“Cuando descubrimos que fue un policía, los diarios no dijeron nada más”

Tres chicos caminaban por la calle y tuvieron una discusión con un auto que paso. El conductor bajó y los mató. Tiempo después, descubrieron que el asesino era un subcomisario. Tiempo después de que presionaron a los testigos para que mintieran.

La voz de Beti.

Los hechos

gatillo facil quilmes
El papá y la mamá de David y la mamá de Javier, en Quilmes. Fotos: NosDigital

Domingo 3 de marzo, alrededor de las 7 am. Nuestros hijos, David Vivas y Javier Alarcón, 21 y 15 años, venían de bailar (en el boliche Maruca), en la ribera de Quilmes, con un grupo de 15, 20 chicos de Villa Luján. Pasó un coche, rozó a Marcelo (de apellido Luque, 23 años, hermano de David), que le respondió con una patada. Bajó el hombre y los desafió a pelear. Marcelo David y Javier se le acercaron. Él fue al coche, agarró el arma y los mató. Yo me enteré porque me llamó mi hija: “¡David, mamá! ¡David! Venite para el hospital”. Me dijo que le habían dado un tiro. Entró con muerte cerebral al hospital de Quilmes y falleció cerca de las 10.30. El hombre disparó a Marcelo, que quedó herido en el hombro izquierdo y fue internado, a David y a Javier, que murió ahí nomás, en la Avenida Iriarte.

Raúl, mi hijo mayor, el domingo ese, volvía de trabajar de uno de los boliches del río. De casualidad se vino para este lado, por Avenida Iriarte. Para esto ya los chicos estaban en el piso. Estaba la tía de Javier que vive a pocos pasos de donde los mataron. Raúl es el que lo levantó porque le dijeron es tu hermano, es tu hermano. Lo cargaron en un coche con Javier y lo llevaron al hospital.

 

La voz de Gladys

Javier

gatillo facil quilmesSeñora, al Chizo le dieron un tiro. Yo no lo creía muerto. ¿Usted es la mamá de Alarcón? Me dice la oficial. La tía me dice: “El Chizo no está”. Para mí, era él el que gritaba. “El Chizo no está, falleció”. Y que no, y que no. En la (comisaría) 1ra de Quilmes, cuando fui a declarar, me enteré (de) que lo habían fusilado. Hacía poquito que se estaba drogando. No es que se daba con merca, o esa porquería que le dicen. El sábado se había peleado con la novia y vino a casa. En vez de agarrarse con ella, se la agarró conmigo. “Mami, voy a hacer un mate cocido”, me dijo antes de salir a comprar galletitas, y me dio un beso. “Perdón por lo que te hice”. El domingo, 7 de la mañana me vinieron a avisar. El oficial me preguntó si mi hijo tenía enemigos. No. Jamás tuvo enemigos. Él salía en el carro, laburaba. Era un pibe del barrio. Me preguntaron si alguna vez había robado. No. Él era humilde. No era para que lo maten así al chico.

Lo que pasa es que en ese momento la versión de la misma policía era que le querían robar.

 

La voz de Beti

David

gatillo facil quilmesDavid era un chico dócil. Cuatro veces estuvo internado por adicción al paco. Estuvo en San Miguel bajo un régimen muy estricto. Se vino por las fiestas. Se quedó en la casa de mi hija Andrea, 32 años, a cinco cuadras de mi casa. Estaba bien. Por primera vez pasé las fiestas fuera de mi casa. Nos parecía que si volvía al barrio, el ambiente le iba a hacer mal. Acá en la esquina ya se ve mucha droga. Las dos fiestas fuimos a la casa de mi Andrea. Cinco cuadras más arriba ya es bastante más tranquilo, otra vida. Había hecho la promesa de que pasaba las fiestas y se volvía a internar. Los primeros días de enero volví a conseguir una internación, esta vez en Glew, con acuerdo de él. Fuimos con Dani, Jessica. En Glew estuvo una semana que tuvo una crisis de abstinencia muy grande. Lo fuimos a ver un domingo y estaba contento. Se sentía cómodo. El martes apareció acá otra vez. Yo iba a seguir intentando todas las posibilidades que hicieran falta hasta que se recuperara. Él era un chico muy bueno, de esencia buena, y se quería recuperar. Es más, yo encontré después una carta en la que decía que no era fácil, que sufría mucho y no quería sufrir más. Cuando volvió, estuvo bien un tiempo. Casi no iba a bailar porque se quedaba acá con sus amigos en la esquina. No iba a bailar todos los sábados. El sábado 2 se fue a bailar. Se preparó. Era muy coqueto, muy arregladito, muy prolijo. David no era amigo de Javier. Eran vecinos. Se conocen de toda la vida, como nos conocemos Gladys y yo. Y pasó lo que pasó.

