El show de la politiquería

¿Qué hay detrás de las cámaras de Intratables? Crónica del programa de tv que debate la política argentina al ritmo del rating.

En un estudio de televisión la escenografía es de cartón, el aire es acondicionado nivel 20 y el cielo está estrellado de tachos de iluminación. La gente vive barnizada por el maquillaje y usa traje o vestido y zapatos de fiesta.

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Primera impresión: hay algo en la televisión que es, por definición, mentira.

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Panelistas apuntan.
Panelistas apuntan.

A las 9:30 de la noche, media hora antes de que empiece Intratables, los ocho panelistas ya están sentados en sus lugares. Tres de los invitados del día – un martes cualquiera- también: el senador G. M. y el consultor político E. Z. P. ocupan los sillones centrales, y otra consultora, M. F, otro escritorio al costado.

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La distribución del espacio poco importa para las cámaras de tevé, que apuntan para todos lados: son cuatro, dos fijas, una que se mueve por el piso como una araña y otra tipo grúa. Quien decide qué cámara transmite en el momento (señalada por una luz roja), cuánto dura el tema que se debate (al ritmo del rating) y, en ocasiones, a quién se le debe ceder la palabra, no está en el piso, está arriba, o en algún lado, como un Dios o un titiritero.

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El conductor S. M. entra al estudio 9:42 por una puerta lateral que usa solo él. Lleva un traje ajustado negro y es flaquito, más flaquito y menos alto de lo que parece: todo el tiempo, presenciar el vivo pone en juego este tipo de comparaciones vida virtual versus vida real.

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Virtual (Del lat. virtus, fuerza, virtud).

1. adj. Que tiene virtud para producir un efecto, aunque no lo produce de presente, frecuentemente en oposición a efectivo o real.

2. adj. Implícito, tácito.

3. adj. Fís. Que tiene existencia aparente y no real.

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Antes de las cámaras.
Antes de las cámaras.

El programa se está grabando en el estudio 2 del edificio que América tiene en pleno Palermo Soho, entre bares, productoras y canales como C5N. En el mismo piso, la escenografía se divide en dos: de un lado la imagen de una ciudad hace de escenografía para Intratables, y del otro graba Intrusos, donde el panel refleja un cielo despejado.

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Antes de empezar, uno de los panelistas (P. V.) mira a uno de los invitados (J. C.) y lo chicanea: “¿Estás preparado?”

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El vecino Intrusos es un programa de espectáculos que se mantiene desde el 2001 en un promedio de 5 puntos de rating: 400 mil personas. Comparte este ambiente con Intratables desde el 7 de enero del 2013, un programa que se desprendió de otro que conducía D. M., Infama, que era a su vez un continuado del de J. R.. “In” trusos, “In” fama e “In” tratables son parte del mismo árbol genealógico de América, craneado por el grupo de Daniel Vila, y sus platos fuertes hoy día.

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Intruso.

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Atrás de cámara estamos los utileros, camarógrafos, asistentes de camarógrafos, productores, vestuaristas, maquilladoras, peinadoras, sonidistas, periodistas y aficionados. En total, 26 personas o que están trabajando para que todo esto sea, o están consumiéndolo en alguna de sus formas.

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Los 3 “In” son programas diarios, que debaten “lo que pasó en el día” mediante informes especiales, debates en piso y las opiniones de panelistas fijos y no tanto. La escenografía no es sobria, no hay imágenes neutras, los videographs son coloridos y los sonidos agitan campanas de ring. El formato es el clásico argentino “de espectáculos”, “de chimentos”, “de la farándula”, con todo lo que eso implica.

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Entre los espectadores, un hombre de 30 y pico está sentado en un banco sin respaldo. Desde el lugar que eligió en el estudio, el programa no se ve, sino que hay un panel que lo tapa. “Esto antes no estaba”, cuenta, lo cual denota dos cosas: 1) No es la primera vez que viene, sino más bien al contrario; 2) Siempre se sienta ahí, y sólo ahí.

