Cómo armar una Vela

Otra entrevista a la Vela Puerca, que no es una más: El Enano se abre a contar su doble personalidad, el grupo de amigos que convirtió en banda musical y cómo sobrevivieron al éxito.

El último censo publicado de Uruguay dice que el total de la población es de 3 millones 286.314.

Uruguay ocupa el 1% de la superficie del continente con una superficie de 178.000 Km2: casi la mitad de la Provincia de Buenos Aires.

Un poco más del 40% de la población, 1.319.108 de personas, viven en Montevideo, donde la superficie es de 530 km2.

Según el portal uruguayo “El observador” el 10% de la superficie de Montevideo está ocupada ilegalmente.

Los ilegales

Sebastián Teysera, una de las voces de La Vela Puerca, está sentado junto a una ventana que apunta al cielo de Palermo. Llegó desde Uruguay con nuevo disco: Érase (el séptimo de la carrera que se suma a dos DVDs) dividido en capítulos que relatan una historia. Llegó y se acomodó en esta silla para narrar su propia historia: la de una banda independiente que trepó lejos.

Desde un país donde los títulos anuncian cómo se ocupa el suelo, llegó a otro país donde la producción post 2001 se tiñó de un lema: ocupar, resistir, producir.

  • ¿Cómo se produce sin patrón?
  • Es un arma de doble filo, especialmente en la música. Tenés que generar su propia dinámica y entenderla: entender la idiosincrasia de tu propia empresa o fábrica. Saber qué es lo que la fábrica puede hacer, qué es lo que no, los tiempos que lleva. La creatividad es muy dedicada con respecto a producir, es muy difícil que alguien te diga: tenés que tener un disco para tal fecha. Lo puedo tener pero seguramente sea una porquería porque no es arreglar tornillos. Es complejo hacer canciones que vos puedas defender arriba del escenario; que sean honestas, que sean sinceras. Entender la idiosincrasia de ser tu propio jefe. Por ejemplo yo entendí que no puedo llevar una canción con la melodía, la guitarra, la línea de bajo, el arreglo de vientos, porque no funciona así. Conozco los obreros con los que trabajamos en la fábrica; si yo llego a hacer eso me cuelgan, me toman la fábrica. Sé que yo tengo que llevar la canción desnuda para que cada uno aporte, para que después con ese aporte cada uno se adueñe un poco de la canción.

 

El Enano de la Vela
El Enano de la Vela

Lo imposible

Traje miles de anzuelos solo para probar.

Traje las condiciones que no voy a aceptar.

 

“La Vela Puerca, te diría, es la primera banda de rock entre amigos que vive de la música”, dice Sebastián y revela una declaración de principios innegociables: por eso la banda nunca es más importante que el grupo de amigos. Por si hace falta, aclara: “La Vela no vale la pena tanto como para romper nuestra amistad”.

Nacida hace dos décadas, La Vela comparte hoy la misma forma de ganarse la vida, según Sebastián, con dos bandas más: “No te va a gustar y El cuarteto de nos. Las que salimos a buscar a otro lado, las que realmente nos tocó la edad para decir: juguémosla a intentar vivir de esto que nos gusta”.

  • ¿Hay algo generacional que lo hizo posible?
  • Es la generación de mediados de los 90, que rompió con una no utopía muy grande. Se rompió con lo que todo el mundo veía totalmente imposible: vivir de la música en Uruguay. Todas las bandas del mundo giran por el mundo, y allá ese concepto era totalmente extraterrestre. Ahora las bandas más jóvenes lo pueden ver, es real, te lo cuento yo: somos uruguayos, somos una banda de amigos, no tocábamos ni el timbre y acá estamos. Trabajamos y vivimos de esto.

La Vela Puerca, desde que decidió armar las valijas, tocó en Paraguay, Chile, Perú, Brasil, Costa Rica, Estados Unidos, México y muchos otros países. Giraron y giraron por Europa: en Alemania y España lo hicieron más de quince veces. En Argentina hicieron el circuito ascendente completo: Salón Pueyrredón, Catulo Castillo, Marquee, Cemento, El Teatro, Obras, Luna Park, Ferro y en octubre del 2012, en Vorterix, hicieron su show número 300 en el país.

Gestión mainstream

“No es fácil tocar en Uruguay, estamos hablando de Montevideo, el resto es casi nulo porque la mitad del país vive en Montevideo”.

Sebastián aclara que no es fácil ni para el under, ni tampoco para el después. ¿Por qué? “En Uruguay las salas de concierto son como hongos: aparecen, duran dos años, cierran, aparece otra, la pelea, cierra. Las cosas no duran; no hay boliches míticos”. ¿Por qué? “Generalmente por ruidos molestos. Los lugares no tienen la infraestructura para que duren: es una guerra con los vecinos hasta que dura lo que dura. Cierran y vuelve la lucha exactamente igual en otro lugar”. En Argentina sucede algo parecido: el artículo contravencional que más traba a los escenarios porteños es precisamente la que pena los “ruidos molestos”.

Porque no hay fomento estatal que ayude a revertir la situación, dice Sebastián: “Podrían perfectamente sacarle todos los impuestos a todo lo que sea cultural: música, teatro, danza, cine. Si nadie es millonario por hacer teatro, danza, música. Entonces si soy mi propio productor, no me mates”, propone.

Ahora La Vela Puerca juega otro partido. Como parte y arte del mainstream uruguayo se interpela cómo hacer para que otros entren a esa misma cancha. Y revelan la manera que ellos encontraron: circulando la información. “Tenemos una agenda abierta para quien quiera consultar, compartir, con quién hablo, con quién no hablo, consejos. Lo hemos hecho siempre y lo seguimos haciendo”.

La fórmula del éxito

Para La Vela Puerca, hay una sola: no te acomodes en el sillón.

  • Conocemos la fórmula que le cae bien a La Vela y repetirla sería el principio del fin para la idiosincrasia de esta fábrica. Lo primero que nos gusta es auto desafiarnos a nosotros mismos para contar cosas nuevas que nos llenen, que nos enseñen y que nos mantengan vivos. Repetir una formular es el principio del fin. Nos gusta el coqueteo con el suicida artístico. Tiene sus consecuencias, también. Entendemos que la vida de una banda es como la vida de cualquier persona: es una parábola que sube y baja; no todo el mundo es feliz todo el tiempo ni es triste todo el tiempo. En el momento que vos entendés esa parábola, la asumís como algo normal. Es así, tiene que ser así. No me la creo la del éxito constante, ni tampoco el fracaso horrible. Cuando vos llegás a cierta masividad es mucho más fácil mantenerte vivo, no en el éxito, pero si mantenerte vivo. La vida es así: Te da solo para quitarte…
Imágenes: NosDigital
Imágenes: NosDigital

Apartado de diván

Y cierto día con el sol en la piel, abrí la puerta de mi lado feroz
y dije lobo no está, ya tenés mi perdón.

A Sebastián Teysera todos le decimos “El enano”. Geminiano, las dos caras aprendieron a convivir.

“Me costó mucho convivir con El Enano y ser Sebastián al mismo tiempo. Me costó diván. Estaba ofuscado, no sabía ni por qué, me cayó la ficha y trabajé en eso: el enano es el enano y Sebastián es Sebastián”

  • ¿En qué parte se tocan?
  • Son las dos personas, abro el espacio a las dos historias. El personaje que uno se creó, que uno es con respecto a la gente y quien es uno en su vida cotidiana.
  • ¿Hay algo que para Sebastián sea innegociable?
  • Sebastián lo que pide es tiempo para ser Sebastián. El Enano odia a todos, es un personaje. Le tengo que dar espacio a Sebastián: es fundamental el equilibrio de los tiempos para ser una cosa y otra.
  • ¿Dónde sos Sebastián?
  • En mi casa soy Sebastián, cuando me voy a pescar también. El Enano toca, pero Sebastián también, y más libre. Eso lo entendí cuando Sebastián tocaba la guitarra y andaba con la guitarra para todos lados, pero cuando la guitarra se transformó en un instrumento de laburo dejé de llevarla. Me iba de vacaciones y no me la llevaba ni en pedo, cuando antes moría sino la tenía. ¿Por qué no me la voy a llevar? No tengo que tocar canciones de La Vela, ni delante de nadie: soy Sebastián.

Comunicar desde el tablado

Tabaré y Yamandú – “Los Cardozo de la Catalina” – ya son sinónimos de murga uruguaya. En el mes de presentación de “Malandra”, el nuevo disco de Tabaré, en ND Ateneo, los hermanos se sientan a pensar la comunicación, las redes sociales y el rol de los artistas.

– Tenemos la suerte de que en Uruguay no había ningún Cardozo artista famoso. Somos “Los Cardozo de La Catalina”, eso te protege un poco, ser los tres hermanos que tienen una murga. No saben bien cuál es cuál – dice Tabaré mientras dos señoras en un bar los nombran: “el simpático, el lindo y el que canta”.

Los Cardozo de La Catalina, son tres: Tabaré, Yamandú y Martín. Salidos de un barrio de Montevideo, Uruguay, las calles se les meten por los pies y salen en forma de palabras. Los tres devinieron en artistas. Hijos de padre teólogo y madre maestra que “rescataban desde siempre las virtudes de cada uno”. Tabaré tiene la lengua entrenada en el arte de la palabra, tira el centro: “Una especie de igualdad comunista”. Yamandú define al ángulo: “Cada uno tiene su valor, sus cosas y es distinto al otro. Nunca nos igualó. Una cuestión cristiano soviética increíble”.

-Siempre nos empujaron a buscarnos a nosotros mismos – dice Yamandú.

Hoy los reflectores en el escenario brillan y los aplausos suenan a estruendos. Tabaré -en su carrera solista y como parte de la murga- y Yamandú Cardozo -director de Agarrate Catalina- se sientan en una mesa de hotel y se pasan la pelota de la palabra, uno a otro. Juntos se vuelven a buscar a ellos mismos.

*

Yamandú hace poco tiempo incursionó en el mundo de Instagram, la red social de fotografías en formato cuadrado a la que podés aplicar filtros -o no- y compartir. Tiene una cuenta, pero no con su nombre, el único objetivo es sacar fotos y que sus amigos profesionales del lente, le digan si está buena o no. Tabaré no utiliza ninguna red social. “No tengo nada”, dice y repite: “no soy gaucho para ese pingo”

IMG_4417
Tabaré y Yamandú – “Los Cardozo de la Catalina”

Tabaré: – Tenés que tener determinado tipo de condiciones personales para hacer determinadas cosas. Así como no estoy en contra de la matemática ni en contra del rugby, pero no puedo hacer una división, no sé las tablas y no tengo fuerza para chocar con una persona con una pelota. No soy un militante en contra, me encanta que haya gente que juegue al rugby y matemáticos pero yo no sirvo para eso, bueno, en este caso es lo mismo. Sé que me metería en líos. Por ejemplo, me la baja ver un famoso que en twitter está en forma muy cotidiana opinando sobre una gilada. No tengo necesidad de ver a mi ídolo en esa situación de comentario de vieja de barrio. Yo sé que mis comentarios son muy de vieja de barrio y que los quiero reservar para el barrio, quiero sentarme en un cafetín con mis amigos a decir cualquier cosa de un jugador de futbol, cualquier disparate.

Yamandú: – Hay cosas que uno dice porque las dice como pensándolas, como para investigarlas si son o no son. A veces para saber si uno piensa o no eso que está diciendo necesita escuchar su eco. El tema es que cuando pasa a un ámbito público, por más que sea un pensamiento en construcción vos lo liberaste.

Tabaré: – Es levantar un estandarte de opinión, cuando en realidad la opinión en el ámbito privado ni siquiera es un postulado. Es una pregunta al viento. Es una opinión antojadiza. A medida que nos fuimos adentrando en el ámbito público involuntariamente, empezás a cambiar tu manera de pensar. Vos no podés emitir opinión sobre cualquier cosa, a la ligera, y tenés que empezar a filtrar lo que decís.

Yamandú: – Es como si fuera ponerte un megáfono en los pensamientos porque sí.

Tabaré: – Es como si mañana se inventara una máquina donde tus sueños quedan estampados, entonces, vos ya no tenés la libertad de soñar lo que querés. Tenés que andar cuidándote a la hora de dormir para ver con qué soñás.

Yamandú: – No nos viene a ver más nadie, Tabaré.

Tabaré: – Como un cuento de Fontanarrosa que llevan en cana a un tipo porque soñó con alguien que no podía soñar. Llegamos a un límite de la trasgresión de la intimidad por motu proprio que vos solo agarrás y te regalás, y elegís mostrar algo que a mí ni me interesa.

-Ustedes como artistas son comunicadores en una época en la que parte de la comunicación pasa por las redes sociales. La velocidad del lenguaje es el de la opinión.

