A Mussi se le inundó el negocio de los countries

Los dos recibieron la carta al mismo tiempo. Uno en su oficina y el otro en la mesa de su cocina. El primero es el exintendente de Berazategui, Juan José Mussi. El segundo es un militante por los derechos de la madre tierra que se llama Ernesto Salgado.

Los dos abrieron en el mismo instante la notificación del Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS), donde intima a la Municipalidad de Berazategui a suspender las obras que está desarrollando en la ribera de Hudson por violar lo establecido en la ley Nº 11.723, de Evaluación de Impacto Ambiental.

Mussi está preocupado, porque esas obras son un camino que le prometió a los inversionistas inmobiliarios para que instalen sus countries. Y Salgado está tranquilo, porque junto con sus compañeros del Foro Regional en Defensa del Río de La Plata, la Salud y el Medio Ambiente presentaron la denuncia en la OPDS, pero sabe que la Justicia en estos casos es tan cambiante como las subidas del Río de la Plata.

Sin embargo, la carta que reposa inerte sobre las mesas de estos dos hombres está gritando que, por fin, los defensores de la costa ganaron una.

La zona que la Municipalidad de Berazategui está destruyendo para (sólo por lo pronto) hacer una salida de la autopista al countrie Puerto Trinidad está tipificada como Bosque Ribereño o Selva Marginal, incluida dentro de la Categoría 1 del Ordenamiento Territorial de los Bosques Nativos que dispone Ley Nacional 26.331(Ley Nacional de Bosques). Es un lugar protegido por la Ley porque es una zona de humedales, los reguladores naturales de las crecidas del río. Los humedales son ecosistemas de vital importancia, ya que cuando el río crece se ocupan de absorber ese agua: funcionan como una esponja.

obras hudson

En el partido de Berazategui, a 23 km de Capital Federal y con una extensión de 217 km², ya hay instalados 12 countries. Según el Censo Nacional de 2010, Berazategui tiene en total tiene 324 mil habitantes. De esos 12 countries, el gigante barrio cerrado Abril tiene 1365 casas. Su vecino Puerto Trinidad tiene capacidad para 1850 mansiones. Los demás barrios son más pequeños, con un promedio de 300 parcelas cada uno. Si se tiene en cuenta que cada parcela (sólo el terreno sin la casa) en el más modesto de los countries sale 200 mil dólares, en Berazategui hay un negocio de 1243 millones de dólares del que varios quieren formar parte.

¿Qué está en juego?

Al recorrer la autopista Buenos Aires–La Plata hacia el sur, mano izquierda, una vez pasado el partido de Avellaneda, se pueden ver grandes terrenos verdes. El río no se llega ver desde el camino de asfalto, pero está a unos cuatrocientos metros -en algunas zonas a menos-. Todo ese cordón verde es el que está en la mira de los emprendimientos inmobiliarios para construir shoppings y barrios privados.

Esa zona tiene mucho más que árboles: tiene humedales. Ese lugar es del río, para regular sus crecidas. Si se le construye cemento encima, el agua va a subir igual, encontrando otros cauces que siempre tiene como destino los barrios más pobres que se ubican en terrenos bajos. Eso es así porque cuando construyen estos mega emprendimientos elevan los terrenos varios metros, justamente para no inundarse.

En la zona norte de Buenos Aires los humedales ya no existen. Por eso en varias zonas cada vez que llueve se inundan. El paraíso de los emprendimientos inmobiliarios alcanza su resplandor en Tigre. En el municipio de Sergio Massa, el 40% del territorio está ocupado por barrios privados (20.000 personas viven en ese 40%, en el restante 60% se apiñan casi 400.000 habitantes).

Los Troncos, Parque San Lorenzo, Ricardo Rojas, San Diego, La Paloma, Enrique Delfino, Las Tunas y Rincón de Milberg son los barrios de Tigre que se inundan cada vez que llueve. A veces el agua les llega hasta la puerta, y otras veces se les mete sin preguntar. Por año tienen aproximadamente dos inundaciones grandes, de esas en las que se pierde todo. En la década del 90 a los vecinos de estos nueve barrios les explotó el boom inmobiliario en la cara y se vieron vallados por countries. Donde antes había descampados donde al agua de lluvia se escurría libremente hacia el río o los arroyos, ahora hay una gran pared.

En el sur quieren replicar el modelo del norte. Apoderarse de la costa del río, construir hermosos oasis privados llenos de naturaleza, desplazando a los moradores históricos que desde siempre disfrutan de la costa del río de manera natural, sentados en la tierra misma.

Las autoridades municipales, como las de Berazategui, aceptan gustosos y hasta invierten millones de pesos para abrirle paso a estos emprendimientos, con el argumento de que de la mano de la destrucción de la costa vendrá el progreso y el trabajo. Los habitantes del norte saben que lo que en realidad viene es inundaciones y exclusión social.

El caso concreto de Berazategui tiene otro condimento, además de los 1243 millones de dolares para repartir. Es que su actual intendente Juan Patricio Mussi, se postula para gobernador de la Provincia de Buenos Aires. La campaña de los Mussi durante los últimos 10 años estuvo basada en obras visibles y de gran envergadura, como la nueva sede municipal, un edificio inteligente que la Presidenta inauguró en febrero de este año y donde elegió mostrarse luego de dos meses sin apariciones públicas. Por eso ahora el centro y algunas zonas de Berazategui son prolijas y vistosas. Pero, ¿a qué costo?

La costa es de Berazategui

El Foro Regional en Defensa del Río de La Plata, la Salud y el Medio Ambiente, denuncia a la OPDS esta destrucción de bosque nativo a fines del año pasado. A esta altura ya se había realizado sobre el humedal una enorme rotonda de estacionamiento, un murallón de más de 3 metros de altura, un camino de cemento que lleva a esa rotonda y un par de glorietas secas en la costa del río. También habían comenzado las obras para un camino paralelo al río que sirve de murallón y no deja que el agua se regule naturalmente cuando el río crece.

obras costa hudson

El countrie Puerto Trinidad hace más de 15 años que está instalado en la costa de Hudson, es el más viejo de Berazategui. Su construcción estuvo parada durante una década, pero en 2013 el countrie pasó a estar en manos de una sociedad manejada por los propios habitantes del barrio cerrado que lograron reactivar el proyecto y seguir vendiendo lotes. Al respecto el doctor Juan José Mussi, ex intendente, ex Secretario de Medio Ambiente y padre del actual intendente de Berazategui y precandidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires por el FPV dijo: “Esta reactivación de Puerto Trinidad va a hacer crecer la zona, con el camino al río que recientemente inauguramos y con todo lo que tiene Berazategui para emprender el desarrollo costero”.

Puerto Trinidad se robó 2 kilómetros de costa (si estás paseando por el borde del río un alambrado no te deja seguir avanzando donde comienza el barrio). Construyeron un dique y dragaron el lecho del río hasta rellenar el interior del dique, para que los habitantes del countrie lleguen en barco hasta el patio de sus casas. Elevaron la cota de la tierra más de 5 metros, sepultando el hábitat de un gran número de anfibios, reptiles, peces, aves, mamíferos, invertebrados e innumerables especies vegetales.

Los funcionarios municipales admitieron a las autoridades de la OPDS que el camino costero que están construyendo  tiene  como principal objetivo darles una alternativa de salida a la autopista Buenos Aires – La Plata al barrio cerrado Puerto Trinidad.

Este camino costero abre la puerta a la instalación de más PuertosTrinidades, que hagan del Río su lugar exclusivo, igualito a Nordelta, como el mismo Mussi admite.

Como el Barrio Villalobos, que ya se empezó a vender. O el barrio Lagoon Hudson, que también se empezó a construir.