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Desde mediados del 2014 Intratables deja de ser un programa dedicado a los actores, artistas y televivientes, para pasar a tratar (de tratar) cierta agenda política. Hoy promedia los 3 puntos de rating: casi 300 mil personas.

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El hombre que no ve y sólo oye el programa finalmente confiesa su razón de estar: viene “por Santiago”. Es amigo, o algo así. Trabajaron juntos, o algo así. La figura se va deliñando. El anonimato de este raro hombre va cediendo en pos de una cara inolvidable para cualquiera que fue adolescente entre el 2000 y el 2003: fue la mismísima estatua viviente de Countdown, el programa que Santiago Del Moro condujo en Much Music y lo llevó a la fama.

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El formato de Intratables sigue siendo el mismo de espectáculos; la escenografía no cambió en nada sustancial. Los informes, tampoco: utilizan imágenes y videos de archivo y una voz en off que relata la polémica. La dinámica del debate sigue siendo como tirar un pedazo de carne entre perros que se van turnando la carroña. Sí se fueron panelistas (como M. F., Á. B. y V. G.) más vinculados al mundo de la tevé, para sumar nombres (como A. K., D. P. o J. V.) de supuesto tenor político.

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La ex estatua, acaso, sigue haciendo lo mismo: es una estatua viviente en un estudio de televisión. Viene aquí a estar y nada más que estar. Nadie le habla y él no molesta. Su “patología” no parece muy distinta a la de muchos políticos que asisten a Intratables: más allá de lo que hagan, digan o propongan, lo importante aquí – parece- es hacer presencia.

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Los productores del programa cuentan que parte del contrato implícito es estudiar y entender lo que pasa en la vida política. Algunos panelistas chequean medios en vivo (A. K.: Infobae y Perfil), otros tienen anotaciones en libretas, pero la mayoría nada de eso. Lejos de sopesar cada palabra, sobran los gritos, los argumentos infundados, el sentido común, el lugar común, los entredichos y las sobreposiciones. Si hay algo que no aporta Intratables, es claridad en medio de la confusión.

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De pronto alguien grita “¡40 segundos!” y todos se ponen en sus filas, aunque queda todavía un sillón de invitados vacío. Es uno de los centrales. El programa va arrancar. Son las 10:03.

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Intratables no es un programa inocuo, pero tampoco puede decirse que baja línea (aunque sus creadores corran la carrera electoral). Ese logro quizá le corresponda a su conductor S. M., un joven habilidoso para moderar todo lo que se dice y no se dice al aire, que termina cada programa hablando a cámara (=televidente): “No te olvides que la verdad la tenés vos”.

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El programa arranca nomás con unos aplausos autogenerados y la mirada del  conductor clavada en la cámara 1: “Hoy tenemos un compañero que la pasó mal”, va a empezar diciendo, en señal al panelista C. C., a quien la cámara filma y él pone un gesto de lamento. “Pero antes de eso”, sigue D. M., “tengo un secreto para vos: el secreto para renovarte cada día es dormir en un colchón…”. Va la publicidad de Canon.

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El plantel de panelistas está compuesto de tal manera que los roles, luego de ver un par de programas, quedan definidos. Si uno dice A, el otro debe decir B, y otros dos sostendrán que C. En seguida, el conductor D. M. intentará llevar las posturas a una consigna conciliadora (digamos D), en un tono que recuerda al “no importa la política”, cuando no está ocurriendo otra cosa que política. Política masticada. Y lo sabe.

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Caras y caretas.
Caras y caretas.

Vuelve la cámara al panelista C. C., que pasa a relatar un hecho de inseguridad que sufrió el día anterior, a la salida de este programa. Le robaron el reloj. “Pero podrían haberle quitado la vida”, sugiere D. M., y el otro asiente. Todos asienten.

