Las sombras no esconden

Situada en la Argentina del 78’, la ópera rock de Mariano Cejas se adentra en la herida de una familia oprimida por el silencio. “Los restos de la memoria” enfrenta la impotencia de representar la ausencia y de narrar lo impensable de la desaparición.

La memoria opera según parámetros difíciles de medir y comparar con variables lineales como el tiempo. Recorre otros caminos, deja otras huellas y recrudece su actividad a partir de impulsos insospechados. La memoria colectiva, por su parte, se alimenta exponencialmente del amor y la resistencia de las fuerzas vitales contra la muerte; el amor también es político. Como construcción social, la memoria se mantiene activa, cada día edifica un nuevo puente entre el pasado y el presente y resignifica sus sentidos. La memoria es caliente. Entrelaza manos, abraza sueños y da abrigo.

El hierro, en cambio, es frío y punzante. Refracta una luz gris que te sumerge en la más cruda soledad y te deja atrapado entre sus filos.

¿Puede un recuerdo hueco, ausente de cuerpo, quebrantar la cárcel paralizante que impone el hierro? ¿O es justamente esa falta la que potencia el deseo de seguir encarnando el lugar de ese otro arrebatado?

***

_DSC4535“Esta es una obra a favor de los derechos humanos. Me interesó representar y transmitir sensaciones, más allá de la literalidad de la violencia”, expresa Mariano Cejas, director de Los Restos de la Memoria. En esa búsqueda, la obra nos asoma a la vida cotidiana de una familia argentina en 1978, cuyo padre ha desaparecido. Desde esa perturbación absoluta de cada espacio de la intimidad, desde el desgarramiento del día a día, se reflexiona en torno a los efectos corrosivos del silencio y la incertidumbre sobre los vínculos familiares y los lazos afectivos entre los que quedaron. “Decidí centrarme en una familia porque creo que siempre se va hacia el desaparecido, hacia la violencia más literal. No he visto cosas que se centren en una casa, desde el punto de vista de la persona que se tuvo que quedar en la incertidumbre de no saber qué va a pasar. Que a la vez es súper dramático. La gente se va reflexionando porque la obra es fuerte desde el contenido, por el sufrimiento de la familia. En la temporada anterior, se me acercó gente a decirme  ‘contaste la historia de mi primo…’. La verdad es que no nos basamos en ninguna historia en particular, aunque por supuesto hubo mucha investigación”, cuenta Cejas. De hecho, la obra deja la sensación de que podría ser cualquier otra familia y por eso es tan fuerte la identificación con la propia historia. A partir de esta ficción mínima, “Los Restos…” interpela, atraviesa al público con un espejo de la época y lo deja en carne viva. “No queríamos representación de una casa en sí, sino que tuviera una sensación fría, de soledad y de encierro. Que tiene que ver sobre todo con el personaje principal, que es una mujer que se queda estancada en el tiempo, no sale en la búsqueda. La mujer se estanca en un estado de desolación. Por eso, la escenografía de cubos de hierro que manipulan los bailarines tiene que ver con una cárcel”. Para Cejas, “el punto de partida es cómo se transforma la vida de una persona, de una familia, y cómo se van adaptando a eso”.

La obra está escrita por su director, Mariano Cejas, junto a Norberto Helmholt, y la composición e interpretación musical en vivo está a cargo de la banda “Muelles, colores y libertad”. La música genera climas de angustia y oscuridad y permite adentrarnos en la vida emocional de cada uno de los personajes. “La música tiene un rol muy protagonista, no es secundario o de fondo. Elegimos el rock porque fue un género muy censurado durante la última dictadura, y es como nuestro pequeño homenaje para todos los músicos que se tuvieron que exiliar”, aclara Cejas. El elenco también se está compuesto por un cuerpo de baile con coreografía de Leandro Bustos. Los bailarines, presente durante toda la obra y con una estética desgarrada y brutal, expresan las vivencias del horror de los distintos personajes. “Nos interesó trabajar a partir de distintos lenguajes, la música, el teatro, la danza, el diseño de luces… De todas formas, más allá del desarrollo de cada uno y de las distintas interpretaciones que se pueden hacer, siempre sostuvimos la importancia de ser conscientes de la historia que se está narrando y, sobre todo, la época en la que se enmarca”. Para esto, el equipo de la producción y el elenco leyeron el Nunca Más, vieron películas y leyeron artículos de investigación sobre el impacto psicológico de “tener” un desaparecido, justamente como aquello arrebatado, que nunca más se tiene. “Es una gran incertidumbre. Es no saber. Es alguien que se lo llevaron, no sabés dónde estuvo, cómo murió, ni qué le hicieron. La obra abarca más o menos cuatro años… y el tiempo ayuda, pero no es algo que se pueda superar, porque no hay un cuerpo que te permita una clausura. No hay adónde ir a llorar”.

La idea de “Los Restos de la Memoria” surgió en 2012, pero no aspiraba a tener el despliegue que finalmente tuvo, sino que esperaba una puesta más modesta. Sin embargo, el encuentro entre Mariano Cejas y “Muelles, colores y libertad” fue decisivo para dar rienda suelta al desarrollo que la historia demandaba. Los ensayos comenzaron en 2013; la banda, el cuerpo de baile y los actores trabajaron sus partes por separado hasta que en agosto del año pasado comenzó el proceso de ensamble, cuando la obra comenzó a mostrar su espesor. Finalmente, con el auspicio de la Asociación Civil Abuelas de Plaza de Mayo y declarada de interés por la Secretaría de Cultura de la nación, se estrenó en octubre de ese año en el Teatro Sha, con tres únicas funciones. “Es como una tranquilidad tener el apoyo de Abuelas, como un permiso para habar sobre el tema”, confiesa Cejas. Con buenas repercusiones y críticas, ese primer estreno le sirvió a Mariano para ver la obra desde otra perspectiva y comenzar a trabajar sobre algunos elementos a mejorar. En este marzo de 2014, horas antes de que se conmemore un nuevo Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, “Los Restos de la Memoria” se reestrena en el Teatro Sha. La obra, que se puede ver los domingos a las 20hs, seguirá en cartel hasta el 11 de mayo.

“Hemos hecho trabajos fuertes con los actores. La obra empieza con el padre desaparecido, y en uno de los ensayos recreamos como una escena previa, un festejo del cumpleaños con el padre presente, porque la ausencia solo puede inscribirse donde hubo una presencia. Entonces durante un ensayo hicimos un corte de luz y asistentes de la producción entraron de una forma violenta, tirando toda la escenografía, agarraron a los intérpretes y se llevaron a ese padre. Sin que ellos supieran que eso iba a suceder. Terminaron en un estado de angustia muy grande, sobre todo porque no esperaban que eso pase”, cuenta Cejas. Este ejercicio que puede pensarse simplemente desde la dirección de una obra de teatro, simboliza esa imposibilidad, ese espacio límite para el pensamiento que constituye una desaparición. Esa ausencia de hueco, ese vacío descarnado e infinito, ese horror abismal que rebasa a la muerte misma, que condena a una herida sin sutura. “De alguna forma, esas pequeñas cosas contribuyen a la verdad que puede transmitir la obra. Incluso como incentivos para que los actores se involucren con esa realidad. A veces no basta con ponerse en el lugar, hay cosas que es necesario hacérselas vivir de alguna forma. Fue una obra fuerte para ensayar. Por la historia que contamos, era necesario poner mucho de lo emocional de cada uno”.

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Un elefante en movimiento

Elefante en la Habitación es un colectivo de músicos que trabaja para construir la escena que quiere habitar. Con énfasis en el contenido y en la canción, apuestan a la autogestión para trabajar y vivir del arte.

–         Está instalada una idea en los músicos de armar su propia quintita. Pero hay algo muy diferente, de lo que nos dimos cuenta rápidamente: cuando crece la escena crecemos todos, es por eso por lo que tenemos que trabajar. Entonces, quebremos la lógica de que hay que pegarla y empecemos a construir. Y juntos es mucho más fácil, más placentero, más rápido. Y aprendés mucho más.

En Buenos Aires, es común que se hable de movidas y a todos por momentos nos invade la sensación de no poder seguirle el ritmo a las distintas propuestas. Pero entre la frase hecha “acá tenés para todos los gustos” y una real circulación y conexión entre artistas, contenidos y públicos, hay un abismo que se nos aparece infranqueable. Sin embargo, en distintos puntos surgen intentos emergentes por desafiar el aislamiento cosmopolita y los mapas con caminos prefabricados que recorremos en automático y resultan predecibles hasta el cansancio. Con la intuición de una idea de cruce y de encuentro, se fue entretejiendo una red como de hilos invisibles, que conectó deseos y problemáticas comunes y denunció al Elefante en la Habitación (EH!). Así se llama el colectivo de músicos autogestivos que trabaja para construir la escena musical que quiere habitar. Casi como si el elefante del Principito se abriera paso desde el estómago de la serpiente boa – léase en este caso la lógica del éxito y el mainstream – y se mostrara en todo su potencial, listo para una estampida.

Nahuel Carfi, uno de los músicos que vio al Elefante dar sus primeros pasos, recuerda el germen del inicio:

–         Antes de que existiera este colectivo, había varios de nosotros que ya estábamos intentando unificar distintos puntos de la escena musical. Por ejemplo, María Pien y Lautaro Feldman trabajaron en El Círculo de la Canción, se juntaban los domingos, eran encuentros geniales, que servían de punto de confluencia para muchos que estaban en la misma. Yo trabajaba con Nahuel Briones en el Ciclo 20 canciones, que era muy parecido a lo que hacían ellos. Es decir, sin conocernos, varios de nosotros estábamos intentando unir la escena y encontrarnos. En 2011, ya estaba la idea de cruzarnos.

Al año siguiente, comenzaron las reuniones y el elefante se puso en movimiento. Pronto descubrieron historias, necesidades y deseos afines signados por la experiencia común de ser músicos y dedicarle su vida a ello. Porque entre el sueño del pibe de sacar un disco y recorrer escenarios y el día a día de trabajar en la música, hay unos cuantos mitos deshechos. Damián Drolas de Globos – una de las bandas que integra el colectivo – lo sintetiza así: “Es todo a pulmón, porque uno quiere ser músico, pero se encuentra con que si no gestionás una fecha, no tocás. Y es lo mínimo indispensable. Es algo con lo que te chocás desde el principio. Ni siquiera es algo de nuestra época, es algo que le pasó a todo el mundo, salvo a las figuritas que agarran para inventar un producto, pero ya es otra cosa”.

De los debates en torno a esta problemática, surgió la noción de “músico-gestor” para referirse a la multifuncionalidad de tareas y conocimientos necesaria para la subsistencia del artista de estos días. Lautaro Feldman sienta posición:

–         Hay que hacerse cargo de la situación en la que uno está y en todo caso intentar modificarla… Esperar a que vengan a hacer algo por vos es medio ingenuo o, por lo menos, muy jugado. A todos se nos cayó el velo sobre muchas cosas. Tenemos reuniones semanales y hablamos de todo, y de pronto cosas que antes nos parecían oscuras o no entendíamos, ahora las vemos mucho más a nuestro alcance. En ese sentido, la capacidad de poder, de poder hacer, a mí me da gusto. De todas maneras, mi ideal sería dedicarme a ser músico. Siempre hablamos que hacemos esto con gusto, pero en definitiva la idea es que no somos una productora, todo lo que hacemos es un vehículo para el arte. En vez de pensar en pegarla, pensamos en generar un contexto y a partir de ahí estar cómodos con lo que construimos, lo que nos gusta y rodeado de la gente que queremos.