Ernesto Salgado y sus compañeros defensores de la costa ribereña ya saben lo que les pasó a los vecinos de Tigre. Por eso no van a dejar que la Municipalidad de Berazategui invierta millones de pesos para seguir dándole camino libre a los countries, destruyendo el ecosistema que regula las crecidas del Río de la Plata. Poniendo en riesgo de inundación inminente a los habitantes de Berazategui, regalando su costa, para que los empresarios estresados de tanto negocio en la ciudad disfruten de sus fines de semanas en un aire libre seguro y lleno de confortables servicios.

Con denuncia avalada por la OPDS encima, la Municipalidad de Berazategui todavía no frenó las obras. Siguen con sus topadoras arrasando y rellenando con tierra los humedales. El Foro en Defensa del Río de la Plata volvió a presentar ante la OPDS las pruebas de que las obras aún no se frenaron y el desmonte ilegal continúa. Ahora es cuando este Organismo responsable de cuidar los bosques de la Provincia de Buenos Aires tiene que dar la palabra final y frenar definitivamente el camino que está construyendo la Municipalidad de Mussi y que llevará a inundaciones y exclusión para todos los habitantes de Berazategui.

Ernesto Salgado sigue sentadito en la silla de la cocina. Se muerde la lengua y aunque los años de militancia y guerras perdidas contra estos gigantes del cemento lo hayan dejado escéptico, la sonrisa por la comisura de los labios no la puede evitar: esta batalla la vienen ganando los defensores de la costa.

 

Represión en Plátanos

La protesta por los cortes de luz que ya arrancaron en la previa del verano tuvo represión de respuesta. Al sur de Berazategui con detenidos, palos y balas de goma.

En Plátanos Norte, Municipio de Berazategui, la modista del barrio tiene abierta una causa federal. También su hermano. Y el pibe de un par de casas más allá. Un adolescente de diecisiete años estuvo preso todo un día en la Comisaría 1ª de Berazategui. Otro de doce años recibió balazos de goma.

El jueves 30 de octubre no fue la primera vez que los vecinos de Plátanos Norte cortaron la calle: protestaban porque no tenían luz desde hacía tres días y para colmo los cables de electricidad, vencidos por el viento, habían caído sobre la calle y algunas paredes transmitían corriente. Pero ese día fue distinto. Mientras levantaban el corte que mantenían desde hacía una hora sobre la Avenida Néstor Kirchner (ex Mitre), una veintena de oficiales de la Bonaerense, encabezados por el comisario Juan Vicente Cardozo de la Comisaría 1ª de Berazategui, se bajaron de las camionetas Amarok nuevas que les regaló el Estado Nacional y empezaron a repartir palos a la gente que protestaba.

Ahora los vecinos del barrio están asustados. Hablan pero no quieren dar sus nombres, porque lo que vivieron el jueves 30 último los marcó duro. Los patrulleros siguen dando vueltas desde esa tarde. Se paran frente a las casas de la gente, saludan burlones. “Ahora este es el barrio más seguro de Berazategui”, ironiza un vecino. Es que nunca los policías pisaban el barrio. “No queremos dar nuestros nombres porque todavía está la presión de la Comisaría 1ª, que acosa a los pibes”, justifican.

Antes, ese mismo día, caminaron hasta un patrullero que recorría la Avenida Néstor Kirchner y les informaron que a las cuatro de la tarde iban a cortar la calle, para ver si en una de esas alguien se enteraba y los ayudaban, pero el aviso no pareció alcanzar.

Plátanos Norte es un barrio pequeño dentro de la localidad de Plátanos, al sur de Berazategui y a mitad de camino entre Capital y La Plata. Queda a 20 cuadras del centro del municipio, donde todo es limpio y ordenado. Desde las últimas callecitas de tierra del barrio se ven los campos y al fondo la autopista Buenos Aires – La Plata. En esos mismos campos verdes el Municipio del ex Ministro de Medio Ambiente Juan José Mussi instaló un basural ilegal. Los vecinos, con la ayuda del Foro del Río de La Plata, lograron hace menos de un año que la Justicia lo cierre.

Heridos por bala de goma.
Heridos por bala de goma.

Desde hace tres años cortan de vez en cuando la avenida que pasa por el costado de su barrio, porque siempre que llueve se les corta la luz y tarda días en volver. En el verano, la situación se hace invivible. En una ciudad que en cinco años pasó de tener un edificio alto a una cincuentena de ellos; donde se instaló una subestación eléctrica en contra de la voluntad de los vecinos para alimentar los parques industriales nuevos; que creció en cantidad de habitantes casi un 20% en cuatro años; con un gobierno municipal que invierte en countrys construidos en tierras fiscales y en embellecer la peatonal del centro.

La voz de los reprimidos

“Dos policías desde la vía del tren Roca empezaron a tirar piedras para generar disturbios porque estaba todo tranquilo y ya estábamos levantando el corte. Fue como en las películas. El comisario se le tiró encima a mi marido y con otros dos oficiales le empezaron a pegar palazos en la espalda. Él no estaba haciendo nada, es más, estaba ayudando a levantar el corte. Ahí lo detienen, mientras los policías seguían tirando piedras, empezaron a reprimir a todos. A un menor de diecisiete años lo re cagaron a palos, el nene venía de la escuela, lo agarraron al boleo. Es como dijo el comisario Cardozo, cuando esperaba en la comisaria que liberen a mi marido lo escuché: `tenemos a tres perejiles, así justificamos las balas´”.

“Había una pareja de discapacitados, mujeres embarazadas, nenes. A las mujeres las agarraban de los pelos, a los pibes les disparaban sin lástima. Se llevaron tres detenidos, uno este pibe que le pegaron, menor de edad y una señora de 45 años, la modista del barrio. Los tuvieron presos un día entero, y cuando salieron, nos enteramos que les abrieron una causa federal por cortar la vía. Hubo tres heridos con balas de goma, el pibe de doce años y otro muchacho. Se de otro pero no se acercó, están cagados porque andan patrulleros, les pasan despacito por al lado, hay una persecución psicológica. Todavía no pudimos juntarnos bien todos los vecinos después de esto porque hay gente que ni quiere salir de la casa, somos gente común de laburo, nos organizamos para protestar por un servicio que pagamos y no funciona. Tenemos derecho a protestar”.

“Eso fue la represión y ahora sigue la persecución. Es torturador vivir así. Es una forma de decirnos ‘no rompan las bolas, cuando se les corte la luz esperen tranquilos en su casa que algún día va a volver’”.

Esas conclusiones sacan los vecinos, a pesar del susto. Se viene el veranito en Berazategui, los cortes de luz se cuentan de a decenas y se prolongan días enteros. No es que se hicieron las obras para no tener más cortes de luz: la única diferencia con otros años es que ahora los habitantes de Plátanos Norte no saben si se van a animar a protestar.

Mi vecino el cáncer

Toda la gente que vive con una subestación eléctrica en su barrio se encuentra irradiada por electromagnetismo generador de cáncer. En la Argentina las víctimas se cuentan de a centenas, pero la resistencia ya comenzó. Acá se lucha por vivir. 

Hay barrios argentinos en donde la inseguridad viaja a la velocidad de la luz, traspasa paredes y se mete en tu casa. En Argentina hay tanta inseguridad que una empresa, subsidiada por el Estado, puede decidir cuándo y de qué te vas a morir. En esos barrios al menos podés estar seguro de una cosa: que vos, tu pareja, hijos o vecinos van a enfermarse de cáncer.

Si sos vecino de una subestación eléctrica estás expuesto a ondas electromagnéticas altamente cancerígenas. No es como si un día te pisara un tren. La muerte por electromagnetismo es mucho más lenta, no sólo porque viene de la mano del cáncer, si no porque no hace ruido ni se siente, pero afecta sobre todo cuando estás durmiendo.

Los primeros estudios que relacionan a estas ondas con el cáncer empezaron a circular hace alrededor de cuarenta años. Hasta el día de hoy la Constitución argentina no se da por aludida de estas decenas de estudios y leyes. Pero sobre eso vamos a volver más tarde, ahora aclaremos: Por qué el electromagnetismo mata.

