Boom inmobiliario popular

Para poder tener sus casas, ocuparon los terrenos que un empresario decía suyos. La policía los reprimió mientras dormían. La Legislatura de la Provincia de Buenos Aires aprobó el proyecto de ley presentado por la Asamblea de Legítimos Ocupantes para expropiar esas tierras. Para que se promulgue solo falta la firma del Daniel Scioli. Aún a la espera.

Él es Rene Ramos Flores.

Rene Ramos Flores.
Rene Ramos Flores.

Y ahora va a tener su casa en los terrenos que Alberto Mattioli, mejor conocido como El estafador, El dueño de la mitad de La Plata, El que le roba hasta a los muertos, alquilaba ilegalmente.

Es que Alberto Mattioli, al frente de una “empresa familiar dedicada a emprendimientos inmobiliarios donde cuenta la persona como centro de atención con sus necesidades, deseos y requerimientos” -según lo indica su página web-, es en realidad una persona que se apropia de tierras que no son suyas, las alquila, y cuando vecinos de la zona intentan recuperar esas tierras para construir sus casas, los denuncia.

Así pasó en la localidad de Abasto, La Plata, en los terrenos ubicados entre las calles 520 a 530 y de 213 a 217.

Esas tierras fueron adquiridas en los años 60 por Zelindo Lentini, presidente del club Estudiantes de La Plata en la década del 80. Allí fundó y radicó la empresa Texlen, que quebró en el 2001 y empezó a contraer una deuda con el Estado. Lentini falleció en el 2007 y Mattioli, mediante un supuesto poder que Lentini le dejó y nunca presentó ante la Justicia, se declaró administrador de esos terrenos ociosos. Cercó el lugar y lo empezó a alquilar a quinteros.

Los terrenos desalojados.
Los terrenos desalojados.

El domingo 19 de abril vecinos de Abasto ingresaron a esos terrenos unidos en la Asamblea de Legítimos Ocupantes. Más de 300 familias entraron pacíficamente al predio, que no tenía alambrado, y empezaron a construir casillas improvisadas, algunas cerca de las tierras cultivadas por los quinteros pero sin afectar su producción. Mattioli, alegando que las familias estaban destruyendo la cosecha de sus inquilinos, denunció la ocupación.

¿Qué hizo el Poder Judicial con la denuncia de Mattioli? El Juzgado de Garantías Nº 3, a cargo de Pablo Raele, ordenó desalojar el predio. El juez Raele no le exigió a Mattioli los títulos de propiedad, ni contempló que las tierras no estaban alambradas y que la ocupación había sido pacífica, ni mucho menos reparó en que la vivienda es un derecho al que todos los habitantes de la Argentina deben acceder. No hizo nada de eso, sino que utilizó la fuerza, esa que la Constitución reserva sólo para el Estado, para preservar los negocios ilegales de un individuo. Resultado: la represión de 300 familias que intentaban recuperar un predio usurpado por este empresario.

El domingo 3 de mayo llegó a los vecinos la orden de desalojar el predio, dictada por el Juzgado de Garantías Nº 3. A pesar de que el juez Arias, a cargo del Juzgado en lo Contencioso Administrativo Nº1 de La Plata, había dispuesto una medida precautelar mediante la cual le ordenaba al Poder Ejecutivo de la Provincia que “se abstenga de llevar adelante la orden de desalojo”. Mientras todo el barrio estaba militarizado por centenas de gendarmes de la bonaerense, hasta el vicegobernador de la Provincia de Buenos Aires, Gabriel Mariotto, se hizo presente en el lugar el miércoles 5 de mayo y afirmó que “en estas tierras no va haber represión y se construirá un plan de viviendas para todas y todos”.

Adalberto, miembro de la Asamblea, relata lo que pasó ese día luego de la visita de Mariotto: “Para nosotros el miércoles fue un día de celebración, terminamos la asamblea decidiendo qué nombre ponerle al barrio, muchos chicos volvieron porque habíamos decidido que el día de la posible represión no haya chicos, ni madres, ni ancianos. Esa gente volvió y a partir de las 5 de la mañana del jueves comenzó la represión”.

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El acampe de la Asamblea de Legítimos Ocupantes.

Ingresaron los efectivos de la policía Bonaerense: unos 600 oficiales. Más del doble de la cantidad de gente que dormía en ese momento en las casillas, algunas más improvisadas, de lona y plástico, y otras mejor plantadas, con paredes de madera. Ingresaron sin dar voz, ni pedir que abandonen la zona de forma pacífica. Pisaron a la gente que dormía, la patearon, dispararon. Asesinaron a los perros, prendieron fuego las pertenencias de los vecinos. A los que lograron escapar los persiguieron por entre los campos linderos. Hubo más de 30 heridos y trece personas terminaron detenidas, incluyendo al abogado que defiende a los legítimos ocupantes

Víctor, también miembro de la Asamblea, cuenta junto con Adalberto lo que pasó esa madrugada: “La zaña que tuvieron con nosotros no se puede explicar, hasta chicos lastimaron. Y no fue que entraron y nos desalojaron, nos corrieron hasta Ruta 2 y por el medio del campo. Como si fuéramos salvajes. En esta época es algo inentendible que hayan tratado a la gente así”.

Adalberto remata, categórico: “Lo principal acá en Abasto es la necesidad de vivienda que hay. La gran cantidad de gente que ocupó los terrenos trabaja y alquila, todo ese dinero volcado a la especulación inmobiliaria, volcado a la construcción de la propia casa. Se acaba el negocio de unos cuantos”.

Mirá bien estas caras, porque todos ellos juntos, le ganaron a la especulación privada, esa que no vive sin una mano del Poder Judicial.

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Ganaron porque después de los palos no se abatieron. Se reunieron y acamparon una semana sobre la calle 212. Hicieron asambleas, reuniones, festivales, marchas. Sostuvieron la lucha que venían llevando a cabo hacía meses, lucha que tiene como eje central el derecho a la vivienda digna.

Le ganaron porque agrupados en la Asamblea de Legítimos Ocupantes presentaron un proyecto de ley en la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires para expropiar esas tierras. Y lo lograron. El proyecto se aprobó el 13 de mayo. Ahora los terrenos que antes explotaba ilegalmente Mattioli “serán destinados al desarrollo de planes de vivienda, teniendo en cuenta a sus actuales ocupantes (…) Los bienes expropiados por la presente ley se destinarán a la vivienda única, familiar y de ocupación permanente de los actuales ocupantes”.

Para que esta ley se promulgue necesita la firma del Daniel Scioli, que tiene diez dias para hacerlo, contando desde el 21 de mayo pasado. Mientras tanto los vecinos esperan. Algunos ya no tenían un lugar donde ir desde que empezó la toma, y aún no lo tienen. La Asamblea de Legítimos Ocupantes está acampando frente al predio. Las tierras siguen custodiadas por la policía. Por ahora las carpas del acampe son la casa de muchos vecinos del Abasto, y aunque el viento las vuele y el frio se cuele por las costuras, siguen plantadas firmes ante los terrenos que la Asamblea logró recuperar.

Los otros

El modelo impuesto del agronegocio que se expande sobre el campo y las ciudades de la provincia de Buenos Aires no es la única forma de producir ni pensar. Desde Pergamino vienen las propuestas llenas de arte y cultura.

