De marzo a abril, golpes de Estado en África y su legado colonial

La Internacional

Del 22 de marzo al 10 de abril, en África se sucedieron dos golpes de Estado, en ambos casos en las cercanías de elecciones presidenciales. En Mali y en Guinea Bissau. Pero algo se esconde en ambos casos, y la clave para entender los conflictos que al interior de estos países se dan, debemos trasladarnos cien años atrás. Así, el colonialismo y su legado serán los lentes que nos permitirán superar la miopía simplista que se cierne cada vez que los medios enfocan hacia el continente africano.

El primero de los golpes se dio en Malí, territorio tan grande como su pobreza, quien hace unos 700 años supo albergar a uno de los imperios más ricos del mundo, hoy sin embargo su realidad es bien distinta. El 22 de marzo el Capitán Amadou Sanogo puso fin al gobierno democrático del presidente Toumani Toure. La crisis al interior del país era grandísima, por los problemas estructurales -se ubica entre los 25 países más pobres del mundo-, como por la incapacidad del gobierno central y las FF. AA. de controlar la rebelión, ligada al pueblo Tuareg que proclamó su propia independencia. El Movimiento Nacional por la Liberación de Azawad (MNLA) confirmó la secesión del territorio, sin ser reconocida, sin embargo, ni por la ONU, ni por la Unión Africana.
África, tan lejos, siempre ha sido un espacio para los reduccionismos, el cual cada conflicto es visto como el resultado de luchas “tribales” de larga data, o como fruto de la simple violencia que engendra el hambre, sin darles a los africanos la capacidad de poder crear proyectos nacionales propios, políticos y tomar las armas por ellos. Así, el extremo simplismo y hasta el eurocentrismo en la Argentina fue dado por La Nación en su nota titulada “Peligrosa rebelión Tuareg” , el cual conecta la rebelión del MNLA con… Al Qaeda. Así, los tuareg son presentados como nómadas salvajes que con las armas que supo proporcionarles Khadaffi antes de su caída, ahora han vuelto en su ola de violencia contra el Estado de Malí, movidos por células de Al Qaeda que “cual infección (han estado) operando en la Zona del llamado Magreb, en el Norte de África”. La Nación se remonta a lo más exitoso de la literatura política del colonialismo.
En el caso de Guinea Bissau, el problema ha sido otro. El Ejército ha tomado las riendas del poder cuando apenas días faltaban para el ballotage entre el presidente de turno Gomez Jr. y su contrincante, Kumba Yala. Este golpe se da en el contexto de un intento por parte del gobierno de reestructuración de las Fuerzas Armadas, con ayuda de la vecina Angola, quien disponía de soldados en el país, en un plan de democratizar y republicanizar a las fuerzas guineanas.
Frente a estos planteos, ¿África se nos debe aparecer como extraña e incomprensible? No, y mucho menos si tomamos un conjunto de variables que nos ayudarán a alumbrar la oscuridad aparente. En cuanto a los problemas llamados “étnicos” o los movimientos secesionistas, debemos tener ante todo presente que el mapa africano fue construido en Europa, a fines del siglo XIX, luego de que las potencias colonialistas se repartiera el continente. Así, numerosos pueblos fueron movilizados, separados, divididos bajo jurisdicciones que no compartían ni sentían pertenecer. Más aún, con la descolonización, no hubo ningún intento por reconstituir las fronteras según las realidades identitarias o sentidos de pertenencia de tal o cual región. Por eso que el separatismo esté presente en la historia de cada país del continente.
Por otra parte, las divisiones internas étnicas son otro legado colonial. Dentro de un mismo territorio se pueden ver relaciones de exclusión étnica o regional, debido a las construcciones o políticas tomadas por las metrópolis coloniales de antaño, de favorecer a tal grupo o zona en detrimento de otra, a la vez de construir un discurso de superioridad-inferioridad al interior de los mismos pueblos africanos, dentro de la lógica del “divide y vencerás”. El caso tuareg lo revela, al haber conformado un norte históricamente atrasado y nómadas subvalorados.
Por último, en cuanto al rol de las Fuerzas Armadas, se inscribe, como los dos anteriores, en una línea trazada desde la conquista europea, donde el Ejército fuese el órgano estatal central más organizado, por la simple necesidad de mantener una fuerza represiva eficaz en ese mundo alborotado que era el mundo colonial. Así, muchos países fueron herederos de esas FF.AA que mantuvieron su central importancia y actividad en el mundo político, al contar con grandes recursos, o en su defecto, al no tener en los nuevos Estados independientes, un contrincante que pudiese hacerles deponer las armas.
Está claro: África, de esta manera, ya no debe ser leída como aquel mundo exótico y desconocido que viesen los exploradores blancos hace dos siglos. No más.

[1] Cárdenas, Emilio, Peligrosa rebelión tuareg, 10/4/2012, http://www.lanacion.com.ar/1463625-peligrosa-rebelion-tuareg. Fecha de consulta: 18/04/2012

La gran rebelión de Pontiac

Última entrega de Revoluciones en la preindependencia americana. Desde las actuales Bolivia –Democracia antes que independencia– y México – El retorno del Rey– vimos diferentes proyectos de autodeterminación. Ahora, en el final de esta trilogía, nos movemos a la región de Los Grandes Lagos, al norte de Estados Unidos, en uno de los movimientos más exitosos en la lucha de los nativos por gobernar su territorio. Así se revela que no solo la Revolución Francesa o de las ideas de libertad de Rosseau o Montesquieu, eran las únicas experiencias que se nutrieron los movimientos revolucionarios y sus actores; los americanos bien tenían puertas adentros una historia colectiva de conflictos frente al dominio colonial.

