OCUPA TODO


Movimiento ocupa brasilero: cómo es desde adentro una experiencia de resistencia propia de los tiempos latinos y neoliberales que corren por nuestras venas abiertas. Historia y presente de un movimiento que presenta los rasgos de una época y de una región con método y con ideas. (Imágenes: Delegación NINJA)


La imagen del triunfo

Y en ese momento, mientras la Mujer-Ocupa lee una carta y todxs gritan “Fora Temer!”, se vive una fiesta victoriosa.

La Mujer-Ocupa enuncia:

“Somos todos los presos condenados por un sistema excluyente y racista, somos las jóvenes estupradas, somos todas las mujeres víctimas de violencia, los niños asesinados por policías militares en la puerta de su casa, somos lxs gays, lesbianas y travestis golpeadxs y muertxs todos los días, somos las personas agredidas por la intolerancia religiosa, somos los 23 activistas presos y procesados, somos la gente de la calle, somos las favelas, somos los sin tierra, somos los indígenas, somos los locos, somos los expatriados, los desertores, los refugiados, los removidos, somos todos los excluidos: somos los que luchan. Felices tres meses, ocupantes.”

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Las banderas colgadas con la cara de Temer hecho un demonio son la fachada de la nueva casa del movimiento ocupa: el antiguo estadio Caneo de Rio, rebautizado “Casa de la Democracia”; “Procuramos uma nova época, uma nova ética, uma nova estética”, es el cartel de bienvenida; las escaleras con gente de cualquier belleza son el preludio del gran salón; y en el salón, las culturas perseguidas festejan el triunfo de bailar y resistir en un mismo acto.


Ocupar es resistir

“¡Ocupa tudo!” es el grito que se multiplica en Brasil.

Tudo es todo.

La calle.
Una plaza.
Un estadio.
Un Ministerio de Cultura, también.

Se grita “¡Ocupar es resistir!”. Una  consigna que en Argentina resuena desde las más de 400 fábricas recuperadas: ocupar, resistir, producir.

“Porque una ocupación es, ante todo, eso mismo: combatir la desocupación.” (un ocupante)


Quiénes son y qué pasó

El movimiento OcupaMinc de Rio de Janeiro es un colectivo de artistas y activistas que, ante la eliminación del Ministerio de Cultura (MinC) dispuesta por el presidente interino Michel Temer, decidieron disputar el espacio público del propio ministerio, tomando el Palacio Gustavo Capanema. Luego de 73 días, los desalojaron. El movimiento tomó entonces un nuevo predio: el estadio Canecão, un símbolo de la cultura popular brasilera, abandonado desde hace 9 años por la universidad pública.

28647007161_3a63fbd919_oEl mismo jueves 12 de mayo en el que Dilma quedó apartada, Temer tomó la presidencia y disolvió el MinC. Pasó sólo un día para que las ocupaciones florecieran: el sábado en Curitiba, el domingo en Belo Horizonte y el lunes en Río. La acción se multiplicó:  San Pablo, Salvador, Caerá y más. 27 predios culturales estuvieron ocupados en Brasil en los últimos tres meses.


El método ocupa se hizo eje de la resistencia en Brasil a partir de la “primavera secundarista”, a fines de 2015, cuando los estudiantes tomaron más de 600 escuelas por el recorte educativo.


Artistas y productorxs de la cultura independiente, integrantes de organizaciones sociales y estudiantiles, militantes de base de diversos partidos políticos y una cuarta parte de personas que se denominan autónomxs y anarquistas, decidieron ocupar el Palacio Gustavo Capanema, edificio del Ministerio de Cultura de Brasil.

La amplísima diversidad de Movimiento OcupaMinC RJ planteó el primer escenario: ¿cuál sería el punto de consenso que genere al movimiento? La respuesta se confirmó en la primera asamblea oficial de la ocupación, minutos después de ingresar al palacio.  

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“Fora Temer!” sería la consigna que uniría a los primeros 50 ocupantes.

Con el tiempo y con el espacio significaría mucho más que la salida de un mandatario.


Cómo se ocupa un lugar:  escenas de un acto primario.

Carioca, tres meses después, sentado en las escaleras de entrada del Canecão, recuerda el día en que Felipe llegó a la casa luego de la reunión decisiva. “Vamos, preparemos todo: es mañana”, les dijo. Todxs empezaron a organizarse: acababan de tomar la decisión y el momento era ese.

Felipe y Carioca llegaron aquella mañana de lunes a eso de las diez. Esperaron muchos minutos en la entrada de un fino café que está enfrente del Palacio Gustavo Capanema. “En Rio, cualquier cosa que organices va a empezar por lo menos 40 minutos tarde, aunque sea una ocupación”, explica Carioca. Esperaron nerviosos.

Y al fin fueron llegando: 30, 40, 50 personas…

El momento de actuar se decidió por energía colectiva:

“¡Vamos, vamos, ahora, vamos!”

La idea era entrar como visitantes, sin alboroto, y una vez adentro del edificio empezarían a montar el campamento con paz y naturalidad.

No fue así.

Cruzaron la calle con las carpas escondidas en las mochilas y con la cámaras listas para transmitir la ocupación en vivo por las redes. Pero, uno de los guardias privados del MinC vio mucho gente y se asustó. Entonces corrió hacia la puerta del edificio y empezó a cerrar el portón de entrada.

