la verdad, no podés mentir, no podés firuletear con la guitarra, ni hacerte el técnico cantando, ahí es la verdad de lo que sos”.

Bruno descubrió su verdad cantando y con su gente en la garganta llegó a Buenos Aires en el año 2002: “En Jujuy soy uno más, aunque ahora soy el cantor del pueblo, digamos, y para muchos un referente; por más que yo siento que recién estoy comenzando a proyectarme y a concretar cosas que vengo generando desde hace años con sueños, con utopías, con anhelos”. La charla se interrumpe porque suena el celular, es un mensaje de un fan que le tira buena energía, aunque no le gusta admitirlo, no se siente cómodo en la posición de que la gente lo idolatre. Para Bruno los que merecen adulación son muy pocos, entre ellos nombra algunos, al Che, a Felix Diaz, a Mercedes Sosa… De la nada, la conversación nos lleva a otro terreno y nos cuenta cómo un día le escribió una carta a Mercedes y se la llevó hasta la casa con dos temas grabados en un CD virgen.  Unos días más tarde recibía su respuesta, una llamada que lo invitaba a cantar juntos.

La anécdota que le ilumina el rostro se frena de repente, un pibe le ofrece tres pares de medias a un precio irresistible, él elige un par, el blanco y le agradece. Segundos más tarde llegan las risas al mirar con más atención el tamaño de los soquetes. “Le faltan cuatro dedos”, sentencia sonriendo.

Volvemos a retomar la charla y desde Jujuy llegamos a Buenos Aires donde los sueños se fueron materializando y en el año 2005 salió al ruedo su primer disco, “Changuito volador”: “Tiene que ver más con lo ligado a  lo que es la infancia, mostrando lo que es el ritmo más representativo de Jujuy,  el bailecito, y dando una mirada más paisajista que tiene que ver con los recuerdos, con las vivencias”. Bruno Arias se afirma en su música y su perfil se delinea cada vez más. En su segundo disco, “Atierrizaje”, la intención se hace todavía más sólida: “Tiene que ver más con volver a la tierra, cantar desde un lugar más profundo, ya no importa la voz ni el virtuosismo del instrumentista, sino que es la canción y la letra, respetar el género más que nada. Toma más protagonismo la canción que el canto”.

El objetivo de reivindicar los pueblos originarios, su tierra y sus voces se hace carne en su tercer disco, “Kolla en la Ciudad”: “Más que nada, el mensaje del disco es que el reclamo que hay en todo Latinoamérica es el mismo, y la idea es unir esa punta en una sola canción, en una sola voz. Siempre el mismo reclamo, por más que haya distancia es el mismo, porque uno ve un documental de México y cuando viaja al Chaco se da cuenta que sus originarios tienen las mismas necesidades y los mismos pedidos, por más que sea otro tiempo, otro espacio u otro momento histórico”. Su compromiso lo llevó a tocar en el Monumento a la Mujer Originaria, donde tuve la suerte de ver la chispa de sus ojos por primera vez,  y a sumarse a infinidad de otras luchas a lo largo y ancho del país.

Abandonamos la mesa del bar para salir a la calle, es hora de las fotos. Aunque empieza a bajar el sol, vemos que se intimida al momento de posar en plena peatonal porteña, hace chistes, sonríe y le juega un poco a la cámara para sacudirse la vergüenza. Entre bromas le pido que abra un poquito más los ojos achinados, “No sería yo”, me contesta casi instantáneamente. No importa el escenario, Bruno entrega el corazón en donde quiera que lo haga, frente al Obelisco, en Groove o en la calle Florida delante de un lente que lo observa y tira flashes, siempre logrando la magia de hacer que su energía llegue hasta la gente y vuelva duplicada.

“La Revolución rompe la servidumbre en Bolivia”

Obreros venciendo a las Fuerzas Armadas oficiales, tomando por asalto al Estado nacional e instaurando un doble poder. Aprovechemos la conmemoración de los 60 años de la Revolución Boliviana para juntarnos con el especialista en historia boliviana Bruno Fornillo para rescatar consideraciones de un suceso clave que goza de poca prensa.

Fotos: Nos Digital.

Nos juntamos con Bruno Fornillo, docente de Historia de América III de la carrera de Historia en la UBA, no solo como una intención de recordar la Revolución, sino también de preguntarnos sobre sus resultados, limitaciones y, por qué no, cómo es que cae poco menos de diez años después, siendo una sombra de lo que supo ser. Finalmente, ¿el nuevo Estado Plurinacional  encabezado por Evo Morales está siendo tan disruptivo con el status quo como lo fue el movimiento del ´52?

-¿Cómo repercutieron las expropiaciones de tierras a las comunidades y la implantación de una minería capitalista desde fines del siglo XIX y el XX, en la Revolución de 1952?

-En principio hay una serie de rebeliones y protestas indígenas muy fuertes a lo largo del siglo XX que van a tener su culminación en la Revolución del ´52.  Para eso va a ser central la conformación de las milicias campesinas, es decir, contingentes armados. Por otro lado, el traspaso de la figura indígena clásica a la campesina. Se forman entonces los sindicatos campesinos a imagen y semejanza de los mineros. El ciclo de rebeliones en ese sentido es importante, y en relación con eso, el nivel de auto-organización constante del sector indígena y campesino posteriormente, que en Bolivia no conoce límites, ni siquiera hoy en día. La clave de la Revolución hay que encontrarla en la dinámica propia del sector minero. Esa acción de masas es la que constituye el núcleo revolucionario. Y de hecho derrotan a las FFAA. En los campamentos mineros la explotación es muy visible, se nota claramente lo que son las distancias de clase: los empresarios vivían de una manera absolutamente suntuosa frente a los mineros que tenían condiciones de vida paupérrimas.