“Nuestro principio fundamental es este: no es crimen en estafar o robar a un indio. Tampoco el matar a los salvajes y quedarse con sus pertenencias. Mientras viviesen como bestias, morirían como bestias”. Esta imponente descripción  salió publicada en Inglaterra en 1783, dentro de una tragedia titulada Ponteach o los Salvajes de Norteamérica. Así los ingleses veían a los locales y así los trataban, por ello no se entendieron la posibilidad de la gran rebelión de Pontiac. La que de1763 a 1765 iba a sacudir el norte de los actuales Estados Unidos y pondría en duda la capacidad europea de dominar a las sociedades nativas. Adelantaremos el final: se llegaron a entregar mantas infestadas con viruela para poder quebrar la resistencia del rival…

Pero esta historia comienza en 1760, con la derrota francesa frente a Reino Unido, despachando a los primeros del norte. En un abrir y cerrar de ojos, miles y miles de colonos comenzarían a llegar a la región de Ohio apropiándose de territorios ya ocupados por los nativos con total apoyo de los soldados victoriosos ingleses, que ahora tenían como función propagar los asentamientos para hacer efectivo el dominio dela Coronasobre su nueva conquista.

Los pueblos indígenas estaban fuertemente desmoralizados. Ellos habían colaborado con los franceses durante el conflicto armado y ante la derrota sus mayores temores se hacían realidad: sus terrenos, sus pastos, sus lagos, es decir, sus fuentes de subsistencia eran tomadas una a una por el enemigo. Pero lejos de quedarse pasivos ante lo que parecía un catastrófico futuro, tanto los pueblos Sénecas como los Ottawas enviaron mensajeros para conformar una confederación ofensiva que expulsase a los blancos que osaban avanzar contra ellos. Así que para mayo de 1763 los Delawere, los Wyandot, los Seneca, los Shawnee, los Munsee, liderados por Pontiac, jefe Ottawa, libraron su primera batalla, atacando el Fuerte Detroit. Impávidos los europeos resistían asediados sin poder más que defenderse murallas adentro.

Y entonces el rumor empezó a correr: en las Montañas Apalaches, una liga nativa estaba guerreando por ganar su libertad. Y no solo eso, ataque que realizaban, fuerte que caía en sus manos: Le Beuf, Presqu’Isle, Venango, Michilimackinac no habían resistido al embate de los pieles rojas. Mientras tanto, miles y miles de colonos huían, y si no lo hacían, se los obligaba a desaparecer de la zona. La región de Ottawa y su vecina Pennsylvania, vivían una insurrección indígena tratando de emular esta gesta inicial.

Pontiac, ¿quién era este líder que estaba llevando a la derrota a los británicos?: Jefe de los Ottawas, decía haber visto al Señor de la Vida quien le ordenó recuperar las tierras que les habían sido concedidas desde los inicios, despidiendo a los intrusos. Incluso afirmaba qué el Señor los acompañaba en la batalla y los hacía imbatibles. Si alguno llegó a dudar, al calor de las luchas tuvo que empezar a creer. Tanta fue su fama que los ingleses prometieron doscientas libras –fabulosa suma para la época- por su cabeza. Nadie pudo lograrlo.

La contraofensiva iba a llegar. En Pennsylvania se inició la represión contra los sublevados y de allí, hacia Ohio. Mientras tanto, la victoria de Pontiac y su dominio faltaba poco para coronarse Los fuertes Detroit y Pitt estaban sitiados y con ellos caería todo poder europeo.

Si por las armas no lograban vencer, los ingleses tenían una nueva táctica: la viruela. El General Amherst propuso desplegar mantas infestadas de viruela en el Fuerte Pitt. La única forma de ganar era matando a cada uno de los sublevados, fuesen o no soldados.

Poco a poco la brutal enfermedad fue conquistando su éxito. Tanto guerreros como mujeres y niños eran víctimas de tal suerte. Tratándose de una enfermedad novedosa en la zona, los locales no tenían forma de defenderse. Así la guerra se convirtió en total. Los blancos volvían a la carga.

Entre 1764 y 1765 decayeron las fuerzas insurrectas de Pontiac, tanto su número como su moral. No era fácil luchar mientras en sus tierras caían enfermos los seres queridos hasta morir.

En agosto de 1765 se firmaría la Paz de Oswego, donde Pontiac y los generales ingleses llegaron a un acuerdo. Las tierras nativas serían respetadas al oeste de los Apalaches –cosa que posteriormente no sería cumplida- y se aprobaríala Declaración de Derechos Indios.

Pontiac iba a morir tres años más tarde, a manos de un mercenario nativo enviado por los ingleses. Más allá del resultado final, su ejemplo guiaría los siguientes levantamientos en la región por la defensa de su tierra ante el avance colonial.

El retorno del Rey

Segunda entrega de Revoluciones en la preindependencia americana. Tiene lugar en América Central, en un rincón de la península de Yucatán. El valor de la resistencia al poder colonial español desde la experiencia de un lider mesiánico.