El rol de músico-gestor ya está asumido por los participantes del colectivo, que aplican su creatividad para mucho más que la composición e interpretación de canciones: “Nos ocupamos de muchos aspectos que giran en torno a la música, para que se difunda, para que se haga, para que se grabe. Ya lo asumimos como parte de nuestra identidad, de lo que nos tocó. De todas formas, si bien es cierto que este tipo de laburo tiene que ver con nuestra época, la cuestión del movimiento colectivo es más vieja que no sé qué. Lo nuestro es una reconstrucción a nuestra manera de una experiencia que ya se hizo un millón de veces; es la forma que encontramos de subsistir y de crecer, pero siempre existió”, agrega Nahuel.

Frente a la mesa que sostiene el grabador, van pasando distintas caras y suenan voces diversas. Los y las integrantes de Elefante en la Habitación tejen un puente entre el fin de la frase de uno y el comienzo de la de otro y mantienen la charla en movimiento. La cita fue en el club de arte Vuela el Pez, donde los elefantes juegan de locales. Durante el 2013, organizaron dos temporadas del ciclo Domingo Animal, en las que compartieron sus noches con el arte en vivo de Anuario de Ilustradores, otro colectivo independiente que nuclea 100 ilustradores. Pero ahora ya estamos en el 2014 y la música no se toma vacaciones. Un sábado de enero nos encontramos en el mismo lugar, en la antesala de la oferta refrescante del verano: Licuado de Elefante – cruces y versiones de bandas de EH! Esta noche quedará demostrada que la voluntad de encuentro sigue intacta y que, entre canción y canción, circula respeto y admiración entre los y las artistas de las distintas bandas. María Pien cuenta que para ella se trata de romper con una mezquindad que existe entre los artistas contemporáneos, que muestran un cierto recelo a la hora de reconocer el trabajo ajeno y compartir el propio. Entre posibles hipótesis que circulan, varios coinciden en que está instalada la idea de que se compite por el público, uno de los grandes desafíos de los artistas independientes. Lautaro aclara:

–         La realidad es que cuando la gente escucha música, no escucha una sola banda, entonces no es que competís por el mismo público, porque la gente tiene muchos discos para escuchar, y de hecho cuantos más tenga es mejor, porque más se va a identificar con una escena.

Elefante en la Habitación se nutre justamente de esa riqueza y esa diversidad, y desde allí construye su identidad colectiva. Para Nahuel: “También los músicos nos tenemos que sacar el prejuicio de que nos tenemos que juntar solo con los que hacen lo mismo que nosotros. Es cualquiera eso. ¿Por qué no armar un colectivo con bandas que todas giran en torno a la canción contemporánea relacionada a la ciudad en que vivimos, pero todas desde su punto de vista, siendo quiénes son? ¿Por qué no unirnos? La nuestra es una identidad heterogénea”.

El trabajo colectivo y la economía colaborativa en el mundo de la música son contagiosos. Cada vez son más las bandas que se acercan a EH! y, en el camino, se multiplican los proyectos. Este año arrancaron con un gran anuncio: En marzo se viene el Festival Elefante en la Habitación! Y como son tantas las músicas, no les alcanzó una sola noche. Arranca el sábado 20 a las 22hs. en Espacio Cultural Dínamo (Sarmiento 3096) y sigue el domingo 30 a partir de las 16:30hs. en el Konex (Sarmiento 3151), para cerrar la temporada de verano del Parador Konex y los festivales de música emergente de los domingos de marzo. Prontos a lanzar su nuevo sitio web, mantienen su Facebook actualizado con información y videos de las bandas integrantes. Reconocen que la tecnología es una aliada crucial para crear de forma independiente. Sin embargo, Nahuel matiza:

–         Las redes sociales, internet en sí mismo, son todas herramientas… Pienso que hay herramientas increíbles ahora para hacer arte, para que lo difundamos, para que nos conectemos de esta manera, pero hay que seguir apostando al contenido artístico y eso es algo que también defendemos desde Elefante. Somos un colectivo que todo el tiempo está creciendo y siempre buscando cosas en la escena que nos gusten, que tengan un recorrido, que estén trabajando sobre la belleza, sobre el arte, que tengan algo para mostrar, y eso es clave. Justo el otro día leí la carta que Scorsese le escribió a su hija, que fue muy difundida. Y le dice justamente: ahora todo el mundo puede filmar una película, pero no te olvides de la belleza, del contenido. Seguí buscando la belleza. Todos estamos en ese camino también, de seguir buscando contenido, que haya arte, no somos una productora, nos preocupamos por todo el paquete.

Elefante en la Habitación se presenta como “un sello discográfico, un colectivo de artistas músicos-gestores, una plataforma para crecer y crear una escena cultural con voz propia”. En el intercambio de experiencias con otros colectivos artísticos y en las luchas compartidas con los espacios de creación y expresión cultural, estos trabajadores de la música reactualizan estrategias clásicas e inventan nuevas formas de defender lo innegociable: “La idea es vivir de la música, trabajamos para existan las condiciones de posibilidad de vivir tocando”.

Ya te avisamos, reservate el último fin de semana de marzo, porque Elefante se viene con todo:

Sábado 29 de Marzo a partir de las 22:00hs en Espacio Cultural Dinamo (Sarmiento 3096) tocan:
– Vúmetro (EH!)
– El Equilibrio Cósmico (El Abrazo Ultravietnamita)
– Luzparís (Desde El Mar, Mar del Plata)

Domingo 30 de Marzo a partir de las 16:30hs en el KONEX (Sarmiento 3151) tocan:
– Globos (EH!)
– Lautaro Feldman (EH!)
– Proyecto Gómez
– Ciruelo (EH!)
– ChauCoco! (EH!)
– Los Espíritus

Fb: /elefanteenlahabitacion

Elefanteenlahabitacion.com

Tango y amor cumbiero

La banda Amores Tangos prepara festejo tras otro en cada recital. Demostrando que la fusión de estilos y ritmos no precisa límites.

Hay que ser agayudo para adobarse de tango y salir de la conga feliz. ¡Garufa querido, qué tristeza ni tristeza!

Las palabras no sonaban así en la puerta del Club Atlético Fernández Fierro; aunque la propuesta era la misma, sonaban más acá en el tiempo. Sonaban a un tango feliz.

*

IMG_2405La banda Amores Tangos prepara un festejo.
¿Amores tangos? José Teixidó, director de la banda, despeja las dudas:

-Para mí, representa dos palabras muy importantes porque el tango es la música que yo elegí tocar desde hace muchos años y quería que la banda tuviera la palabra “tango” en el nombre. Después cuando apareció la idea de que se juntara con la palabra “amor” me encantó, porque a veces nos parece medio cursi hablar de amor y que esté ahí es como poner al amor en primera plana. Quedó así, “Amores Tangos” y es como ponerlo ahí de frente, decir nos gusta el amor, nos importa el amor y nos re hacemos cargo.

Decíamos, Amores Tangos prepara un festejo. Un rato después, cinco velas coronarán una torta a la mitad del show, interrumpido por un entusiasta “feliz cumpleaños”. En el escenario junto a José, Nicolás Perrone (bandoneón), Gerardo De Mónaco (contrabajo), Juan Tarsia (piano), Augusto Argañaraz  (batería) y muchos invitados, arriba y abajo, serán todo sonrisas.

*

Con la mano corrés la cortina de finitas tiras de colores inmóviles; no sopla el viento. Un pasillo largo repleto de gente te recibe. Esperan que se abra la puerta, todavía falta para el show. La fila es para sentarse en las mesas cercanas al escenario, ahí donde se arma la fiesta ¿Fiesta? ¿No estábamos hablando de tango? “De alguna manera si podemos terminar con la asociación de que el tango es melancolía, bajón, tristeza, se van a generar otras cosas y está bueno que uno pueda ir a ver un recital de tango y salga re contento, está genial, a mí me encanta”.

– Decías que hace muchos años decidiste tocar tango, ¿en ese momento pensabas que era posible fusionarlo con cumbia?

– No, para nada. Todo lo que ha ido pasando con la banda surgió de los ensayos, de probar en vivo, de tener muchas ganas de divertirse haciendo esto. Creo que por el hecho de que nosotros trabajáramos en otros grupos, con cantantes, entonces cada vez que tocaba Amores era una fiesta y así se fue desarrollando ese perfil. Después con una búsqueda musical que nos fue llevando a ese lado. Decir esto con esto queda bien, no desentona y que el público lo reciba también.

Esas otras cosas se generan durante la noche. Amores Tangos presenta “Altamar” su nuevo disco, hijo de una fusión de ritmos. De a ratos reconocemos milonga, cumbia, candombe, tango, todo junto y más. Todos ritmos que nos suenan cercanos, los reconocemos fácil en el oído y en el cuerpo, parecen estar en la misma sintonía. “Hay una cosa del tango, de sus comienzos, donde el tango era un ritmo más dentro de otros y había orquestas que hacían música bailable y mezclaban de todo, tango con foxtrot y ritmos con paso doble y nadie decía: ‘si tocás tango no podés tocar lo otro’. Era lo más natural del mundo. Nosotros lo sentimos de esa manera, como algo natural. El tango, el candombe, el milongón, la milonga, están todos alrededor del Río de la Plata, por ejemplo. Las diferencias las hacemos nosotros, las personas, la música no tiene diferencia”.

Los ritmos populares aunque de diferentes generaciones parecen ser espejo del público. El lugar esta colmado y entre los que están parados o sentados hay desde niños chiquitos hasta abuelos. Las combinaciones que surgen en el escenario atraviesas todas las edades.

– ¿Creés que los límites de los estilos se están esfumando?

– Por ahí son épocas y después es el gusto de cada uno. A mí hay grupos que son súper tangueros y me encantan y también grupos que mezclan el tango con otras cosas. Creo que también es cómo se siente cada uno haciéndolo y está bueno que haya gente que por ahí guarde como un tesoro preciado esa cosa de la tradición y otra gente que se ponga a innovar y que le busque la quinta pata al gato, porque las dos cosas son lindas y creo que son necesarias.

*

IMG_2445José es de Mar del Plata y esos aires cargados de sal se colaron en el nombre de su segundo disco, sucesor de “Orquesta de Carnaval”, nominado a los Premios Carlos Gardel en el año 2011. Pero en realidad, esta segunda obra se iba a llamar “Viva la alegría”, hasta que vieron los temas que iban surgiendo: “Tormentosa”, “Tango de altamar”, “Lo que dejo la marea”. “Las canciones tienen mucha inspiración y letras que tienen que ver con el mar”. No pudieron escapar a las olas y decidieron navegarlas hasta “Altamar”.

