Quieren fiesta

La Delio Valdez enfiesta los jueves de febrero con su ciclo “Historias de cumbia” en Niceto. Con todo el cuerpo se viven los momentos claves del género que echó raíces en todo un continente. 

– Lo más importante es que la gente baile y se divierta. El sustento tiene que ser que te mueva. Y no es fácil. Tal vez necesitás pocas notas, cosas repetitivas, por como son las personas. Y eso justamente va en contra de lo que la música occidental europea te dice: que varíes todo lo que puedas, que muevas los dedos rápido. Acá lo que importa es que llegue.

Imágenes: NosDigital
Imágenes: NosDigital

Es un golpe. O casi un latigazo en la parte posterior de las rodillas que obliga a la flexión. El chasquido mágico de unos dedos invisibles que se acompasa con el propio latido. Es como un piolín imaginario que tironea de la cadera y provoca un quiebre. La pelvis dibuja un ocho. Es cumbia. Es cadencia. Es ritmo. Y se lleva bien adentro. Desde el interior, de los cuerpos y de la noche, la música llega. En Niceto, con sacos naranjas vibrantes y pantalones negros, la orquesta mueve el cuerpo hacia el escenario abriendo paso desde el seno del público. Y contagia.

– Hay una sabiduría muy grande en las músicas populares. Es más importante que te mueva el culo a que te quedes pensando “uh, mirá el acorde que armó, la armonía que metió ese”.

– ¿El estigma de dónde viene?

– Entre los músicos, la cumbia, y las músicas bailables en general, están estigmatizadas porque se piensa que son fáciles de tocar. Nosotros le damos bola a los arreglos, pero eso es la superficie, la frutilla. Lo importante es que sea algo bailable, divertido, que la gente se enganche, se encuentre, se despeje. No lo pensamos en función de lucirnos o de un mercado. Sino en función de lo que realmente va a gustar. Incluso si hablamos técnicamente, no es tan fácil sostener un discurso con tres notas durante cuatro minutos. Requiere tener un swing que en otros géneros no necesitás. El jazz por ejemplo, que se asocia con la complejidad, en el fondo es música bailable, porque originalmente lo es. Se trata de no perder la raíz, que muchas veces por el exceso de armonías, sustituciones y todo un rebusque sonoro se olvidan de que es música que tiene que sonar, tiene que mover.

– Y ese movimiento del otro lado, ¿qué les genera?

– Para nosotros es un placer enorme tocar música para que la gente baile, porque la devolución es hermosa. Yo disfruto mucho más de ver a una persona que se le nota en el cuerpo lo que vas tocando, lo ves en una sonrisa, en unas manos levantadas, en una pareja bailando un tema más tranqui y ves el cortejo ahí. Es hermoso. Te comunicás con algo más crudo. Hay algo en la cumbia que va más allá de lo social, que genera un efecto en la gente muy primigenio. Nosotros tocamos en cualquier tipo de escenario y siempre se da el mismo efecto, con distintas edades, situación socioeconómica, contexto, región. Hay algo en la gente que es lo mismo.

La Rueda del Cumbión (2014) y La Delio Valdez (2012).
La Rueda del Cumbión (2014) y La Delio Valdez (2012).

La Delio Valdez es una orquesta de cumbia que desde sus primeros latidos en 2009 marca el ritmo de una movida que no para de crecer. De una banda de amigos que se juntaban a tocar a una orquesta de 14 integrantes, con dos discos editados – La Rueda del Cumbión (2014) y La Delio Valdez (2012) – y más de 70 fechas al año. Reconocen influencias de la cumbia de la costa caribeña de Colombia, pero se inscriben definitivamente en la tradición cumbiera argentina. “Nosotros nos sentimos parte también, si bien el repertorio que tenemos es mayormente colombiano, nosotros nos criamos escuchando la cumbia de acá y bailamos eso, somos de acá. Hay una cosa de Buenos Aires… Y en ese sentido nos remitimos también a las orquestas de tango, nos sentimos parte de esa tradición”.

– ¿Cómo es la dinámica de la orquesta?

– Al ser una cooperativa, somos todos dueños. En el último tiempo algunos de nosotros asumimos que íbamos a hacer cosas por fuera de lo musical. Intentamos tomar las decisiones grupales, porque todos nos sentimos parte, no puede haber alguien que no esté de acuerdo con una decisión estética o de producción. Con el tiempo nos dimos cuenta que lo mejor es no tironear nada, que cada uno ocupe el rol y el lugar que puede y quiere, siempre cumpliendo con lo necesario. También está bueno ser muchos porque te permite rotar en los roles y no desgastarnos ni aburrirnos.

– ¿Hay una relación entre el formato y la organización cooperativa?

– No, de hecho acá las orquestas eran de “tal persona”, con el resto de los músicos atrás. Aparecen hoy en día orquestas de tango más modernas que funcionan de otra manera. En realidad la histórica es la de Pugliese, que sí inventa una cosa cooperativa. Si bien el tipo era el director, estaba encargado de que todos cobraran lo mismo, que tuvieran una obra social, que estuvieran bien… Es un poco el precursor. En nuestro caso la decisión pasa por otro lado, no tiene que ver con el formato orquesta. Va de la mano de que la banda siempre fue autogestiva y todos venimos de experiencias así, de una camada de músicos que tenemos una cosa de “si querés tocar, tocás”. Tenemos mucho la idea de hacer movida, de hacer red, de invitar gente a tocar, contactarnos, generar lazos. Al no tener una discográfica, es lo que hay hacer porque si no, te quedás solo.

En el impulso de crearse el camino propio, “La Delio” es una orquesta sin director. Son una cooperativa, en la producción y en la música. Frente al grabador, levantando la voz para gambetear la presencia arrolladora de la orquesta en el escenario probando sonido, Pablo Broide (saxo tenor) y Santiago Moldován (clarinete) le ponen la voz el cuerpo a un discurso que se sabe colectivo y consensuado: “Nos, los representantes…”, juegan. En la previa al escenario, ensayan cómo van a abrir la noche, comparten pizza y cerveza en los sillones negros, el primer piso del lugar se llena de risas, mientras la planta baja espera con gente dispuesta al disfrute. Se nutren de la fusión colectiva de miradas y sonidos y encuentran en ese ida y vuelta su identidad:

Reflejos de fiesta y cumbia.
Reflejos de fiesta y cumbia.

– Es muy pesado dar cada paso porque te cuesta un huevo llegar a un consenso, pero cada vez que lo damos es muy firme, se va con todo y se labura hasta el final. Hay como una especie de unidad por encima de cada uno. Te hace crecer como persona, porque tenés que aprender a correrte un poco de tu ego. La figura es la orquesta.

– ¿Cuál es la intención detrás del ciclo “Historias de la cumbia” en Niceto?

– Era algo que teníamos dando vuelta hace bastante tiempo. Nosotros tenemos un blog a parte de la página de Internet donde volcamos algunas de nuestras investigaciones sobre el género y veníamos con ganas de reflejar en un show los momentos más importantes y representativos de la cumbia género a lo largo de su historia. Lo empezamos a intentar y finalmente decantó en esto. Que además está buenísimo, porque la propuesta se va renovando, podés hacer que la gente vuelva a la semana siguiente y se encuentre con algo distinto. Nos gusta mucho y nos parece importante y súper necesario ir a la raíz de las cosas. Todos sentimos la idea de llevar la cumbia al frente.

Vientos fuertes, La Delio Valdéz
Vientos fuertes, La Delio Valdez

– ¿Cómo armaron la programación de las fechas?

– Elegimos cuatro puntos que a nosotros nos alimentaron mucho. La historia de la cumbia es vastísima. Es un género muy especial porque surge como el folklore de un país y después se afinca en todo el continente. Entonces en casi todos los países de Latinoamérica tenés más de un tipo de cumbia local. Por esto, lo que al principio pensamos como “Historia de la cumbia” pasó a ser “Historias de la cumbia”, que nos pareció un poco menos pretencioso. El primer día fue la parte más folklórica de Colombia, hubo una rueda de gaitas con músicos colombianos; el segundo fue cumbias con acordeón, vinieron Los Reyes de la Costa; el tercero fue la Era de las Orquestas y tuvimos como invitados a los chicos de San Bomba; y el cuarto es especial de cumbia argentina. Con uno de nuestros padrinos, Coco Barcala, Tambó Tambó abriendo la noche, invitados y algunas sorpresas. Nos quedan miles de historias para contar, así que tenemos material para seguir pensando.

– ¿Cómo sigue el año de La Delio?

– La idea fue meter mucho esfuerzo ahora para tener una cantidad de material que nos permita llevar adelante el año sin aburrirnos nosotros, sin aburrir a la gente, con variedad de propuestas. Vamos a seguir con La Rueda del Cumbión, que lo venimos presentando a pleno. Mientras tanto estamos empezando a madurar lo que va a ser un tercer disco, y la idea es seguir un poco con una propuesta que arrancamos el año pasado, que se llama La Delio Valdez en concierto, más tempranera, otro público, un poco más visual.

El jueves 26/02 La Delio Valdez cierra el ciclo “Historias de la cumbia” en Niceto Club a las 20hs.

La Delio Valdez es: Manuel Cibrian (Guitarra y Voz), Leon Podolsky (Bajo), Tomás Arístide (Guiro y Maracas), Marcos Diaz (Bongó y Tambor Alegre), Pedro Rodriguez (Timbal y Voz), Agustin Fuentes (Congas), Santiago Moldovan (Clarinete), Agustina Massara (Saxo Alto), Pablo Broide (Saxo Tenor), Santiago Aragón  (Trompeta), Pablo Reyna (Trompeta), Milton Rodriguez (Trombón), Damian Chavarria (Trombón). 

Rock hasta las branquias

Nos colamos en el viaje de Pez y nos asomamos por su ventana: Dos décadas de escenarios, independencia y autogestión. Veinte años de puro rock.

Fósforo García acaba de bajar del 64. En pleno barrio de Palermo, saca del bolsillo tabaco y arma un cigarrillo. Un pibe sub20 pasa caminando por la misma vereda y lo mira con ojos de “será o no será”. Está acostumbrado a esa mirada, cada tanto alguien le dice “Aguante Pez”, pero no es algo que le quite el sueño “El término famoso nos parece una estupidez”. ¿Por qué? “Existe como una suerte de consenso general de que buscar la fama está bien. Yo no le encuentro mucho sentido, pero bueno. Absolutamente nada de lo que hacemos tiene que ver con eso, ni por asomo”.

 ¿Qué hacen? El viaje a la inversa

Estira el brazo con un pie ya apoyado en la calle y para el colectivo. La SUBE descuenta $3,50 después de gritar piiiiiip. Fósforo se sienta pasando la mitad del bondi casi vacío. Suena su celular: “Dale, hagámosla ahora”.

*

El viaje de Pez empezó cuando había que calcular los vueltos para conseguir monedas, mucho antes de la tarjeta magnética. La banda lleva más de veinte años de kilómetros recorridos, diecisiete materiales discográficos editados, algunos cambios de formaciones que terminaron de consolidarse en Ariel Minimal (voz y guitara), Fósforo García (bajo y coros) y Franco Salvador (batería y voz), centenares de shows y pocas fronteras que limiten el horizonte.

El camino los hizo coquetear con diferentes géneros musicales sin nunca correrse del rock: “A pesar de esos cambios estilísticos podemos mantener una identidad: como lo haría Pez”, dice Fósforo.

IMG_0130-2–          ¿Cómo es esa identidad?

–     Es la suma de nuestras personalidades. Es la suma siempre de los músicos que componemos cada formación. Lo que hacemos es un todo, está la música y está la palabra. La palabra en sí como medio es importantísima, adhiero a ese pensamiento de que la palabra incluso crea realidad.

En un asiento individual mira por la ventana que tiene a su izquierda. Del otro lado del vidrio, empieza la tarde. El recorrido es casi una excepción: no está leyendo un libro. La novela “El arcoíris de gravedad” de Thomas Pynchon interrumpió el hábito. “Soy un lector compulsivo. Estoy atascado, es gigante, la dejé y estuve uno de los períodos más grandes sin lectura. En general, no puedo soltar un libro hasta terminarlo”.

Las palabras en los libros y en las canciones, para él, crean realidades.

 *

Subirse al viaje de Pez es mucho más amplio que un recorrido musical. La banda da batalla en más de un frente. En el año 2000 crearon su propio sello discográfico “Azione Artigianale”, su nombre significa: acción artesanal. La descripción en su página web dice: “En Azione Artigianale no hay presidente ni ejecutivo de cuenta; no hay director artístico, no hay cadete, no hay dueño. Funciona como una cooperativa surrealista -o sello de goma- donde cada artista trabaja para mantener activo su proyecto”.

–          El sello es un sello de goma. Es un nombre y un logo. Lo pusimos como una cuestión formal. Nunca nos interesó realmente tener un sello discográfico ni por asomo. Otras bandas que han salido por nuestro sello, lo hacen como una forma de adherencia a una forma de laburo y han sido dueños exclusivos de su material. Cada artista que editó con nuestro sello se hizo cargo de absolutamente todo lo que tiene que ver con su propia edición. Nosotros apenas podemos hacerlo con los discos nuestros, no nos vamos a poner a hacerlo con los discos de los demás ni en pedo.

Entre los artistas se encuentran Flopa Manza Minimal, Flopa, Gabo Ferro, Ariel Minimal, Hernán, Sur Oculto, Juan Ravioli, Helecho Honduras, Franco Salvador, Compañero Asma, Tantra y Pez, claro.