Dibujo: Nos Digital.

Para fines de 1761, un extraño personaje comenzaría a dar que hablar en la península de Yucatán. Que podía volar y revivir a los muertos, que era el rey Moctezuma que volvía para reclamar sus tierras como profetizaban los textos sagrados, que era mayordomo de Jesús de Nazaret, como él mismo se presentaba. Todo esto y más se decía sobre Jacinto Canek, líder del levantamiento mesiánico que alborotaría la vida colonial en Centroamérica y pondría de rodillas a más de un español.

Jacinto Uc de los Santos, o Jacinto Canek para la posteridad, fue un peregrino, un transeúnte que vivía de mendigar ofreciendo a cambio su don de la adivinación, de la medicina y la magia. Una rara figura que deambuló por todo Centroamérica y el Caribe dándose a conocer como chamán o  como mismísimo servidor de Jesucristo. Pero su nombre no habría sobrevivido al paso de los años si el 19 de noviembre de 1761 no hubiese entrado a la ciudad de Cisteil en Yucatán –actual México- proclamando el fin del gobierno español y el inicio de su reinado, con tan solo 30 años y ninguna ligazón con las elites mayas.

Pero, por qué creerle, se preguntaban los mismos lugareños. Canek, se encargó de desvanecer las dudas, primero quemando los recibos del pago de tributo, luego proclamando que todos los bienes del gobierno colonial le pertenecían. Solo un rey se hubiese osado a confrontar y atacar así a los conquistadores. Su oratoria y sus conocimientos como chamán terminaron de quitar cualquier indecisión. La primer medida que tomó fue la de ordenar matar a todos los chanchos, ya que estos seres inmundos contenían las almas de los opresores y mediante este sacrificio les permitirían a los guerreros asesinar a sus contrincantes. Por último, sería proclamado Emperador en la iglesia local, colocándose en su cabeza la corona de la misímisima Virgen María. Se iniciaba así la lucha por el poder regional.

Las causas del levantamiento tienen que ser vistas tanto en clave económica, como político-cultural. Es verdad que los indígenas estaban sumidos en un régimen de explotación y opresión muy alto, acosados por pago de impuestos, trabajos rotativos e incluso pérdidas de tierras comunales en manos de las elites criollas, proceso revitalizado en la segunda mitad del siglo XVIII. A esto se le debe sumar la concepción maya del tiempo: no se trataba de una línea recta evolutiva, sino, al contrario, era cíclica, donde las eras y los hechos se repetían una y otra vez. De modo que la conquista española habría de acabar para volver, otra vez, a la dominación maya. Durante la rebelión no “estaban resistiendo a la autoridad; la estaban reclamando para sí mismos.” (pp. 7, cap. 1)

El primer intento de represión sería desastroso: un mísero contingente de veinte españoles armados intentaron entrar a Cisteil. Solo cuatro se salvaron. La victoria no haría más que reforzar la popularidad del nuevo monarca, generando pequeños alzamientos y acciones colectivas en todo el sur mexicano. El temor de las autoridades coloniales, las elites podían perderlo todo en manos de sus sirvientes naturales.

Mientras tanto, Canek organizaba su gobierno, nombrando capitanes, sacerdote, administradores. Nacía un poder paralelo. Y a montones, campesinos, artesanos y comerciantes indígenas llegaban a la zona para mostrarle sus respetos y su obediencia. Las filas del ejército se ensanchaban a cada minuto. ¡Había que defender los triunfos obtenidos!

Siete días habían pasado antes que llegué la batalla decisiva para ver cuál de los dos grupos sería el que monopolizaría el poder. Esta vez, las fuerzas dela Coronallegaron al campo con quinientos efectivos y dos cañones. Frente a ellos, los soldados del nuevo Rey Moctezuma, los esperaban con machetes, palos y hondas…

El olor a pólvora inundó el ambiente. Los soldados coloniales habían sido informados por un espía sobre el punto débil de la fortificación de Cisteil y éstos, la aprovecharon. El enfrentamiento había culminado. Los siguientes días fueron dedicados a la búsqueda de fugitivos, su enjuiciamiento y posterior encarcelación o ejecución. La suerte para Jacinto Uc de los Santos Canek no fue la mejor: atado de cada extremidad, sería atacado con azotes y cuchillas hasta su muerte. El cadáver, expuesto, pensando que tal vez así, los indígenas jamás volverían a reclamar el gobierno para sí mismos.

La dignidad lustra boliviana

Desde La Paz, Bolivia, se cuela un mensaje de integridad, valor y respeto. Los lustrabotas se organizan para escribir un periódico que refleja los esfuerzos de cada uno de sus días. Se demuestran a si mismos y toda la sociedad que cada trabajo tiene su dignidad de trabajo.

Foto: Nos Digital.

La Paz te recibe dura. Te reclama esfuerzos extraños para desplazarte, paso por paso. A  3650 metros sobre el nivel del mar las pendientes ascendentes atentan hasta contra esos que se creen príncipes del fitness. La Paz es ruido y desorden; a cada recoveco de calma lo saturan puestos sobre las veredas que forman ferias en donde se lo propongan y muchachos a gritos invitando a subir a cada buseta, transporte público básico.