*

Mientras la fila se acumula en la entrada, frente a la barra con empanadas y cerveza hay una mesa donde apoyamos el grabador. Spinetta suena de fondo mientras José, sonriente, nos habla de tango. Proponemos un juego, unos peces de colores decoran el escenario, simulamos subir al barco de Amores Tangos y navegar.

– ¿Desde dónde salimos y hacia dónde vamos?

– Salimos de un puerto, de Buenos Aires o Mar del Plata y vamos a Altamar, un lugar para nosotros que vivimos sobre la tierra muy extraño, no hay límites, es todo agua y cielo, las fronteras no están claras, sopla el viento, deja de soplar…

– ¿Hay lugar en el barco para los piratas?

– Si, pero piratas buenos. Son piratas alegres, que no hacen maldades. Sabés que pensábamos qué representan los piratas para nosotros y no son piratas que roban, son otros piratas, no sé muy bien qué hacen, pero son buenos.

– Suponemos que estos piratas van en búsqueda de un tesoro, ¿qué encuentran?

– Primero el arcoíris, donde está el tesoro es donde llega el arcoíris, hay colores.

– Si hay un arcoíris y un tesoro, tenés que pedir un deseo.

– El que quiera, todos los deseos posibles. TODOS.

– Si subimos al carajo, ¿qué vemos?

– Yo creo que también hay colores, hay muchos colores, muchos matices. Se ve el trabajo, si uno mira de lejos ve mucho trabajo. Desde el carajo se ve todo el camino andado que está bueno.

-¿Y desde abajo?

-Desde abajo ves todo más en primer plano, ves lo lindo, lo feo, lo inmediato. Pero también eso es una consecuencia de todo el camino que tiene la banda.

– En la playa tenemos que poner una bandera que indique cómo está el mar, ¿cuál ponemos?

– La calma, bueno, no tanto. Pero peligroso no es. Calma, pero abajo hay movimiento.

*

El movimiento aparece desde nuestras espaldas, la banda llega tocando, vienen vestidos de piratas con sus instrumentos que suenan a carcajadas. “Viva la alegría” también hubiese sido un nombre adecuado, concuerda con el espíritu que les mantiene la sonrisa fija en la cara. Hay siempre dos bandas de sonidos sonando simultáneamente, Amores Tangos y la de risas y aplausos que no cesan. Ambas suenan toda la noche, juntas hacen vibrar el aire de forma deferente.

La noche arranca con “Tango de Altamar”, no podía ser de otra manera. Le siguen casi veinte temas más y termina bailando cumbia mientras suena “Amores como el nuestro”. Todo parece guionado. Amores Tangos, un amor como el nuestro, no debe morir jamás.

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Todos o nada

Bien cruzados los Mustafunk disparan preguntas a sus compañeros y arman una entrevista fuera de cualquier plan. En lo esencial se definen como un colectivo. Todos se tatuaron la fecha de salida de su primer disco. Mucho de todo lo que pasa por la cabeza de un grupo del under.

De a ratos la gente que hace ejercicio por los Bosques de Palermo nos distrae. “¿Se percataron de que ahí está el Planetario?”, pregunta alguien asombrado. Hablamos de las zapatillas de los que corren, del pasto con y sin pinches en el que estamos sentados, de la cena que van a tener dentro de un rato, de la posibilidad de unos fideos con crema o McDonald´s. La charla va y viene todo el tiempo, como ellos, no se queda quieta. Serafín propone hacer él una pregunta a cada uno de los chicos y se arma el juego.

–  A Agus Petinatto. Estás en una etapa de tu carrera como músico en la que estás abandonando la vida real para llegar a esta vida loca de vivir de la música y decir: “Yo soy músico 100%, mi vida es esto”, y todo lo demás no es que te chupa un huevo pero escapa un poco de la norma real de lo que es ser una persona, que es re triste. Mi pregunta es esta: ¿Qué sentís? ¿Tenés miedo? ¿No te genera decir “la estoy pifiando”? ¿Voy a invertir un período de crecimiento en algo que por ahí no funciona y después la chupo toda la vida? ¿No te da miedo meterle huevo y no llegar a ningún lado y tener que ser una persona normal toda tu vida?

– Voy a seguir siendo una persona normal sin trabajar tanto. Toda mi vida, todo lo que tenga que hacer va a ser en función de tener más tiempo para la música.

– A Agus Marinelli: Si cae una bomba nuclear y se mueren todos los Mustafunk menos vos, ¿crees que podrías rearmar una cosa como las que nos pasa a nosotros cinco?

– Está muy influenciada tu pregunta, sos peor que Feinmann entrevistando. No, no hay chance, man. Claramente no lo podría volver a armar.

– A Camila: ¿Qué se siente ser una mujer en una banda de hombres? ¿Te hincha los huevos que la gente te pregunte qué se siente ser mujer?

– Sí.

– ¿Por qué?

– Porque sí, nunca me gustó el “justifique su respuesta”. Es una mierda, a mí un montón de veces se me acercaron chabones para decir: “Tocás re bien para ser mujer”, y yo me daba vuelta y me iba o me enojaba. Ahora me chupa un huevo, al principio me ponía mal. Sentía que me estaban tratando mal.

Nacho, que se presenta como manager de la banda pero en la charla evidencia ser mucho más que eso, mucho más que amigo, toma la posta para hacerle la pregunta a Serafín.

– Sera, ¿cómo te cayó la ficha de que querías ser luthier?

– Esto tiene un trasfondo. Yo descubrí que a mí lo que me gusta de la música – más que nada de tocar la guitarra porque a mí me gusta tocar la guitarra, yo no sé si fuera trompetista me divertiría como con la guitarra – es que me gustan las guitarras como herramienta. Entonces yo veía marcas que hacían violas y decía: qué lindo tener esto, pero qué al pedo porque hay tres. ¿Para qué quiero tener sesenta de tres cosas? Entonces vi chabones que las hacían en la casa, flasheaban para decorarlas, para hacerlas a su medida y con una facha tremenda y unos colores lindos y un sonido espectacular con laburo de madera que es increíble y ahí dije: Yo tengo que ser luthier, claramente.

–  Vos sos un tipo meticuloso, ¿no?

– Mal, yo soy un obsesivo de mierda. Obsesivo compulsivo. Me hago el boludo socialmente pero porque mi vieja me dijo que está mal ser un obsesivo de mierda, pero nada más.

*

Serafín, el obsesivo, es quien verifica el pasto para elegir dónde charlar sin pincharnos con la banda que nació en Paso del Rey cinco años atrás, pero terminó de consolidarse en el año 2011 con la entrada de Martin Pedernera  como cantante. “A partir de que entró el Negro afianzamos el sonido”, reconoce el resto del equipo: Agustín “Turko” Marinelli (Voz y Guitarra), Serafín Rodriguez (Guitarra), Agustín Petinatto (Bajo) y Camila Marinelli (Batería).

– En una entrevista le preguntaron al Negro: “¿Qué se siente ser parte de un proyecto artístico?”, y él les dijo: “Mustafunk no es un proyecto artístico, es un proyecto colectivo”. Tiene razón, no es estrictamente artístico, a veces nos juntamos a ensayar y ni tocamos”.

Todo esto es mucho más que una banda. Mucho más que un cantante, dos guitarras, un bajo y una batería sonando juntos. Es una suma de intenciones que empujan todas para un mismo lado, se mezclan y crean una bola de energía con vida propia. Eso es Mustafunk. Muchos de los integrantes venían de otras experiencias musicales, algunos de ellos todavía mantienen otras bandas.

– ¿De dónde surgieron las ganas de armar un proyecto nuevo?

– Algunos venían tocando un montón, pero otros no teníamos nada a que ponerle huevos.

Y la respuesta ejemplifica. Mustafunk es un todo por el todo.

De las juntadas y las zapadas del arranque nació un primer EP, con el Turko comandando la voz, y abrió camino a que este año naciera “Salpica”, su primer disco con la formación ya establecida. Después de una votación, de los treinta temas que tenían quedaron los catorce. Empezaron a trabajar en Babex Records y en medio del proceso los invitaron a Del Cielito para que los grabe Amilcar Gilabert. “Una eminencia del audio argentino”, lo define la banda.

“En Del Cielito, fueron cuatro días que fuimos mientras estábamos grabando el disco en Babex Records. Entonces nos llamaron para grabar allá, aprovechamos que conseguimos un par de cámaras y grabamos unos videos. De los catorce temas del disco, dos son de Del Cielito y doce de Babex Records”.

La edición de las mil copias la lograron por ser ganadores del concurso “La Perla Rock”. En sus cuerpos un tatuaje se comparte: “07-08-13”, la fecha en que salió el disco.

A la hora de componer el proceso es colectivo “Empezamos a hacer los temas entre todos, por ahí zapando, viene uno con una idea y vamos sumando. Casi siempre es eso, es una idea y la vamos haciendo mierda”

Serafín pide la palabra: “El otro día en un viaje – voy a decir una palabra que me encanta – de introspección, yo creo que hacemos lo que tenemos que hacer en el momento en que lo tenemos que hacer, mágicamente. Listo, terminé”.

– ¿Baja una musa inspiradora decís vos?

– Baja una musa y uno toca lo que tiene que tocar. No nos llevamos tarea para la casa, no, tocamos lo que nos sale y queda increíble.

Las risas se repiten una vez más durante la charla. Si hay algo que no hay dudas es que en Mustafunk la gente se divierte mucho

– ¿Pero la mecánica de la composición entonces cómo es? ¿Llevan una idea y se ponen a zapar?

– Claro, pero no es una zapada incoherente y tocamos siempre lo mismo. Es una zapada a consciencia. Es zapar sobre un método de confección de temas.

Los chicos hablan de un ejercicio, de hacerlo durante cinco años, de compartir, de conocerse: “Al principio cuando empezamos a ensayar teníamos mucho tiempo al pedo y por ahí ensayábamos dos veces por semana pero ocho horas cada vez que ensayábamos. Era meterle, entrábamos con el calor del medio día y salíamos a la noche. Aparte, ahora que me pongo a pensar, teníamos cinco temas. Eran ocho horas de cinco temas. Zapábamos mucho. Qué bueno tener todo ese tiempo. Está bueno porque es eso, el tiempo es lo que te da la posta”.

El broche de oro para toda esa práctica llegó a Auditorio Oeste el 15 de Noviembre, en la presentación oficial del disco con quinientas personas esperándolos. Se subieron a un escenario circular y generaron un show de 360° con la gente alrededor. Sobre sus cabezas flotaba una estructura que hacía de soporte para luces y cámaras, a cargo de “Off the records”, un grupo de arquitectura artística.

–  Es como “artistectura”, dice Serafín.

– Boludo, ¿a vos te pagan por pensar tan bien?, le contesta Nacho, manager de la banda.

Entre sonrisas buscan las palabras para definir el momento y enumeran: lindo, emotivo, satisfactorio. Hasta que alguien se pone la voz al hombro: “Estuvo de la concha del pato, boludo”, y todos saben que tiene razón. A la puesta en escena se le sumó también un momento especial con magia, músicos invitados, el público tan cerca como para sentirlos y juegos de luces, todo grabado y filmado en HD ahora en pleno proceso de edición.