Varios años más tarde surgió otra iniciativa: El FestiPez. “En el momento que surgió teníamos acceso a escenarios más o menos grandes con Pez y para no aburrirnos y variar un poco lo que hacíamos, decidimos armar una forma de darle al público de Pez algo más por fuera del show de Pez, de sumarle cosas. Aprovechar y mostrarle a nuestro público determinados artistas que a nosotros nos parecían que estaban buenísimos. Nos parecía que era una buena para nuestro público y también para esos artistas, la posibilidad de un público mayor al que estaban acostumbrados”.

 Abrir frentes.

Generar espacios.

Autogestionarlos.

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–        Siempre fuimos una banda independiente pero nunca nos interesó levantar la bandera de la independencia per se. Fuimos una banda independiente porque no nos quedó otro camino que ese. Nunca nos interesó estar esperando que determinada compañía nos dijera: bueno chicos vengan a grabar. Así arrancamos, luego en algún momento nos han tentado para pasar a trabajar de otro modo y no nos interesó porque ya estábamos acostumbrados a hacer en la forma que lo hacemos, en la que solamente respondemos a las ganas de hacer y no a otra cosa.

–   ¿A qué creés que se debe el surgimiento de bandas independientes en los últimos años?

–        Básicamente los cambios tecnológicos oficiaron por un lado a que la difusión cambie el eje. Internet le pasó por arriba a la manera de comunicar lo que hacés, en nuestro caso: música. Si no figurabas en una radio no existías y si no tenías una compañía que te banque detrás y pague para que te pasen en una radio no existías. Internet democratizó muchísimo el acceso a la información. Luego también cambiaron las condiciones de grabación porque la tecnología hizo que sea muchísimo más accesible para un músico poder plasmar lo suyo y grabarlo. Bajaron los costos de edición de los discos. Todo eso fue configurando una situación en que es mucho más fácil hoy que hace veinte años editar un disco de forma independiente.

–          ¿Y en todos esos terrenos ganados creés que hay alguno que no se haya conquistado?

–       De alguna manera por más que estas cosas hayan cambiado, si vos venís con una bola infernal de plata y le apostás a un proyecto para sacarle rédito y fabricás una banda y la ponés en súper rotación, obviamente vas a tener más posibilidades de éxito comercial que cualquier pibe que edita por las suyas. Eso no cambió todo. Lo que cambió más es cierta costumbre en el público de no esperar que le den todo procesado y encontrarse en la tapa de espectáculos del diario con lo que tiene que ir a escuchar. Moverse más de forma independiente cada uno, desde donde ir a buscar información, donde buscar cosas nuevas. Ese es para mí el principal cambio pero tampoco nos engañemos que para todos es igual de fácil ir y conseguir tales cosas. Tenés que tener los medios, tener computadora, tiempo libre para escuchar música, que es un placer que no se puede dar todo el mundo.

Por fuera del mundo de puertas a nuevas posibilidades que abren los cambios tecnológicos, el sentido práctico del hacer limita muchas veces los procesos. En el año 2000, cuando el auge de internet florecía, Pez grabó “Frágilinvencible” ¿Cómo? “En una grabadora de cinta abierta de ocho canales. No se graba así desde fines de los 80’ ponele. Fue una cosa súper casera porque era lo que había. En ese momento grabamos como pudimos”. El 14 de agosto de este año, más de una docena de años después de la grabadora, en sus redes sociales publicaban: “Siendo las 20:41hs, estamos en condiciones de decir que tenemos disco nuevo”. Su reciente material discográfico “El manto eléctrico” se anunciaba por el Facebook y Twitter de la banda, internet colándose en el proceso de comunicar y acortando distancias: “Gracias a la tecnología lo pudimos mandar a masterizar a Estados Unidos”.

–          ¿Internet modificó también la forma de componer?

–        Solo muy lateralmente, lo madre de la música es la persona que está haciéndola. Ahí no hay un plugin para componer.

 *

 –       ¿Lo que hacen tiene que ver con un proyecto musical o un proyecto de vida?

–         Para nosotros es las dos cosas. Ninguno concibe la vida sin Pez porque salvo que nos agarre una artrosis que no nos deje tocar, nadie se imagina la vida sin estar tocando. Para nosotros es una necesidad hacerlo. Es un proyecto al que le metimos y le metemos muchísima energía y hemos postergado montones de cosas y lo seguimos haciendo constantemente. Pez es nuestro proyecto de vida en tanto hacer de tu propia vida lo que querés hacer. Y nos sabemos afortunados por el hecho de toda esta continuidad que hemos tenido y de poder seguir haciéndolo cada vez en mejores condiciones. El enganche con la música es algo totalmente subjetivo y de cada uno. Pero en determinado momento de tu vida te das cuenta de que es lo que querés hacer y no podés hacer otra cosa, ni podés postergarlo al menos que quieras vivir frustrado. Es una necesidad nuestra hacer lo que hacemos, no lo hacemos por cuestiones de fama, ni por el billete, ni nada. Hacemos lo que hacemos porque queremos gustarnos nosotros, de ahí en más si le gusta a los demás está todo bien y si no le gusta también. No es una variable que nos importe mucho y nunca nos importó el hecho de agradar hacia afuera más allá de nosotros mismos, de estar nosotros contentos con lo que hacemos y sentir que hacemos un laburo digno dentro de las posibilidades, y punto.

*

Llegamos.

Fósforo va a bajar del colectivo, las calles colmadas de bares y mesas con cervezas artesanales en las veredas lo van a recibir. Va a armar un cigarrillo y se va a ir caminando tranquilo, mientras quizás un pibe en la misma vereda escuche en sus auriculares algún tema de Pez.

El viaje sigue.

Una mujer que late

Señorita Carolina acaba de presentar “El latido en la boca”, un disco oscuro y de maduración, a la vez que esperanzador sobre la potencia de la creación colectiva.

La rama de un laurel arqueada y punzante señala en dirección al río iluminado por la luna. En el ángulo que forma con el tronco del árbol, un ave; imperceptible a la vista entre el follaje alborotado, pero de canto grave y penetrante. Se escuchan llamados de respuesta, quizás desde otro árbol o de una bandada en vuelo. El agua, que baja urgente por la pendiente esquivando camalotes, no logra acallarlos. La copa del árbol se balancea por empujones del viento, dejando ver, entre las hojas, claveles del aire intrusos. Más abajo, a algunos metros de las raíces, inmersa en ese bosque ensombrecido, una mujer. Una mujer tendida entre los arbustos, con el pulso vibrante. Una mujer que late.

– El imaginario de “El latido en la boca” es un bosque. Yo tengo un re flash con la naturaleza y esto es lo que me pasa con este disco, esto que no puedo explicar del contacto con lo natural, que integra también al ser humano. Transita como si fuera al interior de un bosque de noche y la última canción ya es como más diurna, como el amanecer. Porque todo el disco tiene que ver con la noche oscura del alma, un momento existencial. Desde el principio reconocí que iba a haber densidad. Y al final, fluyó, quedó hermoso y salí realmente de ese bosque. La música salva y da esperanza estando en la oscuridad más oscura. También porque fue un trabajo colectivo con personas que aportaron mucho a mi camino. Es increíble cómo la inteligencia creativa de uno se engancha con la de los demás, tal vez sin saberlo, y creás colectivamente. Es magia, para mí hay algo esotérico en todo proceso creativo, hay una alquimia, hay algo que no esperabas que saliera en el “producto final”.

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Señorita Carolina es el proyecto solista de Carolina Pacheco. En paralelo, forma parte del dúo Nikola y el quinteto femenino El Asunto. Hasta hace poco era también corista de Miss Bolivia. Y entre todo eso, encuentra tiempo para dar clases de canto y cocinar. Acaba de lanzar “El latido en la boca”, más rítmico que los anteriores y de bases más potentes. Es su cuarto disco de estudio, a los que se suman otros dos en vivo. Tras la presentación en Casa Brandon, es momento de reflexión y balance:

– Este disco superó un techo que pensé que ya había alcanzado. No solo por mí, sino por mis músicos, mis amigos, los técnicos, la forma que usamos de grabar… Tiene un sonido más profesional. El producto se fue superando a sí mismo en cada instancia. Antes tenía el capricho de que es lo mismo mi voz pelada con la guitarra que hacer otro tipo de producción. Y me fui dando cuenta de que puede ser algo distinto. En septiembre, grabamos baterías y bajos. Ahí ya me la re creí. Dije “tengo que hacer valer esto”. De acá para arriba, porque suena bárbaro. No puedo ser menos. Estudié, toqué mucho la guitarra en casa, que soy medio pésima con la acústica. Y con las voces llegué súper cebada, re segura de lo que iba a hacer. Empecé a usar un pedal de efectos para la voz. Lo re disfruté. Es más mío porque participé más en cada paso.

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– ¿Y cómo te toca esa distinción entre el estudio y el vivo?

– Es que yo siempre defendí la canción a muerte, por sobre todo. Sola, desnuda, vale. Pero aprendí que la cristalización de la música, un disco, es otra cosa. Es muy loco porque toda la vida escuché discos y amo los discos, la forma en que están construidos. Yo soy muy fan de The Cure y me encantan las capas de cosas que hay… ¿cómo no me di cuenta que era tan importante si es justamente el viaje que yo me comía? Siempre tuve la dicotomía de la pasión del vivo con el estudio. Hasta este disco, estaba segura de que prefería que me conocieran tocando, antes que poniendo un disco. Ahora ya no sé. Me gusta que me descubran por ambos caminos, que los dos llevan a quien soy yo.

***

Un dedal de sal sobre la harina. Aparte, batir un huevo con una cucharada de leche, una de agua y una de aceite. Hacer un hueco en el centro de la corona de harina e incorporar la mezcla. Unir hasta lograr una masa. Dejar descansar. Mientras, cortar en juliana la acelga ya lavada y cocinar en agua hirviendo con sal. Retirar y escurrir bien. Picar cebollas y pimientos y saltearlos en una sartén. Luego unir los ingredientes y condimentar con pimienta y queso rallado. Estirar la masa y colocar en el molde. Rellenar con la preparación. Incorporar la salsa blanca y mezclar. Estirar la masa restante y tapar. Pincelar con huevo batido. Al horno.

Carolina tiene 8 o 9 años y es testiga de este ritual que ocupa a su madre cada mañana. Mira de reojo y con recelo esas verduras jugosas acuchilladas por el puño materno. Infla los cachetes a bocanadas de aire teñido del olor que exuda el horno. La mira a ella y ella también la mira. Pero sin detener la danza que sus manos ya se saben de memoria. Esas tartas no son para ella ni para esa casa. Es como ver los preparativos de una fiesta a la que no se está invitada. Y eso a Carolina, no le hace ninguna gracia.

Señorita Carolina hoy tiene 34 años y nos recibe en su mesa. Ojo que el mate tiene yuyos, cáscara de naranja y mandarina, la seco al horno y la corto en pedacitos. El budín no tiene huevo, guarda que los pedazos de nuez y chocolate son grandes. Y mientras espera en la cocina que se caliente el agua, nos cuenta:

– Hoy justo pensaba que no me había dado cuenta de que mi vieja era la influencia en la cocina, yo tenía la idea de que era mi abuela. Estaba cocinando como para pagarle a un chabón que me hizo un favor y me puse a pensar en esto de cocinar como un trabajo. Y ahí dije ¡mi vieja laburaba de esto!, tenía un buffet en un club, que en los 80 eran el lugar social por excelencia. No me había dado cuenta que era a ella a la que veía cocinando todo el tiempo, porque todo lo que hacía se iba, la odiaba por eso. En mi época no se usaba tanto que ambos padres laburaran. Mi vieja era la más loca e independiente de todas las mamás de mi grado. También pienso que ella fue como mi primera influencia feminista, sin darme cuenta, y ella tampoco lo supo eh. Ella siempre fue re power, siempre le chupó un huevo lo que dijeran. En ese momento, no me gustaba tanto. Pero si ella no hubiera sido así capaz yo no me animaba a tocar la guitarra, no me cortaría el pelo como quiero, tendría una pareja diferente al lado…

Señorita Carolina es también una “Señorita que cocina”. Así se llama su blog, donde comparte fotos y recetas de sus creaciones e inspiraciones culinarias. Empezó siendo un espacio de distracción, aunque con el tiempo la responsabilidad empezó a ganarle la pulseada y se fue convirtiendo en un segundo trabajo. Aunque ahora aflojó con los post por estar concentrada en el disco, nunca detiene la práctica. Desde la cocina, arriba de las hornallas, asoma una bandeja de pan casero.

***

 A sus veintipocos, después de terminar el secundario en el Fernando Fader, Carolina empezó el Conservatorio de Música Manuel de Falla:

– No terminé. Todos estaban entrando a estudiar y yo prefería irme al parque a escuchar música. La decisión de entrar fue sencilla, había ido a un secundario artístico, mis viejos ya estaban curados de espanto y a todos en casa les encantaba la música. Pero para mí era muy difícil pensar en laburar de la música, tenía la cultura de terminar la secundaria y conseguir un laburo, salir a ganarse el pan era re digno… re peronista. A lo 15, 16 años empecé a tocar la guitarra, pero cero disciplina para aprender. Después me di cuenta que lo que quería era tocar el bajo, me lo compré con mi primer sueldo. En ese momento, repartía volantes acá en Villa del Parque y con eso también me pagaba los ensayos, estaba en una banda de punk-rock. Y ahí decidí que cuando terminara el secundario me anotaba en el conservatorio. Era de música clásica, así que el bajo no podía tocar, pero no sabía por cuál ir así que fui haciendo las materias de audiopercepción y teoría. Y empecé a aflojar. En un último examen de tercer año, la profe que me toma me dice “te voy a aprobar, pero Pacheco, ¿cuándo vas a estudiar? Si no querés estudiar, dejá, cortá con el conservatorio”. Y fue como… tenés razón, chau.

