¿Por qué no te callas, España?

Cuando Pedro Carmona levantó el teléfono y escuchó la voz que lo saludaba desde el otro lado del tubo, esbozó una sonrisa triunfal. No lo sabía en ese momento pero la mueca de felicidad se le borraría apenas dos días después. José María Aznar, presidente de España, lo llamaba desde Madrid para darle el reconocimiento como nuevo mandatario de la República Bolivariana de Venezuela. Ya lo había hecho un rato antes George Bush, el otro gran aliado de la oligarquía venezolana en la geopolítica mundial para dar el golpe de Estado del 11 de abril de 2002 contra el gobierno legítimo, constitucional y democrático de Hugo Chávez. Carmona, titular de Fedecámaras, la principal organización del gran empresariado nacional de Venezuela, esperaba seguir recibiendo llamados desde todas partes del mundo para terminar de acomodar el culo en el sillón presidencial, que ocupaba ilegítimamente tras “sacar” a Chávez. Pero no. El Imperio mostró fisuras, el pueblo respaldó al líder que eligió en las urnas y al usurpador no le quedó más remedio que escapar del Palacio de Miraflores, sede del Gobierno de Venezuela.

No se lo perdonaron. Ni Aznar ni Bush ni Juan Luis Cebrián (presidente ejecutivo del grupo PRISA, dueño del diario El País, diario -de periodismo general- de habla hispana con más ventas en el mundo) ni ninguno de todos los exponentes de la derecha internacional soportaron la autonomía de un proyecto político que llevaba apenas algo más de tres años al mando del país y juraron venganza. De ahí en más, los intentos –más o menos salvajes, siempre imperialistas- se repitieron una y otra vez.

***

Ahora la embestida desestabilizadora adquirió otro tono y, bajo el manto protector de Barack Obama, y en la antesala de una nueva edición de la Cumbre de las Américas -cumbre de los gobiernos de América-, el gobierno español y sus socios mediáticos se pusieron a jugar en el centro de la cancha. Mientras el 32,6 por ciento de los niños en España viven en riesgo de pobreza y/o de exclusión social (así lo asegura la ONG Save the Children), Mariano Rajoy, máxima autoridad del país y símbolo del Partido Popular (PP), se tomó el tiempo de recibir en Madrid a Mitzy Capriles, la esposa de Antonio Ledezma, el alcalde de Caracas detenido por golpista. Pero no solamente el líder del Partido Popular lo hizo: Pedro Sánchez, referente del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), también eligió juntarse con Capriles en vez de denunciar que el 8,3 por ciento de los menores de su tierra viven bajo privación material severa. Como si fuera poco, Felipe González, miembro histórico del socialismo español y presidente del país entre 1982 y 1996, asumió, en Venezuela, la defensa judicial de Ledezma y de Leopoldo López, también detenido por golpista luego de las protestas de febrero de 2014 en Caracas.

Felipe González, amigo personal de Carlos Andrés Péres, expresidente de Venezuela, separado del cargo de presidente tras ser acusado por la Corte Suprema de Justicia de su país por “malversación de fondos públicos y fraude a la nación”, dio una entrevista al diario El País, el 14 de marzo, en la que, explicando su postura sobre España, dejó en claro cuál era su base ideológica: “Yo defiendo la economía de mercado, eficiente y competitiva como el único instrumento para hacer de verdad más iguales las oportunidades de la gente”. Desde ese lugar piensa, desde ese lugar decidió defender a los acusados Ledezma y López, desde ese lugar considera al chavismo un gobierno “no democrático” -más allá de haber ganado 18 de 19 elecciones-.

Maduro, tras ver las acciones y las declaraciones de Felipe González, declaró: “González se ha incorporado abiertamente a coordinar el lobby golpista frente a mí”. Además, se ocupó de recalcar que el expresidente español, en 2005, tuvo una dura discusión con Chávez, luego de que el exmandatario venezolano rechazara vender una empresa telefónica estatal a una empresa dirigida por el mismo González.

***

La intervención de la derecha española en la escena de Venezuela no termina ahí. Ni mucho menos. Luis de Grandes Pascual, miembro del Partido Popular e integrante del Partido Popular Europeo, no solamente operó para que el Parlamento Europeo condenara a Nicolás Maduro sino que se encargó de poner de manifiesto, sin ningún tipo de tapujo, representante de quién es en este mundo: el capital financiero. “Hay que explorar y adoptar las medidas necesarias para salvaguardar los intereses europeos y el principio de seguridad jurídica para las empresas europeas en Venezuela”, argumentó sin hacer alusión a los 41.000 millones de euros que se utilizaron en España para salvar a la banca de la crisis. Por supuesto, de Grandes Pascual tampoco se preocupó por aclarar por qué es más importante proteger la ganancia de los explotadores que generar trabajo en una sociedad que tiene sin empleo al 23,4 por ciento de su población económicamente activa (según señala la Oficina Europea de Estadística).

“Parece que el ‘socialismo del siglo XXI’ bolivariano se articula peligrosamente sobre las ansias cleptómanas de sus ideólogos”, sostuvo el diario El Mundo, para que los dispositivos mediáticos se pusieran a tono con el ataque sistemático a Venezuela, en su editorial del 16 de marzo. Mientras tanto, miles de personas de todas partes de España marchaban a Madrid para reclamar “Pan, trabajo y techo”.

“Gracias al aparente exceso de Obama, a la desesperación cubana por atraer inversiones, turistas y comercio, y frente al descalabro económico venezolano, producto de la incompetencia y de la caída del precio del petróleo, el tiempo de la indiferencia se agotó”, escribió el mexicano Jorge Castañeda, representante académico de la derecha internacional, en una columna de opinión publicada en el diario El País el 23 de marzo. Mientras tanto, los manifestantes denunciaban en la Plaza Colón de la capital española las políticas de ajuste del gobierno conservador de Rajoy.

Jorge Martínez Reverte, escritor e historiador, dijo lo suyo, siempre en una sintonía derechista, en un artículo publicado -también- en El País el 20 de marzo: “Maduro se parece cada vez más a un dictador brutal que al liberador que algunos nos quieren colar. Ya están superados, por desgracia, los tiempos en que Venezuela podía presumir de haber disminuido la desigualdad social”. Y, también mientras tanto, una de las centenares de miles de víctimas de la crisis explicaba en plena protesta: “Vivimos un estado de emergencia social en el que estamos pagando con nuestras vidas los desmanes de los bancos”.

***

Uno de los principales organismos desde donde opera España en Latinoamérica es la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), que tiene como titular al expresidente Aznar -también encargado de dar el sí para que España se sumara a Estados Unidos en la invasión a Irak, que comenzó en 2003-. Este líder del PP, al abandonar el cargo de máximo mandatario de su país, se dedicó a difundir las ideas neoliberales de FAES y a manejar el lobby internacional de News Corporation -una empresa de propiedad de Ruper Murdoch, investigado y procesado por escuchar ilegales-.

Aznar trabaja, a través de FAES, con Mauricio Macri, uno de sus delfines políticos en el continente. En 2009, en Buenos Aires, organizaron una charla que tuvo como orador principal a Sebastián Piñera, expresidente de Chile, por el partido derechista Renovación Nacional. Allí, expresó: “En la región existen dos modelos. Uno es el bolivariano. El otro es el de la libertad”. Tan sólo un año después, hubo otra reunión, organizada por la Fundación Pensar -liderada por Macri, en Argentina- de la que participaron Aznar, Macri y -sin ninguna casualidad- Antonio Ledezma Díaz -alcalde de Caracas detenido- donde argumentaron que la crisis económica mundial implicaría ganadores y perdedores y era hora de que sus países se sumaran a los ganadores.

En este escenario en el que la Cumbre de las Américas aparece como cita decisiva para lo que será la política de Estados Unidos sobre los países latinoamericanos –con Venezuela como epicentro-, España hizo, según dio a conocer el periodista canadiense Jean-Guy Allard, una última contribución de peso al deseo imperial de someter a la región: albergó a Ramón Guillermo Aveledo, secretario de relaciones internacionales de la venezolana Mesa de la Unidad Democrática (MUD) -opositora al gobierno de Maduro-, para que se reuniera en Madrid con los más mediatizados cabecillas que tiene hoy el gobierno de Obama a la hora de agredir a Cuba. Todos ellos tramaron cuáles serán los pasos a seguir en el cónclave que tendrá lugar el 10 y el 11 de abril.
***
Desde aquella vez que Carmona descolgó el teléfono y charló amablemente con Aznar acerca del efímero triunfo que creían eterno, el conjunto de la derecha española no ha parado de aportar discursos y recursos y políticas para golpear a este continente. Ni siquiera el desastre económico y social en el que está sumergido el país desde 2008 calmó las ansias de venganza de los que siempre tiran paredes con los intereses de Estados Unidos. Venezuela resiste como lo viene haciendo Cuba desde hace más de medio siglo. Y, al menos por ahora, aunque se muera de ganas, Rajoy no tiene a quién llamar para echarle una felicitación.

Hidro Fractura

Desde siempre, el Estado argentino pasa por encima de los mapuce. Ahora, lo hace con YPF y con Chevrón. “Nos dicen que va a haber ganancia, pero nunca la va a haber”, aseguran desde la resistencia de los pueblos originarios, que tienen que aguantar que les exploten pozos de petróleo en sus tierras. El agua sufre los principales daños.

Desde chico Lefxaru Nawel fue parte de la resistencia mapuce. Participaba, como participa, de marchas en las que la policía respondía a los reclamos con balas de goma o de plomo. Lo veía a diario en su barrio por otras cuestiones que parecían domésticas, pero que más tarde encontró como sistémicas. Su lucha, la del pueblo mapuche, se fue poniendo cuesta arriba. “La llegada de la hidrofractura es lo peor para nosotros. Nos decían con Repsol: ‘Va a haber ganancia, prosperidad, infraestructura’. Nunca hubo y la multinacional Chevron tampoco la va a traer”, adelanta.

Lef vive en la capital de Neuquén, provincia en la que la población mapuce está más concentrada. Trabaja en la casa de la comunidad, la Ruka, una propiedad cedida por la madre de una chica desaparecida durante la última dictadura por solidarizarse con pueblos originarios neuquinos.

