Falta de méritos de represión

A Ramón Aramayo lo mataron el 20 de marzo de 2011, en la previa de un Vélez-San Lorenzo, en Liniers. Según la autopsia y los testigos falleció porque los policías de la polémica Comisaría 44 lo cagaron a palos. 15 meses después, hay tres efectivos imputados a los que se está por dictar la falta de mérito. “Si es así, no habrá juicio”, cuenta el abogado Fernando Burlando. Mientras la violencia en el fútbol vuelve a estar en boca de todos, actualizamos la histora de un crimen que puede quedar impune.

La autopsia: términos confusos y heridas que hablan claro.

El vocabulario médico policial eligió decir cosas como “lesiones contusas excoriativas”, “lesiones contusas equimótico-excoriativas”, “lesiones contusas equimóticas” o “hematomas subcutáneos”, y, además, propuso detallar específicamente los planos sagitales y transversales de las heridas. El trabajo del forense develaba todos y cada uno de los lugares donde fueron a parar las piñas y las torturas que Ramón Aramayo recibió el domingo 20 de marzo de 2011 en la previa del partido entre Vélez y San Lorenzo: rostro, panza, espalda, codos, rodillas, costillas,muñecas, hombros, piernas y glúteos. Y seguía: lastimaduras, moretones, cortes y heridas varias.

La autopsia duró dos horas. Desde las 7:45 hasta las 9:45 del primer lunes sin él. Fue un día después y determinó lo que todos supieron desde el principio: a Aramayo lo cagaron a golpes. “Congestión, edema y hemorragia pulmonar. Edema encefálico difuso”. Esas fueron las palabras que eligió el médico forense, Ignacio Lossetti, para enviarles ese 21 de marzo el resultado del estudio a la Fiscalía Criminal de Instrucción N° 26, que recibió el señor Fiscal Nacional de la causa, Dr. Patricio Lugones, y el secretario del mismo, Dr. Ezequiel Costa.

El cuerpo, en definitiva, era el mismo: Ramón Aramayo, 36 años, argentino, marido de Mabel Suarez (aunque en la autopsia se califique su estado civil de “soltero”), con hijos, remitido por la Comisaría 44° de la Federal, ubicada en Liniers, luego de haber sido hallado “tirado en el asfalto” el 20 de marzo del 2011 a las 15:40 horas en Barragán al 235 en la previa del partido en el Estadio Amalfitani entre el Club Atlético Vélez Sarsfield y el Club Atlético San Lorenzo de Almagro.

Qué pasó el domingo: “¿Querés cobrar vos también?”.

Como todos los domingos que jugaba San Lorenzo, Ramón Aramayo fue a la cancha. El partido tenía los ojos de todo el mundo futbolero encima. Se sabía que era de riesgo. Luego de la reciente muerte de Emmanuel Álvarez, en el anterior Vélez-San Lorenzo, se tomaron especiales recaudos para que la tarde transcurra en paz. Pero fue el operativo mismo el que generó la violencia.

Aramayo fue a la cancha con sus tres amigos de siempre: Juan Carlos Cabrera, Christian Jorge Bertolino y Daniel Platt. Esa misma tarde se sumó otro amigo de Ramón, Sergio, que fue con su hijo de 11 años. Los seis se juntaron en la casa de Bertolino, hora y media antes del partido, subieron al auto del propio Aramayo y fueron para Liniers. Lograron estacionar sobre Ramón Falcon a pocas cuadras de la cancha. Caminaron hacia la calle Barragán, donde tenían entrada los visitantes y pasaron sin ningún tipo de problemas el primer control.
Se venían las segundas vallas y la Policía ordenó que todos tengan la entrada en la mano. Carlos Alberto Heredia, personal a cargo de Vélez, era el responsable de turno de ese control ubicado en la calle Barragán a la altura de Viedma. En su declaración como testigo ante el fiscal Lugones y su secretario Costa, Heredia dijo haber sido encargado de la rutina de “cacheos” y que su puesto de control se encontraba a unos “30 metros” de la Policía. La misma Policía que le dio la orden, de repente, de que no pasara más gente. Les hizo caso. Al darse vuelta observó una persona que se encontraba “acostada, boca abajo” y “a la que la policía estaba deteniendo”.

Luego de la pequeña interrupción, le ordenaron que siguieran ingresando los hinchas y Heredia continuó con su trabajo. No vio más nada, salvo una “ambulancia del S.A.M.E” y camionetas policiales que un tiempo después llegaron a las adyacencias del control, pero abocado a sus tareas laborares -“ver que las personas lleven la entrada en mano”- no les prestó mayor atención.

