“Este sistema no tiene nada que ver con lo artístico”

Las Manos de Filippi defiende el arte independiente y promueve la organización de los músicos para defender sus derechos como trabajadores. Con más de 20 años de historia, hablan de un antes y después de Cromañón, de la experimentación y la libertad creativa, y la influencia de las redes sociales en la lógica del rock.

Fotos: NosDigital.
Fotos: NosDigital.

Alguien dice que, este fin de año, quiere estar “en las entrañas del capitalismo”. Quiere hacer todo eso que hacen los turistas de manual. Pasear en un auto descapotable, patinar sobre hielo, sacarse fotos con Mickey, ir a los shoppings, todo. La charla parece no tener sentido; un par más se suman entre risas y alimentan con ideas el estereotipo perfecto del viaje con la cámara colgando del cuello y el mapa de la ciudad en la mano.

Somos varios. Estamos sentados en la primera habitación a la derecha cuando terminás de subir las escaleras. Los sillones están prolijamente acomodados en una esquina. Varias guitarras cuelgan de la pared. Frente a nosotros, la cocina; la heladera se va llenando con un par de botellas expectantes ante un cumpleaños inminente. Más allá de la cocina, una puerta lleva a un patio y a todo otro mundo.

En otras habitaciones se agrupan los instrumentos. Juntos, todos los espacios, las escaleras, los pasillos, los sillones, las botellas, los pósters, las fotos y las guitarras en la pared, dan vida a la sala de Las Manos de Filippi.

–          En su descripción en la web conviven tres términos: “empresa”, “arte” e “independiente”.

–          Nosotros hacemos rimar cualquier cosa. Un poco eso fue después de Cromañón, cuando los músicos tuvimos que hacer un cambio de mentalidad. También de relacionarnos con los trabajadores de Zanón, a quienes apoyamos y acompañamos desde el principio de la lucha. De hecho, cuando nosotros decidimos después de Cromañón formar nuestra agrupación política como músicos, nos basamos en la experiencia que habíamos tenido de la lucha de ellos. Empezamos a ver que una banda es una empresa y el cambio que tuvimos que hacer fue adecuar la adultez de la empresa, de la banda, a lo que era nuestra edad, nuestra necesidad y nuestros compromisos. Tuvimos que romper con un Pomelo que venía de antes de Cromañón, porque nosotros somos de esa generación de rockeros Pomelo. Y eso de llamarnos empresa de arte independiente fue también apostar a sacarse el miedo, a que uno entienda que un proyecto artístico es una empresa.

–          ¿Entonces son una empresa de arte independiente?

–          Claro, es un emprendimiento se puede decir, pero nosotros apuntamos a que esto sea nuestro sostén de vida, como músicos, como padres, como adultos. Un poco fue una presión que nos pusimos a nosotros mismos para entender que esto es una empresa poniéndole ese nombre, nosotros quizás lo entendimos después, pero fue una presión. Muchas veces en las canciones decimos cosas como exagerando que con el tiempo llegamos a entender.

Quien habla mientras el timbre suena y alguien baja y sube las escaleras para abrir la puerta es Hernán “Cabra” de Vega, voz y lírica de Las Manos de Filippi. La banda se completa con Germán “Pecho” Anzoategui (trompeta, voz, flugelhorn y coros), Gaspar Benegas (guitarra, programación y coros), Guido Durán (bajo y coros), Charles Bardon (saxo y coros), Lucas Honigman (batería y coros) y Pablo Marchetti (synthes, samplers y coros). Todos ellos están en la sala. En la charla, se cuela el eco de una batería que suena en alguna de todas las habitaciones. Imaginamos los ensayos, previos a la fecha con la que despiden sus primeros 20 años de fiesta. La banda tiene todo un recorrido hecho, algunas cosas cambiaron desde 1992, otras simplemente se fueron sumando. Hoy Las Manos de Filippi es una fusión de todos los caminos que transitaron.

–          ¿En estos 20 años fueron cambiando las intenciones musicales y también las militantes?

–          Si bien nosotros siempre nos ligamos con las luchas, como la que te decía de Zanón, después de Cromañón nos encontramos teniendo que enfrentar una lucha propia de los músicos, era la primera vez que los músicos y que nosotros mismos como banda estábamos organizando y peleando por nuestras reivindicaciones. Un poco el cambio que hicimos ahí fue esto que te hablaba del Pomelo, agarrar a ese grupo de músicos que tenía el rock y el under y ponerlo a la altura donde están los trabajadores que luchan y así nosotros empezar a organizarnos políticamente para luchar como trabajadores y por nuestras reivindicaciones.

–          ¿Se empezaron a concebir como trabajadores de la música?

–          Nos sentimos parte de la clase obrera, la clase trabajadora y sentimos que la lucha de Zanón y de los telefónicos y de cada gremio se liga con nosotros en nuestra lucha. Ahí nos une el interés de clases. Nos ubicamos en un lugar donde podemos luchar por nuestros intereses. Un poco siempre fue bastardeado el rol del artista y sobre todo el rockero con respecto a la sociedad. Eran como estrellas que estaban por encima de la lucha de clases; toda nuestra organización política apunta a traerlos, a ubicarlos y a luchar unidos. Ni siquiera por una cuestión artística, nosotros llamamos a los músicos a organizarse y somos parte de organizaciones en donde cada músico hace la música que le parezca, no es que luchamos por una música de protesta. Va más allá del arte, en ese reclamo pedimos no pagar para tocar y todos los reclamos diarios pero también libertad para crear. Antes de Cromañón los conflictos nos llegaban a nosotros por una cuestión de que hacíamos música de protesta, hoy en día cuando un reclamo se acerca a Músicos Organizados, ya se encuentra con un grupo de trabajadores organizados y luchando y no con un grupo de músicos que hacen canciones de protesta. Ahí te encontrás con canciones de amor, folklore, teatro y sacamos la discusión sobre el estilo, eso es algo que los chicos tienen que experimentar y crear.

–          ¿Existe entonces la posibilidad de dividir esas cuestiones?

–          Hay un compromiso que no podés dejar de hacerte cargo que es el de organizarte como trabajador y luchar contra este sistema, más si sos artista porque este sistema no tiene nada que ver con lo artístico. Después está el otro compromiso como artista que es crear música, hacer música y no militar con la música, sino militar con una organización política y que la música sea experimentación o trabajo. Por ahí te toca hacer el jingle de Coca Cola. A nadie se le ocurre acusar al parrillero de McDonald’s por el tamaño de las hamburguesas… es un empleado. El músico está confundido en ese sentido, hubo toda una cultura de confundir y de no verlo como un trabajador y creer que es un salvador, como si en este sistema hubiese la posibilidad de estar intacto y de ser puro. Si existiese el artista puro, si se pudiese hacer arte puro y libre no se tendría que luchar contra el sistema. Creo que uno lucha justamente por eso y en la lucha te tenés que encontrar yendo a comprar a Coto, tener cable, tener todo, ser explotado, quizás le tenés que hacer un jingle a Coca Cola, pero lo importante más allá de cómo el sistema te utiliza a vos, es lo que vos hagas para organizarte y luchar contra el sistema como trabajador.

–          ¿Hay forma de llegar a hacer música como pieza de arte puro?

–          Creo que la búsqueda y la lucha de los músicos y la juventud es luchar por la libertad, en este sistema no podría existir el arte libre porque no todos tienen las mismas posibilidades de ponerse a crear. Hay mucha gente que está lejos de poder crear o de poder difundir una obra artística. Entonces la lucha primordial es contra el sistema y creo que cuando el hombre sea libre, la música, que es un producto del hombre, va a ser más libre.

–          ¿De esa lucha se trata ser una banda combativa?

–          Banda combativa es algo que lo quieren hacer para vender, lo que necesitamos son músicos conscientes…

–          Esa descripción está en su web

–          Más bien y lo utilizamos nosotros, somos una empresa, no existen los puros.

Todavía estamos en plena carcajada cuando llega el cumpleañero. Buscan hielo, preparan una picada, todo del otro lado de la puerta que lleva al patio y a eso que desde los sillones no llegamos a ver. “Cabra” tiene un tono de voz paternal. Los ojos rasgados, transparentes. Cuando se ríe, bastante seguido, parece ser aún más sincero. Mira de frente mientras me convidan un poco más de cerveza en mi vaso. Seguimos la charla.

–          ¿En qué momento te diste cuenta que en el campo musical había un espacio de lucha?

