Creación corporizada

El Teatro Sanitario de Operaciones no es una compañía de teatro, es un proceso artístico. Y es el cuerpo el nodo de ese proceso, para la creación y la relación con los otros. Desde adentro, nos cuentan cómo es estar 20 años en la vanguardia.

En la desembocadura del Riachuelo, hay dos puentes con un solo nombre. Dos estructuras que se erigen allí, fieles testigos de cada ocaso y cada amanecer.  Se encargan de unir sendas orillas, pero entre ellos se perpetúa un abismo absoluto, una distancia infranqueable. Sin embargo, los puentes, condenados a ser soportes y a estar siempre “entre” y nunca “en”, no son los protagonistas de este retrato. Porque una noche algo brotó del fluir del río, perturbando la presencia inmutable del Puente de La Boca. De ese río de oscuridad profunda, de silencios viscosos y gritos ahogados, emergió una gigantesca figura humana de hierro, ensamblada por manos de hombres y mujeres. Con luces que la iluminaban desde dentro, captó la atención de hasta los más necios: nos hablaba de las ausencias, sacudiendo nuestra quietud, aún más inerte que la de los sólidos puentes.

Esta intervención se llamó “Aparecido” y fue producida por el colectivo artístico Teatro Sanitario de Operaciones en 1997.

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En cada producción, es central el mensaje que está detrás, no buscamos la imagen por la imagen, nunca fuimos esteticistas.  Y siempre tomamos un discurso social. Creemos en el discurso y tratamos de comunicarlo a partir de la imagen, no del texto. La idea es que a la gente le llegue: somos contadores de cuentos”. Así desenmascara la piedra angular de TSO, su director, Quique López, y resalta la brecha que los distancia de otros grupos que se suelen homologar dentro del “teatro de imagen” o “teatro de acción”. Aunque sus obras y performances cuentan  por sí mismas, la aclaración se hace necesaria porque existe un punto de origen que los hermana. Su historia empieza en 1996, cuando el grupo de teatro catalán Fura dels Baus llega a Argentina para dictar un seminario, al que asistieron quienes serían luego los fundadores de TSO. La muestra se realizó en Dr. Jekyll, uno de los escenarios claves del rock en los 90’, y cuando la vieron les propusieron hacer de soporte de bandas. Así fue que este ecléctico grup,o que albergaba actores, pero también canillitas y escaladores, se presentó con su primera obra, “Cuatro estómagos”, antes de recitales de bandas como Divididos y Los Brujos.

Desde ese entonces, atravesaron el “nefasto escenario de los 90’” y llegaron al 2013, con casi 20 años de vida, 6 obras (Cuatro Estómagos, Aparecido, Zamarra, Mantúa, Piedad, Kotidiana), en un proceso de creación y experimentación que no cesa. Hay que decirlo: es un caso atípico en la escena artística contemporánea. Es que TSO es del todo atípico. En su sitio web (teatrosanitario.com.ar) manifiestan que “TSO no es una compañía de teatro, es un proceso artístico (…), focaliza la importancia del relato o la narración en un tiempo cinematográfico de cada imagen, a la vez de desnudar todas las bambalinas de la puesta clásica”. Su propuesta se aleja de la práctica teatral convencional que se centra en el texto y que divide jerárquicamente los actores del público. Su propuesta abre una grieta y trabaja sobre la frontera donde se mezcla acción y percepción, actor y espectador. “El escenario es un límite claro, vos sos espectador y yo soy actor, y ninguno lo va a traspasar. Acá eso no existe, es constante y continua la comunión entre el espectador y el actor, la cercanía que hay hace que ambas partes formemos el marco de la escena de la obra, y el espectador siente eso. Es una cuestión sugerida y acompañada, no obligada. Cada uno puede tomar el punto de vista que quiera, meterse de lleno o mirar desde afuera”, caracteriza López. Esa ruptura abre un paréntesis en el que lo establecido cambia o se presta a la reflexión; es un teatro que ya no persigue el entretenimiento, para proponer una mirada, una forma de cuestionamiento y de reformulación. Sobre la base de la acción colectiva, los participantes ensayan a través de sus cuerpos, sus gestos, sus encuentros con el otro, una forma de crítica social. En las obras/performances de TSO se amplifica lo sensorial, y en el compromiso con el momento se conjugan intelecto, emoción y sensación. No se trata de representar un personaje o una idea, sino de vivirla, de encarnarla, de incorporarla. Y no es casual la reiterada referencia al cuerpo, dado que es él el que media todas nuestras relaciones con el mundo, en una forma casi originaria de acercamiento. En esta suspensión del mundo de todos los días, se inaugura un marco donde experimentar la sorpresa, el asombro y la perplejidad. “Es un arte que sigue siendo de vanguardia, por decirlo así, aunque pasaron varios años sigue siendo joven. A pesar de que el teatro empezó así, entre el público, y después el mercado los separó a todos y los sentó en butacas.”

En el 2002, se produjo otro de esos encuentros transformadores: TSO llegó al IMPA. “En Capital, pasamos por todos los espacios con posibilidad de albergarnos: Sala Villa Villa, Cemento, Dr. Jekyll, Obras, Luna Park, Konex, etc. Y pudiendo estar en todos esos lugares, elegimos venir al IMPA. Porque más allá de que el lugar propone, por sus características arquitectónicas, acá nos identificamos muy fuerte con la cuestión política e ideológica del espacio y comulgamos con eso. Es una cooperativa igualitaria y horizontal de obreros metalúrgicos que diseñaron un nuevo sistema que combina trabajo, cultura, lucha y educación.”, nos recuerda López. Desde el 2008, aparte de realizar allí sus obras, colaboran con la gestión y programación del centro cultural que funciona dentro de la cooperativa. Claro está que las coincidencias son muchas: desde la ruptura con un orden impuesto y la propuesta de algo transformador y superador, hasta la forma de organizarse: “El proceso creativo es colectivo. Últimamente, yo esbozo un guion, que se pone en consideración de todos, y  partir de ahí, ponemos el cuerpo, ponemos música, y vamos proponiendo performances sobre algún tema.” Otro de los grandes interrogantes a la hora de conocer a un grupo de teatro independiente es cómo se sostienen económicamente. TSO eligió siempre la autogestión: “Militamos en este teatro, creemos en esto, por la autogestión, por la independencia y la libertad que nos da. Somos productores de nuestro propio espectáculo. Pasaron un montón de productores, pasó Grimback, Catalán, Patalano, que quisieron hacer cosas con nosotros y las hicieron, pero que en definitiva pasaron ellos y el grupo quedó. Siempre hubo un momento en que el grupo quiso hacer lo que quiso y lo hizo, más allá de lo que dictaminaba el mercado o lo que fuese.”, aclara López. TSO genera ingresos a partir de armar performances publicitarias y del dictado de cursos.

