En Argentina, podemos abortar: qué dicen las leyes

El aborto no punible está contemplado en el Código Penal desde 1921 para los casos de violación y de peligro para la salud y la vida de la mujer. En un fallo de 2012, la Corte Suprema instó a desarticular los obstáculos médicos y judiciales para garantizar que se realice de manera rápida, accesible y segura.

Desde hace 95 años las mujeres tienen derecho a interrumpir legalmente su embarazo. Sin embargo, casi nunca lo pueden ejercer. Aun cuando se encuadra en las situaciones previstas por la ley, son denunciadas policial y judicialmente y se les ponen frenos burocráticos para dilatar. A esto se suma la violencia psicológica y la condena social. ¿Pero qué dicen las leyes?

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La reivindicación por el aborto legal, seguro y gratuito es, sin dudas, una de las luchas centrales de los movimientos feministas y de mujeres en Argentina, desde el retorno a la democracia en 1983. Cada año, esta consigna llena plazas y calles, se alza en pancartas, se inscribe en los cuerpos y se enardece en los gritos. Al Congreso, a la Casa Rosada, a la sociedad toda. Articulada centralmente en la Campana Nacional por el Derecho al Aborto Legal, esta batalla se libra fuera y dentro de las instituciones. El 30 de junio de 2016, se presentó por sexta vez el proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Pero, mientras tanto, ¿con qué herramientas contamos hoy para ejercer nuestro derecho a decidir?

Ni una menos 2016
Ni una menos 2016

El aborto se encuentra regulado en nuestro país por el Código Penal vigente desde 1921. Esta norma vino a modificar el Código anterior, sancionado en 1887, que, al igual que sus antecesores coloniales, sancionaba el aborto en todas las circunstancias y lo castigaba con prisión. Tres décadas más tarde fue reemplazado por el Código que rige hasta el día de hoy, que en el artículo 86 establece las causales por las que el aborto practicado por un “médico diplomado” con el consentimiento de la mujer no será considerado punible: en caso de peligro para la salud o la vida cuando éste no pudiera evitarse por otros medios (inciso 1) o si el embarazo proviene de “una violación o de un atentado al pudor cometido sobre una mujer idiota o demente” (inciso 2). A pesar de que se encuentra vigente desde hace casi cien años, en la práctica se ha dado una situación de inaccesibilidad sistemática a los abortos no punibles, principalmente porque durante décadas se debatió sobre el alcance del inciso 1 y se cuestionaba si el inciso 2 permitía el aborto para todos los casos de mujeres víctimas de violación, o si sólo aplicaba cuando la mujer violada tenía alguna discapacidad intelectual/psico-social.

Sin embargo, el 13 de marzo de 2012, la Corte Suprema de Justicia de la Nación emitió el fallo que se conoce como “F.A.L.”, que zanjó definitivamente esta larga discusión doctrinaria, pronunciándose a favor de la interpretación más amplia que reconoce el derecho de toda mujer víctima de violación a interrumpir el embarazo originado en tales circunstancias, y no solo en los casos de personas con discapacidad mental. A su vez, estableció que el único requisito para acceder a una interrupción legal del embarazo es que la mujer, o cuando fuera necesario su representante legal, realice una declaración jurada donde afirme que el embarazo es producto de una violación. No es necesaria la denuncia policial u orden judicial, y su requerimiento por parte de profesionales de la salud para acceder a este derecho es denunciable.

Por otra parte, en relación a la causal de “peligro para la salud o para la vida”, se indicó que debe considerarse una visión integral de la salud como “completo estado de bienestar físico, psíquico y social, y no solamente la ausencia de enfermedades o afecciones” (Organización Mundial de la Salud). De esta forma, el peligro para la salud debe ser entendido como la posibilidad de afectación de la misma, no requiere la constatación de una enfermedad y, en este sentido, no debe exigirse tampoco que el peligro sea de una intensidad determinada. De acuerdo al “Protocolo para la atención integral de las personas con derecho a la interrupción legal del embarazo”, actualizado por el Ministerio de Salud de la Nación en abril de 2015, de aplicación obligatoria en todo el territorio argentino por todas las instituciones sanitarias, tanto públicas como privadas, el “peligro para la salud” incluye también el dolor psicológico y el sufrimiento mental asociado con la pérdida de la integridad personal y la autoestima.

El fallo en cuestión marcó un punto de inflexión en relación al reconocimiento del derecho de las mujeres a la interrupción legal del embarazo. Aclaró el marco general de interpretación y aplicación y definió que en las circunstancias descriptas es siempre el Estado, como garante de la administración de la salud, el que tiene la obligación “de poner a disposición de quien solicite la práctica, las condiciones médicas e higiénicas necesarias para llevarlo a cabo de manera rápida, accesible y segura. Rápida, por cuanto debe tenerse en cuenta que en este tipo de intervenciones médicas cualquier demora puede epilogar en serios riesgos para la vida o la salud de la embarazada. Accesible y segura pues, aun cuando legal en tanto despenalizado, no deben existir obstáculos médico-burocráticos o judiciales para acceder a la mencionada prestación que pongan en riesgo la salud o la propia vida de quien la reclama” (CSJN, 2012: considerando 25). A su vez, en relación a otra de las polémicas, el fallo expresa que toda/o profesional de la salud tiene derecho a ejercer la objeción de conciencia, siempre y cuando no se traduzca en la dilación, retardo o impedimento para el acceso a esta práctica médica. La objeción de conciencia es siempre individual y no institucional. De acuerdo a esto, todos los efectores de salud en los que se practiquen interrupciones legales del embarazo deberán garantizar su realización en los casos con derecho a acceder a ella.

Este fallo no está aislado, sino que por el contrario, es coherente con la normativa nacional e internacional sobre derechos sexuales y reproductivos. En 1985, se ratificó la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés) mediante la Ley 23.179, de jerarquía constitucional de acuerdo a la reforma de 1994, en la que se reconoce, por primera vez, a nivel internacional el derecho de las mujeres a reproducirse o no reproducirse como elección autónoma. Recuperando este espíritu, en 2002 se creó el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable mediante la Ley 25.673 con el objetivo de alcanzar para la población el nivel más elevado de salud sexual y reproductiva con el fin de que pueda adoptar decisiones libres de discriminación o violencia. Otras leyes relacionadas, centradas en la salud sexual y reproductiva y en el principio de autonomía, son la ley 25.929 (conocida como la Ley de Parto Humanizado) y la ley 26.130 (sobre el derecho a las intervenciones de contracepción quirúrgica). Por último, ley 26.485 de la de Protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, sancionada en 2009, define la violencia contra la libertad reproductiva como “aquella que vulnere el derecho de las mujeres a decidir libre y responsablemente el número de embarazos o el intervalo entre los nacimientos”. En su decreto reglamentario 1.011/2010 expresa que incurren en violencia contra la libertad reproductiva los/as profesionales de la salud que no brindan el asesoramiento necesario o la provisión de todos los medios anticonceptivos, como así también los/as que se niegan a realizar prácticas lícitas atinentes a la salud reproductiva. Asimismo, establece que “trato deshumanizado” es el trato cruel, deshonroso, descalificador, humillante o amenazante ejercido por el personal de salud en el contexto de la atención del embarazo, parto y postparto, ya sea a la mujer o al/la recién nacido/a, así como en la atención de complicaciones de abortos naturales o provocados, sean punibles o no.

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La despenalización del aborto es una demanda central del feminismo y de absoluta vigencia. Pero es tan importante como eso difundir y exigir que se cumplan las que leyes que ya tenemos.  Porque todavía prevalece la criminalización, como en el caso de “Belén”, joven tucumana condenada a ocho años de prisión por un aborto espontáneo. En relación a la situación general, en el reciente informe “Políticas públicas de salud sexual y reproductiva”, el CELS expresa: “Respecto del acceso a los servicios de aborto cuando son legales, a nivel nacional existe un inadecuado nivel de institucionalización que imprime a la práctica una sombra de ilegalidad, a pesar de la claridad de la norma y de la interpretación que hizo el máximo tribunal de nuestro país”.

Los dueños de Dios

La oposición al aborto parece unir de punta a punta al cristianismo, detrás de “La Palabra de Dios”,  como verdad única. Pero, ¿quiénes fabrican los discursos religiosos que se autoadjudican tal unanimidad? Basta una mirada hacia el interior de los mundos cristianos para encontrar pluralidad de voces y mostrar que más que de fundamentos bíblicos de lo que se trata es de quién detenta el poder.  

¿Quiénes son Dios?

El cristianismo dominante, a lo largo de la historia y liderado por la Iglesia Católica en su alianza con los otros poderes semejantes y fácticos como lo son Estado, el Mercado y la Mafia, totalizó el discurso de tipo religioso sobre temas relacionados a derechos humanos y civiles a favor de los exclusivos intereses que tiene como sector de poder del cual es parte orgánica.

Amparándose en cuestiones morales y espirituales, que en apariencia son unánimes e indiscutibles hacia el interior del cristianismo, logró imponerse como portavoz universal de un discurso supuestamente pertinente y relevante en discusiones que nada tienen que ver con la espiritualidad, las creencias y la religión, sino con los derechos y problemáticas sociales que nos son comunes a todxs, independientemente de las particularidades relacionadas a la fe.

Dentro de este contexto, la legalidad o no del aborto, y no el hecho en sí (como suelen engañar este tipo de discursos morales), es hoy el centro de escena del juego de poderes y estrategias non sanctas de la Iglesia Católica, que por cierto tienen larga data (otrora con la cuestión del divorcio, luego la fertilización, el matrimonio igualitario, la identidad de género y la lista sigue y seguirá).

Sin embargo, detrás del poder de la Iglesia Católica y del resto de los sectores cristianos hegemónicos no católicos que acompañan al unísono los discursos moralistas y dogmáticos, emergen otro tipo de voces. Disonantes, desafinadas, cuasi herejes, que cuentan con el beneficio suertudo de no haber nacido en los tiempos de la hoguera y del reino del Opus para poder decir lo que dicen. Y aunque en la hoguera de la comunicación y la información de hoy sus voces parecieran extinguirse, ellxs existen, y lo que dicen pone al desnudo una cuestión determinante para entender cuáles son los verdaderos intereses: porque la que habla no es “La Religión”, ya que no es una sola ni representa la diversidad de la fe y de las creencias; el que habla es el poder y se representa nada más que a sí mismo.

Papas alineados y Teólogos desacatos: ¿quién es quién?

Para identificar el discurso cristiano que domina la discusión del aborto basta concatenar las distintas declaraciones que han hecho los sucesivos Papas en los últimos 50 años, como para no ir aún más lejos y ubicarse en el debate de hoy. Más allá de las sutiles diferencias que puedan presentar el uno del otro, coinciden en lo mismo: en el fabricado ranking de los pecados, el aborto es uno de los peores, si no el peor, junto a todos los pecados relacionados a la sexualidad, por supuesto.

