Ritmo cariñoso

Carinhosos Da Garrafa ha conquistado La Trastienda a fuerza de tambor en lo que se afirma como “el evento más importante de música brasilera en Argentina”.  Recuperan las rodas del terreiro, fusionan ritmos y nos invitan a vibrar al unísono.

–          ¿Cómo se piensa una propuesta distinta?

–          El planteo lo arrancamos al revés: ¿qué es lo que hay mucho? Dentro de ese mucho, ¿qué es lo que no vemos que hay? Dentro de todo eso, ¿qué es lo que queremos nosotros para ser felices?

[Distinto1, ta.

(Del lat. distinctus, part. pas. de distinguĕre, distinguir).

1.       adj. Que no es lo mismo, que tiene realidad o existencia diferente de aquello otro de que se trata]

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Carinhosos Da Garrafa primero, ocho años atrás en La Plata, se pensó como banda bailando al ritmo del samba y coqueteando con diferentes géneros y sus instrumentos. Ese romance los llevó a interpretar con cavaquinho, repenique, banjo y pandeiro -entre muchos otros- temas que van desde de Charly García hasta Adele. “Pasa muchas veces que nosotros como músicos queremos tocar música cubana como la hacen los cubanos para los cubanos, música uruguaya como la hacen los uruguayos y así. Acá estamos en Argentina, hay que adaptar”, dicen y prefieren dejarse matizar por los ritmos de su cotidianeidad.

Cuando estaban ya en movimiento pensaron cómo mantener el baile y crearon un ciclo -originalmente los martes en La Plata- con la música brasilera de columna vertebral. La experiencia tomó cuerpos, se multiplicó cada semana, se mudó de un bar a un espacio abierto durante el verano y desde mitad de año llegó también a Capital Federal. ¿Creció? Mucho, desde el recién estrenado año, todos los miércoles La Trastienda se pone cariñosa. En horario de after office, cuando las computadoras se apagan, las luces se encienden y el público baila con caipirinhas y cervezas frías en la mano, la banda sale a escena sin subir al escenario.

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Imágenes: NosDigital

 

–          Estamos tocando en el medio del salón. No es el escenario que arranca alto, está casi a tu misma altura, eso hace que la gente lo incorpore. Es algo distinto, una propuesta que está buena, no tiene edades, no tiene estratos sociales, es para todos. Hay una continuidad entre el público y el músico, somos todos protagonistas. Empezó así en bares y en casas, en el fondo, en el patio. El mismo músico era público también. Cantaban todos, no se necesitaba amplificar ninguna voz ni nada. Eso hace que esa diferencia entre el público y el artista no se sienta. Es todo una sola cosa.

–          ¿Se genera sentido de comunidad?

–          En principio era así, dentro de una casa, una familia, una comunidad de cierto barrio, casi siempre marginal. Se genera una cuestión de pertenencia.

–          ¿Las comunidades no implica dejar gente afuera?

–          No, y no queremos que pase. De hecho nosotros dentro del repertorio hacemos temas que se cantan en inglés, en castellano, que todos se sientan un poco representados. Vi gente que no es del palo del samba y por ahí escucha “El viejo” de Pappo y lo canta, lo prendiste, le entró por otro lado. Además este formato permite recuperar algo que en el escenario se pierde un poco: hay muchos instrumentos de percusión y tienen un audio natural que energéticamente te generan algo. No es lo mismo estar en el escenario que lo único que recibís es el audio que sale amplificado. Pasan otras cosas, se escucha el audio del micrófono pero se escucha también el audio natural y eso te sacude.

Y como Atahualpa le escribió un salmo a la guitarra, esa que sirve para encontrarse con uno mismo, Carinhosos hace ritual cada miércoles para que la percusión se escuche latir como el pecho y la semana palpite fin de semana que resuena. La proximidad del sonido, la roda que envuelve, los cuerpos que chocan a la altura de las caderas obligan a salir de la pasividad. No hay butaca y estado de contemplación, tenés que hacerte cargo: sos parte del momento.

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Suenan en La Trastienda.

“Esta música no es para quedarse pasivo”, sentencian.

El atardecer huele a traspiración de plena madrugada bailable. Están los que todavía llevan rastros de oficina en la ropa y arremangan la camisa, los que bailan descalzos, los de remera ajustada con logo de alguna batucada, todos bailando juntos en ronda. “Yo sólo creería en un Dios que supiera bailar”, dijo Nietzsche y acá parecen prenderse velas en el mismo altar.

El lugar está lleno. Las edades del público van desde adolescentes a quienes pisan seis décadas. “La mayoría de nosotros tenemos familias, entonces dijimos: ‘che, vamos a armar un evento que podamos ir con nuestros hijos también porque si no siempre es complicado’. Integrar, se trata de eso”, explican.

¿Por qué integrar? El neurocientífico Lawrence Parsons en una entrevista a fines del 2008 explica: “La música y la danza, y contar historias y la comunicación son una especie de tela entretejida entre los humanos. Creemos que cantar y bailar juntos, como grupo, tiene ventajas evolutivas. Nos ayuda a sobrevivir mejor que un grupo que no tiene música, que no tiene danza”. ¡Subime la música!

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La música que te hace bailar.

 

Si seguimos con la lógica de día de semana que todavía no llegó a la madrugada, decimos que a mitad de la jornada hay un break y se pueblan las barras. Después Carinhosos sale por segunda vez a escena y se acomoda en butacas alrededor de una mesa que contiene todos los instrumentos. Entre ellos, la energía también es circular. Es la última entrega antes de que lleguen los invitados para cerrar la gala. La pregunta queda obsoleta cuando le pega la respuesta. ¿Por qué los invitados cierran la noche y no abren?, en un bar del barrio del Abasto Pablo y Nacho -integrantes Carinhosos- abren los ojos desconcertados: “¿Vos decís porque la banda invitada no está antes y nosotros cerramos?”. Y vuelven a abrir los ojos. “Es una especie de frutillita, lo pensamos así. Un regalo para la gente, un mimo. Y que se entienda que no porque hacés un estilo de música sos eso, la música es música”. Y no dicen nada más. Y el ego del artista se aleja de la mesa.

Cuando llega el momento de la banda invitada, las luces se encienden en el escenario, los cuerpos giran la mirada y siguen bailando. Es una transición orgánica. ¿Por qué? “Nuestro gurú dijo: la gente quiere mover el culo”.

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Carinhosos Da Garrafa son: Marina di Bastiano en voz y cavaquinho, Pablo Palleiro en tan tan y repenique, Nacho Álvarez en voz y banjo-cavaquinho, Esteban Álvarez  en voz, repique de mano y pandeiro, Fernando Álvarez en voz y mandolina, Martín Messineo en guitarra de 7 cuerdas, Juan Zabala en cuica y pandeiro, Esteban Portnoy en batería, Claudio Braga en surdo y repique de anillo. La Trastienda se pone cariñosa cada miércoles, 20hs.

El aguante

Se alejaron de la lógica de “supermercado de bandas” del rock porteño y se armaron su mundillo haciendo ruta. Para autofinanciarse tocan en boliches, mechando temas propios y hits bailables, y en fiestas de 15 o casamientos. “Todo lo que ganamos es para mejorar el arte, es para darle algo mejor al que está escuchando Fisión o para llegar a alguien que todavía no lo conoce”.

– Antes que nada, está bueno plantear lo que leí una vez en un libro de la Ley de la Música. No me acuerdo quién escribió que su padre le decía: “no vivas de la música, viví para la música”.

Juampi Sparo sentado en una cocina del barrio del Abasto toma un licuado como merienda. La camisa de jean abierta delata el calor que golpea. El encuentro se demora unos minutos en búsqueda de unas trabas que el baterista le pidió que consiguiera, esa misma noche de martes subirán al escenario de Makena para darle vida a su banda: Fisión

– ¿Cómo es lo de vivir para la música?

– Si vivís de la música vas a tener que hacer cosas por dinero con la música y muchas de esas cosas no te van a gustar. No te va a salir del corazón o de tus entrañas, vas a hacer música que va a ir contra vos porque va a ser por un sentido comercial. En cambio si vos vivís para la música y tenés otra entrada de dinero, te dedicás a otra cosa, con la música siempre vas a hacer lo que querés.

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Fisión tiene a sus integrantes viviendo en Tandil. Se creó a fines del 2004 y supo ser en algún momento “Niño Fisión”. Juampi dice vivir en un micro o en un tren. Va y viene sin descanso. A los 19 años –hoy tiene 31 – llegó por primera vez y aterrizó en una pensión mixta de Once. Venía a estudiar Derecho, pero no traía libros: “Caí con bolso, amplificador, guitarra eléctrica y guitarra criolla”, recuerda en un bar del centro sentado contra la ventana que mira la avenida. ¿Quería ser músico o abogado? “Quería irme de Tandil. No importaba a qué. Era mi prioridad. Amaba venir a Buenos Aires, me pasaban cosas espectaculares acá. Como las escaleras mecánicas”.

Se recibió en el 2009, luego de dejar dos veces la carrera, una de ellas para estudiar música. En el medio, trabajó de todo lo que se fue dando: cadete, procurador, abogado, vendedor de medias en eventos deportivos, vendedor de velas y en la previa a un show dijo: “Tengo que volver para cortarle las bolas a los terneros”, de eso andaba laburando. Él cree que es una característica que comparte con toda la banda: “Yo siento que Fisión es todo terreno, te la re contra rockean y después bajan los equipos, manejan hasta el show ellos –te hablo en tercera persona pero estoy entre ellos- y se toman una birra con el primer mostri que aparece”.

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– Cuando uno quiere vivir de la música, muchas veces tiene que buscarse la manera de hacerlo con la misma música. Primordialmente, algo que hace Fisión es no tener miedo a tocar lejos. Donde perdés ese miedo sabés que recuperás ese dinero y volvés con una ganancia. Hay muchas ciudades donde llega poca data de música y esto es justamente porque acá está todo junto, vivimos todos apretados y todos generamos un arte diferente, pero a 300km ya no es así.

Lejos del boliche en Palermo donde más tarde Juampi va a subir a cantar como invitado, parece que el espacio se amplía y toma otro aire. Nos despegamos y bailamos más sueltos. Lejos, esos mismos boliches tienen también otro protagonismo en el lugar que se brinda a la música en vivo.  ¿Qué sucede entonces? “Afuera, en Fisión tranzamos con música bolichera”.

 IMG_7666– ¿”Tranzamos”?

– Tocamos temas nuestros pero también temas bolicheros. El rock está presente en los boliches con los temas más comerciales y más bailables, entonces dijimos: se toca uno de Fisión y se toca un popurrí de Bersuit, No te va a gustar, Tan Biónica, Cuarteto de Nos, Kapanga, Los Auténticos Decadentes.

– ¿Y eso que les permite?

