Si he de morir cruzando, que no sea en vano

Por Los de Arriba las manos.

La agenda marca los temas, ¿pero quién marca la agenda? Tendemos a medir todo. Ponerle un número basta para pensar que eso nos permite dimensionar algo hasta agotarlo. Lo que sea que nos permita pensar que comprendemos algo sobre algo, sentirnos tocados por ello, nos desafía cada día desde que en alguna parte del mundo pasa algo. Y necesariamente dar cuenta de la noticia, de lo que nos llegó por intermediarios, de que sabemos, de que oímos, de que opinamos, de que somos, a veces nos pone a destajo.

La deuda externa, las reservas de un Central, la transgénesis, los commodities, las pateras, bolsas de valores y los climas: todo va de la mano. Si como dicen somos piezas mecánicas de un engranaje cuyo resorte en general ignoramos, todas las semanas eso se engrana en el Mediterráneo. El numero de la que pasó fue 900, el número oficial. Vaya a saberse cual fue el real, cuál fue el de la anterior o el de la que está por llegar. Cada tanto, esta noticia reaparece, cobra tapa y contratapa, cita voces de expertos en toda trama, y vaya catarsis social -aunque la repitencia sea indicador de que nada cambió y difícilmente vaya a cambiar.

DSC03753

Listados innumerables de responsables y cómplices quedan a la vista, pero pocas veces se profundiza sobre los verdaderos causantes. ¿Cómo pensar qué es lo que motiva y maltrata procesos migratorios que terminan tan mal? Difícil intentar reunir aquí los infinitos procesos sociales, políticos, humanos, que terminan impactando sobre la decisión personal de migrar bajo estas condiciones, poniendo en juego la vida y todos los elementos que lo impulsan. Escribir sabiendo como terminó esta historia ya nos hace responsables, al menos, de pensarlo.

Una cosa va atada a la otra y hay dinámicas que los que mencionan al sistema financiero, a la falta de regulaciones, a las fronteras selectivas, a los demonios de esta era –los internos, a los de la propia felicidad surgida del poder de compra frente a la desinversión en educación y salud en general y mucho de lo que hace a la falta de oportunidad, hace tiempo ya empezaron a cuestionar. Fueron ellos quienes nos pasaron el siguiente consejo: que no volvamos a leer sobre las desgracias ajenas sin derecho a exigir algo.

Exigir información con algún trasfondo para no convencernos que con un aumento de presupuesto en los organismos que ya provocan todo va a haber genoma de cambio. Porque si se habla de migrantes africanos y de costas europeas, casi seguro conversamos de naufragios. Ya que cuando encima llegan enteros, a unos los contratan rápido para el trabajo sucio, y a los que sobran, a los chanchos.

Porque son dinámicas de migración fomentadas por países envejecidos que ya ni procrean y por tanto claman infancia ajena, que combinadas con realidades expulsantes sólo se explican si le prestamos atención a determinantes que alarman. Uno de ellos es el control de los recursos naturales, no tanto por parte de los Estados extranjeros sino por empresas multinacionales que con base en aquellos no dejan ni una miga en los países expoliados. Entonces no hablemos de tragedia sin nombrar la letra chica del rol de la Organización Mundial de Comercio, de las lógicas de patentamiento y de los tribunales internacionales donde luego se juzgan los reclamos. Es allí donde aprieta el nudo para entender estas lógicas causales.

Expectativas de futuro también falsas se postulan desde medios que omnipresentes, nos vienen colonizando con valores extranjerizantes. Cable a tierra/tierra a tele y publicidades hasta en el plato, instalan modelos y seducen permanentemente a cruzar el Mediterráneo. Eso porque no están reguladas, ni los medios ni las proclamas, que apelando a una falsa libertad de expresión y de mercado, cuando se intenta equilibrar la balanza, como se dice, golpe blando.

DSC03828

Y la falta de trabajo, las guerras tan mentadas, los conflictos civiles que desde lejos dos o tres fotos ya consagran, en realidad, excepto la primera, suelen ser exageradas. Que existen, existen, pero no para agasajarlas tanto. Es que si a un medio continente se le define la política económica desde un banco central en je sui Francia, y se le devalúa la moneda cada vez que algún despierto por la deuda externa reclama, si se la ata a un tipo de cambio redituable solo para los acreedores de la banca y no prestamos atención a los índices de los países atados al franco CFA y su eterna colocación entre los Países que Menos Avanzan (ONU) en realidad… ¿qué esperábamos que pasara?

Que si de los acuerdos y las bases militares, del posicionamiento estratégico armado norteamericano, de los 12 millones anuales para el ACRI, el AACOT y otras transas nunca escuchamos nada; de que financiados bajo el lema del terrorismo y la trata, metales, óleos y agua se negociaron, no es que justo se olvidaron de contarlo, es que son intereses locales y extranjeros los que se la están jugando. Y no es caerle sólo a la prensa, es que se arrogan el sentido de informarnos, cuando si analizamos sus componentes accionarios vemos que son los mensajeros de todo ese conglomerado.

La prensa hegemónica matiza y las instituciones fronterizas ejecutan lo que otros cargan en contenedores. Es que, si como dicen, hay que poner un límite, que eso quede lejos de todo lo que genere conciencia de masas. Pero como el mar no calla ni traga, si los que televisaron a los muertos nada de esto nos mencionaron, entonces será tarea nuestra ver qué verdaderamente pasa y por qué de las orillas no pasaron. Porque si tras esas 900 no se habla de los Acuerdos de Tampere, de la Cumbre de Sevilla, del espacio Schengen, de FRONTEX y de sus trampas, entonces nos perdimos entender cuál es la verdadera trama.

Pretendíamos saber de todo, y eso nos llevo a saber de nada. Pero quedó algo que aún recordamos, y vaya carga. Que si los cuerpos sobre el agua normalmente flotan, que 900 se hundan es que de algo van cargadas. Que si los muertos traficaban, simplemente era sus almas. Almas que se hundieron por el peso del antinomio, del flúor y el germanio que cargaban, por el uranio francés que hay en Níger, por el manganeso, el oro y el cobalto del Sahara.

Que si el fósforo del Occidente tras el muro o el vanadio alemán de Burkina Faso hablaran, lo mismo el gas hoy de Bolivia o el petróleo yankee de la Guayra, nos contarían que a las aleaciones industriales y a la aeronáutica le viene faltando lo que los gringos tanto arañan. Y que si se les caen los negociados, se les viene abajo la industria pesada. Porque se les acaban los recursos sobre los que consolidaron una industria sumamente calva, y que para esto se armaron durante tantos años: para cuando les escaseara.

No queda otra que sacudir el polvo de las tapas para buscar quiénes son los dueños de las minas de donde todo aquello se extrae; no es más que indagar cómo consiguieron esos papeles o cómo se negociaron leyes hasta parirlas constitucionales, para entender que a los trabajadores no los amparen derechos o que desde lo impositivo no se recupere nada de lo que sale.

22 Mediterraneo 21

¿Qué vamos a decir que usted no sepa, excepto un dato ineludible? Sobre cómo se vulnera el derecho al refugio, sobre como se deslocalizan los controles, de eso mucho no se esgrime. De cómo en medio del desierto pagás o no sos nada. De cómo en algunos países, hasta intentar emigrar es considerado falta. Y no olvidemos que en Ezeiza, sin sellito o pasaje de vuelta no subís ni aunque lo valgas.

¿Y el artículo 13 de la declaración universal? ¿Y el derecho a salir de cualquier país, incluso del propio?

“Yo solo cumplo mi trabajo” – dijeron los de la seguridad privada.

Y todo para decir nomás que si nos la vuelven a contar sin citar los PEAS de ajuste estructural o que al 73% de las fronteras las dibujaron los mismos europeos repartiéndose la riqueza por la que ahora no los dejan entrar, lo que están buscando, en el perpetuo ninguneo de los propios protagonistas -a los que no se los escucha, sino que se los indaga-, quizás sea distraernos de lo que pasa en realidad.

Es que si esperamos que nos la cuenten sin matices, es el autoengaño el que nos habla. Y si solo culpamos al otro por no enterarnos de nada, a los medios o a los canales de la pavada, también somos funcionales a todo lo que nos empaña. Por eso no vamos a decir que todo esto en realidad no sirve de nada, porque lo que está pasando lejos, nos deja ver qué tal por casa. Porque acá también flotaron cuerpos, y de acuerdo a algunos, no pasaba nada.

Cerramos con lo que nos dijo un amigo no hace tanto, antes de emprender su viaje por el Sahara. Que si nunca mas de él se supiera, que no sea en vano, que se hablara. Por suerte en el sur del sur del mundo todos nos pusimos de acuerdo en algo, y es en lo que la Ley de Migraciones dice: que migrar, como debe ser, es derecho humano. Y que si al dar vuelta la página, las injusticias no se arreglaron, que del otro lado no se silencie lo que le pasó en el taller clandestino de Flores a los hermanitos bolivianos.

Hacia el Vaticano

Las peregrinaciones de la vida que llevaron a Silvio, guitarrista en el Gran Chaco boliviano, a ser sacerdote palotino, recorrer Latinoamérica y hoy estar viajando a Roma. “A pesar de estar en la fiesta, decidí este camino y no estoy arrepentido”.

A Silvio lo conocí en el quinto piso de la Facultad de Filosofía y Letras, en Puán. Era mi compañero de cursada del nivel I de Italiano. Ya a la primera ronda de nombres y de motivos por los que nos acercamos al Laboratorio de Idiomas de la UBA sorprendió por su tono pausado para hablar y por sus razones. Silvio -dijo- es boliviano, es cura y quería aprender italiano porque en la última semana de junio viajaba a Roma, al Vaticano, para profundizar sus conocimientos en la religión durante los próximos dos años. Tal vez la memoria falle, pero creo que en 25 años ateos de vida nunca había cruzado palabras con un cura.

A medida que las clases avanzaban, descubría más detalles: su rosario, su morral con la inscripción “Soy Misionero”, que no usaba cuaderno para anotar los ejercicios, sino una agenda de la Virgen María. Una de esas clases nos tocó sentarnos al lado. El profesor dio un ejercicio para hacer de a dos: uno entrevistaba y el otro respondía como si fuera un famoso a elección. En italiano, claro. Yo elegí ser Carlitos Tevez y él me interrogó. Después de esa charla desopilante, salimos juntos de la Facultad y a medida que caminábamos siempre hacia el mismo lado nos dimos cuenta que vivíamos a dos cuadras de distancia. Un mes después de ese reportaje lúdico, yo lo estaba entrevistando a él en un hogar en Parque Chacabuco, donde vivía junto a la comunidad de palotinos que dependen de la iglesia Santa Isabel de Hungría, en Estrada y San José de Calasanz. Detrás de Silvio hay una biblioteca con muchos libros. Sólo leo títulos que tienen que ver con lo religioso, aunque él cuente que también ha leído a Julio Cortázar y Ernesto Sábato.