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Aquí vienen tanto oficialistas como opositores, como sindicalistas y trabajadores, como integrantes de movimientos sociales y funcionarios, aunque no a todos se los trata por igual. El lugar en el salón y los minutos brindados son parte del premio y del castigo. Los políticos son tratados más gentilmente.

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El panelista que fue robado, en un momento, confiesa: “Era un reloj que usaba sólo para venir acá”. Replay: sólo lo usaba en la vida virtual. Detrás de cámara se comenta que le ficharon el reloj al aire, y lo esperaron en la casa… le pasa por… Alguien detrás de cámara busca una sonrisa cómplice.

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Se habilitan dos lecturas:

1) será un programa flojo, ya que sacaron el comodín de la inseguridad;

2) mientras la cámara filma sólo al panelista asaltado, oculta que todavía falta llenar un sillón de invitados, y esa es la verdadera razón de este arranque en primera persona.

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Hay 10 televisores que proyectan distintas cosas. Cinco, el programa mismo. Dos están apagados. Dos muestran imágenes alusivas a lo que se está hablando. Y una cuenta los días, minutos y segundos que faltan para las elecciones presidenciales.

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Como en televisión todo está calculado, la opción 2 parece la correcta: mientras el relato del robo continúa y pierde intensidad, llega el último invitado, F. M., que es interceptado por una maquilladora (cual robo de reloj) mientras un productor le pregunta: “¿Estás para entrar?”. En 10 segundos F. M. es maquillado, saluda al P. S., se sienta y la cámara grúa filma todo el estudio, ahora sí, completo. Arranca el programa.

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El encargado de transmitir las órdenes del director de estudio es un joven sub 30, fachero de chupín rosa, intercomunicador en mano, cuya función principal es levantar las palmas y gritar para que los panelistas hablen de uno. Si la cámara hecha luz sobre lo que pasa en el estudio, el verdadero manejo se hace desde las sombras.

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Faltan 242 días, 9 horas 52 minutos y 39 segundos para las elecciones…

La cuenta.
La cuenta.

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El productor tiene una asistente que le pasa unos carteles (hojas A4 pegadas una debajo de otra) con las consignas del día, para que el conductor las lea y de pie a un debate o introduzca un informe. Hoy: “Periodistas víctimas de la violencia”, “Un muerto en un enfrentamiento entre barras cerca de La Salada”, “Fuertes críticas de Rial a la política”, “Alianzas y polémicas en la carrera presidencial”, “Conventillo político tras la frase de Mussi”, “Delia, ¿se quedó solo?”, “Caso Bodou”, “Guerra de encuestas”.

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Un invitado (J. C.) dice que en La Salada hay gente con ametralladoras y chalecos anti bala, comentario que en cualquier otro contexto debería ser motivo de denuncia e investigación, pero que aquí pasa como un comentario de fiesta de 15. 

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Repasemos las palabras clave de hoy: periodistas, violencia, muerto, barras, críticas, política, alianzas, polémicas, carrera presidencial, conventillo, encuestas…

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A las 22:17 va el primer informe. Se hace el silencio. Algunos lo miran, otros no, el senador G. M. se ríe, pero cuando la cámara se prende se vuelve a poner serio cementerio.

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Su actitud es generalizada: cuando la cámara no enfoca, el que estaba serio se ríe, el que se reía se pone serio, el que sostenía eufórico un argumento, se pone a mirar el celular, y todo así en un gran juego de actuación en el que lo único que importa es la perfomance de los segundos al aire: qué tienen que decir, cuándo y cómo.

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Un utilero aprovecha el corte para levantar un índice de una mano y en la otra juntar el índice con el dedo gordo, en una señal que cualquier futbolero interpretaría como “1-0”, y lo dirige al panelista P. V. junto a la descripción: “gana Racing”. P. V. asiente contento.