Llega el momento, entonces, de preguntar por el nombre. Teatro Sanitario de Operaciones. López nos cuenta que el nombre salió al azar. Literalmente, cuando hicieron su primera presentación en Dr. Jekyll, se tenían que poner un nombre, pusieron varios en una bolsita, salió ese y gustó. Con los años, fueron elaborando el trasfondo teórico: “Sanitario por esta cuestión de elegir discursos para las obras, habla de una moral o de un sanitarismo, lo que la gente reconoce como bien y mal, sin tener que explicitarlo; de Operaciones, porque como no éramos todos actores, nos manejábamos con acciones, los actores son operadores.”

El año que viene cumplen 20 años, pero no esperaron a las dos décadas para festejar. En el 2009, cual fiesta de 15, organizaron una retrospectiva y repusieron 3 de sus obras. A su vez, editaron en formato digital el libro “El Cuerpo en el Teatro Sanitario de Operaciones”, de pluma de Jackie Miller, una de las fundadoras del grupo. Allí hacen un repaso por sus referentes artísticos y analizan sus propias obras. Nuevamente, el cuerpo aparece en el centro de la escena y López lo explica claro: “El cuerpo es lo que tenemos. La mejor imagen en este teatro es el cuerpo del actor. La expresión, el gesto, el movimiento es lo que en nuestro tipo de teatro, hacen que se comunique algo”. El año pasado imprimieron el libro en la Cooperativa Chilavert y lo presentarán este año.

En el 2013, mientras preparan su próxima puesta que, anticipan, será una obra sobre Buenos Aires, encuentran un buen momento para hacer un repaso por todo lo transcurrido. Muchas cosas cambiaron desde 1996, desde la realidad socio-política al impacto que eso tuvo en el grupo, hasta el carácter de la participación del público: “Cuando arrancamos nos decían “punks”, “mimos skinhead”, porque como estábamos todos pelados y no hablábamos… No se entendía nuestra propuesta. En los 90’, el público era más agresivo, veníamos de años de un proceso de dictadura muy reciente, había mucha violencia y te pedían violencia. Hoy en día la gente no quiere violencia en los espectáculos, no quieren que la violenten, quiere otro tipo de participación. De ahí el tipo de propuestas que hacemos. Pasamos a hacer un teatro más sociológico con Kotidiana, por ejemplo, la última puesta que hicimos, que veíamos qué es lo que le entra a la gente en la fibra íntima o más cotidiana, y desde ahí es de donde se disparaba la participación. Antes se proponía desde otro lado. Nos colgábamos y nos tiraban cosas, esa cultura rock, punk que se fue suavizando con el tiempo. Son más educados y nosotros también, los tratamos mejor, los acompañamos, antes los empujábamos, los levantábamos y los arrastrábamos. Cambió la relación espectador – obra. Y el espectador es más consciente de este tipo de obra hoy en día”.

El proceso no se interrumpe y TSO ya tiene una arraigada identidad en el circuito cultural porteño, aunque esa identidad no le permite estancarse, y sigue los caminos de la experimentación y el cambio. Con el esfuerzo y el tiempo que conlleva, TSO no negocia y apuesta a la creación colectiva, manteniendo convicciones filosóficas que anudan el hecho artístico: “No creemos en la carrera  que propone lo comercial, es como una estrella fugaz, cuando brillás, en realidad te estás muriendo. Creemos en un proceso artístico, en una creación, en algo que continua en el tiempo, no en una cuestión de estrellato.”

“Un disco es lo mejor que le puede pasar a un músico”

Ojerosa cumple 10 años de amor y trabajo en el arte. En el 2013, a punto de lanzar su primer trabajo de estudio, te contamos desde adentro la logística que le hace el aguante a la pasión.

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Fotos: NosDigital

Está fresco en la sala de paredes anaranjadas y ladrillo a la vista. En Gorriti y casi Acuña de Figueroa, el clima se ortivó y bajó bastante la temperatura, pero igual me clavé las infaltables alpargatas azules que van perfecto con los joggins. Fallé igual, contra toda lógica, mi lógica, no tengo nada que tenga el escudo de River, ni CARP, ni siquiera los colores. Mala mía.

El Pela en cambio lo lleva en la piel, me había olvidado. Me siento en la banqueta, la relajo, los disfruto como desde hace años y le veo el tatuaje. Guiñadita de ojo y me dice: “Este año salimos campeones, papá”. Después canta “Murguita”, un temón de la Ojerosa; como hace añares, Alejandro Falcone le sigue poniendo la voz a la banda. Siempre con una rodilla flexionada que intercala con el hombro opuesto tirado para atrás, el micrófono en la derecha y batman en el centro de la remera lo envalentona para agitarla. Cada tanto se mira con Juanse, Juan Sevlever, a cargo de la magia en el saxo, las teclas y un bailecito particular con el que marca el ritmo para llenarse de pulmones el cuerpo.

A su derecha, otro crack vestido de blanco y rojo (hay equipo), Ramiro Vulijscher descose el bajo sentado en la banqueta de cuero gastado, más que gastado hecho mierda. De frente mira a Dona, Guido Donato que hoy no para de darle a la viola, y cuando digo no para, es realmente no para. La toca tremendo, de a ratos me quedo mirando las cuerdas y pienso ¿cómo carajo lo hace? Salgo del cuelgue cuando se frena la música y discuten arreglos. Nicolás Petrungaro vuelve a arrancar desde la batería, le da a los palillos y se va transformando. El labio de arriba se levanta, casi formando un cuadrado, los agujeros de la nariz se expanden, frunce el ceño y los ojos se le achinan filosos, sube los hombros, aprieta los dientes y paf, paf, paf… Uff, voló un platillo. Al equipo hoy le falta Pedro Lipovetzky, el pichón, que está de viaje por ahí, un poco lo envidiamos mientras empezamos la retirada. Las cosas cambiaron, de pendejos nos echaban de todas las salas, una vez nos sacaron hasta con un fierro. Igual la bardió el flaco, habíamos roto la pipeta de un micrófono nada más, pero creo que mi consejo a los pibes de negar todo no ayudó.  Peor era cuando llamábamos y cancelábamos o hacíamos la falsa reserva. Otros tiempos, ahora nos vamos y saludamos diciendo “Nos vemos el martes, campeón”.