– ¿Creen que todas esas decisiones artísticas suman a la música?

– Para mí, acompaña, a la música no le suma. Acompaña un show de una forma diferente pero no creo que sume a la música, la música cerrás los ojos y escuchás lo mismo. Igual no lo pensamos de manera de decir que sumaba para el show o no, lo hicimos porque teníamos ganas de hacerlo, realmente nosotros tenemos ganas de que esté bueno en vivo también. Que fue diferente, seguro, queríamos que sea distinto.

Si bien el crecimiento de la banda fue progresivo, fueron Internet y las redes sociales las herramientas claves para expandirse y explotar Auditorio Oeste en la fecha. “Un chabón me agarró y me dijo: ‘Loco, yo nunca los pude ir a ver, pero los escucho siempre por Internet desde hace un año’, la puta madre”. Lo definen simple: “El Dios 2.0; en vez de decir buscalo en Google, decimos buscalo en el Dios 2.0”.

*

– ¿Alguien más quiere hacerle una pregunta al entrevistador Serafín?

Agus Marinelli toma la posta:

– Sera, ¿Tenés frio?

– Me estoy cagando de frío, mejor vamos.

FINAL

Los camaleones nunca pierden la esencia

Fueron un grupo de teatro y de murga, pero se volvieron una banda que ahora sacó un disco que parece un libro. La Gran 7 llega desde Santa Fe a Buenos Aires dispuesta a todos los desafíos. Su último material se llama Nubes de Tierra. Después de 10 años juntos y de tener que fallarle, a veces, a Unión y a Colón para ensayar, van por todo.

 

En los cuentos, como en los sueños, los planos de las historias a veces no distinguen lógica que los guíe más que impulsos. No se entiende el cómo, pero se entienden los porqués. Las secuencias, que se agrupan y originan hilos que se deshacen, extienden y tienden a que sigamos caminando, a veces sin suelo, siempre sin techo.

“Cuando todo sea florecimiento, estaremos preñados del fruto que nos va a destruir. El viento nos cubrirá de polvo, la sombra tapará el sol, no habrá ni frío ni calor. El resto dependerá de nosotros” (La Gran 7 – Nubes de Tierra)

*

De los parlantes del bar suena una salsa que tiene de fondo calles angostas y empedradas. Buenos Aires recibió hace unas horas a parte de La Gran 7, que llegó desde Santa Fé para presentar su último material de estudio: “Nubes de Tierra”. Emiliano Haquin, voz de la banda, se pide un café. Emanuel Haquin, armónica y saxo, pasa de largo en la ronda. Camilo Mansilla, bajo y coros, se anima a un chop de cerveza. El resto, Marcelo D’Agostino encargado de la batería junto a Manuel Beltrán y Nicolás Fabre de las guitarras, están en la ruta.

Sobre la mesa, se encuentra el último material de estudio de la banda. Camaleónico disimula ser un disco. En realidad, no lo es, no sólo eso. Es un disco y es también un libro. El tercero de la banda que cumple su primera década y que se transforma en el broche de oro de toda esa etapa. Un broche de formato cuadrado, con letras negras y colores tierras, rojos, anaranjados, amarillos y verdes. Desde el perfil se ven las hojas blancas, formando una altura que permite poner el dedo y hacer que corran. Emiliano se anima al grabador: “Yo creo que los dos primeros discos fueron un camino a esto. Nosotros lo que siempre decimos es que nos gusta contar cosas, que somos una banda de rock que hace canciones y cuenta cosas, así nos definimos. Y contamos un poco lo que nos pasa a nosotros, nuestras vivencias, nuestra manera de pensar ante ciertas situaciones y me parece que este disco resume un poco todo eso, como que llega a su máxima expresión todo eso que nosotros venimos trabajando hace diez años. Creo que el lugar al que llegamos musicalmente, literariamente y visualmente, es un lugar en el que nos sentimos muy cómodos y  muy identificados”.

Después de la tapa, la presentación y los agradecimientos nos reciben los capítulos. Son cinco que agrupan las doce canciones que lo componen: “Nosotros teníamos las canciones, hicimos la preproducción, había más que siempre quedan afuera y vos escuchabas las canciones y decías estas tres tienen que ir juntas porque hablan de una cosa, estas tres de otra. Empezamos a ver las canciones y se iban acomodando solas según lo que iban diciendo”.

Las canciones, como la charla, tienen a ordenarse.

*

Capítulo I: La revelación

– Decían que son una banda que cuenta cosas. ¿De dónde surgen esas ganas de contar?

Fotos: NosDigital.
Fotos: NosDigital.

– Nosotros formábamos parte de un grupo de teatro y de murga. Hace 10 años yo ni siquiera sabía tocar la guitarra, agarré y me puse a aprender los acordes con un amigo y por el ambiente en el que estábamos, por la gente con la que nos rodeábamos, absorbimos mucho eso de escribir, de decir. El teatro tiene mucho de eso también, de contar historias y creo que lo mamamos, pasábamos mucho tiempo en una sala de teatro independiente, estaba todo el tiempo eso a la vista. Creo que es lo que más nos quedó de esa época. Después tomamos una manera de decir las cosas o de hacer canciones también sin querer, era lo que nos iba saliendo en ese momento. Dijimos bueno, vamos a tener una banda, vamos a hacer canciones, las canciones tienen que tener letra, alguien las tiene que escribir, alguien las tiene que cantar y es como que se fue dando sin querer todo. Creo que viene de ahí no es algo pensado ni planeado.

–  No es algo planeado pero sí es algo que siguen sosteniendo

–   Es como una evolución de lo que uno es. Nosotros hablamos mucho de no perder la esencia. El segundo disco se llama “El alma de las cosas”, la esencia es la naturaleza de las cosas. Tu esencia, tu naturaleza, lo que realmente sos. Nosotros usamos mucho eso, hablamos mucho de eso, de no dejar de ser lo que uno es. Por ahí tenemos esa manera de pensar o de ver las cosas muy particular y también eso te lleva a una manera particular de decirlo. Pero no es algo que nos decimos, estamos contando, tenemos que seguir contando, hacemos como nos va saliendo.

– Hay también un peso literario muy fuerte

–  Ese es el peso más fuerte del ambiente del teatro porque escénicamente nosotros nunca hicimos teatro, siempre formábamos parte del grupo, de las producciones, de la asistencia, de más, pero ninguno de nosotros fue actor. Sí formábamos parte del grupo de la murga que nos subíamos a algunas presentaciones, cosas así, peor no éramos actores. Sí nos rodeamos mucho de gente que sí actuaba, que sí escribía, al principio dos de los chicos que tocaban en la banda eran actores, uno de ellos director de teatro, las primeras canciones por ahí estuvieron escritas por él, y yo creo que eso a nosotros nos despertó una chispita.

Ahora quien compone es Emiliano, que confiesa hacerlo sólo para la banda y sólo cuando es un impulso real el que lo empuja. “Me ha pasado e intentado decir tenemos que sacar un disco y ponerme a hacer cosas a la fuerza que no te salen, es más, por ahí había momentos en el disco en los que teníamos cositas sueltas o canciones por la mitad que tenían dos o tres estrofas o tenían el ritmo y no la letra y nos enroscábamos en decir hay que terminarla la letra a esto y no podíamos. Salían cosas, si, pero lo notábamos muy forzado, entonces dejamos que pase, que vayan sucediendo las cosas y empiecen a salir”.

 

Capítulo II: Sólo nosotros

– Hablábamos de no perder la esencia, ¿qué no perdió La Gran 7?

– En estos diez años cambiamos tres veces de formación la banda y yo creo que el que nos fue a ver la primera vez y nos va a ver ahora nota que la banda sigue siendo la misma. Quedamos solamente tres de lo que fue la primera formación pero intentamos que todos los chicos que entran a la banda se sumen aportando en lo musical pero más que nada hacemos mucho hincapié en el grupo. Nos movemos mucho como un grupo. Ahora volvimos este año, después de tres años a vivir todos juntos prácticamente.

– ¿Cómo es eso?

–  Hace dos años teníamos una sala, una casa muy vieja que los dueños decidieron refaccionarla y nos sacaron. Estuvimos dos años dando vueltas por salas de ensayo y ahora volvimos a tener eso. Para nosotros es muy importante en cuanto al grupo, que todas las decisiones sean bien pensadas entre todos, consensuadas, si bien siempre como todo grupo hay líderes o gente que tiene más impronta que otra para la toma de decisiones o para hacer cosas pero nos movemos todos juntos. La banda nació los domingos a la tarde después de juntarnos a tomar algo, de comer un asado. Nació de un grupo de amigos y es lo que nosotros tratamos de mantener todo el tiempo y lo que tratamos de trasmitirle a los chicos que se sumaron y no lo mamaron desde los comienzos. Nosotros a la hora de elegir músicos que se sumen a la banda, buscábamos a alguien que tenga los mismos códigos que nosotros, que sienta las cosas de la misma manera que nosotros más que un loco que la rompa tocando la guitarra.

– ¿Cómo es sentir las cosas de la misma manera?

–  Que tenga ganas de venir a sentarse a comer un asado con nosotros. Que esté laburando y estemos todos pensando en querer estar con los chicos en la sala, tranquilos. Entonces llega las siete de la tarde cuando terminás de trabajar y te vas a ensayar y ya sabes que están todos ahí y todos tienen ganas de estar ahí. A veces eso no pasa. A un loco que lo único que le importa es tocar bien la guitarra, va toca la guitarra y se va. A nosotros nos interesa otra cosa, estar juntos, compartir, los viajes, es mucho el tiempo el que estamos juntos. Tener ganas de estar con el otro, no es solamente tener una banda, subir a tocar, ensayar, que suena bien y listo. Nosotros vivimos muchas cosas juntos y me parece que esa es nuestra esencia, eso es lo que no queremos perder.

 

Capítulo III: Ser o no ser

–     El disco te lleva a transitar una historia por la banda “Es como un viaje introspectivo a las raíces del grupo”, lo definen.

–  El disco empieza con “Un día así” que para nosotros es un había una vez. Y termina con “Siempre” que es un tema que para nosotros resume todo, resume muchas cosas que queremos decir de cómo sentimos, de cómo pensamos todo esto. Porque como grupo vos vivís un montón de cosas, como parte de una banda también porque en el fondo estás buscando algo, estás yendo, tratás de contactarte con gente que te ayude y siempre, muchas veces chocás. Chocás y te caes y te va mal y te va bien y te va mal, y hay un montón de emociones muy buenas y muy malas todo el tiempo. Se convive todo el tiempo con eso entonces tenés que estar permanentemente apoyándote en el de al lado, bancándote. Si no es por alguien de afuera, es por alguien de adentro que se fue. Y en el mejor momento aparecen las malas, y es todo así. Nosotros como grupo nos ayuda mucho estar entre nosotros, es un estilo de vida, es una decisión formar parte de una banda. Tenemos una frase que decimos que a veces va a estar re bueno ser parte de La Gran 7 y a veces no.