Algunas expresiones papales:

“El aborto, además de violar leyes de Dios, va contra las aspiraciones más profundas de la mujer, perturbándola profundamente. En muchos casos el aborto libera, más que a la mujer, al varón responsable del embarazo “, dijo Juan Pablo I, recordado por ser un Papa progre exprés de 33 días y por su repentina muerte.

Entre todos los delitos que el hombre puede cometer contra la vida, el aborto procurado presenta características que lo hacen particularmente grave e ignominioso. El Concilio Vaticano II lo define, junto con el infanticidio, como crímenes abominables.” Palabras de Karol Wojtyla, alias Juan Pablo II.

Ante la aparición de semejante representante moderno de la Iglesia Católica, canonizado por Francisco en 2014, es decir proclamado nada menos que un santo, cabe presentar la primera voz disonante: el primer “hereje”. Se trata del teólogo Rubén Dri, quien perteneció al Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo. Y en referencia a Juan Pablo II denuncia lo siguiente:

“Juan Pablo II tejió una alianza con la élite económica que impulsaba una nueva etapa del capitalismo, cuyos principios habían sido elaborados por sus “intelectuales orgánicos” después de la Segunda Guerra Mundial. El proyecto implicaba una transferencia nunca vista ni sospechada de bienes y recursos de los sectores empobrecidos a los sectores más ricos del planeta. El papa Wojtyla (1978-2005) se constituye junto con Ronald Reagan (presidente de EEUU 1981-1989) y Margaret Thatcher (primera ministra del Reino Unido 1979-1990) en uno de los ejes fundamentales de esa etapa del capitalismo. Contribuyó desde la teoría con sus numerosas intervenciones en los foros mundiales y con sus encíclicas, especialmente la Centesimus annus, en la que propone la “economía de mercado o economía libre” como solución a los problemas económicos del Tercer Mundo y alerta contra cualquier tentación utópica, que no tenga en cuenta “la herida del pecado original”. La alianza del papa con los líderes del neoliberalismo implicaba una alianza también con la mafia que como sombra siempre acompañó dicho proyecto. La estructura económica del Vaticano fue puesta en manos de la mafia que manejaba enormes sumas de dinero, provenientes del narcotráfico. Michele Sindona, capo mafia -de Scicillia, además de amigo personal del papa Pablo VI y envenenado mientras cumplía cadena perpetua-, estuvo al frente del Banco Vaticano.” 1

Esas no parecen ser las palabras de un buen sacerdote. Pero allí están, marcando una diferencia sustancial. El velo sagrado de la unidad cristiana, sostenido poderosamente por la institución de la Iglesia Católica, con los papas siempre a la cabeza,  se cae por su propio peso. Existen otros discursos, otros cristianismos, otros Dios.

Para muestra hace falta Rubén Dri. Preguntémonos qué dice este “sacerdote rebelde” sobre el aborto:

“La Iglesia Católica es maestra del principismo, pues sólo de esa manera puede poner al resguardo de todo peligro sus “dogmas”. Lo que pueda sucederles a los seres humanos depende de esos mismos sujetos. Así, por ejemplo, el principio dice que el aborto es un crimen porque atenta contra la vida y, en consecuencia, la mujer que aborta es una asesina. Si de la defensa de este principio que lleva a obstaculizar cualquier legislación que haga al aborto no punible, miles de mujeres abortan en condiciones tales que ocasionan la muerte del feto y también de la madre, ello es culpa de esas mujeres. A nadie se oculta que esto esconde una gran hipocresía. La pretendida defensa de la vida ocasiona la muerte, pero de ello el principista, la Iglesia en este caso, no se hace cargo. La culpa la tiene el otro, o mejor, la otra. Los principios son en realidad orientaciones fundamentales que dan sentido a la vida de los seres humanos y como tales se desarrollan dialécticamente, según “el curso del mundo”, como decía Hegel.” 2

El discurso cristiano antiaborto se rompe. ¿Es posible que hablen del mismo Dios o será que no es Dios quien habla?

Entonces,¿quién habla y quién decide?

Pero para no pecar de preguntones y no desviarnos del “Camino”, mejor, volvamos a los papas.  

Joseph Ratzinguer, también conocido por su apodo celestial Benedicto XVI, quien estuvo afiliado a la juventud hitleriana y prestó servicios para el ejército nazi alemán en la Segunda Guerra Mundial, dijo sobre el aborto:

“El aborto y el matrimonio igualitario son contrarios al bien común.” “Se exige a los médicos una especial fortaleza para continuar afirmando que el aborto no resuelve nada, pero que mata al niño, destruye a la mujer y ciega la conciencia del padre del niño, arruinando a menudo, la vida familiar”. “Un católico sería culpable de cooperación formal en el mal, y tan indigno para presentarse a la Sagrada Comunión, si deliberadamente votara a favor de un candidato precisamente por la postura permisiva del candidato respecto del aborto y/o la eutanasia”.

Ratzinguer ataca el derecho al matrimonio igualitario, al aborto, a la muerte digna, e incluso al del voto y al del libre ejercicio de la profesión… En tan solo un puñado de declaraciones deja al claro uno de los grandes objetivos de la Iglesia Católica como institución: condicionar con su poder, y a través de la (i)legalidad, el rumbo social y político de los pueblos.

¿Qué legitimidad puede tener una religión particular para hablar de derechos que les son propios a cualquiera, sin importar en qué o quién crea?

¿Cómo puede la Iglesia decidir por igual en nombre de millones y millones de seres humanos de las más diversas culturas?

¿Quién decide por quién?

César Carhuachin, otra oveja de los desconocidos rebaños de la disonancia, es doctor en teólogía y pastor presbiteriano. Dice de entrada, para dejar en claro: “Las posturas son variadas y no existe unanimidad sobre el tema”. Desde su punto de viste el eje de la discusión pasa por quién toma las decisiones.

“Históricamente la mujer no ha decidido ni sobre su vida, ni su familia, ni la sociedad ni nada más grande. Empezando en los tiempos bíblicos, la Edad Media y por no decir hasta hace menos de 100 años, donde tampoco podía votar. Reconocer el lugar de la mujer en la toma de decisión de su embarazo es reposicionar el lugar de la mujer dentro de la sociedad en medio de un contexto donde se arrastran patrones culturales en lo religioso y en lo político. La mujer es capaz de razonar por sí misma. Si fuera cristiana, o si no lo fuera, orará a su Dios, o a quien sea, para decidir cuál es la mejor decisión ante un embarazo, y no que se lo diga el cura ni el pastor, ni la iglesia, ni el Estado. Por lo contrario el Estado tiene que proveer y garantizar el acceso si la mujer quiere tomar ese paso. Para que no se haga clandestinamente, que lleva a muertes y cosas desastrosas. Es una decisión de la mujer y la familia”. 3

“En mi opinión hay que ver el tema desde el derecho de la mujer a decidir, y que decida específicamente en situaciones concretas, y no decir que es un método más de planificación familiar o anticonceptivo: eso pienso que sería un extremo, que algunos pueden tener esa postura y es entendible, pero en mi caso pienso que debe ser considerado como última opción”.

César dice que desde lo teológico, en la Biblia, “no hay absolutamente nada que refiera al tema del aborto”. Por lo contrario: “Buscar una fundamentación bíblica para el tema del aborto propiamente dicho es deshonesto académicamente. Sí hay algunos conceptos generales que pueden ayudar a formular una idea también general sobre el tema, que no es lo mismo que decir que la Biblia lo trata, y que bajo ningún punto de vista dicha idea resulta unánime”.

“Tanto la reducción de la mujer a la maternidad como la del sexo a la reproducción supera el aspecto religioso para pasar al elemento cultural. Piensan culturalmente de esa manera, no se racionaliza la idea, sino que es algo que pareciera obvio. Pero no es tan obvio, hay otras maneras. Si se plantea de otro modo suena como contracultural, como si se cuestionaran los patrones o las concepciones sobre la sexualidad y la vida familiar. Si uno replantea esto está sacando a la Iglesia del lugar paternalista que ha tenido históricamente, que dice qué tienen que hacer las personas hasta en la vida sexual, que ya es una cuestión exagerada.”

Repasemos, como último ejemplo de los autodenominados representantes de Dios en la Tierra, qué dice el papa en ejercicio, el aclamado Francisco: “Es atentado a la vida la plaga del aborto”. “No es un problema religioso ni filosófico sino científico, porque es una vida humana y no es lícito liquidar, matar una vida humana para resolver un problema”.

Cabe recordar que Jorge Bergoglio, cuando era Arzobispo de la Ciudad de Buenos Aires en 2012, ejerció presión directa sobre el ejecutivo porteño liderado por Macri en la ocasión en que se envió un proyecto de ley a la Legislatura porteña para reglamentar un protocolo de la Corte Suprema sobre aborto no punible en algunos casos (de violación sobre todo). La presión clerical liderada por el hoy Papa Francisco surtió efecto, el protocolo no se reglamentó y todos los casos, incluso los de violación, siguen siendo analizados uno por uno por la justicia.

Dijo César Carhuachín a NosDigital sobre el accionar de la Iglesia en relación al aborto: “La presión de la Iglesia Católica tiene una postura definida sobre el aborto: el rechazo. Y es una influencia importante para que no se trate el tema legislativamente. El Episcopado argentino es además uno de los más conservadores de la región, junto al colombiano. No son muy abiertos para algunos temas, a diferencia de la divergencia o la rebeldía que se puede ver en Brasil, por ejemplo. Y aunque no me interesa particularmente hablar mal de una iglesia hermana, creo que mucho tiene que ver la relación histórica de la Iglesia Católica con el Estado, que en asuntos morales o religiosos es la Iglesia la que le dice al Estado y a la gente cómo tienen que actuar. Nuestra postura es opuesta”.

La repetida intromisión de la Iglesia en los derechos es intromisión porque no busca expresarse moralmente sobre un hecho, sino que persigue la obstaculización de la legalización y del derecho a decidir, que nada tiene que ver con la discusión moral de si algo está bien o está mal para alguien en particular.

