Los supuestos normales

“Todo aparenta normal” se anima a cantarle a lo establecido y darlo vuelta para jugar a otra realidad. La música como plataforma para filosofar sobre la vida cotidiana.

El film transparente abraza la caja. Se desprende suave. Deja libre la silueta que de verde llega a rosa, que desde la tierra conecta con la mirada. La tapa se abre hacia la izquierda. Una nueva solapa. En letras azules, sobre fondo negro, reza: Hijos del mundo. Esta vez, la mano se mueve para la derecha. Hacia la profundidad de la caja se sigue camino. Nicolás Alfieri, Lucas Barzan, Juan Pablo Alfieri y Alexis Koleff aparecen entre sombras. Por debajo, la línea de un cardiograma lo atraviesa todo. Es una señal: estamos vivos. Las letras aparecen en forma de tarjetas engalanadas por imágenes. En el fondo de la búsqueda un cielo de algodón decora la recomendación previa al play:

“Se recomienda escuchar este disco en un estado de profunda armonía…”

*

La banda está sentada en una mesa del barrio de Congreso. Lejos de su Don Torcuato natal, lejos del 2009 que los vio nacer. Todo Aparenta Normal fue durante una noche, Todo Aparentemente Normal. “Fue el primer escrache, al otro día lo cambiamos. Tenía un mente de más”, recuerdan mientras se arranca el mate.

–   ¿Por qué “aparenta”?

–  Creo que el hecho de estar tocando, de estar arriba del escenario te da cierta libertad que la vida cotidiana, donde uno se rige por normas, no. Si bien estamos hablando de música y hay patrones, el universo que se plantea ahí arriba se expande mucho más. Uno puede fingir ser alguien que no es, aparentar ser una cosa o aparentar ser quien es. Jugar un poco con ponerse y salirse de un mismo personaje. Casi desde la actuación. No somos una banda que hace un show de acting, pero uno arriba del escenario puede jugar a ser un personaje.

 –  ¿Y en ese juego dónde entra la aparente normalidad?

– La normalidad entra en un mundo en común de mínimamente dos personas, se establece. Dos personas se ponen de acuerdo y dicen qué es lo normal. Dos personas, una sociedad, cien millones. Es una convención. Ahí entra un poco el juego que tiene el nombre, pensar ¿qué es lo normal?

–  En este juego aparente, ¿son más normales arriba del escenario o abajo?

–  Arriba: Somos. No sabemos qué somos. Y abajo, tampoco.

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Nicolás, Lucas, Juan Pablo y Alexis bucean las palabras. Sonríen en la búsqueda. Sonríen aunque el mate está violentamente lavado. Sonrieron, seguramente mucho, con la boca amplia y los ojos achinados, cuando en el 2011 sacaron su primer disco: Diferente. Y largaron carcajadas de profundidades viscerales cuando el verano que pasó, después de estar quince días juntos componiendo, se materializó su segundo disco de estudio: Hijos del mundo.

El proceso de grabación fue filmado desde la intimidad por los hermanos Dawidson. El resultado es un documental que puede verse en Internet, junto a muchos otros videos de la banda.

–  Uno es músico y su fuerte es el audio, pero no podemos renegar que el paradigma musical cambió mucho. Antes para una banda la imagen no tenía por qué valer, nosotros no podemos dejar de darnos cuenta que hoy la imagen es re importante. Tener videos subidos a YouTube es recontra importante y que te conozcan a través de las redes sociales. Uno negocia esa parte, es importante: estamos de acuerdo.  Después uno puede entrar en un paradigma más filosófico, ¿qué es más importante: el sonido o la imagen? El sonido. A ninguno de nosotros nos importa que nos conozcan en la calle, que conozcan nuestra música es lo más importante. Tenemos en claro que lo nuestro es el sonido. Nosotros lo que hacemos es música y la música entra por las orejas, no por los ojos. Después, nos tenemos que adecuar al tiempo en el que se vive y hoy en día todo es mucho más visual que antes.