IMG_8506-¿Cómo te acercaste a la religión?

-Bueno, no recuerdo aquel día ni cuándo fue exactamente. Tenía 20 años y pico cuando sentí este llamado de seguir a Cristo, allá en mi pueblo en Bolivia, en Monteagudo. A partir de un encuentro que se hizo en la ciudad, un encuentro juvenil, en el que se tocaba el tema de la realidad nacional y se hacía una relación con la vida espiritual. Cómo a partir de la realidad, la palabra de Dios era capaz de iluminar el presente. Me gustó y fui comprometiéndome como animador de otros jóvenes. Y ahí sentí más fuerte ese deseo de estar con la gente, de ayudar a los que más sufren. Me decidí a entrar a la parroquia, a hacer una experiencia. Entré a la comunidad de los palotinos, a la que pertenezco. Se me invitó a una experiencia de aspirantado. Después me tocó partir.

El poblado de Monteagudo se llama así por Bernardo de Monteagudo, el revolucionario argentino clave en los procesos independentistas de Sudamérica. Queda en el sudeste boliviano, en el Gran Chaco, y tiene unos 10 mil habitantes. “Es un clima subtropical. Gente muy buena, otro modo de vivir. Una ciudad del interior que es más tranquila, no mucho acelerada”. La capital departamental es Sucre, que está a 326 kilómetros, pero se tarda unas ocho horas en auto porque menos de un tercio de la ruta está pavimentada. De ahí al Vaticano se fue Silvio. “Es un camino inesperado. A veces yo me sorprendo. Lo atribuyo al Señor. Él quiere algo para que yo pueda servir mejor. Esperemos que así sea”, desea.

Antes de esa llamada, Silvio llevaba en su recuerdo los domingos de misa junto a sus padres y sus siete hermanos. Eso, claro, también jugó en su elección. “Aunque después en la adolescencia uno como cualquiera está rebelde y no quiere saber nada”, comenta. En un pueblo subtropical de 10 mil habitantes, para alimentar ocho bocas hay que dedicarse a la agricultura: mandioca, maíz, cereales, de todo. En eso trabajaban sus padres, que también eran artesanos del cuero. En Monteagudo, Silvio es más conocido por su carrera musical que por su formación religiosa. Con sus tres hermanos varones –René, Sabelio, Juan-, formaron un grupo folclórico que aún sigue siendo la sensación del pueblo: Los Coyuyos del Sauzal. Guitarra, bombo, violín y voz. Cueca y chacarera. “Fue un grupo importante a nivel nacional, en Bolivia. Ahí estaba metido con la música y toda esa experiencia, pero también estaba un poco metido con la Iglesia y la palabra de Dios. A pesar de estar en la fiesta y de estar en ese ambiente, decidí este camino y no estoy arrepentido”.  Los Coyuyos del Sauzal sacaron cuatro discos: Amor Chaqueño, Violín Criollo, A La Patria y Los Couyos del Sauzal Volumen I y II.

A tres días de viajar a Roma, Silvio se toma un termo entero de mate en la cocina del hogar palotino, mientras un extraño le pregunta y repregunta su historia de vida y detalles de la actividad religiosa. Es tímido, huidizo y de pocas expresiones. Pienso –generalizo- que tal vez son rasgos típicos que se repiten en la cultura boliviana, acaso por la opresión de siglos, en la que tanto tiene que ver esa misma cruz que cuelga del cuello de Silvio. Él descarta lo de la timidez: “En Bolivia hay diferentes modos de ser. En el altiplano son más introvertidos, o más callados, mismo por el cima. En Oriente, en Santa Cruz, es gente más entradora. Mi zona también es diferente, más de hablar, de sacar las cosas hacia afuera”. Tal vez no se le transparentan los nervios por conocer un nuevo idioma, una nueva ciudad, un nuevo país, un nuevo continente porque no los tenga. “Estoy jugado a lo que venga. Sé que va a ser exigente, pero también estoy abierto a lo nuevo. Me voy a conocer un poco más de la actividad palotina, de la misión. A compartir con otras culturas del mundo. Otra experiencia pastoral, de misión. Allá nació la comunidad palotina, creo que encontrarme con los orígenes va a ser muy bueno, va a alimentar mi espiritualidad”, explica.

O acaso lo que hace que Silvio no se ponga nervioso antes de partir a la ciudad a la que conducen todos los caminos es que está ante otro destierro más en su vida. Desde que terminó el aspirantado en la parroquia de Monetagudo, lleva 17 años cambiando de hábitat. En el 97 llegó a Argentina, a Lavallol, en la zona Sur del Gran Buenos Aires. Después de dos años de desarraigo se empezó a preguntar si esto era lo que realmente quería para su vida. Entre las dudas le apareció la posibilidad de hacer una experiencia con los monjes benedictinos, en Victoria, Entre Ríos, durante otros dos años. “Fue una experiencia de espiritualidad. Después de esos dos años volví a Lavallol con los palotinos, porque ya estaba más firme en lo que quería hacer”.

-¿Y cómo fue pasar de un pueblo de 10 mil habitantes del interior boliviano a Buenos Aires?

-Un cambio fuerte. Interesante. Primeramente la cultura, y todo era distinto. No me sentí bien. Me costó casi medio año que estuve con el desarraigo, no conseguía abrirme a los demás. Poco a poco me fui adaptando. Me iba de Lavallol a Almagro, todos los días. Colectivo, tren. Fui conociendo un poco más el modo de vivir y me gustó. También me hice muchas amistades, familias que me ayudaron en todo este proceso. En Lavallol iba por los barrios y tocaba un poco de música, de canto, para compartir un poco la vida.

Entre la experiencia en Victoria y el regreso a Buenos Aires, Silvio pasó unos meses en Bolivia. Volvió a Buenos Aires, cuando la ciudad ardía en el 2001. Si había un momento para entregarse al camino de Dios, era ese. Partió hacia Brasil, hizo la experiencia del Noviciado en el Brasil, en Cascavel, una ciudad del Estado de Paraná. A dos horas de las Cataratas del Iguazú. “Hice el noviciado espiritual allí, estudiando y ampliando –rememora- la visión de la vida religiosa. Fui sin saber portugués, y al mes ya hablaba algo. Me fui adaptando, como en Argentina la primera vez”. A los dos años, otra vez, armó las valijas: Santa María, Río Grande do Sul. Facultad de Teología y Filosofía de los Padres Palotinos. “Es un convenio para estudiar juntos y tener una amistad latinoamericana. Ahí concluí los estudios de teología, que son cuatro años. Me ayudó bastante”.

-¿Ustedes en la facultad, por ejemplo, además de la teología estudian la Historia Latinoamericana?

-No me acuerdo bien. Estudiamos también administración. No se estudia eso, tenemos la historia de la iglesia latinoamericana, pero como materia no tenemos Historia.

Después de los cuatro años de Facultad, le tocó volver a Buenos Aires. A Caballito, a hacer el pastorado en la Iglesia Santa Isabel de Hungría, en San José de Calasanz y Estrada. Dos años de misión para luego volver a Monteagudo para hacer la oración sacerdotal, que es la consagración perpetua. O sea: para toda la vida. Allí volvió en 2008. Once años después de partir como el guitarrista de los Coyuyos del Sauzal, volvía como el cura del pueblo.

-¿Cómo fue volver a tu pueblo donde eras el músico para ser el sacerdote?

-Sí, fue difícil. La gente se sorprendía porque todos me conocían de cantor. Ahora de sacerdote era otro peso para muchos, pero había respeto. Me apoyaban. Sentía eso yo. Estuve hasta 2011 ahí en mi parroquia. Me pidieron que vaya a colaborar a Montevideo. Estuve dos años allí. Y este año volví acá porque en Bolivia cerramos la parroquia para entregar la diócesis, porque éramos pocos los palotinos. Asumieron otros.

Por mi desconocimiento sobre el cristianismo, las preguntas surgen de a decenas. Pero la culpa no es sólo un concepto católico y hay varias que por timidez o cobardía elijo no hacer. Otras, se dejan soltar. Como cuando le pregunté por la prohibición del sexo para los sacerdotes: “Es una opción libre. Yo lo tengo claro. No es mejor ni peor, sino distinta: tiene sentido si yo pongo a Dios en primer lugar en mi vida. Sino no tendría sentido esto”. Y otra:. ¿de qué vive un sacerdote, quién le pagó todos esos viajes, toda su formación?

-O sea no tenemos salario pero para lo necesario hay. La gente colabora, pero salario no tenemos. Es una caja común que con las necesidades se va usando para los servicios, como cualquier otro. Ahora no me pago el pasaje, ni nada, me lo paga la comunidad. Y allá se hacen cargo también de las necesidades: tampoco necesito gran cosa.

En una de las primeras caminatas al salir de Puán, Silvio me explicó que él era palotino y en qué se diferenciaba eso de los jesuitas, los benedictinos y las demás congregaciones. Palotino es un término que me hacía acordar a la última dictadura, le dije. Me respondió con  la canción de León Gieco. La Memoria, que habla de los asesinatos de los padres palotinos y de Monseñor Angelelli. Qué pasó, pregunto. “Algo sé, no tan a ciencia cierta. Vivían allá en San Patricio, por Belgrano. Estaban comprometidos con la gente del barrio, quizás en alguna celebración hablaron en contra de los militares. Y ellos se tomaron revancha. Los mataron ahí mismo, los acribillaron una noche. Tres sacerdotes y dos seminaristas, si no recuerdo mal. Fue una revancha que hicieron, algunos dicen que estaban metidos en grupos subversivos, pero no creo que sea tanto. Quizá porque ellos estaban a favor de la verdad, de la paz, o porque no creían en las cosas que se hacían en ese tiempo. Y para callarlos los mataron. La causa sigue en investigación, pero como todo, aun no se descubre”. En la Iglesia de San Patricio, los milicos pintaron una frase: “Esto les pasa por envenenar la mente de la juventud”.

-¿Vos como sacerdote tenés conocimiento de que hay acusaciones a la Iglesia como institución o a gente que ha formado parte de la Iglesia y que tuvo complicidad directa con la Dictadura? ¿Cómo se entiende eso desde la fe?

-En realidad yo escuché comentarios, pero no conozco muy bien. No podría opinar. Lo que decimos de acuerdo a los documentos de la Iglesia es que cada cual responde por su conciencia. Nadie puede juzgarlo, solamente Dios. En ese sentido cada quien le tendrá que dar cuenta al señor de lo que está haciendo, como todos, si está haciendo algo mal.

