Nuestra escuela

La Municipalidad de Quilmes busca mudar la Escuela Municipal de Bellas Artes a un edificio insuficiente y sin el apoyo de los alumnos, que proponen mejoras desoídas. Historia del intendente que montó su candidatura sobre los estudiantes que hoy deja plantados.

Sebastián, Florencia, Jonathan y Pablo se sientan alrededor de una mesa cuadrada con restos de pintura de colores, dibujos y maquetas. Mates calientes tratan de apaciguar el aire frío que entra por una ventana rota. Hablan y su tono de voz es fuerte porque en la Escuela Municipal de Bellas Artes de Quilmes los tambores y los cantos rebotan por los pasillos, es fuerte y, además, firme: “Con este proyecto no vamos a dejar nuestro lugar”._MG_7471

A mediados del 2012, en una publicación oficial del municipio quilmeño llamada La Hojita se mostró un mapa con obras realizadas por la gestión de Francisco El barba Gutiérrez. Para sorpresa de los alumnos, entre ellas figuraba la “nueva sede” del EMBA. “En ese momento estábamos en un canal de comunicación con la municipalidad por otros reclamos y dentro de ese espacio no nos informaron nada. Nos enteramos por la revista y fuimos nosotros con la información para que nos la expliquen”, aclara Sebastián.

La escuela existe hace 70 años y nunca tuvo edificio propio. Fue creciendo y siendo trasladada a diferentes anexos a medida que pasaron los años, según las necesidades. Hace nueve años que la EMBA ocupa el edificio actual, a siete cuadras de la estación de tren y en pleno centro quilmeño, en lo que era una dependencia municipal que se dejó de usar por malas condiciones edilicias.

Al principio los alumnos compartieron la escuela con rentas y otros departamentos municipales. No había dispositivos de seguridad, había paredes electrificadas y los matafuegos se obtuvieron por el pedido y la lucha de estudiantes y docentes. “Las condiciones de hoy siguen siendo malas, y el proyecto hace que pasemos a unas aún peores”, asegura Florencia, y entre los cuatro se ayudan para armar la secuencia de los últimos hechos:

–      En 2012 alumnos y vecinos de Quilmes se enteraron por una revista que había un proyecto para una nueva escuela. Los estudiantes se reunieron con las autoridades del municipio para comunicarles su preocupación sobre la locación del proyecto, muy alejado del centro. Les dijeron que estaba todo “muy verde” y que era una propuesta de Nación, pero que no se había aprobado todavía y que estaban a tiempo de proponer otras ideas. El centro de estudiantes llevó otras posibilidades a la municipalidad; no les contestaron más.

–      En 2013 cambiaron las autoridades, pero no atendieron a los alumnos en todo el año.

–      A principios de 2014 llegaron novedades: empezó a circular por los medios locales que el intendente Gutierrez había mandado a aprobar a la Facultad de Arquitectura de La Plata los planos. El Secretario de Cultura de Quilmes les dijo que no estaba al tanto de nada, siendo él el responsable político de la escuela. Les prometió otra reunión con más información para el 29 de mayo.

–      29 de mayo: los dejó plantados.

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–      El 2 de junio el centro de estudiantes consiguió una reunión con Obras Públicas, la secretaría que impulsa el proyecto: les mostraron los planos y notaron entonces muchas cuestiones incompatibles con el edificio actual.

Ejemplo rápido: en el EMBA hay 6 departamentos – teatro, música, danza, cerámica, artes visuales y arte infantil-, cada uno tiene al menos una carrera y forma a 3500 personas. En el edificio actual los departamentos de teatro, cerámica y danza tienen dos pisos cada uno; en el proyecto nuevo tienen un sólo aula. Además, la nueva sede queda más lejos de los núcleos de transporte. “El proyecto está pensando por fuera de las necesidades de la escuela”, redondea Florencia.

–      22 de junio: otra reunión con Obras Públicas. En la escuela se votó una delegación de estudiantes y docentes para entablar una mesa de trabajo propuesta por la municipalidad. Ese día dejan a los representantes plantados afuera una hora y media debajo de la lluvia. Cuando por fin los dejaron entrar, les mostraron el mismo plano que ya habían visto. Les contaron que el nuevo edificio está enmarcado dentro del Proyecto de Igualdad Cultural del Plan Bicentenario y que por una cuestión de dónde vienen los fondos el edificio se iba a tener que llamar Centro Cultural y Escuela de Bellas Artes. No les responden qué implica eso pero sí les informaron que el lugar ya no estaba en discusión. La municipalidad recibió una lista de necesidades, un documento grande con las características de la escuela escrito por alumnos y profesores, ideado para que las autoridades elaboren el proyecto en base a eso.

–      10 días después de comprometerse a traer un plano en base al documento, se repitió el mismo plano, sólo con las aulas más grandes divididas en dos partes. En total 30 aulas, frente a 50 de uso actual. 3800 metros cuadrados frente a 5500. Les aclararon que se podía seguir discutiendo, pero que el proyecto no se iba a modificar sustancialmente, y en el caso que no entren todos, lo que los alumnos ya venían advirtiendo, iban a recurrir al uso de anexos.

