Yo no soy invisible

Yo soy Ernesto Martínez y me asesinó la policía en Lanús. Era un pibe común hasta que me volví una víctima más del gatillo fácil. Mi muerte hubiera sido un plan perfecto, pero zafó de las balas Santiago, mi mejor amigo, que vivió para contarlo. Fui pobre y me mataron por serlo. En vida, nadie me escuchó. Pero no pudieron silenciarme.

 

La voz de Santi

 

Todavía no tenemos los nombres de los policías. La salita no tiene los medios para darle vida a un pibe que llega en ese estado. Los tipos sabían y ahí nos llevaron. UPA (Unidad de Pronta Atención) se llama. No da esperanza el nombre. A Ernes lo dejaron ahí. A mí me llevaron al hospital Gandulfo por la herida en el brazo. Capaz que si hacían 20 cuadras más, lo llevaban al hospital y lo salvaban.

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La voz de Ernes

Que es un barrio privado, privado de todo ya lo dijo Maradona. Que acá la cana hace lo que quiere no lo dijo nadie, pero lo sabemos todos. Diego hizo una cancha acá en Fiorito frente a mi casa. El césped se lo llevaron los campeonatos que jugamos. La pintada del fondo la hicieron mis amigos: “Herne, amigos por siempre”. Desde chiquito, en lo de Santi, Rubén, el padre nos enseñaba a manejarnos con cuidado. Nos miraba y decía cosas que ahora entiendo. A él le daba los lujos que podía.

Nos criamos acá en la calle. Nos fascinaron siempre las motos. Las veíamos pasar desde la cancha y nos imaginábamos cuando corriéramos por todo Lomas y Lanús. A las pibas les gustan.

Vimos cómo tomaban terrenos, cómo nuestros tíos, nuestros hermanos, nuestros amigos empezaban a cartonear. Todo por tener algo nuestro. Y llegamos a hacerlo. A Santi, Rubén le compró una Yamaha YBR. En el medio conocí a mi mujer, quedó embarazada. Cuatro meses y una felicidad enorme, muchos planes.

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La voz de Santi

Arrancamos a las 21 ese jueves 28 de febrero. Salió de la casa, nos juntamos en la esquina. Nos sacamos unas fotos, como siempre que podíamos. Éramos seis, siete. Y media agarramos la moto y dimos unas vueltas por Lomas. Siempre andamos por todos lados. A veces me levantaba y lo iba a buscar. Un par de cuadras antes del cementerio, las más escondidas, un chabón se bajó de una EcoSport. Me parece que era policía porque no dijo nada y empezó a tirar. Plá plaplá. Plá plá. Estaba solo. Después empezó la persecución de la Hilux de la policía, cuando veníamos para acá, para zafar, buscando luz, derecho por Hornos desde el cementerio. El patrullero nos empezó a tirar. Yo venía levantando las manos hasta que me pegaron el tiro en el brazo. Yo le decía a Ernes: “Acelerá, acelerá”. Seis, siete cuadras levantaba las manos y ellos seguían tirando. Si frenaba, nos iban a matar a los dos. Aceleramos, la Hilux tiró a rebaje y lo encalzó. Ernes lo esquivó y ahí nos tiró como seis corchazos. A mí me dieron en el brazo y a él le cruzó de lado a lado. A la media cuadra se dio cuenta de que le habían dado. Ya le estaba faltando el aire, se empezó a desvanecer y me pidió que no lo dejara. Yo lo puse en el tanque y con una mano aceleré cinco cuadras hasta que nos caímos. A él lo dejaron como 20 minutos ahí. A mí me empezaron a pegar. Ni sentía las patadas. Quería levantar a Ernes y llevármelo. Eran tres. Dos chabones y una minita. Pidieron refuerzos. A la minita la conozco re bien, me fue a cuidar al hospital, todo. Ahí se llenó de gente que les decían: “¡Lo están dejando morir!”. Me llevaron a la salita.

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Imágenes: NosDigital

El de adelante lloraba.

-¿La moto es legal o trucha?

-Legal.

Y lloraba:

-¿Y por qué corrían?

-Y si venías tirando.

De ahí, a mí me trasladaron al Gandulfo.

Tiros y tiros y tiros tiraban ellos. Sonaban plá. Ninguno era de gomas. Acá en los barrios marginales casi no usan balas de gomas. La comisaría de Fiorito ese mismo día, la cana mató a un pibe de un tiro en la cabeza. Tiraban desde la derecha y la minita de atrás. Los que nos dieron a nosotros eran de la 7ma dependencia, de Centenario, que es un descontrol. Yo caí una vez y me rompieron todos los dientes. Yo tenía 16 años. Me tendría que haber ido a las 12 y me fui a las 4. Cuando mi viejo pidió verme, a mí me estaban pegando. Lo dejaron verme por una rendija mínima.

-Andá verlo allá.

-No. Lo quiero ver, lo quiero ver bien.

Lo sacó matando.

-Ahora no lo ves nada. Salí para afuera

Indignante cómo te tratan.

A mí me pegaron una banda, no uno solo. Me quisieron quemar, pero como tiró toda junta, yo la esquivé y zafé. En esa comisaría te re verduguean.

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La voz de Santi

Son gente como nosotros… No tienen corazón. Cómo no me van a dejar verlo más que por una rendija. ¿Y si estaba mal? Yo digo que se manejan por portación de cara. Si sos negro, feo, no valés. No somos dignos de nada.

Claro, yo le pregunté a Santi por qué no pararon.