“Nosotros somos de Xawunco (encuentro de los ríos), que abarca los departamentos de Confluencia y Añelo, donde hay 10 comunidades mapuches”, explica. Desde 2007, ahí enfrentó la llegada de Chevron, que en 2013 logró, junto con Panamerican Energy y Shell, el acuerdo parlamentario para permitir la hidrofractura en nivel intensivo.

Desde ahí, ve que a los mapuce los invisibiliza el gobierno (todos ellos, hasta ahora, pero haciendo hincapié en el Movimiento Popular Neuquino, que está a cargo de la provincia desde 1961, cuando el peronismo estaba proscripto y la familia Sapag comenzó a empoderarse) y el resto de la sociedad. “Hay un alto nivel de racismo, de discriminación y de represión por parte del Estado y todas sus instituciones: Educación, Poder Ejecutivo, Justicia… Es una política de Estado. Sistemáticamente se aplica así. Según el censo de 2010, somos el pueblo de mayor población. Somos un problema para sus negocios. Por eso justifican su violencia y ensañamiento”. Desde los micrófonos oficiales los tratan de violentos, de extranjeros, dicen que aprovechan la legislación para quedarse con tierras. Lefxaru tiene en claro que es porque su preexistencia y su forma de vivir son una traba para la extracción descontrolada de petróleo, que pone a la provincia en el podio de las más ricas.

Ahora los lugares donde hay pozos ya están contaminados, entonces la situación es de mayor gravedad. “El gobierno es totalmente permisivo. Permitió que las empresas saqueen, contaminen y destruyan. Jamás las persiguió para que reparen los daños que han ocasionado. Hubo casos de enfermedad, de muerte, de malformación, de cáncer, de contaminación probada en tierra, en agua y en aire”, expone.

En distintos juicios y pericias del gobierno federal en 2003 y en 2009, previo a la hidrofractura, dicen que la explotación del petróleo convencional contamina. El gobierno provincial siempre la negó. Desde que la provincia revierte las áreas de Repsol y se las entrega a YPF, empezó a decir que hay 500 focos de contaminación con costos de miles de millones de dólares. Eso hizo favorable la entrega a Repsol. “No solo que el gobierno no controla a la empresa ni garantiza la salud, sino que también permite que las empresas hagan lo que quieran con las vidas del pueblo mapuce”, insiste Lefxaru.

¡PUM! El 27 de noviembre de 2014 explotó una válvula en territorio de la comunidad Campo Maripe. Lef se comunicó con sus hermanos de ahí. Llegaba hasta 100 metros a la redonda, donde el pastoreo se volvió imposible.

No es el primer accidente. Es el noveno en cuatro años. En la computadora, Lef ve los archivos de los comunicados que sacaron a principios de septiembre, por la explosión del Pozo 843, que provocó un incendio en el Loma Campana, pleno territorio comunitario ocupado por YPF en sociedad con Chevron. Lee el comunicado de sus hermanos de Campo Maripe, después de otra explosión, la del 27 de septiembre:

“El sábado pasado 27 de septiembre, a la medianoche, en la perforación 990 de la Empresa NABORS SA se registró otra explosión seguida de una pérdidas de petróleo y gas que por su presión regó a su alrededores y provoco un derrame que demoró horas para detenerse. Así lo notificaron los habitantes de la comunidad, los Kona del Lof Campo Maripe, quienes documentaron este hecho. Según la comunidad hubo un saldo de 3 heridos, uno de ellos trasladado a Terapia Intensiva esto fue informado por los operarios, que solicitaron que el hecho fuese denunciado, ya que el sistema de trabajo es muy precario y de alto riesgo. El antecedente próximo fue el pasado 2 de septiembre cuando exploto el Pozo 843 que puso en riesgo a la comunidad del Lof Campo Maripe, la zona está sacudida por las detonaciones subterráneas de la hidrofractura pero esta vez exploto un pozo y el incendio que sucedió fue en el equipo 163 en Loma Campana (yacimiento que es operado por YPF en sociedad con Chevron) dentro del territorio comunitario. La explosión fue a metros de los corrales y lugares de hábitat de los comuneros, como consecuencia se produjo emanaciones de gases tóxicos sobre la comunidad y derrames de combustible en zonas de pastoreo de su ganado. Por episodios como estos, por las permanentes vibraciones del suelo, imperceptibles para los humanos según YPF, pero notorias para quienes viven ahí, las liebres criollas, avestruces, los pájaros en general, no están más. “Esto es más grave que la era previa a la hidrofractura”, le resumió Albino, Longko de la comunidad de Campo Maripe, a Inter Press Service.

Los pozos están en Neuquén por la formación geológica Vaca Muerta, que abarca dos tercios de la provincia. Hay 18 comunidades mapuces. Con distintos niveles de intensidad, hay concesiones de exploración y explotación en todo el territorio. En el área, denuncia Albino Campo, “van 160 pozos más o menos”. “Cuando lleguen a 500 pozos nosotros no tenemos lugar para tener animales, donde siempre tuvimos animales, donde siempre vivimos, y siempre fue nuestro y nos robaron lo que fue nuestro”, se queja.

Dicen que el fracking va a traer prosperidad económica, pero para Lefxaru, eso es una falacia. “La venimos denunciando. La realidad misma la ha desmentido. La época en la que llega Repsol, en las privatizaciones, Repsol era una empresa que venía en quiebra y se recuperó con Neuquén y Argentina. Se le dieron todos los beneficios posibles. Nunca invirtió en infraestructura, energía ni exploración. Todas las cuencas que estuvieron explotando todos estos años son las que exploró la YPF pública. A partir de todo eso lo que se hace es todo un saqueo, una explotación desmedida, sin control ni proyección por parte de las multinacionales, donde el Estado hace el rol solamente de recaudador de ínfimas regalías del 12 por ciento y en ocasiones hasta el 15, que no representan un beneficio para la población, salvo en lo inmediato para los que están directamente relacionados con la actividad: el 10 por ciento de la población de la provincia”, sintetiza. En la provincia, el 10 por ciento más rico se lleva 30 veces más que el 10 por ciento más pobre. El 57 por ciento de la población no tiene techo propio. Contra ese modelo pelea la Confederación  Mapuce, porque para ellos implica perder territorio para ganado, para mantener su forma de vida, pero también, para no enfermarse y tener agua.

El agua que usa la hidrofractura es de salinidad escasa (dulce) porque si no los componentes químicos no cumplen su objetivo. Las empresas llevan 30 millones de litros de agua, pero no le dan a la comunidad, como indica la legislación. “Destruyeron todos los cursos de agua. Es una medida de presión. Cuando el gobierno viene a decir que nosotros somos violentos, se olvidan de esto que nos hacen. Hay una orden judicial del juzgado de familia de Zapala dice que el gobierno está obligada a llevarle agua a la comunidad. Pero no se cumple. ¿Sabés el calor que hace ahí en verano? Y el agua todos la necesitamos para vivir. Es un derecho humano. Hay lugares donde el agua sale naturalmente en aguadas y también sacan de pozos artesanales que hace la comunidad misma. Las napas antes estaban a 8 metros. Ahora, a 35. Para nosotros, la naturaleza, Waimapu (la tierra de arriba), todas las vidas naturales son una vida más. No somos solo los humanos, sino todas las vidas. Nuestro objetivo es el conocimiento de la naturaleza, que tiene un equilibrio que solo necesita que lo respetemos. Todo lo que nosotros no protejamos, lo van a destruir la voracidad de las multinacionales y la complicidad de los gobiernos. En el 2011 pusimos la posición No a la Hidrofractura. Vamos a discutir qué es lo que queremos”, advierte.

La hidrofractura comenzó donde ya estaba el pueblo mapuce, en todos los casos. En Lomas de Lata Norte, está en territorio de comunidades mapuce, pero afecta al Río Neuquén y Marimenuco, que van para la capital. Entre Cutral Co y Zapala se hizo el primer pozo que se hizo en Neuquén. “Ahí se hizo una metodología que no se usa más: una pileta como una cancha de fútbol, deben ser como dos manzanas, dos hectáreas. No lo hacen más porque se ve horrible. Lo ves y decís ‘la puta madre, qué pasa acá’. Te impacta. A ellos (los mapuce de ahí) también los impactó. Eso no parecía un pozo normal. Decían que no iban a hacer un pozo más hasta que no supieran qué se estaba haciendo ahí. Frenaron los demás pozos y los reprimieron un montón de veces. Una compañera mapuce, Cristina Nincopal, fue la que inició esta lucha. Ella tenía problemas de salud por la contaminación. Creció en un lugar donde la industria está hace décadas. Murió en 2013, teniendo 30 años, porque sus pulmones ya estaban mal y eligió quedarse en la zona para resistir. Los síntomas coinciden con lo que detallan las pericias de la justicia federal en Marimenuko sobre la contaminación del aire, agua y tierra.

Toda esta información no está al acceso de la gente. Estamos enfrentándonos a las multinacionales. En 2013 vinieron comunidades de Ecuador que repudiaron a Chevron y nos contaron cómo funcionó allá. Cuando nos enteramos que se firmó el acuerdo, entramos al Trapear, el segundo yacimiento más importante del país, que hoy tiene Chevron. En ese yacimiento, las reservas de petróleo cayeron hasta el 40 por ciento desde que ellos lo tienen, porque lo estaban saqueando. Las reservas caen cuando no se explora. Saquearon las reservas que relevó el Estado con la YPF pública de antes del 94. No han invertido en explorar nuevos lugares. El petróleo convencional no está acabado, ellos lo han acabado. No han tampoco planteado una política ni a mediano ni a largo plazo de cómo hacer la transición del petróleo a otras energías.

Todo esto lo permitieron algunos jueces que ponen algunas leyes por sobre otras, como la sancionada el 29 de agosto de 2013, cuando se aprobó el pacto Chevron-YPF que continúa teniendo cláusulas secretas para todos. El objetivo de la Confederación Mapuce y de la Multisectorial No a la Hidrofractura ese día era manifestarse en la puerta de la legislatura. La policía se lo impidió y los empezó a agredir. Hubo más de 30 heridos de bala de goma y uno con una bala de plomo en el pulmón, en un lugar como Neuquén, donde murieron Teresa Rodríguez y Carlos Fuentealba por la represión. No hubo un muerto de casualidad. La represión duró ocho horas. “El gobierno piensa que nos vamos a cansar de pelear. Por los incidentes del sábado solo dicen que queremos plata o derechos superficiales. Nos abrieron causas judiciales. Es una situación de siempre acá. Ha habido más de 300 procesados mapuces. No nos va a intimidar eso”, deja en claro Lefxaru.