– ¿Y nunca te dio por volver?

– Ahora estoy con la inquietud, tengo que encontrar la forma y hacerme el tiempo . Los primeros tres discos los compuse de oído sin pensar en lo que estaba haciendo. Y ahora que desde el año pasado estuve tomando clases con Loli Molina, recuperé todo lo que había aprendido en el conservatorio y empecé a reencontrarme con la teoría y me di cuenta que me da muchas más herramientas. Yo soy re indisciplinada, necesito una estructura que me empuje a seguir, a no aflojar. Y en el conservatorio aprendí un montón, lo recomiendo porque es público y es muy buena la forma y el ritmo que propone.

***

Un día Carolina dejó la música. Regaló el bajo y la abultada colección de discos que la acompañaba desde la adolescencia. Dijo basta. Se fue a vivir sola, adoptó a su gato “Coco”, se hizo vegetariana y empezó un camino de autoconocimiento. Era pasar de hoja, empezar otra etapa, crecer y cuanta frase hecha exista para metaforizar el cambio. Pero era también desmontar lo andado, volver al punto cero y enfrentarse al abismo delante de la pregunta ¿quién soy? Y desde ahí reconstruir. Pero la música nunca se fue del todo. Le quedó una guitarra, la primera, que vino en forma de regalo antes del canto y el bajo. Cada tanto, las tardes la encontraban en algún rincón de la casa rasgueando unos acordes, inventando ritmos y melodías. Por ese año – y hace ya diez de esto – Carolina empezaba su relación con su amigo de siempre, Alejandro Pugliese, hoy también guitarrista de su banda y productor del último disco. Fue él quien se lo dijo. “Vos sos música, hacé algo con todo esto”.

– Yo me daba cuenta de que hacer canciones me hacía feliz. Ahí volví a arrancar. Y me parecía que lo que grabábamos estaba bueno, pero me costaba cantar lo que quería cantar o me escuchaba desafinada. Y se dio que encontré a Nancy. Yo no creía mucho en las clases de canto tradicionales, había tenido una mala experiencia con una profesora del conservatorio que me había hecho mierda, entonces venía medio traumada. Y Nancy me enseñó el método con el que ahora doy clases, el Rabine o método funcional de la voz. Habla mucho de usar el cuerpo sanamente, de que todo el cuerpo es la voz y parte de un lugar de relajación.

– ¿Cómo te llevás con la docencia?

– En realidad, Nancy me dijo que empezara. Pero yo me hice la boluda unos años, hasta que en un momento se me presentó la necesidad económica. Me largué y medio que descubrí mi vocación. Me encanta, lo disfruto, aprendo todo el tiempo. Está al mismo nivel de mis discos, no me imagino no dando clases, lo extrañaría. Me pasó este verano de viajar un montón por la gira con Miss Bolivia y extrañar mucho las clases.

– ¿Cómo arrancaste en Miss Bolivia?

– Con Paz nos conocíamos del entorno, tocábamos medio en los mismos lugares. Nos veíamos seguido, la invité a hacer un featuring en un tema mío en vivo y me dijo que le encantaría probar que cante en vivo con ella. Hicimos como una primera experiencia en una fiesta y funcionó. El siguiente show fue Niceto. Yo venía de tocar para 30 personas y después un show en Niceto en una fiesta. Y durante un tiempo viví la giras así, no pudiéndola creer, tocar en lugares con buen sonido, con mucha gente. Es fantástico lo que le está pasando a Paz, por el laburo que ella hizo. Tuve suerte de estar ahí. Ahora corté, esta etapa llegaba hasta acá. Igual ya formamos parte de nuestras vidas, así que veremos cómo seguimos.

***

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Señorita Independiente

– El trabajo autogestivo y cooperativo es el único que no tiene esa cosa piramidal de que tenés una empresa o un auspiciante atrás que te dice lo que tenés que hacer. Yo no edité ningún disco con sello, pero el primero es directamente artesanal, ni siquiera lo fabriqué. Es muy caro hacer un disco. Lo que sí me costó entender es que la independencia no es necesariamente individual. En algún momento, estuve en el plan “yo sola contra el mundo”. Después me fui dando cuenta que sin la ayuda de un montón de gente no puedo hacer un carajo. Ahí empecé a ver que es colectiva la mano. Empecé a resonar con otras energías y a sonar con gente que está en este mambo, el de lo colectivo y cooperativo. Es un motor que está andando que para mí es ese latido, está ahí, el ritmo que nos va llevando a todos. Y al final con la banda somos una cooperativa que se armó en la marcha.

Y sus integrantes son: Señorita Carolina (voz, efectos, guitarras acústicas), César Cantero (bajo), Tomy Lucadamo (Batería y Percusión Electrónica) y Alejandro Pugliese (guitarras eléctricas, programaciones, teclados). Invitados en “El latido en la boca”: Leo Acevedo, Miss Bolivia, Lisandro Etala, María Pien, Bárbara Gilles, Loli Molina y Fernando Kabusacki.

http://srtacarolina.bandcamp.com/

https://www.facebook.com/carolinasenorita

http://senoritaquecocina.tumblr.com/

“Hay que volver al teatro cooperativo”

Para Alejandro Awada la actuación fue un escape de la soledad y una conexión con el deseo. Tras años de experiencia, apuesta al cooperativismo para un teatro de calidad por fuera de las lógicas comerciales.

Alejandro solo tiene media hora. Quizás algunos minutos más. Pero, solo eso: treinta minutos y alguna yapita. Después, el tipo se tiene que ir a laburar. Y, como cualquier telemarketer que marca tarjeta, no puede llegar tarde, ni un minuto. La gente, en sus butacas, lo va a esperar puntual, a las 20.30, para que se levante el telón del Maipo y junto a sus otros compañeros de trabajo haga de nuevo, una y otra vez, “El Placard”. La obra fue suceso en Mar del Plata en el último verano y le valió a Alejandro el premio por mejor actuación de reparto. De todos modos, el tipo se deja ver como alguien premiado, pero por la vida misma. Sonríe mucho, cariñosamente. Se ríe también, de formas intempestivas. Su risa es casi editorial, expresa mucho de lo que estaba diciendo al momento de la carcajada. Y su amabilidad, francamente, conmueve. Con esas esencias, desde un olvidable café del microcentro, entre un sonido tan bullicioso como chato, surgen conversaciones claras y contundentes sobre el desorden de la vida de un artista que se despertó escapando de un destino que nunca fue tal.

– Siendo pública la distancia ideológica que te separa de tu familia, ¿pensás que el arte te funcionó como escape o como despertar?

– Las dos cosas. Primero fue un escape, yo no quería y no me hallaba donde estaba, te hablo de un joven de 18 años, en 1980. Sí había un mandato, que había que seguir determinadas pautas establecidas. Ni bien ni mal. Son modos de -hace una pausa importante y elige con bisturí una palabra – vivir. Entonces, cae a mis manos Rayuela, por una amiga -sonríe casi triste- que no la vi más. Y ahí fue contundente. Yo quería eso para mi vida. Quería descubrir de qué me hablaba ese señor. Entonces, al principio me escapé, y ese escape me llevó a distintos talleres y es muy probable que en los de narrativa y de actuación haya comenzado un despertar, que fue muy lento, muy de a poco. Es más, sigo despertándome -se ríe contento-, y me voy a ir de este mundo despertándome. Cuando llegó el despertar no me fui nunca más de este sitio, porque comprendí que era el lugar donde yo me sentía feliz, donde podía desarrollarme. Lo digo de modo exagerado, pero no tanto: a mí el teatro me salvó la vida. Es demasiado, pero algo de real hay. A partir de la vinculación con lo artístico empiezo a adquirir conocimiento. Es muy difícil leer a Unamuno y que no te toque, Neruda y que no pase nada. Cuando empezás a indagar ciertos mundos, te transformás.

– Cuando decís que hay algo real en que el teatro te salvó la vida, ¿hay algo más material que tiene que ver con los excesos?

– Sí, muchos. Podría hablar de eso, pero ya hablé tanto que no es el tema. Los excesos fueron un síntoma, la enfermedad es anterior. La enfermedad era la soledad, el vacío, la angustia, el no encuentro, el no saber qué quería para mí vida. La soledad en el peor de los sentidos, porque yo amo la soledad. Pero aquello era la soledad del encierro, del no poder preguntarme, de no poder desarrollar. Las generaciones de ahora tienen la dicha de nacer y crecer en democracia. Mi infancia fue con Onganía y Lenvingston, y mi adolescencia con Videla y la tragedia de la dictadura. Era absolutamente imposible para mí preguntarme qué quería. Como consecuencia de eso, acudí a la rebeldía. No estaba a favor de mi deseo, estaba en contra de lo establecido. Eso me llevó a los excesos. Pero, ahí está el síntoma, la enfermedad estaba antes.awada-3

– ¿El arte, entonces, es para desconectar o todo lo contrario, para canalizar?

– Es conectar. Es eso, sí o sí. Todos los grandes maestros te van a decir que es así. Uno de mis grandes maestros, Julio Ordano, le dijo una vez a un compañero que estaba nada más que barriendo: “No hagás que barrés, barré”. Sí o sí, la búsqueda de esa naturalidad del escenario te enseña a tocar, a ver, a escuchar, a oler, a estar. Llegar a ese estar, sí o sí es conectando. No con el bocho en 15 cosas, sino estando presente, en ese aquí y ahora. El segundo maestro al que acudí, Raúl Serrano, con el que aprendí actuación y a observar la realidad, decía que todo parte de la contradicción interna, del vínculo con el otro, de cómo construís realidad con el otro, para eso tenés que estar en ese aquí y ahora. Estar significa estar, no hacer que estás, estar presente con todo tu aparato psicofísico disponible. Quizás por eso el teatro me salvó la vida, porque pude conectar con eso. Ahí comprendí que no había una cabeza, un corazón, una pierna, un brazo. Es un todo, una unidad. Puede haber gente que utilice la actuación como un juego, de hecho lo es, pero es un juego profundo y verdadero, que tiene que suceder. Si no sucede, no es.

– ¿Por qué proponés erradicar la palabra “under” del lenguaje para referirse a esas formas de hacer teatro?

– En lo que a mí respecta el teatro es el teatro. Sea en el circuito comercial o fuera. Lo cierto, y esto lo digo con un poco de pena, es que el teatro comercial está aburguesado y dirigido exclusivamente a la clase media burguesa, con un precio de $200, $250 la entrada. Pero el teatro es teatro. Esa diferenciación la hizo el propio circuito comercial. El teatro fuera del circuito comercial, por llamarlo de alguna manera, es tan teatro como cualquiera. En muchos casos mucho más, donde ves excelentes directores, actores, espectáculos. Con una entrada mucho más accesible. Entonces no está por debajo ni por fuera de nada. Ni under ni off. He visto grandes espectáculos en la calle. He visto a un payaso extraordinario, Chacovachi, que convocaba a 500 espectadores cada vez que se paraba en Plaza Francia a hacer su espectáculo, a la gorra, con entrada libre. Y no me parece mal que quiera llevarse un dinero de ahí, es su trabajo ¿Por qué gratuito? Que cada uno aporte lo que considere.

– ¿Cómo ves hoy a ese teatro?

– La única chance de supervivencia que tiene el teatro por fuera del circuito comercial es el cooperativismo. Esto lo aprendí trabajando muchos años en esos teatros, donde hay un dueño de sala, que no te la hace muy fácil, porque si no le metés una cantidad de espectadores que al tipo le cierren, fuiste Manolo. Todo el concepto comercial se basa en una idea que no comprendo: que el capital es más importante que el trabajo. Para el sistema es así y la cosa está así. Desde el punto de vista humano, espiritual, filosófico, sociológico, yo no lo comprendo. El gran teatro que hubo en la Argentina fue en la década del 50, del 60, parte del 70, que se llamó teatro independiente, eran esencialmente cooperativas de trabajo, que nada tiene que ver con la palabra under ni off. Grandes autores argentinos e internacionales, que fueron conocidos por los públicos de Buenos Aires gracias al teatro independiente. Alternativo tampoco, porque también indica que hay algo principal. Yo lo llamaría teatro, pero no se por qué el público tiene la necesidad de categorizar que hay un teatro principal y otro menos principal. En realidad, eso no se impone desde el público, es desde el mercado, quien fija las pautas.

– ¿Qué tan importante es la palabra?

– La palabra es. Es filosófico esto. Lenguaje puro. La que comunica es la palabra, la que dice quién soy es la palabra. Lo que pienso es la palabra. Me formé desde el punto de vista teatral muy de la mano de la palabra, aprendiéndola junto al mundo oculto detrás de ella, vos me das un texto, y en mi personaje, lo que empiezo a indagar es la palabra y el pensamiento que se oculta en ella. Un maestro mío decía que el autor lo que le da al actor es la palabra, ahora cuando yo descubro lo que el personaje piensa, y lo descubro a partir de la palabra que enuncia, ahí puedo transformarlo en el personaje, en esa comunión entre palabra y pensamiento. Infinito, por cierto, para nada cerrado ni establecido. Tengo un enorme respeto por la palabra, hago esfuerzo por encontrar las adecuadas. Y también escucho: la palabra me dice con quién estoy.

– ¿Cómo te sentís trabajando para el mercado del arte?

– Yo soy un hombre que trabaja como actor. Esto lo tengo clarísimo desde hace 20 años. Tomo mi trabajo como un trabajo. Lo que sí es cierto es que me está empezando a surgir de un tiempo a esta parte, pero ahora se está profundizando, es el deseo de volver a las fuentes, de agarrar un gran autor  que no funcionaría en el circuito comercial y volver a las fuentes que hicieron que yo me meta en esta profesión, que tiene que ver con el texto, con el descubrimiento de esos grandes mundos que plantean estos autores, y ofrecérselos al público de Buenos Aires. La única forma de que yo pueda llevar adelante un proyecto como estos es volver al cooperativismo, armar una cooperativa de trabajo y desarrollarme. Al mercado no le interesa: ni Ibsen, ni Strindberg, ni Moliere. Es más, no saben ni quiénes son.