La energía que generan los campos electromagnéticos afectan el núcleo de los átomos. Cuando la exposición es constante y prolongada se produce una mayor síntesis del ADN. Cuando se altera el ADN la célula deja de funcionar bien, como si tuviera un acelerador: comienza a dividirse sin freno interno. Así se desatan los efectos oncogénicos (todo lo que tiene que ver con la generación del cáncer) de las ondas electromagneticas sobre el cuerpo humano.

Esa exposición constante se genera viviendo, y durmiendo, y comiendo, y jugando, y estudiando, y naciendo, y creciendo; cerca de donde se concentren grandes cantidades de voltios, de electricidad. Esos lugares son las subestaciones eléctricas, que reciben constantemente la energía que distribuyen los cables de alta tensión (esas torres inmensas que vienen desde la represa El Chocón) y la convierten en media tensión, la energía que consumimos en nuestras casas. Las subestaciones son parte del sistema de distribución eléctrico y cuanta más electricidad contengan, mayor es el campo electromagnético que irradian.

Sólo en el área metropolitana de Buenos Aires existen 117 subestaciones cerca de donde vive la gente. ¿Vos sabes cerca de cuál vivís?

Gladys vive pegada a la Subestación Sobral en Ezpeleta, partido de Quilmes. Su padre y su madre murieron de cáncer: “Nos juntábamos en el club y todos teníamos un familiar o un vecino enfermo, la palabra cáncer se hizo natural, de a poco nos fuimos muriendo”.

Sobral funciona desde hace treinta años. Los vecinos cuentan alrededor de 170 muertos. Todos por distintos tipos de cáncer, todos cercanos a la subestación y su cableado mortífero. El juez Siauliu de la Cámara Federal Número 2 de La Plata hace más de diez años que tiene en su cajón el pedido de traslado que hicieron los vecinos. Mientras tanto ellos siguen reunidos para ayudar a otros barrios irradiados.

Como Berazategui, donde los vecinos sí aprendieron del escalofriante caso de Ezpeleta (no así las autoridades de su Municipio) y detuvieron por ocho años la construcción de la subestación Rigolleau. El intendente en ese momento Juan José Mussi se comprometió a apoyar la lucha de los vecinos. Pero en el 2011 cambió mágicamente de opinión.

Ese año llegó la bonaerense, cientos de ellos. Vallaron todo el barrio. Sí, lo vallaron literalmente. No podían pasar los autos ni la gente porque unas maderas de dos metros de altura lo impedían. Si vivías dentro del vallado tenías que mostrar el documento para pasar. Cuando los vecinos protestaron, los reprimieron fuerte. Así lograron poner en funcionamiento la Subestación Rigolleau en Berazategui.

Isabel vive cerca a la Subestación Rigolleau, en Berazategui. “La Policía estaba acá porque es una obra sin consenso, una obra que no respetó la voluntad ni la decisión de los vecinos, sino que responde a intereses económicos que sí le interesan los negociados de las autoridades”, explica.

Laura es vecina de la Estación Transformadora Jujuy Este, en Malvinas Argentinas, Jujuy. A ellos también los reprimieron cuando trataban de impedir un nuevo cableado de alta tensión.

Carlos también está irradiado y viven en Barrio Sol y Rio, en Córdoba.

Luis es de Ituzaingó. María, de Brandsen. Julia, de Wilde. Ramón, de San Isidro. Ramiro, de Once. Juan, de Constitución. Raúl, de La Paternal. Todos están irradiados.

Para que las empresas de electricidad de todo el país (con la ayudita de los gobiernos municipales y su policía) no puedan poner en riesgo la vida de la gente, es necesaria una Ley Sanitaria. Ya está en el Congreso, cajoneada hace un año. El proyecto no se opone a las subestaciones, si no que obliga a llevarlas lejos del casco urbano, donde no haya personas para enfermar. Llevarlas lejos de donde se va a consumir la electricidad implica una inversión mucho mayor en cableado. Y en vida.

El vacío legal existe, porque la única reglamentación al respecto es la obsoleta resolución 77 del año 1998 emitida por la ex Secretaría de Energía, de carácter técnico y no sanitario, que permite hasta 25 microteslas (µT: micro Tesla, unidad de medida de campos electromagneticos). Sin embargo la Ley de Ambiente de la Nación establece muy claro que: “Cuando haya peligro de daño grave o irreversible la ausencia de información o certeza científica no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces, en función de los costos, para impedir la degradación del medio ambiente”.

“Científicamente nunca se demostró la inocuidad de los campos magnéticos. Existe una significativa y creciente evidencia científica sobre sus efectos cancerígenos y no cancerígenos, incluso a valores muy bajos de densidad de flujo magnético”, explica el biólogo Raúl Montenegro, quién en 2002 realizó un relevamiento alrededor de la Subestación eléctrica Sobral en Ezpeleta. La Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC), entre otros organismos nacionales e internacionales como la Organización Mundial de la Salud, considera a los campos electromagnéticos como ‘posibles cancerígenos en humanos’.

Montenegro también reconoce que “el problema no son solamente las subestaciones transformadoras sino también los tendidos eléctricos de media y alta tensión, aéreos y subterráneos. Todas estas fuentes generan campos magnéticos”. Una exposición crónica a valores iguales o superiores a 0,3 o 0,4 µT puede aumentar de 1,7 a 2 veces el riesgo de contraer leucemia, sobre todo en los niños.

La Ley no acompaña. Pero algo más allá de lo escrito en un papel se está generando: conciencia.

En Jujuy, barrio Los Naranjos, los vecinos impidieron en el 2012 que se instale una subestación. Este año los vecinos de Quilmes lograron que se coloque una central a 200 metros de los hogares de la gente; cuando el Municipio planeaba hacerla bien pegada a sus casas. En Quilmes y Los Naranjos los vecinos ya pelearon y ganaron. A esta inseguridad que no se ve ni se oye le está empezando a golpear la mano de los vecinos organizados.

La basura no va a El Pato

El Municipio de Berazategui quiere instalar en tierras fértiles, a 200 metros de viviendas, un basural encubierto en una planta procesadora. Los vecinos de El Pato encabezan la resistencia que logró la detención de las obras.

En el sur del conurbano bonaerense hay un Edén. Pero, al contrario de la historia bíblica, son sus habitantes los que deben defenderlo del de arriba. Adán y Eva son los vecinos que defienden su Edén, su barrio, El Pato, Municipio de Berazategui. Las autoridades del Municipio se ocupan de encarnar a la serpiente que con su astucia quiere engañarlos para instalar un basural en el patio de sus casas. También está la manzana, roja, brillante y tentadora, que interpreta la idea de progreso, si Adán y Eva muerden, transformarán su Edén en contaminación sanitaria y descuidado lucro económico.

2014 – 2009. Cinco años desde que los vecinos de El Pato se pusieron en lucha y empezaron a pedir explicaciones. Recién en el último agosto el Municipio que preside Juan Patricio Mussi llamó a una audiencia pública para explicarle a la comunidad berazateguense en qué consiste el proyecto de una Planta Procesadora de Basura en El Pato.

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A esa audiencia, que se realizó por orden del juez Federico Arias, llega arrastrándose la serpiente. Se sienta tranquila a un costado, no necesita hablar: por ella lo hace el Ingeniero Leonardo D. Fernández, Director de Ambiente de Berazategui, pero que vive en Ciudad de Buenos Aires. Si al ingeniero le falla la persuasión, la serpiente siempre cuenta con su manzana para tentar a los vecinos desnudos ante su poder.

Ayudado por un extenso powerpoint con letras muy pequeñas que ningún presente llega a leer, Fernández explica que en realidad no es una planta procesadora de basura lo que planean instalar a dos cuadras de casas de familia, si no un parque ecológico: un parque de 16 hectáreas que recibirá 250 toneladas de residuos sólidos urbanos por día.