Lo que nadie escucha: las verdades de una monja feminista

La rebeldía que menciona César en países como Brasil se hace cuerpo en Ivonne Gebara, monja de Recife que se autodefine como integrante de la “Teología Feminista” ¡Vaya que sí existe semejante cosa! Ivonne es una viva y maravillosa expresión de la lucha contra el machismo y el clasismo del cristianismo dominante y de la Iglesia. Su frase de cabecera es “hay que salvar al pueblo y no a la Biblia”. Fue entrevistada por NosDigital en 2012 y esto nos decía sobre el aborto:

“La prohibición del aborto es el GRAN DOLOR -enfatizado por ella misma en lo que escribió- de las mujeres hoy día. A veces, se lo toma como algo muy liviano, con hipocresía, facilismo. Lo primero que tengo para decir es que el aborto es un problema de SALUD PÚBLICA. Hay cosas que no puedes impedir: una gripe, la propagación de algunos virus, que las mujeres queden embarazadas. Lo imprevisto, en sí, es una parte de lo previsto. Cuando una mujer se ve con un embarazo no deseado, a veces fruto de una violación por desconocidos, por policías, entonces las Iglesias tienen una actitud romántica. “Es un nuevo ser”, dicen. Claro, ellos pueden decirlo porque no tienen el bebé en su panza, porque no sufrieron la violencia.” 4

Ivonne separa la cuestión fundamental, no mezcla la moral con los derechos ni la religión con la salud pública, no pretende asumir un discurso espiritual cuyo sentido pretenda abarcar de forma absoluta la diversidad del mundo, por lo contrario, se asume como una voz más dentro de ese mundo, al que no niega ni desconoce. De hecho, Ivonne cree en lo que cree a partir de la irreductible realidad de la calle: historias de carne y hueso y datos concretos son parte imprescindible de su fe.

“Los abortos mal hechos son la décima causa de mortalidad materna, por eso es que el aborto es una cuestión de salud pública. ¿Por qué el aborto es un crimen de las mujeres y no de los varones? Muchos hombres dicen: “O yo o él”, refiriéndose al futuro hijo. Y se van. La sociedad patriarcal condena a los cuerpos femeninos.”

“Hay que luchar por la descriminalización y legalización del aborto. Es un respeto a la elección de las niñas, de las madres. En Recife, hay un grupo que acoge chicas de la calle. Encontré una chica de 14 años. Estaba embarazada. No quería tener ese bebé: se golpeaba la panza, “No quiero”, gritaba. ¿Vamos a forzarla a que lo tenga? Eso ya no entra en Teología. Eso es salud pública. Y viene de la mano con dar educación sexual en escuelas, barrios y sobre todo (por favor, esto subrayado con doble línea) para los varones jóvenes. Tenemos que crear conciencia, que los hombres se sientan responsables, el niño no es sólo de la mujer. Es también de quien lo hace y, claro, de la sociedad, que tiene la obligación de cuidarlo.”

Además de comprender que el cristianismo ortodoxo está a años luz de escapar y superar la violencia machista del mundo, Ivonne añade el casi idéntico problema del clasismo dentro de la fe, que en teoría no debiera reconocer diferencias, sino más bien combatirlas:

“La moral católica no alcanza a las mujeres ricas. Ellas abortan y tienen los medios económicos que garantizan una intervención quirúrgica en condiciones humanas. Por lo tanto, la ley que la Iglesia defiende perjudica a las mujeres pobres. El aborto debe ser descriminalizado y legalizado. Más aún, debe ser realizado a expensas del estado… El aborto no es pecado. El Evangelio es un conjunto de historias que generan misericordia y ayuda en la construcción del ser humano. La dogmática en relación al aborto ha sido elaborada a lo largo de los siglos. ¿Quién escribió que no se puede controlar el nacimiento de tus hijos? Fueron los sacerdotes, hombres célibes encerrados en su mundo en el que viven confortablemente con sus manías. No tienen mujer ni suegra y no se preocupan de algún hijo enfermo; algunos hasta son ricos y tienen propiedades. Así, es fácil condenar el aborto”. 5

Ellos y ella son Ivonne Gebara, Rubén Dri y César Carhuachin; Juan Pablo I, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco. Todos dicen ser cristianos y creer en Dios.

¿Qué hace, entonces, que el discurso religioso y cristiano sea asociado solo a una de las tantas postura evidentemente posibles? ¿Será que el resto no se conoce porque están equivocados? ¿Creerán, tal vez, en un Dios distinto? ¿La contradicción será un pecado? ¿O solo es una cuestión de Poder?

Mientras tanto, la realidad no-metafísica: 3 mil mujeres en Argentina y 70 mil en el mundo mueren por abortos clandestinos cada año.

Fuentes:

Rubén Dri:

1 http://www.revistamaiz.com.ar/2016/05/pecado-original.html

2 http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-140047-2010-02-11.html

César Carhuachín:

3 Entrevista completa a César Carhuachín

Ivonne Gebara:

4 http://www.nosdigital.com.ar/2012/06/pareciera-que-el-sexo-es-el-demonio/

5 http://www.nosdigital.com.ar/2012/06/no-tenemos-que-salvar-la-biblia-tenemos-que-salvar-al-pueblo/

Cómo abortar seguras

A pesar de que en Argentina no se ha legalizado la interrupción voluntaria del embarazo y la figura vigente de aborto no punible pocas veces se implementa, las mujeres abortan. Y se organizan. Aquí, el trabajo de Socorristas en Red.

“Es que en promedio cada mujer argentina aborta dos veces en su vida. Pensalo así: desde los 15 más o menos hasta cerca de los 50 las mujeres somos fértiles. Durante todo ese tiempo, que es un montón, –atiende el teléfono, es Ayelén, hablan por primera vez, se verán en tres días- tenemos relaciones sexuales. Claro que hay anticonceptivos, que hay que saber usar, y que pueden fallar. Los anticonceptivos y las personas”.

Rosa hace consejerías, ofrece información y herramientas para que mujeres que tomaron la decisión de abortar su embarazo puedan concretarlo de forma segura. Es parte de una red de socorristas con presencia en todo el país: Socorristas en Red, agrupación que reúne a diferentes organizaciones sociales feministas, que con diferente ideología y accionar, trabajan en conjunto, por el objetivo común. Se apropian del rol de facilitar los medios para explicar cómo hacerse un aborto seguro con pastillas. Durante 2015 realizaron 2894 acompañamientos. Es que las mujeres llevan siglos abortando, así que allí no habrá revelación alguna.

“La clave es que todas y todos entendamos que no se trata de una actividad clandestina, el aborto no es ilegal en Argentina, ni es una razón para cargar con culpa o remordimiento, esas son formaciones socio-religiosas construidas, que podemos elegir reproducir o no. Nosotras apoyamos el aborto para decidir”.

Marcha Ni una menos 2016
Marcha Ni una menos 2016

Rosa está aquí, sentada, hablando, pero Rosa no es una persona. Nada que ver con las que andan en subte o caminan por la calle cualquier día. No es una persona, pero claro que existe. Es una idea, Rosa es una idea rosa. La voz que atiende el celular y recibe a las chicas en esas primeras consultas es cada una de las que milita haciendo consejerías. Rosa trasciende las posibilidades de una persona física. Rosa es el resultado de lo que creer y militar una idea puede lograr.

Cada mujer que llama, como Ayelén, es hija, nieta, sobrina, amiga, cuñada. Tiene varias conversaciones con socorristas para poder interpretar por completo su consulta. Quién la acompaña, si atraviesa situaciones de violencia, sus antecedentes médicos y obstétricos, qué sabe de su embarazo. Es necesaria una ecografía y saber qué tiempo lleva de gestación. Un aborto con pastillas de mifepristona y misoprostol es recomendado hasta la semana 10, y tiene un 98% de eficacia según la OMS. En casos de embarazos por violación o, mismo, embarazos más avanzados hacen derivaciones al hospital Argerich y a otros centros de salud públicos, para que sean atendidas por profesionales por el derecho a decidir. El sistema sanitario nacional en general es expulsivo, violento y prejuicioso, por lo que acudir donde sean receptivos y respetuosos frente a la decisión del aborto marcará la diferencia.

La consejería no termina en el aborto, el seguimiento continúa. Se sugieren controles médicos post-aborto y se informa para poder elegir qué método de anticoncepción se adapta mejor a cada estilo de vida.

La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) no aprueba el uso combinado del misoprostol y la mifepristona en su uso obstétrico y abortivo. Por lo que conseguir los medicamentos necesarios para un aborto seguro se vuelve un obstáculo. Más allá de indicar en qué farmacias podrían conseguirse, la medicación no siempre está disponible, aunque debería ser parte de la política pública al igual que son los métodos anticonceptivos [1].

“Criticamos la institución, pero al mismo tiempo, en términos de ideas y lógicas, de alguna forma, creamos otra. Ahí tenemos una paradoja. Por ser transmisoras de información velada en muchos otros lugares, se establece una relación de poder con asimetrías con respecto a las chicas que vienen. Estamos atentas a esa realidad, y a que la reflexión sea por completo de ellas, sea cual sea. Aún así, ellas pueden decidir abortar y abortan. No hay más triunfo de las ideas que ese”.

[1] http://cels.org.ar/common/documentos/Salud_sexual_y_repro_CELS_web.pdf

“Es complicado encontrar la humanidad de cada historia”

Marina Glezer es actriz, de treintipico, nacida en Brasil en tiempos de exilio. Comprometida en la lucha por el aborto legal, encontró en la actuación su espacio de militancia. Pero hay algo aún más primario: “No hay nada que me importe más que los vínculos reales, el amor. Ese es mi compromiso, en el trabajo como en la vida”.

Marina Glezer está de entre casa, relajada, con cara de sueño, porque está filmando a la noche y durmiendo poco. El hijo – no más de nueve años – está con una amiguita, que Marina dice que es la novia, pero enseguida se sonríe y aclara que, en realidad, el hijo quiere que sea la novia, y se vuelve a sonreír mirándolos mientras los chiquilines se ríen y se tiran a la pileta una y otra vez. Así avanza el tiempo y la conversación, entre chapuzones, pedidos de antiparras y un cálido mediodía que da a entender que todo está bien. Habla bajito, se ríe en detalle, su cara es recontramil expresiva sin siquiera mover una línea. Es que ahí hay algo especial, una sensibilidad: cada palabra tiene su emoción, su gesto. Así, el género de la entrevista parece un tanto ridículo y todo aquello no es más que un genuino interés por saber quién está enfrente, porque da la sensación que es valioso, incluso un placer, para miles de otros.

Ella, para los que no la conocen, es actriz. Pero no es de las que salen seguido en la tele ni en los prime time, aunque si buscan un poco también le van a encontrar trabajos ahí. Pero, en esencia, ella es de otros lugares, más oscuros, más necesarios. Es, por ejemplo, La Pelu, de la peli “El Polaquito”, que pueden ver en youtube si quieren y lo van a agradecer: una de esas historias necesarias, que habla del regenteo de pibes que piden guita en la calle y en las estaciones, de la trata, de la cana, del aborto y, en definitiva, de la vida que tienen que pasar los pibes que son pobres y están solos con su alma contra el mundo.

Marina Glezer.
Marina Glezer.