– Sin embargo, muchos te conocemos por Sos mi Vida y otras tiras, ¿haciendo las novelas de Pol-ka se te jugaban contradicciones de algún tipo?

– Voy a decirte solamente esto. Arranqué cuando Pol-ka arrancó, en el capítulo 4 de Poliladrón, que funcionó, sucedió ese proyecto. Al otro año empecé un ciclo de a poquito y me terminé quedando tres años: Verdad Consecuencia. Pasaron esos tres años y no volví a trabajar en Pol-ka por diez. Trabajaba en otros proyectos televisivos, sin ningún conflicto. Yo quería trabajo, el dinero a cambio y la masividad. Ni medio conflicto. Estaba haciendo teatro comercial, la obra “Justo lo mejor de mi vida”, que funcionó muy bien. Eso coincidió con dos o tres películas que habían funcionado muy bien también. Y, entonces, hago tres tiras seguidas para Pol-Ka: Hombres de Honor, Sos mi Vida y Mujeres de Nadie. Ahí comienza el conflicto, porque estar al servicio de una tira es estar al servicio de una tira y no poder hacer lo que realmente deseaba, que era hacer teatro y cine. Ese año tuve clarísimo que no iba a hacer más tira. Pero, vuelven a llamarme de Pol-ka al año siguiente para otra tira y, de cobarde, digo que sí. Ahí sí tuve una gran crisis personal. A los tres meses pedí que no me renovaran el contrato. No me acuerdo ni el nombre de la tira, no me sentía para nada bien, con un personaje que no tenía nada que ver. Desde ese momento, pasaron como cinco años, y no volví a hacer tira. Sí tengo ganas de hacer ciclos de televisión, unitarios, con contenido, con desarrollo desde la imagen, desde la actuación, de forma diferente. Ahí pongo todo lo que tengo, lo hago con mucho placer. Pero lo otro nunca más, me sentía un oficinista al que no le gusta su trabajo, infeliz, yendo ocho horas por día al empleo. Para nada bien.

– ¿Cómo te llevás con la masividad?

– Yo la deseaba. Trabajaba para acceder a eso. La masividad a mí me gusta, me gusta que la gente me salude con afecto. Me gusta – y mira a los ojos como asumiéndolo-. Igual hoy pienso que ese deseo que tenía se relaciona más con la vanidad, la parte más ingenua de mi profesión. La masividad me iba a dar lo que yo no tenía – se ríe de sí mismo, de una sola carcajada-. Cuanta más masividad, más lleno humanamente. Eso nunca sucedió.

– ¿Y qué te llenó, Alejandro?

– El amor de una mujer, mi hija, un buen viaje, una cena con amigos, estar teniendo esta charla, un buen amigo. Esencialmente los afectos y la comunicación, en el mejor de los sentidos – guiña el ojo-. Estar con el otro es lo que me llena. El otro es el que me salva.

La media hora que prometió Alejandro se fue en dos cafés y en estas preguntas, que él interpretó como invitaciones a la reflexión. Agradeció que hayan respetado su tiempo, sus obligaciones. Pagó todo, salió a la calle Corrientes, se prendió un pucho, contempló ese momentito de libertad un ratito en la esquina de su trabajo y, sin más, el tipo se fue al laburo, pidiéndole permiso a los espectadores que ya hacían fila para verlo.

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Trabajar sin patrón

¿Alguna vez te imaginaste cómo sería trabajar sin patrón? ¿Te imaginás a vos y a tus compañeros haciendo el trabajo de tu jefe? Para algunos no es sólo una idea, es su realidad. Hace tiempo que la autogestión es su forma de trabajo. Ellos son sus jefes y para ellos es su ganancia. Desde experiencias distintas, algunas con más años y traspiés, otras más inmaculadas, estos trabajadores nos cuentan qué se siente trabajar autogestivamente.

Mozo del restorán Don Battaglia

– “Es una satisfacción, venir acá y decir ‘tenemos que sacar el trabajo bien´ nos satisface. Todavía nos seguimos alimentando gracias a esto y es un orgullo seguir trabajando más allá de una vez cuando éramos 33 y nos preguntamos: ‘¿podemos hacer esto?´.  Es satisfactorio venir a trabajar con aquellos compañeros con quienes estuvimos en la lona. Hoy los clientes confían en nosotros, en los trabajadores: porque sí, se puede. Los trabajadores llevan igual o mejor las cosas que un empresario. Porque los trabajadores no somos empresarios: pensamos en el cliente, en que tiene que volver, y a un empresario eso no le importa. Para nosotros cada cliente que viene es súper importante y no queremos que se vaya; estamos de su lado, que venga, que pase un momento agradable, que se sienta como un rey. Pensamos como trabajadores que podemos llevar una empresa adelante, igual o mejor que un empresario”.

Operario del IMPA

– “En una cooperativa en realidad tendría que existir el compañerismo, por empezar. Acá hubo un tiempo donde no hubo compañerismo, entonces cada uno hacia lo que le parecía. A mí me dejaron solo en una asamblea donde pedí la renuncia de la comisión directiva, me mandaron al frente y nadie me apoyó. Entonces yo ya no participé más en los problemas de la cooperativa, venia trabajaba y me iba. Y así fue siempre, hasta ahora. Yo siempre trate de apoyar a mis compañeros en lo que sea, era capataz general, tenía un cargo. Aún así yo apoyaba a mis compañeros, la parte jerárquica tendría que estar del lado de la administración. Yo era directivo, pero si veía que las cosas no iban entonces apoyaba a mis compañeros. La cooperativa más que nada es tener confianza en quien uno pone para que dirija la plata y todo eso. Si entramos a desconfiar no queda ni el loro. Es como una familia, cuando las cosas empiezan a andar mal, cuando falta algo, ahí empiezan los problemas”.

Trabajador de la Cooperativa 28 de Mayo (Ex gráfica Lanci)

– “Trabajar sin patrón  es lo más lindo que le puede pasar al obrero. Trabajar sin que te controlen es lo más lindo que te puede pasar. Querés tomar un mate, tomás un mate; te querés apurar para terminar e irte más rápido, te apurás. Mañana arreglás para llegar más tarde porque no hay laburo a la mañana, vas más tarde. La autogestión es lo más lindo que le puede pasar al trabajador. Aparte, treinta años en el oficio, ¿qué le iban a decir acá al que estaba hace treinta años? Antes que le dijeran ya sabía lo que tenía que hacer. ¿Sabés qué es estar treinta años en una empresa? Caminás solo. Eso es lo que no se dio cuenta el dueño, que la fábrica podía funcionar sin él”.

Un elefante en movimiento

Elefante en la Habitación es un colectivo de músicos que trabaja para construir la escena que quiere habitar. Con énfasis en el contenido y en la canción, apuestan a la autogestión para trabajar y vivir del arte.

–         Está instalada una idea en los músicos de armar su propia quintita. Pero hay algo muy diferente, de lo que nos dimos cuenta rápidamente: cuando crece la escena crecemos todos, es por eso por lo que tenemos que trabajar. Entonces, quebremos la lógica de que hay que pegarla y empecemos a construir. Y juntos es mucho más fácil, más placentero, más rápido. Y aprendés mucho más.

En Buenos Aires, es común que se hable de movidas y a todos por momentos nos invade la sensación de no poder seguirle el ritmo a las distintas propuestas. Pero entre la frase hecha “acá tenés para todos los gustos” y una real circulación y conexión entre artistas, contenidos y públicos, hay un abismo que se nos aparece infranqueable. Sin embargo, en distintos puntos surgen intentos emergentes por desafiar el aislamiento cosmopolita y los mapas con caminos prefabricados que recorremos en automático y resultan predecibles hasta el cansancio. Con la intuición de una idea de cruce y de encuentro, se fue entretejiendo una red como de hilos invisibles, que conectó deseos y problemáticas comunes y denunció al Elefante en la Habitación (EH!). Así se llama el colectivo de músicos autogestivos que trabaja para construir la escena musical que quiere habitar. Casi como si el elefante del Principito se abriera paso desde el estómago de la serpiente boa – léase en este caso la lógica del éxito y el mainstream – y se mostrara en todo su potencial, listo para una estampida.

Nahuel Carfi, uno de los músicos que vio al Elefante dar sus primeros pasos, recuerda el germen del inicio:

–         Antes de que existiera este colectivo, había varios de nosotros que ya estábamos intentando unificar distintos puntos de la escena musical. Por ejemplo, María Pien y Lautaro Feldman trabajaron en El Círculo de la Canción, se juntaban los domingos, eran encuentros geniales, que servían de punto de confluencia para muchos que estaban en la misma. Yo trabajaba con Nahuel Briones en el Ciclo 20 canciones, que era muy parecido a lo que hacían ellos. Es decir, sin conocernos, varios de nosotros estábamos intentando unir la escena y encontrarnos. En 2011, ya estaba la idea de cruzarnos.

Al año siguiente, comenzaron las reuniones y el elefante se puso en movimiento. Pronto descubrieron historias, necesidades y deseos afines signados por la experiencia común de ser músicos y dedicarle su vida a ello. Porque entre el sueño del pibe de sacar un disco y recorrer escenarios y el día a día de trabajar en la música, hay unos cuantos mitos deshechos. Damián Drolas de Globos – una de las bandas que integra el colectivo – lo sintetiza así: “Es todo a pulmón, porque uno quiere ser músico, pero se encuentra con que si no gestionás una fecha, no tocás. Y es lo mínimo indispensable. Es algo con lo que te chocás desde el principio. Ni siquiera es algo de nuestra época, es algo que le pasó a todo el mundo, salvo a las figuritas que agarran para inventar un producto, pero ya es otra cosa”.

De los debates en torno a esta problemática, surgió la noción de “músico-gestor” para referirse a la multifuncionalidad de tareas y conocimientos necesaria para la subsistencia del artista de estos días. Lautaro Feldman sienta posición:

–         Hay que hacerse cargo de la situación en la que uno está y en todo caso intentar modificarla… Esperar a que vengan a hacer algo por vos es medio ingenuo o, por lo menos, muy jugado. A todos se nos cayó el velo sobre muchas cosas. Tenemos reuniones semanales y hablamos de todo, y de pronto cosas que antes nos parecían oscuras o no entendíamos, ahora las vemos mucho más a nuestro alcance. En ese sentido, la capacidad de poder, de poder hacer, a mí me da gusto. De todas maneras, mi ideal sería dedicarme a ser músico. Siempre hablamos que hacemos esto con gusto, pero en definitiva la idea es que no somos una productora, todo lo que hacemos es un vehículo para el arte. En vez de pensar en pegarla, pensamos en generar un contexto y a partir de ahí estar cómodos con lo que construimos, lo que nos gusta y rodeado de la gente que queremos.

El rol de músico-gestor ya está asumido por los participantes del colectivo, que aplican su creatividad para mucho más que la composición e interpretación de canciones: “Nos ocupamos de muchos aspectos que giran en torno a la música, para que se difunda, para que se haga, para que se grabe. Ya lo asumimos como parte de nuestra identidad, de lo que nos tocó. De todas formas, si bien es cierto que este tipo de laburo tiene que ver con nuestra época, la cuestión del movimiento colectivo es más vieja que no sé qué. Lo nuestro es una reconstrucción a nuestra manera de una experiencia que ya se hizo un millón de veces; es la forma que encontramos de subsistir y de crecer, pero siempre existió”, agrega Nahuel.

Frente a la mesa que sostiene el grabador, van pasando distintas caras y suenan voces diversas. Los y las integrantes de Elefante en la Habitación tejen un puente entre el fin de la frase de uno y el comienzo de la de otro y mantienen la charla en movimiento. La cita fue en el club de arte Vuela el Pez, donde los elefantes juegan de locales. Durante el 2013, organizaron dos temporadas del ciclo Domingo Animal, en las que compartieron sus noches con el arte en vivo de Anuario de Ilustradores, otro colectivo independiente que nuclea 100 ilustradores. Pero ahora ya estamos en el 2014 y la música no se toma vacaciones. Un sábado de enero nos encontramos en el mismo lugar, en la antesala de la oferta refrescante del verano: Licuado de Elefante – cruces y versiones de bandas de EH! Esta noche quedará demostrada que la voluntad de encuentro sigue intacta y que, entre canción y canción, circula respeto y admiración entre los y las artistas de las distintas bandas. María Pien cuenta que para ella se trata de romper con una mezquindad que existe entre los artistas contemporáneos, que muestran un cierto recelo a la hora de reconocer el trabajo ajeno y compartir el propio. Entre posibles hipótesis que circulan, varios coinciden en que está instalada la idea de que se compite por el público, uno de los grandes desafíos de los artistas independientes. Lautaro aclara:

–         La realidad es que cuando la gente escucha música, no escucha una sola banda, entonces no es que competís por el mismo público, porque la gente tiene muchos discos para escuchar, y de hecho cuantos más tenga es mejor, porque más se va a identificar con una escena.

Elefante en la Habitación se nutre justamente de esa riqueza y esa diversidad, y desde allí construye su identidad colectiva. Para Nahuel: “También los músicos nos tenemos que sacar el prejuicio de que nos tenemos que juntar solo con los que hacen lo mismo que nosotros. Es cualquiera eso. ¿Por qué no armar un colectivo con bandas que todas giran en torno a la canción contemporánea relacionada a la ciudad en que vivimos, pero todas desde su punto de vista, siendo quiénes son? ¿Por qué no unirnos? La nuestra es una identidad heterogénea”.