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“Hijos del mundo es aquel que descree de toda frontera humana y geográfica. Aquel que se sabe finito y portador de energías que trascenderán su propia existencia, como el amor. Que esa conciencia de su propia muerte no lo destruye ni lo debilita, por el contrario, lo construye, lo fortalece, le da sabiduría. Le enseña el valor del tiempo, del ruido y del silencio. Lo hace saberse tan necesario e insignificante como el animal, la planta o el propio aire que respira”

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–  El origen de todo esto nació en la composición del disco. Surgió esa ideología de “hijos del mundo” y una concientización a ciertas cosas. Mucha charla con amigos, entre nosotros. Muchos momentos.

–  ¿De qué charlaban?

–  Filosofía barata. Muchas cosas en común sobre el manejo de nuestra especie humana con el planeta. Desde los papeles que están tirados en el piso hasta la compra de territorios en la Patagonia. ¿Qué hace al ser humano dueño de la tierra? El ser humano es hijo de la tierra, ahí nace todo ese rollo que siempre hablamos. Fue un concepto que quizás nosotros terminamos de desarrollar a la hora de pulir los temas. Era algo que se venía gestando pero empezó a tomar la fuerza necesaria cuando estaban los temas ahí, ese hilo conductor aparecía mucho.

–  ¿Qué relevancia le dan a la palabra?

–  Me parece que uno es músico y además deja cierto mensaje. Uno es como un comunicador, entonces está bueno aprovecharlo para cosas buenas. Darse el lugar de volver a las apariencias pero también usarlo para bien. Es una forma de agradecer, si uno puede decir algo y que otros lo escuchen, vamos a decir algo que nos interese decir.

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“Tal vez preferimos callar, para que hable el silencio. Eso que tus ojos no ven, sin alma es fósil el cuerpo. No habrá condena más existencial que la propia existencia. ¿Sabes domesticar la ausencia con sangre en las venas?”

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–  Igual, a nosotros lo que nos molesta es encuadrarnos. Pero también hablábamos de un personaje. Nuestra conciencia está, las palabras y las cosas que decimos las sentimos pero eso no es que no nos va a permitir ser otros en el escenario, que la letra sea en tercera persona o que la letra sea verdad. Sí lo importante es ser verdaderos y que lo que esté plasmado sea algo con lo que nosotros nos sintamos identificados, que estemos en unión con ese mensaje. Si llega de la manera que tiene que llegar, si llega de otra manera, si se entiende o no se entiende, tiene que ver más con el receptor que con el comunicador. Y eso también está buenísimo, que se interprete la canción por un lado que no tenía nada que ver con el sentido original.

Todo Aparenta Normal le escapa por todos lados a los márgenes que encuadran. “¿Rock alternativo por qué? Y, porque hacemos rock, pero la canción va a alternar para donde nos pida. Si hacemos una chacarera esa chacarera va a ser rock. Son etiquetas, están mal pero lamentablemente hay que usarlas”. Y vuelven sobre sus palabras: “Nos cuesta mucho identificarnos con un sonido. Sí obviamente reconocemos que tenemos herramientas de un montón de bandas, pero no queremos sonar como nadie, nuestra apuesta es sonar como nosotros. Es la apuesta de toda banda, no estoy diciendo nada raro”.

En el cuerpo las etiquetas aprietan cuando vuelve a aparecer una sonrisa, esta vez pícara “Uno tampoco puede decir escúchame si querés. Qué mayor información a la pregunta de ¿qué tipo de música hacen? que decir: escuchala”.

Y abren una puerta, que sugiere estar en profunda armonía, antes de dar el primer click.

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La muerte de los ídolos es una fiesta

La banda española “La Pegatina” está de paso por Buenos Aires presentando su nuevo disco Eureka! Tras una década en la música, afirman que la gente ya no quiere ídolos, sino sentirse parte del equipo.

Ellos, hoy en Buenos Aires, son Romain, Ruben y Adriá, pero del otro lado del avión son también Axel, Ferran, Ovidi y Sergi. Todos son La Pegatina y como acostumbran arrancaron el viaje en musculosa y lo terminaron con pullover. Lo molesto de armar y desarmar infinitamente las valijas pierde importancia porque los de acá y los de allá, ellos y todos, no se imaginan haciendo ninguna otra cosa de sus vidas. Ellos hace diez años hicieron su all in a ellos mismos.