–  ¿Por qué a veces no?

– Tenes que lidiar con un montón de cosas, por ejemplo Santa Fe es una ciudad muy futbolera, muchos de nosotros somos muy fanáticos del fútbol, juega Unión o Colón y la ciudad se para, todos van a escuchar la radio, a ver el partido o a la cancha y muchas veces nosotros tenemos un viernes a la noche que hay fútbol ensayar porque el sábado vamos a tocar. Para algunos eso no se va significar nada pero para otros quizás que sí. Son sacrificios, tenés el cumpleaños de un amigo que se recibió y es el mismo día que tocas. Se dejan cosas, desde lo más mínimo a planificar tu vida en torno a la banda: vacaciones, viajes, hasta el nacimiento de un hijo, porque nos ha pasado. Las familias de todos nosotros giran en torno a la banda, de todos.

 

Capítulo IV: Paz

–  ¿Resignás cosas y ganás otras?

–  Subirse a la Trafic con tus amigos, irte a Cordoba y que haya un grupo de gente que te va a ver, que canta tus canciones, que te subís a un escenario y cantan tus canciones y aplauden, es hermoso. El otro día fuimos a tocar a Rosario, con cuatro, cinco bandas, estuvo buenísimo. Volvíamos como a las cuatro de la mañana y al otro día, a las siete muchos trabajábamos y decíamos “Faaa queé lindo esto, mira si encima de todo esto nos pagaran por hacerlo seríamos las personas más felices del mundo”. Lo hacemos con mucho gusto, nos gusta mucho estar entre nosotros, eso es lo que más nos gusta, el grupo, estar, cagarnos de risa, viajar juntos. Si bien uno anhela poder vivir de esto no es algo que nos quite el sueño o nos vuelva locos, cada uno tiene su vida además de la banda, su familia, sus proyectos, pero formar parte de una banda implica muchísimo compromiso. Hoy hay chicos tatuados con el logo de la banda, con frases, es una demostración increíble pero también es una responsabilidad muy grande.

 

–  Volvemos a la decisión de contar historias y a la responsabilidad que implica

–  Nosotros creemos que creamos una banda, un grupo que está hoy por encima de cualquiera de nosotros. Antes éramos nosotros los que alimentábamos a la banda a que crezca y que vaya a salir a tocar y hoy por hoy la banda ya tiene una vida propia que está por encima de nosotros. Somos nosotros mismos los que tenemos que decir: Formo parte de la banda que me exige.

 

Capítulo V: Siempre renacer

Ese mundo que crearon tomó fuerzas, tomó vida propia y se nutrió de formas en el disco que cierra una etapa. Los tipitos que figuran a la banda en el trabajo discográfico anterior estaban construyendo y en este último, guerreros, están peleando contra dragones y elefantes que simulan ser algo parecido a miedos “Creo que es muy psicológico. Hay muchas cosas que nos representan”, dice la banda. No se imaginan aún como aparecerán en un próximo disco, las cosas se seguirán dando, como en sueños, como en cuentos, para que la forma en las que le toque renacer llegue en el momento indicado.

*

“Al final, después de todo, estaremos desgarrados y hasta cansado, tal vez; pero con más hambre de estar. Vas a ver” (La Gran 7 – Nubes de Tierra)

La Gran 7

¿Cómo hacer para escribir y que te lean?

Si un artista es todo el que quiere exponer lo que hace, ¿cómo se hace para llegar a un público? Nos juntamos con el escritor y editor Sebastián Barrasa para repensar los mecanismos de publicación, las lógicas editoriales y los circuitos no comerciales en los que gira este mundo de letras.

En el entramado impreciso de letras que es la vida de cualquier escritor existe siempre un punto y aparte. Un pinchazo en el estómago, una sed nueva en la garganta, un deseo que se hace carne entre manos impacientes: las ganas de mostrarse. Publicar es hacer público, es exponer lo propio a la mirada del otro, y en este sentido está lejos de reducirse al limitado formato de un libro. “Publicar, por ejemplo, es hacer una performance con mis textos. Publicar es hacer una muestra mural de mis textos combinada con artistas plásticos. Publicar es también poner mis textos en un blog. Publicar es poner mi libro en un pdf y subirlo en alguna página de libros digitales. O publicar es ponerlo en mis notas en Facebook, o grabarme leyendo los textos y ponerlos en YouTube, o publicar es también agarrar mi material y llevarlo a un libro”.

Así dice Sebastián Barrasa, poeta, coordinador del Grupo Literario Cruzagramas y director editorial de Ediciones Artilugios, que en esta nota reflexiona con nosotros acerca de los diversos mecanismos posibles de publicación, las diferentes lógicas editoriales y los circuitos alternativos en los que se mueven y se muestran los autores no consagrados.

En el campo literario, es una asociación prácticamente natural la que une la idea de publicación con la de un material escrito, en desmedro de otras formas de manifestación de lo poético vinculadas a la oralidad. Más específicamente, la concepción de publicación imperante en el imaginario social remite de modo casi directo al libro sin atender, por ejemplo, a los múltiples soportes digitales existentes. “Convengamos que el libro en papel es una tecnología vieja, por más que todavía esté presente esa cuestión romántica de querer el libro, tocarlo, mirarlo, tenerlo”. Al margen del orgasmo que para la gran mayoría de los autores puede significar sostener el propio libro en las manos, debe destacarse que se trata de una tecnología sumamente cara (baste con considerar que más del 50% del costo de producción de un libro consiste en el papel y la tinta).

Como contrapartida, Internet ofrece soportes digitales de publicación con costos prácticamente nulos. Las redes sociales y su flujo constante dejan entrever la naturaleza creativa del hombre: en la web interactiva el sujeto dejó de ser un receptor pasivo, como en la televisión, para participar y exhibir ante los otros las propias creaciones. Sebastián arriesga que quizás se deba a la masividad y simplicidad de estos mecanismos el hecho de que los propios autores los consideren como canales menores.

Lo cierto es que el material en circulación es cada vez más abundante, y este fenómeno, aunque definitivamente positivo desde el punto de vista cultural, genera ciertas dificultades para aquellos autores que desean vivir del arte, en tanto enfrentan una competencia muchísimo mayor. “Ahora cualquier pibito con una computadora hace un poema, y un poema que capaz está mucho mejor que el que hago yo elaborándolo y pagando cinco o siete lucas para imprimirlo en un libro, y capaz el pibito lo puso en el blog y tiene cien mil visitas”. Tal vez con el tiempo, aventura Sebastián, los espacios digitales adquieran una mayor legitimidad como lugares posibles de publicación, en los que el propio público validará quién es el verdadero artista  (y no una academia, una editorial o el propio Estado). “De alguna manera, gracias a Internet estamos entrando en una especie de anarquía natural, utilizando el término anarquía en un sentido más que positivo, no como el caos, sino como la expresión mayor del orden, del auto-orden”.

Pero por el momento la fascinación por el objeto-libro persiste, y la aspiración de la gran mayoría de los autores continúa puesta en él. Sin embargo, debe considerarse que el enérgico deseo de ver la propia obra en papel pierde sentido cuando los lectores escasean. En este sentido, apunta Sebastián, el primer motor de cualquier libro debe ser su autor, quien tiene que trabajar para que su material circule y construya progresivamente un público, de modo que cuando ese material se encuentre impreso en papel, cuente con un conjunto inicial de lectores cautivos. “Esto es lo que hacen los músicos. Los autores literarios lamentablemente son un poco menos curtidos en la vida under, están como esperando que venga el señor editor y diga: yo soy el Señor Planeta y vengo a publicarlo a usted porque sé que usted debe ser muy bueno, así que le garantizo que lo voy a publicar y lo van a leer cien mil personas. Y eso no ocurre, y no tiene por qué ocurrir”.

Momento entonces de sumergirse en los intersticios del mundo editorial. Para comprender su funcionamiento deben considerarse las principales tareas de la editorial al momento de encarar una publicación: la selección del material, su revisión y corrección, el diseño de interiores (distribución del material dentro del libro, tipografía, estética de las páginas, etc.), el diseño de tapa y el proceso legal de registro del libro (que implica fundamentalmente registrarlo en la Cámara del Libro, conseguir así el número de ISBN, y cumplir con la entrega de cuatro ejemplares destinados a la Biblioteca Nacional, la Biblioteca del Congreso, el Archivo General de la Nación y la Dirección Nacional de Derechos de Autor).

Resulta evidente que existen editoriales que manejan diferentes recursos, y que poseen por ende lógicas editoriales variables. “Las editoriales grandes, que están en la industria editorial y que después te venden sus libros a 150 pesos, y que aparte te imprimen 50.000 libros, y tienen toda una cadena de distribución, y saben que van a poder recuperar esa inversión, tienen equipos de selección, de corrección, una infraestructura que las editoriales pequeñas, las que se llaman independientes, no tienen”. Por este motivo, las pequeñas editoriales se ven impelidas a reducir los costos, descuidando para ello algunas de las instancias del trabajo editorial. Así, por ejemplo, se delega el proceso de selección del material en el propio autor, se corrigen solamente los errores frecuentes sin realizarse una lectura completa del material, o se prescinde de un verdadero trabajo de diseño de interiores, lo que muchas veces da como resultado letras muy pequeñas o márgenes demasiado estrechos que dificultan la lectura. “Son decisiones de cada editorial, y son respetables. Porque a la larga, si el objetivo era publicar al autor y yo pude abaratar costos y hacerlo, también es válido”.

En Argentina, la Cámara del Libro reconoce tres niveles de edición: las ediciones de autor (en las que un autor independiente se autopublica sin conformarse como editorial), las ediciones eventuales (editoriales independientes que publican libros ocasionalmente) y las editoriales-empresa (las grandes editoriales, que pueden costear la afiliación a la Cámara). Lo que varía entre ellas, básicamente, es el rango de números ISBN (suerte de “número de documento” del libro). Para ingresar en el circuito de distribución comercial, explica Sebastián, ese número es fundamental, y en general las librerías demandan además un sello editorial y un código de barras. “Porque también está todo muy industrializado, y hoy las librerías son como supermercados”.

También existe, por supuesto, la posibilidad de autoeditarse sin previo registro en la Cámara del Libro. “Hay muchísimos autores del under que se editan a sí mismos para abaratar costos: van a una imprenta, se compran una engrampadora, arman el libro por su cuenta y así se abaratan mucho los costos en plata, aunque no en tiempo”. Entonces, Sebastián hunde su mano derecha en la biblioteca, y entre dos cartoncitos verdes aparece entre otras muchas la historia de Leo Capucci, que “agarró dos cartones, una cinta de enmascarar, imprimió, cortó y abrochó todas las hojas y recortó cosas de revistas viejas que tenía por ahí, uno de los hijos las pintó con témpera, otro pegó pedazos de cómics y cosas por el estilo.” Así, todos los ejemplares son distintos y originales, y el libro deviene también un objeto en sí mismo. Para asignarle un valor, cuenta Sebastián, el autor encara a su potencial comprador diciendo algo así como “este libro cuesta tanto, ¿para vos cuánto vale?”.