– Nos permite que el producto le simpatice al bolichero, que es el que va a tener más dinero para bancar tu movida, vas a tocar en un lugar que está lleno de gente que no necesariamente conozca a Fisión y también vas a tocar tus temas. A la siguiente vez que vas, tocás más temas tuyos porque ya hay un público que le gustó la banda, que va a ir a ver a Fisión. El pibe que te vio la primera vez y le dijiste “este es un tema mío, míralo en youtube, búscalo en las redes sociales” y le copó y te agregó al Facebook y te escribe, ese pibe va a consumir Fisión y le va a contar a sus amigos. ¿Qué pasa entonces? La próxima vas con un nombre, con seguidores en esa localidad y vas por un poquito más de caché. Se va armando una cadena, es como un quiosco, arrancaste con caramelos, después tenés caramelos y chocolate, así.

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Ignacio Osa está extasiado. Tiene a cargo el bajo, voz y casi la totalidad de los chistes que se lanzan desde el escenario en medio del show. También de Tandil, con Juampi se conocieron en el último año de la escuela primaria. En un festival de fin de año, Nacho de entonces 12 años, se presentaba con su banda homenaje a Los Beatles: dos guitarras eléctricas y ninguna batería. Juampi rapeaba a capela: “Me levanto a la mañana / le digo a la cama será hasta la noche o hasta mañana / me pongo el guardapolvo / me voy a la escuela / y todas las maestras se ponen en huelga”. Fue amor a primera vista, recuerda Juampi: “Cuando entro a la secundaria me ponen por él. Tenía una fascinación con Nacho por los chistes que hacía. Eran chistes de Pablo Granados, de VideoMatch, pero en casa no se veía, era prohibido, entonces para mí todo lo que hacía lo había inventado él”.

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– ¿En qué momento vieron que podía haber más guita en los boliches que en un bar de rock?

– Fue una vez que habíamos sacado una especie de demo de cuatro temas y vimos que con uno de esos temas la gente bailaba. Nos gustó esa respuesta y lo empezamos a llevar para ese lado. No me acuerdo en qué boliche habrá sido que estábamos para tocar en un horario temprano y el tipo de ahídijo: esto es bailable lo voy a poner a las cuatro de la mañana.

– Hasta que empiezan a salir, ¿en Capital Federal generaban dinero con la banda?

– No. Acá hay mucho, de lo que le decimos “supermercado de bandas”: te meten cinco bandas y te dicen vendé 20 anticipadas. Eso no lo queremos para nosotros, está mal, estás pagando para tocar.

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La banda asoma dos claves que a ellos les permitieron financiarse: ver que la gente bailaba y que alejarse de Capital abría nuevas posibilidades. La tercera convicción, Juampi la relata en un plano personal. Con una gaseosa en la mano, dice que hace unos días está en Capital porque su papá, a quién hace diez años le dijeron “Despedite de tus seres queridos” a causa de una enfermedad, tiene una recaída y vino a tratarse. Suena tranquilo mientras asegura que en cualquier momento vuelve a estar mejor. ¿Qué lo salva? “Los médicos dicen que tiene un caso particular de adrenalina. Siempre fue un tipo muy travieso y de hacer muchísimas cosas, muy extremo”. Entre líneas, siempre en movimiento, reza su tercera premisa: hacer nos da vida.

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Fisión tiene tres discos: “Fiesta Rock”, lanzado en el 2009; “Sacate las Zapatillas”, presentado dos años después; y su reciente material de estudio “Bicharraco”, que cuenta con la producción artística de Matías “El Chávez” Méndez y fue financiado de punta a punta por la plata juntada en los shows bolicheros. ¿Entonces qué los mueve a hacer música? “Hay una voluntad de hacer arte, no de hacer dinero. Hay un compromiso con lo que vas a hacer, una identificación tuya con eso. Después si la gente dice que es una porquería o no, es arte o no, me parece que no tiene que ver con la definición de arte. Para mí tiene más que ver con el emisor que con el receptor”.

IMG_7749– ¿Esa voluntad creativa puede tener rédito económico?

– Sí, pero todo lo que ganamos es para mejorar el arte, es para darle algo mejor al que está consumiendo Fisión o para llegar a alguien que todavía no lo conoce. Yo prefiero que nos conozcan, haber tenido esa oportunidad de que les guste o no.

– Así financiaron el último disco…

– Es un disco que salió mucho dinero y dijimos: “si nos quedamos con esta idea de Fisión de solo temas propios y tocar en los lugares que solo nos conocen, vamos a llegar a la plata del disco en tres años”. Entonces buscamos la alternativa, empezamos a tocar en eventos sociales como casamientos, cumpleaños de 15, eventos empresariales, haciendo muchos covers y pocos temas propios. Eso nos dejó un vacío grosísimo, como cualquier trabajo: no nos estaba dejando nada más que el dinero para pagar el disco.

– ¿Ahí la voluntad creativa existe?

– No, no hay creatividad. Solo, como músicos inquietos que somos, intentamos darle una impronta de la banda a los temas.

– ¿Y ese vacío creativo cómo se contrarrestaba?

– En la semana ensayando los temas que iban a ir para el disco. Nos hicimos un plan donde mensualmente teníamos que llegar a cierta cantidad de dinero. Decíamos: llegamos a este dinero y listo, la siguiente fecha podemos hacerla de Fisión. Lo contrarrestábamos con eso y con ir en la semana a ensayar, teníamos 40 canciones, había que elegir 12, en ese año se eligieron, se ensayaron, se pulieron.

– Y cuando la juntaron, ¿siguieron?

– No, porque si te engolosinás, te perdiste en el camino.

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Fisión son: Juampi Sparo (Guitarra y voz), Ignacio Osa (Bajo y voz),  Agustín Roman (Bateria), José Osa (Percusión, guitarra y voz) y Juani Gorostidi (Teclados).

FB: /FisionOficial

 

Your ego is not your amigo

Parapipou presentó su nuevo disco “Arma de Construcción Masiva” en un Niceto colmado. Pero no se comen la del rockstar. Apuestan a la autogestión colectiva – desde un ciclo hasta una casa – y a crear puentes con otras bandas. Son doce músicos que laburan arriba y abajo del escenario: “Parapipou no es ir a tocar: es una pyme”. 

Esto no tiene nada que ver con una entrevista recortada en un determinado período de tiempo. Desde mayo a hoy compartimos con Parapipou una merienda, una charla en su casala – mitad sala de ensayo y oficina, mitad casa de dos de sus integrantes – la presentación de su disco en Niceto, algo así como cuatro martes de madrugada en Makena y varias charlas por whatsapp y redes sociales. En cada uno de esos momentos, estaban haciendo –o planeando hacer- algo. Siempre, activando.

Parapipou es movimiento organizado.

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“Al ser tantos, si no nos organizamos, habríamos perdido hace rato. Por suerte, llegó un momento en que dijimos Parapipou no es ir a tocar: es una pyme. En el buen sentido, hay muchos flancos por atacar también si querés tratar de resonar más fuerte. Sin descuidar lo musical, la difusión es clave. Acá nadie está obligado a hacer nada, pero todos tenemos la presión, que esto resulte depende de nosotros”.

Imagen: NosDigital
Imagen: NosDigital

A mitad de octubre, una noche en la Ciudad de La Plata, con vaso en mano, un pibe dice: “¿Sabés cómo conocí a Parapipou? Me dieron un CD en el bondi”. Todos en esta ronda de cerveza tenemos un disco de ellos en nuestras casas. A cada uno a la salida de algún recital –o en un colectivo– nos regalaron un sobre blanco con un compilado de sus canciones dentro.

Otra noche, un martes de madrugada, Parapipou acaba de terminar su show. La semana pesa pero la gente no se va. Leandro Darqui deja su guitarra en el camarín, baja las escaleras, un pibe le dice lo bien que la pasó, Leandro estira la mano y mientras le agradece le da uno de los discos preparados para difusión. No tiene puesto el traje de rockstar, aunque los aplausos en el bar de Palermo retumban, tiene puesta la camiseta de Parapipou: hace minutos en el escenario, ahora en su rol del equipo de difusión.

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De colores

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Parapipou es una banda, claro. Y también son una banda: doce músicos que encastran intensiones musicales, pasos de baile y sonrisas al por mayor. En los márgenes del escenario se expanden entre el público y muchas otras personas que forman parte de la familia y aportan desde sus lugares –sonido, fotos, prensa, video, managment– a que las cosas caminen. Como familia, Parapipou tiene su casa que hoy huele a queso. Alguien está haciendo chipá para convidarle al mate. Estamos en el primer fin de semana de septiembre, a media tarde, en el barrio de Caballito. La situación es algo así: vereda, puerta –timbre, toc toc– una primera habitación, la cocina –dueña de la merienda– más atrás un patio, y a la izquierda… un ¡QUILOMBO! Acá nos tenemos que detener. La familia Parapipou completa está construyendo una sala de ensayo. Si el imaginario de mánager nos lleva a alguien de traje, dos celulares y una superhiperfinita notebook, nada tiene que ver con lo que está sucediendo. Acá el mánager labura con los músicos, está en cuero tirado en el piso con una remera anudada a la cabeza soldando algo. El próximo cuarto es una oficina. Más allá hay habitaciones, dos de los chicos viven en la casala que existe desde los primeros días de julio. Se avecina la hora de la cena, los que no están laburando en la construcción se dividen: ¿quién está en el equipo compras y quién en el de entrevista?, preguntan. Con lista en mano algunos se van al supermercado. El resto renovamos el mate.

Los tambores
Los tambores

– ¿Por qué tener un lugar propio?

 – Lo necesitás, sin querer queriendo. Empezás a tener más cosas en común con la sala de ensayo para ir a tocar nada más. Te empezás a reunir, a organizar de a poco: tenemos que arreglar esto, hacer lo otro.

– Es nuevo también, no sabíamos cómo era llevar adelante un lugar entero, también es una casa, es una cocina. Somos muy organizados y muy estructurados. Acá se deja todo.

– Desde que se mudaron, ¿qué dejaron acá?

– Muchas horas. Mucho orgullo personal y de mis compañeros, que es casi personal. Con un compañero estamos haciendo una pared por primera vez en nuestras vidas y nos la estamos ingeniando juntos. Estamos haciendo cosas que nunca se nos hubiesen ocurrido, organizándonos de una manera re piola. Están pasando cosas muy lindas.

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Santiago sube en calzones. Lleva zapatillas botitas y un bóxer rojo y con corazones. En una fiesta en la que después va a tocar Ricky Maravilla. Es sábado de madrugada del frío mes de mayo en un escenario en Palermo. Achina los ojos, muestra los dientes y baila. Abajo del escenario la gente es tan fan de él como de la banda. Se lleva los aplausos cuando termina el primer tema, todavía no sabemos bien qué hace, por ahora baila. Cuando los acordes de la segunda canción suenan, Mauro Delbon sube a escena: es el cantante de Parapipou. Con una remera puesta que dice “Your ego is not your amigo”, toma el micrófono que había cedido a un invitado y empieza el show. El pibe de calzones –Santiago Canda– agarra una armónica y la hace vibrar, tanto como sus piernas que ahora saltan desaforadas.