Felipe no logra ocultar la sonrisa cuando cuenta el primer triunfo de la ocupación: “Uno de nuestros compañeros, antes de que el guardia logre cerrar las puertas, le dio un empujoncito, un rugbycito, sabes, nada muy violento.”

La ocupación luego de esa pequeña primera disputa física se convirtió en un hecho.

Distinto a lo planeado entraron todos desaforados, gritando y gritando “Fora Temer!”.

¿Qué se hace en una ocupación?

Carioca lo explica mejor que nadie, con la naturalidad propia de un ocupante: “Una ocupación es, ante todo, eso mismo: combatir la desocupación.”

La mujer victoriosa, la que leyó el documento de los tres meses de ocupación, aquella vez, desde el escenario, también enumeró con precisión lo que se hace en el espacio:

Somos decenas de personas compartiendo el desayuno, almuerzo, cena, conversaciones, encuentros y desencuentros, lavando platos, barriendo el piso, haciendo comida, escribiendo textos, creando videos, fotos, produciendo shows, debates, teatro, cine, performances, poesía, haciendo actos, ocupando las calles, combatiendo cotidianamente el machismo, el racismo, la homofobia y toda forma de preconcepto, conviviendo con las diferencias, aprendiendo a construir un espacio democrático, horizontal, errando, reconociendo yerros, errando más, errando menos, creando consensos, peleando, entendiéndose, reinventando espacios, reinventándonos, descubriéndonos, construyendo un otro mundo, un otro yo, un otro nosotrxs.”

En una ocupación no sucede cualquier cosa y hacer nada no está permitido.

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“Los ocupantes deben estar necesariamente ocupados, porque de eso se trata ocupar: hacer, hacer y hacer”, dice Carioca. “Por eso en pocos días la ocupación se organizó, y al cabo de las primeras semanas ya teníamos una estructura que cubría todas las áreas fundamentales: articulación, infraestructura, seguridad, comunicación y creación.”

Los espacios ganaron sus lógicas, sus funciones, su movilidad. Los jóvenes trabajan intensamente y con éxito en resguardar los sectores del Palacio con obras de patrimonio. Los ocupantes produjeron un sinfín de eventos y actividades. Y se terminó por formar un inmenso público de minorías que encontró en el Capanema un espacio de libertad y resistencia.

Todo eso es trabajo.

Como lo reconoce Neia, una de las más de 15 vendedoras ambulantes que tiene las puertas abiertas de la ocupación para poder ir a trabajar: “Es un trabajo hermoso y grandioso, y yo me siento agradecida de poder estar en un lugar donde no me persigue la Guardia Municipal por querer trabajar”. “Y no nos cobran ni un real-agrega-, si entre los vendedores después hacemos una pequeña colecta para los ocupantes es porque estamos agradecidos.”


Palacio Gustavo Capanema: cuando lo público es popular.

El Palacio Gustavo Capanema fue el primer proyecto modernista de Brasil. El diseño del edificio tenía el fin de juntar personas en los espacios abiertos: grandes convocatorias públicas. Desde su construcción en 1930 nadie lo hizo mejor que el movimiento OcupaMinC RJ.

Felipe dice: “A partir de la ocupación fue que sucedieron las cosas”.  ¿Qué cosas?

El mismo día de la ocupación 200 personas se reunieron en Capanema, para abrazar al edificio y a los ocupantes. La comunidad artística se movilizó de inmediato. A pocos días Caetano Veloso tocó y al Palacio se acercaron 20 mil personas. Cada día y cada noche, desde la ocupación, el conjunto de la sociedad de Rio de Janeiro gozó de una agenda cultural independiente y diversa en un Palacio emblemático, que siempre había sido público pero nunca popular.

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André, un ocupante autónomo que se sumó a la tercera semana de ocupación, logra explicar el fenómeno del espacio público mientras hace guardia en la puerta un martes a la tarde: “Hay una crisis simbólica: no se sabe más qué es lo público y qué es lo privado. Porque lo privado es privado y lo público muchas veces también es privado”.

El manifiesto del movimiento lo explicita: “El espacio público es el lugar para dar la lucha política”.

Por eso el grito: “!Ocupa tudo!”.


Cómo se vence una desocupación forzada

Manuel se despertó por los gritos. “En cinco minutos todo el mundo afuera”, se escuchaba desde su carpa. Agarró el celular y eran como las seis de la mañana. No tuvo duda de qué estaba aconteciendo. Sin embargo esperó acostado 20 minutos, resistiendo un poco más.

Cuando escuchó las órdenes más cerca y más autoritarias asomó la cabeza. Sus compañeros estaban desmontando las carpas y arrumando los bolsos como podían. Los oficiales seguían de cerca la acción de cada uno de los ocupantes, recordando a cada segundo que solo iban a esperar cinco minutos. Manuel no se desesperó. Se tomó un tiempo más para maquillarse y salió. Sabía desde hace algunos días, al igual que el resto de sus compañeros, que los iban a sacar del Palacio.

Estaba sucediendo.

Y fue pensando en aquel momento que pudo sintetizar de qué se trata OcupaMinc para él: “Si los órganos públicos no hacen lo que el pueblo demanda, la gente debe organizarse y empoderarse para disputar la gestión de los espacios públicos”.

28724594185_a1f7ec366f_oEl 25 de julio ,por decisión de Gobierno de Temer, la Policía Federal ordenó desocupar el Palacio Capanema con armas y palos en la mano. Luego de sacar al último ocupante levantaron un muro en la entrada del edificio: es conocido como “el muro de la vergüenza”.