Nació en Brasil y eso puede resultar extraño. “Yo soy argentina, igual”, dice como aclarando algo obvio. “Brasil fue una circunstancia”. Fue en San Pablo, en 1980. A los tres años, sus padres, argentinos, decidieron volver. Cierran las cuentas. Falta preguntar y conocer para empezar a desandar a Marina Glezer.

– Volviste al país en 1983, con la democracia, ¿se puede deducir de ahí por qué naciste en Brasil?

– Exacto. Nací en Brasil por una causalidad: mis viejos estaban exiliados. Vivieron 8 años en San Pablo. Se fueron porque mi papá era parte del brazo político de Montoneros, mi mamá estudiaba cine y le cerraron la facultad, desapareció un amigo muy cercano a ellos, que era el Bebe Dalessio. Y bueno, por esa desaparición fueron buscados, le dieron vuelta la casa y mi vieja estaba embarazada de ocho meses de mi hermana mayor, Luciana. Primero se fueron a Uruguay, donde nació ella, estuvieron un mes en Montevideo y se fueron a San Pablo. En Montevideo no estaban seguros tampoco, y en San Pablo se armó como una comunidad de exiliados. Fueron años, paradójicamente, de mucha felicidad, de mucho bienestar y buen pasar económico,  compartiendo hogar con cierta alcurnia intelectual exiliada de Argentina – el hermano del Bebe, Alfredo Dalessio, María Brown, León Ferrari y Alicia, su mujer -. Pero al volver, en el 83, fue muy fuerte, porque llegaron a la realidad, y acá mis viejos se separaron y la vida no les fue tan fácil. Lo único que recuerdo de toda la familia junta son esos primeros años en San Pablo.

– ¿Qué te acordás?

– Me acuerdo de estar con mucha gente, viviendo de a muchos, en el departamento de la placita, me acuerdo de un puente, de los sabores de la comida, los gustos. Fui volviendo varias veces, necesitaba mucho ver la casa donde había nacido, necesitaba recuperar algo de lo vivido allí. Tampoco tenía recuerdo material, porque se nos perdió todo, necesitaba recomponer algo de esa identidad primaria. Fue una ruptura muy fuerte volver al país, devastado después de años de dictadura. Un contraste inmenso: de lo que fue un exilio maravilloso a volver a un país donde faltaban 30 mil.

– Qué contradicción lo del “exilio maravilloso”, ¿no?

– Claro, es una paradoja muy loca, pero en definitiva supongo que es la única manera de sobrevivir a tanta desgracia. No puedo dejar de pensar ni un minuto lo que hubiera sido vivir acá en esos momentos. Para empezar hubiera estado desaparecida, no tengas dudas. Por cuestionadora, por petardista, por metebomba, a nivel verbal, no necesariamente de facto. Mis viejos tampoco tenían una militancia política a ese nivel, no eran guerrilleros. Eran intelectuales de izquierda que militaban en el contexto, como yo ahora: No estoy afiliada a ninguna agrupación, pero desde mi lugar, desde mi trabajo, milito y apoyo a los que sí las tienen y con los que me siento identificada.

– Decís que militás desde tu trabajo, sin embargo alguna vez dijiste que buscarle un fin ideológico a todos tus papeles es uno de tus mayores defectos.

– Es un problema. Trabajo siempre al servicio de directores que quieren contar sus historias. En cine sobre todo, actúo para que el trabajo de todo un equipo se note bien. Pongo el cuerpo al servicio. Pero no todas las historias tienen detrás un fin ideológico. Es mi mayor defecto, porque no siempre las historias comulgan con la igualdad de derechos, la posición más equitativa, más justa, de ser mejores personas. Es muy complicado encontrar la parte más humana a las historias, su humanidad.

– Eso más que un defecto parece una conciencia crítica…

– Es defecto porque me encuentro cuestionando constantemente. Realmente siento que las historias tienen una cuota de machismo, ideología política de verdad absoluta. Estar en un lugar tan crítico no me permite jugar el juego. Eso no les gusta a las personas, les gusta que las cosas sean más piramidales. Me cuesta encontrar algo con lo que me sienta cómoda en ese sentido.

– ¿Esto te hacer decir mucho que no?

– No, muy por el contrario. En estos momentos no soy una actriz selectiva, siempre peleé mucho por los trabajos que hice, fui en busca. No es que me salen miles de ofertas y elijo. La tele se me resiste y yo me resisto a la tele. Después en el cine y en el teatro, a veces me tensa defender todo el tiempo la posición de tener una responsabilidad como actriz. Me parece que hay que relajar, ponerse al servicio de lo que se quiera contar: no soy más que un conducto, como letras, que salen despedidas de una historia. Hay veces que las historias se tratan solo de algo personal del director, autorreferencial, que no transforma y que queda ahí. Buscarle una idea a algo que no la tiene, que solo tiene fin comercial, no tiene sentido. No todo tiene un mensaje ni un criterio estético que tenga que ver con la transformación colectiva y social, y uno tiene que trabajar como cualquier mortal.

Imágenes: NosDigital
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– ¿Es como ser un bicho raro ser una de las denominadas “actriz comprometida”?

– Yo no soy una actriz comprometida, soy una persona comprometida: cuido a mis amigos, hijos, marido y la gente que quiero con un nivel de apasionamiento y afectuosidad y crudeza muy honesta, y a mi trabajo también. Ese es mi compromiso en la vida, no hay nada que me importe más que los vínculos reales, el amor, en el trabajo como en la vida. En términos absolutos lo único que me importa es vincularme con las personas, y me cuesta mucho desvincularme cuando elegí quererlas. Soy un peón de obra en construcción: todo aporta a que eso se transforme. Es lo que siento cada vez que me pregunto cómo llegué hasta acá: 34 años,16 años de casada, dos hijos, 16 películas. Cómo sostengo esto… Tomo decisiones y por eso soy feliz, pero también pesa, porque el trabajo es constante, no descansás nunca.

– ¿Te planteas mucho el “que hubiera pasado si”…?

– Me re pasaba. Pero ahora se me fue un poco, conviviendo con hijos varones. Los hombres son personas muy divinas y muy lineales, y las mujeres somos muy hermosas y muy vacilantes, y el péndulo se me instaló en un registro mucho más cortito, sigo siendo oscilante, pendular, pero veo la vida de una manera más lineal también, si no, no hubiera sido posible convivir con ellos.

Justo cuando dice esto, se acerca a saludar su marido, Germán Palacios, actor también, protagonista, entre otros laburos, de la mítica serie “Tumberos”, a la que trilladamente hace referencia quien le hace las preguntas a Marina al momento de presentarse. Él devuelve con buena onda y Marina le exige en complicidad: “Trae plata, Parodi”. El más chiquito tiene cuatro, cuenta Marina, y ahora está en un taller de cocina. Vuelve a mirar para el lado de la pileta y con felicidad en la cara dice: “Le re gusta”, mientras el hijo sigue chapoteando con su amiga del cole.

– Entonces, que vos seas denominada como una actriz comprometida es más un defecto ajeno que una virtud propia…

– Claro, no creo que sea una cualidad ni una virtud. Soy una persona informada, nada más, con valores y comprometida con los vínculos de la vida. Leo el diario, camino la calle, hablo con los vecinos. Por ejemplo, que yo sepa qué le pasó a Luciano Arruga no es porque sea una actriz comprometida. Es porque escucho al periodista Julio Leiva, que está en el tema desde el minuto cero.

– ¿Y qué opinión te formaste sobre su muerte?

– El problema sigue siendo la policía y su lógica persecutoria hacia los pobres. Es terrible. Hay que denunciarlo y acercarse para ver cómo se puede cambiar.Y la verdad, qué hermana se echó Arruga. Esa es una mina que te corre el eje: qué importo yo si hay personas como Vanesa Orieta.  Jamás perdería ese registro, por más fama que pueda llegar a tener. Ese es el compromiso: el actor que no deja de ser persona, que no se vende.

– ¿De dónde baja el mensaje de la frivolidad?

– Y, mirá, los responsables de mi fuente de trabajo suelen decir que los actores no deberían hablar de política, expresar sus ideas, y yo digo, que a mí, que comunico, me interesa mucho la opinión pública, me interesa saber lo que piensa el artista que me gusta seguir. Yo no me voy a callar la boca porque la fuente de trabajo lo diga. Nos quieren más quietitos, pero yo apuesto y creo que eso algún día va a cambiar. La idea también es no bardear al pedo, eso lo aprendí con los años. Yo tenía como un estigma de “quilombo al pedo”, y lo vas aprendiendo a cambiar y apaciguar. Si estoy trabajando para determinado medio no voy a salir a matarlo porque sí, pero no voy a dejar de opinar de las cosas que siento y pienso. Si hay algo que me pone contenta en la vida es que lo que digo, lo que hago, lo que pienso y lo que siento, vayan de la mano.

– A todo esto, Marina, ¿para qué sirve el arte?

– El arte es una parte fundamental de la vida. Es muy canalizador: hacerlo, verlo, consumirlo. Estar cerca de gente que puede expresarse es maravilloso, me pasa con la música, con un buen libro. Lo que pasa es que el arte tiene la fuerza de correrte el eje. Sin eso sería todo muy aburrido.

– ¿Algo te puede correr el eje para mal?

– Hay gente que no le gusta que la cambien de lugar, que nunca se descubren los hombros, ni en invierno ni en verano. En algún punto me da ternura la persona que niega y evita ese tipo de arte. Es porque sabe que si lo ve, se la cree. El teatro es transformador, es lo más lindo. La incomodidad también es hermosa, replantearse por qué te ponés tan incómodo puede llegar a destapar traumas muy primarios. Yo creo que nunca se te puede correr el eje para mal, de todos modos no soy de moralizar: las cosas son.

– ¿Dirías que el mundo es un drama o una comedia?

– Siento que se trata del lugar desde el que lo mires: el mundo es las dos cosas. Es una comedia dramática, si querés, depende del lugar. Lo cierto es que a mí me cuesta verle el lado cómico. No es que coma pensando en los famélicos ni en los pibes de la calle, pero no me olvido nunca de eso. Y me cuesta vivir sin pensar ellos y sabiendo que podría haber un mundo más justo, que no está en mí, que soy una ínfima partícula de vacío en una atmósfera infinita, pero si pasara por todos, sería distinto. No hablo de caridad, hablo de política.

Marina, una mujer que respira paz, estuvo últimamente en las portadas de los medios empresariales y masivos porque decidió el 4 de noviembre de 2014 contar que a los 18 años había abortado. Escribió una carta pública titulada “Yo aborté” y la publicó en sus cuentas de Facebook y Twitter. Ya lo había contado anteriormente en diferentes entrevistas, y no generó la repercusión que ahora sí. Siempre valiente, lo hizo con detalles, abriendo el corazón y, claro, exponiéndose a la crueldad psicomediática.