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ojerosa“Se me hizo tarde, estoy saliendo”, mando desde mi celular. Le doy duro a la bici, casi me paso cuando veo el cartel del bar. La engancho en la vereda y me salteo un par de escalones a las apuradas. Paso por el escritorio que hace de recepción, estoy en la lista de amigos y la chapeo un poco. Un par de pasos más y el patio. A mi derecha, un mural sostiene la pared. A mi izquierda dos puertas de madera. Se escuchan desde acá, son los pibes tocando.

Hace diez años que vengo, papá. El primero fue en el 2003, imaginate que El Pela tenía pelo largo y cantábamos “Yo nunca entiendo porque la gente se muere de hambre si somos todos hermanos compartamos este matambre…” Jajajajaja, ese mata. Pero los de ahora son diferentes porque están presentando los temas del primer disco de estudio. Después de diez años, un demo y un EP llegaron.

Llegaron y crecieron. Maduraron su propia idea de banda, porque una banda quieren tener todos cuando son pibes, pero en un momento tenés que dejar de tocar “La bestia pop” de los Redondos porque es la única que sabés y ponerte a laburar. Dejó de ser un hobbie, y eso nada tiene que ver con no seguir disfrutando, pero así como cada uno se va buscando sus laburos y proyectos, la banda empezó a caminar para profesionalizarse, ¡ja, me encanta esa palabra! “Al profesionalismo además se llega no solo para la gente que te va a ver, sino para cada uno de nosotros como músicos y como amantes de la música”.

El otro día, lo hablaba con otro flaco mientras los pibes desarmaban después del ensayo, cuando arrancás estás manija, querés tocar y tocar. Después te das cuenta que para tocar y tocar, tenés que aprender. “Lo interesante es que surgió la idea a mediados del 2002 y dijimos bueno listo dale, entonces hay que aprender a tocar y ahí arrancamos”.  Las cosas que arrancan a la inversa también puede funcionar, pudieron más las ganas y los huevos. Ahora la movida es otra, el tema del compartir el matambre ya no juega, aunque es tremendo. “El único que está vigente, que no está en el disco, pero lo seguimos tocando, es uno que salió apenas después de eso, en realidad fue el primer tema serio, una careta peligrosa”.  Y eso del “primer tema serio” abrió un montón de caminos nuevos, tampoco vamos a decir ufff qué serios son los pibes si en la mitad de esta charla metimos broma telefónica que terminó recordando la tapa del primer disco, pero la cuestión se perfilaba diferente. Igual tranquilos, hay grabaciones de todo esto que evidencian lo mucho que crecieron: “Ahí en ese momento como que empezamos a experimentar desde la música, en realidad no sabíamos mucho y a la vez éramos un grupo de amigos que se juntaba a tocar”.  Por suerte, hay cosas que nunca cambian.

ojerosa¿En que estábamos? Claro, en la presentación del primer disco de estudio después de diez años. ¡Eu zarpado, no les digas dormilones! La onda no es que son unos té con leche y se colgaron una década para entrar a grabar. NO, ¿qué más quiere un laburante de la música que tener su propio disco? Pero grabar es alto bardo, más para una banda del under. Aunque el primer EP que armaron fue de taquito y tiene una historia épica: “Tenía tres temas: ‘No sé por qué’, ‘La muerte’ y uno más de esa época ‘Caña seca’ de los Redondos. Ese cd, de lo cara duras que éramos, fuimos a la fiesta de 15 de una amiga y lo pasaron. ‘Che Pau, tenemos un regalo’ le dijimos. Es el primer ensayo que grabamos, está buenísimo. Lo más gracioso es escuchar entre tema y tema las boludeces que decíamos”.

El disco que se venía era mucho más difícil que esa experiencia del 2003. Yo lo seguí de cerca y los pibes me fueron contando el paso a paso. Lo primero que tuvieron que hacer fue fijar un presupuesto. Porque no vamos a sacarle mérito a la magia de quien toca un instrumento, pero la fija es que más guita ponés mejor vas a sonar. Es una de las problemáticas con las que te encontrás cuando sos un músico independiente, una de las tantas, la guita. Entra en juego todo, el instrumento, el lugar donde tocás, cómo te graban, quién te graba. La ecuación es simple, más guita es igual a mejor calidad de sonido.

El presupuesto de los pibes era bastante acotado, justamente porque sale de ellos mismos, de su laburo, de su bolsillo. “Más o menos nos fijamos cuánto podía poner cada uno, hicimos la cuenta y bueno dijimos ‘esto es lo que tenemos para poner’”. Estaban lejos de grandes números y necesitaban acomodar los pesos para que funcione. Yo, mientras me tiraban todo este panorama, me ponía a pensar cuántos de los nos ponemos a escuchar el disco de una banda pensamos en todo el laburo, el esfuerzo y las historias que hay atrás. “Hoy en día yo creo que un disco, para empezar a hablar de un buen tiempo de grabación, de mezcla, de master… se va arriba de las 40, 50 lucas”. La posta es que ellos, sin más vueltas, estaban arañando la mitad de ese presupuesto incluyendo la edición, tema aparte, claro. Era el momento de hacer magia, de hacer que esa guita rinda para poder llevar adelante un disco hecho por ellos mismos, un disco totalmente suyo.

ojerosaHace un tiempo, me contaron de la UMI, la Unión de Músicos Independientes. Claro, ¿cómo no se me ocurrió antes que los pibes no estaban solos frente a este monstruo de la industria musical? Resulta que esta organización engloba todos los géneros a lo largo y ancho (me gusta cómo suena la frase armada) de todo el país, trabaja para que el que quiera hacer música de manera autogestionada encuentre herramientas que se lo faciliten y que se lo permitan hacer con calidad. ¿Qué es esa paparuchada de que el under es de segunda? La UMI pelea por mejores condiciones  para la música independiente, condiciones que son de difícil acceso. No por nada es una problemática que atraviesa a gran cantidad de las bandas.