El trabajo colectivo y la economía colaborativa en el mundo de la música son contagiosos. Cada vez son más las bandas que se acercan a EH! y, en el camino, se multiplican los proyectos. Este año arrancaron con un gran anuncio: En marzo se viene el Festival Elefante en la Habitación! Y como son tantas las músicas, no les alcanzó una sola noche. Arranca el sábado 20 a las 22hs. en Espacio Cultural Dínamo (Sarmiento 3096) y sigue el domingo 30 a partir de las 16:30hs. en el Konex (Sarmiento 3151), para cerrar la temporada de verano del Parador Konex y los festivales de música emergente de los domingos de marzo. Prontos a lanzar su nuevo sitio web, mantienen su Facebook actualizado con información y videos de las bandas integrantes. Reconocen que la tecnología es una aliada crucial para crear de forma independiente. Sin embargo, Nahuel matiza:

–         Las redes sociales, internet en sí mismo, son todas herramientas… Pienso que hay herramientas increíbles ahora para hacer arte, para que lo difundamos, para que nos conectemos de esta manera, pero hay que seguir apostando al contenido artístico y eso es algo que también defendemos desde Elefante. Somos un colectivo que todo el tiempo está creciendo y siempre buscando cosas en la escena que nos gusten, que tengan un recorrido, que estén trabajando sobre la belleza, sobre el arte, que tengan algo para mostrar, y eso es clave. Justo el otro día leí la carta que Scorsese le escribió a su hija, que fue muy difundida. Y le dice justamente: ahora todo el mundo puede filmar una película, pero no te olvides de la belleza, del contenido. Seguí buscando la belleza. Todos estamos en ese camino también, de seguir buscando contenido, que haya arte, no somos una productora, nos preocupamos por todo el paquete.

Elefante en la Habitación se presenta como “un sello discográfico, un colectivo de artistas músicos-gestores, una plataforma para crecer y crear una escena cultural con voz propia”. En el intercambio de experiencias con otros colectivos artísticos y en las luchas compartidas con los espacios de creación y expresión cultural, estos trabajadores de la música reactualizan estrategias clásicas e inventan nuevas formas de defender lo innegociable: “La idea es vivir de la música, trabajamos para existan las condiciones de posibilidad de vivir tocando”.

Ya te avisamos, reservate el último fin de semana de marzo, porque Elefante se viene con todo:

Sábado 29 de Marzo a partir de las 22:00hs en Espacio Cultural Dinamo (Sarmiento 3096) tocan:
– Vúmetro (EH!)
– El Equilibrio Cósmico (El Abrazo Ultravietnamita)
– Luzparís (Desde El Mar, Mar del Plata)

Domingo 30 de Marzo a partir de las 16:30hs en el KONEX (Sarmiento 3151) tocan:
– Globos (EH!)
– Lautaro Feldman (EH!)
– Proyecto Gómez
– Ciruelo (EH!)
– ChauCoco! (EH!)
– Los Espíritus

Fb: /elefanteenlahabitacion

Elefanteenlahabitacion.com

“El trabajador gestiona mejor que el empresario”

Don Battaglia, Mangiata y AléAlé son tres restaurantes tradicionales, pero con una particularidad: fueron recuperados por sus trabajadores luego de un vaciamiento empresarial que los llevaba a la quiebra. Desde la autogestión, mejoraron la calidad de los productos y hasta ampliaron las fuentes de trabajo.

La historia de tres restaurantes porteños parecen seguir los pasos comunes de casi toda fábrica recuperada argentina: vaciamiento, caída de la calidad de los servicios, sobreprecios, rumores de quiebra, desaparición de los patrones. El relato empieza cuando la sociedad de los empresarios Jorge Andino y Sergio Lipovich empezó a atrasarse con el pago de los sueldos para fines del 2012, al tiempo que el abastecimiento empezaba a ser cada más precario: los platos de la carta apenas podían hacerse. “Nosotros sabíamos que dábamos un mal servicio cuando la gente pedía algo y no se lo podíamos traer”,dice Christian Fuentes, trabajador de Don Battaglia. El cierre de uno de los seis restaurantes de la cadena, La Zaranda,que dejó a 40 trabajadores en la calle, fue la última señal: había que moverse y rápido para evitar quedar en la calle. Así, Don Battaglia, Mangiata y AléAlé, junto con La Soleada y Los Chanchitos, amanecieron en el 2013 con un nuevo proyecto de trabajo: la autogestión.

Don Battaglia

restosEn un año los empleados del restaurant pasaron de la más absoluta desesperación a no solo mantener el trabajo, sino duplicar el personal y abrir nuevos servicios, como el delivery y la cena para fin de año. Christian recuerda cómo eran esos momentos cuando se acercaba fin de año y no había nada que festejar. “Yo me acuerdo que para esta misma fecha el año pasado, estábamos preocupados preguntándonos si íbamos a poder llevar un pan dulce y una sidra a nuestras casas, si íbamos a poder pasar una Navidad tranquilos sabiendo que este lugar podía cerrar. No, no podíamos ni pedir plata a la patronal para que nos pagasen y a mí y a otros compañeros nos dieron nada más 300 pesos para pasar fin de mes. Fue horrible. Nadie puede pasar fin de año con 300 pesos. Me acuerdo que teníamos que hacer una colecta entre los mozos para el que necesitaba; vivíamos de préstamos…era muy feo. ¿Cómo le decís a tu familia: “no, no te puedo comprar eso porque no tengo plata”? Hoy sabemos que nuestra familia va a tener todo para año nuevo y navidad, van a tener lo que se merecen, sin preocupación ni nada”.

Los trabajadores tomaron el lugar, lograron mediante la cooperativa firmar el contrato de locación y hasta cancelaron las deudas que les dejaron el dúo Lipovich-Andino. Todo bajo un aprendizaje constante ya que, como reconocen, siempre fueron trabajadores ajenos a esos conocimientos que parecen – sólo parecen- quedarse solo en manos de contadores y administradores. “Siempre hay algo nuevo que aprender. Estando del otro lado a veces no le da importancia: buscar precios, materias primas. Hoy en día hay inflación y nosotros en vez de llevarle eso al cliente, lo absorbemos. Uno nunca termina de aprender las cosas como gestión, pero obviamente hay decisiones que hay que tomarlas entre todos los compañeros en asamblea; pensamos nuevas formas de crear servicios, de mejorar”, remata Christian.

¿Ustedes desde el primer momento tomaron noción de que podían hacerse cargo del restaurant o pasó un tiempo hasta que vieron esto?

Christian: Siempre supimos que éramos nosotros los que llevábamos esto adelante, porque no venía ninguno de la patronal a cocinar o a atender a las personas, y más en ese momento de vaciamiento por parte de Lipovich y Andino, donde nosotros sabíamos que dábamos un mal servicio cuando la gente pedía algo y no se lo podíamos traer. Sin embargo, todos los días veníamos con la mejor onda a trabajar, muchos clientes sabían de nuestra situación, entonces nos apoyaban mucho. Nosotros hacíamos todo y el jefe venía y se llevaba la plata, y a veces ni el sueldo se nos pagaba. Y esto fue una prueba, si esto se mantenía por nuestro trabajo, ahora que ya se fue el patrón y nosotros nos encargamos de todo, va a tener que salir mejor.

¿Qué significa para ustedes trabajar sin patrón?

Es una satisfacción, venir acá y decir “tenemos que sacar el trabajo bien” nos satisface. Todavía nos seguimos alimentando gracias a esto y es un orgullo seguir trabajando más allá de una vez cuando éramos 33 y nos preguntamos: “¿podemos hacer esto?”. Teníamos dudas, miedos. Ahora, el miedo se fue y venimos con alegría, con entusiasmo, con ideas nuevas. Ahora, por ejemplo, trabajamos el 31 de diciembre. Es satisfactorio venir a trabajar con aquellos compañeros con quienes estuvimos en la lona. Hoy los clientes confían en nosotros, en los trabajadores: porque sí, se puede. Los trabajadores llevan igual o mejor las cosas que un empresario. Porque los trabajadores no somos empresarios: pensamos en el cliente, en que tiene que volver, y a un empresario eso no le importa. Para nosotros cada cliente que viene es súper importante y no queremos que se vaya; estamos de su lado, que venga, que pase un momento agradable, que sienta como un rey. Pensamos como trabajadores que podemos llevar una empresa adelante, igual o mejor que un empresario.

Mangiata

En Mangiata el presente también es alentador: les otorgaron la matrícula que los conforma como cooperativa. Eso les permitió firmar el contrato de alquiler por 3 años. Hasta que decidieron tomar las instalaciones, venían de dos meses con falta de pago tanto de sueldos como de aguinaldo, para descubrir más tarde que durante cuatro años tampoco les estaban haciendo los aportes jubilatorios en AFIP. Pero como para los de Don Battaglia, empezar a encargarse de lo administrativo fue uno de los problemas más importantes al principio, como señala el presidente de la Cooperativa, Roberto Montero: “Lo que pasa es que son todas cosas nuevas para nosotros, porque los de acá, los que estamos administrando somos mozos, cocineros y parrilleros de toda la vida. Tenemos estudios comunes, laburantes de toda la vida, y ahora te encontrás con esto, que tenés que llevar papeles de acá para allá, que te tenés que hacer cargo de los costos, que no se te vayan a cualquier lado; cosas que antes no hacíamos ni teníamos idea. Ahora estamos mejor organizados que antes porque tenemos contador y abogados”. El rol de la Fe¬de¬ra¬ción Ar¬gen¬ti¬na de Coo¬pe¬ra¬ti¬vas de Tra¬ba¬ja¬do¬res Au-to¬ges¬tio¬na¬dos (FACTA) fue, clave para Mangiata. Cuando el sindicato no aparecía, cuando la imagen de La Zaranda era cada vez más cercana, la Federación propuso el camino a seguir: “Si pudimos hacer lo que hicimos fue gracias a la gente de FACTA. Si te soy sincero, si ellos no intervenían, nosotros estábamos en la calle, porque no se nos habría ocurrido hacernos cargo de esto. Lo que iba a pasar era que íbamos a venir y nos íbamos a encontrar con las puertas cerradas… Pero nos asesoraron, nos contaron lo que estaba pasando”.

¿Qué significa para ustedes hacerse cargo?

-Roberto: Es una responsabilidad. Porque acá somos 31 trabajando, que nos conocemos hace mucho y vos mirás a todos y a mí, y decís: “Si no hago esto, tengo que salir a buscar un laburo”.Pero hay mucha gente grande y, ¿a dónde vamos? Además, este restaurant estaba funcionando operativamente gracias a nosotros y financieramente por nuestro patrón, que lo manejaba para su bolsillo, y ahora lo hacemos funcionar para el nuestro. Pero la forma de funcionar es la misma: los mozos son los mismos, los cocineros los mismos. Incluso ahora salen mejor las cosas, porque le ponés más empeño, porque sabés que sitratás bien al cliente, vuelve”.

 

AléAlé

battagliaAléAlé estuvo convulsionada estos últimos días por el intento de desalojo más importante que sufrió a lo largo del año, luego de tres anteriores que no fueron más que meras amenazas. ¿El conflicto? A diferencia de los anteriores restoranes, todavía no lograron cerrar un acuerdo con los dueños del inmueble. Así, el domingo 1 de este mes, la policía se encargó de vallar la cuadra, disponer de un operativo de seguridad y atacar cuando mejor lo hace: por la madrugada. Pero los trabajadores, alertados de este nuevo movimiento de la Justicia, pudo accionar ese mecanismo de supervivencia que tejieron a lo largo del tiempo con los vecinos del barrio, organizaciones sociales, legisladores, diputados. Para el momento en que la orden de sacarlos estaba dispuesta, las calles llenas de gente lo impidieron. Otro triunfo más del trabajo.

¿Cuál es la diferencia que sienten entre el trabajo que tenían antes con el de ahora?

-Sergio Cano, secretario de la Cooperativa: Estamos todos gracias a Dios y seguimos todos para adelante. El negocio da muy buenas ganancias así que estamos en orden con los salarios y con todo lo que significa llevar a cabo este lugar. Nosotros nos encargamos de comprar las materias primas, de ir al Mercado Central, de hablar con los proveedores. De todo.

¿Qué significa para ustedes no tener un patrón?

Desde el primer día en que la patronal no apareció, nos sentimos presionados por llevar esto adelante, pero con el tiempo nos íbamos asesorando y por suerte hoy en día ya no estamos más bajo presión y estamos tranquilos de que todos queremos seguir esto adelante, tanto los que forman parte de la comisión directiva de la cooperativa como los que no, todos trabajamos por igual. Yo por ejemplo, soy el secretario ytrabajo en la cocina.

Fotos: NosDigital.

restourantes

Vamos las bandas

Crónica de la Primer Jornada de la Ley de la Música, que resume el espíritu de este proyecto ya aprobado y también sus puntos prácticos aún pendientes. De tocar en el subte a grabar un disco, soluciones colectivas a los problemas de siempre.

Es lunes a la tarde, en verano, con calor, con mucho calor, el subte está fastidioso. En el pasillo de baldosas resbalosas que une la combinación de la línea A y la línea C, la gente corre; en realidad camina con actitud de correr. El ritmo no llega al trote pero vamos en zigzag, avanzando por recovecos. Alguien adivina el compás: Pum, pum pum, pumpumpumpuuum, pum.

Un pibe sentado en un cajón peruano cierra los ojos y se entrega a sus manos. Tiene el pelo hecho rodete y una pandereta enganchada a la zapatilla izquierda que acaricia el piso con la precisión relojera del tic-tac.