De un modo u otro, entonces, entre engrampadoras, cartones y papeles a veces torcidos, hoy muchos autores se publican a sí mismos. “Y una vez que armaron sus libros, se encontraron con otro tema: cómo hacer para que ese libro llegue al público. Entonces empezaron a buscar sus canales: fueron a leer a algunos lugares, o empezaron a vender sus libros en bares, o en plazas, o en eventos. Se empezaron a cruzar entre ellos. Y un poco así nace la Feria del Libro Independiente”.

La FLIA reúne editoriales, escritores y artistas independientes en una organización horizontal y asamblearia, que realiza recurrentemente ferias en las que todos ellos muestran y ofrecen al público sus producciones. La Feria del Libro Independiente no se realiza una vez al año, en una fecha determinada. Se organiza, por el contrario, cuando se la considera necesaria. Generalmente tiene lugar en situaciones de contracultura, que ponen al descubierto el alto contenido sociopolítico existente detrás de esta organización. “Por ejemplo, estaban cerrando un centro cultural, hacemos una FLIA. Una fábrica recuperada, hacemos una FLIA en su apoyo. La Facultad de Sociales recupera el estacionamiento que le corresponde, pero que había sido privatizado por el Decano en la época de Menem, la FLIA se hace en ese lugar. Se hizo en Sala Alberdi cortando la calle, se hizo en el Parque Centenario en el primer intento de enrejado, se van haciendo siempre en situaciones contraculturales”.

El proyecto fue creciendo de modo notable: no solamente participan cada vez más autores, sino que además la FLIA experimentó una gran expansión al realizarse en el Conurbano, en el interior del país, e incluso en varios países de Latinoamérica. La Feria del Libro Independiente, apunta Sebastián, casi recuerda las antiguas ferias medievales, lugares de encuentro a los que los productores llegaban con el excedente del tributo que pagaban al señor feudal. “Cuando uno la ve dice: ah, esto es una feria. Es el autor, es el editor ahí al lado tuyo, vos estás yendo a hablar con el autor y él mismo te vende su librito, impreso más o menos, o impreso muy bien, porque que esté en la FLIA no implica que sea de mala calidad”.

FLIA también es familia, y esta reminiscencia no es casual: se trata de una organización que funciona de modo horizontal y autogestivo. El debate en torno a la “A” de la sigla deja traslucir la dinámica de un espacio en el que todos son creadores de significados e intenciones. “Cada uno le pone a la ‘A’ el significado que quiera. Entonces algunos dicen Feria del Libro Independiente y Alternativa, y otros dicen Autónoma, Autogestiva, Anarquista, Afectiva, Amorosa. Cada uno construye su propia FLIA. A diferencia de la Feria del Libro oficial, que es un lugar de desencuentro, en donde cada uno está en su lugar y de hecho hay una competencia casi desleal con los de alrededor, la FLIA es un canal de difusión del material, y a la vez un lugar de encuentro de toda esta gente. Una verdadera feria.”

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editoriales

La libertad de la música propia

Ángela Parodi y Julieta Lizzoli son las protagonistas del ciclo “De la raíz a la copa”, que se hace los segundos viernes de cada mes en Jalapeña. Cada fecha, el repertorio de un compositor clásico. Reflexionan sobre el valor de la música popular, la relación de los jóvenes con el foklore y los vericuetos de la música independiente.

No me ufano por esto / siento que crezco / a pesar del machete / reboto fresco. Así dicen los versos de “De la raíz a la copa” (Pepe Nuñez – Juan Falú), canción que nombra el ciclo protagonizado por Ángela Parodi (voz y bombo) y Julieta Lizzoli (piano y voz). Versos que bien podrían referirse a la música popular, que resurge, se expande y actualiza como esas plantas que crecen en las grietas del hormigón, y llenan de vida el más concreto de los espacios. También como estas dos mujeres, que exploran la libertad y el compromiso de una música propia, de un decir nuestro y un sentir de todos. Una vez por mes, desde mayo a octubre, recorren el repertorio de autores clásicos en el escenario de Jalapeña, un espacio nuevo, emplazado donde funcionara el mítico Empujón del Diablo. Se trata, entonces, de elegir una herencia, reactivarla y conservarla con vida.

Julieta: – La música popular fue lo primero que hubo acá en mi casa, que mi mamá me hacía escuchar cuando era chiquita. Pero de todo, Mercedes Sosa y, bueno, Fito Páez, ¿crecimos en los 90’, no? Aun cuando comencé mi educación musical formal y me puse a estudiar música académica, el folklore siguió estando… y después me llegó el tango.

Ángela: – En mi caso, cuando me volqué al canto, me dije que quería algo que realmente pudiera expresar y que sea mi lugar. Me parece que, en este momento en el que el folklore está más aceptado, hay que aprovechar. Porque si ves a alguien joven haciéndolo, te va a llegar más. Y está bueno que se construya esa cultura de acá, con el folklore, el tango, la murga. Rescatar lo que es propio. Quizás en el ámbito académico lo que más se valora es la complejidad, pero te tiran un poema de Yupanqui y te cagan… Te sella la boca, andá a decir algo así.

***

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En una tarde-noche en mitad de la semana, y también en medio de dos de las fechas del ciclo, pedimos permiso a los instrumentos y nos dedicamos por un rato a las palabras. Pero la música se cuela por todos lados; estamos en la casa de Julieta, rodeadas por un teclado, equipos de sonido, partituras y más. Antes de tocar juntas y mucho antes de dar entrevistas, Ángela y Julieta se conocieron. Y lo hicieron en la carrera de folklore del Conservatorio Superior de Música “Manuel de Falla”, que dicen “es todo un tema aparte” (y lo será). La música las encontró de nuevo en el verano, cuando Ángela tenía un ciclo en la Peña del Colorado y un día su guitarrista se fue de vacaciones. Fue así que la llamó a Julieta para que la acompañara y descubrieron algo que conservan como oro: la comunicación el escenario.

Julieta: – Esa viene siendo la herramienta para llevar adelante un ciclo en el cual te tenés que aprender doce temas nuevos por mes. Es el elemento que nos permite improvisar, más allá de las cosas pautadas, y también recuperar lo lúdico.

Ángela: – Es un poco la idea general de la música popular. Porque en la música mal llamada “clásica”, digamos, la música académica, todo está súper pautado y estudiado y tenés la partitura, que si te movés de ahí, está mal. Entonces, intentamos reivindicar todos estos elementos propios de la música popular que son los que nos gustan a nosotras, que por ahí está medio bastardeada. Los autores son una excusa, quedan afuera un montón, pero mechamos tres muy conocidos y tres desconocidos para el público que no escucha específicamente folklore, y la idea es llevarlos al lugar que creemos deberían tener, pero tampoco quedarse en una visión tradicionalista. Nos gusta entreverar, sacar algo de otro estilo. Estudiamos música de muy chicas y hemos hecho de todo: rock, jazz, ella toca tango… y nos gusta mezclar.

Hablar de comunicación les queda chico. Cuando empieza la música, se funden en una interpretación sincera y generan un clima de abrazos, de miradas y risas cómplices, de manos repiqueteando contra las mesas, de palmas que se unen en su solo aplauso. Entre ellas y el público la distancia es de apenas unos centímetros que levantan el escenario, porque en cada cuerpo resonante vibra su canto y su música. Termina el espectáculo y se integran entre las mesas, comparten un vino y hasta se bailan una chacarera. Una vez más, de lo que se trata es del encuentro. Y a esos fines, las peñas son el lugar privilegiado, y se han convertido en los últimos años en uno de los espacios de socialización predilectos entre los y las jóvenes.

Ángela: – Es que es muy accesible, a todos nos gusta salir, tomarnos un vino, comer una empanada con amigos. Y que la gente empiece a bailar está buenísimo. Está muy bueno bailar cumbia, pero bailarte una chacarera o dos pasos de tango es muy importante.

Julieta: – Y la milonga ni hablar, tenés que abrazar a alguien que ni conocés y tratar de caminar con él. Yo hace dos años y medio voy a la misma milonga todos los jueves, y es como una familia. Es un valor que los jóvenes puedan encontrar un espacio de pertenencia y de relación con la cultura.

***

La observación obligada, casi obvia, tiene que ver con que son dos mujeres interpretando a compositores varones y surge la reflexión en torno a las representaciones de género en el folklore argentino tradicional. Recuerdan la fecha de julio, con repertorio de Peteco Carabajal, en la que compartieron escenario con un cuarteto de cuerdas, integrado por tres mujeres y un varón. Destacan que se eligieron porque les gusta tocar juntas, no por el hecho de ser mujeres. Pero a la vez señalan que hace diez años era inimaginable, que es una realidad que antes no existía.

***

La apertura fue con temas de Atahualpa Yupanqui; le siguieron Peteco Carabajal, Chacho Muller y Pepe Núñez. Aún restan dos fechas del ciclo, el 13 de septiembre el repertorio será de Juan Falú y contará con su presencia como invitado, y el 11 de octubre, le tocará a Raúl Carnota. Dicen que eso que empezó como una idea loca en una charla de patio y mates se pasó volando, y no paran de pensar en lo que se viene, que seguro será mucho. Admiten que el desafío de preparar un repertorio mes a mes las mantuvo activas y les funcionó, pero es una rueda que nunca termina.

Julieta: – El balance es de mucho aprendizaje, de mucho crecimiento en el vínculo entre nosotras como músicas, como personas. La vida de las dos está totalmente atravesada por el ciclo y viceversa. Nos acompañamos mucho. Es una especie de piloto de lo que puede llegar a ser un proyecto más grande. Es un desafío tremendo, dadas las condiciones de vida de ambas, de los proyectos distintos, es mucha carga. Nosotras no tenemos representante, nos encargamos de todo. Quizás de afuera, parezca que es subirse al escenario, tocar un par de temas y listo. Pero hay que ocuparse de acordar las fechas, los invitados, los ensayos. La verdad es que la nueva destreza que tiene que tener el músico hoy en día que se quiere autogestionar es todo lo que tiene que ver con la administración y la difusión.

Ángela: – Y más con todo lo que ofrecen las redes sociales y la tecnología, tenés que estar todo el tiempo poniéndote al día. Mismo con el sonido, la peña tiene sus equipos y todo, pero tenés que ser el fletero de tu piano, tenés que ser tu propio representante, manejar la convocatoria, que para eso Facebook nos sirve un montón, sacar fotos y ponerlas lindas para subirlas, filmar los videos, que por suerte tenemos a alguien que nos ayuda, pero después los tenemos que editar, subirlos. Es un montón de tiempo que le aplicás a eso, pero es tiempo en que no estás pudiendo ensayar. Después llegás al escenario y decís ‘uy, hubiera usado esas horas para preparar mejor esto’. Pero en lo artístico, estamos tan acostumbrados a ocuparnos de todo, que parece que querer contratar a alguien que diseñe los flyer, se ocupe del sonido o de armarnos una página web son pretensiones mundanas. Pero si vos hacés un laburo que te requiere estudio y un montón de dedicación, está bueno que se reconozca eso, que se valore.