El testimonio de sus tres amigos completa la historia hasta donde se deja completar. “Cada uno intentó pasar por su cuenta”, explica Christian Bertolino la rutina de siempre, a lo que suscribió de manera idéntica Daniel Platt en su reconstrucción de los hechos. “Comúnmente” una vez que se pasa el control se ve “si ya pasaron” los demás “para seguir al estadio”, aclara Juan Pablo Cabrera. Hasta allí todo sucedía como siempre. Cuando los tres pasan el control buscan a Aramayo. No lo encuentran y se voltean para ver dónde estaba. Ahí empezó todo.

“Tres policías se encontraban forcejeando con Ramón Aramayo, a ellos se le sumaron aproximadamente tres policías más quienes lograron derribarlo, haciendo que cayera de costado sobre el asfalto. Aramayo forcejeando consiguió reincorporarse y luego volvieron a derribarlo cayendo de cara contra el asfalto”, dice textualmente Daniel Platt, según la declaración firmada por él mismo, el fiscal y su secretario.

Juan Pablo Cabrera amplía bajo las mismas autoridades: “Un policía uniformado con chaleco naranja le realiza un tacle de rugby por debajo de la cintura (…), pese a ello Ramón logra reincorporarse y seguidamente llegan más policías, alrededor de cinco o seis, y entre todos lo sujetan en medio de un forcejeo, de una lucha terrible, defendiéndose Ramón, pese a lo cual el personal policial no lograba derribarlo, momentos en que aparece otro policía que intenta darle un golpe con un palo a la altura de la espalda logrando el dicente (Juan Pablo Cabrera) evitar que lo impacte ya que puso la mano y lo empujó al policía para evitar la agresión, manifestándole a su vez que ya lo tenían agarrado entre cinco para pegarle, respondiéndole el policía ‘¿querés cobrar vos también?’”, redacta el fiscal en la declaración de Cabrera.

Bertolino continúa ante Lugones: “En ese momento, uno de ellos (los policías) le apretó los testículos con la mano, otros le apoyaron rodillas en la espalda y le doblaron las piernas hacia arriba. Enseguida lo esposaron para luego arrastrarlo por el asfalto y finalmente lo pusieron de pie, corrieron el vallado para dejarlo en un portón allí ubicado cerca de la intersección con la calle Viedma. Un par de policías se quedaron con Aramayo hablando, se les acercó el sujeto de nombre Sergio (el amigo de Ramón que los acompañaba aquella vez), le preguntó si lo iban a dejar libre o quedaría detenido, donde le informaron que quedaría cinco minutos detenido y lo largarían.”

Luego de reprimir a Aramayo, efectivamente, lo soltaron. Los tres coinciden en que lo vieron caminando a los tumbos luego de ser liberado. Que llegó a agarrarse de un árbol para no perder el equilibrio en su caminata tambaleante. Se acercaron rápidamente y lo hicieron sentar en un cordón, pidieron agua en lo de un vecino de la cuadra y se quedaron junto a él. “Me duelen mucho las piernas”, coinciden todos que susurraba Aramayo cuando le preguntaban cómo se sentía. Decidieron llamar a la ambulancia a través de dos policías vestidos de civil que habían ofrecido ayuda. En esos “15 o 20 minutos” que demoró en llegar la ambulancia, precisan los testigos, interpretaron que Aramayo se había desmayado.

Cuando llegó el SAME la doctora le revisó los ojos y el ritmo cardíaco. Fue suficiente para determinar que Ramón Aramayo había muerto y que ya no existían posibilidades de hacerle tareas de reanimación.

La asesina con dudas.

¿Quién lo mató?

“Lo mató la Policía. Le pegó y lo dejó tirado, como siempre hacen”, aseguró Mabel Flores a la salida de la Comisaría 44° la noche del mismo día en que asesinaron a su marido.

¿Lo mató la Policía?

“Sí, me parece que quedó claro”, le respondió a NosDigital Christian Bertolino más de 15 meses después del hecho. “Las pericias vinculan, en principio, al personal policial. Pero, además, tenemos la opinión de profesionales en el arte de curar que le dan una directa actuación en lo que es el desenlace en la vida de Aramayo”, dijo a esta revista Fernando Burlando, abogado de la familia, con los recaudos penales pertinentes.