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Ver el programa desde el piso puede resultar una gran decepción, o un golpe de realidad. En la tele las voces tienen mayor volumen, la cámara enfocada genera una tensión que aquí se pierde en la dimensión del estudio, los gestos parecen más acentuados, todos parecen atentos al debate, todos parecen hablar seriamente. El juego de hacer parecer es la gran habilidad del director de cámara.

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3. adj. Fís. Que tiene existencia aparente y no real.

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De pronto llega otro invitado más (van 40 minutos de programa), el diputado J. M. P. Ni lo maquillan y lo sientan en una banqueta en el lugar más marginal del estudio. Cuando se dan cuenta que es imposible que lo enfoque una cámara, un productor agarra la banqueta y la mueve con el diputado arriba, que levanta los piecitos.

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Para entender el juego de la tele, basta pensar en cómo sería la cara de uno si, ante la noticia de una mala nota en un examen, fuese filmada a una distancia de dos metros y proyectada a miles y miles de personas: terrible.

Imágenes: NosDigital.
Imágenes: NosDigital.

Un videograph abajo: LECTOR/A reprobó y es un burro.

Música de apocalipsis.

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Racing mete el 2-0.

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¡30! Grita alguien cuando el informe va terminando. ¡10! Y todos se preparan.

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Racing mete el 3-0 y el utilero camina por las paredes. Pregunta desde qué página puede ver el partido por el celular.

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En el piso la magia de la tevé no existe, el debate es menos intenso que cualquier previa con amigos, uno ve el programa desde una distancia de diez metros intermediada por camarógrafos, asistentes y productores que están trabajando en serio. Uno se ocupa, antes que nada, de no romperles mucho las bolas.

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El primer bloque se va a los 53 minutos de programa. Hay 3 minutos de recreo.

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La peinadora va y peina a A. K. y le dedica unas palabras.

Santiago se enoja y dice a todos: “Si hablan todos juntos no se entiende un sorete”.

P.V conversa con G. M. y dice algo como “Del Sel está subiendo…”.

El utilero hincha de Racing llena una jarra de agua fría y la ofrece. 

Literal detrás-
Literal detrás.

El corte vuelve con dos publicidades. Una de “Zona libre” que comunica que el producto se vende también en Uruguay. Es decir que esto se pasa también allí.

El segundo informe llega más rápido. El conductor lo presenta como “¿A Delia le soltaron la mano?”.

Mientras se proyecta, los panelistas le reclaman al conductor que no les da el pie para hablar. D. M. se calienta y dice “¡Son siete personas hablando al mismo tiempo!”, mientras los panelistas se achican y los invitados se ríen. 

Un productor le acerca un papel escrito a la panelista S. F. B.

Un camarógrafo con ganas de hablar dice que “todo esto es una mentira más grande que una casa”, que es “todo por el rating” y que “en cámara se pelean y después afuera andan a los besos”.

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Cuenta mental: de las 16 personas al aire, al menos 7 no hablan hace 30 minutos, 2 intervinieron una vez y 1 – P. S- ni siquiera.

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Se hacen las 23, falta media hora para que termine el programa, pero el locutor ya dijo lo que tenía para decir, se levanta, hace un bollo con los papeles del guión, los tira al tacho y se va sin saludar a nadie.

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La televisión de fondo proyectó las siguientes imágenes durante el programa: Massa, Nisman, la policía, la bandera argentina, imagenes del 18F, a Bodou, Scioli y los números de encuestas.

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Historias de graphs.
Historias de graphs.

A las 23:05 Del Moro se propone hablar con los que no hablaron.

Un sonidista le contagia el bostezo al otro.

2 hombres del canal que terminaron su labor entran al estudio y se sacan una selfie.

Uno de los que no habló dice algo que en vivo parece menor, pero que desde el estudio ya decoraron con un graph rojo intenso que dice: “No creo en la justicia”.

A las 11:31 minutos el productor le hace señas al conductor: no hay más tiempo.