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La banda se caracteriza por fusionar estilos que mueven el cuerpo. Ska, rock, reggae y funk se entremezclan en sus canciones. En 2008 lanzaron su primer demo “Primérepe” y tres años después “Virus Planetario”, su primer disco de estudio. Niceto es el lugar elegido para la presentación de su segundo y flamante trabajo discográfico: “Arma de construcción masiva”. Desde el primer piso el lugar se ve colmado. Uno tras otro los temas se bailan abajo y arriba del escenario. La noche desfila entre múltiples invitados. Varios meses después, en otro show y con la misma situación del micrófono compartido, Mauro dice: “Algo lindo que nos pasó en la música es tener amigos que nos acompañan”.

En Niceto
En Niceto

Parapipou construye tejiendo redes que conectan. Esa premisa los llevó a crear “La Ciclola”, un ciclo que sucede martes por medio en Makena con entrada gratuita ¿Para quiénes? “Para otros como uno”, dicen.

“Faltan lugares a los que todas las bandas puedan acceder. O quizás falta motivación. Decís: esta banda suena re bien o tienen temas buenos y no están tocando en ningún lugar, no se mueven, sacan un disco y no lo difunden. Está bueno crear un lugar donde nos podamos conocer, donde nosotros podamos contagiar de todo lo que hacemos y que sea un punto de encuentro. Que te encuentres con dos bandas más que van a tocar, compartís camarín, intercambiás disco, sabés que existe el otro. Un lugar que sea punto de encuentro de bandas que están en la misma que nosotros y el público está buenísimo”.

Parapipou
Parapipou

Con el espíritu de seguir abriendo espacios, los mismos pibes que cuando llegás a La Ciclola están limpiando las mesas del camarín para que las bandas estén cómodas o armando el escenario, crearon también el Festival ATP (Apto para Todo Público) que tuvo su primer encuentro en Uniclub y está destinado a que pibes desde los 7 años puedan ver el show. Y siguen sumando: el 1ro de noviembre van a participar junto a Alasdies de la primera fecha de “La unión hace la fiesta”, en Niceto.

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Parapipou se escucha con auriculares compartidos.

Ponete la nariz y sacate la careta

Una vuelta en calesita con el payaso Nano Gándara: humor combativo, autogestión y resistencia.

“¡Callate payaso! ¡Payaso mediático!”, le decía Fabri a Pagani, e instauraba uno de los más mentados agravios de la TV por cable. Sin embargo, para algunos, lo único ofensivo de esa frase es lo de mediático. Como para Daniel Gándara, por ejemplo, que dice convertirse en Súper Sayayín cuando es el Payaso Nano. Claro, porque él es payaso, de oficio, y es un tipo de verdad, casi serio, que se interesa y se hace payaso por cosas que ninguno se atrevería a decir que son una payasada.

_MG_7800Digamos que Daniel se desayuna un payaso todos los días de su vida para lograr su superestado de Nano. Y tiene un gran respeto por todas sus superformas. De hecho, se niega a ser fotografiado solo con la nariz. “No, discúlpenme, preciso de todo el vestuario, o mínimamente de la peluca”. No es que sea algún berretín de estrella, ni mucho menos. Pero, parece que la nariz es un tema groso. Sola, no va. El vestuario en general es todo un tema: cada payaso tiene su historia y su cuento armado alrededor de él. Una identidad. Nano dice que se viste con un saco de señora que le queda pintado, abajo de eso una blusa a cuadros, con dobléces, de piba también, que le agarra los hombros haciendo unos voladitos divinos. Y después un pantalón adidas, también de mina, con las tres tiras en un fuxia furia. Y los zapatos que, bueno, son de payaso. “Hay que encontrar la armonía dentro de la cosa loca. Pero sin todo eso, prefiero no mostrarme”, insiste. La historia de la peluca que usa lo fundó como persona y artista: la encontró en la Sala Alberdi, mientras resistía el desalojo del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires a manos de la Policía Metropolitana. “Es una peluca súper criticable, de tan vieja ya se le formaron rastas, pero para mí significa mucho”.

Nano cuida las palabras, no dice disfraz, dice de vestuario. Es que los payasos, a diferencia de los clowns, no representan ninguna escena, al contrario, presentan, asumen el espacio y el público que les toca. Son parte de la realidad. “El clown no es payaso: esto debería ser de conocimiento público”, propone. “El Clown es una técnica de actuación, representa un espacio otro. El payaso no, está en la plaza, en el circo, en donde sea, es de presentación, se hace cargo del espacio. En definitiva, es un comediante.” Hay también una gran diferencia moral: “El clown todo el tiempo pierde la dignidad, divierte su fracaso; el payaso nunca pierde la dignidad porque nunca la tuvo”.

Daniel hace más de tres años que vive de la autogestión. “Decidí ponerme la nariz y sacarme la careta.” Prefiere gastar su tiempo en las cosas que a él le interesan social y artísticamente. “Muchos toman la decisión de vivir del arte y empiezan a ir a todos los castings habidos y por haber. Prefiero autogestionarme, tener otras libertades, tomar decisiones. Mientras estoy haciendo un casting puedo hacer algo mío, y en realidad lo que ellos buscan es una jeta que les cierre para un plano. Mi búsqueda tiene que ver con un desarrollo artístico, con despertar conciencias.”

Cuando su vida de artista recién comenzaba, Daniel quería que lo reconocieran masivamente: quería llegar a la tele. “Ahora es lo último que quiero. Encontré el placer en actuar y en hacer reír a la gente mientras hago algo, no en encontrarme en la tele haciendo zapping en una propaganda”.

– ¿Y qué te cambió?

– El arte es un gran canalizador. Cuando empecé no tenía mucha idea, pero el arte es generoso, te abre la cabeza. Terminás entendiendo que no querés hacer teatro por mero amor al arte, tengo otros objetivos, más humanos. El arte por el arte, esta cuestión posmo -posmoderna-, de improvisar y dejar todo en el entretenimiento no me gusta. Y eso ni siquiera te asegura que algo sea divertido. Al contrario, cosas aburridas es de lo que más hay. Después tenés mucho humor con contenido destructivo: xenófobo, machista, discriminador. Si vos hacés obras de teatro con el discurso de la derecha para hacer reír, me parece regresivo. Lo que hacía yo no estaba plagado de contenido político y empecé a pensar de otra manera cuando me metieron el dedo en el culo, que lamentablemente es el inicio de la militancia de muchos. A mí me iban a privatizar un teatro, la Sala Alberdi, donde yo estudiaba cuando era chico. Entonces, cómo no iba a tomarlo, si era público, de todos.

La Sala Alberdi fue un espacio que funcionaba en el Centro Cutural San Martín, en el sexto piso. A lo largo de muchos años cientos de artistas se formaron y enseñaron, los unos a los otros, desarrollando diferentes talentos y disciplinas. La gestión del Pro logró privatizarlo, luego de un violento desalojo que reprimió la resistencia de cientos de artistas como Nano que habían tomado el lugar durante más de 3 años para defenderlo.

El tipo pasa sus días entre espectáculos, varietés y clases. Organizando varietés dice, modestamente, ser el mejor. A las clases les pone un valor, sabiendo que seguramente valga más que eso ¿Clases de qué? “De clown combativo”, dice. “Para mí el arte sin contenido no tiene razón de ser. Y con una oración fuerte ya tenés contenido, no hace falta teatro panfleto, bajar línea a lo loco. Eso es aburrido. La idea del Clown Combativo es que todo ese entretenimiento tenga un vuelo poético elevado y que de ahí nazca lo que quiero decir.”

– ¿Pero cómo se aborda un tema delicado desde el lugar del payaso?

– No lo tengo del todo resuelto. A mí me interesa despertar conciencia: que se sepa Palestina, que se sepa Sala Alberdi. No tengo resuelto de taco cómo llegar a esos temas desde el lugar del payaso. Es difícil y complejo, y además muy particular de cada caso. Por lo pronto, trato de poner a favor las desgracias y las injusticias del mundo. Se me van ocurriendo ideas que pueden ser graciosas. Pero, cómo tomás con gracia que me desalojaron de mi espacio de arte con balas de plomo y de goma. Desde lo artístico es complejo no convertirse en panfleto. Entonces tenés que encontrar la gracia. Y te tenés que ir bien arriba, a la injusticia máxima y a la ridiculización de esa injusticia. Por ejemplo, si la Franja de Gaza, de verdad fuese de gasa, ya la hubieran prendido fuego.

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Tratar la trata

“La nena que estaba parada en la esquina” es una obra teatral que buscar concientizar sobre la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual. Desde la ficción, interpela las miradas desentendidas e invita a involucrarse.

  

     
La idea de la obra no es la historia de la nena o de la madre. Es la historia de tres mujeres, que de repente se encuentran con esto y no hacen nada al respecto. Es en un punto lo que nos pasa a todos, en algún momento nos roza el tema sea yendo por la calle y viendo los papelitos de propaganda pegados. Nos está tocando por algún lado y es muy difícil activar.

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Tres mujeres atadas de pies y manos, cada una, a una silla. Los ojos vendados. Una madre que, violentamente, quiere averiguar qué pasó con su hija. La nena está muerta. Recibió dos tiros queriendo escapar de una red de trata. “¿Cómo fue? Ustedes estaban ahí. No hicieron nada. ¿Quién mató a mi hija?”. Así empieza la obra.

La trata de personas es considerada una forma moderna de esclavitud. Según la Ley 26.842, se entiende por trata de personas el ofrecimiento, la captación, el traslado, la recepción o acogida de personas con fines de explotación, ya sea dentro del territorio nacional, como desde o hacia otros países. Establece como una de sus modalidades la trata con fines de explotación sexual, “cuando se promoviere, facilitare o comercializare la prostitución ajena o cualquier otra forma de oferta de servicios sexuales ajenos”. Esta ley deroga y amplia la vigente desde 2008 y fue sancionada en diciembre de 2012, luego de que se diera a conocer el fallo que absolvió a los trece imputados en el caso judicial de Marita Verón. Entre sus modificaciones, se cuenta la ampliación de las penas, se obliga al Estado a brindar asistencia médica y psicológica gratuita a las víctimas, otorgar capacitación laboral y ayuda en la búsqueda de empleo y a colaborar en la incorporación de la víctima en el sistema educativo. Por otro lado, el consentimiento dado por la víctima de la trata deja de constituir causal de eximición de responsabilidad penal, civil o administrativa de los responsables. Las principales víctimas de la trata con fines de explotación sexual son mujeres, niñas y niños. Es un delito internacional de lesa humanidad por constituir una violación a los derechos humanos.