Toda esa basura que entrará  por día equivale al peso de 33 elefantes. Esos 33 elefantes de basura circularán diariamente por las calles de tierra de El Pato y de todo el resto de Berazategui.

Y que usará última tecnología, cuenta el ingeniero. Y que es una obra de gran envergadura. Que va a ser una planta como las de países desarrollados. Que Berazategui por fin va a poder tratar la basura que genera, propio de municipios avanzados. La serpiente se mata de risa y la manzana brilla más que nunca.

Lo que, entre tantas cosas, se le olvida mencionar al ingeniero es que el Estudio de Suelos para el planeamiento ambiental y ordenamiento territorial realizado por el Instituto de geomorfología y suelos de la Facultad de Ciencias Naturales de la UNLP plantea que en “la zona Rural El Pato se desarrollan actividades agropecuarias, hortícola, criaderos de pollos y ganadería extensiva, sobre suelos de excelente calidad” (…) y que por eso: “Los suelos de esta zona son de óptima calidad para la producción, situación que debiera tenerse en cuenta a la hora de aprobar nuevas urbanizaciones”.

Cuando el ingeniero trata de explicar el estudio de impacto ambiental (que hace dos años está listo pero se hizo público sólo hace un mes) realizado por la Universidad Tecnológica Nacional, las grietas aparecen en su discurso y las preguntas y los gritos de los vecinos lo interrumpen para que no se le escapen los errores.

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Para que esta planta sea efectiva (el mismo proyecto lo admite), la separación de residuos tiene que empezar desde los hogares, porque de nada sirve que la basura llegue toda mezclada, “todo dependerá de la cultura sobre separar en origen” explica. Para eso el Municipio impulsa el Proyecto Ambientalistas Urbanos, que realiza campañas en colegios para concientizar a la población sobre cómo tener una ciudad linda.

– ¡Por las escuelas de El Pato, ni por la mayoría de las de Berazategui, no pasó nunca esta campaña! ¡La concientización lleva tiempo y hay que hacerla ANTES de comenzar un proyecto así!

Además de separar los residuos, esta planta también prevé la generación de compost, abono orgánico. Este compost será “regado” por los líquidos lixiviados que la basura desprenda (los químicos altamente contaminantes que segrega toda basura en descomposición). Según el proyecto los líquidos serán previamente procesados para no contaminar el compost, pero la planta que se necesita para tratarlos y asegurar su inocuidad no está prevista en ninguna parte del proyecto.

– ¡Esta planta va a generar 2000 litros de líquidos lixiviados por día! No se les puede pasar la planta para tratar estos líquidos muchachos.

La serpiente ya no sonríe tanto, los vecinos le piden cada vez más información al ingeniero. Ya no le sirve leer textuales las filminas de powerpoint, porque le piden que explique los cómos más que los qués. Mientras piensa qué argumentos sacar de la galera, los gritos de una vecina lo distraen:

– ¡Volvé, volvé atrás! A la filmina que pasaste rápido.

El ingeniero se ve obligado a leer en voz alta: “En la etapa de operación los impactos más grandes se encuentran en contingencias, en particular respecto al medio físico, se presenta la ocurrencia por un lado de derrames de hidrocarburos y de material recuperado capaces de alterar la capacidad de los recursos, aguas superficiales y aguas subterráneas. Por otro lado la afectación de la calidad del aire ante la posibilidad de incendio (…) El alto flujo de tránsito pesado por la zona generará impactos de carácter moderado al aire y a la población en cuanto a la emisión de gases de combustión y al material articulado, a la infraestructura vial ira produciendo su deterioro”.

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Se hace silencio en la sala, los vecinos sacan cuentas. ¿Se va generar un impacto moderado al aire y a la población?

El impacto ambiental que va a generar no sólo la planta -una industria de 16 hectáreas en medio de una zona rural-, si no también los 150 camiones diarios llenos de basura que van a circular por las calles de tierra de El Pato, se calculan mediante una fórmula matemática. El resultado de esa cuenta indica si el impacto es bajo, medio o alto.

El estudio de impacto ambiental admite que se van a ver afectados el aire, el agua, la tierra y la vida humana. Pero, se aclara para tranquilizar, ningún impacto sobre estos medios es alto. La mayoría son moderados, señalados con un valor matemático de 9 puntos. Sólo un punto por abajo del impacto alto, que se indica con 10.

Una catarata de preguntas, silbidos, abucheos y gritos inunda el salón. De nada les sirve a las autoridades de Berazategui llamar al orden y recordar que es una audiencia pública, es que los vecinos hace cinco años que están esperando para hablar.

– ¿Cómo van a hacer para que circulen 150 camiones diarios por los caminos de tierra de El Pato? ¿cómo van a concientizar a la gente de que separe todo en origen? ¿cómo nos van a proteger de los gases que emane la basura? ¿Por qué los valores del impacto ambiental están tan al límite?

Los vecinos preguntan porque desconfían. La serpiente está cada vez más enrollada en su silla y la manzana se le empieza a pudrir. Sabe lo que se viene: los vecinos van a argumentar.

– A ustedes se les fue de la mano una lombricera de 3 hectáreas ¿Y ahora quieren poner una planta de basura de 16 hectáreas?

Hasta hace tres años una lombricera, propiedad de la empresa Lombrisur SH, se dedicaba supuestamente a la cría y venta de fertilizante derivado de la lombricultura. Los olores nauseabundos alertaron a los vecinos: entraban ilegalmente cantidad de camiones con deshechos, provenientes de otras industrias. La lombricera se convirtió en un basural no declarado. Los vecinos lo denunciaron durante doce años, en todos los organismos posibles y lograron cerrarlo.

En los terrenos ubicados en la calle 525 entre 637 y 639, El Pato, se entierra basura oficial, traída por camiones del Municipio. Los terrenos suman unas 13 hectáreas y son propiedad de Jorge Kanashiro. La basura que va ahí antes la tiraban en Plátanos Norte (ver nota anterior) en un basural enorme que enfermó a decenas de niños y hace sólo dos meses se logró cerrar, gracias a la militancia de un barrio entero. En Gutiérrez, también dentro del municipio de Berazategui, se empezó a arrojar basura en el predio ubicado en la calle 422 entre Camino Gral. Belgrano y 462.

– Estuve haciendo cuentas con los mismos números que ustedes informan, no soy idiota, y nunca se va a llegar a recuperar el 50 por ciento de la basura como ustedes prometen.

En los primeros cinco años de funcionamiento, se recuperarán por día sólo 11,2 toneladas de compost e inorgánicos, lo que representa un 4,5 % del total que recibirá diariamente la planta. En la plenitud de su funcionamiento (dentro de 20 años) la planta recuperará 25,1 toneladas por día, lo que representa un 10 % de la basura recibida

– Yo no tengo agua potable en mi casa y quieren construir un basural arriba del acuífero de donde toma agua todo Berazategui.

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El predio está ubicado en las nacientes o cercanías del Arroyo Conchita, Pereyra y Giménez. La totalidad del municipio saca el agua de la línea de perforaciones al acuífero Puelche. Estas perforaciones se encuentran a lo largo de todo el predio. El estudio realizado por la UTN indica que “no se encontraban en funcionamiento cuando se hizo el estudio lo que no permitió averiguar la incidencia en las misma”.

El 75,8% de los hogares de El Pato (el 71% de su población) tienen las necesidades básicas insatisfechas, no tienen agua potable. Además, el estudio de impacto ambiental contiene datos desactualizados: se utilizaron datos del Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas de 2001. En 2001 la población de El Pato ascendía a casi 7 mil habitantes y en 2010 superaba los 17 mil habitantes.

– Proponemos otro lugar para instalar esta planta, alejada de la gente: al lado de la ya instalada procesadora de desechos cloacales, más cerca del centro de Berazategui. Digo yo, para qué van a pasear la basura por todo Berazategui ¿no es mejor poner esta planta en otro lado?

