Seis años sin Luciano

Un mediodía de sábado de enero hay miles de personas que caminan por las calles de Lomas del Mirador. Caminan bajo un Sol que quema por este barrio en el que se vio por última vez hace exactamente seis años a Luciano Nahuel Arruga. Este año ya no se marcha por su aparición. En octubre último se encontró su cuerpo enterrado en una tumba NN del Cementerio de la Chacarita, después de cinco años y nueve meses de búsqueda constante. “A Luciano lo mató la Policia y lo despareció el Estado”, dice la bandera principal de la movilización. Por eso acá marchan miles de personas. Caminan desde la plaza Luciano Arruga hasta el destacamento policial donde a Luciano lo fajaron varias veces por negarse a robar para la Bonaerense. Allí, ahora, luego de cinco años de lucha, funciona un espacio para la memoria. El destacamento se mudó a tres cuadras por disposición el Intendente Fernando Espinoza. Hasta ahí también se camina. Camina Vanesa Orieta, la hermana de Luciano, camina y les grita a los ratis que a su hermano lo mató la Policia. Se sigue caminando. Vanesa explica que por donde pasa la movilización ahora, la Comisaría 8va de La Matanza, funcionó un centro clandestino de detención en la última dictadura militar. También caminan, escuchan y cantan que a Luciano lo mató la Policia la madre de Facundo Rivera Alegre y del Kiki Lezcano, la hermana de Walter Bulacio, el hermano de Matías Bernhardt, familiares de Sergio Abalos y Ezequiel Demonty, camina la columna de H.I.J.O.S, camina Pablo Ferreyra, el hermano de Mariano. “Los casos siempre van a estar relacionados por la impunidad policial. ¿Qué importa si no son los 30 mil de la dictadura”, dice Vanesa mientras sigue caminando. Hasta que en Emilio Castro y General Paz ya nadie camina. Ahí, en la colectora de la General Paz donde un testigo vio el 31/1/09 que un patrullero de la Bonaerense estaba estacionado con las luces apagadas a la misma hora que un auto atropellaba a Luciano, que cruzó la General Paz de una manera desesperada, como si estuviera escapando de algo. Algo, para la familia y para todos los que están acá, es la Policia. Acá donde Luciano murió hace seis años ya no se camina. Se habla, se escucha, se piensa, se siente. Se sacan conclusiones. Sin Luciano no hay Nunca Más.

Pablo Pimentel, presidente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de La Matanza. [Ver entrevista a Pimentel].

Es importante haber estado acá para mantener la coherencia que tenemos muchos hace tiempo en la Argentina que es reclamar por los derechos humanos de todos, sin distinción de clase ni religión ni edad ni condición social. Hoy recordamos el flagelo que sufrió un joven que representa a muchos jóvenes de la Argentina, de una condición pobre, muy pobre, que no tuvo derechos. No tuvo derecho a ser respetado por los policías que lo reclutaban para robar. Y la familia no tuvo derecho a acceder a los instrumentos que tiene el Estado para que se supiera el paradero de él. El Estado fue obligado por un habeas corpus, que había sido rechazado anteriormente, para poner a disposición de la familia todos los elementos que haya en este caso. Al mes de eso, con las huellas digitales que se tomaron en la primera detención, dieron con el cuerpo de Luciano. Se hubieran ahorrado cinco años de dolor de toda una familia. La figura de Luciano ha crecido tanto que ha pasado su persona, va a quedar en la historia como la bisagra que de vuelta la página para que todos los casos de impunidad que han quedado del pasado, del presente y de los que vengan no exista más. ¿Cómo? Con un pueblo organizado, una familia que reclama y una Justicia independiente de cualquier poder político, económico y mediático que obre de manera justa, en tiempo y forma. Si habría sido así, hoy no estaríamos acá reclamando. Esto es porque el Estado no funciona y porque si bien han pasado 30 años de democracia la Policía no ha cambiado, no se ha formado en una cultura de seguridad democrática basada en la filosofía y el respeto de los derechos humanos de todos, inclusive los de los policías como trabajadores.

pimentel

Viviana Alegre, mamá de Facundo Rivera Alegre, joven desaparecido en febrero de 2012 en Córdoba. [Ver nota sobre el caso de Facundo Rivera]

Hoy somos todos Luciano. Es el ejemplo de la total impunidad, de la connivencia policial, política y judicial. Yo soy Viviana, la madre de Facundo Rivera Alegra, que en febrero va a ser tres años de desaparecido. Nosotros vivimos la misma situación en Córdoba con mi hijo, por eso estamos acá. Y para acompañar a Vane que siempre ha estado muy presente. Y eso es lo más importante: que nos acompañemos, porque esta es una lucha colectiva y de esa manera vamos a salir y a lograr la Justicia que nuestros hijos merecen.

alegre

Vanesa Orieta, hermana de Luciano Nahuel Arruga. [Ver entrevista a Vanesa]

Como hermana de Luciano considero que hoy es importante estar porque estamos hablando de una desaparición forzada, de una muerte que intentó ser silenciada al enterrar a Luciano como NN en el Cementerio de la Chacarita. Tenemos que estar acá porque desde el poder judicial y político, y desde los medios también, se intentó desvirtuar la escena instalando que se había tratado de un simple accidente de tránsito. Tenemos que estar acá porque hay muchos familiares que vienen a denunciar la violencia por parte de las diferentes fuertes de seguridad y es nuestro deber acompañarlos porque están solos, porque no tienen acompañamiento judicial, no tienen acompañamiento político porque los grandes medios lo que hacen es ensuciar la figura de la víctima. Esta problemática es grave, ya se han llevado la vida de muchos pibes por gatillo fácil, ya se han desaparecido muchos pibes y cada vez son más. A medida que podamos entender el significado de esta lucha vamos a empezar a entender el riesgo que corremos en esta democracia sino abrimos los ojos y nuestras bocas para gritar que no queremos más casos de violencia institucional en manos de la Policía.

vanesa

Tamara Bulacio, hermana de Walter Bulacio, joven asesinado por la Policía en 1991 después de un recital de Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota.

Es importante estar hoy acá porque es un chico más que desapareció. Como sociedad tenemos que reflexionar en eso. Más allá de tener un hermano que pasó por lo mismo, que murió a causa de gatillo fácil hace más de 20 años, lo tenemos que hacer para que el sistema cambie, para denunciar estos casos. Si no salís a la calle para denunciar esto que pasa, ellos aprovechan el silencio. No hay que callar. Hay que salir y luchar. Hoy otra no queda.

tamara bulacio

Iara Carmona, 20 años, víctima de abuso policial desde los 11 hasta los 15 años por el exmarido de su madre, un policía de la Bonaerense. [Ver entrevista a Iara] 

Me parece importante porque todas las causas son importantes, más allá de la mia. Y la manera de sostenerla es esta. Hay que estar, participar, pedirle a la gente que se sume. Es más que nada hacerse escuchar, que se difunda el caso. Es una manera de hacer justicia, justicia social. Desde cantar, acompañar, o darle un abrazo a la familia es una manera de contener a los seres queridos como el Estado y la Policia no lo hacen. Está bueno sentir el respaldo de la gente. El caso de Luciano me moviliza en especial. Es un pibe como yo. Yo bailo en la murga de La Matanza, donde hay compañeros que eran amigos de Luciano. Si bien todas las causas son importantes me llega desde un lugar especial, aunque la impotencia y la importancia es la misma en esta como en todos los casos de violencia policial.

iara carmona

Angélica Urquiza, madre de Jonathan Kiki Lezcano, asesinado el 7/9/09, a los 17 años, junto a Ezequiel Blanco (25), por Daniel Santiago Veyga, exagente de la Federal. [Ver nota sobre el caso de Kiki Lezcano] 

Es importante porque se cumplen seis años de la desaparición de Luciano. Hay que apoyar a la familia para que este caso sea visibilizado. A mí también me mataron un hijo, tres meses después que a Luciano. Por eso me mueve estar acá también. Porque es la manera de solidarizarse de corazón a corazón con la hermana, con la madre, con todos los que han sufrido como me tocó a mí.

kiki lezcano

Nora Cortiñas, presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo (Línea Fundadora), madre de Carlos Gustavo Cortiñas, desaparecido el 15 de abril de 1977.

Es importante porque la memoria es la que nos lleva a que busquemos toda la justicia. No hay que perder la memoria, hay que estar en la lucha permanentemente, eso es lo que nos va a llevar a la verdad y a la justicia. Hay que seguir. Esta es otra etapa en la que ya sabemos que pasó con Luciano, ya tenemos su cuerpito. Es otro camino el que hay que recorrer, pero con la misma bandera de no a la impunidad, en el caso de Luciano y en todos los casos donde haya una injusticia.

cortiñas

————Mirá más fotos de la marcha acá————

Cuando la Legislatura es cómplice de la muerte

La barra de Talleres fue premiada en mayo en la Legislatura cordobesa por su lucha contra la violencia. En 2006 había matado a Matías Cuesta, y hace una semana volvió a asesinar a un joven: Jonathan Villegas.