-¿Hay alguna experiencia que te haya marcado mucho en el trato con el otro?

-En general se interpela mucho el sufrimiento de la gente. A veces uno siente la impotencia de no poder hacer nada. Desde la fe creo que ayudé a varias personas a que salgan de su situación. A veces las personas ven una parte de la vida y no logran ver todo, entonces he podido ampliar su visión, ayudarlos con eso. Hay muchos que se acercan por problemas con el matrimonio. Y charlando por qué muchas veces se soluciona. A veces hacer que ellos vuelvan, que se reconcilien es una experiencia de las más gratificantes. Me pasó muchas veces eso, sobre todo en Brasil. La fe te aparece en esos casos, porque la gente a veces se ahoga en un vaso de agua. No son problemas tan grandes, sino que no pueden ver un poquito más allá. Son empecinados en lo que piensan, están encerrados. Y uno lo ayuda.

IMG_8566

Despatriarcada

María Galindo, feminista boliviana y fundadora de Mujeres Creando, presenta su libro “¡A despatriarcar!”. Critica el discurso de la inclusión e invita a la rebelión: “no queremos estar dentro del sistema, queremos cambiarlo”.   

“Yo creo en el conflicto, no creo en la armonía. No soy capaz de generarla y a veces ni de entenderla. Propongo aprender a trabajar desde la bronca y la rebeldía”.

Estas palabras salen de la boca furiosa de María Galindo, autora de “Ninguna mujer nace para puta” y fundadora de Mujeres Creando, movimiento feminista boliviano que irrumpe en el espacio público para ejercer la libertad de manera creativa y para desafiar los lugares habilitados por divisiones de sexo y género. Con sus intervenciones, han convertido al graffiti en una estrategia de lucha para el cambio social.

María lanza su grito a media risa, en una expresión que se completa con ojos ardidos y penetrantes. Se sabe provocadora, no se guarda ningún reproche y aprovecha cada oportunidad para incomodar. Lo sabe y lo busca. Después de todo, ¿qué mejor lugar para la emergencia del pensamiento que la incomodidad? Su presencia siempre genera expectativas y unos cuantos tumultos. Por donde pasa, incita a la confrontación. Espera, desde ahí, construir. “Soy conocida por confrontacional. Me gusta discutir cuerpo a cuerpo y así hermanarnos”. Estuvo en Buenos Aires por la presentación de la edición argentina de su último libro: “¡A despatriarcar! Feminismo Urgente”  (lavaca editora) y la primera parada fue en Mu. Punto de Encuentro. El feminismo, desde esta perspectiva, no es luchar por los derechos de las mujeres, no pasa por el reconocimiento del Estado, sino que es la capacidad de subvertir la sociedad, de transformarla a partir de entender a las mujeres como un sujeto político. El feminismo, en la lengua de Galindo, es la rebeldía permanente.

Rebeldía en movimiento

– No pertenecemos a la generación latinoamericana de los que se resignaron con Evo Morales, Cristina Kirchner, Dilma Rousseff, Hugo Chavez. Somos una degeneración. Porque sabemos que resignarnos es conceder la prolongación del modelo neoliberal. Eso con lo que se conforman es una política disciplinadora, aplanadora y aniquiladora de nuestros sueños y utopías. Estamos en un momento duro para la lucha social, no podemos conciliar. Y ninguna lucha social tiene relevancia si no es en primera persona. Las mujeres, de forma invisibilizada, nos venimos rebelando contra las estructuras de dominación, de forma colectiva, social, cultural y política. Es una especie de latencia social, son formas de desobediencia profunda que están desafiando raíces del patriarcado.

María Galindo convierte cada toma de palabra en una oportunidad para una convocatoria a ponerse en movimiento: “Es muy importante potenciar esa rebeldía. Podemos ser peligrosas, rompiendo el silencio, tomando la palabra en primera persona. Desmontando uno a uno los lugares con los que nos edulcoran la vida. Las Mujeres Creando hemos construido lenguaje, hemos producido cultura y escenarios. Estamos llenas de contradicciones, pero no somos funcionales a nadie. Y eso nos vuelve una voz relevante”.

No se puede descolonizar sin despatriarcalizar

“La despatriarcalización la pienso como un corredor por donde escaparme de esta mierda. Funciona como horizonte, porque plantea una posibilidad de desestructuración del conjunto de las relaciones de dominación de la sociedad. Es una plataforma donde bailar, burlarnos y zafarnos de la política de cooptación del Estado, de las ONG’s y los organismos internacionales”. Habla de igualdad, pero desmiente el discurso de la “inclusión”: “no  buscamos estar dentro del sistema; lo que queremos es cambiarlo, poder pensar en otro sistema y en otras formas de organización de la sociedad”.

La demanda no es por derechos, no es para pedir un pedacito dentro del sistema, sino trabajar para desmontarlo. En relación a esto, María ataca a lo que llama una “tecnocracia de género” que se viene apropiando de las luchas del feminismo en las agendas de los organismos internacionales y los gobiernos. Denuncia el carácter retórico de la mayoría de las leyes – como las leyes contra la trata, que “solo sirve para perseguir a las putas” – y el carácter vacío, singular, infértil de “la mujer”, como sujeto de esas políticas. En su libro se lee:

– Las oenegés fueron un instrumento útil de desmantelamiento del movimiento feminista latinoamericano y fueron parte del proyecto neocolonial de construir una relación entre género y mito del desarrollo, fueron el espacio de desfiguración del sujeto mujeres, manejando subterráneamente un discurso generalista en torno a “la mujer”, discurso que sirvió para camuflar privilegios de clase y sirvió para banalizar la idea de “la mujer” bajo un referente biológico simplificado y vacío.

María, en este campo de disputa conceptual, insiste en transformar y subvertir el uso del leguaje y en “inventar palabras para nombrar la lucha”. Desde su proyecto, entiende al patriarcado como la matriz de opresión más profunda de todas las sociedades y los sistemas políticos y económicos, como la estructura sobre la cual están construidas las jerarquías sociales. El feminismo, entonces, aparece no como una mera opción alternativa, sino como un cuestionamiento profundo de un sistema de relaciones de poder, del patriarcado en tanto institución, cargado de mecanismos de interpelación y normalización de las expresiones de género, sexualidad y afecto.

La propuesta surgió en un contexto social e histórico específico: el del auge del discurso de la descolonización en Bolivia, protagonizado por el Movimiento al Socialismo (MAS) y el Presidente Evo Morales. Galindo apunta sus cañones y denuncia el rasgo masculinizante de las estructuras coloniales, posibilitada por el ensamblaje con estructuras patriarcales pre-coloniales. A su vez, inscribe en esa misma lucha la demanda por la despenalización del aborto, entendido como forma de colonización del cuerpo de las mujeres por parte del estado patriarcal. El lema de Mujeres Creando fue: “Es impensable ningún cambio social profundo que no tenga un análisis de las estructuras patriarcales de una determinada sociedad. En el caso del proceso boliviano, nosotras decimos que: NO SE PUEDE DESCOLONIZAR SIN DESPATRIARCALIZAR”.recuadro-galindo

La relación con el gobierno ha sido tensa desde sus inicios: para la comitiva oficial de asunción de Evo, Mujeres Creando organizó la primera muestra de Ninguna mujer nace para puta e incluyeron “fotos de la autopsia de la última muerta que habíamos tenido” al grito de “no hay libertad política sin libertad sexual”.  Desde ese entonces, se han mostrado críticas a las políticas del MAS. A la presentación de su libro en la exposición ArteBa, Galindo fue con una banda presidencial boliviana con la inscripción “EVA”. Para ella, los sucesos ocurridos en el 2003, con la radicalización de los movimientos sociales y el cuestionamiento al monopolio de la representación política por parte de los partidos (fenómeno conocido como “Guerra del Gas”), abrieron un proceso profundo, histórico e irreversible, que “no tiene dueño”. Confía en que lo más “peligroso” para el sistema son las nuevas formas de construcción y de comprensión de la representación política que emergieron. “Los lugares donde se construyen ideas y pensamiento son los movimientos”.

Alianzas insólitas

Alguien dice de Galindo que es de esas personas a las que no se les escapa nada, siempre atenta a todo. Y eso, claro, se refleja en su agudeza para los análisis políticos, que no siempre caen en gracia y en general, acrecientan las filas de sus enemigos. Pero es en una de las batallas en la que encuentra menos eco: su crítica a la construcción política basada en las identidades:

– En América Latina, hay como una euforia de esos lugares identitarios, que son productos neoliberales. Generan discursos fragmentados, egocentrados, homogeneizantes e insuficientes para constituir acciones transformadoras. Como una pequeña jaula autoafirmativa, que no permite ver las complejidades de las relaciones sociales. No existe un ser humano social habitado por una sola identidad. Y ninguna identidad es rígida y única. Lo subversivo no es ser lesbiana. Las identidades no son subversivas. La capacidad de construir alianzas insólitas es lo subversivo. Yo soy enemiga del encierro en los discursos identitarios porque no interpelan el sistema en cuanto sistema y no se reconocen las articulaciones. Lo incómodo es estar juntas. Por eso decimos: “Somos indias, putas y lesbianas. Juntas, revueltas y hermanadas”. Las rebeldes somos las aliadas. Yo me voy al infierno con mucha gente.

_DSC7260

“Chaco es un lugar estratégico para EE.UU.”

En un período de gran discusión acerca de la soberanía en Argentina, nos preguntamos, ¿cuán presente sigue estando Estados Unidos en nuestro continente y en nuestro país? Constantes son las fuertes declaraciones antiimperialistas de ciertos mandatarios para con la potencia, pero, ¿cuánto es discurso, cuánto es realidad? Nos juntamos con Leandro Morgenfeld autor de Vecinos en conflicto para desentrañar esta relación tan antigua como compleja entre el poderoso Imperio y América Latina, donde los golpes de Estado, las bases militares, las presiones bilaterales y hasta el espionaje siguen tan vivos en el siglo XXI.

NosDigital

-Bases de Estados Unidos en Colombia, Perú, Paraguay, Argentina ¿Cuán profunda es su presencia en América Latina?

-Es bastante grande la presencia de Estados Unidos y de la OTAN aquí. Según últimos estudios muestran que hay 47 bases militares extranjeras en el continente, incluyendo las inglesas en Malvinas y en las Islas Georgias del Sur. Mismo, está encaminado el plan de abrir una base humanitaria muy controvertida en el Chaco. Estados Unidos está tratando de reposicionarse en el continente. En el 2008 el gobierno de Bush reimplantó la IV Flota de Comando Sur, destinada específicamente a América Latina. Durante 50 años la flota estuvo desactivada porque Latinoamérica no es un continente donde haya ningún tipo de conflicto militar, pero esta medida indica que hay una necesidad de Estados Unidos de reafirmar que, lo que históricamente fue su patio trasero, lo sigue siendo. Esta necesidad se explica por qué en los últimos años hubo un proceso de reintegración de los gobiernos latinos sin su tutela, aumentando las relaciones con otras potencias, como Rusia y China. Y esto les preocupa.

