Acá no hay ningún loco

Que incidentes, que un loquito hizo explotar una molotov contra la policía en la Sala Alberdi, que se disparó cuando se me cayó la cartuchera de la pistola en San Telmo, que nos defendimos, que fue un tiroteo en Parque Indoamericano, que usurpadores del espacio público en Parque Centenario. La escena se repite continuamente en la calle y se repite mucho más en la televisión. De los pibes asesinados por la policía sabemos poco. De que no sabemos cómo, pero que fue culpa de ellos mismos, de eso sí nos enteramos. De que quienes tomaron un terreno para construir casas se enfrentaron con la policía, nos enteramos. De que todos los muertos fueron de ellos, no. De que habían pasado años esperando que se cumplieran las promesas dirigenciales, y un siglo y medio leyendo una constitución que garantiza el derecho a la vivienda.

Ahora fue el Borda. Ya viene siendo: carencia de gas, encierro, trabas para ejercer su derecho a la cultura… Pero ahora represión. Una señora con bastón que no puede retroceder ante el avance de los escudos, detenida. Un fotógrafo rebelde, detenido. Un camarógrafo que no baja la cámara, herido. Un familiar que no entiende qué mierda hace la policía entrando en un hospital por la puerta de atrás, destrozando todo un taller, herido. Treinta otros indignados, adentro. Treinta y dos. Treinta y nueve…

¿Por qué carajo pasa eso? ¿Cómo pueden todavía repetir la misma sarta de pelotudeces cuando se metieron con un hospital, con sus enfermeros, con sus médicos, con sus pacientes? ¿Dónde mierda queda ahora la lucha por la desmanicomialización si encima hay que defenderse de la policía, intentar mantener abierto un hospital? ¿Cómo tan poco tiempo atrás peleábamos por no darle una policía a Macri y en cuatro meses de 2013 ya van cuatro represiones, cuatro cacerías enormes? ¿Qué hubiera pasado si estaba Fino Palacios? ¿Dónde mierda está Macri que al menos lo quiero putear en la tele? Diría que el loco es Macri, pero esto tiene mucho sentido.

Asamblea permanente de locura

El hospital Alvear es un psiquiátrico al que le faltan psiquiatras. Echaron, además, al director y los médicos entraron en paro. Aquí, la triste historia de una mina que quería una media, de un pibe que quería puchos, de un doctor desesperado y, sobre todo, de una sociedad que sigue funcionando como si la salud fuera un negocio.

Me subo al 105 camino a Paternal, desde el microcentro, es uno de los días del quilombo de los no-subtes y hay autos y motos y otros colectivos atascados, que no avanzan, que parece que no avanzan, que tardan de 5 a 7 minutos en hacer una cuadra, posta, y eso que no estoy tan apurado, no como este señor, seguramente, un señor que vocifera y gesticula nerviosamente, fuertemente, y propone a los pasajeros de todo el bondi “prender fuego la ciudad”, y no es por alimentar ninguna locura pirotécnica, menos quiero alimentar su fachismo, tampoco me interesa hacer, todavía, una revuelta popular, pero en este momento, así, en caliente, estoy completamente de acuerdo.

La ira generalizada tiene explicaciones políticas, sociales, culturales, religiosas, ambientales, regionales, científicas, semiológicas, culinarias y, sobre todo, horarias: son las 7 de la tarde y todo el mundo sale de trabajar.

Es el momento exacto, si es que puede precisarse, en que abandonamos la razón para dar rienda suelta a nuestras pulsiones, y está bien que así sea, no digo para “quemar la ciudad” ni llevar a cabo necesariamente algún tipo de acto violento, anárquico o facho, que para el caso es lo mismo, si la cosa es “quemar todo” aquí no hay política que valga, no hay políticos que valgan, y digo que está bien que así sea porque detenerse a pensar las cosas un poco cansa, cansa bastante, y estamos cansados, parados, volviendo del laburo arriba de este 105 que no avanza.

Los viajantes no responden ante las proposiciones pirotécnicas del señor, proposiciones que no son golpistas, todavía, porque en ningún momento habla de política, o de poder, sólo es su furia desenfrenada, nadie responde aunque, de esto estoy seguro, muchos lo ayudarían, bastantes lo alentarían, no pocos lo avalarían y casi ninguno objetaría nada, si lo hiciera.