“Está difícil pensar en otra cosa que La Pegatina, es el 120% de nuestra vida”. El porcentaje es determinante desde hace un tiempo, desde que Romain y Axel llegaron desde Francia para sumarse y el equipo entero sintió la responsabilidad de ganar dinero con la música, principalmente para que ellos puedan quedarse. “A partir de ahí repartimos las faenas y cada uno dejó lo que estaba haciendo para sentarse única y exclusivamente en el grupo. Uno para que no muriera el proyecto porque nos gustaba y otra para que no muriera a nivel económico, para que pudiera seguir y la gente pudiera mantenerse”.

Convencidos de “el que no arriesga no gana”, montaron una pequeña empresa musical donde cada uno hacía funcionar una totalidad: La Pegatina. “El problema es que a muchos les pasa que les gusta mucho el grupo y tienen muchas ganas de tirarlo adelante, pero como no les da dinero se tienen que dedicar a otra cosa y esa otra cosa al final no les deja dedicarse a la música”. Prefirieron romper el molde sin saber si funcionaría. Hoy, lo siguen prefiriendo.

“No, esto no creemos que triunfe”, le respondieron en la primera discográfica a la que llevaron su material. La respuesta se convirtió en un empujón que los obligaba a buscar la forma de hacerlo diferente. “Ahí empezó a moverse la lógica dentro de nosotros y lo que dijimos fue ‘seguro que nosotros podemos trabajar como trabajan ellos’”. Sin frenos, grabaron su primer disco y averiguaron qué era lo que las productoras hacían y ahora ellos estaban por hacer. “Empezamos a trabajar nosotros como si fuéramos la gente que tenía que trabajar para nosotros, pero regalando el disco”.

¿Regalarlo? “Si nosotros hemos hecho el disco para que lo escuchen no para tenerlo en casa, pues entonces vamos a regalarlo y la gente ya vendrá a los conciertos y ahí empezamos con esta lógica”. Hoy con más de 45.000 discos vendidos – mucho más de lo que se requiere en España para ser disco de oro – demostraron que la descarga gratuita no excluye que la gente vaya y elija comprarlo.

–          ¿Por qué creen que funciona?

–          Se demuestra que hay una nueva forma de hacer, que está basada en el hecho de que la gente no quiere tener ídolos, sino que quiere tener a los músicos como amigos, entonces necesita formar parte del equipo. Los seguidores forman parte de nosotros. Entonces, se descargan la música pero luego quieren colaborar y te compran una camiseta o se compran el disco o van a un concierto. O simplemente se lo pasan al de al lado y también es una forma de colaborar, de compartir. Forman parte del equipo, es una forma diferente de entenderlo.

Los seguidores y la banda arman un equipo que trasciende las fronteras y ya lleva recorridos 15 países con más de 700 conciertos encima. China es una de las experiencias más flasheras que les tocó transitar, después de que el Gobierno aprobó las letras de sus canciones, llegaron sin que haya Google, ni Facebook, ni Twitter, ¡NI YOUTUBE!, y se entendieron sin que prácticamente no se hable inglés y a pesar de que las señas para comunicarse sean bastante diferentes. Todo eso no impidió que en la calle los frenen para las fotos, que en el show se enloquezcan y que ahora estén planeando una nueva gira.

–          Con experiencias así, ¿cómo hacen para seguir corriéndose de la figura de ídolo?

–          Lo bueno que hemos tenido es que hemos ido creciendo poco a poco, no hemos tenido un boom de golpe que de repente te encuentras que te para la gente por la calle. Entonces, no hemos sentido el agobio ese de ‘nos están mirando’. Se quita el mito del ídolo inaccesible por el que se busca la vida para acceder y de esta forma es más natural todo. Creo que la naturalidad es uno de los fuertes que tenemos y hace que la gente nos sienta como amigos, como compañeros suyos.

De todos esos que forman La Pegatina desde abajo del escenario ellos prefieren empaparse y los temas se vuelven universales. “Han traído el sol”, les dicen cuando llegan con la fiesta hecha música esperando explotar. Sin embargo, los ritmos que defienden fueron muchas veces menospreciados: “Ahora es la moda de la música indie y cuando se habla de música indie es la música independiente, es el folk, el pop y hay gente que acaba despreciando a la música mestiza. A veces, porque dicen que es facilona o que es fácil hacer música divertida. Me parece a mí que es todo lo contrario, hacer música divertida es como hacer el payaso, es muy difícil hacer humor, hacer algo triste o dramático le sale a todo el mundo. Poner fuerzas para hacer algo alegre u optimista a veces es complicado”.