La cultura mapuce no hace dicotomías ni separa una cosa de la otra. Es interesante escuchar cómo une la cuestión del Estado, de su historia, su pensamiento, la estigmatización, la hidrofractura y las repercusiones en el resto de la sociedad neuquina: “En todas sus instituciones niega nuestra existencia misma. En la escuela, las teorías antropológicas e históricas niegan nuestra existencia como pueblo en Argentina. Nos deslegitiman o legitiman el genocidio contra nosotros. Nos quieren eliminar culturalmente. Si nosotros hemos estado acá es porque hemos resistido. Esa negación de la existencia a través de la educación genera todos los días miles de niños que van a repetir un discurso racista: los mapuce no existen. Hablan de los pueblos originarios en pasado. Posteriormente, nos niegan las personerías jurídicas, los títulos sobre la tierra, la propiedad del lugar, el avasallamiento continuo. Cada vez que alguien sale a decir algo es “violencia”, “terrorismo”, y toda una estigmatización del ser mapuce. Por eso nosotros el año nuevo, la vuelta al año, we tripanku, se ha abierto como celebración a toda la gente. Cayendo día de semana, laboral y a las ocho de la mañana un día de invierno, este año se juntaron más de 600 personas. Es algo muy positivo porque por fuera de todo lo que hizo el gobierno y el Estado, se generan lazos de cultura, de compartir la lucha y las calles. Eso es algo que nosotros vemos con mucha esperanza. En 2009 reclamábamos por esto solos. En 2012 había 6000 personas en la calle, al otro día 15 mil contra la hidrofractura. A ellos no los deja de asustar. Por algo también quieren amedrentarnos y sacarnos del lugar. Hay un montón de gente que está empezando a cambiar su forma de ver las cosas y ven que esto así como ellos lo plantean, es una democracia corrompida. Democracia no es solo la parte electoralista que a ellos le encanta y que tienen totalmente manejada. También es que cumplan con las leyes, que son la base y lo que contiene los derechos de los pueblos. Ellos no lo quieren aceptar. Niegan totalmente la existencia de las leyes favorables a nosotros. Su discurso es totalmente retrógrado y anacrónico porque se quedaron en la historia de hace 50 años. Hoy si ellos aplicaran la legislación, la cosa sería muy distinta acá. Si uno lo ve en perspectiva histórica, este proceso sí fue muy favorable para nosotros. Hace 130 años terminó la guerra, la invasión armada del Estado argentino contra el pueblo mapuce. La historia es muy reciente”.

En Río Negro el gatillo fácil no para

A Pablo Vera lo mató un Policía con un tiro en la nuca. A su familia, la reprimieron y hasta la detuvieron. Su pareja llegó a tener una hemorragia por los golpes. Fue en General Roca. En esa provincia, ya hubo más de 120 casos .

Pablo Vera tenía 23 años, un hijo, una pareja y poco para comer. “Tranquila, total siempre zafamos”, le decía a la mamá cuando las papas escaseaban. El 25 de septiembre de 2014 había ido a bailar. A la mañana, en las calles Rodha y España, en el centro de Fiske Menuko (oficialmente llamado General Roca), en Río Negro, murió por un disparo policial en la nuca. Jorge Villegas, el autor del balazo, dice que lo encontró robando un auto. Declaró que hubo un forcejeo y, en el intento de darle un culatazo, se apretó el gatillo.

Vera vivía con su madre, compartía la tenencia de su hija con Paola, su novia, porque no les alcanzaba para tener una vivienda en común. Trabajaba lavando autos. Hacía también trabajos de albañil y de chacra. Nada de eso contó el diario Río Negro ni ningún otro diario ni canal de televisión. Tampoco apareció su cara más que en alguna remera que se cruzara por la cámara en las manifestaciones. Sí publicó Río Negro una entrevista con la hija de Villegas, que lamentó la muerte y dijo que el padre no tenía intenciones de matar y que no le haría mal a nadie: “Él hizo lo que tenía que hacer en su trabajo”.

El policía rionegrino, según su familia, estaba de vacaciones, cerca del retiro. Salió de civil y prefirió, siguiendo su versión, sacar el arma para evitar el robo. La bala se disparó a 15 centímetros de su nuca, por donde entró, y salió por la barbilla. El cuerpo de Pablo Vera tenía rasguños y golpes en diferentes partes del cuerpo.

El juez y ex policía Gustavo Quelín le dio a Villegas el beneficio de la excarcelación y se pidió vacaciones. El juez Maximiliano Camarda lo reemplazó y avaló la decisión. “La justicia, que debería estar investigando por qué un policía mata a un pibe por la espalda, que debería estar asegurando que los ´compañeros´ de Villegas no entorpezcan la investigación, lo único que hace dotar de privilegios al policía, liberándolo infundadamente”, argumentan los familiares de Vera. Se apoyan en los cercanos casos de Daniel Solano -desaparecido después de armar un paro contra la empresa Agro Cosecha, visto por última vez en un boliche del que lo sacaron policías-, Atahualpa Martínez Vinaya, Matías Casas, Braian Hernández  y Gustavo Gutiérrez  en Neuquén, todas víctimas cuyos allegados fueron amenazados. Gutiérrez muerto postamenazas para que no declarara en el juicio por Braian. Se apoyan en el caso de Jon Camafreitas, cuyo homicida condenado, policía, está prófugo. Saben que en Mendoza el 60 por ciento de los casos de gatillo fácil terminan impunes, y que eso es una realidad que también llega a Río Negro y a todo el país

El 28 de noviembre, la Cámara I –Stadler, Gauna y Tobares- confirmó la excarcelación. Los familiares y amigos de Vera se manifestaron. En un comunicado difundido por www.zumbido.com.ar, los familiares insisten en el por qué de la necesidad de que Villegas esté detenido: “Son los policías los que más posibilidades reales tienen de fugarse durante el proceso. Y ni hablar de la posibilidad que tienen de poner trabas en la investigación. Y el entorpecimiento en la investigación es aún más probable si el imputado está libre, como Jorge Villegas. Es esto lo que motiva amenazas, allanamientos ilegales y actitudes intimidatorias por parte de la corporación policial hacia la familia y amigos de Pablo, que hasta el momento es la única movilizada en la búsqueda de pruebas que acrediten que se trató de un fusilamiento y no de un ´forcejeo´ ni una ´legítima defensa´”. La respuesta al pedido fueron 50 heridos y 24 horas de detención a 24 manifestantes -catorce jóvenes mayores de edad, seis menores y cuatro mujeres, entre ellas una embarazada de 8 meses-, sumada a 48 horas más, ilegales, para todos los que fueran varones mayores. Sumado, para todos y todas, torturas, privación ilegítima de la libertad, maltrato físico y psicológico, manoseo, vejacionesamenazas sobre los hijos.

La abogada de los Vera, Victoria Naffa, aseguró que los golpes fueron tanto en el momento de la detención, como en la comisaría 21. Adentro, “lxs hicieron desfilar unx por unx para seguir pegándoles”. A Paola, la pareja de Vera, le cuesta caminar. No puede girar el cuello ni levantar los brazos. Está con hemorragia ginecológica. Narra: “Sobre la calle Maipu, yo ya me estaba subiendo a la camioneta, a mí me agarraron de los pelos y me sacaron arrastrando. Me pegaban patadas y piñas, sobre todo en los ovarios y las patadas más fuertes eran allá abajo”. Su hijo de trece años también fue detenido. Paola escuchó cómo lo torturaban mientras la amenazaban con que lo iban a matar. “El médico forense nos revisó así nomás, nos hizo levantar un poco la remera y no quiso ver todos los golpes. Cuando fuimos a hacer la denuncia a la fiscalía se reían de cómo caminábamos, se burlaban”.

Además, por las torturas a los detenidos ilegalmente, responsabilizan al fiscal Garrido y al ministro de Gobierno de la provincia, Di Giacomo, por haber rechazado el hábeas corpus presentado.

El juez Camarda, además, dio la orden de no permitir el ingreso a los Tribunales a Pedro Villegas, trabajador de un juzgado de instrucción, que se solidarizó con la familia.

En la provincia de Río Negro hay más de 120 casos de gatillo fácil desde que se restauró la democracia. En la provincia está desaparecido Daniel Solano desde hace más de tres años. En la provincia hubo una causa armada para dejar impune el asesinato policial de Atahualpa Martínez Vinaya. En la provincia se permitió que hubiera detenidos ilegales, algunos sin ser registrados, hace menos de un mes. 

El tipo que juega con el destino

Ni su papá Tato, ni su hermano el de Clarín: él es Sebastián Borensztein, el director de cine que una vez escribió el tema Mi Vieja que luego popularizó Pappo. El director de La suerte está echada y de Un cuento chino hace películas donde la impuntualidad puede salvar vidas. Además, la tensión que hay entre dirigir publicidades comerciales y películas.

Apenas atiende aclara que no es el Borensztein que trabaja en Clarín. Ya tuvo que limpiar a más de uno que llamaba para comunicarse con otro. Le contestan que no, que con el de Clarín no, quieren hablar con el que es director de cine. Ahí recién el tipo recién se reconoce y se identifica: “Sí, soy yo, Sebastián”. Y aunque en este juego de identidades y reconocimientos muchos lo van a sacar por ser el hijo del gran Tato, la mayoría debiera reconocerlo por otra cosa, que casi nadie sabe: Sebastián Borensztein, además de ser director de cine, es el autor de “Mi Vieja”, el tema que Pappo hizo sonar para siempre en los oídos de todas las madres, la canción que es y será un ícono del rock y la cultura de éste país. Y para que nadie se atreva ni a dudar, acá va su confesión:

– ¿Vos escribiste “Mi Vieja”?

Sí, sí. Fui yo.

Se sonríe, amablemente, como asumiendo que otro puede sorprenderse, pero dejando ver que tiene que confirmarlo a menudo, más de lo que le gustaría.

¿Cómo fue eso?