Es “el” momento para quemar la ciudad, ni un día, ni una hora, ni un minuto después, pero el señor no tiene en su maletín barriles de gasolina ni dinamitas en su bolsillos, quizá ni siquiera fume y no tenga fuego a mano, así que eso, quemar la ciudad, no podrá ser ahora.

Ahora, en unas horas, cuando llegue, en cambio, es el día de recorrer el hospital psiquiátrico Don Torcuato de Alvear, donde deberían ir muchos de estos locos de bondi, sobre todo hoy, y cualquier día, todos, cualquier día, deberíamos una vez en la vida.

A priori el Alvear es un Borda de tamaño reducido, donde la internación no es la circunstancia predominante. Es un hospital psiquiátrico de atención full time, con Hospital de día y una guardia de noche, sectores administrativos concretos donde se dan, por ejemplo, los certificados de discapacidad, y es una eminencia en atención psiquiátrica y de salud mental en la ciudad.

Imagen: NosDigital

Tanto que contiene, además, dos centros de internación donde residen hombres y mujeres, en proporciones menos superpobladas que en el Borda y el Moyano, con una lógica distinta también, pero con parecidas realidades y las mismas charlas que reciben al visitante.

Tenés 2 pesos? – Empieza pidiéndome una joven, no más de treinta, que fuma en la puerta de la guardia. Recuerdo la regla número 1: no convidar dinero a pacientes psiquiátricos. Adivino la segunda pregunta: cigarrillos.

Se da y aquí no hay reglas sino vicios en juego y ganas de convidar. Pero no tengo cigarrillos.

Lamento decepcionarte, le digo, pero si querés podemos charlar, sigo, como para cortar la lógica a la que someten a estos pacientes en el trato con el Otro. Sí, vení, sentate, y me hace una palmadita a su lado, en la puerta de la guardia del Alvear.

Tengo la duda si plantarme como periodista o dejar fluir la charla, conectar por donde pinte, dejar que el momento sea, que sea ella, y yo, y me pregunto hasta dónde puedo cambiar eso deliberadamente, si en verdad ser periodista no se trata de esto, de vivirla y no impostarla a la realidad, no forzarla, no dirigirla, no preguntar para el caso, quizá tan sólo provocar la situación y que lo que vaya pasando se acerque a un registro y no a un relato.

Ella no sabe por qué estoy acá, y no me lo pregunta. Yo tampoco le pregunto por qué ella está acá. No sabemos quiénes somos ni por qué estamos hablando.

Mi amiga tose, fuma, tose. Le digo que le va a hacer mal. No le importa y me explica por qué me pidió plata: para cortarse el pelo y comprarse unas medias. Quiere unas medias largas y negras, para ponerse con “la” pollera. ¿Vos decís que me va a comprar las medias? Quién? Un tipo vino y recién me dijo que me iba a comprar las medias. Dónde? A esta hora? Sí, ahí, en frente, en el Carrefour. Ah, claro… Pero hace cuánto fue esto? Y, hará veinte minutos… Ah, ah, entonces sí, si te dijo que sí va a venir, quedate tranquila…

No sé si le miento, no sé si este tipo que le prometió las medias va a volver, solo, con las medias, no sé si tal tipo existe o si lo dijo “todo que sí” como quienes se creen cuerdos dicen que hay que decirle a los locos.

Mi amiga descubre al tipo pasar, me codea, es ése, ¡eh! Vas a ir? Le pregunta. El tipo va acompañado de una mujer, va saliendo, y le asiente con la cabeza, señala el Carrefour, mi amiga se entusiasma, le dice, se anima: negras!!! El tipo vuelve a inclinar el cuerpo en señal que sí.

Sale del Alvear.

Mi amiga me dice que vea, que lo vea a ver si cruza la calle.

Lo veo, lo sigo con la mirada.

Cruza la calle (el Carrefour está en frente). Va, va, va. Va hacia a la izquierda (a la izquierda está la entrada). Va, va, va. Pasa la entrada. No entra. Sigue. ¡Se pasó! No, no…

Y??? me exige mi amiga. Y no, che. Se fue, siguió de largo.

Se encoge de hombros, no dice ni mu. Está acostumbrada.