-¿Las bases están presentes en todos los países de América Latina?

-No, no están en todos los países, e incluso hubo algunos que avanzaron en el proceso de desactivarlas. El más importante es el caso de Ecuador, que durante el gobierno de Correa desarticuló la base de Mantra, mostrando que sí se puede avanzar en este tema. Entonces, Ecuador ya no tiene más bases.

-Ya hablamos de Correa, pero también Chavez y Evo Morales han sido los que públicamente más mostraron sus diferencias con Estados Unidos. ¿Cuánto hay de discursivo y cuánto se manifiesta realmente esto?

-En América Latina hay que hacer una distinción entre tres grupos. El Eje Bolivariano, que tienen una política exterior que discursivamente es antiimperialista o simplemente antiestadounidense, como el caso de Cuba, Venezuela, Bolivia y los demás miembros del ALBA. Su discurso se manifiesta con ciertas prácticas: denunciar la injerencia de la Embajada norteamericana -incluso la expulsión de embajadores-, el cierre de bases militares. Mientras en el punto de vista comercial siguen manteniendo relaciones pero también hay una búsqueda de diversificar los intercambios con otros países. Hay una política interesante que discute esa pretensión  de hegemonía estadounidense. Después está otro grupo, el de los alineados al Norte que son el Eje Pacífico, donde podemos contar a Costa Rica, Panamá, Chile y Colombia. Finalmente el Eje del Mercosur, que tienen una política intermedia, a través del mismo Mercosur o el UNASUR. Pero estos países, que al mismo tiempo hablan de una inclusión latinoamericana, sostienen una relación oscilante. Así, en Argentina mientras el año pasado se fueron dando distintos roces bilaterales y un mayor discurso antiestadounidense, después de las elecciones hubo una política de acercamiento.

-Dentro del Eje Mercosur, ¿estas diferencias se dan por posiciones ideológicas o son de carácter coyuntural?

-Hay una cuestión ideológica y otra de la cohesión del discurso interno. Argentina permanentemente se queja del proteccionismo norteamericano, lo cual está bien, ya que éste y la Unión Europea establecieron sanciones contra el país por este tipo de medidas. Esto es algo histórico argentino, que viene de los gobiernos conservadores incluso, porque la economía nacional tiene una relación más competitiva que complementaria con la norteamericana y los productores agropecuarios yanquis tiene una capacidad de lobby muy grande que generan estos choques. Esto se ve a lo largo de la historia, más allá de que sean gobiernos conservadores, radicales o peronistas. Hay una actitud ambivalente del gobierno argentino. Desde las elecciones que busca reencauzar las relaciones con Obama, pero no lo hace como en los 90’con las relaciones carnales. Cuando vemos el tema de YPF, Argentina toma una política que desde puntos de vista nacionalistas hacía tiempo se venía pidiendo. Pero cuando se busca la forma de buscar inversiones, una de las grandes apuestas es buscarlas en la Mobile o la Exxon, las dos grandes petroleras de Estados Unidos.

-Con la explosión del neoliberalismo en los ´90, diferentes actores sociales y políticos han salido a la luz con una gran movilización y visibilidad pública: movimientos estudiantiles, campesinos, ambientalistas, etc. ¿Cómo entiende Estados Unidos este proceso?

-Sin dudas creo que hay una nueva etapa: mayor integración regional, cambio de gobiernos muchos de ellos luego de rebeliones populares importantes, hizo que la sujeción estadounidense se halla en parte revertido. Entonces, reacciona de diversas maneras. Algunas formas fueron las tradicionales: intentando en el 2003 un golpe de Estado en Venezuela que fue vencida. Pero contra los distintos procesos aplicó diferentes formas de desestabilización, como en Bolivia mediante el intento de ruptura de la unidad territorial alentando la separación de la Media Luna. También lo mismo apoyando el levantamiento policial en Ecuador, el golpe en Honduras que acabó con el gobierno constitucional de Zelaya, que sin ese acompañamiento norteamericano no se hubiera sostenido. Así, hubo una gran decepción de algunos sectores con Obama, que apoyó este golpe en Centroamérica, mantuvo Guantánamo, sigue la IV Flota.

– También hablaste de la base que se está instalando en Chaco…

-Si, se trata de una base teóricamente “humanitaria”, pero financiada enteramente por el Comando Sur, o sea el Ejercito estadounidense. Cómo operará, no se sabe. Pero hay que verlo según cómo Estados Unidos ejerce su intervencionismo a lo largo del planeta. Tiene bases, cárceles ilegales en las que puede aplicar violaciones a los Derechos Humanos que su propia legislación no le permite, siendo Guantánamo el gran ejemplo. Y después la forma de intervención se puede ver de otras maneras. En Venezuela, por ejemplo, financian una cantidad enorme de ONG, que es una forma de penetración, espionaje, buscan trazar contactos en la sociedad que se está trabajando. Otra puede ser bajo la ayuda humanitaria, planes de vacunación.  Ahora, ¿por qué en el Chaco? Habría que ver si es una base humanitaria, porqué está financiado por el Comando Sur, que es la encargada de establecer las relaciones militares con este continente, con un pasado con la Escuela de las Américas bastante nefasto. Uno podría pensar por qué en esa provincia, y se da porque es un lugar estratégico para Estados Unidos, muy cerca de la Triple Frontera, con recursos naturales muy importantes, a la vez que se la suele ver como un lugar de paso del contrabando y a la vez de células terroristas.

Podés seguir y conocer más de Leandro Morgenfeld en http://vecinosenconflicto.blogspot.com.ar/ y en @leandromorgen

Las dos carreteras de Bolivia

Hablamos con dos de los máximos representantes indígenas de Bolivia sobre el conflicto del TIPNIS y de la construcción de su carretera. Uno apoya a Evo y el otro, no. Ambos tienen buenos argumentos y utilizan diferentes lógicas. Ven el problema con distintos ojos. Reflejan, al cabo, lo que pasa en toda América: un continente hecho de luchas que, de tan lindo y multifacético, muchas veces confunde y siempre interroga.

América es muchas cosas y, entre todas esas muchas, es una tierra de lucha(s). Por eso es linda, y porque es linda es multifacética, y porque es multifacética es difícil de entender. Fue el ayllú y porque fue el ayllu,hoy es la milpa. Es lo que florece en la selva, lo que se siembra en el campo. Es la ciudad que se yergue en el Altiplano, es la Amazonía y es la Patagonia. Son varios continentes en uno, interconectados en un sinfín de nudos y músicas, cada uno con un sabor particular. Y a esos sabores no hay porquéintentarlos descifrar. En este inmenso jardín de senderos que se bifurcan, el secreto es degustar. Oler, preguntar y observar. Aguzar el oído. Son tantos los estímulos, tierra pasional y combativa, polvo que se levanta, que solamente haciendo eso uno podrá sumergirse en sus aguas. Que siempre serán un remolino. Caótico, incompleto, impreciso. Un cuaderno inacabado, con un montón de lápices al lado, en el que quedan muchas hojas para escribir.
Bolivia es América. Y por eso, son muchos países en uno. Muchos conflictos, muchas realidades. Una de ellas, una de tantas, pasa en el Territorio Indígena y Parque Nacional IsiboroSecuré, el TIPNIS. Es un área protegida, muy extensa, que queda en la parte oriental del país, en la parte que no sufre mal de altura, en la que en vez de montañas con plata y mineros hay sapos, orquídeas , mariposas y loros. Cerca de donde murió el Che. Allí, el gobierno de Evo Morales intenta, desde hace tiempo, infructuosamente, construir una carretera, una especie de trasamazónica del siglo 21, que llegue a Brasil y que abra al país, un país sin mar, al mundo. Se le oponen, al proyecto del presidente indígena, un grupo de indígenas. Ya van por su novena marcha. Viven allí, dicen que la ruta les va a traer muchos problemas. Que va arruinar el medio ambiente, que los dejará sin recursos, sin sus casas. Es un poco lo que pasa con la minería, con el desmonte, con las construcciones. Es, con muchísimos matices diferentes en cada lugar, el Progreso por un lado y los Usos y Costumbres por el otro. Empleo. Vida ancestral. Revindicaciones. Mercado. Protesta. Cortes. Integración regional…
Es America, decíamos. Es el continente de nubes bajas, en el que la niebla difumina también el contorno y significado de las palabras.
¿Cómo entender el conflicto del TIPNIS? Otra vez: degustando, palpando, oliendo. Leyendo. Hablando, por ejemplo, con dos de los máximos exponentes del conflicto, dos que salen todos los días en tapas de diarios, que aparecen por mil en Google. NosDigital lo hizo: se comunicó con Gumersindo Pradel , presidente de la CONISUR (Consejo indígena del Sur) y con Adolfo Chávez, que tiene el mismo cargo en la CIDOB (Confederación de pueblos Indígenas de Bolivia). El primero está a favor de la construcción de la ruta, y por eso a favor de Evo. El segundo, en contra y por eso en contra. ¿Es tan sencillo como eso? Bienvenidos a Bolivia. Bienvenidos, otra vez, a América.

GUMERSINDO PRADEL
La entrevista se realizó por teléfono. Fue breve, porque al dirigente lo había picado un insecto y estaba convaleciente. Dejó los siguientes conceptos:
“Aquí, en el TIPNIS, no hay tanto conflicto. Lo que pasa es que no hay entendimiento. Muchos de los que protestan no son del TIPNIS, ellos se oponen a la ley de consulta y al proyecto de comunidades, son del altiplano, de La Paz. Esos dirigentes vienen queriendo confundir, ellos viven en la ciudad, nada necesitan. Nosotros somos los dueños del territorio. Luchamos también, porque no tenemos buena salud, no tenemos educación, esos son nuestros motivos de lucha, trabajar en igualdad. Ellos son manejados políticamente, tienen intereses personales. Nosotros, en cambio, reclamamos, sí, pero por nuestros derechos”.
“En el TIPNIS viven 64 comunidades indígenas. De esas, 49 están a favor de la consulta. Ahí apuntamos. No nos convoca la marcha, pero sí vamos a defender lo conseguido”.
“Estamos a favor de la construcción de la ruta, decimos sí a la construcción porque decimos sí al progreso. Seguimos apoyando a Evo, ningún gobierno se acordó de nosotros, ellos sólo querían para ellos. ¿Y nosotros? Por eso yo peleo por el TIPNIS, porque aquí vivimos una lástima. La gente sufre mucho, los pican los insectos y mueren, es muy difícil entender cómo se vive aquí, los pocos recursos que hay. Por eso, desde la CONISUR, decimos: sí a la consulta y sí al progreso”.