La Organización Mundial de la Salud insta a no trasladar, más de lo estrictamente necesario, sustancias contaminantes, como lo son los residuos sólidos urbanos. Bajo este proyecto la basura se va a transitar de una punta a otra de Berazategui, más de veinte kilómetros diarios.

40 contra 3, los oradores que se oponen a la planta. A esta altura la serpiente es más bien una culebrita. Se va arrastrando rezagada, porque después de la audiencia decenas de vecinos, al ver la incapacidad del Municipio para explicar qué quieren instalar, se sumaron a la lucha contra el basural. Se va rezagada porque el juez Luis Arias dio lugar a la orden cautelar presentada por los vecinos y frenó las obras. Está rezagada porque Adán y Eva ya expusieron ante el tribunal de La Plata que trata el caso las preguntas que las autoridades todavía siguen sin contestar.

Qué frustración siente la serpiente mientras se pierde entre los campos del Edén.Toda la presentación bonita adornada con hojas verdes que hizo el ingeniero porteño no engañó a nadie. Eva y Adán se vienen vistiendo con esas hojas verdes desde hace mucho, para ellos lo verde y lo natural no es una simple decoración, es la forma de vida que defienden.

– Si nunca van a llegar a recuperar ni el 50 por ciento de la basura, la llamada planta modelo se convierte en una estación de transferencia de residuos. Nos oponemos al basural en El Pato.

 

Desalojados por la fábrica de cáncer

Para electrificar parte del Roca el Municipio de Quilmes pretende instalar otra subestación eléctrica en el sur, donde ya existen otras dos de comprobada contaminación electromagnética sobre el cuerpo humano. Buscan desalojar a 17 familias que empiezan a organizarse.

_MG_7345En el Municipio de Quilmes se encuentra la subestación eléctrica Sobral que ya enfermó a más de 300 personas, muchas de ellas fallecidas. Ahora, a cuadras de allí el mismo municipio se propone construir otra subestación tóxica, y esta vez con un condimento especial: tienen que desalojar 17 familias para poder hacerla.

Estas familias viven en un predio de unas 10 hectáreas pegado a las vías de la Línea General Roca, a pocas cuadras de la estación de Quilmes. Algunas viven hace más de 30 años ahí, desde que el ferrocarril les cedió esa tierra para construir a algunos de los obreros que trabajaron en su construcción. Hasta ahora vinieron construyendo sus casas con total legalidad, hasta que hace dos semanas el municipio les tocó la puerta y les dijeron que en un mes se tienen que ir.

Los antecedentes

Beatriz agarra el micrófono y se envalentona. Explica ante sus vecinos reunidos en la Plaza Onda Verde que “más allá de que los que estamos adentro del predio sigamos o no viviendo, acá la cuestión es que no coloquen la subestación”. Sus pares la escuchan, la aplauden y van pasando el micrófono para que todos expongan su opinión. Están reunidos para organizarse y encarar la lucha que se les viene. No sólo las familias que viven dentro del predio están presentes, si no las de varias manzanas a la redonda: el eje es la subestación, no el desalojo.

Con la información de los vecinos que sobreviven a la Subestación Sobral en Ezpeleta (Municipio de Quilmes) y la Subestación Rigolleau en Berazategui, estos quilmeños se enteraron de los daños a la salud que las ondas electromagnéticas generan. Esta fue de la única información sobre el futuro de su salud que recibieron, ya que las autoridades municipales sólo se limitaron a describirles las magníficas obras que van a construir en su barrio.

“Los vecinos no nos enteramos de la forma en que corresponde, en algunas casas tiraron volantes que de casualidad alguno que otro miramos”, cuenta Julia, que vive fuera del predio. “La primer presentación que se hizo en la Casa de la Cultura estuvimos tres vecinos y ahí se presentó todo el proyecto. Nos quedamos sorprendidos porque de la noche a la mañana nos ponen una cosa de la que no tenemos ni idea”, plantea. Posterior a eso Julia empieza a preguntar entre sus vecinos si sabían del proyecto, ahora reunidos en la Plaza Onda Verde: “Nadie sabía nada”.

Francisco, esposo de Julia, se abre paso entre las 120 personas que hay en la plaza y completa el discurso de su mujer: “Los vecinos estamos preocupados porque nosotros tenemos noticias de otras subestaciones. Esta semana vamos a presentar las firmas que estamos juntando, vamos a abrir un expediente y se va a ir al defensor del pueblo. Después vamos a iniciar una acción legal, un recurso de amparo”, adelanta.

A favor de la electrificación

A pesar de que la subestación viene con el paquete de obras que la Línea General Roca va a hacer para electrificar el ramal Constitución-La Plata, los vecinos aclaran que de ninguna manera se oponen a que el tren se electrifique. Afirman que hay otros lugares para poner la subestación, alejados de la gente, pero que este predio esta estratégicamente ubicado cerca de la estación de Quilmes, una de las centrales del recorrido del tren. Llevar la subestación más allá implicaría mucha más inversión.

Entre mates, planillas de firmas y con la mítica cervecería Quilmes de fondo, los vecinos se organizan. Ya saben lo que el electromagnetismo produce pero poco saben la inmensa obra que van a hacer a metros de sus casas: “Te dicen, por ejemplo, que van a abrir una calle pero no está definida a dónde. En la presentación que hicieron no figuran en ningún lado las 17 familias que viven adentro del predio. Todo muy agarrado de los pelos, pero, claro, en 70 días empiezan las obras”, ironiza Francisco.

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33 a 1

El pasado 6 de junio los vecinos, de boca en boca, se enteraron que el Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS) convocaba a una audiencia pública para presentar el proyecto. De 34 intervenciones, 33 se manifestaron en contra y se tomó un minuto entero para recordar en silencio a las víctimas de Sobral en Ezpeleta.

Entre los oradores estuvo la licenciada Córdoba, de la consultora Estudios y Servicios Ambiental SRL, empresa que realizó el estudio de impacto y que tiene como clientes a empresas como Apache petrolera, Barrick Gold, Edesur y Minera Alumbrera. Córdoba también es asesora del Banco Interamericano de Desarrollo, entidad que, casualmente, pondrá 500 millones de dólares para la obra de electrificación del ramal Avellaneda-La Plata.

El intendente de Quilmes Francisco “Barba” Gutiérrez afirmó en la audiencia que esta subestación no será como la Sobral, que no va a causar 170 muertes (y contando). Ningún médico o técnico presente entre los oradores pudo justificar esta afirmación. De hecho, el único orador que habló sobre el electromagnetismo fue un Ingeniero llamado Carlos Wall, que admitió que el electromagnetismo es difícil de apantallar, que la distancia es lo que genera la disminución de las ondas agresivas y que la subestación va a generar más de 10 micro teslas (la Organización Mundial de la Salud comprobó que 0,3 micro teslas “puede producir cáncer, en especial leucemia en niños”).

El informe que presentó la OPDS habla, por ejemplo, de la ropa de seguridad que deberá usar el personal de la obra, de la cartelería de señalización que se utilizará, dónde irá a parar la basura generada, pero para el ítem “4.11 Campos electromagnéticos” utiliza media página y luego un anexo no disponible, quizá por error, en la web del OPDS. Según este mismo informe la obra estaría en funcionamiento a fines de 2015.

“Fui a la audiencia el 6 de junio” cuenta Beatriz, en la que se enteró sobre la subestación: “Nos hablaron en chino básico, no entendíamos nada, no estamos capacitados para recibir esa información. Lo que sí me pareció importante fue cuando habló la gente de Sobral que presentó fotos. Uno ahí toma conciencia”.

