La buena música se hace de saco y corbata

Arde Roma sabe que para llegar lejos hay que ser organizados y poner todo el cuerpo. La dedicación da sus frutos: en sus dos años de carrera, avanzan a zancadas en la escena del rock. El 25 de agosto nos esperan en Santana Bar, el escenario obligado del Oeste.

Esto, ante todo, es organización. Vale aclararlo porque ellos lo hacen y a mí me sorprenden. Cuando llegamos nos recibe el día nublado alojado en las escalinatas y gran parte del equipo de Arde Roma. Los cuento, uno, dos, tres, cuatro… ¡Zafamos, no llegamos tan tarde! Pero mientras lo pienso, el quinto se saca el casco y se baja de la moto. ¡Mierda, sí que son organizados!

El de la moto es Emanuel Marchione, baterista de la banda, a quien se le suma en el escenario Cristian Casafus en el bajo, Cristian Gasparini en guitarra y voz, Osvaldo Fernandez en guitarra y Silvio Lanz en el saxo. Ellos, Arde Roma, nos hacen parte del saludo, de algún chiste resacoso, de la complicidad de descubrir a los girosos del domingo. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, todos entre sonrisas tímidas se entregan a los flashes, al juego de las poses, y terminan sentados, donde la última foto los dejó, mucho más sueltos, dispuestos a compartir su historia.

Esa historia, producto de la necesidad de armar un proyecto serio,  se empezó a cranear hace dos años. “Arrancó en agosto del 2010 la cosa más o menos. Bah, más o menos no, exactamente fue en agosto del 2010”, nos cuenta Pika (ah, no lo aclaré, a Cristian que no es Casafus el del bajo, pero sí es Gasparini el de la voz, le dicen Pika). “En realidad, en ese momento estaba en otra banda, más de rock electrónico, pero no pasaba nada. Yo venía componiendo canciones que no tenían nada que ver con ese proyecto y me gustaba más eso que lo que estaba haciendo y dije bueno tengo que hacer algo con esto”. Un par de llamadas y el tridente inicial, los Cristian y Osvaldo, ya estaba ensayando.

La charla se interrumpe, un par de extranjeros bailan para una cámara moviendo las caderas, la cintura, los brazos de la manera que seguro ya te estás imaginando. Nos sonreímos (bastante) y seguimos… “Eso fue en agosto del 2010 cuando nosotros tres arrancamos, después hubo varios bateros, muchos bateros”. Otra vez nos distraemos con los pasos de baile, realmente tenían swing. Volvamos.          

El primer batero estable se sumó recién en abril del 2011, después de haber pasado un período bastante largo en la búsqueda, pero todavía faltaba alguien para los vientos “Estuvimos dos meses tocando sin vientos, con Pika cantando la parte de los vientos. ¿La silbabas? No, la cantaba, Pa papa pa”.

Con el equipo completo decidieron laburar duro para dar su primer show en vivo antes de que termine el año. En noviembre, Arde Roma, subía a los escenarios y cumplía su primer objetivo. “La mecánica de la banda siempre es ponerse fechas y llegar a esa fecha porque si uno no toca, ensaya y nunca siente que esta preparado. Lo bueno es que ponemos fechas y le metemos para eso. Siempre estamos metiéndole para algo que viene”

De su primer escenario, saltaron directo a Niceto, casi catapultados acompañaron a Josefita, banda amiga que los invitó a compartir su fecha. Para estar al cien porciento se organizaron; ya lo había dicho, para estos pibes la agenda es una herramienta de trabajo. “Nos pusimos a laburar en el verano que es un momento complicado, todos nos íbamos y armamos un calendario extendido para saber quién iba a estar en cada momento. Vine con el calendario marcado, ensayo, ensayo, feriado, ensayo, todo pegado en la puerta. Es una boludes pero proyectarte de acá a un tiempo es saber cuánto tiempo real tenés para dedicarle, si tenemos cinco ensayos para un show podemos armarlo de una manera, si tenemos veinte de otra, influye mucho”. Las cargadas por el calendario fluyen de todos lados, pero cuando las abandonamos por un ratito, entendemos la seriedad que le da al proyecto “Está bueno que sea serio, más que nada es organización, el rock es muy desprolijo”.

La banda sigue creciendo y este año experimentó tocar en formato acústico sumando experiencia. “El acústico estuvo buenísimo, es más rejalado, es como un fogón pero armado”. Los shows le dieron la bienvenida en la batería a Ema; bastante jodido calmar su ansiedad de darle duro a los platillos, pero tuvo que esperar un par de fechas.

Arde Roma, que empezó llamándose El Boicot y que mutó de nombre sin estar convencidos, hoy siente que no podrían estar mejor titulados. Cambió el nombre pero no la idea, el proyecto solamente se movió para no dejar de crecer. Ellos, que son capaces de ser organizados y espontáneos, se llenan de expectativas y empiezan a preparar la idea de un disco. Mientras tanto, entre niebla y sonrisas nos invitan el 25 de agosto a Santana Bar para compartir el agite en su llegada al oeste.