En el 2003, cinco años después de haber abortado, casi diez años antes de esta carta, se estrenó “El Polaquito” y Marina hizo, como ya se dijo, de La Pelu: una piba de la calle, raptada por una red de trata, que se prostituye en la estación de Constitución para El Rengo, el tipo que la explota. La Pelu queda embarazada de algún cliente y El Rengo la hace abortar en la villa para que pueda seguir prostituyéndose.

– ¿Qué te significó La Pelu?

– La Pelu es todo en mi vida. Fue poder sacarme el mote de “la mujer de”, y pasar a ser “la mujer del Polaquito”. Nunca creí que me iba a pasar lo que me pasó después de hacerla, realmente fue una experiencia muy heavy. A nivel personal, es un antes y un después.

– La Pelu, en condiciones de muchísima más marginalidad, también atraviesa por la experiencia de un aborto ¿Fue catártico el personaje?

– Totalmente. Hago catarsis todo el tiempo de mis propios dramas, traumas y angustias. Yo tenía que salir a declarar que no era una chica de la calle. Se lo creyeron. Como que había algo de mí que sí era de la calle, y es verdad, en algún punto tengo eso. Fue aprender a vivir esa crudeza, entender desde el lado de la marginalidad. Todavía hoy paso y los pibes, los trapitos, los limpiavidrios, me dicen “¡qué hacés Pelu!”. Esa película le da un marco más heroico a esas historias.

– Cuando te llegó el guión, ¿no dudaste?

– No, para nada. Porque el aborto no es algo solamente que haya vivido yo. Le pasó fácilmente a seis mujeres con las que tengo trato, que se embarazaron, no lo desearon y abortaron.

– ¿Qué te llevó a contarlo de esa manera?

– A mí me encanta escribir y es una de mis maneras de expresarme. Lo hice por algo que recontra repetí ya: tendría que ser un derecho igualitario, es una deuda de la democracia, que todas las mujeres tengan el mismo derecho. Hoy, las pudientes lo hacemos bárbaro y las que no tienen guita se mueren. Es muy concreto y muy real.  Después podemos discutir lo más filosófico, debatir mil horas acerca de la vida y la muerte, pero mientras, que promulguen la ley de interrupción voluntaria del embarazo y que el Estado rija para todas igual. Es clarito.

– Los medios calificaron a tu testimonio de polémico.

– Yo no soy una polémica actriz, yo me rompo el alma para ser actriz. ¿Soy polémica porque aborté? No es polémico, es debatible. Son diferencias muy grandes. Es muy peyorativo el mote de polémico. Fui bastante maltratada, ellos la publicaron, la expusieron y no se hicieron cargo del rebote, de lo que me vino después. En algún punto los like y los unlike les vinieron bárbaro a costa de mi pellejito. Pero no me importa, hay algo de eso que resbala, me rebota. Aprendí a caminar livianito.

– ¿Qué comentarios recibiste?

– Tremendos. Muy crueles. Llegaron a decirme: “Ya que vos mataste a ese bebé los defensores de ese bebé vamos a matar a tus hijos”. Se me estrujan los ovarios de nuevo. De esos, cientos de miles, insultos, agresiones. Ojo, no más que los positivos. Yo creo que si se hace un plebiscito este país promulga la ley. Eso saco de esta última experiencia. De todas maneras, me sorprendió lo que pasó, fue fuerte. La gente que me quiere me banca y eso es lo que me alcanza. No hice nada en contra de nadie.

– ¿Nunca te pesó en tu dolor de aquella situación tener que llevar adelante esta causa?

– No, al contrario. No lo siento como un deber por lo que viví yo. Es un deseo de querer comprometerme con eso y mil cosas más también.Yo promuevo el derecho de igualdad por la interrupción voluntaria del embarazo. Y no me genera dolor, siento que el día que se promulgue, que sé que no está lejos, en el próximo mandato presidencial espero, saldré a festejar. Está cerca. Es una cuestión de tiempo, como el matrimonio igualitario. Todo esto yo lo dije en 2002, en la primera nota que me hizo Clarín. Dije: hay que despenalizar el aborto y la marihuana. Nunca más me hicieron una nota – se ríe-. Y dije lo de la ley de medios también, pero no lo pusieron. Está en Internet.

– ¿Cuáles son las principales barreras hoy?

– No está en la agenda política de los principales mandatarios, ni en la de Cristina ni en la de Mauricio. La Iglesia también es una barrera, tenemos un Papa argentino, es todo muy complicado. La verdad que la Iglesia… qué historia, muy pesada: sigue cargando con muchas muertes a cuestas. Pero es cuestión de tiempo, yo lo voy a ver, voy a ver cómo este país promulga la ley.

Marina bosteza, y se le van cerrando los ojos de a poco, sin nunca perder el ángel, hable de lo que se hable. Ya son como las dos de la tarde, filmó hasta las 5 de la mañana y durmió hasta las 8. Necesita una siesta para volver a filmar a la noche la nueva película de Alejandro Agresti, que protagonizará junto a Alejandro Awada. Además, se va haciendo la hora de almorzar, los chicos tienen hambre, salen de la pileta, tiene que ir a buscar al más chiquito al taller de cocina y ya está bien de preguntas por hoy.

Desobediencia

Mabel Bellucci nos interpela con su libro “Historias de una desobediencia. Aborto y feminismo” y apuesta a reflexionar sobre los mandatos de heterosexualidad y reproducción biológica. “Abortar representa una desobediencia de vida, una gesta de soberanía sobre el propio cuerpo”.

Hablamos de las maneras más diversas para instalar el debate, sus contiendas, sus entradas y salidas de la órbita pública y los modos en que ciertas feministas nos proponemos visibilizar lo que se mantiene entre cuatro paredes de lo íntimo y provoca tanto escozor con solo nombrarlo. Independientemente de lo que apunten la iglesia, los gobiernos, el parlamento, la corporación médica y jurídica, las mujeres implantamos nuestra propia decisión de abortar como una gesta de desobediencia frente al mandato compulsivo de la maternidad. ¿Ante quién nos insubordinamos? A la heterosexualidad como régimen político[i].

Un centenar de mujeres en blanco y negro se agolpa a espaldas al Congreso y levanta las banderas de una revolución que promete: “No a la maternidad. Sí al Placer”; “Despenalizar el aborto”; “Machismo es Fascismo”. Son los años 80’ y comienzan a multiplicarse las movilizaciones de mujeres. Esa imagen -hito es la tapa de “Historias de una desobediencia. Aborto y Feminismo”, escrito por la activista Mabel Bellucci y editado por Capital Intelectual, un libro que ensaya una genealogía y cartografía del feminismo, pero más como una espiral de debates y disputas que como una sucesión de fechas y nombres. Es tanto una reconstrucción de las luchas por el aborto voluntario como una propuesta de seguir batallando. Desde un registro heterogéneo, que recupera a las ancestras feministas, a los aportes académicos y a la trayectoria del activismo feminista y LGTBI, Mabel nos incita a pensar nuevos horizontes políticos y de transformación social marcados por esta contienda ineludible contra la opresión sexista y heteronormativa. Por eso, la autora invita – sin descanso y con humor – a conformar “rondas de pensamiento”. Y desde allí nos interpela:

– La idea es que este texto sea una caja de herramientas para los movimientos de desobediencia sexual, en especial el abortista. Interesa qué dispara, qué comunidades se van armando, qué nexos político-afectivos emergen. Lo lúdico permite abrir debates, por ejemplo: suelo preguntar como un juego “¿cómo decidieron ser heterosexuales?”, entonces se arma un clima de reflexión desde el cual es posible pensar a la heterosexualidad como un régimen político, sin cuestionar la intimidad de cada persona. En líneas generales, mi intención no es dar clases, ni presentar mi libro, apuesto a generar una performance entre el activismo. Tampoco lanzo bibliografías, ni marcos teóricos, sí me interesa identificar algunas tensiones y desafíos que permitan iluminar la reconstrucción de la memoria de nuestros movimientos, quiero volverlos del olvido.

– ¿Cómo te presentás?

– Como activista feminista queer, casi es mi logo. Estoy dentro de corrientes de pensamiento autonomistas y situacionales. Me interesa estar, no ser. Me siento bien navegando. Apostar a intervenciones en las cuales la teoría se vuelve política y la política se sostiene en pensamiento. Una de las premisas sería teorizar la práctica.

– ¿Por qué escribir un libro sobre la lucha por el aborto voluntario?

– ¿Y por qué no? El movimiento abortista dispone de una larga historia que tiene sus especificidades respecto de las corrientes feministas en general. Con este libro, intento escapar del discurso tradicional alrededor de la victimización de las mujeres y de las estadísticas de las muertas. Este país ya está apabullado por todos los discursos relacionados con la muerte. Yo quiero hablar de las vidas, romper ese muro discursivo. A mi entender, ese fue un discurso muy efectista para los años 80´, en el inicio de la transición democrática, en el que se instalaba el debate sobre el aborto en consonancia con el clima de época. Quiero sacar al aborto de ese closet y complejizar las nuevas prácticas abortivas. Desde ahí, cuestiono ese discurso de “las mujeres no queremos abortar”. Cuando una mujer decide abortar, en ese momento es lo que más quiere. Es una decisión en primera persona.

– ¿Cómo lo relacionás con la heterosexualidad obligatoria?

– Es un derivado de ese régimen. La “famosa” culpa que muchas sienten cuando abortan tiene que ver con el mandato de maternidad que impone la heterosexualidad como régimen político. Es una matriz que nos precede: la imposición de la maternidad como definición misma de ser mujer. Interpelo ese mandato totalmente naturalizado, tal como está naturalizado el mercado en el capitalismo. Aún no entiendo cómo no existe un repudio en masa a esa reproducción biológica y esas formas de relacionarnos afectivamente, como la conyugalidad y la familia.

Mabel discute estas instituciones modernas como los únicos modelos válidos de relación sexual, afectiva y de parentesco. Esta noción trae al espacio de la política la dimensión del deseo; Bellucci insiste en la consigna: “erotizar la política y politizar los cuerpos”.

– ¿Qué discusiones planteás frente al “heterofeminismo”?

– Entiendo por heterofeminismo a la tradición feminista que considera como sujeto político a la mujer heterosexual de cierta clase y etnia, y lo transforma en un universal. Siendo la práctica abortiva clandestina, ¿en qué se sustenta el heterofeminismo para decir que los sujetos del aborto son solo las mujeres heterosexuales? Las lesbianas, las bisexuales y los varones trans… todo cuerpo que porte un útero es sujeto del aborto.  Con la irrupción de la práctica socorrista se empieza a escuchar quiénes son. Empieza a haber pluralidad de voces, ya no tienen que ser más “representadas por”. Emergen voces del anonimato para volverse protagonistas, se atreven a decir “yo aborté”, es una primera persona en plural, porque es un “abortamos” colectivo.