Esa conjunción de ritmo, fuerza y fiesta parió a Eureka!, el último material de la banda que busca revertir ese preconcepto que posterga prestarle atención a la alegría. Durante un año laburaron las canciones para que cualquiera que lo escuche lo note: “Podrán decir que no les gusta, pero no podrán decir que no hay un trabajo detrás”. Las letras hablan de las giras, de poner a la banda como prioridad y de la hipocresía: “La hipocresía humana, individual, que luego al final se trasforma en algo colectivo y es el gran mal que ha jodido a todo, porque al final todo lo que pasa con la política, con la corrupción, con la avaricia, la ambición de la gente, esto viene por la hipocresía. Probablemente en el mundo del artista se ven cada día continuamente esas hipocresías; y hasta contigo mismo, que a veces necesitas estar por encima de todo”.

Ellos, que se suben más de cien veces por año al escenario para hacer música y justificar todos los cansancios que genera la gira continua. Ellos, hoy en Buenos Aires, pero con seguidores en todo el mundo, con canciones en siete idiomas, con festivales multitudinarios coreándolos, con pedidos de fotos y autógrafos en casi todos los cafés que se toman. Ellos sostienen que lo fundamental es “sentirte bien con uno mismo y creer en lo que haces a nivel personal, y a nivel colectivo estar bien con el prójimo, todo lo demás son las guindas de los pasteles”. Ellos ¿se creen exitosos? “No es éxito, es trabajo bien hecho, son los frutos del trabajo”, dicen.

Fotos: NosDigital
Fotos: NosDigital

“Un disco es lo mejor que le puede pasar a un músico”

Ojerosa cumple 10 años de amor y trabajo en el arte. En el 2013, a punto de lanzar su primer trabajo de estudio, te contamos desde adentro la logística que le hace el aguante a la pasión.

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Fotos: NosDigital

Está fresco en la sala de paredes anaranjadas y ladrillo a la vista. En Gorriti y casi Acuña de Figueroa, el clima se ortivó y bajó bastante la temperatura, pero igual me clavé las infaltables alpargatas azules que van perfecto con los joggins. Fallé igual, contra toda lógica, mi lógica, no tengo nada que tenga el escudo de River, ni CARP, ni siquiera los colores. Mala mía.

El Pela en cambio lo lleva en la piel, me había olvidado. Me siento en la banqueta, la relajo, los disfruto como desde hace años y le veo el tatuaje. Guiñadita de ojo y me dice: “Este año salimos campeones, papá”. Después canta “Murguita”, un temón de la Ojerosa; como hace añares, Alejandro Falcone le sigue poniendo la voz a la banda. Siempre con una rodilla flexionada que intercala con el hombro opuesto tirado para atrás, el micrófono en la derecha y batman en el centro de la remera lo envalentona para agitarla. Cada tanto se mira con Juanse, Juan Sevlever, a cargo de la magia en el saxo, las teclas y un bailecito particular con el que marca el ritmo para llenarse de pulmones el cuerpo.

A su derecha, otro crack vestido de blanco y rojo (hay equipo), Ramiro Vulijscher descose el bajo sentado en la banqueta de cuero gastado, más que gastado hecho mierda. De frente mira a Dona, Guido Donato que hoy no para de darle a la viola, y cuando digo no para, es realmente no para. La toca tremendo, de a ratos me quedo mirando las cuerdas y pienso ¿cómo carajo lo hace? Salgo del cuelgue cuando se frena la música y discuten arreglos. Nicolás Petrungaro vuelve a arrancar desde la batería, le da a los palillos y se va transformando. El labio de arriba se levanta, casi formando un cuadrado, los agujeros de la nariz se expanden, frunce el ceño y los ojos se le achinan filosos, sube los hombros, aprieta los dientes y paf, paf, paf… Uff, voló un platillo. Al equipo hoy le falta Pedro Lipovetzky, el pichón, que está de viaje por ahí, un poco lo envidiamos mientras empezamos la retirada. Las cosas cambiaron, de pendejos nos echaban de todas las salas, una vez nos sacaron hasta con un fierro. Igual la bardió el flaco, habíamos roto la pipeta de un micrófono nada más, pero creo que mi consejo a los pibes de negar todo no ayudó.  Peor era cuando llamábamos y cancelábamos o hacíamos la falsa reserva. Otros tiempos, ahora nos vamos y saludamos diciendo “Nos vemos el martes, campeón”.