–          Yo vengo de ser músico callejero, siempre desde un principio tuve conflictos contra el Estado o la policía. Me pase yendo toda mi primera época de músico los veranos a Villa Gesell donde era muy común terminar el show en la comisaría con todo el público preso. Esto era en el 86. Así que yo siempre de movida tuve canciones de protesta, contra la policía, o en ese momento contra la pseudo democracia, contra los curas, y después tenia cosas humorísticas. Yo empecé a militar en el año 89. En ese momento entendí que había que hacer un cambio más profundo, quizás lo que yo había hecho como trabajo social antes de militar era asistencialismo con chicos de la calle, como trabajaba en Florida tenia contacto con chicos de Retiro, pero después entendí que era como un parche. Entendí lo del parche y lo de luchar por un cambio más profundo.

–          ¿Se empezó a fusionar poner la palabra y poner el cuerpo?

–          Eso quizás a nosotros nos fue más fácil porque nosotros siempre tuvimos el estilo de protesta y eso era lo que nos unía muchas veces, no la conciencia de grupo, sino las letras. Llegaban las letras y nosotros inconscientemente estábamos en todos los lugares que teníamos que estar pero no funcionábamos como un grupo de trabajadores conscientes organizados, sino que éramos un apoyo a la lucha

–          ¿En ese apoyo qué importancia le das a la palabra?

–          La palabra, para mí, sirve para ir rompiendo estructuras que va armando el sistema. Sobre todo con internet donde la difusión en un punto es más libre. Cuesta mucho menos llegar a la gente que cuando nosotros arrancamos, que si no salías en el SI de Clarín o en Rock and Pop no podías trabajar. Creo que hoy tiene otra importancia, pero creo que una canción grosa si no está apoyada por un músico consciente no sirve de nada. Para nosotros es importante hacer canciones de protesta porque es un estilo que nos gusta y disfrutamos pero hicimos discos humorísticos y no nos persiguió el fantasma de que nos vendimos. Entendimos bien que lo importante es avanzar con la conciencia e investigar lo más que se pueda en la música, mientras se pueda. Cuesta mucho también y en esto va lo que te decía que no todos tienen las mismas posibilidades. A nosotros mantener una banda contra la corriente durante 20 años nos llevó un esfuerzo y hoy día nos lleva un esfuerzo que no se lo aconsejamos a ninguna banda nueva porque es sobrehumano, entonces aportamos algo para que no sean las cosas así y que para los jóvenes cada vez sea más fácil poder llevar un proyecto artístico adelante.

–          Las diferentes apuestas de estilos se visibilizan mucho en la puesta en escena de sus shows.

–          Yo creo que como rockeros ya es algo que somos, el show es rockero, entonces vemos todo lo que nosotros podemos agregar para el otro lado. Quizás muchos hacen esfuerzo para parecer rockeros, nosotros, por lo menos mi idea personal, es hacer todo lo posible para ir contra el estereotipo de rockero en escena y me imagino un Carlitos Bala, algo así… Si total suena rockero.

–          ¿Cómo es un estereotipo de rockero?

–          Y, no sé… Sí Miguel, sí miguel…

Mientras responde, “Cabra” hace el gesto de la publicidad del medicamento contra los dolores musculares que muestra a un rockero de pelo largo vestido de cuero y tachas. Explotan las risas, la idea queda más que clara, su imagen está bastante lejos de ese estereotipo.

–          ¿Estos 20 años hacen que sientan responsabilidad discursiva o de acción?

–          En las acciones, más que en el discurso de la música. Creo que si algo queremos dejar dicho con la música es: hagan lo que se les canta. Nosotros fuimos la primera banda del rock que hizo cumbia, fue la primer cumbia que hablaba de drogas: el Cucumelo, ahí matamos dos pájaros de un tiro. Después fuimos los primeros que nombramos con nombre y apellido, cuando había mil cosas que no se podían hacer. Hicimos un reggaeton en pleno odio al reggaeton, bien crítico que cuenta una visión de Cromañón. Siempre nuestro terreno para crear es ahí donde está la llaga y lo que queremos dejar dicho haciendo todo tipo de música es eso: en los ritmos no es como un cuadro de futbol, hay que utilizar todo lo que uno tenga y después ser un trabajador consciente de clase y militar. Ese es el verdadero cambio que necesitan los músicos hoy, tener organizaciones que luchen por ellos.

–          En todo ese legado que van dejando, ¿qué te pasa cuando alguien se te acerca y te dice que los sigue?

–          Te shockea. Fuimos a lugares donde nunca habíamos ido, lejísimos, como nos pasó hace un par de semanas en Colombia y aparece gente que te muestra tatuajes, que se conoce todos los temas. Es un poco lo que te decía, internet como herramienta para difusión del músico independiente es buena; quizás para una compañía de discos no, le juega en contra. Igual nos damos cuenta que por ser de la generación que somos estamos fuera de esa movida de Facebook y eso. Nos damos cuenta que hoy hay toda una camada de bandas que sin aparecer en las radios de primera o en el SI de Clarin, los tipos te llevan ocho mil personas en el Estadio Malvinas, como Salta la Banca. Ahí es donde se está expresando la juventud y diciendo esto es lo que nosotros curtimos, por acá nos manejamos. Nosotros quedamos un poco rezagados de esa movida.

–          ¿No le dan mucho uso a las redes sociales?

–          Sí, pero me refiero a que el público nuestro no es ese que quiere decir: “loco, metete la radio en el orto, los diarios, todo, acá es por Facebook la movida”.

“Pecho” se acerca a los sillones y nos comparte un plato con queso, salame y galletitas. De los vasos de cerveza casi no queda nada, pero preferimos no volver a recargarlos. Los pibes que al principio hablaban del viaje a Estados Unidos ahora comparten ideas para unas filmaciones. Tiran una y otra y otra en plena verborragia. Se miran y uno sentencia “A todo esto hay que darle una vuelta de troska”.

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“El arte no lo tranzamos nunca”

Carajo se autogestiona. Lanza Frente a frente, su primer álbum con sello propio. Festeja ya no tener que pasar por la burocracia de las empresas. Defienden con imaginación y con creatividad el disco por encima de las descargas en internet. Esta es su nueva vida.

Oulet. Outlet. Outlet. Bar. Otulet. Outlet. En el medio de promociones y carteles que anuncian cambio de temporada hay un bar. En el bar, tras una puerta, unas mesas en la entrada, otra puerta a la derecha, una banda, tres platos de comida, un almuerzo, un disco que se presenta. Un disco, de una banda que en el medio de todos esos outlets hace que valga la pena estar ahí, en ese bar.

*

Después de la escalera, en el primer piso que simula ser un tablero de ajedrez, Marcelo “Corvata” Corvalán, Andrés Vilanova y Hernán “Tery” Langer están acomodados en un sillón blanco. Nos separa una mesa negra y un grabador que titila con luz roja.

– ¿Les gusta dar entrevistas?
– Sí, pero a veces se pone medio tenso.
– ¿Sí? ¿Qué no les gusta que les pregunten?
– No sé, ahora te contamos…

Con risas abren la cancha. Ellos son CARAJO.

*

En el año 2001 surgía CARAJO. Un año después, de manera independiente, su primer disco. El camino los llevó hasta Universal Music Argentina con quienes trabajaron durante varios años y tres discos. Pero la historia, cíclica, los volvió de nuevo hacia el comienzo y acaban de lanzar “Frente a Frente”, su último trabajo discográfico grabado y mezclado en su propio estudio junto con su productor, Ale Vázquez, y realizado de manera independiente mientras de forma paralela presentaban la reedición de su primer laburo. Todo cierra.

– Nosotros estábamos componiendo el disco y justo viendo qué iba a pasar con Universal. Dijimos: sigamos componiendo, no sabemos qué va a pasar, un disco vamos a sacar de cualquier manera. Tengamos las canciones y después veamos en qué marco lo hacemos, si independiente o no.