Justo hace unos meses estaba escuchando el programa de radio Vámonos de Casa y paré la oreja cuando salió al aire el socio fundador de esta organización, Cristian Aldana. El tipo la tiene clarísima, ¡miralo al de El Otro Yo, eh! En un par de frases aclaraba el panorama de un tirón: “El músico independiente es el músico que pagó la grabación para su propio disco, el músico que es dueño de su propio master, el músico que desarrolla su independencia generando la venta de su propio disco en los recitales o distribuyéndolos en las disquerías. Básicamente es el dueño del producto final, de su propia obra. Es el gestor cultural de su propio producto musical” .

Justamente ese era el camino, los pibes querían ir por ahí y hacerlo a pulmón. Después las satisfacciones, chicas o grandes, van a ser solo de ellos. Y todos los que los bancamos siempre vamos a estar ahí para festejar como corresponde.

Me pongo a pensar y fue tremendo todo lo que hicieron el año pasado. Presupuesto en mano. Sala elegida. Productor decidido, punto importante muchachos, es el DT del equipo: “Es el tipo que te va a ordenar, te va a indicar por qué camino agarrar, por dónde llevar la canción”. Quedaba meterse a ensayar. En el oficio de la música hay dos realidades distintas, una cosa es el vivo y otra el estudio y los pibes se golpearon contra eso. “Son dos formas de tocar, dos formas de sentir las cosas y las dos necesitan práctica, el camino es progresivo en el conocimiento”. En el vivo, muchas cosas pasan desapercibidas pero cuando estás grabando la situación es otra, te das cuenta que no sonás lo necesario y le tenés que meter más huevo. “En un disco cuando cada tema tiene su personalidad, cuando cada tema es un tema importante, uno presta más atención. Lo más duro fue darnos cuenta de esto y decir ‘Bueno, hay que afilarnos’”. En esos momentos, me mordía el labio y no podía creer la garra con que enfrentaban las cosas.

Así que empezaron un trabajo duro y se separaron, un día ensayaban las bases (batería, bajo y guitarra) y otro lo hacían todos juntos. Esto de darte cuenta que no te escuchás como querés puede parecer una boludés, pero no lo es, porque no hay infinito tiempo de grabación, el tiempo es el que permite el presupuesto: “La realidad es que teníamos que ir y meter los temas que queríamos en “x”  cantidad de horas y eso es lo que a uno lo complica, porque es ir contra reloj”.Otra vez la guita girando en medio de ecuaciones difíciles de resolver.

ojerosaCuando por fin tocó entrar a grabar, el reencuentro hizo que valga la pena tanto esfuerzo y laburo. El proceso había logrado descubrir el propio estilo de la banda: “La realidad nuestra es que recién el año pasado empezamos a definir nuestra identidad y a poder pulir las canciones. Creo que el mejor trabajo que nos dio el disco fue empezar a conocernos realmente y ver por dónde íbamos, lo que no es algo fácil ni de darse cuenta, ni de interpretarlo, ni entre nosotros mismos. A partir del disco empezamos a encauzar la banda en un lugar que hasta el momento no lo teníamos”.

¡Vamos los pibes, che! Llegaron al estudio a pleno, pero el tiempo de grabación que fue de septiembre a diciembre, se prolongó mucho más de lo que esperaban. Planearon algo que organizativamente era casi imposible, teniendo en cuenta que las jornadas duran diez horas promedio, que todos trabajan, todos tienen horarios diferentes y que esas dos caras de ellos mismos tienen que lograr convivir. “Tiene que ver con que sería hermoso estar todo el día dedicado a esto, pero la realidad es que en un momento teníamos solo los fin de semanas y por ahí muchas veces coincidía que uno no podía. En definitiva chocamos con una doble realidad”. 

Varios meses después lograron mezclar y masterizar. Ahora el problema es otro, tener la guita para poder editarlo. Sacar el disco en un soporte físico es ver tu esfuerzo materializado, “Es algo que va a quedar, es algo tuyo. Es una cadena de laburo que terminó en algo, que concluyó en algo. Es un laburo que nosotros le pusimos y lo terminamos.”

Por otro lado, es encontrarse con un nuevo desafío. Los pibes saben tocar pero al momento de sacar un disco tenés que afrontar un montón de otras tareas que a veces le son ajenas. Me quedó picando lo que tiró el de la UMI, porque posta que es tal cual: “El tema es que vos grabás, vos tocás tu instrumento pero después hay un montón de cosas que exceden a lo musical, registrar el disco, hacer las copias, un montón de cosas que nos tenemos que interiorizar”. Me metí en la web, y la solapa de “Preguntas frecuentes” y las charlas que brinda la organización parecen ayudar a resolver muchas de las consultas que surgen para que editar un disco en formato profesional pero independiente sea un poco menos complicado.

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El arranque los encontraba sin la necesidad de grabar. Las pulsiones de banda tenían otros mambos, iban por otro lado. El crecer los llevó por otros caminos.“Llegar a creer en la banda lleva tiempo”, dicen. Maduraron juntos y cada uno, maduramos en realidad, porque la Familia Ojerosa sigue acompañando. Ya pasaron los cumpleaños de 15, los ensayos, la eterna base de bata de la Bestia Pop. Llegó el laburo, viejo. Pero el laburo lindo, el que te cuesta porque te cuesta el bolsillo, el rato que era de la birra después del trabajo y ahora es del ensayo, el finde que podía ser de quinta pero ahora es de grabación, las juntadas en las que se hablaba de futbol y ahora se discute el arte de tapa. El que cuesta y a la mierda que cuesta, pero que te infla tanto el pecho que casi se te sale el Batman del centro de la remera. Llegó el disco cuando tenía que llegar, sin los diez años anteriores a puro huevo no hubiese llegado nunca. En realidad, está en camino, los pibes le bancamos la espera. Agarro una birra, el pela me mira como cuando éramos pibes y dice: “Un disco es lo mejor que le puede pasar a un músico”. Para mí, ya podemos empezar a brindar.