En el año ‘92, en el programa de Tato, escribíamos un musical todas las semanas con un tema distinto, de actualidad. Y esa semana habían cagado a palos a los jubilados en Plaza de Mayo por reclamar el 82% móvil. Y, bueno, yo sabía que Pappo tenía una relación con su mamá muy fuerte y me imaginé que le iba a gustar cantarla en el programa. No lo conocía a él, para nada. Pero le escribí igual: si la cantaba Pappo, mejor, si no la cantaba otro. Ya habían pasado desde Baglietto a Soda Stereo en esa sección. Pero, se lo propusimos y le copó de entrada. Lo cierto es que se hizo pensando exclusivamente en ese programa, pero después él la incluyó en un disco y se volvió el corte de difusión. Y con eso todo lo que pasó con la canción, en lo que se convirtió. Es emblemática de la cultura argentina: la madre y las injusticias. Está todo junto, ahí. Claro que la escribí sin nunca pensar que iba a pasar todo lo que pasó después.

Sebastián en ese momento, a los 28 años, era guionista del programa de su papá, pero su oficio como contador de historias viene desde el primer recuerdo: “Nací entre decorados, jugando a la pelota entre las cámaras. Para mí un aparato en el medio para contar una historia es normal”. A los 17 ya trabajaba en publicidad y esperó hasta 42 para estrenar su primer película (“La suerte está echada” – 2005). Las agujas les siguen corriendo y él sigue filmando películas y comerciales.

¿Hay contradicción entre ser creativo publicitario y ser director de cine? ¿Entre lo más comercial y lo más artístico?

Mirá, vivir hay que vivir. Podemos partir de esa base. Y uno hace lo que sabe hacer. Yo no siento contradicción: a mí me gusta contar historias. Divido mi trabajo de la siguiente manera: tengo una profesión, que es dirigir comerciales, y tengo un hobby, que es dirigir películas. Como hobby, hago lo que se me canta y nadie me pone ningún tipo de regla y condición. Cuando filmo comerciales, filmo lo que un cliente necesita. No escribo los guiones, no tengo nada que ver. Es una actitud más de sicario. A quién hay que matar, voy y lo hago. Me traen los guiones y yo los filmo. Los leo, los pienso, los interpreto, le comento mis sugerencias al creativo y después vamos y lo hacemos. A la hora de hacerlo tengo en claro que no son mis películas, son películas que filmo para un creativo que piensa en un cliente. Pongo mi mejor calidad, experiencia y a la vez me llevo mi propia experiencia. De hecho, filmo un comercial todos los meses, mientras que filmo un largo cada tres años. Filmar publicidad es una manera de tener entrenado el ojo todo el tiempo: jugar con cámaras, lentes, objetos. No me conflictúa que lo que hago termina siendo una imagen para vender un vino o una galleta. Para mí, es filmar y es mi entrenamiento. Ahora, después, mi libido artística la descargo cuando escribo mi guion y filmo mí película, que lo hago con libertad total, porque hago lo que quiero.

¿Y en televisión cómo te manejás?

Es algo intermedio. Ahora no hago más. Hacés lo que vos querés pero hasta ahí. Inventás un formato y una historia, pero competís en una franja horaria y eso te determina. Estás más acotado. En cine, en cambio, hay libertad total, en la medida que tengas productores que te bancan y bancan lo que querés contar.

¿No se puede vivir de hacer películas?

¿Solamente? Yo no me imagino pensando una película teniendo en mente cuentas por pagar. A lo mejor se puede, qué sé yo. Con otro ritmo. En Argentina, para poder vivir de hacer mis películas debiera hacer y producir mis películas y las de otros y filmar más seguido. Y eso me pone una presión y un régimen que no tengo ganas de tener. No me gusta filmar presionado ni motivado por ninguna cosa que no sea las ganas de contar una historia.  Ahora, si vos me decís que me tengo que apurar porque se me vencen los créditos, las cuotas y se me vence el plazo para que me paguen… eso ya no es hacer cine para mí. En otros países, con industrias más fuertes, como Estados Unidos, es otra cosa. Los proyectos de cine en Argentina son proyectos personales, de autores. Es un director que tiene ganas de contar una historia, se junta con un guionista, si es que no la escribe él mismo, y después sale a ver cómo la financia. Sin embargo, otros roles dentro de la industria sí pueden vivir del cine: los directores de fotografía, por ejemplo, porque no crean sus propias películas, son convocados por los directores. Van de una película a otra, como los actores. En un set de filmación el que menos películas hizo es el director. Capaz que va por su cuarto largo, que es mucho, pero el camarógrafo ya hizo 35 películas y el de fotografía 29 y los técnicos terminan una y empiezan otra. Depende del rol que tengas en la industria si podés vivir o no del cine.

¿Está mal visto el comercial en el ambiente artístico?

No lo sé. Tengo muy poco vínculo con mis colegas y el ambiente en general. Hay muchos que dicen “yo publicidad no hago ni loco”. Desde mi punto de vista, un director tiene que filmar y filmar. Si sos director y hacés una película cada 5 años, ¿en el medio qué te queda? ¿Qué ejercitaste, qué miraste? Es importante para mí entrenar todo el tiempo el ejercicio de poner el ojo, encuadrar, probar lentes. Eso me tiene en una gimnasia constante. Para un director como yo, con mi perfil, filmar publicidad es lo mismo que salir a correr para un deportista. Es un entrenamiento total, porque no siempre hacés cosas que tienen que ver con vos.

¿Y las películas serían el partido?

La película es la masterpiece. Cuando hacés una película siempre aprendés. Indefectiblemente. No importa si es la número veinte o la segunda. Aprendés. Mi próxima película se hace éste año y estoy ansioso por ponerme a prueba. Tengo una muy buena historia para contar, pero además me siento mucho más crecido que cuando filmé la última (“Un Cuento Chino”- 2011). Voy a filmar con varios años de pensar, de imaginar, de ver y de filmar mucho, aunque sea en galletitas. Pensá que el presupuesto de un día de filmación alcanza para filmar una semana en cine. Negarme a la experiencia del cine publicitario para mí no tiene sentido.

¿Por qué no tenés vínculo con tus colegas?

Soy un tipo que no es muy sociable, no tengo mucha vida social en el ambiente. Tengo dos amigos directores, pero nada más. No estoy aislado, pero no participo de tertulias ni debates.

¿Por qué el director es celoso de comentar sus proyectos? ¿Por un tema de derechos?

No hay que hablar de lo que no se ha hecho todavía. Te puedo decir que voy a hacer una película con temas que me apasionan y me divierten, pero el devenir de las películas es tan errático… Puede terminar siendo otra cosa. Siempre hay un poco de temor de adelantarse a contar cosas que a lo mejor no salen. Y también para no avivar a nadie. Hay algo de proteger dentro de uno la idea que uno tiene, no exponerla hasta tanto no merezca ser expuesta. El momento de ser expuesta es cuando ya hiciste todo lo que tenías que hacer sobre ella: ya la escribiste, la puliste, la filmaste y la editaste. Y esta ahí, no se va a modificar. Ahí se puede contar al mundo.

Sebastián contesta las preguntas en una de las salas de su productora, en Palermo, casi Colegiales. Al lado de las vías del San Martín y del puente de Juan B. Justo, su oficina luce enorme y blanca, en una de las torres de los remodelados condominios inspirados en el estilo de los barrios obreros británicos. Allí hay diez personas laburando al mismo tiempo: averiguan por locaciones, ven planos, llaman a actores, discuten series. Están trabajando en un comercial, que el día de mañana, seguramente, financiará una película, otra historia.

Decís que creciste mucho como director, ¿qué te pasa cuando ves “La suerte está echada”?

Y, bueno, se nota que no estaba en quinto año. Estaba en segundo. Es así. Uno hace lo mejor que puede en el momento que le toca, con el bagaje intelectual, creativo y técnico que tiene en ese momento. Con esa película yo trabajé muy limitado fotográficamente: una cámara HD y un lente standard. No andaba con una valija de lentes, probando opciones. Eso es lo que había, por el tipo de proyecto, de presupuesto, las posibilidades del momento, lo que me quisieron dar. Era lo que había. Una ópera prima sirve solamente para mostrar si el director merece filmar otra vez o no: el resto te lo vas ganando. Te dan lo que te dan y con eso tenés que ir a zapatear la cancha. Hay que tratar de hacer una buena película, mostrar que vale la pena y para la próxima buscar que haya más plata.

Sin embargo, quedaste menos conforme con tu segunda película.

“Sin Memorias” (2008) es otra cosa. Es una película que tuvo un resultado que no fue bueno. Fue una película que hice por encargo, al estilo yanqui. Me contrataron para ir a México a filmar una película. No me sentí cómodo porque en el camino me dijeron que no había ocho semanas para filmar, había cinco y media. Y yo ya estaba ahí. Hubo muchos quilombos, tuve a los productores americanos muy encima mío, acostumbrados a tener ese trato con los directores. Allá las películas son de los productores no de los directores. En EEUU, cuando filmás, una vez que terminás te dicen gracias y te vas a tu casa. Y cuando la están editando te invitan a que la mires una vez y digas lo que opinás y te vas. Si sirve lo que opinaste es otro tema, son los productores los que deciden.

¿Qué fue lo que pasó?

Trabajaba en México y un productor me decía que quería ver mi shotlist, la lista de planos para el día. Y me decía “esto por qué lo vas a filmar así, no me gusta, esto no va, esto sí”. “Sin Memoria” para mí fue un gran aprendizaje que yo puse después en “Un Cuento Chino”. En un momento me dije: qué estoy haciendo acá, hace cinco meses que vivo en un hotel de México, comiendo el menú del room service. Y estaba haciendo un gran postgrado en cine con los americanos. Y tenía un tipo que me despertaba a las seis de la mañana para que antes de llegar al set desayune con él y le cuente qué y cómo voy a filmar y por qué. Fue un ejercicio constante. La película tuvo muchos problemas. No es buena, tampoco mala. Pero no es la expresión que busco para mis películas.

¿”Un Cuento Chino” es esa expresión?

Absolutamente. Hice exactamente lo que creía que tenía que hacer. Dentro de las limitaciones que siempre surgen, aun cuando trabajás con megas presupuestos.

Una vaca cae del cielo y mata a la novia de un chino mientras le proponía casamiento. Un tipo llega a tomar tarde un avión y se quiere matar, sin embargo gracias a eso salva su vida porque el avión se cae. A otro muchacho lo convencen de que no se pegue un tiro y cuando está cruzando la calle para encontrarse con el que lo persuadió se lo lleva puesto un camión. Todos estos acontecimientos llevan la firma del director Borensztein.

 – El accidente, la suerte, el destino son temas recurrentes en tus películas ¿Qué te pasa con eso?