-¿Durante el período revolucionario se puede ver una alianza clasista entre obreros mineros, campesinos y comunidades indígenas, u obraron cada cual por separado con sus diversas reivindicaciones?

-La principal alianza es clase obrera, nucleada en la Central Obrera y la pequeña burguesía de contenido pequeño burgués, representados por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR). La existencia de las milicias campesinas les permite a los del MNR contrapesar el poder obrero, porque el grado de clientelismo y control de este partido sobre los campesinos va a ser muy fuerte.

-La Revolución del ´52, ¿creés que influyó en el ideario revolucionario de los ´60 y ´70 o simplemente fue visto como otra de las revoluciones fallidas americanas?

-Hay una constante un poco trágica en América Latina. Hobsbawm contó 115 para solo el siglo XX, pero a la vez, hay una tendencia a desfallecer de las revoluciones, la cual la boliviana es uno de los ejemplos más claros. La pregunta era porqué no se convirtió en una revolución socialista si los obreros extirparon el poder, pero a la vez con el paso de los años, y no muchos años, fue ahogada económicamente, el MNR domina la escena, se le pide ayuda a Estados Unidos, se reconstruyen las FF.AA. La Revolución decae internamente. Ese es el problema para Latinoamérica, porque más allá de hacer comparaciones simplistas, ciertamente sigue siendo una pregunta hoy: hasta qué punto los procesos que transforman la vida social de los países no pueden tener una deriva de las relaciones capitalistas. Acerca del impacto específico de la Revolución del ´52, creo que influye porque es la segunda revolución de gran porte de América, después de la mexicana. Y para los bolivianos es un elemento constitutivo. No es posible considerar la historia local sin dirigirse a pensar la Revolución, por lo tanto los efectos sí son claros, determinantes. Hobsbawm dice la frase clásica: “todas las revoluciones fracasan porque ninguna hace las cosas que se había propuesto, pero todas triunfan porque no dejan las cosas como las encontró”. Eso cabe para el caso boliviano, pero a la vez es un acontecimiento fundante de su historia.

-¿Qué significó la Revolución para la clase dominante?

-Da por tierra al llamado Super Estado Minero que tenía dos componentes claves: por un lado, la existencia de las haciendas que tenían sujeta a la población en condiciones de servidumbre. La Revolución, entonces lleva a cabo la reforma agraria en el área occidental y reparte la tierra a las comunidades. en gran parte. Por supuesto, fue un proceso largo, que incluso es continuado por los gobiernos militares. Hecha esta salvedad, la antigua estructura de servidumbre se rompe y se crean las comunidades campesinas de pequeños propietarios, que son la base actual del Movimiento al Socialismo (MAS). En segundo lugar, los barones del estaño, que son expropiados para nacionalizar las mina. Pasan al control del Estado,  por lo que se estatiza la mayor fuente económica del país. Así, desaparece buena parte del sustento estructural económico de la clase dominante.

-¿Cómo el gobierno de Evo rescata en su discurso los proyectos del ´52?

-Me inscribo dentro de quienes ven en el gobierno de Evo Morales una ruptura con los parámetros históricos de organización de la vida del país, incluyendo a la Revolución. Primero, porque hay una nueva cosmovisión macro que es irrefrenable y que arraiga en la dimensión identitaria comunitaria campesina, es decir, cómo se piensan la legitimidad de los dominantes y dominados en Bolivia, un cambio radical de las mentalidades. Además, en relación a las rupturas, Evo transitó desde un discurso pachamámico, en defensa de la madre tierra hacia fuera; pero hacia adentro, en un desarrollo de las fuerzas productivas con un único fin de hacer crecer el PBI a toda costa. Para lo cual, había que hacer minería a cielo abierto, y esta es una contradicción flagrante del gobierno.

-¿No se puede entender a este gobierno de Evo Morales como una nueva etapa de acumulación capitalista, diferente a viejos modos, pero capitalista al fin?

-Esta pregunta excede el campo de Bolivia, y en verdad es una pregunta que tiene que formularse para todos los procesos progresistas de América Latina. Por un lado, lo que tenemos es un intento de desarrollo industrial boliviano, que lo que busca es internalizar el excedente. Existe una contradicción interna en el bloque de poder que hoy conduce un proceso de cambio, porque los sectores campesinos no están convencidos de llevar a cabo esta internalización, ya que visto en términos marxistas, son pequeños propietarios que de algún modo quieren acumular más tierras. Hay que romper con la idea romántica del campesino revolucionario, porque lo que tenemos es la figura clásica del pequeño propietario. Están las dos dimensiones: el mega proyecto desarrollista y, por el otro lado, la existencia de contradicciones y tensiones al interior del bloque de poder que posiblemente avalen la forma de consolidación capitalista. Hay una manera ultra izquierdista de responder “todo es capitalismo”. Pero también es una respuesta rápida decir que todos los gobiernos son proyectos nacionales y populares, y que vamos hacia un proceso emancipatorio imparable. Lo que hay que pensar es hasta qué punto es posible llevar adelante las tendencias liberadoras más profundas.