Terrorismo mediático

El diario bahiense La Nueva Provincia en juicio por crímenes de lesa humanidad. Los jefes de redacción de Gente y Somos dando entrevistas reveladoras sobre el rol del periodismo en la dictadura. ¿Siguen mintiendo?

Desde hace años sabemos que la dictadura no fue sólo militar. Que fue cívico-militar, por la participación indispensable de civiles. Que fue cívico-religiosa, incorporando el rol de la iglesia. ¿Y qué si decimos que, además, fue una dictadura mediática? Los medios contribuyeron a generar el clima propicio antes y durante, difundiendo mentiras, tergiversando y haciendo propaganda. El terrorismo mediático fue una de las herramientas cruciales para que las fuerzas desenrollaran sus operativos con impunidad. Y todavía hoy pueden verse las sombras de aquél monstruo.

El resultado, tras 30 años de democracia, son manotazos de justicia que ponen la lupa sobre los responsables de las decisiones editoriales de los medios, en forma de entrevistas o directamente como testigos en causas judiciales. Son los casos de la revista Gente y Somos, a cuyos responsables logró arrancar testimonio el cineasta Patricio Escobar, y el del diario La Nueva Provincia de Bahía Blanca – acaso el más colaboracionista del país-, cuyo director Vicente Massot declaró el martes 18 de marzo.

¿Qué dicen estos empresarios, editores y periodistas? ¿Se defienden? ¿Qué verdad cuentan? ¿Siguen mintiendo?

Desinformación y “propaganda negra”

Revista Somos Mundial 78 - TapaSegún una oleada de juicios a represores en distintos puntos del país, Bahía Blanca tuvo justicia en 2012, cuando el Tribunal Oral Federal Subrogante condenó a 17 militares. En aquella sentencia, la justicia ordenó que se investigue el rol de los directivos de La Nueva Provincia en el terrorismo de Estado. “Fue una vinculación directa”, dice Miguel Palazzani, uno de los fiscales sobre los que recayó la investigación. “Nosotros profundizamos una investigación que empezó el doctor Hugo Cañón y siguió Abel Córdoba; compusimos la imputación, aportamos pruebas y ahora estamos en la etapa procesal, que es inicial, pero que era impensada años anteriores”.

Lo que parece inédito para un trámite judicial – la vinculación directa de una condena a represores con un medio local-, en el sur de la provincia era evidente: La Nueva Provincia jamás ocultó ni disfrazó su postura a favor de la dictadura, sino todo lo contrario. Lo que el Tribunal definió como “desinformación” y “propaganda negra”, en la práctica se verificaba en noticias que hacían aparecer como “enfrentamientos” los operativos militares, o a través de editoriales sin pelos. Dice el fiscal Palazzani: “Se estudia su complicidad a nivel de participar en las operaciones psicológicas que se hacían desde las Fuerzas Armadas. Esto lo perpetraban, todos los días, a partir de sus editoriales. Además del ocultamiento deliberado, como hemos demostrado en muchísimos casos, en casos con conocimiento pleno de que eran asesinatos los que estaban mostrando, los presentaban como enfrentamientos”.

Para dar una idea, el tenor de La Nueva Provincia era el siguiente:

“¡Ciudadano! Asuma sus obligaciones de soldado reservista; ¡ciudadana! Defienda desde su hogar la Paz que usted y su familia merece, colaborando con las fuerzas que combaten a la delincuencia apátrida y venal”.

Dar tan solo uno de los ejemplos, es descartar otros cientos. Precisamente, más de 500 editoriales que los fiscales José Nebbia y Miguel Palazzini estudiaron y presentaron como pruebas ante la justicia, entre otras.

Llegada la democracia se descubrió también que el diario tenía al fotógrafo Gustavo Lobos y periodistas como Jorge Soldini que integraban la nómina del Personal Civil de Inteligencia.