 

Después, las presiones, las mentiras

 

Hasta ahí, no entendíamos nada, no sabíamos qué había pasado. Sí esa mañana con los chicos que fueron al hospital sentimos la presión de la policía para que dijeran de que los chicos habían querido robar. Era tan grande el dolor que no nos dimos cuenta de nada.

 

Los amigos nunca dieron vuelta su declaración. Uno de los chicos, de 15 años, fue con la mamá a declarar. El policía lo apuraba. El chico lo insultaba, llegó a escupirlo porque el policía lo presionaba para que dijera que estaba robando.

 

-¿No te das cuenta que es un chico? Tiene 15 años y le mataron a los amigos.

-Qué mal educado.

-Yo no voy a decir eso porque no es verdad.

 

Todavía no nos habíamos dado cuenta de que nos estaban presionando a nosotros y a los chicos.

 

gatillo facil quilmesEl lunes al mediodía sepultamos a los chicos. El martes a la noche, la familia, amigos, el barrio, se empezó a organizar para entender qué pasó. Se cortó la autopista Buenos Aires La Plata en la bajada de Quilmes, a un par de cuadras de donde habían muerto los chicos. El miércoles a la mañana, esta misma gente cortamos el juzgado en Quilmes. Mi nuera es atendida por el fiscal Sarra donde le dice que estaban trabajando y en breve tendrían respuestas. Vuelven de esa movilización del miércoles a la mañana. Llama el comisario de la 1ra de Quilmes pidiendo que vayan dos personas. Va mi nuera, mi hijo, Gladys –mamá de Javier- y otra persona más. El (sub)comisario (Godoy) les dice que los están haciendo quedar como un boludo frente al fiscal y que no quería que cortáramos el puente el miércoles a la noche, porque eso era lo que habíamos decidido y dicho. Quería que le diéramos tiempo hasta el viernes porque ellos ya estaban trabajando.  Mi nuera le dice que ella no podía responder en ese momento y que trasladaría esa propuesta al barrio. En ese momento nos llegó la información de dentro del juzgado de que el asesino era un policía de la 1ra de Quilmes. El corte fue más grande esa noche. También hubo presión de la policía a los medios. A la familia también hubo presión. Hubo cruces de palabras con mi marido porque queríamos que llegaran los medios –escritos, locales-. La policía decía que la familia no quería dar notas. Por eso fue el cruce de palabras.

 

A la noche, en el otro corte, volvimos a recibir otro llamado del comisario. Nos comunicó que era Alberto Alferdo Veysandaz y que ya estaba detenido. Tenemos entendido que se le dictó la prisión preventiva y que la causa está en la Cámara.

Por eso entendimos por qué sucedían las cosas. “Digan que estaban robando” o a Marcelo: “Decí que estaban robando porque si no te llevamos preso”. (El jefe de cuadrilla) Adrián Scalise, el facha que le dicen, entró a detener a mi hijo David cuando mi hijo ya estaba muerto. Por eso fue por Marcelo.