S. M. muestra la revista Pronto para terminar.

Los panelistas se frotan las manos.

Los cámaras bajan las cámaras y suspiran.

OFF.
OFF.

El conductor asegura que el programa se llamará “Intratables, dejame terminar”, en relación a lo que piden los invitados cada vez que alguien les superpone la palabra.

El invitado P. M. y la panelista A.K. se quedan hablando.

F. C. le dice a J. C.: “Cómo lo corriste, me encantó”.

P. V. se saca la corbata.

S. M. se va por su puerta lateral.

Los televisores muestran el programa siguiente que ya comenzó.

La estatua viviente le pide una foto al P. S.

El cielo de luces se apagó.

Todos huyen.

Un televisor marca que faltan 242 días, 8 horas, 26 minutos y 45 segundos para las elecciones.

Todos los chicos cubanos van a la escuela

Lo vimos allá y acá, con estas fotos, te lo mostramos: todos los chicos cubanos van a la escuela.

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Saber leer es saber andar. Saber escribir es saber ascender. Pies, brazos, alas, todo esto ponen al hombre esos primeros humildísimos libros de la escuela. Luego, aderezado, va al espacio.

José Martí

Fotos: NosDigital

Paseos y guerra civil en Surinam

Las guerras civiles sudamericanas post independencias están repletas de historias de fusilamientos. Hoy te acercamos al pequeño país de Surinam para recorrer su excepcionalidad cultural através del fusilamiento de Wilfred Hawker en marzo de 1983.

Fotos: NosDigital
Un suspiro, el último y definitivo. Frente al pelotón. Ni un recuerdo es ya la noche de insomnio que pasó dentro de la celda en que dormir o descansar era lo menos audaz que la situación permitía. Por la noche, de madrugada, voló alto recordando todos los rincones de su imaginación, amó y sonrió tantas veces que llegó a creer sentir pura felicidad. Los golpes de Estado fallidos que lo tuvieron de protagonista al irse anotando ya pronto en la Historia de Surinam, se iban a volver solo parte del pasado apenas el fusilamiento estuviese concertado.

Solo la cercanía al mar de Paramaribo -o Parbo, como se llama también a la capital del país- como cada mañana atenúa la humedad profunda de la selva amazónica que encuentra por estas tierras de colonos, diamantes y barro, uno de sus márgenes. La Guyana holandesa, como se la conoció hasta la independencia y la conformación de Surinam en 1975, se encuentra al noreste de América del Sur entre Guyana y Guyana Francesa, aún hoy, departamento francés de ultramar. Este pequeño país sudamericano nos abre las puertas a un espacio totalmente distinto al resto de América, pronto a descubrirlo.

La llegada en barcaza atravesando el río Maroni desde tierras eurosudamericanas desemboca en la ciudad fronteriza de Albina, un paraje que sabe tan poco de dicha como de cálidas bienvenidas. La única ruta que la une hoy con Paramaribo está repleta de cráteres de más de dos metros de diámetro, esas heridas que continúan escupiendo sangre de descontroladas guerras civiles acontecidas luego de lograda la descolonización hace menos de medio siglo.

Llegó escoltado por cinco gendarmes, de los que dos en otro momento supieron ser colaboradores suyos dos años atrás. Lo dejaron con los ojos vendados, parado al sol en el patio central del Fuerte Zeelandia. Esperando. La celda que lo alojó el único día y la única noche que estuvo allí, como presagio tenía una vista directa hacia ese mismo patio de tierra arcillosa que pronto se iba a teñir salpicado en una explosión de rojo fuego.