-Si yo levantaba las manos para que no tiraran y seguían. Lo cargué en el tanque y seguían tirando. Qué voy a parar. Yo quería llegar a donde hubiera luz, ahí en el cementerio no hay nada. La gente salía a la calle. Lo mataron re mal.

Y es verdad. Porque acá no buscan a los que traen droga, que es lo que mata. Hay chicos que son muertos vivientes. Los de arriba no miran lo que realmente está matando. Si ni en la puerta de mi casa puedo dejar la moto porque vienen y me piden los papeles. Yo no conocí muy bien los tiempos de la dictadura, pero los pibes no pueden salir ni a la puerta de la casa. Tenemos miedo de que nos lleven. Estamos viviendo en un  país democrático, donde creo yo que somos libres. Y nosotros no tenemos esos derechos. Todos los días pago los impuestos y no tenemos derecho ni siquiera a hablar, a hacer una denuncia porque no sabemos si la policía hace algo o no. Todo porque vivimos de las vías para acá. Somos marginados. Eso, en una palabra: somos marginados. Para colocar un teléfono, somos zona roja. Entonces, la pucha, quizás porque no tenemos estudios, porque comemos lo que podemos comer. No hay derecho. Todos somos seres humanos. A veces prendo la tele y veo que la presidenta habla de la juventud que es la base del país. Habla de la juventud de ellos porque la nuestra no tiene derecho a andar en pantaloncito corto, a andar en moto, a usar gorra. El que la hace mal la tiene que pagar, pero acá el problema es usar gorra. Estamos cansados de siempre ser nosotros los que ligan los palazos.

Nosotros nos juntamos para pelear por la justicia de Ernes, por nuestra dignidad. Estos policías están trabajando y mañana pueden cometer el mismo delito, total ¿Quién les dice algo? Un pibe más… Todos los días, un pibe más. Parece que no somos dignos de nada.

Y los profesionales nos dicen: “Encima que tu hijo fue a delinquir, ¿vos lo premiás con una moto?”

A veces es fácil hablar cuando tenés la teoría. Sabés qué difícil cuando tenés un hijo rebelde, por ejemplo en la escuela. “Seguro que hay problemas en tu casa”. Ese chico puede ser un hombre de bien. Si hace algo, lo marginan. Yo no soy dueño de la vida ni nada. Ellos se creen que sí.

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La voz de Rubén

Gatillo fácil en Lanús.
Gatillo fácil en Lanús.

Por el frente de mi casa pasan autos raros, dos Kangoo, que nunca vimos por acá. No sabemos quiénes son. “Tirarte contra el poder es como tirarte contra la mafia. Uno siempre tiene el temor de que pase algo raro. Por eso no queremos que le saquen fotos”, le digo a Santi para que no salga, para cuidarlo.

Esa noche misma que pasó lo de Ernes, cuando notificaron que, bueno, que el Ernes estaba muerto, los pibes se vinieron para acá. La cana apareció en la esquina y los sacaron matando. Se tomaron el vituperio de que uno está de duelo. ¿Qué quieren hacer? ¿Atemorizar? Ni siquiera tuvieron respeto. Vos imagínate que la gente está herida. Se podía armar cualquier cosa: está la bronca, el dolor. Es una provocación. No lo veo bien yo por esa parte.

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La voz de Ernes

Caio, mi hermano, habla poco. Escucha que la yegua relincha y se preocupa. Está atada a la reja y la puede llegar a romper, pero está ocupado tratando de difundir lo que me hicieron. Nuestro cuñado, Jorge, está en el Movimiento de Trabajadores Excluidos. Está dando una mano enorme en la movilización y conseguir abogados. Caio le acepta la propuesta por Nextel: “¡Tenemos que hacer una comidita, eh!”. Gracias a Jorge ahora tenemos abogados en la causa. Rubén, cuando Santi cayó en cana el año pasado tuvo que vender el auto para conseguir un abogado que lo defendiera bien. Ahora que la otra parte es la cana, que tiene mi homicidio encima, tendríamos que vender la casa si no nos dieran una mano.

Saben que yo no tenía armas. Mis hermanos tienen la verdad. Se lo dijeron los pibes. “Aunque mientan ellos, van a tener que entregar al que tiró en algún momento. La mentira tiene patas cortas. Sabemos que la van a pagar”, dice ahora Caio. Pero mientras le saca tiempo de laburo, de descanso. La primera semana ya estuvieron dando vueltas con quién va a agarrar la causa. Parece que está definido, volvió a menores. El secretario de fiscal de menores nos dijo: “Pasa al de mayores, porque está comprobado que el que tiraba era el mayor. Al menor ni siquiera lo podemos retener porque en la investigación es como que no tiene nada que ver. No tenía pólvora en las manos”. ¡La dieron vuelta! A ellos hay que investigarlos. Y todavía no sabemos qué hicieron cuando estuvieron solos con mi cuerpo.

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La voz de Caio
Por eso fuimos a presionar, a hacer un escrache a la comisaría 7ma. Estaban todos metidos adentro porque sabían que se habían mandado una cagada. Infantería estaba afuera. Estaban también los de la 5ta, la de Fiorito. Son todos ñieris. Logramos llegar hasta ahí de buena manera, hablando y diciendo que no íbamos a hacer quilombo.

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La voz de Rubén

-Esto a nosotros nos afecta, porque no todos somos malos. Nos afecta a los policías que queremos hacer bien las cosas.

-Si ustedes tuvieran esa mentalidad, los de abajo suyo van a hacer bien las cosas. Esos asesinos siguen trabajando. Tienen acceso a lo que se les canta. Yo no voy a negar que hay policías buenos, pero evidentemente algo más grande funciona mal. ¿Por qué siempre mueren pibes pobres?