La otra ciudad

En el barrio Kennedy de Pergamino, la única calle que no es de tierra es la que asfaltó y usa la empresa semillera Palaversich. Queda del otro lado de la ruta 8, al límite con una serie de silos y depósitos que conforman otra de las periferias de la ciudad. Allí, sobre un estrecho arroyo que cruza las calles, ocurrió la historia del perro azul.

_8881639El bachillerato popular La Grieta es una de las experiencias autogestivas que propone otro modelo al de agrociudad. Asisten allí más de 50 vecinos del barrio, chicos y grandes, a estudiar materias como Cooperativismo, Salud y ambiente, Educación popular, y recibirse y recibir otro tipo de pedagogía, impartida por jóvenes que trabajan a partir de los intereses del alumnado. Dicho de paso, en una ciudad donde la educación no es precisamente inocente: la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional del Noroeste es una usina para crear ingenieros adeptos al agronegocio.

El año pasado, una consigna en la clase del bachillerato puso a los alumnos a dibujar “historias del barrio”. En eso, uno de los chicos dibujó un enorme perro coloreado de azul.

Los profesores elogiaron el dibujo, y la imaginación del chico. Le preguntaron de dónde había sacado semejante idea.

El niño respondió, serio, que él no había inventado nada. Que el perro azul existía. Que él lo había visto correteando cerca de su casa, cerca del arroyo.

A dos cuadras del bachillerato, un arroyo marca el fin de un barrio humilde y el comienzo de un perímetro enrejado que pertenece a empresas del agro. No se alcanzan a ver nombres, pero sí silos y depósitos que son marca registrada en Pergamino, acaso todas variantes de lo mismo. Estas empresas contaminan con sus desechos químicos el mencionado arroyo, que a veces está verde, a veces marrón, otras amarillo, y también puede ser azul.

Azulado quedó el perro.

La madre del chico que había dibujado al perro azul, testigo, completó la historia: uno de los perros callejeros del barrio se había caído en el arroyo, en ese momento contaminado de azul. Era verdad: el niño había visto un perro color azul.

En Pergamino es común que la realidad supere a la ficción.

A solo metros del arroyo: hace tanto calor que a nadie se le ocurriría estar parado arriba de una estructura precaria de chapas, clavando clavos y haciendo fuerza para colocar unos palets de madera, como estos cuatro pibes. ¿Qué hacen? Fabrican el techo para una nueva aula de bachillerato La Grieta.

Construyendo el bachi popular.
Imágenes: NosDigital.

Resguardadas en una sombra, dos chicas les acercan regularmente agua para que no les agarre un bobazo, y cuentan que son ellas las que tienen la fórmula de la bioconstrucción que los pibes están aplicando. Ellas son parte de una agrupación llamada Hormigas, otra de las que funciona en el predio donde está el bachillerato, de donde resalta un galpón.

El galpón es un logro barrial: los vecinos del Kennedy, uno de los barrios más postergados de Pergamino, formaron una agrupación de fomento que solicitó a la Municipalidad un lugar para empezar a funcionar. Lograron así esta estructura – nada comparable a los tremendos galpones que gozan las empresas- donde empezaron a dar, ellos mismos, talleres de arte y oficio: macramé, pintura, cerámica.

El bachillerato La Grieta, que abrió en 2011, es la continuación de esa iniciativa popular, a la que se sumaron jóvenes estudiantes como Diana, antropóloga de 25 años, una de las profesoras de la materia Salud y ambiente. “Este año estuvimos trabajando la alimentación: soberanía alimentaria, cómo se producen los alimentos”, cuenta sobre cómo se discute la realidad pergaminense. Hoy La Grieta es parte integrante de la Coordinadora de Bachilleratos Populares en Lucha, donde se exige en conjunto el reconocimiento (que se puedan emitir títulos oficiales) y la financiación integral de esta práctica educativa.

Las paredes del galpón donde funciona están decoradas con los trabajos que los alumnos fueron y van haciendo según estas perspectivas. Se ve, por ejemplo, un croquis de un mapa que cartografía el propio barrio Kennedy, bajo la consigna “lugares de referencia”. Aparecen así las paradas del colectivo, el supermercado, una escuela, casas de comida, la iglesia, y otros puntos más imprecisos como “lo de Molo”, “el 13”, “la Silvia”. Estas referencias, cuenta Diana, son los puteríos del barrio.

La cultura en la otredad

No es casual que estos espacios y estas experiencias, nuevas, planteen discusiones al modelo de agronegocio que predomina en Pergamino, que configura un tipo (y deja fuera otro) modelo de ciudad.

En Pergamino abundan los restoranes y los boliches, que son los lugares indicados para gastar los dólares sojeros convertidos en pesos un fin de semana por la noche, mientras no hay centros culturales ni lugares alternativos donde los jóvenes desarrollen su propia voz. Se instalaron novedosas concesionarias de autos, hay siete countries (para una población de 90 mil habitantes) y cada vez más edificios.

Otra experiencia de jóvenes pergaminenses inquietos es un colectivo de artistas llamado “Patas arriba”, que logró este año otro galpón cultural. Todavía no está en funcionamiento, pero se trata de la misma lógica: “Somos todos pibes y pibas que nos juntábamos en una plaza de Pergamino, a tocar, hacer malabares, teatro, telas”, cuenta Pablo, uno de los integrantes. “Hasta que dijimos: tenemos que tener un lugar propio”.

La idea que proyectan es que el galpón sea sede de espectáculos, fiestas, recitales y movidas culturales donde los jóvenes puedan mostrar lo suyo. “Nuestro principal objetivo es despertar la conciencia de la comunidad sobre la importancia de dar lugar a nuevas voces en el ámbito artístico y cultural, especialmente a los jóvenes que por décadas han tenido que irse de la ciudad para formarse y expresarse artísticamente por no contar con el estímulo necesario para avanzar aquí en su carrera”, dicen en el manifiesto que redactaron.

También, además de lo cultural, se proponen desarrollar “temáticas que nos movilizan como son las problemáticas ambientales que afectan a nuestra comunidad”, dice Pablo, relacionando lo inseparable: el modelo de ciudad con el modelo de campo. “Se abrirá el espacio para el debate y la creatividad en todos los temas que sean de nuestro interés, tales como cuestiones alimentarias, salud, medio ambiente, violencia institucional, violencia de género, discriminación, etc.”, sigue el manifiesto, que culmina con una sentencia que mira de reojo a quienes se han enriquecido con el boom sojero: “Es necesario resistir a la cultura del egoísmo, del éxito personal y la felicidad material y proponer en cambio un modelo creativo”.

En eso están.

El otro campo

Ciudades como Pergamino están encarnadas en medio de las zonas más fértiles de la pampa húmeda, por lo que sus dinámicas dependen directamente de los avatares del campo.

Luego de la fumigación.
Luego de la fumigación.

La red educativa, cultural y militante autogestiva se vincula a productores que impulsan otras lógicas para llevar adelante la producción en un campo. En muchos casos, los jóvenes del bachillerato La Grieta o los artistas de Patas Arriba son compañeros en la Asamblea por la vida, la salud y el ambiente con propietarios que trabajan con otras lógicas a las del agronegocio.

Es el caso de Leo, miembro de la Asamblea, que es apicultor y tiene una hectárea en un pueblo a 20 kilómetros de Pergamino, donde ostenta 900 panales donde las abejas se reproducen y producen. Gracias a una buena temporada, Leo pudo comprarse una máquina procesadora de última generación y un camioncito para repartir la miel que produce íntegramente en su campo, aunque está rodeado de soja. “Cuando fumigan en el campo de acá al lado, si no me avisan para que yo corra los panales, al otro día las colmenas están despobladas”, relata. “Sin fumigaciones las colmenas producirían un 30% más”.