ADOLFO CHÁVEZ
Atendió el teléfono mientras encabezaba la novena marcha de la CIDOB. De fondo, se escuchaba el andar de los indígenas. No había sido un gran día, porque los habitantes de un pueblito muy chiquito, llamado Fátima, de esos a los que los mochileros no van, no los habían dejado pasar. Habló, poco, hasta que se cortó la señal. Porque por los lugares que caminan no pasan los cables:
“El TIPNIS es un territorio indígena. Es un Parque Nacional y Área Protegida, es de todos los bolivianos. Somos una propiedad de derecho colectivo, no pueden construir una carretera así, sin consulta. Ellos, el Gobierno, ya pidieron un préstamo de financiamiento a un banco de Brasil. Y no nos dijeron nada”
“La octava marcha que hicimos derivó en la prohibición de la construcción. Pero ahora, con la Ley 222, quieren hacer una consulta previa, que está fuera del marco normativo, porque está fuera de tiempo ya. Así dice la Constitución de todos los bolivianos. Es como una ilegalidad jurídica”.
“Los del CONISUR son cocaleros, de allí viene el Presidente, ellos quieren la tierra para su coca. Nosotros queremos construir la carretera, pero por otro lado. No por el TIPNIS”.
“¿Qué va a pasar si construyen la carretera allí? Deforestación de bosque, extinción de fauna, nos van a quitar la tierra, el narco va a venir a sembrar coca, el narco se va a llevar a nuestros hijos…”
“Ahora ya no apoyamos a Evo. En su momento, estuvimos con él, pero ya no. ¿Si de esta acción puede surgir un nuevo líder político? Eso lo decidirá el pueblo boliviano.

¿Quién tiene razón? Muchos interrogantes. Muchas preguntas. Mucho por seguir investigando. Por tercera vez, y aunque sea una palabra de inicios y no de despedidas, bienvenidos. Fin.

“La Revolución rompe la servidumbre en Bolivia”

Obreros venciendo a las Fuerzas Armadas oficiales, tomando por asalto al Estado nacional e instaurando un doble poder. Aprovechemos la conmemoración de los 60 años de la Revolución Boliviana para juntarnos con el especialista en historia boliviana Bruno Fornillo para rescatar consideraciones de un suceso clave que goza de poca prensa.

Fotos: Nos Digital.

Nos juntamos con Bruno Fornillo, docente de Historia de América III de la carrera de Historia en la UBA, no solo como una intención de recordar la Revolución, sino también de preguntarnos sobre sus resultados, limitaciones y, por qué no, cómo es que cae poco menos de diez años después, siendo una sombra de lo que supo ser. Finalmente, ¿el nuevo Estado Plurinacional  encabezado por Evo Morales está siendo tan disruptivo con el status quo como lo fue el movimiento del ´52?

-¿Cómo repercutieron las expropiaciones de tierras a las comunidades y la implantación de una minería capitalista desde fines del siglo XIX y el XX, en la Revolución de 1952?

-En principio hay una serie de rebeliones y protestas indígenas muy fuertes a lo largo del siglo XX que van a tener su culminación en la Revolución del ´52.  Para eso va a ser central la conformación de las milicias campesinas, es decir, contingentes armados. Por otro lado, el traspaso de la figura indígena clásica a la campesina. Se forman entonces los sindicatos campesinos a imagen y semejanza de los mineros. El ciclo de rebeliones en ese sentido es importante, y en relación con eso, el nivel de auto-organización constante del sector indígena y campesino posteriormente, que en Bolivia no conoce límites, ni siquiera hoy en día. La clave de la Revolución hay que encontrarla en la dinámica propia del sector minero. Esa acción de masas es la que constituye el núcleo revolucionario. Y de hecho derrotan a las FFAA. En los campamentos mineros la explotación es muy visible, se nota claramente lo que son las distancias de clase: los empresarios vivían de una manera absolutamente suntuosa frente a los mineros que tenían condiciones de vida paupérrimas.

-¿Durante el período revolucionario se puede ver una alianza clasista entre obreros mineros, campesinos y comunidades indígenas, u obraron cada cual por separado con sus diversas reivindicaciones?

-La principal alianza es clase obrera, nucleada en la Central Obrera y la pequeña burguesía de contenido pequeño burgués, representados por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR). La existencia de las milicias campesinas les permite a los del MNR contrapesar el poder obrero, porque el grado de clientelismo y control de este partido sobre los campesinos va a ser muy fuerte.

-La Revolución del ´52, ¿creés que influyó en el ideario revolucionario de los ´60 y ´70 o simplemente fue visto como otra de las revoluciones fallidas americanas?

-Hay una constante un poco trágica en América Latina. Hobsbawm contó 115 para solo el siglo XX, pero a la vez, hay una tendencia a desfallecer de las revoluciones, la cual la boliviana es uno de los ejemplos más claros. La pregunta era porqué no se convirtió en una revolución socialista si los obreros extirparon el poder, pero a la vez con el paso de los años, y no muchos años, fue ahogada económicamente, el MNR domina la escena, se le pide ayuda a Estados Unidos, se reconstruyen las FF.AA. La Revolución decae internamente. Ese es el problema para Latinoamérica, porque más allá de hacer comparaciones simplistas, ciertamente sigue siendo una pregunta hoy: hasta qué punto los procesos que transforman la vida social de los países no pueden tener una deriva de las relaciones capitalistas. Acerca del impacto específico de la Revolución del ´52, creo que influye porque es la segunda revolución de gran porte de América, después de la mexicana. Y para los bolivianos es un elemento constitutivo. No es posible considerar la historia local sin dirigirse a pensar la Revolución, por lo tanto los efectos sí son claros, determinantes. Hobsbawm dice la frase clásica: “todas las revoluciones fracasan porque ninguna hace las cosas que se había propuesto, pero todas triunfan porque no dejan las cosas como las encontró”. Eso cabe para el caso boliviano, pero a la vez es un acontecimiento fundante de su historia.

-¿Qué significó la Revolución para la clase dominante?

-Da por tierra al llamado Super Estado Minero que tenía dos componentes claves: por un lado, la existencia de las haciendas que tenían sujeta a la población en condiciones de servidumbre. La Revolución, entonces lleva a cabo la reforma agraria en el área occidental y reparte la tierra a las comunidades. en gran parte. Por supuesto, fue un proceso largo, que incluso es continuado por los gobiernos militares. Hecha esta salvedad, la antigua estructura de servidumbre se rompe y se crean las comunidades campesinas de pequeños propietarios, que son la base actual del Movimiento al Socialismo (MAS). En segundo lugar, los barones del estaño, que son expropiados para nacionalizar las mina. Pasan al control del Estado,  por lo que se estatiza la mayor fuente económica del país. Así, desaparece buena parte del sustento estructural económico de la clase dominante.

-¿Cómo el gobierno de Evo rescata en su discurso los proyectos del ´52?

-Me inscribo dentro de quienes ven en el gobierno de Evo Morales una ruptura con los parámetros históricos de organización de la vida del país, incluyendo a la Revolución. Primero, porque hay una nueva cosmovisión macro que es irrefrenable y que arraiga en la dimensión identitaria comunitaria campesina, es decir, cómo se piensan la legitimidad de los dominantes y dominados en Bolivia, un cambio radical de las mentalidades. Además, en relación a las rupturas, Evo transitó desde un discurso pachamámico, en defensa de la madre tierra hacia fuera; pero hacia adentro, en un desarrollo de las fuerzas productivas con un único fin de hacer crecer el PBI a toda costa. Para lo cual, había que hacer minería a cielo abierto, y esta es una contradicción flagrante del gobierno.

-¿No se puede entender a este gobierno de Evo Morales como una nueva etapa de acumulación capitalista, diferente a viejos modos, pero capitalista al fin?

-Esta pregunta excede el campo de Bolivia, y en verdad es una pregunta que tiene que formularse para todos los procesos progresistas de América Latina. Por un lado, lo que tenemos es un intento de desarrollo industrial boliviano, que lo que busca es internalizar el excedente. Existe una contradicción interna en el bloque de poder que hoy conduce un proceso de cambio, porque los sectores campesinos no están convencidos de llevar a cabo esta internalización, ya que visto en términos marxistas, son pequeños propietarios que de algún modo quieren acumular más tierras. Hay que romper con la idea romántica del campesino revolucionario, porque lo que tenemos es la figura clásica del pequeño propietario. Están las dos dimensiones: el mega proyecto desarrollista y, por el otro lado, la existencia de contradicciones y tensiones al interior del bloque de poder que posiblemente avalen la forma de consolidación capitalista. Hay una manera ultra izquierdista de responder “todo es capitalismo”. Pero también es una respuesta rápida decir que todos los gobiernos son proyectos nacionales y populares, y que vamos hacia un proceso emancipatorio imparable. Lo que hay que pensar es hasta qué punto es posible llevar adelante las tendencias liberadoras más profundas.

Tras las huellas del palimpsesto Osqui

Como a los manuscritos que guardan huellas de previas escrituras, a Osqui Guzmán no se lo lee en un solo plano. El multifacético actor desborda cualquier charla de café y nos obliga a seguirlo por sus escenarios, sus ensayos, su casa y hasta adentro del auto. Con energía contagiosa y gestos que impresionan, nos habla del teatro, de sus trabajos, de Latinoamérica y su familia.

Fotos: Nos Digital.

Un ladrillo que le arrancó la uña, un chico de su edad que le tiró ese bodoque colorado en la mano y los cerros cordobeses. Eso es lo único que Osqui Guzmán se acuerda del año en que vivió en la provincia mediterránea a los tres años, arrastrado lejos de su madre por una ex monja rubia, amante de su padre. ¿Telenovela mexicana? No, más bien boliviana. 

Lucía Pareja Balboa, de Potosí, descendiente de españoles, tenía quince años y su familia no veía con los mejores ojos a un pretendiente que le arrastraba el ala y que se quería casar con ella. Su madre, para evitarse el disgusto, la mandó a Buenos Aires, donde ya residían sus hijas mayores. Una, planchadora, de oficio impecable. La otra, modista. El estudio aburrió enseguida a la joven Balboa y se puso a trabajar, como sus hermanas, de costurera. Se casó con Walter Guzmán, también boliviano. Un hombre que, cuentan, la amaba a más no poder. De su amor nació, en 1971, en la clínica del Sindicato Obrero dela Industriadel Vestido y Afines (SOIVA), un bebé al que llamaron Oscar Germán Walter Guzmán, a quien más tarde sus compañeros de primaria apodarían “Mono”. Un día, mientras Lucía estaba en su trabajo, Guzmán padre se fugó con una amiga de Bolivia que la pareja había hospedado con amabilidad luego de que abandonase su condición de monja, y nunca más volvió.