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Florencia Santángelo pide un café chico y comienza la charla. Es la directora de “La nena que estaba parada en la esquina”, la obra que desde julio hasta finalizar agosto, se presenta los domingos en el Teatro La Mueca (Cabrera 4255). Es también psicóloga y profesora de teatro en una escuela de la Provincia de Buenos Aires. Florencia estaba cursando clases de dramaturgia cuando en 2012, absolvieron a los implicados en la causa de Marita Verón. Ella fue junto a sus hermanas a la movilización que se convocó. Ya venía escribiendo la obra, pero explorar el tema desde el teatro le empezó a interesas cada vez más. Después llegó el momento de buscar información, ver películas, juntarse con chicas de la organización Pan y Rosas y tener una entrevista personal de la Oficina de Rescate y Acompañamiento a las Personas Damnificadas por el Delito de Trata

La obra fue mutando hasta llegar a ser la versión que hoy se ve en el escenario. Pero se mantuvo la idea de situarla temporalmente en los primeros años de la década actual.

–         ¿Por qué?

–         Ahora el tema está mucho más instalado, si bien hay gente que continúa estigmatizando a la víctima, hay más información y conciencia sobre la problemática. Hace diez o quince años, se conocían menos los mecanismos y primaba más el “no meterse”. Ese fue el pensamiento que quise reflejar en la obra. Creo que ahora está cambiando, empezamos a desnaturalizar algunos discursos y prácticas que reproducen la subordinación y la violencia contra las mujeres. Igual todavía falta, por cosas como las que hablamos siempre con el elenco, por ejemplo: los papelitos en la calle, por Corrientes es terrible.

Es justamente por los años en que está situada la obra que Naciones Unidas elaboró el  “Protocolo para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niños” (2000), ratificado por Argentina en 2002. Pero para que hiciera eco en una política de Estado, en un cambio de perspectiva de la práctica judicial y en la concientización de la sociedad faltaba mucho. O todavía falta. Por nombrar solo un aspecto, la connivencia policial y judicial continúa operando. Por otro lado, al día de hoy, no existen en Argentina cifras estadísticas oficiales sobre este delito, solo de los casos judicializados. El Ministerio de Justicia de la Nación dio a conocer algunos números: 3.166 víctimas de trata con fines de explotación sexual fueron rescatadas desde la sanción de la ley 26.364 hasta el 30 de junio de 2014.

A pesar de que en la actualidad la trata como actividad criminal organizada continúa encubierta e invisibilizada en nuestro país, Argentina es considerada pionera en la persecución del delito de trata de personas: en 1913, sancionó la Ley Palacios – impulsada por el diputado socialista Alfredo Palacios – la primera en proteger las víctimas de explotación sexual y esclavitud, además de penalizar a los responsables. Frente a los legisladores, Palacios alegó que la explotación del cuerpo de mujeres y niñas tiene una base económica. Y citó una estadística basada en entrevistas a cinco mil mujeres de “vida airada”: casi tres mil de ellas afirmaron que “habían llegado a la prostitución por absoluta carencia de medios de subsistencia”. Es decir, “por miseria”, agregó el diputado. En 1999 en conmemoración a la sanción de esta ley, se estableció el 23 de septiembre como “Día Internacional contra la Explotación Sexual y el Tráfico de Mujeres y Niñas/Niños”.

Para Florencia, el objetivo principal es que se hable cada vez más del tema, que se tome conciencia para generar herramientas de prevención y de lucha. Y encontró en el teatro un canal privilegiado para interpelar la sensibilidad. Sin embargo, el camino no estuvo falto de obstáculos. Desde el momento de la gestación de la idea hasta el escenario pasaron varias etapas. Un año atrás, Florencia empezó a juntarse con las actrices principales para charlar de la obra. Un tiempo después llegaron los casting y la convocatoria al resto de los actores. Lo que vino más tarde la directora lo define en una sola palabra: “ensayar, ensayar y ensayar”. Durante el verano se definió la sala y comenzó una nueva etapa: buscar escenógrafo, vestuarista, fotógrafo para el tráiler.

–         Al momento de poner la obra en escena, ¿qué dificultades se encontraron?

–         Lo más difícil es acordar horarios con los actores porque todos trabajamos de otras cosas. Después el tema económico es bastante importante, nosotros estamos esperando el subsidio Proteatro, Fondo Nacional de las Artes y esas cosas. Montar una obra implica afrontar muchos gastos, desde la sala, las luces, el vestuario, las horas de ensayo. Tampoco es tan fácil encontrar sala con las características que buscamos y a eso se suma la gran oferta de obras que hay en la Ciudad contrapuesto a la poca cantidad de espacios donde montarlas.

La problemática a la que se refiere Florencia se enmarca en la carencia de políticas estatales de promoción de espacios artísticos y culturales. Por el contrario, lo que se intensifica son políticas de desfinanciamiento, mercantilización del arte y cierres de centros y bares culturales.

–         ¿Y cómo lo afrontaron?

–         Nosotros somos una cooperativa. Quizás yo afronté más gastos porque sentía que me correspondía por haber impulsado el proyecto, entonces cuando faltaba cubrir algo, trataba de hacerme cargo yo. Pero todos pusimos lo nuestro. Es la primera vez que dirijo, pero hace muchos años que hago teatro, desde muy chica, y no es fácil encontrar un elenco donde se copen con todo. Esta cosa de que te llama uno y te dice: che, se me ocurrió que podemos ir a averiguar para hacer funciones en tal lado, o podemos invitar a tal persona. Estamos todo el tiempo comunicándonos y todos aportan ideas, eso es buenísimo. Tenemos esa idea de que no es solo ir y actuar, es un grupo donde todos tenemos que aportar.

Cuando termina la obra y llega bajar del escenario, Florencia y los actores sienten que los espectadores se van con sensaciones en el cuerpo: “En todas las funciones la gente sale diciendo: Qué fuerte. Generás algo en el espectador y eso era lo que nosotros buscábamos. Hace unos domingos, después de la obra me fui a cenar con unas amigas y estuvimos casi toda la cena hablando del tema, debatiendo, eso está buenísimo. Yo no soy quién para hacer una bajada de línea directa, pero sí me interesa que se hable del tema. Que se instale un poco, que la gente hable, aunque digas algo que quizás no estoy de acuerdo, pero que se hable, que no sea tan tabú, está muy tapado siempre”

–         La nena está muerta, ¿esa situación tan fuerte también fue buscada para movilizar?

–         Hay casos que terminan bien, y bien es una manera de decir, pero yo quería, no para que el espectador se quede angustiado, pero sí por decir: mirá, esto es una mierda. Que te vayas con esa idea de que esto es lo peor que puede pasar o uno de los peores finales. Buscamos en un punto ese choque con el espectador.

De lo que sí hay certezas es que el país es lugar de origen, tránsito y destino de la trata. Según los organismos internacionales, en el mundo, alrededor de 21 millones de personas son víctimas de la trata bajo cualquiera de sus formas y se estima que cerca de la mitad son niños y niñas. En Argentina, el 98% de las víctimas son mujeres (niñas, adolescentes y adultas), que caen principalmente a través de los mecanismos de engaño (falsos empleos o agencias de modelos, por ejemplo) y de secuestro. La explotación sexual de las mujeres es un problema de desigualdad de género, subordinación social  y sujeción de la sexualidad y el cuerpo femeninos.

Fuentes y más información:

http://www.jus.gob.ar/noalatrata.aspx

http://www.rattargentina.com.ar/

http://www.fundacionmariadelosangeles.org/

http://www.mpf.gob.ar/protex/

Los supuestos normales

“Todo aparenta normal” se anima a cantarle a lo establecido y darlo vuelta para jugar a otra realidad. La música como plataforma para filosofar sobre la vida cotidiana.

El film transparente abraza la caja. Se desprende suave. Deja libre la silueta que de verde llega a rosa, que desde la tierra conecta con la mirada. La tapa se abre hacia la izquierda. Una nueva solapa. En letras azules, sobre fondo negro, reza: Hijos del mundo. Esta vez, la mano se mueve para la derecha. Hacia la profundidad de la caja se sigue camino. Nicolás Alfieri, Lucas Barzan, Juan Pablo Alfieri y Alexis Koleff aparecen entre sombras. Por debajo, la línea de un cardiograma lo atraviesa todo. Es una señal: estamos vivos. Las letras aparecen en forma de tarjetas engalanadas por imágenes. En el fondo de la búsqueda un cielo de algodón decora la recomendación previa al play:

“Se recomienda escuchar este disco en un estado de profunda armonía…”

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La banda está sentada en una mesa del barrio de Congreso. Lejos de su Don Torcuato natal, lejos del 2009 que los vio nacer. Todo Aparenta Normal fue durante una noche, Todo Aparentemente Normal. “Fue el primer escrache, al otro día lo cambiamos. Tenía un mente de más”, recuerdan mientras se arranca el mate.

–   ¿Por qué “aparenta”?

–  Creo que el hecho de estar tocando, de estar arriba del escenario te da cierta libertad que la vida cotidiana, donde uno se rige por normas, no. Si bien estamos hablando de música y hay patrones, el universo que se plantea ahí arriba se expande mucho más. Uno puede fingir ser alguien que no es, aparentar ser una cosa o aparentar ser quien es. Jugar un poco con ponerse y salirse de un mismo personaje. Casi desde la actuación. No somos una banda que hace un show de acting, pero uno arriba del escenario puede jugar a ser un personaje.

 –  ¿Y en ese juego dónde entra la aparente normalidad?

– La normalidad entra en un mundo en común de mínimamente dos personas, se establece. Dos personas se ponen de acuerdo y dicen qué es lo normal. Dos personas, una sociedad, cien millones. Es una convención. Ahí entra un poco el juego que tiene el nombre, pensar ¿qué es lo normal?

–  En este juego aparente, ¿son más normales arriba del escenario o abajo?

–  Arriba: Somos. No sabemos qué somos. Y abajo, tampoco.

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Nicolás, Lucas, Juan Pablo y Alexis bucean las palabras. Sonríen en la búsqueda. Sonríen aunque el mate está violentamente lavado. Sonrieron, seguramente mucho, con la boca amplia y los ojos achinados, cuando en el 2011 sacaron su primer disco: Diferente. Y largaron carcajadas de profundidades viscerales cuando el verano que pasó, después de estar quince días juntos componiendo, se materializó su segundo disco de estudio: Hijos del mundo.

El proceso de grabación fue filmado desde la intimidad por los hermanos Dawidson. El resultado es un documental que puede verse en Internet, junto a muchos otros videos de la banda.

–  Uno es músico y su fuerte es el audio, pero no podemos renegar que el paradigma musical cambió mucho. Antes para una banda la imagen no tenía por qué valer, nosotros no podemos dejar de darnos cuenta que hoy la imagen es re importante. Tener videos subidos a YouTube es recontra importante y que te conozcan a través de las redes sociales. Uno negocia esa parte, es importante: estamos de acuerdo.  Después uno puede entrar en un paradigma más filosófico, ¿qué es más importante: el sonido o la imagen? El sonido. A ninguno de nosotros nos importa que nos conozcan en la calle, que conozcan nuestra música es lo más importante. Tenemos en claro que lo nuestro es el sonido. Nosotros lo que hacemos es música y la música entra por las orejas, no por los ojos. Después, nos tenemos que adecuar al tiempo en el que se vive y hoy en día todo es mucho más visual que antes.