En la Legislatura de Córdoba no sólo se avaló un asesinato sino que los propios diputados que aprobaron la distinción que recibió la barrabrava de Talleres fueron cómplices de una nueva víctima. Jonathan Villegas tenía 21 años y un hijo de seis y recibió el domingo 24 de noviembre una puñalada en el corazón en el balneario Diquecito, que queda en la ciudad de Villa Carlos Paz. Los culpables – hay ocho detenidos- pertenecen todos a La Fiel, nombre con el que se conoce a la barra del equipo cordobés, la misma que en 2006 mató a Matías Cuesta, un joven de 18 años hincha de Atlanta que volvía en el tren a su casa: http://www.nosdigital.com.ar/2013/07/que-asesinato/

El 22 de mayo de este año Carlos Alessandri, legislador del partido Justicialista, presentó un proyecto polémico: distinguir a La Fiel por “su aporte en la lucha contra la violencia en el fútbol”. En una jornada insólita en el recinto se podía ver cómo los líderes de la barra eran arengados por los demás integrantes que habían colmado la Legislatura cordobesa, mientras una bandera con los colores del equipo decoraba todo el salón. Ellos saludaban como si fueran próceres, alzaban sus manos y recibían los aplausos y las risas cómplices de los diputados; Carlos Pacheco, el cabecilla, salía al balcón y levantaba las manos como un ídolo en una cancha de fútbol.

“Son un condimento indispensable para darle color y calor a este deporte. Eso es el fútbol, la misa dominguera, el preanuncio de los clásicos, eso de trabajar por los demás. Esa es la tarea que debemos hacer los que tenemos un sentido social responsabilidad. Felicitaciones, sigan así”, decía, eufórico, Alessandri. Pacheco y compañía hicieron caso a sus palabras sobre continuar de la misma manera y siete años después de la muerte de Matías Cuesta, volvieron a asesinar.

Organismos de Derechos Humanos y familiares de víctimas en el fútbol repudiaron este reconocimiento desde el primer momento, pero nunca recibieron una respuesta. Seis meses después, con el asesinato de Jonathan Villegas consumado, los mismos impulsores de la distinción dijeron en voz del titular de la bancada legislativa oficialista de Unión por Córdoba, Sergio Busso – quien responde al gobernador José Manuel De La Sota – que “podría haber sido un error” lo que realizaron. Más tarde le quitaron la distinción. “Es muy tarde para eso, a mi hermano ya lo mataron”, dijo Matías, hermano de Jonathan, quién confirmó que no recibieron ni siquiera un perdón de los legisladores.

Jonathan recibió una puñalada luego de que se produjera una emboscada en un sector del Balneario apropiado por la barrabrava, denominado “Parador de la T”, el pasado domingo 24 de noviembre. Por el asesinato detuvieron a siete integrantes de la barra y luego se entregó Carlos Pacheco, al enterarse que su madre, Andrea Pacheco, y su hermano, Adrián Pacheco, habían sido también arrestados, al igual que Darío Cáceres, presidente de la ONG que mantiene la barrabrava, y Marcos Castillo, quien es el principal acusado de ser el que lo apuñaló. Los otros cuatro detenidos, integrantes de La Fiel: Romina Gómez, Mauricio Páez, Ariel Iriarte y Rodrigo Brizuela.

Los hermanos Pacheco habían ido al Mundial de Sudáfrica 2010 con “Hinchadas Unidas Argentinas”, pero fueron deportados por las autoridades del país africano por mal comportamiento. Pese a eso, estaban armando su viaje hacia Brasil del año que viene.

La investigación está a cargo del fiscal Mario Mazzuchi y están buscando a más culpables. Está caratulada como homicidio calificado por alevosía y uso de arma de fuego, que podría darles una pena de hasta 25 años de cárcel. “Me mataron a mi hijo porque se creen Dios, porque los dejan tener poder y porque son muy amigos de los dirigentes y los políticos, que los custodian permanentemente”, contó Julio, padre de Jonathan, quién organizó una marcha que se realizará todos los domingos hasta que se condenen a los culpables.

Lo que votó la Legislatura podría marcar un antes y un después. Ricardo Rizzi, médico clínico cordobés, recibió en diciembre de 2007 una distinción por parte de los mismos que premiaron a La Fiel. Al día siguiente del asesinato, devolvió la plaqueta que le habían entregado en repudio al asesinato de Villegas, pero no pudo deshacerse legalmente de la distinción. “Le pido perdón a Jonathan y a su familia, que fueron víctimas de la barbarie de esos que dicen ser hinchas de fútbol y sólo son unos asesinos. Espero que su pequeño hijo de seis años y sus seres queridos encuentren alguna vez consuelo y paz. Yo no fui capaz de reivindicarlo”, dijo el docente de la Universidad Nacional de Córdoba, que intentará realizar una campaña masiva para que se devuelvan las distinciones que realizó la legislatura cordobesa.

En 2006, tras el asesinato de su hijo, Norma Roldán, madre de Matías Cuesta, intentó que se decretara el derecho de admisión a La Fiel y lo único que consiguió fue recibir amenazas de muerte. En 2013, al enterarse que iban a distinguir al grupo de violentos que asesinó a Matías, trató de concientizar a los diputados sobre lo que estaban a punto de hacer. Pero no hubo caso. Tal es la prueba del delito que compromete al legislativo cordobés.

Imagen: NosDigital.

Derecho para matar

Las fuerzas de seguridad que asesinan sistemáticas. De civil, retirados o de turno, disparan sin preguntar. Los datos duros de la sangre que salpica el gatillo fácil. 

Hoy, mañana o pasado, según las probabilidades estadísticas del Centro de Estudios Legales y Sociales, un policía de civil o retirado va a matar a otra persona. 44 por ciento de las muertes causadas por un uniformado se dan cuando no están uniformados -9 por ciento son retirados; 35 por ciento, de franco-.

231 personas fueron asesinadas por personal de la Policía Federal entre 2002 y 2011 en la Ciudad de Buenos Aires.

312 personas fueron muertas por personal de la Policía Federal entre 2002 y 2011 en el Gran Buenos Aires.

En esos 312 casos, los policías estaban fuera de servicio: aun más federales mataron, en esa década, fuera de su área de trabajo que en ella. Por eso CELS concluyó en este informe de 2011 que esto “reafirma la necesidad de que se modifique la cultura institucional de portación y uso de armas”. El 15 de noviembre de 2012, el Ministerio de Seguridad, todavía a cargo de Nilda Garré, publicó el Programa del Uso Racional de la Fuerza.

4 principios desde los que fue pensado:

1- Oportunidad: La fuerza se usará cuando todos los demás medios legítimos para alcanzar el objetivo resulten ineficaces y el uso de la fuerza no acarree consecuencias más lesivas que aquellas que se producirían en caso de no recurrir a ella.

2- Proporcionalidad: El personal deberá resolver el uso de la fuerza en relación con la gravedad del delito y al objetivo que persiga salvaguardar.

3- Legalidad: La fuerza que se use tiene que adecuarse a las normas constitucionales, legales y reglamentarias vigentes así como a los tratados internacionales en materia de derechos humanos.

4- Rendición de cuentas: el personal debe asumir las responsabilidades de su accionar y rendir cuentas por las acciones efectuadas.

El eje de trabajo más interesante para eliminar los casos de muertes por policías es la reforma en la formación inicial de oficiales y suboficiales. Se incorporan “técnicas de comunicación, negociación y prácticas graduales sobre el uso de la fuerza”. Algunos –y solo algunos- casos de 2013 como esos que se encuentran fácilmente en los diarios muestran que, al menos en lo inmediato, no hubo resultados.

Un ejemplo por cada caso encontrado en este año solamente buscando “policía de civil mata” en Google:

 

• Intentando evitar un robo, matan.

Tiros en un colectivo: un policía mató a un ladrón y detuvo a dos cómplices (24/6/2013)

 

• Intentando evitar que les roben, matan.

En la localidad bonaerense de Villa Ballester

Una mujer policía mató de un balazo a un ladrón que trató de asaltarla (11/9/2013)

 

 

• Intentando ocultar, matan.

El efectivo está detenido

Santa Fe: lo mató un policía de civil después de chocar con su auto (3/9/2013)

David Vivas, trabajador de Acindar, chocó con su auto el domingo al amanecer. Luego, un sargento de la policía le pegó un tiro en la cabeza. Dijo que quiso escapar, lo arrastró diez metros, y en el forcejeo, la bala se le escapó. Para su madre fue otra cosa. Le dijo a Infojus Noticias que su hijo “era incapaz de hacer eso”.

 

 

• Intentando robar, matan.

Gendarme detenido por el asesinato del Suboficial de la P.F.A. (20/5/2013)

Fue detenido en Campana por el crimen del suboficial Héctor Alejandro Domínguez Fernández ocurrido en el barrio porteño de Caballito, el viernes pasado. 

[…]En un principio se creía que el autor era un delincuente, al que el Suboficial habia tratado de detener cuando asaltaba a una mujer, en la intersección de la Avenida Honorio Pueyrredón y la calle Tres Arroyos, donde el uniformado – perteneciente a la comisaría 13°- intentó defender a la víctima de un asalto y recibió un balazo en la cabeza.

 

El Programa del Uso Racional de la Fuerza propone también realizar estadísticas confiables sobre hechos de asuntos internos de las cuatro fuerzas (Policía Federal, Gendarmería, Prefectura y Policía de Seguridad Aeroportuaria). Antes de que esas estadísticas muestren los resultados. Antes de poder evaluar los efectos del Programa, el Ministerio aumentó la cantidad de gendarmes en el Conurbano bonaerense y Sur de la Ciudad de Buenos Aires, de 3500 a 6000 efectivos. Con más armas en la metrópoli, nada imposibilita que sea entre hoy y mañana que haya otro muerto a manos de un policía fuera de servicio.

 

“Cuando descubrimos que fue un policía, los diarios no dijeron nada más”

Tres chicos caminaban por la calle y tuvieron una discusión con un auto que paso. El conductor bajó y los mató. Tiempo después, descubrieron que el asesino era un subcomisario. Tiempo después de que presionaron a los testigos para que mintieran.