73 días de vida cultural inédita habían quedado en la historia del Capanema.

La respuesta de los ocupantes fue íntegra y victoriosa: salieron pacíficamente y empezaron otra ocupación.


Movimiento OcupaMinc RJ toma el Cane

El Caneo es un lugar central en la historia de la Música Popular Brasilera (MPB). Un estadio de recitales mítico de los años 70 y 80, donde proliferaron Caetano Veloso y compañía. Luego de estar casi diez años cerrado, con la amenaza latente de ser privatizado, el Caneo renació.

El 1ero de agosto, a menos de una semana de ser desalojados del Capanema, el movimiento OcupaMincRJ ocupó el espacio, que pertenece a la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ)

¿Qué pasará entre OcupaMinC y la UFRJ?

Se está disputando en muchos niveles.

Por lo pronto hay una cosa importante que ya le explicó Paulo, un joven ocupante de madre indígena y padre negro,  a un grupo de docentes de la UFRJ que fueron a apoyar y a ver cómo se podía articular el movimiento ocupa a la lucha universitaria:

“Aquí tenemos de todo- empezó Paulo, que siempre luce polleras hermosas-. Necesitábamos construir pluralidad y por eso dijimos “Fora Temer!”. Pero a partir de eso se empezaron a construir movimientos: indígenas, feministas, de negros, rastas, LGTB , ecologistas, anarquistas… Esto que se está generando es, sobre todo, antimódico: cada vez que nos damos cuenta que algo está mal construimos sobre eso y lo incluimos al “Fora Temer!”. Es orgánico y total. Es un movimiento que apuesta a todos los derechos. Integral. Por eso quería decirles que siempre nos preocupamos por la educación en nuestra lucha, pero por una universidad libre y del pueblo: no de la academia. El movimiento lo comprende y lo trasciende: porque luchamos por todos y cada uno de nuestros derechos.”


¿Qué incluye hoy “Fora Temer!”?

Primero que nada: a los ocupantes.

Incluye a Josué, que el hip-hop de la favelas lo salvó, y que hoy a través de ese lenguaje artístico puede aportar sus raíces culturales al movimiento. El encuentro de culturas que tiene la ocupación para Josué es único en la historia de Brasil. Lo define como “una escuela de vida, arte y cultura” y como un “movimiento político sin partido”. Piensa que el golpe “unió a las culturas de los desfavorecidos”. Y plantea que “si la dominación es institucional y compleja, la resistencia debe ser orgánica”. “Para eso –dice Josué- hay que aprender, y eso empieza desde abajo, lavando los platos, limpiando el baño, sabiendo cuál es la esencia de lo mínimo, lo que te enseña la calle: una de nuestras culturas”.

Incluye también a Larisa, que también aprendió todo en la calle. Ella es indígena, artista callejera y malabarista. Dice con firmeza que “la permacultura es revolución”. “Dentro de eso está todo lo que la sociedad necesita: un paradigma de vida, de sustentabilidad.” Permacultura: la cultura de lo que no muere, lo sustentable. “El genocidio de las comunidades indígenas a manos del agronegocio y las enfermedades por los alimentos venenosos y transgénicos son parte central de este cambio, por eso la permacultura es un área de trabajo central de la ocupación”, dice Larisa. Para ella el “Fora Temer!” es más que tirar a un presidente: es una reforma política y cultural de bases. “Es participar de una revolución activamente, cambiando uno mismo y econtrándose con otros.”

Incluye a la mujer de este video, que toma el micrófono en los recitales para advertir que se viene la revolución de la mulher preta:

Se incluye: todo se incluye.

Lavar los platos sin desperdiciar agua corriente. Cultivar alimentos.
Combatir el machismo con uñas y dientes. Transforman los géneros.
Disputar comunicación libre.
Crear cosas. Cosas nuevas, inventadas, diseñadas, significantes, novedosas. Crea arte. Crear respuestas, soluciones, formas.
Buscar el origen indígena.
Ser mujer. Ser negra. Ser madre. Ser pobre.
Expulsar machistas. Expulsar racistas. Expulsar clasistas.
Deconstruir. Construir. Disputar. Articular. Y trascender.
Arreglar. Limpiar todo, todas las mañanas.
Enseñar experiencias. Aprenderlas. Gestionarlas. Presentarlas.  

Producir arte.
Resistir golpes.
Ocupar espacios.

Por eso, antes que nada, siempre se grita:
“¡Primeramente, Fora Temer!”

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Imágenes: Delegación Mídia Ninja

“Es complicado encontrar la humanidad de cada historia”

Marina Glezer es actriz, de treintipico, nacida en Brasil en tiempos de exilio. Comprometida en la lucha por el aborto legal, encontró en la actuación su espacio de militancia. Pero hay algo aún más primario: “No hay nada que me importe más que los vínculos reales, el amor. Ese es mi compromiso, en el trabajo como en la vida”.