Incita a repensar el discurso instalado y políticamente correcto de “nadie quiere abortar” y recupera en lo político el deseo de abortar como ejercicio de autonomía y emancipación ante el mandato compulsivo de la maternidad. El capítulo “La gesta del aborto propio”, escrito por la colectiva feminista La Revuelta, narra la experiencia de Socorro Rosa, un servicio que brinda información y acompañamiento a mujeres que deciden interrumpir un embarazo mediante el uso de misoprostol. También batallan por la legalización del aborto como medida indispensable para el respeto por la autonomía corporal y el reconocimiento de los derechos de las mujeres. Más allá o más acá de los marcos de la legalidad, se trata de activar lo concreto y revolucionar las prácticas.

Experiencias como la del socorrismo permiten sacar a la práctica abortiva de la soledad, el silencio y la vergüenza y volverlo un hecho colectivo y visible. Bellucci reconoce este tipo de iniciativas como espacios de resistencia feminista ante la negación y privación de derechos por parte de la maquinaria del Estado. Pero la lucha por la ley no se abandona y es el eje desde hace casi diez años de la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. En abril de este año, se presentó por quinta vez en la Cámara de Diputados del Congreso de la Nación el proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Firmado por más de 60 diputados de la mayoría de los bloques parlamentarios, pero con el significativo silencio del Ejecutivo, que periódicamente recuerda que el tema no está en su agenda. Desde su presentación original en 2005, el proyecto nunca fue tratado. Para el próximo 29 de septiembre está organizada una Jornada Federal por la Legalización del Aborto en el Congreso entre las 10 y las 17 horas, en la que se lanzarán los foros de debate sobre el proyecto de ley.

– La Campaña cumple un rol protagónico en la lucha por conquistar la ley. Está instalado el debate en la sociedad, en la cultura, en los medios, básicamente en los alternativos… los medios hegemónicos también sacan notas, pero en general cuando están relacionadas a casos de violación. Con excepción de algunas periodistas como Mariana Carbajal y Moira Sotto. El debate está planteado en todos los campos, menos en el parlamentario. En casi todas las movilizaciones sociales, se ve flameando el pañuelo verde como un gesto de visibilidad y de protesta.

– Muchos apuntan a que la designación de Bergoglio en el Vaticano puede obstaculizar aún más la discusión…

– Pero Bergoglio está hace un año, ¿antes qué pasaba? Ahora se escudan en eso, pero nunca hubo voluntad política de llevar adelante este tema. Sí, es cierto que hay cambios de posturas inesperados. Pero tampoco es que el Opus Dei esté ahí adentro, como pasa en España por ejemplo, que lo ves activando cuerpo a cuerpo. Es mucho peor lo nuestro, más cínico. Acá obedecen sin que se lo pidan. A Binner, ¿quién le pidió que diga que el aborto tiene que ser ilegal: la iglesia, los evangelistas, los sojeros? Históricamente, el Partido Socialista siempre bregó y tuvo figuras fundamentales como Alfredo Bravo, que estaban entregados a la ley de aborto. Otro: Pino Solanas firmó gran parte de las solicitadas de la Campaña, ¿qué pasó ahora? La verdad es que no tengo respuestas sobre si va a salir o no la ley, pero el lobby parlamentario no es lo mío.

Bellucci percibe que lo fáctico constriñe las reflexiones y el pensamiento, por lo que prefiere situarse en los bordes de lo institucional: “Quiero que en los márgenes se armen también debates que quizás no puedan instalarse en el centro. Porque está muy tomado por los discursos y los términos estratégicos para dialogar con los legisladores, con el Ejecutivo, con los medios y las instituciones, entonces no hay complejidad. Me interesa que surjan otras propuestas, nuevos lazos, nuevas coaliciones. A mí me interesa la desobediencia sexual y convoco a activar lazos con la desobediencia civil y política”.

– En relación a estas múltiples desobediencias, la lucha por el aborto tuvo un impulso particular en el pos-2001…

– Claro, tuvo un empuje como pocas veces, se transversalizó, salió del corralito feminista  y cruzó los movimientos. Tanto el aborto como la diversidad sexual fueron expresiones muy interesantes de ese momento. Lo que pasa es que para que haya habido un 2001 tuvieron que estar los años 90´ de un fuerte activismo. Eso yo lo discuto mucho. Porque el discurso oficial, ¿cuál es? Los años 90´ como aplastantes y oscuridad total, pero fueron también mucha expresión activista, hubo resistencia. Por supuesto que en seis meses privatizaron todo, fue una locura, en pocos países del mundo levantaron en tan poco tiempo todo el andamiaje de empresas del Estado, pero eso ya venía muy armado. Que hubo resistencia, la hubo. El kirchnerismo como tiene sus raíces en el menemato quiere mostrarlo como una historia negra, para diferenciarse. Pero nunca activamos tanto como en el menemato, nos cruzábamos todxs bajo trincheras porque teníamos un enemigo en común y sin el estado de represión de una dictadura militar que habíamos soportado décadas anteriores, lo cual para nuestra generación era muy significativo

– A diez años, ¿cuál es tu lectura de esas experiencias y esas formas de hacer política?

– Un interrogante que nos tenemos que hacer es cómo todas las corrientes autonomistas que gritaban “que se vayan todos” terminaron en una gestión totalmente personalista, piramidal y estatalista. En verdad, se arrasó con todo lo que habíamos tejido en ese laboratorio social que fue la rebelión plebeya de 2001. Esas tentativas a muchos y muchas nos fascinaron, nos erotizaron. Aunque las asambleas populares tuvieron su auge hacia mediados del 2002, continuaron con fuerza hasta la consolidación del kirchnerismo como fuerza política. Fue nuestra Comuna de París, pero la nuestra no duró nueve días, duró dos años, bastante…

[i]               Mabel Bellucci (2014). Historia de una desobediencia. Aborto y feminismo. Buenos Aires: Capital Intelectual.

Aborto para todas

A un año de la ley que despenalizó el aborto en Uruguay, el Ministerio de Salud publica datos contundentes. Alcances y limitaciones de una experiencia que habla por sí sola. 

Legalizado en Cuba, Guyana, Guayana Francesa, Estados Unidos y Canadá, Uruguay es el sexto país en América en despenalizar el aborto. En febrero de este año el Ministerio de Salud Pública presentó su informe sobre los abortos realizados entre diciembre del 2012 y noviembre del 2013, con los siguientes resultados:

-Se practicaron un total de 6676 abortos,

-De esos 6676 abortos solo 1240 fueron realizados en menores de 20 años.

-Además, más de la mitad de las interrupciones voluntarias del embarazo (IVE) se hicieron en clínicas privadas (59%)

-No hubo casos de muerte materna en las intervenciones, solo dos tuvieron complicaciones graves (una post aborto ilegal).

-La única fallecida respondió a un aborto ilegal.

¿Qué se deducen de estos datos? Mientras que en Uruguay hay 9 abortos cada 1000 mujeres de entre 15-44 años, la relación en Europa Occidental es de 12 cada 1000, 17/1000 en Oceanía y 28/1000 en el mundo (datos para el 2008)*. Lejos de darse una avalancha de abortos, se mantiene entre las cifras más bajas del planeta.

Sobre la idea de que el aborto es cuestión de adolescentes y clases populares, las estadísticas reflejan que sólo 1 de cada 5 mujeres que abortaron eran menores de 20 años, al tiempo que 3 de cada 5 lo hicieron en clínicas privadas, es decir, mujeres socio-económicamente capaces de pagar por su salud. Por último, la única realidad palpable, y siempre esgrimida a la hora de manifestarse en pro de la legalización de las IVE, es que no mueren mujeres con abortos realizados en establecimientos regulados; la única que perdió la vida fue por un procedimiento clandestino.

Entretelones del Frente Amplio

Esta ley tiene sus idas y vueltas, que estuvo a punto de lograr su máximo potencial durante el gobierno del anterior presidente, Tabaré Vázquez, también del Frente Amplio (FA); pero que fue vetada, para volver ahora bajo una forma mucho menos permisiva que su antecesora. Eliana Gillet, periodista del semanario uruguayo Brecha -del cual fue fundador y colabora, entre otros, Eduardo Galeano- nos cuenta: “Lo paradójico en esta situación fue que Vázquez -médico, católico, masón, candidato al gobierno por el FA de nuevo este año- la vetó. Anuló los artículos que lo despenalizaban apelando a cuestiones personales y de conciencia. Fue un golpazo. Recuerdo que ese día hubo una manifestación espontánea bastante grande en torno a la Plaza Libertad (Plaza Cagancha, en el centro de Montevideo), importante a escala Uruguay, por supuesto. Reinaba el estupor, y fue uno de los primeros momentos de tensión entre cierta parte del electorado frentista, o afín, que hizo mella en su relación con el gobierno. Algunos hablan del fin de la luna de miel entre militantes y gobierno. Fue importante, sin dudas. Y creo que fue más grave aún para los más jóvenes”. Para ese momento el FA tenía la mayoría en ambas Cámaras –Diputados y Senadores-, cosa que en el momento de sanción de la ley vigente no fue así. Y allí empezaron las concesiones.

¿Qué dicta la Ley?

-Despenalización del aborto, no legalización. Esto significa que sigue siendo un delito según el Código Penal, pero que bajo la nueva ley, no es punible siempre y cuando se dé bajo las condiciones que ésta aprueba. En palabras del texto: “La interrupción del embarazo no será penalizada, y en consecuencia no serán aplicables los artículos 325 y 325 bis del Código Penal, para el caso que la mujer cumpla voluntariamente con los requisitos que se establecen en los artículos siguientes y se realice antes de las 12 semanas de gravidez”.

– El aborto es voluntario y sólo puede hacerse en las primeras 12 semanas y 14 en caso de violación. En el proyecto vetado por Tabaré no había límite de tiempo: “Toda mujer mayor de edad tiene derecho a decidir la interrupción voluntaria de su embarazo durante las primeras 12 semanas del proceso gestacional”.

-Antes de abortar, la mujer debe pasar por una consulta con profesionales que le muestran diferentes vías al aborto. En el año de práctica, sólo el 6% de las mujeres dieron marcha atrás luego de ésta.

Médicos que dijeron “no”

Aun así hay un problema grande que limita la facilidad de hacer un aborto: la objeción de conciencia de los ginecólogos a hacer la intervención. Esto facilitó que una gran cantidad de profesionales se nieguen hoy en día a hacer abortos, ya sea por su propias convicciones ideológicas, pero también por la presión de las instituciones a las que pertenecen –en especial aquellas clínicas ligadas a iglesias católicas o protestantes- o por el repudio que les vendría por parte de la comunidad. En Colonia y Paysandú la objeción es de casi el 90%, en Montevideo del 50% y en el departamento de Salto ningún ginecólogo aceptó practicarla, según datos recogidos por Brecha. Como expresó el coordinador del Movimiento de Usuarios de la Salud Pública y Privada, José Reyes: “Cuando hacían abortos clandestinos no primaba la objeción de conciencia sino el bolsillo”. Así, gran cantidad de mujeres deben irse a la capital para hacerse las IVE, con todo lo que ello implica para las familias de bajos recursos.