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Compromiso con el decir

La Chancha Muda está cerca de cumplir diez años de historia, y esta década los llevó desde los grafitis en Parque Chacabuco hasta una fuerte presencia en las redes sociales. Próximos a presentar su cuarto trabajo de estudio, el 21 de diciembre despiden el año en La Logia.

No te la puedo creer, estos pibes en Facebook. ¿Estarán también en la red del pajarito? Qué cracks, también en Twitter. No es que están cada uno de ellos, no los busqué realmente porque creo que  no interesa, la banda son ellos y ellos son la banda. Ya rompían bastante las pelotas con los grafitis en la secundaria, copaban Parque Chacabuco y un par de veces pensé: ya se les va a pasar. Éramos pendejos, yo era bastante más chica, cuando estaba en primer año ellos estaban en quinto y eran la sensación del momento, por lo menos entre las chicas de mi curso. Después egresaron, yo me mudé, cambié de colegio y ya no los vi. Ahora me los encuentro por las redes sociales y siguen ahí firmes con su música, parece que los sueños no egresan ni caducan.

Fotos: Nos Digital

El año 2001 vio nacer muchos proyectos, por esos tiempos, ellos craneaban una banda, una idea, unas ganas de tocar que 730 días después (¡Apa!, hiciste la cuenta) tomaba forma. “La idea era un poco en su momento divertirse, creo que después con el paso del tiempo fue tomando un carácter más serio del que tenía”. Por el 2003 las ganas tomaban forma y se materializaban en La Chancha Muda, seguro que a vos también te causa intriga el nombre y pensaste ¿Qué flashearon estos pibes? La historia es mucho más simple, tardé un par de años en averiguarla, es que en el secundario me daba vergüenza ir y preguntar, pero casi diez años más tarde, en el barrio de Boedo, previo a un acústico que estaban por regalarnos, me acerqué y no contuve las ganas de saber. “Es la frase de una película de Sandro. Es una pavada que surge de un chiste interno que terminó siendo nombre. Estábamos viendo una película de Sandro y en un momento dice una frase ‘La chancha es muda’ empezamos a joder con eso y quedó La Chancha Muda”.  

¡Con que era solo eso! Ahora ya lo sé y estoy a punto de volver a verlos tocar después de tanto tiempo, sin la ropa del colegio y diez años más grandes. Aunque a Gonza, cuando toma el mando del micrófono y nos saluda a los que birra en mano esperamos el arranque, se le trasforma el gesto en el de un pibe inquieto que cierra los ojos y deja salir la voz rasposa del grito contenido hecho canción. Lo sigue disfrutando igual que hace tiempo, él y todos, es que Gonza, que es Gonzalo Pascual voz de la banda comparte el camino con Martin “Turco” Libonati y Fernando “Tano” Sciammarella en guitarras, Gonzalo Mammano en el bajo, Christian “Tama” Tamanaha en saxo, Diego Charadia en batería y con Ignacio Dueñas en percusión. ¡Hay equipo!

Es raro volver a verlos, suenan diferente, cada canción parece sonar mejor y ellos también entienden los cambios que fueron viviendo desde el primer demo “Demorados” en el año 2003. “Ese demo fue una grabación muy casera que hicimos en la sala de un personaje muy particular. Fue la primera experiencia de escucharse más que nada”. Lo del personaje muy particular me queda picando, pero prefiero seguir hablando de su historia. “A medida que van pasando los años uno empieza a pensar de otra forma, empieza a ver un montón de cosas y las traslada. En realidad no es que uno las traslada a la banda sino que la va trasladando a cada cosa de su vida, entonces de repente te encontrás en una situación que decís ‘bueno, si con esto puedo hacer tanto, hay que darle’, y está en cada uno cómo se lo toma. Cada uno le va encontrando sus motivos para que surja esa necesidad de tomártelo en serio, me parece que cuando uno encuentra esas cosas está bueno porque lo empieza a tomar diferente y la banda empieza a crecer en general en un montón de aspectos”.

Cambiar el lente y mirar las cosas parados desde otro lado hizo que la banda no pare de crecer. Desde ese momento, la historia de La Chancha Muda es algo así como una acción-reacción continua que gira y gira y toma fuerza en cada vuelta: “Generalmente, nos pasa que somos muy exigentes con nosotros mismos, estamos haciendo algo y ya queremos ir por otra cosa, por más”. A cada paso que daban seguían siempre creciendo y con una realidad diferente llegan a su segunda grabación en el año 2006 “Como sentirme lejos”, que aunque remarcan que también es un demo pero de mejor calidad y con más temas, sienten el avance: “Se notaba la diferencia que había de uno al otro, el trabajo, el tiempo que se le empieza a poner en todo esto, la plata. Te escuchás y decís, quiero más. Después de ese disco hubo muchos cambios en la banda y estuvo bueno después más adelante volver a grabar algo, aunque sean cinco temas. Ahí ya la banda había empezado a adquirir un poco la identidad que quería”.

Ese volver a entrar a grabar da a la luz a “A volar” en el año 2008 y los encuentra en el medio de un torbellino de cambios para la banda. “Siempre fuimos en ese camino de que terminábamos uno y nos dábamos cuenta que habíamos crecido un montón, junto con eso también estuvieron todos los cambios de que se fueron algunos, otros vinieron. Fue toda una época, propia de la edad, de muchos cambios, todo el tiempo encarando nuevos proyectos, nuevos caminos, viendo a donde nos sentíamos más cómodos y qué era lo que nos gustaba”. Ese camino, de esquinas y vueltas y giros que se fue haciendo y encontrando a sí mismo también vio crecer a medida que avanzaban, las diferentes maneras de encarar la composición que fue descubriendo la banda, hasta que hoy, ponés play en alguna canción y la letra te cachetea con realidades que te obligan a irte a tu casa mínimamente maquinando algún tema.

La Chancha Muda hoy es compromiso con el decir, con el cantar que se une con fusiones de ritmos que incluyen casi inconscientes a las palmas del público para envalentonar las voces: “Cuando empezamos era otro el estilo, era otra la manera de hacer la música, otra manera de escribir, eran otras cosas las que nos pasaban, las cosas que nos importaban, las cosas que nos llegaban. A medida que fue pasando el tiempo y fuimos creciendo, crecimos también en ese sentido. Empezamos a ver otras cosas, nos empezaban a llegar otras cosas, obviamente hoy tenemos un presente donde tiene mucha importancia ese aspecto a la hora de componer, pero justamente porque son cosas que nos afectan bastante entonces le damos mucho lugar a la hora de escribir. Pero también creo que fue progresivo, con el tiempo y con los cambios creo que empezaron a aparecer otros temas”.