“Al año, la mina con la que él se fue me va a buscar al jardín de infantes y me entregan sin preguntar demasiado. Cuando mi mamá llega, le dicen que ya me habían ido a buscar. Me llevó a Córdoba. Mi viejo estaba viviendo ahí”. Osqui no se acuerda mucho más.

Jorge Rodríquez Aguirre, de Oruro, era delegado sindical del gremio de los colectiveros, exiliado político durante la dictadura de Hugo Banzer Suárez, y socialista. Una mañana y gracias a la advertencia temprana de un amigo, escuchó cómo los militares entraban a su casa a los golpes. Logró esconderse en una iglesia que estaba justo detrás de su vivienda. “Cura, cura, por favor, escóndame”, dicen que dijo. El cura aceptó y le dio resguardo dentro del cuarto diminuto donde guardaba las sotanas. Los soldados ingresaron a la capilla a los gritos y, enfurecidos, patearon la puerta del cuartito y la abrieron. Por obra y gracia del Espíritu Santo, del destino que le esperaba más adelante o de quien sea, no lo vieron. No vieron al Jorge tieso que se había tapado la cara con una toga lo más rápido que le dieron los brazos o el susto.

Ese mismo día, Jorge se alojó en un vagón de tren que cargaba los cadáveres acumulados por la dictadura, con destino a Brasil. Y viajó entre los muertos. Después de una corta estadía en Brasil sacando fotos en la playa, llegó ala Argentinay le prometió a una mujer que preparaba empanadas en un centro boliviano que la ayudaría a buscar a su hijo perdido. Era Lucía.

“Mi mamá se estaba volviendo loca, había empezado a fumar, a tomar”, relata Osqui. No sabían qué hacer. ¡Iban por las vías de los trenes! Hasta que una tía mía la lleva a una curandera, a una bruja. La adivina tira unas cositas en la mesa y le dice: ´Te llevaron a tu hijo. No te preocupes, está con su papá. La mujer que te lo llevó te hizo un trabajo. Yo te voy a disolver ese hechizo como para que ella te lo traiga a la puerta de tu casa´”. Y así fue.

La rubia se apareció en la casa de Lucía y lo devolvió sin chistar y como por arte de magia. Osqui corrió a los brazos de Jorge, la nueva pareja de su madre y, automáticamente, lo llamó papá. “Ahí arrancó mi vida”. Una existencia que realmente se puede dividir en a. C. y d. C.: antes y después de Córdoba.

La relación con Jorge se enfrió cuando Osqui decidió que quería ser actor. Tres largos años sin dirigirle la palabra al chico. Hasta que lo vio actuar. El pecho casi le explota de todas las felicitaciones que recibía por su hijo. “Yo quería que la gente te quisiera y te respetara”, cuenta Osqui que su padre le confesó medio borracho una noche. “Y vos lo lograste: la gente te quiere y te respeta”. Desde 2009, el protagonista de obras como “El batacazo” y “Robin Hood” es personalidad destacada de la cultura, un reconocimiento que otorgala Legislatura Porteña.También fue nominado para una gran cantidad de premios: ACE, Trinidad Guevara, Martín Fierro, Florencio Sánchez, Premio Teatro del Mundo, María Guerrero y Estrella de Mar. Algunos los ganó.

Ya en la etapa de reconciliación, Jorge lo esperaba hasta tarde con un guiso calentito, aprendido un poco por la abundancia de la cocina boliviana y otro poco por la pobreza que obliga a preparar estofados proteicos, potestad de grandes ollas.

“Mono, Monito…”, su padre lo llamaba mientras le golpeaba la puerta del cuarto. “Te preparé un guisito, Mono, dale. Vení, comete algo…”. Osqui quería que se vaya a dormir, por su bien y por el propio. Era demasiado tarde para andar masticando. “Dale, Mono…”. 

Finalmente, Osqui cedía y comían juntos. Jorge le preguntaba sobre sus amigos actores, sobre lo que estaba haciendo. Osqui le contaba y su padre siempre respondía lo mismo: que qué lindo, que qué bueno, que contame un poco más.

Fue recién a principios de este abril que Osqui conoció la tierra de sus padres. En el Festival Internacional de Teatro deLa Paz(FITAZ) presentó “El Bululú”, un unipersonal basado en la obra del artista español José María Vilches.

“Cuando terminó la función lloré un montón porque sentía que estaba en representación de mi familia. Pensar en todo lo que pasó y lo que va a seguir ocurriendo. Antes de que yo viaje, mi mamá me decía: ´Te va a ver mi país´. Yo iba aLa Paza un festival a hacer una sola función, pero para ella era: ´Te va a ver mi país´”.

***

Frente a la fábrica de Felfort, en Almagro, un primer piso con techos altos y paredes blancas. Una cocina moderna, un tacho de basura de diseño en el medio del salón (primera excentricidad de actores en una casa de actores), que el cuerpo esquiva sin avisarle al intelecto. Harina integral en un estante, una publicidad del Frente parala Victoria. Unafoto de Borges, un figurín de Osqui haciendo monigotadas y el ruido a una cuchara que gira a dos revoluciones por segundo en un vaso de vidrio con un líquido marrón que, de paso, se vuelve la segunda excentricidad de la casa.

–         ¿Qué es eso?

–         Maca, es una raíz andina energizante. Ahora se puso de moda, pero yo la tomaba desde antes.

Levanta un dedo y bromea: “Yo vi a Los Redondos antes de que…”.

Los ojos todavía medio pegados y el susurro con el que habla indican que esa bebida extraña es necesaria a esta hora de la mañana, cuando los párpados todavía se le achinan y lo hacen parecer a la foto de Bruce Lee que tiene en la puerta del congelador.

La revista Living sobre la mesa es una señal, prejuicio mediante, de que allí vive una mujer: Leticia González de Lellis, también actriz. Con ella Osqui comparte sus elecciones de vida, escenarios y, desde hace un año y medio, un programa de radio en FM UBA (FM 87.9), “Radio para Monos”, parte de la programación de los miércoles del Centro Cultural Ricardo Rojas.

Anoche, Osqui Guzmán fue a echar un vistazo a un grupo de varieté que le pidió consejos, alguna reunión y quizás un posterior trabajo conjunto, tal y como sucedió con el grupo de clownsLa Pipetuá, quienes el 9 de junio estrenan “¡A la obra!”, dirigidos por Osqui Guzmán, en el teatro Metropolitan.

–         Son cuatro locos cirqueros que están construyendo su casa. Tienen los planos y todo, pero en el medio está su personalidad y las cosas que les pasan, que de alguna manera es lo que siempre te impide construir. Ellos querían trabajar con el mundo de la construcción generando gags, pero la obra de teatro requiere más submundos, mitos.

–         ¿Para qué?

–         Es lo que el espectador recibe sin darse cuenta. Todas las cosas que durante un año probaste y al final desechaste. Estuviste ensayando dos meses eso, pero al final decís: “No pega ni con moco”. Pero no lo tirás a la basura, queda en el cuerpo, en el trabajo del actor y en la historia misma. Es como la pintura: tiene una textura que no podría tener sin esas instancias previas.

Camino al club de Saavedra donde ensayan “¡A la obra!”, subidos a un auto, el iluminador habla de su miedo a las lesbianas. Mientras esperan que la productora recientemente vaciada de nicotina vuelva de comprar facturas, el asistente de dirección juega a las adivinanzas. Señala a una señora bien entrada en años parada en la vereda y dice: “A que esa señora fue psicóloga”. Osqui baja la ventanilla y está a punto de preguntarle, pero la mirada desconfiada de la anciana frente a un coche sospechoso en la puerta de su casa mirándole la cara y la tela del vestido, lo acobarda.

Antes de llegar al patio cubierto donde está dispuesta la escenografía, el hall del club pone a la vista todos los estereotipos de un centro de jubilados: barra, vitrinas espejadas con trofeos dorados de quintos puestos, caña Legui y Cusenier. Un pasillo y, escaleras arriba, clase de reggaetón.

El espacio ocupado por Osqui y los otros es un delirio: escaleras que se doblan en cuarenta y tres partes, gusanos de plástico transparente, una bandera de nylon gigantesca. Máquinas para hacer naranjas, hombres caracterizados de obreros y un viejito que pregunta: “¿Esta gente a qué hora se va a ir?”.

–         La obra es una metáfora de lo que significa construir un país, una relación. Durante los ensayos nos dimos cuenta de que hay diferentes etapas: construcción, destrucción, confusión y revelación. Una etapa no podría suceder sin la anterior. A nivel político también sucede. Por eso cuando hablamos de un proyecto de país, estamos hablando de un proceso de construcción que debe continuar porque sabemos que luego va a venir la destrucción de todo esto.

–         ¿Cuando decís “todo esto” te referís al modelo kirchnerista?

–         Al proyecto latinoamericano. Es kircherista porque está Kirchner. Mañana se va a llamar de otra manera. Es un proyecto que no les pertenece. Ellos son la vida de un sueño muchísimo más lejano. Yo apoyo al gobierno, me encanta realmente. Voy a marchas, donde haya que firmar, firmo. Pero este proyecto va a caer, como todo. Por eso tenemos que estar atentos a construir lo más que se pueda. Hace muy bien la presidenta en sacar leyes todo el tiempo, porque esas leyes construyen, no detienen. Con tantas cosas que pasan, ¿hay que sacar la ley del divorcio? ¡Sí!, porque va a quedar para más adelante.

–         ¿Cómo investigás los materiales que usás, que son tantos?

–         Me junto con la gente indicada: escenógrafa, vestuarista. No soy yo el genio. En todo caso mi genio está en decir: “Sí, esto”. Trato de leer qué quieren ellos. Eso lo aprendí de (Juan Carlos) Gené. El director es como un capitán de barco, conoce el camino pero se deja guiar por el terreno. Es ver cómo está el mar y cómo sopla el viento. Entonces, debe tener la suficiente habilidad para rodearse de gente que sabe de mar y que sabe de viento. Quizás para ir de un puerto a otro tenés que dar toda una vuelta. Si no, se cae el barco, ¡se hunde!