Marina Glezer está de entre casa, relajada, con cara de sueño, porque está filmando a la noche y durmiendo poco. El hijo – no más de nueve años – está con una amiguita, que Marina dice que es la novia, pero enseguida se sonríe y aclara que, en realidad, el hijo quiere que sea la novia, y se vuelve a sonreír mirándolos mientras los chiquilines se ríen y se tiran a la pileta una y otra vez. Así avanza el tiempo y la conversación, entre chapuzones, pedidos de antiparras y un cálido mediodía que da a entender que todo está bien. Habla bajito, se ríe en detalle, su cara es recontramil expresiva sin siquiera mover una línea. Es que ahí hay algo especial, una sensibilidad: cada palabra tiene su emoción, su gesto. Así, el género de la entrevista parece un tanto ridículo y todo aquello no es más que un genuino interés por saber quién está enfrente, porque da la sensación que es valioso, incluso un placer, para miles de otros.

Ella, para los que no la conocen, es actriz. Pero no es de las que salen seguido en la tele ni en los prime time, aunque si buscan un poco también le van a encontrar trabajos ahí. Pero, en esencia, ella es de otros lugares, más oscuros, más necesarios. Es, por ejemplo, La Pelu, de la peli “El Polaquito”, que pueden ver en youtube si quieren y lo van a agradecer: una de esas historias necesarias, que habla del regenteo de pibes que piden guita en la calle y en las estaciones, de la trata, de la cana, del aborto y, en definitiva, de la vida que tienen que pasar los pibes que son pobres y están solos con su alma contra el mundo.

Marina Glezer.
Marina Glezer.

Nació en Brasil y eso puede resultar extraño. “Yo soy argentina, igual”, dice como aclarando algo obvio. “Brasil fue una circunstancia”. Fue en San Pablo, en 1980. A los tres años, sus padres, argentinos, decidieron volver. Cierran las cuentas. Falta preguntar y conocer para empezar a desandar a Marina Glezer.

– Volviste al país en 1983, con la democracia, ¿se puede deducir de ahí por qué naciste en Brasil?

– Exacto. Nací en Brasil por una causalidad: mis viejos estaban exiliados. Vivieron 8 años en San Pablo. Se fueron porque mi papá era parte del brazo político de Montoneros, mi mamá estudiaba cine y le cerraron la facultad, desapareció un amigo muy cercano a ellos, que era el Bebe Dalessio. Y bueno, por esa desaparición fueron buscados, le dieron vuelta la casa y mi vieja estaba embarazada de ocho meses de mi hermana mayor, Luciana. Primero se fueron a Uruguay, donde nació ella, estuvieron un mes en Montevideo y se fueron a San Pablo. En Montevideo no estaban seguros tampoco, y en San Pablo se armó como una comunidad de exiliados. Fueron años, paradójicamente, de mucha felicidad, de mucho bienestar y buen pasar económico,  compartiendo hogar con cierta alcurnia intelectual exiliada de Argentina – el hermano del Bebe, Alfredo Dalessio, María Brown, León Ferrari y Alicia, su mujer -. Pero al volver, en el 83, fue muy fuerte, porque llegaron a la realidad, y acá mis viejos se separaron y la vida no les fue tan fácil. Lo único que recuerdo de toda la familia junta son esos primeros años en San Pablo.

– ¿Qué te acordás?

– Me acuerdo de estar con mucha gente, viviendo de a muchos, en el departamento de la placita, me acuerdo de un puente, de los sabores de la comida, los gustos. Fui volviendo varias veces, necesitaba mucho ver la casa donde había nacido, necesitaba recuperar algo de lo vivido allí. Tampoco tenía recuerdo material, porque se nos perdió todo, necesitaba recomponer algo de esa identidad primaria. Fue una ruptura muy fuerte volver al país, devastado después de años de dictadura. Un contraste inmenso: de lo que fue un exilio maravilloso a volver a un país donde faltaban 30 mil.

– Qué contradicción lo del “exilio maravilloso”, ¿no?

– Claro, es una paradoja muy loca, pero en definitiva supongo que es la única manera de sobrevivir a tanta desgracia. No puedo dejar de pensar ni un minuto lo que hubiera sido vivir acá en esos momentos. Para empezar hubiera estado desaparecida, no tengas dudas. Por cuestionadora, por petardista, por metebomba, a nivel verbal, no necesariamente de facto. Mis viejos tampoco tenían una militancia política a ese nivel, no eran guerrilleros. Eran intelectuales de izquierda que militaban en el contexto, como yo ahora: No estoy afiliada a ninguna agrupación, pero desde mi lugar, desde mi trabajo, milito y apoyo a los que sí las tienen y con los que me siento identificada.

– Decís que militás desde tu trabajo, sin embargo alguna vez dijiste que buscarle un fin ideológico a todos tus papeles es uno de tus mayores defectos.

– Es un problema. Trabajo siempre al servicio de directores que quieren contar sus historias. En cine sobre todo, actúo para que el trabajo de todo un equipo se note bien. Pongo el cuerpo al servicio. Pero no todas las historias tienen detrás un fin ideológico. Es mi mayor defecto, porque no siempre las historias comulgan con la igualdad de derechos, la posición más equitativa, más justa, de ser mejores personas. Es muy complicado encontrar la parte más humana a las historias, su humanidad.

– Eso más que un defecto parece una conciencia crítica…

– Es defecto porque me encuentro cuestionando constantemente. Realmente siento que las historias tienen una cuota de machismo, ideología política de verdad absoluta. Estar en un lugar tan crítico no me permite jugar el juego. Eso no les gusta a las personas, les gusta que las cosas sean más piramidales. Me cuesta encontrar algo con lo que me sienta cómoda en ese sentido.