Tabaré: – Justamente nuestro arte es el del pensamiento y la reflexión. Nosotros tratamos de dar el enfoque espiritual y emocional sobre algo. Una cosa es hacer una canción cuplé sobre una temática que charlamos mil veces y a veces estamos seis meses para sacar una opinión que sea el cociente de las opiniones de todos los involucrados. Otra cosa es decir la primer gilada que se te ocurre, que de repente capaz ni siquiera te la crees demasiado y quedás atado.

Yamandú: – Uno va modelando, se va dando cuenta, va descubriendo lo que realmente cree con esa decantación del eco de sus propias palabras. Yo pienso que la mayoría de la gente lo usa por la necesidad de expresión que está genial. ¿Cuándo la gente más comenta?, cuando se indigna con algo, cuando le encanta algo, cuando tiene ganas de compartir algo. A nosotros eso con la murga nos pasa absolutamente todo el tiempo. Lo que nos indigna, lo que nos aterroriza, lo que nos esperanza… lo comentamos, lo hacemos, lo trabajamos, lo tragamos y lo escupimos, lo moldeamos y lo amasamos. Entonces está un poco cubierto también.

Tabaré: – Para nosotros es mucho más fácil ésta también. Si todo el mundo tuviera una murga para pensar seis meses lo que va a decir capaz que tiene la paciencia, pero no todo el mundo tiene eso y todos tienen al alcance este otro medio. Tampoco estoy juzgando a la gente que lo hace, sería irresponsable de mi parte teniendo una murga para decir las cosas y tiempo para meditar, andar poniendo giladas en twitter. Se puede tener un twitter y no poner giladas también, pero pasa que yo no me tengo tanta confianza.

Yamandú: – Además supongo que cuando uno se bautiza, se integra a ese mundo y dice: acá estoy yo, en este lugar, los que quieran venir a escucharme, acá voy a estar yo, que es lo que hacemos cuando podemos en venta las entradas de un show.

Tabaré: – Hay otra cosa: nosotros somos artistas y el arte consiste en generar una obra artística. Lo que estamos mostrando no es la opinión, no es solamente que nosotros decimos cosas, sino que además tratamos de buscarle un costado artístico a la cuestión.

Yamandú: – La belleza de la construcción, ¿no?

Tabaré: – No nos imaginábamos la repercusión que íbamos a tener, tampoco es tanta, pero tuvimos una repercusión que fue desmedida para lo que nos merecemos. Aun así, nunca en ese pacto tácito estaba redactado que íbamos a poner nuestra intimidad, o nuestra personalidad en juego, siempre estaba nuestro arte. Yo la verdad no conozco la cara de Baudelaire, pero conozco sus poemas. Al final del día y al final del siglo, lo que verdaderamente importa es la obra, no tanto la persona. Nosotros tenemos arte para mostrar, y ojalá se difunda por todas las vías posibles: radio, tele, diarios, twitter, Facebook, Instagram, lo que sea sirve. Ahora, mi vida personal, no solo mi intimidad o con quién me acuesto o dejo de acostar, sino el nombre de mi madre, la foto de mi casa, ese tipo de cosas a mí no me interesa que la gente la sepa y en el fondo a la gente tampoco le debería interesar. Me pasó hace poco de estar en una reunión de familia, de esas donde empezó nuestra vocación de cantores, como siempre de cantarola con mi abuelo tocando una tapa de olla, mi tíos cantando todos desafinados, yo tocando canciones que no sé en la guitarra, imaginando los acordes que eran, como siempre. De repente veo a la hija de la mujer de mi primo, filmando y subiendo todo automáticamente. Ahí me di cuenta, por un lado que no podía pudrir la reunión familiar, ¿qué iba a hacer?, no le iba a decir nada, a su vez me cortó la iniciativa porque yo soy un profesional, me gano la vida de esto y no es nada gracioso que me filmes desafinando, medio borracho, cantando una canción que no sé. Ese tipo de cosas es cuando decís: ¿en qué berenjenal me metí? ¿Cuándo compré este león y lo tengo en el jardín si era un gatito cuando me lo regalaron?

Imágenes: NosDigital
Imágenes: NosDigital

-Las redes sociales también simulan una compañía. Con la murga quizás también lo tienen cubierto.

Yamandú: – Es eso. Es la necesidad de la referencia del otro ahí. No sé si en Montevideo o en Buenos Aires en los ’30, con otra vida social, con otra cosa de juntarte, de la tertulia, de lo hablado más real, más físico y más agarrable, hubiera tenido tanto éxito. En un momento y en un modelo bastante dehumanizado en el sentido de cortar y fragmentar, es el resquicio que uno encuentra para encontrarse con otro eventualmente.

Tabaré: – Estoy seguro, si nosotros hubiésemos sido niños en esta época, en lugar de grabar aquellos cassettes, tendríamos un canal de youtube. Y está buenísimo.

Yamandú: – El tema es que nosotros ahora, con las poquitas chispas que nos quedan en nuestros cerebros castigados, no podríamos gastarlas más que en nuestros espectáculos.

Tabaré: – Vivimos de esto, si se nos ocurre una buena idea no la vamos a tirar a internet gratis. La guardamos y la transformamos en parte del espectáculo. Ya estamos más automatizados en capitalizar, me imagino nuestro cerebro como Holanda que le tiene que ganar terreno al mar para plantar tulipanes. Hoy por hoy, existe la posibilidad que haya gente que sepa más de nosotros que nosotros mismos. Hay tanta cantidad de información de cada uno de nosotros online, y tanto archivo de cosas que si realmente alguno se ocupara de hacer un espionaje psicológico de nosotros podría tener el perfil y datos de todo, desde la historia clínica, hasta el comportamiento, preferencias, gustos. Todo. Ya estamos regalando información porque sí. En el arte esa información está codificada, lo que estamos regalando es nuestro cociente, pero no estamos regalando los elementos que constituyen esa cuenta. En algún punto tenemos que empezar a cuidarnos para sobrevivir como individualidades armadas. En nuestra escala, para que no suene que habla Mick Jagger, en una escala tercermundista y muy Montevidiana y muy chica. Pero con la exposición pública tenés un agravante, ponés en riesgo la conformación estructural de tu personalidad. Primero que nada, te conoce mucha más gente de la que vos conocés. Es una calle flechada para un solo lado, donde vos vas como peatón y de frente viene una autopista. Hay mucha más gente que sabe cosas de vos de las que vos sabés de los demás, eso te pone en completa desventaja. Si la información es poder, vos tenés mucho menos poder. Encima estás a corazón abierto, porque si sos artista estás mostrando parte de tu sensibilidad, de tu espiritualidad. Tenés todo tu círculo social completamente tomado y encima sobre-saturado más que cualquier persona normal. El circulo un poco más chico, el de tus familiares y amistades, está erosionado porque no estás nunca con ellos y estás dándole a desconocidos más atención que a las personas que vos más querés. Y la parte esa de vos que ni vos mismo conoces, también está lesionada, porque hay gente que habla de quién sos y saca conjeturas.

Yamandú: – Gente que aporta a una supuesta estructura tuya. Aporta datos de cómo sos vos y los instala. Gente que tiene un Facebook, una página tuya y construye, equivocado o no, te dibuja y queda ese dibujo.

Tabaré: – Vos necesitás armar un estereotipo, necesitas agarrarte de algo porque vos vas a comprar ese producto, querés saber cómo es. Pero a su vez, también vos vas diseñando un modelo de personalidad, que a veces ni siquiera es tu personalidad. Y no es un personaje buscado, es un promedio de lo que va quedando de esa picadora de carne. Entonces para no volverte del todo loco tenés que resguardar alguna parte, sobre todo la parte más tuya para poder reconocerte en eso y estar a salvo. Cada tanto volver a centrarte en el epicentro de lo que hubo antes de esto. Quién era yo antes de ser yo. Voy a la casa de mi infancia, con mis parientes que me conocían antes y me querían antes. Los que te conocían antes, te veían con los mocos colgando cuando volvías de la escuela. Te conocen en una dimensión que vos recuperás cuando te encontrás con ellos.

*

Tabaré Cardozo presenta su nuevo disco: Malandra. Todos los jueves de mayo junto a Agarrate Catalina en el ND Teatro.

La negra y azul

Déborah Dixon fue una de las voces de la emblemática banda femenina Las Blacanblues, que compartió escenario con Pappo, La Mississippi y Los Redondos en los 90′. De Costa Rica a París y de ahí a Buenos Aires, pasando por Madrid, viajamos por las raíces de su canto.

Como dice el bolero: tenía que ser así.

Déborah Dixon larga esa sentencia sentada en un bar de Las Cañitas, mientras se toma una limonada con jengibre para cuidar su garganta, su herramienta de laburo. La frase casi profética es para graficar una carrera que apareció por sorpresa, gracias a un volante de clases de canto negro que encontró tirado en el suelo porteño, y que luego fluyó como los grandes amores. Porque 40 años atrás, antes de dejar Costa Rica, nadie podía predecir que la mayor de siete hermanos haría pie en Buenos Aires para ser pionera y referente de la movida del blues local. “Cantar no es algo que yo tenía pensado hacer de chica. Para nada. Yo me orientaba a lo humanístico. Estudié francés, me dediqué a las letras. Y artísticamente hablando me gustaba más lo que tuviera que ver con las decoraciones. De muy chiquita me gustaba bailar, ese era mi sueño de chiquitita tal vez”, explica.

-¿Y la voz no estaba ya ahí?

– Estaba, pero no era lo que más me atraía. Cantaba en las guitarreadas, en cuanta fiesta había, cantaba los mismos cuatro temas. Eso en Europa sobre todo, pero en Costa Rica ya algo cantaba. ¿Qué temas? En francés la mayoría. Y después cuando fue el golpe de estado de Pinochet cantaba los Quilapayún, Violeta Parra.

Déborah Dixon.
Déborah Dixon.

– ¿A qué edad te fuiste de Costa Rica?

– A los 18. Me fui a estudiar francés. Yo quería hacer la carrera de Letras. Había hecho el bachillerato en un colegio francés. Como se ve que era medio nerd de chiquita pedimos una beca entera y me la dieron. Me gustaba mucho leer, tenía facilidad con el idioma. Estaba habilitada para entrar a una universidad en Francia. Después no seguí, nunca terminé.

-¿Cómo era estar a los 18 en París?

– Fue descubrir el mundo. Imaginate que Costa Rica es un país muy pequeño. Me encontré con una ciudad. Yo ya era fanática de la cultura francesa. Me encantaba la literatura y creía conocer a los franceses. Pero en París estaba todo. Era un lugar donde uno podía hacer lo que le daba la gana, no un pueblo chico donde todos saben lo que hace el otro. Fue una experiencia increíble. Vivía primero con unos negros de Estados Unidos que venían a estudiar. Eso fue intenso. No es fácil entrar, como turista o como estudiante extranjero. Era más fácil relacionarse con gente de todo el mundo que con los franceses.

De aquellas guitarreadas en las que su voz sólo se oía entre los latinoamericanos exiliados en París, Dixon pasó a un escenario en Gualeguaychú, Entre Ríos, para cantar ante más de 150 mil personas. Fue en abril del año pasado, en el concierto más multitudinario del Indio Solari, en el que cantó el Blues de la Libertad. “Fue tremendo. Muy fuerte. Desde ahí arriba ves un mar de gente, que es mejor no mirarlo porque si no es intimidante. Toda la previa estuve re nerviosa. Pero después fue todo bien. Cuando me sentí sostenida por los músicos y lo ví al Indio arengando desde las bambalinas, ya está. Me daba cosa porque nunca pasó que el Indio dejara el escenario para alguien. Ahora no sólo eso: era una mina encima. Y hay gente que por ahí dice ‘yo vine a ver al Indio, loco’. Y al contrario. Eso se sintió enseguida. Para mí fue una prueba de confianza. Un reconocimiento. Un honor, total”. Blues de la Libertad, el tema que compusieron Solari y Skay Belinson en el disco Luzbelito y al que Deborah le puso el alma en Gualeguaychú, bien podría ser un oxímoron. Es que el blues es el género que representa a los esclavos africanos que llegaron a América del Norte y al Caribe entre el siglo XVII y XIX. Quizás así se entienda porque la voz de Deborah Dixon conmueva: de su garganta salen 400 años de historia.