–         Pero eso lo decís vos que sos como muy bueno, hablás todo despacito…

–         Soy horrorosamente fatal. Lo que pasa es que digo todo con una sonrisa, entonces pareciera que soy re copado. Nunca falto el respeto, eso sí. La idea del director prepotente, verticalista, que los actores tienen que hacer lo que él dice es una estupidez en el arte. En “El Centésimo Mono” pasó lo mismo, me convocaron los demás.

“El Centésimo Mono” es la obra que Guzmán dirige desde el año pasado. Mezcla magia, teatro y un poquito de muerte. Tres magos se ven obligados a esperar en una habitación de hotel que los llamen desde la fiesta de abajo para iniciar su número. Esperar igual que espera el Gringuete (personaje que Osqui encarna en “Salomé de Chacra”, dirigida por Mauricio Kartún, reestrenada en el Teatro del Pueblo) el amor de una Salomé crecidita y pechugona que balancea sus virtudes colgada de un aljibe.

Sentado bajo una bola de boliche y encima de la insignia pintada en el piso del centro social y deportivo, Osqui conversa con su asistente de dirección y le hace caso. Lo anima a anotar detalles en un cuaderno para probar luego. Osqui se sabe demasiado caótico para llevarlo por sí mismo. “Las ideas son muy lindas pero hay que probarlas. Muchas veces acá”, se lleva un dedo a la sien, “funciona, pero en escena te sentís un tarado”.

Fantasea con irse a vivir un tiempo afuera con su mujer, a algún lugar “nutritivo”, a estudiar algo. Pero si lo piensa demasiado, aborta el plan. Aprovecha estos momentos de tranquilidad, cuando no hace televisión, para plantarse en su casa y disfrutarla. Aún así, está lleno de trabajo. “En teatro yo manejo mis días. La tele te propone tiempos anti naturales”.

Sólo por nombrar algunos programas, se lo vio en: “Hermanos y Detectives”, “Casi Ángeles”, “Mar de Fondo”, “Floricienta”, “Buenos Vecinos” y “Campeones”. Tuvo, incluso, participaciones en “La Liga”. En pantalla grande, además, otros tantos papeles. Se ganó un protagónico en “El Torcán”, de Gabriel Arregui. 

 “La TVes estar metido por lo menos diez horas en un camarín chiquito. Abrís los brazos y lo tocás, lo abrazás. Entonces te tenés que ir a un bar, pero cuando empezás a ver los rollitos decís: ‘¿Qué hago?´ Entonces caminás por los pasillos como un condenado. Pero tiene otro tipo de beneficios: réditos populares y económicos”.

***

          Sin darse cuenta, y al mismo tiempo que se clava una medialuna en un café a doscientos metros del Obelisco, Osqui Guzmán revela la clave para combatir la inseguridad dela Capital: “Silbo y canto cuando tengo miedo. Me pasó en Constitución hace poco. Estaba con Leticia y vemos dos chabones, uno por atrás y otro por adelante. Le dije a Leticia: ‘Tranqui’. Empecé a cantar un tema de Luis Miguel. Uno dio media vuelta y se fue, y el otro se quedó parado, mirándonos”.

Lo que Osqui Guzmán pone en práctica cuando siente temor es una técnica heredada de un tío. Su pariente le contaba que, en Potosí, las almas de la dictadura todavía vagan en pena y hay que silbar para que no lo sigan a uno. Silbar para ahuyentar a los muertos.

Como en los palimpsestos, todas esas tradiciones quedan en Osqui como quedan los descubrimientos que se producen durante los ensayos, dejando restos. Una labor que se borra y reescribe constantemente para dar lugar a lo que ahora existe: un gran actor.

“Si conoces la historia, sabes que no tiene fin”

Sobre Historia vamos a hablar. Sí. Y te va a interesar. En viaje a Cuba, entrevistamos al director del departamento de Historia de la Universidad de la Habana, Sergio Vilaboy. Cómo se estudia allí y cómo es la salida laboral, el bloqueo, los coletazos de la caida de la URSS, el alcance de la Historia a la población no académica y alguna infaltable cuestión sobre el Che. Dejate tentar para después, poder leer.

Fotos: Nos Digital.
Largo viaje a la Habana, alguna escala y un simpático calor caribeño. Andamos por la capital de la otra forma de vivir, el cielo y el viento en la cara pega suave cuando tomamos un cocotaxi amarillo que se cuela en un transito de grandes carrocerías de más de medio siglo. Llegados al barrio de Laceiba, nos atiende en el estudio de su casa Sergio Guerra Vilaboy, profesor y director del departamento de Historia de la Universidad de la Habana y presidente de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC).

-¿Cómo hace un estudiante en Cuba para poder elegir la carrera de Historia?

– La carrera de Historia hoy en día, eso ha tenido cambios desde los tiempos de la Revolución. Antes, no existía. No te voy a decir que no había historiadores pero era gente que estudiaba otras carreras. Los que se querían formar profesionalmente estudiaron Historia en otras universidades de Latinoamérica. La carrera se crea en 1962, como una reforma universitaria, precisamente estamos conmemorando actualmente los 50 años de la carrera de Historia. El primer curso comenzó el 14 de febrero de 1962. Después de ahí la carrera fue variando su currícula, sus concepciones y su forma de ingreso. Hoy día, la forma de ingresar –respondiendo a tu pregunta- es: los graduados de los bachilleratos eligen qué carreras quieren estudiar en las universidades. Y se ingresa por el rendimiento que hayas tenido en el período pre-universitario. Así que, como cada carrera tiene determinados cupos, si tú no puedes entrar a tu primer opción porque ya ha quedado llena, pasas a la segunda opción y así sucesivamente. Estos cupos se dan para satisfacer, en el ideal, a las necesidades del país. Cuando un estudiante se gradúa, se gradúa con su ubicación, con su trabajo. Por lo tanto, como en Cuba todos trabajan, los organismos e institutos dicen “yo necesito X personas”; y así se hace un cálculo de las necesidades. Pero hay cursos, los sábados, nocturnos o a distancia, que tú puedes optar por estos, y aquí la matrícula es libre, porque el Estado no se compromete por tu ubicación laboral, aunque el título es equivalente. Hay una tercera variante. Cada año se da unas plazas para exámenes de ingresos, para aquellos que no entraron en años anteriores, pero que quieren seguir esa carrera.

-¿Cuáles son las bases del plan de estudio?

Fotos: Nos Digital.

-Nosotros le damos mucha importancia sobre el Tercer Mundo, estudiamos América, Asia y África. Pero también Grecia y Roma, es inevitable, son referentes universales. Hablar de Cesar, de Napoleón, tienes que saber quiénes son.

 -¿Cuál es la forma de hacer que la Historia llegue a la población en general?

-Tenemos cursos por televisión, eso que se llama “Universidad para Todos”. Todos los días por la mañana y a la noche se pasan cursos por televisión, que no son solo de humanidades sino de todas las currículas. Y estos se forman en un nivel pensando en la población en general. No sabemos exactamente la llegada, pero a veces uno va por la calle, alguien te reconoce y te hace una pregunta de lo que vio el otro día en la TV. También por medio de publicaciones en papeles, que son muy baratas e instructivas.

-En cuanto al bloqueo, ¿hay también uno a la historiografía cubana?

-Nosotros hemos tenido etapas. Al principio de la Revolución había un debate sobre las vías para la construcción del socialismo, teniendo el Che un gran aporte. Qué tipo de socialismo queríamos: ¿a la europea o uno propio, diferente, a medida de nuestras características? Y en determinado momento se exponen las tesis del Che, que eran también las de Fidel Castro. En esa etapa de largas discusiones, se debatían sobre las tendencias historiográficas también. Lastimosamente después vino un período, luego de la muerte del Che, en los 70’ en adelante hasta fines de los 80’, donde cambiamos el rumbo y nos integramos a la URSS. Se copió los métodos soviéticos, incluso se intentó implantar un socialismo soviético. Y eso fue muy costoso para las ciencias sociales ya que se impuso una serie de doctrinas dogmáticas, en la Filosofía e incluso en la Historia. Empezaron a considerarse revisionistas otras formas de pensamientos y eso lastró la formación, el quehacer y el debate de los historiadores. Por último, otra etapa, en la que podríamos estar ahora. Se da cuando cae el muro, que fue un acontecimiento catastrófico para la economía del país. Sin embargo, para el ámbito académico fue beneficioso, porque nos demostró que aquello era una basura, que había miles de errores, aunque también tenía sus virtudes, abrió el debate ampliamente. Debido a la crisis económica del país, se dan ciertas dificultades; a veces te enteras que sale un libro y no puedes acceder a él. Para un profesor es difícil. Y eso afecta a nuestras bibliotecas, porque falta nueva literatura. Hoy en día Cuba tiene acceso a Internet por medio de un satélite restringido, entonces cuando quieres bajar un documento tardas una hora. Y no todos tienen Internet, aunque sí todos los estudiantes, pero le pasa lo mismo que a todos, para bajar un documento tardas mucho tiempo. Esto nos limita mucho a todos, aunque no estamos en la indefensión total.

-Con la caída de la URSS, ¿cómo repercutió en los historiadores cubanos la teoría neoliberal del “fin de la historia”?

Foto: Nos Digital.

-Como un absurdo, como una tontería. Que porque se cayó el socialismo, se acabó la historia… Todo el que conozca la historia sabe que la historia no tiene fin mientras exista el ser humano, ya que el humano es histórico. No significa que vuelva el socialismo, habrá otra cosa, pero la sociedad evoluciona, que digamos que habrá un mundo sin cambios, es un absurdo. El problema era que nosotros creíamos que el socialismo iba a ser eterno, y no fue así, era un castillo de naipes. Tenía ciertos problemas que no vimos o no queríamos ver. Yo sabía que había problemas, aunque aparentaba cierta solidez; pero no creí que iba a derrumbarse como se derrumbó. Y eso cambió la vida de este país, pasamos momentos muy difíciles en el ámbito económico. Hubo que cerrar fábricas, Cuba dependía de un 80% del comercio y del capital de la URSS y eso se acabó de acá para luego. A partir de ese momento, fue terrible, la comida no alcanzaba, pero bueno, fue una cosa muy dura de la cual hoy aún no hemos salido pero que ya ha quedado en el tiempo. Nos hemos acostumbrado a la penuria, aunque otras ya fueron solucionadas con el paso del tiempo.

– Hablar del Che en Cuba es casi obligado, las decisiones de ir al Congo y Bolivia, ¿en qué lógica entraron?