Le saco charla para olvidar la traición. Ahí sí me salta el preguntón pero desde la intuición natural para romper el momento y, de paso, ir conociendo(la) un poquito más: dice que la tratan bien, que le dan un plato de comida “así” (separa las palmas un metro), y que el Alvear es “de los mejores”. Pero que también hay peros y, si no toma la medicación, no la pasa nada bien, o, mejor dicho, se la hacen pasar mal.

También cuando se pelea con otros pacientes o con los enfermeros.

Entra otra persona al hospital, le abren la puerta de entrada los guardias, y mi amiga se levanta para hacer el ritual: plata, cigarrillos. Nada otra vez. Mientras, yo saco mi anotador, anoto furtivo las palabras/ideas de mi amiga dichas al viento minutos antes antes y que el THC empuja hacia el agujero negro de mi memoria. Vuelve y me ve anotando, me dice qué hacés y me dice que parezco su psicólogo, “que anota todo”. Lo guardo rápido.

Está acá hace pocos meses. No le preguntó por qué ni nada sobre su vida porque no pinta.

En cambio surge una proposición indecente, un pedido concreto permitido según estos minutos de confianza. Es cuando vuelve el “tema medias”: quiere estrenar una pollera y necesita unas medias de las largas y negras, de ser posible. Talle 5. No ves? Es que engordé por tomar tanto mate.

Juntos combinamos la mejor manera de juntar los 18 pesos, ayuda mediante, billetera rosa que saca, y la promesa que yo iría al Carrefour y volvería con las medias. Es el tiempo condicional según ella, porque ya la cagaron un par de veces.

18 pesos, un Carrefour en frente y una misión imposible para el sexo masculino: comprar medias largas y negras talle 5.

No sé si soy Tom Cruise pero si quiero ponerlo a prueba es este el momento de ayudar a mi amiga.

Voy saliendo del Alvear, los guardias me abren, giro la cabeza y la veo ahí, sentada, en la puerta de la guardia, esperando que yo vaya y vuelva, que vuelva. Que vuelva por las medias, por la guita y por que sí.

Grita: Talle 6!! Paso memoria: medias largas, negras y talle 6.

Un Carrefour se abre a mi paso y sus góndolas infinitas. Encuentro el sector de la ropa más rápido de lo que merece esta crónica y tanteo las prendas, los atuendos, hay calzones entonces no, estoy en la parte de hombres, entonces debe ser allá, sí, donde estan esos corpiños y ahí, enfrente, ahí están las famosas medias. Empiezo a ver los colores: negras, negras, sí. Hay negras. A ver, talle 6… no. Negras no. Otro color? No hay, tampoco. Negras talle 5, entonces: nada. A ver otros modelos… Sí, acá, negras pero talle 3 y no, estas salen 50 mangos. Vuelvo a las de 18 pé. Negras no hay talle 5 ni 6. Otro color? Eh… no. A ver, no hay talle 6. Ni 5. Hay hasta el 4 pero no hay negras. Hay color piel oscuro, y talle 4, nada que ver. Uf… qué mierda hago. Pasa una señora: señora, disculpe, me ayudaría. Sí. Se ríe. Le comparto mis inquietudes y contextualizo la situación, como para no quedar travesti. Se pone de ejemplo y me pone en el aprieto de decirle qué talle me parece que es ella, como para comparar. No tengo ni idea pero le digo 2, para quedar bien, un número intermedio, qué se yo, vieja, ayudame y no te hagas la linda. Ay… gracias, me dice, uf, pero yo soy 3. Me parece que mi amiga es igual que usted, digo, de caderas, a lo sumo un poquito más. Bueno, entonces llevale un 4 para estar seguro, porque 5 y 6 no existen.

El talle 5 y 6 de medias largas no existen.

Cómo se lo digo a mi amiga.

Le entrarán éstas otras?

Termino haciéndole caso más para sacarme de encima su incomprensible coqueteo, aunque es el precio que pago por las cosas en que me meto. Me voy. Gracias, chau.

Caja, pim, pum, pam, salgo. 18 pé unas medias largas color piel oscuro talle 4. Nada que ver con lo que me pidió pero bueno, es lo que hay.

Llego a la puerta, los guardias me abren, ya me conocen. Tardé bastante, unos 25 minutos. Qué estará haciendo mi amiga.

Sentada. En la puerta de la guardia. Expectante. Con un amigo. No hablan.