La Paz te recibe calurosa más allá de un frío que se cree invernal también en verano. Te acompaña esa convicción de encontrarte en la capital del país que mayores conquistas sociales ha conseguido en los últimos cinco años. La Paz es movimiento y usanza. Cada noche, cuando los puestos comerciales se han guardado ya, te devuelve una imagen distinta de cada esquina diurna que creías conocer tan bien.

Salir del mercado de Lanza, uno de los más grandes de la ciudad, colarse entre la exagerada multitud para cruzar la San Francisco por un puente moderno y colorido para llegar a la Comercio, peatonal que a las pocas cuadras desemboca en la plaza central, la Murillo. Esquivando puestos de “todo lo que quieras” y algún músico callejero argentino, unos metros más y me junto con Cristian. Habla poco, tiene que volver a trabajar, le robo unos minutos. Remolcando cada una de sus respuestas, arrancamos una charla que de seguro tiene mucho más valor para mí que para él.

Va de irremovible pasamontañas azul, jogging y campera, con una caja de madera de donde surgen ruidos a metal cuando caminamos hasta un cordón que nos servirá de discreto asiento. Cristian es un lustrabotas de veinte años que conocí hace unos diez minutos ahí mismo. Es uno de esos anónimos que todos los días recorren las calles del centro trabajando. Siempre llevan el rostro tapado. Casi una ley. “Hace cuatro años ya estoy. Antes trabajaba de campo. Sí, en el campo. Aquí, más tranquilo. Esto me da comida, me da ropita, para eso está esto. Dignidad de trabajo”. Repite estas tres últimas palabras al final, como convenciéndose por enésima vez: “Dignidad de trabajo”.

Laburan y laburan. Esforzándonos los dos, entrevistado y entrevistador, capturamos sus palabras en ese grabador al que tanto mira Cristian chequeando cuánto llevamos grabando: “Trabajando, estudiando, triunfando en la vida”. “Empiezo, digamos a las ocho, hasta cinco y media, seis. A la noche también estudio, terminando el colegio para entrar en la universidad, para medicina”. “Yo compré la caja, pero hay también para alquilar, todo completo por cuatro o cinco bolivianos. Y cada día hay que comprar cremas”.

La pregunta por la cara cubierta no podía tardar en llegar, está claro que es el distintivo general de los lustrabotas paceños, que se ha convertido en una suerte de emblema. Respuesta sencilla: “Es porque el olor de la crema afecta, y también como una imagen”.

Unos días antes, también por las calles del centro de La Paz, me crucé con Fabián, un lustra de diez años. Aunque con pocas ganas de hablar, me vendió por cuatro bolivianos ($2,50 pesos argentinos) el último ejemplar de Hormigón Armado, el número 34. Se trata del periódico cultural de los lustrabotas que se viene publicando bimestralmente desde noviembre de 2005. El trabajo en la confección del Hormigón es voluntario, mientras para que un lustra pueda también ser un hormigón, o sea poder distribuirlo y hacerse con el dinero de la venta, están obligados a concurrir a talleres sobre alcoholismo, derechos humanos y educación sexual, entre otros. Todos los ingresos que genera por venta y publicidad se vuelcan en forma directa e indirecta –mediante los diferentes talleres- a los hormigones que los venden.

No hay edad que restrinja la posibilidad de trabajar lustrando zapatos, me lo cuenta, en medio de La Murillo, Jaime de El Alto con treinta y cuatro años. Sorprende con un amague a sacarse el pasamontañas, pero se conforma con descubrirse tan solo la boca para hablar más cómodo. Él es quién me explica que lo del diario está organizado solo por una de las asociaciones que los nuclea. “A veces voy, a veces no. Los menores de edad reciben del periódico, los mayores ya no”.

“Los hormigones trabajaron duro intentando comprender mejor los derechos humanos especialmente lo referido a su propio trabajo, porque aunque queramos con todo nuestro ser no ver un niño o niña trabajando en la calle, la realidad es que aún este sueño como país no se ha logrado alcanzar. Por ello, nosotros abogamos porque nuestros niños sean respetados y puedan desarrollar su trabajo protegidos por la sociedad, por todos nosotros.” (Fragmento extraído de la Editorial de Hormigón Armado del número de enero y febrero 2012).

Los proyectos a largo plazo no nublan las necesidades más urgentes. Cada hormigón que retorne a la escuela será siempre una conquista estupenda. La idea más grande del proyecto va en paralelo por un doble camino hacia una única construcción: la formación y consolidación del valor de la dignidad como persona a través de su trabajo, de cada uno de los lustras que patean y patean las calles cada día con su caja de madera a cuestas. Para esto es necesario la convicción sobre la noción de decencia de la propia ocupación; y, de la misma forma, que la sociedad adopte una representación positiva sobre los lustrabotas y su capacidad de ganarse la vida trabajando dignamente.

Democracia antes que independencia

Primera entrega de Revoluciones en la preindependencia americana. América del Sur, Alto Perú, actual Bolivia: cómo desde el pequeño poblado de Caquiaviri, los oprimidos por la colonia se hicieron con el poder para instaurar un nuevo orden centrado en una democracia directa cuarenta y ocho años antes de la declaración de la Independencia boliviana.