-En la lógica de este país, de la política de Cuba. La misión del Congo, ¿en qué se diferenciaba de la misión de Angola y Etiopía? El Che estuvo en el Congo, pero él murió, y Cuba siguió apoyando a los movimientos revolucionarios en África, hasta 1975 empezó la guerra en Angola y tres mil cubanos volaron allí. Con esto te digo que lo que hizo Guevara en Bolivia y Congo no fue otra cosa que llevar a la práctica los principios de la Revolución Cubana. A veces hay gente tendenciosa, tergiversaciones o ignorancia han llevado a decir la tesis de que el Che era una cosa diferente, de que quería una cosa diferente al rumbo de la Revolución Cubana. Que se iba a convertir en un Trotsky y que un día se desengañó y se fue a construir la revolución a otro lado. Y eso es absurdo. La revolución cubana tiene una fuerte impronta latinoamericana, se nutrió de la ayuda de todo el continente. No nació aquí sola y el Che fue muestra de eso, pero la cualidad del Che es que era un político de primera línea que se involucró en los movimientos revolucionarios que apoyaba Cuba, pero no fue el único. El Che siempre decía que tenía la intención de irse a otra parte, pero principalmente a la Argentina, hacer una revolución social allí. Pero después amplió su visión y comprendió que la revolución debía ser latinoamericanista; la que quería hacer, al estilo de la de San Martín o Bolivar. Y el primer lugar que se lanza es al Congo, donde hay cubanos, lo mismo en Bolivia.

-Sin embargo, su misión a Bolivia siempre generó polémica…

Foto: Nos Digital.

-Debes ver que esa era una generación voluntarista que ganaron aquí a golpe de voluntad, pero (la victoria en Cuba) no fue solo por eso, sino porque había un conjunto de circunstancias que lo permitieron, que eran irrepetibles. Había una crisis política, económica y social. Cuando Fidel desembarca, ya era una figura nacional; los campesinos lo iban a saludar para conocerlo, porque lo escuchaban por la radio. Cuando el Che va a Bolivia, la población indígena, no tiene la menor idea quién es. Era un país donde él no tenía raíces, donde el blanco era extranjero, donde los indígenas no hablaban el mismo idioma, había otras circunstancias que en Cuba. Yo creo que probablemente el escenario era menos favorable para hacer una guerrilla allí. Pero su idea era que fuese como el centro de una revolución global, que abarcase Perú, Argentina.

La dignidad lustra boliviana

Desde La Paz, Bolivia, se cuela un mensaje de integridad, valor y respeto. Los lustrabotas se organizan para escribir un periódico que refleja los esfuerzos de cada uno de sus días. Se demuestran a si mismos y toda la sociedad que cada trabajo tiene su dignidad de trabajo.

Foto: Nos Digital.

La Paz te recibe dura. Te reclama esfuerzos extraños para desplazarte, paso por paso. A  3650 metros sobre el nivel del mar las pendientes ascendentes atentan hasta contra esos que se creen príncipes del fitness. La Paz es ruido y desorden; a cada recoveco de calma lo saturan puestos sobre las veredas que forman ferias en donde se lo propongan y muchachos a gritos invitando a subir a cada buseta, transporte público básico.

La Paz te recibe calurosa más allá de un frío que se cree invernal también en verano. Te acompaña esa convicción de encontrarte en la capital del país que mayores conquistas sociales ha conseguido en los últimos cinco años. La Paz es movimiento y usanza. Cada noche, cuando los puestos comerciales se han guardado ya, te devuelve una imagen distinta de cada esquina diurna que creías conocer tan bien.

Salir del mercado de Lanza, uno de los más grandes de la ciudad, colarse entre la exagerada multitud para cruzar la San Francisco por un puente moderno y colorido para llegar a la Comercio, peatonal que a las pocas cuadras desemboca en la plaza central, la Murillo. Esquivando puestos de “todo lo que quieras” y algún músico callejero argentino, unos metros más y me junto con Cristian. Habla poco, tiene que volver a trabajar, le robo unos minutos. Remolcando cada una de sus respuestas, arrancamos una charla que de seguro tiene mucho más valor para mí que para él.

Va de irremovible pasamontañas azul, jogging y campera, con una caja de madera de donde surgen ruidos a metal cuando caminamos hasta un cordón que nos servirá de discreto asiento. Cristian es un lustrabotas de veinte años que conocí hace unos diez minutos ahí mismo. Es uno de esos anónimos que todos los días recorren las calles del centro trabajando. Siempre llevan el rostro tapado. Casi una ley. “Hace cuatro años ya estoy. Antes trabajaba de campo. Sí, en el campo. Aquí, más tranquilo. Esto me da comida, me da ropita, para eso está esto. Dignidad de trabajo”. Repite estas tres últimas palabras al final, como convenciéndose por enésima vez: “Dignidad de trabajo”.

Laburan y laburan. Esforzándonos los dos, entrevistado y entrevistador, capturamos sus palabras en ese grabador al que tanto mira Cristian chequeando cuánto llevamos grabando: “Trabajando, estudiando, triunfando en la vida”. “Empiezo, digamos a las ocho, hasta cinco y media, seis. A la noche también estudio, terminando el colegio para entrar en la universidad, para medicina”. “Yo compré la caja, pero hay también para alquilar, todo completo por cuatro o cinco bolivianos. Y cada día hay que comprar cremas”.

La pregunta por la cara cubierta no podía tardar en llegar, está claro que es el distintivo general de los lustrabotas paceños, que se ha convertido en una suerte de emblema. Respuesta sencilla: “Es porque el olor de la crema afecta, y también como una imagen”.

Unos días antes, también por las calles del centro de La Paz, me crucé con Fabián, un lustra de diez años. Aunque con pocas ganas de hablar, me vendió por cuatro bolivianos ($2,50 pesos argentinos) el último ejemplar de Hormigón Armado, el número 34. Se trata del periódico cultural de los lustrabotas que se viene publicando bimestralmente desde noviembre de 2005. El trabajo en la confección del Hormigón es voluntario, mientras para que un lustra pueda también ser un hormigón, o sea poder distribuirlo y hacerse con el dinero de la venta, están obligados a concurrir a talleres sobre alcoholismo, derechos humanos y educación sexual, entre otros. Todos los ingresos que genera por venta y publicidad se vuelcan en forma directa e indirecta –mediante los diferentes talleres- a los hormigones que los venden.

No hay edad que restrinja la posibilidad de trabajar lustrando zapatos, me lo cuenta, en medio de La Murillo, Jaime de El Alto con treinta y cuatro años. Sorprende con un amague a sacarse el pasamontañas, pero se conforma con descubrirse tan solo la boca para hablar más cómodo. Él es quién me explica que lo del diario está organizado solo por una de las asociaciones que los nuclea. “A veces voy, a veces no. Los menores de edad reciben del periódico, los mayores ya no”.

“Los hormigones trabajaron duro intentando comprender mejor los derechos humanos especialmente lo referido a su propio trabajo, porque aunque queramos con todo nuestro ser no ver un niño o niña trabajando en la calle, la realidad es que aún este sueño como país no se ha logrado alcanzar. Por ello, nosotros abogamos porque nuestros niños sean respetados y puedan desarrollar su trabajo protegidos por la sociedad, por todos nosotros.” (Fragmento extraído de la Editorial de Hormigón Armado del número de enero y febrero 2012).

Los proyectos a largo plazo no nublan las necesidades más urgentes. Cada hormigón que retorne a la escuela será siempre una conquista estupenda. La idea más grande del proyecto va en paralelo por un doble camino hacia una única construcción: la formación y consolidación del valor de la dignidad como persona a través de su trabajo, de cada uno de los lustras que patean y patean las calles cada día con su caja de madera a cuestas. Para esto es necesario la convicción sobre la noción de decencia de la propia ocupación; y, de la misma forma, que la sociedad adopte una representación positiva sobre los lustrabotas y su capacidad de ganarse la vida trabajando dignamente.

Higuera

Por Walter Vodopiviz
Ella tiene la cabeza sobre su almohada. Me mira fijo. A un metro de distancia, hago lo mismo desde mi cama. Rompo el silencio, no solo de la habitación, sino del pueblo y le pregunto: ¿te das cuenta de que estás “durmiendo” en la Historia? Esa habitación no es una más. A veinte metros, en diagonal a donde estábamos, hace cuarenta y cinco años un hombre partía hacia la eternidad.
Actualmente en La Higuera viven cuarenta y cuatro personas, me cuenta Lola, vecina, y quien se encarga este mes de abrir el Museo Comunal “La Higuera”, que no es otro lugar que aquella “escuelita” donde estuvo apresado, y luego fue asesinado por Mario Terán, Ernesto Che Guevara entre el 8 y 9 de octubre de 1967.
Lola tiene dos hijos y vive en su casa de adobe a metros del busto del Che. Ella es responsable, durante enero, de cobrar 20 bolivianos (alrededor de $13 pesos argentinos) por cada cama que tienen las dos habitaciones de la nueva “escuelita”. Allí, además de este pequeño hostel, se trasladó el aula donde estudian el primario los niños del pueblo. También viven y tienen su consultorio los médicos cubanos. Y no puede faltar el memorial al Che. Lola también tiene la llave del museo donde se cobra 10 Bolivianos la visita.
La Higuera es una cuadra con varias casas. Sobran alojamientos, aunque en Vallegrande se desangren por decir que no hay nada, para no perder turistas. En el pueblo, llamativamente, hay cuatro franceses. Los podemos dividir entre los buenos y los malos. Christian y Nanou son de Montpellier y llegaron hace 3 años después de mucho recorrer Latinoamérica. Compraron un terreno y empezaron a hacer su nido en el mundo, a pesar de sus más de 50 años. Del otro lado, está La Casa del Telegrafista, nombrada en El Diario del Che en Bolivia. Ahí vive el francés no querido del pueblo, junto a su novia 30 años menor que él. Dicen que ya no habla con nadie, que viene comprando varios terrenos, que arma un negocio en torno al Che vendiendo, por ejemplo, su desayuno “Del Guerrillero”, que consta de té de coca o café y pan tostado…
Pero volvamos a los hijos de Lola. Adolescentes ellos, dicen que conocen la zona como nadie. Por eso no es de extrañar que sean los encargados de llevar a los turistas a la Quebrada del Churo, como la llaman los lugareños, o Yuro . Se necesita de una hora y media para llegar al lugar donde capturaron al Che, metiéndote en plena selva boliviana. En la Quebrada, se construyó una pequeña plaza en honor al Che. Es una estrella hecha de piedra, entre medio de un árbol de higos y la piedra donde estaba refugiado el Che al momento de ser capturado.
Ir y volver te puede llevar entre tres y cuatro horas. Sin mochilas. Sin peso. Bien alimentados. Bien dormidos. Con agua. En la altura. Y sin ser buscados por la CIA o los Rangers.
Dormir en La Higuera es una experiencia inolvidable. La figura del Che y sus compañeros de guerrilla se agiganta. Se repite a lo largo del camino una sola pregunta: ¿cómo hacían?