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“Hijos del mundo es aquel que descree de toda frontera humana y geográfica. Aquel que se sabe finito y portador de energías que trascenderán su propia existencia, como el amor. Que esa conciencia de su propia muerte no lo destruye ni lo debilita, por el contrario, lo construye, lo fortalece, le da sabiduría. Le enseña el valor del tiempo, del ruido y del silencio. Lo hace saberse tan necesario e insignificante como el animal, la planta o el propio aire que respira”

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–  El origen de todo esto nació en la composición del disco. Surgió esa ideología de “hijos del mundo” y una concientización a ciertas cosas. Mucha charla con amigos, entre nosotros. Muchos momentos.

–  ¿De qué charlaban?

–  Filosofía barata. Muchas cosas en común sobre el manejo de nuestra especie humana con el planeta. Desde los papeles que están tirados en el piso hasta la compra de territorios en la Patagonia. ¿Qué hace al ser humano dueño de la tierra? El ser humano es hijo de la tierra, ahí nace todo ese rollo que siempre hablamos. Fue un concepto que quizás nosotros terminamos de desarrollar a la hora de pulir los temas. Era algo que se venía gestando pero empezó a tomar la fuerza necesaria cuando estaban los temas ahí, ese hilo conductor aparecía mucho.

–  ¿Qué relevancia le dan a la palabra?

–  Me parece que uno es músico y además deja cierto mensaje. Uno es como un comunicador, entonces está bueno aprovecharlo para cosas buenas. Darse el lugar de volver a las apariencias pero también usarlo para bien. Es una forma de agradecer, si uno puede decir algo y que otros lo escuchen, vamos a decir algo que nos interese decir.

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“Tal vez preferimos callar, para que hable el silencio. Eso que tus ojos no ven, sin alma es fósil el cuerpo. No habrá condena más existencial que la propia existencia. ¿Sabes domesticar la ausencia con sangre en las venas?”

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–  Igual, a nosotros lo que nos molesta es encuadrarnos. Pero también hablábamos de un personaje. Nuestra conciencia está, las palabras y las cosas que decimos las sentimos pero eso no es que no nos va a permitir ser otros en el escenario, que la letra sea en tercera persona o que la letra sea verdad. Sí lo importante es ser verdaderos y que lo que esté plasmado sea algo con lo que nosotros nos sintamos identificados, que estemos en unión con ese mensaje. Si llega de la manera que tiene que llegar, si llega de otra manera, si se entiende o no se entiende, tiene que ver más con el receptor que con el comunicador. Y eso también está buenísimo, que se interprete la canción por un lado que no tenía nada que ver con el sentido original.

Todo Aparenta Normal le escapa por todos lados a los márgenes que encuadran. “¿Rock alternativo por qué? Y, porque hacemos rock, pero la canción va a alternar para donde nos pida. Si hacemos una chacarera esa chacarera va a ser rock. Son etiquetas, están mal pero lamentablemente hay que usarlas”. Y vuelven sobre sus palabras: “Nos cuesta mucho identificarnos con un sonido. Sí obviamente reconocemos que tenemos herramientas de un montón de bandas, pero no queremos sonar como nadie, nuestra apuesta es sonar como nosotros. Es la apuesta de toda banda, no estoy diciendo nada raro”.

En el cuerpo las etiquetas aprietan cuando vuelve a aparecer una sonrisa, esta vez pícara “Uno tampoco puede decir escúchame si querés. Qué mayor información a la pregunta de ¿qué tipo de música hacen? que decir: escuchala”.

Y abren una puerta, que sugiere estar en profunda armonía, antes de dar el primer click.

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Una mujer que late

Señorita Carolina acaba de presentar “El latido en la boca”, un disco oscuro y de maduración, a la vez que esperanzador sobre la potencia de la creación colectiva.

La rama de un laurel arqueada y punzante señala en dirección al río iluminado por la luna. En el ángulo que forma con el tronco del árbol, un ave; imperceptible a la vista entre el follaje alborotado, pero de canto grave y penetrante. Se escuchan llamados de respuesta, quizás desde otro árbol o de una bandada en vuelo. El agua, que baja urgente por la pendiente esquivando camalotes, no logra acallarlos. La copa del árbol se balancea por empujones del viento, dejando ver, entre las hojas, claveles del aire intrusos. Más abajo, a algunos metros de las raíces, inmersa en ese bosque ensombrecido, una mujer. Una mujer tendida entre los arbustos, con el pulso vibrante. Una mujer que late.

– El imaginario de “El latido en la boca” es un bosque. Yo tengo un re flash con la naturaleza y esto es lo que me pasa con este disco, esto que no puedo explicar del contacto con lo natural, que integra también al ser humano. Transita como si fuera al interior de un bosque de noche y la última canción ya es como más diurna, como el amanecer. Porque todo el disco tiene que ver con la noche oscura del alma, un momento existencial. Desde el principio reconocí que iba a haber densidad. Y al final, fluyó, quedó hermoso y salí realmente de ese bosque. La música salva y da esperanza estando en la oscuridad más oscura. También porque fue un trabajo colectivo con personas que aportaron mucho a mi camino. Es increíble cómo la inteligencia creativa de uno se engancha con la de los demás, tal vez sin saberlo, y creás colectivamente. Es magia, para mí hay algo esotérico en todo proceso creativo, hay una alquimia, hay algo que no esperabas que saliera en el “producto final”.

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Señorita Carolina es el proyecto solista de Carolina Pacheco. En paralelo, forma parte del dúo Nikola y el quinteto femenino El Asunto. Hasta hace poco era también corista de Miss Bolivia. Y entre todo eso, encuentra tiempo para dar clases de canto y cocinar. Acaba de lanzar “El latido en la boca”, más rítmico que los anteriores y de bases más potentes. Es su cuarto disco de estudio, a los que se suman otros dos en vivo. Tras la presentación en Casa Brandon, es momento de reflexión y balance:

– Este disco superó un techo que pensé que ya había alcanzado. No solo por mí, sino por mis músicos, mis amigos, los técnicos, la forma que usamos de grabar… Tiene un sonido más profesional. El producto se fue superando a sí mismo en cada instancia. Antes tenía el capricho de que es lo mismo mi voz pelada con la guitarra que hacer otro tipo de producción. Y me fui dando cuenta de que puede ser algo distinto. En septiembre, grabamos baterías y bajos. Ahí ya me la re creí. Dije “tengo que hacer valer esto”. De acá para arriba, porque suena bárbaro. No puedo ser menos. Estudié, toqué mucho la guitarra en casa, que soy medio pésima con la acústica. Y con las voces llegué súper cebada, re segura de lo que iba a hacer. Empecé a usar un pedal de efectos para la voz. Lo re disfruté. Es más mío porque participé más en cada paso.

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– ¿Y cómo te toca esa distinción entre el estudio y el vivo?

– Es que yo siempre defendí la canción a muerte, por sobre todo. Sola, desnuda, vale. Pero aprendí que la cristalización de la música, un disco, es otra cosa. Es muy loco porque toda la vida escuché discos y amo los discos, la forma en que están construidos. Yo soy muy fan de The Cure y me encantan las capas de cosas que hay… ¿cómo no me di cuenta que era tan importante si es justamente el viaje que yo me comía? Siempre tuve la dicotomía de la pasión del vivo con el estudio. Hasta este disco, estaba segura de que prefería que me conocieran tocando, antes que poniendo un disco. Ahora ya no sé. Me gusta que me descubran por ambos caminos, que los dos llevan a quien soy yo.

***

Un dedal de sal sobre la harina. Aparte, batir un huevo con una cucharada de leche, una de agua y una de aceite. Hacer un hueco en el centro de la corona de harina e incorporar la mezcla. Unir hasta lograr una masa. Dejar descansar. Mientras, cortar en juliana la acelga ya lavada y cocinar en agua hirviendo con sal. Retirar y escurrir bien. Picar cebollas y pimientos y saltearlos en una sartén. Luego unir los ingredientes y condimentar con pimienta y queso rallado. Estirar la masa y colocar en el molde. Rellenar con la preparación. Incorporar la salsa blanca y mezclar. Estirar la masa restante y tapar. Pincelar con huevo batido. Al horno.

Carolina tiene 8 o 9 años y es testiga de este ritual que ocupa a su madre cada mañana. Mira de reojo y con recelo esas verduras jugosas acuchilladas por el puño materno. Infla los cachetes a bocanadas de aire teñido del olor que exuda el horno. La mira a ella y ella también la mira. Pero sin detener la danza que sus manos ya se saben de memoria. Esas tartas no son para ella ni para esa casa. Es como ver los preparativos de una fiesta a la que no se está invitada. Y eso a Carolina, no le hace ninguna gracia.

Señorita Carolina hoy tiene 34 años y nos recibe en su mesa. Ojo que el mate tiene yuyos, cáscara de naranja y mandarina, la seco al horno y la corto en pedacitos. El budín no tiene huevo, guarda que los pedazos de nuez y chocolate son grandes. Y mientras espera en la cocina que se caliente el agua, nos cuenta:

– Hoy justo pensaba que no me había dado cuenta de que mi vieja era la influencia en la cocina, yo tenía la idea de que era mi abuela. Estaba cocinando como para pagarle a un chabón que me hizo un favor y me puse a pensar en esto de cocinar como un trabajo. Y ahí dije ¡mi vieja laburaba de esto!, tenía un buffet en un club, que en los 80 eran el lugar social por excelencia. No me había dado cuenta que era a ella a la que veía cocinando todo el tiempo, porque todo lo que hacía se iba, la odiaba por eso. En mi época no se usaba tanto que ambos padres laburaran. Mi vieja era la más loca e independiente de todas las mamás de mi grado. También pienso que ella fue como mi primera influencia feminista, sin darme cuenta, y ella tampoco lo supo eh. Ella siempre fue re power, siempre le chupó un huevo lo que dijeran. En ese momento, no me gustaba tanto. Pero si ella no hubiera sido así capaz yo no me animaba a tocar la guitarra, no me cortaría el pelo como quiero, tendría una pareja diferente al lado…

Señorita Carolina es también una “Señorita que cocina”. Así se llama su blog, donde comparte fotos y recetas de sus creaciones e inspiraciones culinarias. Empezó siendo un espacio de distracción, aunque con el tiempo la responsabilidad empezó a ganarle la pulseada y se fue convirtiendo en un segundo trabajo. Aunque ahora aflojó con los post por estar concentrada en el disco, nunca detiene la práctica. Desde la cocina, arriba de las hornallas, asoma una bandeja de pan casero.