La familia Massot

SOMOS 2 DE DIC 1976 editadaLa responsable de la publicación era por entonces Diana Julio de Massot, acompañada en el directorio por sus hijos Federico y Vicente, y dentro del núcleo decisional se señala también al jefe de redacción Mario Gabrielli. Salvo Vicente Massot, el resto ha fallecido antes de rendir cuentas a la justicia.

Los fiscales José Nebbia y Miguel Palazzani consideran que además de instigar y de concretar materialmente las maniobras del diario, Vicente Massot hizo “aportes esenciales” en secuestros, torturas y homicidios de 35 personas, y lo imputaron como “coautor” de la muerte de dos obreros gráficos del diario: Enrique Heinrich y Miguel Ángel Loyola.

Sobre el primer plano de la imputación, Palazzani explica: “Hemos probado que su conocimiento era absoluto, la cercanía con el quinto cuerpo y con la base era permanente, diaria y cotidiana. Un genocidio o un plan de exterminio de esta característica no se hace por generación espontánea: inevitablemente en Bahía Blanca La Nueva Provincia fue parte del entramado criminal”.

La otra imputación se centra en los secuestros y asesinatos de Heinrinch y Loyola que eran, junto a Jorge Molina, delegados del diario, pero no tenían ninguna militancia partidaria además: su persecución probada, y su muerte cantada, son el sello de un plan que no pudo venir – solamente- del terrorismo de estado. Palazzani: “Uno era Secretario General del Gremio Gráfico de Bahía Blanca y el otro era tesorero. Ambos estaban trabajando en la Nueva Provincia y era su única militancia gremial. En ese caso, no se sale Massot de la misma conducta que muchos otros empresarios tuvieron durante la dictadura: la clase obrera fue la que más víctimas aportó al universo de víctimas totales. El disciplinamiento para adentro que significaron esos dos asesinatos y el beneficio que obtuvieron porque luego de eso no hubo más actividad gremial en La Nueva Provincia”.

Un reclamo de sueldos dejó a Loyola y Heinrich en evidencia en 1975, un año antes del golpe. Y un informe producto de un trabajo de inteligencia de Prefectura Nacional terminó de presentarlos como los principales nombres de una infiltración “marxista, peronista y tercermundista”.

El 30 de junio de 1976 fueron secuestrados en sus respectivas casas. Sus cuerpos fueron hallados meses después. Entre los dos tenían más de 50 balazos.

1976 - Gente enero¿Cómo se defienden los directivos? Vicente Massot declaró el martes 18 de marzo en carácter de testigo, y no como imputado, gracias al rechazo del juez subrogante Santiago Martínez del pedido de indagatoria solicitado por la querella. El fiscal Palazzani cuenta su estrategia: “Las explicaciones que ha dado son las previsibles y las que hemos escuchado en los foros públicos. O utiliza la coartada de que eran su madre y su hermano los que estaban en el diario; o dice que él no estaba en Bahía Blanca. Ninguna se corresponde con las pruebas que hemos aportado en la causa penal”.

La posibilidad de que Massot maneje a discreción su verdad, y que en Bahía nadie se alborote por eso, se entiende gracias a la propia influencia del diario: “La Nueva Provincia se apropió del sentido común, de la matriz sugestiva durante décadas. Entonces es muy difícil romper con eso, porque además la dictadura se ocupó muy bien de instalar un discurso. Venimos con toda esa carga y tenemos que romper con todo eso; de a poco y con los que han luchado siempre la gente va conociendo más y colabora para que la lupa se ponga en estas conductas. Estamos en los pasos iniciales, nos falta mucho”.

Operativos mediático-militares

Otra de las evidencias que aporta este tiempo fue encontrada por el documentalista Patricio Escobar, director entre otros de “La crisis causó 2 nuevas muertes”, que entrevistó a los responsables de dos de la revistas más colaboracionistas durante el proceso, Somos y Gente, para su nuevo trabajo Sonata en si menor.