Aunque utilizaron la reedición del primer disco para empezar a acomodarse, volver al ritmo de la autogestión no fue traumático. Si bien la banda hacía años que trabajaba con un sello, no había dejado de funcionar del todo de manera independiente. “Siempre de alguna manera mantuvimos ese modo operandi de ser independiente o de autogestionarios. Si íbamos con una propuesta que no nos daban bola, bueno, no importa, lo seguíamos buscando por otro lado, hacíamos nuestros videos, hacíamos nuestras presentaciones, todas las estrategias de prensa, las cosas que nos parecían que venían bien las seguíamos manejando nosotros desde adentro de la banda y la compañía acompañaba. Creo que a ellos les parecía bien que seamos una banda activa y que trabajemos, entonces nunca hubo problemas. Pero al terminar los tres discos, al volvernos a juntar, eran distintas las prioridades. Hoy, lamentablemente, una multinacional está muy acorralada . Ellos mismos lo dicen. Tienen que pedir permiso todo a la regional y la verdad es que nosotros queremos un video, vamos, lo filmamos, lo editamos, lo subimos a la página y en dos días tiene quince mil visitas. La compañía tiene que mandar a que le aprueben el sello, la cosa, el número y vuelve y baja y qué sé yo. Entonces como que chocábamos con nuestras maneras de trabajar con lo que es hoy en día un poco la burocracia que todavía tienen acá en Latinoamérica las compañías. Lo bueno es que se dio natural y hoy recuperamos ya cien por ciento la libertad. No porque antes no la tuviéramos, pero en la parte discográfica siempre teníamos que estar de acuerdo”

– ¿Recuperar la libertad implica una libertad también económica?
– Sí, probamos con la reedición del primer disco y dijimos vamos a ver de qué se trata esto. Ahorrar la guita y fabricar los discos. Hicimos una edición un poquito mejor, más completa de lo que había sido la original, en el arte de tapa, en todo eso. Agregamos también un EP, como un bonus track. Tratamos de que sea algo interesante, bien, que no le falte nada y ver si podíamos. Y vimos que quizás no era tan heroico como nos imaginábamos. Hay que tener nada más los pies sobre la tierra, saber hasta dónde realmente se puede invertir y cuál es el margen de recuperación y de ganancia que se tiene en lo económico. Lo importante para nosotros es más que nada defender el físico, no es que estamos buscando hacernos millonarios vendiendo discos, simplemente funcionar como compañía y que se arme una rueda donde el mismo ingreso nos sirva para seguir invirtiendo y, paralelamente de lo que es tocar y los shows, poder tener esta pequeña oficina que sería ya como funcionar como un sello discográfico propio, de nosotros, Carajo, no tiene nombre, para nosotros es Carajo la banda.

– ¿Qué otra libertad se gana?
– Me parece que la libertad más grande es la artística. Nosotros volamos con el disco este para hacer lo que hicimos, es un disco doble, no nos importó que sea más caro, que valiera más porque tenía el espejo, porque era más grande. Quizás en eso no tenés tanta libertad cuando estás en una compañía. Nuestra manera de trabajar es siempre: vamos para adelante. Hay que hacer un arte y es caro, bueno no importa, el problema es de dónde sacar la plata, no sería el problema cuánto vamos a gastar. Vamos a gastar lo que haya que gastar, algo bueno vale más caro, eso todo el mundo lo sabe. Hoy capaz enfrentamos ahora otros dilemas que vemos que el precio final se pone en todos los lugares distintos. En un shopping vale re caro, vas a una rockería sale más barato, en nuestros shows va a ser el lugar más económico donde se pueda conseguir. Entonces hay cosas que quizás no les podés escapar como banda, pero estamos aprendiendo a lidiar con eso y, por lo menos, ofrecer todas las opciones para que el público de todo nivel económico y poder adquisitivo pueda conseguir el disco sin problemas.

– ¿Por qué eligen hacer este tipo de disco?
– Primero, creo que es algo personal de cada uno y de la banda, nos gustan los discos. Tratamos de hacer algo interesante, no es lo mismo tener una cajita común con un librito, por ahí el pibe que lo tiene dice: “Me lo bajo, si total no tiene nada que ver”. Este realmente es algo a tener, una linda pieza y que te da ganas de comprarlo, es defender eso que hoy en día esta tan complicado también. Sabíamos que, de esta manera, dándole una vueltita de rosca al arte, íbamos a ponerlo en otro lugar el disco, pero obviamente nos tenía que gustar a nosotros. No era que salió primero: “Tenemos que diferenciarnos”. Que no tenemos esa limitación de arte, ni de formato, nos da la chance de hacer lo que se nos ocurra. Si lo queremos hacer así gigante, hagámoslo. Si después tenemos que bajar un poco, lo bajamos. Es todo lo mismo, ahí tenes la libertad, volvés a tener eso que te abre un panorama mucho más amplio.

carajo

– Imagino las charlas diciendo “Hagamos esto, después vemos cómo”

“Para bajar hay tiempo”, esa siempre es nuestra frase.

*

Matias Marano se encargó del arte del disco. Desde Mar del Plata, el artista enviaba sus interpretaciones del mundo que el nuevo laburo propone. La elección de darle importancia a la estética no es aislada. Todo habla de Carajo y ellos la tienen clara: es necesario que el equipo crezca. “Desde los comienzos nuestra idea es sumar, sumar y sumar. Es que en realidad te suma motivación, porque si vos ves que alguien te da esa cuota que te gusta en lo suyo, a vos te motiva, porque nosotros hacemos las canciones, pero también hacemos un monton de otras cosas que nos representan, que hablan de Carajo. Hacemos la música y tocamos, pero no somos todo, necesitás gente que le ponga tanto como vos”.

En esa búsqueda de verse reflejados integralmente, Carajo propone dos discos espejados que permiten verte cuando abrís la caja.

– ¿Les gusta lo que ven?
– Yo creo que es bueno lo que vemos porque vemos que el crecimiento, que todos estos años no han sido en vano, los super aprovechamos. De hecho, se nos pasó re rápido. Cuando cumplimos los diez años, alguien vino y nos dijo “el año que viene son los 10 años, hay que hacer algo” y dijimos “¿Ya diez?”, como que nunca nos dimos cuenta. Siempre estuvimos generando, haciendo cosas, discos, girando, grabando videos y la verdad es que estuvo bueno haber llegado de esa manera. Hoy mirándonos frente a frente podemos ver todo el laburo hecho, ves a tus espaldas atrás todo lo que fuiste dejando, todo lo que fuimos haciendo nosotros como músicos individualmente y como banda. Todo lo que pudimos generar. Toda la gente que viene atrás. Quizás nosotros somos la cara visible, hacemos punta, pero atrás nuestro ha crecido mucho: la banda, el equipo de laburo, los fans, seguidores, los amigos, todos los que realmente se hicieron parte de Carajo.

– ¿En ese punto Carajo toma una dimensión que los excede como individuos?
– Sin duda. Acá hay mucho trabajo, mucha dedicación, mucho amor puesto a lo que te gusta y tenemos como la suerte de que todo eso o le gusto a mucha gente o nos redituó en muchos aspectos. No es fácil también conectar con la gente desde un lugar en el cual sin pensarlo tanto lo lograste. Primero desde haberlo trabajado, desde haber hecho las canciones y que también fue paso a paso. El hecho de la vejez tiene que ver con haber dejado ciertas marcas en uno mismo y en cada cosita que fuiste haciendo, está bueno verse también desde ese lado.

– ¿Hay algo que vean y digan esto no lo negocio?
– Te puedo decir nuestros ideales, hasta nuestros derechos como músicos, ciertas cosas que los músicos hoy en día tienen que ceder a costa de un poco de exposición. Está muy común que el derecho del músico, como del autor, se sobrepasen en un abrir y cerrar de ojos porque hay gente que puede negociar con eso y te agarra. Pero bueno, aprendimos y pudimos zafar de muchas cosas porque por lo general prevaleció el arte y eso es lo más groso que mantuvimos.Yo creo que lo artístico, el arte no lo tranzamos nunca y no lo tranzaríamos. Ahí se acaba todo. Cada cosa que hace Carajo tiene un motivo, un disparador que generalmente es artístico.

*

“Tampoco hacemos playback, ni fiestas de 15 años, ni casamientos…” Dicen y cierran la charla como arrancaron. Carajo desde sus raíces sigue generando, todo tiende a formarse circular, a unirse y hacerse curvo como la risa. Nos vamos sonriendo, tal como llegamos.

carajoFotos: NosDigital

 

“No creo en los rockstars”

A Santiago, guitarrista y compositor de Once Tiros, le gustan los artistas y la gente sensible. No es una generalidad: la figura del músico que se elogia por tomar alcohol y por acostarse con muchas minas es negativa. El uruguayo llega con su banda a Buenos Aires y es contundente: “Hay una tendencia a reprimir la rebeldía”.

Hay una banda de ska que cuenta historias. Que no cree en los rockstars. Que se pone en los zapatos del otro y cuestiona y festeja. Que ocupa un lugar en la sociedad y asume su tarea. “Para cualquier artista que tenga algo para decir la sociedad se vuelve fundamental, porque es el medio en el que vivís, al que confrontás y el que te alimenta”, explica Santiago Bolognini, guitarrista y compositor de Once Tiros.