–      El municipio convocó a estudiantes y profesores a otra reunión para fines de julio, donde de todas maneras ya no hay mucho para discutir: el plano y la cantidad de metros cuadrados no se van a modificar. Los planes del jefe de gobierno quilmeño es terminar la obra en un año. Para eso necesita licitar el proyecto antes, lo cual todavía no sucedió. Mientras tanto los alumnos de la EMBA están realizando volanteadas, juntadas de firmas, festivales, movilizaciones e intervenciones artísticas para sacar su lucha a la calle.

_MG_7467“Los anexos son un problema porque hay áreas que no se cruzan, nos fragmenta la unidad académica. Hoy en día las experiencias que ya existen de anexos se basan en usar escuelas primarias a la noche, en el mejor de los casos. Si pasa eso, una gran parte de los estudiantes va a estudiar en condiciones que no son óptimas, lo que va a condicionar su desarrollo”, resume Sebastián y agrega que la municipalidad plantea también una reorganización del orden de la escuela: distribuir la carrera a los largo de los tres turnos. “A la gente que trabaja se le va a complicar concurrir”, dice.

El barba Gutiérrez, actual intendente de Quilmes – que aún no formalizó su presentación para las elecciones municipales del año que viene, pero expresó su deseo de hacerlo – montó su candidatura en el 2006 sobre una protesta que encabezó la EMBA. En ese año el Concejo Deliberante del Quilmes avanzó contra el Estatuto Docente, bajándoles el sueldo a los profesores del EMBA. Sumado a que les habían dado el actual espacio en pésimas condiciones edilicias. Comenzaron las movilizaciones estudiantiles y se tomó la escuela durante 80 días. En un escrache en la casa de Sergio Villordo (el intendente en ese momento) reprimieron a los estudiantes con balas de goma, dejando heridos. En un acto municipal, a los pocos días, funcionarios del municipio se enfrentaron a golpes con los estudiantes. Eso motivó una movlizacioón de 5 mil personas en contra del municipio, donde El barba Gutierrez marchó con los estudiantes. Gracias a eso se volvió para atrás con el cambio del Estatuto: punto para los estudiantes. “Toda esa situación de represión fue muy sentida en la comunidad”, cuenta Sebastián y describe que los vecinos quilmeños les muestran su apoyo en cada actividad que hacen en la calle.

“Estamos empezando a tomar acciones legales, vamos a presentar un recurso de amparo, para postergar el proyecto y la licitación que es inminente”, afirma Florencia y los cuatro compañeros bien sentados en sus lugares afirman: “Seguimos como estudiantes exigiendo que nos atienda el intendente,  aclarando que nos interesa tener un nuevo edificio pero no este proyecto. Necesitamos uno nuevo en base a la necesidades reales actuales y futuras de la escuela. En eso estamos hoy”.

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Desalojados por la fábrica de cáncer

Para electrificar parte del Roca el Municipio de Quilmes pretende instalar otra subestación eléctrica en el sur, donde ya existen otras dos de comprobada contaminación electromagnética sobre el cuerpo humano. Buscan desalojar a 17 familias que empiezan a organizarse.

_MG_7345En el Municipio de Quilmes se encuentra la subestación eléctrica Sobral que ya enfermó a más de 300 personas, muchas de ellas fallecidas. Ahora, a cuadras de allí el mismo municipio se propone construir otra subestación tóxica, y esta vez con un condimento especial: tienen que desalojar 17 familias para poder hacerla.

Estas familias viven en un predio de unas 10 hectáreas pegado a las vías de la Línea General Roca, a pocas cuadras de la estación de Quilmes. Algunas viven hace más de 30 años ahí, desde que el ferrocarril les cedió esa tierra para construir a algunos de los obreros que trabajaron en su construcción. Hasta ahora vinieron construyendo sus casas con total legalidad, hasta que hace dos semanas el municipio les tocó la puerta y les dijeron que en un mes se tienen que ir.

Los antecedentes

Beatriz agarra el micrófono y se envalentona. Explica ante sus vecinos reunidos en la Plaza Onda Verde que “más allá de que los que estamos adentro del predio sigamos o no viviendo, acá la cuestión es que no coloquen la subestación”. Sus pares la escuchan, la aplauden y van pasando el micrófono para que todos expongan su opinión. Están reunidos para organizarse y encarar la lucha que se les viene. No sólo las familias que viven dentro del predio están presentes, si no las de varias manzanas a la redonda: el eje es la subestación, no el desalojo.

Con la información de los vecinos que sobreviven a la Subestación Sobral en Ezpeleta (Municipio de Quilmes) y la Subestación Rigolleau en Berazategui, estos quilmeños se enteraron de los daños a la salud que las ondas electromagnéticas generan. Esta fue de la única información sobre el futuro de su salud que recibieron, ya que las autoridades municipales sólo se limitaron a describirles las magníficas obras que van a construir en su barrio.