Leo, el otro de las abejitas.
Leo, el otro de las abejitas.

La hectárea de Leo es una islita en medio de un sector de campos en los que todo es cultivo transgénico. Él resiste con las abejas y también con un pequeño sector ganadero: una chancha enorme (“para hacer chorizos”, dirá), hijos chanchitos (“vendo el kilo a 40 pesos”), gallinas, patos y hasta un pavo real. Todo eso se desparrama por la hectárea de Leo, donde vive junto a su esposa embarazada, en un claro ejemplo de cómo se puede hacer mucho en poco espacio. “Yo puedo, también, porque me la paso trabajando. Antes tenía un chico que me ayudaba, pero hoy nadie quiere venir a trabajar al campo porque el jornal del peón es muy bajo. Y me ven a mí y piensan que yo soy un productor lleno de plata, cuando nada que ver. Yo me la paso laburando”, repite.

Leo, además de todas estas cosas que le permiten vivir con lo justo pero bien (comida no le va a faltar), trabaja para productores agropecuarios grandes llevando sus abejas para polinizar la flora de sus campos. “Eso les permite polinizar los cereales y producir semillas y frutos”, explica. En todo el mundo y en particular en Argentina, la diversidad agrícola va perdiendo sus poblaciones polinizadoras naturales, producto del efecto de, entre otras cosas, los agroquímicos. Hoy por hoy, la polinización ya no es un servicio ecológico gratuito y necesita de estas prácticas de gestión como la que hacen Leo y sus abejas. “Sin embargo, no me pagan. Lo ven como que me están haciendo un favor al prestarme una hectárea donde yo puedo además sacar miel. Pero no entienden la lógica de que, en verdad, yo les estoy haciendo un favor a ellos, mejorándoles su producción”.

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Vicky y su familia son otros de los productores que siguen haciendo ganadería a pesar de los años y las commodities. Su campo está en la ruta 178, a 35 kilómetros de Pergamino: “Una zona que fue siempre ganadera. Con el boom del precio de la soja, todos se fueron para ahí”, cuenta ella, rubia de casi 40 años.

Sus padres tienen en esa zona 250 hectáreas, de las cuales ellos trabajan sólo 3. “Por cuestiones económicas mi papa decidió alquilar el resto hace ya 10 años”, cuenta, un cantidad de tiempo que coincide con el boom sojero. “La primera persona que lo alquiló hizo todo soja, de una”.

Vicky recuerda un suceso típico que afectó las escasas 3 hectáreas que mantiene la familia. “El medio por el cual él fumigaba o ponía cualquier tipo de productos para incentivar el rinde de la soja era por medio de avión, y no el camión mosquito. El avión es más difícil de controlar porque el chorro si no lo cortan a metros de la casa, pasa, el viento lo lleva. Tanto es así que pasó directamente por arriba de la casa. Nosotros no estábamos, pero me quemó absolutamente todo. No quedó nada. Quedó la casa pelada y tierra solamente. Todos los árboles frutales, todos arboles de años… No fue fácil después volver a hacer la renovación de lo que teníamos. Poner bien el pasto, que retomaran los árboles, porque mi papá plantaba y a los días se le secaban, y era porque las napas superiores todavía seguían teniendo agroquímicos. Tuvimos que hacer más profundo el pozo de agua porque tenía residuos”.

La experiencia, traumática, resultó una enseñanza de cómo debían administrar el campo, y a quién alquilárselo. Ante la renovación del contrato, Vicky cuenta que “a nivel contractual pusimos una cláusula que pedía que no se puede realizar fumigación por avión”. El productor sojero se fue, y consiguieron un arrendatario que volvió a la pastura de animales: “O sea que ya es diferente la fertilización y la fumigación. Y si aplica un fertilizante, tiene que avisarnos previamente”.

Vicky y los suyos crían pollos, ovejas y conejos. Cuenta que los únicos químicos que les aplican son por obligación del SENASA: “A nivel sanitario se desparasita, se les da mineralización”. Pablo, su compañero, cuenta que esta baja aplicación de pichicatas produce huevos exquisitos con la yema naranja y pollos más que sabrosos. “Quizás no es tan bello a la vista como lo que se compra, pero sí más rico y más sano”.

La foto de Pergamino no muestra este tipo de experiencias, que se configuran como el otro frente al modelo sojero impuesto tanto para el campo como para la ciudad . Sin embargo, cada vez más otros se animan a crear experiencias propias y colectivas, y con el tiempo y la acción van dejando de ser marginales. Un día las generaciones del bachillerato crecerán, los artistas de Patas Arriba habrán socavado la sensibilidad de un pueblo, y quizá haya más productores como Leo, como Vicky, que demuestren que es posible vivir y producir sin agroquímicos. Habrán pasado años, muchos para la vida de cualquiera mortal, pero muy pocos para un movimiento que está emergiendo con propuestas nuevas y creativas. Entonces el campo y la ciudad serán otros. Entonces los otros no serán más otros: serán el futuro.

Alerta Gualeguaychu

En medio del anuncio del Pepe Mujica de que Botnia aumenta su producción, Nosdigital viajó a la frontera para encontrarse con los vecinos de la asamblea que viene diciendo “no a la pastera” desde hace seis años. Los informes de la contaminación y los protagonistas de una ciudad que gira alrededor del río.

Acá el sueño del pibe es tener un bote o una canoa para navegar en el río. Las rateadas del colegio son para ir a pescar. Los mates y pic nics se dan al ladito del río; cuanto más cerca, mejor. Un nene que recién aprendió a caminar se escapa de la mamá cada un minuto. La madre le grita: ¡Pacuaaaal, no te metas al agua! Pero siempre es tarde: allá tiene que ir la madre a sacar a Pacual una y mil veces del río. Pacual, 5 añitos, ya es bien de Gualeguaychú. En Gualeguaychú, todo gira alrededor del río.

– ¿Y yo me voy a andar peleando con los uruguayos? Si los que manejan todo desde arriba son los gobiernos y nos arruinan por igual a todos.

– Todo el mundo que es de acá sabe que Botnia contamina.

– Pobres nuestros hijos, nuestros nietos.

– El agua ya sabemos que está contaminada, pero ¿y el aire?

Los habitantes de Gualeguaychú tienen otras preocupaciones más graves que las de las escapadas furtivas de Pacual al río. No se escapan: saben que Botnia está ahí en frente, y le hacen frente. El conflicto nunca terminó: desde que se instaló la pastera finlandesa los vecinos dijeron “no” y, seis años después, ese “no” sigue siendo tan rotundo como siempre.

El fin de la lucha será, dicen, cuando se lleven la papelera a otro lado.

El conflicto ambiental más largo de nuestro país tiene la particularidad de ser internacional. La planta está en Uruguay, la maneja una empresa finlandesa y afecta también a la Argentina. Hasta hace meses reinaba la calma mediática sobre el conflicto, ya que en el 2010 se firmó un acuerdo entre Argentina y Uruguay que dispuso un Comité Científico en el seno de la Comisión Administradora del Río Uruguay, administrado por ambos países, que regularía la producción de la planta. Ese comité lo instruyó la Corte Interamericana de Justicia de La Haya, en el mismo fallo que avaló el funcionamiento de Botnia.