 

Veysandaz

El policía cuando mata a nuestros hijos, retrocede –venía para el centro de Quilmes- por la misma Avenida hasta el destacamento y ahí sus compañeros, policías, le lavan el coche, que estaba lleno de sangre de los chicos. Se cambió la remera y se fue para San Martín, donde él vivía. Los mismos que le lavaron el coche fueron a limpiar el lugar donde mató a David y Javier. Cuando vino la científica faltaban pruebas. Eso lo sabemos por gente conocida que tenemos dentro del juzgado de Quilmes. No tenemos una causa concreta contra el (sub) comisario. Primero vamos contra Veysandaz y después iremos a buscar a los cómplices (Los domingos a la mañana la ribera de Quilmes está llena de policías. Nadie vio nada).

Veysandaz hacía una jornada doble: primero en la comisaría 1ra y después como seguridad privada de una panadería. El 4 de marzo se presentó a trabajar normalmente en la panadería.

 

En los diarios salió que peligrosos delincuentes, que modalidad piraña, que un vengador mató dos delincuentes en la peligrosa Villa Luján. Cuando descubrimos que era un policía, no salió nada en los diarios.

 

Veysandaz fue a trabajar lo más bien al día siguiente, no pensó que nos íbamos a organizar. En 24 horas de movilización conseguimos detenerlo. Si les hubiéramos dado tiempo, no hubiera pasado nada. Él mató, se fue y siguió su vida normal.

 

Declaró que no se presentó espontáneamente porque al día siguiente “tuvo una gastroenterocolitis”.

 

Sabemos que no estaban robando. Son muchos los chicos que vieron. Hay dos testigos que nosotros no presentamos que vieron que se produjo la discusión y que el tipo sacó un arma y los mató. Suponiendo que él sentía que le iban a robar, ¿por qué no llamó a la comisaría? Porque es un asesino. En su declaración, dice que venían los chicos por la calle, que uno de los chicos le pateó el coche y que lo rodearon entre todos para robarle. A lo lejos escuchó los tiros, que eran los de él. Dice que tenía diabetes, que no veía. A Javier le tira a 50 cm con una bala no sé si calada, porque Carmen dice que nunca vio un daño tan grande en el cuerpo, que le destroza pulmones y columna, un arma muy grande (357mm, dice Gladys. Glock, 357 dice Correpi). A David, él dijo que no veía, pero le apoyó el arma y le destrozó la cabeza (“con el arma apoyada en la cabeza, en la parte superior de la frente”, Correpi). Por eso entró con muerte cerebral. “Vi todo oscuro”, “escuché disparos a lo lejos”, “Entré en una nube”. A parte de ser experto en tiro (3º torneo de monohileras de Haedo y Prueba de clasificación del IDPA). Practicaba tiro, caza mayor. Cuando le allanaron la casa, el fiscal le mostró a mi nuera la cantidad de armas en la casa. (Veysandaz era un capitán, lo que antes era un subcomisario).

gatillo facil quilmes

Lugones, familia picana

Tan solo se trata de contar una parte de la vida de una familia de renombre atravesada por la fatalidad en la construcción de nuestra nación. Desde Yrigoyen a Videla, con la picana como protagonista ineludible. Pasen y lean una más de las paradojas de la Historia argentina.

Imagen: NosDigital

Al apellido Lugones le cuadran unos cuantos términos: poesía, inventivas, política, engaño, romances, secuestro, picana. Una mezcla de todo un poco, con los sellos macabros y también de revelación, necesarios para dibujar entre esta conjunción la tragedia absoluta en torno a una sola familia. Cuatro generaciones distintas, desde bisabuelo a bisnieto. Épocas diferentes, pero también historias diferentes. Dos suicidios y un asesinato, con la Historia argentina de testigo. En unas líneas intentaremos desenredar cuál ha sido el legado sanguíneo del escritor ideológicamente bipolar, Leopoldo Lugones.