El silencio se adueña de la capital durante el mediodía, la ciudad por completo se para unas tres horas para darle lugar a una siesta que se respeta con puntualidad. Todas las construcciones enormes de madera que descubre la ciudad por cada uno de sus rincones se erigen demostrando que son ellas quienes le dan su particular belleza a Paramaribo. Edificios públicos, hoteles, algunos bares, que funcionan en edificaciones que datan desde el siglo XVIII. La diversidad religiosa de los habitantes de Parbo en pacífica convivencia se representa en su arquitectura. Templos hindúes, una llamativa iglesia católica reformista, y hasta el admirable caso de la Mezquita Keizerstraat que se encuentra a menos de 50 metros de la Sinagoga Neve Shalom, dos edificios imponentes en el centro histórico de la capital en armonía.

El sargento Mayor del Ejército Surinames Wilfred Hawker nació en 1955 en la barriada de Circa de Paramaribo. En política se realizó como férreo opositor al régimen de Desi Bouterse, el mismo que hoy en el 2012 transita su cuarta presidencia sumando las democráticas y las defactas. El intento fallido de dar un golpe de Estado en marzo de 1981 no lo desmotivó para un segundo intento dos años más tarde, el 11 de marzo de 1983. El destino del golpe no fue distinto al primero, pero sí esta vez, fatal para él. Durante el asalto al cuartel Memre Boekoe recibió unos disparos que lo dejaron herido, precisando ser internado.

No se permitieron mucho tiempo los militares liderados por Bouterse para llegar al hospital en busca de Hawker. Antes de lograr llegar a él, debieron hacerle frente al grupo de enfermeras que, al menos como símbolo, intentaron defender al malherido: todos arrestados.

Las calles de Paramaribo hablan de sí misma. Los esclavos que Holanda importó desde sus colonias en Indochina se mezclan con los otros, provenientes del África subsahariana, con colonos europeos y con sudamericanos venezolanos y brasileños, para conformar un tejido social multicultural inédito para la Sudamérica actual.

Un gendarme lo tomó del brazo izquierdo haciéndolo caminar hasta un paredón. El verdugo, Roy Horb, otro militar compañero de Bouterse. Televisión y radio, este castigo iba a ser transmitido en vivo como buen escarmiento a los derrotados.

¿en qué pensar?, ¿la mente en blanco?
“Pelotón dispare”.

Capitán (norte)América

El origen del héroe del comic yanqui. Nacido en plena Segunda Guerra Mundial, este episodio del Capitan América muestra y demuestra muchas de las construcciones ideológicas y sociales de la época, de las que algunas conviven aún en nuestros días. Para la infancia también se hace política y te lo mostramos en Documentos Históricos.

“Vieron en Nicaragua lo que no pudieron concretar en Argentina”

Cuando se habla del activismo militante setentista en la Argentina, no suele mencionarse a aquellos que no solo alimentaron el sueño revolucionario en su país sino que también recorrieron tantísimos kilómetros para colaborar con otros movimientos revolucionarios americanos. Por eso nos juntamos con Roberto Parsano y Santiago Nacif que, junto a Daniel Burak, dirigieron Nicaragua…el sueño de una generación para mostrar en el 2012 esas experiencias internacionalistas nacidas en suelo argentino. La militancia argentina a través de la Revolución Sandinista.

 

Imagen: NosDigital

 

-¿Cuál fue la motivación para tocar una revolución centroamericana?

Roberto: Creo que hay dos motivos por los que llegamos a Nicaragua, uno tiene que ver con la posición política latinoamericanista que tenemos y por la cual siempre nos importó el tema de las revoluciones en el continente. Cada vez que se habla de revolución se habla de la cubana, pero también hubo otra en el ´79, la nicaragüense, que también ganó, aunque luego haya tenido otro camino que la cubana. La otra razón es más personal. Tuve una compañera nicaragüense de la facultad que vino a la Argentina en el ´83, y por las noches me contaba sus experiencias allá: cómo era su vida cuando estaba en la primaria, en la secundaria y lo que fue la revolución. A la hora de encarar el proyecto, decidimos abordar la película de modo de contar algo que nunca había sido tocado. De ahí que nos concentrásemos en la historia de los argentinos que se fueron exiliados de acá en la dictadura del ´76 a colaborar con la revolución sandinista.