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 A sus veintipocos, después de terminar el secundario en el Fernando Fader, Carolina empezó el Conservatorio de Música Manuel de Falla:

– No terminé. Todos estaban entrando a estudiar y yo prefería irme al parque a escuchar música. La decisión de entrar fue sencilla, había ido a un secundario artístico, mis viejos ya estaban curados de espanto y a todos en casa les encantaba la música. Pero para mí era muy difícil pensar en laburar de la música, tenía la cultura de terminar la secundaria y conseguir un laburo, salir a ganarse el pan era re digno… re peronista. A lo 15, 16 años empecé a tocar la guitarra, pero cero disciplina para aprender. Después me di cuenta que lo que quería era tocar el bajo, me lo compré con mi primer sueldo. En ese momento, repartía volantes acá en Villa del Parque y con eso también me pagaba los ensayos, estaba en una banda de punk-rock. Y ahí decidí que cuando terminara el secundario me anotaba en el conservatorio. Era de música clásica, así que el bajo no podía tocar, pero no sabía por cuál ir así que fui haciendo las materias de audiopercepción y teoría. Y empecé a aflojar. En un último examen de tercer año, la profe que me toma me dice “te voy a aprobar, pero Pacheco, ¿cuándo vas a estudiar? Si no querés estudiar, dejá, cortá con el conservatorio”. Y fue como… tenés razón, chau.

– ¿Y nunca te dio por volver?

– Ahora estoy con la inquietud, tengo que encontrar la forma y hacerme el tiempo . Los primeros tres discos los compuse de oído sin pensar en lo que estaba haciendo. Y ahora que desde el año pasado estuve tomando clases con Loli Molina, recuperé todo lo que había aprendido en el conservatorio y empecé a reencontrarme con la teoría y me di cuenta que me da muchas más herramientas. Yo soy re indisciplinada, necesito una estructura que me empuje a seguir, a no aflojar. Y en el conservatorio aprendí un montón, lo recomiendo porque es público y es muy buena la forma y el ritmo que propone.

***

Un día Carolina dejó la música. Regaló el bajo y la abultada colección de discos que la acompañaba desde la adolescencia. Dijo basta. Se fue a vivir sola, adoptó a su gato “Coco”, se hizo vegetariana y empezó un camino de autoconocimiento. Era pasar de hoja, empezar otra etapa, crecer y cuanta frase hecha exista para metaforizar el cambio. Pero era también desmontar lo andado, volver al punto cero y enfrentarse al abismo delante de la pregunta ¿quién soy? Y desde ahí reconstruir. Pero la música nunca se fue del todo. Le quedó una guitarra, la primera, que vino en forma de regalo antes del canto y el bajo. Cada tanto, las tardes la encontraban en algún rincón de la casa rasgueando unos acordes, inventando ritmos y melodías. Por ese año – y hace ya diez de esto – Carolina empezaba su relación con su amigo de siempre, Alejandro Pugliese, hoy también guitarrista de su banda y productor del último disco. Fue él quien se lo dijo. “Vos sos música, hacé algo con todo esto”.

– Yo me daba cuenta de que hacer canciones me hacía feliz. Ahí volví a arrancar. Y me parecía que lo que grabábamos estaba bueno, pero me costaba cantar lo que quería cantar o me escuchaba desafinada. Y se dio que encontré a Nancy. Yo no creía mucho en las clases de canto tradicionales, había tenido una mala experiencia con una profesora del conservatorio que me había hecho mierda, entonces venía medio traumada. Y Nancy me enseñó el método con el que ahora doy clases, el Rabine o método funcional de la voz. Habla mucho de usar el cuerpo sanamente, de que todo el cuerpo es la voz y parte de un lugar de relajación.

– ¿Cómo te llevás con la docencia?

– En realidad, Nancy me dijo que empezara. Pero yo me hice la boluda unos años, hasta que en un momento se me presentó la necesidad económica. Me largué y medio que descubrí mi vocación. Me encanta, lo disfruto, aprendo todo el tiempo. Está al mismo nivel de mis discos, no me imagino no dando clases, lo extrañaría. Me pasó este verano de viajar un montón por la gira con Miss Bolivia y extrañar mucho las clases.

– ¿Cómo arrancaste en Miss Bolivia?

– Con Paz nos conocíamos del entorno, tocábamos medio en los mismos lugares. Nos veíamos seguido, la invité a hacer un featuring en un tema mío en vivo y me dijo que le encantaría probar que cante en vivo con ella. Hicimos como una primera experiencia en una fiesta y funcionó. El siguiente show fue Niceto. Yo venía de tocar para 30 personas y después un show en Niceto en una fiesta. Y durante un tiempo viví la giras así, no pudiéndola creer, tocar en lugares con buen sonido, con mucha gente. Es fantástico lo que le está pasando a Paz, por el laburo que ella hizo. Tuve suerte de estar ahí. Ahora corté, esta etapa llegaba hasta acá. Igual ya formamos parte de nuestras vidas, así que veremos cómo seguimos.

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Señorita Independiente

– El trabajo autogestivo y cooperativo es el único que no tiene esa cosa piramidal de que tenés una empresa o un auspiciante atrás que te dice lo que tenés que hacer. Yo no edité ningún disco con sello, pero el primero es directamente artesanal, ni siquiera lo fabriqué. Es muy caro hacer un disco. Lo que sí me costó entender es que la independencia no es necesariamente individual. En algún momento, estuve en el plan “yo sola contra el mundo”. Después me fui dando cuenta que sin la ayuda de un montón de gente no puedo hacer un carajo. Ahí empecé a ver que es colectiva la mano. Empecé a resonar con otras energías y a sonar con gente que está en este mambo, el de lo colectivo y cooperativo. Es un motor que está andando que para mí es ese latido, está ahí, el ritmo que nos va llevando a todos. Y al final con la banda somos una cooperativa que se armó en la marcha.

Y sus integrantes son: Señorita Carolina (voz, efectos, guitarras acústicas), César Cantero (bajo), Tomy Lucadamo (Batería y Percusión Electrónica) y Alejandro Pugliese (guitarras eléctricas, programaciones, teclados). Invitados en “El latido en la boca”: Leo Acevedo, Miss Bolivia, Lisandro Etala, María Pien, Bárbara Gilles, Loli Molina y Fernando Kabusacki.

http://srtacarolina.bandcamp.com/

https://www.facebook.com/carolinasenorita

http://senoritaquecocina.tumblr.com/

El latido rebelde del hip hop

El hip hop se expande con más fuerza por los barrios de América Latina.  Con su origen fresco en la protesta, se resignifica a partir de la realidad de los diversos países. El ritmo, la lucha y el placer hacen cuerpo en este género. 

Un grupo de pibes irrumpe en la pista. La música grita a los cuerpos desde los parlantes. Las luces del escenario están apagadas. Los reflectores brillan entre el público y el grupo de baile con camisas blancas y pantalones negros que suben la temperatura de la noche invernal. De madrugada, en el principio del fin de semana, el ritmo se apropia de la Fiesta Invasión en Niceto.

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Dibujarla… en una baldosa / Vectores espaciales brindan mil y una formas / Para poder salir de entre la espada y la pared / Y seguir / Por la ruta de la langosta / Música para gozar sin alfombras / Un cruce de señales / Sobre la cuerda floja / Bajar o subir / Bailar o morir / La opción de sentir / Hoy se cotiza en el mercado / Si no la reprimís.

(“La Ruta de la Langosta” – Latejapride*)

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IMG_9003– ¿Cómo definen el hip hop?

– Es una forma de catarsis. De contar historias, de decir cosas que pueden ser mucho más duras decirlas desde otro lugar. Creo que es un arte, que está buenísimo, súper complejo y rico. Nunca deja de evolucionar, de crecer, es muy permeable hacia cualquier otro estilo. Le da la bienvenida a todos los géneros de la música, siempre desde un lugar muy respetuoso. Si lo hacés con calidez, siempre vas a sacar algo nuevo. Es una constante evolución, no son fórmulas preestablecidas, el hip hop al alimentarse de tantos géneros se puede expandir para varios lados y eso depende de cada artista. Es entonces constantemente un género nuevo.

Entre los espejos del camarín, Latejapride* abre la charla. Llegaron desde Uruguay unos días antes para sumarse al Festival Latinoamericano de Hip Hop. Luego de que el mexicano Bocafloja abriera la noche, la banda del barrio La Teja en Montevideo subirá al escenario para agitar: “¡A ver cuantos tienen ganas de bailar!”.

La fórmula funciona, el movimiento asciende. Las camperas se desabrochan y dejan ver las camisas arremangadas. De a poco, el espacio entre el escenario y el público se achica. Los cuerpos se acercan a las vallas para bailar. Los brazos se estiran hacia arriba y las manos sin cerveza se funden en una misma acción que baja desde los micrófonos.

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– El hip hop es una herramienta de transformación social más allá de un estilo de música. Es poder expresarte a través del baile, de la pintura, escribiendo poesía.

Iluminate espera para subir al escenario. Desde la zona oeste de Buenos Aires se preparan para cerrar el festival. “Lo más real y lo más natural es hacerlo sin prejuicios, sin seguir un estereotipos, por eso nosotros fusionamos mucho con folklore, reggae, con música que se escucha acá que son influencias de uno. Intentar hacerlo lo más autóctono posible”.

Más tarde, cuando las luces se enciendan para ellos, las gargantas van a sumarse a su grito de canciones que se agrupan en tres discos de estudio. “El rap salió de los barrios bajos de Brooklyn, Nueva York, era una forma de descargar lo que se vivía en ese momento: discriminación, racismo, un montón de cosas que también se aplican en general al hip hop. Vos podés demostrar la realidad que vivís también. En la mayoría de las bandas de Argentina, no hay una que venga y te diga a mí me produce tal compañía y me da millones. Acá es pelearla, es meterse con un género que no está implantado todavía en Argentina, si bien creció un montón”.

– ¿Hay un movimiento gestándose?

– En el momento en que emerge una banda es porque hay un movimiento. Acá hubo un movimiento cuando se generó el hip hop nacional, surgieron un montón de bandas y ahora está pasando lo mismo.

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Amor por mi raíz, cultura es la razón del estar y vivir bien / Más allá de ver la reacción y de quien quiere un cambio / ¡Latinoamerica en mi piel!, sigo y hablo, de tu belleza, tus playas, tu vida / Y el aire cálido que inspira. Cada situación un momento / Y en cada cielo reflejado la estructura de tu acento.

(“La calle sabe” – Iluminate)

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Una chica de lentes con marco grueso se muerde el labio mientras quiebra la espalda en pleno baile. El pibe de gorra a su derecha le sigue el paso. Se seducen entre miradas y movimiento. Todavía no se acercan. La noche de viernes es testigo de dos cuerpos que, a la distancia, se comunican.

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Latejapride* sonríe a los aplausos que coronan un show lleno de canciones que fusionan ritmos e historias. La banda nacida en 1997, lleva cinco discos editados y un camino de palabras recorrido. “Nos sentimos personas políticas, al hacer música siempre estás politizado. Si estás haciendo música, estás tomando postura, algo estás defendiendo, algo estás diciendo, estás tomando un lugar para contar ciertas cosas. Muchas veces nos gusta bajar línea sobre temas delicados, pero también nos gusta contar historias, zafarle al panfleto de decir nosotros tenemos la verdad. Nosotros no lo sentimos así, tenemos nuestra realidad que puede ser compartida o no”.