Sí, el destino es un tema que me encanta. Es difícil contestar por qué. Hay tres o cuatro temas en la cabeza de una persona, por lo menos en la mía. La ley del destino y del accidente a mí se me repiten mucho, las veo día a día, consumadas. A veces llegar tarde a un lugar te termina haciendo un favor, pero vos tenías que llegar puntual, y llegaste tarde y gracias a eso te das cuenta de algo importante que si hubieras llegado temprano no lo hubieras visto. Es todo un causa-efecto. El estar haciendo una cosa es no estar haciendo un montón de otras. Hay una especie de trama en la que todos nos movemos y estamos conectados. Estás atento o no a ella, pero está. Me gusta mucho y en la próxima película, que no tiene nada que ver, voy leyendo la página 40 y veo que aparece y que el tipo para salvar su vida termina haciendo algo que al comienzo no quería hacer. Y eso no lo pensé, pero estaba ahí. Porque los temas que te dan vueltas siempre están. Porque no se resuelven: el misterio nunca se resuelve, siempre da vueltas.

¿Las historias que querés contar para quiénes son?

Son para mí y para la gente. Para mí primero que nadie. Hay un objetivo de realización personal. Disfruto de la dinámica, del proceso: la soledad de la escritura, agarrar una hoja, tacharla, romperla, reescribirla, empezar de vuelta. Disfruto de ver la cara de la gente que se entusiasma con la idea. Es una campaña que me gusta. Encontrar los actores, los lugares, poner en plano físico lo que imagino. El viaje que implica hacer la película es para mí. Para el otro hay una historia que le tiene que gustar, atrapar, asustar, hacer reír, emocionar, hacer pensar, entretener. Toda película terminada cumple un doble objetivo.

¿Y cómo pensás al público al momento de hacer la película?

Para mí, el buen cine es entretenimiento más reflexión. Te entretiene por la razón que fuera, porque te hacer reír, o asustar o estar tenso.  Eso depende del espectador, de lo que más le guste. Y a su vez te genera un desafío intelectual, una reflexión, una idea detrás sobre la cual estás reflexionando al contar una historia. No todas las películas tienen esto. Hay una mezcla que tiene que ser muy balanceada. Para mí el cine no es bajada de línea. El cine militante, el cine moral, no me interesa. Me gusta que me dejen sacar mi propia conclusión. Mostrame, si querés, todo un universo, haceme reflexionar acerca de él, pero no me digas cómo es. El que expecta dice cómo es. De todas maneras, para mí es intelectualizar demasiado. Soy un tipo mucho más visceral, más intuitivo que racional. Y mi intuición es una buena herramienta: me costó mucho tiempo aprender a confiar en ella. Sé que algo que a mí me interesa escribir, tengo la fuerte sospecha, de que a un otro también le va a interesar. Parto de eso, de que puedo proyectar a mucha gente lo que a mí me interesa.

¿Cómo aprendiste a confiar en tu intuición?

De un éxito seguido de un fracaso. Cuando hice “El Garante”, una miniserie de terror para la tele, con Lito Cruz y Sbaraglia. Fue poderoso. Sentí que lo que me gustaba a mí funcionaba en la gente. Hoy lo miro y me parece que está buenísimo, pero a nivel dirección está verde, porque era lo primero que dirigía en televisión. Fue hecho con dos pesos con treinta. La intención, la esencia, estaba ahí. Pero, no había ni digital en ese momento. Todo analógico, con muchas limitaciones y poca plata. A huevo. Ahí trabaje intuitivamente. A pesar de que todos me rechazaban la serie, nadie la quería producir. Y me la produje solo. Y cuando la salí a vender nadie la quiso comprar. Tenía todo para decir “soy un boludo, esta idea no va, me la meto en el orto”. Sin embargo confié en que en algún momento le iba a encontrar el novio a la serie. Y años después se dio, de casualidad. Y deslumbró. No estaba tan equivocado, entonces: había tres boludos adelante mío que no la veían. Ahí supe que la intuición era válida, me permití influenciarme por ella. Como contrapartida de eso, hice después otra serie totalmente apartado de mi intuición,  es más, mi intuición, una voz muy chiquitita, me decía que no la haga. Pero, me dejé llevar porque el productor estaba caliente y el canal también, porque la otra había sido un éxito. Y me pegué un palo. Osea, la idea estaba bien, pero no funcionó por muchas razones y ahí paré, porque mi intuición también estaba acertada en ese camino. Tendría que haberme hecho caso, parar la pelota, agradecer y pensar un poco más qué hacer y qué no.

¿Qué es el éxito?

Es hacer algo que permite quedarte con un crédito para volver a hacer otra cosa después. Hacer algo que funcione, que te sume a favor. Que digan “este tipo hizo una ópera prima y merece pagar una segunda entrada para una segunda película”. Después si ese éxito lo traducís en mucha o poco gente…. no sé. “La suerte está echada” la vieron 75 mil tipos, sin publicidad ni nada taquillero, y después tuvo un circuito mucho mayor en dvd´s, en lo oculto.

Justamente, “La suerte está echada” se puede ver por Youtube, pero solo si ingresás con una pc con un IP que no sea de Argentina, ¿cómo te llevás con la reproducción gratuita de tu materia por Internet?

Yo hago las cosas para que las vean. Por supuesto que me gustaría cobrar cada vez que alguien aprovecha algo mío. Digo, cobrarle a Youtube, no al usuario. Ellos lucran, ellos venden publicidad porque la gente se mete a mirar y la gente se mete a mirar porque esta mí película y la de millones de personas más. Me encantaría poder cobrarle, pero ante la alternativa de no poder, prefiero que esté, que la vean. En definitiva uno hace las cosas para eso, para que estén vivas.

Imagen a mano alzada por Facundo Olivares.

¿En qué pensás cuando digo “trabajo”?

La mayor parte de nuestras vidas la pasamos trabajando. ¿Qué dice nuestro trabajo de nosotros? ¿Entre el empleo, el trabajo y la vocación debe haber linealidad o contradicciones? El Grupo de Antropología del Trabajo de la UBA analiza la realidad de los trabajadores en el capitalismo marca siglo XXI.

En un edificio de cinco pisos trabaja Hernán Palermo. Él es, entre otras cosas, antropólogo. No labura en el cuarto ni en el quinto: pasa sus días en el medio, en un entrepiso que se hace pasillo y que entre ventanas y sillones va abriendo puertas, escritorios, computadoras y un sinfín de papeles. Al rato llega Cynthia Rivero, ¿y ella quién es? ¡Otra antropóloga! Se conocen de la facultad y con otros colegas forman el Grupo Antropología del Trabajo de la Universad de Buenos Aires. “La idea es pensar y problematizar, como colectivo, desde la antropología, las cuestiones vinculadas al trabajo y a los trabajadores”, cuentan.

Hernán trabaja en el Conicet, en el Centro de Estudios e Investigaciones Laborales. Cynthia, en cambio, en Canal Encuentro, en el área de los contenidos. Los dos son antropólogos, pero, en sus empleos, hacen cosas muy distintas. Entonces, ¿qué son?, ¿quiénes son? Cynthia sale al auxilio de la crisis de existencia: “Hay que pensar la ambivalencia entre el ser y el hacer. El problema es que las dimensiones de la vocación, la profesión y el trabajo, y el empleo, suelen reducirse a una sola dimensión”.

¿Y por qué se genera esa idea?

Cynthia Rivero (CR): Porque alguien nos cagó. Alguien nos hizo pensar que desde chiquitos elegimos una vocación, luego hacemos una carrera que nos hace profesionales y después, obviamente, tu trabajo debe estar de acuerdo a esa profesión. No hay complejidad en ese vínculo entre la carrera que hiciste y el trabajo que tenés. Y, además, ese trabajo tiene que ser un empleo remunerado, formal, que tenga un horario que te permita formar una familia y seguir con tu vida: jubilarte y morirte. Toda esa cosa bien lineal nos hace perder la complejidad. No necesariamente esas dimensiones deben subsumirse en una sola ¿Por qué tenés que ser lo que trabajás? No necesariamente tiene que ser así: puedo tener vocación de cantar y no ser cantante. Pueden abrirse esas dimensiones de la vida y uno también puede enriquecerse.

Hernán Palermo (HP): El problema concreto es la linealidad del concepto de identidad. Suele ser tan monótono y encorsetado que reduce la autoadscripción de una persona. Una persona no es solamente un trabajador: es un montón de cosas. El concepto de identidad descomplejiza la dinámica de la subjetividad del ser humano. Si sos trabajador, ¿cuál es tu identidad? ¿Sos obrero? No, sos un montón de cosas.

¿Por qué suele existir una identificación tan fuerte entre lo que somos y de lo que trabajamos?

HP: En primer lugar hay una cuestión material. El trabajo es lo que más tiempo ocupa en nuestras vidas. Es indefectible que uno genere, construya y configure ciertos valores en torno a esas prácticas que desarrolla. Uno suele decir que la identidad la genera el trabajo, pero, en realidad, una persona es un mosaico de piezas. Una importante es el trabajo, por esto que decimos. Otras pueden ser sus vínculos familiares: si es padre, madre, hijo, hija, abuelo. Si tiene un hobby o no lo tiene. Es un mosaico que configura la totalidad de los valores.

CR: Que el espacio de trabajo, o la empresa, logre que vos identifiques tu subjetividad con ese espacio tiene la cuestión positiva ligada a la vieja idea de que el trabajo dignifica. Pero, como el trabajo dignifica, también aliena.

HP: Un trabajador se identifica con una empresa y no con sus compañeros. Genera lazos con la empresa. Se crea el imaginario de que la empresa en parte es de él, que él toma decisiones en la empresa. Todas las técnicas de managment, de tormenta de ideas, que dice que todos pueden pensar en ideas para poder hacer mejor la empresa que es de todos nosotros. Y uno  sabe que las decisiones verdaderas de una empresa ni siquiera se toman en este continente. Se toman en Luxemburgo, Francia, España, Alemania. Hay un montón de políticas que hacen que los trabajadores generen identificación con la empresa y piensen que son parte. Esta política de “democratización” del espacio laboral donde parece que somos todos iguales, el trabajador, el empresario. No hay diferencias de clases, parece.

¿Qué diferencia conceptual hay entre empleo y trabajo?

antropologos ubaHP: Empleo se define como la relación de dependencia que se tiene en un trabajo, con un salario. Y el trabajo, en términos ontológicos, es la capacidad única e infinita que tiene el ser humano de transformar el mundo social y la naturaleza. El empleo es una categoría histórica, es tal cual hoy se concibe el trabajo: el empleo asalariado.