Los uruguayos estuvieron en Buenos Aires para grabar su último disco en vivo, “Imán”, y festejar sus quince años de existencia. Dieron una larga rueda de prensa, donde contestaron demasiadas preguntas. También las de NosDigital, que indagaron sobre el rol social del músico. Le tocó a Santiago contestar:

Para mí, el rol del músico es un poco como la continuación en la antigüedad del tipo que cuenta la historia. Siempre hay alguien para contar la historia y para entretener, y a su vez canalizar los sentimientos que tenemos todos adentro. Cuando uno compone algo estás canalizando un sentimiento, eso se refleja para afuera y me parece que todos nos vinculamos con la música un poco por eso: porque compartimos sentimientos y formas de ver el mundo, por un sentido de pertenencia a un lugar en el que compartimos una forma de vibrar la cosas. El rol del músico, del que canta, es entretener, contar la historia y enfrentarte con las cosas que ves afuera.

Cuesta mucho hacer encajar esta figura del tipo que cuenta historias con la del rockstar reventado que toma alcohol y se acuesta con muchas minas. Con ese que es muy rebelde y el motor que mueve su existencia se alimenta a plata y fama. Con ese concepto del rockstar que sirve para banalizar y vaciar de contenido al rock. Para Santiago de Once Tiros la imagen del rockstar es negativa no sólo para el que trabaja de la música sino para el publico también:

Es un producto de una cultura, de una sociedad a la que yo no pertenezco. No creo en los rockstars, creo en artistas y gente sensible, no me interesa ser un rockstar y que me vean como tal, me parece que el solo concepto es negativo.

El tiempo para hacer preguntas se acaba muy rápido en esta rueda de prensa, porque, y es una buena noticia, muchísimos medios se acercaron a entrevistarlos. Entonces, siguiendo un esquema rápido y arbitrario para aprovechar el tiempo al máximo y lograr descubrir qué significa para ellos hacer rock y para quiénes, a Santiago le toca hablar sobre las esencias:

Somos muy parecidos en todas partes del mundo, muy parecidos en la esencia. Nos duelen las mismas cosas, nos gustan las mismas cosas, nos cortan y sangramos, somos muy iguales. Los uruguayos y los argentinos tenemos una cultura muy hermana históricamente, entonces en el fondo somos muy parecidos. Yo crecí escuchando música argentina y se que hay que gente de acá que creció escuchando música uruguaya. En el fondo son las mismas historias las que nos conmueven.

La esencia del rock tiene mucho que ver con la rebeldía, con el inconformismo ante las cosas que están mal, con las ganas de celebrar la comunión que nos une. Es como la parte adolescente que nunca abandonas, eso de la rebeldía y de cuestionarse las cosas, a su vez alegrarse y festejar las cosas que te unen con otros, es divertirse, es emocionarse. Por suerte hemos elegido esta vida de rockeros.

El compositor de Once Tiros se nutre de lo que ve, lo que pasa, de cosas lindas y feas, de la realidad dura y cruda que se observa. Explica que la sociedad siente esa devolución y se siente reflejada:

Es un entramado que está muy unido, es una simbiosis. Hay canciones que son mas personales, hay canciones que son mas sociales. La música como cualquier rama artística es algo que le hace muy bien a la sociedad, sobre todo por el tipo de sociedad en la que vivimos. Para cualquier corriente artística, cualquier artista que tenga algo para decir, la sociedad se vuelve fundamental porque es el medio en el que vivís, al que confrontás y el que te alimenta.

En esa simbiosis en la que el rock toma de la sociedad, algunos grupos de poder, como los medios de comunicación, también se ven plasmados en el rock. Más que verse plasmados, corrige Santiago, bastardean al rock:

Hay una tendencia sistemática a oprimir esa rebeldía y ese cuestionamiento de las cosas propio del rock. Se bastardea y bastante importando culturas que no son las nuestras. No hay nada malo con divertirse y festejar pero cada tanto, a mí por lo menos, me gusta que me pongan situaciones incómodas enfrente y que me hagan pensar en eso, que me hagan poner los zapatos del otro y que me hagan ver una realidad que no es la mía y tratar de entenderla. La cultura en general es un vehículo muy importante para que la sociedad pueda ponerse en los zapatos de otro.

“Se acaba el rock nacional: ahora es rock originario”

Goy Ogalde siempre se animó al desafío. Escuchaba los Beatles cuando sus amigos querían a Los Parchis. Rompió con el conservadurismo de su Mendoza natal. Llenó todo lo que quería con Karamelo Santo, pero se cansó. Se volvió autogestivo y produce a grupos originarios. “Nación son ellos”, explica.

– Se me había dado por bombero. Tenía el destacamento cerca de mi casa en Mendoza y me gustaba. El fuego siempre me llamo mucho la atención, debo haber muerto en otra vida quemado, que se yo. Después relacionaba el color rojo, todo lo que era rojo me gustaba.

Goy Ogalde no llegó a ser bombero, pero todavía recorre los cuarteles de La Boca para escuchar historias. Todavía le atrae el color rojo, pero le ganó la música. En la niñez mendocina convivieron los dos deseos, pero la adolescencia lo agarró con una guitarra en la mano y caminando a Chile, a México. Caminando Goy Ogalde empezó a ser nombrado Goy Karamelo, a verse y escucharse en las canciones de Karamelo Santo, todo el tiempo en todos lados. De esa exposición, prefirió bajarse y los pasos lo llevaron al camino de la autogestión. Hoy es productor y es un nuevo proyecto: Goy Karamelo & Kangrejoz. No llegó a ser bombero, pero la música en la habitación donde trabaja rodeado de consolas parece funcionar como el fuego: todo lo toca y enciende. Durante el recorrido de su carrera las llamas van mutando, la música y su espíritu se transforma.

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– ¿Cuándo cambiaron las ganas de ser bombero?
– Ahí nomás. Escuché un disco de Los Beatles y dije: “Voy a ser músico”. Tenía seis años. Era muy loco porque yo soy muy grande, tengo 45 años y pensá que te estoy hablando del año 75, casi antes de entrar al proceso militar. En esa época, decir que te gustaba el rock era una locura. No era bien visto. Como que el rockero era un tipo vende patria. Muchas veces, se ha querido mezclar la lucha de izquierda con el rock y nada que ver. Al contrario, los Montoneros odiaban el rock. Para ellos, era una cosa extranjerizante mal. No existía el rock en español. A mi viejo le gustaba el folcklore, pero igual le gustaban Los Beatles. De por sí, el que trajo el disco ese a mi casa fue él. Era Help. Pero después yo llevaba los discos a cumpleaños y cosas así de esa época y nadie me dejaba ponerlos.

– Cuándo vos ibas con Los Beatles, ¿tus compañeros qué escuchaban?
– Escuchaban cualquier cosa: Palito Ortega. Estaban de moda, por ejemplo, Los Parchis. Y yo iba con un disco de Almendra y con uno de Los Beatles. No sé por qué se me dio tanto por el rock. Me gustaba que tuvieran pelo largo, que tuvieran glamour. Yo no quería ser un flaquito de pelo corto: quería ser un tipo de pelo largo, tener la guitarra. No me vengas con un oficinista.

– ¿Cómo se vivía el rock?
– El fenómeno del rock para las clases populares es solamente en Argentina. Vos vas a Alemania, a Chile, a México y la gente que escucha rock es de clase alta o media alta. Las bajas no escucha rock en México, es una cuestión de fresas o de chetos como dicen ellos. Igual acá también pasa eso: el cheto escucha rock y el flaco que está en la villa escucha Los Redondos, La Renga, pero eso es por folcklore no porque sean rockeros. Son cumbieron ellos. No vas a ir a una villa y vas a escuchar a Morrissey o a Peter Murphy. Como mucho, en algún lado, Bob Marley, pero eso es porque se transforma en una cuestión folckólorica del rock, del hermano que escuchaba Los Redondos y le dijo al pibe: “Escuchá, ponete la remera de Los Redondos porque si no sos puto”. Por eso, ese rock barrial creo que no es un rock representativo de lo que es realmente la filosofía del rock. Es otra cosa. Es mucho más alejada de lo político, mucho más incorrectamente político si vamos al tanto. El rockero, en definitiva, es esa sangre del tipo Elvis Presley, tipos que se morían drogados o en accidente fatales porque su cuestión era espiritual y no le encontraban un sentido a la vida. O Jim Morrison. Esa es la filosofía del rock, decir que estamos de vida pero voy a vivir al extremo. Nosotros después le damos un tinte político. Pero eso ha sido con la evolución del pensamiento. Hoy el cumbiero tiene más actitud rockera por ese modo de drogarse con todas las drogas de su clase social y matarse. Eso es más rockero, el rock de ahora, el rock políticamente correcto es un poco un rock de acción católica, sirve como eje de mensaje o como medio de comunicación, pero el rock real no servía para nada. Si vamos a escuchar los primeros rockeros más vale que ni le dieras un micrófono: tipos como Chuck Berry, como Jimi Hendrix, eran artistas pero no tenían nada que decir. Es más agarraban un micrófono y capaz que decían cualquier boludez.