Las independencias de las colonias americanas a lo largo del siglo XIX no fue sino la conclusión de un proceso mucho más amplio de rechazo, crítica y violencia colectiva contra el poder colonial, motivadas tanto por las propias elites criollas como por las comunidades indígenas desde los inicios mismos del siglo anterior. Las insurrecciones de Tupak Amaru y Tupak Katari fueron las más amplias y aquellas que generaron un mayor desafío al Imperio español. Así recorreremos de Sur a Norte a lo largo de los siguientes tres números, revelando el accionar de los proyectos anticoloniales en la previa de las independencias, que pese a haber sido derrotados, alimentaron el fuego emancipador que habría de arrasar all dominio europeo sobre el continente americano.

Quien visite La Paz y por cuestiones del destino se le dé por preguntar por Caquiaviri, le indicarán  un pequeño municipio de la provincia de Pecajes, con solo doce mil habitantes y un típico paisaje andino: aire seco, algo de vegetación y cultivos de altura. Sin embargo, tres siglos atrás esta comunidad se conformó como el centro de una insurrección con varios meses de duración, que iba a generar uno de los proyectos anticoloniales de mayor complejidad y alcance. Allí se sucedieron desafíos como nunca antes habían transcurrido en la región.

El domingo 2 de noviembre de 1771 criollos, españoles y miembros de la elite indígena salieron armados y con sus caballos de Caquiaviri hacia el pequeño pueblo de Jesús de Machaca listos para encabezar la represión sobre los campesinos del día anterior. Levantándose contra los gobernadores, exigían el fin del maltrato y la explotación que sufrían cotidianamente: altos impuestos, prestaciones de trabajo ilegales, violencia física y demás. Al llegar la noche, los jinetes se enteraron que los insurrectos los esperaban prestos para entrar en combate y defender lo suyo,  por lo que aplazaron sus planes y dieron media vuelta para retornar a sus hogares, que lejos de lo que suponían, no iban a ser un lugar seguro.

Entretanto, ¿qué sucedía en Caquiaviri? Los nativos se habían reunido para discutir la situación, entendiendo que los habían puesto en una situación incómoda: si no hacían nada, sus pares de Jesús de Machaca iban a ser vencidos, pero apoyarlos significaba tomar las armas y aceptar el enfrentamiento con los funcionarios. Así, la multitud decidió por primera vez, no solo levantarse contra el poder colonial local sino también llevar a cabo una tarea nunca antes realizada desde la llegada de los europeos: gobernar.

Era el momento de tomar la iniciativa. Sin armas más que herramientas de labranza y hondas, se apostaron en las puertas de la ciudad, aguardando la llegada de los incrédulos jinetes. Sus familias ya estaban siendo notificadas de los cambios que empezarían a darse por esas tierras. Y regresó el contingente, sin encontrar el descanso más que en cuando fueron puesto bajo las rejas. El mismo destino le correspondió a cada funcionario, al cacique y a todo aquel que trabajase para amparar el poder español. Ni los ruegos del cura local por retomar la calma sirvieron. La decisión era firme, y ni aquél Dios cristiano ni sus representantes en la Tierra pudieron impedirlo.

Si uno buscase los líderes del movimiento, tendría que señalar a cada uno de los pobladores. Tal como escribiese el historiador subalterno Sinclair Thompson, “los asesinatos, la violencia y las amenazas de castigo extremo no fueron repentinos y espontáneos impulsos de una masa alzada (…). Por el contrario, durante los días de la toma de poder por parte de los indios, los distintos caminos de acción tomados por los comuneros fueron escogidos tras asambleas comunales y deliberaciones colectivas. En este sentido, podemos considerar los asesinatos, la violencia y las amenazas como parte de una orientación o proyecto político radical que conscientemente se imaginaba la eliminación o aniquilación de los rasgos más significativos de la dominación colonial”[1].

Entonces, ya se nos hacen visibles los caminos escogidos para recorrer la eliminación del modelo colonial y con el objetivo de crear un nuevo orden: el encarcelamiento de las elites y los gobernantes tanto hispánicos como indígenas marcaban su oposición a la estructura política de dominación, sustituyéndola por una democracia directa. Luego, aislando e ignorando al párroco local, quitaron las bases de la dominación ideológica.

En sus proclamas afirmaban que caídos sus gobernantes “ahora eran todos vasallos del rey”[2]. Esto implicaba su respuesta a un tercer problema: la posición de los individuos ante la ley. La sociedad colonial americana estaba dividida en dos repúblicas, una de Indios y otra de españoles, cada cual con sus deberes y derechos. Los primeros considerados como inferiores y sujetos al poder de los segundos. Frente a esto los pobladores declararon que desde ese momento todos se considerarían iguales entre sí y la forma de materializar este cambio fue sin dudas fascinante por su creatividad: todos los españoles y criollos fueron liberados de la cárcel y obligados a vestirse con las ropas tradicionales indígenas. Luego debieron jurar “mancomunidad” frente a todos los habitantes aceptando la igualdad y el gobierno comunal. Entonces una vez que culminado este ritual, las elites fueron reincorporadas a Caquiaviri, pero ya ahora como iguales. El proyecto social ya estaba gestado.