***

ojerosa“Se me hizo tarde, estoy saliendo”, mando desde mi celular. Le doy duro a la bici, casi me paso cuando veo el cartel del bar. La engancho en la vereda y me salteo un par de escalones a las apuradas. Paso por el escritorio que hace de recepción, estoy en la lista de amigos y la chapeo un poco. Un par de pasos más y el patio. A mi derecha, un mural sostiene la pared. A mi izquierda dos puertas de madera. Se escuchan desde acá, son los pibes tocando.

Hace diez años que vengo, papá. El primero fue en el 2003, imaginate que El Pela tenía pelo largo y cantábamos “Yo nunca entiendo porque la gente se muere de hambre si somos todos hermanos compartamos este matambre…” Jajajajaja, ese mata. Pero los de ahora son diferentes porque están presentando los temas del primer disco de estudio. Después de diez años, un demo y un EP llegaron.

Llegaron y crecieron. Maduraron su propia idea de banda, porque una banda quieren tener todos cuando son pibes, pero en un momento tenés que dejar de tocar “La bestia pop” de los Redondos porque es la única que sabés y ponerte a laburar. Dejó de ser un hobbie, y eso nada tiene que ver con no seguir disfrutando, pero así como cada uno se va buscando sus laburos y proyectos, la banda empezó a caminar para profesionalizarse, ¡ja, me encanta esa palabra! “Al profesionalismo además se llega no solo para la gente que te va a ver, sino para cada uno de nosotros como músicos y como amantes de la música”.

El otro día, lo hablaba con otro flaco mientras los pibes desarmaban después del ensayo, cuando arrancás estás manija, querés tocar y tocar. Después te das cuenta que para tocar y tocar, tenés que aprender. “Lo interesante es que surgió la idea a mediados del 2002 y dijimos bueno listo dale, entonces hay que aprender a tocar y ahí arrancamos”.  Las cosas que arrancan a la inversa también puede funcionar, pudieron más las ganas y los huevos. Ahora la movida es otra, el tema del compartir el matambre ya no juega, aunque es tremendo. “El único que está vigente, que no está en el disco, pero lo seguimos tocando, es uno que salió apenas después de eso, en realidad fue el primer tema serio, una careta peligrosa”.  Y eso del “primer tema serio” abrió un montón de caminos nuevos, tampoco vamos a decir ufff qué serios son los pibes si en la mitad de esta charla metimos broma telefónica que terminó recordando la tapa del primer disco, pero la cuestión se perfilaba diferente. Igual tranquilos, hay grabaciones de todo esto que evidencian lo mucho que crecieron: “Ahí en ese momento como que empezamos a experimentar desde la música, en realidad no sabíamos mucho y a la vez éramos un grupo de amigos que se juntaba a tocar”.  Por suerte, hay cosas que nunca cambian.

ojerosa¿En que estábamos? Claro, en la presentación del primer disco de estudio después de diez años. ¡Eu zarpado, no les digas dormilones! La onda no es que son unos té con leche y se colgaron una década para entrar a grabar. NO, ¿qué más quiere un laburante de la música que tener su propio disco? Pero grabar es alto bardo, más para una banda del under. Aunque el primer EP que armaron fue de taquito y tiene una historia épica: “Tenía tres temas: ‘No sé por qué’, ‘La muerte’ y uno más de esa época ‘Caña seca’ de los Redondos. Ese cd, de lo cara duras que éramos, fuimos a la fiesta de 15 de una amiga y lo pasaron. ‘Che Pau, tenemos un regalo’ le dijimos. Es el primer ensayo que grabamos, está buenísimo. Lo más gracioso es escuchar entre tema y tema las boludeces que decíamos”.