La voz de Beti.

Los hechos

gatillo facil quilmes
El papá y la mamá de David y la mamá de Javier, en Quilmes. Fotos: NosDigital

Domingo 3 de marzo, alrededor de las 7 am. Nuestros hijos, David Vivas y Javier Alarcón, 21 y 15 años, venían de bailar (en el boliche Maruca), en la ribera de Quilmes, con un grupo de 15, 20 chicos de Villa Luján. Pasó un coche, rozó a Marcelo (de apellido Luque, 23 años, hermano de David), que le respondió con una patada. Bajó el hombre y los desafió a pelear. Marcelo David y Javier se le acercaron. Él fue al coche, agarró el arma y los mató. Yo me enteré porque me llamó mi hija: “¡David, mamá! ¡David! Venite para el hospital”. Me dijo que le habían dado un tiro. Entró con muerte cerebral al hospital de Quilmes y falleció cerca de las 10.30. El hombre disparó a Marcelo, que quedó herido en el hombro izquierdo y fue internado, a David y a Javier, que murió ahí nomás, en la Avenida Iriarte.

Raúl, mi hijo mayor, el domingo ese, volvía de trabajar de uno de los boliches del río. De casualidad se vino para este lado, por Avenida Iriarte. Para esto ya los chicos estaban en el piso. Estaba la tía de Javier que vive a pocos pasos de donde los mataron. Raúl es el que lo levantó porque le dijeron es tu hermano, es tu hermano. Lo cargaron en un coche con Javier y lo llevaron al hospital.

 

La voz de Gladys

Javier

gatillo facil quilmesSeñora, al Chizo le dieron un tiro. Yo no lo creía muerto. ¿Usted es la mamá de Alarcón? Me dice la oficial. La tía me dice: “El Chizo no está”. Para mí, era él el que gritaba. “El Chizo no está, falleció”. Y que no, y que no. En la (comisaría) 1ra de Quilmes, cuando fui a declarar, me enteré (de) que lo habían fusilado. Hacía poquito que se estaba drogando. No es que se daba con merca, o esa porquería que le dicen. El sábado se había peleado con la novia y vino a casa. En vez de agarrarse con ella, se la agarró conmigo. “Mami, voy a hacer un mate cocido”, me dijo antes de salir a comprar galletitas, y me dio un beso. “Perdón por lo que te hice”. El domingo, 7 de la mañana me vinieron a avisar. El oficial me preguntó si mi hijo tenía enemigos. No. Jamás tuvo enemigos. Él salía en el carro, laburaba. Era un pibe del barrio. Me preguntaron si alguna vez había robado. No. Él era humilde. No era para que lo maten así al chico.

Lo que pasa es que en ese momento la versión de la misma policía era que le querían robar.

 

La voz de Beti

David

gatillo facil quilmesDavid era un chico dócil. Cuatro veces estuvo internado por adicción al paco. Estuvo en San Miguel bajo un régimen muy estricto. Se vino por las fiestas. Se quedó en la casa de mi hija Andrea, 32 años, a cinco cuadras de mi casa. Estaba bien. Por primera vez pasé las fiestas fuera de mi casa. Nos parecía que si volvía al barrio, el ambiente le iba a hacer mal. Acá en la esquina ya se ve mucha droga. Las dos fiestas fuimos a la casa de mi Andrea. Cinco cuadras más arriba ya es bastante más tranquilo, otra vida. Había hecho la promesa de que pasaba las fiestas y se volvía a internar. Los primeros días de enero volví a conseguir una internación, esta vez en Glew, con acuerdo de él. Fuimos con Dani, Jessica. En Glew estuvo una semana que tuvo una crisis de abstinencia muy grande. Lo fuimos a ver un domingo y estaba contento. Se sentía cómodo. El martes apareció acá otra vez. Yo iba a seguir intentando todas las posibilidades que hicieran falta hasta que se recuperara. Él era un chico muy bueno, de esencia buena, y se quería recuperar. Es más, yo encontré después una carta en la que decía que no era fácil, que sufría mucho y no quería sufrir más. Cuando volvió, estuvo bien un tiempo. Casi no iba a bailar porque se quedaba acá con sus amigos en la esquina. No iba a bailar todos los sábados. El sábado 2 se fue a bailar. Se preparó. Era muy coqueto, muy arregladito, muy prolijo. David no era amigo de Javier. Eran vecinos. Se conocen de toda la vida, como nos conocemos Gladys y yo. Y pasó lo que pasó.

 

Después, las presiones, las mentiras

 

Hasta ahí, no entendíamos nada, no sabíamos qué había pasado. Sí esa mañana con los chicos que fueron al hospital sentimos la presión de la policía para que dijeran de que los chicos habían querido robar. Era tan grande el dolor que no nos dimos cuenta de nada.

 

Los amigos nunca dieron vuelta su declaración. Uno de los chicos, de 15 años, fue con la mamá a declarar. El policía lo apuraba. El chico lo insultaba, llegó a escupirlo porque el policía lo presionaba para que dijera que estaba robando.

 

-¿No te das cuenta que es un chico? Tiene 15 años y le mataron a los amigos.

-Qué mal educado.

-Yo no voy a decir eso porque no es verdad.

 

Todavía no nos habíamos dado cuenta de que nos estaban presionando a nosotros y a los chicos.

 

gatillo facil quilmesEl lunes al mediodía sepultamos a los chicos. El martes a la noche, la familia, amigos, el barrio, se empezó a organizar para entender qué pasó. Se cortó la autopista Buenos Aires La Plata en la bajada de Quilmes, a un par de cuadras de donde habían muerto los chicos. El miércoles a la mañana, esta misma gente cortamos el juzgado en Quilmes. Mi nuera es atendida por el fiscal Sarra donde le dice que estaban trabajando y en breve tendrían respuestas. Vuelven de esa movilización del miércoles a la mañana. Llama el comisario de la 1ra de Quilmes pidiendo que vayan dos personas. Va mi nuera, mi hijo, Gladys –mamá de Javier- y otra persona más. El (sub)comisario (Godoy) les dice que los están haciendo quedar como un boludo frente al fiscal y que no quería que cortáramos el puente el miércoles a la noche, porque eso era lo que habíamos decidido y dicho. Quería que le diéramos tiempo hasta el viernes porque ellos ya estaban trabajando.  Mi nuera le dice que ella no podía responder en ese momento y que trasladaría esa propuesta al barrio. En ese momento nos llegó la información de dentro del juzgado de que el asesino era un policía de la 1ra de Quilmes. El corte fue más grande esa noche. También hubo presión de la policía a los medios. A la familia también hubo presión. Hubo cruces de palabras con mi marido porque queríamos que llegaran los medios –escritos, locales-. La policía decía que la familia no quería dar notas. Por eso fue el cruce de palabras.

 

A la noche, en el otro corte, volvimos a recibir otro llamado del comisario. Nos comunicó que era Alberto Alferdo Veysandaz y que ya estaba detenido. Tenemos entendido que se le dictó la prisión preventiva y que la causa está en la Cámara.

Por eso entendimos por qué sucedían las cosas. “Digan que estaban robando” o a Marcelo: “Decí que estaban robando porque si no te llevamos preso”. (El jefe de cuadrilla) Adrián Scalise, el facha que le dicen, entró a detener a mi hijo David cuando mi hijo ya estaba muerto. Por eso fue por Marcelo.

 

Veysandaz

El policía cuando mata a nuestros hijos, retrocede –venía para el centro de Quilmes- por la misma Avenida hasta el destacamento y ahí sus compañeros, policías, le lavan el coche, que estaba lleno de sangre de los chicos. Se cambió la remera y se fue para San Martín, donde él vivía. Los mismos que le lavaron el coche fueron a limpiar el lugar donde mató a David y Javier. Cuando vino la científica faltaban pruebas. Eso lo sabemos por gente conocida que tenemos dentro del juzgado de Quilmes. No tenemos una causa concreta contra el (sub) comisario. Primero vamos contra Veysandaz y después iremos a buscar a los cómplices (Los domingos a la mañana la ribera de Quilmes está llena de policías. Nadie vio nada).

Veysandaz hacía una jornada doble: primero en la comisaría 1ra y después como seguridad privada de una panadería. El 4 de marzo se presentó a trabajar normalmente en la panadería.

 

En los diarios salió que peligrosos delincuentes, que modalidad piraña, que un vengador mató dos delincuentes en la peligrosa Villa Luján. Cuando descubrimos que era un policía, no salió nada en los diarios.

 

Veysandaz fue a trabajar lo más bien al día siguiente, no pensó que nos íbamos a organizar. En 24 horas de movilización conseguimos detenerlo. Si les hubiéramos dado tiempo, no hubiera pasado nada. Él mató, se fue y siguió su vida normal.

 

Declaró que no se presentó espontáneamente porque al día siguiente “tuvo una gastroenterocolitis”.