– ¿En qué momento pensás que empieza a transformarse esa imagen del rock?
– Yo creo que a partir de los ‘80. Bob Marley creo que fue el primero que intentó corregir la situación. Empezó a haber un rock de protesta social. Si bien Lennon ya lo venía planteando, era toda una corriente.

– Decís que empezó a haber un rock de protesta social, ¿en qué momento comenzaste a notarlo en Argentina?
– En la época de Malvinas, yo justo estaba aprendiendo a tocar la guitarra, entonces era el único del barrio que tocaba la guitarra y me iban a buscar para las fiestas. En la época del proceso militar, tenía doce o trece años y era imposible juntarse en la casa de nadie ni en la calle de nadie. La única que tenían los jóvenes para juntarse era ir a un patio de una iglesia. Podías ser católico, judío, hebreo, lo que fuera, pero era el único lugar donde vos te podías juntar un sábado a la tarde era en un grupo católico juvenil. Otra no había. Vos ibas a un bar, se juntaban veinte tipos y te caía la policía y te llevaba. Nosotros éramos muy chiquitos y me acuerdo que estábamos metidos ahí en la Iglesia tocando la guitarra. Empezó la época de Malvinas, la rendición de Argentina y salieron Piero, Miguel Cantilo y León Gieco. Ahí sí Argentina tuvo un acceso directo a la música de protesta. Todo el mundo escuchaba a Piero “Para el pueblo lo que es del pueblo” o “Solo le pido a Dios” o “La marcha de la bronca”.

– La dictadura influyó en el mensaje de la música, ¿crees que influyó también en tu decisión de seguir ese camino?
– Esto era utópico. Era mi sueño nada más. Era imposible en el 78, en sexto o en séptimo grado, pensar que yo podía ser un rockero famoso en Mendoza. Era una cosa así: un delirio como querer ser astronauta y vivir en La Rioja.

– ¿Cuándo te diste cuenta que era posible?
– ¿Vivir de la música? No, de grande. De chico fue siempre imposible. Hasta por lo menos los 18 años, no se me había cruzado por la cabeza irme como me fui a hacer música. Hasta los 18 años yo pensaba ser un ingeniero electrónico y tocar música en mis tiempos libres. No existía, era imposible. Primero estabas en Mendoza, que es una ciudad muy fascista. Allá el que es rockero es rockero de alma y tienen mucho huevo. Por eso, a veces salen artistas como Quino o escritores terribles, porque el aparato cultural tiene que ser totalmente alternativo y extremadamente arriesgado y muy loco. Sino están todos desaparecidos.

Lo imposible se hizo posible. Goy junto a Karamelo Santo llegó a no poder caminar por la Ciudad. A viajar, a llenar, a familiarizarse con el término sold out, a llegar a un lugar por primera vez y que la gente ya estuviera coreando las canciones, a producir y tocar y tocar y tocar. Llegó a ser el rockero de pelo largo y guitarra y esta experiencia volvió a transformar su propio deseo. La autogestión le llegó de manera casi obligada por querer bajarse de la marca. En su primer trabajo discográfico – “Remedio de mi corazón” – de Goy Karamelo y Kangrejoz no quiso apostar a las lógicas del mercado. Para correrse había que crear nuevos circuitos y fue por eso, por una difusión de boca en boca, por una banda con una cantidad de integrantes que permitía que todos viajen en el mismo avión, micro o camioneta, por shows que recorrieran el país, por libres descargas en internet, por nuevas posibilidades. Nuevas para él, para reinventar sus ganas de seguir haciendo y nuevas para otros proyectos que empezó a producir con su propio sello discográfico.

– ¿Decidir ser productor tiene que ver con rebatir el mercado?
– Ahora grabo discos gratis. Antes me pagaban por ser productor. Lo hacía un sello o la misma banda. Ahora yo tengo mi sello y produzco lo que quiero. Produje el disco de Noe Pucci, que es su disco solita. Ella es una cantante Neuquina, ítalo mapuche. Hice al cacique huarpe Marcelino Azaguate. Hice a Puel Kona, que es una banda mapuche. Hice La Yugular, que son Coyas, de Jujuy. Hice cuatro discos, los hice de onda, y ahora empiezo a hacer cosas para que salga para adelante lo que yo pienso que es un movimiento interesante.

Tienen un montón de cosas muy importantes. Primero y fundamental tienen que ser un colectivo, no tiene que ser un solista. Tiene que ser un colectivo de gente que trabaje junto, que participe en confederaciones multisectoriales o en asamblea originaria. Que tengan una descendencia originaria por lo menos uno o dos integrantes de la banda y que aparte canten en su lengua originaria.

– ¿Por qué la decisión de producir estos proyectos?
– Para mí, este es el futuro del rock nacional. Se acaba el rock nacional ahora es rock originario, rock pluricultural. ¿Nación de qué? Argentina empezó en 1810, esto hace siete mil o diez mil años que existe. Entonces vienen acá, cantan con su kultún, trutruca, sikus, malta, erkes, huancara, lo que sea pero hacen rock y está ahí la vertiente de esto generando algo.

“Los grabo porque van para adelante como piña”, y acompaña la frase con el gesto. Los graba porque para él, ellos son Nación.

– Vos te das cuenta cuando uno es Nación en su lugar, acá en Argentina, Nación son ellos, los pueblos originarios, nosotros somos unos colados que decimos somos Argentinos para justificar un mestizaje que no sabemos que va a pasar. En definitiva, vamos a terminar siendo todos los negros que no queremos porque el mestizaje va a aumentar, cada vez vamos a ser más indios y ojalá yo sea cada vez más indio. Mi vieja vino de Europa, de Rumania y Polonia escapándose de los nazis por ser judía y se cruzó con un Huarpes y yo estoy acá cada vez más fuerte. El destino de los Argentinos es ser negros, ser indios, ser originarios.

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El viaje que los parió

El Viejo inventó un colegio para irse a un viaje de egresados, se emocionó cuando en Paraná la gente sabía sus canciones, armó un acústico por twitter en la playa y fue a Malvinas para recorrer con excombatientes sus puestos de combate. “Ni tan tarde (no por mucho madrugar)” es el nuevo disco de La Perra que los Parió. Acá hay un viaje: ponete la mochila.

En bondi. En Tren. En subte. En lo que se pueda. Con monedas. Llegando al -10 de la tarjeta. Chamuyando un $1,60. Sólo con la cabeza. Volando. También con la cabeza. Todos viajamos. Todo el tiempo. Apretados. Cómodos. Muy apretados. En dirección opuesta. En furgón. En bici. Caminando. A veces, solamente con pasaje de ida. Esos viajes, cambian todo. Te calzas la mochila y te subís a tu propio camino.

El Viejo llega en auto. Hace tiempo que no le dicen muy seguido Nahuel Cruz Amarilla al cantante de La Perra que los Parió. No encuentra lugar para estacionar y lo deja en un lavadero, no importa que al otro día este pronosticado lluvia. En la mano trae las llaves, un dvd y varios folletos que anuncian el lanzamiento del nuevo disco de la banda: “Ni tan tarde (no por mucho madrugar)”, faltan algunos días para el 15 de Septiembre pero ya se palpita la fecha en Vorterix. “El Viajero” fue el tema adelanto de lo que se viene. El viejo, que hoy llega en auto, ya se subió a muchos medios transitando su camino.

IMG_9055¿Cuál fue el primer viaje que recordas?
– El primer lugar que me acuerdo fue Córdoba, con mi familia, no con amigos. En general, cuando yo era chico, no nos íbamos mucho de vacaciones hasta que tuve diez años más o menos que fuimos y me quedó por ser algo nuevo, por viajar, por irme de vacaciones.

– ¿Cuándo hiciste vacaciones sólo, volviste a Córdoba?
– No, ¿sabes qué? En un viaje de egresados mentiroso me fui a Bariloche. Me fui de vacaciones con todas chicas, eran dos colegios de chicas y tres amigos.

– ¿Fueron como coordinadores?
– No, teníamos un amigo que vendía viaje de egresados y se lo compramos como un favor. Yo tenía 20 años, creo. Compramos el viaje de egresados entre todos los amigos que éramos como diez como un favor para que empezara a vender. Inventamos un nombre de un colegio, no sé si hoy se podría hacer, no sé la verdad cómo se hizo eso. De diez fuimos tres al final, porque todos fueron abandonando. Tres amigos de viaje de egresados, bajo un nombre de un colegio inexistente, a Bariloche, con dos colegios de mujeres.