Un pibe, un cajón peruano y una pandereta producen el momento en que te olvidás de estar arrancando la semana con la musculosa pegada a la espalda.

El señor con traje pasa muy cerca y mira la mochila abierta con pocas monedas. Me imagino una posible conversación: le ofrece un trabajo, un sueldo fijo, aire acondicionado, quizás hasta un traje como el suyo. El pibe dejaría de estar en ese pasillo y ya nadie adivinaría el compás que confunde caminar con correr. ¿El pibe dejaría de estar en ese pasillo?

Vuelve a cerrar los ojos; el cuello mueve a la cabeza que se reclina para atrás, la pandereta provocadora estimula las manos. Debe estar de acuerdo con Nietzsche cuando escribió “Sin la música, la vida sería un error”. Más allá del remo constante, del calor, de las pocas monedas, de las múltiples dificultades.

El señor con traje siguió caminando: él también sabe que el pibe no dejaría de estar en ese pasillo. Me acerco, charlamos y se cae de maduro que sus múltiples dificultades son las que tenemos varios. Lo banco un par de temas, hay un piso necesario de monedas que garantizan el puchero de hoy. Nos levantamos, él se encarga del cajón y yo de la pandereta.

Llegamos.

–          ¿Vienen a la Primer Jornada sobre la Ley de Música? Pasillo al fondo. Escaleras. Segundo piso.

Cristian Aldana, cantante de El otro yo e integrante de la Unión de Músicos Independientes, toma el micrófono en la primera mesa de la Jornada: “Este proceso en el que se llevó adelante la Ley de la Música tiene que ver con romper un montón de barreras que van más allá de subirse a un escenario, tocar la guitarra, editar un disco, distribuirlo, armar una fecha. Hay cosas que se ponen también desde un lugar que tienen que ver con la organización y el trabajo colectivo. Este proceso marca muy fuertemente eso. En la música todavía nunca nos habíamos juntado. Veíamos que los actores ya tenían su instituto, la gente del cine también, que estaban como mucho más organizados. Me acuerdo cuando cerraban algún teatro de ver a todos los actores en la puerta diciendo: este lugar no lo cierran. Eso no lo veía cuando pasaba algo con la música, de golpe se cerraba algún lugar y a nadie le importaba, parecía que todos mirábamos para otro lado. Todos estos procesos sirven para darse cuenta que la única forma de poder mejorar las cosas es juntándose y organizándose”.

Todavía el pibe sentado a mi izquierda mira cada tanto la mochila. Las palabras no le alcanzan del todo, adentro hay pocas monedas y cuando la panza hace ruido no hay micrófono que la tape. Pero escucha “asambleas” y levanta la mirada. Desde los parlantes se cuenta que la organización empezó a tomar forma de mesas de trabajo que buscaban pensar una ley contemplativa con la realidad del músico y su ecosistema ¿Hablarán también del pasillo resbaloso? Siguieron por varios meses los espacios de discusiones en las diferentes mesas, el análisis de leyes de otros países y de leyes de Argentina correspondientes a otras áreas, hasta que fueron llegando los primeros borradores a las manos.

Cristian resume el primer momento de trabajo: “Se utilizó toda esa energía de un montón de músicos que realmente tenemos la necesidad de que exista algo que mejore las condiciones de cómo se hace música en la Argentina. Que se cree un instituto que pueda fomentar la música como pasa con el cine, con el teatro, nos parecía que la música siempre quedaba afuera de todo. En un momento se planteaba que la música era algo que solamente se vendía y se compraba, y nosotros creíamos fuertemente que no es solamente eso, que uno hace música porque le hace bien al alma y subirse a un escenario y editar un disco es un derecho. Nos parecía que estaba bueno que no fuera la lógica de siempre de que ´algunos sí y otros no´ y que el instituto tenía que fomentar a todos”.

Entonces, para cerrar, Aldana define ese espíritu de búsqueda colectiva que toma forma de ley: “Es muy difícil que la ley sea perfecta, pero si va a ser mejor cuando participa más gente”.

Parte 1  

“Un derecho”, pensó el pibe y se dio cuenta lo mucho que había que hacer para lograrlo. Falta el fomento a la actividad musical pero también está la necesidad de mejorar las condiciones laborales suyas y de sus compañeros. Desde la mesa sobre la tarima explican que la creación del Instituto Nacional de la Música – que recién eligió sus primeras autoridades- apuntó a mejorar el primer punto. Aldana: “Se concibió en los grupos de trabajo y en el grupo redactor avanzar primero en la creación de un órgano de fomento de la actividad musical y cuando empiece a mejorar – sin estirarlo tanto-  trabajar en un estatuto del ejecutante musical que pueda dar respuestas inclusivas en lo laboral y en lo social para cada una de las diferentes realidades del músico: siendo músico en relación de dependencia, siendo músico a veces en relación de dependencia y a veces independiente o siendo músico independiente”.

El 28 de noviembre del año 2012, la ley fue aprobada. Diego Boris, presidente del Instituto Nacional de la Música, aclara: “La ley se aprueba con unanimidad en general y en particular, o sea no hubo un solo legislador ni ningún partido político que haya objetado un artículo de la ley”. Sin embargo, todavía no está en pleno funcionamiento.

Ley federal

Diego Boris no le escapa a las anécdotas, sonríe, habla, aplaude y vuelve a empezar. Ante todo aclara que el Instituto de Nacional de la Música es un órgano de fomento a la actividad musical, no de regulación. Nadie va a ir a decirle que no puede estar con su cajón y pandereta, no necesita de esa autorización para abrir la mochila. Pero puede ir a la sede de la región Metropolitana y ver que se ofrece.

“El Instituto nace federal porque va a tener una sede en cada región cultural”. Las regiones son seis: Metropolitana (Ciudad Autónoma de Buenos Aires y provincia de Buenos Aires), Centro (Córdoba, Santa Fe y Entre Rios), Nuevo Cuyo (Mendoza, La Rioja, San Juan y San Luis), NEA (Chaco, Corrientes, Misiones y Formosa), Patagónica (Tierra del Fuego, Antártica e Islas del Atlántico Sur, Santa Cruz, Chubut, Rio Negro, Neuquén y La Pampa) y NOA (Jujuy, Tucumán, Salta, Catamarca y Santiago del Estero).  “Cada sede va a estar subdividida o integrada en seis áreas que fueron los espacios de trabajo que se construyeron en las Asambleas y los que se concibieron que había que fomentar”, dice Boris.

Las seis áreas

“Seis posibles soluciones”, pensó el pibe que ya había sacado un cuaderno y tomaba nota desde hace rato. Quizás hay forma de solucionar algunas de las múltiples dificultades: donde tocar, donde tocar y que no me caguen, la guita que no me deja grabar un disco, ni hablar de editarlo, la puesta en escena de un show (eso ya es soñado), cobrar algo aunque sea por mis temas, poder difundirlo… Mierda que había una lista larga.

Circuito estable de música en vivo: El circuito se armaría con lugares privados, lugares estatales y lugares comunitarios que quieran conformarlo. “Si un lugar quiere estar va a recibir seguramente un beneficio económico con un subsidio, va a recibir sonido o luces, o lo que necesite, y también estar en un sistema integrado de difusión en medios nacionales y en medios locales. Como contrapartida se le va a exigir como mínimo que el 70% de la recaudación sea para los músicos”, explica Diego, dejando en claro que ese es el piso de las exigencias.

Subsidio y créditos tradicionales: “Es donde los músicos van a llevar sus proyectos y haya un jurado que los evalúe”. La idea es que se fomenten estas instancias de ayudas económicas.

Fomento directo a la producción: “En este espacio se va a tratar de dar vales que solucionen una instancia de un proyecto productivo de una banda o de un solita o de un colectivo musical. ¿Una instancia qué quiere decir? Por ejemplo, un vale para fabricar mil discos, un vale para 50 horas de grabación, un vale para hacer un videoclip o un DVD. Una instancia, no todo, entonces va a haber una solución de una instancia del proyecto productivo para muchos. Y en este lugar la idea es que no haya ningún tipo de jurado”. Diego Boris vuelve sobre esta última característica y la remarca reconociendo la diferencia con el espacio de subsidios tradicionales: “¿Por qué en todas las instancias de fomento una generación tiene que juzgar a otra? ¿Por qué los parámetros estéticos de una generación tienen que influir en juzgar a otra generación que por ahí tiene parámetros estéticos que recién va a empezar a definir dentro de unos años?”

Formación integral del músico: “Antes de recibir un beneficio al músico se le va a explicar lo más didácticamente posible cuáles son los derechos intelectuales y laborales que tenemos en la actividad”. El espacio tendrá también la función de promover conocimientos académicos y que aporten al desarrollo total del artista.

Circuito Cultural-Social: “Todo músico que reciba un beneficio, antes de recibir el segundo beneficio, va a tener que acordar con el Circuito Cultural-Social que va a estar conformado por comedores comunitarios, sociedades de bien público, centros culturales en barrios con dificultades para pagar una entrada, lugares de reclusión o donde están nuestros mayores, etcétera. Es decir que un músico que reciba un beneficio, antes de recibir un segundo tiene que acordar una actuación, una charla, un taller, etcétera, para compensar en parte lo que nosotros recibimos de la sociedad”.

Difusión: Los medios que compongan la Radio y la Televisión Argentina Sociedad del Estado deberán difundir las actividades del Instituto en un porcentaje no menor al 0,5% mensual de la totalidad de la emisión. También se cuenta con la difusión regional y nacional del Circuito estable de música en vivo.

“¿Me tengo que anotar en algún lado?” Me preguntó el pibe. “Que se yo” le dije, pero antes de cerrar la charla, Diego Boris hace una última aclaración: “Todas las organizaciones de músicos tienen derecho y garantizado el protagonismo y la participación en los seis espacios”. Cada organización puede participar en la región cultural en la cual tenga su personería jurídica. “Atrás de cada artículo de la Ley de la Música, estamos las organizaciones de músicos o los músicos organizados definiendo cuales son los requisitos que tienen que cumplir los músicos para acceder a los beneficios. ¿Eso qué quiere decir? ¿Qué el músico tiene que ser parte de una organización para ser beneficiado? No, todos los músicos tienen el derecho y la posibilidad de ser beneficiados”.

Los aplausos llegan después de que se cierre diciendo: “Esto es básicamente lo que es el proyecto de la Ley de la Música, por supuesto está abierto a todas las preguntas que quieran hacer”. Algunas manos se levantan, preguntan, cuentan experiencias, sugieren posibilidades. Agarramos el cajón peruano, la pandereta, la mochila y volvemos al subte.

 

 

 

 

Mirar sin ver

Martín Martines es el cantante de Ojos Locos, pero también es profesor de informática en un terciario. Es un rockero que no vive económicamente de ser rockero. Es parte de una banda que, como muchas otras bandas, apuesta por la autogestión de la música y la luchan. En un pequeño bar del barrio más pequeño de Capital Federal: la parte obrera de ser un rockstar.

Pocho atiende un bar en una esquina de Villa Real, el barrio que menos espacio ocupa en el mapa de Buenos Aires. Por la calle, el silencio se interrumpe cada tanto por una línea de colectivo que pasa y por algunos pocos autos. Pocho tiene bastantes años, pero intuyo que tiene más de los que aparenta. Usa los pantalones altos, saluda cuando entramos y baja el volumen de un televisor apenas nos ve empezar la charla. “Así pueden hablar”, nos dice, mientras se mueve entre la mesa de billar y las mesitas que no pueden ser de otra manera en este bar: cuadradas, chiquitas, con algo de polvo y contra las amplias ventanas que dan a la calle y que tienen del otro lado de la pared una mesa exactamente igual, cuadrada, chiquita y con algo de polvo.

– ¿Qué van a tomar?
– Yo una cerveza.
– Yo una Sprite.

Y Pocho, que todo lo entiende por estar ahí desde sabe uno cuando, le trae a Martín una Sprite, un vaso, y gajos de limón.

*

Martín Martines pone su voz en Ojos Locos, la banda que en este mismo barrio surgió once años atrás. Con casi todos los integrantes se conocían de la zona o de la música. La formación se completó con Lucas Vazquez en guitarra, German Leitman en la armónica, Matías Ferrero en bajo, Luis Gastón Lamas en batería y Juan Cabral, también en guitarra. Pero Juan era el único al que no conocían desde antes. Él apareció por un foro de Los Piojos donde puso que quería tocar en una banda y Martín lo contactó. Lo vio con ganas y lo fue a buscar a provincia para traerlo un domingo a la sala para zapar con la banda. Desde ahí, nunca más se alejó de la música. “Siempre está estudiando algo, estudia guitarra flamenca o estudia tango, estudia mucho lo que sería formación. Es el único de la banda, el más chico de todos, que labura en sonido, en cosas relacionadas a la música”.

– ¿Y el resto?

– De los demás, uno labura para una empresa, el otro para una fábrica de pintura, otro en un taller mecánico y yo laburo de docente.

– ¿Docente de música?

– No, de informática, en un lugar donde funcionan tres tecnicatura. Enseño los programas como Corel, Photoshop, Excel, Word, todo lo que es para una formación laboral. También cuando terminé el secundario tenía un amigo que se puso una empresa de hardware y software y labure para él, ahora sigo laburando en algunas cosas con él.

– ¿Tus alumnos que edad tienen?

– Como ahí es terciario, tengo desde 18 o 20 años hasta no sé… por ejemplo en la tecnicatura de indumentaria se anotan muchas tipas grandes que cosían en talleres y se anotan acá. Tenés tipas de 50 años.

– ¿Los pibes te reconocen?

