Los 35 años son de las Madres

Pasaron 35 años de la primera ronda de las Madres de la Plaza. Cada jueves, religiosamente, se acercan a la pirámide de Mayo para mantener encendida esa lucha que encarnan detrás y en nombre de sus hijos. Hoy festejan con actos públicos esta fecha tan significativa con los logros que se reflejan en los juicios a los asesinos.

La transformación de los pañuelos ¿Se transformaron?.

¿O crecieron? ¿O volaron?

Porque cada una de nosotras hemos pedido que cuando estemos muertas nos pongan el pañuelo.

Es muy lindo apretarse el pañuelo en la cabeza, yo digo que cuando me aprieto el pañuelo siento como que me abrazan mis hijos,

por eso me lo aprieto fuerte, muy fuerte.

Hebe de Bonafini.

Fotos: Nos Digital.

El pañuelo blanco para muchas es la expresión de una transformación. De su transformación, esa que las vio convertirse de madres a Madres de Plaza de Mayo. Ese pasaje de mujer a militante, esa militancia en la vida y en la política. Esa necesidad de hacer suyos los sueños que sus hijos dejaron en el camino. Esa entrega, de “luchar como si fuera lo más normal del mundo”.

Primero fueron reclamos a las iglesias, sin respuestas, y luego la decisión puntual de escribirle una carta a Videla. Catorce mujeres, con Azucena Villaflor a la cabeza, muchas de ellas amas de casa o simples trabajadoras alejadas del mundo de la política,  se acercaron a la Plaza de Mayo y se sentaron en los bancos de madera, pero la policía las echó porque tenían que transitar, por el estado de sitio que regía en el país. No lo dudaron: aquel 30 de abril de 1977 comenzaron a caminar. Espontáneas, así empezaron las famosas rondas todos los jueves, sin excepción. Lo del pañuelo blanco empezó en Luján, como muchas madres no se conocían entre ellas, se colocaron en sus cabezas un pañal de gasa de sus hijos, que aún guardaban, y de esa forma se pudieron encontrar durante una larga caminata que emprendieron hacia la Basílica, también en 1977.

A lo largo de los días se fueron sumando cada vez más mujeres con el mismo reclamo. Exigían la aparición de sus hijos, se acercaban naturalmente, protagonizaban una lucha abierta, directa y sincera, pero sobretodo,  dolorosa. El compañerismo se sintetizaba en una frase que las más experimentadas le trasmitían a las recién llegadas: “Aquí no se viene a llorar, sino a luchar. Así que secate los ojos y vení”. Este espíritu consciente es uno de los ejes que las llevó a conformar una verdadera organización de resistencia.

Fue la celebración de las Madres. Lejos, muy lejos, estamos de querer frenarnos a discutir sobre las diferencias ideológicas que separan a la Asociación Madres de Plaza de Mayo de las de Línea Fundadora. Para todos son y serán siempre las Madres, nuestras Madres de la Plaza. Las tuyas, las mías, las de todos nosotros. Esas que a través de su ejemplo nos demuestran que existe una lucha que se puede dar en el terreno de lo cotidiano, con una entrega incondicional y bien firme.  Esas mismas que nos enseñaron que a pesar de los años y del dolor, el único castigo posible es la justicia y no la venganza.

Este 30 de abril se cumplieron 35 años de aquella primera ronda en la Plaza de Mayo, y fue en esa misma Plaza donde Hebe de Bonafini y Tati Almeyda, representantes más mediáticas de cada sector, montaron sus actos para celebrar. Hablamos de celebración porque así mismo lo expresaron ellas, en ambos discursos sobresalieron paralelismos, se habló de los logros que trajo, y aún trae, esa lucha resistente de tantas décadas. La figura del ex presidente Néstor Kirchner brota en las palabras de estas mujeres. Sus decisiones en torno a los derechos humanos trazaron un lazo inquebrantable que se conformó como política de Estado desde el 2003, y en cada acto se expresan como retribución, agradecimientos sentidos que ayudan a entender el apego con el gobierno nacional. Más allá de esto, hay que decirlo, “el logro es de las Madres”, así como lo dijo Hebe en su discurso, sin vueltas,  y explicó entonces el por qué del tinte festivo: “Es un festejo porque después de 35 años conseguimos que los asesinos estén en prisión”.

A puro folklore y rock nacional, con muchos pibes presentes, se leyeron diferentes poesías y comunicados de adhesiones que llegaban de todo el país y del exterior. Se hizo mucho hincapié en la relevancia que tenemos los jóvenes en este momento de la historia, en lo importante que es entender que somos parte de algo que está en movimiento , que la historia siempre se mueve con nosotros como sociedad, como testigos de lo que formamos parte y sobre lo que debemos actuar. “Con nuestros pañuelos blancos anudamos un destino”, dijeron las Madres,  es nuestro desafío entender que podemos hacernos con ese destino.