Aunque no suene lógico, a 11 mil kilómetros de su familia, en París, conectó con sus ancestros. “Tenía amigos estudiantes que eran de África. Ahí conocí el racismo más descarado. Hay en todos lados, en Costa Rica también. Pero esa cosa de que te maltraten porque sos de otro país o de otro color ahí lo viví en carne propia. Fue muy fuerte para mí. Yo estaba ávida, averiguaba”, recuerda. A mediados de los 70, hubo un libro que después fue serie y que luego fue furor. Una moda que nació en Estados Unidos y después se globalizó. La novela se llamó Raíces. Narraba la historia de un personaje africano que nació en Gambia, África, en 1750 y que fue llevado como esclavo hasta Estados Unidos. “El libro contaba toda la historia de cómo un negro estadounidense volvió sobre su identidad hasta saber cuál era su origen. Fue una revolución. Todos empezaron hacer el camino de regreso para llegar a África y saber de dónde venían. Mi familia también se dedicó eso, pero llegó hasta un punto, hasta las islas del Caribe. De ahí en más tenés que tener mucha suerte para saber desde dónde llegaban. En Brasil se sabe que los negros llegaban de tal lado. Pero en Centroamérica era más complicado, llegaban de todos lados. Yo sé que tengo una tatarabuela que venía de Bahía, de Brasil, que después apareció en Cuba y se casó con un jamaiquino y vinieron a Costa Rica después”.

De limonada con jengibre.
De limonada con jengibre.

-¿A vos qué te cambió conocer tus raíces?

-Me apasiona. Mi mamá es muy cultora de eso. Nos intercambiábamos cartas larguísimas hablando de eso: lo que escribía, la música, libros, lecturas, lenguas, todo. Es como que nos dábamos cuenta de algunas cosas. Ah, esto debe venir de tal lado. También descubrís las desgraciadas diferencias entre los mismos negros. Si tenés la piel más clara, más oscura. Eso es histórico, más en Francia: si viniste de la Martinica o la Guadalupe sos más claro entonces no se llevan bien con los africanos más puros.

-¿Y el blues también tiene que ver con eso entonces?

-De antes. El jazz, el blues, toda esa música tiene que ver con lo que se escuchaba en mi casa. Era mucha música en inglés porque en Costa Rica los negros, que somos minoría en la población, llegamos de Jamaica. En Costa Rica no hubo esclavitud, los norteamericanos trajeron a fines del Siglo XIX a los negros para construir el ferrocarril. Eran asalariados, una especie de semiesclavitud. Llegaron a la costa del Caribe por las plantaciones de las bananeras y a construir el ferrocarril. En todo América Central pasó algo parecido. Por eso toda la costa tiene poblaciones negras instaladas. En nuestro caso, como llegábamos de Jamaica se hablaba ese inglés jaimaiquino que, mezclado con el español, arma un patois, como un dialecto. Inglés como lo habla alguien cuya lengua materna es yoruba, vas aprendiendo lo mezclás con el idioma del lugar, en español o portugués o francés. Eso lo metés en la coctelera y sale el patois. Mi papá, que era panadero, solo hablaba en eso. “Un vigilante ese wachiman”, como que te diga eso, imposible de entender para alguien que no es de acá.

Deborah Dixon llegó a Buenos Aires en 1984, en plena primavera de la democracia. No vino hasta acá buscando la ruta de sus ancestros. Lo hizo persiguiendo un amor, el mismo que ya la había llevado ya por Madrid y por Bogotá. “Fue muy fácil convencerme de venir a Buenos Aires porque todos los argentinos que conocí hablaban con mucho amor de Buenos Aires. Los argentinos en cualquier lado del mundo que estén no dejan sus costumbres: toman mate, hacen empanadas, cantan sus canciones, todo. Yo nada que ver. Ustedes no se desarraigan. Yo no tenía que estar comiendo arroz y frijoles para sentirme bien. En esa época que yo vine era muy fácil llegar para un extranjero. No era como ahora que está el quilombo con los países limítrofes, si sos bolita y todo eso. Yo estaba feliz, todos me preguntaban de dónde era, qué hacía acá”.

-¿Y qué hacías acá?

-Venía a seguir a mi marido, sin ninguna vocación a desarrollar. Trabajaba como secretaria, en oficinas. ¡Un tiempito fui secretaria de Moyano! Me anotaba en las agencias de empleos y encontraba rápido trabajo porque hablaba tres idiomas y tenía buenos antecedentes. Y uno de los trabajos temporarios fue ahí en el Sindicato de Camioneros. Habré estado dos meses. Hasta que me salió otro trabajo mejor, creo. No me acuerdo. Pero después cuando lo vi por televisión a este señor que devino en un tipo súper importante de la política argentina me di cuenta de que trabajaba para él. ¡Me hubiera llenado de plata! En un momento me cansé de ser secretaria: los tipos te gritan, mandonean, es feo. Me pelée con un tipo en una empresa, me fui y decidí terminar el profesorado de francés en la Alianza Francesa. Di clases, hice traducciones.

Del francés no tuvo tiempo de cansarse. Los tiempos se aceleraron al máximo hasta que la empezaron a llamar la Dama del Blues. Es que desde que dejó salir su voz, Deborah no sólo compartió escenario con el Indio (con quien además grabó la Piba del Blockbuster, en el primer disco solista del ex redondo): también con los Ratones, Dancing Mood, Fito Paez, Pappo, La Mississipi, Joaquín Sabina y más. “Ese apodo me lo puso una vez un periodista. A mí me tienen encasillada con el blues, pero yo canto de todo. Menos folclore y tango, que me encanta pero no sé cantar. Te tiene que pasar algo. Como los japoneses que vienen acá y son más tangueros que los tangueros. Y eso que muchos de los tangos los conozco desde chica como boleros. Cuando vine acá me enteré de que son tangos”. El camino para llegar hasta allí parece haber estado trazado por el destino –“si uno cree en los destinos”, aclara-. Una tarde de fines de los 80, al salir de su trabajo, encontró un volante que anunciaba clases de canto negro. Ahí conoció a Cristina Guayo que le presentó a su propia voz y también las de Cristina Dall, Mona Fraiman y Viviana Scaliza. Juntas formaron Las Blacanblus, una banda pionera, con sello femenino, que deslumbró en la época en que el blues estuvo de moda en Argentina, junto a Memphis, la Mississippi y otras bandas.

Imágenes: NosDigital.
Imágenes: NosDigital.

-Yo creo que nos favoreció. No era común. Pero yo pienso que el tema del machismo existe en todos los aspectos de la vida, en la sociedad. Lo que yo sé es que se valoraba lo que hacíamos artísticamente y porque de alguna manera nos ayudaron a mostrarnos gente como la de La Mississipi, que nos hacían tocar delante de ellos. Ellos tocaron todos en nuestro primer disco. Pappo siempre nos contaba que la que lo hizo descubrir a Las Blacanblus fue una novia que tuvo. Y él decía que fue la primera vez que lo hicieron llorar. Cuando nos presentó dijo “ahora cállense y escuchen a estas chicas”. Y todo eso fue respeto. La Negra Poly también nos ayudó. Tocamos con los Redondos en Huracán. Después las cosas normales de la vida de cualquier mujer: yo además de todo eso, tenía que criar a mis niños. Los llevaba al colegio a la mañana temprano y todos me decían “qué vida que tenés”. Como con mala onda. Sobre todo los padres, los tipos me lo decían. Mi marido viajaba y yo llevaba a los niños. Entonces como me acostaba tarde se me notaba. Y me miraban como “vos vivís de noche”. Hasta que una vez en el colegio me defendió otro padre: “a ver si entienden que ella trabaja de esto, que al público le gusta lo que ella hace y aparte está ahora trayendo a los hijos al colegio. A ver si ustedes se bancan eso”. Hay mucho prejuicio. Mucho: “Ah, sos músico. Qué bueno. ¿Y de qué laburás?”.

-¿Cómo fue que te animaste a cantar? De tu primera clase hasta que te subiste al escenario fueron un par de años.

– Blues, Gospel, todo eso empecé a cantar. Yo era la única que no me dedicaba a la música de las blacanblus. Ellas la tenían clarísima y querían eso. Surgió la posibilidad de empezar a tocar aquí y allá. Y aparecieron unos padrinos grosos que nos ayudaron. Cristina es la culpable de todo, es quien hizo que yo me diera cuenta de la voz que tenía. Yo no lo sabía, para nada. Yo pensaba que no, pero de a poco te vas liberando en las clases de canto. Yo estaba feliz. Le empecé a hacer caso, ella me recomendaba tomar clases de técnica con una mina del Colón que hizo que si yo tenía una voz así (hace un gesto corto con los dedos) pasara a tener una así (ahora el espacio entre los dedos es mayor). Cristina de entrada me decía “vos tenés que dedicarte a cantar”. Y fue así

Los niños de YouTube también crecen

Desde los 6 años que la conocen millones de personas. Pasado el sueño infantil de ser famosa, Wendy Sulca construye su carrera artística en la música autóctona andina. “Hay mucha gente que lo ve chistoso, y a mucha otra gente le encanta como canta”.

 “El peor error que a menudo cometemos es que juzgamos a las personas sin conocerlas; nos hacemos imágenes preconcebidas, quizás por prejuicio, sin pensar por un segundo en lo que ha sido su vida, sin saber su historia, su VERDADERA historia. Juzgar es fácil y criticar también cada vez que algo no nos parece lo adecuado o simplemente es diferente, pero ¿quiénes somos realmente nosotros para juzgar? Nos hemos acostumbrado a ver solo a través de nuestros ojos y criterios; no permitimos a nuestra alma sentir con el corazón ni conmoverse con una historia que quizás hayamos tenido suerte en no vivir”.

Extraído de La verdadera historia de Wendy Sulca, más allá de La Tetita.

 –

Antes que nada, antes que todo: Wendy Sulca es el nombre real de una joven peruana que está por cumplir 19 años.

Wendy.
Wendy.

Sin tacos, Wendy desciende unos 15 centímetros, sin vestido, Wendy usa una remera sin marca, sin pollera, Wendy usa un short negro y sin maquillaje, anteojos negros grandes. La Wendy que sale por una puerta y la que vuelve después de 25 minutos, ya producida para las fotos, parece otra pero es la misma.

Una es la Wendy Sulca cantante, la de las millones de visitas en YouTube; otra es la Wendy Sulca hija de Lidia y Franklin, criada en el humildísimo cerro de San Juan de Miraflores.

Ahora, Wendy ya tiene casi 19 años – y no refleja para nada a la niña de los videos millonarios de YouTube – y es una joven que está transitando el trecho de la adolescencia a la adultez, de manera adulterada: desde los 6 años que la conocen millonadas de personas.

Aquí, en un departamento alquilado en Nuñez, su madre Lidia está sentada en un puff detrás de Wendy estudiando sus palabras y entrometiéndose – atinadamente- en la charla cuando piensa o siente que tiene que dar una explicación. Lidia es el motor responsable del fenómeno Wendy Sulca, que es su propia hija, en todos los sentidos no-lineales posibles: genia o culpable, Lidia es la encargada de cumplirle a su hija el sueño infantil de ser cantante, o mejor, de ser famosa. Convengamos que su anhelo no es muy distinto al de millones de adolescentes, y al de millones de madres.

Así, en las calles de Argentina, la gente no reconoce ni saluda a Wendy, salvo cuando se sube al escenario después de las 12 de la noche y con un público embebido. En Perú, según cuenta, sí la reconocen en todos lados. En ese sentido la ilusión de Wendy ya está cumplida: es famosa.

¿Cómo continúa ahora ese sueño realizado – siempre aparentemente- mientras los hobbys, los amigos, los estudios y la vida misma de una joven adolescente se parecen cada vez menos a Wendy Sulca?

¿El show must go on?

La gente contesta algunas cosas en sus videos: “Peruana macaco dedicate a otra cosa”, “sólo te hiciste conocida por ser una burla”, “jajajajajajajajajajaja!!!”, “por qué nadie le dice a esta chica que canta como el culoooo?”, “debería ser ilegal”, “es normal que me sangren los oídos XD?”, “JAJAJAJAJAJA”, “DIOSITO LLEVATE A WENDY SULCA, Y DEVUELVENOS A MICHAEL JACKSON :(“, etc.

El etcétera es tan insoportable que pone en evidencia – como la cantidad de visitas- lo que el fenómeno Wendy es a la vez:

–      ¿Una cantante estrella?

–      ¿Un “producto del mercado”?

–       ¿Un efecto de un consumo alocado?

–      ¿De nuestro humor colonizado?

En esta nota Wendy habla, cuenta, contesta, y se ríe todo el tiempo.

“Pasaron dos segundos desde que comencé a cantar, cuando toda la gente del colegio empezó a aplaudir y a reírse por cómo lo hacía, y cantaban conmigo. Mi mamá, que estaba nerviosa y preocupada por cómo cantaría, lloró de la emoción y no aguantaba la risa al escucharme. Dice que cantaba como viejita, con ese agudo, ese gallito tan típico que tienen algunas personas que cantan huayno, sobre todo las señoras”.

Con orgullo, sus raíces andinas.
Con orgullo, sus raíces andinas.

Wendy Sulca nació pesando 1900 gramos. Su padre Franklin y su madre Lidia no habían deseado ni prevenido el embarazo. Su pobreza parió una beba con problemas de nutrición que se manifestaron en el hambre voraz de Wendy: su libro – editado sólo en Perú- cuenta que vaciaba la teta de su madre y hasta otras tetas de otras madres que pudieran seguirla alimentando.