Al colegio le pusieron un nombre que terminaba con High School. No lo recuerda completo, pero sí recuerda que fue tremendo. Era un comienzo, de esos viajes para el recuerdo. Iban a llegar muchos más. La primera gira costera con la banda, en el año 2009, tuvo la misma magia, pero fue mucho más bisagra en su vida. De ahí salió “La suerte la fabricas vos”, tercer disco de la banda, mientras recorrían de punta a punta la costa Argentina en un micro. Marcaba un viaje que empezaba a no tener retorno.

– Si la banda es un viaje en si misma, ¿qué no puede faltar en la valija?
– Obviamente no puede faltar ni la guitarra, ni música. No puede faltar mate. Estoy intentando conectarme un poco más profundo, pero pasa que cuando yo me voy de viaje lo que me importa es música, guitarra y nada más.

– ¿Usás mochila diariamente?
– Sí.

– ¿Y en la mochila qué tenés?
– En la mochila tengo cualquier porquería. Tengo libros, bueno, un libro tampoco puede faltar. Tengo anotaciones de canciones, yo tengo un cuaderno con apuntes, con cosas. Se me llena de eso la mochila siempre, algo para leer, música que tengo siempre en el celular o en algún pendrive. Igual la mochila siempre se hace una carga, después digo: “¿Qué tengo acá adentro?”. Termina siendo pesada, empezás a revisar y sacas cualquier porquería, lo indispensable por ahí te entra en una bolsa, en una bolsita chiquita.

– ¿El cuaderno de las anotaciones lo llevas a todos lados?
– Generalmente, sí. Cuando salen cosas escribo, anoto, todo lo que se me ocurre está ahí. Después cuando estás haciendo una canción, estás escribiendo, vas ahí, encontrás recursos, releés. Son cosas que por ahí vos escribís y decís: “Esto es una porquería”, pero lo dejas ahí y queda. Al tiempo lo volvés a leer y está bueno.

– ¿Esta valija que armás hoy es la misma que armabas cuando arrancaron?
– No, ni a palos. Cambió la música que escuchamos. Se sumó, mejor dicho. En el momento que arrancó la banda estaba abocado a escuchar más candombe, estaba a pleno con la música uruguaya vieja. Hoy tendría discos más rock, más bandas de rock. Por ahí, si bien los escuchaba en ese momento, habría más Redondos, más Soda, más bandas de afuera.

– Aparte de la música, ¿qué más cambió de la valija?
– La ropa también cambió a full. El peinado. En la valija no puede faltar la maquinita para cortarme el pelo porque una vez por semana le tengo que dar. Es contraproducente, pero una notebook tampoco podría faltar porque hoy día con las redes sociales y todas las movidas uno está como enviciado.

IMG_9014-¿Contraproducente por qué?
– Porque estás todo el tiempo metido en esa garcha de internet. Yo le doy mucho uso, le quiero dar menos. A la banda le sirve, pero a mí no me sirve tanto. A veces, me sumerjo demasiado en todo eso. Me limo un poco. Definitivamente no llevaría el celular, lo dejaría.

– En un principio, ¿lo llevabas?
– Lo llevo siempre, pero pasa que estoy queriendo despojarme de las cosas que te tienen atado a la tecnología porque a mí me lima bastante.

– ¿Entonces sacamos el celular y dejamos la computadora?
– La computadora porque no suena, no te está llamando. El celular te suena a cada rato, también lo podes apagar pero es como que estás tentado a agarrarlo. Cuando me fui a Malvinas, que no tenía señal en el teléfono, fueron los mejores ocho días de mi vida. Te conectás otra vez con la gente, vivís más.

Malvinas fue una parada estratégica en este recorrido. Para la banda, pero principalmente para El Viejo que fue quien viajó. Desde hacía quince años tenía la canción “Trae el viento la voz”, que también forma parte del nuevo disco, bocetada seguramente en algún cuaderno de anotaciones como los que sigue usando. Estaba inconclusa hasta que la resucitó y la terminaron con la banda. Después surgió el viaje. Allá conoció excombatientes con los que compartió la filmación del video del tema y a quienes acompañó en la búsqueda de sus puestos de combate. “Tomo como enseñanza que cualquier cosa vieja que tengas ahí guardada sirve para adaptar a la banda”, dice. Unos renglones atrás decía “Vivís más”, la clave parece ser seguir dándole vida al motor que empuja el camino.

– ¿Pensaste que con la banda sacaban boleto hasta Malvinas?
– Nunca se me ocurrió llegar a hacer esa movida, ni a palos. Cuando arrancamos yo no pensaba ni siquiera llegar hasta Santa Fe, pero hoy en día se están generando un montón de cosas que están buenas y hacen que la música llegue a todos lados. A mí siempre me flasheó el tema de llevar la música a otro lado, a otras ciudades. Pero como que uno al principio no sé si no cree que pueda suceder, pero lo ve lejano. Después cuando se empieza a dar como que empezás a flashear y a decir ‘qué bueno que esto llegue acá’. El año pasado fuimos a Tierra del Fuego, por ejemplo, a tocar y había gente que conocía la banda. Está buenísimo, tan lejos. Esos viajes uno no espera que vengan gracias a la banda.

– ¿Te acordas la primera vez que viajaste y la gente se sabía los temas en algún lugar donde nunca habían estado?
– Paraná fue uno de los primeros lugares que fuimos fuera de Buenos Aires y me impactó bastante. Paraná y Mar del Plata, por ejemplo, son dos ciudades que hay mucha movida de la banda, que llegamos y hay gente que conoce las canciones, las canta, vive ahí y las fue conociendo por boca a boca. A mí me impactó mucho. Una vez en Mar del Plata, el mismo año que fuimos a Paraná, yo estaba de vacaciones, haciendo notas a la vez, y se me ocurrió tirar por twitter hacer una juntada en la playa, para hinchar las pelotas, un acústico. Yo pensé que iban a venir cinco personas y vinieron cuarenta personas por la movida de twitter. Fue algo que se me ocurrió una hora antes y esas cosas a mí me impactan. Que haya tanta movida a través de las redes y sin haber hecho casi nada a nivel difusión masiva y que haya gente que conozca la banda por el boca a boca está bueno.

Un tweet, la letra de un tema, la presencia en un festival, todo toma dimensiones cada vez más grandes. “Tenés que tener cuidado con lo que decís porque a veces tenes que ser consciente de que tenes pibes adelante que muchos son de 16, 17 años que están formando sus ideas. Si vos tiras pelotudeces hay muchos que toman como referentes a los músicos de rock y a veces puede ser peligroso lo que decís”.

El micro de La Perra Que los Parió se sigue agigantando, ya no son sólo El Viejo junto a Juanchi en guitarra, Mati en bajo y coros y “El vos” en batería. En el viaje compartido el nombre de la banda se multiplica en banderas, remeras, gritos, redes sociales y hasta tatuajes.

– Esas cosas como los tatuajes a mí me dejan sin palabras, uno no toma magnitud de algunas cosas o de la responsabilidad que te carga que hay gente que se tatúa una frase escrita por vos o por cualquiera de los chicos en cualquier parte del cuerpo y está zarpado. Son cosas nuevas a pesar de todo para nosotros, está bueno y te sentís en deuda eterna con esas personas. Es una responsabilidad para cualquier banda a la que le pase eso porque no querés fallar en nada, querés seguir siempre la línea que esas personas idealizan de lo que tiene que ser la banda

“Con ese par de zapatillas que si hablaran, de los kilómetros que tuvo que correr…”
(El Viajero)

“Yo soy un comunicador”

Alejandro Kurz es el cantante de El Bordo y el escritor de Oikumene, pero se siente algo más que eso. “A las palabras las tenemos sobreestimadas”, dice, animándose a discutir desde el rol de la televisión en el caso Ángeles hasta la función del facebook.

Alejandro Kurz se levantó y fue al kiosko. En el trayecto, sintió que sólo un extraño podía estar haciendo lo que él hacía. Y pensó: “¿Cuánta gente seguirá comprando sacapuntas?”.

No estaba muy convencido de poder encontrar el artefacto, pero lo necesitaba de todas formas. El cuaderno más viejo, de su enorme colección de cuadernos, data del 2000. Un promedio de dos de esos por año más miles de lápices fueron y son sus herramientas de trabajo. En esas hojas, está su mayor tesoro. De ahí, nacieron cantidades de letras que terminó cantando en El Bordo y muchas de las poesías que aparecen en Oikumene, su reciente libro.

Pero a esta altura esas páginas no son tan sólo la hamaca paraguaya de un pensamiento. Entre la disputa del lapiz sin punta, del sacapuntas que salió un peso con cincuenta y de los celulares que reposan en la mesa de un bar de Boedo, se da una gran discusión: ¿cómo funciona la velocidad de la comunicación?