 

Sabemos que no estaban robando. Son muchos los chicos que vieron. Hay dos testigos que nosotros no presentamos que vieron que se produjo la discusión y que el tipo sacó un arma y los mató. Suponiendo que él sentía que le iban a robar, ¿por qué no llamó a la comisaría? Porque es un asesino. En su declaración, dice que venían los chicos por la calle, que uno de los chicos le pateó el coche y que lo rodearon entre todos para robarle. A lo lejos escuchó los tiros, que eran los de él. Dice que tenía diabetes, que no veía. A Javier le tira a 50 cm con una bala no sé si calada, porque Carmen dice que nunca vio un daño tan grande en el cuerpo, que le destroza pulmones y columna, un arma muy grande (357mm, dice Gladys. Glock, 357 dice Correpi). A David, él dijo que no veía, pero le apoyó el arma y le destrozó la cabeza (“con el arma apoyada en la cabeza, en la parte superior de la frente”, Correpi). Por eso entró con muerte cerebral. “Vi todo oscuro”, “escuché disparos a lo lejos”, “Entré en una nube”. A parte de ser experto en tiro (3º torneo de monohileras de Haedo y Prueba de clasificación del IDPA). Practicaba tiro, caza mayor. Cuando le allanaron la casa, el fiscal le mostró a mi nuera la cantidad de armas en la casa. (Veysandaz era un capitán, lo que antes era un subcomisario).

gatillo facil quilmes

Qué asesinato debe cometer una barrabrava para ser premiada por el Congreso

Una traición a la vida que hoy mismo vivís: el asesinato de Mati Cuesta. En el 2006 la barra de Talleres de Córdoba lo tiró de un tren de un piedrazo para después matarlo a golpes. Aún irresueltos los responsables de su muerte, la semana pasada el Congreso Nacional, repitiendo a la Legislatura cordobesa, galardonó a la misma barra por su supuesta lucha contra la violencia en el fútbol. Impune vergüenza.

Ese día la alegría se me fue en un segundo. Estaba contento, Atlanta, mi equipo, mi pasión, había ganado 2-1 en Jáuregui a Flandria, cuando nadie lo esperaba. Era 2006, el ascenso estaba cerca, había ido a la cancha porque todavía podíamos ir de visitantes, pero estaba sorprendido por los pocos que éramos, sabiendo todo lo que nos jugábamos.

Pasaron más de siete años, pero esa fecha, el 18 de marzo de 2006, no me la voy a olvidar nunca y no justamente por esa victoria. Cuando volví me enteré de todo  y me largué a llorar como un nene. Matías Cuesta, un bohemio de 18 años que me cruzaba casi siempre en la popular, había querido ir a la cancha y terminó en el hospital, agonizando.

Pocas horas después me contaban lo que había pasado y no lo podía creer. Había salido de su casa, ahí en Villa Crespo, a metros del estadio, para ir en uno de los dos micros hasta el Carlos V, el estadio de Flandria. A la altura de Moreno pincharon una goma y, como ya no llegaban de ninguna manera, se volvieron. Él se tomó el tren con un amigo más. Fue en el Sarmiento, con la esperanza de poder volver rápido para Capital para verlo aunque sea desde la tele.

Tuvo la mala leche, la desgracia, de cruzarse a la altura de la estación Caballito con la barrabrava de Talleres de Córdoba, que volvía de Ferro sin ninguna custodia policial. Los muy hijos de puta no tuvieron otra cosa que hacer qué empezar a tirar piedras al tren. Iba lleno, iba hasta las pelotas y con las puertas abiertas. Matías quedó al lado de una de las puerta y le encajaron dos piedrazos en la cabeza. Se cayó al andén y mientras estaba en el suelo, le pegaron patadas hasta dejarlo inconsciente. El tren siguió su rumbo.

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Fotos: NosDigital
Fotos: NosDigital

Ese día, mi amigo, el que me contó todo esto, tuvo que tocar el timbre en la casa de Matías a las seis de la tarde para avisar que estaba muy grave en el hospital. Llegó y le tuvo que mentir a la madre, a Norma Roldán, porque no se animaba a decirle la verdad. “Señora, soy un amigo de Mati, no se asuste, pero su hijo tuvo un accidente. No es grave, pero lleve el documento de él que lo necesitan los médicos”, le dijo.

Ahí me enteré y fui a acompañarlo, me lo pidió desesperado. Vi como le decían a Norma que seguramente no la iba a reconocer por lo aturdido que quedó por los golpes. Vi, también, como empezaba a llorar desconsoladamente y sin entender lo que pasaba. Nos preguntaba cómo había pasado esto y dónde estaban los cagones que lo habían lastimado.

A los tres días, su estado era muy delicado. Eran las 10 de la mañana cuando a Norma le sonó el celular en el colectivo y casi se le sale el corazón por la boca: “Me dijeron que fuera rápido porque había sufrido un paro respiratorio y que había perdido los signos vitales”. Y después, con el segundo parte médico del día le contaron, con nosotros presente, que si se salvaba iba a quedar ciego porque tenía las córneas arruinadas a golpes. Ella se arrodilló ante el médico y con la voz tomada y con lágrimas en los ojos le rogó que lo salvara. Que no le importaba si quedaba ciego, pero que tenía 18 años, un montón de sueños por cumplir y que no se podía morir.

La agonía continuó hasta el viernes 24 de marzo. A las siete de la tarde falleció por muerte cerebral y lo velaron 48 horas después en el club de sus amores.

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A más de siete años la causa judicial nunca prosperó y tal es así que la jueza Mirta González la cerró el 15 de junio de 2009. Norma había recolectado testimonios de testigos, pero ellos nunca se animaron a presentar testimonio por miedo. Un periodista partidario de Atlanta grabó una entrevista radial con uno de los hinchas que viajaba en el mismo vagón, pero que nunca se animó a dar testimonio en el estrado. La Justicia, pese al audio detallado, no tomó en cuenta ese relato y nunca lo citó.

Para ella, que desde el primer momento tomó la posta para tratar de encontrar pruebas sobre los asesinos de su hijo, las amenazas eran cosa de todos los días. “Me llamaban anónimamente y me decían que no siga investigando porque iba a haber otro cadáver para mí. O llamaban, pedían por Matías, se reían a carcajadas y cortaban”, contó.

Al día de hoy, la causa continúa cerrada y sin ninguna novedad, pese al pedido mensual que hacen para que se cite a los testigos a que vean fotos para reconocer a los culpables. El pedido fue negado, una y otra vez, porque aseguran que pasó mucho tiempo y es muy difícil que se pueda descubrir algo.

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violencia futbol matiasMatías trabajaba como delivery hasta las dos de la mañana. Había retomado los estudios y estaba haciendo un acelerado, donde ya iba por el segundo año. Tenía pensado seguir alguna carrera relacionada con la informática.

Era fanático de Atlanta. Todos sus amigos eran del club y todo el tiempo libre que tenía se la pasaba ahí, a dos cuadras de su casa: en el estadio León Kolbovsky. Le hablaba a su familia y decía que soñaba con ver al bohemio ascendiendo y jugando contra los mejores equipos del país.

Era muy compañero de sus hermanas, que hoy tienen 16 y 21 años. Su mamá extraña su sonrisa cada día más. “Era muy pegado a su familia. Todos los días tomábamos mates juntos a la mañana y eso ya no lo tenemos más. Era muy cariñoso, ahora aunque amo a mis hijas con todo el alma, a veces cuando las beso tengo un remordimiento por poder estar con ellas y no con mi hijo, que cada día me hace más falta”, dice a lágrimas Norma.

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Al principio, las autoridades le querían hacer creer a la familia que todo había sido un  accidente, que seguramente estaba borracho y se cayó por estar en ese estado. Sin embargo, el laboratorio de toxicología y química legal – según la autopsia número 651-06 – certificó que no se registró ninguna sustancia tóxica en su cuerpo ni que hubiese tomado alcohol.

Norma no tiene dudas de que fue un asesinato y que los culpables están dentro de la barrabrava de Talleres de Córdoba, una facción que se mantiene desde 2006 y que además recibe premios por su comportamiento. Sí, los mismos hijos de puta que mataron a Matías reciben homenajes estatales, por una fundación que llevan adelante para legalizar los negocios de la barra.

Primero en Córdoba, donde Carlos Alesandri, diputado de De La Sota por el partido Unión por Córdoba, los agasajó como si fueran un ejemplo para la provincia. Le entregó a la cúpula principal de “La Fiel” – como se hace llamar la barra – una plaqueta. Esos mismos que recibieron la distinción, eran los mismos que dirigían “Las Violetas”, los que atacaron y asesinaron a Matías en 2006.

una que se ve la bandera en legislatura de cordobaEn una Legislatura colmada de banderas y cantitos futboleros, los premiaron por su “compromiso con la erradicación de la violencia en el fútbol”. Casi como si fuera un chiste de mal gusto. Casi como si se estuvieran cagando en la historia de Matías. Casi como si les chupara un huevo la lucha, la bronca y el dolor de Norma y de su familia.

Primero “Las Violetas”, después “La Fiel”. Desde fines de 2003, la facción que dominaba la barrabrava de Talleres de Córdoba  se hacía llamar las violetas. Después de que su líder, Sergio Busso, o “Tomatón”, como era conocido, quedó preso por el asesinato de un joven de 23 años, la barra – que no cambió su cúpula principal- pasó a llamarse “La Fiel”.

barra recibiendo de diputado“Verlos ahí tan impunemente me generó un dolor inmenso y mucha bronca. Tener que ver a los asesinos de mi hijo y que los traten así me pareció vergonzoso”, se indignó Norma. Y luego, después del escándalo que se armó tras la premiación, los volvieron a agasajar en el mismísimo Congreso de la Nación. En el Anexo, hablaron en una charla sobre violencia en el fútbol, llevados de la mano de diputados del PRO. Uno de los que habló, Carlos Pacheco,  que fue expulsado del Mundial de Sudáfrica 2010 por contar con antecedentes penales, es uno de los acusados por la familia de Matías por el crimen y fue uno de los que disertó. El otro apuntado, Sergio Busso o Tomatón, como lo llaman, está preso por otro homicidio.

“No puedo entender cómo les da la cara para dar charlas como si fueran pacíficos, cada vez que los escucho me acuerdo de lo que le hicieron a mi hijo y me largo a llorar”, dice Norma.