Su historia personal y la de la cantante empiezan a hilarse con su éxito más conocido (13 millones de visitas en Youtube, más de 100 versiones del tema) que se llama, no casualmente, La tetita. La canción fue compuesta por su madre Lidia y dice:

De día, de noche
quisiera tomar mi tetita
de día, de noche
quisiera tomar mi tetita

Cada vez que la veo a mi mamita
me está provocando con su tetita
Cada vez que la veo a mi mamita
me está provocando con su tetita

Ricoricoricorico, que rico es mi tetitaa
mmm!! rico!! qué rico es mi tetita…

El trasfondo de la letra es, claro, la anécdota de Wendy, pero ampliada a un contexto: “La tetita se hizo pensando en los niños campesinos, para promover la lactancia materna”, cuenta Lidia su sentido.

El video del tema arranca con unos peluches esos de juguete, que se mueven y emiten cierto ruido, hechos también por la propia madre Lidia que es fabricante de peluches de oficio (en serio). Las imágenes luego intercalan a un grupo de niños (“campesinos”), una vaca, una madre amamantando, un arpista tocando su arpa, Wendy a los 6 cantando y bailando, todo en un paisaje de palmeras que es en el distrito de Huacaña, lugar donde – también- nació la madre de Wendy Sulca. “Los productores nos dijeron ´lo hacemos acá nomás en una plaza de Lima´ y yo le dije nonono, si no tienen plata yo corro con los gastos de los pasajes de los camarógrafos y todo eso… Eso lo hice, pero después no encontramos pasaje para nosotras, y nos fuimos en el bus abajo donde van las encomiendas, los bolsos. Ahí nos fuimos”.

Wendy: “Y los camarógrafos ahí arriba (ríe). Pero felizmente encontramos, ¿te acuerdas?, un colchón que estaba doblado, rompimos la cinta y fuimos durmiendo. Y para no quedarnos asfixiadas había como una tapita, la abrimos y entraba el aire por ahí…”.

La madre: “Mis hermanos me decían: estás loca. ¿Pero qué iba a hacer? Si los camarógrafos estaban arriba, no me podía quedar. Si van los bolsos, ¿porque no podría ir yo?”.

¿Cuánto tiempo viajaron en la bodega de los bolsos?

Al unísono contestan: “12 horas”.

Y se ríen.

La carrera de Wendy Sulca fue extrema hasta ese punto. “Venimos de una familia muy humilde, nosotros vivíamos en San Juan de Miraflores, en uno de los tantos cerros que hay. Hemos sufrido mucho, mucho”, remarca la joven Wendy. San Juan es indicado como uno de los distritos más pobres de la provincia de Lima, al sur de esa ciudad, con 400 mil habitantes. Está rodeada por cerros también bien poblados, al mejor estilo La Paz, con menos densidad de población que esa ciudad pero con más que la capital argentina. Wendy se crió en uno de esos cerros, que son siempre más humildes que la ciudad. Su madre compara: “San Juan es un distrito como la provincia de Buenos Aires, un poquito apartado de la ciudad. Seguimos viviendo ahí pero estamos en la zona B”. Según cuentan las Sulca, en San Juan existen las zonas A, B, C, D y E: ellas pasaron de la D a la B hace tres años, donde alquilan “un departamentito”. “Ahorita no podemos comprar, o sea sí podríamos pero estamos invirtiendo en Wendy. Ustedes no se imaginan cuánto cuesta… Yo sé que no hemos hecho grandes cosas todavía, ni siquiera un videoclip bueno… Estamos trabajando en eso, en el disco, hacer un buen videoclip que cuesta carísimo. Por lo pronto estamos en un mini departamento enfocadas en eso porque, ojalá Dios quiera, lo importante es hacer el disco de Wendy y que siga su carrera”.

Que Wendy sea la prioridad quedó claro en otra de las historias que cuenta la propia hija única: “Una de las tragedias que más nos tocó a nosotras fue la muerte de mi papá. Era mi arpista, yo siempre cantaba con él, él me apoyo desde el primer momento. Fue un momento decisivo de si seguir cantando o no seguir cantando. Imagínate, yo era una niña y estaba acostumbrada a cantar con mi papá… Me acuerdo que mi mamá me pregunto: ¿Vas a seguir cantando o no? Porque es muy difícil una carrera de cantante, y cuesta mucha plata… Pues, nada, decidí seguir adelante porque tanto habíamos luchado… recién empezábamos pero ya habíamos sufrido mucho: no nos pagaban en los locales, volvíamos caminando con mis polleras y el frío hasta mi casa, a veces nos quedábamos a dormir en el boliche para el siguiente día venirnos en bus… No teníamos suficiente dinero. Todas esas cosas yo me ponía a pensar: mi papá quería que yo siga adelante. Yo creo que por él, por mí y por mamá yo seguí adelante”.

Lidia, que escuchaba a su hija contar la historia con madurez, se incorpora en el puff para explicar su parte: “Yo fabricaba peluches, esos mismos que aparecen en el video de La Tetita. Mi esposo trabajaba para pagarles a los músicos, y yo trabajaba para comer. Cuando mi esposo fallece, yo dije ´si con mi esposo dormíamos en los locales porque no nos alcanzaba el dinero´… ¿Cómo quieres que trabaje para los músicos, para hacer tu vestuario y para comer? Y encima me quedé con muchas deudas. No vas a cantar porque yo, la verdad… yo voy a trabajar para educarte y para la comida. Ya no vas a cantar”.

Silencio.

“Se puso a llorar y me dio tanto la pena… ver llorar a mi hija… truncar sus sueños porque su papá murió… Yo dije: no. Haré lo que sea y que Dios nos ayude. Pedí dinero al banco, hice polladas, iba trabajando y pagando cuota por cuota… y hemos avanzado un poquito. Gracias a Dios este año visitamos diferentes países, hemos podido presentarnos en muchos lugares. Acá tocamos en boliches, pero en México tocamos en un auditorio. Eso ya es un avance, ¿no?”.

El mismo día de la grabación de La tetita se hizo también Cerveza (8 millones de visitas), su segundo gran éxito, el que más ruido hizo por ser una niña de seis años que canta “señor cantinero, deme más cerveza”. Wendy: “Sí, obviamente, era raro ver a una niñita de otro país cantándole a la cerveza… Si yo lo veo, no voy a entender. Pero en Perú la música folclórica se suele cantar así. Yo fui una de las primeras niñas que salió a cantar ese tipo de música”. Lidia completa: “En Argentina u otros países algunas personas no conocen de dónde viene la música autóctona, el arpa, la guitarra. Tal vez lo pueden tomar como chistoso, pero no tienen conocimiento de dónde viene, que viene de los Incas”.

El consumo de Wendy Sulca en distintas partes del mundo pone en juego una serie de valoraciones que, si parten del prejuicio o no, a las Sulca las tiene sin cuidado: “Como sea, así también se abrió la puerta a muchos países, de la manera que haya venido. Hay mucha gente que lo ve chistoso, y a mucha otra gente le encanta como canta Wendy”, asegura su madre. “La gente gracias a Dios le quiere a Wendy. Y esa es la satisfacción que ahorita llevo en mi corazón. De lo poquito que hemos hecho hasta ahorita, como lo hemos hecho a pesar de todas las cosas que nos han pasado… Este es el comienzo. Yo quiero que mi hija avance mucho más”.

¿Wendy quiere? “Pues obvio, sí”.

Ante la atenta mirada de su madre, Wendy parece saber lo que conlleva esa elección. “Estudiar es muy muy difícil porque si ya en el colegio se me complicaba mucho, por lo que faltaba por las presentaciones, estar en una universidad es mucho más difícil, me dicen”. Durante el año pasado Wendy intentó un cuatrimestre en Administración de empresas, pero tuvo que dejar por los viajes como éste.

“Este año, sí o sí”, sentencia la madre.

Wendy: “No se sabe, ¿qué tal si salen más cosas?”

-A la distancia, pero tienes que estudiar.

-Ojala que se pueda… Yo igual quiero seguir preparándome, obviamente, estudiar actuación, canto, baile, prepararme mucho más para lo que se viene – vuelve Wendy a la charla periodística. Durante el 2014 Wendy estudio canto e hizo un taller de baile. “Soy cero deportes, soy malísima. Hobby no, aparte de cantar me gusta actuar y aparte de eso… de chiquitita me gustaba dibujar, pero ya no”.

Imágenes: NosDigital
Imágenes: NosDigital

¿Qué hacen los chicos de su edad, de su barrio, sus ex compañeros de colegio, los jóvenes de 19? “De repente personas muy humildes van a las calles a pedir limosnas, vender caramelitos. Pero no, mis compañeros no trabajaban. Lo que pasa es que yo de muy chiquita salí a cantar con mi papá y en uno de esos gané un concurso representando a mi distrito. Y justo el alcalde vio eso, le gusto que ganáramos y pues me apadrinó. Él se encariño mucho conmigo, fue mi padrino de bautismo, me becó en un colegio de clase media, uno de los más importantes, y estuve con chicos de clase media; tampoco de clase alta, pero de clase media que tenían de todo… Y yo no mucho que digamos”.

Luego siguió el turno de En tus tierras bailaré, que cosechó que 4 millones de visitas… En él Wendy hizo trío con otra cantante peruana, la Tigresa del Oriente (“yo la escuchaba cuando chiquita”) y el Delfín (“no lo conocía”). ¿Qué tienen de común? “Lo común que tenemos es que hacemos música autóctona… ¿Acá le dicen ´tropical´?”.

Wendy, La Tigresa y el Delfín cantaron “Israel, Israel, qué bonito es Israel” por pedido de un productor argentino, que les aseguró fama internacional con ese videoclip. “Nosotros en ese tiempo nos habíamos alejado un poco de la música. Yo solo estaba estudiando. Porque nos habían robado mucho, porque salí un poco en la televisión y la gente piensa que por salir en la televisión uno tiene dinero. La verdad que fue muy duro, estaba muy nerviosa, tengo mucho terror porque entraron a mi casa armados, tapados… Dijimos que mejor había que dejarlo por un tiempo, terminar el colegio y después seguir… Ya lo habíamos dejado. Y pues nos llegó esa propuesta de la nada y wow. Bueno, hay que hacerla, no perdemos nada”.

Wendy sumó 4 millones de visitas y su carrera truncada por la pobreza familiar volvía al ruedo inesperadamente. El impulso derivó en un primer viaje a Argentina – donde las Sulca tienen familia en Villa Celina- y luego Colombia (dos veces), Ecuador (2), Chile (2), México y España, donde participó en un festival de YouTube.

YouTube le paga por sus videos desde el año 2010.

El mismo productor argento de En tus tierras bailaré propuso el siguiente paso: un cover de Madonna (“no la conocía”), Like a Virgin (3 millones 6 mil visitas). La lectura del productor seguía su crecimiento: Wendy ya tenía 17 años. “Cuando era chiquita pues solo escuchaba música folclórica: mi papá trabajaba en mi casa y ponía esa música. Cuando fui creciendo, las amigas, en el colegio escuchaban otro tipo de música, más variada”. Wendy cuenta que hoy le gustan Lady Gaga y Lali Espósito.

“Cuando era chiquita mucha gente me veía diferente, muy chiquita. Creo que ahora estoy en una nueva etapa, obviamente crecí y quiero hacer otras cosas, evolucionar. También cambiar un poco la imagen y todo eso”, comenta.

Al mismo tiempo, Wendy se fue dotando de un discurso sobre lo que hace, que pone sobre la mesa desde sus primeros hasta sus últimos videos: “Creo que hay muchas que cantan pop, muchas, y yo quiero hacer algo diferente. Quiero fusionar la música de Perú con el pop, seguir usando mis polleras… Mucha gente me dice eso: ´me identifico mucho contigo, me encanta que ames de donde eres´. Porque me siento orgullosa de eso. Quiero que me recuerden por alguien que se identifica con lo que es, sus raíces, su cultura, y que quiere difundirla al mundo”.

Mientras Lidia cocina un almuerzo tardío, en el living la Ya No Tan Pequeña Wendy se maquilla y al mismo tiempo mira el celular que le avisa que hoy (ese día) un cantante chileno lanzó una canción en la que ella colabora y que #WendySulca es trending topic.

Y se ríe.

El tango de hoy

La Orquesta Típica Fernández Fierro ya dejó en claro que de típica no tiene nada. Desde la trinchera del tango, hay algo que en estos 15 años de existencia no varió: “Lo importante siempre fue mantener un grupo que se dedica a la música auténtica, de nuestro tiempo y sincera”.