2 años de alquiler

Cristina y Raúl abandonan por un rato la plaza y la compañía de sus vecinos. Abren el portón que separa la calle de su casa y un predio enorme lleno de árboles en otoño los saca de la realidad de colectivos, trenes, audiencias y municipios. Como a Beatriz, les ofrecieron 2 años de alquiler en otro lugar para que se vayan de ahí. “Pero eso no es seguro, además nosotros invertimos en nuestra casa”, se lamenta Cristina, mientas agita los brazos para que sus hijos, cuadras más allá, ocultos entre caballos y plantas la vean y se acerquen rápido:

-¡Vengaaaan que nos vamos a sacar una fotoooo!

Raúl se les adelanta y entra para acomodar la sala. Minutos después los cinco posan delante de la cámara, sin hacer preguntas.

Quieren una foto en su casa.

-De acá no nos vamos.

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Barrio basural

Hay un lugar donde hay ratas y víboras y no es la selva. Un lugar donde hay gasas y jeringas y no es un hospital. Donde hay químicos, y no es laboratorio. Y donde los pobres van a buscar comida y no es un comedor. Los chicos no pueden jugar a adivinar ¿qué es? porque tienen hongos, herpes y broncoespasmos. Porque el jardín de infantes queda al lado de este gran basural a cielo abierto, en la localidad de Plátanos en Berazategui, donde la vida tiene olor a mierda.

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-¿Usted le está sacando fotos a mi camión?

Preguntó el hombre de unos 2 metros de alto por 1 de ancho, el conductor del camión rojo, de patente XER 178, y con autorización de la Municipalidad de Berazategui para desechar su carga a 200 metros de las casas de cientos de personas.

-No señor.

El hombre se quedó unos segundos espiando el interior del auto, tal vez pensando qué podía hacer contra la negativa. Sus ojos se mostraron reflexivos por unos segundos, pero luego recordó algo y su expresión cambió: al fin y al cabo él está autorizado para tirar la basura ahí por la mismísima autoridad del municipio. Así que se encogió de hombros y volvió a su camión. Manejó unos metros más, dobló a la derecha y tomó el camino que lo lleva al basural de Plátanos Norte, ubicado a unas ocho cuadras de la avenida Nestor Kirchner (ex avenida Mitre) y a menos de dos cuadras del barrio.

Los camiones, hasta seis o siete por día, entran por la calle Padre Mugica y 163. Antes del doblar para tirar la basura pasan por delante del jardín municipal Grillito Feliz: “hay un pedido de hace dos años para que pongan serruchos enfrete del jardín porque pasaban los camiones y una vez hubo un accidente con un nene” cuenta Oscar Silva, uno de los vecinos Plátanos, que están cada vez más preocupados y organizados.

00 215A pocos metros del jardín está la entrada. La anuncian un cartel de la municipalidad y el olor a mierda. Nadie puede pasar: la policía bonaerense y la guardia urbana cuidan que sólo los camiones cargados de desechos y los pibes pobres entren. Los chicos entran y revuelven, sacan lo que les parezca provechoso para vender, y vuelven a entrar. Así, el basural se convirtió en un medio de subsistencia para los más pobres del barrio.

Hace ya tres años que estos camiones traen desechos al predio, en manos del municipio. Este terreno, un enorme campo abierto, está entre la autopista Buenos Aires-La Plata y el barrio Plátanos Norte, en la localidad de Plátanos, municipio de Berazategui. Hace más de ocho años, para la construcción de la autopista, se cavó una tosquera. Cinco años después esa excavación se empezó a tapar con escombros y ramas, pero luego los vecinos empezaron a notar que los camiones traían otros tipos de desechos.

“Todo tipo de basura tenemos, desde desechos del cementerio hasta cosas patógenas, hay jeringas, gasas. También vienen los camiones del municipio a destapar las cloacas, tiran lo que sacan ahí y luego queman todo. Trabajan de día y de noche” cuenta Oscar, que vive hace cincuenta años en Plátanos y ahora tiene casa con vista al basural. Inclusive, los vecinos vieron entrar camiones con baños químicos. Este emprendimiento ilegal del Municipio está cada vez más cerca de las casas: no lo expanden hacia la autopista, si no hacia donde viven los vecinos.

IMG_8959Los enfermos se multiplican a medida que la basura de acerca. Hay chicos con hongos y herpes en manos y pies, atendidos en el hospital Gonet y aún sin cura. Los vecinos también están asustados por la cantidad de hijos con broncoespasmo que tiene el barrio. No sólo eso los alarma, si no también la cantidad de ratas y víboras (portadoras de enfermedades como el hantavirus y la leptospirosis) que invaden las casas constantemente. Ante este problema en particular la Municipalidad de Berazategui no está ausente: les regaló cebo a los vecinos para que tengan la oportunidad de matar las ratas ellos mismos.

Los residuos sólidos urbanos generan, cuando entran en descomposición, alrededor de 160 gases diferentes, muchos de ellos altamente nocivos para la salud. Como es el caso del gas metano, que es 23 veces más nocivo que el dióxido de carbono. Por otro lado los líquidos lixiviados que se generan de la basura descompuesta (tres veces más contaminantes que el PCB que usan las subestaciones eléctricas), van penetrando el suelo y contaminando las aguas de las napas.

Como son tan nocivos, los basurales a cielo abierto están prohibidos por la ley nacional 25916/04. Por su lado, la ley provincial 13.592 es imperativa y ordena a los municipios a evitar los basurales a cielo abierto y los obliga a que reduzcan gradualmente los desechos y los entierren en lugares habilitados.

El Foro Regional en Defensa del Río de la Plata, la Salud y el Medio Ambiente está ayudando a los vecinos de Plátanos a organizarse para reclamar por su salud y a unir la lucha con otras zonas de Berazategui, afectadas por el mismo problema. Como en Gutiérrez, donde arrojan basura en un predio de dos hectáreas, a orillas de un arroyo y con un pequeño bosquecito que era utilizado y cuidado por los vecinos como lugar de esparcimiento.

A Ernesto Salgado, integrante del Foro, se lo llevaron detenido a la Comisaría 1º de Berazategui junto a otro compañero cuando sacaba fotos en el basural. En el acta de constatación los dos policías que los demoraron dicen -y consta en el acta- que “el Comisario titular de la Comisaría Primera, nos da aviso de un conflicto en uno de los predios que la Municipalidad de Berazategui utiliza para rellenos, siendo que el mismo se halla ubicado en la calle 163 y Avenida Eva Perón de Berazategui”.

El 7 de marzo, el Foro presentó la denuncia de la existencia del basural ante el Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS). “Documentamos nuestra denuncia con 13 fotos sacadas ese día, antes de que llegar la policía. La denuncia tiene el número 17.086 P y el Nº de expediente es el 2145-20376/12” detalla Ernesto y agrega que “esta denuncia recorrió todo el trámite burocrático. La OPDS dicen que mandaron un inspector al basural pero que no lo dejaron entrar. Desde el 1 de marzo de este año el expediente está parado”.

– Yo tengo una foto acá parada de hace algunos años, en este mismo lugar, y atrás se veía todo verde, un paisaje hermoso.

Cuenta Vera Delia de espaldas a su nuevo telón de fondo: basura, tierra removida, humo y olor a mierda. No sólo eso cambió, también posan nuevos actores en el escenario de su vida: camiones rojos, ratas, enfermedades y víboras.

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Cáncer de regalo

La inocuidad del electromagnetismo sobre la salud humana nunca fue comprobada científicamente, pero Ezpeleta es el resultado tumoral de la experiencia. Con más de tres décadas de funcionamiento, la subestación eléctrica Sobral ha propagado la enfermedad sobre quien viviese cerca. Aún así, no es considerada como antecedente válido para paralizar el funcionamiento de subestaciones en zonas urbanas.