El documental narra la historia de 15 personas – mujeres, hombres y niños- secuestrados por encargo del estado argentino en Uruguay en el llamado Plan Cóndor, y hace foco en los medios argentinos a partir de dos testimonios reveladores: el del secretario de redacción de Gente, Alfredo “el pingüino” Serra, y uno de los responsables de Somos, Eduardo Paredes.

Por esos años, Gente y Somos eran, junto a Para Ti, las publicaciones predilectas de Editorial Atlántida, y de las más leídas. Además de tapas famosas que la historia ha dejado en offside, estas revistas realizaban operativos mediáticos conjunto a las fuerzas militares. El más pornográfico es el caso de la nota a Thelma Jara de Cabezas en Para Ti, militante montonera a quien sacaron de la ESMA, vistieron y peinaron para hacerle dar una entrevista que luego llevaría el título manipulado de “Habla la madre de un subversivo muerto”. La nota serviría para mostrar falsamente que Thelma no estaba secuestrada como se denunciaba, y para demonizar a Montoneros y a los familiares de víctimas.

SOMOS 1 DE OCTUBRE 1976 editadaEl documental cuenta otro de los operativos mediáticos: el de Alejandrina Barri, presentada entonces como una niña a la que los “terroristas” habían abandonado. Entre los títulos que llevó la nota, replicada en las tres publicaciones de Editorial Atlántida, estuvieron “Alejandrina está sola” y “Los hijos del terror”. El contenido puede suponerse.

“Todos los diarios hicieron lo mismo”, declara en el documental el jefe de redacción de Gente, Alfredo Serra, sin tapujos, ampliando la responsabilidad de Atlántida a medios como La Nación, Perfil o Clarín.

Serra, en el documental, asume abiertamente la teoría de los dos demonios, y acompaña la idea de que los “subversivos” no eran inocentes con el gesto de su mano apoyada al antebrazo: minga. Actualmente es – sigue siendo- el “redactor jefe general” de la revista Gente.

El culo sucio

El documental aborda el plan internacional que unió a Argentina y Uruguay en un operativo de secuestro de personas – incluyendo al pianista Miguel Ángel Estrella y Jaime Dri, el protagonista de Recuerdos de la muerte de Miguel Bonasso-, y desnuda de paso a los medios garantes. “No juzgues al periodismo por quizás un error”, pide el pingüino Serra al documentalista Patricio Escobar sobre el caso de Alejandrina Barri. “Todos tienen el culo sucio”, termina diciendo, obvia y cobardemente haciendo la salvedad de su caso.

Eduardo Paredes, secretario de redacción de Somos, mantiene una postura más frágil, casi victimizante, según la cual los periodistas – el periodismo- no podían hacer otra cosa que apoyar al proceso. Habla de “plumas favorables” motivadas por cierta oposición a la izquierda, y de la voluntad periodística de no “irritar” al poder. El miedo y el alcahuetismo también forman parte de su retórica; su sinceridad lleva a límites peligrosos la impunidad periodística. “Cuando hay dictadura no es que te mandan a escribir ´esto´. Todo el mundo escribe lo mismo, aunque no lo escriba”, dice  Paredes, en una frase para detenerse.

Estas historias sostienen una pregunta inquietante: ¿Cuál es el rol del periodismo?

Y también nos preguntan sobre las distintas justicias.

¿Qué importancia tiene avanzar en el juzgamiento de periodistas, editores y responsables de los medios que fueron parte? “Es fundamental, primero, para visibilizar y mostrar pruebas del rol de la prensa en estos procesos”, responde el fiscal Palazzani. “Si queremos que el Nunca Más se efectivo, inevitablemente tenemos que avanzar en estos lugares que todavía no están debidamente visibilizados. Para ver todas las dimensiones del fenómeno criminal y también para que veamos que eso se puede repetir: las reacciones psicológicas siguen estando. Por otro lado, para entender la importancia que la dictadura cívico-militar le daba a la acción psicológica y que necesitaba, como hemos probado en la causa, la colaboración y la participación de medios de difusión”.