IMG_9007¿El hip hop es por definición rebelde?

– Depende de cada artista, de qué quiera expresar, la música se utiliza como un medio de comunicación y es tan válida su utilización en letras de protesta o para utilizar las rimas como una vía para expresarte. Hay muchas formas de contar cosas. Si bien nació de protesta, después se perdió mucho esa línea porque la máquina, el mainstream, se dio cuenta de que era un género que podía vender mucho y dijo vamos a agarrar este producto, vamos a vaciarlo de contenido y vamos a hacer que cuente de fiestas, mujeres, alcohol, joda, lo bastardeó mucho al género. Por suerte hay muchas bandas que se mantuvieron al margen de esa vertiente. Hay pila de cosas por las cuales se lucha, se canta y se protesta, también hay que saber disfrutar de la vida y el hip hop no es algo ajeno a eso y también se disfruta contando historias de amor, de amistades, de barrios, eso está buenísimo. La protesta siempre está ahí porque es una de las razones por las cual nace el hip hop básicamente y es algo que no se puede esquivar tampoco.

– Decías historias de barrios, ¿qué pasa con el hip hop en los barrios de Uruguay?

– Pasa algo muy interesante, hay gente que encuentra su lugar dentro de lo que es la cultura del hip hop. Encuentra su lugar y dónde expresarse. Es súper interesante, en radios comunitarias tiran bases, rimas arriba, comparten eventos.

– ¿Y por qué creen que eligen el hip hop y no otro género?

– Es un género súper permeable a cualquier tipo de música. Podés agarrar una cumbia, un rock, un folklore, un reggae, un funk, jazz, música clásica, lo que quieras y de todo eso podés hacer una mescolanza y sacar algo nuevo, lindo. Siempre vinculado al ritmo, al ritmo del cuerpo, de la cadencia, de poder contar cosas pero con groove. Creo que está innato, que el cuerpo te lo pide, es una cuestión no sólo de cabeza sino física que te atrapa.

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Cuando las bandas terminan de sonar, la fiesta sigue del otro lado de las vallas. La chica de los lentes y el pibe de la gorra comparten una cerveza. La música sigue latiendo en los parlantes e improvisa un puente entre los cuerpos.IMG_9386

“Formar las ideas de los pibes es una responsabilidad”

De La Gran Piñata viene pateando los caminos del under desde el 2004, cuando arrancó el sueño en Berazategui. En los últimos meses, llegaron a Vorterix, a Cosquín Rock y al Teatro Flores. “La gente se imagina que me voy a tirar de un noveno piso a una pileta y no, somos muy normales”. 

Se miran el dedo índice, el que está al lado del pulgar que también llamamos gordo. Cuando tienen que marcar el centro de ellos mismos la mano pasea por el pecho y por la cabeza. Un camino invisible que sube, baja y conecta.

¿Y cómo banda el centro está en la cabeza o en el corazón?

-Es una buena mezcla. Creo que somos suficientemente racionales y calculadores, pensamos todo diez veces antes de hacerlo, lo cual nos permite en el momento del vivo ser muy pasionales y saber que está todo saliendo bien.

“Junto a sus amigos, se puso una banda (No hay que darle al tiempo lo que no es de él). Y hoy sabe que todo ha valido la pena, si escucha los gritos del negro José”.

La letra de De La Gran Piñata llega de “Norte”, el último tema del último disco: “Viaje al centro de uno mismo”, que salió en 2012. Varios años atrás, hace exactamente una década, la banda de Berazategui emprendía su viaje. En el medio, en el 2009, nacía su primer disco “Miércoles”. Hoy, Darío “Pantera” Giuliano (guitarra y voz), Lucas Martínez (guitarra), Nicolás Persig (bajo) y Alejandro Zenobi (batería), hacen una parada para pasar una tarde, casualmente de miércoles, frente a grabadores y cámaras de fotos. Sentados tras las medialunas, empiezan a girar el mate. La charla profundiza en ellos mismos, el viaje arranca un miércoles.

– Al principio, los miércoles era el único que teníamos libre para empezar a tocar, entonces era el día para las primeras reuniones de la banda. Después se nos empezó a complicar juntarnos los miércoles pero como nos gustaba esa mística decidimos mantenerlo a rajatabla como día de juntaba de banda. Nos juntamos a ensayar o a lo que sea. Siempre hay que cortar la semana a la mitad.

¿Cuándo se dieron cuenta que la mística de los miércoles los excedía?

-En una de las fechas no habíamos conseguido un sábado y salió hacerlo un miércoles, el primer reci del año pasado y estuvo lleno. Vino la gente sabiendo lo importante que era ese día para la banda y fue lo mismo o más que un sábado. La energía era otra. La gente estaba igual de extasiada que si fuera fin de semana. Estábamos tocando en el momento y decíamos: mañana tienen que ir todos a trabajar. Ahí te das cuenta que la gente se lo apropió.

Ustedes también tenían que ir a trabajar

-Sí, al otro día era cruzarse con gente en la calle con ojeras y saber que habían ido al recital, como el club de la pelea cuando el tipo está todo marcado.

Por fuera de la banda, todos tienen otros trabajos. Alejandro es agrimensor, Lucas es luthier, Nicolás labura en un estudio de grabación y Pantera es diseñador gráfico. Cada uno aporta desde su lugar por fuera de lo musical, pero De La Gran Piñata siempre es prioridad, también ellos se la apropiaron. Pantera recuerda sus ganas de ser el primero en llevar la banda en la piel: “Yo tenía planeado hacerme el primer tatuaje de la banda, ya tenía fecha y el día anterior una chica sube al Facebook un tatuaje de una frase nuestra. Así que el primer tatuaje de la banda no es el mío”.

¿A la chica la conocían?

-Venía a vernos, de los shows.

¿Qué les generó?

-Fue una sensación muy extraña, veíamos que una canción iba a estar para siempre en alguien. Encima era una letra también que tiene otra carga, decir yo escribí esto sentado pensando en tal cosa y alguien lo va a llevar y se lo va a explicar a los nietos.

¿Qué decía el tatuaje?

-“Si se da se da, y sino mejor”.

¿A la hora de componer piensan que puede ir a la piel de alguien?

-Hoy creo que tenemos más cuidado con lo que decimos a la hora de componer. Por ahí antes era un poco más inocente y hoy por hoy sabés que tiene un peso y tratás de que las frases no sean así tiradas al tuntún. Sabemos que esta popularidad que estamos teniendo nos acerca a un montón de gente y también está formando las ideas de un montón de pibes que escuchan las letras de lo que decimos. Es una responsabilidad mucho más grande.

La chica en la piel lleva una frase de “Josefina”, que también forma parte del último disco. Como ella, muchos otros eligieron a la banda con el cuerpo. En Facebook, el álbum “Pasiones que dan escalofríos” es testigo de un centenar de tatuajes en los que fragmentos de canciones, el logo y DLGP son protagonistas principales. El arte de sus seguidores: mates, remeras, grafitis, zapatillas, dibujos, hasta una pizza con el queso formando el logo, entre muchos otros, forman otro álbum con más de setecientas imágenes. Los trapos piñateros y las entradas a los recitales que vivieron en estos años también tienen su propio espacio en la red social de la banda.

Quizás Pantera no imaginaba posible tantas repercusiones cuando unos años atrás al micrófono lo miraba de lejos: “Me gustaba demasiado la guitarra y creía que podía ser mucho mejor guitarrista que cantante. Hace unos años me empecé a encontrar  cantando y a descubrir un poco lo que podía hacer con la voz y me empezó a gustar”. Nicolás, hasta sus 15 años no había tocado ningún instrumento pero se acercó a la guitarra gracias a Lucas y todo arrancó rodar, o a sonar. La historia de Alejandro es diferente, durante nueve años estudió piano, “vieja escuela, Mozart y esas cosas”, lo define.

¿Esas influencias suman a la banda?

-Sí, es muy importante tener la cabeza abierta para absorber cualquier disco, cualquier banda que vas a ver. Absorberlo, interpretarlo y después incluirlo en tu repertorio de alguna forma, no robando, pero si tomándolo como influencia para aprender y tener conocimientos nuevos de diferentes estilos. Tratar de volcar eso en algo nuevo.

Cada uno con sus influencias y gustos a cuestas comenzaron a transitar la música en diferentes momentos. Se conocían y se iban a ver mutuamente, hasta que un miércoles los juntó.

¿Qué necesidad había de generar este viaje?

-Nacimos con la necesidad de ser músicos. Es una búsqueda que nos fue llevando y hoy nos encuentra a los cuatro juntos.

¿Te imaginás sin ser músico, Pantera?

-Lo que ocupa todo mi tiempo, toda mi cabeza es música, y todo lo que rodea también.  No sé, juntarnos a buscar el nombre del próximo disco o buscar el sonido de las violas. Creo que si hoy pasara algo que me impidiera cantar o tocar la guitarra de alguna forma tendría la banda, no sé, haciendo volantes, algo. La gente se imagina que me voy a tirar de un noveno piso a una pileta y no, somos muy normales. Disfrutamos mucho de otras cosas, por ahí de juntarnos a comer o de hacer música por la música en sí. Por el solo hecho de expresar algo, por ahí no somos tan buenos con las palabras pero nos sentimos muy representados con lo que hacemos arriba del escenario.

Desde arriba, cuando las luces se encienden y suenan los primeros acordes las manos se alejan de la cabeza y se acercan más al pecho. En ese momento, la comunión con la música y el público los hace plenos.

¿En este viaje cómo se imaginan el cielo de De La Gran Piñata?

-Creo que cada uno se construye su propio cielo, entonces si bien por ahí la metáfora es llegar al cielo, es más importante el cómo llegar que el cielo en sí mismo. Creemos que no hay que pedir permiso, que sea el cielo depende de entrar imponiéndose también, sino la vas a pasar como el culo y va a ser un infierno.

Para llegar, ¿el pasaje se paga caro?

-Depende la postura y la actitud de la banda, nosotros somos muy unidos, nos pasaron miles de cosas que por ahí a otra banda la hubiese tirado abajo o la hubiese desmoralizado. Nosotros aprendimos un montón de cada cosa que nos ha pasado y tenemos mucha contención entre nosotros. Llegamos hasta donde estamos sin lamentar nada, creo que si se paga caro es porque la banda permite que entren las cosas de afuera.

“Si al cielo entrás de rodillas no va a ser nunca tu cielo”.

La frase se lee en el brazo de Pantera. El centro de ellos mismos es un camino entre el pecho y la cabeza. En el centro la garganta y una necesidad de comunicar. La música es su propio cielo.

Quiero y quiero

Quiero Vale 3 volvió a dar una fiesta de la canción con el disco “No es tan fácil”. Cómo viven los músicos eso momentos previos a salir a tocar cuando la gente no deja de apoyar: “Cada día nos hacen cumplir un sueño”.