El final de esta empresa fue menos épica que lo que intentaron construir. Al poco tiempo las autoridades españolas, con la espada bajo el brazo desactivaron la movilización, retornando el orden en aquel perdido paraje andino. Pero sin contar con este triste desenlace, lo sucedido en Caquiaviri demuestra cómo cuestiones que fueron planteadas y solucionadas durante el período post-independencias, también estaban en las mentes de los propios campesinos y en el alma de cada insurrección y toma del poder varias décadas antes. Cuestiones como el poder eclesiástico, la igualdad ante la ley y la forma de gobierno fueron resueltas de modo muy complejo y satisfactorio por la comunidad de Caquiaviri, quien, en su leve lapso de vida independiente aportó su piedra fundacional en la construcción de un nuevo orden social posible.


[1] Thompson, Sinclair, “Cuando solo reinasen los indios”, Argumentos, enero-abril, vol 19, número 50, UAM. Pp. 34

[2] Ídem Thompson, Pp. 39

“Instalemos en la agenda continental la necesidad de educación pública y gratuita”

Jóvenes de Colombia y Chile se cansaron de querer ser estudiantes y no poder. A ellos les toca hoy estar en Buenos Aires para seguir sus carreras, y aca se juntan para luchar en contra de que la educación se convierta en una herramienta al servicio de las empresas y el mercado.

Fotos: Vanesa Olea Martinez

Se cansaron de enfrentarse a la resignación y ahora enfrentan cotidianamente a la policía cuando marchan y no los dejan, cuando quieren salir a marchar y antes de concentrarse los detienen. El presidente cafetero Juan Manuel Santos pretende modificar la ley de educación superior y promover el mercado de la educación superior, obligando a las universidades públicas a comportarse como agentes del mercado. En Chile, el pingüinazo del 2006 poco pudo hacer frente a la mercantilización de la educación en todos sus niveles.

Chilenos y colombianos, pero también latinoamericanos en general, se reúnen ahora en asambleas de Buenos Aires y La Platabajo el rótulo de estudiantes exiliados por la educación, sobre la base firme de la convicción de no dejar solos a sus pares y ser capaces de ver lo que está pasando en términos políticos y sociales más allá de los fronteras. Pablo, uno de ellos, comenta: “Si bien principalmente lo que nos motiva son las movilizaciones, allá en Chile con respecto a la educación, la idea es ir ampliando ese espectro de trabajo hacia otros temas, los trabajadores por ejemplo”.

Además se movilizan con agrupaciones de estudiantes porteños. Marchan del Obelisco a Plaza de Mayo, hacen peñas, documentales y cine debate. En la última movilización del año, agrupaciones estudiantiles de izquierda los apoyaron. 29 de Mayo, La Mella, Libres del Sur siguieron a la bandera América latina unida y en lucha por una educación al servicio de los pueblos.

Al principio, cada estudiante chileno en Argentina pensaba que lo suyo era un auto-exilio individual, pero cuando se dieron cuenta de que no eran casos aislados, lo denominaron exiliados por la educación.

 “Queremos instalar en la agenda continental la necesidad de una educación pública y gratuita”, gritan en el Obelisco. “La educación y el conocimiento, que deberían ser un ente liberador, se han convertido en una herramienta al servicio de los intereses de las grandes empresas y el mercado, reproduciendo con esto las desigualdades sociales y económicas, que se agudizan aumentando la brecha entre ricos y pobres”, leen cuando llegan a Plaza de Mayo. “No se trata de compañeros chilenos o argentinos, ni de mayores o menores, sino de construir sociedad, de volver a acercarnos y conocernos. El capitalismo salvaje y el neoliberalismo logró perfectamente alejarnos y que cada uno piense solo en sus intereses”, resume Alejandro, otro chileno exiliado por la educación, días después en la Taberna Popular Vasca del barrio de Monserrat.

 “Mi mamá también vino a Buenos Aires a estudiar 60 años atrás”, piensa una chica mientras camina por Diagonal Norte y dice: “Venimos a Argentina para educarnos. En Chile tenemos que pagar, y no podemos”. “Somos los excluidos de la educación chilena”, salta en un cartel. Otro: “La educación en Chile es un derecho de todos”. “La educación gratuita te permite también trabajar sin preocuparte por tener que pagar la universidad. La educación en Chile no me permite estar con mi gente”, agrega otra chilena mientras para y mira a su alrededor a dos colombianos, uno brasilero, varios argentinos sosteniendo banderas. Repite de cámara en cámara y grabador en grabador: “Si bienla Constitución Argentinamenciona el derecho a la educación a todos los habitantes, nos encontramos con que muchos compañeros no pueden estudiar porque tienen que laburar, porque tienen que poder comer, porque tienen que hacer un montón de otras cosas, la universidad no te garantiza ciertas condiciones mínimas para poder estar acá: el tema de la movilización, la alimentación, la biblioteca, los apuntes”.

Alejandro, en la Taberna Popular Vasca, sigue: “Hay un discurso hegemónico que dice que acá la educación argentina es gratuita, laica y pública. Pero nosotros nos damos cuenta que no está al servicio del pueblo. Yo tengo compañeros de clase media y alta. No hay hijos de villeros. En Chile compañeros míos no quieren el modelo argentino, sino uno que también incluya al pueblo. Aquí no está el problema resuelto. El problema, para él, es el lucro en la educación. Por eso, en las asambleas de La Plata y Capital funcionan talleres de mercantilización. “Yo quiero estudiar aquí para volver a Chile y contarles a mis compañeros que la educación gratuita es posible”, agrega.