A pesar de las limitaciones, Uruguay se presenta como un faro al otro lado del Río de la Plata para reflexionar y discutir sobre qué ley nos queremos dar cuando se fuerce la hora de su aplicación.

* http://www.guttmacher.org/pubs/fb_IAW.html#1 Fecha de Consulta, 28/03/2014.

“Pareciera que el sexo es el demonio”

La primera parte de la extensa nota a la monja brasilera Ivone Gebara, máxima representante de la Teología Feminista de la Liberación, arrancaba con una negación: “Ivone Gebara no está en Wikipedia”. La segunda arranca con más de sus análisis, consideraciones, visiones del mundo, preguntas, respuestas y teologías. Y terminará con una propuesta. Vamos:

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“Pareciera que el sexo es el demonio”

Creo que pocas de nosotras hemos trabajado sobre la cuestión de la identidad de género (una de ellas, Marcela Althaus-Reid), la mayoría de las teólogas no ha trabajado aún sobre estas identidades y sobre la distinción género/genitalidad. Pero sí hay muchas filósofas (por ejemplo, Butler; ella trabaja mucho la cuestión de las múltiples identidades sexuales). Butler dice: “Por favor, no sean aristotélicos, no hagan nuevas definiciones: ‘animal primate, 32 dientes…¿Y qué es un hetero? ¿Y un gay? ¿Una trans? Lesbiana, homo…”. He hecho talleres, me invitaron a ser parte de ellos para conocer diferentes movimientos, y creo que la apertura respecto a lo “nuevo” también depende mucho de los lugares. Por ejemplo, en Sao Paulo, existe una violencia increíble contra los homosexuales. Los agreden, los matan…

La cuestión de la sexualidad en las Iglesias cristianas ha sido desarrollada de forma binaria: hombre-mujer, correcto-incorrecto, normal-anormal. Todavía no podemos salir de eso, no salimos de pensar en clave “naturaleza”, y eso es una trampa. Tenemos pudor de hablar sobre ello, como si la vivencia de la sexualidad fuese en contra de Dios. Pareciera que el sexo es el demonio. De todas formas, seguimos, me parece, en los primerísimos pasos respecto a estos temas.

“El niño es de quién lo hace, y de la sociedad”

La prohibición del aborto es el GRAN DOLOR de las mujeres hoy día. A veces, se lo toma como algo muy liviano, con hipocresía, facilismo. Lo primero que tengo para decir es que el aborto es un problema de SALUD PÚBLICA. Hay cosas que no puedes impedir: una gripe, la propagación de algunos virus, que las mujeres queden embarazadas. Lo imprevisto, en sí, es una parte de lo previsto. Cuando una mujer se ve con un embarazo no deseado, a veces fruto de una violación por desconocidos, por policías, entonces las Iglesias tienen una actitud romántica. “Es un nuevo ser”, dicen. Claro, ellos pueden decirlo porque no tienen el bebé en su panza, porque no sufrieron la violencia.
Los abortos mal hechos son la décima causa de mortalidad materna, por eso es que el aborto es una cuestión de salud pública. ¿Por qué el aborto es un crimen de las mujeres y no de los varones? Muchos hombres dicen: “O yo o él”, refiriéndose al futuro hijo. Y se van. La sociedad patriarcal condena a los cuerpos femeninos.
Hay que luchar por la descriminalización y legalización del aborto. Es un respeto a la elección de las niñas, de las madres. En Recife, hay un grupo que acoge chicas de la calle. Encontré una chica de 14 años. Estaba embarazada. No quería tener ese bebé: se golpeaba la panza, “No quiero”, gritaba. ¿Vamos a forzarla a que lo tenga? Eso ya no entra en Teología. Eso es salud pública. Y viene de la mano con dar educación sexual en escuelas, barrios y sobre todo -esto, por favor, subrayado con doble línea- para los varones jóvenes. Tenemos que crear conciencia, que los hombres se sientan responsables, el niño no es sólo de la mujer. Es también de quien lo hace y, claro, de la sociedad, que tiene la obligación de cuidarlo.

¿Cuál es la propuesta de esta nota? Tiene el objetivo de enmendar la primera negación. Ivone Gebara tiene que estar en Wikipedia. Y, por eso, este es el perfil creado para ella, a partir de todo lo contado, en el primer y segundo artículo de esta publicación y de todo lo que de ella se pueda encontrar en internet. Un boceto, mínimo, para seguir mejorándolo:

Ivone Gebara (Recife, 1944): Monja brasilera, de la congregación Hermanas de Nuestra Señora, teóloga, feminista y libertaria, referente de la Teología feminista de la Liberación, que ella fundó en 1980, tras haber estudiado Filosofía y Ciencias Religiosas en Europa y graduarse en ambas carreras.

Actualmente, es una de las voces más escuchadas tanto por el movimiento feminista como por aquellos que se oponen a la jerarquía de la Iglesia Católica. Está a favor del aborto, de la desnaturalización de la maternidad, en contra del academicismo por el academicismo mismo, de la teología metafísica y a favor de la acción social. Escribió varios libros y entre sus posturas más reconocidas, está aquella que menciona que “Hay que salvar al pueblo y no a la Biblia”. La mayor parte de su teoría la extrajo a partir del trabajo social que realiza hasta hoy con las mujeres pobres de Brasil. Sostiene, en ese sentido, que ellas están oprimidas por la Iglesia y que sufren muchísimos dolores, que esta institución no les permite canalizar. “Olvídense de Dios”, les pide muchas veces a sus compañeras, quienes, según ella misma cuenta, conciben que todo lo que sucede en el mundo, también lo no deseado, es obra y gracia del Todopoderoso y no de su acción para sostener o modificar trayectos propios de vida.

Parte 1 de la entrevista

“No hay que salvar a la Biblia, sino al pueblo”

A favor: del aborto legal y a expensas del Estado, de la elección de la maternidad, de que la vida de la gente la decida la gente. En contra: de los sacerdotes que viven confortablemente con sus manías, de un modelo capitalista perverso, de que la biblia esté por encima de todo. ¿Quién? Una monja, Ivone Gebara. Un caso que viene a poner, desde Dios, un jaque a Dios mismo.

Ivone Gebara no está en Wikipedia.
Fotos: NosDigital

Por eso, porque no contamos con el catálogo que encuadre todas sus subjetividades en un par de definiciones, la descubriremos a partir de lo que dice. Gracias a que internet se distrajo, en vez de ir de la taxonomía a los hechos, iremos de los hechos a la taxonomía. Y antes de dejar que las palabras definan a su portadora, haremos un aviso al que lea. Le contaremos, ya lo estamos haciendo, que la entrevista, dividida en dos entregas, es larga, pero sumamente interesante y además, que así como atrae, también atrapa. Después de conocer lo que dice esta mujer, de cabello blanco, sonrisa amplia, manos que explican y movimientos pausados, la cabeza se expande, explota, y muchos vocablos cambian de valor al mismo tiempo que de significado.

¿Una pista chiquita, como para darse una idea? Ivone, la de cuerpecito pequeño y rostro pacífico, es monja. Todo lo que le preguntan, lo anota en una libreta. Pide constantemente que la interpelen, que la corrijan. Y dice: “La moral católica no alcanza a las mujeres ricas. Ellas abortan y tienen los medios económicos que garantizan una intervención quirúrgica en condiciones humanas. Por lo tanto, la ley que la Iglesia defiende perjudica a las mujeres pobres. El aborto debe ser descriminalizado y legalizado. Más aún, debe ser realizado a expensas del estado… El aborto no es pecado. El Evangelio es un conjunto de historias que generan misericordia y ayuda en la construcción del ser humano. La dogmática en relación al aborto ha sido elaborada a lo largo de los siglos. ¿Quién escribió que no se puede controlar el nacimiento de tus hijos? Fueron los sacerdotes, hombres célibes encerrados en su mundo en el que viven confortablemente con sus manías. No tienen mujer ni suegra y no se preocupan de algún hijo enfermo; algunos hasta son ricos y tienen propiedades. Así, es fácil condenar el aborto”.

Sin más:

“Pero tú eres mujer…

Llevaba 15 años de enseñanza de la Teología de la Liberación, todo lo enseñaba desde allí. Pero un día encontré la teología feminista. ¿Cómo fue? Daba cursos de lectura de la biblia a un grupo de obreros, en la Diócesis de Helder Cámara en Recife, Brasil. Uno de los obreros era casado, y su mujer tenía dos hijas. Yo la invitaba a que venga a las charlas, pero ella no quería venir, decía que tenía que cuidar a las chicas. Entonces, un día fui hasta su casa y le dije a los ojos: “¿Por qué no quieres venir?”. ¿Sabés por qué no voy? ¿Quieres saberlo? Porque tú hablas como un hombre”, “Pero si soy mujer…”, “Pero no conoces nada de la vida de las mujeres, de las obreras, las que estamos casadas con obreros. Nunca dices que sostenemos la casa, que, cuando no hay comida, hacemos todo por conseguirla…”.

“Es verdad”, pensé, yo no hablaba de eso..

“Hablas sólo de sindicatos, salarios, luchas…”. Me hacía preguntas: “¿Sabes qué pasa con nosotras los viernes? Ellos reciben sus salarios el sábado, el viernes suele haber poca comida, tenemos que salir a pedir, ¿Sabes algo de nuestra vida sexual?”. Me empecé a dar cuenta de mi total ignorancia respecto a ello. La teoría que había aprendido nunca me había hecho enfrentarme a la mujer en sí. “Pero tú eres mujer”, me dijo ella.

Empecé a sentir, así, desde mí misma, desde mi ser, un malestar respecto a la Teología de la Liberación, no por el hecho de la liberación en sí, sino por sus características abstractas. Las sujetas sufrientes no tenían espacio allí, no eran escuchadas. Lo hablaba con teóricos marxistas de Brasil, les contaba que las mujeres se habían reunido para bordar. Me decían: “Eso no cambia la estructura”. Les contaba otras cosas: “Eso no cambia la estructura”. Y comencé a sentirme molesta: “¿De qué estructura me hablan?”. Hablaban de Liberación, pero las historias concretas no eran consideradas historia. La palabra patriarcal “Historia” es la historia de los grandes hechos. Sentía que la historia de las mujeres, respecto a su cuerpo, a la forma de socialidad que construían, no era considerada un tema teológico.