– ¿Esto te hacer decir mucho que no?

– No, muy por el contrario. En estos momentos no soy una actriz selectiva, siempre peleé mucho por los trabajos que hice, fui en busca. No es que me salen miles de ofertas y elijo. La tele se me resiste y yo me resisto a la tele. Después en el cine y en el teatro, a veces me tensa defender todo el tiempo la posición de tener una responsabilidad como actriz. Me parece que hay que relajar, ponerse al servicio de lo que se quiera contar: no soy más que un conducto, como letras, que salen despedidas de una historia. Hay veces que las historias se tratan solo de algo personal del director, autorreferencial, que no transforma y que queda ahí. Buscarle una idea a algo que no la tiene, que solo tiene fin comercial, no tiene sentido. No todo tiene un mensaje ni un criterio estético que tenga que ver con la transformación colectiva y social, y uno tiene que trabajar como cualquier mortal.

Imágenes: NosDigital
Imágenes: NosDigital

– ¿Es como ser un bicho raro ser una de las denominadas “actriz comprometida”?

– Yo no soy una actriz comprometida, soy una persona comprometida: cuido a mis amigos, hijos, marido y la gente que quiero con un nivel de apasionamiento y afectuosidad y crudeza muy honesta, y a mi trabajo también. Ese es mi compromiso en la vida, no hay nada que me importe más que los vínculos reales, el amor, en el trabajo como en la vida. En términos absolutos lo único que me importa es vincularme con las personas, y me cuesta mucho desvincularme cuando elegí quererlas. Soy un peón de obra en construcción: todo aporta a que eso se transforme. Es lo que siento cada vez que me pregunto cómo llegué hasta acá: 34 años,16 años de casada, dos hijos, 16 películas. Cómo sostengo esto… Tomo decisiones y por eso soy feliz, pero también pesa, porque el trabajo es constante, no descansás nunca.

– ¿Te planteas mucho el “que hubiera pasado si”…?

– Me re pasaba. Pero ahora se me fue un poco, conviviendo con hijos varones. Los hombres son personas muy divinas y muy lineales, y las mujeres somos muy hermosas y muy vacilantes, y el péndulo se me instaló en un registro mucho más cortito, sigo siendo oscilante, pendular, pero veo la vida de una manera más lineal también, si no, no hubiera sido posible convivir con ellos.

Justo cuando dice esto, se acerca a saludar su marido, Germán Palacios, actor también, protagonista, entre otros laburos, de la mítica serie “Tumberos”, a la que trilladamente hace referencia quien le hace las preguntas a Marina al momento de presentarse. Él devuelve con buena onda y Marina le exige en complicidad: “Trae plata, Parodi”. El más chiquito tiene cuatro, cuenta Marina, y ahora está en un taller de cocina. Vuelve a mirar para el lado de la pileta y con felicidad en la cara dice: “Le re gusta”, mientras el hijo sigue chapoteando con su amiga del cole.

– Entonces, que vos seas denominada como una actriz comprometida es más un defecto ajeno que una virtud propia…

– Claro, no creo que sea una cualidad ni una virtud. Soy una persona informada, nada más, con valores y comprometida con los vínculos de la vida. Leo el diario, camino la calle, hablo con los vecinos. Por ejemplo, que yo sepa qué le pasó a Luciano Arruga no es porque sea una actriz comprometida. Es porque escucho al periodista Julio Leiva, que está en el tema desde el minuto cero.

– ¿Y qué opinión te formaste sobre su muerte?

– El problema sigue siendo la policía y su lógica persecutoria hacia los pobres. Es terrible. Hay que denunciarlo y acercarse para ver cómo se puede cambiar.Y la verdad, qué hermana se echó Arruga. Esa es una mina que te corre el eje: qué importo yo si hay personas como Vanesa Orieta.  Jamás perdería ese registro, por más fama que pueda llegar a tener. Ese es el compromiso: el actor que no deja de ser persona, que no se vende.

– ¿De dónde baja el mensaje de la frivolidad?

– Y, mirá, los responsables de mi fuente de trabajo suelen decir que los actores no deberían hablar de política, expresar sus ideas, y yo digo, que a mí, que comunico, me interesa mucho la opinión pública, me interesa saber lo que piensa el artista que me gusta seguir. Yo no me voy a callar la boca porque la fuente de trabajo lo diga. Nos quieren más quietitos, pero yo apuesto y creo que eso algún día va a cambiar. La idea también es no bardear al pedo, eso lo aprendí con los años. Yo tenía como un estigma de “quilombo al pedo”, y lo vas aprendiendo a cambiar y apaciguar. Si estoy trabajando para determinado medio no voy a salir a matarlo porque sí, pero no voy a dejar de opinar de las cosas que siento y pienso. Si hay algo que me pone contenta en la vida es que lo que digo, lo que hago, lo que pienso y lo que siento, vayan de la mano.

– A todo esto, Marina, ¿para qué sirve el arte?

– El arte es una parte fundamental de la vida. Es muy canalizador: hacerlo, verlo, consumirlo. Estar cerca de gente que puede expresarse es maravilloso, me pasa con la música, con un buen libro. Lo que pasa es que el arte tiene la fuerza de correrte el eje. Sin eso sería todo muy aburrido.

– ¿Algo te puede correr el eje para mal?