CR: Cuando hablamos de trabajo nos remontamos a una línea histórica que va hasta donde te quieras ir. Cuando hablás de empleo tenés que hablar de S XX.

HP: La concepción del empleo hegemoniza la concepción del trabajo. Se piensa al trabajo en términos de empleo. Se reduce. Cuando es al revés, el empleo es una faceta histórica dentro de lo que es el trabajo. Y al ser hegemónico invisibiliza un montón de otras formas.

¿Hay un desfasaje entre las distintas formas de trabajo existente y los imaginarios del trabajo? ¿Las prácticas del trabajo cada vez son más variadas, pero nosotros seguimos pensando al trabajo de una manera tradicional?

HP: La cuestión es qué se entiende por trabajo. Una vez en una clase todos iban diciendo de qué trabajaban. Y una chica, levanta la mano y dice: “No, yo no trabajo. Trabaja mi marido. Yo solamente cuido a los tres chicos y limpio la casa”. ¡Flor de trabajo estar en tu casa y cuidar tres pibes! Pero nosotros seguimos entendiendo el trabajo como aquello remunerado, lo asalariado, lo que da dinero. El trabajo de la mujer dentro del hogar no es reconocido, es invisibilizado. Es como no trabajar.

CR: Ese desfasaje entre imaginario y condiciones concretas tiene que ver con que todos los derechos labores y sociales están asociados a ese trabajo formal. Hay algo material real y concreto. Querés sacar crédito hipotecario, mostrame que tenés antigüedad. Querés alquilar, mostrame recibo de sueldo. Si querés jubilarte, así sean 1500 pesos, tenés que hacer tantos aportes durante 30 años. Si vos querés ingresar a la sociedad formal, mínimamente, necesitás tener un trabajo en ciertas condiciones, más cerca de un empleado de 10 a 18 que de un tipo que está con un contrato de tres meses. Cuando te ponen como ejemplo clásico la gente que labura en Googlee ¡Son 5! Después hay todo un cúmulo de gente que no es así. Todos los planes que el Estado empieza a instrumentar, planes sociales, se dan por el retroceso en las condiciones formales de trabajo. Si vos tenés un trabajo formal, real, concreto, con derechos mínimos, no necesitás  cobrar ciertos planes sociales. Y lo digo apoyando a pleno la Asignación Universal por Hijo, por ejemplo. Pero se ha retrocedido tanto sobre los derechos que tenían los trabajadores asociados a este trabajo formal que aparecieron estas nuevas formas: contratos a plazo fijo, monotributista, locación de servicio. Toda la flexibilización laboral generó un desfasaje en el imaginario de lo que puedo hacer y a lo que puedo acceder con las condiciones concretas y reales del trabajo.

HP: El último período histórico, el capital ha encontrado nuevas formas de contratación y uso del trabajo. A veces se piensa que trabajando desde su casa, con contratos más flexibles, uno tiene menor grado de explotación, más decisión y libertad. No es así. Cuando se agota el proceso del fordismo y taylorismo por su carácter repetitivo, que embrutecía, monótono, el capital reconoce esas reivindicaciones y logra reconstruirlas y reestructura las lógicas de trabajo y las herramientas de disciplinamiento. Ahora no es monótono, ahora es polivalente. Osea una tarea que antes hacían diez trabajadores, ahora la hace uno. Embrutecer no te vas a embrutecer, pero vas a hacer la tarea de diez tipos. Querés trabajar en tu casa, está bien, pero vas a tener toda la tecnología disponible para que el control también sea posible en tu casa, para que tu casa sea zona de control. Vos pensás que estás en tu casa, en pijama, en pantuflas, que la pasás bárbaro, pero realmente es una situación laboral precaria. Estás controlado en tu propia casa.

La sociedad moderna propone estas nuevas formas. Pero, ¿cuáles surgen desde la necesidad y cuáles desde un sentido crítico?

antropologosHP: Se parten aguas ahí. Sobre todo en término de lo que son las cooperativas, las fábricas recuperadas. En un primer momento, a finales de los 90, en los 2000, hay una serie de escritos que dicen que estas formas de trabajo por fuera del trabajo formal son un germen contestatario, crítico, a las formas tradicionales de trabajo. Muchos han ido más lejos y han visto en las fábricas recuperadas el origen de la transformación del capitalismo, como el puntapié, la punta de lanza. Otras teorías, un poco más críticas, más que hablar de formas críticas al capitalismo dicen formas precarias en los límites que deja el sistema capitalista. En la devastación neobliberal a los sectores populares no les quedó otra que organizarse en cooperativas o tomar fábricas vaciadas, o formar movimientos sociales y generar trabajos en torno a esos espacios. Yo creo que más que formas críticas de la organización del trabajo son formas de subsistencia dentro de los límites que el capitalismo permite.

CR: Sí, después, dentro de eso, puede haber ejemplos concretos y propuestas que se hayan radicalizado en términos políticos de cómo producir, de cómo vender, de cómo dividir el trabajo.

HP: Estas formas del trabajo, la economía social, el truque, etc. ¿Le cambió la vida a tantas personas? Sí, claro, y a esas personas que se estaban cayendo del sistema les permitió sobrevivir. Ese es un análisis. Ahora, pensar que estas formas atentan contra el capitalismo, no, es otra cosa.

CR: La figura de la cooperativa por sí misma no implica horizontalidad, ni siquiera implica un colectivo. Hay que analizar caso por caso. A veces se habla del cooperativismo con cierto romanticismo.

¿Cómo juegan en las personas los sentimientos de sacrificio y de gusto respecto a su trabajo?

HP: Marx lo explica fácilmente: el capitalismo genera una transformación del trabajo. En vez de ser el proceso de realización del ser humano, en el capitalismo el ser humano se desrealiza. Por las relaciones de explotación, alienación, enajenación, se invierte, porque lo que produce no le pertenece. El trabajo es, entonces, un espacio de sacrificio donde voy y agacho la cabeza, y trato después de realizarme en espacios y en prácticas fuera de lo laboral. Me realizo por fuera del trabajo, cuando salgo y cumplo el empleo de ocho horas y me voy a mi casa a dedicarme al ocio, al hobby.

CR: Hay personas que dicen que no les interesa el trabajo en el que están, les interesa estar ahí cinco horas, ganar plata y después su vida está por otra parte. Bueno, es una disociación mental. No es real. Lo real es que gran parte de tu vida lo pasás trabajando, te guste o no. Después está el modelo más americano, de las películas. Aparece toda esa incompatibilidad entre ser exitoso profesionalmente en tu trabajo y tener una familia. Bueno… no es así. Se dedica más tiempo a un trabajo que te hace socialmente prestigioso que a la familia. Hoy la familia no es un lugar de prestigio. El prestigio sin dinero, no es prestigio. Es la idea de comprar el éxito del modelo americano.

Cynthia y Hernán toman agua fría. Sobre sus cabezas hay una serie de fotos hechas cuadros que le dan sentido a tres paredes del cuarto: una mujer levanta papas en campos bolivianos, dos hombres con las manos engrasadas dejan sus músculos en unas inmensas máquinas, un camionero saca el brazo por la ventana en el medio de la eterna ruta. En la cuarta pared hay un pizarrón y, aunque sea imaginario, ahí también se dibujan algunos conceptos y brota el trabajo en su enésima forma… ¿Cuántas más habrá?

Cynthia, entonces, dice: “La idea es desnaturalizar la disciplina del trabajo ¿Alguna vez fue distinto? Repensar todo lo que se construyó socialmente sobre el deber ser, sobre el mandato, para que las personas vayan a la fábrica y nada más. Pero, hay que pensar: ¿esto siempre fue así? ¿Puede ser de otra manera?”.

El Cuerpo

Por Frei Betto*

En torno a la fiesta del Corpus Christi es bueno recordar que una línea vertical divide a los seres humanos entre vencedores y vencidos, aliados y enemigos, fieles y herejes. Baja desde la abstracción del lenguaje, consustanciado en ideologías y creencias religiosas, hasta alcanzar su punto más cruel: la segregación de cuerpos.

“Una rosa es una rosa es una rosa”, declamaba Gertrude Stein. Todos de acuerdo. Sin embargo no hay consenso en que “una persona es una persona es una persona”. Los nazistas les niegan a los judíos el derecho a la vida, igual que hay judíos que se sienten superiores a los árabes, y árabes que asesinan a cristianos que no comulgan con sus creencias, y cristianos que excomulgan espiritualmente a judíos, musulmanes, comunistas, homosexuales y seguidores del candomblé.

Una persona es su cuerpo. Vive al alimentarlo y hace de él expresión de amor y engendra nuevos cuerpos. Muerto el cuerpo, desaparece la persona. Sin embargo llegamos a las puertas del tercer milenio en un mundo dominado por la cultura necrófila de la exaltación de cuerpos deslumbrantes por su fama, belleza y riqueza, y la exclusión de cuerpos condenados por la pobreza.

En el listín telefónico de Santa Mónica, USA, aparece el número de la Fundación Elizabeth Taylor contra el aids. Pero no hay ninguna fundación contra el hambre, siendo que esta mata mucho más que aquella. ¿Por qué el aids moviliza más que el hambre? Porque no hace distinción de clases. El hambre es un problema de los oprimidos y amenaza a un tercio de la humanidad. Los premiados por la lotería biológica, nacidos en familias que pueden darse el lujo de comer menos para no engordar, son indiferentes a los hambrientos o se dedican a actividades caritativas, con la debida cautela de no cuestionar las causas de la pobreza.

Se clonan cuerpos, pero no la justicia. Carnicerías virtuales, los kioskos de revistas exaltan la exuberancia erótica de los cuerpos, sin que se dé un espacio semejante para las ideas, los valores, las subjetividades, espiritualidades y utopías. Menos librerías, y más gimnasios. Moriremos todos esbeltos y saludables; el cadáver, cual coloso impávido, no tendrá ni celulitis…

La política de las naciones puede ser avalada con justicia por el modo como la economía se las tiene con la concretez de los cuerpos, sin excepción.