Le llego y no le doy las medias hasta explicarle las condiciones del cambio de planes, las razones por las cuales le traje unas medias color piel y no negras y talle 4 en vez de 6 o 5. Me mira sorprendida pero entiende, extiende la mano. Se las doy y las mira; el compañero de al lado se ríe.

Se llama Elvio. Se ríe y después se vuelve serio y analiza la situación. Un extraño le fue a comprar medias, y volvió, ergo es confiable como para que me compre cigarrillos.

Y fui de nuevo nomás…

Pero a mí me interesaba mi amiga, no andar haciendo mandados. Los guardias se ríen porque me ven salir y volver otra vez.

Vuelvo con los Marlboro común y mi amiga sigue examinando las medias. Se la ve bajoneada. Elvio sigue riendo, agarra los cigarros. Mi amiga: esto es un talle 1. No! Cómo. Mirá, talle 4, fijate que te tiene que entrar. Mi amiga me muestra el agujero por donde habrían de caber sus caderas, sin estirar. Elvio se ríe. Mirá, esto se estira así y después se va elastizando a medida que lo usás. De última le cortás un poquitito acá y le cosés, para que te quede más grande aún.

Se tranquiliza. Claro, dice… Sos una masa.

A todo esto todavía ni entré a la guardia, ni al hopistal. En esta puerta siguen pasando cosas, y más ahora que ya me desconsideraron como delivery boy. Ahora pasan tres tipos más, tres pacientes se ve, que saludan a Elvio y no a la mía. Qué hacés, Elvio. Mirá, este es Cannigia, tira Elvio, que está acá adentro de tanto tomar merca. El tal Canni no se ríe y le da la mano, me da la mano, ignora a mi amiga y sigue con tres más, por el jardín del Alvear. Se va yendo y recuerda, el Canni: Eh, saludalo a este que mañana se va. A dónde? A su casa, le dan el alta. Ehh, chau loco, vení, saludame, dame un abrazo.

Vuelvo a mi amiga que había vuelto a examinar las medias. Pero ahora sonríe y me dice: “Te re cagaron. Yo con 20 pesos me compro unas Cocot”. Se ríe y me río. Terminamos acordando que los del Carrefour son todos chorros y re botones.

Me voy a dar una vuelta, le digo, así conozco un poco el hospital. Dale.

Antes de despedirnos: Cómo te llamás? Jésica, y vos?

Entro a la guardia, que tuve a metros durante una hora sin entrar, y un hombre me encara: Che, el hospital está en paro? Va nervioso. Dos tipos salen detrás calmándolo, diciéndole que espere, que ya lo van a atender. Me doy cuenta que soy la única persona después de él en esa guardia, y sus dos compañeros que lo calman.

Se ve que están atendiendo a alguien, y desde hace rato.

Tengo entendido que no, le contesto, y que aunque estuviesen de paro la guardia funciona igual, que se quede tranquilo que lo van a atender. Sus acompañantes me agradecen la respuesta con la mirada cansada.

La guardia es un cuadrado vacío de 5×7, con unos asientos pegados a la pared, sin recepción, y ahora a las 20 y pico sin médicos a la vista. Voy al baño.

Baño de hospital público, donde el papel higiénico es una utopía y un inodoro que, gracias, no está cagado. Siempre es revelador del lugar, de quienes pasan por allí y de lo que allí pasa – estoy hablando de cualquier lugar, de cualquier lugar que tenga un baño- leer las paredes. Literalmente: leer las escrituras, los graffitis, las consignas, los carteles, los ofrecimientos, las proclamas, el fanatismo, las ideas que hay en las paredes de los baños. En este caso, dos, entre tantas:

-La libertad no se consigue, la libertad se construye

-Abogado: te saco en 48 horas. Teléfono…

Vuelvo a la sala. Se metieron Jésica, Elvio y hablan con el tipo que esperaba, mientras sus compañeros también miran. Miran, todos, ahora veo, a Jésica mostrando las medias, seguramente pidiendo opiniones sobre si le entrarán.

Paso, mejor que saque sus conclusiones. Voy hacia el jardín, que rodea esta guardia y conecta todos los sectores del Alvear. Una especie de jardín en “U” que tiene, en el centro, la guardia, y rodeando a la “U”, si el espacio de la letra es la calle, el llamado hospital de día en el arquero, al costado izquierdo la farmacia y al derecho los centros de internación de hombres, por un lado, y de mujeres, por el otro.