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– ¿Vos qué sos? ¿Un escritor o un músico?
– Aunque no tenga el título, yo me siento un comunicador. De hecho, empecé a estudiar la carrera de Comunicación Social y la dejé. Hice hasta semiótica 2, seguro. Trabajo de encontrar las palabras correctas para explicar sensaciones. Aún así, una cosa a la que estoy llegando últimamente, que está en un poema que hay en el libro, es que a las palabras las tenemos sobrestimadas.

– ¿Cómo?
– Porque la comuniación que se da mediante cosas extrasensoriales, mediante la comprensión, llamale amor, llamale como quieras, es profunda. Tomemos el caso de un perro al que lo retás. Lo retás y se queda. ¿Él sabe qué es “no”? ¿Sabe qué es “sí”? Él entiende la vibración de esas palabras. Una de las cosas que me gustaría demostrar con Oikumene es que las palabras no logran abrazar del todo al sentido. No logran explicar todo. Está bueno aceptar que el lenguaje viene después de la realidad y que las palabras no lo son todo.

– ¿La canción, al tener palabras y también sonido, resulta un formato más completo para comunicar?
– A mí me resulta más fácil. Es más potente y podés pintar mucho mejor el cuadro. Tendrá más colores o más pixeles. De otra manera, es como si tuvieras menos elementos. La canción es la mejor forma de musicalizar una idea.

– ¿Qué se resuelve primero: la letra o el ritmo?
– Creo que son dos procesos que van en paralelo. Lo primero que tengo es la música. La letra es un viaje. Yo soy un observador y tengo que estar registrando qué pasa. Ponele, hay una canción del Bordo que a muchos les gusta que es Soñando despierto. Yo tenía un cuaderno donde anotaba un montón de frases. Y yo vi ahí: “No busques respuestas en el envase”. Tenía frases separadas y un día escuché la música, me apareció en la cabeza eso y la metí. Ese tema tiene cinco frases sueltas que extraje de un cuaderno. La música me entusiasma y, mientras, hay una temática que me gustaría explotar. Por suerte, es re mágico el asunto. No tengo método, ni me siento a componer, ni digo “tengo que tener un tema”. Mi disciplina es estudiar: es leer. Ahí es donde tengo que tener el control. Cuando aparece algo que vale la pena, sucede algo medio especial y ahí te das cuenta.

– ¿Cómo es eso de que tu trabajo es leer?
– Mi compromiso con el arte es leer. Tengo cierta disciplina. Leo al mediodía y a la noche. Cuanto más leo, más imágenes tengo en la cabeza. Tengo la teoría de que cada cinco o seis libros me sale una canción. Hay que tomar con responsabilidad el honor de que te escuchen: mejorar las formas de expresar, de comunicar. Ser mejor escritor.

– ¿Cómo funciona ese método de lecturas?
– Voy leyendo por sugerencias. Ahora estoy con uno que me recomendó el Chizzo de La Renga. Es Radiografía de La Pampa, de Ezequiel Martínez Estrada. Estoy alucinado con ver cómo se pobló este suelo, viendo cómo se dividieron estas tierras. Acabo de leer, también, un libro que se llama Mantropía, que son conversaciones con el Flaco Spinetta, que me pareció el mejor libro de filosofía que vi en mi vida. La lectura nos permite imaginar, que es lo que no nos permiten las pantallas. El libro te habla de un lugar y para verlo tenés que imaginarlo. La lectura le da libertad a cada cabeza, rompe con la hegemonía de lo visual y ahora que vamos tan rápido con la pantalla del celular y con la de la computadora nos perdemos de imaginar nuestros propios colores o propios olores.

– ¿Lo poesía, en ese sentido, es contrahegemónica?
– Y sí, la poesía es pura imagen. Me parece que es un buen antídoto. Las canciones son poesías musicalizadas y yo siempre, hasta ahora, comuniqué mis ideas a través de los temas de El Bordo. Ahora, el libro es una nueva manera de expresarme. De hacer poemas sin musicalizar. Y en este compendio de textos que aparecen, hay canciones que nunca quedaron o que son inéditas porque no eran lo que necesitaba el disco. También, hay algo que me parece muy loco que son fragmentos que encontré en cuadernos. Cuadernos de años. Quince años de anotaciones, dos cuadernos por año. Ahí nacieron renglones o fragmentos de ideas.

– ¿Cómo arrancó esto de los cuadernos?
– Los cuadernos arrancaron desde siempre. De chico, muy chico, mi vieja me traía pilas de hojas que estaban impresas en un lado y del otro lado no tenían nada. Yo dibujaba, pintaba, escribía. De chico dibujaba, ahora no lo hago más, pero me gustaba mucho. Recuerdo que la sensación de dibujar es parecida a componer. Un impulso de ver qué sale y de acomodarlo. Un avión, un ala y ver dónde eso te lleva. De repente, con las canciones, encontrás un acorde y otro, y ves un atardecer y desde ahí lo vas llevando. De una manera u otra, escribía, dibujaba, pintaba.

– En todas esas actividades, lo que siempre se mantiene como hilo es la imaginación.
– Sí, la imaginación siempre está. También está lo real. La realidad es un disparador tremendo. Más en los últimos tiempos. Nuestro último disco es un disco conceptual y tiene una historia real de dos personas que vivieron en la dictadura, que los metieron presos, que estuvieron treinta años separados, que se volvieron a ver y que ahora están juntos. Yo dije: si con esto no hicieron una película, nosotros tenemos que hacer un disco. Así que me inspiro en la realidad y en la imaginación. Cuando conectás la realidad con algo que imaginás se produce una chispa.

– ¿Por qué decís que “más en los últimos tiempos”?
– Por la cuestión de los medios que te ponen las imágenes en los ojos. Ahora pasó lo de esta pobrecita chica Ángeles. Ya todos conocemos la cara. Hasta vimos remeras de bandas que le gustaban. Hace 150 años había asesinatos, pero uno no conocía tanto: los ojos, la boca, la manera de sonreír, los gestos. Casi no hay lugar para la imaginación. Siento valioso sacar un libro para que veamos e imaginemos nosotros. En este caso, tenés cierta libertad.

– ¿La televisión es enemiga de la poesía?
– Como todo en un exceso. A veces, termina apropiándose de tu libertad.

– ¿Y las redes sociales?
– Lo que no me gustaba era lo del facebook de mostrar tu vida íntima. En mi caso yo ofrezco mi trabajo públicamente, lo promociono, pero no quiere decir que quiera promocionar mi vida íntima. Entonces, de alguna manera, yo pensaba que la única manera de tener un facebook era mostrando tu foto de las vacaciones, pero lo empecé a usar de otra forma y, por ahora, me convence.

– Si comparás con la televisión o con las redes sociales, ¿la poesía va a otra velocidad?
– Internet va a una velocidad y la poesía va más lento.

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– Hoy es más popular internet que la poesía, ¿es bueno o malo eso?
– Es. Sólo eso. Trato de sentirme cómodo con la velocidad a la que vamos. Es la velocidad que nos corresponde y tenés que acostumbrarte. Tenés que vivir según el contexto en el que estás. Hay cosas que las evito porque no me gustan. Pero estamos en una sociedad que tiene ciertos patrones y, de alguna manera, el libro contribuye, con un pequeño granito de arenas, a hacer otra cosa. A mí me gusta mucho más la persona que va por la calle leyendo un libro, en vez de la que va taca taca con el teléfono. A veces, yo también voy en eso. Estás metido en una pantallita chiquita en vez de ver todo.

– ¿Al libro tratás de acomodarlo a esas exigencias?
– Totalmente. Una de las cosas que busqué hacer, para evitar la falta de hábito de leer en general, es, con el diseño, tratar de que sea bastante entretenido el diseño visualmente. Trabajó conmigo Jimena Díaz Ferreira que es quien nos hace los discos. Es alucinante el trabajo que hizo. Lo hicimos más amable.

– Dijiste que trabajabas de encontrar las palabras correctas para describir sensaciones, ¿cómo se hace ese trabajo en la banda donde representás a más gente que a vos?
– Trato de expresar lo que siente la banda. Que no soy sólo yo: somos todos. Qué es lo que está sintiendo el grupo. Ese siempre sentí que fue mi rol. Poner en palabras lo que se está percibiendo. Somos hermanos. Cumplimos quince años ahora. Nos conocemos hace mucho. Es tan así que, en El Bordo, durante el tema La Vereda, yo siempre arranco con un couver, que nunca les aviso cuál va a ser. Ellos nunca saben. La otra vez lo arreglamos y uno me dijo: “Nono, no lo armemos más, arrancá vos así es más divetido”. Imaginate que estamos haciendo algo que nosotros nunca hicimos, pero para un montón de gente. Nos divierte muchísimo. Esa una de las cosas más increíbles que tenemos: somos un grupo de amigos legítimos. Con un gesto, con un movimiento de ceja, el otro ya sabe qué es lo que necesita la canción. Es loco, pero no nos tenemos que decir demasiado las cosas.