– Hay gente que no le gusta que la cambien de lugar, que nunca se descubren los hombros, ni en invierno ni en verano. En algún punto me da ternura la persona que niega y evita ese tipo de arte. Es porque sabe que si lo ve, se la cree. El teatro es transformador, es lo más lindo. La incomodidad también es hermosa, replantearse por qué te ponés tan incómodo puede llegar a destapar traumas muy primarios. Yo creo que nunca se te puede correr el eje para mal, de todos modos no soy de moralizar: las cosas son.

– ¿Dirías que el mundo es un drama o una comedia?

– Siento que se trata del lugar desde el que lo mires: el mundo es las dos cosas. Es una comedia dramática, si querés, depende del lugar. Lo cierto es que a mí me cuesta verle el lado cómico. No es que coma pensando en los famélicos ni en los pibes de la calle, pero no me olvido nunca de eso. Y me cuesta vivir sin pensar ellos y sabiendo que podría haber un mundo más justo, que no está en mí, que soy una ínfima partícula de vacío en una atmósfera infinita, pero si pasara por todos, sería distinto. No hablo de caridad, hablo de política.

Marina, una mujer que respira paz, estuvo últimamente en las portadas de los medios empresariales y masivos porque decidió el 4 de noviembre de 2014 contar que a los 18 años había abortado. Escribió una carta pública titulada “Yo aborté” y la publicó en sus cuentas de Facebook y Twitter. Ya lo había contado anteriormente en diferentes entrevistas, y no generó la repercusión que ahora sí. Siempre valiente, lo hizo con detalles, abriendo el corazón y, claro, exponiéndose a la crueldad psicomediática.

En el 2003, cinco años después de haber abortado, casi diez años antes de esta carta, se estrenó “El Polaquito” y Marina hizo, como ya se dijo, de La Pelu: una piba de la calle, raptada por una red de trata, que se prostituye en la estación de Constitución para El Rengo, el tipo que la explota. La Pelu queda embarazada de algún cliente y El Rengo la hace abortar en la villa para que pueda seguir prostituyéndose.

– ¿Qué te significó La Pelu?

– La Pelu es todo en mi vida. Fue poder sacarme el mote de “la mujer de”, y pasar a ser “la mujer del Polaquito”. Nunca creí que me iba a pasar lo que me pasó después de hacerla, realmente fue una experiencia muy heavy. A nivel personal, es un antes y un después.

– La Pelu, en condiciones de muchísima más marginalidad, también atraviesa por la experiencia de un aborto ¿Fue catártico el personaje?

– Totalmente. Hago catarsis todo el tiempo de mis propios dramas, traumas y angustias. Yo tenía que salir a declarar que no era una chica de la calle. Se lo creyeron. Como que había algo de mí que sí era de la calle, y es verdad, en algún punto tengo eso. Fue aprender a vivir esa crudeza, entender desde el lado de la marginalidad. Todavía hoy paso y los pibes, los trapitos, los limpiavidrios, me dicen “¡qué hacés Pelu!”. Esa película le da un marco más heroico a esas historias.

– Cuando te llegó el guión, ¿no dudaste?

– No, para nada. Porque el aborto no es algo solamente que haya vivido yo. Le pasó fácilmente a seis mujeres con las que tengo trato, que se embarazaron, no lo desearon y abortaron.

– ¿Qué te llevó a contarlo de esa manera?

– A mí me encanta escribir y es una de mis maneras de expresarme. Lo hice por algo que recontra repetí ya: tendría que ser un derecho igualitario, es una deuda de la democracia, que todas las mujeres tengan el mismo derecho. Hoy, las pudientes lo hacemos bárbaro y las que no tienen guita se mueren. Es muy concreto y muy real.  Después podemos discutir lo más filosófico, debatir mil horas acerca de la vida y la muerte, pero mientras, que promulguen la ley de interrupción voluntaria del embarazo y que el Estado rija para todas igual. Es clarito.

– Los medios calificaron a tu testimonio de polémico.

– Yo no soy una polémica actriz, yo me rompo el alma para ser actriz. ¿Soy polémica porque aborté? No es polémico, es debatible. Son diferencias muy grandes. Es muy peyorativo el mote de polémico. Fui bastante maltratada, ellos la publicaron, la expusieron y no se hicieron cargo del rebote, de lo que me vino después. En algún punto los like y los unlike les vinieron bárbaro a costa de mi pellejito. Pero no me importa, hay algo de eso que resbala, me rebota. Aprendí a caminar livianito.

– ¿Qué comentarios recibiste?

– Tremendos. Muy crueles. Llegaron a decirme: “Ya que vos mataste a ese bebé los defensores de ese bebé vamos a matar a tus hijos”. Se me estrujan los ovarios de nuevo. De esos, cientos de miles, insultos, agresiones. Ojo, no más que los positivos. Yo creo que si se hace un plebiscito este país promulga la ley. Eso saco de esta última experiencia. De todas maneras, me sorprendió lo que pasó, fue fuerte. La gente que me quiere me banca y eso es lo que me alcanza. No hice nada en contra de nadie.

– ¿Nunca te pesó en tu dolor de aquella situación tener que llevar adelante esta causa?