Me siento a anotar algunas cosas que pasaron y que van pasando por mi cabeza: Hay algo más indeseado que un hospital? Sí, un hospital psiquiátrico. Y algo más, aún? Sí, un hospital psiquiátrico de noche.

Van a ser las 9 y Jésica justo pasa por delante mío: se va a comer. Che, gracias. Yo creo que me van a entrar las medias. Sellamos nuestro gusto en conocernos con un abrazo.

Vuelvo a la guardia ya que el resto del hospital está cerrado. Noto que en la puerta está el recorte de un diario noticiando el paro de este hospital “en defensa de su director”; adentro nomás hay un cartel que convoca a “todos los trabajadores del Alvear” a trazar un “plan de lucha”, que data del 24 de julio.

El hombre que esperaba y me preguntó sobre el paro antes, recién ahora, 25 minutos después de esa pregunta, entra. Sale dos mujeres, una que acompaña a la otra. Era una médica la que la atendía y la que atiende ahora a este hombre.

No queda nadie más en la guardia, por ahora, nadie para atenderse.

Sí resuenan voces y gritos que vienen del teléfono público de afuera, que está solicitado en este horario nocturno.

Escucho una charla de un minuto reloj que pasa un parte brevísimo sobre nada, digamos, una charla forzada como para decir algo y no nada, como para hablar con alguien y no estar solo, aunque sea un ratito, un minuto reloj.

Hola, sí. Acá, salí a dar una vueltita, ya me voy al sobre… No, es que ya se hizo todo, no hay nada más para hacer… Jugó Argentina hoy, no? Sí, juegó Argentina contra Alemania… Bueno, chau, chau.

Golpea la máquina, por las dudas, a ver si se equivoca y le devuelve las monedas.

Ahora una señora mayor, grande, sesenta y pico, que me pide que le lea una tarjeta de teléfono ilegible, pero lo logro, pero no se puede comunicar. Me agradece igualmente.

Y otra señora que viene del fondo, de la residencia.

Habla la tía. Sí, desde el colegio. Empezó Mc Donald´s, o no? Uh, qué boludo… siempre hace lo mismo. Como que se arrepiente… Pasame con tu abuelo. Que hacés pá. Qué comiste? Mañana no vengas porque compré cigarrillos. Aparte hay paro acá, no dejan entrar a nadie. Sí, hace un montón de días que hay paro. Quedate tranquilo. Sí, sí, un beso a todos.

El contacto de Juan Panelo circuló por la web como vocero de una de las filiales de Médicos Municipales, uno de los gremios de la salud, justamente el mismo que aparecía en la crónica pasada en el Argerich con unos carteles que hablaban de paro gremial en caso de no cumplir con una serie de promesas. Ya en la nota pasada los propios médicos del Argerich se sorprendían al ver a los Municipales reclamando por la salud, ya que “estaban con Macri”. Ahora veo, sus pedidos se dirigían al Ministerio de Salud directamente, pasando por alto la relación municipal, aunque también otras voces hablaban de un alejamiento del ministro de Salud del GCBA, Lemus.

Como sea, le pido a Panelo que me ayude a desentrañar este mareo político, gremial y concreto sobre el alerta en la educación pública. Le pregunto entonces si los Médicos Municiples juegan para Macri: “Lamentablemente”. Entonces corrije su descripción de “vocero de una de las filiales de MM” a “jefe de consultorios externos y de dirección ambulatoria” del hospital Torcuato de Alvear.

¿Por qué pararon el viernes 17?

En nuestro hospital lo que ocurre es que, con la excusa de un problema de funcionamiento de la guardia, dicen que la gestión del director no es la adecuada y entonces se lo saca de su cargo con un forzamiento de la jubilación, desoyendo el fuero gremial. Hay modos de hacer las cosas, y si alguien hace una mala gestión hay un modo administrativo de destituirlo del cargo. Aparte es lógico ese mal funcionamiento de la guardia porque se está expidiendo gente con notas desde el 2011. Esta semana vino la comitiva de la viceministra del GCBA y la secretaria de salud para explicarle al director que se tenia que retirar y nosotros le mostramos todos los papeles de todos los pedidos que hubo en ese sentido.

¿Qué reclaman?