Bertolino, luego de la muerte de Aramayo, ese mismo domingo, es llevado a declarar a la Comisaría 44° para que dé su relato de los hechos. Dos días después, en su declaración ante el fiscal, el martes 22 de marzo, se encargó de dejar en claro qué pasó en esa comisaría: “Los policías no querían dejar asentado que el desempeño policial con Aramayo había sido violento, que era evidente que querían inducirlo a alivianar la situación de los policías y que terminó firmando la declaración ya que se encontraba agotado por la situación que le había tocado vivir”. Son las textuales palabras que se escribieron en la declaración adjuntada a la causa. Por su parte, Juan Pablo Cabrera, el mismo día y bajo la condición de testigo afirmó poder “reconocer” a los policías involucrados. “Hace poco”, después de más de un año de ese testimonio clave de Cabrera, dice Bertolino que hubo una rueda de reconocimiento donde uno de sus amigos pudo reconocer a alguien.

¿Por qué lo mataron?

Se llegó a justificar semejante detención o “cacheo” diciendo que Aramayo no tenía entrada. Sus amigos Cabrera y Bertolino dieron fe ante el fiscal que lo único que podían asegurar a cerca de las pertenencias personales de Ramón era “que tenía la entrada y las llaves del auto”. La entrada que pareciera ser motivo de separar a la vida de la muerte estaba en el bolsillo de Aramayo.

¿Cómo murió?

“Fue por causas naturales”, se abarajó desde los medios enseguida. Durante el día de incertidumbre las mil hipótesis mediáticas no se hicieron esperar. Las fotos y videos de los de naranja sobre Aramayo que fueron apareciendo lo dejaron al descubierto. “¿Causas naturales? Si él no tenía nada…”, aseguró su esposa cuando salió el domingo de la comisaría de Liniers.

“Vinieron cinco o seis policías y lo sujetaron en medio de una lucha terrible. Lo tiraron al piso y Ramón cayó con toda la cara pegando en el asfalto y le salía sangre. Y cuando lo tenían boca abajo, otro policía le apoyó la rodilla encima y le empezó a dar con todo en las costillas, mientras otros dos le retorcían los brazos y las piernas y uno último le apretaba los testículos y aunque todos pedíamos que lo soltaran, seguían y seguían”, aclara Cabrera. La naturalidad de recibir traumas y heridas es inexistente: hay una historia de golpes y represión detrás de las lesiones no naturales de Aramayo.

Entonces: ¿Quién lo mató?¿Por qué? ¿Cómo?

La misma policía, la mismísima Comisaría 44°, la que golpeó, detuvo violentamente sin razón a Aramayo y luego se encargó de tomar, inducir y manipular las declaraciones ante los testigos sobre la muerte de la víctima, elevó su visión de los hechos al forense:
“’MUERTE POR CAUSAS DE DUDOSA CRIMINALIDAD’, según lo dicho por la prevención”.

Eso reza el informe hecho por la “prevención” previo a la autopsia. Es lo que recibió el forense Lossetti junto al cuerpo de Aramayo.

¿La prevención?

O sea, ellos. La Comisaría 44º, la misma que está acusada de asesinar a Rubén Carballo, un pibe de 17 años, en diciembre de 2009, durante un recital de Viejas Locas en Vélez. Esa que para los vecinos del barrio es la culpable de que Liniers se haya vuelto hace tiempo un reducto de talleres textiles clandestinos, prostíbulos y desarmaderos. La Comisaría 44º, una de las más cuestionadas de la Federal, que desde 2009 para acá tuvo cinco comisarios diferentes, removidos por el Ministerio de Seguridad de la Nación .

Hoy: dos causas, faltas de mérito represivo y desenlace incierto.

Rastrear la causa de Aramayo hasta la actualidad no es fácil. Las ONG que se vinculan con la violencia deportiva están corridas del caso por decisión de la propia familia. Los medios tampoco actualizan información al respecto cuando ya pasó un año y tres meses de su asesinato. Los testigos, con razón, no quieren hablar más, se atienen a lo que dijeron bajo la condición de testigos. Desde Salvemos al Fútbol, la ONG que acompaña a la mayoría de los familiares de las víctimas y que se compone por los mismos familiares, aseguraron haber perdido relación con la viuda de Aramayo.

Liliana Suárez, vice de Salvemos al Fútbol, cuenta: “Cuando ocurrió el hecho nosotros fuimos a acompañarla, a solidarizarnos con Mabel, a ponernos a disposición con la defensora del pueblo Muñiz. Pero hace un tiempito que nosotros no la vemos. Habrá cambiado el teléfono. No nos contesta. No sabemos nada desde hace un tiempo. Cuando fuimos olfateamos que los abogados que le manejan la causa le dijeron que no den mucha información. Nosotros somos prudentes y respetamos la postura de cada familia”.