En un mundo en el que el refinamiento de los objetos de lujo merece una veneración mucho mayor que el modo en que son tratados millones de hombres y mujeres; en que el valor del dinero se sobrepone al de las vidas humanas; en que las guerras funcionan como motor de prosperidad; es hora de que nos preguntemos cómo es posible que haya cuerpos tan perfumados con mentalidades y prácticas tan hediondas. Y por qué ideas tan nobles y gestos tan hermosos florecieron en los cuerpos asesinados de Jesús, de Gandhi, de Luther King, del Che Guevara y de Chico Mendes.

El límite del cuerpo humano no es la piel, es la Tierra. Somos células de Gaia. Queda por lograr que esta certeza se implante en la conciencia, allí donde el espíritu adquiere densidad y expresión.

*Columna extraída del sitio www.cubadebate.cu

Fiel alegría desde la angustia

La bandera es azul, la bandera es larga y la bandera está llena de rostros en blanco y negro, caras grises a las que les quitaron el color hace 36 años.

Las manos que sostienen el manto están arrugadas, llevan la marca del tiempo, el dolor de la impunidad y la esperanza de la verdad, la memoria y la justicia.

De repente, para un viejo de bigotes el terror vuelve: “no lo encuentro a Juan”. Cómo que no, le pregunta su esposa. “Sí, no sé, no lo veo. Quedate acá que voy a buscarlo, no te muevas”. No quiere perder a nadie más. El tipo está preocupado, mira para todos lados, levanta la mirada, se pone en puntas de pie, pero nada: Juan no está.

A dónde va Coco, le preguntan a la esposa. Fue a ver dónde está Juan, lo perdimos. La gente desborda las calles, las cadenas humanas para proteger a los viejos de la bandera azul a veces no alcanzan y el caos reina alrededor del trapo. Desde la punta una pelirroja con pañuelo blanco en la cabeza pide el megáfono: “Compañeros, con orden, demos un pasito para atrás, ya vamos a empezar”.

No, pará Tati, pará, pará que no lo encuentro a Juan, se desespera Coco.

Para evitar la muchedumbre el tipo se saca los zapatos y empieza a caminar por la bandera. Con cuidado y sin pisar ni uno solo de los retratos grises se desliza por la lona azul para encontrar a Juan.

La marcha está por arrancar.

“¡Acá está, acá está, lo encontré!”. Coco sonríe, está contento. La esposa se acerca hasta el lugar, le da un abrazo y agarra la bandera.

Juan Domingo Plaza, desaparecido por la puta dictadura el 16 de Septiembre de 1976, en La Plata, por lo menos había sido encontrado por su hermano Coco en una bandera llena de caras presentes.

Cuántos tipos tenés que matar para perder una cara en una bandera.
Cuánta debió ser la angustia para alegrarte por encontrar, aunque sea, una foto de tu hermano.

Simplemente, NUNCA MÁS.

Higuera

Por Walter Vodopiviz
Ella tiene la cabeza sobre su almohada. Me mira fijo. A un metro de distancia, hago lo mismo desde mi cama. Rompo el silencio, no solo de la habitación, sino del pueblo y le pregunto: ¿te das cuenta de que estás “durmiendo” en la Historia? Esa habitación no es una más. A veinte metros, en diagonal a donde estábamos, hace cuarenta y cinco años un hombre partía hacia la eternidad.
Actualmente en La Higuera viven cuarenta y cuatro personas, me cuenta Lola, vecina, y quien se encarga este mes de abrir el Museo Comunal “La Higuera”, que no es otro lugar que aquella “escuelita” donde estuvo apresado, y luego fue asesinado por Mario Terán, Ernesto Che Guevara entre el 8 y 9 de octubre de 1967.
Lola tiene dos hijos y vive en su casa de adobe a metros del busto del Che. Ella es responsable, durante enero, de cobrar 20 bolivianos (alrededor de $13 pesos argentinos) por cada cama que tienen las dos habitaciones de la nueva “escuelita”. Allí, además de este pequeño hostel, se trasladó el aula donde estudian el primario los niños del pueblo. También viven y tienen su consultorio los médicos cubanos. Y no puede faltar el memorial al Che. Lola también tiene la llave del museo donde se cobra 10 Bolivianos la visita.
La Higuera es una cuadra con varias casas. Sobran alojamientos, aunque en Vallegrande se desangren por decir que no hay nada, para no perder turistas. En el pueblo, llamativamente, hay cuatro franceses. Los podemos dividir entre los buenos y los malos. Christian y Nanou son de Montpellier y llegaron hace 3 años después de mucho recorrer Latinoamérica. Compraron un terreno y empezaron a hacer su nido en el mundo, a pesar de sus más de 50 años. Del otro lado, está La Casa del Telegrafista, nombrada en El Diario del Che en Bolivia. Ahí vive el francés no querido del pueblo, junto a su novia 30 años menor que él. Dicen que ya no habla con nadie, que viene comprando varios terrenos, que arma un negocio en torno al Che vendiendo, por ejemplo, su desayuno “Del Guerrillero”, que consta de té de coca o café y pan tostado…
Pero volvamos a los hijos de Lola. Adolescentes ellos, dicen que conocen la zona como nadie. Por eso no es de extrañar que sean los encargados de llevar a los turistas a la Quebrada del Churo, como la llaman los lugareños, o Yuro . Se necesita de una hora y media para llegar al lugar donde capturaron al Che, metiéndote en plena selva boliviana. En la Quebrada, se construyó una pequeña plaza en honor al Che. Es una estrella hecha de piedra, entre medio de un árbol de higos y la piedra donde estaba refugiado el Che al momento de ser capturado.
Ir y volver te puede llevar entre tres y cuatro horas. Sin mochilas. Sin peso. Bien alimentados. Bien dormidos. Con agua. En la altura. Y sin ser buscados por la CIA o los Rangers.
Dormir en La Higuera es una experiencia inolvidable. La figura del Che y sus compañeros de guerrilla se agiganta. Se repite a lo largo del camino una sola pregunta: ¿cómo hacían?

Nueva publicación: Voces y silencios (1976-1983)

Voces y silencios. La prensa argentina y la dictadura militar (1976-1983)

Jorge Saborido y Marcelo Borrelli (coordinadores)

Jorge Saborido es licenciado en Historia por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y realizó estudios de posgrado en la Universidad Complutense de Madrid. Es profesor titular de Historia Social General en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y profesor titular de Historia del Siglo XX en la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de La Pampa. Ha sido profesor invitado en universidades de Argentina, Uruguay, Chile y España. Dirige proyectos de investigación desde hace veinte años y ha recibido becas del gobierno de España y de instituciones privadas. Publicó más de veinte libros, entre los que se destacan El Mundo Contemporáneo:Historia y Problemas (coautor, Barcelona, 2001), Breve Historia de la Argentina (coautor, Madrid, 2006), La Revolución Rusa (Madrid, 2006), La Guerra Civil Española (Madrid, 2007), Historia de la Unión Soviética (Buenos Aires, 2009).

Marcelo Borrelli es doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires (UBA), magíster en Comunicación y Cultura y licenciado en Ciencias de la Comunicación por la misma universidad. En 2011 ha sido seleccionado como investigador del Conicet, institución de la que fue becario. Se desempeña como profesor de la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Participa desde hace diez años en proyectos de investigación de la Universidad de Buenos Aires vinculados a la historia de la prensa durante la dictadura de 1976-1983, temática sobre la que ha publicado numerosos trabajos en congresos y revistas especializadas. Es autor de “El diario de Massera”. Historia y política editorial de Convicción: la prensa del “Proceso” (Buenos Aires,2008) y de El fundamentalismo islámico (coautor, Madrid, 2006). Actualmente, prepara la publicación de su tesis doctoral sobre el diario Clarín frente a la política económica de Martínez de Hoz.

INDICE

Introducción
Jorge Saborido y Marcelo Borrelli

1 PARTE. Los diarios

Una “batalla ganada”: Clarín y la compra de Papel Prensa (1976-1978)
Marcelo Borrelli

“El diario de Massera”: Convicción durante la dictadura militar
Marcelo Borrelli y Jorge Saborido

Entre la guerra sucia y la guerra de Malvinas, la guerra que no fue. Los medios y el conflicto del Beagle (1977-1982)
César L. Díaz, Mario J. Giménez y María M. Passaro

El choque de los paradigmas y la muerte del diario La Opinión de Jacobo Timerman. Una historia que continúa
Fernando Ruiz

La Nación y Clarín frente a la violencia política (1976-1980). Dos casos de periodismo hermesiano
César L. Díaz

2 PARTE. Las revistas

La prensa católica

“Por la Nación contra el Caos”. La revista Cabildo y el “Proceso de Reorganización Nacional”
Jorge Saborido

Criterio frente al golpe de Estado de 1976: una apuesta a la salida institucional
Marcelo Borrelli

Esquiú-Color ante el proceso de apertura política (1981-1982): de la democracia tutelada a la reconciliación nacional
Mercedes A. González

La prensa política

El informe de la CIDH y su repercusión en la prensa política (1979-1980). Los casos de Confirmado, Redacción y Extra
Damián Díaz y Mercedes Saborido

Ascenso y caída de un “interlocutor válido”: Confirmado (1976-1978)
María Sol Porta

Somos y Gente frente a la guerra de Malvinas: dos miradas en una misma editorial
María Paula Gago y Jorge Saborido

Contratapa

Este libro surge en un momento histórico de la Argentina donde el rol de los medios de comunicación y las actitudes que mantuvieron durante la época dictatorial se encuentran profundamente cuestionados. Soslayando una habitual visión maniquea que intenta determinar quiénes fueron los “buenos” y los “malos” de la historia reciente nacional y reduce las motivaciones de los órganos de prensa únicamente a fines ligados a su interés pecuniario o a otros poco transparentes, en estas páginas se propicia un ejercicio de pensamiento histórico que reflexione sobre la labor de la prensa revisando la complejidad de la época, con sus ambigüedades y matices. Para ello se analizan las trayectorias ideológicas de distintos diarios y revistas, sus alineamientos con ciertas doctrinas políticas, las dinámicas de apoyo y distanciamiento que fue generando la propia dictadura con sus prácticas y las cambiantes circunstancias que atravesó el país durante los casi ocho años en que las Fuerzas Armadas estuvieron en el gobierno. Los autores aspiran a que esta obra sea un aporte para alumbrar una época signada por los efectos del terrorismo de Estado y la impronta autoritaria en diversos campos de la realidad nacional; años donde la prensa tuvo un rol prioritario para legitimar o deslegitimar las prácticas de quienes ejercieron el poder.