A principios de Agosto el Pepe Mujica anunció, sin acuerdo con Argentina, que la pastera aumentaría su producción ya que el marco legal uruguayo lo permitía: 100 toneladas más por año. El gobierno argentino respondió con la presentación de un informe sobre la contaminación que genera Botnia y volvió a demandar a Uruguay. Hace dos meses los gobiernos uruguayo y argentino se habían reunido en Puerto Madero en el marco del pedido de Botnia para aumentar la producción, pero nade pareció cambiar la decisión del mandatario uruguayo.

Los asambleístas de Gualeguaychú, que venían pidiendo ese informe desde hace tiempo, se encuentran en estado de alerta. Todas las semanas se reunen en asamblea, donde participa cualquier habitante de Gualeguaychu que lo deseé, y van conduciendo el destino de su lucha. El pasado 6 de octubre marcharon en una caravana donde pretendían llegar hasta Fray Bentos y volver, pero la policía uruguaya les impidió cruzar el límite fronterizo.

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“Nosotros fuimos con los compañeros a hablar con Mussi, el Secretario de Medio Ambiente”, cuenta el vecino Oscar Bargas con Gustavo Rivollier sentado a su lado, los dos integrantes de la Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualeguaychú. “Primero le pedimos los resultados de los estudios, producto de 27 entradas a la empresa, y nos dijo que eso no lo manejaba él”, sigue Oscar. “Pero nos dijo que los informes de contaminación que conocía de Botnia no daban números altos”.

Dos días después el canciller Héctor Timerman hizo público un informe que revela un número alarmante de contaminación, y desmiente a Mussi: http://noalaspapeleras.com.ar/asagchu/index.php/2013/10/12/botnia-contamina-informe-completo-de-cancilleria/.

Los análisis, resultado de 28 visitas del comité científico a la planta, contrastaron los valores que tiene el agua que Botnia tira al Río con la normativa establecida por el Digesto sobre el Uso y Aprovechamiento del “Río Uruguay” (que reglamenta lo dispuesto por la Comisión Administradora del Río Uruguay), y dieron los siguientes resultados:

-El promedio de la temperatura de vuelco medida en la totalidad de los ingresos fue de 32,16 °C, mientras que la temperatura media anual del Río Uruguay es cercana a 20°C. Uruguay autorizó unilateralmente a Botnia a volcar efluentes hasta un máximo de 37° C, sin modificar la normativa para el resto de la industria uruguaya.

-Se determinaron contenidos de Fenoles superiores a los establecidos por la normativa vigente. Los Fenoles (definidos como sustancias orgánicas tóxicas en el Digesto), superan recurrentemente los límites exigidos por la normativa.

-El Fósforo superó el máximo de 0,025 miligramos de Fósforo por litro establecido por la normativa vigente. Todo efluente cuyo valor supere este máximo está contaminando el río.

-Se detectaron contenidos de Cromo Total y Níquel superiores a los exigidos por la normativa. Tanto el Cromo como el Níquel son consideradas sustancias tóxicas en el Digesto. La proyección del muestreo indica un vuelco que supera en más de un 400% el establecido para el Cromo.

-Se detectó Endosulfán (la misma sustancia utilizada como agrotóxico para las plantaciones de soja) en los efluentes de una de las Piletas de Pluviales de la Planta de UPM. Este compuesto no debería ser detectado en los efluentes de la Planta de UPM, ya que su uso se encuentra prohibido en toda la República Oriental del Uruguay dadas sus características de alta toxicidad.

gualeguaychuLa Comisión Administradora del Río Uruguay está compuesta por ambos países y es la encargada de decidir y legislar sobre lo que pasa en el río. Hace años que en esa Comisión no se llega a un acuerdo, con la panta funcionando en sus narices y con varias inspecciones a la empresa donde se comprobó una cantidad importantísima de faltas e irregularidades.

Los asambleístas creen que los informes de la contaminación del gobierno, si bien fueron un quiebre, se presentaron tarde: Botnia devuelve al río 800 litros de agua contaminada por segundo (61.257.600 litros diarios que llevan 195.000 kilos de sólidos disueltos). No se puede esperar.

No sólo lo demuestra la ciencia, si no que se ve a simple vista: “Se ve la vegetación quemada por la emisión de gases de azufre, vimos que el agua está mucho más cristalina en la zona de la pastera que en la nuestra”, explica Gustavo.

Mientras los gobiernos argentino y uruguayo se provocan entre líneas ante cada movimiento de la pastera, la planta sigue funcionando. “El gobierno argentino ha ido haciendo saltos, usando el tema políticamente y poniendo paños fríos en el conflicto. Hace dos años que tenemos un bozal con las autoridades, nadie quiere hablar con nosotros, salvo el intendente porque vive acá y sabe lo que es Botnia”, dice Rivollier. “Lo único que nosotros planteamos es de la cuestión ambiental, en la asamblea no nos ponemos a discutir una política de estado, sino una política ambiental”, aclara.

Hay un tercer actor que la mira desde afuera y cuenta euros: Finlandia, que con su chapa de país protector del medio ambiente, trasladó a Botnia miles de kilómetros para pagar los sueldos en pesos uruguayos y no pagar impuestos ni agua, cosa que allá sí debería hacer. Pero el motivo principal es que este tipo de pasteras en Finlandia fue prohibida ya que contaminó un río de 50 mil hectáreas. El rigor legal que se emplea en esos países para la instalación de estos emprendimientos no es el mismo en países como Uruguay o Argentina.

La asamblea de Gualeguaychú viajó al país nórdico: “¿Qué pasaría si traemos su pastera acá a Finlandia? ‘¡Estás loco!’ – me contestaron- ‘estos tipos acá contaminaron, cambiaron la normativa, usan procesos que son ilegales’”.

El argumento que usó Finalandia para despegarse del tema fue que la empresa es privada y que el Estado no puede hacerse cargo de sus acciones. Pero entre las empresas que componen a los inversionistas de Botnia está Kemira, de capital netamente estatal. Los fondos de esa empresas son acciones que se colocan en emprendimientos y que se usan para cubrir parte de los aportes que los empleados tienen que hacer al Estado finlandés. “En definitiva ellos le están achicando la deuda a los trabajadores con la timba de la contaminación”, ironiza Bargas.

La misma DINAMA (Red de Laboratorios Ambientales del Uruguay) ya había declarado – antes de que se instale Botnia- que el Río Uruguay se encontraba a un nivel crítico de fósforo y nitrógeno y la instalación de la pastera iba a hacer colapsar los niveles. Gustavo: “Cuando está el río bajo, con las aguas tranquilas, florecen las algas, lo ves verde al río… esas algas son muy tóxicas”.

“Reclamamos que se ponga una mesa de negociación entre los dos países y se lleven la planta”, cierra Oscar.

Mientras leíste esta nota se vertieron dos toneladas de agua contaminada al Río Uruguay.

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Cuentos decapitados

Matemáticamente implacable: en las elecciones de octubre de Cuba, votó el 94 por ciento del padrón. En la de Estados Unidos, apenas el 50. Los casos de Venezuela y de Francia revelan, también, cifras interesantes sobre el compromiso. En el medio, la pregunta es clara: si la democracia se mide por la participación popular, ¿a qué deberíamos llamar dictadura y a qué democracia?

La globalización de la imagen todavía no había remplazado al oxígeno, pero nadie quería perdérselo.

No: nadie lo conocía.