En una cocina de Ezpeleta, partido de Quilmes, Beti, Nené y Gladys toman café y comen buñuelitos. Por la ventana no se adivina movimiento, es la hora de siesta y este es un barrio muy tranquilo. Hasta acá: típica escena de una tarde cualquiera en el conurbano. Pero, si se estudia mejor el paisaje que enmarca la ventana, un elemento extraño salta a la vista y da una pista, indicio de que en este barrio sí pasa algo. La invisibilidad del electromagnetismo no implica que no sean visibles los efectos en el cuerpo de las personas que viven allí. Por la esquina de esta tranquila cocina pasan los cables de alta tensión que salen de la subestación eléctrica Sobral. La banda sonora que inunda la cocina no es una charla de revista de corazón, es La Lucha -así con mayúscula-, la que ocupa las palabras y el tiempo de estas mujeres. Luchan contra esa subestación, que ya se cobró la vida de alrededor de doscientas personas, enfermó a otras tantas y diariamente irradia sobre sus cabezas dosis mortales de electromagnetismo.

00 606 –      Mi marido hace ya quince años que falleció, y el chico de allá del corralón antes que él, ¿cómo se llamaba?

–      Gabi, que falleció de cáncer de piel.

–      Y el hijo de Norma, que tenía trece años…

–      Sí, Fabián, que se enfermó a los doce y falleció a los trece.

–      Después que empieza el marido de Beti al poco tiempo se enferma la hermana de él, con los mismos síntomas, ella falleció tres meses después que él.

–      Falleció un año antes que mi papá, que tenía cáncer de pulmón.

–      Y la chica de allá, que el marido tenia leucemia, ahora le tienen que hacer rayos a ella.

–      En esa cuadra estaba Miriam, que la tuvieron que operar de urgencia en la cabeza, cáncer en la cabeza tenía, aparentemente ahora va a estar bien.

–      Otra señora por acá con cáncer cólon, jóven.

–      Y el muchacho de la otra cuadra, con cáncer de tiroides.

Las tres vecinas mueven las manos y señalan las casas de los alrededores, donde están los muertos o los enfermos, tan cerca que se ven sus casas por la ventana. El cáncer ya es como un resfrío en ese barrio: tarde o temprano a todos les toca, en sus cuerpos o en el de un familiar o amigo. A Gladys, Nené y Beti les da miedo sentarse para agregar a las nuevas víctimas al mapa de la muerte, pero calculan que ya son doscientas las víctimas mortales, entre ellas familiares suyos.

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mapadelamuerteLa única manera que existe para que el electromagnetismo no dañe a la salud es que las personas no estén expuestas a 0,3 o más microteslas. La microtesla es la unidad de medida del electromagnetismo, mide la cantidad de ondas electromagnéticas que llegan a un determinado lugar. Estudios que hicieron los vecinos de Ezpeleta con el biólogo Raúl Montenegro, mostraron que hay zonas alrededor de la subestación a las que llegan hasta 9 microteslas.

Las empresas eléctricas no reconocen el estándar precautorio de los 0,3 microteslas. Estas últimas y el propio organismo nacional de regulación, el ENRE, ‘adoptan’ el estándar ambiental de la obsoleta Resolución n° 77/1998 del Ministerio de Economía y Obras y Servicios Públicos de la Nación, que es ambiental, no sanitario. Para ellos el principio de precaución que establece la Ley Nacional 25675 no existe. Argentina sigue sin tener límites legales de exposición a los campos magnéticos. “Hasta tanto este vacío se complete sostenemos, en base al principio de precaución y la buena ciencia que las personas no deben quedar expuestas a campos magnéticos iguales o superiores a 0,3 microteslas”, resalta Montenegro, Presidente de FUNAM (Fundación para la defensa del ambiente).

Montenegro, también premio a la Investigación Científica de la UBA, reconoce que “el problema no son solamente las subestaciones transformadoras sino también los tendidos eléctricos de media y alta tensión, aéreos y subterráneos. Todas estas fuentes generan campos magnéticos”. Como en Ezpeleta, donde hay cableado aéreo y subterráneo.

“Científicamente nunca se demostró la inocuidad de los campos magnéticos de frecuencias extremadamente bajas. Existe una significativa y creciente evidencia científica sobre sus efectos cancerígenos y no cancerígenos, incluso a valores muy bajos de densidad de flujo magnético”, explica Montenegro. La Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC), entre otros organismos nacionales e internacionales, considera a los campos electromagnéticos de frecuencias extremadamente bajas como ‘posibles cancerígenos en humanos’.

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La subestación Sobral fue instalada por SEGBA (empresa estatal de electricidad) en 1977, la dictadura militar encontró a los vecinos, que ya miraban a las obras con recelo, totalmente desmovilizados. En realidad, ese predio estaba destinado a ser una salita de salud para el barrio, así como se lee, con toda la ironía que esto le agrega a la situación. Nené, que ya había comprado su casa a menos de media cuadra de ese predio, recuerda cómo llegaron y empezaron a construir, sin dar ninguna explicación a nadie, prometiendo progreso y trabajo para el barrio. Trabajo que nunca llegó, aclara. En la década de los ’90, SEGBA se privatizó y EDESUR, que quedó a cargo de la subestación, haciendo más obras para agrandarla.

Recién en 1996, recuerdan las tres mujeres, empezaron a recolectar información sobre los daños del electromagnetismo y se percataron que la cantidad de enfermos se debía a la subestación. Ese mismo año murió el marido de Beti y un año después, el padre de Gladys. Mientras Nené estaba enferma de cáncer de mama, resuena que el día que llegó del médico que le dijo que la enfermedad iba a acelerarse con la exposición al electromagnetismo, estaban pasando más cables por enfrente de su casa. Entendió que nadie iba a decidir cuándo tenía que morir: así que se plantó frente a los obreros para no dejarlos seguir trabajando. Pararon las obras por solo unas semanas.

En el 2000 EDESUR duplicó la potencia de la subestación. Dos años después los vecinos se resistieron a un nuevo cableado, el municipio, a cargo del radical Fernando Geronés, minó la zona de policías y gendarmes para que apuntaran con sus armas a los vecinos y dejaran trabajar a los obreros. El mismo modus operandi que se utilizó en Berazategui para instalar la subestación Rigolleau el año pasado. Leé sobre Berazategui.

Las manos de las vecinas reunidas en la cocina, que antes señalaban las casas de los muertos, ahora cuentan los años que lleva La Lucha. Dieciséis años. Y contando. Porque siguen luchando para que la subestación se traslade lejos del casco el urbano, para que deje de causar muertes. Las víctimas van a quedar por siempre, y los enfermos también. Pero igual siguen divulgando la situación en su barrio, ayudando a otros lugares con situaciones parecidas como Berazategui y exigiendo que el juez Siauliu de la Cámara Federal Número 2 de La Plata expida alguna decisión sobre el pedido de traslado que hicieron los vecinos hace más de diez años.

Gladys, Beti y Nené seguirán viviendo en ese barrio, donde lo hicieron toda sus vidas, inclusive antes de que instalaran la subestación. Seguirán caminando esas calles irradiadas. Ezpeleta es a prueba de escépticos, ahí sí existe el destino. Detrás de la ventana de cualquier cocina yace clarita la realidad para cualquiera que esté dispuesta a verla: no importa que hayas trabajado y hecho de todo por mantener el control de tu vida, un día puede llegar una empresa y decidir cuándo y de qué te vas a morir.

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Electromagnetismo: asesino invisible

La lucha continúa. Los vecinos de Berazategui no quieren morir del cáncer que genera la inconstitucional subestación eléctrica de Edesur lindera a sus casas. Presentan al Congreso un proyecto de ley sanitaria que los proteja. 

Lo único que se escucha es la suela de la zapatilla chocar contra la baldosa, sólo los pasos delatan movimiento a la hora de siesta en esa calle del centro de Berazategui. Silencio, como si no pasara nada. Silencio engañoso, porque en realidad pasa y mucho, es que la contaminación electromagnética no se ve ni se oye, pero mata. Por la ventana de una casa se ve a una señora con la mirada clavada en la computadora, con una expresión que delata máxima concentración. Varias casas más allá, una pareja sentada en la mesa de la cocina revisan unos gráficos e intercambian impresiones, tratando de entender juntos. En la vereda de enfrente un señor se levanta de la cama para anotar una idea que se la acaba de ocurrir. Estos vecinos de Berazategui no descansan, estudian, leen, piensan. En este municipio  se están gestando cosas grandes, entre ellas, un proyecto de ley sanitaria que los proteja del electromagnetismo.