– No, al contrario. No lo siento como un deber por lo que viví yo. Es un deseo de querer comprometerme con eso y mil cosas más también.Yo promuevo el derecho de igualdad por la interrupción voluntaria del embarazo. Y no me genera dolor, siento que el día que se promulgue, que sé que no está lejos, en el próximo mandato presidencial espero, saldré a festejar. Está cerca. Es una cuestión de tiempo, como el matrimonio igualitario. Todo esto yo lo dije en 2002, en la primera nota que me hizo Clarín. Dije: hay que despenalizar el aborto y la marihuana. Nunca más me hicieron una nota – se ríe-. Y dije lo de la ley de medios también, pero no lo pusieron. Está en Internet.

– ¿Cuáles son las principales barreras hoy?

– No está en la agenda política de los principales mandatarios, ni en la de Cristina ni en la de Mauricio. La Iglesia también es una barrera, tenemos un Papa argentino, es todo muy complicado. La verdad que la Iglesia… qué historia, muy pesada: sigue cargando con muchas muertes a cuestas. Pero es cuestión de tiempo, yo lo voy a ver, voy a ver cómo este país promulga la ley.

Marina bosteza, y se le van cerrando los ojos de a poco, sin nunca perder el ángel, hable de lo que se hable. Ya son como las dos de la tarde, filmó hasta las 5 de la mañana y durmió hasta las 8. Necesita una siesta para volver a filmar a la noche la nueva película de Alejandro Agresti, que protagonizará junto a Alejandro Awada. Además, se va haciendo la hora de almorzar, los chicos tienen hambre, salen de la pileta, tiene que ir a buscar al más chiquito al taller de cocina y ya está bien de preguntas por hoy.

Beatriz Milhazes y la celebración de la belleza

El Malba está casi vacío en esta tarde de miércoles, y podría jurar que así parece todavía más blanco. Un homenaje a un reconocido artista conceptual argentino me trajo hasta acá, hasta esta escalera mecánica que sube despacio mientras contemplo las ramas ligeras que asoman siempre desde los balcones, y que cada vez me sorprenden por ser obra de la mano del hombre. Difícil saber si fue error, coincidencia o dudosa manifestación del destino, pero subí un piso de más y, como tenía tiempo, decidí dar una vuelta. Fueron dos o tres pasos y entonces caer de bruces sobre un abismo de color. Porque en las paredes de la sala cinco, corran la voz, lo que está sucediendo es una fiesta.

Se trata de la primera muestra individual en Latinoamérica que Beatriz Milhazes, artista brasileña contemporánea, realiza fuera de su país, y reúne alrededor de treinta obras de los últimos diez años de su producción. Son cuadros grandes los que vibran desde las paredes invitando a hundir los ojos. Capas de colores intensos que se superponen y revuelven las pupilas, fundiéndose en flores, círculos, plantas y espirales infinitos. En las obras baila la alegría de Brasil y se festeja la belleza del mundo. Hay en cada recoveco una chispa de placer esperando ser descubierta, y el mirar se vuelve entonces una experiencia eternamente rica, libre de ataduras, harta de vida.

Quisiera llevarme esas imágenes a casa, para alguna mañana que me encuentre triste. Desenvuelvo el celular para sacar una foto, pero en seguida el dedo de una guardia de sala me dice que no, no se puede. No importa. Dejo una sonrisa colgada en la escalera cuando bajo para seguir el recorrido y concretar mi propósito original. Ahora sí que hay más gente, un grupo de turistas, un chico que se ríe porque no entiende por qué una papa conectada a un cable puede ser arte y algunas mujeres de peinado alto. El Malba ahora ya no parece tan blanco. Será que me llevo en los ojos los arcoíris de Beatriz.

“Chaco es un lugar estratégico para EE.UU.”

En un período de gran discusión acerca de la soberanía en Argentina, nos preguntamos, ¿cuán presente sigue estando Estados Unidos en nuestro continente y en nuestro país? Constantes son las fuertes declaraciones antiimperialistas de ciertos mandatarios para con la potencia, pero, ¿cuánto es discurso, cuánto es realidad? Nos juntamos con Leandro Morgenfeld autor de Vecinos en conflicto para desentrañar esta relación tan antigua como compleja entre el poderoso Imperio y América Latina, donde los golpes de Estado, las bases militares, las presiones bilaterales y hasta el espionaje siguen tan vivos en el siglo XXI.

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-Bases de Estados Unidos en Colombia, Perú, Paraguay, Argentina ¿Cuán profunda es su presencia en América Latina?

-Es bastante grande la presencia de Estados Unidos y de la OTAN aquí. Según últimos estudios muestran que hay 47 bases militares extranjeras en el continente, incluyendo las inglesas en Malvinas y en las Islas Georgias del Sur. Mismo, está encaminado el plan de abrir una base humanitaria muy controvertida en el Chaco. Estados Unidos está tratando de reposicionarse en el continente. En el 2008 el gobierno de Bush reimplantó la IV Flota de Comando Sur, destinada específicamente a América Latina. Durante 50 años la flota estuvo desactivada porque Latinoamérica no es un continente donde haya ningún tipo de conflicto militar, pero esta medida indica que hay una necesidad de Estados Unidos de reafirmar que, lo que históricamente fue su patio trasero, lo sigue siendo. Esta necesidad se explica por qué en los últimos años hubo un proceso de reintegración de los gobiernos latinos sin su tutela, aumentando las relaciones con otras potencias, como Rusia y China. Y esto les preocupa.

-¿Las bases están presentes en todos los países de América Latina?