Del otro lado de la cordillera no pierden tiempo. Se reúnen a dialogar con el gobierno para presentar sus exigencias, y mientras siguen ocupando los establecimientos: “Con sentarse a hablar con el gobierno no vamos a sacar nada porque no nos quieren dar nada”critica profundo Alejandro. “Lo que queremos nosotros como asamblea es que esta conciencia que tiene el pueblo chileno no la canalicemos en un plebiscito o un diálogo con el gobierno porque esa es la estrategia de la burguesía. Queremos que se siga construyendo poder popular y consciencia. No podemos parar el movimiento con esta democracia tan entre comillas”, sigue. Maximiliano, compañero, suma: “Piñera no es un político, es un empresario. Su elección no nos desagradó. El capitalismo va a caer por sus mismas contradicciones.La Concertación aplacó las diferencias. Durante veinte años durmió a la gente en Chile. Las cosechas de los ‘90, del 2006 y la actual tiene que tener frutos revolucionarios que no sigan la lógica de la democracia burguesa”.

En Plaza de Mayo, Buenos Aires, Argentina concluyen pensando en cada uno de sus países natales, en cada uno de sus vecinos latinoamericanos: la educación no debe buscar solo encontrar una salida laboral, sino ser algo fundamental en la conformación de las bases de una sociedad, la que actualmente está siendo corrompida por el poder empresario neoliberal.

¡Infamias y racismo en una crítica en contra de Evo!

Me acaban de enviar copia de un virulento ataque de Felipe Quispe Huanca en contra de Evo Morales. Me llama la atención que en un texto de apenas 50 líneas haya más de 20 insultos a Evo, amén de al menos un par de expresiones repugnantemente racistas en contra los “q’aras-blancos”, fulminados sin más como “genios malhechores y de espíritus malignos.” Esta declaración de un antiguo líder guerrillero, entre cuyos camaradas de armas figuraba un “blanco” como el Vice-Presidente de Bolivia, Álvaro García Linera, son la expresión de un odio visceral y enfermizo seguramente causado por la formidable paliza histórica que Evo le propinara en la contienda presidencial del 2005, cuando obtuvo el 54% de los votos contra un paupérrimo 2% de quien se arroga la representación de los pueblos originarios de Bolivia. Todo esto le hace mucho daño al proceso político boliviano, que con sus logros y a pesar de sus errores ha abierto una nueva y promisoria página en la historia de ese país. Con su vergonzoso exabrupto Quispe le presta un extraordinario servicio al Imperialismo y la reacción, es decir, a quienes lo confinaron durante cinco años en una cárcel de máxima seguridad por liderar el Ejército Guerrillero Túpac Katari.

Italia desde adentro

Por Gerardo Giannotti, Licenciado en economía, desde Florencia, Italia.

La búsqueda del punto de partida es el desafío logístico más complejo para quien se proponga construir algo que se extienda en el espacio y el tiempo, ya sea un surco con un arado o un sistema para generar energía renovable, porque sobre esa decisión recaerá el peso de todo el proyecto. Aunque se trate de un apunte hecho sobre una hoja ya usada o de un núcleo sencillo pero compacto de ideas, nos referiremos a éste como al generador de la realidad que vendrá y que no nos está consentido ver, sino simplemente imaginar.

Probablemente, sólo los historiadores, los analistas o quienes tienen den su tiempo para reflexiones sobre el por qué, el si y el pero, se dedicarán a profundizar sobre las causas que han llevado a la determinación de ese comienzo; todo el resto de las artes y los oficios harán convergir su atención en los efectos y casi nadie se acordará de marcar con rojo el “t0” para indicar el momento en el que verticalmente recaen las responsabilidades.   

El tema nacional italiano no es el campeonato de calcio de Serie A, también gracias al parate forzado a causa de los compromisos amistosos de los “Azzurri”, sino, finalmente, nuestra situación civil. Todos hablan o hablaron de este tema, de un modo o de otro, no por un sentido de pertenencia recobrado, sino por las expresiones inaceptables de los índices internacionales que han proporcionado los mercados. Las variables financieras indicaban que habíamos llegado al final: si no lo hubiesen hecho éstas, con sus valores aclaratorios, tan tangibles incluso a la mirada más simple, no hubiese sido posible afirmar que el curso político del gobierno italiano había también llegado al final.

Fiestas, bailes, cantitos en la plaza, júbilo y alegría, porque, si bien es cierto que la situación en Italia es todavía gravísima (el rigor absoluto no es un exceso, sino una obligación), ya saber que no va a ser Berlusconi y su gobierno quien decida por los italianos trae alivio, renueva el aire viciado y rancio que hasta hoy era el único a nuestra disposición.

Pero los problemas no han sido de ningún modo resueltos. Al final de un verano exageradamente largo, seco y caluroso, parece que empieza un invierno que va a azotar rígidamente la columna vertebral y social del país. ¿Por qué? Simple: el dictatus al que debemos responder se funda sobre la palabra sacrificio y, puesto que debe tener una precisa connotación financiera y una elevada cotización en euros, se discute sobre las maniobras a adoptar, ya conscientes de que sus efectos no van a herir el ánimo que el pueblo es capaz de sacar a relucir en momentos de necesidad.