Así, con todos esos aportes y descrubrimientos, es como en 1980 se empieza a pensar, en Buenos Aires, la teología feminista de la liberación. Nos juntamos muchas de las mujeres que comenzábamos a transitar por ese camino, éramos 30. Nos contamos de dónde veníamos, lo que pensábamos, y nació un librito: “La mujer hace teología”. Fue la primera piedra del movimiento. Éste siguió luego por América Central, México… hoy la teología feminista es un fenómeno diverso y con muchos problemas, que se está volviendo cada vez más académica y así está perdiendo conexión con el medio popular.

(¿Cómo hacer para lidiar con eso? No lo sé, claro, porque la academia también es necesaria, mas, en la corriente en la que me ubico, no existe LA teología; más bien hay teologías. LA teología trabaja con dolores abstractos: el sufrimiento, la salvación, “Dios viene a salvarte, Dios te quiere…”, no se sale de eso. Queremos volver a lo vivido, nombrar los dolores, nombrar los esperanzas, que la salvación sea, pero sea de unos para los otros).

“Tienes que ser madre. No ser humana”

A las mujeres nos dieron una definición desde antes que nazcamos: tenemos que ser madres, sí o sí madres, y sometidas. Existe una naturalización de la maternidad. Pero nunca escuché hablar de la naturalización de la paternidad. A las monjas, incluso, nos dicen: “Ya que no puedes ser madre, entonces tienes que ser una madre espiritual, dar amor a los otros…”

Las mujeres tienen que tener la ELECCIÓN de la maternidad. Hasta la ciencia, con los alquileres de útero por ejemplo, refuerza la idea de la no-elección. Tienes que ser madre. No ser humana, libre, solidaria, no. Ser madre. Es un poco limitado. Las monjas, por ejemplo, tenemos el prurito de hablar de la sexualidad: tenemos que avanzar mucho, antes que en la teología, en la comprensión del ser humano. En todo lo que nos falta entender de la relación entre el hombre y la mujer.

Hay muchas teologías feministas, tantas como teólogas (lo mismo que entre los varones, claro). Aunque una sea luterana, presbiteriana, católica romana, el pensamiento es siempre personal. Hay algunas líneas, claro, en las que nos ubicamos: yo puedo utilizar la teoría marxista de una manera, otros la usan de otra. Nos ubicamos cada una desde su propia experiencia de vida. Hacer teología es hacer biografías. Antes de ser teóloga, yo, por ejemplo, estudié filosofía. Me ubico como filósofa, tengo influencias europeas, desde el fin de la metafísica.

“La alienación que la religión del poder impone a la gente es la misma que nos imponen a las mujeres, como reproductoras y sólo reproductoras”

¿Qué es la metafísica? En teología, se refiere a cuando uno se cree más allá de la materialidad de la vida. Como que hubiera un plan preestablecido en la vida de las personas, el plan de Dios, y este plan se tendría que realizar en la tierra. “Si Dios quiere…”, decimos cuando hablamos con algunas personas para expresar nuestras expectativas; eso, en muchas personas, no es sólo retórica, eso es creer que hay una voluntad superior abstracta. Y esa idea se conecta con otra idea: Dios es bueno.

El gran problema de la teoría metafísica es querer combinarla con los grandes dramas humanos. “Si Dios quiere, me voy a curar del cáncer…”, y no te curaste, y te moriste. ¿Qué pasó? “Uy, Dios no lo quería”, por algo habrá sido, tenía otros planes. Eso, para mí, no es fe, es un juego filosófico, y en este juego filosófico los grandes artesanos de la historia son los varones.

Los varones reciben el mensaje de Dios (Jesús, Abraham, Moisés), ellos tienen los oídos privilegiados. La perspectiva metafísica, así, termina por excluir las personas; ese malestar ya ha sido denunciado por Nietzsche, Váttimo, Derrida…

Las mujeres se conectan a esta línea: para ellas -y para mí- hay que volver a CAMBIAR ESE DOGMA, que se estableció en un tiempo y espacio específicos de la historia, y hoy sigue. Cuando trabajo con mujeres sencillas, tengo que hacer una gimnasia, ellas están colonizadas por esa idea casi mágica de la divinidad de Jesús, me da pena. “ÉL sabe lo que va a pasar con nosotras”, me dicen y yo les contesto: ”Pero nosotras también lo sabemos”. Intento cambiar esa perspectiva, quiero mostrar que la presencia del otro es convocatoria. A veces, siento que si hablo de la Iglesia Católica, el discurso del poder se come a todos los demás. Siempre es: “Dios quiere, Dios piensa…” ¿Y tú? Nadie pregunta eso. A veces, les digo a las mujeres: “Olvídate de Dios, de Jesús…imaginemos que no te están escuchando, que no tienen ningún deseo para ti”, las provoco, y ahí dicen algo para cambiar su historia. Es un trabajo inmenso. La alienación que la religión del poder impone a la gente es la misma que nos imponen a las mujeres, como reproductoras y sólo reproductoras. Si le preguntás a una mujer: “¿Qué pensás de esto?”, probablemente repita lo que le dijo el cura. Tienen miedo al pensamiento propio.

Esta teología, claro, crea muchos disturbios. Hace pensar, no repetir. Es, a la vez una crítica al mundo académico, pero no su negación. Estudien teología, claro, pero, paralelamente, busquen otras experiencias. No tenemos que salvar la biblia: tenemos que salvar al pueblo. La biblia no importa.

“Un modelo capitalista muy perverso”

Hay muchos. El hambre -las mujeres tienen que buscar comida, casi siempre son ella cuando falta-, la enfermedad -el 90% de las personas que van al hospital a llevar a sus hijos, pelear por las medicinas, etc., son mujeres-, el hecho de que la Iglesia no permita los anticonceptivos, o los Estados la interrupción del embarazo. Las iglesias defienden principios, no aspectos de la vida real. Los dolores de las mujeres provienen de un modelo capitalista muy perverso que habla de autoestima, pero destruye a las mujeres mostrando sólo un modelo de mujer: blanca, con los dientes perfectitos, rubia. En las villas, vemos mujeres de 25 años, con un cuerpo totalmente destruído, deformado, con bajísima estima, porque, claro, ven el modelo ideal de cuerpo que les venden y no son ellas. Los dolores son, en parte, los mismos que los de antes, aunque hay cosas que cambiaron. Hay muchas mujeres de 20, 30, 40 años, que, por suerte, empiezan a tener lucidez y conciencia sobre ellas mismas. Eso me da mucha esperanza

Cómo hacerse un aborto con pastillas

El misoprostol es un remedio que las mujeres de todo el mundo pueden usar para abortar ellas mismas en su casa de manera segura hasta la semana 12 de embarazo. La agrupación de Lesbianas y Feministas por la Descriminalización del Aborto publicaron un manual instructivo para difundirlo de manera gratuita. En los comienzos de los debates en nuestra sociedad por la legalización del aborto, se conforma en una herramienta clave y necesaria.

 

Descargate el libro

Este mes comenzó a discutirse en la cámara de diputados uno de las problemáticas que más parecen escandalizar a la opinión pública, y que todavía conforma un tabú con fuerza arraigado en la sociedad: el aborto. Estas intervenciones se realizan de manera clandestina al menos 500 mil veces por año y son la principal causa de muerte materna evitable, teniendo como principales víctimas a las mujeres pobres y jóvenes.[i]

Hay claros indicios generales de que Argentina está saliendo de una vieja etapa de recato cristiano y educación cívica de manual de escuela. La Ley de Matrimonio Igualitario, sancionada el año pasado, es uno de ellos. Sin embargo, para que se logre legalizar el proyecto de ley que apela por un aborto seguro, legal y gratuito, todavía quedan por derrumbar muchas voces dogmáticas. Las creencias rancias y morales podridas, la hipócrita voz de los que miran para otro lado, la medieval figura de la iglesia católica, los pudorosos creyentes de la patria occidental y cristiana, son de los mayores obstáculos para conseguirlo.

Si bien el tema recién se puso en agenda estas últimas semanas, existen varios grupos que, desde hace años ya, se organizan bajo la bandera  de la legalización del aborto. Tantos que reivindican los derechos de la mujer sobre su propio cuerpo.

 Uno de ellos es la agrupación de Lesbianas y Feministas por la Descriminalización del Aborto, que el año pasado publicó el manual Todo lo que querés saber sobre como hacerse un aborto con pastillas. Este libro editado bajo firma de El Colectivo, se distribuye de manera gratuita y se puede descargar de la web. El texto busca instruir a las mujeres para que tengan las herramientas y capacidades para, en caso de necesitarlo, poder realizarse un aborto con pastillas de Misoprostol. Un método muy poco conocido entre las mujeres, y aprobado por la OMS y la FLASOG[ii]. “Del feminismo, el movimiento LGTB[iii] y las prostitutas aprendimos la importancia de transmitir información entre pares. Usamos un lenguaje directo para buscar y compartir información que se nos niega por prejuicio, ignorancia y violencia, y para construir conocimiento en base a nuestra propia experiencia”, explican. Una clara muestra de que el silencio, no es salud.

Foto: Nos Digital.

El manual está dirigido para pobres y ricas, jóvenes o adultas, prostitutas, universitarias, amas de casa: para todas las mujeres que lo necesiten. El texto explica, con dibujos y palabras comunes, cómo poder abortar de manera segura y confidencial, y en casa. De esta manera, se evita que muchas tengan que recurrir a intervenciones inseguras que podrían poner en riesgo su salud.

Para seguir acompañando a aquellas que precisen una ayuda más personalizada, el grupo de Lesbianas y Feministas tienen a disposición la línea telefónica más educación menos riesgos (1566647070), a la cual las mujeres pueden llamar de manera gratuita para consultar acerca del uso del Misoprostol. “No somos médicas ni reemplazamos la consulta médica,-advierten- la información que damos es pública,  actualizada y corroborada por fuentes médicas y científicas”.

Por otro lado, expone de manera clara varias cuestiones que tienen que ver con el embarazo, los métodos anticonceptivos y el reconocimiento del propio cuerpo; temas que por falta de educación, muchas desconocen. ¿Cómo se hace para poder determinar las semanas que se lleva de un embarazo? ¿Qué métodos anticonceptivos existen? ¿Qué es la pastilla del día después? ¿Cuales son los derechos de una mujer cuando tiene que recurrir a un hospital a la hora de hacer chequeos y estudios?, son algunos de los temas que se tratan.

El libro no busca juzgar, ni aconsejar: “pone a disposición de las mujeres toda la información para que ellas mismas decidan. Porque el conocimiento no es una mercancía, si no un bien social que debe estar en manos de quienes lo necesitan”.

 


[i] Datos oficiales del Ministerio de Salud de la Nación Argentina

[ii] Federacion Latinoamericana de Sociedades de Obstetricia

[iii] Lesbico, Gay, Bisexual, Trans.