_MG_4972“Para nosotros es una locura que ustedes estén acá. Cada día nos hacen cumplir un sueño”, lanza desde el escenario Federico Vitale, voz y guitarra de Quiero Vale 3. La banda y el público se funden en miradas cómplices y la vibración se anuda en un grito a una sola voz y en mil ritmos. Estamos en México y Balcarce, y Mala Vida Club hace rato es una fiesta, haciendo latir el corazón de San Telmo. Una vez más, bienvenidas las canciones. Abajo se improvisa un baile y el giro siempre termina en abrazo. Desde los micrófonos, explota el tercer tema de la noche: “Y vos decime quién te quita lo bailado, si al final aprendiste a bailar”. La frase popular se encarna en las voces de Federico y Camila Das Neves y desde abajo se multiplican los coros, en ese gesto de apuntar al cielo con un brazo y tirar hacia atrás la cabeza para darle más lugar a la emoción en la garganta.

Cami: – No se puede describir la sensación, es alegría, nervios… y también no poder creerlo.

Fede: – El día de la presentación del disco, “No es tan fácil”, antes de salir al escenario ella ya estaba llorando.

Cami: – ¡Estaba emocionada!, eran 300 personas cantando nuestros temas.

Fede: – ¡Pero esto es rock, loco! Las lágrimas son después del toque.

Suena la siguiente canción, “Claraveinte y vos”, y ya no quedan dudas: “equilibrio perfecto entre ternura y rocanrol”.

***

El reloj recién nos marca la medianoche y ya empiezan a vibrar las expectativas y los nervios. Antes de unas empanadas, probaron sonido y solo queda un último chequeo antes de dar puerta. Afuera, se va formando una fila que promete. Adentro, ya ni se adivinan las mesas que hace un rato llenaban el lugar, desplazadas por la inminencia de la música y el encuentro colectivo. Una escalera a oscuras que parece caracol nos lleva a los camarines, donde Cami se está maquillando y Fede fuma un cigarrillo mientras habla por celular y resuelve las últimas cuestiones organizativas. Quiero Vale 3 se completa con Rodrigo Ruiz Díaz, en guitarra y teclados, Tomás Finkelsztein, en batería, Tiago Vega, en bajo, Sebastián Prado, en coros y guitarra, y Manuel Eguía, en guitarra. Entre todos terminan de repasar arreglos y armonías de voces, mientras giran una jarra de cerveza  y palmadas en los hombros.

Fede: – Yo soy bastante insoportable, me cuesta relajarme, estoy pensando en todo. Ya cuando salimos al escenario es otra cosa. Pero el hecho de ser independiente implica ocuparte y tener la cabeza en un millón de cosas a la vez. Si no te movés para publicitar la fecha, tocás solo, hay que revisar los equipos, acomodar el lugar, estar atento a todo. Hoy me levanté, agarré el celular, el cuaderno, los puchos y arranqué el día enfocado en llegar a la noche con todo listo. Igual cuando te metés en el camarín ya está, corre otra energía.

A los nervios de siempre, se suma que este es el primer recital de la banda tras la presentación de su primer disco en MEC Stage en septiembre del año pasado. La fecha no fue solo el cierre del proceso de grabación y edición del CD, sino de todo un proceso de consolidación musical y humano de la banda. La organizaron en formato fiesta, con la intención de compartir toda la noche con la gente que siempre los sigue. Tocaron el disco entero, hicieron una parte acústica y tuvieron varios invitados. “Siempre terminamos de tocar y nos quedamos con ganas de más, porque cuesta bajar. Entonces, pensamos en generar una fiesta nosotros, buscamos en la presentación del disco, que era un motivo especial, darle a la gente una fiesta en la que quedarse y tener nosotros la posibilidad de bajar del escenario y tomarnos una cerveza con ellos y charlar”. El objetivo estuvo más que cumplido y la recepción de su primer material discográfico superó todas las expectativas; desde febrero se puede escuchar entero en Internet y ya tiene casi 3.000 reproducciones y más de 100 descargas. “Logramos un CD con un sonido que veníamos buscando y tuvo buenas respuestas, en la presentación la gente ya se sabía los temas. Lo venían pidiendo, era algo que faltaba. Sentimos que, a veces, es el público el que nos motiva y nos empuja para avanzar. Por eso siempre agradecemos mucho”.

Tras esa celebración, Quiero Vale 3 esperaba despedir el año en una fecha en diciembre, pero se la suspendieron sobre la hora y fue imposible encontrar otro lugar para tocar. Por eso, se redoblan las expectativas para esta noche y las ansias por volver a hacer bailar a los eternos de siempre y también a esos nuevos seguidores que se suman cada día: “Es muy loco cuando ya no podés identificar por dónde o por quién llegó una persona. De repente alguien que no conocés sube una foto de perfil con una frase de Quiero Vale 3 o nos llaman para preguntarnos por el disco”. El indicio de que había llegado el momento de pegar un salto les llegó el año pasado cuando cerraron una fecha en un lugar chico en San Juan y Entre Ríos, y faltando 15 días para el recital ya se habían vendido todas las entradas. El disco todavía no estaba editado y el único material de difusión del que disponían eran algunos videos de recitales que circulaban en youtube. El boca-en-boca y cuerpo-a-cuerpo pudo más y el público se seguía multiplicando.

Fede: – Estos seis meses en los que no tocamos nos sirvieron para parar la pelota, ver lo que se hizo, porque fue un laburo muy grande el del disco, mucho cansancio mental. Fue la frutilla del postre de un proceso que se venía afianzando en la banda, creo que alcanzamos la mayor madurez musical y nos ayudó también a consolidarnos como grupo humano, en esa relación día a día. Fue un proceso hermoso.

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– ¿Qué les pasa ahora cuando lo escuchan?

Cami: – A mí me pasa de escucharlo bastante porque lo escucha mucha gente cercana, me subo a un auto y de repente está sonando. Aunque a veces también me agarra que me pongo a escuchar un temita, pero no es constante.

Fede: – Hay diferentes maneras de escuchar el disco. Hubo un momento que me cansó, porque lo escuchamos mil veces, para corregirlo, etc, y después estuve mucho tiempo alejado. Estas últimas semanas lo retomé y le encontré un montón de cosas que capaz en ese momento no las veía. Es que pasa siempre, cuando terminás de grabar se te ocurren un millón de ideas para agregarle o cambiarle, uno está buscando la canción perfecta y con el tiempo te das cuenta que es imposible, siempre se le puede dar algo nuevo. Lo voy escuchando y no lo veo perfecto, pero sí my equilibrado y estoy orgulloso. Es algo que hace cinco años capaz ni soñaba y hace diez ni te cuento. Yo me sentaba a escribir un tema, pero porque me salía, y hoy tenerlo grabado en un disco y que la gente los cante arriba tuyo es una locura.

– Y ahora, ¿cuál es el desafío?

Fede: – Haber grabado el disco fue en realidad una consecuencia del vivo y ahora estamos en el proceso inverso. Es un poco una prueba, ya estamos en el camino, hay que caminar y ver qué pasa. En su momento fue grabar el disco y este es el momento de tocarlo, de salir a la cancha y mostrarlo en el escenario. Por supuesto la idea de un proyecto futuro siempre está, empezás a trabajar en algún temita y aparece el germen, pero quién sabe, somos abiertos a las sorpresas.

Cuando la noche esté por llegar al final, sonará “Canción imperfecta”, que cierra la idea de la búsqueda de perfección: “Y otra vez los acordes que se muestran con pudor a la hora de sonar y otra vez la garganta enrojecida con temor  a la hora de cantar.  Y la canción busca en tu cuerpo perfección”.

***

Alguien se asoma por la escalera con el anuncio de que abajo ya está lleno y se empieza a preparar el agite. “Está lleno, loco, nos llenamos de guita”, grita uno y todos estallan en carcajadas. La motivación, claro, está puesta en otro lado. Acá en el camarín suenan dos guitarras y se despliegan las voces y las armonías. Repasan la lista de temas y algún que otro arreglo. Suben amigos e invitados y la ronda de abrazos crece. Camila camina de un lado a otro, mientras Tomás duerme una siesta en un sillón. En una corrida alguien llega el aviso: “10 minutos”. Fede se cambia la musculosa por una camiseta del Diego y Tomás se despierta cantando uno de los temas como si estuviera programado. Los siete se agrupan en el centro en un abrazo con todo el cuerpo y juntan las cabezas como preparando un ritual.

Con las pantallas de los celulares encendidas, alumbran la negrura de la escalera y Quiero Vale 3 se dirige al escenario. Apenas se asoman, empiezan los gritos y se improvisa un pogo. Con un comienzo acústico en la música de “Desapareciste”, se franquea en un instante ese espacio neutro entre el escenario y la primera línea del público. Con “No creo”, se despliega la banda en pleno y explota la fiesta. Entre tema y tema, Fede empuña el micrófono con una mano mientras con la otra sostiene una cámara digital y filma el show que se genera entre el público, abajo del escenario. Algo de ese material, anuncia, será incluido en un próximo videoclip. Sobre este proyecto, dirán: “Pensamos en el video, porque todavía no hicimos ninguno. Antes de pensar en otro disco, nos queda mucho para mostrar de este. La idea es tocar mucho más, capaz en lugares más chicos y salir a tocar todos los meses, mover el disco por otros pagos”.

***

-¿Qué les pasa cuando la gente canta sus temas?

Fede: – Está bueno que en el vivo la gente se agite y baile, pero también que un día se sienten tranquilos a escuchar las canciones y que la cabeza se les dispare a cualquier lado. Se te hincha el pecho. Nosotros buscamos que en los temas se entienda lo que queremos decir, que se diga algo fuerte y que al mismo tiempo la música brinde el marco, el escenario de eso que queremos decir. Siempre tienen que ver con lo que a uno le pasa, que probablemente es lo que le pasa a muchísima gente, entonces se ve reflejado en el disco algo cotidiano, vivencias que todos compartimos narradas desde nuestra óptica. A su vez, rebota en otras ópticas y en otras personas.

Cami: – Incluso nos pasa entre nosotros, que capaz Fede escribió una letra pensando en algo y yo la canto desde mi lugar y la resignifico.

Fede: – Creo que es lo más lindo que tiene. A la hora de sentarme a escribir, me gusta darle una vuelta de tuerca… si solamente quiero contar lo que me pasa invito a alguien a tomar un café y charlo. Por eso la cosa está en darle esa vuelta poética y hacer de esa historia, de esa vivencia, experiencia o recuerdo canción que pueda tener una linda melodía, una palabra con peso, que genere un eco.

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Son más de las 3 de la mañana y ya no queda nadie sentado. La banda hizo el saludo final, pero vuelve para el infaltable bis que corona la noche y regala más fiesta: “Y dale mi amor que esta noche quiero verte bailar, naufragar toda tu cintura y volver a soñar“.

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