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00 060¿Por qué necesitan una ley sanitaria? Porque el Ente Nacional Regulador de la Electricidad (ENRE) permitió que EDESUR instale una subestación eléctrica enfrente de sus casas, que, comprobado por la Organización Mundial de la Salúd, mata. Genera cáncer. Leucemia infantil. En Argentina no hay una ley que regule la instalación de las subestaciones eléctricas y sus cableados, por más que este comprobado, por la teoría y la práctica (si no pregúntenle a los vecinos de la estación Sobral en Ezpeleta que ya lloran doscientos muertos), que enferman.

¿Y el gobierno municipal? En 2006 (a cargo de Mussi padre, hoy Secretario de Medio Ambiente de la Nación) había prometido a los vecinos impedir esta obra por ser perjudicial para la salud. Luego en 2008 cambió radicalmente de opinión. No sólo desconoció sus propias promesas, si no que ordenó la represión de los vecinos que resistieron diez años la instalación de la subestación, para abrirle el paso a EDESUR y su emprendimiento sin consenso de la población.

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Suela, baldosa, suela, baldosa. Plac, plac. Los cuatrocientos metros de pared que corresponden a la parte de atrás de la fábrica de vidrio Rigolleau, símbolo berazateguense, son interminables. Plac, plac. Pared y más pared, ladrillo y más ladrillo. Pero de repente, una pintada pega un grito mudo y rompe el silencio: ¡NO A LA SUBESTACIÓN RIGOLLEAU! ¡MUSSI DEJÁ DE PEGARLE A LOS PIBES! Cuando se llega a la esquina final de la fábrica, dentro del predio, se alza la Subestación Eléctrica Rigolleau. Y en esa misma vereda están reunidos en ronda los vecinos de la Asamblea Vecinal por la Vida de Berazategui. Ellos, junto con el Foro de la Niñez, la Adolesencia y la Juventud de Beraztegui y el Foro en Defensa del Río de la Plata, la Salud y el Medio Ambiente, redactaron el proyecto de Ley sanitaria (Ley de Presupuestos mínimos de protección a los campos electromagnéticos de frecuencia extremadamente baja para el transporte eléctrico de media y alta tensión) que ya está presentada en el Congreso.

Pero antes de llevar la ley al Congreso los vecinos tuvieron que sentarse a leer: “Estudiar sobre los campos electromagnéticos se convirtió en una necesidad más que nada para informarnos y así fundamentar nuestra protesta, ya que había tanta desinformación”, explica Isabel Palacios, vecina e integrante de la Asamblea, mientras contrae los músculos para no dejar pasar el frío que sopla en la esquina de la subestación. Del otro lado los vecinos tenían al ENRE, dando charlas en los colegios para convencer que la subestación no contamina y al ex intendente Juan José Mussi, médico, que le pedía alegremente a todos los vecinos depositaran toda su confianza en él, sin aportar ninguna prueba que lo acredite.

Allí mismo, donde están parados ahora discutiendo en asamblea vieron cómo la Policía tomaba el barrio. En febrero del 2011 el municipio mandó a la Policía Bonaerense a cercar toda la zona (sí, la vallaron con tapias de más de dos metros de altura, no se podía pasar sin mostrar el documento). Unos cien uniformados se instalaron por varios meses, hasta fines de mayo de 2011, para abrirle paso a los camiones y a los obreros para que terminen con la instalación; y separar a los vecinos que buscaban impedirlo. Cuando no fue suficiente, los reprimieron. Como consecuencia, hoy tienen funcionando una subestación eléctrica a metros de sus casas, y a pocas cuadras de varios centros educativos. (Leé más: El Paraíso del Secretario de Medio Ambiente)

“La Policía estaba acá porque es una obra sin consenso, una obra que no respetó la voluntad ni la decisión de los vecinos, sino que responde a intereses económicos que sí le interesan los negociados de las autoridades” confirma Isabel, mientras sus compañeros tratan de colgar mejor en las rejas del edificio de EDESUR la bandera que le dice “NO A LA SUBESTACIÓN”.

Como parte de esta lucha y resistencia que llevan adelante desde hace años, el proyecto de ley surge cuando se dan cuenta que existe un vacío legal en nuestro país con respecto a las emisiones electromagnéticas. La única norma que existe es de carácter técnico, de la ex Secretaria de Energía, que deja emitir hasta 25 microteslas, cuando está comprobado científicamente que una exposición mayor a 0,3 daña la salud. No hay ninguna norma sanitaria que regule el efecto que tiene el electromagnetismo en la salud: la muerte.

A pesar de esto, Isabel resalta: “nosotros en esto de ir averiguando hemos descubierto que hay un principio precautorio en la Constitución, que dice que si hay alguna duda de que algo puede afectar directamente no se hace, también sabemos por la Defensoría del Pueblo que un emprendimiento que no tiene consenso de la población, tampoco se hace”. El mismo ENRE en su reglamento dice que no se puede construir sin el consenso de la gente de la zona, pareciera como si por las cámaras de seguridad que están instaladas en la subestación no pudiesen ver a la ronda de vecinos resistiendo para no enfermar de cáncer.

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¿Qué propone el proyecto de ley? Básicamente estos son los principales ejes de acción con la finalidad de que no llegue mas de 0,3 microteslas a ningún ser humano:

Construir las nuevas estaciones eléctricas fuera del ejido urbano. Si no es posible, a misma deberá hacerse garantizando una franja de protección de 200 mts desde el límite de la estación a la primera vivienda. -Prohibir su construcción al lado de centros educativos, de salud o recreación. – Obligar a las empresas constructoras a soterrar los cables. – Garantizar el límite de 0,3 microteslas para las radiaciones recibidas por la población cercana. Readecuación a este límite de las estaciones en funcionamiento; de no ser posible, obligar a la relocalización de las mismas. – Exigir un relevamiento sanitario de la población del lugar donde deba emplazarse una subestación y su cableado, previo a la habilitación de obras. – Exigir relevamiento sanitario en las poblaciones ya afectadas lindantes a estaciones eléctricas, y brindar asistencia a los enfermos mientras se resuelve la readecuación de la obra en cuestión. – Exigir monitoreo permanente de emisiones una vez construidas o readecuadas. – Garantizar la participación de vecinos y organizaciones sociales del lugar afectado en todo el proceso de decisión, evaluación, emplazamiento y control de las obras.

¿En qué estado parlamentario se encuentra? La ley está presentada en en tres comisiones, la de energía y combustible, la de acción social y salud publica y la de recursos naturales y conservación del ambiente humano. La presentación se hizo el 6 de diciembre del año pasado, lleva la firma de doce diputados y todavía no se trato en ninguna comisión. Los vecinos están juntando firmas (entrá y firmá:  http://chn.ge/13b8uUy) para generar la presión suficiente para que la ley se trate en las comisiones.

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Aunque el frío aprieta y el electromagnetismo invisible ya golpea, los vecinos siguen firmes en su esquina, trabajando para que las subestaciones dejen de enfermar gente. El proyecto de ley es una parte importante de esa lucha. Isabel, referente de la Asamblea, hace un distinción muy importante al respecto: “Cada uno aportó ideas, nuevos datos al proyecto de ley, lo cual es todo un trabajo de ciudadanía y de participación democrática, por lo menos desde nuestro lugar, hacia afuera no, hacia afuera quedó bien en claro que en Berazategui no existe la democracia, si no que acá las cosas se hacen como los intereses privados quieren que se hagan y si la gente protesta, se la reprime”.

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