– ¿Ese mecanismo es más fácil ahora o hace quince años?
– Es lo mismo. Estamos un poco más grandes, pero igual. Compartimos el sentimiento de hacer la música que más nos gusta. No existe un grupo humano donde no haya diferencia de opiniones, pero la diferencia es un buen generador de distintas ópticas. El Bordo no es una banda donde haya un líder que diga lo que tenemos que hacer, La mejor forma de hacer arte es cuando hay un sentimiento involucrado. Cuando hay un sentimiento o una amistad, es mejor. Es tan así que lo que más me importa en la vida es que a mis compañeros les gusten los temas que escribo. Es la opinión que más me gusta.

– Dijiste que las palabras no logran abrazar todo el sentido. Las formas de expresar sensaciones, claro, son múltiples. Una de ellas, seguro, son los tatuajes. ¿Qué pensás que quiere expresar alguien que se tatúa el nombre de tu banda?
– Es una huella de lo que siente. Una huella en su cuerpo de un sentimiento. Yo creo que tiene que ver con dejarse labrado en la piel algo que sentís muy fuerte y que querés mostrárselo al resto. No querés guardarlo para vos. Montones de gente se tatúan frases del Bordo y yo no lo puedo creer. Es increíble que quieran tener para el resto de su vida algo que es un sueño de un grupo de amigos. Desde mi perspectiva, es super loco.

– Hablamos de la canción como una de las mejores maneras de llevar un mensaje. Oikumene es tu primer libro. ¿Te sentís un privilegiado por ser un escritor cuyas frases aparecen tatuadas en la piel de la gente?
– La música da eso. El peso del rock como vehículo es tremendo. Ojalá muchos escritores lograran eso.

La muerte de los ídolos es una fiesta

La banda española “La Pegatina” está de paso por Buenos Aires presentando su nuevo disco Eureka! Tras una década en la música, afirman que la gente ya no quiere ídolos, sino sentirse parte del equipo.

Ellos, hoy en Buenos Aires, son Romain, Ruben y Adriá, pero del otro lado del avión son también Axel, Ferran, Ovidi y Sergi. Todos son La Pegatina y como acostumbran arrancaron el viaje en musculosa y lo terminaron con pullover. Lo molesto de armar y desarmar infinitamente las valijas pierde importancia porque los de acá y los de allá, ellos y todos, no se imaginan haciendo ninguna otra cosa de sus vidas. Ellos hace diez años hicieron su all in a ellos mismos.

“Está difícil pensar en otra cosa que La Pegatina, es el 120% de nuestra vida”. El porcentaje es determinante desde hace un tiempo, desde que Romain y Axel llegaron desde Francia para sumarse y el equipo entero sintió la responsabilidad de ganar dinero con la música, principalmente para que ellos puedan quedarse. “A partir de ahí repartimos las faenas y cada uno dejó lo que estaba haciendo para sentarse única y exclusivamente en el grupo. Uno para que no muriera el proyecto porque nos gustaba y otra para que no muriera a nivel económico, para que pudiera seguir y la gente pudiera mantenerse”.

Convencidos de “el que no arriesga no gana”, montaron una pequeña empresa musical donde cada uno hacía funcionar una totalidad: La Pegatina. “El problema es que a muchos les pasa que les gusta mucho el grupo y tienen muchas ganas de tirarlo adelante, pero como no les da dinero se tienen que dedicar a otra cosa y esa otra cosa al final no les deja dedicarse a la música”. Prefirieron romper el molde sin saber si funcionaría. Hoy, lo siguen prefiriendo.

“No, esto no creemos que triunfe”, le respondieron en la primera discográfica a la que llevaron su material. La respuesta se convirtió en un empujón que los obligaba a buscar la forma de hacerlo diferente. “Ahí empezó a moverse la lógica dentro de nosotros y lo que dijimos fue ‘seguro que nosotros podemos trabajar como trabajan ellos’”. Sin frenos, grabaron su primer disco y averiguaron qué era lo que las productoras hacían y ahora ellos estaban por hacer. “Empezamos a trabajar nosotros como si fuéramos la gente que tenía que trabajar para nosotros, pero regalando el disco”.

¿Regalarlo? “Si nosotros hemos hecho el disco para que lo escuchen no para tenerlo en casa, pues entonces vamos a regalarlo y la gente ya vendrá a los conciertos y ahí empezamos con esta lógica”. Hoy con más de 45.000 discos vendidos – mucho más de lo que se requiere en España para ser disco de oro – demostraron que la descarga gratuita no excluye que la gente vaya y elija comprarlo.

–          ¿Por qué creen que funciona?

–          Se demuestra que hay una nueva forma de hacer, que está basada en el hecho de que la gente no quiere tener ídolos, sino que quiere tener a los músicos como amigos, entonces necesita formar parte del equipo. Los seguidores forman parte de nosotros. Entonces, se descargan la música pero luego quieren colaborar y te compran una camiseta o se compran el disco o van a un concierto. O simplemente se lo pasan al de al lado y también es una forma de colaborar, de compartir. Forman parte del equipo, es una forma diferente de entenderlo.

Los seguidores y la banda arman un equipo que trasciende las fronteras y ya lleva recorridos 15 países con más de 700 conciertos encima. China es una de las experiencias más flasheras que les tocó transitar, después de que el Gobierno aprobó las letras de sus canciones, llegaron sin que haya Google, ni Facebook, ni Twitter, ¡NI YOUTUBE!, y se entendieron sin que prácticamente no se hable inglés y a pesar de que las señas para comunicarse sean bastante diferentes. Todo eso no impidió que en la calle los frenen para las fotos, que en el show se enloquezcan y que ahora estén planeando una nueva gira.

–          Con experiencias así, ¿cómo hacen para seguir corriéndose de la figura de ídolo?

–          Lo bueno que hemos tenido es que hemos ido creciendo poco a poco, no hemos tenido un boom de golpe que de repente te encuentras que te para la gente por la calle. Entonces, no hemos sentido el agobio ese de ‘nos están mirando’. Se quita el mito del ídolo inaccesible por el que se busca la vida para acceder y de esta forma es más natural todo. Creo que la naturalidad es uno de los fuertes que tenemos y hace que la gente nos sienta como amigos, como compañeros suyos.

De todos esos que forman La Pegatina desde abajo del escenario ellos prefieren empaparse y los temas se vuelven universales. “Han traído el sol”, les dicen cuando llegan con la fiesta hecha música esperando explotar. Sin embargo, los ritmos que defienden fueron muchas veces menospreciados: “Ahora es la moda de la música indie y cuando se habla de música indie es la música independiente, es el folk, el pop y hay gente que acaba despreciando a la música mestiza. A veces, porque dicen que es facilona o que es fácil hacer música divertida. Me parece a mí que es todo lo contrario, hacer música divertida es como hacer el payaso, es muy difícil hacer humor, hacer algo triste o dramático le sale a todo el mundo. Poner fuerzas para hacer algo alegre u optimista a veces es complicado”.

Esa conjunción de ritmo, fuerza y fiesta parió a Eureka!, el último material de la banda que busca revertir ese preconcepto que posterga prestarle atención a la alegría. Durante un año laburaron las canciones para que cualquiera que lo escuche lo note: “Podrán decir que no les gusta, pero no podrán decir que no hay un trabajo detrás”. Las letras hablan de las giras, de poner a la banda como prioridad y de la hipocresía: “La hipocresía humana, individual, que luego al final se trasforma en algo colectivo y es el gran mal que ha jodido a todo, porque al final todo lo que pasa con la política, con la corrupción, con la avaricia, la ambición de la gente, esto viene por la hipocresía. Probablemente en el mundo del artista se ven cada día continuamente esas hipocresías; y hasta contigo mismo, que a veces necesitas estar por encima de todo”.

Ellos, que se suben más de cien veces por año al escenario para hacer música y justificar todos los cansancios que genera la gira continua. Ellos, hoy en Buenos Aires, pero con seguidores en todo el mundo, con canciones en siete idiomas, con festivales multitudinarios coreándolos, con pedidos de fotos y autógrafos en casi todos los cafés que se toman. Ellos sostienen que lo fundamental es “sentirte bien con uno mismo y creer en lo que haces a nivel personal, y a nivel colectivo estar bien con el prójimo, todo lo demás son las guindas de los pasteles”. Ellos ¿se creen exitosos? “No es éxito, es trabajo bien hecho, son los frutos del trabajo”, dicen.

Fotos: NosDigital
Fotos: NosDigital