Era el mito de la isla, el barbudo, la incertidumbre, el sueño de muchos y, sobre todas las cosas, el único hombre de Latinoamérica que arribaba con ese cargo: Primer Ministro del Gobierno Revolucionario. Cinco meses habían pasado de la Revolución y Fidel Castro hacía uno de sus primeros viajes. Faltaban dos años, todavía, para que Cuba expresara que su sistema era el de un socialismo marxista-leninista. Pero, aún así, miles ponían el oído para escuchar la conferencia que él daría en el Palacio del Ministerio de Industria y Comercio de Buenos Aires donde iba a explicar ese mismo concepto que repetiría por la eternidad: la democracia.

Así, habló Fidel Castro, en 1959:

“A los pueblos muchas veces les hablan de democracia los mismos que la están negando en su propio suelo; a los pueblos les hablan de democracia los mismos que la escarnecen, los mismos que se la niegan y los pueblos no ven más que contradicciones por todas partes. Y por eso nuestros pueblos han perdido, desgraciadamente, la fe. Han perdido la fe, que se hace tan necesaria en instantes como este para salvar al continente para el ideal democrático, mas no para una democracia teórica, no para una democracia de hambre y miseria, no para una democracia bajo el terror y bajo la opresión, sino para una democracia verdadera, con absoluto respeto a la dignidad del hombre, donde prevalezcan todas las libertades humanas bajo un régimen de justicia social, porque los pueblos de América no quieren ni libertad sin pan ni pan sin libertad”.

Pero, con esa explicación, se ve que nunca alcanzó. Porque Cuba siguió siendo catalogada como una dictadura, sobre todo, agarrándose de un concepto de lo más tramposo: las elecciones. Aunque, aún así, si valiera la pena el análisis de las urnas, el 2012 arrojó algunos datos que construyeron un cuento decapitado. Este año hubo elecciones en Francia, en Venezuela, en Estados Unidos y en Cuba, entre otros, y el porcentaje de mayor cantidad de votantes se dio, como desde 1976, en la Isla, sacándole hasta 40 puntos de distancia a Estados Unidos.

En todos los comicios se ha entrado en la discusión de más de una pregunta: ¿Qué es la democracia? ¿La democracia es lo mismo que la república? ¿La democracia es sinónimo de voto? ¿La democracia es –como marca la ONU- una elección de un sistema que elige cada país? ¿De qué hablamos cuando hablamos de democracia?

Pero sin tanta palabra, en la discusión propia de los votos, salió esto:

1- El 7 de octubre, en los comicios presidenciales en los que Hugo Chávez le ganó a Henrique Capriles, en Venezuela, donde el voto no es obligatorio y para hacerlo hay que registrarse en el Consejo Nacional Electoral previamente, el 78 por ciento de los que están en edad de votar emitieron el sufragio.
2- En las elecciones presidenciales de Estados Unidos en las que Barack Obama le gano a Mitt Romney, en unos comicios donde el voto no es obligatorio pero sí abierto, se presentaron a emitir sufragio el 50,65 por ciento del padrón habilitado.
3- En Francia, en las elecciones presidenciales, donde Francois Hollande venció en el ballotage a Nicolas Sarkozy, votó el 80,35 por ciento del padrón habilitado para hacerlo. Antes, en la primera vuelta, se presentó el 79,48 por ciento.
4- En Cuba, donde cada cinco años se eligen diputados para la Asamblea Nacional y delegados para las Asambleas Provinciales, de las cuales no participa el Partido Comunista Cubano sino cualquier habitante que quiera sin necesidad de tener Partido o Agrupación que lo represente, con un voto obligatorio, en los comicios del 21 de octubre se presentó el 94,21% de los habilitados para votar.

Los cuatro casos que se toman son seleccionados arbitrariamente y responden a una lógica: se junta el país de la Libertad, la Fraternidad y la Igualdad, el de la Estatua de la Libertad, el del país petrolero del que dicen que no hay libertad de expresión y del país del dictador que no da libertad. Porque, indudablemente, salvo la aparición de Venezuela, la discusión es una que continúa con el paso del tiempo. En Argentina, donde no hubo elecciones este año, pero sí el año pasado, votó el 79,39 por ciento de los votantes habilitados. Y, en todos esos casos, los preconceptos se repiten y repiten

Probablemente, analizar la democracia en estos términos puede parecer una reducción y, de hecho, lo es. Aristóteles, en sus textos de Política, dejó la idea de que la democracia es el sistema de gobierno del pueblo y para el pueblo, por lo que podría analizarse que un pueblo democrático es uno en el que todos comen.

Pero si los votos pueden ser una manera de pensar la democracia, aquí vamos. Por eso, en esa lógica en la que Fidel Castro siempre fue mostrado como el gran dictador, en la que Estados Unidos es el país de la libertad, en la que los sufragios parecieran ser los que determinaran el valor de la libertad, la conclusión resulta determinante.

Al menos, aquí se debería acabar ese pedazo de discusión.

Matemáticamente implacable: Cuba ganó las elecciones.

Colaboró en la producción de datos: Juan Ignacio Ubertazzi.

Asamblea permanente de locura

El hospital Alvear es un psiquiátrico al que le faltan psiquiatras. Echaron, además, al director y los médicos entraron en paro. Aquí, la triste historia de una mina que quería una media, de un pibe que quería puchos, de un doctor desesperado y, sobre todo, de una sociedad que sigue funcionando como si la salud fuera un negocio.

Me subo al 105 camino a Paternal, desde el microcentro, es uno de los días del quilombo de los no-subtes y hay autos y motos y otros colectivos atascados, que no avanzan, que parece que no avanzan, que tardan de 5 a 7 minutos en hacer una cuadra, posta, y eso que no estoy tan apurado, no como este señor, seguramente, un señor que vocifera y gesticula nerviosamente, fuertemente, y propone a los pasajeros de todo el bondi “prender fuego la ciudad”, y no es por alimentar ninguna locura pirotécnica, menos quiero alimentar su fachismo, tampoco me interesa hacer, todavía, una revuelta popular, pero en este momento, así, en caliente, estoy completamente de acuerdo.

La ira generalizada tiene explicaciones políticas, sociales, culturales, religiosas, ambientales, regionales, científicas, semiológicas, culinarias y, sobre todo, horarias: son las 7 de la tarde y todo el mundo sale de trabajar.

Es el momento exacto, si es que puede precisarse, en que abandonamos la razón para dar rienda suelta a nuestras pulsiones, y está bien que así sea, no digo para “quemar la ciudad” ni llevar a cabo necesariamente algún tipo de acto violento, anárquico o facho, que para el caso es lo mismo, si la cosa es “quemar todo” aquí no hay política que valga, no hay políticos que valgan, y digo que está bien que así sea porque detenerse a pensar las cosas un poco cansa, cansa bastante, y estamos cansados, parados, volviendo del laburo arriba de este 105 que no avanza.

Los viajantes no responden ante las proposiciones pirotécnicas del señor, proposiciones que no son golpistas, todavía, porque en ningún momento habla de política, o de poder, sólo es su furia desenfrenada, nadie responde aunque, de esto estoy seguro, muchos lo ayudarían, bastantes lo alentarían, no pocos lo avalarían y casi ninguno objetaría nada, si lo hiciera.

Es “el” momento para quemar la ciudad, ni un día, ni una hora, ni un minuto después, pero el señor no tiene en su maletín barriles de gasolina ni dinamitas en su bolsillos, quizá ni siquiera fume y no tenga fuego a mano, así que eso, quemar la ciudad, no podrá ser ahora.