“A Cuba lo comparan con el primer mundo”

NosDigital se juntó con Juan Castellanos en su regreso a Argentina a poco de cumplirse cuarenta años de la derrota sufrida en Salta por su guerrilla. Soldado durante la Revolución Cubana, amigo y padrino de bodas del Che, quien decidió expandir el ideal revolucionario a los lugares más recónditos del planeta: de Cuba a la Argentina, de Angola a Nicaragua. Una entrevista que revela desde curiosidades de la vida cotidiana en los montes caribeños hasta los porqués de un hombre para destinar su vida a la lucha armada.

 

Fotos: Nos Digital.

Juan Alberto Castellanos volvió a la Argentina luego de casi cincuenta años. Condiciones bien diferentes que la última vez: nada de monte, nada de cárcel, golpes y reclusión. Teniéndolo en frente pudimos advertir la persistencia del ideal del Che, encarnado en uno de los pocos personajes que pudo combatir a su lado, que supo cultivar una amistad y seguir en sus empresas al mito que aún no para de hacerse presente en cada rincón del mundo. Entonces, empieza a hablar de sus experiencias, eso de pasar su entera juventud, y más aún, con el fusil en el hombro en condiciones precarias. Y así, sentados en un bar céntrico de Buenos Aires, NosDigital hace la primera pregunta iniciando una larga charla con Castellanos, guerrillero, cubano, latinoamericano, guevarista y también, padre de tres hijas…

-¿Cómo es que se incorporó a las fuerzas revolucionarias cubanas?
-Yo era un joven al que no le gustaban las injusticias, pero era un analfabeto político. A raíz de que Fidel asalta el Moncada, tuvo un impacto muy importante: ellos fracasan; matan a la mayoría y a otros los hacen prisioneros, entre ellos a Fidel. En el juicio, él asumió su defensa, pero cuando empezó el primer día en los tribunales no lo ayudaron más, porque se convirtió de acusado en acusador. De ahí en más le celebraron el juicio en un hospitalito de la cárcel, donde hizo el alegato histórico “La historia me absolverá”, donde denunció todos los problemas que había en el país. Él logra estando en la cárcel, sacar ese alegato y se convierte en un manifiesto para la juventud.
Cuando leí eso me di cuenta de lo que pasaba en mi tierra, de todas las injusticias. Fidel me alfabetizó en ese sentido. Así que me incorporé al movimiento y me fui a parar a la Sierra Maestra, donde conocí al Che. Empecé con él en la Sierra, después hice la invasión con él en las villas, ahí me convierto en ayudante de chofer de él porque se luxa un brazo. Hasta que me hicieron Comandante, poco antes de los combates en Santa Clara. Fíjate, una vez Ernesto me preguntó qué pensaba hacer si lográbamos ganar y quedaba yo con vida. Le dije que me iba a ir al carajo porque no me gustaba que me estuviesen llevando de acá para allá…Y nunca se olvidó de esto.

-¿Recordás el primer encuentro con el Che?
-Sí, como no. La primera vez que lo vi me decepcionó. Los argentinos que conocíamos eran porteños, te hablaban fuerte y rápido. Pero el Che hablaba pausado, bajito, así que me dije: “éste no es argentino”. Pero supimos tener relaciones muy buenas, de subordinado a jefe y después prácticamente fuimos amigos. Además para la liberación de América yo fui el segundo cubano que él eligió, el primero fue Hermes, que murió acá en el norte.

-¿Cómo los seleccionaron a ustedes para viajar a Salta?
-Mira, yo estaba en la universidad. Pero estando en agosto de 1962, Hermes desapareció. Y ahí le dije al compañero Pombo “ahora voy a ver al Che porque me parece que se va porque Hermes anda desaparecido”. Y cuando fui a ver a Ernesto me preguntó qué quería y ahí le dije “¿Cuándo usted se va?”, y me dijo que por qué creía eso. Ahí me sinceré: “Porque Hermes anda desaparecido y usted es el único que sabe dónde está. Pero quiero que sepa que a donde quiera que vaya, yo me voy con usted”. Me respondió que lo iba a tener en cuenta.
Yo me reintegré a la escuela, me gradué y volví a las Fuerzas Armadas. Cada vez que el Che recibía una queja de nosotros, nos llamaba y nos reprendía. Porque cuanto más cerca de él se estaba, más recio te llevabas. Pero lo queríamos muy grande, porque nunca nos adoctrinó ni nada, sino que nos enseñaba con su ejemplo y con su forma de ser. Entonces nosotros intentábamos imitarlo. Él quería un hombre nuevo y se embebió del hombre nuevo y logró hacer de muchos cubanos hombres nuevos. Pasó de ser Guevara Lynch, doble apellido, de la aristocracia, a dejarlo todo por los más pobres. Entonces, esa cosa del Che hizo que lo quisiéramos tanto.
Pero bueno, un día me mandó a buscar. Yo me dije “por qué, qué hice, no estuve con nadie, no me mandé ninguna borrachera”. Más tarde lo vi y me dijo “hace un año usted me preguntó cuándo nos íbamos. Bueno, ahora va a ir a un lugar y va a estar con gente conocida. Invéntale un cuento a tu familia bastante verosímil para que se lo crean”. No me dijo nada más de nada.
De ahí me mandó a hablar con el Jefe de Inteligencia. Yo no había salido de Cuba nunca, y el viajecito fue de La Habana a Praga, de ahí a Roma, de Roma a Lisboa, Lisboa-Dakkar en África. Dakkar-Rio de Janeiro, después San Pablo y luego a un pueblito de la sierra de Paraguay. Finalmente terminé en La Paz. A mi familia le dije que iba a estudiar Armas Estratégicas en la URSS, pero que era algo secreto, que no me iban a poder escribir y viceversa. Una cosa bastante verosímil, porque nosotros nos estábamos preparando como ejército para enfrentarnos a USA, y necesitábamos conocimientos en armas modernas.
Cuando llegué a La Paz me encontré con dos cubanos, del que solo conocía a uno, que ahora es el Ministro del Interior; entonces de ahí nos venimos a Tarija para vernos con Masetti. El tema es que sobraba un fusil y yo los convenzo de unirme a ellos, pero ésa no era mi misión. Yo tenía que esperar al Che en Bolivia y venirnos juntos para acá.

-Sobre las críticas al proyecto del Ejército Guerrillero del Pueblo: que las FFAA de Argentina eran poderosas, que no era la mejor zona para iniciar la guerrilla…
-Espérate, espérate… yo tenía experiencia guerrillera y, aquí no importaba la fuerza del ejército. Nosotros éramos un grupo de jóvenes con ideas revolucionarias que queríamos liberar este continente. La zona no era la mejor, pero bueno, aparecimos allá. De algún modo las guerras se empiezan, y no era un tema de utopía, porque en Cuba había pasado. Un grupo batalló contra un ejército profesional, quitándole las armas. ¿Y por qué no se iba a poder aquí, más si teníamos al Che que lo iba a seguir todo el mundo?. O sea, está que el EGP sirvió, no fue ninguna aventura, plantamos la semilla. Ahora en este país se habla otro idioma. Ahora no son sumisos al imperialismo, se ve un proceso de cambio. Nosotros, Cuba, nos hemos convertido en la semilla que está germinando en países que tienen más recursos naturales para llevar a cabo la Revolución.

-Cuándo el EGP fue derrotado por Gendarmería y ustedes, detenidos, ¿cómo fueron tratados?
-Mira, nos golpearon bastante. Pero nos dieron golpes nada más, unas cuantas palizas. Pero a cada paliza yo cambiaba de nacionalidad. Hasta que un día les tiro mi leyenda, que yo era peruano, y se la creyeron; eso que los Servicios de Inteligencia acá no eran bobos. Si la CIA se enteraba que había un cubano, yo no estaría para contarla.

-¿Y su experiencia en Angola?
-Estuve un año y medio allá, desde 1976, pero no combatí. Yo estaba en la provincia de Cabinda, al mando de una unidad, preparada para combatir contra los zairenses como tropas regulares. Había un atraso muy grande. Prácticamente les enseñamos a combatir y después liberamos a Namibia, que estaba al lado. Derrotamos al ejército sudafricano en combate. Participaron 50 mil hombres, pero eso no salió publicado en ningún lado. Cuando terminé mi misión, fui a Nicaragua a combatir contra los Contras. Estuve dos años, dos meses y quince días. Ahí sí me tocó participar como combatiente nicaragüense. Me llevaba bien con la gente, aunque la propaganda era que nosotros los cubanos nos íbamos a robar las cosas de ahí, que estábamos en el país para poder enriquecernos.

-¿La gente se la creía?
-Y sí, mucha gente sí, pero cuando nos vieron actuar, cuando vieron a los soldados, a los maestros, a los médicos cubanos actuar desinteresadamente, ya no.

-Después de tantas batallas, ¿cómo ve su vida?
-Yo me siento un hombre realizado. Realicé mi sueño. Tengo tres hijas y las tres son profesionales, en Cuba actualmente no hay un solo niño trabajador, tienen que ir obligatoriamente hasta noveno grado, y si la familia no puede sostener que su hijo siga estudiando, se le da un subsidio. Y a los estudiantes universitarios también se le da un estipendio. Cuando éramos cinco millones, ocho de cada diez pasábamos hambre, pero hambre de no comer. Ahora que somos el doble, en Cuba se desayuna, se almuerza y cenan todos. Que no comen la cantidad que quieren, bueno, pero ni los ricos pueden hacerlo. Y ya nos hemos acostumbrado a vivir mejor. La salud es mejor, vamos por alcanzar los 79 años de esperanza de vida, con medio siglo de Revolución. No tenemos ningún niño desnutrido, tenemos un nivel educacional que compite con cualquier país. Todo el mundo tiene su casa: pagas el 10% de tu sueldo hasta que amortizas el costo de construcción y listo, eres el dueño de tu casa. Antes habían dos universidades y una sede, y hoy tenemos dieciséis universidades.

-¿Cómo ve ahora a los jóvenes cubanos?
-Ellos ahora tienen problemas menos graves que nosotros. El nuestro era el hambre y la necesidad. Ahora piensan en que no pueden tener ciertas cosas como los demás, porque si tienen gran nivel de preparación, por qué no. Bueno, ahora ya no se comparan con los países subdesarrollados, sino con los del primer mundo…¡pero no! Si somos unos muertos de hambre… pero que no pasamos hambre.