-No, no están en todos los países, e incluso hubo algunos que avanzaron en el proceso de desactivarlas. El más importante es el caso de Ecuador, que durante el gobierno de Correa desarticuló la base de Mantra, mostrando que sí se puede avanzar en este tema. Entonces, Ecuador ya no tiene más bases.

-Ya hablamos de Correa, pero también Chavez y Evo Morales han sido los que públicamente más mostraron sus diferencias con Estados Unidos. ¿Cuánto hay de discursivo y cuánto se manifiesta realmente esto?

-En América Latina hay que hacer una distinción entre tres grupos. El Eje Bolivariano, que tienen una política exterior que discursivamente es antiimperialista o simplemente antiestadounidense, como el caso de Cuba, Venezuela, Bolivia y los demás miembros del ALBA. Su discurso se manifiesta con ciertas prácticas: denunciar la injerencia de la Embajada norteamericana -incluso la expulsión de embajadores-, el cierre de bases militares. Mientras en el punto de vista comercial siguen manteniendo relaciones pero también hay una búsqueda de diversificar los intercambios con otros países. Hay una política interesante que discute esa pretensión  de hegemonía estadounidense. Después está otro grupo, el de los alineados al Norte que son el Eje Pacífico, donde podemos contar a Costa Rica, Panamá, Chile y Colombia. Finalmente el Eje del Mercosur, que tienen una política intermedia, a través del mismo Mercosur o el UNASUR. Pero estos países, que al mismo tiempo hablan de una inclusión latinoamericana, sostienen una relación oscilante. Así, en Argentina mientras el año pasado se fueron dando distintos roces bilaterales y un mayor discurso antiestadounidense, después de las elecciones hubo una política de acercamiento.

-Dentro del Eje Mercosur, ¿estas diferencias se dan por posiciones ideológicas o son de carácter coyuntural?

-Hay una cuestión ideológica y otra de la cohesión del discurso interno. Argentina permanentemente se queja del proteccionismo norteamericano, lo cual está bien, ya que éste y la Unión Europea establecieron sanciones contra el país por este tipo de medidas. Esto es algo histórico argentino, que viene de los gobiernos conservadores incluso, porque la economía nacional tiene una relación más competitiva que complementaria con la norteamericana y los productores agropecuarios yanquis tiene una capacidad de lobby muy grande que generan estos choques. Esto se ve a lo largo de la historia, más allá de que sean gobiernos conservadores, radicales o peronistas. Hay una actitud ambivalente del gobierno argentino. Desde las elecciones que busca reencauzar las relaciones con Obama, pero no lo hace como en los 90’con las relaciones carnales. Cuando vemos el tema de YPF, Argentina toma una política que desde puntos de vista nacionalistas hacía tiempo se venía pidiendo. Pero cuando se busca la forma de buscar inversiones, una de las grandes apuestas es buscarlas en la Mobile o la Exxon, las dos grandes petroleras de Estados Unidos.

-Con la explosión del neoliberalismo en los ´90, diferentes actores sociales y políticos han salido a la luz con una gran movilización y visibilidad pública: movimientos estudiantiles, campesinos, ambientalistas, etc. ¿Cómo entiende Estados Unidos este proceso?

-Sin dudas creo que hay una nueva etapa: mayor integración regional, cambio de gobiernos muchos de ellos luego de rebeliones populares importantes, hizo que la sujeción estadounidense se halla en parte revertido. Entonces, reacciona de diversas maneras. Algunas formas fueron las tradicionales: intentando en el 2003 un golpe de Estado en Venezuela que fue vencida. Pero contra los distintos procesos aplicó diferentes formas de desestabilización, como en Bolivia mediante el intento de ruptura de la unidad territorial alentando la separación de la Media Luna. También lo mismo apoyando el levantamiento policial en Ecuador, el golpe en Honduras que acabó con el gobierno constitucional de Zelaya, que sin ese acompañamiento norteamericano no se hubiera sostenido. Así, hubo una gran decepción de algunos sectores con Obama, que apoyó este golpe en Centroamérica, mantuvo Guantánamo, sigue la IV Flota.

– También hablaste de la base que se está instalando en Chaco…

-Si, se trata de una base teóricamente “humanitaria”, pero financiada enteramente por el Comando Sur, o sea el Ejercito estadounidense. Cómo operará, no se sabe. Pero hay que verlo según cómo Estados Unidos ejerce su intervencionismo a lo largo del planeta. Tiene bases, cárceles ilegales en las que puede aplicar violaciones a los Derechos Humanos que su propia legislación no le permite, siendo Guantánamo el gran ejemplo. Y después la forma de intervención se puede ver de otras maneras. En Venezuela, por ejemplo, financian una cantidad enorme de ONG, que es una forma de penetración, espionaje, buscan trazar contactos en la sociedad que se está trabajando. Otra puede ser bajo la ayuda humanitaria, planes de vacunación.  Ahora, ¿por qué en el Chaco? Habría que ver si es una base humanitaria, porqué está financiado por el Comando Sur, que es la encargada de establecer las relaciones militares con este continente, con un pasado con la Escuela de las Américas bastante nefasto. Uno podría pensar por qué en esa provincia, y se da porque es un lugar estratégico para Estados Unidos, muy cerca de la Triple Frontera, con recursos naturales muy importantes, a la vez que se la suele ver como un lugar de paso del contrabando y a la vez de células terroristas.

Podés seguir y conocer más de Leandro Morgenfeld en http://vecinosenconflicto.blogspot.com.ar/ y en @leandromorgen