Ahora, en unas horas, cuando llegue, en cambio, es el día de recorrer el hospital psiquiátrico Don Torcuato de Alvear, donde deberían ir muchos de estos locos de bondi, sobre todo hoy, y cualquier día, todos, cualquier día, deberíamos una vez en la vida.

A priori el Alvear es un Borda de tamaño reducido, donde la internación no es la circunstancia predominante. Es un hospital psiquiátrico de atención full time, con Hospital de día y una guardia de noche, sectores administrativos concretos donde se dan, por ejemplo, los certificados de discapacidad, y es una eminencia en atención psiquiátrica y de salud mental en la ciudad.

Imagen: NosDigital

Tanto que contiene, además, dos centros de internación donde residen hombres y mujeres, en proporciones menos superpobladas que en el Borda y el Moyano, con una lógica distinta también, pero con parecidas realidades y las mismas charlas que reciben al visitante.

Tenés 2 pesos? – Empieza pidiéndome una joven, no más de treinta, que fuma en la puerta de la guardia. Recuerdo la regla número 1: no convidar dinero a pacientes psiquiátricos. Adivino la segunda pregunta: cigarrillos.

Se da y aquí no hay reglas sino vicios en juego y ganas de convidar. Pero no tengo cigarrillos.

Lamento decepcionarte, le digo, pero si querés podemos charlar, sigo, como para cortar la lógica a la que someten a estos pacientes en el trato con el Otro. Sí, vení, sentate, y me hace una palmadita a su lado, en la puerta de la guardia del Alvear.

Tengo la duda si plantarme como periodista o dejar fluir la charla, conectar por donde pinte, dejar que el momento sea, que sea ella, y yo, y me pregunto hasta dónde puedo cambiar eso deliberadamente, si en verdad ser periodista no se trata de esto, de vivirla y no impostarla a la realidad, no forzarla, no dirigirla, no preguntar para el caso, quizá tan sólo provocar la situación y que lo que vaya pasando se acerque a un registro y no a un relato.

Ella no sabe por qué estoy acá, y no me lo pregunta. Yo tampoco le pregunto por qué ella está acá. No sabemos quiénes somos ni por qué estamos hablando.

Mi amiga tose, fuma, tose. Le digo que le va a hacer mal. No le importa y me explica por qué me pidió plata: para cortarse el pelo y comprarse unas medias. Quiere unas medias largas y negras, para ponerse con “la” pollera. ¿Vos decís que me va a comprar las medias? Quién? Un tipo vino y recién me dijo que me iba a comprar las medias. Dónde? A esta hora? Sí, ahí, en frente, en el Carrefour. Ah, claro… Pero hace cuánto fue esto? Y, hará veinte minutos… Ah, ah, entonces sí, si te dijo que sí va a venir, quedate tranquila…

No sé si le miento, no sé si este tipo que le prometió las medias va a volver, solo, con las medias, no sé si tal tipo existe o si lo dijo “todo que sí” como quienes se creen cuerdos dicen que hay que decirle a los locos.

Mi amiga descubre al tipo pasar, me codea, es ése, ¡eh! Vas a ir? Le pregunta. El tipo va acompañado de una mujer, va saliendo, y le asiente con la cabeza, señala el Carrefour, mi amiga se entusiasma, le dice, se anima: negras!!! El tipo vuelve a inclinar el cuerpo en señal que sí.

Sale del Alvear.

Mi amiga me dice que vea, que lo vea a ver si cruza la calle.

Lo veo, lo sigo con la mirada.

Cruza la calle (el Carrefour está en frente). Va, va, va. Va hacia a la izquierda (a la izquierda está la entrada). Va, va, va. Pasa la entrada. No entra. Sigue. ¡Se pasó! No, no…

Y??? me exige mi amiga. Y no, che. Se fue, siguió de largo.

Se encoge de hombros, no dice ni mu. Está acostumbrada.

Le saco charla para olvidar la traición. Ahí sí me salta el preguntón pero desde la intuición natural para romper el momento y, de paso, ir conociendo(la) un poquito más: dice que la tratan bien, que le dan un plato de comida “así” (separa las palmas un metro), y que el Alvear es “de los mejores”. Pero que también hay peros y, si no toma la medicación, no la pasa nada bien, o, mejor dicho, se la hacen pasar mal.

También cuando se pelea con otros pacientes o con los enfermeros.

Entra otra persona al hospital, le abren la puerta de entrada los guardias, y mi amiga se levanta para hacer el ritual: plata, cigarrillos. Nada otra vez. Mientras, yo saco mi anotador, anoto furtivo las palabras/ideas de mi amiga dichas al viento minutos antes antes y que el THC empuja hacia el agujero negro de mi memoria. Vuelve y me ve anotando, me dice qué hacés y me dice que parezco su psicólogo, “que anota todo”. Lo guardo rápido.

Está acá hace pocos meses. No le preguntó por qué ni nada sobre su vida porque no pinta.

En cambio surge una proposición indecente, un pedido concreto permitido según estos minutos de confianza. Es cuando vuelve el “tema medias”: quiere estrenar una pollera y necesita unas medias de las largas y negras, de ser posible. Talle 5. No ves? Es que engordé por tomar tanto mate.

Juntos combinamos la mejor manera de juntar los 18 pesos, ayuda mediante, billetera rosa que saca, y la promesa que yo iría al Carrefour y volvería con las medias. Es el tiempo condicional según ella, porque ya la cagaron un par de veces.

18 pesos, un Carrefour en frente y una misión imposible para el sexo masculino: comprar medias largas y negras talle 5.

No sé si soy Tom Cruise pero si quiero ponerlo a prueba es este el momento de ayudar a mi amiga.

Voy saliendo del Alvear, los guardias me abren, giro la cabeza y la veo ahí, sentada, en la puerta de la guardia, esperando que yo vaya y vuelva, que vuelva. Que vuelva por las medias, por la guita y por que sí.

Grita: Talle 6!! Paso memoria: medias largas, negras y talle 6.

Un Carrefour se abre a mi paso y sus góndolas infinitas. Encuentro el sector de la ropa más rápido de lo que merece esta crónica y tanteo las prendas, los atuendos, hay calzones entonces no, estoy en la parte de hombres, entonces debe ser allá, sí, donde estan esos corpiños y ahí, enfrente, ahí están las famosas medias. Empiezo a ver los colores: negras, negras, sí. Hay negras. A ver, talle 6… no. Negras no. Otro color? No hay, tampoco. Negras talle 5, entonces: nada. A ver otros modelos… Sí, acá, negras pero talle 3 y no, estas salen 50 mangos. Vuelvo a las de 18 pé. Negras no hay talle 5 ni 6. Otro color? Eh… no. A ver, no hay talle 6. Ni 5. Hay hasta el 4 pero no hay negras. Hay color piel oscuro, y talle 4, nada que ver. Uf… qué mierda hago. Pasa una señora: señora, disculpe, me ayudaría. Sí. Se ríe. Le comparto mis inquietudes y contextualizo la situación, como para no quedar travesti. Se pone de ejemplo y me pone en el aprieto de decirle qué talle me parece que es ella, como para comparar. No tengo ni idea pero le digo 2, para quedar bien, un número intermedio, qué se yo, vieja, ayudame y no te hagas la linda. Ay… gracias, me dice, uf, pero yo soy 3. Me parece que mi amiga es igual que usted, digo, de caderas, a lo sumo un poquito más. Bueno, entonces llevale un 4 para estar seguro, porque 5 y 6 no existen.