Es que la historia de la banda es esa, el cambiar y renacer para seguir avanzando. Desde el colegio, donde los conocí hasta este acústico en el barrio de Boedo todo fue seguir para delante y en ese camino hace unos días entraron a grabar lo que va a ser su cuarto disco. “Esta vez pudimos tener la prudencia de decir paremos, esperemos que maduren esos temas, que maduremos nosotros, que nos asentemos un poco más. Entonces, como que se planificó de otra manera, por eso pasaron cuatro años y recién ahora nos estamos metiendo a grabar, peor con otra preparación con otra planificación, con otros objetivos, la idea es que para principios del año que viene esté ese disco”.

“¿Cómo me lo van a decir faltando tanto tiempo? ¿Qué se hace con la manija?, me pregunto mientras termina el show y después de los saludos y las promesas de volver a vernos. Bajo las escaleras pensando en lo flashero que fue reencontrarme con los pibes que cantaban en el colegio y que lo siguen haciendo con esa misma pasión, es que ellos lo dicen en sus temas: “Si no ponés todo, no ponés nada”. Definitivamente los sueños no egresan, no caducan, ni se venden; los sueños crecen, se fortifican, caminan pasito a pasito y de a ratos paran la pelota para mirar para atrás y ver sonriendo lo mucho que se logró recorrer.

 

El ritmo entre los cuerpos

La música latina, y la cumbia en particular, cada vez se expanden por más escenarios y se contagian hacia nuevos públicos. En los últimos años, se multiplicó la cantidad de grupos y hoy lideran la noche porteña. Salir de fiesta, escuchar música en vivo, bailar sin prejuicios y recuperar las raíces musicales del continente son las distintas aristas que exhibe la cumbia hoy. NosDigital se metió en el detrás de escena y charló con Tom Viano, de Cumbia Hasta El Lunes, y Matías Jalil, de la Orkesta Popular San Bomba.

Noche. Un sábado cualquiera de esos que anticipan el verano. El reloj dice que aún es pronto para arrancar y hay quienes todavía ni cenaron. Pero en algún barrio porteño, tras unas puertas macizas que en unas horas se abrirán de par en par, se está amasando una joda. Afuera, la calle y sus historias de siempre; adentro, la previa de una noche para sacudirse la semana del cuerpo, encontrarse, reírse y bailar. Bailar con él, con ella, de a tres, en ronda o solos. Y los preparativos arrancan temprano, porque la música que sacudirá los cuerpos, los ritmos que nos harán vibrar, se tocarán en vivo desde ese escenario de ahí, ese en el que ahora los grupos están probando sonido. Nada de pistas ni temas enganchaditos. Esto es música. Y hoy va a ser una fiesta.

Para decirlo con un poco de glamour, estamos en el backstage de la cumbia, ese ritmo que se contagia y se expande cada vez más por los escenarios y el público porteños. Es candente la polémica que discute si se trata de una “nueva moda” o es solo una etapa más en la abultada historia de este género musical que ha trascendido las fronteras de un continente y se ha ramificado hasta el infinito. Quizás convenga hablar de un resurgir, de fusiones originales o de nuevas búsquedas. Como sea, no hay duda de que acá algo está pasando. Mientras terminan de acomodarse los equipos, de afinar una guitarra y de hacer sonar algunas congas como para que ya vaya temblando el piso, nos sentamos un ratito a charlar con Tom Viano, voz de Cumbia Hasta El Lunes (CHEL), y Matías Jalil, director y compositor de la Orkesta Popular San Bomba. Estas dos formaciones diversas y con acercamientos distintos hacia el género nos permiten una mirada múltiple hacia el abanico de posibilidades que alberga la cumbia hoy.

Tom Viano, voz de Cumbia Hasta el Lunes. Foto: NosDigital.

Cumbia Hasta El Lunes empezó hace tres años, con otra formación y como una banda de covers. Después de un año y medio por ese sendero, sus integrantes comenzaron a sentir la necesidad de consolidar la identidad de su música desde la composición de canciones propias. Durante el 2012, hicieron el ciclo “Cumbia hasta el lunes, en serio” en Uniclub, y la rompieron. Hoy son 9, y este fin de año los encuentra en los preparativos para el lanzamiento de su primer disco, con 9 temas propios, en un repertorio que indaga sobre la cumbia con violas distorsionadas y melodías rockeras. Orkesta Popular San Bomba surgió en el 2008 por iniciativa de su director que, tras su trayectoria como músico y docente en talleres de música latinoamericana, comenzó a buscar nuevas experiencias y lo sedujo la idea de la orquesta. El camino arrancó con un concepto amplio de la música popular, con la interacción de diferentes niveles musicales y un laburo colectivo que engrane las partes para que se arme el conjunto.  Este año, estuvieron presentando su primer disco “Sal de tu cuerpo”, que invita a un recorrido por los ritmos de la región, y no pararon de tocar. Hoy son 22 integrantes y ya están entrando a grabar su segundo trabajo de estudio, que promete más fusión.

Se arma el baile

Matías Jalil, director y compositor de la Orkesta Popular San Bomba. Foto:NosDigital.

“La gente quiere celebrar, quiere bailar, quiere levantarse minas o levantarse chabones, la gente quiere usar el cuerpo. Las fiestas son de los pocos espacios sociales destinados a usar el cuerpo, a dejar de hablar un poco y empezar a bailar”, así entiende Tom Viano (CHEL) la movida que se viene armando desde hace algunos años. Matías Jalil, de San Bomba, reconoce que a la hora de seleccionar ritmos del amplio abanico de música latina, la elección por la cumbia vino de la mano de la posibilidad de generar baile: “Siempre tocamos cumbia, pero hoy estamos en un momento de resurgir del ritmo, y de una apropiación para hacer una cumbia propia. Y para nosotros, la mejor sensación es la de estar en el escenario y que la gente esté bailando abajo, ese ida y vuelta, hay algo ahí que se arma entre todos. No es que nosotros les bajamos las melodías, sino que viene de ellos también”. En eso parece coincidir Viano: “Nos gusta mucho hacer bailar a la gente, es algo muy único y creemos que siendo cada vez más sinceros con lo que somos musicalmente, más power va a tener la banda.”