El paso que sigue es una fecha a fin de año con “los mejores momentos del ciclo”, en donde interpretarán dos o tres temas de cada uno de los compositores que fueron recorriendo en el año. El formato será diferente. Estará pensado como un espectáculo y se va a hacer en un teatro, esperan seguir contando con invitados y ensanchar un poco el escenario, para salir de un plano tan íntimo. Y se apuran en decirlo: lo que verdaderamente esperan es poder grabar, quizás el año que viene.

Ángela: – Para hablar de una grabación, necesitás mínimo 20 mil pesos, y esa es plata que tenés que tener vos, no la vas a hacer tocando. Hay subsidios del Fondo Nacional de las Artes, pero dan para tres o cinco discos…así que imagínate. Está la Ley de Mecenazgo, también hay préstamos, pero no se da abasto. Está lo del crowfunding. Todo esto te dice que los artistas están necesitando guita, no es que esperamos que nos la den así nomás, pero no hay cómo gestionar ese dinero que se necesita para producir las cosas. Lo mismo con los espacios para tocar. Estaría buenísimo que los espacios estuvieran en mejores condiciones, yo entiendo que son lugares privados, pero se gasta plata para un montón de cosas, subsidios y eso… la verdad es que se tendrían que valorar más y poner a punto esos lugares.

Y hablando de público y privado, de la puesta en valor de la cultura, mientras tenemos esta charla, el Manuel de Falla se cae literalmente a pedazos.

Ángela: – Nuestro conservatorio ahora está en asamblea permanente, pero estuvo por cerrar, porque no había ni papel higiénico; está bien lo podemos llevar, pero si no hay plata para eso es porque no hay nada. Se había dado de presupuesto anual cero, ¿entendés? Al final, les dieron 90 mil pesos, y yo, que no entiendo de esas cosas, sé que no alcanza para nada. No es fácil, eso se traslada, si desde las instituciones estamos así, lo independiente imagínate.

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La calle es nuestra, y la fiesta también

Las callecitas de Buenos Aires tienen ese no sé qué… Lo que seguro tiene es música. Jamaicaderos se encarga de ponerle ritmo a los domingos porteños. Con decenas de denuncias que caen sobre ellos, sus instrumentos no se callan y sus voces tampoco: “La calle es un lugar para compartir el arte, defenderlo y romper las desigualdades“. 

“¿Esto es un Clarinete?”, señala un señor de pelo blanco que nos habla de su edad. Cuenta que él tiene uno, del mil novecientos, lo dice agitando la mano indicando tiempo atrás, mucho tiempo atrás. Uno de los músicos entre sorbos de té, mientras sostiene una porción de torta que acaba de comprar a una vendedora ambulante, le recomienda lugares para repararlo. La charla termina cuando se ofrece a ir con él para que no corra la mala suerte de que lo agarre un trucho y lo cague.  Les pregunto si siempre se generan cosas como estas. “Siempre”, me dicen. La gente llega, se acerca, asoma preguntas, algunos se quedan, otros se van, pero nadie puede no notarlos. Los que pasan por la calle Defensa al 1100 no tienen forma de evadir la fiesta de Jamaicaderos, porque ellos se convierten en la calle.

Nueve personas y sus instrumentos toman la forma de la persiana que le hace de escenario, de los adoquines, de lo estrecho del camino, de algún grafiti que anticipa que ese espacio tiene mucho de ellos. Juntos, Topo y Bochi en saxo, Javi en bajo, Mati y Dani en guitarra, Pablo en batería, Amaru en teclas, Agustín en percusión y Juan en trombón toman la forma de Jamaicaderos para prolongarse en música por San Telmo.

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jamaicaderosMientras arman el sonido, una pareja de músicos sentados en la mano de enfrente tranquiliza la tarde con melodías que relajan. Terminan coordinados. Sus últimos aplausos dan la bienvenida a los de la otra vereda, paradójico que en realidad todos estén en la misma. “Son códigos”, me dice un rato más tarde la chica del dúo que se queda a escucharlos y a bailarlos. Me habla del instrumento ancestral australiano que estaba tocando, de sus posibilidades, de que ellos hacen música más tranqui y de que “Jamaicaderos es una fiesta”.

La pierdo bailando entre la gente, que incluso antes de que suene el primer tema se amontona haciendo un semicírculo. Parece que enchufar los instrumentos los vuelve imanados, todos caminan hacia ellos, gente en situación de calle, turistas, parejitas que pasean a los besos, familias enteras, vendedores que comparten mate. Jamaicaderos parece igualarlo todo y a todos.

 –          ¿Qué significa la calle para ustedes?

–          La calle es un lugar para nosotros con mucha magia y energía donde se puede compartir el arte y la cultura, defenderlo entre todos y romper las desigualdades. Es decir, poder compartir con gente que ocasionalmente pasa, desde quienes viven en la calle hasta un turista adinerado y también algún músico que siempre tiene las puertas abiertas para sumarse a tocar. Es un lugar donde el abanico de posibilidades se multiplica y es un lugar muy importante para que todos sean conscientes que desde acá hay que defender el derecho al arte y la cultura.

Arranca la música y los cuerpos le dan combate al frio invernal. De a ratos los vientos se apoderan de todo. Todavía nadie le habló al micrófono. Las palabras llegan entre los intervalos y cachetean.  “Aunque nosotros hacemos música instrumental, entre tema y tema queremos siempre decir lo que nos conmueve, lo que nos atraviesa, lo que nos preocupa de un montón de cuestiones que están alrededor nuestro, queremos seguir siendo permeables y queremos que la música también actúe en consecuencia, acompañando, abrazando a alguien, dándole una mano, cambiando un estado de ánimo, dando fuerza y concientizando sobre todo”. En la primera pausa, la banda nos habla de la defensa del libre acceso a la cultura, de la posibilidad de estar ahí, todos juntos, bailando. De la lucha que eso implica.

Fotos: NosDigital
Fotos: NosDigital

Hablan entre líneas de las muchas contravenciones que les llegaron, principalmente por ruidos molestos. Ruidos molestos, un domingo, en San Telmo, con la calle llena de gente y de arte. ¿Ruidos? ¿Molestos? De todos modos la lista sigue: “A veces fueron por usurpación de espacio público, en otros casos hasta por venta de mercadería ilegal porque dicen que nuestros cd son mercadería ilegal, y los más disparatados cuando tocamos por Florida, que hay muchos bancos, porque instigábamos a las salideras bancarias”.

Me alejo dos locales. Hay en la puerta de un comercio un señor que mira la situación, atento. ¿Los conoce?, le pregunto. Las respuestas llegan como vómito. Me dice que fue a verlos alguna vez, que le gustan, pero que son insoportables. Debe haber notado mi cara de desconcierto porque aclara que le gustan para un viernes a la noche pero no para un domingo mientras él está trabajando. Dice que cuando los clientes entran a su local, principalmente extranjeros, se le complica el inglés por los ruidos. Que es ilegal porque venden cd. Que así no va. Que hacen lo que quieren.  Que tienen mil denuncias, pero que se quedan porque son guapos. Que cuando viene la policía agarran el micrófono, empiezan a decir lo de la libre cultura y se ponen a la gente de su lado.

 –          ¿Qué significa la cultura para ustedes?

–          Nosotros la entendemos como algo abierto, absolutamente relajado, accesible, tangible y alcanzable, no arancelado, sino que esté desparramado por las calles, por las plazas, en diferentes formas.

La gente sigue llegando, y la defensa del espacio se convierte en una tarea de todos. Si son más los que se frenan a escucharlos, más son los que le dan la importancia que merece a la música en la calle, los que se suman al grito de que es necesario, de que no se trata de ruido, y mucho menos de ruido molesto. Es mucho más fuerte la exigencia a cumplir el artículo 32 de la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires, que entre varias cosas garantiza la libre expresión artística, prohíbe la censura, impulsa la formación artística y artesanal, protege la pluralidad. Es mucho más fuerte también el pedido porque se respete la Ley 4121 Artículo 15, que aclara que mientras no se exige contraprestación pecuniaria, la actividad de los artistas callejeros no constituye una contravención.

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–          ¿Cómo definen lo que se genera?

–          La palabra clave es compartir acá y es justamente la que queremos cambiar frente a un montón de lugares en donde quieren bajar línea que la clave es competir.

Vuelvo con el comerciante que señala el grupo de gente y me dice que él no quiere eso, no quiere ver culos, quiere ver ojos que miren su vidriera. Pide disculpas por decir culo, solo por haber dicho eso.

jamaicaderos

Rock, familia y autogestión

La Escuela del Desaprender se fue de gira y NosDigital se subió al micro. Lejos del mito del descontrol, una banda de rock que se sostiene desde el compartir y la horizontalidad.

– ¿Qué es para ustedes la autogestión?
– “La autogestión para nosotros es algo que no elegimos, sino que es una obligación”.

Obligación un poco impuesta que estrecha los caminos para las bandas under. Obligación un poco elegida más allá de las puertas que se cierran o se abren. Obligación que por fuera de los límites que la establecen no deja de ser realidad. La autogestión es ante todo arremangarse y estar dispuesto a la construcción, así lo viven, haciendo.

Diego, baterista de “La Escuela del Desaprender” da la respuesta en plural unificando su voz con la del resto que conforma el equipo: Gastón (Voz), Gonzalo (Guitarra), Dieguito (Guitarra y voces), Juani (Bajo) y Damián (Saxo y armónica). Juntos desde hace unos años edifican desde la música encarnada en un rock potente y directo un grupo de pertenencia.

El micro espera donde las cosas empiezan a surgir, en Valentín Alsina, en el medio de una calle que marca el principio del fin de semana. Extremadamente temprano para un sábado y para el rock, los únicos que agitan son los que el fernet los delata como girosos. El resto se refugia en el mate y en las colchas. Los músicos terminan de subir los instrumentos al micro. El manager – puteada de por medio – tilda nombres en una lista. Todos laburan. Alguien pone primera y se anticipa la partida hacia Rosario.

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Primero fue una combi, después fue otra combi, después un bondi y una combi y terminó siendo un micro larga distancia y salió. No lo podíamos creer”.

En el primer piso del micro se vuelve a agarrar la lista y preguntar por los que faltan. Hay que hacer tres paradas antes de agarrar la ruta. El pibe que sube último tiene que recorrerlo entero para encontrar el único asiento vacío. Hay que anotarse en una lista con nombre, apellido y documento, la cuestión es organizada. De a ratos, para pedirle el apellido a alguno, los llaman con su apodo de Facebook y se presentan ahí mismo. Para varios es la primera vez que viajan con la banda y ni siquiera se conocen, pero todos se saludan y ninguno queda fuera de la charla.

El viaje se empieza a tejer como una telaraña de relaciones casi naturales, nada es forzado, todo fluye y se aleja del imaginario del micro con la banda y las heladeras llenas que viajan cómodos para llegar a destino y bajar con lentes negros y capuchas que escondan las ojeras. De esas cosas que vemos en películas no pasa nada. Mezclados están la banda con su familia, muchos con sus mujeres, novias, incluso el padre de alguno comparte el viaje y están también sus propios seguidores. Las energías se perciben diferentes porque no hay escalafones que marquen quién está arriba del escenario y quién está abajo, el fernet rota de mano en mano y toman todos juntos del mismo vaso, todo se vuelve circular, compartido.