– Algunos se quedan, es complicado, se retrotraen. Vos para tener alumnos y que marche la cosa tenés que tener un ida y vuelta con ellos, para que el tipo se enganche en la materia, para que haga las cosas y no se quede, necesitas tener una comunicación. Hay algunos que no tienen idea de Ojos Locos, del rock, no tienen idea ni de los Rolling Stone, pero al principio fue más shockeante porque de golpe empecé a aparecer en todos lados. Ahora yo estoy en segundo año y como que se pasan la posta, a los de primero le dicen: “Mira que el profesor es tal”. Entonces te buscan en internet y ya cuando empieza el año alguno te hace un chiste. Me pasó de tener por año un pibe o una piba o dos que iban a ver a la banda y con eso es complicado porque les agarra como vergüenza, ni te miran.

– ¿Y en esa situación qué hacés?

– Tenés que romper el juego y hacer que te vean como sos en ese momento. Este año tuve una piba que los primeros seis meses no levantaba la cabeza y jamás me habló. Entonces tuve que ir como rompiendo porque les da vergüenza hablarme.

ojos locos

La sorpresa de encontrarse a Martín en un aula llega con ojos abiertos y la misma pregunta que se repite: ¿Qué? ¿Trabajás? La realidad es que se necesita mucha plata para que seis músicos puedan vivir de la banda. Antes los discos permitían una entrada que hacía de piso por mes, hoy lo que se recauda es con los vivos: “Para vivir de la música necesitás entrar en un circuito de festivales o de show que es donde está la plata en serio o tener un piso grande de convocatoria que nosotros no tenemos”. En lugar de dejar sus trabajos, Ojos Locos apostó en los últimos años a equiparse, tener una sala propia y hacerse cargo de sus propios discos: “Una de las primeras cosas que nosotros queríamos era gestionar nuestra música, porque a la banda para hacer un disco le queda: o te lo pagás vos o te lo paga una discográfica”.

 

– ¿Gestionar tu propia música qué significa más allá de lo económico?

– Cuando laburás con alguien, ese alguien es el que te dice “yo pongo la plata, entonces yo voy a poner un productor y el productor va a decir cómo tiene que sonar el disco”. Si estamos en una época de reggae, no te va a hacer tocar reggae, pero te va a insinuar metamos unos caños, metamos un teclado. Si estamos en una época de música rioplatense te va a insinuar hagamos más temas con guitarra acústicas, electroacústicas, metamos percus. El productor es justamente el nexo entre la parte comercial y la artística. Más allá de que sea un productor artístico responde a intereses de que el disco se venda. Del otro lado está el músico, que a veces se boicotea a sí mismo tratando de sostener ciertas cosas, a veces somos muy cerrados. La libertad creo que pasa por lo artístico. Si venís vos y me decís: “Martin me gane el Loto tengo cien lucas en mi casa y me quiero subir al proyecto”, bueno, hagámoslo. Nunca estuvimos en contra de las discográficas o de asociarte con gente que potencie lo que uno hace en difusión o en la parte ejecutiva digamos, el tema es cuando esas cosas te empiezan a condicionar. Es lo mismo que vos me pidas plata prestada a mí para comprarte ropa y yo te la dé pero te diga que voy con vos al shopping. Y cuando estemos en el shopping te diga sabés que esta marca no me gusta tanto, porque no probás con esta y te termino vistiendo como yo quiero. Nadie te da la plata y te dice andá, comprate ropa, hacé lo que vos quieras y vení mañana a la noche y vemos qué te compraste. Me parece que hoy lo importante es tener una independencia artística y sentirte a gusto con lo que hacés, sentirte leal a lo que estás haciendo, que sea algo franco.

La charla nos lleva una vez más al aula, Martín tiene a su cargo dos cursos, uno por la mañana y otro por la noche. “Es un desafío porque más allá de lo que vos das, esto se apreta así o esto se hace para esto, es cómo hacés para que los tipos lo aprendan y cómo te relacionás con la gente”

– ¿Todas esas dinámicas después se trasladan a la música?

– Puede ser, yo empecé ahí antes de empezar con Ojos Locos, un año antes ponele y yo a veces me digo: ¿Cómo hacía para entrar a un aula? Tenía 25 años, entraba de cara dura total porque hoy me sigue pasando el primer día el choque. ¿Cómo entraba con 25 años a darle clase a esta gente? Era darle para adelante, pero me acuerdo que me costaba, había días que decía: uh hoy tengo que ir. Me pasaba que cuando entraba los primeros días me daba cuenta que no sabían que yo era el profesor, entonces lo que hacía después que lo fui aprendiendo, agarraba el libro donde se toma nota y entraba con el libro para que vean que yo era el profesor. Creo que muchas cosas me habrán servido para la banda, no a la hora de tocar o de un show, pero una banda tiene mucho de didáctica. Nosotros tenemos un manager, tenemos a Adrian que trabaja en prensa pero nosotros nos relacionamos con las cosas que le suceden a la banda, no somos el artista que tenemos la agencia de prensa, la agencia de booking y ustedes hagan todo y yo te mando las respuesta por mail. Nosotros nos relacionamos con la gente que hace las escenografías, con los que ponen la puesta en escena de luces, con los tipos que nos producen la fecha.

– Mismo entre ustedes.

– Ese es el punto uno, la relación entre los integrantes de la banda. Después de los diez años te das cuenta que ese es en realidad el gran desafío, ese y la parte musical. A nosotros nos sucedieron dos cosas grandes, una que la esperábamos que era crecer como banda y la otra que no esperamos que fue lo de Cromañón, son cosas que te prueban. A nosotros nos han unido, nos han desestabilizado, nos han producido un montón de cosas. Después nos dimos cuenta que esto era lo que había que llevar adelante porque lo otro… un día capaz sos un boom de convocatoria, otro no, después sí, muy volátil es el tema. No es más como antes que hay bandas que tienen asegurado el podio, cambió eso. En los 90′ el que llegaba estaba en el podio y no te sacaba más nadie, eso cambió, se abrió lo que es el espectro musical pero también cambióo la manera en que la gente consume, por así decirlo, un artista.

– ¿Internet cambió también la exposición? Por ejemplo, antes si no estabas en la televisión era difícil

– Sí, igual creo que la gente sigue siendo rehén de los canales tradicionales porque hay una cuestión, por lo menos en este tiempo yo creo, que dentro de 10 o 20 años va a cambiar. Pero yo creo que la televisión todavía sigue siendo fuerte más por lo que representa que por lo que muestra. Como una cosa que lo que está ahí es la realidad. Todavía el concepto psicológico que tiene la televisión lo seguimos arraigando y mismo hasta los más jóvenes. Porque la televisión es donde las personas existen. El que aparece en televisión existe, sea Ricardo Fort, una modelo o cualquiera. Es generacional, cuando caiga toda la gente que hoy produce la televisión se va a volcar a internet, pero internet es un arma de doble filo. Es todo tan accesible que entonces no cuesta y lo que no cuesta tiene otra cosa. Si yo pongo un video en internet ya, ahora grabamos esto, lo subimos y no nos costó. Ponerlo en la tele sí cuesta todavía.

– ¿Ustedes rotaron mucho por la tele?

– Nosotros en la tele salimos muy poco, hicimos algunas notas cuando presentábamos los discos. En realidad nunca tocamos en televisión, hicimos notas con programas de rock. Tampoco editamos un video que tuvo rotación en ningún canal. La verdad es que nosotros fuimos de la primera época de internet, la del fotolog. Nosotros tuvimos la explosión del fotolog, de hecho con Ojos Locos armamos el Facebook hace tres años. Ya había tres Facebook no oficiales que tenían 10.000 personas cada uno que no sabemos ni de quiénes son, hasta que un día el mánager nos dijo: “Loco, voy a hacer el Facebook porque no puede ser, están dormidos ustedes”.

– Y eso que vos das clases de informática.

– Y bueno, casa de herrero. Pero somos muy ambiguos con eso, me parece que hay que ser consciente cuando uno usa la tecnología, los medios de comunicación. Sirven para algunas cosas pero le sacan contenido a un montón de otras, que son las más ricas de la experiencia.

– ¿Como cuáles?

– Puntualmente con la música, a mí me parece bárbaro que si un pibe no tiene plata y está en Jujuy tenga la opción de bajarse los temas y disfrutar de la música, pero cuando eso empieza a erosionar toda la parte de lo que es un disco y de la experiencia que es tener un disco, juntar un mango y comprártelo y llegar a tu casa y a la noche llegar y acostarte y leer el librito y ver el arte que hizo la banda. Tenerlo y cuando sos grande decir “Mirá, este disco yo lo escuchaba”. Todo eso, cuando vos ves que se pierde ahí es donde hay que laburar las cosas teniendo conciencia.

– ¿Eso no te hace quedar un poco afuera?

– Y sí, puede ser. Lo que pasa es que es: ¿afuera de qué? No por ser exitoso hay que subirse a todo lo que haya que subirse. De hecho nosotros con esto que te hablo de Facebook nos quedamos afuera, porque decíamos ¿qué vamos a hacer un Facebook para contarle a la gente que estamos tomando un helado en Buenos Aires? La vida tiene que tener esa especie de romanticismo que si querés saber qué estoy haciendo llamame o veni acá y tomamos una cerveza, no vos en un bar, yo en otro y nos tomamos una cerveza por WhatsApp.

– ¿Hay forma de resignificar estas herramientas con el uso que se le da?

– Yo creo que nosotros el uso que le damos es informar lo que hacemos. Para nosotros es como en su momento eran los volantes que entregábamos en los recitales. Pero si querés ver la banda vení a verla en vivo. Es informativo. La gente dice: te permite estar conectado con las personas. Sí, conectado pero no te permite tener una relación y el ser humano se nutre de las experiencias que tiene con la gente, con los lugares. Si no, ¿para qué te vas de vacaciones a la montaña? Mirala por internet, ¿Es lo mismo? No, no es lo mismo estar parado debajo de la montaña con lo que te produce emocionalmente como ser humano que mirarla por una foto. Con las personas pasa lo mismo, empieza a jugar una cosa que estamos en todos lados y no estás en ninguno. Eso me parece que pasa con la música, vos por ejemplo conocés un artista y te bajás toda la discografía, diez discos de diez canciones cada uno, entonces de golpe las picas todas y te las escuchás en un día. Está bien, lo podés hacer ¿Pero es la manera que una persona, un cerebro asimile algo? Yo te lo digo desde mi experiencia, no digo si es así o no. Yo compraba por ejemplo el primer disco de La Renga o de Los Redondos y después esperaba dos años y salía otro disco y lo compraba y había una evolución en mí y en la banda, entonces volvía a haber un encuentro. Hay una cuestión de cómo procesa el cerebro las cosas y las maneras que vos las masticás para sentirlas y para hacerlas parte de tu vida, eso es la función del arte, producir algo que se mueve adentro tuyo, sino nos pasamos a un plano que es el entretenimiento. El entretenimiento es otra cosa, si vos querés hacer un festival con diez bandas para que se entretenga la gente y cuando salga de ahí vaya y se compre una pizza y se olvide a los 20 minutos lo que pasó esas seis horas anteriores, bueno, eso otra cosa.

– ¿Es muy fina esa línea?

– Muy fina, es casi invisible te diría. Lo que pasa es que se va haciendo cada vez más fina por un contexto de cosas. Si vos estás escuchando una canción y con el celular hablando con uno diciendo escuchá esto, no la vas a escuchar. Es como cuando ibas a estudiar y te decían no tomes apuntes, después yo te los doy, escuchá, prestá atención. Era verdad porque el tipo hablaba y cuando te ibas a sentar a leer el libro te acordabas del tipo hablando, sino vos estás escribiendo y pensás en lo que escribís, no en lo que dice el tipo. Con la música pasa un poco eso, nosotros venimos de generaciones donde la música era algo vivencial, cualquier tipo de música, no el rock, porque unís un sentimiento, una parte de tu vida a algo, es como la banda de sonido de tu vida la música, de cuando te enamoraste, de cuando te fuiste de vacaciones, de cuando estuviste con tus amigos, de cuando tuviste problemas. En cambio ahora es como que está todo tan fragmentado que mismo se fragmentan en tiempo los pibes.

– ¿Cómo es eso?

– Claro, es como que no tienen etapas porque las etapas cada vez tienen que ser más cortas para venderles más cosas. El primer semestre tenés que ser rollinga, el segundo semestre emo, después anda a la facultad, a los seis meses de la facultad hace un curso de enfermería, después casate, después de casarte separate, volvá a juntarte con tus amigos, andá a jugar a la pelota. Es una rueda de un consumo cultural y material terrible. Antes vos vivías cinco años vistiéndote con jean y remera, hoy a mí me pasa de ver mucha gente que sigue la banda y es una metamorfosis que decís “Pará un poco boludo, estás arriba de una moto a doscientos”. Te lo cruzás en un recital de La Renga con un jean roto y un cartón de vino y a los seis meses te lo cruzas en Pachá tomando cuatro pastillas, a los meses está estudiando abogacía y a los otros seis meses se hizo una banda de rock. Eso me parece que es parte del bombardeo cultural que hay: no le dan respiro.