Cuando los reflectores enfocan a la pista, la cosa se vuelve todavía más clara, y Tom Viano agrega: “Es usar el cuerpo para un montón de cosas, en principio creo que usarlo por usarlo, para sacarle un poco el óxido al cuerpo. Después, es hombre-mujer, o bueno, hombre-hombre, mujer-mujer, relación sexual digamos, atracción sexual. La cumbia como toda Latinoamérica es súper sensual. Hay gente que le pasa lo mismo con la música punchi, pero es cierto que la música latina tiene mucha cadera. Por suerte, nos tocó vivir en un lugar en el que para bailar hay que mover la pelvis y eso no es cualquier cosa.” Y viene a cuento el nombre del primer disco de la Orkesta Popular, “Sal de tu Cuerpo”: “Salió de ese juego de palabras de salirse del cuerpo para cualquier expresión y de la sal del cuerpo, de transpirar la camiseta.”, cuenta Jalil.

En ese condimento, en esa cadencia, en la curva de una cintura o en el vaivén de una pelvis, empieza a resonar en esta charla la referencia obligada que abraza a la cumbia: América Latina. Es que este género, con su patrón rítmico se convirtió en la pasión de un continente. Y si hablamos de resurgires de esta música, no podemos dejar de mirar a la región. Matías Jalil señala: “Es un contexto histórico muy latinoamericanista. Acompañado de ese envión, hoy hay un montón de grupos de música latinoamericana. Hace diez años éramos cuatro o cinco y hoy está lleno, y también hay otra aceptación, la gente empieza a venir.”

Fusiones degeneradas

Si hay algo que permiten vislumbrar Cumbia Hasta El Lunes y Orkesta Popular San Bomba, es que a lo tradicional siempre le redoblan la apuesta. Basta recordar los orígenes rockeros  y la búsqueda de una sonoridad propia de la CHEL, y la formación atípica de la Orkesta, que incluye acordeones, cuerdas, vientos, percusión, bajo y guitarra eléctricos, y una cantante.

Estamos de acuerdo. La convivencia de ritmos dispares se da hasta en la lista de reproducción de cualquier mp3, las fronteras de los géneros son cada vez más difusas y ya son pocos los que se categorizan determinantemente debajo de un rótulo. “Hoy por hoy te diría que el rock y la cumbia, hasta el punk y la cumbia están codo a codo, hay  un montón de movidas cumbieras punk-rockers, y yo vi a un montón de punkies bailar cumbia como locos, sin ningún tipo de prejuicio. En el fondo, lo que está es la música. Te podrá gustar más o menos, pero cuando uno puede sacarse el prejuicio, disfruta.”, afirma Tom Viano. Es que hoy en día, una misma persona va a un recital de Divididos, escucha folklore y el sábado va a bailar cumbia. Matías Jalil comparte: “Nosotros crecimos con el rock y había como un público muy marcado de ese género, hoy está como más mestizo. Uno puede ir a un recital de rock y puede ir a ver a una orquesta, como parte de diferentes públicos. Se va armando otra cosa”.

Cuando se insiste demasiado en la transición que hicieron del rock a la cumbia los integrantes de CHEL, Viano aclara: “Nosotros venimos del rock y seguimos un poco en el rock, no es que nos fuimos. Aunque nos gusta mucho, no somos folklóricos. Estamos en un escenario, tocando cumbia y haciendo a la gente bailar, pero seguimos haciendo música. En realidad, vamos atrás de la canción. La cumbia es un género que nos atraviesa y que también nos ayuda en la búsqueda de esa canción.” Matías Jalil larga enseguida que, aunque le encanta la cumbia tradicional, para él cuanta más variedad de sonidos haya mejor. Durante este año, la Orkesta trabajó con un Dj: “Fue una experiencia re copada, porque justamente intentamos trabajar esa convivencia. Pero no con los instrumentos subidos a una base, sino el Dj como otro instrumento, mezclado en un montón de ritmos de cumbia. Está buenísimo”.

Problemas transgénero

En los nuevos circuitos que van abriendo la cumbia y la música latina, cada vez pesa con más fuerza la música en vivo. A la hora de salir, por ese intercambio entre el abajo y arriba del escenario, la tendencia es elegir lugares donde toquen grupos. Y con esta dinámica, se reaviva el viejo problema de las condiciones de los lugares. Tom Viano afirma: “Hay muchas orquestas dando vueltas, muchas bandas, mucha música en vivo. Eso es espectacular. Pero hay que lograr que sea cada vez en mejores condiciones. Nos debemos una revalorización de lo que es la música en vivo, hay mucha gente todavía que se llena mucho los bolsillos invirtiendo muy poco. Para mí había dos posibilidades después de Cromañón: cerrar todos los lugares o laburar con los lugares para que puedan existir de una manera que cuide a la gente. Y todavía no se tomaron decisiones políticas serias de valorar los espacios de la música”.

Ya con las puntas de los pies tocando el fin del 2012, año de puro crecimiento para la Orkesta Popular San Bomba, Jalil denuncia problemáticas similares: “Ningún escenario está preparado para nuestra formación, excepto en festivales grandes con más infraestructura. Este año armamos algunas fechas, pero para tocar todos los meses no podés armar todas las fechas solo, así que también nos estuvieron llamando bastante de fiestas. Tocamos en el Konex varias veces que nos invitaron, y al final hicimos ahí una fecha nuestra, que fue un poco como el cierre del año. Es difícil porque mirá, fueron 600 personas al último Konex, y si te digo la plata que nos quedó a nosotros… no nos quedó nada. Hay algo entre lo que hacemos y lo que pasa… el señor konex, en este caso, o no sé quiénes se quedan con mucha plata. Entonces, vemos que va creciendo el público, pero pasa que hay pocos lugares para esa cantidad de gente, y los que hay, obviamente te abrochan mal.”