La inestabilidad política de Leopoldo Lugones viró de un joven socialista, en Córdoba con su incursión como periodista en El Pensamiento Libre, publicación considerada atea y anarquista, a un fanático nacionalista para definirse antidemocrático sus últimos años. Sus poemas lo alzaron como uno de los escritores más reconocidos de Argentina, pero también sus discursos hicieron que recibiera críticas muy duras por su empatía cada vez más evidente hacia los gobiernos militares.

Durante los últimos doce años de su vida mantuvo un romance a escondidas de su matrimonio. En 1926 conoció a Emilia Cadelago, una joven estudiante de letras que le pidió un libro que no podía conseguir, y luego lo enredó en un juego de erotismo y literatura. “Aglaura”, diosa griega que representaba lo brillante, es el pseudónimo que Lugones eligió para dedicarle cartas y poesías enteras. A partir de esta historia aparece el nombre de su hijo, Leopoldo Polo Lugones, quien estaba indignado por este vínculo y se encargó de presionar a su padre hasta el último día.

El 18 de febrero de 1938, Lugones se suicidó. En una habitación de la posada El Tropezón, en el Tigre. A su clásica medida de whisky le agregó arsénico. Las presiones por una pena de amor o la situación política en Argentina. Nunca se esclareció la razón, si es que había una sola. Pero apenas se suicidó, Polo, su hijo, no quiso hablar más del tema, mientras que Emilia Cadelago dispersó la versión de que él mismo era el responsable de ese final, por amenazas que le había hecho llegar a su familia si continuaba viéndose con su padre. No se vieron más, pero al morir ella pidió que en el ataúd colocaran un regalo que él le había hecho.

Leopoldo, Polo, fue el único hijo. Se lo reconocía como un  feroz interrogador además de haber sido el responsable de institucionalizar el uso de la picana eléctrica y otros métodos de tortura a detenidos políticos opositores. Durante la presidencia de Alvear fue director del Reformatorio de Menores de Olivera, donde lo procesaron por corrupción y violación de menores. Al momento de su condena a diez años de cárcel, el entonces presidente Yrigoyen lo salvó a pedido de Lugones padre, “por honor a la familia”. Después del primer golpe de Estado en Argentina, Felix Uriburu lo nombró comisario inspector de la Policía, en la misma dependencia en la que figuraba su prontuario, que lo calificaba de “pederasta” y “sádico conocido”.

Desde su nuevo rol, Polo Lugones implementó la picana como método de tortura en interrogatorios, aplicándola en el sótano de una vieja penitenciaría de la calle Las Heras. Su final se escribe al igual que su padre: opta por el suicidio, pegándose un tiro en 1971.

El siguiente personaje de la familia es mujer. Susana Piri Lugones, hija de Polo. Desde su nacimiento acarreaba una renguera producto de tener una pierna más corta que la otra. En textos se la recuerda como una joven de humor ácido, siempre justificando que era mucho más difícil sobreponerse a los comentarios sobre su padre torturador que a las cargadas y burlas por su físico. Su carta de presentación, desde su propia boca, solía ser “la hija del torturador y la nieta del poeta”.

Su sangre le pesaba por un pasado trágico, casi de novela. Sin contención familiar, emprendió una vida llena de dolor y caos, con las contradicciones propias de una adolescente. Odiaba a su padre. Más grande se casó y tuvo tres hijos a pesar de que por consejo médico los embarazos fueran un riesgo para su salud. La herencia literaria la saldó a través del trabajo editorial.

En plenos años ´70, cuando el panorama político en Argentina ya estaba definido, optó por hacerse montonera, ya con 50 años.  Se entregó a tareas clandestinas tanto de información como de inteligencia hasta que el 24 de diciembre de 1978 fue secuestrada en un departamento de Barrio Norte.  Al menos estuvo en tres centros clandestinos de detención, y fue torturada con la picana eléctrica que su padre convirtió en herramienta de trabajo cotidiano para los torturadores argentinos. Según registros, aunque no es una certeza, habría muerto al poco tiempo, cerca del 17 de febrero del año siguiente.