-¿Cómo sintieron esa contradicción que tuvo el sandinismo de ser por un lado la última –y segunda en América- revolución victoriosa, pero a la vez diez años más tarde llegar a perder las elecciones en manos de un partido apoyado por Estados Unidos?

Santiago: El sandinismo en los once años que estuvo en el poder tuvo que llevar una guerra contra las fuerzas contrarrevolucionarias que hizo que se destinasen la mayoría de sus recursos a la defensa de la revolución. Convengamos que es un país pobre, con pocas actividades económicas y justamente los pocos recursos que entraban por el ron y el café se iban en esa defensa, constituyendo un límite material al avance revolucionario. Y esto se manifestó en la derrota electoral del ´90, porque la gente ya no quería más guerra. Cuba, en cambio no tuvo que soportar una guerra tan directa. Habría que preguntarles a los yanquis por qué no llevaron una guerra directa tan cruenta en Cuba y sí en Nicaragua.

Roberto: Cuba tuvo el apoyo de la URSS y Nicaragua no, porque se dio temporalmente en paralelo con el descenso de este bloque. La guerra contrarrevolucionaria fue muy dura: primero los diez años de lucha revolucionaria y luego otra década dedicada a defenderse de los ataques de los contras. Todo esto dio como resultado que en 1990 la candidata de la UNO (Unión Nacional Opositora) Violeta Chamorro fuese bien vista por ser la que iba a asegurar la paz con los Estados Unidos –que financiaban la contrarrevolución- ya que la apoyaban.

Santiago: Y efectivamente la guerra terminó, pero le siguieron los inconvenientes que atravesó todo el continente con el neoliberalismo en la última década del siglo XX.

-Y dentro del orden interno, ¿se gestó alguna contradicción dentro del FSLN?

Santiago: Esto es más a título personal, ya que no lo tocamos en la película. Tal vez, demasiado personalismo de Ortega para llevar a cabo la revolución. Hubo un punto importante y una realidad que fue que nunca el Sandinismo pudo llegar a la costa Atlántica, territorio con otras características étnicas y lingüísticas de sus habitantes. Ese fue un punto flojo dentro del poder sandinista, aunque no creo que haya sido un detonante para la derrota. El gran tema ahí fue la guerra. Los contras minando constantemente los avances. Estar en los cafetales mirando el cielo para ver si caía una bomba.

-La película gira también en torno a la experiencia de combatientes argentinos que colaboraron con el Frente en la lucha armada contra la dictadura local. ¿Qué les motivó a ir hacia un lugar tan lejano para un argentino?

Santiago: Esta es la tesis de la película: ¿qué significaba para ellos Nicaragua? ¿Qué buscaban ahí? ¿Qué los motivaba ir a combatir a una revolución ajena? Bueno, ellos demuestran los valores del internacionalismo, que ninguna revolución es ajena y vieron en esa tierra los sueños que tenían para su país que no pudieron concretar. y sin embargo ayudaron a la liberación de otro pueblo. Por esto que vivieron esta experiencia con mucha alegría, sumado a estar construyendo un país de la nada que era lo que habían dejado 45 años de dictadura de los Somoza -padre e hijo-, ya que no era un país, era la finca privada de una familia.

-¿De qué modo reaccionaron ellos luego de la derrota en 1990?

Roberto: No la esperaba nadie, ni la propia UNO. No hubo festejos en la calle, se daba por descontada la victoria del FSLN. Para todos se vivió con mucha angustia y eso se ve que la mayoría de los entrevistados argentinos de la película se vuelven al país, ya que no le veían sentido a quedarse.

-¿Cuál es la opinión de ellos del actual gobierno sandinista?