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“Desde el día en que lo velamos, perdí una parte de mi vida”, confiesa Norma, que hoy ayuda a otros familiares de víctimas de violencia en el fútbol desde la organización Salvemos al Fútbol. Desde que Atlanta remodeló el estadio el 30 de marzo de 2009 que una parte de la platea del Bohemio lleva el nombre de Matías Cuesta, para que todos los que pisen la tribuno sepan quién fue. La respuesta será la de un joven que tenía muchos proyectos, muchos sueños y que no puede descansar en paz. Que no puede estar tranquilo porque su asesinato sigue impune y con los culpables recibiendo premios.

Nada tienen los periodistas que celebrar

La profesión está vapuleada por la sangre. Más que un Día de la Libertad de Prensa, México tiene la urgencia de asegurarles la vida. Con 105 muertes en los últimos trece años, no puede haber ninguna fiesta.

 

Teodoro Rentería Arróyave firma lo que no querría firmar. No sólo no es un delirio: es tan real que duele. Es 10 de junio y nadie reparte tequilas o cervezas para brindar. Genera impotencia. Impotencia, dice la RAE, es la falta de poder para hacer algo. Y es impotencia. Pero qué quieren que haga. Si él, Presidente fundador y honorario de la Federación de Asociaciones de Periodistas Mexicanos (FAPERMEX), vicepresidente de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP), tiene la obligación de decirlo: en el Día de la Libertad de Prensa, no puede haber fiesta.

Desde 2000, 105 no es fiesta.

Desde 2000, 105 son los comunicadores asesinados.

Desde 2000, 105 son los que ya no hablan.

105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105. 105.

Hasta que se vuelvan 106.

Pero ese no es el eje de las discrepancias. A esta altura, al sol nadie lo tapa con las manos. Aunque, a veces, se le borronean los mensajes. La Comisión Nacional de Derechos Humanos de México saca un comunicado en el que anuncia que los muertos son 84. En un listado preciso que se encuentra en www.fapermex.mx, figuran 105 más una incorporación de 23 nuevas personas, que no aparecen en las nóminas oficiales: son 10 trabajadores de prensa, 9 familiares, 3 amigos de comunicadores y 1 civil, a quienes se los incorpora a esta lista a pesar de las concepciones de el ex presidente mexicano Felipe Calderón, quien planteaba que estos casos eran de “daños colateral”.

Pero, aún así, esa diferencia de números no es la que genera la mayor rabia: el 91 por ciento de los 143 casos son impunes, tan sólo 27 fueron los que llegaron a la Justicia y sólo en 12 se ha dictado sentencia.

“Honduras, México y Siria son ahora los países más letales para el periodismo”, escribía hace unos meses Ernesto Carmona, Presidente de la Comisión Investigadora de Atentados a Periodistas (CIAP). Lo hacía un año después de que Irina Bokova, directora de Unesco, anunciara que el 2012 había sido “el año más mortifero para el periodismo”. Janis Karlins, subdirector de Comunicación e Información de la organización, planteaba que “los países que desgraciadamente encabezan la lista de naciones en donde más periodistas se asesinan son México (…) y Honduras que tiene el triste honor de encabezar, por un lado, el número más grande per cápita de asesinatos de periodistas y, por otro, ser el país donde más se asesina per cápita en el mundo (92 homicidios por cada 100.000 habitantes)”.

Y, en eso, caben una serie de preguntas de las más difíciles: ¿la muerte es política? ¿la muerte es ideológica? ¿las muertes, estas muertes, son mafiosas? ¿las mafias son política? ¿las mafias son ideología? ¿las mafias son partes necesarias del sistema?

Con buenas intenciones de debate, Mariano Tenconi Blanco, en el primer número de la interesante revista argentina Don Julio, realiza una entrevista con una de las mejores plumas de este planeta. El periodista y escritor Juan Villoro lo espera en Colonia Coyoacán para hablar de Menotti, de Bilardo, de Guardiola, de Mourinho y del Barcelona. Es vox populi que Villoro es mucho más que amable. Por eso, adentrado en la charla, el entrevistador se anima a enunciar una pregunta de la que no espera recibir un cachetazo. Valioso cachetazo que termina siendo un gran logro del periodista:

– El periodismo es otro de tus oficios, y hay un debate en la Argentina sobre el periodista que defiende al monopolio y a los grupos económicos, y el periodista que tiene ideología partidaria y milita desde su rol de periodista.

– No puede haber periodismo indiferente. Todo periodismo, en menor o mayor medida, es militante. El periodista no puede ser ajeno a la realidad y debe pronunciarse ante ella. (…) México es el país más peligroso para ejercer el periodismo. Tiene otros enemigos, como el crimen organizado y sobre todo en las zonas donde se conecta con el poder. No te mata un capo de la droga, te mata el político al que puedes poner en evidencia o el empresario que lava el dinero. No los malos, sino los que parecen buenos. Esos serían, entonces, los tres jinetes del apocalipsis para el periodismo.

 

Dice Villoro, involucrando dos elementos centrales: el pueblo y el poder. La sociedad y los funcionarios. La gente y el crímen. El individuo y las mafias. Todos y las mafias. Todo porque todos son parte de la realidad. Porque todo, en cada paso, es política.

“Nada tienen los periodistas que celebrar”, dice el comunicado de la FAPERMEX. A Teodoro Rentería Arróyave no lo desencaja del todo porque desde 1983 anunciana lo mismo. A México, en sí, no lo desencaja del todo, porque lleva más de una década sintiéndolo. A todos, claro, los que no descubrieron hace poco que el periodismo siempre fue militante, tampoco los sorprende.

“Nadie será libre mientras haya peste”, escribió Albert Camus en La Peste. Junio tuvo, también, el día del periodista en Argentina. Acá, allá, donde sea: la libertad es una deuda pendiente.

En la fiesta de las mafias, no hay fiesta.periodistasmexico

El pez por la boca no muere

fioritoSomos de Fiorito nosotros, ¿viste? Pasa seguido acá. Yo recién volvía de cartonear. Era como la una de la madrugada del 25 de septiembre del 2010. Me bañé y ya salía para bailar. Compré una cerveza, me junté en el pool de Recondo y Pío Baraja. Lo vimos pasar a este hijo de puta y le gritamos cornudo. No sabíamos nosotros que era gorra. Trabajaba en la Casa Rosada. Se llama Maximiliano Germán Ledezma, tenía 23 años, y vive acá cerca, en Rodríguez. Estaba noviando frente al pool. Se metió, se hizo el capo, ni sacó la chapa ni nos pidió documentos, como hacen otros. Si pedía, ahí le decía: “Leandro Pérez, excompañero de tu novia; él es Walter Robles. También la conoce bien”. Por joder nomás. Ni sabíamos que era rati. Le daría vergüenza ser vigilante. No le habría dicho a la piba. Acá en el barrio son muchos, pero ni te enterás. Salen de civil, van a trabajar y vuelven de civil. No. No mostró que era policía hasta que nos sacó a los tiros, nos dejó muertos en el piso. A mí me pegó tres tiros por la espalda, a Walter, cuatro mientras se cubría con las manos. Ahí sí nos dimos cuenta que era cana. Cayeron los de la 5ta y lo encubrieron. Después dijo que le queríamos robar la moto. Ñaca. Yo tenía la mía. Dos días antes la policía me la había sacado por no tener casco. A las 12 horas de que mamá, Nely, pagó los 1500 pesos a la Policía para sacarla, otra vez me la sacaron.

Los vecinos vieron que él tiró un tiro al aire para decir que hubo un enfrentamiento.

El vigilante tenía dos armas. Una, reglamentaria; la otra, dada vuelta. O sea que se la puso así a Walter. Eso declararon todos los testigos: que vieron que tenía dos armas. Todos salieron gritando que deje de tirar tiros que va a matar a otro más. Y ahí lo vieron, que tenía el arma del lado del revés. Él tiró todos los tiros.

Fotos: NosDigital
Fotos: NosDigital

Ahí salieron a ver. Y mi hermana estaba ahí cerca. Lo vio y le avisó a mi mamá. Es como dice mamá: “En todos lados esto pasa seguido. Uno escucha tiros. Trata de pensar que es una moto, pero a veces no.”

Y este día cayó la policía de la 5ta. Querían sacar a mi familia porque tenía que ir a trabajar la fiscal. Mi hermana le dijo “No dejes el cuerpo solo porque ellos van a querer poner algo”. Lo que pasa es que ellos se cubren entre ellos. Son compañeros. Uno de la federal, otros de la bonaerense. Pero como los testigos no querían que a sus hijos le pasara lo que a mí y a Walter, y se animaron a declarar.

El juicio iba a ser hace dos años, pero bueno, logramos que Walter también fuera considerado víctima para que el matapibes por la espalda, como le pusieron en un escrache, fuera juzgado por los dos. Mientras estuvo preso, pero como dice mi vieja, “más de dos años no puede estar preso un policía. Si es un civil sí, se come la cárcel hasta el juicio”. Estuvo dos años preso en la Unidad 30 de Alvear. Le dieron arresto “porque era buen pibe”, porque la madre estaba enferma en la casa. Había dicho también que ese día tuvo mucho temor, que se asustó mucho. Menos mal que tenía temor, porque nos dio tres y cuatro tiros. Cómo será si no tenía temor.

En el medio a mi hermano Maxi lo atropelló un borracho que venía a contramano. Tuvo que dejar el fútbol. Nosotros, los pibes, juntábamos unas monedas para pagarle la ropa, los viajes, la vianda. Ahora anda en muletas.