Falta un poco más de una hora para que el miércoles se convierta en jueves. En la calle Sánchez de Bustamante al 700 existía hace años un taller mecánico. En la vereda un gato, mascota del lugar, cuida la puerta de lo que hoy es el Club Atlético Fernández Fierro. La persiana está abierta desde hace rato. El club social y cultural fue fundado por la Orquesta Típica Fernández Fierro para llevar su show -y el de muchos otros músicos- al escenario de su propia casa.

La Fernandez Fierro en Almagro.
La Fernández Fierro en Almagro.

 

El público copó todo. No quedan sillas ni mesas libres. Los últimos en entrar se sientan en las gradas del lateral. Desde hace diez años, los miércoles se espera aplaudir a la orquesta cuando sale a escena.

*

– ¿Cómo se sostiene un ciclo tanto tiempo?

Desde varios lugares distintos, primeramente creo que las ganas de hacer algo artístico. Ninguno de nosotros pensó en poner una empresa cultural, sino en hacer música. Fue eso lo que nos unió desde un principio y sigue siendo lo principal.

Las ganas hablan de una necesidad que excede un género musical, mucho más amplio que tocar tango. Yuri Venturin, contrabajista y miembro de la primera hora, lo aclara: “Me refiero a algo artístico, podría ser cualquier otro tipo de música”.

La Orquesta Típica Fernández Fierro arrancó en el 2001, aunque muchos de sus músicos tocaban juntos desde antes. Son, desde entonces, una multitud en escena: 12 músicos y una cantora, Julieta Laso, que en la previa al show come empanadas mientras Los Piojos suenan en los parlantes del lugar.

Julieta Laso en voz.
Julieta Laso, voz.

– ¿Yuri, reconoces algo del 2001 en la Orquesta?

– Creo que no tiene que ver con ese momento de crisis. Si bien en los momentos complicados el arte es una ayuda, es necesario en todos los momentos, de crisis o no. Para nosotros siempre fue complicada la situación económica, al día de hoy también. Como dice un músico amigo, la abuela siempre te decía: “la profesión de artista no es rentada”. Si bien la situación del país cambió muchísimo en estos años, nosotros la tenemos que seguir remando casi siempre igual. Para las personas que nos interesa hacer arte -y ese es el principal objetivo- no hay una situación de panacea nunca.

– Si hay una situación de remarla, ¿en todos estos años qué herramientas creés que fueron desarrollando para seguir?

– Creo que hemos madurado bastante como grupo y como individuos, muchos ya hemos pasado los 40 años y también al haber trabajado mucho tiempo vamos conociendo no solo el lado profesional, sino también el humano. En cierto aspecto estamos más profesionales, más sosegados, tenemos más claro lo que es lo importante y lo que es accesorio.

Yuri Venturin, contrabajista.
Yuri Venturin, contrabajista.

– ¿Lo importante cambió en estos años?

– Lo importante siempre fue mantener un grupo que se dedica a la música auténtica, de nuestro tiempo y sincera.

*

Las luces se apagan y la Orquesta Típica Fernández Fierro sale a escena. Julieta aparece en el segundo tema. Combate el calor con shorts de jean y un rodete en el pelo que cada tanto desata y libera sobre el micrófono. El escenario parece desgarrarse. El cuerpo se saca de a pedazos, por las manos y por la voz.

En vivo.
En vivo.

Son jóvenes y así se muestran. No sostienen otra actitud –ni arriba, ni abajo del escenario- que sea la de ellos mismos. La Orquesta Típica Fernández Fierro es tango que habla del ahora.

– Siempre quisimos hacer la música que tenemos ganas de escuchar. El tango de antes nos gusta pero ya está, ya pasó. Ahora hacemos lo nuestro.

Yuri lo dice: música de nuestro tiempo y sincera. Llevan en sus manos trabajos discográficos que dan testimonio: Envasado en Origen (2002), Destrucción Masiva (2003), Vivo en Europa (2005), el DVD Tango Antipánico (2005), Mucha Mierda (2006), Putos (2009), TICS (2013) y su último material En Vivo (2014).

– Su música al ser sincera con la época, ¿creen que es popular?

– Si, por supuesto. Está dentro de los parámetros de lo que es la música popular, esto definitivamente no tiene nada que ver con que la música la escuchan 10 personas o 100mil.

– ¿Entonces lo popular no tiene que ver con lo masivo?

– No, lo popular cumple con ciertos requisitos de género musical, un ritmo, una melodía reconocible, es música del pueblo, una persona puede ir por la calle silbando la melodía o cantando la canción. Cuando eso deja de ocurrir, muchas veces hay músicas populares que se alejan de lo que es la expresión popular. Ha pasado en el tango, en el jazz, en el rock. La música que hacemos nosotros es popular.

– ¿Pero sí puede ser masiva?

– Si, tenemos ejemplos de sobra.

– Entonces, lo popular no es necesariamente masivo. ¿Lo masivo es necesariamente exitoso?

– Lo masivo, sí claro, es exitoso.

– ¿Y lo popular?

– Puede serlo o no.

– ¿Y ustedes se consideran exitosos?  

– Relativamente acá tocamos y siempre hay gente, no somos más famosos que Jesucristo pero nos defendemos.

*

Bajo las tablas el calor se combate con cerveza fría. La bebida y comida tienen precios de esos que se llaman populares, el lugar se sostiene entre todos. Un grupo de pibes que hablan en inglés agigantan los ojos desde las gradas. Los músicos están acostumbrados a pararse frente a diferentes públicos. Su tango visitó más de 20 países y numerosas ciudades. En su perfil de Facebook, su biografía se lee en castellano y en inglés. Su material “Vivo en Europa” se describe en su web: “Disco pirata oficial. Grabado en vivo muy cerca de Suiza, en el 2004”. De su sonoridad se habla en la prensa de muchos países, en muchos idiomas. “Siempre es positivo conocer otras culturas, ver cómo reaccionan con la misma música. A veces no hay tantas diferencias. A veces aquí en Buenos Aires hay más prejuicios en cuanto al tango que en lugares donde no saben lo que es. Al ser algo desconocido no tienen ningún preconcepto de lo que van a escuchar, si es tango nuevo, viejo. Si usan zapatillas o la camiseta de chacharita”.

Muchas de las tablas a las que subieron en Europa fueron dentro de festivales denominados de World Music, festivales que no responden a un género musical determinado, son de música y ya. En el CAFF “hay bastante comunión”, dicen y abren las puertas a que esas mixturas se produzcan cerca de casa. El sábado 21 de marzo, la música será protagonista de Lollapalooza Argentina: la Fernández Fierro compartirá grilla con Jack White, Calvin Harris, Robert Plant, Molotov, Miss Bolivia, entre muchos otros.

Imágenes: NosDigital
Imágenes: NosDigital

No sabemos sin son más famosos que Jesucristo, pero en el Club Atlético Fernández Fierro suenan firme y fuerte. Resuenan. Quizás en algún lugar del mundo, alguien los esté silbando.

*

La Orquesta Típica Fernández Fierro son: Federico Terranova, Pablo Jivotovschii, Bruno Giuntini y Alexey Musatov en violín. Juan Carlos Pacini en viola. Alfredo Zuccarelli en violoncello. Flavio Reggiani, Julio Coviello, Eugenio Soria y Fausto Salinas en bandoneón. Santiago Bottiroli en piano. Yuri Venturin en contrabajo. Julieta Laso en voz.

Sus próximas fechas en: http://fernandezfierro.com/

Con fuego en cada palabra

Sara Hebe fuerza cada gesto para expresar con el ritmo de sus letras las injusticias que le atraviesan el cuerpo. A punto de lanzar su tercer disco con marcas de rap y rock asegura que “puede haber un mundo mejor… si es que no estalla antes”.

Lo vio girar el volante con los ojos encendidos y ya supo lo que venía. Apretó los párpados. Mientras ella clavaba las uñas en los costados del asiento, su papá alternaba freno de mano y embrague en una coreografía frenética. El humo apenas dejaba adivinar los círculos concéntricos que los neumáticos marcaban a fuego sobre el asfalto. Tras la vuelta final, lo miró con las muelas pegadas intentando evitar el rebote de la inercia. Él también la miró, brilloso de sudor, y se rieron juntos. Sara Hebe recuerda esta escena de infancia y parece todavía llevarla en la piel. En sus ojos claros, se asoma un compendio de aventuras cotidianas. De movimiento, giros, impulsos. Como un trompo.

Sara Hebe, una de las voces fundamentales del rap local, nació en Trelew en el 83’. En algún momento, dice, quiere volver. Lo planeaba para los cuarentaypico pero ya lo postergó para los 60. Una madre estudiante de Letras devenida en empleada por necesidad y un padre “bastante loco”, vendedor innato aunque con poca suerte y fanático del automovilismo. Hay también en el árbol genealógico una abuela materna poeta. Y Sara, por momentos, se inscribe más en esa línea de la escritura y la comunicación que en la de la música: “Rap significa ritmo y poesía, es muy sobre la palabra, es bailar hablando. Tiene que ver con encontrar el ritmo de uno. Empecé por el rap porque es hablar, entonces era buenísimo para lo autodidacta que soy, que no me gusta estudiar nada. En el rap lo central es el discurso”.

Sara Hebe se presentará el 20 del junio en Niceto.
Sara Hebe se presentará el 20 del junio en Niceto.

– ¿Y cuál es tu discurso?

– Me interesa hablar de lo que pasa, lo que veo, sin pensar tanto, muy de impulso. Pasa algo y quiero quemarlo todo, sacarlo, porque no lo soporto adentro.  También me pongo en otras pieles. Aunque es difícil, pero miro otras realidades y me imagino cómo debe ser, qué se sentirá. A veces cuento en primera persona cosas que no vivo.

Sara poetiza sobre lo cotidiano, lo instantáneo y contingente. Como una antena camina la vida con oídos esponja y encuentra en las frases fragmentadas y expresiones al pasar su material de trabajo. Ese andar distraído y soñar, dice, son los métodos que no le fallan: “Porque soy un desastre, una vaga total para sentarme a escribir. Entonces me sirve eso de escuchar por la calle y anotar, pero igual soy pésima porque ¡no tengo birome! Nunca me acuerdo de comprar. Por eso te digo que soñar, sueño seguro, entonces me despierto anoto una frase y construyo alrededor de eso”.

– ¿Qué te atrapó del género?

– El hip hop y el rap nacieron como espacios de denuncia y de reclamo por derechos. Pero como una resistencia vital y alegre. Tienen esa impronta de urgencia, de decir esto está pasando, el freestyle, la improvisación como herramienta. Igual yo no pertenezco a la cultura hip hop, vengo más del rock, aunque nunca fui de pertenecer a algo, sino más de andar por ahí.

– ¿Cómo relacionás la música y el arte con las luchas sociales?

– La verdad es que voy y vengo entre algunas sensaciones. A mí siempre me movilizaron las injusticias, me dan mucha rabia los intereses creados, cómo se utilizan las necesidades, la desigualdad que hay… Creo que la música, como el deporte, las letras, el periodismo, pueden ser herramientas de transformación, como líneas de fuga para hacer algo. Que la palabra se use para expresar, para escribir, para pensar, para elevar la voz. Pero también soy bastante pesimista. Por ejemplo, yo acompañé, desde mi lugar, la lucha contra el desalojo de Gascón 123 y después hubo 88 mil desalojos más. El arte genera conciencia, pero también pienso si a la lucha no la absorbe el propio sistema.

Imágenes: NosDigital
Imágenes: NosDigital

– ¿Eso no te desencanta?

– Sí y a veces digo: qué estoy haciendo. Tengo un amigo, La Ponzoña – nos hace los flyers y también la tapa del disco que viene – que acaba de publicar un libro que se llama “Tarde para todo”, y así me siento a veces. Creo que el cambio se puede dar en la micropolítica, en las relaciones, el día a día, todo lo que hacemos, eso puede mover el engranaje construido hasta ahora. También pienso en algunos avances de estos años, como el Matrimonio Igualitario y la Ley de Identidad de género, y me parece buenísimo que los pibes de hoy crezcan con ese marco. Y ahí entonces sí creo que puede haber un mundo mejor… si es que no estalla antes.

– ¿Y qué te pasa con el mote de militante?

– No me interesa definirme así, más allá de que me identifique con ciertas luchas y las acompañe desde lo mío. Como en Gascón, Sala Alberdi o como en el documental Nunca digas Nunca, sobre desaparecidos en democracia, que hicimos la música con Ramiro Jota. Porque también la gente pretende que estés en todas las movidas y no entienden que vos también estás laburando.