Lo que necesitamos es gente, no insumos ni quirófano. Necesitamos gente en especialidades. Una guardia sin psiquiatras, sin enfermeras no pueden funcionar, no hay personal… Esto no es solo en los hospitales, va de la mano de lo que esta pasando en el Borda con este intento de realizar un centro cívico en un luigar esencial, lo mismo en el hospital Gutierrez. Se considera a la salud como un mal negocio y no se lo entiende como una obligación, un derecho estatal.

¿Qué otras faltantes hubo durante la gesión de este gobierno municipal?

Hemos tenido épocas muy difíciles en cuanto a la farmacia, pero ahora está funcionando bien, hay gente atenta a que no le falte nada. Imaginate que para un hospital psiquiátrico es esencial para los tratamientos, que son carísimos… Acá lo que necesitamos ahora son psiquiatras, psicólogos, enfermeros sociales…

¿Cuál fue el problema de la guardia que desató el desplazamiento del director?

La excusa era que la ambulancia no había salido una vuelta. Pero la ambulancia puede salir cuando hay un medico que pueda salir. Y la guardia es un hervidero. Yo invitaría al ministro a que venga a estar un cuarto de guardia viviendo lo que es eso. Nuestra ambulancia era la única que cubre todas las emergencias psiquiátricas de toda la capital federal y recién hace un año se agregó otra.

Cuando hablás de “excusas” entonces considerás que hay un tema que subyace, un interés político…

Absolutamente político. Las causas exactas te las debo, pero la excusa en sí no tiene ningún sentido. Cambiando el director no se arregla nada, va a seguir faltando gente. Seguramente necesitarán gente afines a sus ideas a su proyecto que desconozco. Sobre todo me da a pensar esto el atencedente que las decisiones de este gobierno no son a favor del hospital publico.

¿Cómo fue y cómo sigue el plan de lucha?

El 10 de agosto paramos para pedir la reincorporación del director y el martes 14 volvimos al paro, pero el 15 por asamblea se decidió volver a las tareas, que el paciente no tiene por qué pagar los platos rotos. Igualmente, en nuestros paros hay asistencia, la urgencia se sigua atendiendo… Ahora estamos en asamblea permanente, movilizados, atentos.

Vuelvo en el 105 ahora en sentido contrario, desandando el camino de la locura, el que llevaba a pasajeros que querían prender fuego la ciudad, y ahora es más tranquilo, es más tarde y hay menos gente, menos autos, se avanza más rápido, pero también, les juro, hay locos, o loquitos, sueltos, de ningún psiquiátrico, como éste que de pronto me sorprende gritando “les tengo bronca”, en referencia a todos nosotros, “les tengo bronca”, repite, rabioso, balbuceando esas palabras para sí mismo, porque no mira a nadie en particular, pero nos habla a todos, y su compañera de asiento se levanta y se va, asustada, o enojada, quién sabe, loca también, y voy yo y me siento a su lado, porque estaba parado y porque estoy loco también.

El tipo sigue, “les tengo bronca”, y mira de reojo a ver si lo miro, si lo estoy escuchando, a ver si reacciono, pero no quiero manijearlo, intento ignorarlo, entonces pasan unos minutos y se empieza a reír, solo, y su risa me contagia, un tipo que pasa de la bronca a la risa, evidentemente, está loco, como yo que me río, y me dice ahora “viste que te hago reír”, y me río más fuerte, y la gente que mira no entiende nada, y le digo eso, “cómo pasaste de la bronca a la risa”, y se pone serio, uf, pero se pone serio para hablar en serio, no serio por enojado, y me dice, “¿sabés qué pasa, loco, que me da bronca”, qué, “me da bronca que estuve laburando todo el día y ahora llego y ¡pum!”, golpea sus manos, una contra otra, haciendo un chasquido, el colectivo mira, “tengo que poner los 700 pesos por el cuartito”, y por qué nos tenés bronca, “porque todos tienen su casita”, y, le vuelve la rabia y despotrica contra todos, pero apenas, se da cuenta, nadie lo escucha, vuelve a callar, se traga la bronca, que es tristeza, que es desesperación, que es injusticia, que es la realidad misma la que lo volvió y lo vuelve loco, trabajar y vivir para pagar el cuartito, porque si hay locos no existimos por que sí.