Y arrancó el juicio. “Fuimos a tres audiencias. La están estirando y estirando como un chicle”, decía la mamá de Walter en su momento. “Ellos como que nos quieren cansar a todos”, seguía mamá. Era un arreglo clariiísimo. Yo digo que los jueces le dieron tiempo al vigilante para arreglarle los problemas. Los jueces ni estaban en la sentencia. El secretario vino listo para rajar. No quería que entraran celulares, mochilas, carteras. “A nosotras, que somos las mamás, nos revisan de pies a cabeza, a ver si llevamos algo. Tienen miedo de nosotros, cuando el asesino está adentro. No lo revisan a él. Tienen miedo de nosotros. Y él es el que mató a nuestros hijos. Todo al revés es acá”, decía mi mamá antes de la sentencia. Ahora, mirá. Ni hizo falta que entraran algo. Todo, todo les sacó porque ya sabía lo que venía. Solo a 20 dejó entrar. A ella la mandó al fondo. “¿Por qué al fondo? ¿No me reconocés la cara todavía? Yo voy delante de todo”, le dijo mamá. El tipo se reía, como irónico. Cuando entró, saludó. “Les leo el artículo tanto y tanto. Lo absuelvo a fulano de tal de causa y de todo”. O sea que quedaba libre. ¡¿Qué?! Solo los de adelante llegaron a escuchar. La Sabri, mi hermana, gritó, porque nosotros pensábamos que lo iban a sobreseer a Walter porque apareció con un arma, ¿pero por los dos? ¿Sabés lo que fue ese momento? No quedó un vidrio sano. Fue un momento de locura. El cana, encima, el que cuidaba al otro cana, hacía “jojo”, como una burla. Marcela le llegó a pegar un arrebato a uno. Lo cazó del cuello y le empezó a dar. Mis hermanas mías le agarraron la computadora donde escribía el tipo. La hicieron mierda. Maxi revoleaba la muleta a quien venía. En un juicio, nunca más va a entrar uno con una muleta, porque el quilombo que hicieron… La Doctora Verdú dijo que hicieron mal. Quedó sorprendida de todo lo que pasó, pero ella tenía que hacer un documento para apelar. Pero la saaangre que hervía entonces… Cuando la cana quería agarrar a uno, diez se le venían encima. No pudieron hacer nada.

fioritoDigo yo: esto estuvo preparado. Les dieron tiempo para que consiguieran un pez gordo que pusiera plata. Y los jueces ni se fijaron y bueno. Primero el 17 de abril. Después, una semana, después diez días, después otros cinco días más. Es mucho tiempo. Si una sentencia es mucho más rápido si era uno común. Un día el alegato, el otro día la sentencia, como el Pata Díaz. El fiscal pidió 20 años. La Doctora, perpetua. Los jueces los desacreditaron a los dos. Tomaron el argumento del “contexto social y cultural”, que dijo el rati. “Barrio bajo”, decía. No porque se inunde, por la gente lo decía. Mamá no escuchó al policía porque como también tenía que declarar, no podía ni ella ni Marce, la mamá de Walter, escuchar lo que decía él. Los que estaban en la sala dijeron que dijo cualquier cosa, se contradecía, no era nada coherente.

Marcela casi se suicidó cuando llegó a la casa. Se tomó como 20 comprimidos de lo que ella toma desde que lo mataron a Walter. Quedó mal. No pudo superarlo. Y con esto que pasó, peor todavía. Mi vieja sigue fuerte. Todavía hay posibilidades de apelar y que esto se ponga con los pies para abajo y la cabeza para arriba, como tiene que ser. Con el tipo en la cárcel, los que lo cubrieron también y el barrio tranquilo, que ya no sé cuántas muertes van. Y Marce y mamá bien, que tiene que cuidar a mi nene, que ya tiene tres añitos.

“Lo de Mariano fue una represión a tercerizados”

La polarización política se esfuma al escuchar a Pablo Ferreyra entendiendo y reivindicando las consignas que defendió su hermano Mariano. Dos personajes con diferentes miradas en cuanto a las formas de lucha, pero la misma sangre y el mismo compromiso: repudiar la tercerización laboral. “Pedimos perpetua para Pedraza, aunque creemos que socialmente ya fue condenado por todos”.

 

A casi dos años del asesinato de Mariano Ferreyra en manos de la patota sindical de Pedraza, nos juntamos con su hermano Pablo. En medio de las audiencias de un juicio que parece encaminarse, charlamos un rato en las escaleras de los Tribunales de Comodoro Py.

Pablo se muestra tranquilo, reflexivo, pero sobretodo expectante. Desde una postura bastante ligada al kirchnerismo, se anima a marcar errores de este Estado, pero también asume una decisión judicial para acelerar esta causa. Además, nos cuenta su relación con los ex compañeros de su hermano, los militantes del Partido Obrero. Qué los une y qué los separa.

La bandera en común es una sola: luchar contra la tercerización laboral y sus mecanismos más perversos, entre los cuales ubica la matanza a sangre fría de Mariano. Ideologías diferentes, acciones distintas, la voz es unánime y se resume en el pedido de cadena perpetua para Pedraza.

“Nunca tuve una militancia orgánica y ni la tengo hoy. Apoyó ideas claves de este gobierno, medidas estratégicas como la recuperación de YPF, la asignación universal. La militancia dentro del kirchnerismo para mí es el único campo donde se puede desarrollar un panorama más concreto para trabajar, siempre con algunos límites. Ojalá se pueda tejer un puente entre lo mejor que tiene el kirchnerismo y lo mejor del progresismo, la izquierda. Hay que repensar la estrategia contra Macri, por ejemplo, donde el oficialismo no ha querido entrar nunca de lleno”. La postura política de Pablo se va delineando desde un principio, aunque durante toda la entrevista dejará al descubierto cuestionamientos genuinos hacia un modelo al que, insiste, se le deben hacer críticas y debe estar predispuesto a escucharlas.

– ¿Creés que todos los sectores políticos juveniles defienden la causa de Mariano?

-El Partido Obrero se comportó bien, asumió la causa de manera militante. Después hay sectores cercanos al kirchnerismo que se confunden en no tomar la causa por no poder ver detrás de las políticas que el PO representa. A mí me parece una limitación grande, yo todo el tiempo voy a empujar hacia nuestro lado a esa ala progresista que hay en el oficialismo. Que abracen la causa más allá de que una sentencia pueda perjudicar a parte de este Estado, el mismo que está cuestionado en otras causas también. Más allá de apoyar un proyecto tiene que existir un momento en donde se pueda tener cierta capacidad de crítica. El caso de Mariano permite eso. Es muy significativo que haya estado acá Facundo Moyano, la CGT mantuvo un silencio ante este caso, no salió a defender corporativamente como hace siempre, defendiendo a Pedraza. La causa de Mariano no tiene que ser una exclusividad del Partido Obrero, se trató de un ejemplo más de ataque a una juventud organizada que milita.

Imagen: NosDigital

– Pero no hablás con bronca hacia esos sectores…

-No tengo rencor porque estoy seguro de que en algún momento vamos a ganar esta discusión. Cuando uno logra sacar a los militantes de la polarización instalada se encuentran matices más interesantes, porque lo que hay que entender acá es que si llegamos a ganar este juicio será un golpe duro contra sectores de la burocracia sindical que practican métodos que atacan a la juventud, pegan donde más duele que es quitándole derechos a los trabajadores. Históricamente fue así, si estamos intentando conquistar este terreno me parece que deberían apoyarlo, entiendo que tiene que ser de manera natural el apoyo. Ganar este juicio representaría un avance más para el sector popular y para todos aquellos que se mantienen en lucha por la dignidad laboral y las formas de trabajo.

– ¿Sentís que en algún momento se podrá dar un volantazo en cuanto a la burocratización en la que se sumergen algunos sindicatos y sus trabajadores?

-No creo que cambie la matriz del sindicalismo. Pero esta causa logra quela Justiciatome nota, eso es lo interesante. Hay más sensibilidad sobre el cercenamiento de derechos laborales. Creo que va a marcar un límite si logramos mostrar cómo fue el accionar policial en aquel momento, va a marcar nuevamente otro punto negro que tiene este gobierno en sus políticas contra la violencia institucional. Siento que debe llamar a una reflexión sobre la política de ‘no represión’, o por lo menos una actualización de esa hipótesis. No porque este sea un caso de represión policial, sino por omisión policial, que se niega a actuar en una movilización de este tipo. Yo no quiero decir quela Policíadebería haber reprimido, sino que deberían haber identificado, separado, detenido a un sector de esta patota. Y otra reflexión tiene que girar directamente sobre la tercerización laboral propiamente dicha.

– ¿Cuál es el panorama actual de la tercerización laboral?