Sara Hebe empezó a trabajar en su primer disco en el 2007, después de que su profesora de teatro, Mirta Bogdasarian, la empujara a la escritura. Empezó a bajarse bases de Internet y a improvisar y componer sobre eso. Ya hacía un tiempo que había largado Derecho, primero en CABA y después en Córdoba, y había encontrado en la actuación su refugio. Finalmente apareció la palabra propia y ahí ya no paró.  Desde el primer micrófono que agarró en un bar de por ahí hasta hoy: “Yo me cebo igual, la gente es lo que me entusiasma, la comunicación”. De esos años de descubrimiento y experimentación, nació “La hija del loco” en 2009. Tres años después, salió “Puentera”, el disco que le apuntó todos los reflectores. Y hoy, repitiendo exacta la distancia, está a punto de lanzar el tercero:

– ¡Tres años! Imaginate el proceso… lento! Soy re lerda. O por ahí tuve un montón de tiempo trabada. Y de repente, salen tres temas. Me pongo medio nerviosa, necesitábamos terminar. Igual no me apuro, no hay ningún tiempo de mercado que nos corra. Siempre hice discos sola. No sé qué va a pasar. No sé si va a ser tan bueno. Escribo y después digo, ¡¿qué es esto?! El primer tema que fue para este disco lo escribí hace bocha. Pero los últimos son de ahora y no hubo tanto tiempo de revisar. Por momentos, digo: “¿Qué es esto? ¿Por qué dije esto? Me complico la vida. ¿Qué va a pensar la gente? Con esto me hundo”. Pero también me agarra la ansiedad, ya lo quiero sacar, pasar a otra cosa, ensayarlo.

Su próximo disco ya tiene nombre: Colectivo vacío.
Su próximo disco ya tiene nombre: Colectivo Vacío.

– ¿Cuándo lo presentan?

– El 20 de junio en Niceto, no lo anunciamos todavía, pero ya tenemos reservado. Un cagazo grande porque es enorme. Es otro precio también. Pero voy a tocar ahí porque tiene muy buen sonido. A mí me encantaría ir a un club, seguir tocando en esos lugares, pero este tiene un sonido de la puta madre, están instalados hace mucho tiempo, con laburo de prensa. Es una inversión. Si tocás ahí salís en todos lados, bah… ¡más les vale que lo pongan en algún lado! Una rabia me da. Espero no irme a las piñas. El arreglo es, como en la mayoría de los lugares, 70-30, pero después de que les pagues una buena suma. Hay que cubrir una moneda primero. Son gastos de producción, tienen lo que tienen. No sé si es el mismo acuerdo con todos. Seguramente si sos re famoso, por ahí a ellos les sirve y te hacen menos.

– ¿Cómo financian los discos?

– Es pedir plata y devolverla. Gastar y recuperar vendiendo los discos. Con este disco no sé qué hacer, me tiene mal porque no sé si hacerlo solos de nuevo. Yo hice discos con la UMI (Unión de Músicos Independientes) pero ahora no sé porque como que solo voy a la UMI para sacar el disco, el resto del año nada y resulta que ahora debo $1600, porque hay una cuota por mes. No sé qué hacer, porque también lo puedo hacer con un sello, pero me da miedo. Cuando lo hacés con un sello, algo le tenés que dar y ¡le tenés que dar derechos! Yo no lo puedo creer. Eso es lo que no me gusta. Cuando hacés el disco solo, cobrás un poquito por SADAIC, porque mis discos figuran como inéditos, pero si lo hacés con un sello pasás a otra categoría. Pero yo no soy muy buena para estar con gente, siempre me termino peleando. O sea que ya me veo con los del sello… porque firmás un contrato, ¡te tenés que llevar bien por tres años! Bah… capaz que lo hacemos. Quiero ya sacar el disco.

– ¿Tiene nombre?

– Ay no sé si decirlo o no. ¿Lo digo o no lo digo? Qué vieja chota me estoy poniendo. ¿Qué hago? Nunca lo dijimos, porque yo soy de terror, no quiero decir nada, mirá si lo digo y pasa algo. Bueno, el disco se llama “Colectivo Vacío”. No le digan a nadie. ¿Cuándo hay que decir el nombre de un disco? Capaz ahora ya podemos decirlo. Bueno, no sé, entonces sí.

Quieren fiesta

La Delio Valdez enfiesta los jueves de febrero con su ciclo “Historias de cumbia” en Niceto. Con todo el cuerpo se viven los momentos claves del género que echó raíces en todo un continente. 

– Lo más importante es que la gente baile y se divierta. El sustento tiene que ser que te mueva. Y no es fácil. Tal vez necesitás pocas notas, cosas repetitivas, por como son las personas. Y eso justamente va en contra de lo que la música occidental europea te dice: que varíes todo lo que puedas, que muevas los dedos rápido. Acá lo que importa es que llegue.

Imágenes: NosDigital
Imágenes: NosDigital

Es un golpe. O casi un latigazo en la parte posterior de las rodillas que obliga a la flexión. El chasquido mágico de unos dedos invisibles que se acompasa con el propio latido. Es como un piolín imaginario que tironea de la cadera y provoca un quiebre. La pelvis dibuja un ocho. Es cumbia. Es cadencia. Es ritmo. Y se lleva bien adentro. Desde el interior, de los cuerpos y de la noche, la música llega. En Niceto, con sacos naranjas vibrantes y pantalones negros, la orquesta mueve el cuerpo hacia el escenario abriendo paso desde el seno del público. Y contagia.

– Hay una sabiduría muy grande en las músicas populares. Es más importante que te mueva el culo a que te quedes pensando “uh, mirá el acorde que armó, la armonía que metió ese”.

– ¿El estigma de dónde viene?

– Entre los músicos, la cumbia, y las músicas bailables en general, están estigmatizadas porque se piensa que son fáciles de tocar. Nosotros le damos bola a los arreglos, pero eso es la superficie, la frutilla. Lo importante es que sea algo bailable, divertido, que la gente se enganche, se encuentre, se despeje. No lo pensamos en función de lucirnos o de un mercado. Sino en función de lo que realmente va a gustar. Incluso si hablamos técnicamente, no es tan fácil sostener un discurso con tres notas durante cuatro minutos. Requiere tener un swing que en otros géneros no necesitás. El jazz por ejemplo, que se asocia con la complejidad, en el fondo es música bailable, porque originalmente lo es. Se trata de no perder la raíz, que muchas veces por el exceso de armonías, sustituciones y todo un rebusque sonoro se olvidan de que es música que tiene que sonar, tiene que mover.

– Y ese movimiento del otro lado, ¿qué les genera?

– Para nosotros es un placer enorme tocar música para que la gente baile, porque la devolución es hermosa. Yo disfruto mucho más de ver a una persona que se le nota en el cuerpo lo que vas tocando, lo ves en una sonrisa, en unas manos levantadas, en una pareja bailando un tema más tranqui y ves el cortejo ahí. Es hermoso. Te comunicás con algo más crudo. Hay algo en la cumbia que va más allá de lo social, que genera un efecto en la gente muy primigenio. Nosotros tocamos en cualquier tipo de escenario y siempre se da el mismo efecto, con distintas edades, situación socioeconómica, contexto, región. Hay algo en la gente que es lo mismo.

La Rueda del Cumbión (2014) y La Delio Valdez (2012).
La Rueda del Cumbión (2014) y La Delio Valdez (2012).

La Delio Valdez es una orquesta de cumbia que desde sus primeros latidos en 2009 marca el ritmo de una movida que no para de crecer. De una banda de amigos que se juntaban a tocar a una orquesta de 14 integrantes, con dos discos editados – La Rueda del Cumbión (2014) y La Delio Valdez (2012) – y más de 70 fechas al año. Reconocen influencias de la cumbia de la costa caribeña de Colombia, pero se inscriben definitivamente en la tradición cumbiera argentina. “Nosotros nos sentimos parte también, si bien el repertorio que tenemos es mayormente colombiano, nosotros nos criamos escuchando la cumbia de acá y bailamos eso, somos de acá. Hay una cosa de Buenos Aires… Y en ese sentido nos remitimos también a las orquestas de tango, nos sentimos parte de esa tradición”.

– ¿Cómo es la dinámica de la orquesta?

– Al ser una cooperativa, somos todos dueños. En el último tiempo algunos de nosotros asumimos que íbamos a hacer cosas por fuera de lo musical. Intentamos tomar las decisiones grupales, porque todos nos sentimos parte, no puede haber alguien que no esté de acuerdo con una decisión estética o de producción. Con el tiempo nos dimos cuenta que lo mejor es no tironear nada, que cada uno ocupe el rol y el lugar que puede y quiere, siempre cumpliendo con lo necesario. También está bueno ser muchos porque te permite rotar en los roles y no desgastarnos ni aburrirnos.

– ¿Hay una relación entre el formato y la organización cooperativa?

– No, de hecho acá las orquestas eran de “tal persona”, con el resto de los músicos atrás. Aparecen hoy en día orquestas de tango más modernas que funcionan de otra manera. En realidad la histórica es la de Pugliese, que sí inventa una cosa cooperativa. Si bien el tipo era el director, estaba encargado de que todos cobraran lo mismo, que tuvieran una obra social, que estuvieran bien… Es un poco el precursor. En nuestro caso la decisión pasa por otro lado, no tiene que ver con el formato orquesta. Va de la mano de que la banda siempre fue autogestiva y todos venimos de experiencias así, de una camada de músicos que tenemos una cosa de “si querés tocar, tocás”. Tenemos mucho la idea de hacer movida, de hacer red, de invitar gente a tocar, contactarnos, generar lazos. Al no tener una discográfica, es lo que hay hacer porque si no, te quedás solo.

En el impulso de crearse el camino propio, “La Delio” es una orquesta sin director. Son una cooperativa, en la producción y en la música. Frente al grabador, levantando la voz para gambetear la presencia arrolladora de la orquesta en el escenario probando sonido, Pablo Broide (saxo tenor) y Santiago Moldován (clarinete) le ponen la voz el cuerpo a un discurso que se sabe colectivo y consensuado: “Nos, los representantes…”, juegan. En la previa al escenario, ensayan cómo van a abrir la noche, comparten pizza y cerveza en los sillones negros, el primer piso del lugar se llena de risas, mientras la planta baja espera con gente dispuesta al disfrute. Se nutren de la fusión colectiva de miradas y sonidos y encuentran en ese ida y vuelta su identidad:

Reflejos de fiesta y cumbia.
Reflejos de fiesta y cumbia.

– Es muy pesado dar cada paso porque te cuesta un huevo llegar a un consenso, pero cada vez que lo damos es muy firme, se va con todo y se labura hasta el final. Hay como una especie de unidad por encima de cada uno. Te hace crecer como persona, porque tenés que aprender a correrte un poco de tu ego. La figura es la orquesta.

– ¿Cuál es la intención detrás del ciclo “Historias de la cumbia” en Niceto?

– Era algo que teníamos dando vuelta hace bastante tiempo. Nosotros tenemos un blog a parte de la página de Internet donde volcamos algunas de nuestras investigaciones sobre el género y veníamos con ganas de reflejar en un show los momentos más importantes y representativos de la cumbia género a lo largo de su historia. Lo empezamos a intentar y finalmente decantó en esto. Que además está buenísimo, porque la propuesta se va renovando, podés hacer que la gente vuelva a la semana siguiente y se encuentre con algo distinto. Nos gusta mucho y nos parece importante y súper necesario ir a la raíz de las cosas. Todos sentimos la idea de llevar la cumbia al frente.

Vientos fuertes, La Delio Valdéz
Vientos fuertes, La Delio Valdez

– ¿Cómo armaron la programación de las fechas?

– Elegimos cuatro puntos que a nosotros nos alimentaron mucho. La historia de la cumbia es vastísima. Es un género muy especial porque surge como el folklore de un país y después se afinca en todo el continente. Entonces en casi todos los países de Latinoamérica tenés más de un tipo de cumbia local. Por esto, lo que al principio pensamos como “Historia de la cumbia” pasó a ser “Historias de la cumbia”, que nos pareció un poco menos pretencioso. El primer día fue la parte más folklórica de Colombia, hubo una rueda de gaitas con músicos colombianos; el segundo fue cumbias con acordeón, vinieron Los Reyes de la Costa; el tercero fue la Era de las Orquestas y tuvimos como invitados a los chicos de San Bomba; y el cuarto es especial de cumbia argentina. Con uno de nuestros padrinos, Coco Barcala, Tambó Tambó abriendo la noche, invitados y algunas sorpresas. Nos quedan miles de historias para contar, así que tenemos material para seguir pensando.

– ¿Cómo sigue el año de La Delio?

– La idea fue meter mucho esfuerzo ahora para tener una cantidad de material que nos permita llevar adelante el año sin aburrirnos nosotros, sin aburrir a la gente, con variedad de propuestas. Vamos a seguir con La Rueda del Cumbión, que lo venimos presentando a pleno. Mientras tanto estamos empezando a madurar lo que va a ser un tercer disco, y la idea es seguir un poco con una propuesta que arrancamos el año pasado, que se llama La Delio Valdez en concierto, más tempranera, otro público, un poco más visual.