Quizás este sea un buen momento para volver a poner el tema en la agenda y revitalizar el reclamo. Mientras tanto, los grupos que hoy están en el centro de la escena son conscientes de las problemáticas que los atraviesan y se empiezan a pensar como un colectivo: “Todo lo que sea la movida que se está armando en capital son espacios que nosotros proponemos como espacios de crecer, y de crecer también con otras bandas. Ya pasó la época de pisar cabezas para llegar, ya no va más, está científicamente comprobado que no funciona, no trae la felicidad. Tratamos de verlo como una movida más grande, de vernos a nosotros como parte de una movida más grande.”, dice Viano.

Sonido muy propio

Otro de los puntos de conexión entre la Orkesta Popular San Bomba y Cumbia Hasta El Lunes es su producción independiente. La Orkesta trabaja de forma autogestionada, se pagan como músicos, a partir de una subdivisión según las tareas. Jalil aclara que no en forma de cooperativa tradicional, pero sí colectiva. La misma búsqueda se replica en la producción de los discos: “Para el músico independiente, hacer un disco es plata, si tiene más canciones son más horas de grabación. Un poco con la orquesta lo que hicimos con el primer disco y vamos a seguir en el segundo, es un formato más simple, con menos canciones. Es una forma que nos permite ser contemporáneos de lo que vamos tocando y haciendo. Me parece que para las bandas independientes que tienen esa manera de autogestión, todo el tiempo hay que estar viendo cómo grabar. Por eso, también le dimos como un valor al arte del objeto disco, que sea algo lindo, que se quiera tener y escuchar, y te den ganas de escuchar el próximo. Así y todo sale carísimo, 40 mil pesos es el presupuesto que hicimos para el que viene. Se trata de buscarle la lógica al mercado para poder trabajar desde la autogestión. Nosotros con este experimento que hicimos en este año ya reeditamos y estamos por hacer la segunda reedición, y se vende en los shows y en algunos lugares nomás.”, cuenta Matías.

Tom Viano define a CHEL así: “Somos una banda independiente, grabamos nosotros, mezclamos nosotros, componemos nosotros, y eso es lo que se escucha y lo que sale.” Por su parte, la entrada viene de los shows: “La entrada es el show, es tocar en vivo. Este año nos fue muy bien con el ciclo en Uniclub. Y veremos que pasa con el disco ahora, el año que viene presentaremos.”

Imagen de portada: The soul for Creativity / PH: Manuel Padilla

Cumbia Hasta El Lunes: www.facebook.com/chel.cumbiahastaellunes
www.cumbiahastaellunes.com.ar

Orkesta Popular San Bomba: www.facebook.com/orkestapopularsanbomba
http://orkestapopularsanbomba.bandcamp.com

¿Tributo a quién?

A Magoya, papá. No son dobles de Sabina ni de Arjona ni de los Wachiturros. No, son otra cosa. Una cosa que se ríe de las otras cosas y que arma una fiesta cuando toca: trece músicos, saxo, una sección entera de percusión. En mayo cumplen su primer aniversario y ya son toda una revelación.

Fotos: Nos Digital.

¿Tributo a quien? Y claro, esa debe haber sido la pregunta en boca de todos, dos años atrás, cuando la banda nacía y la moda era hacer tributos desde Arjona hasta Pappo.
Ellos decidieron ser Tributo a Magoya. Si Magoya existiera, que orgulloso estaría, pensamos.
Pero después de conocerlos en su sala de ensayo una calurosa noche de jueves, nos damos cuenta que en realidad Magoya son todos pero sin su tributo, porque tocan obras de otros artistas, aunque lejos de hacer covers hacen versiones en donde los temas son transformados y adaptados a su formación.

Tributo a Magoya, lleva desde el 2010 ofreciendo un nuevo estilo. Nació de la fusión de un grupo de percusión y un trío de rock.
“Sobre eso empezamos a construir un concepto musical que se basa en que estén presente los instrumentos básicos del rock, la guitarra eléctrica, el bajo, después se incluyó el saxo y en vez de tener un baterista lo reemplazamos por una sección entera de percusión”

En la actualidad son trece personas que sobre un escenario interpretan diferentes ritmos con una energía embriagadora.
Lejos de ser un obstáculo, tanta cantidad de generaciones (hay hasta una niña en camino) resulta positivo. “Suma la diversidad de formaciones, de miradas, de conocimientos, de ideas” afirman.
“Cada uno lo que trae lo va poniendo a la banda, toda la diversidad que se ve arriba del escenario hace que la gente que no te conoce se quede mirando, tiene mucho para ver”
Mas allá de las dificultades que genera que sean tantos en un espacio físico, muchas veces poco bastos, mantienen un orden en el escenario. Las chicas marcan la delantera, la guitarra, el bajo y los saxos las escoltan a sus costados, atrás la percusión y en el centro quien los dirige, el nueve del equipo.
Son un grupo democrático, todos cantan y todos hacen improvisación. Lo más pedido por el publico.
“A la gente es lo que mas le gusta, peor hay que mezclar eso con un poco de nuestros temas. Nos tenemos que ir afianzando y que a la gente le vaya quedando”

En estos dos años de camino, fue mucho lo transitado. Como músicos están más sueltos y seguros, como grupo mas afianzados. Un balance que por donde lo mires es provechoso.
“Hubo una homogeneización del grupo, porque las diferencias de edades, de generación y de criterios al principio fue un poco complicado unificarlo. Pero de un tiempo a esta parte hubo pequeñas crisis que nos hicieron crecer y saber que estamos todos en un mismo camino”
La unificación se nota a la hora del show. Juntos son un remolino de actitud que avasalla. Actitud rock que los hace terminar agotados pero felices después de cada saludo final.

Al momento de definirse son contundentes: “Esta banda es un milagro. Teniendo en cuenta que estamos en una época de todos muy al palo, todos muy enloquecidos, llegar a que casi 15 personas congenien para formar un proyecto es un milagro hoy en día”
No es tan fácil poder catalogarlos. La banda, conjunto, grupo, es difícil de encasillar “Somos una banda bastante inclasificable, bastante rara, por cantidad de gente. Las diferencias de edades, que haya chicas y muchachos en un balance bastante parejo, el repertorio que hacemos, los instrumentos que tocamos, todo es raro en nosotros”

Llegan a su aniversario en mayo siendo un milagro.
Afrontan el año con muchos temas en carpeta que esperan ser tratados e incorporados en el repertorio, gran cantidad de shows y la idea de sacar su primer disco.
Milagro raro que gana protagonismo.