Estamos en asamblea permanente de locura, movilizados y atentos contra los cuerdos que nos desgobiernan y nos encierran y nos maltratan, contra esos que les chupa un huevo no sólo cómo viajamos sin subtes, libres, al fin, por la ciudad, sino cómo vivimos, cómo nos enfermamos, dónde nos atendemos, con qué, con quiénes, y también por qué nos atendemos, la locura es mucho más que un viaje en bondi, es la tensión que se vive en esta guardia, son las medias que me pide Jésica, los Marlboro de Silvio, la bronca del señor que tiene que pagar el cuartito, es la denuncia que hace Juan sobre la falta de personal, son los días que pasan y pasan hasta que nos volvamos, todos, locos, más locos de lo que estamos, bien locos, tan locos hasta que nos encierren a todos, y no haya, de verdad, en serio, lugares para atendernos, ni insumos para curarnos, ni personal para cuidarnos, tan pero tan locos que no nos parezca loco que haya un hospital sin director, un director sin hospital, que quieran poner un centro cívico en el Borda, que falten insumos en el Argerich pero se instalen televisores con propaganda municipal, que no entendamos por qué los pacientes del Santojanni le pegaron a los médicos, tan locos para creer que la salud pública es un negocio y no un derecho.

Un toque en casa

La remaron en el under, la ponen en la radio. Situación de estupefacientes, rock y sala de ensayo.

En Vámonos están un toque en casa

– Pezones Cardozo cumplió 15 años y los festejó en Vámanos de Casa con un gran show- 14 de octubre del 2012

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– Mamá Chabela y su contrafestejo sonaron en Vámonos- 7 de octubre del 2012

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– Superlasciva mudó su show a Vámonos de Casa ¡Escuchá! – 30 de septiembre del 2012

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-Acústico en vivo de Rock a la Orden-23 de septiembre del 2012
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– Cuatro Payasos Muertos trajo su show – 16 de septiembre del 2012
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– El Fogón Machadito de Maturana, acústivo en vivo- 9 de agosto del 2012
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-Branca Leone en vivo- 2 de agosto del 2012
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Las 5 del domingo

¿Qué? ¿Quiénes? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Por qué?
Distintas historias en la voz de sus protagonistas.
Las 5 del Domingo en Vámonos de Casa

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– Asesinaron por defender su territorio a de Miguel Galván, militante del Movimiento Campesino de Santiago del Estero (MOCASE) e integrante de la comunidad originaria Lule-Vilelas- 14 de octubre del 2012

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-La historia de las ruinas de un Centro Clandestino de Detención oculto en Valentín Alsina- 7 de Octubre del 2012

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– Cuatro estudiantes de colegios secundarios tomados vinieron al programa y nos contaron qué piden. Además, ¿cómo los tratan los medios? ¿Y los funcionarios públicos? ¿Hacia donde apunta la educación pública?- 30 de septiembre del 2012

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-6 años sin Jorge Julio López. Hablamos con su hijo, Rubén- 23 de septiembre del 2012
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-La extrema posibilidad de desaparición que sufre el Policlínico Bancario- 9 de septiembre del 2012
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La crónica de la calle

Activamos, salimos, dimos una vuelta y traemos una historia.
Escuchá las crónicas de la calle de Vámonos de Casa

-El Contrafestejo Cultural por el 12 de octubre: ¡Día de la raza las pelotas!- 14 de octubre del 2012

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– La expectativa y movilización en la Embajada de Venezuela en el marco de las elecciones- 7 de Octubre

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– Festival de arte abierto en la Plaza 25 de Agosto, Chacarita- 30 de septiembre del 2012
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– A 36 años de La Noche de los Lápices los estudiantes volvieron a salir a la calle: siguen escribiendo- 16 de Septiembre del 2012
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– Día de la Mujer Originaria en el Obelisco: festejos y alegría- 9 de septiembre del 2012
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-Emoción en Marcha, muestra fotográfica de danzas aforamericanas- 2 de septiembre del 2012
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– Acto de los 6 meses de la tragedia de Once: 51 + 1 muertos, 700 heridos, ningún procesado – 26 de agosto del 2012
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-Festival Mundial de Tango en el Parque Centenario – 19 de agosto del 2012.
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-El nieto 106, la restitución de la identidad de Pablo Javier Gaona Miranda – 12 de agosto del 2012
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-Festival del Frente Cultural de Artistas del Borda – 5 de Agosto del 2012
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– Exposición de Fotoperiodismo de ARGRA – 22 de Julio del 2012
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Juicio Cromagnon II – 15 de julio de 2012
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