Santiago: En los protagonistas está dividida la opinión con Daniel Ortega hoy. Todos se definen como sandinistas. Nosotros estuvimos en Nicaragua en el 2009 y también observamos que el pueblo es sandinista. Aunque algunos apoyan y otros no a Ortega. No es lo mismo, aclaramos, un gobierno revolucionario que llega por medio de la movilización popular que otro que llega por el juego democrático. Obviamente para ganar las elecciones en el 2006, Ortega se alió con parte de la derecha. Es complicado el tema político, ya que en las alternativas que plantea Nicaragua es bastante dicotómico el asunto. Es Ortega con el apoyo de Chávez si se quiere o la derecha aliada a USA. Es como blanco o negro.

1812, año de fundación

Por ADHILAC (Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe)
Se conmemora el bicentenario de las primeras cartas magnas en América Latina y el Caribe
RAQUEL MARRERO YANES
Este año conmemoramos el aniversario 200 de las primeras constituciones de los países latinoamericanos. Fue en 1812 cuando se aprobaron las cartas magnas fundacionales de las actuales repúblicas de Ecuador (Quito), el 15 de febrero; Colombia (Cartagena), el 15 de junio; y Chile el 27 de octubre. Ello abrió el proceso de consolidación institucional de los nuevos estados como parte de la lucha por la independencia.
SERGIO GUERRA VILABOY, PRESIDENTE DE LA ADHILAC Y SECRETARIO EJECUTIVO DEL GRUPO NACIONAL DEL BICENTENARIO.
A propósito de estos acontecimientos, Granma conversó con el doctor Sergio Guerra Vilaboy, presidente de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC), quien, además, es el secretario ejecutivo del Grupo Nacional del Bicentenario de la Independencia de América Latina.
En Buenos Aires —explica—, el 8 de octubre de 1812, las tropas de José de San Martín derrocaron al gobierno moderado exigiendo “Independencia y Constitución”. Este proceso se inició en Caracas, el 21 de diciembre de 1811, con la aprobación de la Constitución de la República de Venezuela, la primera en establecer un estado independiente.
Según precisa este historiador, la Constitución de Cádiz (España), proclamada el 8 de junio de 1812 con la presencia de diputados hispanoamericanos, tuvo gran impacto en el proceso emancipador y constitucional de Nuestra América.
LA CONSTITUCIÓN DE CÁDIZ TUVO GRAN IMPACTO EN EL PROCESO EMANCIPADOR DE ÁMERICA Y ESPECIAL SIGNIFICADO PARA CUBA.
No obstante —aclara—, el proceso constitucional desarrollado en los territorios hispanoamericanos a partir de entonces, estuvo precedido por la puesta en vigor de las constituciones de Haití, que recogían, entre otras avanzadas disposiciones revolucionarias, el fin de la esclavitud.
Refiere Guerra Vilaboy que la del 8 de julio de 1801 consagró a Toussaint Louverture como la principal figura de la Revolución Haitiana, y la del 20 de mayo de 1805, que bajo la dirección de Jean Jacques Dessalines creó el primer estado independiente de Nuestra América y le permitió a Bolívar calificar a Haití como la “nación más democrática del mundo”.
Estos son algunos de los motivos que explican la realización del Coloquio Internacional Bicentenario de las primeras constituciones latinoamericanas, que organiza la Sección Cubana de la ADHILAC de conjunto con el Grupo Nacional Cubano del Bicentenario, adscripto al Ministerio de Cultura, y con el coauspicio de la Unión Nacional de Juristas y la Oficina del Historiador de la ciudad de La Habana, entre otras instituciones.
El historiador puntualiza que el evento, previsto del 11 al 14 de diciembre próximo, en la capital, tiene entre sus objetivos reflexionar sobre las constituciones y su papel en la historia posterior de América Latina.
Además, pretende no solo analizar el significado de las cartas magnas primigenias de nuestros pueblos, sino también valorar las que entraron en vigor después, incluyendo las que hoy sostienen los procesos de cambio en varios países de Nuestra América.