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A nosotros nos interesa que la gente, más allá del show, nos conozca cómo somos y también conocerlos a ellos. Por ejemplo, tenemos en la sala un lugar atrás que era un parque lleno de pasto que lo cortamos y ahí tiramos un par de parrillas y hacemos choriceada. Viene la gente, se juntan ochenta personas, ponemos música con todos los músicos ahí y la pasamos bárbaro. La idea es que la gente te conozca de otra manera, que puedas relacionarte con ellos”.

Todos mezclados y con lluvia, se llega a Rosario. Algún que otro dormido entrega la plata del viaje, algo así como $200 por cabeza, lo mismo que algunas grandes empresas te cobran sólo por llevarte. La guita queda en un segundo plano, no es un viaje para sacar un rédito económico, se cubren solamente los gastos necesarios para que la música llegue.

Desde los parlantes, el rock que se desprende de un pendrive que la banda había preparado empieza a dejarnos manijas. Da la sensación de que pensaron cada detalle; por eso, cuando bajamos del micro, la carne del asado está sobre la mesa larga de la casa que nos espera y el fuego ya está prendido. Los músicos son los primeros en agarrar la sal, empezar con las preparaciones previas al asadito y repartir las bebidas. El almuerzo culmina el compartir. Sentados juntos está el pibe con la remera estampada con el logo de la banda contando cómo llegó hasta ahí y quizás el mismo cantante es el interlocutor de la charla.
Se tejen relaciones y la red va haciendo que te sientas parte de un mismo grupo. Son lazos horizontales, todos con igual importancia para sostenerlas. Cuando se dejan los cubiertos la charla sigue, algunos cantan retruco, improvisan una zapada y caldean las gargantas para la espera.

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La idea es dar la comunión entre todos, por eso siempre recalcamos lo de la familia desaprendida. Nos interesa eso, no lo que es el show de la banda arriba y el público abajo. Si no hubiera escenario, nos gustaría estar ahí metidos tocando en el medio”.

Camino al show el pen drive ya no suena, esta vez suena el disco de La Escuela y una corriente enciende los cuerpos. Aparecen las banderas y alguien de la banda le dice al que tiene en la mano la bolsa con las remeras que reparta una a cada piba, ninguna se queda sin el logo pintado en el pecho mientras otra vez los músicos son los que cargan los instrumentos.

Todo lo cosechado durante el día se hace carne. La energía fluye sola, va, rebota y vuelve retroalimentada. La fiesta abajo es una continuidad de lo que pasa arriba del escenario. Todo se vuelve una misma sintonía cuando el rock estalla desde las remeras hacia ellos. Los vínculos quedan sellados y parecen poner en marcha el micro de regreso con la energía compartida de un grupo que se afianza. La estructura formal de un recital se diluye, los unos y los otros se comen el escenario y lo desaparecen. La banda sigue creciendo. Siempre a lo ancho, siempre horizontalmente.

escuela del desaprender

Con el corazón en el escenario

En la dura carrera por pegarla en el rock, los recitales son clave. Las experiencias de cada banda se cruzan en la calle y en los escenarios. Los músicos de Josefita en charla del under cuentan cómo es pensar con lógica cada recital y vivirlo.

Viste que hay algunas cosas que la gente naturaliza. No sabemos por qué. Te agarran y te dicen plantá un árbol, escribí un libro, tené un hijo; y si grabaste un disco, salí a presentarlo. ¡Ah, pero claro, que boludés! Bueno, algo así me pasó la semana pasada, tengo una banda y grabamos el primer disco. Toda la felicidad junta, imagínate que ves ahí meses de esfuerzo condensados en una cajita. Pero lo ves, sonreís y decís: ¿Y ahora qué?

Fotos: Nos Digital
Fotos: Nos Digital

Las pasiones del futbol y del rock se tocan, por eso también tenemos un equipo de futbol y tomando una cerveza después de un partido en el que ganamos, conocí a El Agu. A través de él, unos días más tarde me junté con el resto del equipo: Pablo, Juan Ignacio, Fernando, Chuky, Agustín (si, hay dos) y Santiago. Todos ellos son Josefita.

Los pibes están en una situación bastante parecida a la nuestra, pero mil pasos más adelante. Tienen otros años también de camino transitado, arrancaron a tocar juntos en el verano del 2005 y un año después ya presentaban “Bailes de potrero”, el primer material de la banda. Está chequeado que la presentación era bastante diferente a lo que hacen ahora, pero hay algo que las iguala siempre, el corazón saliéndose del pecho cada vez que pisas el escenario. En ese punto estamos todos iguales.

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“Dejando atrás las estrategias, creyendo que lo que importa es sentir. Si siempre respiramos Sur… ¿Qué otro Norte podríamos tener más que cumplir acá los sueños que acá nacieron?”.

Fui hasta el barrio de Lugano, los pibes tienen sala propia desde hace unos años que a veces sirve para ensayar y otras para charlas como esta. Les doy una copia del disco que acabo de sacar, ellos me responden con una copia de SUR, el nuevo disco que en marzo presentaron oficialmente en Niceto y la conversación pinta casi naturalmente.

Desde la primera vez que se subieron al escenario las cosas un poco cambiaron “Nosotros empezamos la banda de cero, sin ideas de difusión, sin idea de prensa, sin nada. Averiguábamos dónde se podía tocar, conseguíamos una fecha e íbamos a tocar”. En ese momento el “nosotros” eran pibes de unos veinte y pico que arrancaban sin casi experiencia en otras bandas, poco se sabía de ideas para producir un show, así estoy yo, pero las cosas para ellos estaban cambiando.

Cuando arranca la ronda, tiran un par de chistes mientras ven las fotos de uno que por fin se hizo un Facebook. En los show parecen mucho menos jodones, les digo. La respuesta me hace sentir medio boludo: “Con el tiempo nos fuimos metiendo en un discurso o en lo que quería decir la banda y por eso por ahí en el momento del escenario elegimos más lo que queremos transmitir, entonces hay cosas que preferimos correrlas simplemente porque estamos eligiendo lo otro”.

josefita3Es que claro, ahora al momento de plantarte a tocar, las cosas se construyen desde otro lado. Un show es parte de la identidad de la banda y cada cosita que vemos y todas esas que a veces ni siquiera notamos como importantes, hacen a que las cosas tengan un sentido. Anoto en un cuaderno que le saqué a mi hermano la palabra “coherencia” bien grande. ¿Cómo se hace para mantenerla? A veces la guita, la oferta y las condiciones mucho no ayudan, uno suele chocarse con bastantes paredes.

Primero, me dicen, elegimos el lugar: “Para las bandas del under es algo difícil salir de tu zona, cuesta un montón sacar a la banda a tocar a otro barrio, a otro lugar y que los familiares y amigos o la gente que te acompaña pueda ir”. Y si, es una apuesta salir a rotarlo por diferentes lugares, esa es la idea de presentación que tienen durante el año, pero arrancaron en Capital y como nosotros también somos de acá, me tiran un par de puntas copadas.

“Yo creo que lo que buscamos es estar cómodos nosotros y que esté cómoda la gente, desde el lugar físico, las formas de llegar y demás. Lugares hay, lo que a veces te acota son las condiciones que te ponen o el lugar donde están, entonces uno tiene que tratar de promediar todas esas cosas, de ver lo que más conviene y a qué costo”. Pará, pará, pará maestro, son demasiadas cosas. Vamos por parte porque sino cuando agarre el cuaderno y le quiera contar a mis compañeros de banda no voy a entender un carajo.   

El problema principal siempre, siempre es la guita. Parece que está ahí diciéndote “ojo che, que no podes hacer todo, necesitas más de estos violetas campeón”. Tenemos que empezar por la platita para ir en búsqueda de un lugar, ellos también coinciden en este punto: “A veces la plata es un gran condicionante, hoy por hoy todo corre por cuenta y cargo de la banda, especialmente cuando venís laburando desde abajo y es todo a pulmón”. Es verdad, el que sabe, sabe. Lo bueno es que lo que vas generando siempre se vuelve a reinvertir en la banda, sirve para seguir proyectando.

Igual, aunque la reinviertas a veces no alcanza para llegar a tocar donde te gustaría. “Hay lugares a los que sólo te cuesta mucho llegar y con productora te puede salir bastante más caro de lo que sale”. Esto achica bastante nuestras posibilidades, porque la verdad es que guita de sobra no tenemos. Además a muchos de esos lugares tenés que reservarlos hoy para poder ir a tocar a fin de año. Hay bastante bandas girando, lo que es buenísimo, pero la demanda de espacios es muchísima, a esto le sumamos que ya no se vive de vender discos y lo que las bandas pueden juntar se consigue casi exclusivamente de los shows, entonces hay que salir a tocar y tocar.

Seguimos pensando cómo carajo buscar el mejor lugar y empiezan a aparecer otras cosas que tenemos que tener en cuenta. ¡La puta madre, era difícil esto de salir a presentar el disco! Los pibes me preguntan cuánta gente llevamos. La verdad es que no se, estamos arrancando. “Hay abismos en la escala de lugares por la cantidad de público”, me aclaran y recién ahí entiendo la pregunta. La movida es que las capacidades están muy lejanas una de la otra en la oferta que hay. Es una cagada, porque no siempre las bandas están preparadas para dar esos saltos.

josefita4Por otro lado, para sumar a las complicaciones y seguir anotando en el cuadernito hay también abismos en la calidad de los lugares y la verdad es que ya lo dijimos, el show es parte de la identidad de la banda, y para presentar un disco tenes una oportunidad, un tiro que le tenés que dar si o si. “Es muy difícil el panorama en Capital, más que nada es difícil por esto que decíamos de querer mostrar tu obra, tu trabajo de la mejor manera. A veces es complicado porque el sonido no es el mejor o el espacio para ubicarnos nosotros, que encima somos bastantes, no alcanza bien. Hay muchas cosas que tenés que tener en cuenta que hacen a que no puedas transmitir tu mejor show y esto lleva a que haya pocos lugares para elegir”.

Los pibes frenan la charla y me hacen una aclaración: “A veces también tocamos en lugares en los que priorizamos la causa o las ganas de estar, por el compromiso o por llegar a ese lugar o por lo que sea y las condiciones no son las mejores”. Valía la pena que remarquen ese punto, hay toques que los encontraron armando el escenario con cajones de birra y tablones y fueron hermosos. Pero cuando querés presentar un disco que hace meses venís laburando intentás que esté a la altura de todos esos huevos y ganas que le pusiste. A alguien le va a llegar, la música vive girando incontrolablemente y ahora está ahí escuchándote en vivo y es tu momento de generar el lazo. Ese es el sueño, por eso te subís al escenario dicen “que la música pueda viajar a través de Internet en lugares que ni nos imaginábamos y nosotros después ir a concretar el encuentro”.

josefita