“Los vecinos no nos enteramos de la forma en que corresponde, en algunas casas tiraron volantes que de casualidad alguno que otro miramos”, cuenta Julia, que vive fuera del predio. “La primer presentación que se hizo en la Casa de la Cultura estuvimos tres vecinos y ahí se presentó todo el proyecto. Nos quedamos sorprendidos porque de la noche a la mañana nos ponen una cosa de la que no tenemos ni idea”, plantea. Posterior a eso Julia empieza a preguntar entre sus vecinos si sabían del proyecto, ahora reunidos en la Plaza Onda Verde: “Nadie sabía nada”.

Francisco, esposo de Julia, se abre paso entre las 120 personas que hay en la plaza y completa el discurso de su mujer: “Los vecinos estamos preocupados porque nosotros tenemos noticias de otras subestaciones. Esta semana vamos a presentar las firmas que estamos juntando, vamos a abrir un expediente y se va a ir al defensor del pueblo. Después vamos a iniciar una acción legal, un recurso de amparo”, adelanta.

A favor de la electrificación

A pesar de que la subestación viene con el paquete de obras que la Línea General Roca va a hacer para electrificar el ramal Constitución-La Plata, los vecinos aclaran que de ninguna manera se oponen a que el tren se electrifique. Afirman que hay otros lugares para poner la subestación, alejados de la gente, pero que este predio esta estratégicamente ubicado cerca de la estación de Quilmes, una de las centrales del recorrido del tren. Llevar la subestación más allá implicaría mucha más inversión.

Entre mates, planillas de firmas y con la mítica cervecería Quilmes de fondo, los vecinos se organizan. Ya saben lo que el electromagnetismo produce pero poco saben la inmensa obra que van a hacer a metros de sus casas: “Te dicen, por ejemplo, que van a abrir una calle pero no está definida a dónde. En la presentación que hicieron no figuran en ningún lado las 17 familias que viven adentro del predio. Todo muy agarrado de los pelos, pero, claro, en 70 días empiezan las obras”, ironiza Francisco.

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33 a 1

El pasado 6 de junio los vecinos, de boca en boca, se enteraron que el Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS) convocaba a una audiencia pública para presentar el proyecto. De 34 intervenciones, 33 se manifestaron en contra y se tomó un minuto entero para recordar en silencio a las víctimas de Sobral en Ezpeleta.

Entre los oradores estuvo la licenciada Córdoba, de la consultora Estudios y Servicios Ambiental SRL, empresa que realizó el estudio de impacto y que tiene como clientes a empresas como Apache petrolera, Barrick Gold, Edesur y Minera Alumbrera. Córdoba también es asesora del Banco Interamericano de Desarrollo, entidad que, casualmente, pondrá 500 millones de dólares para la obra de electrificación del ramal Avellaneda-La Plata.

El intendente de Quilmes Francisco “Barba” Gutiérrez afirmó en la audiencia que esta subestación no será como la Sobral, que no va a causar 170 muertes (y contando). Ningún médico o técnico presente entre los oradores pudo justificar esta afirmación. De hecho, el único orador que habló sobre el electromagnetismo fue un Ingeniero llamado Carlos Wall, que admitió que el electromagnetismo es difícil de apantallar, que la distancia es lo que genera la disminución de las ondas agresivas y que la subestación va a generar más de 10 micro teslas (la Organización Mundial de la Salud comprobó que 0,3 micro teslas “puede producir cáncer, en especial leucemia en niños”).

El informe que presentó la OPDS habla, por ejemplo, de la ropa de seguridad que deberá usar el personal de la obra, de la cartelería de señalización que se utilizará, dónde irá a parar la basura generada, pero para el ítem “4.11 Campos electromagnéticos” utiliza media página y luego un anexo no disponible, quizá por error, en la web del OPDS. Según este mismo informe la obra estaría en funcionamiento a fines de 2015.

“Fui a la audiencia el 6 de junio” cuenta Beatriz, en la que se enteró sobre la subestación: “Nos hablaron en chino básico, no entendíamos nada, no estamos capacitados para recibir esa información. Lo que sí me pareció importante fue cuando habló la gente de Sobral que presentó fotos. Uno ahí toma conciencia”.

2 años de alquiler

Cristina y Raúl abandonan por un rato la plaza y la compañía de sus vecinos. Abren el portón que separa la calle de su casa y un predio enorme lleno de árboles en otoño los saca de la realidad de colectivos, trenes, audiencias y municipios. Como a Beatriz, les ofrecieron 2 años de alquiler en otro lugar para que se vayan de ahí. “Pero eso no es seguro, además nosotros invertimos en nuestra casa”, se lamenta Cristina, mientas agita los brazos para que sus hijos, cuadras más allá, ocultos entre caballos y plantas la vean y se acerquen rápido:

-¡Vengaaaan que nos vamos a sacar una fotoooo!

Raúl se les adelanta y entra para acomodar la sala. Minutos después los cinco posan delante de la cámara, sin hacer preguntas.

Quieren una foto en su casa.

-De acá no nos vamos.

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