El jueves 26/02 La Delio Valdez cierra el ciclo “Historias de la cumbia” en Niceto Club a las 20hs.

La Delio Valdez es: Manuel Cibrian (Guitarra y Voz), Leon Podolsky (Bajo), Tomás Arístide (Guiro y Maracas), Marcos Diaz (Bongó y Tambor Alegre), Pedro Rodriguez (Timbal y Voz), Agustin Fuentes (Congas), Santiago Moldovan (Clarinete), Agustina Massara (Saxo Alto), Pablo Broide (Saxo Tenor), Santiago Aragón  (Trompeta), Pablo Reyna (Trompeta), Milton Rodriguez (Trombón), Damian Chavarria (Trombón). 

Magia blanca

Paloma del Cerro prepara su próximo disco e invita a asomarnos a su proceso creativo. Cual sacerdotisa, nos guía por los caminos del amor y la energía para curar cualquier entumecimiento. Y soltar. Paloma vuela.

Dobla las rodillas, impulsa desde los tobillos todo su cuerpo, salta y se desliza en el agua con los brazos estirados y las uñas rosas de los pies apuntando a los retazos de cielo que se dibujan entre las hojas. Despega y parece volar. Paloma vuela.

Paloma Kippes.
Paloma Kippes.

Paloma Kippes se encerraba en el zaguán de la casa de su abuela a pelotear su voz con el eco como frontón. Su mamá dice que subía a los colectivos y cantaba, todo el tiempo cantaba. “Hay tantas condiciones sociales: tenemos que hacer, tenemos que ser, nos formatean. Cuando uno se formatea deja afuera el 80%”, Paloma lo dice y se lo dice: “Es escucharse y concentrar la energía que a veces está dispersa”.

En bikini, sentada en un toallón rojo bajo un árbol que escapa la frontera de las calles construidas de cemento y bocinazos, ella se escucha recordarse. “Mi papa falleció cuando tenía 12, mi mamá es una copada mal, siempre apoyándome. Dije que quería trabajar y a los 15 conseguí mi primer laburo. Con mi mejor amiga nos fuimos a Nueva York a los 16, allá me parecía que la gente hablaba mucho, los yanquis todo lo hablan y yo decía: ¿para qué hablan tanto? Estaba en ese tránsito: a veces en la palabra uno pierde mucha energía. A veces es mejor el silencio. Ese es un lindo recuerdo espiritual”.

Tenemos que hacer, tenemos que ser, nos formatean.

Paloma terminó el colegio secundario y se tomó un año para viajar por Europa. Cuando volvió encaró el CBC de Diseño de Imagen y Sonido. En el camino al título, cuando las cacerolas aparecían y el país gritaba que se vayan todos, la voz volvió y apareció Oupensours, una banda que no escapaba del espíritu que gobernaba la época: “Era re punk el proyecto, con ese sentido de sistema abierto, tipo Linux. Y ahora Paloma del Cerro tiene algo de ese espíritu, de hecho Grod Morel es el productor que trabaja hoy en día, (DJ) Migma escrachea a Atahualpa hablando y ya estamos en un momento posmoderno, de híbridos, hablar de géneros es antiguo”.

La Paloma cantante empezó a convivir con la Paloma publicista, hasta que un día no pudieron compartir un mismo cuerpo. ¿Qué pasó? “Mucho stress sin sentido, por un shampoo o porque a la mujer del CEO no le gustó la modelo entonces había que cambiar todo al día siguiente. Decís: ¿en qué estoy invirtiendo mí tiempo? La pasta era buena pero mi corazón estaba vacío”. Cada tanto se silencia, bucea para adentro, escucha que quiere que escuchemos y sigue: “También no nos enseñan a salir del cuadradito y cuando uno sale… ¡Ah! Hay una animación muy linda de unos amigos que es eso: están dos en una caja peleando hasta que en un momento uno la rompe y ve que afuera hay otro universo.  A veces uno rompe la caja y se da cuenta que puede trabajar menos horas, ganando la misma plata que si uno va a la oficina, estresándose menos o estresándose por cosas que son de uno, no que hay que trabajar para la corporación. Siento que el planeta necesita de más gente que ame lo que hace”.

En la vuelta de un comercial que se filmaba en Madrid, Paloma sabía una sola cosa: no quería más eso y renunció. Primero hizo una escala en el Centro Metropolitano de Diseño, un trabajo de menos horas donde empezó a gestarse su primer disco, “Gozar hasta que me ausente”. Más tarde, también dejó ese escritorio. “Con la ayuda de mi novio que me dijo: Palo vamos, tenés un montón de potencial, tirate a dar clases y vas a ver como juntás la plata. Al toque estaba ganando lo mismo, trabajando tres veces por semana y dos horas cada vez. En 6 horas ganaba lo mismo que en 40, tampoco el sueldo era tan alto pero tenés tiempo para estudiar, para juntarte con tus amigos a tocar y ver en qué más podes incrementar”.

Imágenes: NosDigital
Imágenes: NosDigital

En 2011 llegó el primer tema de su primer disco, que reza: Yo disfruto de esta vida que me ha tocado en suerte, a esta tierra le prometo gozar hasta que me ausente.

Siento que el planeta necesita de más gente que ame lo que hace.

“Todos los días uno tiene que saber quién es. Me di cuenta de mis virtudes, de poder ordenarme, de poder visualizar. Cuando uno visualiza para dónde va, después más o menos va siguiendo ese caminito”. El sendero la llevó de regreso al zaguán, Paloma decidió abrir ese canal y cantar más. “Entonces me lo empecé a tomar más en serio, conseguí una profesora de canto lírico para reforzar la técnica. Y también estudié con Miriam García, ella me llevó por el lado más folclórico ancestral. Ahí descubrí las coplas, también de investigar, de escuchar música nativa de toda América. La música es tan antigua como el hombre, más antigua, solo que el hombre la decodifica”.

“Gozar hasta que me ausente” cuenta el camino andado y escuchado entre la música nativa. En la web, donde se puede escuchar el disco completo gratis, se lo describe como: Culto al baile, la alegría y la reflexión.

“El baile nos muestra que nacemos todos blandos y la vida nos va endureciendo. Esto descubrí de los biodanzantes y bioenergéticos, a veces la psicología se queda en la palabra pero el trauma sigue en el cuerpo. Y a veces no te das cuenta y estás cantando y de repente plaf, se soltó algo psicoemocional que estaba guardadísimo”.

Para destrabar y componer, Paloma también elige jugar. “El juego es muy importante. Socialmente es de los niños, los adultos ya no tienen que jugar, ya sos grande para hacer eso. Tantas frases del inconsciente colectivo que a uno lo aplacan: no arriesgarse, no jugar. En el juego es donde aparece la creación. Muchas de las canciones surgen de estar improvisando. A veces la creación viene en momentos muy absurdos. Cuando estaba Capital andaba mucho en rollers y era increíble cómo me venían letras, por suerte tenía el teléfono y grababa hasta que una vez me caí y dije: no, una cosa por vez”.

Otro salto y van.
Otro salto y van.

Con la canción en la cabeza Paloma agarra su cuaderno y la dibuja. Para poder trasmitir lo que en su interior escucha, agrega colores, palabras y referencias de cantantes y ritmos. Todo sirve para nutrir. En su segundo disco que verá la luz en unos pocos meses, escribió un bolero a lo que ella define como amor amarrete. “Siento que somos re amarretes. Amarte o amarrarte, amor amarrete. En vínculos somos re amarretes: todos pensando en el propósito de uno”. El tema le debe la inspiración a una obra de teatro donde Martin Policastro hace de antropólogo del amor. “Muestran situaciones cotidianas de una pareja, él frena la obra y empieza a hacer la antropología de eso. Viendo esa obra dije: yo tengo que hacer una canción de esto. Haber estudiado cine me ayuda a ver cuánto nos formateó la telenovela en la forma de amarnos. Dice eso en un momento el bolero: ‘lo siento cariñito mío, así me enseño la telenovela a amarte’. La televisión para mí –entre comillas- es “magia negra”. Es una caja boba de tirar mala onda, de hacer chismeríos, es eso: entretenimiento. Y en el entretenimiento uno se mete ahí y la cabeza se pone en modo avión pero a la vez ingiriendo una cantidad de información berreta que después quieras o no se pone en juego en el vínculo”.

El vínculo se reconstruye con lo que Paloma llama magia blanca: El amor, el hablar, la amistad, el poder circular la información, el mismo vínculo.

Siento que el planeta necesita de más gente que ame lo que hace.

*

Paloma del Cerro son: Paloma Kippes (voz), Grod Morel (programación), Dj Migma (scratches), Ezequiel Luka (guitarra), Lucas Penayo (percusión).

La producción de fotos sumó la colaboración de Mecha Méndez en vestuario (www.mecha-mendez.com.ar) y Áurea en locación (www.aureacenter.com.ar)

Ritmo cariñoso

Carinhosos Da Garrafa ha conquistado La Trastienda a fuerza de tambor en lo que se afirma como “el evento más importante de música brasilera en Argentina”.  Recuperan las rodas del terreiro, fusionan ritmos y nos invitan a vibrar al unísono.

–          ¿Cómo se piensa una propuesta distinta?

–          El planteo lo arrancamos al revés: ¿qué es lo que hay mucho? Dentro de ese mucho, ¿qué es lo que no vemos que hay? Dentro de todo eso, ¿qué es lo que queremos nosotros para ser felices?

[Distinto1, ta.

(Del lat. distinctus, part. pas. de distinguĕre, distinguir).

1.       adj. Que no es lo mismo, que tiene realidad o existencia diferente de aquello otro de que se trata]

*

Carinhosos Da Garrafa primero, ocho años atrás en La Plata, se pensó como banda bailando al ritmo del samba y coqueteando con diferentes géneros y sus instrumentos. Ese romance los llevó a interpretar con cavaquinho, repenique, banjo y pandeiro -entre muchos otros- temas que van desde de Charly García hasta Adele. “Pasa muchas veces que nosotros como músicos queremos tocar música cubana como la hacen los cubanos para los cubanos, música uruguaya como la hacen los uruguayos y así. Acá estamos en Argentina, hay que adaptar”, dicen y prefieren dejarse matizar por los ritmos de su cotidianeidad.

Cuando estaban ya en movimiento pensaron cómo mantener el baile y crearon un ciclo -originalmente los martes en La Plata- con la música brasilera de columna vertebral. La experiencia tomó cuerpos, se multiplicó cada semana, se mudó de un bar a un espacio abierto durante el verano y desde mitad de año llegó también a Capital Federal. ¿Creció? Mucho, desde el recién estrenado año, todos los miércoles La Trastienda se pone cariñosa. En horario de after office, cuando las computadoras se apagan, las luces se encienden y el público baila con caipirinhas y cervezas frías en la mano, la banda sale a escena sin subir al escenario.

_MG_8397
Imágenes: NosDigital

 

–          Estamos tocando en el medio del salón. No es el escenario que arranca alto, está casi a tu misma altura, eso hace que la gente lo incorpore. Es algo distinto, una propuesta que está buena, no tiene edades, no tiene estratos sociales, es para todos. Hay una continuidad entre el público y el músico, somos todos protagonistas. Empezó así en bares y en casas, en el fondo, en el patio. El mismo músico era público también. Cantaban todos, no se necesitaba amplificar ninguna voz ni nada. Eso hace que esa diferencia entre el público y el artista no se sienta. Es todo una sola cosa.

–          ¿Se genera sentido de comunidad?

–          En principio era así, dentro de una casa, una familia, una comunidad de cierto barrio, casi siempre marginal. Se genera una cuestión de pertenencia.

–          ¿Las comunidades no implica dejar gente afuera?

–          No, y no queremos que pase. De hecho nosotros dentro del repertorio hacemos temas que se cantan en inglés, en castellano, que todos se sientan un poco representados. Vi gente que no es del palo del samba y por ahí escucha “El viejo” de Pappo y lo canta, lo prendiste, le entró por otro lado. Además este formato permite recuperar algo que en el escenario se pierde un poco: hay muchos instrumentos de percusión y tienen un audio natural que energéticamente te generan algo. No es lo mismo estar en el escenario que lo único que recibís es el audio que sale amplificado. Pasan otras cosas, se escucha el audio del micrófono pero se escucha también el audio natural y eso te sacude.

Y como Atahualpa le escribió un salmo a la guitarra, esa que sirve para encontrarse con uno mismo, Carinhosos hace ritual cada miércoles para que la percusión se escuche latir como el pecho y la semana palpite fin de semana que resuena. La proximidad del sonido, la roda que envuelve, los cuerpos que chocan a la altura de las caderas obligan a salir de la pasividad. No hay butaca y estado de contemplación, tenés que hacerte cargo: sos parte del momento.

_MG_8493
Suenan en La Trastienda.