– ¿Y para vos la música le tiene que dar batalla a eso?

ojos locos– No batalla porque si no sería como que nosotros tenemos una verdad y somos como los Caballeros Templarios que vamos con una cruzada de la verdad del rock. La verdad es que la verdad es la realidad, si pasa es porque pasa. A lo que te referís yo lo entiendo como un poco poner límites, defender lo que uno hace, decir por ejemplo: yo a estos lugares no voy a tocar porque no lo comparto. O el tema de los discos, el disco es como el libro, vos podés agarrar una Tablet y leer un libro en una Tablet, yo leo cosas en mi computadora, de hecho soy profesor de informática pero no es lo mismo que ir a una librería, encontrar un libro que a veces es como un hallazgo, llevártelo a tu casa, acostarte con un velador a la noche, tenerlo en la mano, marcarlo, poder consultarlo de vuelta, uno establece un vínculo con las cosas. A través de una pantalla no hay vínculo, no existe. Ahora estaba leyendo un libro sobre los principios del Zen, una cosa muy oriental y los tipos lo que dicen por ejemplo es que el verdadero órgano sensorial del hombre es el oído, porque somos vibración, somos sonido en esencia. Esto en sus teorías, yo no lo puedo afirmar porque si no estaría en Harvard hablando. El ojo es el peor enemigo, es la polución que te llena la mente permanentemente de información, es solo veo esto, quiero esto. Me gusta el culo, me gusta la mochila, me gusta el auto, estamos bombardeados por lo visual. Los sentidos, agarrarle la mano a alguien, ¿Cómo explicas esa sensación? O un abrazo o escuchar, vos escuchás la voz de alguien y sabés si está enojado o no ¿Cómo se traduce eso? Entonces, perdemos un montón de maneras de sentir en función de una cosa puramente visual y la tecnología justamente va de la mano de lo que es el consumo. Vos si escuchás algo no te da ganas de comprarlo, es todo visual. La batalla es sostener la música, la música se escucha y se escucha bien. No se escucha en formato mp3 que tiene recortados los graves y los agudos y tienen realzados los medios para que suene más fuerte en el auricular porque nosotros vamos y la grabamos y paneamos las cosas y buscamos. Está bárbaro si no tenés un mango y te comprás un reproductor de mp3, es otra manera de escucharlo, pero no porque haya que vender los reproductores de mp3 digamos que se escucha bien, no repitamos el discurso.

– ¿En ese sentido la música es contracultural?

– Hace un tiempo estábamos hablando con un músico amigo -uno que para nosotros es como un gurú-, que ya no hay más contracultura. En un momento sí había una cuestión de cultura y vos te podías parar en un lugar de contracultura, pero hoy está todo tan atomizado que me parece que lo contracultural es hacer las cosas con sentimiento y reales, sin buscar demasiado artilugio, sin intentar ser la novedad, hacerlas realmente de la manera que las siente y las cree. Eso te va a llevar solo a que la música ser una música que se escuche. ¿El punk es contracultura? Se lo comió el sistema al punk, al reggae se lo comió, al rock se lo comió también. Todo se comió porque el sistema dijo: no peleo más contra vos. El sistema mutó en decir nosotros no nos paramos más, no te muestro más que yo soy tu enemigo, listo, vení como quieras. Está todo metido como en una olla mezclado y no se sabe qué gusto tiene eso. Entonces me parece que la manera de plantarse en una contracultura a eso es tener el gusto propio, de decir vos sabés que me probás a mí y soy, qué se yo, dulce por ejemplo, porque lo hago así.

*

Cuando nos levantamos, Martín agarra el diario que está en la otra mesa y se queda un rato más. Un pibe se toma una cerveza en una mesa de afuera, pero entra a preguntar cómo estuvo el último show. No hay nadie más sentado en esa esquina casi detenida en el tiempo. Caminamos hacia la puerta, pero no nos aguantamos las ganas. Antes de irnos, saludamos a Pocho.

 

“El arte no lo tranzamos nunca”

Carajo se autogestiona. Lanza Frente a frente, su primer álbum con sello propio. Festeja ya no tener que pasar por la burocracia de las empresas. Defienden con imaginación y con creatividad el disco por encima de las descargas en internet. Esta es su nueva vida.

Oulet. Outlet. Outlet. Bar. Otulet. Outlet. En el medio de promociones y carteles que anuncian cambio de temporada hay un bar. En el bar, tras una puerta, unas mesas en la entrada, otra puerta a la derecha, una banda, tres platos de comida, un almuerzo, un disco que se presenta. Un disco, de una banda que en el medio de todos esos outlets hace que valga la pena estar ahí, en ese bar.

*

Después de la escalera, en el primer piso que simula ser un tablero de ajedrez, Marcelo “Corvata” Corvalán, Andrés Vilanova y Hernán “Tery” Langer están acomodados en un sillón blanco. Nos separa una mesa negra y un grabador que titila con luz roja.

– ¿Les gusta dar entrevistas?
– Sí, pero a veces se pone medio tenso.
– ¿Sí? ¿Qué no les gusta que les pregunten?
– No sé, ahora te contamos…

Con risas abren la cancha. Ellos son CARAJO.

*

En el año 2001 surgía CARAJO. Un año después, de manera independiente, su primer disco. El camino los llevó hasta Universal Music Argentina con quienes trabajaron durante varios años y tres discos. Pero la historia, cíclica, los volvió de nuevo hacia el comienzo y acaban de lanzar “Frente a Frente”, su último trabajo discográfico grabado y mezclado en su propio estudio junto con su productor, Ale Vázquez, y realizado de manera independiente mientras de forma paralela presentaban la reedición de su primer laburo. Todo cierra.

– Nosotros estábamos componiendo el disco y justo viendo qué iba a pasar con Universal. Dijimos: sigamos componiendo, no sabemos qué va a pasar, un disco vamos a sacar de cualquier manera. Tengamos las canciones y después veamos en qué marco lo hacemos, si independiente o no.

Aunque utilizaron la reedición del primer disco para empezar a acomodarse, volver al ritmo de la autogestión no fue traumático. Si bien la banda hacía años que trabajaba con un sello, no había dejado de funcionar del todo de manera independiente. “Siempre de alguna manera mantuvimos ese modo operandi de ser independiente o de autogestionarios. Si íbamos con una propuesta que no nos daban bola, bueno, no importa, lo seguíamos buscando por otro lado, hacíamos nuestros videos, hacíamos nuestras presentaciones, todas las estrategias de prensa, las cosas que nos parecían que venían bien las seguíamos manejando nosotros desde adentro de la banda y la compañía acompañaba. Creo que a ellos les parecía bien que seamos una banda activa y que trabajemos, entonces nunca hubo problemas. Pero al terminar los tres discos, al volvernos a juntar, eran distintas las prioridades. Hoy, lamentablemente, una multinacional está muy acorralada . Ellos mismos lo dicen. Tienen que pedir permiso todo a la regional y la verdad es que nosotros queremos un video, vamos, lo filmamos, lo editamos, lo subimos a la página y en dos días tiene quince mil visitas. La compañía tiene que mandar a que le aprueben el sello, la cosa, el número y vuelve y baja y qué sé yo. Entonces como que chocábamos con nuestras maneras de trabajar con lo que es hoy en día un poco la burocracia que todavía tienen acá en Latinoamérica las compañías. Lo bueno es que se dio natural y hoy recuperamos ya cien por ciento la libertad. No porque antes no la tuviéramos, pero en la parte discográfica siempre teníamos que estar de acuerdo”

– ¿Recuperar la libertad implica una libertad también económica?
– Sí, probamos con la reedición del primer disco y dijimos vamos a ver de qué se trata esto. Ahorrar la guita y fabricar los discos. Hicimos una edición un poquito mejor, más completa de lo que había sido la original, en el arte de tapa, en todo eso. Agregamos también un EP, como un bonus track. Tratamos de que sea algo interesante, bien, que no le falte nada y ver si podíamos. Y vimos que quizás no era tan heroico como nos imaginábamos. Hay que tener nada más los pies sobre la tierra, saber hasta dónde realmente se puede invertir y cuál es el margen de recuperación y de ganancia que se tiene en lo económico. Lo importante para nosotros es más que nada defender el físico, no es que estamos buscando hacernos millonarios vendiendo discos, simplemente funcionar como compañía y que se arme una rueda donde el mismo ingreso nos sirva para seguir invirtiendo y, paralelamente de lo que es tocar y los shows, poder tener esta pequeña oficina que sería ya como funcionar como un sello discográfico propio, de nosotros, Carajo, no tiene nombre, para nosotros es Carajo la banda.

– ¿Qué otra libertad se gana?
– Me parece que la libertad más grande es la artística. Nosotros volamos con el disco este para hacer lo que hicimos, es un disco doble, no nos importó que sea más caro, que valiera más porque tenía el espejo, porque era más grande. Quizás en eso no tenés tanta libertad cuando estás en una compañía. Nuestra manera de trabajar es siempre: vamos para adelante. Hay que hacer un arte y es caro, bueno no importa, el problema es de dónde sacar la plata, no sería el problema cuánto vamos a gastar. Vamos a gastar lo que haya que gastar, algo bueno vale más caro, eso todo el mundo lo sabe. Hoy capaz enfrentamos ahora otros dilemas que vemos que el precio final se pone en todos los lugares distintos. En un shopping vale re caro, vas a una rockería sale más barato, en nuestros shows va a ser el lugar más económico donde se pueda conseguir. Entonces hay cosas que quizás no les podés escapar como banda, pero estamos aprendiendo a lidiar con eso y, por lo menos, ofrecer todas las opciones para que el público de todo nivel económico y poder adquisitivo pueda conseguir el disco sin problemas.

– ¿Por qué eligen hacer este tipo de disco?
– Primero, creo que es algo personal de cada uno y de la banda, nos gustan los discos. Tratamos de hacer algo interesante, no es lo mismo tener una cajita común con un librito, por ahí el pibe que lo tiene dice: “Me lo bajo, si total no tiene nada que ver”. Este realmente es algo a tener, una linda pieza y que te da ganas de comprarlo, es defender eso que hoy en día esta tan complicado también. Sabíamos que, de esta manera, dándole una vueltita de rosca al arte, íbamos a ponerlo en otro lugar el disco, pero obviamente nos tenía que gustar a nosotros. No era que salió primero: “Tenemos que diferenciarnos”. Que no tenemos esa limitación de arte, ni de formato, nos da la chance de hacer lo que se nos ocurra. Si lo queremos hacer así gigante, hagámoslo. Si después tenemos que bajar un poco, lo bajamos. Es todo lo mismo, ahí tenes la libertad, volvés a tener eso que te abre un panorama mucho más amplio.

carajo

– Imagino las charlas diciendo “Hagamos esto, después vemos cómo”

“Para bajar hay tiempo”, esa siempre es nuestra frase.

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Matias Marano se encargó del arte del disco. Desde Mar del Plata, el artista enviaba sus interpretaciones del mundo que el nuevo laburo propone. La elección de darle importancia a la estética no es aislada. Todo habla de Carajo y ellos la tienen clara: es necesario que el equipo crezca. “Desde los comienzos nuestra idea es sumar, sumar y sumar. Es que en realidad te suma motivación, porque si vos ves que alguien te da esa cuota que te gusta en lo suyo, a vos te motiva, porque nosotros hacemos las canciones, pero también hacemos un monton de otras cosas que nos representan, que hablan de Carajo. Hacemos la música y tocamos, pero no somos todo, necesitás gente que le ponga tanto como vos”.

En esa búsqueda de verse reflejados integralmente, Carajo propone dos discos espejados que permiten verte cuando abrís la caja.

– ¿Les gusta lo que ven?
– Yo creo que es bueno lo que vemos porque vemos que el crecimiento, que todos estos años no han sido en vano, los super aprovechamos. De hecho, se nos pasó re rápido. Cuando cumplimos los diez años, alguien vino y nos dijo “el año que viene son los 10 años, hay que hacer algo” y dijimos “¿Ya diez?”, como que nunca nos dimos cuenta. Siempre estuvimos generando, haciendo cosas, discos, girando, grabando videos y la verdad es que estuvo bueno haber llegado de esa manera. Hoy mirándonos frente a frente podemos ver todo el laburo hecho, ves a tus espaldas atrás todo lo que fuiste dejando, todo lo que fuimos haciendo nosotros como músicos individualmente y como banda. Todo lo que pudimos generar. Toda la gente que viene atrás. Quizás nosotros somos la cara visible, hacemos punta, pero atrás nuestro ha crecido mucho: la banda, el equipo de laburo, los fans, seguidores, los amigos, todos los que realmente se hicieron parte de Carajo.

– ¿En ese punto Carajo toma una dimensión que los excede como individuos?
– Sin duda. Acá hay mucho trabajo, mucha dedicación, mucho amor puesto a lo que te gusta y tenemos como la suerte de que todo eso o le gusto a mucha gente o nos redituó en muchos aspectos. No es fácil también conectar con la gente desde un lugar en el cual sin pensarlo tanto lo lograste. Primero desde haberlo trabajado, desde haber hecho las canciones y que también fue paso a paso. El hecho de la vejez tiene que ver con haber dejado ciertas marcas en uno mismo y en cada cosita que fuiste haciendo, está bueno verse también desde ese lado.

– ¿Hay algo que vean y digan esto no lo negocio?
– Te puedo decir nuestros ideales, hasta nuestros derechos como músicos, ciertas cosas que los músicos hoy en día tienen que ceder a costa de un poco de exposición. Está muy común que el derecho del músico, como del autor, se sobrepasen en un abrir y cerrar de ojos porque hay gente que puede negociar con eso y te agarra. Pero bueno, aprendimos y pudimos zafar de muchas cosas porque por lo general prevaleció el arte y eso es lo más groso que mantuvimos.Yo creo que lo artístico, el arte no lo tranzamos nunca y no lo tranzaríamos. Ahí se acaba todo. Cada cosa que hace Carajo tiene un motivo, un disparador que generalmente es artístico.

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“Tampoco hacemos playback, ni fiestas de 15 años, ni casamientos…” Dicen y cierran la charla como arrancaron. Carajo desde sus raíces sigue generando, todo tiende a formarse circular, a unirse y hacerse curvo como la risa. Nos vamos sonriendo, tal como llegamos.

carajoFotos: NosDigital