El disco que se venía era mucho más difícil que esa experiencia del 2003. Yo lo seguí de cerca y los pibes me fueron contando el paso a paso. Lo primero que tuvieron que hacer fue fijar un presupuesto. Porque no vamos a sacarle mérito a la magia de quien toca un instrumento, pero la fija es que más guita ponés mejor vas a sonar. Es una de las problemáticas con las que te encontrás cuando sos un músico independiente, una de las tantas, la guita. Entra en juego todo, el instrumento, el lugar donde tocás, cómo te graban, quién te graba. La ecuación es simple, más guita es igual a mejor calidad de sonido.

El presupuesto de los pibes era bastante acotado, justamente porque sale de ellos mismos, de su laburo, de su bolsillo. “Más o menos nos fijamos cuánto podía poner cada uno, hicimos la cuenta y bueno dijimos ‘esto es lo que tenemos para poner’”. Estaban lejos de grandes números y necesitaban acomodar los pesos para que funcione. Yo, mientras me tiraban todo este panorama, me ponía a pensar cuántos de los nos ponemos a escuchar el disco de una banda pensamos en todo el laburo, el esfuerzo y las historias que hay atrás. “Hoy en día yo creo que un disco, para empezar a hablar de un buen tiempo de grabación, de mezcla, de master… se va arriba de las 40, 50 lucas”. La posta es que ellos, sin más vueltas, estaban arañando la mitad de ese presupuesto incluyendo la edición, tema aparte, claro. Era el momento de hacer magia, de hacer que esa guita rinda para poder llevar adelante un disco hecho por ellos mismos, un disco totalmente suyo.

ojerosaHace un tiempo, me contaron de la UMI, la Unión de Músicos Independientes. Claro, ¿cómo no se me ocurrió antes que los pibes no estaban solos frente a este monstruo de la industria musical? Resulta que esta organización engloba todos los géneros a lo largo y ancho (me gusta cómo suena la frase armada) de todo el país, trabaja para que el que quiera hacer música de manera autogestionada encuentre herramientas que se lo faciliten y que se lo permitan hacer con calidad. ¿Qué es esa paparuchada de que el under es de segunda? La UMI pelea por mejores condiciones  para la música independiente, condiciones que son de difícil acceso. No por nada es una problemática que atraviesa a gran cantidad de las bandas.

Justo hace unos meses estaba escuchando el programa de radio Vámonos de Casa y paré la oreja cuando salió al aire el socio fundador de esta organización, Cristian Aldana. El tipo la tiene clarísima, ¡miralo al de El Otro Yo, eh! En un par de frases aclaraba el panorama de un tirón: “El músico independiente es el músico que pagó la grabación para su propio disco, el músico que es dueño de su propio master, el músico que desarrolla su independencia generando la venta de su propio disco en los recitales o distribuyéndolos en las disquerías. Básicamente es el dueño del producto final, de su propia obra. Es el gestor cultural de su propio producto musical” .

Justamente ese era el camino, los pibes querían ir por ahí y hacerlo a pulmón. Después las satisfacciones, chicas o grandes, van a ser solo de ellos. Y todos los que los bancamos siempre vamos a estar ahí para festejar como corresponde.

Me pongo a pensar y fue tremendo todo lo que hicieron el año pasado. Presupuesto en mano. Sala elegida. Productor decidido, punto importante muchachos, es el DT del equipo: “Es el tipo que te va a ordenar, te va a indicar por qué camino agarrar, por dónde llevar la canción”. Quedaba meterse a ensayar. En el oficio de la música hay dos realidades distintas, una cosa es el vivo y otra el estudio y los pibes se golpearon contra eso. “Son dos formas de tocar, dos formas de sentir las cosas y las dos necesitan práctica, el camino es progresivo en el conocimiento”. En el vivo, muchas cosas pasan desapercibidas pero cuando estás grabando la situación es otra, te das cuenta que no sonás lo necesario y le tenés que meter más huevo. “En un disco cuando cada tema tiene su personalidad, cuando cada tema es un tema importante, uno presta más atención. Lo más duro fue darnos cuenta de esto y decir ‘Bueno, hay que afilarnos’”. En esos momentos, me mordía el labio y no podía creer la garra con que enfrentaban las cosas.