“Esta música no es para quedarse pasivo”, sentencian.

El atardecer huele a traspiración de plena madrugada bailable. Están los que todavía llevan rastros de oficina en la ropa y arremangan la camisa, los que bailan descalzos, los de remera ajustada con logo de alguna batucada, todos bailando juntos en ronda. “Yo sólo creería en un Dios que supiera bailar”, dijo Nietzsche y acá parecen prenderse velas en el mismo altar.

El lugar está lleno. Las edades del público van desde adolescentes a quienes pisan seis décadas. “La mayoría de nosotros tenemos familias, entonces dijimos: ‘che, vamos a armar un evento que podamos ir con nuestros hijos también porque si no siempre es complicado’. Integrar, se trata de eso”, explican.

¿Por qué integrar? El neurocientífico Lawrence Parsons en una entrevista a fines del 2008 explica: “La música y la danza, y contar historias y la comunicación son una especie de tela entretejida entre los humanos. Creemos que cantar y bailar juntos, como grupo, tiene ventajas evolutivas. Nos ayuda a sobrevivir mejor que un grupo que no tiene música, que no tiene danza”. ¡Subime la música!

_MG_8416
La música que te hace bailar.

 

Si seguimos con la lógica de día de semana que todavía no llegó a la madrugada, decimos que a mitad de la jornada hay un break y se pueblan las barras. Después Carinhosos sale por segunda vez a escena y se acomoda en butacas alrededor de una mesa que contiene todos los instrumentos. Entre ellos, la energía también es circular. Es la última entrega antes de que lleguen los invitados para cerrar la gala. La pregunta queda obsoleta cuando le pega la respuesta. ¿Por qué los invitados cierran la noche y no abren?, en un bar del barrio del Abasto Pablo y Nacho -integrantes Carinhosos- abren los ojos desconcertados: “¿Vos decís porque la banda invitada no está antes y nosotros cerramos?”. Y vuelven a abrir los ojos. “Es una especie de frutillita, lo pensamos así. Un regalo para la gente, un mimo. Y que se entienda que no porque hacés un estilo de música sos eso, la música es música”. Y no dicen nada más. Y el ego del artista se aleja de la mesa.

Cuando llega el momento de la banda invitada, las luces se encienden en el escenario, los cuerpos giran la mirada y siguen bailando. Es una transición orgánica. ¿Por qué? “Nuestro gurú dijo: la gente quiere mover el culo”.

*

Carinhosos Da Garrafa son: Marina di Bastiano en voz y cavaquinho, Pablo Palleiro en tan tan y repenique, Nacho Álvarez en voz y banjo-cavaquinho, Esteban Álvarez  en voz, repique de mano y pandeiro, Fernando Álvarez en voz y mandolina, Martín Messineo en guitarra de 7 cuerdas, Juan Zabala en cuica y pandeiro, Esteban Portnoy en batería, Claudio Braga en surdo y repique de anillo. La Trastienda se pone cariñosa cada miércoles, 20hs.

Una noche de Totoras

Nos subimos a la combi de la banda de cumbia que rompe prejuicios y no deja a nadie sin bailar. De La Bombonera al Four Seasons, los músicos platenses suben y bajan de escenarios con un profesionalismo vertiginoso y cronometrado. 

Hoy hay cuatro. Mañana hay cuatro. El domingo libre. Alguien festeja, dice ser la noche para coger. El lunes se ensaya. El martes otra vez al escenario. Y así. ¿Se aburren? Todos, de a uno, en un camarín, en medio del show, en la combi, en la calle, responden: ¡No!

*

¿Cómo fue la charla? Un día, en algún lugar se dijo: el 12/12/12 se festeja el día del hincha de Boca, papá. Y seguro escabiaron en honor a eso. Y seguro hubo asado. Y ese humo de olor a chori y porro se repite, dos años después, en la fiesta que por primera vez se hace en el Alberto J. Armando.

12/12/14
12/12/14


Para llegar hay que caminar cuadras con veredas que suben y bajan entre fanáticos, carbones callejeros, gargantas extasiadas, botellas cortadas, cariocas que giran y agites de brazos que quiebran muñeca como solo en la cancha pasa. En el medio de ese mundo excitado, dos calles que llevan Valle en su nombre se tocan la esquina: ahí hay un portón designado para el encuentro que resulta ser mágico: nuestros pies y la combi blanca llegan en el mismo momento. “Arriiiiibaaaa”, se escucha del otro lado de las ventanas. Son las 19.30 horas del viernes, Los Totora llegan a la Bombonera.

Juan Ignacio Giorgetti, tecladista y uno de los fundadores de la banda tiene puesto jogging que parece jean y dice que cuando se aviven, va a ser el gol de la moda. También dice: “Llevamos una vida bailando”. Una vida de 12 años parida en La Plata y vivida en el barrio entre pelotas de futbol y bancos del secundario. Hace cuatro años, a sus ocho, explotó masivamente y eso se llevó todas las burbujas de todas las copas de todos los brindis. ¿Entonces? Tuvieron que profesionalizarse. Juani recuerda empezar a trabajar en la puntualidad, la estética, la prolijidad arriba y abajo del escenario. Un egreso prematuro del ascenso a la A.

Media cuadra después del portón, estamos bajando de la combi. Una chica reparte cintas naranjas para las muñecas que habilitan bajar escaleras de cemento y entrar por una puerta que tiene pegada una hoja A4 y anuncia con marcador: Camarín.

En una mesa: galletitas, varios sabores de té, café y leche. Contra la pared, una heladera llena de bebidas frías: ninguna con alcohol. Algunos se cambian de ropa. La grilla del día está encastrada con pre-ci-sión. Hay que subir: todos están listos. Diez minutos antes de las ocho de la noche, Los Totora entran a un pasillo de paredes blancas y escaleras. Bajan, caminan, vuelven a subir. ¿Algo va a sonar más fuerte que la tribuna? Lo que no es amarillo y azul es piel desnuda. Cuando las zapatillas pisan el césped, se avalanchan los gritos por inercia. Salen a la cancha y juegan como viven. Pasaron cinco minutos de las ocho de la noche. El cielo se oscurece. Los Totora suben al escenario en manada, toman por asalto los instrumentos y agitan: “Vamos a bailar cumbia”.

En la Bombonera.
En la Bombonera.

La cancha: estallada. Los periodistas: filmando con sus celulares. La hinchada: enfiestada. Ari Paluch: agitando abajo del escenario. Chechu Bonelli: también. Cacho Laudonio, el ex boxeador que con su traje murguero en los partidos recibe a los jugadores, palpitando bandera en mano. Las boquitas: moviendo las caderas entre los músicos. La letra canta que alguien se vuelve loco y parece ser horóscopo del momento. Los doce músicos bajan y vuelven a subir para tres temas más.  Son las 20.40 horas cuando Los Totora dejan definitivamente el escenario igual que subieron: sus cuerpos están intactos, todo alrededor está encendido. Juani aclara: “No es por fríos, es intentar ser lo más profesionales”. Caminan otra vez el césped. Desde el otro lado del alambrado le piden fotos y pasto. Cinco minutos después otra vez la mesa con té y galletitas.

Nicolás Giorgetti sube a la combi con un té recién hecho. Se sienta entre los últimos asientos. Hasta allá llegan todos los chistes que se pueden inventar con el trío: té – 30° grados – viernes a la noche. Él dice: “Soy como Mirta”, entre risas. Es rubio, como la señora de los almuerzos, está encargado del bajo y dice tener hambre. Son las nueve de la noche. Fantasea con un pastel de papa en el catering del próximo show. Claro: no sucederá. Nico es hermano de Juani y de otro de los Giorgetti: Santiago, al mando de los timbales. En el garaje de su casa fueron los primeros ensayos. Luego vinieron los discos; los primeros tres editados de manera independiente: “Nunca vas a dejar de bailar” (2009), “Encontrándonos” (2011), “Y ahora Vivo” (2012); y el último bajo el sello de Warner Music: “Sin Mirar Atras” (2013).

El tráfico hace lenta la llegada a una fiesta empresarial en la otra punta de la ciudad. En el camino, los músicos, el manager y el conductor hablan de futbol, de redes sociales, del Chavo, de los Simpson y se pasan de asiento a asiento videos bizarros de esos que se viralizan por internet. Nada los hace más grupo de amigos como cuando llegan las anécdotas que relatan cómo se enteraron que Papa Noel no existe. Uno vio al tío cambiarse y se lleva los: “Naaaaaa” de la noche.

Juan Quieto dice: “Esto sigue siendo un juego, pero terminamos económicamente redituados”, y recuerda que desde sus 7 años, también jugando, se sentía cantante.

Imágenes: NosDigital
Imágenes: NosDigital

El viaje duró 45 minutos. En los camarines no hay pastel de papa pero sí comida y bebidas: acá tampoco hay alcohol, todavía queda mucha noche que bailar. A las 22.30 horas, vuelven a subir al escenario. El público es totalmente diferente. Las mujeres están de vestiditos y tacos sacándose selfies. Los pibes de camisa piden tragos en la barra. Los Totora ponen en práctica toda su profesionalidad, salen a escena sin que nada ni nadie los perturbe y aceitan uno tras otro los temas con precisión mecánica. “Son años de ensayos y conocernos”, dirán más tarde. Luego el ritual que se va a repetir en la noche: suben chicas a cantar y al tema siguiente suben los muchachos. No hay un público que les guste más que otro, aclaran y eso hace, para Juan, que no se aburran: “Todos los shows son diferentes y todos los públicos también”.

Otra vez en la combi, el tema de charla es la comida y fantasean: “Cuando seamos famosos vamos a pedir en los camarines hamburguesas con queso y un microondas”. Estamos camino a un lujoso hotel. ¿Les cabe la etiqueta de cumbia cheta? Nico cree que el rótulo llegó en los últimos años, antes ya habían recorrido muchos escenarios. “No entramos en el circuito de la bailanta”, dice e intuye que quizás por ahí viene la mano. No entraron porque en el propio circuito que armaron, ese donde diciembre estalla de noches con shows uno tras otro, se sienten más cómodos.

De combi.
De combi.

Diez minutos antes de la media noche entramos al Hotel Four Seasons. Lo cheto desaparece cuando tienen que discutir con el encargado de la entrada, en la piel solo les queda el barrio. “Somos esto, pibes re normales”, va a decir Juani en el ascensor mordiendo puteadas, y a eso le atribuye generar empatía en todos los escenarios. Directo al segundo piso salimos a la cocina, Los Totora saludan a cada uno que se cruzan, desde el dueño de la empresa que los contrata y más tarde viene a pedirles una foto, hasta el señor de limpieza que dice que piensa llamarlos para el festejo de los 15 años de su hija. “Obvio, papá” responden.

El camarín sí es cheto. El catering abundante y variado incluye jamón crudo, panes ricos, empanadas, quesos, y por primera vez en las heladeras hay alcohol, pero las gaseosas ganan otra vez, nadie abre más que una birra chica.

Media hora más tarde caminan la cocina entre los postres que llevan pistacho y llegan al salón de sillas recubiertas de blanco y mesas llenas de copas de diferentes tamaños. El promedio de los que esperan es de 50 años. Los hombres bailan sin dejar sus sacos y corbatas. Las mujeres mantienen la pose con vestidos hasta el piso, tetas paradas y dolorosos taco aguja. El ritual de compartir el micrófono se repite y como por arte de magia la fiesta se enciende. Contra el pronóstico prejuicioso, es el lugar que más se enfiesta de la noche. Cuando quieren despedirse desde abajo le piden a los gritos “Márchate Ahora”, el tema propio corte de su último disco. Se lo piden varias veces, a la banda que también supieron etiquetar como la de los covers. Los prejuicios –no siliconados- se vuelven a caer.

Faltan minutos para la una de la mañana, otra vez están en los camarines. Se abre un champagne por primera vez y se comparte. Tienen que hacer tiempo. El grupo de amigos les sale por todo el cuerpo: se tiran chistes y papelitos molestos de silla a silla, hablan de la fiesta que se acaba de armar del otro lado de la cocina, y uno de los músicos se arma una cama sobre la alfombra.

“A todos en algún momento de nuestras vidas nos gusta la cumbia pero algunos no quieren admitirlo. Es nuestra música popular como antes era el tango. En todo el país se escucha cumbia”, asegura Juani. Eso hace que bailen en la bombonera, en el evento empresarial y en el Four Season. ¿Por qué con ellos lo menean? “Porque somos pares”, contesta.

Mientras en la puerta del hotel algunos fuman un pucho, otros se sacan fotos para las redes sociales, Juan le pregunta a un chofer por el modelo de auto que maneja y la madrugada sigue bailando. Hace más de ocho horas que empezó su noche. Vuelven a subir a la combi. Nos vamos, nos vamos acostumbrando a hacer el show más largo…