El talle 5 y 6 de medias largas no existen.

Cómo se lo digo a mi amiga.

Le entrarán éstas otras?

Termino haciéndole caso más para sacarme de encima su incomprensible coqueteo, aunque es el precio que pago por las cosas en que me meto. Me voy. Gracias, chau.

Caja, pim, pum, pam, salgo. 18 pé unas medias largas color piel oscuro talle 4. Nada que ver con lo que me pidió pero bueno, es lo que hay.

Llego a la puerta, los guardias me abren, ya me conocen. Tardé bastante, unos 25 minutos. Qué estará haciendo mi amiga.

Sentada. En la puerta de la guardia. Expectante. Con un amigo. No hablan.

Le llego y no le doy las medias hasta explicarle las condiciones del cambio de planes, las razones por las cuales le traje unas medias color piel y no negras y talle 4 en vez de 6 o 5. Me mira sorprendida pero entiende, extiende la mano. Se las doy y las mira; el compañero de al lado se ríe.

Se llama Elvio. Se ríe y después se vuelve serio y analiza la situación. Un extraño le fue a comprar medias, y volvió, ergo es confiable como para que me compre cigarrillos.

Y fui de nuevo nomás…

Pero a mí me interesaba mi amiga, no andar haciendo mandados. Los guardias se ríen porque me ven salir y volver otra vez.

Vuelvo con los Marlboro común y mi amiga sigue examinando las medias. Se la ve bajoneada. Elvio sigue riendo, agarra los cigarros. Mi amiga: esto es un talle 1. No! Cómo. Mirá, talle 4, fijate que te tiene que entrar. Mi amiga me muestra el agujero por donde habrían de caber sus caderas, sin estirar. Elvio se ríe. Mirá, esto se estira así y después se va elastizando a medida que lo usás. De última le cortás un poquitito acá y le cosés, para que te quede más grande aún.

Se tranquiliza. Claro, dice… Sos una masa.

A todo esto todavía ni entré a la guardia, ni al hopistal. En esta puerta siguen pasando cosas, y más ahora que ya me desconsideraron como delivery boy. Ahora pasan tres tipos más, tres pacientes se ve, que saludan a Elvio y no a la mía. Qué hacés, Elvio. Mirá, este es Cannigia, tira Elvio, que está acá adentro de tanto tomar merca. El tal Canni no se ríe y le da la mano, me da la mano, ignora a mi amiga y sigue con tres más, por el jardín del Alvear. Se va yendo y recuerda, el Canni: Eh, saludalo a este que mañana se va. A dónde? A su casa, le dan el alta. Ehh, chau loco, vení, saludame, dame un abrazo.

Vuelvo a mi amiga que había vuelto a examinar las medias. Pero ahora sonríe y me dice: “Te re cagaron. Yo con 20 pesos me compro unas Cocot”. Se ríe y me río. Terminamos acordando que los del Carrefour son todos chorros y re botones.

Me voy a dar una vuelta, le digo, así conozco un poco el hospital. Dale.

Antes de despedirnos: Cómo te llamás? Jésica, y vos?

Entro a la guardia, que tuve a metros durante una hora sin entrar, y un hombre me encara: Che, el hospital está en paro? Va nervioso. Dos tipos salen detrás calmándolo, diciéndole que espere, que ya lo van a atender. Me doy cuenta que soy la única persona después de él en esa guardia, y sus dos compañeros que lo calman.

Se ve que están atendiendo a alguien, y desde hace rato.

Tengo entendido que no, le contesto, y que aunque estuviesen de paro la guardia funciona igual, que se quede tranquilo que lo van a atender. Sus acompañantes me agradecen la respuesta con la mirada cansada.

La guardia es un cuadrado vacío de 5×7, con unos asientos pegados a la pared, sin recepción, y ahora a las 20 y pico sin médicos a la vista. Voy al baño.

Baño de hospital público, donde el papel higiénico es una utopía y un inodoro que, gracias, no está cagado. Siempre es revelador del lugar, de quienes pasan por allí y de lo que allí pasa – estoy hablando de cualquier lugar, de cualquier lugar que tenga un baño- leer las paredes. Literalmente: leer las escrituras, los graffitis, las consignas, los carteles, los ofrecimientos, las proclamas, el fanatismo, las ideas que hay en las paredes de los baños. En este caso, dos, entre tantas:

-La libertad no se consigue, la libertad se construye

-Abogado: te saco en 48 horas. Teléfono…

Vuelvo a la sala. Se metieron Jésica, Elvio y hablan con el tipo que esperaba, mientras sus compañeros también miran. Miran, todos, ahora veo, a Jésica mostrando las medias, seguramente pidiendo opiniones sobre si le entrarán.

Paso, mejor que saque sus conclusiones. Voy hacia el jardín, que rodea esta guardia y conecta todos los sectores del Alvear. Una especie de jardín en “U” que tiene, en el centro, la guardia, y rodeando a la “U”, si el espacio de la letra es la calle, el llamado hospital de día en el arquero, al costado izquierdo la farmacia y al derecho los centros de internación de hombres, por un lado, y de mujeres, por el otro.

Me siento a anotar algunas cosas que pasaron y que van pasando por mi cabeza: Hay algo más indeseado que un hospital? Sí, un hospital psiquiátrico. Y algo más, aún? Sí, un hospital psiquiátrico de noche.

Van a ser las 9 y Jésica justo pasa por delante mío: se va a comer. Che, gracias. Yo creo que me van a entrar las medias. Sellamos nuestro gusto en conocernos con un abrazo.

Vuelvo a la guardia ya que el resto del hospital está cerrado. Noto que en la puerta está el recorte de un diario noticiando el paro de este hospital “en defensa de su director”; adentro nomás hay un cartel que convoca a “todos los trabajadores del Alvear” a trazar un “plan de lucha”, que data del 24 de julio.

El hombre que esperaba y me preguntó sobre el paro antes, recién ahora, 25 minutos después de esa pregunta, entra. Sale dos mujeres, una que acompaña a la otra. Era una médica la que la atendía y la que atiende ahora a este hombre.

No queda nadie más en la guardia, por ahora, nadie para atenderse.

Sí resuenan voces y gritos que vienen del teléfono público de afuera, que está solicitado en este horario nocturno.

Escucho una charla de un minuto reloj que pasa un parte brevísimo sobre nada, digamos, una charla forzada como para decir algo y no nada, como para hablar con alguien y no estar solo, aunque sea un ratito, un minuto reloj.

Hola, sí. Acá, salí a dar una vueltita, ya me voy al sobre… No, es que ya se hizo todo, no hay nada más para hacer… Jugó Argentina hoy, no? Sí, juegó Argentina contra Alemania… Bueno, chau, chau.

Golpea la máquina, por las dudas, a ver si se equivoca y le devuelve las monedas.

Ahora una señora mayor, grande, sesenta y pico, que me pide que le lea una tarjeta de teléfono ilegible, pero lo logro, pero no se puede comunicar. Me agradece igualmente.

Y otra señora que viene del fondo, de la residencia.

Habla la tía. Sí, desde el colegio. Empezó Mc Donald´s, o no? Uh, qué boludo… siempre hace lo mismo. Como que se arrepiente… Pasame con tu abuelo. Que hacés pá. Qué comiste? Mañana no vengas porque compré cigarrillos. Aparte hay paro acá, no dejan entrar a nadie. Sí, hace un montón de días que hay paro. Quedate tranquilo. Sí, sí, un beso a todos.