Así que empezaron un trabajo duro y se separaron, un día ensayaban las bases (batería, bajo y guitarra) y otro lo hacían todos juntos. Esto de darte cuenta que no te escuchás como querés puede parecer una boludés, pero no lo es, porque no hay infinito tiempo de grabación, el tiempo es el que permite el presupuesto: “La realidad es que teníamos que ir y meter los temas que queríamos en “x”  cantidad de horas y eso es lo que a uno lo complica, porque es ir contra reloj”.Otra vez la guita girando en medio de ecuaciones difíciles de resolver.

ojerosaCuando por fin tocó entrar a grabar, el reencuentro hizo que valga la pena tanto esfuerzo y laburo. El proceso había logrado descubrir el propio estilo de la banda: “La realidad nuestra es que recién el año pasado empezamos a definir nuestra identidad y a poder pulir las canciones. Creo que el mejor trabajo que nos dio el disco fue empezar a conocernos realmente y ver por dónde íbamos, lo que no es algo fácil ni de darse cuenta, ni de interpretarlo, ni entre nosotros mismos. A partir del disco empezamos a encauzar la banda en un lugar que hasta el momento no lo teníamos”.

¡Vamos los pibes, che! Llegaron al estudio a pleno, pero el tiempo de grabación que fue de septiembre a diciembre, se prolongó mucho más de lo que esperaban. Planearon algo que organizativamente era casi imposible, teniendo en cuenta que las jornadas duran diez horas promedio, que todos trabajan, todos tienen horarios diferentes y que esas dos caras de ellos mismos tienen que lograr convivir. “Tiene que ver con que sería hermoso estar todo el día dedicado a esto, pero la realidad es que en un momento teníamos solo los fin de semanas y por ahí muchas veces coincidía que uno no podía. En definitiva chocamos con una doble realidad”. 

Varios meses después lograron mezclar y masterizar. Ahora el problema es otro, tener la guita para poder editarlo. Sacar el disco en un soporte físico es ver tu esfuerzo materializado, “Es algo que va a quedar, es algo tuyo. Es una cadena de laburo que terminó en algo, que concluyó en algo. Es un laburo que nosotros le pusimos y lo terminamos.”

Por otro lado, es encontrarse con un nuevo desafío. Los pibes saben tocar pero al momento de sacar un disco tenés que afrontar un montón de otras tareas que a veces le son ajenas. Me quedó picando lo que tiró el de la UMI, porque posta que es tal cual: “El tema es que vos grabás, vos tocás tu instrumento pero después hay un montón de cosas que exceden a lo musical, registrar el disco, hacer las copias, un montón de cosas que nos tenemos que interiorizar”. Me metí en la web, y la solapa de “Preguntas frecuentes” y las charlas que brinda la organización parecen ayudar a resolver muchas de las consultas que surgen para que editar un disco en formato profesional pero independiente sea un poco menos complicado.

***

El arranque los encontraba sin la necesidad de grabar. Las pulsiones de banda tenían otros mambos, iban por otro lado. El crecer los llevó por otros caminos.“Llegar a creer en la banda lleva tiempo”, dicen. Maduraron juntos y cada uno, maduramos en realidad, porque la Familia Ojerosa sigue acompañando. Ya pasaron los cumpleaños de 15, los ensayos, la eterna base de bata de la Bestia Pop. Llegó el laburo, viejo. Pero el laburo lindo, el que te cuesta porque te cuesta el bolsillo, el rato que era de la birra después del trabajo y ahora es del ensayo, el finde que podía ser de quinta pero ahora es de grabación, las juntadas en las que se hablaba de futbol y ahora se discute el arte de tapa. El que cuesta y a la mierda que cuesta, pero que te infla tanto el pecho que casi se te sale el Batman del centro de la remera. Llegó el disco cuando tenía que llegar, sin los diez años anteriores a puro huevo no hubiese llegado nunca. En realidad, está en camino, los pibes le bancamos la espera. Agarro una birra, el pela me mira como cuando éramos pibes y dice: “Un disco es lo mejor que le puede pasar a un músico”. Para mí, ya podemos empezar a brindar.

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