-Al día de hoy no hay ningún abordaje serio de ningún tipo, de ningún sindicato, sobre el tema. La experiencia más interesante la tuvimos con el subte, que logró el paso de todos los empleados tercerizados a planta permanente. Fue un conflicto enorme, pero este caso es uno aislado entre tantos. Por lo general, lo que sucede es que la tercerización avanza, golpea muy fuerte a los jóvenes, a los sectores más populares, al primer laburo del pibe que sale a buscar. Es muy amplio el ‘universo tercerizador’. Podemos pararnos desde los noventas y observar cómo la privatización habilita esta práctica, cómo las políticas neoliberales y el menemismo dan vía libre. En América Latina entera avanzó esta forma de trabajo, pero particularmente sucede que acá, después del 2003, se reincorporaron cinco millones de laburantes al mercado laboral, y no hay ningún cambio significativo. Los empleados todo el tiempo están siendo invisibilizados laboralmente, donde hay casos tremendos, como Pedraza con su cooperativa trucha en el ferrocarril donde explota a 200 trabajadores. Por la explotación de esos tipos tercerizados recibe un subsidio de diez millones de pesos de los cuales utiliza solo dos millones para pagar sueldos y se queda con el resto. Ese es uno de los mecanismos más perversos de una propuesta cada vez más precarizante, y ahí se cuela el asesinato de Mariano, que está puesto justo para ejemplificar y mostrar que los tercerizados no pueden movilizarse y no pueden tener una visión grupal, ni pueden no querer convenios que no benefician más que al patrón. El caso de Mariano ejemplifica cómo se quiere acallar y reprimir al sector tercerizado. Se busca más un beneficio político que económico, ahí está la ganancia más grande, porque hay casos en los que incluso es más cara la tercerización, pero tienen la tranquilidad de que van a tener gente que no va a poder reclamar por nada, que en caso de que los despidan van a aceptar una indemnización de mierda.

-Participás del Cels, ¿tienen propuestas concretas para luchar contra estas prácticas?

-En este momento no hay herramientas enla Argentina para medir la tercerización. Porque el mismo mecanismo es invisibilizador y aparte hay falta de voluntad del Ministerio de Trabajo para generar esas herramientas. En el Cels tenemos una mesa de trabajo con la intensión de llegar a la semana del 19 de octubre, donde se cumplen dos años del asesinato de Mariano, con una jornada en el Congreso de la Nación. Vamos a presentar un documento con siete u ocho propuestas en contra de la tercerización. Nuestra idea es que todos los sindicatos participen, se tienen que montar a la campaña, tiene que ser de ellos. También, el Ministerio de Trabajo, que participen todos. Sabemos que es un momento de gran fragmentación sindical, que muchas veces por cuestiones casi de vedettismo no participan unos u otros. Todos aceptamos que la tercerización debe ser combatida, no veo impedimento para que todos participemos de una jornada organizada desde el Cels. Muy corta, la idea será empezar una campaña que dure tres o cuatro años y que vaya sumando no solamente adherentes sino difusiones, mostrarle a la juventud y a los laburantes cómo son tercerizados, cómo darte cuenta que lo sos. Visibilizar el problema.

– La cara de Mariano está en fotos, grafitis, banderas, si tenés que sacarlo de esa imagen estática, ¿qué consignas que defendía resaltás?

-Puntualmente representó siempre la lucha contra la tercerización laboral. Yo tengo un abordaje completamente diferente al que tenía él. No desconozco que los métodos para luchar en este tipo de reivindicaciones concretas, no son los mismos. Probablemente cuando se convoque al Congreso del Cels, el Partido Obrero no participe. Mi hermano prefería un método de acción directa, como era cortar las vías para conseguir la restitución de esos despedidos, que me parece válido, pero primero tenemos que ver los panoramas que hay y después ver cómo se puede avanzar. Defendía y defendería las consignas que hoy siguen defendiendo desde el PO. La solidaridad de Mariano con sectores ajenos a su mundo, como es el ferroviario, la lucha contra la precarización y la juventud política, esos fueron sus ejes. Un joven que militó desde muy chico, eso me queda. Todo se resignifica con un marco como el de hoy, en donde, a pesar que muchas veces el kirchnerismo no tome el tema de Mariano como algo central, desde el 2003 hay una participación política muy grande en la juventud. Si el año que viene conquistamos el voto de los pibes de 16 años estaríamos haciendo algo que Mariano hubiera querido seguro, porque empezó a militar de joven y hubiera querido votar al Partido Obrero a los 16, y no pudo, esperó a ser mayor de edad. Luchó por hacer un centro de estudiantes, escribió notas para contagiar las perspectivas políticas entre los jóvenes. Esta coyuntura hubiera significado una militancia activa para Mariano.

 

Aquel multitudinario desierto conquistado

Acompañanos en un sobrevuelo bien rasante y veloz por un pedazo de la historia argentina que nos marcó como pocos otros. La mal llamada Conquista del Desierto encabezada por el personaje de los billetes violetas en las palabras de los protagonistas.  

Ocupación militar del Río Negro en la expedición al mando del General Julio A. Roca, de Juan Manuel Blanes

 

Imagínese estar por el barrio porteño de Caballito, y usted, amante del fútbol no tiene mejor idea que ir a visitar la cancha de Ferrocarril Oeste. Es día de partido y a unas cuadras ya siente el griterío, al estar frente a él lo ve completamente lleno: las entradas están completamente agotadas y los 24 mil lugares están ocupados. Sonríe y sigue su camino. Pero al hacer unos metros un completo desconocido –de barba larga, bigote tupido y ya entrado en años- le dice con total naturalidad: “no hay nadie en el estadio eh, ¡ni un alma!”. Lo ignora y prosigue, un loco más, píensa. Sin embargo, hace 120 años un loco con las mismas descripciones nos hizo creer que 24 mil indígenas constituían un “desierto”. Así, en esta nota nos encargaremos de esos prisioneros que a pesar de ser invisibilizados tuvieron un destino, trágico destino de muerte.

“El año 1879 (…) ha visto realizarse un  acontecimiento cuyas consecuencias sobre la historia nacional obligan más la gratitud de las generaciones venideras que la de la presente (…).Ese acontecimiento es la supresión de los indios ladrones que ocupaban el Sur de nuestro territorio y asolaban sus distritos fronterizos: es la campaña llevada a cabo con acierto y energía, que ha dado por resultado la ocupación de la línea del Rio Negro y del Neuquen.”[i]

Con estas líneas se iniciaba el “Informe de la Comisión Científica Agregada al Estado Mayor General de la Expediciónal Río Negro (Patagonia)” ordenada por el mismísimo Julio Argentino Roca en 1879 para dar cuentas al Congreso de la Nación sobre su grandiosa gesta civilizatoria.

¿Qué nos cuenta el propio Roca acerca de los prisioneros? Terminada la conquista, en ambas Cámaras mostraba los resultados: 1271 “indios de lanza” incorporados al Ejército Nacional o a la Marina, 600 “indios fueron enviados a Tucumán, con destino la zafra” y “muchas mujeres y niños distribuidas en el seno de familias que los solicitaban, con intervención de la Sociedad Benéfica y el Defensor de menores”[ii].

Por ahora la cuenta nos cierra que sabemos que dos mil terminaron ya sea incorporadas a las Fuerzas Armadas encargadas del propio exterminio y despojo de las comunidades, otras tantas como mano de obra servil en los ingenios azucareros tucumanos. Sobre las “muchas” mujeres y niños, lo mismo, separadas de sus familias se convertirían en servidumbre para las altas casas de la elite.

Darío Aranda en Argentina Originaria, nos cuenta que otros tres mil fueron esparcidos por Mendoza para trabajar en el área vitivinícola.

Pero sin dudas, el destino más terrible que podían tener eran los –lisos y llanos- campos de concentración, desplegados por todo el país: Junin de los Andes (Neuquén), Chinchinales y Valcheta (Río Negro), Carmen de Patagones (Buenos Aires) y, el más terrible de todos, La Isla Martín García.

Las cuentas bautismales permiten contar 825 indígenas que allí fueron depositadas en 1879. “Fue claramente un mecanismo de control social enmarcado en un proceso mucho mayor: el del genocidio”, precisa Alexis Papazian, que forma parte de la Red de Estudios sobre Genocidio. Explica que en 1890 ya no quedaban indígenas en Martín García[iii].

Entonces para 1879 los resultados eran claros: primero, conquistados a punta de lanza, luego obligados a dejar sus tierras, ganado, cultivos y propiedades. Si sobrevivían al viaje, no les esperaba mucho más que el trabajo servil en hogares aristócratas, campos de hacendados o en un Ejército genocida. ¿Y todo por qué? Dejemos que Roca responda solo: “Dicen que dilapido la tierra pública, que la doy al dominio de capitales extranjeros: sirvo al país en la medida de mis capacidades. (Carlos) Pellegrini mismo acaba de escribirme que la venta de 24 mil leguas sería instalar una nueva Irlanda en la Argentina. ¿Pero no es mejor que estas tierras las explote el enérgico sajón y no que sigan bajo la incuria del tehuelche?”[iv]

Por si queda alguna duda, entre 1800 personas se repartieron los 42 millones de hectáreas de las tierras conquistadas, total equivalente a 30 veces el tamaño de Inglaterra.

A 5 años del asesinato de Carlos Fuentealba

Desde ese cartucho de gas que le rompió la cabeza al maestro en medio de una represión a docentes organizada, mentada y bancada por unos cuantos con mucho poder. Hasta hoy, cuando esa gente tan importante como inescrupulosa pretende deligarse de responsabilidades y cerrar la causa haciendo creer que se trató de un hecho aíslado. Cada día: Fuentealba Presente.