El contacto de Juan Panelo circuló por la web como vocero de una de las filiales de Médicos Municipales, uno de los gremios de la salud, justamente el mismo que aparecía en la crónica pasada en el Argerich con unos carteles que hablaban de paro gremial en caso de no cumplir con una serie de promesas. Ya en la nota pasada los propios médicos del Argerich se sorprendían al ver a los Municipales reclamando por la salud, ya que “estaban con Macri”. Ahora veo, sus pedidos se dirigían al Ministerio de Salud directamente, pasando por alto la relación municipal, aunque también otras voces hablaban de un alejamiento del ministro de Salud del GCBA, Lemus.

Como sea, le pido a Panelo que me ayude a desentrañar este mareo político, gremial y concreto sobre el alerta en la educación pública. Le pregunto entonces si los Médicos Municiples juegan para Macri: “Lamentablemente”. Entonces corrije su descripción de “vocero de una de las filiales de MM” a “jefe de consultorios externos y de dirección ambulatoria” del hospital Torcuato de Alvear.

¿Por qué pararon el viernes 17?

En nuestro hospital lo que ocurre es que, con la excusa de un problema de funcionamiento de la guardia, dicen que la gestión del director no es la adecuada y entonces se lo saca de su cargo con un forzamiento de la jubilación, desoyendo el fuero gremial. Hay modos de hacer las cosas, y si alguien hace una mala gestión hay un modo administrativo de destituirlo del cargo. Aparte es lógico ese mal funcionamiento de la guardia porque se está expidiendo gente con notas desde el 2011. Esta semana vino la comitiva de la viceministra del GCBA y la secretaria de salud para explicarle al director que se tenia que retirar y nosotros le mostramos todos los papeles de todos los pedidos que hubo en ese sentido.

¿Qué reclaman?

Lo que necesitamos es gente, no insumos ni quirófano. Necesitamos gente en especialidades. Una guardia sin psiquiatras, sin enfermeras no pueden funcionar, no hay personal… Esto no es solo en los hospitales, va de la mano de lo que esta pasando en el Borda con este intento de realizar un centro cívico en un luigar esencial, lo mismo en el hospital Gutierrez. Se considera a la salud como un mal negocio y no se lo entiende como una obligación, un derecho estatal.

¿Qué otras faltantes hubo durante la gesión de este gobierno municipal?

Hemos tenido épocas muy difíciles en cuanto a la farmacia, pero ahora está funcionando bien, hay gente atenta a que no le falte nada. Imaginate que para un hospital psiquiátrico es esencial para los tratamientos, que son carísimos… Acá lo que necesitamos ahora son psiquiatras, psicólogos, enfermeros sociales…

¿Cuál fue el problema de la guardia que desató el desplazamiento del director?

La excusa era que la ambulancia no había salido una vuelta. Pero la ambulancia puede salir cuando hay un medico que pueda salir. Y la guardia es un hervidero. Yo invitaría al ministro a que venga a estar un cuarto de guardia viviendo lo que es eso. Nuestra ambulancia era la única que cubre todas las emergencias psiquiátricas de toda la capital federal y recién hace un año se agregó otra.

Cuando hablás de “excusas” entonces considerás que hay un tema que subyace, un interés político…

Absolutamente político. Las causas exactas te las debo, pero la excusa en sí no tiene ningún sentido. Cambiando el director no se arregla nada, va a seguir faltando gente. Seguramente necesitarán gente afines a sus ideas a su proyecto que desconozco. Sobre todo me da a pensar esto el atencedente que las decisiones de este gobierno no son a favor del hospital publico.

¿Cómo fue y cómo sigue el plan de lucha?

El 10 de agosto paramos para pedir la reincorporación del director y el martes 14 volvimos al paro, pero el 15 por asamblea se decidió volver a las tareas, que el paciente no tiene por qué pagar los platos rotos. Igualmente, en nuestros paros hay asistencia, la urgencia se sigua atendiendo… Ahora estamos en asamblea permanente, movilizados, atentos.

Vuelvo en el 105 ahora en sentido contrario, desandando el camino de la locura, el que llevaba a pasajeros que querían prender fuego la ciudad, y ahora es más tranquilo, es más tarde y hay menos gente, menos autos, se avanza más rápido, pero también, les juro, hay locos, o loquitos, sueltos, de ningún psiquiátrico, como éste que de pronto me sorprende gritando “les tengo bronca”, en referencia a todos nosotros, “les tengo bronca”, repite, rabioso, balbuceando esas palabras para sí mismo, porque no mira a nadie en particular, pero nos habla a todos, y su compañera de asiento se levanta y se va, asustada, o enojada, quién sabe, loca también, y voy yo y me siento a su lado, porque estaba parado y porque estoy loco también.

El tipo sigue, “les tengo bronca”, y mira de reojo a ver si lo miro, si lo estoy escuchando, a ver si reacciono, pero no quiero manijearlo, intento ignorarlo, entonces pasan unos minutos y se empieza a reír, solo, y su risa me contagia, un tipo que pasa de la bronca a la risa, evidentemente, está loco, como yo que me río, y me dice ahora “viste que te hago reír”, y me río más fuerte, y la gente que mira no entiende nada, y le digo eso, “cómo pasaste de la bronca a la risa”, y se pone serio, uf, pero se pone serio para hablar en serio, no serio por enojado, y me dice, “¿sabés qué pasa, loco, que me da bronca”, qué, “me da bronca que estuve laburando todo el día y ahora llego y ¡pum!”, golpea sus manos, una contra otra, haciendo un chasquido, el colectivo mira, “tengo que poner los 700 pesos por el cuartito”, y por qué nos tenés bronca, “porque todos tienen su casita”, y, le vuelve la rabia y despotrica contra todos, pero apenas, se da cuenta, nadie lo escucha, vuelve a callar, se traga la bronca, que es tristeza, que es desesperación, que es injusticia, que es la realidad misma la que lo volvió y lo vuelve loco, trabajar y vivir para pagar el cuartito, porque si hay locos no existimos por que sí.

Estamos en asamblea permanente de locura, movilizados y atentos contra los cuerdos que nos desgobiernan y nos encierran y nos maltratan, contra esos que les chupa un huevo no sólo cómo viajamos sin subtes, libres, al fin, por la ciudad, sino cómo vivimos, cómo nos enfermamos, dónde nos atendemos, con qué, con quiénes, y también por qué nos atendemos, la locura es mucho más que un viaje en bondi, es la tensión que se vive en esta guardia, son las medias que me pide Jésica, los Marlboro de Silvio, la bronca del señor que tiene que pagar el cuartito, es la denuncia que hace Juan sobre la falta de personal, son los días que pasan y pasan hasta que nos volvamos, todos, locos, más locos de lo que estamos, bien locos, tan locos hasta que nos encierren a todos, y no haya, de verdad, en serio, lugares para atendernos, ni insumos para curarnos, ni personal para cuidarnos, tan pero tan locos que no nos parezca loco que haya un hospital sin director, un director sin hospital, que quieran poner un centro cívico en el Borda, que falten insumos en el Argerich pero se instalen televisores con propaganda municipal, que no entendamos por qué los pacientes del Santojanni le pegaron a los médicos, tan locos para creer que la salud pública es un negocio y no un derecho.