Fernando Burlando, conocido abogado por sus casos mediáticos, atendió el teléfono y dejó en claro algunas cosas que hoy no tienen mucha luz ni cámara ni acción. La causa está en etapa de instrucción, es decir, todavía no hay un juicio oral que vaya a determinar la sentencia de los responsables del asesinato.

En esta etapa de investigación y de determinación sobre quiénes son procesados y quiénes sobreseídos, se encuentran tres policías imputados. Sus nombres, según el abogado de la víctima, son: Gutiérrez, Costó y Ayeche. Los tres se encuentran con falta de mérito. No hay pruebas suficientes, según el juez, ni para sobreseerlos, o sea, liberarlos de culpa y cargo, ni para procesarlos en un juicio oral que los pueda juzgar.

Gracias al testimonio de uno de los amigos de Aramayo en una “rueda de reconocimiento positiva”, según Burlando, se los indagó y se les tomó declaraciones. “No se hicieron cargo de nada”, afirmó el abogado. La fiscalía que interviene la instrucción es la de Patricio Lugones, fiscal de la causa, quien tomó las claras y coherentes declaraciones de los tres testigos. “El juez de instrucción es el N°10, Fernando Caunedo”, aclara el Dr. Burlando el dato, ese que es tan difícil de rastrear en el archivo de la causa.

Los allegados se encuentran a la espera de una resolución por parte de la instrucción. Con que queden imputados no alcanza, con la falta de mérito tampoco. Para ser juzgados deben ser procesados y elevados a juicio oral, si no hay un acuerdo entre partes previo.

“La familia quiere que se esclarezca la verdad. Todavía no se resolvió el estado procesal porque faltan algunas pericias y elementos para resolver la situación de esta gente (por los policías)”, actualiza Burlando. Por otro lado se inició un juicio civil por daños y perjuicios. No sólo por parte de la Policía Federal sino también por parte de los que “conllevaron la organización del espectáculo deportivo”. La AFA, en todo este tiempo, nunca dio la cara.

Mónica Nizzardo, presidenta de Salvemos al Fútbol, aseguró que desde Ministerio de Seguridad se habían comprometido a brindar información en el caso específico de Aramayo y después “nunca más le respondieron”. Según Liliana Suarez, desde la ONG, tienen “acercamientos miles de veces” con el ministerio, pero después no“dan nada”. “El propio Minsitro de Justicia, Julio Alak, se comunicó en varias oportunidades para ver cómo se desarrollaba el trámite de la causa”, aclara Burlando sobre la cartera de Justicia.

En lo civil se piden “1.400.000” pesos porque Aramayo era el sostén del hogar en el que ahora viven Mabel y sus hijos. En las mediaciones de esta parte del juicio el abogado afirma que se avanza, que se “llegaron a puntos aclaradores”. En cuanto a lo penal, es decir, quiénes van a ir presos por la muerte de Aramayo, la cosa va a otro ritmo. Burlando estipula: “En el término de días tendremos una definición de este tema. Ante la falta de mérito no habrá juicio, pero esta situación se puede revertir”.

Si la falta de mérito no se convierte en procesamiento se sobreseerán a los tres policías y ya nadie habría matado y reprimido a Aramayo. Deberá decidirlo el juez de instrucción N°10, Fernando Caunedo.
¿Por qué falta tanto mérito para procesar a los tres canas? ¿Falta alguna otra declaración que lo asegure? ¿Otro estudio que hable de sus heridas y contusiones? ¿Otro reconocimiento?

“Porque desde el punto de vista penal no hay un compromiso serio de la Policía. Están indagados y con una falta de mérito, todavía. Aquí deberán dirimir quiénes fueron los responsables: si Vélez Sarsfield y sus autoridades, si el operativo policial o si la gente encargada de la seguridad”, intenta explicar Burlando.

Hay algo que ni el abogado, con sus prudencias legales y penales obligadas, niega: “Fue castigado de una manera brutal y esto está acreditado. No solamente él, sino que hubo otras víctimas. Este cacheo desmedido, que podemos llamarlo brutal, obviamente lleva a la mujer de él a responsabilizar a los que a ella le parece que fueron los responsables. Pero –vuelve a pisar el freno-, tenemos que atenernos a la opinión de la Justica que, parece, es la verdadera voz de la realidad”.

Los demás policías que se evidencian en las fotos, videos y testimonios de la represión zafaron de todo, incluso de ser suspendidos en sus actividades. De esos “cinco o seis”, sólo hay tres que están suspendidos e imputados.

La verdadera voz de la realidad está afónica. Ni procesa ni sobresee. No dice. A los asesinos de Aramayo parecieran faltarles logros, laureles y méritos de represión para ser juzgados.