Aproximadamente mil docentes neuquinos se habían agrupado, tras un mes de reclamos en diferentes formas, en Arroyito, ruta 22, a 45 kilómetros de la capital provincial, para cerrar los dos principales accesos hacia la turística cordillera. La misma ruta donde otro policía mató a Teresa Rodríguez el 12 de abril de 1977. Policía provincial y fuerzas especiales, con autos y civiles sin identificar habían llegado antes que los manifestantes. Raúl Pascuarelli, subsecretario de Seguridad de Neuquén, “en comunicación directa con Sobisch”, según Pablo Grisón, miembro de la Comisión Carlos Fuentealba Presente.
Lo primero, el aviso a Marcelo Guagliardo, Secretario General de la Asociación de Trabajadores de la Educación del Neuquén: “Tenés cinco minutos y te vas por las buenas o por las malas”. Después, la persecución a través de la ruta y hasta por los campos linderos, disparando balas de goma y lanzando gases. Un policía le llegó a disparar a un auto con su itaka. Cuando los maestros ya se habían reagrupado y estaban comenzando la vuelta, la policía quiso que ocuparan solo un carril. Volvió a reprimir. “Ya estaban transitando, exhaustos por los gases lacrimógenos, los dos kilómetros de corridas, la policía retomó la represión aún a los vehículos que ya estaban volviendo”, siguió, en declaraciones a canal Encuentro. Poblete se acercó al Fiat 147 y disparó su cartucho de gas, que rompió la luneta trasera y estalló contra la cabeza de Fuentealba. “¿Cuánto cobran para matar gente?”, gritó uno de los manifestantes como pudiendo tener la cabeza fría en ese mismo momento.
Sobisch, en cambio, un día después señaló: “Di una orden muy simple a la Policía: mantener despejada la ruta, pero cortaron el puente de Arroyito y dejaron incomunicada a la provincia”, y más: “una directiva bien clara y, al no haber un acuerdo, hubo un enfrentamiento, donde hubo ataques de ambos sectores”.
Después de pelearla, José Darío Poblete fue condenado a cadena perpetua por “homicidio calificado, por haber sido cometido por un miembro integrante de las fuerzas policiales abusando de su función, con la agravante de haber sido cometido con violencia mediante el empleo de un arma de fuego, agravado por alevosía, en concurso ideal”, según el fallo.
Pero los maestros enseñan luchando, y justicia incompleta no es justicia. “Luchar por la justicia completa es luchar contra la impunidad, por una educación pública para todos”, dice la Comisión Carlos Presente de Buenos Aires.
La segunda etapa giró en torno a la renuncia de Sobisch. No solo no funcionó, sino que ese mismo año se presentó como candidato a presidente. Las urnas le dieron la espalda. “Él dio la orden, obviamente, para que esto se pudiera hacer de la manera que se hizo”, siguen. “Fue un escarmiento disciplinador para que cesaran las protestas obligadas por la situación de la provincia”, explica Sandra Rodríguez, la pareja de Carlos. “Sus declaraciones públicas eran una invitación a matar”, repite Guagliardo. Sandra mira para adelante conociendo bien lo ocurrido: “Argentina no puede tener este antecedente. Es una responsabilidad del Estado provincial y nacional hacer que todos los que tuvieron que ver con esto sean juzgados y condenados”, y agrega: “Tenemos, la familia y la sociedad, derecho a saber toda la verdad de lo ocurrido en Arroyito. Más que nada, en la causa Fuentealba I, se acusó al autor material de Poblete, pero su muerte fue resultado de todo un operativo de represión que tuvo la intencionalidad de matar. En el marco de eso, estamos pidiendo que si la fiscalía no investiga, podamos hacerlo por nuestra propia cuenta”
Gustavo Palmieri, abogado querellante, explicó más a Página12 en abril de 2010: “La responsabilidad que la querella particular busca que se investigue, lo cual no ha sucedido hasta el momento por la negativa del Ministerio Público de la provincia y por el juez (Cristian Piana), se refiere a las decisiones que debieron adoptarse para evitar el resultado fatal al que se llegó, teniendo en cuenta que, a partir de manifestaciones públicas del entonces gobernador Sobisch, fue él quien ordenó el operativo, envió a un funcionario de su directa vinculación al lugar de los hechos para que lo supervisara, y es dable suponer que se encontraba al tanto de lo que pasaba a cada instante. El propio funcionario que lo representaba así lo reconoció. Son varias las conductas posibles que deberían investigarse: disponer el uso de la fuerza pública a sus órdenes más allá de lo necesario de manera ilegítima; no tomar decisiones para que dicha medida ilegítima cesara en cuanto resultare injustificada; generar con esas omisiones y conductas un ‘aumento innecesario del riesgo’ para las personas que estaban en el lugar; además de analizar su actuación como el que tomó la decisión al mando de fuerzas de seguridad, trasgrediendo sus ‘deberes institucionales’ y con relación causal con el asesinato de Carlos Fuentealba”.

La Comisión Carlos Fuentealba Presente (Co.Ca.Pre) analizó: “Se conocieron dos datos político-judiciales, de cierta trascendencia para la causa. El primero de ellos es que el 14 de febrero la Corte Suprema de Justicia de la Nación rechazó el recurso de queja presentado por Ricardo Cancela, exabogado de Eduardo Badano y exdefensor de Sobisch, hoy premiado por Sapag, defensor del TSJ de Neuquén. El ex vocal del Tribunal Superior de Justicia de Neuquén fue depuesto por la legislatura de Neuquén por medio de un juicio político, al momento de ser juzgado era el presidente de dicho tribunal y el delfín sobischista en la justicia, junto a Cristian Piana, entro otros colonizadores del poder judicial neuquino. El segundo dato es que Jorge Sobisch fue inhabilitado para ocupar cargos políticos y partidarios, por la Justicia Federal, por el lapso de dos años”.
El juez de la causa, Juez Cristian Piana, había desvinculado de la causa al ex gobernador. Guagliardo: “No es un problema técnico. Que nadie se confunda, porque es un problema político. La cuestión es si la justicia de Neuquén sostiene principios jurídicos republicanos, democráticos y constitucionales o si acá la justicia está al servicio del poder político”. Sandra Rodríguez, a Página12, declaró: “Piana me mintió en la cara a mí en todo lo que tenía que ver con la causa Fuentealba II. Y nos mintió a todos porque él se olvida de lo que fue el juicio a Poblete, que fue un verdadero testimonio de lo que ocurrió el 4 de abril del año pasado. Allí quedó claro que fue un plan de acción totalmente planificado por la Policía de Sobisch y de los que estuvieron en Arroyito emitiendo órdenes, ejecutándolas y sumamente ligados a lo que fue su consecuencia: el fusilamiento público de Carlos”. “Este juez ha impedido casi desde el principio, mediante artilugios legales en algunos casos, casi todas las cosas que hemos pedido que se investiguen y citen. Y lo que es más grave aún, incluso nos ha ocultado información dentro del expediente, ocultando decisiones que él mismo tomaba, elaborando una estrategia que para nosotros es claramente de impunidad”, denunció.
Para colmo, en marzo de 2009, comenzaron las amenazas. El director de escuela Gabriel Pillado, cuyo testimonio fue clave para la condena a José Darío Poblete, denunció amenazas y golpes a él y a su mujer, Daniela Loume, docente: “Una persona con la que habíamos discutido porque habían intentado tapar un cartel (con la foto de Fuentealba) hacía dos días salió enardecida adonde estábamos estacionando nuestro coche y empezó a golpearme a mí en la cara y a darle patadas al vehículo”. “A mi mujer Daniela, quien estaba fuera del auto, la golpeó brutalmente. En este momento tiene desplazamiento de mandíbula y una fisura en la muñeca izquierda. Por supuesto que hicimos la denuncia en la Fiscalía de Investigaciones de la provincia y pedimos que se investigue el vínculo que tiene esta persona con las fuerzas policiales o parapoliciales donde trabaja, porque tenemos versiones que así lo indican”, declaró Pillado.
Marcela Roa, otra testigo: “Esto comenzó después del juicio por el asesinato de Carlos (Fuentealba), cuando comenzaron a seguirme en la zona de mi casa, en Cipolletti, con un auto Polo de color blanco y otro sin patente. Hice la denuncia y tuve custodia las 24 horas con policías uniformados. Y allí volvió a aparecer el Polo blanco, por lo que me saqué de encima esa ‘protección’. Entonces apareció un señor que me amenazó, diciendo que trabajaba para (el ex comisario) Aquiles González. Eso fue en diciembre y poco después, por suerte, dejé de verlo. Ya en febrero de este año comenzaron a circular patrulleros por mi casa, siguiéndome adonde fuera. Y después empezaron a perseguir a mi hijo de 18 años, acá en Neuquén, con autos de civil y con patrulleros en Río Negro. Por eso hago responsable a la Policía, tanto de Neuquén como de Cipolletti, por todo lo que nos pueda llegar a pasar a mí, a mi hijo y a cualquiera de nosotros”.
Marcelo Guagliardo: “Lo que está sucediendo está encuadrado en lo que fue el resultado de la causa ‘Fuentealba I’ y lo que puede llegar a hacerse con la llamada ‘Fuentealba II’. Se pretende amedrentar e intimidar a quienes han sido o serán testigos en un nuevo juicio, donde se tienen que juzgar las responsabilidades políticas por el asesinato de nuestro compañero, hace casi dos años. Por tanto, nuestro reclamo es que el gobierno y el gobernador (Jorge) Sapag son los responsables de garantizar a todos los testigos la seguridad”.
Hugo Papalardo, dirigente docente: durante una marcha de 10 mil personas, se produjo una represión con detenidos incluidos. “Cuando me detuvieron, un agente que me amenazaba con su escopeta me dijo ‘ahora vas a saber lo que es la dictadura’. Yo le contesté: ‘Ustedes son los asesinos de nuestro compañero Carlos Fuentealba’. Y este policía me dijo ‘Fuentealba está muerto… bien muerto. No existe, ¿entendiste?’, mientras me seguía golpeando en el piso, gritando ‘van a aprender de una vez por todas y no van a joder más’”.
A cinco años, este 4 de abril, como todos los que pasaron desde el fusilamiento, familiares, docentes, organizaciones políticas y de Derechos Humanos reclamarán justicia completa, con juicio y castigo para todos los responsables, para impedir desde bajo la impunidad de los de arriba.