Pero, ¿y el punto de partida? Un nombramiento ad hoc, la de senador “de por vida” dela República “por altísimos méritos en el campo científico y social” con la que se benefició Mario Monti el apenas pasado 9 de noviembre.

La República Italiananecesita reconquistar el respeto que le incumbe, dentro y fuera de sus fronteras. Tendrá que afrontar el problema de la deuda pública y llevar a cabo las reformas estructurales que hagan posible la consolidación económica y social del país.

Por lo tanto, se habla de un nuevo gobierno: técnico, institucional, de concertación, de responsabilidad. El nuevo senador “de por vida”, al presentar su gobierno al Senado, lo definió como “gobierno de compromiso nacional”: los ministros nombrados son personalidades extra-parlamentarias, en cambio, el Parlamento sigue siendo el mismo.

Pero, en un sistema democrático en el cual el soberano es el pueblo, ¿no debería ser precisamente éste el que indique con su propia voluntad cuál es el camino a tomar? Claro, a la luz de los hechos quién podría pensar que el pueblo italiano no se haya jugado ya mucha de su capacidad de elegir, participar, buscar soluciones, alternativas, posibles resurrecciones, si ya son veinte los años de mala gestión política del país. Además, la ley electoral actual[1] no garantiza que futuras elecciones tengan el peso democrático que la clase política quisiera que tuvieran. Un lindo embrollo.

Si es demasiado fácil preguntarse por qué hasta hoy esa ley no haya sido derogada y, en su lugar, no haya sido diseñada una mejor, está aún más fuera de lugar reflexionar sobre el hecho de que, si la cifra de representantes del pueblo destinados a ocupar las bancas de las dos cámaras no es modificada ni revista antes de las próximas elecciones, el próximo parlamento será en números y en peso idéntico al actual. Entonces, me pregunto simplemente cómo se puedan vivir con un ánimo distinto, ni siquiera optimista, positivo, las potencialidades de este nuevo punto de partida.

Parece que nuestros dinosaurios aprendieron los trucos para evitar la extinción: ni el cambio climático, ni la caída de un meteorito, ni los desastres naturales lograron hacer menguar su hegemonía. Logran incluso elevarse ahora ornados con la aureola, explicando que los hay de tantos tipos: carnívoros, herbívoros y omnívoros, que no son todos iguales, que algunos de ellos son inocentes y que entre ellos hay alguno que cree en lo que hace, incluso y especialmente cuando cambia de bandera, luego de haber jurado que representaría otra. La política, que hace rato dejó de ser un deber y el fruto de un compromiso social y cultural, en este momento lucha por demostrar su propia utilidad, su cualidad eficiente, no obstante todavía se divida por comodidad o necesidad en rojos y negros, agnósticos, laicos y creyentes, buenos y malos. Pero en proyectos alternativos posibles en que confiar, aún no ha pensado.

Al pueblo le atan las manos las mismas formas de garantía sobre las cuales se funda nuestra República. De depurar no se puede ni hablar a causa de una imposibilidad de la lógica de la función democrática que prevé el derecho de indignarse, pero no el de rebelarse: como máximo se puede hacerlo en casa de amigos, sólo en broma, o en algunos casos, si tenés una familia que mantener y un valor ISEE[2] por debajo de los límites de la pobreza más absoluta. Exigir un precio por las responsabilidades y trasparencia en las decisiones y en las cuentas que tendremos que aceptar a la fuerza parece no entrar en la lista de nuestros derechos.

Nos queda una certeza: somos Italia, no Islandia, ni Irlanda; no podemos compararnos con la PenínsulaIbérica, porque ésta contiene a Andorra, Portugal y España, mientras que la Itálica, a nosotros, San Marino y el Estado Vaticano. No somos ni siquiera Grecia, mucho más al sur y al este. No somos tampoco Argentina, aunque tantos italianos hayan contribuido a construirla, para bien o para mal, donde el voto, además de ser un derecho, es sobre todo una obligación (“Ley Sáenz Peña” de 1912). Y visto que nuestro país es el país de Don Camillo y Peppone[3], todos sabemos que en la intimidad del cuarto oscuro Dios te ve, Stalin no[4].

 



[1] La ley Electoral italiana del 2005 fue impulsada por el gobierno de Silvio Berlusconi y reemplaza el antiguo sistema por uno proporcional mixto, de coaliciones, con listas de candidatos predeterminadas, con un premio para quien obtiene la mayoría (a una mayoría relativa en votos corresponde una mayoría absoluta en bancas).

[2] El valor ISEE es un indicador de la situación económico-patrimonial de una familia. Para su cálculo se tienen en cuenta el total de los ingresos del grupo familiar y las propiedades a nombre de cada uno de los integrantes tanto dentro como fuera del territorio italiano. Funciona como una declaración jurada y es obligatorio, ya que no sólo los impuestos, sino también los costos de inscripción en las universidades son determinados proporcionalmente al valor ISEE del núcleo familiar. 

[3] Personajes creados por Giovanni Guareschi que se volvieron famosos al llegar a la pantalla grande. Don Camillo, el cura del pueblo, y Peppone, el gobernador comunista, se ven envueltos en una contienda constante por quién logra captar más adeptos a la propia causa.

[4] Escena memorable en la que Don Camillo remata la frase dirigida a los electores “Dios los ve” con “y Stalin no”.